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A

lsan era un joven de mediana edad que aparentaba más o menos unos veinte años. Era un caballero de la orden de Nurgón que había sido entrenado en la fortaleza de Nurgón, que antaño fue la mejor fortaleza de todo Vallefresno pero ahora no era más que unas antiguas y viejas ruinas. Alsan había salido desde el río Yun y se dirigía a la antigua fortaleza de Nurgón cercana al bosque de Awa. Habían salido en una barcaza al mismo tiempo que otras dos barcazas salían del rió Yun hacia la fortaleza pero iban por otro río llamado el rió Destird. Al día siguiente, la barcaza de Alsan llegó al bosque de Awa donde habitan los feéricos y un antiguo caballero de la orden de Nurgon, llamado Cav, que era un antiguo compañero de Alsan. Pronto llegaron a las ruinas de la fortaleza, desembarcaron todos, entre ellos: unos hombres humanos, dos feéricos y un escupefuego que son dragones de madera de Aldino que solo se encuentra en lo más alto de las tierras de Nanhay, el territorio de los gigantes. También son dragones que escupen fuego y que vuelan gracias a que están encantados con la magia de los feéricos. También, entre ellos estaba el propio Alsan. El desembarco fue seguro pero cuando estaban en tierra firme, Alsan le dijo a Allegra, que era un feerica: - Esto me huele mal ¿y a ti?- A mí me huele a shek, que son serpientes aladas enormes- dijo Allegra. De repente, de entre las ruinas salió un shek, era Zeshak, el rey de los sheks. Elka, que era la persona que iba dentro del escupefuego, llamado Fagnor, se puso en marcha e hizo despegar el escupefuego que disparó una bola de fuego a Zeshak pero el shek estuvo rápido y la esquivó. Fagnor contraataco alzando sus garras para hacer retroceder a Zeshak. De repente, desde la maleza del bosque de Awa sonó un grito y de repente, salieron como media docena de lanzas hacia Zeshak. Una le perforó el ala izquierda y otra le dio en la cola. Zeshak salió huyendo hacia la Torre de Drakwen para pedir refuerzos. Alsan sabía que habían ganado la batalla pero no la guerra. Él intentó divisar lo que había lanzado lanzas desde la maleza pero no vio nada. Al anochecer, Allegra, que estaba en la torre más alta, vio como una llama que estaba en la otra orilla les hacia señales. Allegra bajó corriendo, escaleras abajo, para avisar a Alsan y a Elka de que alguien les hacía señales desde la otra orilla. Los tres se pusieron en marcha para saber quién era el que les hacía señales. De repente, alguien desde la maleza gritó: -¿Quiénes sois?Alsan respondió: -somos Alsan, príncipe de Vanissar y Allegra, antigua señora de la Torre de KazlunnEl hombre de mediana edad que aparentaba unos 40 años, respondió:


-¿Cómo puedo fiarme de vosotros y saber que no es una trampa? Alsan le susurró a Allegra: - Esto déjamelo a mí- Alsan, de repente, gritó: -Nurgón sun daman amigoDe repente, de entre la maleza salió un viejo amigo de Alsan llamado Cav que dijo: -Alsan viejo amigo ¿Qué tal estas? cuanto hace que no te veía, no has cambiado nada- Alsan dijo: -Lo mismo digo, viejo amigoAlsan se percató de que no era un hombre que sujetaba una antorcha si no un fuego fatuo. Al día siguiente, por la mañana temprano, todos se pusieron en marcha para restablecer las defensas de la fortaleza por si atacaba el ejército de Zeshak, que había huido del ejército de Alsan. Al medio día las defensas ya estaban preparadas cuando de repente, a lo lejos el vigía que estaba en la torre divisó como un ejército de sheks, shizs y humanos avanzaban hasta ellos lentamente. El vigía dio la voz de alarma y todos se prepararon para la batalla que llegaría pronto. Los arqueros se colocaron en posición de ataque y los caballeros de la orden de Nurgón y el propio Alsan se pusieron detrás del portón para cuando éste cayera, atacar. Los escupefuegos despegaron, eran 7: Fagnor, Angir, Jinka, Dantird, Kingar, Extap y Tangir. Y los feéricos usaban su magia para restablecer las defensas si caían. El ejército de zeshak se acercaba por el sur. La primera avanzada les sorprendió porque llegó por el oeste en vez de por el sur y les dejó un poco aturdidos con lo cual, el ejército aprovechó para dar el golpe pero las defensas mágicas seguían en pie, con lo cual no podían pasar pero los sheks usaron su hielo para debilitar las defensas. Los escupefuegos se pusieron en marcha e intentaron impedir el ataque y empezaron a enzarzarse en una lucha que decidiría la existencia de los “sangrecaliente” y los “sangrefría”. Los escupefuegos empezaron a disparar bolas de fuego hasta que cayeron todos los sheks y los escupefuegos volvieron al campamento para defender el otro lado de la fortaleza. Llegaron a tiempo y empezaron a disparar bolas de fuego. Los humanos disparaban lanzas. Una le perforó un ala a un shek y los escupefuegos desequilibraron a uno que cayó al suelo muerto. Los escupefuegos derribaron a un shek que cayó al suelo. Alsan sabía que había ganado la guerra y se alegró mucho.


CUENTOS DE BOSQUES