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Escuela para Padres Antiguos y Nuevos Desafíos a la hora de Educar Serie Educación y Familia

Nº 1 - Octubre de 2010

1. Estimados Padres y Apoderados, en pasados encuentros hemos sentado el debate sobre la familia y su relación con el colegio. Y desde allí nos dimos a la tarea de pensar diversos escenarios: valores, compromisos, cultura juvenil, drogas... En este momento antiguos y nuevos desafíos se dan cita para desafiarnos a volver la vista hacia los destinatarios de nuestro trabajo: los jóvenes. Específicamente nos encontramos con dos hechos que exigen reflexión: el compromiso que están teniendo las familias ante la tarea primera y fundamental de educar a sus hijos, y la convivencia escolar. Lo nuevo es que esto acontece en un escenario de mutación cultural que afecta especialmente a los jóvenes y sus familias, y al mismo tiempo en un contexto legislativo que pretende fortalecer el concepto de comunidad educativa estableciendo deberes y derechos de alumnos, padres y apoderados consignados en la LEGE, junto a una Ley de violencia escolar que está a punto de ver la luz. Intentaremos pensar y comprender los hechos a la luz de reflexiones de expertos y, también, propias, para ofrecer algunos elementos que ayuden al necesario discernimiento, de forma que cada uno, y cada familia, pueda tomar las mejores decisiones éticas. 2. Los hechos y su comprensión. La juventud, como categoría etárea define a aquellas personas que se ubican entre los 15 y 24 años de edad1 , pero en Chile se extiende hasta los 29 años 2. Es esta población la que está viviendo cambios como nunca antes. Según Guy Bajoit y Abraham Franssen “desde hace 20 ó 30 años, una mutación cultural está en curso, es decir, estaríamos viviendo el paso de un modelo cultural basado en la razón social a otro fundado sobre la autorrealización autónoma3, y más aún, la reducción de la credibilidad que afecta al modelo de la razón social4 y el aumento de la credibilidad que se vincula al modelo de la autorealización autónoma serían al final un proceso irreversible en la medida en que éste sería alentado por todos, incluso por aquellos que aparentemente se esfuercen por resisitirlo”5. En suma, estaríamos viviendo un período de mutación cultural que provoca en la juventud una enorme dificultad para encontrar sentido a las cosas que hacen6 y -como consecuencia- la vida misma les resulta compleja. En un mundo en que se les exige cada vez más, se va produciendo un desface entre las expectativas de éxito y los obstáculos que ellos descubren para lograr sus objetivos 7. 3. En este contexto cultural inestable, lo único seguro es el punto de vista propio. Como consecuencia, abundan las personas que afirman su identidad por la vía contestaria, opositora o marginal, originando estilos, modas, subculturas juveniles que buscan expresarse al interior de la escuela o en las calles. Pero tampoco esto es muy sólido. A la hora de construir sus proyectos personales, los jóvenes se ven expuestos a vivir entre dos mundos: afirmación de valores y estructuras de una cultura del pasado (que encuentran indeseable e impracticable), y afirmación de sus propios valores, gustos, modas y estilos. Las tensiones saltan por sí solas y por doquier. A esto se suma el hecho que cada colegio, escuela o liceo tiene su propia 1

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Según Naciones Unidas, 1983.

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Según INJUV.

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Antes actuábamos movidos por argumentos que nos parecían razonables, justo o nobles. Hoy los jóvenes actúan movidos por sus anhelos de éxito personal.

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Pensemos, por ejemplo, en la sospecha con que los jóvenes miran la política.

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BAJOIT G.-FRANSSEN A., 1995, p.185; cit. en: Ponencia del Dr. en Sociología Mario Sandoval M., publicada en: FIDE, Congreso 2008. La educación: un pacto con miras al Bicentenario, Santiago de Chile, 2008, p. 106.

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¿¡Cuántas veces no nos encontramos con jóvenes lateados de todo, aburridos con la tares cotidianas, o preguntándonos el por qué o para qué de cosas que para nosotros son obvias: como estudiar, ayudar en la casa, hacer deporte, visitar a la familia...!?

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No son pocos los jóvenes que no valoran los procesos, que se fijan sólo en los resultados, que anhelan la excelencia, pero desprecian el sacrificio.

P. Humberto Palma O., c.r.s.p.,

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cultura organizacional e institucional, basada en tradiciones, reglamentos, místicas,... que deben ser respetados. Pensemos lo importante que es, entonces, la figura de modelos, de referentes como los padres, la familia, los profesores... 4. La mutación cultural descrita alcanza a tal nivel que podemos hablar de un nuevo perfil de adolescentes 8. a. Lo primero es su identidad nómade: no se centran en una identidad definida, a nivel psicológico, ideológico, profesional, religioso..., ni en relaciones sociales estables, ni tampoco, en convicciones sólidas, sino más bien en la movilidad, el cambio, la renovación. Su identidad es plural, intensa y cambiante, como un juego de máscaras, probando y ensayando siempre. b. Segundo, el relativismo de los valores: todo lo absoluto viene puesto en duda. Se ironiza y sospecha de cuanto parezca pertenecer a una cultura fundada en la razón, mientras, por otro lado, se relacionan realidades que parecían opuestas, como la felicidad y la desgracia, la muerte y la vida, el bien y el mal. Todo parece ser parte de lo mismo, pues para los adolescentes la verdad de un valor depende del contexto. c. Tercero, para nuestros adolescentes lo importante es ser cool: el ideal de compromiso y voluntarismo social, religioso, político, de antaño, se abre paso a una actitud serena, desprendida. Los adolescentes se dejan llevar por el ambiente, en ellos no cabe la problematización de la existencia, la vida es un fluir, y reclama una actitud cariñosa y gozosa que se manifiesta en sus gustos y en su modo de vestir. d. Cuarto, el tiempo es sólo presente presente: no se debe despreciar la ocasión de alcanzar un placer. El tiempo que importa es el hoy, dionisíaco, sin utopías ni proyectos que orienten el futuro. La única posibilidad de trascender es aquí y ahora, en este mundo, y el camino es el placer. e. Quinto, culto al cuerpo: el cuerpo joven , esculpido, pero también recargado de tatuajes, piercings, es sinónimo de identidad, pero simultáneamente el asiento de la libido, el élan vital que marca el ritmo de la vida en una sociedad hedonista y de consumo. El pienso, luego existo, tiende a ser sustituido por el siento, luego existo; y, a nivel ético, se asume el emotivismo ético donde lo bueno y lo malo también se miden de acuerdo a los sentimientos que provoca un hecho. “Si me gusta, si me siento bien en o con determinada situación”, entonces es buena 9. Así, la imaginación y el sentimiento llegan a ser mayores referentes que la realidad de los hechos, porque se tiende a vivir constantemente a nivel afectivo y sensorial en detrimento de la razón en cuanto conocimiento, memoria y reflexión.  Los jóvenes están predispuestos a vivir de sensaciones 10, sin contacto con la realidad, surgidas de los deseos propios y, por tanto, aparentemente sin límites, resultando trabajoso y deprimente relacionarse con la realidad, que, por supuesto, los frustra. f. Sexto, hegemonía de los pares: la autoridad de los padres, de la familia, pierde peso frente a la autoridad horizontal de los hermanos, amigos, compañeros de viaje. Los amigos dialogan, toleran y perdonan todo e inician a la vida. La comunicación entre pares sustituye a la guía del maestro, y la iniciación a la educación, así como los procesos de socialización son reemplazados por los pactos, que no se fundamentan en la razón, sino en los sentimientos. El educador deberá estar muy atento a este cambio de paradigma, pues sus propuestas encontrarán aquí la más fuerte oposición. La moral es asumida como una realidad privada, separada de principios universales que permiten la convivencia humana. Por otra parte, existe la tendencia de confundir lo religioso con lo parapsicológico, lo irracional y lo mágico, es decir, fenómenos que van más allá de la realidad comprensible y provocan una resonancia emotiva que no es otra que la proyección de uno mismo. La religión también sufre un proceso de privatización y la espiritualidad es vivida como terapia. g. Séptimo, exhibicionismo mediático: lo íntimo es mostrado en televisión, pero también en Internet a través de blogs y fotologs. El pudor ya no existe, pertenece al pasado. La sexualidad es un espectáculo en el hiper-realismo de las pantallas que saturan por doquier. h. Octavo, sincretismo: a nuestros adolescentes poco les importa la verdad. Lo que realmente importa es la convivencia de ideas y valores, el multiculturalismo y politeísmo religioso. Todo tiene su lado bueno, sólo hay que saber descubrirlo. La armonía y la comunión es el nuevo paradigma para entrar en el debate. i. Noveno, pensamiento blando: los adolescentes ya no luchan contra sus pulsiones de muerte, no se esfuerzan por oponerse al mal presente en sí mismos o en los demás. Al contrario, se dejan llevar en

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CF. KOENOT J., Evoluciones de la cultura contemporánea: MySpace, “storytelling” y la nueva “magnificación” del mundo; en: MENSAJE 578 (2009), Vol.LVIII, 35-45. !

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¿Cuántas veces ha quedado sin palabras al escuchar este tipo de argumentos tratando temas como relaciones sexuales en el pololeo, uso de drogas, carrete, amistades....? !

Las sensaciones son para los jóvenes una especie de opio, de droga que los desconecta de la latosa realidad. Por eso las buscan cada vez más potentes: velocidad, violencia, relaciones afectivas... Mientras más adrenalina, mejor.

P. Humberto Palma O., c.r.s.p.,

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un vaivén de vida y muerte. Asumen que somos animales, que en nosotros conviven de igual a igual las fuerzas de la vida y la muerte, y hay que aceptarlo, integrarlo. Y de hecho así lo hacen en su música, en los bailes, en el juego. j. Décimo, el nuevo paraíso: el viejo mundo, con sus tradiciones, valores y estructura, ha muerto. Hoy es el tiempo de un nuevo comienzo, pero ya no creado por el logos, sino por la imaginación. Vivimos en el mejor de los mundos posibles, y hay que aprovecharlo. Los nuevos templos son los pubs, los malls, la calle, el “carrete” sin fin, pero también los mundos virtuales. Y los “íconos religiosos” vienen dados por la tecnología, ellos ofrecen a los adolescentes el sentido de pertenencia, de comunión, identidad, ese sentimiento de “estar en otra”. 5. Sería injusto concluir que todo es negativo. La juventud actual es generosa, solidaria y comprometida con causas que estima valederas, pero tiene menos referencias sociales y sentido de pertenencia que sus predecesores. Por ello, tienden a ser individualistas, queriendo hacer su propia elección sin tener en cuenta suficientemente el conjunto de los valores, de las ideas y de las normativas sociales. 6. ¿Qué ocurre con las familias en este nuevo escenario? Al parecer estamos enfrentando una actitud que se da en la gran mayoría de las unidades educativas del País y en todos los niveles sociales, y que tiene que ver con la incapacidad de asumir roles parentales claros, responsables y bien definidos. Ya lo decía Pilar Sordo: “Nos hemos ido retirando del frente que implica ser autoridad para nuestros hijos, se nos olvidó ser autoridad. Se nos olvidó que como padres nuestra función primordial es educar a nuestros hijos”11. Nuestra reflexión no se hace cargo de los cambios que ha sufrido la familia chilena, ni del por qué el sentido de pertenencia en algunos casos es fuerte y en otros sólido. La discusión supone un tipo de familia donde no se niega la importancia que tiene para sus miembros un sentido de pertenencia estable y de calidad. Es esta familia la que hoy se ve enfrentada a serias ambigüedades y graves contradicciones entre lo que se quiere enseñar y lo que se vive en la práctica cotidiana. Y detrás de esto existe un gran problema social: estamos inmersos en una situación en que el discurso sobre los valores no es claro; en otras palabras: los adultos hemos perdido el horizonte de la realidad. Es común escuchar en papás o formadores que, frente a situaciones complejas, dicen no saber qué hacer con los hijos, qué decirles, cómo abordarlos. No son pocos quienes se sienten frustrados al comprobar que no logran comunicarse con los hijos, que sus palabras no llegan a donde deberían. Es pertinente entonces que nos preguntemos cómo encarar nuestro compromiso con los valores, porque está en juego la felicidad de los hijos y el destino de la sociedad entera. Esta pérdida del sentido común en la formación es lo que ha intentado encarar el famoso Juez de menores de Granada, Don Emilio Calatayud Pérez12 , refiriéndose sobre todo al decálogo de “cómo formar delincuentes”, porque cuando la familia, como primera educadora de los hijos, no vive esta tarea, entonces está formando potenciales delincuentes. 7. Por otro lado, existe una sociedad que no está validando ni el trabajo ni el rol de los docentes, y esto favorece esa sensación de impunidad y relajación vital que constatamos en muchos adolescentes. Abunda la descalificación de maestros en teleseries y novelas, en el hombre común y en el profesional. Algunos sostienen que los mismos profesores dan pie para ese trato descalificatorio, y también es cierto que detrás está nuestro afán por exacerbar y gozarnos en las debilidades ajenas, por mirar y destacar lo negativo. La mayoría de los jóvenes sabe que existen profesores valiosos, nobles y a la altura de lo que la educación chilena necesita, pero sus esfuerzos no son, muchas veces, ni reconocidos ni menos agradecidos. Los buenos maestros son puestos en el mismo pedestal de los malos. Ser profesor es actualmente casi un delito o, en el mejor de los casos, un objeto de sospecha social. Lamentablemente esta descalificación, gratuita y folklórica, llega a los alumnos como invitación a tomar con poca seriedad a quien tiene enfrente como educador. Y esto sucede tanto en la administración particular como municipal. En la primera suele darse acompañada de la convicción de que el profesor es un empleado bien pagado que debe atender los caprichos de los jóvenes, y en la segunda se acompaña de la sospecha de que ni uno ni otro están a la altura intelectual para participar en un proceso de formación riguroso. Es necesario, pues, cambiar de perspectiva y dar a los docentes la categoría profesional que tiene cualquier otro en la sociedad, llámese médico, informático, ingeniero, abogado o cientista político, cuyas directrices o metodologías no discutimos a menos que la evidencia las demuestre erróneas. 8. Pensemos ahora el otro fenómeno que comienza a instalarse con más fuerza en las comunidades educativas: convivencia escolar, violencia escolar, bullying. ¿Qué está ocurriendo?; ¿todo lo que duele es bullying? ¡Por supuesto que no! Por muy grave que sea una agresión física, verbal o psicológica, y sin importar si ésta se da entre pares o desde quien detenta un poder superior hacia un inferior, debemos concluir lo mismo: no todo lo que duele es bullying. De hecho, la mayoría de las personas recordamos 11 12!

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SORDO P., ¡Viva la diferencia!, Ed. Norma S. A., Chile 2005, p. 133. Varias de sus conferencias se encuentran publicadas en la Red, en Youtube.

P. Humberto Palma O., c.r.s.p.,

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episodios de violencia en nuestras historias, ya sea como víctimas, ya sea como agresores. Pero tampoco podemos suponer, lisa y llanamente, que estemos ante exageraciones de padres aprehensivos o snobismos periodísticos. Nos guste o no, el bullying existe, y como tal exige discernimiento, para evitar acciones ciegas, impulsivas y equivocadas, que terminan ampliando el círculo de daños y problemas. Esta forma de violencia se da en todos los sectores y ambientes, en cualquier tipo de relación y a cualquier edad. Pero lo más comentado en estos tiempos es el bullying escolar. Chile recién comienza a sensibilizarse ante esta realidad, incluso a nivel legislativo13. Por lo mismo, abundan las respuestas  viscerales, venidas más bien de la emoción que de la razón, de nuestro instinto protector que del sentido común y de la reflexión ética. 9. Es cierto que en la sociedad actual han aumentado los niveles de violencia, y los colegios no existen al margen de las sociedades. En general, niños y adolescentes reproducen conflictos vividos en sus hogares o barrios. Ya no habitamos los mismos entornos que hace 30 años. Es cierto, también, que las formas actuales de violencia son hasta más sofisticadas que antes. Hoy es muy fácil destrozar a alguien sin casi mezclarse con él, a través de redes sociales como facebook, u otros medios semejantes: blogs, celulares… El bullying dispone actualmente de escenarios que antes ni siquiera soñamos, frente a los cuales nos sentimos más indefensos, por la agudeza de los daños y el anonimato que permite la presente tecnología. Por otro lado, la sobreexposición mediática de casos de bullying, más aún si van asociados a suicidios, aumenta el nivel de preocupación y angustia de padres y familiares, quienes, intentando proteger a sus hijos -lo que es perfectamente comprensible y normal- terminan confundiendo cualquier agresión con bullying. El tema ya se instaló en nuestra sociedad, y por primera vez un proyecto de ley busca hacerse cargo de esta dolorosa realidad. Es altamente probable, entonces, que cuando el proyecto sea ley, los colegios y profesores nos veamos exigidos por nuevos requerimientos de padres, familias y autoridades, nacidas sobre todo de esta mezcla entre angustia, sana preocupación, instinto protector y desinformación. Pero el proyecto de ley contempla responsabilidades para todos los actores de una comunidad, lo que incluye también a las familias. Sin embargo, para evitar la sobrecarga de consultas y denuncias sobre bullying, las comunidades educativas debemos reforzar la información y educación. 10.En nuestro Colegio, en pasadas escuelas de padres, y antes de esta “novedad”, ya hemos abordado ampliamente la etapa informativa y formativa. Seguiremos insistiendo en ello, para que nuestros padres y apoderados, y es de esperar que en todo Chile, no confundan bullying con cualquier clase de agresión. Esto es de suma importancia, pues la forma en que se aborde y trate un caso de violencia escolar depende mucho de su naturaleza. La violencia puede ser física, psicológica, virtual, entre pares, entre fuerzas o niveles de autoridad dispares, y la combinación de uno o más de estos tipos, sin olvidar algo que es clave en este escenario: frecuencia de la agresión y daño que provoca en la víctima. La información y formación permite, además, que los padres actúen del modo justo, adecuado y pertinente. Lamentablemente, en la mayoría de los casos, éstos terminan convirtiéndose en un problema más, ya sea porque enfrentan ellos mismos al niño agresor y a su familia (de este modo, un conflicto entre niños y/o adolescentes pasa a ser de adultos), ya sea porque evalúan mal un hecho de violencia, se angustian y transmiten esa angustia a sus hijos. 11.Los casos de bullying se pueden abordar y tratar perfectamente cuando son enfrentados con calma, sentido común y cooperación mutua, porque no todo lo que duele es bullying. Conviene, por lo mismo, ofrecer algunas luces sobre el concepto. Bullying no tiene traducción al español; el término que más se acerca es “matonaje”, que puede definirse como el intento de una persona o grupo de dañar o controlar a otra en forma violenta, por un tiempo sostenido de al menos seis meses. Existen tres aspectos en los que los expertos están de acuerdo: diferencia de poder-fuerza entre la víctima y el o los victimarios; reiteración e intencionalidad de las agresiones. El Bullying no es un conflicto eventual, que reclama una solución para llegar a su término. El victimario demuestra desprecio por los débiles. Formas. Hay diferentes tipos de Bullying, todos ellos violentos: golpear, dar puntapiés, empujar..., u obligar a alguien para que haga algo que no quiere. A veces puede significar amenazas o insultos a espaldas de la víctima, especialmente entre varones; o chismes, más frecuente entre damas. Bullying es hacer sentir a alguien des-protegido o asustado, excluirlo de los juegos o hacerlo sentir que no vale nada. La agresión puede ser verbal, física, social o virtual (cyberbullying: mails, fotologs, blogs, páginas webs, mensajes de textos en celulares, llamadas telefónicas...). Puede ser practicado entre alumnos o pares dentro de un grupo, de profesores a alumnos, de alumnos a profesores, de padres a hijos o de hijos a padres). Quienes ejercen la fuerza y el control se sienten importantes, poderosos, hombres y mujeres “de verdad”. Importa mucho dejar en claro que el bullying es un fenómeno que encubre una patología, y no forma parte del normal desarrollo de una persona. 13!

Cf. http://bloglegal.bcn.cl/content/view/939960/Proyecto-de-ley-sobre-violencia-escolar.html#content-top [Consulta: 04 de Octubre de 2010].

P. Humberto Palma O., c.r.s.p.,

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Causas. Son múltiples las causas por las que alguien agrede en estos términos. Se trata de una conducta aprendida. Y aquí nos permitimos introducir un fundamento teológico: el mal no es parte de la naturaleza humana; pero sí nacemos en un contexto de mal que nos afecta en la medida en que le abrimos la puerta. El bullying, como conducta indeseada y consciente, se aprende. No estamos frente a personas que eventualmente actúan en forma violenta, sino ante quienes maquinan actos violentos, sostenidos en el tiempo. Entre las causas podemos contar la imitación: el agresor es a la vez víctima de bullying, o alguna vez lo ha sido; sentimientos de superioridad o inferioridad: para llamar la atención, ser más popular o incorporarse en un grupo; timidez: el victimario oculta su verdadera personalidad detrás de una conducta violenta; sentimientos de amargura: se vuelca la frustración sobre las víctimas, se niega la felicidad para otros. En general, quien agrede no se siente responsable de sus actos; siente que necesita controlar a otros y ganar siempre; no tiene tolerancia a la frustración; siente celos de sus víctimas, envidia algo de ellas; no comprende ni aprecia los sentimientos de otros. Por otro lado, eligen víctimas sobre quienes pueden ganar. Son excelentes observadores del comportamiento humano. Usan diversas formas para hacer sentir mal a la víctima y justificar su conducta errada. Argumentan, por ejemplo, que agreden porque “(la víctima) es tonta, fea, llorona, acusete...” En realidad el problema no está en la víctima, sino en el agresor: es él quien tiene una conducta agresiva, es amargado, tímido, solitario... ¿Pero por qué ahora más que antes? Muchos recuerdan su infancia y piensan que exageramos, que los hombres deben aprender a defenderse solos, que no se debe acusar, que es una etapa del crecimiento. Y en parte tienen razón, pero sólo en parte, porque algo ha cambiado en la forma del matonaje actual del de hace 10, 20 o 30 años atrás. Los agresores hoy manejan medios para dañar impensados por generaciones pasadas, de gran efectividad: Internet, teléfonos personales, cámaras de vídeo...2. Antes veías a los victimarios: era lo que se llama un “face to face”. Así, tu verdugo puede ser tu mejor amigo: es mucho más fácil esconderse tras los medios masivos. Ha aumentado la búsqueda del placer personal, a cualquier precio. Y si burlarme de otro me causa satisfacción, no dudo en hacerlo. Los niños y adolescentes de hoy están expuestos a más violencia que antes, ya sea en forma directa, ya sea en forma indirecta. Y el bullying es una conducta aprendida. Los niños y adolescentes de hoy están expuestos a más situaciones perturbadoras y trastornos de la conducta: abandonos de hogar, violencia intrafamiliar, depresión, estrés..., que aumenta el número de víctimas y victimarios. Las redes de apoyo a víctimas y victimarios son más débiles. La familia se ha fragmentado y/o diversificado, o ha dejado de ser un referente valórico significativo. Se ha relativizado la autoridad en familias, colegios y sociedad en general. Esto dificulta que el victimario desista de su actitud. Los observadores de este tipo de conductas tienen miedo de actuar, por temor a las represalias. Existe una sensación de desamparo en la población que favorece a los victimarios y aumenta la sensación de soledad en las víctimas. Orientación a los Padres. Los padres deben considerar que la edad más violenta es alrededor de los dos años. Aunque no lo parezca, es el tiempo en que - comparativamente-, los niños ejercen más fuerza bruta con sus pares: los patean, muerden, destruyen sus juguetes, empujan...La sociedad no transforma a los niños de buenos en malos, sino al revés. Es deber de la familia y de la escuela educar a los niños en el control de sus impulsos violentos. Cuando los niños no logran controlar estos impulsos, estamos en presencia de futuros agresores sociales. De todos modos, existe un porcentaje menor de niños a los que el medio social no logra mejorar. El 15,6% de los afectados se lo cuenta a la familia; el 10,9% se lo cuenta al profesor; el 26,3% se lo cuenta a un amigo; el 10,0% no hace nada. Esto último generalmente por vergüenza. En un nivel de convivencia escolar alto, el 36,2% de los alumnos confiesa haber sido agredido; en un nivel medio, el 44,8%; y en un nivel bajo, la cifra aumenta al 55,5%. Algunos indicios de que un niño está padeciendo bullying: mostrarse temeroso de caminar hacia el colegio; manifestar deseos de no ir al colegio; rogar que los acompañen hacia el colegio; cambiar el camino al colegio; bajar el rendimiento escolar; llegar a la casa con libros o ropa dañada o destruida; llegar a la casa con mucha hambre (porque la comida se la quitaron); aislarse, volverse tartamudos; dar muestras de estrés, dejar de comer; llorar antes de dormir; mojar la cama; tener pesadillas e incluso gritar pidiendo auxilio; tener moretones, rasguños y cortes inexplicables; perder sus cosas; pedir más dinero o comenzar a robar dinero (para dar a su victimario); perder frecuentemente su billetera; negarse a hablar del tema; dar excusas poco convincentes para explicar lo que les pasó en determinados y extraños casos; intentar o cometer un suicidio. ¿Qué hacer si su hijo es efectivamente víctima? a. Actuar en cuanto tengamos confirmados indicios de que nuestro hijo está siendo agredido. b. Apoya y darle compañía y seguridad de forma incondicional. c. Expresarle nuestra confianza en él y en los cambios que se van a producir para mejorar su situación.

P. Humberto Palma O., c.r.s.p.,

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d. Solicitarle que nos cuente lo que le está pasando y asegurarle que siempre vamos a contar con él, que le vamos a consultar, antes de emprender ninguna acción. e. Reforzar su autoestima elogiando sus capacidades personales. f. Darle la oportunidad de que entable nuevas amistades fuera del colegio, en otras actividades donde pueda interactuar con niños y niñas de su edad y crear vínculos de afecto. g. Propiciar que amplíe su grupo de amigos del colegio, facilitándole actividades sociales en las que quiera involucrarse. h. Mantener una comunicación continua y fluida con el profesorado. i. Tome muy en cuenta que si su hijo habla con usted sobre lo que le está pasando, es un afortunado. Significa que se encuentra entre ese pequeño porcentaje de 15,6% que lo cuenta a su familia. Por lo tanto, cuídese de alguna de estas reacciones: llorar, dolerse o enojarse delante de su hijo; pedirle perdón por no haberse dado cuenta, haberlo dejado solo...; ir al colegio y hacer un escándalo exigiendo soluciones inmediatas o algo semejante; tomar la solución en las propias manos, ya sea hablando o amenazando al victimario o a su familia. Si hace esto logrará que el niño jamás vuelva a contarle algo semejante, pues se sentirá culpable de su llanto, dolor o pesar, y terminará consolándola o consolándolo, y convencido de que nunca debió hablar. Se sentirá avergonzado de que su mamá o papá hayan ido al colegio o a la casa del agresor en términos violentos o de amenazas, todos sus compañeros terminarán enterándose. Considere que no siempre es ventajoso actuar violentamente con un adolescente, pues si estamos en presencia de un agresor éste lleva al menos 10 o más años de ventaja cibernética sobre usted, y si no puede con la fuerza física seguramente lo hará pedazos en la Red. Al colegio debe acercarse con calma y buscando colaboración. Si su hijo es el agresor. Algunas familias se sienten culpables cuando descubren que su hijo está actuando como agresor en situaciones de maltrato entre compañeros. Esto es debido a que el ejercicio del maltrato a menudo está asociado a familias des-estructuradas o con problemas de relación, y a la consideración de que el maltrato es un reflejo de la dinámica emocional de ese tipo de familias. Pero más allá del sentimiento de culpabilidad o no, es importante dejar muy claro que esta clase de conducta es inaceptable y que el hijo debe cambiar su forma de relacionarse con los demás. A veces, sin embargo, la agresividad de un adolescente no es atribuible a factores familiares y, por lo tanto, debemos observar si el hijo presenta rasgos de tendencias agresivas: si su actitud hacia los demás miembros de la familia es agresiva, por ejemplo con sus hermanos; si muestra conductas agresivas y violentas hacia sus amigos o si le hemos visto actuar de forma violenta en ocasiones; si es excesivamente reservado, si es casi inaccesible en el trato personal; si tiene objetos diversos que no son suyos y cuya procedencia es difícil de justificar; si a menudo cuenta mentiras para justificar su conducta; si parece no tener sentido de culpa cuando hace daño; si dice mentiras acerca de ciertas personas, mentiras que les pueden perjudicar y causar daño; si otros padres nos han contado que nuestro hijo agrede a otros niños; si percibimos que ciertos compañeros se mantienen silenciosos e incluso rehuyen la presencia de nuestro hijo; si observamos con cierta frecuencia varios de estos comportamientos en el hijo, es muy posible que pueda estar involucrado en situaciones de abuso. En tal caso se bebe actuar con urgencia y firmeza, manteniendo una comunicación y supervisión cercanas e indicándole con toda claridad que el maltrato no es lícito ni admisible y que se debe valorar el respeto a las otras personas como clave de la convivencia en la sociedad. Como los agresores suelen desmentir la acusación que se les atribuye, no bastará sólo con preguntarle a él y a sus amigos, sino que se debe indagar por otros medios para esclarecer los hechos y actuar inmediatamente. A pesar de ello, hable con el hijo o hija, muestre su disposición a ayudarle en todo lo éticamente posible e indicarle que, en caso de ser culpable de malos tratos, deberá asumir su responsabilidad. Habrá que ayudarle a entender cómo se puede estar sintiendo la víctima y preguntarle cómo se sentiría él o ella si algo así le ocurriera. Tenemos que mostrar al victimario confianza y apoyo para el futuro, así como valorar cualquier muestra de arrepentimiento que observemos. Hemos de acercarnos al colegio con toda rapidez. A nadie le agrada tener que comunicar a unos padres la conducta violenta de su hijo hacia otro compañero, por lo que debemos entender que los profesores tienen tanto o más interés que nosotros mismos en resolver satisfactoriamente el problema. Es importante que mostremos sincero deseo en que se averigüe la verdad y que el hijo asuma su responsabilidad. Por último, los padres deben estar atentos el tipo de relaciones establecidas en la familia, para rectificar aquello que pueda estar alentando conductas agresivas. 12.¿Qué plantea el nuevo marco legal? El artículo 10 de la LEGE establece derechos y deberes de los miembros de una comunidad educativa. Brevemente revisamos los pertinentes a los contenidos de este documento, es decir, aquellos referidos a alumnos, padres y apoderados, subentendiendo que los derechos de unos son deberes de otros, y viceversa. a. Los alumnos tienen derecho a recibir una educación que les ofrezca oportunidades para su formación y desarrollo integral; a recibir una atención adecuada y oportuna, en el caso de tener necesidades educativas especiales; a no ser discriminados arbitrariamente; a estudiar en un ambiente tolerante y de respeto mutuo, a expresar su opinión y a que se respete su integridad física, y moral, no pudiendo ser objeto de tratos vejatorios o degradantes y de maltratos psicológicos. Tienen derecho, además, a

P. Humberto Palma O., c.r.s.p.,

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que se respeten su libertad personal y de conciencia, sus convicciones religiosas e ideológicas y culturales, conforme al reglamento interno del establecimiento. De igual modo, tienen derecho a ser informados de las pautas evaluativas; a ser evaluados y promovidos de acuerdo a un sistema objetivo y transparente, de acuerdo al reglamento de cada establecimiento; a participar en la vida cultural, deportiva y recreativa del establecimiento, y a asociarse entre ellos. b. Son deberes de los alumnos y alumnas brindar un trato digno, respetuoso y no discriminatorio a todos los integrantes de la comunidad educativa; asistir a clases; estudiar y esforzarse por alcanzar el máximo de desarrollo de sus capacidades; colaborar y cooperar en mejorar la convivencia escolar, cuidar la infraestructura educacional y respetar el proyecto educativo y el reglamento interno del establecimiento. c. Los padres, madres y apoderados tienen derecho a ser informados por los directivos y docentes a cargo de la educación de sus hijos respecto de los rendimientos académicos y del proceso educativo de éstos, así como del funcionamiento del establecimiento, y a ser escuchados y a participar del proceso educativo en los ámbitos que les corresponda, aportando al desarrollo del proyecto educativo en conformidad a la normativa interna del establecimiento. El ejercicio de estos derechos se realizará, entre otras instancias, a través del Centro de Padres y Apoderados. d. Por su parte, son deberes de los padres, madres y apoderados educar a sus hijos e informarse sobre el proyecto educativo y normas de funcionamiento del establecimiento que elijan para éstos; apoyar su proceso educativo; cumplir con los compromisos asumidos con el establecimiento educacional; respetar su normativa interna, y brindar un trato respetuoso a los integrantes de la comunidad educativa. 13.Desde su particularidad, el Proyecto de Ley sobre Violencia Escolar invita a cada establecimiento a hacerse cargo con mayor propiedad de los casos de violencia escolar, cuando éstos constituyen bullying.  Pero además amplía las facultades de la Dirección de un colegio para adoptar medidas disciplinarias. De hecho, en el Reglamento de Convivencia Escolar se deberán explicitar las conductas que serán consideradas como faltas graves a la sana convivencia escolar y también las sanciones correspondientes, desde las amonestaciones verbales hasta la expulsión del alumno agresor. Cabe destacar que el proyecto considera y valida la autoridad real y efectiva que un colegio tiene sobre sus alumnos, fundamentada en el Proyecto Educativo, tanto en los espacios y tiempos de las actividades escolares como fuera de ellos. Pero hay otra novedad: no sólo se pretende evitar el hostigamiento entre escolares, sino también de éstos hacia sus profesores o asistentes de la educación. 14.La nueva ley significará un llamado también a las familias, a hacerse cargo de los hijos agresores y no simplemente a endosar el problema a los colegios, como generalmente ocurre. Hasta ahora sucede que la mayoría de los alumnos víctimas de bullying abandonan los colegios, y los victimarios continúan escuchando consejos y palabras de buenas crianza mientras buscan a una próxima víctima. Hay que haber escuchado alguna vez a un alumno padeciendo bullying, hace falta empatizar con su dolor y angustia para comprender que aquí hay un vacío que este proyecto ayudará a llenar. La familia y el Estado deberán proporcionar los medios y recursos para que los agresores, sin duda también víctimas y/o desadaptados, reciban la atención debida. Pero esto, y en casos extremos, ya no será necesariamente a costa del sacrificio de otro alumno. El Derecho debe siempre resguardar al más indefenso14.

14!

Cuando publicamos esta reflexión en nuestro sitio Web, de inmediato hubo un comentario en defensa del los alumnos agresores: “Recuerde que la sanción y el castigo no educa, un profesor que ve en las acciones punitivas la solución a todos los males de la convivencia, se está negando a su rol de educador; dejemos a la policías y la justicia este rol, nosotros los educadores tenemos nuestros propios medios para abordar estos problemas, que más tienen que ver con el poder de la razón, la palabra y el afecto, que con la represión. Además recuerde que la simple aplicación de la norma o reglamento no soluciona el problema, el problema seguirá ahí si no se va al origen de éste, y ninguna sanción lo hace desaparecer por obra de magia. Finalmente recuerde que el “matón” también es alumno y persona, y que seguramente está pidiendo ayuda pues es o fue víctima”. A lo que otro suscriptor respondió: “Al parecer (...) no ha entendido lo que se señala en la información, que por lo demás es el espíritu de este proyecto de ley. Claramente se habla de “vacío legal”, entonces entendamos que todo cuanto Usted aconseja y recomienda se hace y se continuará haciendo: hablar con el victimario, resguardar sus derechos como persona y buscarle la ayuda profesional si es el caso; escuchar también a la víctima, tratar de comprender su dolor y brindar una red de apoyo afectiva y efectiva. De hecho, el proyecto busca tutelar que las comunidades educativas profundicen en instancias y medidas de prevención. El vacío se da, entonces, cuando todo eso se ha agotado, y la víctima sigue padeciendo el acoso. Tales alumnos, que llegan incluso al extremo del suicidio, dan cuenta de situaciones en que las “medidas del educador” no son suficientes. El proyecto de los senadores no habla de represión, sino de acciones concretas que van de menos a más. Por otro lado, recuerde (...) que el Derecho, por principio, siempre debe fallar a favor del más débil. Comparto con Usted que el matón es también una víctima, pero el agredido es objetivamente más débil que él”.

P. Humberto Palma O., c.r.s.p.,

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15. Para el discernimiento. La posibilidad de desarrollar una educación de calidad no pasa sólo por infraestructuras, tecnologías u otros medios, sino porque seamos expertos en jóvenes y mantengamos vivo el interés por ellos, es decir, que los tomemos en serio. Y en esto, cuando hay engaño se nota. Sólo así, familia y colegio podemos ser asertivos en su educación y formación. 16.Si no entendemos ni nos interesa lo que sucede con los jóvenes, con todo lo complejo que ello sea, no pretendamos que ellos se interesen por lo que les decimos. Si nuestro discurso sobre la juventud no va más allá de las simplonas reflexiones sobre sus extravíos, adicciones o violencia; si no hacemos más que mirar, “sapear” o condenar sus conductas, estamos a las puertas de fracasar en el empeño de que nos tomen en serio. 17.Dejemos en claro que comprender el mundo de los jóvenes tampoco puede significar justificar sus actos, hacer vista gorda de sus errores o el “buena onda”. Recuerde que el joven no necesita un compañero de carrete, ni un adulto amigo, aunque en el minuto usted pueda ser la mejor persona para él. Lo que el joven necesita es un adulto que hable su idioma, esto es, que conozca bien su cultura, pero no para “chatear” con él, sino para que le indique senderos que él por sí solo no logra descubrir, transitar o siquiera imaginar. 18.El mejor escudo y protección contra los excesos e influencias de la postmodernidad en los jóvenes sigue siendo el afecto de las familias, que no se confunde con sentimentalismo paterno-materno, unido a altas expectativas de los padres sobre los hijos. A propósito de este argumento ya alzaba la voz el Padre Alberto Hurtado: “Los padres han hecho de la educación una cuestión de sensibilidad; siendo que es una cuestión de inteligencia y voluntad. Antes que buscar cómo agradar a los hijos, hay que buscar cómo hacerles el bien, aunque se les contraríe útilmente. Amar no es siempre querer agradar, es querer hacer bien a cualquier precio que sea15”. 19.Nadie pone en duda que en materia de formación la familia tiene un rol primario y el colegio uno secundario. En otras palabras, los alumnos son las personas que son primero por su familia y luego por el colegio. Pero las actuales condiciones sociales y familiares hacen cada vez más necesario un proceso colaborativo, que involucra a padres, profesores, directivos y a la entera comunidad, toda vez que nuestra pretensión sea educar y formar mejores ciudadanos. Es preciso luchar a diario para superar los desencuentros que se dan, por ejemplo, cuando la familia sostiene que el colegio se preocupa sólo del proceso instructivo y se desentiende de la persona de los alumnos, dejando fuera a aquellos con dificultades y buscando el éxito fácil en mediciones externas y acceso a la universidad. O bien esa sensación y comentario que en ocasiones se difunde en el profesorado respecto de la falta de compromiso de los apoderados con el colegio, o con el proyecto educativo o las actividades... Ni una ni otra corriente de opinión aporta al crecimiento y desarrollo del objetivo propuesto: que nuestros alumnos sean buenos ciudadanos. La sociedad que habitamos hace urgente que renunciemos a esa política antigua según la cual la familia aporta los valores y principios, el sostenimiento afectivo y seguridad, mientras que los colegios nos debemos hacer cargo de la instrucción y rendimiento. La oposición a la enorme cantidad de discursos nocivos a la que están expuestos nuestros jóvenes debe hacerse desde un planteamiento común. La calidad de la educación-formación no se relaciona tanto con el contenido, sino con el modo en que se entrega. Podemos realizar muchas actividades en favor de nuestros hijos-alumnos, pero si éstas no forman parte de un mismo discurso, o si son contradictorias, terminarán desorientando más que orientando. 20.Es posible que el problema de fondo siga siendo la delimitación y clarificación de objetivos. En otras palabras, ser honestos a la hora de preguntarnos y responder qué educación queremos para nuestros hijos, qué colegio responde a esa educación. Este discernimiento nos permitirá hacer una buena elección entre las diversas ofertas académico-formativas y, lo más importante, esforzarnos en ser coherentes con ella, es decir, que exista unidad entre lo que decimos querer para nuestros hijos-alumnos y lo que luego hacemos. En esta línea de reflexión recobra fuerza el concepto de comunidad educativa, que se estructura en función de las personas de los estudiantes, pero del cual todos nos nutrimos y crecemos. Esto significa que no tiene sentido hablar sólo de los derechos de los padres-apoderados si no abordamos los deberes. Recordemos que el ambiente familiar se relaciona directamente con el desarrollo y crecimiento de los alumnos, ya sea como personas, ya sea como estudiantes. Y estos mismos o semejantes requerimientos de cooperación y trabajo en equipo, apuntando a objetivos comunes, valen para el profesorado. 21.Es imperioso un programa de vida que considere lo siguiente: A) Preguntarnos por el perfil de hijos que deseamos. Lo que se hace o se deja de hacer en la infancia influye directamente en las respuestas que irán dando los hijos frente a los desafíos que se les irán planteando en la vida. Por ejemplo, de la formación en la infancia dependerá si ante la escasez de recursos materiales robarán, trabajarán, pedirán prestado o les dará lo mismo. B) Poner atención en auténticos valores. Vivimos en una suerte de mercado persa, y en él 15!

HURTADO A., Una verdadera educación, Santiago de Chile, Ed. Universidad de Chile, 2005, p. 77.

P. Humberto Palma O., c.r.s.p.,

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también se venden “valores”. Por ejemplo, nuestros actuales jóvenes están recibiendo el siguiente mensaje: tener objetos costosos y de marcas exclusivas es bueno (un valor), porque es sinónimo de identidad, pertenencia y autoafirmación. Es importante, pues, distinguir los verdaderos valores de los “voladores de luces”. El primer deber de los padres es hacer ver a los hijos lo que es realmente importante. 22.Como ya decíamos, es fundamental pensar que el Colegio es una comunidad educativa y vivir de acuerdo a este concepto requiere de personas siempre abiertas a nuevas ideas, proyectos y situaciones. Los americanos manejan una expresión que puede servirnos de clave de acceso a esta comunidad: “Open Your Mind” (abre tu mente). Open your mind implica disponer el ánimo para erradicar argumentos tradicionalistas, que entorpecen el crecimiento, y te llevan a afirmaciones tales como “antes... ahora...”, o “por qué esto... si nunca lo hicimos...”, o “yo tengo años de experiencia y sé lo que debemos hacer”. Open your mind es lo que ha permitido al hombre evolucionar en el ser y el hacer. 23.Preguntémonos ahora en qué sectores o expresiones de la realidad educacional debería haber pleno acuerdo entre colegio y familia. El primero de ellos es en el proyecto educativo, pues éste comprende la propuesta global en materia de actividades curriculares y extracurriculares, influyendo directamente en el perfil personal y profesional de los alumnos. El segundo acuerdo debería ser en los valores y normas sobre la ejecución del proceso educativo. El tercero, compromiso con la mejora permanente. El cuarto, sentido de pertenencia a la comunidad educativa. El quinto, participación crítica y responsable en los órganos y actividades que requiere el funcionamiento institucional. De lo que se trata en definitiva es de dar un paso desde las relaciones unidireccionales, en las que los profesores indican lo que hay que hacer y los apoderados acatan o exponen su listado de quejas, hasta las bidireccionales, donde prima el diálogo, comunicación y acuerdo. Como podemos ver, este modo de gestionar requiere de profesores que abran espacios al diálogo y participación de sus apoderados, pero también de apoderados que aprovechen bien esas instancias y respeten el liderazgo del equipo docente y las directrices dadas por la Dirección del colegio. 24.Una última reflexión “...Para que una familia funcione educativamente es imprescindible que alguien se resigne a ser adulto. Y me temo que este papel no puede decidirse ni por sorteo ni por una votación asamblearia. El padre que no quiere figurar sino como “el mejor amigo de sus hijos”, algo parecido a un arrugado compañero de juegos, sirve para poco; y la madre, cuya única vanidad profesional es que la tomen por hermana ligeramente mayor de su hija, tampoco vale mucho más...Cuanto menos padres quieren ser los padres, más paternalista se exige que sea el Estado”16 .

16!

SAVATER F., El valor de educar, Barcelona 1997, pp. 62-63.

P. Humberto Palma O., c.r.s.p.,

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Antiguos y nuevos desafíos a la hora de educar