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Escritos creativos

Escritos creativos

Edición XVI • 2010 - 2011

Edición XVI • 2010 - 2011

Asociación de Colegios Bilingües de Cali

Colegio

Colegio Hebreo

Jorge Isaacs

Bolívar

Alemán

Colombo

Escritos creativos Edición XVI • 2010 - 2011

Jefferson

Colegio

Colegio

Británico

Colegio Internacional

Cañaverales

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La Colina


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Asociación de Colegios Bilingües de Cali

Edición XVI • 2010 - 2011

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Asociación de Colegios Bilingües de Cali Escritos creativos. Edición XVI. 2010-2011 / Asociación de Colegios Bilingües de Cali. -- Editores literarios Carmen Helena Moncada ... [et al.]. -- Cali: Impresora Feriva, 2011. 112 p.; 28 cm. 12. ISBN 978-958-727-022-8 1. Escritura – Enseñanza. 2. Escritura creativa – Enseñanza. 3. Arte de escribir. 4. Creación literaria. I. Moncada, Carmen Helena, ed. II. Tít. 808.3 cd 21 ed. A1288213 CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango

Escritos Creativos

Edición XVI - 2010 - 2011 © Asociación de Colegios Bilingües de Cali Editores literarios María Elena Millán (Colegio Alemán) Ana Milena Gámez (Colegio Bolívar) Meisy Correa (Colegio Colombo Británico) Blanca Stella Sepúlveda (Colegio Hebreo Jorge Isaacs) Carlos Alberto Castiblanco (Colegio Internacional Los Cañaverales) Diego Fernando Marín (Gimnasio La Colina) Carmen Helena Moncada H. (Colegio Jefferson) ISBN 978-958-727-022-8 Diagramación Departamento de Arte de Feriva Portada Ilustración de Ana Cristina Saavedra Colegio Jefferson 8ª Contraportada Ilustración de María José Hernández Colegio Jefferson 8ª Impreso en los talleres gráficos de Impresora Feriva S.A. Calle 18 No. 3-33 - PBX 524 9009 feriva@feriva.com www.feriva.com Cali, Colombia

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resentación

Sabemos que encontrar el espacio para la lectura y la creatividad debe ser un propósito de las instituciones educativas, para que los alumnos puedan mirar el mundo desde diversas perspectivas y prepararse para un mundo globalizado. Hoy parecería que lo hermoso, lo atrayente, lo brillante está en el mundo del espectáculo; que el prestigio se encuentra en las estrellas que lo representan y no en los grandes artistas del pasado y del presente. La televisión y otros medios pasivos que ofrecen variadas formas de gratificación inmediata, parecen tener una clara ventaja sobre la lectura. Y, sin embargo, la escuela continúa teniendo posibilidades: puede orientar la sensibilidad juvenil señalando caminos diferentes en donde lo consistente se anteponga a lo brillante. Además, en Colombia la escuela tiene un reto: contribuir a la creación y al desarrollo de un poderoso movimiento cultural que nos aleje de los fantasmas de la violencia y del atraso y que sea capaz de despertar nuevas sensibilidades. Ernst Gombrich, refiriéndose a la Viena de comienzos del siglo XX decía: «El universo de la cultura se percibía no como un caos sino como un cosmos; no estaba formado por informaciones aleatorias, sino por una manifestación coherente de la mente humana. La música, la literatura y el arte tenían cada uno su propio paisaje, con imponentes cumbres, encantadores valles y (...) árboles umbrosos a la vera de un arroyo que invitan a descansar». Nosotros, los educadores, tenemos la enorme responsabilidad de acercar a nuestros alumnos a un universo análogo al que describe Gombrich a través de propuestas que permitan que sus palabras, sus inquietudes, sus protestas y sus actos se nutran de la poesía, de la prosa y del arte en general. Somos capaces de crear mundos donde la sutileza de las palabras despierta historias ancestrales mezcladas con el matiz de lo moderno, de lo nuevo. La escritura es la mejor manera de conocernos, de presentarnos, de dialogar con nosotros mismos y con nuestro pasado. El Proyecto Escritura Creativa organizado y auspiciado por la Asociación de Colegios

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Bilingües de Cali (ASOBILCA) es una oportunidad para que los jóvenes puedan expresar sus sueños, sus inquietudes, sus amores, sus temores, en un esquema diferente al que es propio de las actuales redes sociales. Este libro, en el que se abordan variados matices de la creación, es el producto de jóvenes inquietos que colonizan el lenguaje, lo pueblan de historia, transforman las imágenes y las llenan de metáforas tratando de expresar con las palabras y los gráficos lo que sienten en sus noveles espíritus. Los jóvenes necesitan espacios de encuentro y de comunicación poética en donde las palabras se impongan sobre los actos, el trazo sobre las muecas y el arte que eterniza la memoria sobre la inmediatez del lenguaje de los medios. Este trabajo fue posible gracias a que nuestras instituciones educativas saben que del lado de la escritura hay una apuesta mayor; porque creen que las palabras impresas retan a la memoria y nos dejan un legado; porque saben que los jóvenes son capaces de acercarse al universo poético con seriedad y con disciplina para dar rienda suelta a su inagotable imaginación. Las siete instituciones comprometidas en la versión XVI del Proyecto de Escritura Creativa de ASOBILCA han brindado su apoyo durante estos meses de producción para que los maestros del comité editorial acompañaran a los escritores en la elaboración, revisión y reescritura de sus textos a través de actividades en donde el afecto, la palabra sobre el tiempo, la paciencia sobre la premura, han terminado por imponerse. Nuestros noveles escritores se arriesgan a inventar, a publicar, a compartir sus intenciones narrativas; desde la poesía, el relato fantástico, las historias de ciudad, componen esta antología de literatura nueva. Le apostamos así al disfrute literario en ese sutil encanto de las palabras. Carmen Helena Moncada Hernández Colegio Jefferson

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Contenido

Colegio Alemán Sobreviviendo en el Amazonas.................................... 8 Como mamá.............................................................. 10 Ojos que me ven....................................................... 11 Impulso natural......................................................... 12 La tragedia los unió................................................... 13 En medio de la penumbra.......................................... 15 La fuente de Sabina................................................... 17 Colegio Bolívar Al borde.................................................................... 20 Desde el 501............................................................. 21 Dulces alas rotas....................................................... 23 Flores nacientes ........................................................ 24 Papeles arrugados...................................................... 25 ¿Qué hago al lado de la jodida ventana?................... 26 La princesa Alicia...................................................... 28 Tardó mi madre......................................................... 29 Una humilde pila de despojos................................... 30 Tu mirada en el espejo............................................... 31 Colegio Internacional Los Cañaverales Yo fui. Ya no soy......................................................... 34 Alejandro.................................................................. 36 Cambian las cosas, las cosas cambian...................... 37 El matrimonio de Luciana, un completo sueño.......... 38 Eurípido..................................................................... 40 La llamada................................................................. 41 Recuerdos................................................................. 42 Un cambio inesperado.............................................. 43 Tres segundos............................................................ 45 Colegio Colombo Británico Atónito...................................................................... 48 Adolescente............................................................... 50 Desnuda el Alma, inundado el Ser............................ 51 Destino...................................................................... 52 Despedida................................................................. 53 Eternamente tuyo, por ahora...................................... 54 Satánico.................................................................... 55 Mi segundo amor...................................................... 56 Las estaciones de la vida........................................... 57 Odio.......................................................................... 58 Juntos por siempre..................................................... 59 Vidas Paralelas........................................................... 60 Un amigo.................................................................. 61 Masoquismo.............................................................. 62

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Contenido

El loco y la piedra...................................................... 63 Ojos de chocolate obvios.......................................... 64 Perfume..................................................................... 65 Colegio Hebreo Jorge Isaacs Aunque no lo sepas................................................... 67 Callado...................................................................... 68 Tributo a la poesía..................................................... 69 Tiempo...................................................................... 70 Dolor impío............................................................... 71 El misterio viste de negro........................................... 72 María......................................................................... 73 El planeta de los siete anillos..................................... 74 Eterno retorno............................................................ 76 La ilusión................................................................... 77 Locuras de la luna..................................................... 78 Un día inesperado..................................................... 79 Sálvame..................................................................... 80 Sueños eternos.......................................................... 81 Un correo de otro tiempo.......................................... 82 Colegio Gimnasio La Colina Sobrevivientes........................................................... 84 Puntos suspensivos…................................................ 85 El viaje de Grossycla................................................. 86 Las sombras............................................................... 87 El camino de la vida.................................................. 88 El poeta de los seis lados........................................... 89 Silencioso amor......................................................... 90 Mechanimalia........................................................... 91 Todo en este mundo tiene solución, excepto la muerte...................................................... 92 Pepe: ornitorrinco rosado.......................................... 93 Sigo sin creer............................................................. 94 Colegio Jefferson Adiós Martín.............................................................. 96 Agonía....................................................................... 98 Con una sola ala........................................................ 99 Por siempre............................................................. 101 Cuando se va Mamá…............................................ 103 De azul................................................................... 105 El sirviente............................................................... 106 La marca de la ouija................................................ 108 Ojos verdes ............................................................ 109 Pecados capitales.................................................... 110 Retrato de un hombre cuerdo.................................. 112

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Colegio

Alemán Ilustrado por: María Alejandra Robles Alemán Colegio Alemán 9o

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Juan Felipe Zúñiga Martínez Colegio Alemán 7° D

Sobreviviendo en el Amazonas

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n destello de luz atraviesa el antes calmado y sólo alumbrado por las estrellas, cielo nocturno de la selva amazónica y rompe el suave manto del silencio un trueno estruendoso que desencadena tras de sí un aguacero bíblico. Luis, un joven de dieciocho años recién cumplidos, se despierta en su improvisado lecho al sentir las gotas de agua que se filtraban a través de las hojas de palma con las que había fabricado un techo. Se sienta teniendo cuidado de no tumbar las hojas, observa a su alrededor y ve a sus amigos Antonio y Carlos, que seguían durmiendo en sus respectivos lechos, y después ve los restos de la avioneta. Sólo podía ver gracias a la luz de las estrellas. Un segundo rayo alumbra toda el área dejando tras de sí un momento de silencio, segundos después sonó un trueno todavía más fuerte que el anterior, el cual despierta a Carlos y a Antonio, que se sentaron igual que su amigo. Se veían los unos a los otros con la poca luz que había, nadie hablaba, sólo se escuchaba el agua caer en las hojas de los árboles y en el fuselaje de la avioneta partido por la mitad. –Qué gran paseo, ¿no? – Dijo Antonio en tono irónico – ¡y en tu cumpleaños! –Sí –dijo Luis, dejando escapar un hondo suspiro –qué desgracia la nuestra. –Y todo por una pequeña turbulencia y falta de combustible– añadió Carlos. –Querrás decir una gran turbulencia y falta de combustible– le corrigió Luis. –No pensemos en eso – dijo Antonio– y mejor intentemos dormir. Todos estuvieron de acuerdo y trataron de conciliar el sueño. Al día siguiente, los tres amigos que llevaban dos días internados en la jungla, al fin se decidieron por sacar de la avioneta

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los cadáveres del piloto Juan Fernando Osorio y el copiloto Javier Enrique Jiménez, que habían muerto en el accidente. Los jóvenes los sacaron de la cabina con asco, tristeza e impresión. Ya afuera a unos doscientos metros del campamento excavaron dos fosas con una pala que encontraron en la cola del avión, junto a otros implementos. Metieron los cuerpos en las fosas, rezaron y los cubrieron con la tierra. Al terminar el funeral regresaron al campamento. Una vez ahí su atención se enfocó en conseguir alimento, Luis fue a revisar una de las trampas que habían dejado la tarde anterior; Antonio, a otra trampa y Carlos, a recolectar algo que encontrara. Mientras Luis se dirigía a la trampa, se volvió atrás y vio las copas de los árboles caídas y quemadas. En ese instante regresó a su mente el accidente de principio a fin: se vio cuando sus padres le contrataron una avioneta para un vuelo privado a Pasto, en compañía de sus amigos. Después, momentos antes de subir a la avioneta en el aeropuerto de Leticia y hablando con el piloto, recordaba con ironía cómo Juan Fernando le decía que sobrevolarían el Amazonas y sería un viaje tranquilo y sin inconvenientes; que llegarían a Pasto en dos horas. Luis suspiró y sonrió irónicamente. Cuando había pasado media hora hubo turbulencia, inicialmente leve, después de cinco minutos la turbulencia no cedía y por el contrario se ponía más intensa, en ese instante el copiloto anunció que había una fuga en el tanque de combustible y que probablemente se estrellarían. –Y pasó– pensó Luis. Imaginó qué habría pasado si no se hubiesen estrellado: se vio con sus amigos y sus respectivas novias en Pasto. Su fantasía fue interrumpida por el quejido de algún animal, alzó la vista y vio un pequeño mono tití amarrado de una pata trasera a su trampa. Luis examinaba la situación, pensaba cómo atrapar y dar muerte al animal. El mono estaba fuertemente amarrado de la


Escritos pata trasera, así que por estar preso sería muy agresivo, además que éstos son conocidos por su agresividad. Decidió correr, tirarse encima de él y matarlo. Efectivamente lo hizo. Se le tiró encima provocando que el mono chillara de tal manera que Luis quedó aturdido, pero siguió con su propósito; agarró al mico fuertemente y le torció el cuello. Se sentía cansado y algo extraño por tener el mono muerto en sus manos, al ser ésta la primera vez que tenía que matar a algún animal. Lo miró, retiró la mirada casi de inmediato y se dirigió al campamento por el sendero que había hecho con un machete que encontró junto a la pala en la cola de la avioneta. Una vez ahí, se reunieron todos y mostraron lo que habían encontrado. -Yo traje un mono – dijo Luis mostrando el animal. -Yo no encontré nada en la trampa –dijo Antonio– , pero si descubrí un pequeño riachuelo, así que podemos ir a recolectar agua. -Y yo sólo encontré un racimo de bananos no muy maduro. -Listo –dijo Luis–. Carlos, busca yesca y alguna manera de hacer una fogata. -Pero, Luis, ¿cómo rayos piensas que lo voy a hacer? -No sé, solo hazlo, utiliza uno de los dos cuchillos para carne, del equipaje, y frótalo con alguna piedra, no creo que ni tú ni Antonio quieran pasar otra noche sin la tranquilidad que ofrece el fuego. -Está bien, lo haré. -Antonio –continuó Luis– ve a la avioneta y busca algún tarro para recolectar agua del riachuelo, yo iré contigo para despellejar y lavar el mono. -¡Ok! Vámonos a trabajar, muchachos –incitó finalmente Luis. Una vez que se fueron sus amigos, Carlos buscó algunos hongos yesqueros, junto con ramas y hojas secas entre los troncos de los árboles, lo cual fue algo difícil por el hecho de estar en la llamada selva lluviosa. Cuando pudo encontrarlo todo, incluyendo una piedra carrasposa, regresó al campamento. Descargó la leña y se dirigió a la avioneta a recoger el segundo cuchillo, arrancó el césped húmedo, situó la yesca en medio de las ramas y hojas, cogió el cuchillo y la roca y comenzó a frotar el uno sobre la otra. Al principio no ocurrió nada, sólo fue momentos después que obtuvo chispas, al cabo de lo que para Carlos fue una eternidad. En la yesca empezaron a aparecer unas pequeñas llamas, deprisa lo tomó entre las manos y empezó a soplar con cuidado. Al fin hubo una llama constante, y comenzó a poner encima del fuego las otras ramas y hojas. En ese instante llegaron sus amigos con agua, el mono limpio y despellejado y más leña. –Muy bien, Carlos, qué buen fuego. –Gracias Luis. –Ok –dijo Luis. Antonio, trae el resto de los utensilios de asados del equipaje y una lata de maní para hervir el agua.

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Antonio asintió y lo hizo. Luis tomó uno de los cuchillos y dos palos más o menos gruesos, les astilló a cada uno un extremo por la mitad, después tomó un pincho de la caja de asados y atravesó el mono y lo colgó en los palos que había clavado en el suelo, una vez ahí lo dejaron azar. -Pues sí –dijo Antonio– son las 6:30, calculo yo. Hubo un momento de silencio y habló Luis. -Esperen un momento, ¿el avión tiene instrumentos de navegación?, ¿no?-Sí –respondieron a coro sus amigos Rápidamente corrió a la cabina de la avioneta y sacó una brújula y un mapa que indicaba la ruta a seguir de Leticia a Pasto. Luis y Antonio calcularon que debían estar en medio de Santa Sofía y Zaragoza según la indicación del mapa, pero más cerca de la última. Meditaron hasta tarde en la noche y decidieron tomar el riesgo de adentrase en la selva y tratar de llegar a Zaragoza. Al amanecer, los tres amigos armados con el machete, los dos cuchillos, la brújula y el mapa se aventuraron a avanzar en la selva. Era todo un desafío andar entre la densa vegetación; llevaban al menos tres horas caminando cuando encontraron un claro. -Descansemos un rato – dijo Antonio. –Sí, mejor sí – dijo Carlos y después asintió Luis. Se sentaron en círculo y esperaron, ahí se quedaron dormidos Luis y Carlos. Pasó una hora aproximadamente y seguían igual, hasta que Antonio oyó lo que para él era un avión. Despertó a Luis, quien le dijo que era un helicóptero que cada vez estaba más cerca. De inmediato, Luis se quitó la camisa y empezó a agitarla en el aire mientras que gritaba. En medio del alboroto, Carlos se despertó y se unió a Luis al igual que Antonio. Increíblemente para ellos, el helicóptero aterrizó. Resultó que era el Ejército Nacional colombiano de alta montaña, que se encontraba en medio de un patrullaje en la zona. Un hombre descendió del helicóptero, que por las tres estrellas que llevaba en su pava y uniforme, era un capitán; el Capitán Mosquera. – ¿Quiénes son y qué les pasó? – dijo el Capitán Mosquera. –Somos Carlos, Antonio y yo, Luis. Nuestra avioneta se estrelló a unas tres horas caminando desde aquí. -¡Ah! pues hoy es su día de suerte –dijo el Capitán–. Suban al helicóptero y busquen espacio. -Muchas gracias –dijeron los jóvenes, y se subieron de inmediato al helicóptero. En esta ocasión, los muchachos no pudieron ir a Pasto, a encontrarse con sus novias, pero al menos sobrevivieron para contar lo que les había tocado vivir. FIN

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Como

mamá Daniela Escobar Chaquea Colegio Alemán 10° B

M

i mamá es anciana. Dice tener unos sesenta años, pero no lo afirma con seguridad. Está arrugada, su salud decae rápidamente y su memoria cada día pierde más piezas. A pesar de todo esto su vida es considerada como un milagro entre nuestros conocidos. No es normal que alguien llegue a esa edad en estos tiempos. Se llama Alejandra, la única Alejandra que conozco. Algunos años atrás solía preguntarle por qué su nombre era tan descomunal y ella no podía contener una carcajada ronca. Su rostro se llenaba de arruguitas y los pómulos, naturalmente prominentes, se acercaban más a sus ojos color avellana. –Si supieras lo que realmente es extraño –respondía las primeras veces. Ante mis quejas cedía y fue así como llegó a contarme lo que le parecía gracioso de mi pregunta. La respuesta estaba en el pasado, como la mayoría de las cosas relacionadas con mamá, porque para nadie es un secreto que ella se quedó atascada en otra época, la misma en la que yo quisiera estar. –Benzah, el año en el que me gradué del colegio había dos estudiantes más en mi clase con ese nombre. Esa fue la forma en la que hizo que lo entendiera todo, mostrándome el contraste del tiempo. A veces pienso que yo también estoy viviendo de recuerdos, pero no son los míos sino los que mi mamá me prestó sin darse cuenta. Ella me los prestó aquella noche, siete años atrás cuando la escuché hablando con la tía Juliana. Era una noche glacial como todas las otras noches, con ese frío que no sólo te helaba los huesos sino que hacía lo mismo con tus músculos, tus nervios y hasta tu pelo. Mamá ya me había enviado a la cama, pero en cuanto pasé junto a la sala y escuché el tema de conversación de las dos mujeres no pude evitar quedarme. Hablaban del 2000, me refiero al año 2000, y de la niñez que habían compartido. Se suponía que yo no debía escuchar esas conversaciones, mamá me lo había advertido casi el mismo día que pronuncié mi primera palabra, pero ellas no se percataron de mi presencia y yo dejé que la curiosidad me guiara. – Ya sabes lo que dicen, no debemos culparnos por lo que hicimos, fue a eso a lo que nos acostumbraron –escuché decir a la tía Juliana.

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–¿No debemos culparnos? ¡Claro que fue nuestra culpa! –gritó mamá bastante molesta. Permanecí en cuclillas hasta que el dolor en las pantorrillas fue insoportable y me obligó a ponerme de pie. Después de haber escuchado la charla entre mamá y la tía Juliana entendí por qué me había prohibido acercarme a esos temas. Al comienzo creí que hablaban de un libro de ciencia ficción o algo así como una película. La tía Juliana le recordaba a mamá los veranos que habían pasado en el río y en la piscina, algo monumentalmente imposible para mí. No cabía en mi cabeza el hecho de que las personas hubieran podido bañarse alguna vez en tantos litros de agua, aunque no era la primera vez que lo escuchaba. Durante más de una hora las mujeres describieron el paraíso y yo me encargué de recrearlo en mi imaginación. Ese fue el momento en el que los recuerdos de mamá se volvieron mis recuerdos, como si dos vidas se unieran para formar una. A veces pienso que debí haber obedecido la advertencia de no escuchar esa conversación, porque es abrumador tener que anhelar cada segundo lo que algún día fuimos y tuvimos. Últimamente mamá habla todo el tiempo insensateces y lanza profecías caóticas al aire. Ella sabe que el fin está cerca. No me refiero al fin del mundo porque eso no existe, por supuesto, sino a que mamá está en el ocaso de su vida. Me lo dijo esta mañana, aunque honestamente no sé cómo puede estar tan segura. Pero ella me ha jurado que puede sentirlo. Yo no creo que esas cosas se puedan sentir, pero cuando se lo he mencionado a mamá, ella ha dicho que sí es posible, sólo que mi calidad humana se ha perdido, como la de todos los demás en esta época. Quizás todo esto parezca apocalíptico, pero no lo es. Tengo la certeza de que juntos lograremos encontrar la puerta de salida, porque siempre hay segundas oportunidades. Mientras eso pasa, yo sigo pensado que quisiera ser como mamá, porque quizás podría tener recuerdos propios y no recuerdos ajenos. La mayoría de las personas a las que se los digo no lo entienden porque no tiene sentido; mamá es vieja y está a punto de morir, mientras que yo soy joven y prometedora. Pero yo quisiera ser como mamá por un solo motivo: me gustaría haber vivido en esa época en la que el agua y el aire no eran un privilegio. FIN

Ilustrado por: Daniela Delgado Colegio Alemán


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Lina María Longas Colegio Alemán

Ojos

que

me

ven

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sa noche Jennifer se despertó gritando. Su cuarto estaba más blanco que nunca, o al menos eso le parecía. Se levantó, fue al baño y se miró al espejo. Tenía la cara llena de sudor y sus manos estaban entumecidas. Notó además que tenía pequeños piquetes en sus brazos. “Los insectos”, pensó. Al otro día les contó a sus amigos la terrible pesadilla que había vivido la noche anterior. El resto del día no pasó nada, pero seguía sintiendo el mismo miedo que sentía desde pequeña. Pasó el tiempo y los sucesos se repetían una y otra vez. Pero tales circunstancias parecieron cambiar cuando Summer, una amiga de infancia, rompió su monotonía al invitarla a una fiesta, a la que, por supuesto, Jennifer decidió ir. Ella se estaba preparando y de repente escuchó un sonido extraño en el cuarto de sus padres. “¿Por qué mis papás se tuvieron que ir de viaje y dejarme sola?”, se preguntó muy asustada. Entró a la habitación sigilosamente y lo que vio era algo espantoso; en aquel momento sintió como si ya

Ilustrado por: Lina María Longas Colegio Alemán

lo hubiera visto antes. De forma horripilante, aquello no era tan grande ni tan pequeño. Sus ojos eran granates, su cuerpo, espinoso, y su piel, poca. Jennifer gritó, salió corriendo a su cuarto y se encerró. Tanto era su temor que, decidida, salió huyendo despavorida por las calles hasta llegar, sin siquiera pensarlo, al subterráneo. De manera casi instintiva lo abordó y cuando miró por la ventana, ahí estaba de nuevo la criatura que había visto en su casa hacía pocos minutos. Su respiración se aceleró y el desmayo afloró en su cuerpo como el único estado posible para tal nerviosismo. Antes de caer, pensó “eso no es real, sólo está en mi mente”. Al despertar apareció en un cuarto blanco adornado con extrañas pinturas en las paredes y una mortuoria luz. Minutos después apareció una persona a quien no pudo ver a la cara. Sus ojos parecían traicionarla pues sólo veía formas vagas. De pronto, escuchó una voz que se dirigía a ella, acompañada de movimientos que la atemorizaron aún más. -Otros 30 ml de litio. Parece que está delirando de nuevo.

FIN

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Daniela Riviere Caminals Colegio Alemán 8° D

Dime cómo hago para olvidar Aquel hermoso día. Dime cómo hago para olvidar, Tantos momentos que no puedo borrar, Pensando en tu felicidad, Pensando en mi felicidad, El cielo con cierto resplandor, El resplandor que cegó nuestros ojos, Nuestros ojos impulsados por el amor, Aquel amor que crecía sin filtrar

Ilustrado por: Ana lucía Ordóñez Colegio Alemán 8o

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Aquella felicidad de nuestros actos sin pensar.

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FIN


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Christian Hageböck Colegio Alemán

La tragedia los

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unió

ran las cinco de la tarde. El vuelo 9413 se encontraba dando inicio a su abordaje en el aeropuerto de Miami y se dirigía a Nueva York, con una duración de tres horas y cinco minutos. En el vuelo viajaba un padre con sus dos hijos y se encontraban muy contentos, ya que la madre de los hijos vivía en Nueva York dos años atrás, tiempo en el cual no la habían visto, pues los conflictos entre los padres no lo permitían. El padre, Steven, estaba algo tenso, porque sus dos hijos, Stacy y George, no paraban de moverse de un lado a otro. Una vez dentro del avión, Steven buscó su asiento, pero éste se encontraba un puesto delante del de sus dos hijos. Sin embargo, esto no les afectó a Stacy y a George, puesto que se les había asignado un asiento en el cual los dos pudieran disfrutar plenamente de la ventanilla. Una vez el avión se encontró camino hacia la pista, Stacy preguntó: -Padre, ¿todo va a salir bien, verdad?-Claro que sí, no tienes de que preocuparte- respondió Steven, en un tono muy preocupado, debido a que él se imaginaba todo lo contrario, pero no quería preocupar a su hija. Una vez despegó el avión Steven pidió al pasajero que se encontraba al lado de George si podían cambiar puestos, ya que él no aguantaba un minuto más sin sus hijos. Instalados ya, una fuerte turbulencia obligó a todos los pasajeros a regresar a sus puestos. Steven se encontraba muy

intranquilo, aunque no lo demostraba ante sus hijos. George estaba en una situación similar a la de su padre, debido a que él casi nunca viajaba en avión?, y con voz muy temblorosa le dijo a su padre: -Papá, ¿todo va a estar bien, no es verdad? -Como no. El avión es el método más seguro para viajar. Las turbulencias no representan ningún peligro -asintió no muy convencido. Cuando la turbulencia cesó, Steven se sintió un poco más tranquilo y aprovechó para contarles a sus hijos como era Nueva York, sus edificios, sus museos y sus monumentos. Al cabo de tres horas y veinte minutos, se dio la orden de abrochar los cinturones y enderezar el espaldar de la silla, ya que se encontraban próximos a aterrizar. -Ya vamos a ver a mamá ¿cierto?- preguntó George algo emocionado. -Claro que sí, sólo estamos a media hora- respondió Steven. -Damas y caballeros, temo que tendremos algunas dificultades para el aterrizaje, puesto que el aeropuerto de la ciudad de Nueva York reporta un incremento de tráfico en los próximos minutos -se escuchó por los parlantes del avión.

Ilustrado por: Christian Hageböck Colegio Alemán

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-¿Qué significa eso?- preguntó George. -Pues mira, cuando hay muchos aviones que quieren aterrizar a la vez se tienen que regular uno tras otro para el aterrizaje y esto puede demorar un poco, pero no hay de qué preocuparse.respondió Steven un poco angustiado. Pasaron cincuenta largos minutos en los cuales habían estado sobrevolando la ciudad sin noticia alguna. Hasta que de un momento a otro se escuchó: -Damas y caballeros, nos encontramos próximos a aterrizar. Por favor verifique que el espaldar de su silla se encuentre en posición vertical, la persiana de la ventanilla totalmente abierta, y el cinturón de seguridad abrochado y ajustado.-Ya vamos a llegar, ¿no es así?- exclamó Stacy. Sí. Ya casi llegamos respondió Steven en un tono aliviado. En cuanto Steven terminó la frase, se escuchó un estruendo por todo el avión que ensordeció a todo el mundo y que dejó perplejos a todos. Seguido del estruendo, un fuerte impacto sacudió el avión separando por completo la parte posterior de la parte trasera. Se escuchaban gritos de personas agonizando. Se sentía un inmenso calor provocado por un incendio en la parte donde se encontraban Steven, George y Stacy. En medio de tanta destrucción, Steven se encontraba con una pierna fracturada, y oía a su hija gritar: -¡Papá, mi brazo me duele, me duele!-Tranquila hija, ya vienen por nosotros, aguanta un poco -respondió Steven muy adolorido. Pero se encontraba aún más asustado porque no veía a George por ningún lado, no escuchaba nada más que gritos de personas y las sirenas de ambulancias. En el aeropuerto se encontraba Emily, la madre, a quien le acababan de informar que el vuelo donde venían su familia estaba retrasado. Emily sabía que algo no andaba bien, porque se escuchaban sirenas por doquier y se veía gente muy alterada corriendo de un lado a otro. En el accidente, Steven aún seguía buscando a George. Al verlo, éste yacía en el suelo gritando de dolor, pues su pierna la tenía prensada por un escombro. -¡Papá, ayuda!- gritaba desesperadamente George sin saber qué hacer. -Calma hijo. Ya vienen a ayudarte- exclamó Steven. Steven no se separó ni un segundo del lado de su hijo hasta que llegaron los rescatistas y trasladaron a Steven y a George a un centro hospitalario. Ahora la mayor preocupación era su hija Stacy. La última vez que la vio, se encontraba con un brazo bastante lastimado por las quemaduras. En el aeropuerto la angustia no daba tregua alguna, así que Emily no pudo esperar más, y fue a dar un paseo mientras ellos

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llegaban. En el paseo, Emily se fue, sin saber, en dirección al accidente. Esto lo confirmó cuando llegó al lugar de la tragedia y le informaron que este era el vuelo proveniente de Miami. Al principio pensó en sus hijos, se acordó de ellos y luego de su esposo. Pero de inmediato, regreso al aeropuerto, tomó el carro y se fue de hospital en hospital preguntando cual era el que atendía el accidente hasta que encontró el hospital. Una vez allí, se encontró con un mar de gente: periodistas y médicos. Ellos no le daban paso a Emily, que solo quería observar la lista de los sobrevivientes. Después de arduos minutos de luchar contra la multitud pudo leer la lista, en la cual sólo encontró a George y a Steven. Se preocupó mucho al ver que su hija no se encontraba en ninguna de las dos listas. Así que se acercó a la recepcionista y preguntó por su hija, y no recibió otra respuesta que: -Señora, aguarde a que los otros sobrevivientes lleguen. De todos modos la mantendremos informada. Sólo denos el nombre de la persona y una descripción muy breve. Pero lo que Emily no sabía era que Stacy ya se encontraba en el hospital en un quirófano sometiéndose a una cirugía de reconstrucción, debido a que su brazo tenía quemaduras de tercer y cuarto grado. Una vez Stacy salió del quirófano, se le informó sobre la situación de su hija y sobre el estado de su esposo y su hijo, el cual era bastante favorable. A la mañana siguiente, Emily volvió a preguntar sobre el estado de su hija. Le respondieron que se encontraba en muy buenas condiciones y que esta tarde le darían de alta. Pero Emily quería saber con exactitud lo que había sucedido esa noche de agosto, cosa que no fue muy difícil saber porque todos los periódicos de la ciudad la tenían como noticia principal: ”Grave accidente sucedió ayer por fallas humanas”, ya que se confirmó que el capitán había cometido un error fatal al calcular la distancia de la pista y aterrizó así a trescientos metros antes de esta”. Dicha noticia le causó una gran sensación de ira, puesto que si nada de esto hubiera pasado de seguro podría de estar disfrutando de un día con sus hijos. En la tarde, Emily regresó al hospital para recoger a sus hijos y a su esposo. Y al llegar, ahí estaban sentados los tres, esperando la llegada de ella. Al verla los niños saltaron de los asientos a abrazarla. -¡Mamá, mamá!- gritaron Stacy y George. -¡Hola!- exclamó Emily. -Bueno niños, ahora tenemos que irnos porque ya se está haciendo tarde- asintió Steven. Esa misma noche hablaron sobre todo lo ocurrido, sobre la experiencia, y llegaron a una conclusión: nunca más en la vida se iban a separar el uno del otro. FIN


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Cuento e ilustración: Martin Obyrne Colegio Alemán 9°

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En medio de la

penumbra

n medio de la penumbra, el mal olor y la poca visibilidad, me dirigí hacia el lugar de donde provenían los extraños ruidos que había estado escuchando durante la fatídica madrugada que había vivido. El aterrador silencio contrastaba con la magnitud de la explosión que había terminado mi sueño. Al parecer iba a entrar en contacto con una persona después de más de dieciocho horas de angustia, en las que aparte de combatir la soledad me vi enfrentado a sobrevivir sin comida ni bebida, así como en medio de los animales nocturnos y los ruidos fantasmagóricos, encerrado en el ascensor de servicio de la Torre Colpatria, en Bogotá. Entré a dicho centro financiero el día 26 de agosto de 2022 con el fin de reunirme con uno de sus economistas para analizar las causas de la nueva recesión económica. Después de ser anunciado en la recepción me fue concedido el permiso para dirigirme a su oficina. Durante el eterno desplazamiento a bordo del elevador éste se detuvo y las luces se apagaron inmediatamente. Allí empezó una aventura que vivencialmente terminaría pronto pero moralmente quizás nunca acabaría. Durante los primeros cinco minutos reinó la tranquilidad en medio de ese claustro de casi dos metros cuadrados. Aún se sentía el viento producto de la acción del ventilador interno y todavía era posible escuchar los jingles corporativos que normalmente son anunciados en esa clase de sistemas. El instante en el que me percaté de la magnitud del problema en el que estaba en-

vuelto fue después de darme cuenta de la inutilidad de mis gritos, así como de la alarma de emergencia. En el exterior ya casi anochecía, el silencio se había vuelto inmutable y mi hambre había aumentado considerablemente. Ahora mi única alternativa era sentarme en el piso del cubículo e imaginar interminables playas, extensos desiertos y tupidas selvas en el medio del horizonte infinito de los espejos superpuestos. De la mano del creciente frío llegó el sueño, cogiéndome en un momento de permisividad y suma confusión. ¡Puum! ¡Puuuum! Un estrepitoso ruido me despertó a las 3:30 de la mañana. Yo ya comenzaba a asustarme. Ya no tenía más opciones que buscar una salida. Se me ocurrió abandonar el lugar removiendo la rejilla del techo para así poder buscar un pasillo en tierra firme. Bastante paciencia y persistencia se convirtieron en los complementos de mi voluntad para coronar un pasillo de servicio que estaba iluminado únicamente por los avisos tipo LED con la palabra EXIT iluminada en rojo en el medio. La recurrencia de los sospechosos sonidos en cadena que llegaban hasta mis oídos me motivó a preguntar en tono fuerte ¡quién anda ahí!, seguido de expresiones que evidenciaban mi angustia. Descendí casi treinta pisos rodeado de una sospechosa penumbra, hasta divisar la cocina del sótano, la cual se encontraba perfectamente alumbrada y frecuentada. Tres extraños personajes se encontraban realizando allí todo tipo de labores de metalurgia y herrería. No advirtieron mi presencia hasta oír el rechinido de la puerta. Vestían harapos, se encontraban maquillados como ‘topos’ y seguro se encontraban detrás de una sospechosa trama. – ¿Quién es usted? –preguntó uno de ellos. Ilustrado por: Martin Obyrne Colegio Alemán

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– No soy nadie –respondí–. Me encontraba ayer de visita y algo pasó con el ascensor. – ¡Ahh! ¡Más de lo mismo! Oliver, ¡sácalo de aquí! – ¡esperen!… ¿quiénes son ustedes? Solamente cortamos el suministro eléctrico unas cuantas horas para poder materializar nuestro plan de vengarnos de esta gente al montar nuestra propia entidad financiera sobre los escombros del banco que arruinó nuestras finanzas. Mientras me empujaban alcancé a sugerirles que abandonaran su descabellado e inútil plan. Sin embargo, no fue posible al menos en mi presencia. La situación se resumía en que un grupo de locos había desdibujado mi jornada, así como un día cotidiano en el Centro Internacional de la capital para favorecer un par de ideales imposibles. En realidad, el conflicto se asemejaba más a un fragmento de una historia de hechicería de Disney que se imponía de las imaginarias urbes financieras de Hollywood. El enredo en el que había terminado toda esta cróni-

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ca siguió a las afueras del edificio más alto de Colombia en la madrugada del veintisiete de agosto. Parecía yo una nueva versión de Will Smith caminando entre zombis, en este caso reencarnados en los espíritus callejeros del bajo mundo, a través de las progresistas y distinguidas calles de Bog-hattan. – “Próximas paradas: ‘Calle 26 y Profamilia’. Destino: Portal de la 80” – El sonido digital de la programadora me despertó de mi somnolencia poco antes de llegar a la estación de Transmilenio más cercana a donde tendría mi cita matutina de trabajo. Contemplando los cerros orientales y bajo la sombra del Hotel Tequendama caminé las más de cuatro cuadras que me separaban de mi destino. Al llegar sacudí el paraguas, le sonreí al portero y a la secretaria de la entrada y oprimí el botón naranja que siempre acompaña al par de puertas metálicas empotradas en las paredes.

FIN


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La fuente de Sabina Anais Jagger Colegio Alemán 7o

E

n un atardecer naranja intenso, una chica, Sabina, soñaba al lado de las aguas cristalinas de la fuente de su jardín. Esta fuente era su posesión más valiosa, con las mariposas alrededor, y nadie en su casa sabía que cuando desaparecía iba para allá, porque no les importaba ese viejo jardín. La buscaban y la buscaban, pero no la encontraban y siempre que volvía para dormir le preguntaban: “¿Dónde estabas?”,y ella respondía: “Por ahí”. Le insistían pero nunca lograban que salieran de su boca las palabras que necesitaban. Estas desapariciones eran muy preocupantes para los padres de Sabina, ya que lo único que hacía era esconderse del mundo, no tenía amigos, y no parecía querer tenerlos. La chica tenía una hermana y un hermano: Julia, de diecinueve años, y Daniel, de cuatro años. Daniel la molestaba a toda hora, pero ella no le prestaba ni la más mínima atención, y Julia le daba consejos sobre cosas de la vida, pero a ella no parecía interesarle mucho. Llegó al colegio en Londres, después de dos meses de descanso en días de verano. Ella lo único que hacía en sus clases era tratar de entenderle al profesor, y en los recreos se ponía a leer su libro favorito Romeo y Julieta, porque le encantaba el teatro. En su colegio nadie la tomaba enserio, de vez en cuando le gritaban “boba” o “nerda” o “estúpida” y otras cosas, pero ella, igual que a su hermano, no les prestaba atención. Ella iba por los pasillos del colegio, pasaba por su casillero, y se tropezó con un chico mono con ojos verdes y con pecas. Ella, inmóvil y sin decir absolutamente nada, se quedo ahí, mirándolo. Él dijo “lo lamento, fue mi culpa” y recogió sus cuadernos. Ella reaccionó al gesto de amabilidad y dijo “gracias”, salió corriendo, pero no se dio cuenta de que el chico la miraba. Cuando volvió a su casa, entró a su cuarto y empezó a mirarse en el espejo, era una chica flaca con cabello rubio y ojos azules, y se preguntó: “¿Será que le gusto?” Y se quedó pensando en ello todo el día hasta la hora de dormir. Al día siguiente llegó una chica de Alemania, cabello oscuro y ojos grises. Se veía triste, y Sabina sintió pesar por ella, se dispuso a hablar con ella en el recreo, se sentía lo suficientemente fuerte

como para afrontarlo, después de todo, quería una amiga con quien compartir sus pensamientos, y como era nueva, le pareció una gran oportunidad. Sonó la campana y habló con ella, hablaron de sus países y de donde vivían y de otras cosas. Sabina sintió que al fin tenía alguien con quien hablar, y que tuvieran tantas cosas en común, como que les gustara más leer que a las demás personas. Parecía una chica inteligente, y ella se sintió, al fin, acompañada. El nombre de la chica nueva era Alicia, y tenía dieciséis años igual que ella. Pasaron dos semanas y Sabina ya se sentía más feliz que nunca, tenía a alguien con quien hablar de todos sus malos y buenos momentos. Hasta hablaron de chicos. Sabina le contó la historia de su tropezada con Jack y Alicia le contó que en realidad no le gustaba nadie por el momento. Llegó el viernes y Sabina se sentó en una banca a leer su libro favorito, sola ya que su amiga tenía una gripa muy fuerte y no había venido al colegio. Entonces, apareció Jack, ella no volteó, el dijo: “hola”, y ella levantó su cabeza y dijo lo mismo. El dijo: ¡es ese el libro de Romeo y Julieta! A mi me encanta ese libro. Y ella dijo: “sí,¡qué bien!, Es mi libro favorito. Y él: “fantástico, y… he venido a preguntarte algo… sé que no nos conocemos mucho, pero me pareces una chica muy bonita, así que... ¿te gustaría ir a comer algo el sábado con mis amigos y otras chicas? Y ella respondió sólo iré si va Alicia, “¿te parece?” Y le dijo: -no hay problema, puedes venir con ella”. Sabina sonrió y Jack dijo: “hasta el sábado: y ella dijo “Adiós”. Al día siguiente Alicia ya estaba mejor, y a las dos niñas las dejaron ir al restaurante. Los padres de Sabina estaban muy felices que su hija saliera con amigos. Alicia se puso un vestido corto lila, con un cinturón, balaca y zapatos negros. Cuando llegó causó una gran impresión, ya que sólo la habían visto con el uniforme.

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Jack y ella charlaron toda la noche y hasta bailaron, ella no dudó un segundo de que a él le atraía ella. A la semana siguiente decidieron que se iban a presentar a sus padres en una cena, y todo salió de maravilla. El día en que Sabina había llevado a Jack a su casa, le mostro su jardín y le explicó que amaba estar todas las tardes en ese lugar. Los dos se sentaron y charlaron hasta que Jack le dijo a Sabina “eres una chica muy hermosa”, y se acercó a ella. Al comienzo Sabina estaba muy nerviosa, pero cuando la besó fue como si tuviera un montón de jardines con las fuentes más hermosas de todo el universo. Después de este encuentro, los enamorados terminaron siendo pareja. Sabina estaba muy feliz, además, era la primera vez que a alguien le gustaba ella, y que ese chico fuera tan lindo. En la escuela había una chica llamada Vanessa. Ella había sido la anterior novia de Jack, pero todavía la chica estaba perdidamente enamorada de él. El problema era que Jack había terminado con ella porque era muy celosa, parecía una chica maniática. Cuando ella se dio cuenta de que su ex novio era pareja de otra chica, sintió odio. Vanessa sufría cada vez que los veía juntos y sobre todo cuando los veía besarse. Por otro lado, Jack y Sabina se sentían muy felices juntos, eran el uno para el otro. El tiempo volaba y los dos eran felices. No querían separarse nunca. Pasaron diez años y Sabina, y Jack seguían siendo pareja. Jack se volvió un doctor cardiovascular y Sabina una escritora con éxito. Seguían siendo novios y se habían cambiado de casa. Fue duro para Sabina dejar su jardín y a su familia, pero estaba feliz de que estuviera viviendo con su novio. Estaban muy enamorados. Un día, sabina estaba muy ocupada con el nuevo libro que escribía, y cuando escribía algo, no le importaba nada más. Cuando terminó su libro y Jack había llegado del trabajo, Jack le dijo a Sabina “te tengo un sorpresa, cierra los ojos y haz lo que te diga”. Sabina, muy emocionada, siguió las órdenes de su novio. Y él dijo “ya puedes abrirlos”. Frente a ella había un jardín idéntico al de su anterior hogar, sólo que con un kiosco blanco con rosas encima. Sabina no lo podía creer, empezó a mirar por todos lados y cuando fue a hablar con Jack, él estaba arrodillado con un anillo de diamantes dentro de una cajita abierta en sus brazos, y dijo “Sabina Eaton, ¿te gustaría casarte conmigo?”. Sabina no podía más de la dicha, y cuando logró recuperar el aliento, dijo con toda la alegría del mundo “Sí, sí, sí. ¡Claro que sí!”. Jack se levantó y se dieron un beso que ninguno de los dos olvidará jamás. Se estarán preguntando qué pasó con Vanessa. Pues, está sola, y cuando se dio cuenta de la noticia de la boda, se puso roja de la ira.

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El día de la boda ya todo estaba preparado, el vestido y el traje ya lo estaban usando la pareja. Se iban a casar en el kiosco de ese hermoso Jardín. Vanessa entró a la fiesta escondida bajo sus ropas y fue al cuarto en donde se preparaba la novia, ahí estaba ayudándola Alicia, quien ya era felizmente casada y tenía dos hijos. Las dos estaban muy felices. Alicia debía traer el ramo de flores para la novia, así que salió del cuarto. Vanessa entró a la habitación, Sabina estaba confundida y preguntó “¿quién eres?” Y Vanessa respondió ¿no te acuerdas de mí? Soy Vanessa, de tu escuela, la novia de Jack antes de ti. Sabina dijo “qué bueno que hayas venido, pero no te había invitado a la boda. ¿Cómo te enteraste?”. Vanessa respondió “eso no importa ahora, lo que pasa es que tú me dañaste la vida y voy a vengarme de ti”. Sabina “pero yo no hice nada, tú solamente hacías sufrir a Jack y él terminó de amarte. Fuiste tú quien dañó su relación”. Vanessa “eso no es cierto y no lo aceptaré, ahora despídete de todo lo que has amado, despídete de tu familia y despídete de tu amado Jack…” Vanessa sacó una pistola y se alistó a disparar. Sabina nunca creyó que Vanessa le haría algo malo, no creyó que la chica estuviera tan molesta y lo suficientemente loca como para hacerle algo irremediable. Sabina trató de escapar, pero antes de poder salir de la habitación, Vanessa disparó y le dio en el pecho a la novia. Cuando ocurrió esto, Alicia oyó el disparo y salió corriendo a ver qué sucedía, y cuando entró al cuarto ya era demasiado tarde. Tendida en el piso estaba su amiga y al lado, la mujer que causó su muerte. Alicia reconoció de inmediato quién era y pidió ayuda mientras lloraba. Jack oyó el grito y fue corriendo a la habitación y vio a su prometida tirada en el piso con un hoyo en su vida y sangre alrededor. El gritó de furia y pregunto que quién era el culpable de todo esto, y Alicia, llorando, respondió” fue Vanessa, yo la vi con la pistola en la mano”. Jack salió corriendo para alcanzar a esa mujer, logró encontrarla y le dijo: “¿Por qué has hecho esto? ¿Qué te hizo Sabina para merecer esto? ¿No pensaste qué pasaría ahora? ¿Qué ganas con todo esto? ¿Sabes que ahora te van a meter a prisión por esto? No puedo creer que hayas sido tan loca e incomprensiva para atreverte a matar a mi prometida. Jack seguía llorando y gritando, y Vanessa respondió: “no lo sé”. Llegaron los policías y arrestaron a la culpable, y Jack salió corriendo a ver a su prometida. Le preguntó al doctor “¿pueden salvarla? Y el doctor respondió “me temo que no, ya no tiene “. Jack gritó y siguió llorando, todas las personas lloraban. Jack les pidió a los invitados que salieran de la habitación, quería estar solo con su fallecida prometida. Cuando todo el mundo salió, Jack dijo estas palabras: “Espero que sepas cuánto te amé, fuiste la persona más especial para mí en toda mi vida, pero ahora que tú no estás, mi vida se derrumbará para siempre, entonces, ¿para qué vivir?”. Después de estas palabras, el novio cogió la misma arma que había matado a Sabina, que estaba tirada en el piso junto al cuerpo sin vida. Jack puso el arma al lado de su cabeza y disparó, y cayó al lado de su bella novia. FIN


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Escritos

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Colegio

Bolívar

Ilustrado por: Andrea Botero Colegio Bolívar 10o

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Juan David Rueda Colegio Bolívar 12°

BORDE

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gente, a rodeada de más, pero la b z ta ve es a e n u u q ra a, vó la ca tenía nad n embargo, el ba la a mujer se la sabía que no ua no limpia la soledad. Si e ag d El io a. ed ci m su e ella no o, en sentía igual d uado. Antes, impurezas pero asimism ec s la ad i el n e es fu n o ca sus acci tomó nun a. Cuando se de su suciedad de camino que ía perdido nad do recuerdo n ab u h ab o n se al au u n ig el ir lo que ero vo de su piel ni tocó vivir. Viv tenía nada, p a noche estu le es e o u h q ec e h fu ía la ab ón en el rrar a de lo que h plantó la ilusi e se podía bo pasado. Nad ch o n dió. a es o iz algo. Y lo per aba lo que h er e d em d u er a q p aba una línea ad le n es n , ó n bie llenaba, traz ndo. El jab se u a n m ti el la d a as u a ag do nea que Mientr s dedos. La lí rdaban segun ni con toda el su co n re co le o as el im su el ía tan abía os de lágr imaginaria en ahora le parec a que se le h d e u vi los ojos, llen q a y n u s , te ra d an uzado o una clepsi ataba ía, pero que tanto había cr segundo, com ciones, que m e sólo ella ve u ep q ec d ea n e lí d a ta n n .U hacía, ta, a pu insignificante . Mientras lo la ar ido, gota a go az tr r. a vi ad vi ificaba n proceso de s hombres a su ya no le sign cada día en el tes, a todos lo a rutina llegar n an u a am s er e su u s q o tod erto n dejado recordaba a Si bien era ci noche había que la había , ta sa es ca a, su ad r er o p asado p triste y exas la cara que habían p humilde casa dido lavarse o p ía ab h re siempre. que . Siemp marcada por la tina, el frío abía metido h en sido diferente se te y o en h m y, ta o n le ormir. Pero h sentarse, con o si Se introdujo y echarse a d izo parar, y al estropajo com h el la n o n co o o p er ad cu dejando más había d taladraba su cielo. Se fue cia de la olla a la tina y se al ru ó ir ás m m , a as ri ndid hombres ndo la esco s piernas exte piel, un girón a uno de los la d la ca a a b estuviera saca a ca n ab ra in ar as se imag r ojos, y de esesperada se hundir mientr , un lomo po la. Cerró los ar encostrada. D el as p en ó o ej d d gi e er n sum rtunidad qu otros. y con él, su que se había por cada opo os a costa de e su vecino, d an m ro s st la ro ó el ci ió sus manos, se ensu o de pronto aparec zos, su piel, ra cada vez que unzante suel p ab y s ío su fr e d el calor da en si no pudiera e ni las cálida voz, el Irritada, senta miento como descubrió qu o sa er en p p r, el ra ó o ll en ll ó la , no sin decidió su aliento le lado. Conoci más. Entrevió a aquel baño, su e ad d n te an b en ta m soluta sistema es o, confesó pensar en ab lágrimas en su le había huid to n ta podía… e u q lsó para ad a la agonía, que ar de ta es p er a ci , o d taba, se impu to terrible soled es o o id d d la er p é u lo q o, tal vez o de haber Sin saber de muy tempran to u el desasosieg in m n u re; tal vez tenido nada. vo retomar el ai nunca haber ían que lo tu ec d an cí o n uy tarde. FIN la co Ella un minuto m Aquellos que apariencias. lo só a er to es la sabía que todo, pero el ilustrado por: Catalina Rodríguez R. Entramado de flores Colegio Bolívar 12o

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Desde el

Juan José Jaramillo Colegio Bolívar 12°

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tra vez habían ensuciado el vidrio. La sangre creaba un arco de pequeñas pepas contra la recién pulida ventana, se aplastaba fuerte y seco, sin chorrear, siempre la misma sangre en la misma parte en la misma forma que semejaba una luna creciente bocabajo. Descarados, no saben o no les importa que sea tan difícil de limpiar y que por más thinner que le eche quedará la ventana brillante y grasosa. Éste era el tercer suicidio de la semana, y todos habían sido desde el mismo apartamento, mismo balcón y aterrizaban en el mismo terreno, enfrente del ciento uno, donde desayunaba un señor con vestido azul turquí de blancas rayas, camisa rosada de botones blancos y corbata azul celeste salpicada con minúsculos rombos blancos. Estoy mamado del café con galletas, voy a tener que empezar a… ¡mierda! El cuarto cadáver caía y el impacto le derramaba el café encima, le manchaba el pantalón, la corbata y la camisa; todo lo que tenía. Esto es inaguantable, imposible que todos los fracasados de la ciudad hayan escogido el mismo balcón de un apartamento abandonado y sucio, lleno de ratas y muebles viejos, para quitarse la vida mientras se tiran la mía con su negra sangre en mis ventanas. El ceño fruncido fue vencido por una mueca de iluminación divina. Si están tan desesperados por morir, pagarían un poco por tener un último gustico, por disfrutar ese paso al vacío y sentir cómo el gordo gusano puede morir y, mediante el beso de la parca, revivir en una resplandeciente mariposa. Compraré ese apartamento y cada loco que se quiera aventar me pagará una pequeña suma. Subió al quinto piso, tocó en el quinientos dos, convenció al dueño de que el apartamento de enfrente sólo valía la mitad de lo que pedía y se lo pagó de contado, todos los billetes planos, lisos y nuevos, todavía con ese olor metalizado. Después llamó a la oficina. “Doctor Morales, renuncio. Desde hoy soy un gran empresario que aprovecha las oportunidades del destino y no dejaré que un pobre gerente, que no parece gente, se aproveche de mí y me utilice para su beneficio. Hasta luego y gracias por nada.” Abrió la puerta, estornudó e inventarió todos sus nuevos bienes. La oficina se instaló en el antiguo dormitorio principal; la sala de espera, en el comedor y la sala de preparación, en el baño de huéspedes. Intentó organizar lo mejor que pudo e imprimió un cartel:

Personas Una persona Por persona que traigan Grupos de 5 ó más

Tarifas 20 Euros 5 Euros de descuento 10 Euros por persona

Se sentó a esperar. Tocaron a la puerta. Mi primer cliente. Se merece un trato especial. “Buenas tardes, bienvenido. ¿Ya conoce el lugar, le han hablado de él? Qué tonto yo, ¿cómo pueden haberle hablado si es seguro que todos los clientes están muertos? Porque déjeme decirle, le aseguro que, como el nombre de la empresa, es seguro que todos quedan como Muñeco sin Cabeza. Puede usted tener la seguridad de que morirá en el instante en que su carne bese el concreto reforzado, y todos esos problemas desaparecerán para siempre y podrá su alma volar junto a las mariposas que descansan por siempre.” Los ojos del cliente se iluminaron e irradiaron una extraña sensación de alegría, que se volvería rutinaria antes de cada salto. El señor dejó la plata, los veinte euros más diez de propina por el buen servicio y, sin meditarlo más, emprendió carrera hacia el balcón, se paró en la baranda que tenía un borde de madera y unas figuras moras en metal, miró hacia arriba, dejó caer una lágrima y junto a ella se abalanzó al vacío. Treinta euros no están nada mal para mi primera venta. Estos van enmarcados a la entrada de mi oficina. El primer mes fue exquisitamente exitoso, hasta el punto de llegar a convertirse en el lugar favorito de toda la ciudad para pasar a una mejor vida, para desestresarse y poder ser libre aleteando los problemas abrumadores. Con el paso del tiempo y el ingreso de grandes sumas de dinero el dueño remodeló el quinientos uno. Compró muebles nuevos para que la espera no fuera tan incómoda, contrató una sirvienta para que atendiera con bebidas y pasabocas a los clientes y sus acompañantes y hasta se equipó con un estéreo, que ambientaría el lugar y ofrecería la posibilidad a sus clientes de que la valentía de dejar esta vida era lo correcto y se sintieran felices al huir de la infelicidad. Ilustrado por: Andrea Botero Colegio Bolívar 10o

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“¡Sí!” Estoy entre los treinta empresarios más emprendedores de la ciudad. Creo que es hora de montar otra sucursal, y de pronto, ¿por qué no llegar a nivel nacional? Las filas para tener un turno eran eternas, daban la vuelta a la manzana y pasaban por enfrente del ciento uno, donde la cola se torcía un poco para darle espacio a los desesperados de no faltar a la cita con la muerte segura. Se estaba cobrando una nueva tarifa, cincuenta euros, y a la entrada se les entregaba una manilla en la cual aparecía su número de defunción, otorgado mediante un convenio oficial con la morgue nacional. “Muchacho, necesito que trabajes conmigo, pues voy a crear una empresa de correo donde los clientes podrán enviar las cartas a sus familiares, y sólo tendrán que pagar dos euros más. Tu paga sería el veinte por ciento de lo que me haga con este nuevo servicio”. El joven, desesperado por el hambre y la mala suerte, dejó su familia, aceptó y comenzó a manejar la sucursal postal, ubicada en la cocina. Un día nublado, con viento helado, en la mitad de la primavera, el negocio cambió. De ahí en adelante no recibiría ni un solo cliente y su negocio estaría desolado, tal vez, por la mismísima muerte que antes le había traído tantos beneficios. El dueño estaba desconsolado, deprimido y abrumado por la inminente quiebra de su negocio, pues los gastos se catapultaron con el éxito y las excentricidades. Todos los que pasaban por el edificio caminaban contentos, con una sonrisa que irradiaba alegría, menos el dueño que se veía fuertemente afectado por esta epidemia de seguridad y confianza. Es injusto, maldita felicidad que se apoderó de la gente para alejarse de mí, y me arruinó. Pero mi negocio no cerrará, tendrá un último suspiro de vida. Subió hasta el quinientos uno, se sentó en el sillón de espera. “Doctor, ¿desea algo de tomar?” “Un vaso de leche caliente, a ver si se me quita esta inseguridad.” Bebió despacio, con la cabeza en blanco y el corazón latiendo fuerte. Sus pies, con mente y destino propio, lo llevaron por todos los rincones del apartamento, mientras recordaba un pasado sin problemas, lleno de euforias y gratitudes, volvía a tiempos de antaño que nunca volverían. Sin saber cómo, se vio frente al espejo del baño preparatorio. El éxito. La felicidad. La vida. Los cambios. La desesperación. La muerte. Aquí, ya nada importa. Una mariposa, Dama Sentada, dio varias vueltas por el baño revoloteando inquietamente para después posarse en la esquina superior derecha del espejo, y con místicos ojos se quedó mirando al dueño mientras éste se mojaba la cara. Quisiera ser esa mariposa mientras me mira, mientras me analiza sin juzgar, y poder pasar por la vida sin preocuparme por lo que me tiene aquí mojándome la puta cara. Sintió que caminaba fuera del baño, llegó al balcón y miró fijamente la habitación paralela del edificio de enfrente. ¿Qué podrá pensar ese señor que vio todo el éxito de mi empresa? ¿Sentirá lástima? Se lo preguntaré cuando baje de aquí. Subió a la baranda, cabizbajo, apoyándose con las manos; miró el reloj, que se había quedado sin pilas, y luego las guardó en los bolsillos de la chaqueta. Miró hacía arriba, dejó escapar una lágrima, tragó saliva e intentó volar con las manos dentro de los bolsillos. Pueden venir por mí, libres mariposas. Abrió los ojos, que era lo único que podía mover, y vio cómo su sangre dibujaba una media luna en la ventana del ciento uno, que se chorreaba hasta el piso, y lo manchaba para que nunca pudiera ser limpiado completamente por más thinner que le echaran. El señor del quinto piso del edificio de enfrente nunca vio nada. FIN

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Hanna Nessim Colegio Bolívar 11°

Dulces

alas rotas S

e iban desprendiendo uno tras otro Y mudos se posaban en tus hombros, en tus brazos. Desgarrando todo aquello que te mantenía viva Recortando tus dulces alas rotas. Y como el sol cuando se acerca la noche De repente callaron los tambores La agonía partió, se fue sin rumbo alguno Se desprendió de tus dulces alas rotas. Las espinas fueron creciendo lentamente En las calvas rosas rojas de los vientos respiraba la inmensidad que gritaba por tu ausencia Tu ausencia en el aire sin tus dulces alas rotas. Tal vez el tiempo ya me ha prohibido Contemplar la vida en tu mirada pura Siento más tu muerte que mi vida Tú, ángel de dulces alas rotas. FIN

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Laura Varela Colegio Bolívar 10°

Ilustrado por: Laura Varela Colegio Bolívar 10°

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Flores nacientes

ecuerdo que cuando era pequeño le pregunté a mi padre por qué mi madre lloraba mientras me abrazaba por las noches. Si tanto él como yo la amábamos tanto, ¿por qué sufría? Me dijo que era porque en el amor uno gana mientras el otro da, y él siempre ganaba. Siempre. —No entiendo. —No tienes por qué, no he terminado. Desde ese momento empecé a notar que mi madre cubría sus brazos más que de costumbre en ciertos días y que la cantidad de maquillaje que utilizaba aumentaba en lo que alguna vez fue un rostro de porcelana, codiciado por muchos a los cuales mi padre venció. Cada vez estaba más lúgubre, pero mi padre se mostraba cada vez más alegre. Le pregunté a mi padre por qué tanta felicidad, y él simplemente respondió “tu madre está aceptando mi amor.” –Cuando cumplí diecinueve años, mi madre apareció muerta. Asesinada, dijeron algunos. Mi padre fue culpado después de un tiempo y su única defensa fue: “Fue la última prueba de amor, Anwell. ¡Lo disfruté tanto! ¡Ganaré por siempre, hijo mío! Mientras que Aurora, tu madre, siempre perdió.” —¿Cómo pudo hacer eso?… él era un monstruo. —Linda, mi preciosa flor, no digas eso, es mi querido padre del que estamos hablando. Vamos, quita esa cara de espanto, mira esto. ¿Ves? En la fotografía del periódico él sale riendo, y al ser la única familia que tenía, yo estaba extasiado al verlo tan feliz. — ¿Por qué me dices esto? —Me sorprende que seas tan impaciente, ni Rosalina ni Margarita fueron alguna vez así. ¡Ah! Ya sé, te contaré de ellas. Tal vez así entiendas. —A los veintiún años conocí a Rosalina. Estaba sentada en frente de mí en la clase de Antropología, en la Universidad de Boston. Recuerdas que te mencioné que yo estudié para ser un historiador, ¿no? Bueno, pues Rosalina tenía un hermoso cabello rojizo natural, que olía a la flor del naranjo, ¿cómo se llamaba?….¡ah!, ¡sí!, olía a azahar. Me obsesioné con ella y sólo quería estar a su lado. A Rosalina le gustó mucho, le gustaba mi atención. Así fue, y yo la quería tanto, pero ella de repente se cansó y me dejó. —Y, ¿cómo está ella ahora?

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— ¡Oh! muy bien. Cada primavera florece, es hermosa. Rosalina y su cabello rojo, con sus labios carmesí. Esos delicados labios… Bueno, debería seguir con Margarita. Ella era muy distinta a Rosalina. Era la número uno en mi clase, rara vez salía y siempre tenía un libro en sus manos, casi siempre un clásico. Ella fue muy dulce después de que Rosalina se fue. Me ayudó mucho, fue la primera en ayudarme una vez Rosalina se fue. —¿A qué te refieres con que se fue? —Querida Lila, eso no es importante ahora. Sólo déjame seguir con mi historia. En todo caso, Margarita se fue acercando a mí y terminé queriéndola mucho más que a Rosalina. Era considerada y amable, y su risa sonaba igual que campanas de viento. Pero al igual que Rosalina, ella también me dejó después de un tiempo. Lastimosamente, ya que yo la amaba tanto. —Y, ¿cómo está ella? —¡Oh!, también florece cada primavera como Rosalina. —Me estás asustando, Anwell. —¿Por qué dices eso? Lila, tú sabes que te amo. —Eso es lo que me asusta. —Estás dudando. ¿Qué te parece si te pruebo mi amor? Después de todo, Rosalina y Margarita lo entendieron después de que lo demostré, y cada primavera florecen aún más hermosas. Lila trató de gritar para pedir ayuda mientras Anwell se acercaba lentamente. Ella no sabía si había alguien que la escuchara, pero aun así trató de gritar. Pero no pudo. No porque estuviera paralizada, sino porque internamente, tal vez, Lila en realidad quería ver a Anwell acercándose para que después tomara su rostro en sus manos. Lila disfrutó el momento en que Anwell la besó, aunque se sentía intimidada. Ella lo vio sonreír mientras sentía que un frío calaba en sus entrañas, sin saber que él se llevaba su soplo de vida en aquella arma. Lila no pudo decidir qué debía sentir, hasta que llegó el punto en que ya no sentía. _ ¡Qué bellas flores! —Muchas gracias, señorita, aprecio el elogio. Mi nombre es Anwell. —Mucho gusto. Soy Violeta y me acabo de mudar al pueblo. Debo decir que se nota que ha trabajado mucho con estas flores, y las rosas y margaritas son hermosas, pero, ¿y ese pedazo de tierra sin ninguna planta? —¡Oh, eso! Por ahora estoy plantando lilas… FIN


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Papeles

arrugados

Daniella Fernández Durán Colegio Bolívar 12° -

Q

uise escribirte un poema y me perdí en el intento. Quise decirte mil cosas, pero las palabras ausentes del alma se perdían en tu recuerdo. En el olvido secreto Tú. Yo. Ambos. No era lo mejor, y aun así, era perfecto Tu presencia, poca y mucha, fue el virus en pro y en contra de la vida, llama que al arder se apagaba, era lo asombroso con lo absurdo Pero fuimos dos y no logramos ser uno. Es el juego del amor: acogida y despedida. Te fuiste. Y con el abandono, el dolor. ¡Oh, ilógica vida! Para recordar que aún respiro, para no olvidar que aún vivo, debo morir enseguida. Déjame libre el corazón, pájaro que llega y emigra . Déjalo ser por siempre uno más que en el cielo suspira El sabor del último beso es un bálsamo amargo. Como el sentir de una última caricia en la piel que no olvida. Pensarte será mi obsesión; sufrirte, mi deber, pues son mil y una cosas las que te traen a mí, en medio de este montón de papeles arrugados.

FIN

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¿Qué hago al lado

Alejandro Olazábal Colegio Bolívar 11° -

¿Qué hago al lado de la jodida ventana? Maldita entretención popular que soy. Motivo de alaridos y burlas es mi cara contra este maldito sol ardiente. No hay puerta que estrujar ni trinchera en la cual guardar. Me siguen viendo por la ventana y tristemente es la orden de la realidad. Una calle rota, con obreros sin prisa y mensajeros sin recados. Con ejecutivos sin corbata e indigentes aburridos. Mi saliva cae del balcón, rebota en algún charco redentor. ¿Cuál amor, maldito amigo?. Trae la escalera y sácame de este rincón de la perdición. Mi pánico ante esta observación citadina me da ganas de implorar. ¿Llorar querré? Saltar, ¿lo haré? Pero no gano nada viendo palomas volar y canarios cantar. Bello sonido es el de la ansiedad. Feo eco de la esperanza. Pero anda ya, que mi cerebro no resiste más esta horrible prisión No es tentación ni maldición, es ilusión y explosión. Explota estas paredes, dispárale a esos hombres. Es un odio justificado dentro de mi fobia. Y sigo sin saber. ¿Qué hago al lado de esta maldita ventana? El sol no para, las risas no callan. Ahora un presidente, en su omnipotente armada, me ofrece salvación. Con sus rifles y títeres de fusil, me ofrece su opinión. Ministros van, ministros vienen, al final ninguno refleja mi aspiración. Les cierro la ventana, y desde el suelo parten con su ejército del terror. No hay nada que leer y mi cerebro se repela al saber. Mis pensamientos salen en palabras, pero mis oídos perezosos duermen sin cansancio

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de la jodida ventana? Mis ojos no aprenden, sólo se entretienen viendo miseria y caos en esta ciudad. Con el tiempo cualquier opción me parecerá la mejor. Ya no espero nada de ti, amigo Este círculo social me dejó defraudado e inundado de rencor. Por este momento miraré las aves, miraré al mendigo y al trabajador. Clases sociales vienen y van, pero estas ideas que retumban contra mi ventana parecen de verdad. Me hablan de fascismo y comunismo, de guerra y muerte, de acción y omisión. ¿Será verdad tal amor por la perdición? Recuérdame, que amar es ser un imbécil al servicio de la estupidez, un esclavo de la nada. Pero tal vez encontré la admiración entre tanto odio y tanta negación. Que caigan las bombas, que estas cuatro paredes y esta ventana se astillen. Que mis gritos vayan al oeste y al este. Las balas retumban y yo lloro de dolor, no caen sobre esta ventana. Nada abre esta prisión de la ignorancia. Quiero aprender de la muerte y la sangre. De la compasión y el valor, ¿para qué? Querido amigo, hoy caerá esta nación, los pobres ya no aguantan, Los ricos ya no bastan. La ventana se reventará contra el áspero piso y caminaré por los pasillos de la ruina, de la quiebra y de la podredumbre. Hoy la raza caerá, de estupidez y hambre, de hipocresía y arrogancia compartida entre los aquí presentes. Yo me reiré. De ti y de todos Esta maldita ventana no se cae y sigo con la cara pegada contra ella ¿Por qué será que sigo recibiendo el inclemente sol? Ilustrado por: Daniela Arango Colegio Bolívar 10°

FIN

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María Regnier Colegio Bolívar 6°

La princesa

U

Alicia

n día común y corriente la princesa Alicia, una niña hermosa, simpática y por supuesto muy feliz, salió a caminar por el hermoso jardín de las rosas. Muy feliz, la princesa Alicia recogía las rosas más lindas que se encontraba. Cuando llegó a un bosque muy oscuro y tenebroso, se dio cuenta de que estaba perdida. Con mucho susto siguió caminando por el confuso y tenebroso camino. Lejos de donde estaba vio una resplandeciente luz, así que caminó hacia ella. La fuente de luz resultó ser una casa que parecía rodeada de flores azul clarito y un rosado muy alegre. La casa que cualquiera quisiera tener. Alicia no resistió y tuvo que entrar. Habiendo ingresado, se encontró con una viejita muy bajita, que aparentaba unos noventa y cinco años. La viejita la vio y dijo: — ¿Qué hace una princesa en este bosque tan oscuro y tenebroso? –la princesa no contestó porque estaba encantada con la fascinante casa. La viejita se puso muy brava, se fue poniendo cada segundo más roja hasta que se transformó en un horrible monstruo. Era un monstruo con escamas cafés, con espinas y sangre por toda su cara, era el monstruo más espeluznante en el universo. Alicia se asustó tanto que cayó desmayada en el precioso piso, que ahora se había convertido en rocas ardientes de color café y gris oscuro. El grande y espeluznante monstruo se llevó a Alicia a un hermoso cuarto, que se fue convirtiendo en rocas envueltas en llamas y destruía todo lo bello que había en él. Ella se quedó ahí toda la noche cavilando una idea. En el castillo no sabían qué hacer, porque no encontraban a la princesa por ningún lado. Al día siguiente, Alicia se despertó sin saber en dónde estaba, bajó las escaleras, y la viejita ya se había calmado, pero igual, ella sabía lo que era. Mientras la viejita hacía el desayuno, Alicia retomó la idea que había estado pensando en la noche, y un solo golpe bastó para tirar a la vieja al lindo piso que la devoró. Alicia suspiró, ya sabía cómo comportarse cuando una intrusa visitante se acercara por su nueva casa. FIN

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Emma Arango Colegio Bolívar 8°

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Tardó mi

A

quella noche, oscura, tenebrosa y sin placer, tenía el frío presentimiento de que mi madre no llegaría. Desde el atardecer la había esperado, en la amplia sombra de un samán en el bosque de Martín. ¿Dejaría de cumplir su promesa? Las horas pasaban, y el único murmullo que escuchaba era la suave melodía que creaban los animales al arrastrarse sobre las hojas secas que estaban en el suelo. Observaba cómo el sol caía en las distantes montañas y cómo la luna se acomodaba en la serena noche, junto a las estrellas. Ya no había sombra, ya no había luz, sólo el suave reflejo de la luna que se extendía a lo largo del panorama. Mi madre no llegaba, se suponía que a las seis estaría conmigo y ya eran las ocho de la noche. Unas cuantas horas pasaron, y sin duda alguna decidí devolverme, pero no fue mucho el tiempo que había transcurrido y tropecé con un arbusto disecado que se atravesaba en mi camino a casa. Caí de inmediato y bruscamente al suelo, me apoyé en mis manos sobre el césped, y en ese instante sentí un par de largas garras hiriendo mi espalda. Lentamente volteé mi torso y me mantuve parada por un largo rato. Al parecer, nada sospechoso me rodeaba. Sin embargo, lograba escuchar a corta distancia la densa respiración de un ser viviente. Preferí no mostrar temor, ahuyenté los malos pensamientos, seguí caminando y me distraje con otros asuntos

madre más racionales. El camino a casa se me hacía largo y abrumador. Para lograr distracción, mis ojos se concentraban en el ritmo de mis pies. El glacial viento encalambraba mis piernas y hacía de ellas unas columnas pesadas. Busqué refugio en un matorral de purpúreos lirios que cobijaban mi piel. Sin darme cuenta, mis ojos se fueron apagando, ganando los sueños que llegaron a mí. De repente, entraba a mi hogar; una acogedora casa de madera al sur de Armenia, donde mi madre me recibía con un largo vestido de encaje color crema. Sus grandes ojos negros me intimidaban y sus delgados labios me transmitían rabia y pena. Sus huesudas manos se acomodaron en mi cuello y, cuando menos pensé, sus filudas uñas penetraron mi carne cortando mis venas. Al sentir un desgarrador dolor, desperté dando un pequeño brinco. Era consciente. Mi corazón latía violentamente a un ritmo inalcanzable. Era hora de partir, pronto tendría que estar en casa. Ligeramente me puse de pie, y al alzar mi rostro me encontré con mi madre. Las venas de sus ojos eran una maraña de intenso color rojo, la punta de su nariz estaba rasgada, su larga cabellera cubría sus orejas y parte de sus ojos. ¿Podría correr aunque quisiera? No, porque la sangre llama a la sangre. Cuando menos lo pensé, ella hizo lo que era inevitable. Sentí que mi visión se iba apagando. Ya no tenía noción de mi alrededor. Pronto llegué al final, y ahí estaba la luz enceguecedora de la que tanto me habían hablado. FIN

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Laura María González Colegio Bolívar 7°

Una humilde pila de despojos

T

iempo atrás, durante la segunda Guerra mundial, en Inglaterra ocurría un grave acontecimiento que la destrozaba poco a poco. Muchos hombres se vieron obligados a abandonar sus familias y marchar a la guerra contra Alemania. Pero la mayoría de ellos no regresaron con vida dejando a sus familias desoladas. Un soldado en particular, fue gravemente herido y enviado a un hospital de veteranos, donde muchos hombres morían después de haber arriesgado su vida por la patria; y en las noches, los espíritus de los aguerridos merodeaban por los pasillos lamentándose por lo sucedido. Hasta que en una mañana de invierno, poco antes de que terminara la guerra, el hombre falleció, dejando en el olvido a su esposa, quien se encontraba en embarazo y a punto de dar a luz una pequeña criatura, el cual era hijo de otro hombre. Los años transcurrieron y el hospital fue derribado, pero el espectro seguía indagando por aquellas ruinas. Hasta que en una fría mañana de otoño, el viento soplaba haciendo pasear las hojas libremente, mientras una mujer transitaba cerca de ahí, pasando por las inmediaciones de los escombros. Se detuvo y miró en el horizonte cómo los nubarrones obstaculizaban la luz del sol. Era ella, la mujer que le había sido infiel al soldado cuando él necesitaba de su apoyo. El espíritu del hombre divisó los hermosos ojos azules de aquella mujer. Pero cuando ella se disponía a seguir su camino, escuchó una voz diciendo su nombre una y otra vez. La voz fue disminuyendo la intensidad hasta silenciarse completamente. Nancy, en un acto de paroxismo, volteó la mirada y observó solo una humilde pila de despojos. Se recogió abrazándose a sí misma, intentando

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permanecer en calma para continuar su camino. Pero, su corazón latía más rápido de lo usual y sus manos heladas por el frío se tornaron rígidas. Días después, Nancy empezó a experimentar una extraña sensación cada vez que cruzaba la puerta al entrar a su humilde hogar. La puerta hacía un ruido agudo ante el fuerte viento que helaba el ambiente. En las tardes, se observaba una sombra que rondaba por el costado. Pero una noche, cuando Nancy regresó extenuada de un largo día de trabajo, sintió mucho calor y al mirar hacia fuera, vio que la casa estaba prendida en llamas y el fuego se hacía más denso a cada instante. Corrió en busca del teléfono más cercano y marcó rápidamente el número de emergencia, miró a través de su ventana para dar detalles de lo que estaba ocurriendo y sorpresivamente apareció un hombre entre las llamas; y una voz contestó diciendo: - ¡Váyase de aquí o sufrirá! Sin poder mantener la calma, Nancy dejó caer el teléfono de sus manos, pero aquella frase seguía perturbándole el pensamiento. Ensimismada de terror, corrió arrasando con todo lo que se encontraba a su paso, pero al pisar el último escalón encontró pisadas que la orientaban a la puerta del desván. Incapaz de inspeccionar, retrocedió al escuchar unos pasos, y con sus ojos desorbitados, vio una sombra que se acercaba lentamente hacia ella. Absorta, no pudo emitir sonido alguno, y balbuceando fue perdiendo la conciencia lentamente. Trataba de volver en sí, y en medio de su delirio percibió la figura de un hombre que estaba vestido para ir a la guerra. Esperó un segundo que le pareció una eternidad, volteó la mirada hacia el espejo del salón en el que vio reflejada la figura de aquel militar, y se le despertó tal nostalgia que una fuerza incontrolable la atrajo hacia él. FIN


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Tu mirada

espejo en el

Ilustrado por: Daniela Arango Colegio Bolívar 10°

Martín Vanin Colegio Bolívar 10o

¿

En qué momento se da cuenta uno de que las cosas ya no están saliendo bien?. Levantó la cabeza de la toalla empapada en lágrimas, como quien intenta salir de un agujero profundo; pero al tiempo, sabe que con cada esfuerzo se hunde más y más. En el espejo puedo ver a una muchacha ojerosa y con los vasos sanguíneos de sus ojos, inflamados de tanto llorar. Miro a este remedo de mujer y sus rasgos son similares a los míos: pelo castaño, ojos pardos y esa nariz que siempre me había generado vergüenza. Esa mujer se parece mucho a mí, sin embargo no soy yo, me rehúso a aceptar que esa soy yo. Ese adefesio mirándome a través del vidrio, atravesando mi alma, no puedo ser yo. -¡Sofía abre la puerta!- grita mi madre, su voz haciendo una extraña armonía con los contundentes golpes en la puerta. Cada contacto con la madera me genera dolor y me hunde más. No existe castigo como mirar a los ojos a la madre y ver cómo su rostro gotea lágrimas de decepción y reproche. Ese rostro que te acompañó durante tu infancia y que celebró cada uno de tus logros; y que castigó cada uno de tus errores. En los últimos días he visto otros tantos rostros, aquellos falsos, que se hacían llamar amigos, traidores aquellos que solo esperaban para verte caer. Rostros de quienes dicen estar allí para ti,

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pero se vuelven los mayores incriminadores al ver que tú no eres todo lo que ellos esperaban. Gente incapaz de ver crímenes propios, pero firmes en castigar errores ajenos. ¿No ven que fue por ellos que hice lo que hice? Tantos rostros, cada uno con sus miradas, miradas cargadas de ira, decepción, sorpresa e inclusive satisfacción. Pero solo una mirada me atormentó de verdad y logró noquear mi espíritu, la mirada de mi madre. Odio a esa mujer, la detesto con todo mi ser, no puede dejar de mirarme, ni yo a ella. Me juzga, como lo hacen todos, pero su mirada pesa más sobre mis hombros. Mientras me levanto no le quito la vista de encima y sus ojos siguen pendientes de mí, me horroriza su mirada. Me acerco lentamente hacia ella, ella hace lo mismo. En ese momento agacho la cabeza y me sumerjo en la helada agua del lavabo, esperando que el agua se convierta en una salida fuera del agujero al que me han empujado, que las gotas cristalinas laven mis problemas, y sobretodo que al sacar mi cara de entre mis palmas, húmedas y frías, la nefasta mujer desaparezca del espejo. Ella sigue ahí. Retrocedo mientras pierdo visión de la cima del agujero. Tantas palabras, incontables tormentos, en tan poco tiempo. Qué fácil que resulta quebrantar el espíritu. En ese momento la vuelvo a mirar. ¿En qué me he convertido? Con razón me miran con desprecio, ¿De qué otra forma se mira a un engendro? Eso soy y como tal me comporto, me aíslo del mundo y me dejo hundir en un hueco que otros cavaron, pero al que yo me lancé dentro, yo y nadie más. Si yo me aventé, tendré que salir como es propio sola y con mucho esfuerzo, porque yo puedo acabar con las miradas que provoqué. El mundo me ha hecho encerrarme, pero yo le enseñaré al mundo que tengo motivos para salir. Mientras agarro con firmeza la perilla me volteo hacia el espejo en la pared, ella sigue allí. Tal vez nunca desaparecerá, pero su mirada me hace fuerte. FIN

FIN

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Colegio Internacional

Cañaverales

Los

Ilustrado por: Andrea Agudelo Colegio Internacional Los Cañaverales. 6°

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Yo fui. Ya no soy. Mariana Monsalve Colegio Internacional Los Cañaverales 7° -

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rase una vez, pues, yo. Yo fui. Ya no soy. Mi nombre lo borró el viento no hace mucho. Mi nombre y mi cuerpo fueron tan borrados de este, no, ese mundo, como mi alma. Mis recuerdos y mis sentimientos. Todo se fue. Les contaré la historia de mi muerte. Mi nombre fue Sophy. Un día decidí llevar a mi hermanita, Melany, al parque. Yo era una niña muy feliz y mi vida era muy emocionante. Bueno, volviendo a lo de mi muerte. Estábamos en el área de los columpios divirtiéndonos muchísimo. De repente se ave-

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cinó una tormenta. Era invierno y desgraciadamente no había llevado el suficiente abrigo como para soportar tan inmenso frío. La tormenta se llevó mi mochila y mi gorrito. Le dije a mi hermanita que corriera a casa mientras yo trataba de recuperarlos. Mel gritaba: - ¡No! , ¡No! , ¡vuelve! Insistí en que tenía que regresar a la casa para que estuviera a salvo. Yo, por otro lado, salí corriendo detrás de mi gorrito rosado con un estampado de una flor silvestre. Era realmente espectacular.


Escritos El viento me arrastraba y me caí muchísimas veces. Logré localizar mi mochila engarzada en un alambre de púas amarrado alrededor de un árbol viejo y un poco acabado. Fui a tomarla de la agarradera, y una oleada de viento me empujó contra el árbol. Se imaginarán el dolor que sentí cuando las púas se introducían en mi pequeño cuerpecito. Vi gotas de sangre caer sobre la nieve blanca y me atemoricé más de lo que estaba. Logré retirarme, pero fue en vano. Mi pecho y mi pancita sangraban y la nieve se manchaba de mí. Las heridas rápidamente se congelaron, pero el dolor jamás me dejó. Los nervios me comían viva. Yo, tendida sobre el suelo medio rojo, medio blanco, lloraba el ardor adentrado en mí. Esa no fue la causa total de mi muerte. Ya había perdido mucha sangre y estaba empezando a marearme. Me levanté lentamente tratando de conservar el equilibrio. Otro fuerte viento se me avecinó y me lanzó a volar por los aires. Choqué contra el muro de madera del parque y sentí cómo mi columna se partía a la mitad y me dejaba inconsciente y sin vida sobre el suelo. Mi corazón latió cada vez más lento. Dejé de respirar. La imagen del cielo, ya aclarándose, me abandonaba. Mi alma se desprendía del cuerpo de la niña tendida inmóvil, toda quebrajada a la mitad. Me vi allí, pero seguí mi camino. Mis ojos se cerraron y fue mi final. Mi madre, en la casa, estaba muy preocupada cuando llegó Mel a contarle lo que había pasado. - ¿Dónde, dónde está mi niña? Sollozaba la pobre, en un intento de superación del momento.

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Al día siguiente en mi funeral vi a mucha gente llorando. A pesar de que yo era sólo una pequeña niña de nueve años, había causado gran dolor por mi partida en mis familiares y amigos. Mi mejor amigo, Nicolás, estaba allí. Creo que era el que más lloraba. Sus ojos estaban hinchados y su carita, roja como un tomate. Intenté llorar con él. No pude. Lo abracé así no me sintiera y le dije al oído que jamás lo dejaría solo. Yo creo que logró oírme, pues cesó su llanto y pude ver un pequeño intento de sonrisa en sus pequeños labios con pucheros. Han pasado dos años desde entonces. Mi hermanita tiene mi edad, la edad que tenía cuando fallecí. Está muy hermosa y parece que no ha podido superar lo que me pasó. En las noches la oigo llorar y me siento a los pies de su cama a cantarle una canción de cuna que mi madre me empezó a cantar cuando cumplí los ocho. Dicen que cuando uno muere se queda con la persona más amada. Por eso yo me quedé en mi casa. Así ellos no me vean, sé que me sienten de alguna manera. Creo que algún día partiré. Pero no por ahora. Me quedaré con ellos. Me alegra estar allí en alma y fotografías, en recuerdos y en fantasías. Porque yo fui y, lamentablemente, ya no soy. FIN

FIN Ilustrado por: Daniela Medina Colegio Internacional Los Cañaverales 7°

La tormenta pasó. Mi familia salió en mi búsqueda y ya se imaginarán la forma como su corazón se rompió cuando encontraron mi botita talla treinta, manchada de sangre de mi pancita toda revolcada en la nieve. Siguieron el rastro y vieron mi manita, que era la única parte de mí que no había cubierto la nieve, y mi mamá rompió en llanto mientras que mi padre descubría mi congelado cadáver. Mi hermanita en shock, y yo con la espalda destrozada, toda mi parte de adelante con pequeños agujeros del alambre, un ojo a medio cerrar y la mano partida y volteada hacia atrás. Mi padre, completamente a punto de morir de tristeza, me levantó del piso y me llevó a la clínica más cercana. No sirvió de nada, pues mi cuerpo ya sin vida no tenía oportunidad de volver. Mi alma no dejó la tierra. Yo, sentadita en las banquitas de la sala de espera, miraba con asombro mi cuerpo vuelto añicos al igual que los corazones de mi familia.

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Andrea Agudelo Colegio Internacional Los Cañaverales. 6°

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Alejandro

e siento sola, olvidada, es un callejón sin salida. Alejandro fue mi amigo desde que tengo memoria, y recuerdo aquel día, que fue el último día de colegio, en que compartimos y hablamos durante un largo rato. Él siempre tenía tiempo para escucharme y yo a él .Y ese día yo le conté nuevamente los problemas de mi casa, y así él me miró de la forma más dulce y me dijo a malos momentos buena cara”. Yo siempre le hice caso, porque para mí él siempre tenía las palabras precisas y oportunas para el momento que yo lo necesitaba, pues a los catorce años se valora y se cree en los amigos. Nosotros siempre crecimos juntos, como hermanos. Me alegra recordar todos los momentos en los que Alejandro me puso feliz, pero todo eso desaparece en el instante cuando revivo el momento y siento el desespero porque ya no está aquí. No sé qué hacer, me siento abrumada al pensar que todo paso tan rápido y frente mis ojos. Recuerdo todo tan claro: íbamos él y yo de regreso a nuestras casas, íbamos tarde a almorzar porque nos quedamos en el parque hablando, entonces, decidimos coger un atajo por un barrio que no era nada agradable, le dije a Alejandro que no nos metiéramos por ahí porque podía ser peligroso, pero

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no me hizo caso. Yo sabía que no lo podía dejar solo en esas calles pues estaba anocheciendo, así que decidí ir tras él, y nos perdimos. No pasó mucho tiempo para que la oscuridad nos cubriera. Vi personas caminando hacia nosotros, me asusté, le dije a Alejandro, él me cogió de la mano y me llevó a una calle para perderlos de vista, pero no pude creer que nos estaban persiguiendo, tratamos de correr lo más rápido posible. Me hubiera encantado decir que eran lentos, pero no. Era todo lo contrario: eran demasiado rápidos y ágiles. Seguimos corriendo y cogiendo calles hasta que llegamos a ver unas luces, que cada vez que corríamos se ponían más fuertes y se veían más. Las cosas se ponían peor, me tropecé con una bolsa de basura, Alejandro siguió derecho hasta que me vio, se devolvió pese a mis quejas que le decían que se fuera. Me cogió para ayudarme a parar, y cuando estábamos en esas un hombre de los que nos perseguían sacó un arma y me apuntó. Alejandro se metió en medio del hombre y de mí, y el hombre haló el gatillo. Yo grité desesperadamente.... ¡En ese instante me desperté! Sentí agua en mi cara, pues la ventana de mi habitación estaba abierta y por allí entró la lluvia, y ahí fue cuando me di cuenta que todo no era más que un mal sueño. FIN

Ilustrado por: Andrea Agudelo Colegio Internacional Los Cañaverales. 6°


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Cambian

las cosas,

las cosas

cambian María Carolina Agudelo Agudelo Colegio Internacional Los Cañaverales. 11°

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ambian las cosas, las cosas cambian” solía decir Roberto cuando se presentaba algún problema. Problemas eran los que tenía Camila, que por hacer el bien le salía todo mal. Y bien mal que sí era. Silencio era el acompañante de los días de Camila. Tétricas, fúnebres, pasaban sus horas por más felices que intentaba hacerlos. Roberto, por su parte, deseaba la soledad, pero tenía una fiel compañía que desde años atrás no se alejaba de él ni un segundo. Su voz opinaba cada acto y movimiento que hacía; jugaba con su mente y su suerte. Él se desesperaba a veces, agonizaba en ocasiones, moría por momentos, pero resucitaba de nuevo. Su alma, viajera incansable, ya había divagado por cada rincón de la tierra y por lugares nunca antes vistos. Todos sus sueños se habían hecho realidad, pero sus años de vida se reducían. Ya no era tan joven, nuestra peor enemiga lo había empezado a atacar, y su fiel amiga le jugaba algunas bromas pesadas. Sin embargo, esto no había atropellado aún el espíritu de Roberto, que se encontraba en su mejor momento. Camila cruzaba por sus mejores años, se sentía sola, aunque estaba rodeada de gente, gente alegre y contenta. Por más de que ella intentaba ser uno de ellos, fallaba a cada intento, caía en el suelo, y cada vez le costaba más trabajo levantarse. Pero el destino es inquieto; una mañana al despertarse para ir al trabajo decidió darse una oportunidad que tal vez, como tal vez no, cambiaría su vida, un chance que decidiría su vida, y que quizá no volvería a tener, pues es difícil tener segundas oportunidades. Llegó a la panadería llena de expectativas. Esperaba una señal directa, el secreto para cambiar su vida, pero en

Ilustrado por: Diana Sofía Rivera Colegio Internacional Los Cañaverales 11° cambio se encontró a un viejo alegrón, el cual pasaba la calle. Venía hablando solo. Él entró a la misma panadería, pero aparentemente no determinó a Camila. Compró su pan y una galleta de chispitas de muchos colores. Antes de salir se volvió, y dirigió su mirada a la joven, le entregó la magnífica masa multicolor y le dijo “no busques con los ojos, busca con el alma”, terminada esta frase, dio media vuelta y siguió su camino, contento, hablando y cantando para sí mismo. Su enemiga ya había atacado bastante al hombre, invadía su cuerpo y fue esta la que le impidió ver el carro que venía del otro lado de la calle. Tendido en el suelo, Roberto cogía su cabeza, le balbuceaba unas palabras de reproche a sus ojos, pero le agradecía a su fiel compañera de la vida. Camila corrió, se agachó a su lado y tomó su mano mientras la gente alrededor pedía ayuda. A lo lejos se escuchaba una sirena. El viejo, al reconocer a la joven, apretó fuerte su mano, y mientras acercaba la otra a su pecho del lado izquierdo le dijo “aquí está la respuesta a tus dudas, date otra oportunidad”, tomó aire, ya le costaba hablar, y con su último aliento completó: “cambian las cosas, las cosas cambian”.

FIN

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Luisa Gabriela Mayorga Colegio Internacional Los Cañaverales. 6° -

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odas las mujeres, o casi todas alrededor de los veinticinco años de edad, se ven emocionadas con la expectativa de tener hijos con ojos de esmeralda, con labios de rubí y cabellos de oro en su matrimonio. En esta época de la vida las mujeres piensan en casarse en una catedral que tenga murales de ángeles hechos por pintores de la más fina ascendencia, o piensan en tener un vestido blanco con un velo tan largo que ocupe toda la iglesia y, por supuesto, un peinado de reina. Hace muchas décadas se construyó un salón de eventos llamado El cielo de la felicidad con el propósito de que los recién casados celebraran ahí su boda y disfrutaran de una confortable estadía en este salón, o digámoslo así, hotel cinco estrellas. En aquella época este hotel era el más costoso, hermoso, y refinado. Todos los hombres comprometidos y adinerados hacían lo posible por complacer a su esposa, se casaban en aquel hotel, cuya escalera era bellísima. Era como la del barco Titanic, compuesta por escalones de la madera más fina y una alfombra de terciopelo rojo que subía por la mitad de los escalones y acompañaba los barandales de oro puro. El hotel tenía una habitación en la que la novia se vestía y se arreglaba y un salón para la fiesta. Una joven llamada Luciana Escarlot soñaba con algún día casarse, no con alguien que le conviniera, sino con alguien que al hablar con él su corazón palpitara tan rápido que supiera que estaba perdidamente enamorada de esa persona. Luciana, a quien llamaban “Lu”, era estudiosa, trabajadora y sociable. Siempre llevaba una sonrisa en sus labios, aspecto que los hombres admiraban mucho, ya que en esa época las señoras eran de lo más serio: sólo les importaba la conveniencia y lo que la ley aprobara. Los padres de Lu eran importantes empresarios de vestidos de novia. Eran, por decirlo así, diseñadores. Ellos la apoyaban mucho en lo que se propusiera en la vida, la apoyaban en sus decisiones y en

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El matrimonio un completo absolutamente todo, cosa que no hacían todos los padres en esa época. Lo único que hacían los otros padres era obligar a sus hijos a hacer lo que ellos quisieran. Así que todos los jóvenes le pedían consejos a Lu para su vida cotidiana. Lu tenía una mejor amiga llamada Verónica de Cruz, ya casada con Leonardo Cruz. Verónica y Lu eran uña y mugre: siempre estaban juntas. Lu se acercaba a los veintitrés años, época en la que una mujer ya tiene que decidir con quién se va a casar y qué va a hacer con su futuro. Verónica le presentaba muchos príncipes a Lu, pero lo único que pensaba era que eran una manada de presumidos. Verónica, al ver que no le gustaba ninguno, tuvo una discusión con ella y le dijo que nunca se iba a casar y que iba a quedarse pobre. Una ofensa de este tamaño merecía la cárcel en esa época, pero la respuesta de Lu no fue de palabra alguna. Sólo se retiró con discreción y caminó sin rumbo alguno. Entre paso y paso llegó al Love Fountain Park (fundado por un francés), se sentó en una banca sin ver quién más estaba sentado, y por el nivel de estrés que llevaba ella, tan sólo lloró y lloró. Resulta que en esa misma banca había un señor muy pensativo, ya que estaba intentando inspirarse, pero no lo lograba. Este señor se llamaba Luis Varseli, de ascendencia francesa, y era un conocido poeta. Al ver a Luciana la inspiración de Luis subió al máximo, así que hizo un hermoso poema que decía así: Hasta la más bella flor pierde su color. Esta damisela no bonita pero sí hermosa, no comparada a esas horrorosas, tiene sentimientos y no por llorar son malos ni tampoco raros. Son hermosos porque no los esconde, los revela en donde sea, hasta donde alguien lea, hasta… al lado de un pensativo poeta como yo.


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de Luciana, sueño Al terminar lo leyó en voz alta y Lu lo oyó, Luis le preguntó su nombre y ella respondió con voz alta y segura “mi nombre es Luciana Escarlot”, con su perfecto acento inglés. Entonces Luis le dijo “definitivamente tu nombre es muy elegante, al igual que mi poema, su título será Luciana Escarlot. De los labios de Luciana fue apareciendo una sonrisa muy hermosa y así comenzó una gran conversación entre Lu y Luis. Al terminar esa conversación, Lu ya estaba definitivamente segura de que su amor perdido había sido encontrado. Desde ese día estos tortolos se reunían más seguido. Con el pasar del tiempo, Lu estaba más segura de casarse con Luis. Los padres de Luis eran unos destacados escritores de la época y estaban totalmente de acuerdo con la ya novia de Luis. Tres años pasaron y Lu cumplió los veinticinco. El día de su cumpleaños, Luis le propuso matrimonio con una sortija de oro con un rubí, que para él representaba el bello color de sus labios. Desde ese día los preparativos para la boda fueron una gran carga para Lu, así que le pidió ayuda a Verónica. Después de una buena disculpa, ellas averiguaron una catedral hermosa y un estilista muy bueno para el mejor día de toda su vida. Lu estuvo hablando con sus padres acerca de su futuro y la vida de su futuro esposo, y sus padres aprobaron a Luis ya que era encantador con ellos. Luis, durante los últimos tres años, había estado guardando una reserva en el hotel El cielo de la felicidad para su matrimonio. Para darle esta gran noticia a Lu, Luis la invito al Love Fountain Park, donde se conocieron, para decirle que su fiesta matrimonial iba a ser en aquel hotel. Lu lloró de la felicidad al saberlo y se tiró a sus brazos. Corrió a avisarle a Verónica y se fueron a conocer el hotel. Compraron un vestido blanco, strapless pegado a su cuerpo

y con un velo tan largo que le llegaba al tobillo, para su matrimonio. Cada vez se acercaba más el día y Luis estaba consiguiendo la sortija matrimonial perfecta. Al día siguiente se casaron, y cuando la ceremonia se acabó se fueron en un carro muy costoso que decía “recién casados” en letras de diamantes. Cuando el carro se estaba alejando, Verónica lloró al ver a su mejor amiga feliz. Cuando llegaron al hotel, Lu subió con su madre y con Verónica al cuarto, para pedirles consejos a su mama y mejor amiga. Lu practicaba cómo bajar las escaleras y cuando el momento llegó, salió del cuarto, vio las escaleras y pensó que eso era lo que siempre había soñado; nada malo podía pasar y de ahora en adelante iba a ser la mujer más feliz del mundo, así que se tomó de la baranda de la escalera, vio a su esposo con ojos de enamorada y bajó un escalón. Su velo era tan largo que se enredó con su tacón, así que al tratar de bajar el segundo escalón se cayó y rodó por las escaleras. Luis lloraba con tanto sentimiento que se notaba cuánto la amaba. Entonces, Lu dijo “nunca me olviden” y murió. Murió sin poder realizar su sueño, pero con la vida perfecta. Una vida que terminó trágicamente. Desde entonces, Luis nunca se volvió a enamorar porque él decía que su corazón lo tenía ella, y para él era imposible volverse a enamorar. Cuando sus familiares, y especialmente Luis, ven al cielo, ven que una nube es diferente: tiene el rostro de Lu, con una gran sonrisa en sus labios. Luis soportó una depresión tan grande que lo internaron en una clínica. En su último día de vida miró hacia la ventana y vio esa particular nube. De repente, un rubí apareció en su mano. Lo miró y falleció. Desde entonces, Luciana y Luis están casados, pero ya no en la tierra sino en el cielo. FIN

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Eurípido Juan Camilo Vallejo Colegio Internacional Los Cañaverales 11°

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urípido era un joven que nació con malformaciones faciales al igual que su hermana Asturias. Al pasar los años las malformaciones de Eurípido empeoraron,

pero Asturias se convirtió en la mujer más bella del mundo. Eurípido todos los días se asomaba al espejo y se preguntaba quién era el más bello y amoroso de todo el mundo. Una noche, su hermana Asturias le hizo un conjuro al espejo para que cobrara vida. En la mañana, Eurípido, como usualmente hacia, se asomó al espejo y se preguntó quién era el más bello y amoroso del mundo y el espejo le respondió soezmente -usted es un enfermizo malformado y no puede hacer nada para arreglarse-. Eurípido, asustado, salió corriendo de su habitación y se escondió dentro de la nevera. Asturias, en medio de su maldad, bloqueó la cerradura de la nevera y dejó a Eurípido ahí metido. Asturias se hizo dueña de la casa y de todas las propiedades de su hermano. Luego de mucho tiempo, Eurípido en estado de congelamiento logró incrementar su temperatura corporal para derretirse y salir a vengarse de su hermana. Eurípido al salir vio a su hermana vieja, somnolienta y en estado durmiente; él, en medio de su esperanza vengativa, cogió una almohada y la ahogó, y al ver el cuerpo de su hermana quieto, la metió en la nevera y bloqueó la cerradura. FIN

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Escritos

creativos


Escritos

creativos

Marcela Triana Colegio Internacional Los Cañaverales. 8°

La llamada R

ing, ring. La llamada que lo cambió todo. En pocos segundos se fue un

día de alegría, un día para reflexionar. Se fue con una llamada, una lágrima y pocas palabras. Vimos cómo lágrimas rodaron por sus mejillas, una sonrisa que se transformó, pensamientos que se nublaron y palabras que a nadie agradaron. ¿Una mala noticia? Fue la pregunta que surgió, y una muerte fue lo que nos anunció. FIN

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Recuerdos Daniela Medina Colegio Internacional Los Cañaverales. 7°

C

omo siempre, me senté en aquella arcaica mecedora a mirar el cielo en esa casa, ya vieja pero acogedora. De repente me llegaron ciertos recuerdos muy agradables, también unos que no me hicieron sonreír mucho, pero que al fin y al cabo ya han pasado, pues ya con mis ochenta y ocho años encima todo es un recuerdo. Bueno o malo pero recuerdo. Aquel día en la universidad encontré el amor de mi vida. Yo estudié medicina y en realidad me fue muy bien, pues fui uno de los más prestigiosos médicos cirujanos del continente; bueno, eso también ya es un recuerdo. Esa mujer era tan bella que sólo con verla sentí algo realmente colosal en mi interior; sus ojos, en los cuales me perdí, parecían el mar, azules sin fin; sus labios rojos como carmín; su cabellera suave y fina como el terciopelo. Melinda, la más linda y admirable mujer que jamás había visto. Desde que la vi decidí que iba a hacer hasta lo imposible por conquistarla; lo logré. Resulta que un día dejé mi timidez y me le acerqué, le pedí que saliera conmigo a cenar, ella casi se niega pero al fin aceptó; de repente me dijo que a dónde los iba a invitar ,mi curiosidad no aguantó y le pregunté “¿que los voy a invitar?¿Es que alguien más va a ir?” Entonces ella me respondió “claro, vamos a salir los tres a comer: Jasón, mi novio, tú y yo”. En ese momento sentí que el mundo me iba a caer encima, pero resistí y tuve tan buena suerte que ese día Melinda descubrió a Jasón siéndole infiel, entonces salió sólo conmigo. Después de salir un buen tiempo nos volvimos novios, y como tuvimos una historia tan bonita le pedí que nos casára-

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Escritos

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mos. Tuvimos una boda espectacular. A los dos años de casados tuvimos una maravillosa hija llamada Ángela. La vimos crecer juntos, buscamos un hermano para ella, pero mi maravillosa esposa no podía tener más hijos; entonces, decidimos que los tres íbamos a ser la mejor familia del universo. No podía estar mucho tiempo con mi familia pues trabajaba en el hospital, y a causa de eso mi hija cogió un mal camino y se metió en las drogas. Con tan malas compañías se consiguió un novio que la hizo pasar muy malos ratos, además, ella lo encontró siéndole infiel. A mi preciosa hija lo único que se le ocurrió fue….fue…suicidarse. Esto fue muy difícil para nosotros, demasiado, pues ese día la encontramos tirada en el suelo, llena de sangre y con una cuchilla en la mano. Simplemente prefirió morir a sufrir por su primer amor. Luego, para mi desgracia, mi hermosa, bella y linda mujer, Melinda, después de treinta años de casados y después de cuatro años de la muerte de nuestra hija decidió irse con ella. Casi intento seguirla, pero no sé por qué razón resistí y ahora no sé qué hacer. Sigo aquí, sentado en esta mecedora, recordando mis malos momentos, pues definitivamente los últimos años de mi vida han sido de tristeza y soledad. Y ahora, sin mi esposa, sin mi hija, ¡¡¡sin mi familia!!! Solo sigo aquí, sentado mirando el crepúsculo que cada día se hace más oscuro sin la compañía de mi familia. FIN Ilustrado por: Daniela Medina Colegio Internacional Los Cañaverales. 7°


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Juanita Hurtado Colegio Internacional Los Cañaverales. 9°

Un cambio

inesperado

A

trás, un telón azul; al frente, una cámara de fotografía y detrás de ella, un señor que decía “no sonría”. Pablo obedeció, pero dentro de sí sentía una confusión inmensa al no entender lo que le pedían. En su casa, Andrés sufría de aburrimiento, pues sus padres lo castigaron por su bajo rendimiento en el colegio y parecían estar aburridos con todas sus acciones. El flash de la cámara era muy fuerte, Pablo sentía dolor en sus ojos, y lo único que escuchó fue “¡siguiente!” Vio por lo menos a diez niños sentarse en la misa silla, al frente del telón azul, sin poder sonreír, realmente era horrible lo que vivía. Los padres de Andrés estaban aburridos con la situación de su hijo, habían asistido a todos los terapeutas posibles, y sólo uno de ellos les había recomendado un hermano para Andrés, y les aseguraba que esa sería la solución a sus problemas. Ellos se conmovieron con esta idea, pero no se decidían a tomar la decisión, porque no resultaba tan fácil, ya que no sabían cómo iba a reaccionar Andrés ante este cambio tan radical. Pablo se sintió más confundido aun cuando vio, unos pocos días después de haberse tomado esa extraña fotografía, sin fin conocido, su foto en televisión, y se preguntaba si eso sería un comercial de venta de un producto o simplemente si él sería el producto en venta. Esa noche, muy pensativos, Pablo por la foto que vio en televisión y Andrés por la decisión que tenían que tomar sus padres supuestamente para su bien, decidieron: Pablo, que iba a investigar el propósito de lo que había visto, y Andrés, que le iba a decir a sus padres que adoptaran un hijo, que él quería un hermano. Para este último era una decisión bastante radical. Pues Andrés, muy pensativo esa noche, reflexionó lo dicho por el psicólogo y entendió las razones por las cuales sugirió aquello. Así que ya era un hecho. Amaneció, era el día perfecto para comentarles a sus padres sobre la decisión. Era un día de colegio, así que Andrés se levantó temprano, se arregló y salió de su cuarto a desayunar con sus padres. Su primera frase fue “listo, ya está decidido”. Sus padres, confundidos, preguntaron “¿qué cosa hijo?”. Y Andrés respondió “quiero que adopten un niño para que sea mi hermano, para que de esa manera yo tenga un mejor rendimiento académico y sea un buen niño que ustedes sí quieran”. El rostro de los padres de repente cambió, pues se sorprendieron con la respuesta de este niño tan pequeño, y su madre le preguntó “¿hijito, cómo decidiste esto?”, entonces Andrés respondió “pues, mami, fue difícil, pero logré comprender que lo que decía el psicólogo de mí era verdad, pues con

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la ayuda de un hermanito aquí en la casa yo podré tener con quién jugar y seré más maduro”. Sus padres, bastante sorprendidos, aceptaron la decisión de Andresito y esa misma tarde fueron a Bienestar Familiar para adoptar el niño. Pablo, por su parte, le había preguntado, ya muy confundido por lo que sucedía, a una señora de piernas largas y cabello crespo para qué se utilizaban esas fotos de los niños que aparecían en televisión con sus nombres, edades, etc. La señora, viendo la inocencia en los ojos del niño, le respondió que esas fotografías eran para que parejas los adoptaran para que así tuvieran una familia, un hogar y recibieran amor. Pablo, menos confundido, se alejó, mientras caminaba despacio, de donde estaba la señora y se sentó en un rincón a pensar si alguna vez alguien lo adoptaría y lo amaría como dice la señora, pues él era un niño muy pequeño, y además necesitaba de la ayuda de otras personas para hacer ciertas actividades, a razón de su discapacidad física. Los padres de Andrés llegaron a Bienestar Familiar, y le dijeron a la señora encargada de hacer trámites para adopciones que querían adoptar un niño pequeño pero que necesitara del apoyo y ayuda incondicional de su hijo mayor, que estaba en casa ansioso por tener su nuevo hermanito pronto. La señora, pensativa, les informó que sabía cuál era el niño perfecto para esas condiciones, y que ya se los iba a presentar. La señora se acercó a Pablo y le dijo que le iba a presentar a una familia muy amorosa que estaba interesada en adoptarlo. Pablo, ansioso, se levantó del rincón y apretó la mano de la señora para que ella lo condujera hacia ellos. La familia lo vio y lo abrazaron, pues desde el primer momento supieron que él ya era parte de la familia. Es más, lo sentían como un hijo biológico .Pablo se sintió plenamente feliz por primera vez en su vida y sintió que no le faltaba nada. Llegaron a casa con los trámites hechos, y oficialmente el niño ya era de la familia. Andrés les agradeció a sus padres y les aseguró que desde ese momento él iba a cuidar a su hermano y lo iba ayudar con su discapacidad, pues él fue el motivo de cambio de su vida. Los padres no podían estar más agradecidos, por lo cual abrazaron a Andrés y a Pablo, y se juraron estar juntos por siempre. Desde ese momento, el aburrimiento de los padres con las acciones de su hijo Andrés no volvieron a suceder, y Pablo y Andrés han estado unidos por una fuerza inexplicable. Se cree que Andrés, desde la noche en que decidió lo de la adopción de un hermano, sufrió un trastorno impresionante en su personalidad sin ninguna explicación valida, por lo cual la familia aprendió que en los momentos menos esperados y de las personas menos esperadas se puede recibir en cantidad. FIN

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Escritos

Tres segundos

María Camila Barrera Colegio Internacional Los Cañaverales 8°

creativos

E

l teléfono se resbaló de mi mano y mientras caía, sabiendo que éste iba a quedar destrozado, recordé que hace un año, este mismo día a esta misma hora, estábamos celebrando mi cumpleaños número trece. Él me estaba dando el abrazo más grande que jamás me habían dado, estábamos felices celebrando con toda la gente que quería y me quería. Pasado un rato empezó a sonar nuestra canción favorita, muy felices la empezamos a bailar, terminando ésta lo llamaron y le dijeron que se había presentado una emergencia y tenía que irse urgente. Él ya se estaba yendo cuando yo me le acerqué y le dije “¿te vas a ir? ¿En este momento tan importante?” Y él me respondió “princesa, tú sabes que siempre voy a estar ahí para ti”, y así me dejó. La fiesta siguió con la misma alegría para todos menos para mí, algo faltaba. Al día siguiente, a las siete de la mañana, llamó para despertarme, a decirme cuánto me quería y a invitarme a almorzar. A las doce del día me recogió para que fuéramos a almorzar a Simón Parrilla. Estábamos en la mesa mirando el menú. Durante veinte minutos nos envolvió un silencio incómodo que rompimos cuando llegó el mesero. Durante la espera le pregunté el motivo

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de la invitación, y él me respondió “mi amor el motivo fue para demostrarte lo especial que eres para mí”. Salimos de Simón Parrilla y fue a dejarme a mi casa, cuando nos despedimos me dijo “Chao y recuerda que te quiero mucho”. Yo, todavía sin entender su comportamiento, le respondí lo mismo. Durante muchos días estuve pensando en todo lo que había pasado y, más que todo, en su comportamiento. Y pude sacar una conclusión, y era que él tenía una preocupación muy grande, pero siempre surgía la misma pregunta: ¿CUÁL ERA? Sabía que tenía que averiguarla de algún modo, y así le pregunté a toda la gente que lo conocía. Nadie quería decirme. Cada vez que le preguntaba a alguien en la cara se notaba que ocultaba un secreto demasiado grande. Me empecé a llenar de rabia, y la duda se hacía cada vez más grande, pero mi tonto orgullo no me dejaba preguntarle, siempre esperaba que él viniera y me lo dijera. Pasaron semanas y meses y aún no sabía nada. Cegada, ya por la ansiedad y las ganas de saber qué era, todo me llevaba a una conclusión: era dura, pero a la vez sabía que tenía que hacerlo. Era tan simple como puede sonar para muchos, pero no para mí; sabía que debía dejar el orgullo atrás y preguntarle directamente a él. Entonces con mucho valor me dirigí a él, y con un simple “qué es lo que pasa” lo desarmé y me dijo “siéntate. Creo que es hora de que lo sepas.” Desde que me dijo eso supe que era algo demasiado grave. Entonces, calmada pero preocupada, me senté, y él, a su vez, se sentó y le dio muchas vueltas al asunto. Le dije “por favor, llega al punto que estás aumentando mi preocupación”. Me dijo “¿porque será que es tan difícil?” Yo, con esa expresión, supe que lo que venía era muy grave, así que traté de tranquilizarlo y a la vez tranquilizarme para no cometer un error cuando me lo dijera. Entonces, respiró hondo y empezó otra vez a darme vueltas hasta que le dije, “¿sabes qué?,, cuando seas capaz de decirme, me llamas y hablamos”. Y al final le dije “espero tu llamada, no me falles.” Todo el tiempo estuvo nervioso, entonces, le cogí la mano y le dije “sea lo que sea, lo vamos a enfrentar y a solucionar juntos”, pero la expresión de su mirada me hizo entender que aquello que tanto lo preocupaba no tenía solución. Pero aun así me abrazó y me dijo “ojalá, mi amor. Ojalá.” Llegué a mi casa. Preocupada me acosté en mi cama a pensar en todo lo que había pasado ese mismo día. No podía dormir por la intriga que me llenaba, así que me puse a escribir, pasaron dos horas y me quedé dormida. Al día siguiente, mientras estaba en el colegio, mi mamá me llamó al celular. Con su voz llena de lágrimas me dijo “tu papa ha muerto”; con esas simples pero poderosas palabras reventé en llanto y sentí que todo se me venía encima. Llorando también, le conté, entonces, que él había hecho todo eso para despedirse de algún modo. En ese momento el celular que llevaba cayéndose tres segundos se estrelló contra el piso y quedó destrozado. FIN

Escritos

creativos

Ilustrado por: María Camila Barrera Colegio Internacional Los Cañaverales 8°


Escritos

Escritos

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Colegio Colombo

Británico

Ilustrado por: Antonia Caicedo Colegio Colombo Británico 8°

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Catalina Muñoz Colegio Colombo Britanico 8°

Atónito

D

esperté en la mañana, un poco más tarde de lo común. Todavía no había logrado asimilar que todo lo que había tenido se desaparecía poco a poco entre escombros. ¡Que mi pueblo natal ya no sería Gramalote conocido por su belleza, sino Gramalote el pueblo fantasma! ¡Que mi pueblo natal donde pasé todos los años de mi vida, iba a desaparecer del mapa! Sentía dolor, angustia y tristeza al recordar los momentos de desastre que viví allí. Durante toda la semana había llovido de una manera desconocida para mí, y en las noches no había logrado dormir cómodamente, pues los truenos, los rayos y los ruidos fuertes me despertaban constantemente. Recuerdo que mi hermano y mi hermana pequeña ya no podían dormir solos en sus cuartos y se pasaron durante toda la semana a la habitación de mis padres. El colegio al que asistía lo cerraron durante dos días a causa de las intensas lluvias. Ya no podía jugar al fútbol con mis vecinos en la calle frente de mi casa. Todo se estaba afectando por las lluvias; hasta la iglesia que siempre estaba llena todos los días, ahora estaba casi vacía. La noche del viernes el torrente había cesado, aun así no lograba dormir. Cerraba los ojos y pensaba, ilusamente, que al

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Escritos

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día siguiente tendría un buen clima soleado y al fin, después de tanto tiempo, podría salir a jugar al fútbol. Ya era pasada la medianoche y seguía despierto. La luz se había ido, pero no era raro en estos días ya que casi todas las noches pasaba lo mismo. Me senté en la cama y me sentía mareado, como con un hoyo en el estómago. Tenía un mal presentimiento. Me paré de la cama y me dirigí a la puerta de mi habitación. Ya estaba cogiendo la manilla para abrirla, cuando, de repente, la casa se estremeció como si un terremoto acabara de ocurrir, y al tiempo se escuchaban ruidos muy fuertes similares a rugidos. Salí corriendo de mi habitación hacia la sala, donde me encontré con mis hermanos y mis padres. Todos estaban igual de asustados que yo. No teníamos ni idea de lo que había ocurrido. Mi padre trató de llamar a mi tío Óscar que vivía al otro lado del pueblo, pero las líneas estaban cortadas. Se decidió que todos nos quedaríamos en la casa por seguridad, pero que mi padre y mi hermano mayor saldrían a ver lo ocurrido. Tomaron linternas y fueron a la calle, en la cual todavía llovía pero ahora más fuerte, y una oscuridad indomable acariciaba los techos de unas cuantas casas. Esperamos a oscuras más de una hora en la sala de la casa a que mi padre y mi hermano regresaran. Los rugidos


Escritos que se escuchaban afuera no habían cesado y mis hermanos pequeños se asustaban cada vez más y lloraban. Mi madre les decía, sin más, que todo iba a estar bien. Finalmente, mi padre y mi hermano llegaron, ambos tenían la cara pálida cuando se iluminaron con las linternas; inmediatamente, mi hermano me llevó junto a todos mis otros hermanos a mi habitación y nos dijo que nuestros padres tenían que hablar por un momento, y salió. Sabía que algo muy malo había sucedido y no me iba a quedar con las ganas de saber qué. Me pegué a la puerta y oí algo que nunca olvidaré. Oí a mi madre sollozar mientras mi padre le decía que ya todo estaba controlado, pero que teníamos que salir de la casa. Él le explicó que el alcalde ya estaba en la plaza, que los daños habían sido graves, pero nadie había salido herido. Gran parte del pueblo se había perdido y que pronto llegarían ayudas del gobierno. Le dijo que lo más importante era que saliéramos de la casa inmediatamente, ya que estábamos en la zona del peligro. Mi madre seguía llorando al otro lado de la puerta mientras mi hermano le decía que se calmara. Me volteé y me recosté contra la puerta suspirando. Vi a mis hermanos, todos volteados, viendo una pared a un lado de la habitación asombrados y llorando. Vi la pared y grité completamente asustado, pues en medio de toda la pared había una grieta que se expandía con cada rugido de afuera. Era hora de salir de ahí. Saqué a mis hermanos lo más rápido que pude de la habitación y llamé a mis padres para que vieran la grieta desde el marco de la habitación, no dijeron nada y se voltearon. Simplemente con ver a mi papá entendí que me decía que ya teníamos que salir, todos en silencio salimos pero muy rápidamente. Estando ya afuera nos volteamos para ver la casa, y en ese mismo instante vi que algo caía rápidamente desde el cerro de la cruz y se dirigía directamente a nuestra casa. Ya todo era muy tarde; lo único que vimos era una nube de polvo que tapaba todo y oímos un ruido ensordecedor, como el de los rugidos de toda la noche pero muchísimo más fuerte. Todos nos abrazábamos mientras mis hermanas pequeñas gritaban y los demás llorábamos desamparadamente. Cuando la nube de polvo desapareció vimos lo que quedaba de nuestra casa, sólo escombros sepultados en tierra y polvo. Nos volteamos y caminamos hacia el centro del pueblo. Todas las calles estaban agrietadas y hundidas. Las casas esta-

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ban todas derrumbadas de una manera que jamás se podrían reparar. Llegamos al centro de la ciudad donde quedaba la plaza y todos los ciudadanos se encontraban ya reunidos. La iglesia, que siempre resplandecía y llenaba toda la plaza de alegría, ahora estaba hundida en el cemento y los muros exteriores caían hacia el centro. En realidad era un caos, las personas no podían quedarse quietas; se escuchaban gritos y llantos en todas las direcciones. Reconocí a los padres de un amigo que buscaban a su hijo menor entre la multitud, estaban desesperados y en un sufrimiento tan profundo que es imposible describir. Me encontré en la misma situación con mi familia: estábamos desolados llorando; el sufrimiento era inexplicable. Me dolía la cabeza y mi cuerpo estaba más pesado que nunca. Por dentro me sentía muerto. No pensaba en nada, sólo en la imagen cuando veía mi casa derrumbándose. Mi padre nos llevó hasta donde se encontraba el alcalde. Después de esperar un tiempo a que ayudara a otros vecinos consolándolos y explicándoles lo sucedido, se volteó hacia mi padre. Conversaron un poco angustiados, pero con calma. La bulla de la multitud no me dejaba escuchar bien lo que se decían. Alcancé a entender que la causa de este caos era una falla geológica que se había creado por las intensas lluvias de la semana y se habían acumulado en las montañas, las cuales después se derrumbaron y cubrieron mi hogar. El alcalde le pidió a mi padre que nos fuéramos del pueblo a alguna ciudad cercana. Hicimos eso mismo. Nos contactamos con mi tía en Cúcuta, que tenía un apartamento, y le pedimos que si nos podía alojar por un tiempo mientras conseguíamos una vivienda. Aceptó y partimos en bus hacia la ciudad que no conocía. Nunca había salido de mi pueblo natal. Cuando nos encontramos con mi tía le explicamos con cólera todo lo sucedido. Mi familia seguía atónita por todo lo que había ocurrido en una noche. Mi tía comprendió que lo habíamos perdido todo. Pero al final no lo perdí verdaderamente todo; mi familia resultó ser lo más importante para mí. Fueron ellos los que me explicaron qué fue lo que realmente sucedió, mi madre fue la que nos consoló a mí y a mis hermanos, mi padre nos alentó a seguir adelante, y aunque perdimos la casa en la que crecimos y nos vimos obligados a irnos del pueblo que tanta belleza irradiaba antes, mi familia se salvó. La historia de mi pueblo y todo lo que se había construido durante ciento cincuenta y tres años se borró instantáneamente, tal como las grietas salieron en las calles. El destino de nuestro pueblo que ya no existirá más; nos obligó a empezar de cero en una nueva vida, casa y pueblo.

FIN

Ilustrado por: Juliana Lenis Colegio Colombo Britanico 8o

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Adolescente

Daniel Ospina Colegio Colombo Británico 10°

Mis manos dirigen mi vida, A ellas les agradezco la gloria, Pues siempre me muestran la salida En la que encuentro una victoria. Mis lágrimas son un poco saladas, Parece que fueran el mar; Describen los tiempos de hadas Y tu vida cuando no tienes nada que amar. FIN

Ilustrado por: Juan Pablo Coronel Colegio Colombo Británico 11°

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Desnuda el Alma,

nundado el Ser

Valeria González Colegio Colombo Británico 10o

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Ilustrado por: Camilo Domínguez Colegio Colombo Británico 10o

l Cielo se oscurece, es el crepúsculo del amor, el despertar de la lóbrega e incesante soledad que acecha, esperando a que uno, débil alma, se limite a no luchar, a no luchar por la libertad, libertad que sólo se logra con la muerte, eminente destino a donde vamos a ir todos por igual, porque la muerte al igual que el amor no discrimina, forma una locura general o individual, se puede amar u odiar o simplemente, como simples mortales, querer, sin atravesar la línea que separa estos tres afectos, incesantes, con gloria eterna, que buscan su hogar. La oscuridad, al igual que el amor, quiere por igual, y no se parte pero sí se amarra y deja un sentimiento de culpa, de desamor o de perdón en el alma, alma vencida por las injusticias de la vida misma. Lóbrega soledad, no eres bienvenida aquí, acecha con la oscuridad en otra parte, rompe y quiebra las ataduras de la vida y entrégate a otro ser, como el ser amado a su querer. El sentimiento de culpa engaña como la oscuridad y la soledad, entra en el profundo vacío que puede ser el Ser y no escapa, hasta que la muerte lo atrapa. ¿Qué cielo puede haber en la tierra? El del amor, sentimiento profundo y desesperado que inunda el alma de sentimientos nunca antes sentidos, pero sí observados. FIN

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Valeria González Colegio Colombo Británico 10o

Destino

¿Qué me deparará el cruel destino?

La tragedia vive, sigue vigente y vigilante a todos mis movimientos leves, bajos y poco frecuentes por el pulso del dolor; mi eterno compañero que aqueja y entra en el vientre de mi alma, acecha, punza sin misericordia y afecta mi delirio de amor.

¿Por qué justo cuando amo tiene que aclamarme la muerte? ¿Acaso ésta no tiene suficientes huéspedes en sus fauces? Está celosa de nuestro amor, no quiere gente feliz en sus dominios, no quiere que mortales hagan pactos con Dios para encontrar la felicidad eterna, porque ésta la domina. Todavía tiene oportunidad de impedir nuestro delirio, todavía tiene oportunidad de arrasar con desprecio. ¡No arrases con desprecio, muerte! ¡Acógete a nuestra decisión, vive con ella o vete de aquí!¡ No nos perturbes, déjalo ir! Razón tuya de desprecio y decepción, ¿por qué vienes, muerte, con la tragedia? La muerte no se va, ¿qué hago? ¿Me apiado de ella como la soledad de mí? Muerte, ¿quieres hacer un trato conmigo? ¿Por qué la muerte, sentimiento de olvido, quisiera hacer un trato contigo? Porque ella, como yo, está cansada de andar sin propósito con la soledad y quiere encontrar alivio con otras personas. La muerte no es singular, se multiplica, ¿acaso en el mundo un ser muere a la vez? No. Pero ninguno tiene la muerte frente a frente. ¿Cómo es? La muerte no es, sólo se siente. La muerte es un sentimiento de culpa, de olvido o de simple felicidad ante lo divino, la muerte te acaba o te abraza bajo su lóbrego manto, mientras te inunda con la miseria o la pasión

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Ilustrado por: Juan Pablo Coronel Colegio Colombo Británico 11o

Escritos

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de un nuevo mañana. La muerte no discrimina, así como el dolor no miente ni el amor escoge. La muerte no se va, se queda en ti, latente, sin permiso, sin descaro pero ayudada por la vida que te vio nacer, se enfrenta contigo ante el mundo que puede ser implacable y no te deja ir, no te deja ir hasta que nuestra amiga la muerte llega, no te deja ir hasta que finalmente, para desgracia tuya, llegue la hora de morir. ¿Por qué ha de morir la gente? Porque tienen eterna libertad o eterna desgracia, doblegada sobre sí mismos. ¿Cómo los mortales pueden saber si obtienen la eterna libertad después de la muerte? Como grandes poetas, en tiempos antiguos, pudieron describir centímetro a centímetro la Luna. Me dejaste muda, tienes razón, pero la muerte no es perfecta, le quedan errores, pero le sobra mundo por vivir, la muerte tiene sus razones para seguir aquí. La muerte no se va, pero se acoge a mi soledad, porque por ella se fue mi amado. Pero yo sigo aquí, con la muerte en mi ser.

FIN


Escritos

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Alfredo Ulloa Colegio Colombo Británico 11°

Despedida Hoy, otra vez me acerco Como una oveja a tu rebaño Para hablar de esos recuerdos Que a los dos nos hacen daño. Pensar en lo que se fue Me atormenta y me entristece Y en el campo de la vida Nuestro amor ya no florece. Escuchar tu voz Es escuchar mi conciencia que grita. Escuchar mi voz no es nada, Tu corazón ya no palpita. Aunque exista la distancia El dolor yo más lo siento. De los errores cometidos Cada día me arrepiento. Esta es la consecuencia De amarte sin medida. Y con un te amo cierro Nuestra eterna despedida.

FIN

Ilustrado por: Juan Pablo Coronel Colegio Colombo Británico 11o

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Alfredo Ulloa Colegio Colombo Británico 11°

Eternamente tuyo,

por ahora. Estarás en mi corazón Como un asesino recluso El pasado ya es presente Y el futuro es inconcluso. Nos revolcamos en las penas Como en el barro un cerdo Mis penas son tus glorias Mi pena es tu recuerdo. Pasa el tiempo y me acostumbro A vivir la melancolía Viviendo en los recuerdos Que me dieron alegría. Me fascina tu sonrisa Blanca blanca como el marfil Y el recuerdo de tus besos A mi mente le es hostil. Todos los días sueño Con el día que regreses Que sólo cierres tus ojos Y sin pensarlo me beses.

Ilustrado por: Juan Pablo Coronel Colegio Colombo Británico 11o

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Eternamente tuyo por ahora Sólo anhelo estar a tu lado Y sobra que te diga Que yo a ti no te he olvidado.

FIN


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Alfredo Ulloa Colegio Colombo Británico 11°

SATÁNICO A mi amigo el diablo Sentado aquí a mi lado Con el tridente rojo Que a Poseidón habría robado Gran dios de los infiernos Que tu calor ha perdurado Hasta en los más fríos inviernos Es la sensual figura de un ser hermoso, De la tierra será siempre el galán más poderoso. Sabe que el amor es una escoria Te conquista con lujuria, así dice la historia. A muchos lo que digo les parece un ridículo Pero del juicio final yo sería su discípulo El cristiano leerá esta poesía Y al final la quemaría Sin saber que es un halago, Pues a los infiernos ésta iría.

FIN

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Alfredo Ulloa Colegio Colombo Británico 11°

Mi segundo

amor No quiero para amarte Tener una razón Y si quieres te regalo Desde hoy mi corazón. Si me amas desde ahora Será jugar ruleta rusa Si no mueres en el intento Serás siempre tú mi musa. Quiero tenerte ahora Por siempre aquí a mi lado Y que esos poemas tristes Sean cosas del pasado. Romperé en tu corazón Duro como el acero Y me velarás por siempre Si por ti de amor me muero. FIN

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Isabela Lince Colegio Colombo Británico 8°

Las estaciones de la

vida Y de un día para otro, De una hora que ya no era hora, De un minuto que ya no era minuto y Un segundo que ya no era segundo, Todo se oscureció. El cielo se tornó gris, La nieve comenzó a caer Y la temperatura a disminuir.

Y de un día para otro La luz renació; Los árboles y campos se poblaron de aromas y Los colores florecieron poco a poco. Y de un día para otro Empezaron la fiesta, la playa, los amigos y la alegría. Y de un día para otro Las hojas naranjas se comenzaron a ver, Una a una empezaron a caer Y el frio volvió a nacer.

Poco a poco y sin apuros, Grandes amigos nos dejaron, Otros llegan, Otros se van. Sólo esperemos que este ciclo Que vuelve a comenzar Algo bueno nos traerá. FIN

Ilustrado por: Antonia Caicedo Colegio Colombo Británico 8°

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José Camilo Rada Espinal Colegio Colombo Británico 9°

Odio Monstruo de astucia fatal, Hijos pariste en el mundo Sembrando tu estirpe. Tu sangre maldita Muchos beben con furor. Acompañas a los seres más abominables, A los que hieren a sus esposas, Maltratan a sus padres Y andan con calumniadores. Los hombres te acusan Y estás sentenciado. Tu final será Cuando la humanidad aprenda a amar… FIN

Ilustrado por: María Virginia Olano Colegio Colombo Británico 11o

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María Antonia Molinares Colegio Colombo Británico 7°

Juntos por siempre

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e conocieron una noche de verano, cuando Shanty caminaba a orillas de la playa en una isla griega y admiraba la constelación de la osa mayor; juntos aprendieron los nombres de cada una de estas estrellas: Alioth, Dubhe, Benethasch, Mizar y Alcor. Y como en los cuentos de hadas, se dieron cuenta que eran el uno para el otro. Después de unos días juntos, Lucas le confesó a Shanty que tenía que ir a combatir al mar Egeo contra los Talibanes; ella se derrumbó con la noticia, no obstante, guardó silencio se atragantó con su dolor y aquella noche volvió a dormir a su lado sin decir nada. El día en el que Lucas debía embarcarse, Shanty no tuvo el valor de ir a despedirse, pues le dolía mucho imaginarse que tal vez no lo volvería a ver y que ese podía ser su último encuentro. Unos meses después, en un momento en que la batalla tuvo algo de calma, Lucas se dispuso a escribir una carta a Shanty, al terminarla fue a la popa del barco a pensar en ella, sumido en su melancolía; la constelación de la osa mayor parecía languidecer. Le entregó la carta al capitán y le pidió

que se la hiciera llegar a Shanty, pero en ese mismo momento, cañones y gritos se empezaron a escuchar, el ataque los tomó por sorpresa. Entonces Lucas cogió su arma y se dispuso a dispararle al enemigo. A su lado un soldado cayó al piso, herido; al querer socorrerlo una bala lo alcanzó en el pecho. Adolorido, su último pensamiento fue para Shanty, las estrellas, la osa mayor, la playa y el adiós que nunca se dijeron. Pasaron cinco años sin tener noticias de Lucas y Shanty se arrepintió de no haberse despedido de él y supuso que la había abandonado. Entonces decidió rehacer su vida y se casó con un arquitecto que había conocido unos meses atrás. Un día le llegó la noticia de que Lucas había muerto, y al mismo tiempo le entregaron una carta… era la carta que le había dado al capitán justo antes de morir. Entonces Shanty la leyó. Al cabo de 2 horas de llanto bajó y le pidió el divorcio a su esposo, pues no podía estar más arrepentida, por lo que decía en la carta. Shanty no sabes el dolor que siento, no puedo creer que no te despediste de mi… dime la verdad, ¿te estás viendo con otra persona a mis espaldas? Pues es lo que creo, y la única razón por la cual no fuiste a despedirte de mí. ¿Acaso fui solo una aventura para ti, un romance de medio tiempo? No sabes el deseo que tengo en este momento de matarme. Espero con ansías recibir una carta tuya, explicándome todo . Con amor, lucas. Desde ese momento Shanty fue a la tumba de Lucas todos los días a decirle cuán arrepentida estaba y que lo que él suponía era mentira. Ella siempre lo amó, que nunca lo engañó y que ya no podía vivir sin él. Después de dos meses de llanto, Shanty estaba en su casa y se quedó dormida con las lágrimas corriendo por su cara. La osa mayor con sus estrellas Alioth, Dubhe, Benethasch, Mizar y Alcor correteaban en el bosque estelar; Shanty se estremeció en su cama pues una luz deslumbrante la despertó… A su lado, Lucas la estrechaba entre sus brazos y soñaron juntos un lugar sin guerras, con paz, sin tristeza, con amor, sin arrepentimiento, con orgullo. FIN

Ilustrado por: Camilo Domínguez Colegio Colombo Británico 9°

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Daniela Mercado Colegio Colombo Británico 11°

Vidas

Paralelas S

u mirada estaba impregnada en las aspas de aquel ventilador, aquellas tres hélices que al dar vueltas creaban la impresión de ser miles, y que desprendían un ligero viento que lograba calmar aquella humedad y calor que se adhería sin permiso a su cuerpo. En realidad no pensaba, algo de aquel movimiento continuo, aquella rotación, la calmaba; aunque daba vueltas era lo único constante en ese momento, su mundo cambiaba. Oía, pero no escuchaba aquel ruido ensordecedor de la calle, ése que alguna vez tanto la irritó, pero que por alguna razón ese día ya no era un problema para ella. Tenía cosas más importantes por hacer, por pensar y por cambiar. Toda su vida daría un giro de ciento ochenta grados, estaba nerviosa, pero tenía ansias de sentir cómo es cuando alguien te necesita, pues ella ya sabía bastante bien cómo se sentía depender y vivir según la vida de otro. Los nueve meses estaban a punto de cumplirse. Estaba cansado de la misma rutina, aquella de levantarse con el ruido alarmante del despertador a una hora que marcaba cinco minutos antes de la medianoche. Mientras las personas vivían a la luz del sol, la vida de Emilio trascurría a la luz de la luna. Pasaba su vida durmiendo, mientras el mundo vivía a sus pies. Últimamente había estado pensando mucho en cómo le gustaría ver alguna vez una puesta de sol, pues había sido testigo de innumerables amaneceres, pero ningún atardecer. Lo único que lograba calmar estos pensamientos era darse cuenta que junto con la luna eran los únicos testigos de lo que ocurría cuando la luz ya no mostraba lo evidente. Se daba el lujo de vivir y conocer lo que los demás ignorarían toda la vida, esa rutina, aunque aburridora a veces, un privilegio que sólo personas como Emilio entenderían. Aquella noche había pensado muchísimo en ella, hace cuatro meses no se hablaban y tenía infinita curiosidad de saber cómo estaban las dos. Pensaba mucho

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en ella porque sabía que ya casi era hora, y aunque hubiesen peleado quería ser parte del nacimiento, al fin de cuentas él era el padre. Ella dice que fue el mejor día de su vida, que todo el dolor valió la pena al verla y que sólo podían pensar que era un milagro de la vida. Aquellas manos que le agarraban el pulgar sin soltarlo, ese sueño tranquilo en que dormía con una respiración lenta, aquellos cachetes de un rosado perfecto. Aquel ser en sus brazos lo era todo. El poder saber que esa personita nos necesitaría, nos convertía en las personas más felices y afortunadas del mundo. El poder ser parte de la formación de alguien nuevo en el mundo y ser quiénes le mostrarían y enseñarían todo por primera vez, era superior a cualquier otro momento de nuestras vidas. Ya podía ver que el lazo que se había creado entre ellas dos era uno de cómplices, amigas, personas incondicionales para ambas, madre e hija. Todo aquel día hizo parecer que ese sentimiento no fuera amor sino adoración. FIN

Ilustrado por: Antonia Caicedo Colegio Colombo Británico 8°


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Un

Hablando de la verdadera amistad, pienso en tí mi gran Amigo.

Do gra y al d cias est i po no r ha con berte oci pu do, e ten s er ver un dad er a m no igo o e s de coi cuest ió nci den n cia

es aquel que te motiva, te hace feliz, aunque estés en ruinas y siempre, cuando tu cielo es gris, él es el sol que sobre ti brilla.

y te digo, que aunque el futuro nos aísle tú siempre serás mi amigo del corazón.  

amigo

s Ere o com or, a fl un un e en od p cam leza, ma tus con res o col e s d alta s e dr ida tu r e za. c r po belle sin da fun o r p

Maria Paula Arboleda Colegio Colombo Británico 8°

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Nicolás Jaramillo Colegio Colombo Británico Británico 10°

Masoquismo Así tus besos sean veneno, y así tus caricias sean dagas, y tu mirada esmeralda me tire por las gradas. Así me mates de mil formas y de mil formas más, y que cuando cantes sean las campanas de mi funeral, ni el mismo diablo de tu lado me podrá arrancar.

FIN

Ilustrado por: Juan Pablo Coronel Colegio Colombo Británico Británico 11°

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Nicolás Jaramillo Colegio Colombo Británico 10°

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El loco

y la piedra

Ilustrado por: Juan Pablo Coronel Colegio Colombo Británico 11o

Un loco con su piedra, llueven las rocas sueltas. La belleza del loco y la piedra; un cigarrillo vacío.

Una droga sin sentido. Excusas por una lenta y precaria degeneración mental, corroída por el ácido de la mentira conceptual. FIN

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Nicolás Jaramillo Colegio Colombo Británico 10°

Ojos

de chocolate obvios Amor Vincit Omnia - Ovidio

Perdidos en la luna Escritos dentro de una cuna Canciones de una Cuestionan la cordura. La gacela en medio Del invierno La flor sumisa al Sendero. Te quiero, La verdad es mucho Más que eso. Un copo de nieve En mi parabrisas. Breve sepelio De la risa. Te quiero Y la verdad es mucho Más que eso. Grafito brillante En un campo negro. Luz distante, Un hombre sincero. Opio con sabor a chocolate. Te quiero, y la Puta verdad es Que eres mi universo.

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FIN


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Nicolás Jaramillo Colegio Colombo Británico 10°

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Perfume La vida de las rosas es corta, Más corta que la mía propia. Mi llanto es mi aliento, mi Dulce veneno. Tiro mis ilusiones a un triste río. Fuiste el leve brillo De mis estribos, Y manejaste el arco iris De mi alegre hornillo. Ahora sólo eres una gota de Rocío rancio En mi ataúd De espejismos, que entretanto Beben el dulce veneno. Cara mía, cara tuya, Caras en la fea lluvia. Así queme las cenizas del cenicero Y corte el tabaco del fiel cigarrero. Siempre volveré como un maldito adicto A fumar tu amargo veneno. FIN

Ilustrado por: Juan Pablo Coronel Colegio Colombo Británico 11°

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Colegio

Hebreo Jorge Isaacs

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Ilustrado por: Michelle Gellhorn Colegio Hebreo Jorge Isaacs

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Yoav Litman Colegio Hebreo Jorge Isaacs 9°

Aunque

no lo sepas Estoy enamorado no de ti sino por ti, si no existieras estoy seguro que no lo estaría, ya que estar enamorado no es un sentimiento o una situación, es más bien una abstracción de tu existir. Esta consecuencia confusa pero bonita es la razón de mi despertar cada mañana, es aquello que impulsa mi pequeño corazón a latir cuando me levanto y detener su latir cuando me hablas. Es la primera vez que siento esto y estoy preocupado, ya que este padecimiento puede traerme la muerte o la eterna felicidad Lastimosamente, esto no depende de ti sino de mí. Dejo toda mi vida en tus manos, cuídala y quiérela, así como yo te quiero y te cuido, aunque no lo sepas.

Ilustrado por: Yoav Litman Colegio Hebreo Jorge Isaacs

FIN

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Daniel Eduardo García Colegio Hebreo Jorge Isaacs 10°

Callado, silencio total, sin una palabra; ni un latido. No expresaré, callaré, olvidaré y te abandonaré. No aceptaré amor, callado será mi dolor, Un amor silencioso, ciego y celoso de tu olvido. Sin palabras me enamoraste, sin palabras te aborreceré, con versos me dominarás, con miradas me condenarás a turbulentos sueños.

Callado Un amor callado y coqueto, perfecto para mi soledad sin ti, perfecto silencio que producen estas notas de amor que sólo los dos podemos escuchar dentro de nuestros corazones y sin que nos demos cuenta. Te amaré en el llanto y en la pena, seré tu caballero enmascarado, tu héroe inesperado, escondiéndome en tu sombra, amándote sin permiso. Como perro callejero comeré el desperdicio que deja tu llanto. Mendigaré tu amor hasta que mi cuerpo aguante, siendo testigo sólo la estrella más grande del firmamento nocturno que aparece cuando pienso en ti.

Con besos mi agonía reinará, mientras sólo aparentas existir y finjo que no me duele nada.

Alegre tu sonrisa y opaca la mía, mientras los espectros de la soledad me invaden amenazándome; y lo único que haces es existir y reír, sabiendo que me muero por ti.

Callados mis sueños, calladas mis ilusiones y lejana tu belleza. No exhalaré amor hacia ti, inhalaré tu aroma enloquecedor y me transportaré al mundo donde sólo separados podemos amarnos, donde sólo la lejanía juzgará mi amor hacia ti, mi bella pena.

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Callado seré y así permaneceré, sujeto a tu piel y necesitado de tus labios. Mudos seremos y por siempre, Casémonos callados y apartados; Solo los dos, como siempre te he imaginado, Como jamás leerás los que dicen estas palabras. Nunca te enterarás que aunque esté con muchas, sólo eres tú la que me arropa para recibir un nuevo mañana solo Y nunca… a tu lado. FIN

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Ilustrado por: Michelle Gellhorn Colegio Hebreo Jorge Isaacs


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Daniel Eduardo García Colegio Hebreo Jorge Isaacs 10°

Tributo a la poesía Cómo no honrar el género Literario que me abrió los ojos cuando Las tinieblas me los cegaban, Cómo no reconocer que gracias a ella Este cuerpo se levantó del pecado; Luchó contra el mal y admiró Todo su poder. Poesía, letras sagradas Santificadas desde lo alto, bendecidas Por mi tinta, añorada por las mujeres. Mapa que guía a enamorados Y desorganiza mentes. Reina de lo inesperado y amante De todos los poetas. Poesía, que escondes tu verdadera imagen En las sobra de las bellas doncellas Y en cada célula de su cuerpo; Tentando al hombre al pecado Y alejándolo de la realidad. Poesía amorfa, incolora y sin sabor. Medicina para enfermos Y pomada para heridos. Esta es mi obligación y necesidad, Un tributo hecho por un poeta Loco y demente, Que no es capaz de visualizar el Horizonte, sin antes pedirte consejos. Hermana del amor y del odio, Abogada de los pobres y consuelo

Del desterrado. Seré esclavo de tus versos y estrofas, De tus infinidades de usos y de tu Galaxia de significados. Poesía desligada del ser y no ser, Única lírica que brilla con luz propia Creando milagros y desastres con El poder que te otorgan tus palabras. Poeta seré al igual que millones también; Encadenados a tus voluntades, Pero con libre expresión. Nací con la misión de acogerte como mía, Convirtiéndome en poeta desde mi primer aliento. Eterna gloria a la poesía, Luz de luces, madre celestial. No me abandones y guíame Como oveja de tu rebaño. Porque si me desamparas, ¿Qué será de mí? La vida humana es insignificante al lado de tu poder; ¡Oh si poesía!, que sagrada eres. Mi deuda contigo nunca será saciada, Mi inspiración nunca dormirá. Aunque mi cuerpo se extinga, Y mi mente se consuma en las llamas del infierno; Sé que estarás ahí para salvarme como siempre Lo he soñado. FIN

Ilustrado por: Michelle Gellhorn Colegio Hebreo Jorge Isaacs

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Laura Sofía Polanco Colegio Hebreo Jorge Isaacs 8°

Tiempo

Palabra que temor produce, palabra que nos hace pensar en lo corto que eres y en las cosas que podemos dar. A veces presuroso, a veces lento y en ocasiones , casi eterno. El reloj es tu instrumento, tu cómplice el silencio. Cuando acortas la vida, todos somos víctima de aquel lamento. Tus alas son más rápidas que los vientos del sur, tu fuerza, incontenible como el mar en luna llena y tus ambiciones, inalienables como el sol en primavera. Responsable eres que el presente sea ahora, que el pasado se haya ido y que el futuro esté lejano. Que los amados se marchen y marchiten, y que nosotros algún día decidamos darle al tiempo un pedazo de tu tiempo. FIN

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Laura Sofía Polanco Colegio Hebreo Jorge Isaacs 8°

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Dolor

impío Un céfiro blando que pasa temblando tan suave y tranquilo como oír al mar hablando, tan calmo que aparenta hablar de amor y alegría mientras queda sumisa la pena mía. Tardas avutardas duermen en las bardas y el suave sonido de lindas cascadas, tan sublimes como las palabras de un poeta dolido arrullan la noche haciendo en ella su nido. El viejo muere, el niño nace, la niña crece, el tiempo corre, mi obsesión aumenta, mi alegría se dispersa y cada día vivir se vuelve una tortura discreta. Yo, una y otra vez, he visto en mayo rosas y las mieces ondear en el estío. Vi en otoño las calles cubrirse de hojas y los árboles desnudos del invierno frío. Pasan las estaciones presurosas, el frío se hace eterno, y aún peor: se hace eterno el dolor impío. FIN

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Tali Kadoch Colegio Hebreo Jorge Isaacs 8°

El misterio

viste de negro ¿Quiénes son ellos?, ¿Qué hacen allí? Son las preguntas más escuchadas en el pueblo de Bly. Los hombres de negro los llaman. Tienen un aspecto antiguo, elegante y un poco extraño. Son las personas más temidas en este lugar. Todo comenzó después del terremoto. No quedó nada. Sólo recuerdos que se fueron desvaneciendo al pasar el tiempo. A las únicas personas que no les tocó reconstruir su casa después de unos años fue a los hombres de negro. Su “choza”, como muchos la llamaban, no se derrumbó, por lo tanto, sus famosas reuniones continuaron. Desde el noventa y tres, tienen una costumbre de reunirse a partir de las 11:00 p.m. hasta la madrugada. El motivo de estas reuniones se desconoce; sólo se escuchan gritos y llantos que pueden asustar a la persona más temible, y sonidos que sólo alguien del otro mundo puede realizar. Estas reuniones tenían algo en especial: siempre sale una persona menos de la que entró. Una noche fría y oscura Braulio y yo quisimos averiguar qué era lo que realmente hacían esos hombres, así que decidimos ir a las 11:00 p.m., nos vestimos de negro y caminamos hasta la parte trasera de la choza. Contamos hasta tres, pero alguien nos sorprendió tapándonos los ojos, y con un fuerte y estremecedor golpe nos dejó en el piso y nos arrastró hasta la choza. Nosotros, un poco inconscientes, sólo veíamos sombras con colmillos de sangre, miradas penetrantes y gestos extraños que llevaban el mensaje subliminal de que algo andaba mal. De repente se oyeron gritos, volviéndose esa noche muy especial porque no salió de la choza una persona menos de la que entró, salieron dos. FIN

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Tali Kadoch Colegio Hebreo Jorge Isaacs 8°

María

Esa niña hermosa que en su vida descubrió que la muerte no es más fuerte que el amor. A Efraín ella conoció, y a sus lindos ojos que ella conquistó, Ahí empezó su ciclo de amor, que siempre recordó. Todo esto sucedió en un lugar hermoso y especial. Las rosas que hacían parte de este, siempre fueron su inspiración alegre. Un samán lleno de emoción, que ellos admiraban con devoción, fue el lugar de encuentro, para olvidar el dolor. Toda esta historia de amor, recuerda que cada cosa tiene su principio y su final. FIN

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El planeta de

María Camila Loaiza Velásquez Colegio Hebreo Jorge Isaacs 6°

E

n un planeta muy oscuro y triste al que no le llegaba el sol, dicen que existía una criatura con luz propia pero que casi nunca se veía. Un día descubrió que tenía poderes de magnetismo. Éste creció y cada vez fue más arriesgado y extremo. Al ver que su pueblo sufría por la oscuridad, decidió proclamarse su guía e ir en busca de la única esperanza de luz de la que él había oído hablar a su padre y demás ascendientes. Recorrió montañas, mares y lugares sórdidos sin hallar respuesta. Un día en un risco vio pasar a una mujer y quedó maravillado con su belleza. Parecía una luciérnaga. Él se lanzó sobre ella hasta atraparla. Extremagnético y esta bella mujer llamada Bella Iris, se enamoraron y se casaron y juntos buscaban la clave para sacar a su planeta de la oscuridad. Extremagnético, por más esfuerzo, por más que amara a su Bella Iris y pensara que era la criatura más hermosa, llena de luz y amor que existía, vivía muy triste porque el planeta era más oscuro que la boca de un lobo, tanto, que no existía la diferencia entre el día y la noche. Pero un día Bella Iris sintió que muchas luces Iluminaban su vientre y Extremagnético al verla se lleno de una dicha infinita. Pasaron algunos meses y un día o una noche, ella dio a luz a un pequeño muy hermoso al que llamaron Rojo, por el color de su cabello y sus mejillas, y esto hizo que Extremagnético se alegrara un poco, aunque la mayor parte del tiempo era infeliz por la oscuridad de su planeta y pensaba que de nada le servía el poder del magnetismo, pues no había logrado encontrar la luz para su pueblo. Bella Iris, nuevamente, tratando de llenar de felicidad a su esposo, dio a luz a otros dos pequeños a los que llamaron Amarillo por su cabello rubio y al otro Azul, por sus ojos brillantes y destellantes. Ese día Bella Iris se dio cuenta de que estaba perdiendo su resplandor. Preocupada por perder su poder de luminosidad propia, le pidió ayuda a los dioses los cuales le contestaron:” Bella Iris, no estás perdiendo el poder, lo estás transformando y cuando se com-

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los siete anillos

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pleten los siete anillos y se magneticen, tu luz será infinita. Pero sólo lo entenderás cuando llegue el momento”. Ella no entendió el significado de la respuesta, y decidió que para no darle más tristezas a su esposo, trataría de ocultar su falta de brillo, colocándose trajes de colores muy brillantes. Extremagnético, en busca de la luz tan anhelada, recorrió el planeta entero. Abrió orificios de extremo a extremo para que los soles de sus planetas vecinos los irradiaran, sin conseguirlo. Cada vez más preocupado por la oscuridad y tristeza de su planeta, volvió a casa a refugiarse en su única alegría que eran su mujer y sus hijos. Cuando llegaba de su larga búsqueda, ella le tenía otra sorpresa: otros tres niños a los que bautizaron con el nombre de Verde por su palidez, Morado por su ternura y Naranja por sus alegres risas. Pero ella ya no estaba tan radiante como antes. Se le notaba opaca y ya casi sin nada de brillo. Extremagnético quedó muy preocupado. Ella trataba de disimularlo diciéndole que sólo era un poco de cansancio, que no se preocupara; pero Extremagnético pensaba que todos sus poderes eran inservibles. Entonces decidió ir a los riscos a pedirle ayuda a los dioses y ellos le revelaron: “Extremagnético, permanece en la búsqueda y no des marcha atrás, pues la esperanza es lo último que se pierde. Cuando se completen los siete anillos, surgirá la luz y vencerás a la oscuridad.” Él, como su esposa, no lograba entender el mensaje y volvió a casa triste y confundido. Un día cualquiera, Bella Iris despertó sin nada de luminosidad. Pensó que su esposo no iba a quererla más, pero él por el amor a ella se esforzó y con el poder del magnetismo logró irradiarla y devolverle un poco de luz y felicidad. A los pocos días nació su única hija mujer la cual llamaron Violeta. Extremagnético, Bella Iris y sus seis hijos estaban tan felices con el nacimiento de esta niña que no se percataron de que habían creado el más grande poder que podían imaginar tal cómo se los habían revelado los Dioses. Un destello de alegría y luz iluminó y resplandeció, y sus siete hijos expulsaron luces de colores como sus nombres, azules, amarillas, rojas, naranjas, verdes, moradas y violetas. En ese momento la alegría se apoderó de Extremagnético y Bella iris, comprendiendo al fin las palabras de los dioses. Sus hijos se convirtieron en siete anillos magnéticos de luz y belleza para el planeta. El planeta se llenó de naturaleza, crecieron flores y nacieron criaturas de mil colores; el cielo, los mares y los ríos se transformaron en colores. Todo brillaba tanto, que fue el primer planeta donde nació el magnetismo del amor y le dio significado a la belleza, donde jamás volvieron ni la oscuridad ni la tristeza. FIN

Ilustrado por: María Camila Loaiza Colegio Hebreo Jorge Isaacs

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Alan Zander Colegio Hebreo Jorge Isaacs 9°

ETERNO

RETORNO “Es más difícil seguir luchando que renunciar en los tiempos duros, pero más difícil es renunciar que continuar en los tiempos de gloria”.

E

ra un día de verano, cálido como era de esperarse. El sol penetraba los poros de su piel reflejando un extraño color de grandeza. Brillaba con la luz propia que salía desmedida a través de sus brillantes ojos dorados repletos de gloria. Sólo el hecho de su presencia generaba la ilusión de un portal hacia un mundo sin problemas. Su mirada, vigorosa y penetrante, provocaba una hipnotización aturdidora que alcanzaba lo más profundo de las entrañas y producía una sensación de intimidación, obligando a apartar la mirada de sus ojos, pero tan llamativos que inducían finalmente a captar su mirada de nuevo y sucumbir en la misma insensibilidad inicial. Su rostro era impecable y portentoso. La blancura de su sonrisa no se asemejaba a nada. La necesidad de desprender la responsabilidad de su propio destino fue una muestra infalible de que sí era humano. Creía que los hechos seguían un patrón de causalidad y que el final era idéntico al principio, es decir, que la constante del universo era un círculo vicioso igual como cuando lo miraban a los ojos. Su orgullo estaba en juego, pues el transcurso del tiempo marcaría el final de su gloria y la inminencia del fracaso atormentaba sus días. Tomó una decisión trascendental que evitaría el porvenir; esta fue para algunos la prueba más precisa de que fue el hombre con más grandeza que haya existido. Pero los envidiosos aseguraron que fue una determinación banal e inmadura, producto de su debilidad. Ese día se descubrió también que su sonrisa combinaba con su mortaja.FIN

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Alan Zander Colegio Hebreo Jorge Isaacs 9°

La ilusión “Si los locos no saben de su situación, todos podemos no existir y ser sólo parte de tu imaginación”. En un mundo de injusticia en donde las minorías estaban equivocadas por ser diferentes, vivía una joven perfecta dentro de los parámetros con que se juzgaba, aunque en realidad estaba muy alejada de ser una persona digna. Muy segura de sí misma sentía el derecho de menospreciar a la población demente. Su repugnancia selectiva se basaba en la posibilidad de que esa clase de personas desconocieran su condición y pudieran confundir la realidad. Tampoco se les acercaba, pues se creía que la locura era contagiosa y hasta había leyendas y relatos de gente común que terminó por perder la cordura. Esta muchacha de madura adolescencia llevaba cincuenta años ensimismada en una insípida habitación mientras contemplaba a través de la ventana el paisaje de ese mundo. FIN

Ilustrado por: Mariana Peláez J. Colegio Hebreo Jorge Isaacs

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Ianiv Kadoch Colegio Hebreo Jorge Isaacs 9°

Locuras de la luna Era una noche como todas las demás, excepto porque la luna estaba de una forma nunca antes vista. Una señora cuyo nombre nunca se dio a conocer se asomó al balcón de su casa a altas horas de la noche y empezó a notar que algo no marchaba bien, ya que escuchaba unos ruidos pocos comunes dentro de la casa. Por esta razón, corrió al cuarto de su hijo que era lo único que le quedaba en la vida y cuando entró a la habitación se dio cuenta que el niño no estaba, pues este fue otra víctima de la luna.

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FIN

Ilustrado por: Mariana Peláez J. Colegio Hebreo Jorge Isaacs

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Escritos Ianiv Kadoch Colegio Hebreo Jorge Isaacs 9°

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Un día

inesperado

Era una tarde de verano cuando Nir se encontraba

descansando en su casa después de una agotadora mañana de trabajo. Él vivía en el monte lejos de la ciudad, por lo que decidió salir a dar una vuelta a los alrededores de su casa para así poder respirar un poco de aire fresco. Cuando salió de su casa escuchó a lo lejos una mujer desesperada, gritando como si algo malo le estuviera pasando. Decidió acercarse a ver si la podía a ayudar y a medida que se acercaba escuchaba mucho más intensos los gritos y, de repente, vió una casa de la cual provienen los alaridos. Sin pensarlo dos veces, Nir entró a la casa derrumbando la puerta con una fuerte patada y se encontró con un señor intentando violar a una pobre mujer que tenía la cara totalmente tapada con una camisa y que con su poca fuerza no se podía defender. Al darse cuenta de la situación, sin pensarlo dos veces cogió su celular y marcó a la policía. Mientras daba las indicaciones a la policía, el cómplice del violador salió por una puerta escondida, le arrebató el celular y lo rompió. El delincuente amarró a Nir a una columna, lo que impidió que este pudiera moverse. Lo único que podía hacer era esperar a ver lo que pronto sucedería. Luego de treinta minutos los bandidos se fueron dejando a la mujer atada a otra columna de la casa. Minutos después llegó la policía con la poca información que Nir les había alcanzado a dar. Los policías los desataron y quitaron la camisa que cubría el rostro de la mujer. Perpleja, vio que el hombre que la había ayudado era su esposo y se abrazaron fuertemente. En la noche llegaron a la casa en compañía de la policía después de estar un largo rato en la estación denunciando el delito. Se sentaron a comer una rica comida y decidieron que nunca más ninguno saldría solo de la casa. Y de ese día en adelante tuvieron una vida común y corriente como la llevaban antes.

Ilustrado por: Michelle Gellhorn Colegio Hebreo Jorge Isaacs

FIN

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Santiago Matallana Colegio Hebreo Jorge Isaacs 6°

Sálvame Y

ahí estaba yo, parado como un incrédulo en el patio de mi casa, mirando el cielo como todo el mundo, mirando esa cosa negra que cubría el sol y todos nos preguntábamos “¿Qué es eso?” Mientras el sol se ocultaba, “la cosa esa” se acercaba cada vez más. A las 12:00 p.m. aterrizó y todos los militares se acercaron y cerraron el área. De pronto se abrió la puerta y una especie de alienígenas de color azul con largos tentáculos y ojos grandes bajaron. Eran seis y con ellos hubo una gran explosión. Todos los militares salieron volando. Por mi parte, quedé inconsciente y desperté en una habitación blanca parecida a la de un manicomio. Sin poderme parar y amarrado a una cama, me dio un ataque de ansiedad, pues no podía ni gritar. Para colmo, entró uno de esos seres y me inyectó un líquido rojo; segundos después me quedé dormido. Era una especie de anestesia. Desperté con una máscara y seis de ellos estaban a mi alrededor con objetos extraños en sus manos. Me asusté pero tenía una ventaja: una de las cuerdas estaba mal puesta. De inmediato, aproveché esa única oportunidad y cogí lo primero que topé, que para mi suerte era filoso, y corté las cuerdas que me ataban. En cuanto uno de ellos se acercó, lo herí y un líquido de color azul salió de él. De inmediato salí a correr. Pasé por varios pasillos y en uno de ellos una gran explosión me tiró al suelo aturdiéndome. Como pude me levanté y todo estaba prácticamente destruido. Seguí corriendo y un rato después me di cuenta que esos seres eran inflamables. Sólo atinaba a preguntarme ¿qué hacía ahí?, ¿era una señal?, ¿qué putas había hecho yo para merecer eso? En medio de mis debates una voz femenina pedía ayuda. Me apresuré a ayudar y vi una especie de ángel atrapada en su cama con uno de ellos encima. Corrí, lo taclé y acuchillé hasta que murió. Me limpié su líquido de mis manos y lo saqué al pasillo. Ya con la escena limpia fui a ayudar a esa bella mujer. Se llamaba Valery. La ayudé a zafarse y me fui junto a ella. Cuando llegamos a la sala principal había muchos de ellos en el puente hablando en un dialecto extraño que parecía hebreo, o qué sé yo. Nos acercamos lenta y sigilosamente pero mi nueva torpe amiga pisó un cable y sonó muy duro. Ellos se dieron cuenta al instante. Luchamos y Valery murió. Yo quedé herido pero me deshice de todos. Sin saber que hacer ni cómo volver a la tierra entré en pánico. Corrí huyendo de los estallidos y el fuego tras de mí. Lo último que recuerdo es una mujer diciendo: “Veamos qué hiciste mal y hagámoslo de nuevo”. Desperté en el mismo cuarto con las mismas cuerdas pensando “Ahí vamos otra vez”. FIN

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Ilustrado por: Santiago Matallana Colegio Hebreo Jorge Isaacs 6°

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Gabriel Peláez Rafet Colegio Hebreo Jorge Isaacs 9°

eternos A Sueños

brió los ojos y se sintió desolada. Estaba cansada ya de despertar y encontrarse con el mismo panorama que le amargaba la mañana: un techo de color verdoso que ya mostraba el paso de los años con sobresaltos de humedad y que fue adornado con pequeñas estrellitas luminosas que en algún otro tiempo de inocencia la habían divertido y hasta asombrado, pero que hoy ni siquiera le producían una simple sonrisa. Pero no era la vista en sí lo que aborrecía, sino lo que significaba: el fin de su aventura por los mundos de la perfección y la felicidad; el fin de ese universo en donde podía llegar tan lejos como quisiera, ser tan hermosa como quisiera, hacer lo que quisiera y donde nadie la desafiara ni la cuestionara. El fin de su sueño. Su vida no era en realidad mala. Nunca le faltó un plato de comida, asistía a un buen colegio y vivía en una hermosa casa situada al final de una calle rodeada de cerezos traídos especialmente de Japón por su padre, que en otoño tapizaban el piso con un manto rosado de una belleza tal que alegraban al que fuera menos a ella. Ya casi nada podía alegrarla. Detestaba su vida envidiada por muchos. Era aburrida, predecible y rutinaria. Le faltaban elementos que no se podían comprar con el abundante dinero de su influyente familia: emoción, pasión, amor. Esos aspectos que hacen querer la vida y disfrutarla al máximo, aspectos sin los cuales no se puede vivir. Pero había una excepción, una parte de su vida que adoraba y le proveía de todo lo que carecía y anhelaba en su vida real: sus sueños. Eran el único escape que tenía de su fastidiosa existencia y lo único que la impulsaba a seguir viviendo y a no sucumbir a lo que innumerables veces había planeado y que en algunas ocasiones había intentado sólo para entrar en pánico y abortar en el último segundo. Se había vuelto adicta a sus sueños. Eran su droga. Siempre quería más y más. Cuando se despertaba y no recordaba lo que había soñado, se quedaba todo el día en la cama hirviendo de ira manifestando una misteriosa migraña. Para ella eran más necesarios que comer o respirar. No imaginaba su existencia

sin ellos. Sus días se convirtieron en una eterna espera para la noche que soportaba sólo gracias a los recuerdos de la noche anterior y la expectativa de la noche que vendría. Se llegaron a volver el centro de su vida. Un sueño por noche ya no era suficiente. Quería soñar dos o tres veces con cosas cada vez más fantásticas, más emocionantes e inimaginables para las personas comunes y corrientes. La espera en el día se le hacía cada vez más larga y difícil de sobrellevar, por lo que un día como cualquier otro, rutinario y aburrido, mientras agonizaba por dentro y veía sin mucho interés por la ventana un mar de florecillas rosadas, decidió que sería lo último que vería del mundo real puesto que esa misma noche se dispondría a partir en una aventura sin retorno y a sumergirse eternamente en sus sueños. FIN

Ilustrado por: Michelle Gellhorn Colegio Hebreo Jorge Isaacs

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Naomi Nessim Colegio Hebreo Jorge Isaacs 6°

Ilustrado por: Naomi Nessim Colegio Hebreo Jorge Isaacs

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l correo llegó ese día como usualmente lo hace. Abrí la puerta y allí estaba. Era una caja de metal que decía ‘’si me abres algo inesperado te pasará’’. Agarré la caja y la puse dentro de la casa. Fui hasta mi estudio y la coloqué en la mesa. Cogí unas tijeras, no le presté atención al mensaje y la abrí. Adentro había un pequeño ser verde y tenía una apariencia viscosa poco agradable. No era como otras criaturas que hubiera visto antes, pues tenía un solo ojo, cuatro brazos y tres piernas; era muy extraño. No parecía una criatura terrestre, así que inmediatamente deduje que era un extraterrestre. Éste me dijo - ¿Por qué abriste la caja? Ahora estás condenado para siempre. Me senté en la silla de mi escritorio. Estaba muy asustada. Ni siquiera las palabras me salían. Sentí náuseas y hasta sentí que me desmayaba, pero nada pasó gracias al cielo. Me quedé mirándolo perpleja. Intenté hablar pero ni un sonido salió, así que me quedé allí en silencio mirándolo y tratando de calmarme. Después de casi una hora empecé a sentir un silencio sombrío y una soledad inimaginable, me llené de valor y le pregunté:

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Escritos

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–¿De dónde vienes? ¿Condenado a qué? Él me respondió - Vengo de Venus a darte un mensaje que se supone no debería darte pero abriste la caja y ahora estás sentenciada. Yo, muy asustada, le volví a preguntar - ¿Sentenciada a qué? - Él me respondió - Estás condenada a sufrir la destrucción de la Tierra. Me quedé en shock y no sabía qué hacer, un pequeño ser extraterrestre me estaba diciendo que estaba condenada a la destrucción de la Tierra. ¿Estaba bromeando?, ¿era parte de mi imaginación?, ¿ese pequeño ser iba a destruir la tierra?... ¿Y por qué llegó a mi casa?, ¿Por qué a mi buzón? Así que cerré la caja y pensé en devolverla al correo, al fin y al cabo no tenía ni idea qué tipo de broma me estaban jugando; pero luego me asaltó una idea terrible. ¿Y si es verdad que yo tengo que salvar la Tierra? Después escuché una dulce voz que me decía “es hora de levantarse para ir al colegio”. Esa dulce voz provenía de mi madre que me estaba levantando para ir a estudiar. FIN


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Gimnasio

La Colina Ilustrado por: Nicolás Zuñiga Vargas Gimnasio La Colina 8°

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S E T N E I V I V E R B SO

Andrés Felipe León Orejuela Gimnasio La Colina 7°

alidad y a entrar en la re ó ud ay e m e nsidero una bre la vida, qu ía pasar. Me co sentimientos so dr is po m e tó m er e sp qu de eí a cr inuación n un viaje que oria que a cont ó algo que nunc st ri hi ur ta oc es e m en é a, form lo demostrar a verla de otra curiosa, como co po un y a os divertido persona cuidad oso, gigante y rm he un a os , : amig helada y oscura uy les voy a narrar esposa y unos m i , m to n os co ag lí de sa a pasar. ro una noche es de verano e algo malo iba como nunca, pe En las vacacion í qu rt ve de di o e ci M di in e. un qué islas del Carib mo si esto fuera de aire y a ver co co r, po ra pa un crucero por las n ar si m ro ot a hundirla proa para to ía de un lado a falla y empezó solvimos salir a a re un , el barco se mov sa vo po tu es o i rc m encontrado a otro, el ba marote con e nos habíamos De un momento Estaba en mi ca qu o. , nd yo sa y pa sa po ba ta es i mente los ente es . Mis amigos, m osotros, casual no N . éa era lo que realm ió oc ur m do ca te pi en so volcán en didades del lamentablem se en las profun e tenía un inmen y uno de ellos a qu rd la is bo a la un r s po jo le ar que la caímos os a divisar a lo azul como el m n am ta en la cubierta, nz o ca el al ci o, un rc y dar ientes del ba disíacos paisajes omenzamos a na ra C . pa s po su er , únicos sobreviv cu za i m lle be invadía todo descansar de su evidente a un extraño frío s, nos tiramos a ab do ir medio. A pesar ta m go la A e. do nt an ie ndo isteriosa y cu amanecer. Cua gada del día sigu e ru nt ad ie m gu la si rodeaba, era m el en a la st el dormidos ha de ningún que llegamos a profundamente o había rastro N os y a nadar hasta r. am ce ed ha qu a s r za no sa arena, y bíamos empe en la fría y grue anear lo que de pl a os m za en pero cucom Jhon, mi tímido . e. la nos levantamos is rm e za nt ili ga gi qu y an tr a con enigmática mucha distanci ba pendiente de ta ba es da e ar pr humano en esa gu em í, si m , lce esposa , Steve y uy cercano a Elizabeth, mi du analítico. Juntos pero que era m y ar or bl ad ha rv a se ab st ob , to y que no le gu muy inteligente egieran del vien ot ro pr pe s o, no rioso amigo, al os e ri qu cu ra co entos de s palmeras pa a un amigo po os extraños alim de unas jóvene im jo Steve. Steve er m ba co e de o qu gi la fu a hacer el re a fogata junto Jhon, planearon dimos hacer un ci de e, ch no la la sensad. ada Quedé frío con mucha dificulta e. de la lluvia. Lleg n ev St co r y pa on ra Jh at : o la, en onas os lograd ltaban dos pers os por toda la is fa am ó, sc di mar que habíam bu ce s su Lo o . algo extrañ te encona y mi mente Al día siguiente , inesperadamen mbrecía mi alm da so ue en sq e bú qu la ra En cu . o de esencia os los encontramos os y con un tech no ur y m , ción de una pr as os st er go lm an pa s y arbustos huecos en sus sta en las altas entre matorrale a los árboles y ha uchas grietas y id m n nd co co , es da uy na stante; ,m abando ta y rechinó ba s pies del volcán er lo pu a la tramos una casa ba o ta ad Es id e. ranos. Lo imos con cu casi inexistent cuelga a los mar ro de la isla. Abr nt se hojas de palma e ce qu el s en lo ta en ec os po de anera perf un gancho de es o fue ver el cuer añ en tr o ex y situada de m ad lg ás m co e go vía, pero al a mi mente ntramos a Stev ba caliente toda rrible llegaron ta de pronto, enco ho es n e ta ev n St ió ac de tu si ando a el cuerpo matando y colg beza. Al ver esta ca on la Jh extraño era que : en do o en tir vi icación a lo chuzones y un na que estaba scar alguna expl partir de la esce Jhon con cuatro bu a é r nt ui tr te ns In co o. una re tir e podía en ese momento o, pegándose un o st tim Ju úl r las imágenes qu ó. ri po ur y, oc se e ninguna se m tentando colgar ión y asombro Steve, luego in us nf co i m de ré que en medio para mí, le tend a ar cl ocurrido, pero : uy jo m di e e fu verdad. Por r? Es que no la espalda y m storia, por favo no me cuenta la mano me tocó hi si a la ld te ce pi a re e un a ty ¿m e llevar preso - Señor Mc Car que lo tendrá qu ya , ith Sm to en informar al sarg ta y nueve. FIN a la celda cuaren e es rt pó re r, vo fa

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Escritos Camilo Arturo Martínez Andrade Gimnasio La Colina 7°

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Puntos

l día ya casi llegaba. Estaba ansioso por poder hacer ese gran descubrimiento, el que toda mi vida había estado esperando. Esa noche no pude dormir porque mis pensamientos me agobiaban. Esto que voy a contar siempre me pareció un gran sueño. Todo empezó con un viaje largo y agotador. Mientras escuchaba el insistente ruido de la locomotora y los murmullos de la gente, mis compañeros y yo pensábamos en lo que íbamos a hacer en la expedición. Todos estábamos pensativos, menos Jim. Él era alguien muy coqueto y no le importaba lo que pasara a su alrededor. Yo estaba muy cansado y en lo único que pensaba era en mi familia y en si la expedición iba a ser exitosa. Nos dirigíamos hacia un lugar remoto llamado el Amazonas. Después de veinticuatro horas de viaje llegamos a Colombia, un lugar lleno de riquezas y aventuras. Nos encontramos con un sabio en lo profundo de una aldea colombiana al que le dijimos: -¡Oh, sabio! venimos desde Brasil en busca de una criatura muy extraña, sus huellas nos han dirigido hasta acá, pero no la hemos podido localizar. Sabemos que usted nos las va a poder descifrar. Tememos que esta criatura sea una nueva especie de tigre, pero cinco veces más grande. Convencido de la importancia de localizar y estudiar esta nueve especie, el sabio nos guió a un lugar remoto, donde nadie había entrado jamás. Nos dirigimos hacia allá con todas las precauciones que debíamos tener. La selva era dura de transitar, pero lo pudimos hacer. Nuestro compañero Brincario era el más fuerte, pero muy distraído. Él llevaba todos los recursos necesarios para que la expedición sobreviviera. Paramos un momento, Alfred se fue a explorar una guarida y de repente un simio salió de ella. El animal casi agarra a Alfred, pero no lo logró. Alfred sudaba frío, sus manos temblaban y el ambiente era tenso. Después, el simio salió a atacar a Brincario, Brincario lo enfrentó con valentía, pero desafortunadamente nos quitó todos los recursos de supervivencia, así que tuvimos que devolvernos a re-

ponerlos. Tener que conseguir de nuevo provisiones retrasó la expedición, ya que el avión salía el martes y ya era domingo. Por fin, después de salvados los obstáculos, reiniciamos la expedición. Se me ocurrió dejar una huella en un gran árbol. Horas y horas caminamos; el hambre, la angustia y el desespero invadían nuestros pensamientos. En cierto momento empecé a mirar un guayacán gigante y me di cuenta de que estábamos caminando en círculo, porque en el árbol estaba la marca que había hecho hacía unas horas; eso quería decir que estábamos perdidos. Mis amigos, después de haberse dado cuenta de ello, se desesperaron, y Alfred nos dijo: – Estoy agotado, ya no quiero caminar más, además ya oscureció, ¡descansemos! Entonces, nos acostamos debajo del guayacán. Al despertar, nos dimos cuenta de que estábamos durmiendo en una alfombra de hormigas bastante grandes y rojas, estábamos llenos de picaduras. La picazón era desesperante y a Alfred le había subido fiebre. De repente observé unas plantas que se movían y me pregunté: – ¿Qué será eso? Me quedé mirando fijamente y... ¡Un tigre me estaba persiguiendo! ¡Era él, el que estábamos buscando! Escuché que Jim me gritó: – ¡Corre, es más grande y más feroz de lo pensábamos! Eché a correr, mis manos temblaban, mi corazón latía demasiado agitado. En un instante observé una luz sobre una montaña, me dirigí hacia ella, entré desesperadamente en un túnel que había en su interior… y, de repente, todo se volvió oscuridad. Desperté muy temprano, como de costumbre. La mañana estaba muy clara, el sol resplandecía en mis ojos, mis hijos y mi esposa seguían durmiendo. Seguí mi rutina diaria, pero al salir de mi casa, cerca de la puerta, en el suelo, había unas cuantas hormigas rojas bastante grandes… y al lado de ellas estaban mis botas de campo… llenas de barro… FIN

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El viaje de

Grossycla

Isabella Carmona Meneses Gimnasio La Colina 7°

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Ilustrado por: Nicolás Zuñiga Gimnasio La Colina 8°

ucho tiempo atrás, nació una increíble diosa llamada Grossycla, emergió de una combinación entre el agua y el fuego, elementos que podía manipular a su antojo y con gran pericia. Grossycla era una diosa mortal, pues aunque sus padres eran dioses inmortales y poderosos ellos estaban esperando que Grossycla no fuera mujer sino hombre. Al verse disgustados decidieron que Grossycla no debía ser inmortal, pues no se lo merecía. Cuando Grossycla cumplió cinco años, Mikú, considerado el dios más poderoso, le asignó una misión riesgosa, pero importante. Mikú era un dios de buena apariencia y tenía poderes extravagantes; además, era demasiado impaciente y le gustaba aparentar. La misión asignada por el dios era que debía viajar en el tiempo hasta el siglo XXI. Mikú procedió a explicarle a Grossycla la misión con las siguientes palabras: – Grossycla, te asigno esta misión a ti, porque cuando hayas hecho tu viaje no vas a tener cinco años, sino que vas a ser una bella

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Escritos

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joven. La misión consiste en que debes viajar al futuro y cuando vuelvas me debes contar y describir cómo será mi reino y cómo será la vida de las personas, pues pienso aplicar todo lo que veas allá. ¿Estás preparada para cumplir con esta misión? – ¡Claro que sí!- exclamó Grossycla. – Entonces, ponte en posición, porque en este mismo instante te enviaremos. En un abrir y cerrar de ojos Grossycla ya no estaba en la habitación. Cuando la valiente Grossycla llegó al siglo XXI, muy rápidamente se dio cuenta de lo diferente que era todo. Había cosas tan avanzadas para su época, como los celulares y los computadores, pero lo más importante fue que se dio cuenta que el reinado de Mikú había quedado en el olvido, al igual que todas las divinidades. También se percató de que en el futuro había varias religiones con diferentes creencias; además, notó que son pocas las personas que tienen valores establecidos, pues todos los demás se la pasaban imitando a personas que no daban buen ejemplo. El mundo de ahora la agobiaba con tanta tecnología y con tantas personas, Grossycla se estaba enloqueciendo. Además, Mikú había prohibido a Grossycla entablar relación alguna con cualquier humano, ya que si lo hacía quedaría destruida. Hacía ya cuatros años que Grossycla estaba viviendo en el siglo XXI, y finalmente se había acostumbrado a esa vida tan agitada. Cierto día, Jessica, porque ese era el nombre que había elegido para el mundo del futuro, salió a bailar con unas amigas, que de tanto insistir habían logrado convencerla. Se vistió de lujo, especialmente adornada, y salió. En medio de la noche y de la fiesta, Jessica conoció a un joven muy atractivo que le gustó mucho y de manera muy especial. En un momento extraño, confuso y mediado por múltiples circunstancias, causadas por la euforia del baile, las bebidas especiales y el gran flujo de sentimientos y sensaciones incontrolables, Jessica terminó siendo violada por ese joven y como ya estaba determinado, murió. Por causa de la desobediencia de Grossycla, Mikú nunca pudo saber las cosas buenas y las cosas malas del futuro; por lo tanto, no pudo impedir que su reinado desapareciera y mucho menos mejorar la vida de las personas de su tiempo, con elementos tecnológicos que pudieron ser muy útiles y de mucha ayuda, para efectuar diferentes labores. Sin embargo, al no saber lo que estaba pasando en el futuro, se libraron de muchas de las dificultades que enfrentaban los hombres que vivían en él. FIN


Escritos

Pablo Cerezo Lesmes Gimnasio La Colina. 7°

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sombras Las

– Señor, ¿puede contarme su historia otra vez? – Todo sucedió durante la Segunda Guerra Mundial. Estaba huyendo de los nazis por unos caminos abandonados, en Polonia; con mis dos amigos, Albert y E. P. Los caminos eran oscuros como el petróleo, rodeados por alamedas de grises árboles muertos. Los zapatos se pegaban al espeso lodo. Había neblina, una neblina muy espesa que solamente permitía ver unos pocos metros hacia adelante. Era difícil respirar con tanta humedad. No existía ningún tipo de iluminación aparte de la de unas linternas que llevábamos, y que con dificultad penetraban la pesada oscuridad. De repente, un par de luces blancas rompieron aquel manto de niebla atemorizante. Un auto salió en silencio. En él estaban una mujer y su chofer, la mujer se ofreció a ayudarnos, por supuesto, no nos negamos. Era joven y bonita, de cabello abundante y largo, sus ojos eran negros y enigmáticos. Llevaba puesto un vestido elegante y blanco como la nieve. Una vez adentro del auto, la mujer empezó a hablar de sucesos sobrenaturales. Mientras ella hablaba noté una especie de cicatriz en su cuello parecida a una cruz, pero no era una cruz cristiana, si usted me entiende… – Eso es nuevo, antes no había hablado de la cicatriz. Continúe por favor. – Traté de decírselo a Albert, pero estaba absorto escuchando lo que la mujer decía, con sus asombrados ojos fijos en su rostro. Ella parecía perdida en su mundo, no escuchaba cuando se le hablaba, no hacía caso, sólo hablaba mirando hacia el vacio. Sin la luz de la luna, sin estrellas en el firmamento, sin siluetas en la noche, traté de hablar con el chofer para detener el auto. No hubo reacción aparente, tampoco me escuchaba. En otro intento desesperado forcé la puerta y mis amigos volvieron en sí. Todo lo que intentaba era inútil. Por fin se abrió la puerta y los tres huimos. La mujer salió del auto y pegó un grito tan desgarrador que penetraría hasta al más valiente de

los hombres. Seguimos corriendo, a pesar del terror que llenaba nuestros cuerpos, mentes y corazones. Después de los minutos más largos de mi vida encontramos una casa abandonada, en la que entramos. ¡La mujer se acercaba cada vez más y más, hasta el punto de estar frente a la casa, desde donde dio un último grito aterrador! – ¡Wayne, Wayne! ¡Contrólese! Ella desapareció. Albert, pasmado, señaló hacia la pared. En ella, una bandera roja como la sangre, ondeaba con aquel siniestro símbolo. ¡El símbolo que la mujer tenía en el cuello! – ¡Wayne! – ¡Empezaron a salir sombras por todos lados! ¡Espectros terroríficos, entidades siniestras! Traté de escapar con mis amigos, pero ya era tarde para E.P. Lo atraparon. Albert y yo intentamos huir entre el bosque, aprovechando la densa neblina ¡Las sombras se acercaban cada vez más, cada vez más rápido! Atraparon a Albert y lo arrastraron hacia la oscuridad del lugar más interior de la casa! ¡Logré distinguir el camino a unos pocos metros, parecía tan cercano, pero a la vez tan distante! Sentí algo en mi pierna y el camino se empezó a alejar… Paciente Nº 365 Habitación Nº 125 Estado del paciente: Desconocido Observaciones: El paciente no ha mostrado mejoría. Su información es cada vez más detalla, pero tal vez nunca sabremos la razón de su estado.

FIN

Ilustrado por: Manuel Cerezo Lesmos Gimnasio La Colina

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vida

El camino María Camila Peña Mesa Gimnasio La Colina. 8°

U

de la

na luz tenue fue creciendo, la habitación se iluminó por completo. Estaba en un pequeño y extraño ascensor, sin números en sus infinitos botones, y en el lugar del espejo había un extraño símbolo dorado que parecía un par de alas. No tenía mi bata, llevaba puesto un vestido largo y blanco, con flores rosadas en la parte de adelante. El ascensor no se movía por más que oprimía los botones. Recé, golpeé las paredes y supliqué, hasta que se produjo un estridente sonido y empezó a ascender con lentitud. Mientras esto sucedía, una sensación de alegría inundó mi cuerpo. Cada vez que un botón más arriba se encendía, me sentía más y más feliz, como si esperara algo bueno al final. Fue imposible no pensar en él. Sus ojos se dibujaron en mi mente, esa penetrante mirada que extraño desde el día en que partió sin más que una pequeña maleta, porque como él decía: – No voy a necesitar más. Después, sonreía de aquella forma que hacía que mi cuerpo se estremeciera. A partir de ese día no lo vi más y mi corazón se rompió en mil pedazos. Cuando el ascensor se detuvo, mi corazón palpitó tan rápido que sentí que iba a salirse de mi pecho. La puerta se abrió lentamente y detrás de ella estaba él, con su uniforme de militar, las manos cogidas por atrás y una de sus fulminantes sonrisas. Al vernos, nuestros ojos se iluminaron y me tendió una de sus manos. Di un paso hacia él para caer en sus brazos, pero las puertas se cerraron. –¡Juan! – balbuceé. El ascensor comenzó a bajar rápidamente, y cuanto más lo hacía, peor me sentía. Las lágrimas salieron poco a poco de mis ojos. No quería que el ascensor se detuviera ni que la puerta se abriera, pero parecía ser inevitable. Cuando el último botón se iluminó la puerta no se abrió de inmediato. Podía sentir el sudor frío bajando por mi frente, y cuando el momento que temía llegó, estaba tan aterrorizada que ni parpadeé. Detrás de la puerta estaba yo. ¿Cómo podía ser posible si yo estaba adentro del ascensor? A continuación, vi momentos de mi vida, pero momentos malos: cuando le gritaba a mi secretaria porque el café estaba muy dulce o cuando me enfurecí con mi padre porque no me avisó que iba a ir a ver a mi madre al cementerio. Evidentemente la forma en que trataba a las personas que estaban a mi alrededor no era la mejor. Solía gritar, enfurecerme, no escuchaba sus opiniones o simplemente hacía de cuenta que no existían. En ese momento quise que esas cosas nunca hubieran sucedido. Ya me había calmado un poco, cosa que no duró mucho, ya que a continuación me vi en un lugar horrible en donde dominaba la melancolía y el sufrimiento. Supliqué que esa pesadilla terminara. Abrí los ojos. Al principio no sabía dónde estaba, había poca luz. El ruido de los carros hería mis oídos. Traté de incorporarme, un dolor agudo se apoderó de mi cuerpo cubierto de sangre. Intenté recordar qué había sucedido, pero en mi mente todo permanecía difuso. A lo lejos el maullido de un gato me tomó por sorpresa. Una sombra pasó rápidamente y captó mi atención; traté de seguirla con la mirada, pero el movimiento hizo que me mareara. De pronto, unos pasos intimidantes pisaban los charcos y fueron aumentando gradualmente su intensidad. Repentinamente se ubicó frente a mí. FIN

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Escritos

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Escritos

Laura Assis Iragorri Gimnasio La Colina

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El poeta de los

seis lados

La cabeza de un buen poeta acicalado, Radica en su mantra de tener siempre un dado. Seis lados de lícita hechicería, Que embruja e hipnotiza hasta la herejía.

Y así, con un letrado y una alfombra Se llega al tercer lado, que no es ninguna sobra Siendo el majestuoso tres una pluma de tiempo total Que de inspiración llega ser mortal.

¿Qué lados son aquellos en el misterioso dado? Pues la pregunta no sobra, al ser el mínimo ente dotado, De un cerebro sin afán y muy mal logrado. El primero de los lados es simplemente el letrado.

El cuarto lado de este hexágono Trata el corazón del poeta, su ritmo y tono, Que bajo las notas de un hermoso lado a lado Expiran las palabras de un Shakespeare enamorado.

El segundo de los lados, siendo el más ladino, Termina siendo instrumento de Aladino, Porque una alfombra maravillosa que levita y no cobija Termina siendo la que a la imaginación lija.

Y así, el quinto lado no es más que desocupe y palabrería, Ya que será la última de las veces que la cursilería Conquiste uno que otro enervo, Porque si eres un poeta te debe fluir el verbo. El sexto de los complicados lados, Versátilmente y con muchos estados, Es el toque personal del susodicho, Que casi siempre es su capricho. FIN

Ilustrado por: Nicolás Zúñiga Vargas Gimnasio La Colina 8o

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María José Marcucci Núñez Gimnasio La Colina 9°

amor

Silencioso

Lo veo cada vez más, Mi alma es poseída por él. No hay nada que pueda hacer. Quisiera que de mi boca las palabras salieran. Me mira. Sus ojos atraviesan mi espíritu. Yo lo miro en respuesta, Con una mirada que sólo él puede entender. No atravieso su alma, sólo su corazón, Dándole tiempo para poder entender mi misterio. Le susurro al oído. Me da un beso en respuesta, Nuestros labios hacen lo que mis palabras no pueden. –Te amo –me dice. Yo le respondo con mi mirada, Con mi misteriosa mirada. Mis pestañas le mandan mensajes, Mientras nuestras manos se toman formando una poderosa cadena. Sus ojos siguen penetrando mi interior, Yo no lo puedo resistir, Me gustaría poder decir palabra alguna, Pero algo no me deja. Mis labios y mi espíritu Son una parte de nuestra situación. Trato de hablar nuevamente, pero las palabras no me salen. Una fuerza me lleva lejos de aquí. Abro los ojos. Todavía nos miramos. No hay nada que pueda romper nuestro contacto. Una mariposa pasa… Es una señal de que hay algo hermoso en nosotros. Él está a mi lado, Yo le digo –Yo también. FIN

Ilustrado por: Camilo Karatomi Hernández Gimnasio La Colina

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Escritos

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Escritos Simón Hoyos Cadavid Gimnasio La Colina 9°

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a i l a m i n Mecha

o un exhéroe. en nosotros com s un ái de ns ha io pe é ic ún qu in ¿A El sé ! anos Parte I: los sueños, no –¡Malditos hum o en el cielo de el ita qu en, chico. no ro pe Heme ahí, tirad s sí. Los borroso, to? Bueno, oíd bi es en do rim To . pe ar rd istía, pero vosotro co ex re n, no o nt aú za te ra in bo i m m ro ru , mpo pasado, pe en un lugar, sin en este mundo Hace mucho tie de y aquí flotando extendiéndose to ré es on ld er e sa fu o qu m co de có upo o m ni a hech cómo llegué pansión trajo humanos poco casi nula. No sé bargo, vuestra ex em í! n ¡S Si . a. go xi al la y y con memoria ga ha a es. Al no tener daví luego por la ón de los animal ría n, sí, hay algo, to ci or re C tin pe ex s. es re la ro ai s, s Pe la lo … el a aquí males, aniascendí chas cosas, entre ron los Mechani ento en el que ea y cr om os m e, az rs el br ta s do en lo er ía Recu ra alim blandos como Al correr extend más animales pa sarrollar tejidos raat de s, era un niño. y o on rte el ar pa gr vu s lo da ba e to za qu r e al po metálico y males de metal avión. Soñaba qu endoesqueleto un un o as e n al av co is m un os a e am er qu dón ro qued creía que los no sabían es s nubes de algo los vuestros. Pe erial. Lo que el n de at s, ¡oh! las bella ió m be o ac m nu ns is s se m la la l e ba de sa ve er. Claro to en qu un exoesqueleto s permitía aprend llegó el momen no o, al rg ci ba tifi em ar a n ci Si . teligen rompían aron. o. que el chip de in e al fin nos liber erpo más que un sueñ qu r cu i el se m a en en so to í pa nt en r se la vo s seguían sta que que llegó un mom iendo, pero ello dado cuenta ha nd a pa ba bí ra ex ha nt e os m co im en no fu e s Caía, tinguiendo por Abrí los ojos, m Poco a poco no un a nos estamos ex estaba cayendo. or En ah ad é. , rd ns te ve pe an st ”, de ob e iré qu tú debes ; “mor dominando. No humanos. Ahora s ré mis parpados lo er ra C s, ot . u tro io a so ic rm ip vo fo ec a icia de en el pr go había de un acabar con la hu culpa de la avar ro no al piso, al a lección. Debes pe í, un ca os to an r m en za hu om s pe m lvado. enseñarles a lo para volver a em i caída. Estaba sa a familia noble bajo de mis un de r ja iré de m amortiguado m , lo ar só ev y . manidad me empecé a el ar a nadie! – grité me En ese momento ! ¡No voy a mat azul en el que co al lo et ás m st ¡E un – lo ba precipicio, so e! – exclamó. an me elevaba, alza pies, no veía el – ¡Vos! ¡Miradm oculares brillab manera el metal na gu al r po de , ni . Sus diamantes ía o rle ca m o ira có N m a . bí ba no an sa e lla st o bl ha ese in te ado. N Era imposi is párpados. En rix me había salv m pe n ex ba tio tra en ne n pe U que hasta vuelo. con tal lucidez tanto tiempo, y r po o. o ch z ad he ve us a ca bí na a ha algu mano habí qué, solo lo en: muerte majestuoso que vi lo que el hu as que lo describ br es el animal más la ha pa rix lo s pe as do ex rg do la tio y ra en é, s El cont Sus alas grande r lo que me volte ahora sólo he en por el hombre. ver más eso, po bamos a ba cá rta er po ac so s o no N o haya sido creado xia. Cuand y devastación. do en esta gala , exclamé: vían en ellas, vi e qu é cían el más rápi rd palda hacia ella co es re la e, n nt co fre y en a una cuev una montaña, vi – ¡Está bien! nuestro destino. ería m se s e to es ci r da ce pe re s? y al pa causado queños – ¿Me ayudarei sotros hayamos s crías, esos pe su no e an e qu cí r qu ya ee ya a cr ev e, o erm pued En la cu Intentaron com – Hmm, ¡sí! No e alzaban vuelo. qu as de en s dije exaltado. ap te e an qu o, tálicos puede ser así! – sin embarg o o; ¡n nto! , añ to m es ta en s los s vece n el entrenamie ras me miraba a Empecemos co nt me superaban tre o! ie ct m fe y er vo ¡P – tu de la madre los n asombro. ? pudieran hacerlo ? – pregunté co jo: ué di ¿Q es – ar ul a la humanidad oc s te s diaman e íbais a derrotar qu is te as a. ol ns ojos con sus tre nd pe é mirá – ¿Cómo vos…- me qued bía pensado. rgo receso. la –El elegido sois un s hacerde s ué , pues…no lo ha sp Eh – de , fin aridad si queréi al cl dí ás on m sp n tie re co la ?ar is ué ns yá e pe –¿Q…Q e vosotros destru entrenará con – Niño, tenéis qu ve para evitar qu ro que crecerá y lla ñe la pa is m né co te un os id –V eg ro se va lo. Pero antes, el uno muere el ot Si s. bo am de ó. de la vida rra – afirm un animal! huevos. vos hasta el fin que yo, e…eres lando un par de . ás tó ña m se un s jo eg be di pr sa e – o m N o? –¡ en os han dich con él. Elegid bi s superiores no termide s te an –¿Qué? ¿Vuestro ro RÁ…) A pe U r, N é deci (CONTI FIN . je, bueno, intent ito gr su n co lló –Decir q… - di ente y me ca m te er fu as al s dió la nar la frase sacu

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Daniel Mateo Posso González Gimnasio La Colina 9°

Todo en este mundo tiene solución,

E

excepto la muerte

l puñal con el que habían asesinado a mi padre chorreaba sangre, y aunque sentía dolor por ello era más grande el miedo a ser el siguiente en morir, hasta que la sombra que sostenía el puñal cayó y empezó a desvanecerse lentamente frente al cuerpo del hombre a quien había asesinado. Su corta vida, de un día, había acabado y por fin podía regresar a la casa junto con el cuerpo de mi difunto padre para poder revivirlo. - Y creer que esta es la decimoquinta vez que te asesina una sombra de la misma estúpida manera – le dije aún sabiendo que no habría respuesta alguna–, y para colmo, ni siquiera pudimos sacarle el diamante de su ojo. Cuando llegué encontré a mi madre preparando la comida. Ella dejó lo que estaba haciendo y miró a mi padre con una cara de asco. - ¿Cuántas veces te he dicho que no traigas el cuerpo de tu padre cuando vamos a comer? – dijo furiosa – Bueno, ve y revívelo rápido antes de que se enfríe la comida. Subí al cuarto de mi padre, donde encontré a mi hermanita y al descarado del perro jugando en la cama. - Liz, ¿podrías bajar a Motas de la cama y venir a ayudarme con papá? - ¿Cuántas veces tengo que hacer esto para que mi papá entienda que tiene que dejar de morirse? Tomó un pequeño frasco que estaba en el nochero de mi padre y se lo hizo tomar al perro, después sacó una navaja que cargaba en el bolsillo y con mucho cuidado le extrajo un diente al pequeño Motas, que le volvería a crecer en unos tres o cuatro días. El pobre empezó a llorar cuando vio a su amo pálido y con la inmensa herida cubierta de sangre. Liz rompió el diente y adentro encontró una de las almas de reserva de papá que se movía inquieta.

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- Cúralo superficialmente – me dijo furiosa –, para que sepa que no me gusta que hagan llorar al pobre Motas. Arranqué un pelo del perro y lo puse sobre la herida, que poco a poco se fue curando, pero Liz lo sacó rápidamente y dejó la herida a medio sanar. Dejó caer el alma en uno de los ojos de papá, que poco a poco tomó color, hasta que lentamente empezó a desperezarse y sintió el tironazo de la herida sin sanar. Mientras tanto, el perro comenzó a ladrarle, y mi padre dijo: - Liz, qué te he dicho de revivir a las personas sin curarlas totalmente. - Eso te pasa por hacer sufrir al pobre Motas. - Está bien, está bien – respondió –. No voy a morir de ahora en adelante. Bajamos a comer, y el perro no paraba de gruñirle y ladrarle a mi padre, y mientras cenábamos empezó a morderle repetidamente la pierna hasta que se cansó. Lo pateo, alejándolo, así sacó el revólver y de un solo balazo hizo estallar su cabeza. Mi madre tiró los cubiertos y le gritó a mi papá: – ¿Qué te he dicho de muertos en el comedor? Mi hermana, sin dudarlo, le arrancó un pelo del pecho a mi papá, con un plato que rompió en su cabeza y con unas pinzas que cargaba en sus bolsillos le sacó un diente y después regó una las almas de reserva de Motas que estaba en la boca de mi padre. Con el pasar de los años el proceso se repitió y se repitió hasta que mi madre murió de vieja y Liz ya no tenía suficientes fuerzas para sacar un diente, y mi padre un día nunca volvió a levantarse y el perro no hizo más que llorar al lado del amo que le concedió y le quitó la vida tantas veces. FIN


Escritos Julián González Martelo Gimnasio La Colina 10°

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Pepe:

ornitorrinco rosado

E

l día se prestaba para un baño en el estanque, ya que el sol calentaba fuertemente. Se comentaba que quienes miraran fijamente a esa estrella roja, una ceguera blanca habrían de padecer. El viento revelaba secretos y acariciaba gentilmente a las orquídeas, quienes danzaban al compás que la brisa marcaba. En el aire los pájaros cantaban gozosamente, su melodía hipnotizaba a todo ser que la escuchaba, era armoniosa. La hierba, envuelta en una niebla expedía, un olor agradable y dulzón. El sonido del agua al caer sobre las piedras sosegaba incluso a la bestia más grande. En resumen, era un buen día. Pepe se despertó y decidió tomar un baño en el estanque. Se lavó la cara y después utilizó el baño. Meditó sobre si debía desayunar o no, decidió utilizar ese tiempo para recostarse sobre la hierba dulce. Se puso una pantaloneta café, con trozos de tela sobre la misma tela, que era su preferida. Agarró una camisa con la costura por fuera, bastante peculiar. Pepe atraía todas miradas cuando caminaba, y todos los ornitorrincos comentaban sobre él. Al tanto de esto, Pepe marchaba con una sonrisa de oreja a oreja. Andaba con el pecho en alto, lleno de orgullo, por ser un ornitorrinco rosado. Era tanto el respeto que expelía que algunos ornitorrincos se cambiaban de andén al verlo caminar frente a ellos. Pepe ni se inmutaba y seguía caminando, él era mejor que todos los demás. Desde sus carros o sus ventanas algunos ornitorrincos hembra lo veían caminar pero cuando Pepe les dirigía la mirada rápidamente fijaban sus ojos en otras cosas. Esperaban que Pepe no se les acercara ni les hablara, de lo contrario quedarían petrificadas sin poder hablarle. Pepe era el mejor ornitorrinco, a parte, ¡era rosado! Sabiendo que era el mejor Pepe continuó con su camino hacia el estanque, porque no quería gastar su valioso tiempo en hembras que no eran dignas de él. Al fin llegó al estanque y todo era perfecto. Mientras se bañaba el tiempo se detenía lentamente, sus rosados cabellos húmedos lo hacían ver más atractivo. Todos en el estanque lo observaban deslumbrados. Pepe se dio cuenta que sólo habían pasado diez minutos desde que había salido de su casa, escuchó un rugido proveniente de su estómago. Algo estaba sucediendo, todas las miradas se convirtieron en disparos de rechazo, todo lo que estaba viendo cambiaba bruscamente, ahora se le burlaban y lo miraban con pesar. Pepe miró a su alrededor y cayó en cuenta que estaba en una fuente al lado de una avenida, el agua era oscura y estaba a punto de llover. El sonido de los carros era ensordecedor y la basura de la calle despedía un olor desagradable. Un hombre pasó cerca a Pepe y él se agachó a recoger un lápiz, que había dejado caer deliberadamente para dejar a la vista sus depiladas y musculosas piernas, en las que ciertos atributos eran revelados, contrariando todo lo que aparentaba ser. El hombre le pegó una fuerte nalgada a Pepe acompañada de una exclamación burlesca: “¡qué marica!” Pepe encendió otro cacho, esperando volver al estanque a remojar sus rosados cabellos. FIN

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María Camila Sierra Zuluaga Gimnasio La Colina 11°

SIGO

SIN CREER Que me hayan dado dieciocho horas para amarrar perdidos finales, hacer enmiendas, en sus ojos se encuentra todo y empieza a caer el silencio; aquel que defiende. Mi cabeza da vueltas alrededor, no hay tiempo para sentarse, sólo quiero correr, Correr y seguir corriendo. ¡Cuidado! Ellos dicen: no desees mucho en la vida tan rápidamente. Ahora tengo menos de un día y no puedo creer que haya estado desperdiciando mi tiempo. En dieciocho horas habrá flores sobre mi vida, el final es esta noche… No estoy jugando, lo único que necesito es tu bendición. ¿Tu promesa de vivir libre? ¡Por favor, hazlo por mí! ¿Hay acaso un cielo y un infierno? ¡Regresaré! ¿Quién podrá decir que no? Ahora puedo ver lo que me importa, es claro y cristalino: los lugares en los que he estado, las personas que conocí y los planes que hice empiezan a decaer y a desvanecerse. El sol empieza a volverse dorado, pensé en volverme grande, pero en realidad no estaba escrito en mi destino.

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Ilustrado por: Camilo Arturo Martínez Andrade Gimnasio La Colina No puedo creer cómo he perdido mi tiempo. En diecisiete horas habrá flores sobre mi vida, el final es esta noche… No estoy jugando, lo único que necesito es tu bendición. ¿Tu promesa de vivir libre? ¡Por favor, hazlo por mí! No estoy sola, lo presiento, lo presiento. Todo lo que dije lo sentí y lo pretendí, pues nada se dice o viene por accidente, y no puedo creer cómo he perdido mi tiempo. En una hora habrá flores sobre mi vida, el final es esta noche… No estoy jugando, lo único que necesito es tu bendición. ¿Tu promesa de vivir libre? ¡Por favor, hazlo por mí! ¿Cómo calmar esta profunda obsesión? ¿Cómo le explico a mi alma que se terminó y que el sueño será profundo y eterno? Jamás me sentí de esta forma; justo cuando termino vuelvo por más, pero ahora nada más parece importar. En solo un minuto habrá flores sobre mí vida, el final es esta noche… No estoy jugando, lo único que necesito es tu bendición. ¿Tu promesa de vivir libre? ¡Hazlo por mí! FIN


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Colegio

Jefferson Ilustrado por: Alejandra Bensur Colegio Jefferson

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Juan Fernando Céspedes Colegio Jefferson 8°

Adiós

Martín “

Adiós Martín, nos vemos en casa de mi mamá” gritó Emilia mientras corría hacia la puerta. “Espero que este sea el mejor cumpleaños de mi vida” terminó la frase con un murmullo satisfecho mientras salía de casa. Martín se aplicó un poco de loción, cogió las llaves de su auto, bajó las escaleras y abrió la puerta mientras se despedía de su padre con un gesto cotidiano “nos vemos más tarde… bendiciones”. El no recibir respuesta de su anciano, aunque vigoroso padre, bastó para volver a la sala. Subió las escaleras y entró al cuarto de huéspedes, como quien espera aclarar alguna confusión pasajera. El espectáculo que le esperaba parecía estar dispuesto en su totalidad por uno de los personajes de Poe. Su padre yacía recostado en la cama, cántaros de sangre derramados en la tela de poliéster y absorbidos por ella inundaban el panorama, y un cuchillo de veinticinco centímetros permanecía clavado en su espalda. Nada podría borrar la imagen de aquel rojo y fluido encuentro. “¡Isabel! ¡¿Dónde estás?!” Martín gritó con desespero. Baja y lánguida, de cabello negro y levemente iluminado con el recuerdo de lunas pasadas, Isabel era aquella madrastra típica que siempre callaba cuanto quería en su vida. Martín esperaba alguna palabra, alguna señal de que al menos respiraba. En el momento en el que Martín salió de la habitación vio a Isabel parada en medio de la sala, con una expresión despreocupada y una mirada que reflejaba la maldad. Las luces se apagaron completamente y Martín se quedó desubicado en medio de la línea que unía en un solo camino todas las habitaciones. Cuando pudo aclarar su vista y reconocer el entorno, corrió por todo el corredor hasta llegar a la habitación principal en la que trató de esconderse de Isabel; dedujo que ella caminaba en su búsqueda. Martín se refugiaba al lado del mueble de granadillo argentino, parecía una liebre huyendo del zorro que va en su caza. En el mueble estaba el televisor, de pronto empezó a ver una sombra proIlustrado por: Alejandra Bensur Colegio Jefferson 8o

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yectada por la aclarecida y centelleante ventana de vitral que se ubicaba a su izquierda pero que el gran mueble del televisor ocultaba, era la sombra de Isabel. Se oían unos pasos sordos, uno tras otro, hasta que el sonido se hizo agudo y Martín pudo ver la punta del zapato de Isabel frente al mueble. Mientras asomaba sus ojos levemente hacia arriba, se dio cuenta de que Isabel observaba el horizonte como quien trae memorias lejanas y amargas, ahogadas en la ventana del cuarto. Isabel se devolvió, salió de la alcoba y caminó por el pasillo con pasos ligeros, se acercó a Martín. Sus pies dejaron el escándalo y cayó el silencio. En ese preciso instante Martín decidió levantarse y buscar ayuda. Intentó llamar a la policía desde su teléfono celular, pero no había señal. El joven corrió por todo el corredor evitando ser visto. Después entró corriendo al cuarto de huéspedes, donde volvió a esconderse. Isabel entró en la habitación, cogió el cuchillo aún fresco y dijo en tono sollozante “ya estoy cansada, siempre es igual y tú sabes por qué… ¿por qué lo hago?”. Martín, muy confundido y recostado contra la pared, respondió con un grito de queja, de reclamo confuso y oprimido “¿por qué haces esto?”. Isabel apretaba cada vez con más fuerza el mango del cuchillo y rechinaba los dientes con rabia. Mientras que Isabel se acercaba cautelosa, alzando el cuchillo, Martín se recostaba cada vez más como si fuera a traspasar las paredes para poder escapar. “Durante mucho tiempo me tocó cuidar a tu padre. Tu madre murió y me dejó el residuo de un hombre. Tú te casaste con Emilia, y a mí… ¿quién tendrá fuerzas para amarme?”. FIN

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Agonía

Mateo Barreto Velasco Colegio Jefferson 8°

De entrañas virginales tú naciste. Solitaria y callada, incomprendida y sin consuelo, mujer de impetuosa perseverancia. Pudiste crecer entre soles florecidos. Piel canela, ojos de carbón sereno. De tus calles fue raptada la tarde. Y se tornó oscura y silenciosa.… Silencio infinito colmado de sueños, obteniendo de la muerte su mejor instante. Verde de llanto y agonía. Soledad que cambia, y que muta en el incipiente deseo del caído.

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Una última cena y después, una horda de negros cuervos que se izan raptados, con la noche a cuestas… Pero aun así conservas la danza, acento y vaho de caña. Voluptuosa contradicción sois la planicie entre colosales cerros. Pasión y efervescencia, corría por tu sangre el brillo de los Valles, pero ese latir ha dejado su corazón de lado y eructa sus deseos banales de consumo.

FIN

Ilustrado por: María Camila Robledo Colegio Jefferson 8o


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Con una Sola Ala

Juan Manuel Sinisterra Colegio Jefferson 6°

Varios meses antes del incidente, en mi mente estaba sonando un cántico ultraterrenal que rezaba: Estuans interius ira vehementi, estuans interius ira vehementi, Sephiroth, Sephiroth, Sors immanis et inanis sors immanis et inanis Veni, veni, venias ne me mori facias veni, veni, venias ne me mori facias Veni, veni, venias gloriossa ne me mori facias generosa veni, veni, venias gloriossa, ne me mori facias generosa Sephiroth, Sephiroth, Sephiroth Sólo sabía que era un antiguo cántico en latín. Si al menos hubiera conocido su significado en ese momento, pero ya es demasiado tarde. Bueno, ya que estamos aquí, bien podría contarles mi historia. Aproximadamente una semana después de que el místico canto comenzara a sonar en mi mente, un nuevo estudiante ingresó a mi clase. Su nombre era Seth, era estadouniden-

se. Era un chico muy introvertido y tenía unas características físicas que lo hacían diferente: su pelo de color plateado resplandecía, caía hasta la base de su cabeza y le cubría parcialmente el ojo derecho. Luego estaban sus ojos; no había persona que los viera y no quedara impactado, tenía cada iris de un color distinto. El izquierdo era azul claro, como el que se puede esperar ver en un cielo calmado; el derecho era amarillo brillante, como el que se puede observar en el borde de una llama; aun así, ambos brillaban como diamantes y daban la impresión de que era una persona muy inteligente. Estas características lo hacían sobresalir, aunque se notaba que él quería pasar desapercibido. “Hola a todos”, dijo con un aire un poco ausente al presentarse en clase de latín, “mi nombre es Seth Loguetown”. Me pareció muy joven para estar en el tercer curso de la facultad de lenguas, y aún más en la universidad de Syracuse. Pero no tuve tiempo de pensar nada más, pues ya se había sentado en el único puesto libre, que por los caprichos del destino quedaba a mi lado. Sus extraños ojos se posaron en mí. Por un momento sentí que estaba hurgando hasta en lo más profundo de mi alma, y un poco mareado por la experiencia pronuncié una sola palabra sin apartar mi mirada de sus ojos: “Bienvenido”. Había algo en esos ojos, como si me atraparan y al mismo tiempo me dijeran que huyera. No pude evitar ver que abría un libro con un título en algún tipo de lenguaje rúnico. Noté algo que me impactó tanto que casi me caigo de la silla, sus brazos estaban cubiertos de raspones y moretones, en su mano derecha tenía una extraña cicatriz parecida a un círculo del que surgían tres alas grandes de apariencia angelical; en su mano izquierda había una venda con unas pocas manchas sanguinolentas.

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“Oye Seth, ¿qué diablos te pasó?” pregunté en voz baja. Él se quedó callado por un tiempo, pero luego… “tu nombre” murmuró clavándome esos penetrantes ojos suyos. “¿Qué?”, pregunté extrañado. “Cuál es tu nombre” dijo, pero no como un interrogante sino como una demanda. “Mi nombre es Alejandro Torres, pero todos aquí me dicen Saiko” respondí un poco intimidado. Sí, me decían Saiko para mi desgracia. El apodo surgió gracias a mis excelentes calificaciones y al idiota de Pérez que le anda poniendo sobrenombres a todo el mundo. Él descubrió la traducción de la palabra excelente en japonés mientras hacía un trabajo sobre lenguas orientales, y decidió que sería un buen apodo para mí. Obviamente, lo odio desde entonces. “Está bien, Saiko” dijo Seth, con ese tono autoritario que había empezado a reconocer en él, “te diré cuando sienta que puedo confiar en ti”. “Dios” dije para mis adentros, “bueno, supongo que esta vez es mi culpa que me diga así”. Al terminar la clase fui con Seth a comprar algo, luego me señaló un árbol que yo había detallado antes, era especialmente frondoso y transmitía un aire enigmático. De camino al árbol, Pérez me detuvo “oye Saiko” dijo, “¿cómo lograste penetrar la máscara de hierro de ese loco anarquista?”. “El único loco que conozco eres tú, Pérez” respondí con hostilidad, y lo deje ahí, con su cara de bobo, sin decir una sola palabra más. Al llegar al árbol vi a dos jóvenes sentados en las ramas. Uno era alto, musculoso, de piel bronceada y pelo azul muy oscuro, tenía los ojos tan extraños como los de Seth pero de colores verde y morado; vestía con una camiseta sin mangas y un pantalón largo de tonos gris y azul oscuro. El otro era más bajo, pálido, de cabello castaño y con los ojos de colores rojo y gris; vestía una gabardina roja, una camiseta negra y un pantalón del mismo tono. “Mis medio hermanos, Angeal Hewley y Genesis Rhapsodus” dijo Seth, después agregó “Genesis tiene neumonía”. “¿No tienes hermanas?” pregunté. “No” respondió de una forma seca y cortante. “Oye Seth” dijo Angeal, que era el más musculoso, “¿quién es tu amiguito?”, en tono de burla. “Cállate, Angeal” cortó Seth con severidad. En ese momento sonó en mi mente parte del extraño cántico. Estuans interius vehementi

ira estuans interius

ira vehementi

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Ignoré el sonido e intenté conversar con los tres hermanos, que me invitaron a pasar por su casa. Sus padres me parecieron muy amables y me quedé con ellos hasta muy entrada la noche. Mientras iba hacia mi casa me pregunté por qué eran tan extraños cuando estaban en la Universidad, si fuera de ella eran tan simpáticos. Pasaron varios meses en los que Seth y yo nos volvimos buenos amigos, éramos casi inseparables. Recuerdo que en esos meses aumentó el número de desastres naturales y de accidentes fatales en la zona. Los atardeceres se teñían de extraños visos tornasoles y anaranjados. Un día salimos a caminar por los bosques cercanos a la Universidad, durante el camino Seth me dijo con una voz pesada y triste “te tengo que contar algo”, luego agregó “¿recuerdas que te dije que cuando confiara lo suficiente en ti te contaría qué me pasó?”. “Si, lo recuerdo bien” respondí, estaba intrigado por saber lo que me diría. “Entonces, observa con atención” sentenció; un segundo después la figura de Seth desapareció para ser reemplazada por la de un ser enorme con seis alas blancas en vez de pies y un ala negra en el lugar de la mano derecha; no tenía camisa, lo que dejaba ver que era muy musculoso; y su pelo, que seguía igual de plateado, le llegaba hasta los hombros; en la mano que le quedaba tenía grabado un símbolo extraño con reflejos dorados. “Nosotros no somos humanos” dijo Seth, o lo que fuera esa criatura, su voz sonaba cavernosa y hundida en un eco lejano. “Somos multimorfos que hemos vivido como humanos por muchos años. Mi nombre es Sephiroth, el Seraphim caído” concluyó con tristeza. “Mi nombre es Penance, el guardián desesperado” dijo Angeal, que, de repente, apareció convertido en un híbrido de gorila y lobo con alas blancas y unas marcas blancas en los brazos. “Y yo soy Génesis Avatar, el templario condenado” concluyó Génesis, que se había convertido en un caballero de tamaño descomunal, envuelto en armadura roja como teñida de sangre; a éste le salían alas negras de la espalda. “Vinimos a buscar humanos de corazón puro y noble, capaces de abrirle la puerta a seres extraños como nosotros. Ahora que sabes nuestro secreto debemos irnos” se lamentó Seth, es decir, Sephiroth, pero yo no estaba muy claro; esto me tenía un poco aturdido. “Me alegro de haberte conocido”, posó su ala sobre mi hombro. “Adiós, Alejandro” fue lo último que me dijo, y luego desapareció en la nada profunda y melancólica. Días después noté que me estaba saliendo un símbolo extraño en el hombro derecho y que mi iris derecho se estaba volviendo escarlata. Empaqué mis cosas y salí hacia el bosque en una noche oscura y sin estrellas. FIN

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Ilustrado por: Ana Cristina Saavedra Colegio Jefferson 8o


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Isabella Caro Colegio Jefferson 9°

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Por

siempre Danza siniestra de la Diosa Amazónica, Flameando por jaspeadas ventanas de cristal, Encomiéndanos esta verde conmoción, Asfíxianos dulcemente con la penumbra de tu mirada. Bajo las sombras de los frondosos manglares Veo la cuna de tus ilusiones dormidas, Al ser engañada, nadas en busca de tu fin, Desplazando los sonidos de la lluvia, Echas tu equipaje a la laguna primaveral, Inundas mi ser con tu intangible presencia Y, cual vikinga, dispones una nueva ruta. No le permitas a tu mente huir, déjate llevar. Esta es la travesía de la hermosa ninfa Harmonía, Ilustra maravillas, anhela el mañana Y el polen de las campanas encerrarás en trance. El musgo emprende el viaje sobre mi piel, Mi esencia se refleja en delirios naturales Y las mariposas besan tus sueños, Y tú las ves en el epicentro de tu agonía, Ellas conocen la entrada a tus anhelos invernales. El felino desprende sus garras de la Luna Y baila junto a los lirios cantores, Destella vacíos mordaces Acabando con los restos de conciencia, Y de mis labios se liberan las hojas de nogal Que en tu cabellera encuentran el sosiego.

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De pronto, el verde selvático es eclipsado por un crudo magenta, La anciana nos observa desde su ventana de nácar, Sus finos rizos plateados nunca contarán Lo bizarro de tan oscura sensación. Duendecillo valiente, toca la lira para mí, Fluye a través de los aros efímeros Notas de lobreguez, deleite de los sabios. Sois mis amos… yo os amo. El voltaje comienza a recorrer mis venas, Nervio por nervio despierta mis entrañas, Va matando afanadamente mis células de éxtasis, No espero más que abortar esta hiper-realidad. Espectros de luz seducen tu naturaleza. Mi cuerpo es sólo masa sin electricidad, Raíces crecen de mis pies, me recuerdan lo que fui. Veo que me quieres tener aquí. Deja cristalizar este momento, Si logro escapar, prometo dejarte Pero la melodía me lleva por el cuello, Hasta las quinientas mil libélulas Del subsuelo de tu ser. Al final el vacío se llena, La Luna ya no espera, el Sol se disuelve en destellos, El sueño se aplaza, la criatura logra vencerme Y su ilusión me esclavizará por siempre. FIN

Ilustrado por: Manuela Tenorio Sanclemente Colegio Jefferson 8o

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Juan Felipe Velasco Colegio Jefferson 11°

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Cuando

se va Mamá…

maneció. Mamá, que había estado muy enferma, debía salir a encontrarse con su médico, pues el ambiente en la casa empezaba a degenerarse con su afección. Vio que los niños dormían y decidió aprovechar el momento para salir sin ser percibida. Lo hizo. Olvidó, sin embargo, apagar el televisor de la sala que en el momento transmitía las imágenes del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Anarcos se despertó primero. Notó la ausencia de Mamá y se alegró. Ella nunca había sido de su agrado. Desde que tuvo razón había decidido no acatar sus reglas, mucho menos obedecer sus castigos, aunque Anarcos no era precisamente la clase de hijo que mereciera sanciones con frecuencia. Rouss, mientras tanto, dormía profundamente, ya que en ese momento dormir era lo que lo satisfacía. El televisor emitió un sonido estrepitoso, el de un rayo; ahora estaban pasando un documental sobre tormentas eléctricas. Con el estruendo, Hobb, el tercer hijo, abrió inmediatamente los ojos y se levantó de su cama, asustado y precavido como de costumbre. Caminó con el ceño fruncido hacia la cocina, donde Anarcos se pre-

paraba tranquilamente su desayuno. Mientras silenciosamente veía a su hermano servirse el jugo, algo llamó su atención en el patio; era una pelota. Deseó jugar con ella. Lanzó un gruñido retador a Anarcos, que ni se había percatado de su presencia, y enseguida corrió endemoniado buscando llegar primero al balón. Anarcos siguió desayunando, calmo y moderado. Cuando Anarcos terminó de desayunar lavó los platos. Se sentó en la sala a ver Los Picapiedras, mientras Hobb seguía en el patio jugando con la pelota. Rouss, que se la había pasado durmiendo, sintió hambre y se despertó. No hablaba, jamás se le había escuchado decir una palabra y, en realidad, no las necesitaba mucho dado que rara vez interactuaba con sus hermanos. Se dirigió a la cocina a buscar algo que satisficiera su necesidad. Abrió la nevera y no había nada, la comida se había acabado. Desde el piso observó detenidamente las alacenas. No vio nada distinto a una lata de atún, una sola lata de atún. Intentó alcanzarla, pero estaba muy alta. Saltó una y otra vez desesperado, estirando la mano lo que más podía. La lata, sin embargo, estaba muy alta, mucho más alta de lo que sus dedos podían tocar con la

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ayuda del más fuerte de sus saltos. Insistió con sus brincos, como sin darse cuenta de que no estaba logrando ningún avance. Anarcos, sentado en el sofá, giró la cabeza hacia la cocina, donde Rouss luchaba persistente, pero inútilmente, contra las desfavorables dimensiones de la alacena. Interrumpió su actividad y solidariamente le acercó un asiento de los del comedor a Rouss, para que se parara sobre él y lograra por fin su cometido. Hobb, que había estado jugando con la pelota en el patio, no sintió más deseos de recrearse con el juguete redondo y, por el contrario, deseó el reposo, estaba cansado y hambriento. Antes de entrar a la casa a buscar algo de comer, se apropió de la pelota y la escondió entre los arbustos por si en el futuro quería jugar de nuevo, ahora él tenía poder sobre ella. Así pues, se fue a la cocina lentamente, dando cada paso con precaución, detallando exasperado su alrededor, como si temiera un ataque repentino de quién sabe quién. No sabía, obviamente, que la última reserva alimenticia en la casa estaba a punto de ser devorada por Rouss. Los Picapiedras habían llegado a su fin. La hora de los Looney Toons había comenzado y el coyote, una vez más, se las ingeniaba para destruir al correcaminos. Después de ayudarle a Rouss, Anarcos se fue a su cuarto. Hobb abrió la puerta trasera que conectaba la sala con el patio y entró a la casa. Fue a la cocina, llevaba el ceño fruncido (algo habitual, muy habitual en él) y notó inmediatamente que Rouss se había apoderado de lo que él apetecía. Sin siquiera reparar en qué otras opciones nutritivas podría tener (aunque no había ninguna otra), se abalanzó violentamente contra su hermano con la intención de herirlo para despojarlo de la lata de atún. Rouss, anonadado y golpeado, logró alejarse por un instante de las garras hirientes de Hobb, quien ahora poseía el alimento. Antes de reaccionar, Rouss echó el último vistazo a las vacías alacenas donde esperaba encontrar otra lata, pues prefería buscar una última opción antes que entrar en conflicto; no era para nada combativo dado que el sufrimiento ajeno lo acongojaba. Pero en esta ocasión se enfrentaba a un dilema: no había más comida en

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Escritos

creativos

la casa y el único sustento estaba ahora en otras manos. Supo que si no actuaba de inmediato tendría que esperar quién sabe cuánto tiempo a que Mamá volviera (si es que volvía) para satisfacer su hambre. Sin más ni más Rouss atacó a Hobb, dejando a un lado su arraigada compasión. Ahora se trataba de su supervivencia. El combate rápidamente se inclinó a favor de Rouss que era fuerte, ágil y rara vez se enfermaba. Por mucho que le apenara ver sufrir a su hermano sabía que debía contrarrestarlo para obtener la comida. Arrebató la lata de las manos de Hobb y, para suspender tanto dolor, intentó correr con ella a un lugar donde no estuviera amenazado, pero antes de que pudiera hacerlo, Hobb con la espalda contra el piso, alcanzó la gaveta de los cubiertos, sacó un cuchillo y velozmente lo clavó en la espalda de Rouss antes de que éste pudiera escapar. En el televisor, el coyote consiguió por fin aniquilar al correcaminos con uno de sus tantos experimentos marca Acme y se sintió más poderoso que nunca. Anarcos escuchó el alboroto y se dirigió lo más rápido que pudo a la cocina. Vio el cuerpo de Rouss tendido boca abajo sobre una mancha roja, vio a Hobb, al lado, disfrutando del sabor de su trofeo. Hobb giró inmediatamente su cabeza hacia Anarcos quien no supo qué hacer, sentirse superior a los otros y sancionarlos como si tuviese más poder iba en contra de sí mismo. Amenazado y temeroso de que lo despojaran de la lata de atún, Hobb pensó en atacar nuevamente. Antes de que pudiera hacerlo, entró Mamá. El ruido de la puerta que se abría generó un suspenso inmediato, ambos se quedaron inmóviles, estáticos. Mamá no los encontró en sus cuartos y por eso caminó hacia la cocina. Una vez allí, presenció la dramática escena. Hobb fue castigado duramente por sus actos. Mamá entendió que por más enferma que estuviera, su presencia en la casa, de una u otra forma, mantenía las cosas en cierto orden. Jamás debió haber salido. FIN

Ilustrado por: Marcela Peña Colegio Jefferson 8o


Escritos

Lina Rozo Moreno Colegio Jefferson 11°

creativos

De

azul

Dicen que al morir podría ir al cielo, que allá en la eternidad sería juzgado, que si me encuentran justo sería bueno, y que siendo bueno, junto al padre sería sentado. Cuando muera iré al cielo, no seré juzgado, no me encontrarán ni justo ni bueno, la justicia y la bondad son nombre propio de falacias, ningún arcángel me abrirá las puertas al paraíso, el paraíso no habita mis anhelos… Iré al cielo e iré al cielo. Volaré tan alto que no podré ver el suelo, tan alto que Ícaro, desde el tártaro, enfurecerá de celos, tan alto, que los mirlos trinarán de asombro. Habitaré el averno de los soles, y que las sombras me cubran y la escarcha me congele; y entonces, moriré en la más hermosa y la más triste de las muertes. Mi ser se disipará en rocío y copos de cristal y plata se esparcirán brillando, impregnando de mí la inmensidad del orbe, signando así la eternidad de mi existencia. FIN

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Julián Montalvo Colegio Jefferson 6°

El sirviente

I. LA DESAPARICIÓN Bastó un grito para ensordecer y aplacar el ruido de las bulliciosas calles de Florencia, un martes, día de mercado. El origen de semejante chirrido era una de las cosas más impresionantes que probablemente conocerán en sus vidas. El cuerpo de una mujer como de treinta años yacía en el suelo, y sus sesos remojaban de sangre el rocoso piso de la plaza. Una aldeana rústica estaba al lado del cuerpo, y en medio de su llanto gritaba “ella tuvo un bebé, ¡pero ella era virgen!” “¿Dónde está el bebé?” le preguntó un clérigo alarmado. “No sé” gimió ella, “ha desaparecido”. Los presentes buscaron al bebé con desesperación y angustia por toda la plaza y por toda la aldea. Al final, el clérigo tartamudeó unas palabras que helaron la sangre: — ¡Fue Archibald! Por la plaza se extendió un silencio fúnebre. La expresión de terror en las caras de las personas era tan horrible que los inocentes niños que veían el rostro de los adultos, lloraban del susto. II. ARCHIBALD, ÁNGEL DESTERRADO, SIRVIENTE DEMONÍACO La plaza de la aldea medieval, silenciosa como la noche, parecía el velorio de un Papa. La muchedumbre estaba atónita. El nombre Archibald resonaba como un eco interminable en todas las mentes. De repente, un niño preguntó ¿quién es Archibald?”. Tras un breve período de tenso silencio, el clérigo se paró en el cadalso (que hacía como de podio) y anunció: – ¡Archibald es un mito! Nadie jamás sabrá quién es él. Pero se cree que es un ángel desterrado de los cielos y convertido en demonio. Archibald roba niños de mujeres que tuvieron relaciones a escondidas, y que se creía que eran vírgenes. Pero, como la mayoría debe saber, una mujer no puede tener hijos mientras sea virgen; a menos que sea una reencarnación divina, alguien a quien el Espíritu Santo engendre un ser en su vientre. Archibald mata estos bebés para evitar que,

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Escritos

creativos

según la leyenda, nazcan futuros Mesías o profetas que puedan convertirse en santos. De repente, un filósofo escéptico, muy incrédulo, exclamó: – ¡Archibald es un hombre! Todos creen que es malo, pero sucede que tiene una enfermedad mental que lo impulsa a asesinar recién nacidos. Un estremecedor murmullo inundó la plaza. El clérigo buscó con mirada feroz al hombre que lo había contrariado, pero éste había desaparecido entre la muchedumbre. III. LOS CREYENTES Al día siguiente, todas las fachadas de las casas y los muros de piedra estaban manchados con la sangre de un cordero que habían sacrificado para expulsar el maligno espíritu de Archibald. Había religiosos y sacerdotes de todas las jerarquías orando con fervor. Los guardias llevaban puestos broches en forma de cruz. Todos oraban a Dios, excepto el filósofo. Se estaba preparando una procesión. La procesión se llevó a cabo faltando poco para el medio día. Era en honor a los santos, a la Virgen y a Jesucristo. Duró largas horas, mientras el filósofo miraba aburrido los tristes rostros de los personajes más significativos de la pasión de Cristo. El sacerdote lideraba la procesión, cargaba una cruz de madera y entonaba los cánticos al Espíritu Santo que se usaban en los exorcismos. El incrédulo filósofo deambulaba sin rumbo por una solitaria callejuela, se preguntaba qué podía ser aquella “deidad” a la que tanta gente le tenía devoción. También pensaba en qué más era el demonio fuera de una representación del mal en determinadas religiones, y de qué manera Archibald le rendía culto al demonio. IV. EL ORIGEN La procesión terminó a la media noche, y cuando todos pensaban en irse a dormir la gigantesca figura de un encapuchado se extendió sobre la plaza, y un


Escritos

lastimoso llanto de bebé llenó los oídos de los aterrados aldeanos. La sombra se movía ágil como una serpiente pero con la delicadeza de una rosa. De repente, se sintió una explosión de energía demoníaca, y el sacerdote empezó a tartamudear palabras en latín hasta que gritó: – ¡Archibald nos está ganando la batalla! ¡Maldito sea! ¡Lo maldigo en nombre de Dios Todopoderoso! Ipsofacto la tierra empezó a temblar con furia. La gente moría aplastada bajo los escombros, los niños se orinaban del miedo y los perros morían aplastados por enormes piedras. Entonces sucedió lo inevitable: el sirviente demoníaco desafió al Arcángel Gabriel a una batalla; lo retó estrangulando al bebé que llevaba en sus brazos. El Arcángel entró en la batalla con una espada plateada bañada en fuego santo, del mismo que bendijo a María aquel día en que las lenguas de fuego se posaron sobre los doce apóstoles. Gabriel enfrentaba a Archibald, quien tenía dos largos puñales de bronce tan filosos que el más mínimo roce podía partir un cuerpo en dos. Mientras estas dos figuras de élite del bien y el mal batallaban, se formó un caos total alrededor del globo, inclusive en tierras no descubiertas hubo terremotos y fenómenos naturales con una magnitud nunca vista. Una inmensa sombra chocaba contra un resplandor infinito y hacían retumbar los cielos mientras se extendían alaridos de batalla por valles y montañas; hasta que la espada, bañada en llamas, de Gabriel chocó contra el filosísimo puñal del demoníaco ser. Archibald empezó a debilitarse, y un golpe mortal estremeció la sombra del sirviente malévolo. Una extraña bruma verde y viscosa escapó rápidamente hacia el oeste. La sangre maldita de Archibald se condensaba en las nubes y las bañaba con un color rojo atardecer. Viéndose perdido, Archibald tentó al Arcángel al ofrecerle los reinos de la tierra para que los gobernara sin tener que acogerse a la ley de Dios. Sin escucharlo, el Arcángel le propició otra herida, y la bruma verde cubrió las llanuras y las cimas

creativos

de tierras ignoradas. La sombra de Archibald parecía disolverse en el horizonte… ¡pero su misión demoníaca ya había sido realizada! Según la leyenda, un alquimista recogió muestras de la bruma verde para tratar de definir la materia y el alma del sirviente de Satán. V. Revelaciones Después de varios días, la gente se encontraba relajada. Con Archibald muerto no habría más asesinatos; sin embargo, Archibald, vivo o muerto, pasaría su demoníaco legado a través de la bruma verde que emanaba de sus heridas. El alquimista y el filósofo, después de haber estudiado el cuerpo de Archibald, enviaron una carta en la que decían: “en la presente, después de revisar el cuerpo del ángel demoníaco durante varios días, se llega a concluir que el cuerpo del ‘pecador’ evidenciaba varios casos. El primero señalaba que este ‘sirviente del demonio’ era un enfermo mental que asesinaba por placer a jóvenes célibes o que hubieren tenido relaciones en secreto. Lo que nunca se sabrá ni será revelado es quién fue el Arcángel Gabriel y cómo Archibald ”subió al cielo”. La carta remitida por el par de estudiosos generó varios debates, unas personas decían que Gabriel y el cielo eran obra de su enfermedad mental; otros, que fue verdad y que Archibald subió al cielo; algunos pocos afirman que alguien inventó ese fragmento. Mientras todo esto sucedía, la bruma demoníaca salía de Italia y se dirigía a Inglaterra, era guiada por Lucifer para poseer almas desvalidas. FIN

Ilustrado por: Marcela Peña Colegio Jefferson

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La marca de la

Federico Vélez Colegio Jefferson 7°

ouija

Situaciones extremas, medidas extremas” me decía a mí mismo, y comencé la sesión con la tabla ouija. Tenía que tomar una difícil decisión sobre un negocio que iba a realizar. Claro que antes de recurrir a la ouija analicé concienzudamente la situación, evalué los riesgos y las posibilidades, saqué decenas de cuentas y me planteé situaciones hipotéticas… “¡Qué diablos! ¡Consulto la tabla ouija y se acabó!” concluí convencido. Era media noche cuando comencé la sesión; en la soledad de mi apartamento, con el aire inundado de incienso, la habitación a media luz, un sudor frío corriendo por mi frente y el corazón en la boca. Con la punta de los dedos en el indicador, pregunté “¿hay alguien aquí?”. El indicador se deslizó hacia el Sí. “¿Puedo hacerle una pregunta?”, la respuesta no demoró, nuevamente se deslizó hacia el Sí. – ¿Saldrá bien el negocio? - Sí. La respuesta me alegró. Durante la sesión me asaltó una duda; tal vez era yo el que movía el indicador y me contestaba lo que deseaba, inducido por la autosugestión. Decidí despejar la duda haciendo más preguntas. – ¿Me puedes decir tu nombre? - el movimiento fue rápido y enérgico: “No”. – ¿Eres bueno? - la respuesta me impactó: “No”. De repente, sentí el contacto de unas manos rugosas y frías que se posaron sobre las mías, un escalofrío me hizo estremecer. Un aliento fétido respiró sobre mi cara, la luz se apagó y escuché unos pasos pesados por toda la habitación, también oí un sonido que me recordaba el chisporroteo de una hoguera. Algo me gruñía en la nuca, podía sentir que gateaban en el techo, algo subía por mis piernas, no soporté más, un sofoco febril atenazaba mi ser, me invadía una sensación de muerte, sólo me quedó un vago recuerdo de la sensación de vértigo que me llevó a la inconsciencia. Desperté en un cuarto de hospital. Una enfermera me contó que mis vecinos habían escuchado un escándalo y habían llamado a la policía; cuando los agentes lograron entrar, me encontraron desvanecido sobre el suelo, mi ropa desgarrada y humeante, mi piel lacerada y ennegrecida. El cuarto estaba destrozado, y en medio de la habitación ardía la tabla ouija. Me curaron las quemaduras de los brazos, aparentemente los tenía sobre la ouija cuando ésta se incendió; en ambos brazos tenía cicatrices, en el derecho quedó marcado el “Sí”, en el izquierdo el “No”. FIN

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Ilustrado por: Alejandra Bensur Colegio Jefferson 8o

Escritos

creativos


Escritos

creativos

María Camila Robledo Colegio Jefferson 8°

Ojos

verdes V

eo un ojo, un ojo verde, verde como el césped, como la hierba. Ahora veo dos ojos, ojos que me miran, es una mirada de amor, siento con esa mirada algo adentro, algo nuevo. ¿Qué será? ¿Qué podría ser? No lo entiendo, yo había visto esos ojos, pero nunca me habían sujetado como lo están haciendo. Logro revelar lo que sienten, sienten lo mismo que yo, asombrado en medio de la luz, luz de sol que hace de su mirada un reflejo vivo. ¿Qué es esto? ¿Qué veo? Angustia, temor, frágil sosiego ¿Qué es? ¿Quién es? ¿Qué quiere? Yo conozco esta mirada, tal vez no la reconozca. ¿Quién será? Sucede que lo veo, miro su boca y su olor trae la hierba, el sabor de sus labios me es familiar. Espera un momento, no te vayas, ¿para qué vuelves con esa silla de ruedas? No entiendo, ahora te veo y sigo sin reconocerte, lo único natural es tu mirada. ¿Para qué esa silla? Ah, ¿quieres que suba? Subiré si así lo deseas. Subo y me empiezo a dar cuenta de que estoy en un lugar desconocido, no es mi casa, ¿por qué estoy aquí?, ¿hace cuánto tiempo estoy aquí?, ¿para dónde voy? No sé mucho en este momento, no sé nada. Tomas mi mano, abres la puerta. Espera, déjame mirarte, quiero saber qué me revela tu mirada. Estás feliz, sonríes, no hay angustia en tus ojos. Me preguntas algo y yo simplemente respondo con un sincero “por supuesto, contigo cómo no estar mejor”. Vuelvo a probar tus

Ilustrado por: María Camila Rubledo Colegio Jefferson 8°

labios. Todo está en orden. ¿Dónde te has ido? No quiero perderte, es como si te amara. Vuelves con una rosa roja en la mano. Todo se ha oscurecido, ¿dónde estás? Una espina me ha herido, brota sangre de mi dedo, ¿qué es esto?, me aliviaste con tu mirada, ¿ahora dónde estás? – Despierta, despierta! –escucho una voz– Entiende que él nunca regresará, murió, murió, ¿lo recuerdas? Esperé a que la voz saliera de la habitación, después salí yo, vi una ventana sin barrotes y me dirigí hacia ella. Comencé a correr, la voz vestida de blanco gritaba pidiendo ayuda. Llegué hasta la ventana, cogí impulso y salté. El vidrio se rompió en mil pedazos. Abracé el aire y comencé a caer. Él no estaba ahí para salvarme. Cuando desperté me encontré de nuevo al frente de esos ojos verdes, verdes como la hierba. Pero ahora el dolor era insoportable. Era feliz, estaba con él, ya no estaba sola.

FIN

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Pecados Santiago Sabogal Colegio Jefferson 10°

Luego, como seguían preguntándole, se enderezó y les dijo: - Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que lance la primera piedra. Juan: 8-7

“Su único pecado fue amar”. Estas palabras pronunciadas por Juan Carlos no cesaban de rondar por la mente de Andrea, que las recordaba con más furia y tristeza cada día. A pesar de que le enervaba siquiera verlo, sabía que esa afirmación estaba cargada de verdad, y ahora nada podría detener a su conciencia. Serena se encontraba en el baño, mientras todos los “amigos” de la familia estaban en la sala dando palabras de pésame por la muerte de su hermano. Era increíble ver cómo sus padres ni siquiera habían sido capaces de invitar a Juan Carlos. La situación le parecía tan irritante que recurrió a su ángel de siempre, la cocaína. Su problema con la ira venía desde su infancia, y vivir bajo la sombra de su prima Vanessa contribuía a que esta rabia aumentara.

– En seguida bajo, me termino de arreglar y listo –dijo Vanessa mientras terminaba de admirar su reflejo en el espejo. Vanessa era alta, delgada, de piel marmórea y pelo

Cualquiera que cruzase su camino era víctima de su ira. Cuando estaba colérica, Serena podía destruir a alguien con las palabras, que eran sus mejores armas. Ella conocía todos los secretos de la élite de la ciudad, así que podía hundir a quien quisiera.

negro. Las personas se ahogaban en la profundidad de

– Vanessa, baja por favor –dijo Guillermo a su sobrina–. Tu tía Andrea y yo estamos solos allá abajo. No sabemos dónde están tus primos Serena y Michael.

ba dispuesta a mostrarle su belleza a todo el mundo,

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Escritos

creativos

sus ojos azules, y se enloquecían con su esencia. Asimismo, Vanessa no se cansaba de admirar su belleza, a diferencia del espejo que se gastaba de reflejarla todo el día. La humildad no existía en su vida y estaespecialmente a Serena, con quien mantenía una contienda constante.


Escritos

creativos

Ilustrado por: Ana cristina Saavedra Colegio Jefferson 8o

durante el recorrido aprovechaba para señalar los recuerdos que había traído de sus múltiples viajes a Europa. Guillermo era motivo de adulación, transpiraba perfección, cada día se convencía más de que él era mejor que los demás. Las palabras de Juan Carlos aún seguían en la mente de Andrea, a esto se le sumaba el temor de que descubrieran el desfalco que había realizado la semana pasada. Quería el nuevo reloj Cartier, pero no podía gastar dinero de su cuenta, eso estaba destinado para cambiar de carro y para el retoque de la cirugía. Recorría la habitación de su hijo, recordaba la voz de Juan Carlos; hacía cuentas, tomaba y soltaba libros, caminaba, de pronto, se encontró un papel:

– Tenemos que bajar –dijo Amanda–. Es descortés con todos no estar abajo.

Madre, me educaste en la fe católica desde pequeño porque así te enseñaron a ti y a papá. Durante toda mi vida fui a misa los domingos, hice la primera comunión y la confirmación. Dirás que es hipócrita de mi parte decir que soy fiel a Dios, pero te invito a leer a Mateo (Cap. 5, versículo 10), yo serví a Dios y él es mi salvador. Te preguntarás el motivo de mi suicido; el motivo de mi suicido eres tú, mis hermanos, mi prima y mi padre. “No juzgues pues serás juzgado”, ¿no es eso lo que dice la Biblia? Dices que cometí un pecado imperdonable, una abominación; pues te invito a ti y al resto de la familia a repasar sus acciones y a preguntarse por sus pecados.

Guillermo se encontraba en el salón y les mostraba a todos la remodelación que le había hecho al estudio;

– Su único pecado fue amarme –dijo Juan Carlos al entrar en la habitación.

Michael disfrutaba de la húmeda boca de su novia Amanda, de su sexo, de su olor, no le importaba la reciente muerte de su hermano, no había sido suficiente el haber tenido sexo con ella en el baño hacía menos de dos horas. Sólo pensaba en sexo, senos, sexo, prostíbulos, sexo, Amanda, sexo aquí, sexo ahora, sexo más tarde, sexo. Cuando Amanda agachó la cabeza, Michael se dio cuenta que había llegado al éxtasis.

FIN

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Isabella Arboleda Colegio Jefferson 11°

Retrato de un

hombre cuerdo

S

iempre antes de levantarme me pesa la cabeza como si hubiera dos fuerzas actuando sobre mí, siendo yo mismo una de ellas. Me gusta mirar por mi ventana al levantarme para asegurarme de que el sol siga vivo y de que las palomas todavía tienen alas, necesito convencerme de que la vida allá no ha cambiado. Ciertamente, aquí adentro no ha cambiado mucho, pero siento que yo mismo sí he cambiado: hay un nuevo desorden, solía reinar la planicie; todas estas noches me he estancado en la resolución de esta preocupación. Necesito pensar claramente, lo necesito, sin distracciones, sin interrupciones. “Es hora de desayunar Joaquín”. ¡Ah! ese tono de voz, esa forma de abrir mi puerta y asaltar mi espacio no puede ser de alguien más que de mi enfermera, una vez más. La sigo hasta el comedor porque cree que cada mañana amanezco con una memoria recién nacida (si supiera cuánto me acuerdo de sus fugas en las noches hace varios años). Me gusta el color del mango y la rugosidad de la sandía, pero el banano y el resto de la ensalada de frutas me repugnan, por fortuna está el heroico sabor de las tostadas con sus partes bien negritas que serán violentadas por mi paladar. Finalmente, está el agua aromática con la pastilla diaria, es otro engaño de este lugar. Me pregunto qué cara esperan que haga al tomarme la pastilla, al no poder saberlo, levanto mi mirada y doy forma a la máxima expresión de repulsión que mi cara puede adoptar, de pronto sirva de algo. Sigo pensando en el nuevo desorden dentro de mí. Puede ser que el culpable sea ese que me visitó la otra noche, nunca había visto ese rostro antes, era como rudo y ensordecedor. Me acuerdo que yo abría los ojos, interrumpiendo mi sueño artificial, y estaba él allí sentado con sus ojos como flotando en medio de la oscuridad, y sus manos, que eran perlas iluminadísimas, yacían tranquilas sobre sus piernas; no he visto reposo más violento que el que esas manos me mostraron. ¿Quién era?, ¿quién? Otra vez mis pensamientos fueron suspendidos por la rutina. El agua entre fría y caliente de la ducha no estimulaba las sensaciones que mi cuerpo siempre ha demandado. Afortunadamente, aún no hay jabón, para que no me vuelvan a obligar a envenenar mi piel con ese invento maldito que nos han traído.

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Escritos Escritoscreativos creativos


Escritos

creativos

Cierro la llave de la ducha y agarro mi toalla. Me seco frente al espejo. Sólo estamos el espejo y yo. Entonces, lo miro y miro detenidamente mi cara, miro mis inmensas cejas, mis ojos vivaces y saltones, la miro toda porque esa cara es mía… pero hay algo extraño en el reflejo lentamente dibujado… ¡NO! No son mías esas cejas secas que miro, ¿a quién pertenecen esos horribles labios? ¡No soy yo! El engaño me quita fuerzas, no tengo suficiente aire para gritar; el frío y el calor dominan mi cuerpo ya abandonado de mí mismo; siento que me voy abandonado. El tiempo pasará paciente mientras mi cuerpo y yo luchamos entre sí, absortos e incomprensibles sobre el mármol. Intento salir, pero mi cuerpo me retiene, en la lucha gobierna mi cuerpo, ante su victoria pierdo el conocimiento. No sé cuánto tiempo pasó antes de que me trajeran al patio. Necesito estar solo pero me traen a enfrentarme al resto de mis compañeros. Allí está Olga, como siempre dormida sobre su hijo, al que le salen pétalos y huele a rocío. Rodrigo la mira, ve en ella la quietud y el sosiego del que siempre ha querido hacer parte (qué bonito es nuestro mundo). Aquí viene Esteban, muy inquieto, a comentarme que no encuentra el banco, le pregunto para qué necesita un banco y me responde que le pagaron hace dos día y debe sacar la plata para pagar el colegio de su sobrina, que es hija de una hermana suya que nunca he conocido. Mientras hablamos, Arnubio, el guarda encargado del patio, nos informa de manera golpeada que debemos ir a nuestros cuartos. “Odio a Arnubio” le digo a Esteban en un tono muy bajo. Llega Raúl, el rubio, y me enfrenta diciéndome ”¿dijiste que odias al rubio?”, y sin dejarme responder me empuja; yo nunca he sido una persona violenta, mi única arma siempre han sido mis llamados pidiendo ayuda, los guardas se acercan y me abrazan a mí y a Raúl. Arropado en mi cama sé que me han dopado. Irónicamente siento que así puedo pensar con mayor claridad, justo como lo he estado deseando. Me levanto de mi cama con dificultad, tengo mucha sed y mi cabeza me vuelve a pesar y no sé por qué, es como si una de las fuerzas culpables de esa pesadez también me halara hacia el espejo (¿cómo llegó a mi cuarto?). Miro el espejo. Pensé que no iba a tener que sentir esto otra vez: allí está de nuevo ese reflejo extraño pero tan dueño de mí mismo. Con una voz que nunca he conocido en mí mismo le pregunto al reflejo, confiando en su independencia, ”¿quién es usted?”. ”Yo soy Tomás, ¿y usted?” me responde inmediatamente, como si ya conociera mis inquietudes. ”Yo soy Joaquín, yo soy quien debería estar en ese espejo, no usted. ¿Por qué me ha perseguido los últimos días?, ¿dígame por qué?, ¿por qué me reemplaza sobre mis dominios? imploro ya cansado. ”¿No lo sabe, Joaquín? Somos uno mismo, sea en el manicomio o en la oficina, el loco y el cuerdo son siempre uno”. FIN

Ilustrado por: Maria José Hernández Colegio Jefferson 8o

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