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REFLEXIONES SOBRE

LA POBREZA


Es tan difĂ­cil hablar de la pobreza sin insultar a los pobres. Estos estĂĄn cansados y piden respeto y silencio, como lo suelen pedir los dolientes en un velorio.


Desde la visión profética los bienes materiales son una bendición de Dios. Frutos de la tierra y del trabajo del hombre, son un don de Dios para todo el pueblo. Necesarios para el sostenimiento de la vida corporal, son también un medio de comunión entre todos los miembros de la comunidad. En la comunión está la verdadera vida.


Pero los bienes materiales ejercen una fuerte fascinación sobre el hombre y pueden desencadenar la idolatría contra Dios y la codicia contra el hermano. Pueden convertirse en un obstáculo para la comunión y para las relaciones fraternas. Los bienes acumuladosriqueza- rompen la fraternidad, generan desigualdad y marginación, desencadenan división y conflicto. La riqueza niega a un tiempo el amor a Dios y el amor al prójimo, es decir: el Reino de Dios.


La Vida Religiosa nació bajo el signo de la pobreza evangélica. Las órdenes mendicantes fomentaron la pobreza real, individual y comunitaria y enfatizaron su dimensión apostólica. En los institutos apostólicos se interpretó la pobreza como un servicio asistencial a los pobres; hoy se insiste en la pobreza como solidaridad con los pobres.


Las crisis de pobreza son también las crisis más profundas de la Vida Religiosa. La mayor parte de los problemas que padece hoy la Vida Religiosa tienen su raíz última en el abandono de la pobreza. Por esto, el desafío prioritario de la Vida religiosa hoy, es la pobreza evangélica. De la respuesta a este desafío, dependerá el nuevo rostro de la Vida Religiosa en al Iglesia y en el mundo.


El voto de pobreza debe ser el resultado de una experiencia de Dios. La pobreza espiritual es el rasgo distintivo del resto fiel, de los pobres de YahvĂŠ. La espiritualidad de las bienaventuranzas y de la confianza en la Providencia solo es posible en un contexto de pobreza.


La bienaventuranza de la pobreza libera en el amor. La liberación que produce está al servicio de un dinamismo de la caridad que tiende a hacerse cada vez más universal. No es posible amar como Jesús quiere que lo hagamos, sin tener la verdad de un corazón pobre.


Si la obediencia es la medida del amor y la castidad su signo, la pobreza es su condici贸n.


Se concluye: 1. El seguimiento de JesĂşs es imposible sin la renuncia al Ă­dolo de las riquezas o de las seguridades materiales. 2. La pobreza voluntaria solo tiene sentido a partir del descubrimiento del reino de Dios y en funciĂłn del Reino.


El propósito último de la pobreza es esencialmente teologal y apostólico, busca desde la experiencia de Dios, anunciar el evangelio con la vida.

Crf. Martínez, F. “Refundar la Vida Religiosa”, pobreza


Reflexiones sobre la pobreza