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Artículo medad, cogiendo un peso nota incremento del dolor lumbar habitual. En los estudios radiográficos vemos varios aplastamientos vertebrales, situación habitual evolutiva en este tipo de pacientes. Para estos casos, existen pruebas complementarias que nos permitirían saber si el esfuerzo realizado ha generado alguna nueva lesión. Pruebas como la Resonancia Magnética y la Gammagrafía Ósea nos dan total garantía en la filiación cronológica de determinadas lesiones. En cambio, también nos llegan muchas veces resoluciones judiciales de agravamiento de lesiones previas en pacientes que no tienen absolutamente ninguna lesión nueva. Existe cierta tendencia judicial a considerar que la aparición de síntomas que el trabajador no tenía o no refería previamente supone una evidencia clara de que su enfermedad se ha agravado. Esto, médicamente hablando, es claramente un error de concepto: un síntoma es la descripción totalmente subjetiva que hace un paciente de una sensación o percepción que no le resulta habitual y que considera como anómala. En esta categoría se engloban síntomas tan habituales como mareos, dolor, náuseas, somnolencia, apatía, cansancio, … Por contraposición, los signos son los datos objetivos que puede objetivar el médico evaluador (fiebre, inflamación, enrojecimiento) Cuando en un proceso determinado se considera que se ha agravado la patología previa porque ahora el paciente tiene dolor, o ahora tiene mareos, …, sin que el médico que está estudiando el proceso pueda concluir en sus estudios y exploraciones la existencia de ninguna lesión aguda nueva, estamos considerando un agravamiento de lesiones previas en base a una interpretación subjetiva del trabajador y que probablemente, desde el punto de vista médico, se corresponde con una presentación sintomática de su patología de base y no con una agudización de la enfermedad. En ningún caso pretendo decir que la sintomatología que cuenta el paciente no sea real. En este sentido, los médicos laborales nos vemos obligados a establecer una relación entre los síntomas que tiene el trabajador y la entidad de las lesiones que padece. Ocasionalmente puede ocurrir que no consigamos averiguar o localizar una causa médica para la sintomatología que nos cuenta un paciente (por ejemplo, un dolor de cabeza en que todos los estudios realizados arrojan un resultado normal). Esto únicamente significa que la medicina aún debe progresar bastante porque hay múltiples cosas que aún no entendemos. No obstante, la situación más habitual es identificar las lesiones, agudas o crónicas, que generan la sintomatología referida por el trabajador y los signos que puede evaluar el médico: en el caso de existencia de lesiones agudas sobrepuestas a lesiones crónicas del trabajador, el concepto de agravamiento de lesiones previas se encuentra en su esencia;

Graduados Sociales n.º 89 • 2017

en cambio, serán todos aquellos procesos en que únicamente documentamos lesiones crónicas sin existencia de ninguna lesión actual los que nos supondrán un auténtico quebradero de cabeza. Nos cuesta explicarle a un paciente que con un diagnóstico de artrosis lumbar es normal que tenga un episodio de dolor lumbar cuando se ha agachado para coger algo (pero que eso no significa que se haya agravado su situación previa), nos cuesta explicarle a otro paciente que tiene una lesión crónica de su ligamento cruzado anterior de la rodilla que es normal que cuando hace un giro le falle la rodilla (pero que eso no significa que su ligamento roto se rompa más), nos cuesta explicarle al paciente con el colapso de muñeca y que se rompió el escafoides cuando era un chaval que el dolor que tiene ahora en su muñeca es la historia natural de su patología, independientemente de que coja o no coja maletas,… Incluso nos cuesta explicar a ese paciente que acude por tener una hemoptisis (expectoración de sangre con los golpes de tos) y cuyo diagnóstico puede ser una tuberculosis o un cáncer de pulmón entre otras posibilidades, que ese golpe que se dio en el pecho con la mesa del trabajo no ha agravado su patología de base, aunque antes nunca hubiera tenido esa expectoración sanguinolenta. Para trabar un poquito más el tema, únicamente faltaba salpimentar el caldo de cultivo. Y ese aliño viene dado básicamente por los múltiples intereses secundarios que puedan existir: la ausencia de períodos de carencia para obtener prestaciones de incapacidad en los accidentes de trabajo, las indemnizaciones de aseguradoras privadas en procesos derivados de accidentes de tráfico o accidentes laborales, temporalidad de contratos en ausencia de prestaciones por desempleo, … El I.N.S.S. establece que la determinación inicial de la contingencia de un proceso que puede ser laboral se realiza por parte de I.N.S.S., la Mutua o la empresa colaboradora en la gestión que tenga encomendada la cobertura de las contingencias profesionales. Así pues, y como es nuestro cometido, los médicos que trabajamos en el mundo laboral, y básicamente en la Mutuas de Accidentes de Trabajo, día a día procedemos a calificar, siguiendo nuestro criterio médico, los diferentes procesos que acuden para recibir atención médica: los accidentes claros, los que no lo son, los que no están claros, los accidentes in itinere, los accidentes en misión, … y los agravamientos de patología previa. Y a partir de esa primera decisión y calificación utilizando criterios médicos, se abre toda una vía administrativa ante los diferentes criterios posibles que todos ustedes conocen mejor que yo. Pero espero que este artículo les dé, al menos, una visión diferente y sanitaria de esos casos y su complejidad.

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Revista Justicia Social nº 89  
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