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Edita: Ayuntamiento de Hinojos. Texto: Raquel Zapata Santos. Ilustración: Mª Dolores Ruiz Ángel. Diseño y Maquetación: Signos Comunicación y Marketing ISBN: 978-84-693-1293 Depósito Legal: H-122-2010 Bibliografía: Archivo Municipal de Hinojos. BENÍTEZ PÉREZ, Francisco: Aproximación a la Historia de Hinojos. Miscelánea hinojera. Gráficas Virgen de la Oliva, S.L. 1997


Me llamo

H

Hinojos y

esta es mi historia

oy he querido darme a conocer al Mundo porque creo que mi historia es tan interesante e intrigante como ésas que llevan a la gran pantalla y llegan a emocionar, interesar y entretener a un gran público. Siempre he querido ser una estrella y hoy ha llegado el día. Si comienzas a caminar, por un lado vas a encontrar el Aljarafe y por el otro, el Condado de Huelva. Yo siempre he estado ahí en medio, pues aunque hoy soy del Condado, a lo largo de la historia he pertenecido al Aljarafe. Tal ha sido mi importancia que mis marismas han sido estudiadas por grandes científicos y en ellas sitúan “La Atlántida”. Pero vamos a comenzar explicando por qué me llamo Hinojos. Unos dicen que mi nombre proviene de una planta herbácea, aromática, de hojas muy divididas, que se usa como condimento y en medicina; y si os dais una vuelta por mis marismas veréis que es una planta muy abundante. Sin embargo, existe por ahí una leyenda, que cuenta que el rey Alfonso X el Sabio, al pasar por mí, tras una batalla reñida contra las huestes de su hijo Sancho, se “hincó de hinojos”, que quiere decir de rodillas, ante una Virgen para dar gracias a Dios por la victoria. Pero no sé yo, porque cuando vino Alfonso X a visitarme, aún quedaban doscientos años para que me trajeran la imagen de la Virgen del Valle y se construyera su ermita.

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uentan que durante el tiempo de los romanos, existían importantes ciudades como Gades (Cádiz), Onuba (Huelva) e Hispalis (Sevilla) y yo me encontraba en un cruce de caminos y estuve habitado por romanos. Fue a partir de esta época (218 a.C) y hasta el siglo XVI cuando me hice gran amigo de Tucci (que hoy se llama Paterna del Campo). Durante años escondí en la zona del Coto Gelo monedas de plata con inscripciones romanas y árabes, hebillas de bronce con baños de oro, anillos… para que todos me creyerais. Los romanos nos dejaron su lengua, sus leyes, sus costumbres… y de mí, Hinojos, aprovecharon mis tierras, minas y ganados. Además les ofrecí un rico vino y un delicioso aceite. Después llegó otro pueblo a España, allá por el siglo V, los visigodos. Mi memoria, después de tantos siglos, ya comienza a fallar, pero creo que estuvieron por aquí y me dejaron un pequeño templo visigodo que hoy es la Parroquia.


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uentan que hacia el año 711 llegaron a Andalucía los musulmanes. Ellos llamaron a nuestras tierras andaluzas al-Andalus. Dividieron el territorio en coras o provincias y a mí me incluyeron en la cora de Isbiliya (Sevilla) y no en la cora de Niebla; así que, de nuevo me encuentro en medio de dos provincias. Éste fue el motivo por el que en mis tierras se libraron muchas guerras y se produjeron multitud de razzias (saqueos, robos). Muchos de mis antiguos pobladores tuvieron que marcharse y casi me quedé solo.

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os musulmanes no llegaron a controlar toda España. En el norte aún quedaban cristianos y se organizaron para reconquistar las tierras que un día perdieron. Comienza lo que en nuestra historia se conoce con el nombre de la Reconquista.

cluidas en el citado Aljarafe.

Hacia el año 1246 el rey Fernando III, el Santo, reconquistó la zona del Aljarafe sevillano. Yo fui también reconquistado, quedando mis tierras in-

Es a partir de estos momentos cuando mi nombre comienzó a ser citado en distintos documentos, aunque me llamarón de distintas maneras. Unas veces me nombraban Onuios; otras veces Onujus o Ynoios. Tras la reconquista, mis tierras fueron repartidas entre los soldados, eclesiásticos y nobles que habían ayudado en dicha tarea. Como antes os he dicho, volví a pertenecer al reino de Sevilla. Unos años posteriores a mi reconquista ya siendo rey Alfonso X, el Sabio, para fomentar la llegada a mis tierras de nuevos pobladores, me quitó la Marisma Gallega. Gracias a la ayuda de muchos de vuestros antepasados en 1585 volví a recuperar mi Marisma Gallega.


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n el año 1350 España padeció una de las epidemias más duras: la peste negra. Fue tal su crueldad que incluso hasta el rey Alfonso XI murió. Yo sufrí mucho porque presencié cómo murieron muchos niños, ancianos, hombres y mujeres, incluso contemplé cómo quemaban los libros viejos y archivos pues se pensaba que la enfermedad reposaba en ellos. Así años más tarde mi párroco, D. Antonio Muñoz, escribió esta carta sobre mí: “Esta población es villa antiquísima, según sus vestigios, aunque se ignora su antigüedad por haber acaecido la quema de uno y otro archivo eclesiástico y secular por causa del contagio de la peste…” Pero los malos tiempos comenzamos a superarlos y vuelven a mis tierras más hinojeros. Este aumento de población provocó que los terrenos dedicados al cultivo fuesen insuficientes y se necesitasen nuevas tierras de siembra. Como os he dicho antes, en esta época, pertenecí al reino de Sevilla que a su vez es de los reyes. La monarquía que siempre tenía vacías sus arcas, comenzó a vender mis tierras. De esta manera, en 1461 los señores de Cuadros compraron la finca más extensa de mis dominios y se convirtieron en los dueños de las mejores fincas para el cultivo. Este fue el motivo por el cual al resto del pueblo sólo le pude ofrecer el resto de los grandes baldíos realengos improductivos. Al estar mis mejores tierras repartidas entre los conventos y los terratenientes, vuestros antepasados además de cultivar el terreno, tuvieron que dedicarse a otras actividades como la ganadería. Esta actividad provocó un continuo enfrentamiento entre los ganaderos y Rui Díaz de Cuadros y sus sucesores, quienes no permitían el paso de los ganados por su extensa finca incumpliendo las Ordenanzas Locales.


Como la necesidad de terrenos para sembrar era muy angustiosa; en mis posesiones hacía 1476 aparece un fenómeno nuevo para aumentar la producción que se conoce con el nombre de roturación. Esta nueva forma de cultivar e intensificar la producción, la mayoría de las veces, se realizaba sin autorización; por eso fueron muy comunes los juicios contra los roturadores clandestinos. Con todo lo que os he contado hasta el momento, debéis imaginaros a una población bastante pobre, donde muy pocos tenían un honesto vivir.

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unque yo fui reconquistado por las tropas cristianas en 1246, no podemos olvidar que hasta 1492 no finalizó la Reconquista de España. Los musulmanes aún tenían bajo su poder lo que ellos denominaron el reino de Granada. Por esta época, que en nuestro país reinaban los Reyes Católicos, eran continuas las visitas de los monarcas a Sevilla. Desde esta ciudad se preparaban las distintas batallas contra los musulmanes granadinos. Hacia 1490, Isabel y Fernando se dirigieron a Sevilla con el objetivo de solicitar ayuda para una nueva batalla. Pidieron soldados, dinero, víveres…. Los Reyes marcharon de Niebla a Sevilla y en su camino, el 24 de noviembre de 1490, pararon y descansaron en mis posesiones. Este suceso marcó un hito en mi historia local. Los Reyes visitaron la casa del concejo (ayuntamiento) y la iglesia parroquial, donde la reina observó que las campanas estaban peligrosamente bajas sobre una de las puertas de acceso al templo y ordenó la construcción de una nueva espadaña donde están colocadas en la actualidad. Pues sí, los Reyes Católicos estuvieron en mis tierras y además durmieron aquí, en el edificio contiguo a la parroquia y al día siguiente partieron a Sevilla por el camino situado entre Hinojos y Mures. Por eso, a este paraje desde entonces se le conoce popularmente como la “Pasá de Rey”.

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aralelamente a todos estos acontecimientos, en nuestro país se vivió una época de grandes viajes y descubrimientos. El 3 de agosto de 1492, Cristóbal Colón salió desde Palos de la Frontera para descubrir, el 12 de octubre de ese mismo año, el Nuevo Mundo: América. Si bien en mis tierras no existía tradición marinera, fueron muchos los hinojeros que partieron hacia el Nuevo Mundo en busca de una mejor vida. Aunque marcharon hacia estas lejanas tierras, los hinojeros nunca perdieron su amor por su pueblo. Muchos en sus testamentos mencionaron a la Virgen del Valle y otros llevaron su devoción por la imagen de nuestra Virgen a las nuevas tierras conquistadas. Gracias a que muchos de nuestros antecesores marcharon a América nuestras costumbres y tradiciones se extendieron por muchos lugares.


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oco a poco, comencé a ofrecer mejores condiciones de vida a vuestros antepasados. Vuestro pueblo vivía por un lado de la siembra de cereales y por otro, de la ganadería porcina y vacuna.

En cuanto a la agricultura destacaba la producción de aceite, pues en mi término funcionaban varios molinos de aceite. A pesar de la importancia del aceite y del viñedo, siempre se cultivó más cereal porque era lo que daba de comer a los hinojeros de entonces. Recuerdo que por aquel tiempo, los pobres de solemnidad eran pocos y mis vecinos tenían para sobrevivir aunque no podían permitirse grandes lujos ni gastos superfluos. Realmente sólo os puedo contar que vuestros tatarabuelos y abuelos eran muy pobres, que sobrevivían con lo poquito que mis tierras les ofrecían, por eso cuando llegaba un año de malas cosechas llegaban a pasar hambre y miseria. Como en todos lados, aquí siempre hubo pobres y ricos. Como comprenderéis los grandes hacendados siempre han sido menos que los pobres jornaleros, que recibían por el cultivo de la fincas de los hacendados pocos jornales. Pero yo siempre les ofrecí mis extensos pinares, mis dehesas y mi Coto de Doñana con mis marismas para que llevasen mejor su día a día. En el siglo XVIII, en mis tierras se comienzan a plantar grandes cantidades de pinos para, sobre todo, la construcción naval. Tenéis que saber que mis pinares además de ser muy ricos por sus maderas destacan porque en ellos nacen unas plantas muy olorosas: el almoradux y el romero. Como todos sabéis en mi término se encuentra el Palacio del Rey con el coto real del Lomo del Grullo, cazadero de los reyes de Castilla. Fue tal su importancia que el Palacio tenía su propio alcalde y sus guardas. En el Lomo del Grullo había alamedas, encinares y pinares, la caza estaba prohibida para todos los vecinos. Esta norma no fue una medida ecológica sino que existía porque la caza estaba reservada al recreo de las personas reales y de la familia de los Condes de Niebla.

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LLEGANDO AL PRESENTE: LOS SIGLOS XIX Y XX. El 16 de junio de 1866 nació en mi tierra un importante personaje que tenéis que conocer: D. Juan Francisco Muñoz y Pabón. Fue sacerdote, pero destacó por su dedicación a la enseñanza. Escribió gran cantidad de novelas, cuentos, narraciones, poemas, etc. Fue un gran rociero e intervino en la coronación de la Virgen del Rocío en 1919. Murió el 30 de diciembre de 1920. Un suceso que marcó la vida de todos los españoles fue la guerra civil española (1936-1939). Esta guerra enfrentó a padres, a hijos, a hermanos, a amigos; en fin, provocó una situación nunca vivida en nuestro país. Aunque parezca una fecha lejana, para muchos la cicatriz aún no está cerrada. Antes de la guerra, España era una República democrática y en 1936 hubo un golpe militar. Murieron miles de hombres, mujeres y niños de ambos bandos y se produjo una gran huida y exilio de los republicanos. Yo no tuve que presenciar cómo corría la sangre por mis calles, como ocurrió en los pueblos vecinos. El 18 de julio del citado año, el Alcalde Antonio García Leal, acompañado de sus concejales y demás autoridades, salió al encuentro de las Fuerzas Armadas enviadas desde Sevilla. La historia me recordará siempre porque “Fui el pueblo donde no pasó nada”. Los años de la posguerra se caracterizaron por el hambre, la miseria y la fatiga. Los niños de entonces, no pudieron estudiar y muchos tuvieron que trabajar para ayudar a traer un poco de pan a casa. Mi pueblo es fuerte y a finales de los años cuarenta comenzó a salir de este caos.


Es ya en los años cincuenta, cuando nuestro pueblo comienza a tener alcantarillado, agua potable en los hogares, en nuestras calles se construyeron edificios muy emblemáticos como el Grupo Escolar Pío XII, las viviendas para maestros en la Avenida de los Reyes Católicos, la Estación de Servicio y el matadero municipal.

Fue cuando

comencé a ser el pueblo que hoy todos conocéis. En el siglo XX se iniciaron políticas de conservación del medio ambiente en España. De nuevo se luchó por la propiedad de mi Marisma Gallega. En 1962 la justicia falló a nuestro favor y desde entonces todos mis vecinos pueden aprovechar gratuitamente sus pastos. Además de este suceso, en mis tierras se produjo también otro gran acontecimiento. Como sabéis, por mis tierras se encuentra el extenso ecosistema del Coto de Doñana, que engloba a varios pueblos más. En 1978 el Coto es declarado Parque Nacional. En mi término se encuentra la mayor población de lince ibérico del mundo y en mis humedales pueden posarse al año cerca de cien mil ánsares. Para despedirme de vosotros y ya que conocéis mi historia, os voy a explicar por qué todo el mundo nos conoce por nuestro escudo tan singular. En él podemos leer: Duradero como el pino. Fuerte como la montaña. Cristiana como la Cruz. Leal como el “nomadejado”. El calificativo de leal viene, tal y como os he contado, de que voluntarios de Hinojos se unieron a las tropas de Alfonso X, el Sabio, en guerra contra su hijo Sancho IV, el Bravo, que se había rebelado contra él. Ya hemos dicho que Sevilla e Hinojos llegaron a ser la misma cosa; en este hecho se basa el “nomadejado” de nuestro escudo. El resto del escudo creo que lo entenderéis por todo lo que os he relatado.

¿Entendéis ahora por qué tenía tantas ganas de contaros mi historia?

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Historia de Hinojos  

Comic sobre la historia de Hinojos

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