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ISSN: 1690-2718 Depósito Legal: pp200201cs565 Tlf: (0212) 578 07 30 / 0416 631 72 12 Apartado Postal: 17362 zp. 1015-A Ipostel Parque Central Caracas Venezuela lamanchax@yahoo.com lamanchax@gmail.com http://www.lamanchaweb.blogspot.com

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o nos cansamos de batallar. Aquí está la Batalla de Carabobo nuevamente convocando lo mejor de nosotros para que la Patria sea libre, para que podamos seguir avanzando en los caminos de la libertad y la independencia. Ya aprendimos que la historia no es algo lejano y borroso que sucede lejos de la gente., esta revolución nos ha enseñado que la historia la hacemos nosotros todos los días, en cada batalla. Desde la trinchera cultural es necesario cantar canciones, escribir poemas, sonar los cuatros y los tambores e invo-

Consejo Editorial Oscar Sotillo Meneses Janette Rodríguez Herrera Francisco Issa Zambrano Gastón Fortis Silva

car los vientos huracanados del pueblo para que nos asistan hoy y llenen los espacios de entusiasmo y carguen los fusiles de poemas. La historia la hacen los pueblos, sus hombres y sus mujeres, sus estudiantes, sus trabajadores, sus poetas y cuando juntos se proponen hacer sonar sus clarines de guerra no hay quien pueda con ellos. Desde las páginas de La Mancha arrimamos nuestro hombro para que

esta próxima batalla nos asista la fuerza, el entusiasmo, la convicción profunda del triunfo. Y como siempre repetimos, no es sólo el día de las elecciones nuestro accionar comprometido es todos los días, la patria nos pide compromiso, antes y después de la batalla ha de estar nuestro espíritu y nuestro brazo dispuesto para el sacrificio y para la belleza de ver a nuestro país avanzando en la historia.

Colaboradores Roberto Jiménez Maggiolo José Javier León Elfo Alexander Salvatore Lucía Borjas

Imágenes

LA REVOLUCIÓN

Co-responsables Juan Carlos Sotillo Nicanor Cifuentes Gil Maracaibo-Edo. Zulia Leila Medina Jouseline Rodríguez César Santana Juan Pío Rondón Mariajosé Escobar

Gran Caracas Solangel Morales Hely Uzcátegui Moisés Mirele Los Teques-Edo. Miranda Roger Altuve Ocumare del Tuy-Edo. Miranda Oscar Fernández La Victoria-Edo. Aragua Marco Aurelio Rodríguez Xoralys Alva López Leonardo Domínguez Catia La Mar Edo. Vargas Dayana López Luis Bravo Buenos Aires-Argentina

Darién Giraldo Bogotá-Colombia

lamanchax@gmail.com en FB: colectivo La Mancha Twittwer: @lamanchaweb Corrección Colectiva

Agradecimientos

A tod@s l@s que creemos en la patria bonita y trabajamos para hacerla posible para todo@s LA MANCHA no se hace responsable de los comentarios emitidos por sus colaboradores.

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Poetas del mundo apoyan reelección del presidente Chávez

l investigador norteamericano Dobyns calculó que un 95% de los pobladores de América había muerto 30 años después de la llegada de los conquistadores españoles. Estudios de la Universidad de Berkeley concluyeron que los indígenas mexicanos disminuyeron de 25,2 millones en 1518 a 700 mil personas en 1623 (menos del 3% de la población original), un genocidio que Wikipedia califica como “catástrofe demográfica”. “Barbaridades que la presente edad ha rechazado como fabulosas, porque parecen superiores a la perversidad humana”, expresó Simón Bolívar, en su conocida Carta de Jamaica. Casi cinco siglos después, los archivos del terror del Plan Cóndor, de origen norteamericano, registraron 50.000 personas asesinadas, 30.000 desaparecidos y 400.000 encarcelados en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay entre 1970 y 1980. La guerra de los carteles mexicanos de la droga ha dejado decenas de miles de muertos desde 2007. Desde 1948 han sido asesinado cientos de miles de colombianos, por la confrontación fratricida y el narcotráfico. América Latina padece la mayor tasa de homicidios del mundo, aumentada en 115% en estas dos décadas. Como si viviera hoy, en la Carta de Jamaica, el Libertador puntualizó: “… ¿Quiere usted saber cuál era nuestro destino? Los campos para cultivar el café, la caña, el cacao y el algodón; las llanuras solitarias para criar ganados, las entrañas de la tierra para excavar el oro que no puede saciar a esa nación avarienta… Pretender que un país tan felizmente constituido, extenso, rico y populoso sea meramente pasivo, ¿no es un ultraje y una violación de los derechos de la humanidad?”. La deuda externa latinoamericana actual ata su economía al poder financiero transnacional y condiciona sus leyes, sus gobiernos y su supervivencia a la coyuntura y utilidades de las economías del norte. En América Latina viven cerca de 200 millones de personas en condiciones de pobreza (33.2%). Como una salida alternativa a la crisis, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños –CELAC-, UNASUR y MERCOSUR, promueven la integración y el desarrollo solidario de los pueblos de nuestro continente. El presidente venezolano Hugo Chávez, heredero humanista del legado bolivariano, cuya reelección deseamos y apoyamos, es un pilar capital de los procesos democratizadores y emancipadores en este continente, en la ruta del sueño soberano de Simón Bolívar, que deseó “ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria... Una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse…”. Los poetas y los artistas no somos indiferentes al destino humanista de América Latina. La poesía y el arte son parte indestructible del sueño, del pensamiento y de la acción transformadora de la sociedad, de la cultura y del espíritu humano.

Gustavo Pereira, poeta, (Venezuela) Antonio Preciado, poeta (Ecuador) Roberto Fernández Retamar, poeta, (Cuba) Thiago de Mello, poeta (Brasil) Nicole Cage-Florentiny, poeta, (Martinica) Hildebrando Pérez Grande, poeta, (Perú) Vito Apushana, poeta wayuu, (Colombia) Manuel Orestes Nieto, poeta (Panamá) Arturo Corcuera, (Perú) Jotamario Arbeláez, (Colombia) Pablo Armando Fernández, poeta, (Cuba) César López, poeta, (Cuba) Ernesto Carrión, poeta, (Ecuador) Rosina Valcárcel, poeta, (Perú) Juan Cristóbal, poeta, (Perú) Reynaldo Naranjo, poeta, (Perú) Aitana Alberti, poeta (España/Argentina/Cuba) Miguel Barnett, poeta (Cuba) Ricardo Flechas, cantante y compositor (Paraguay) Ahmad Yacoub poeta (Palestina) Alex Pausides, poeta (Cuba) Fernando Rendón, poeta (Colombia) Gabriel Impaglione, poeta Argentina) Norberto Salinas, poeta Rey de Linares, poeta y artista plástico, (Venezuela) Tito Alvarado, poeta Gabriel Jaime Franco, poeta (Colombia) Vicente Rodríguez Nietzsche, poeta Puerto Rico José María Memet, poeta, (Chile) Jairo Guzmán, poeta (Colombia) William Osuna, poeta (Venezuela) Juano Villafañe, poeta (Argentina) Miguel Márquez, poeta (Venezuela) Leopoldo Teuco Castilla, poeta (Argentina) Alpidio Alonso, poeta Cuba) Norberto Codina, poeta (Cuba) Fredy Chicangana, poeta (Colombia) Jaime Quezada Ruiz, poeta (Chile) Julio Salgado, poeta (Argentina) Álvaro Miranda, poeta (Colombia) Dyma Ezban, poeta (México) Maruja Vieira, poeta (Colombia) Enrique Hernández D´Jesús, poeta (Venezuela) Juana García Abás, escritora (Cuba) Gonzalo Fragui, poeta Venezuela) Ricardo Cuéllar, poeta (Colombia) José Luis Fariñas García, escritor y pintor (Cuba) Luis Eduardo Rendón, poeta (Colombia César Augusto Zapata, poeta (República Dominicana) Víctor López Rache, poeta (Colombia) Jorge Ariel Madrazo, poeta (Argentina) Washington Benavides, poeta (Uruguay) Juan Hernández Ramírez, poeta México) Jorge Miguel Cocom Pech poeta (México) Omar Lara, poeta, (Chile) Carlos Carbone, poeta (Argentina) Lucila Nogueira, poeta (Brasil) Esteban Nicotra, poeta, (Argentina) Patricia Ariza, poeta (Colombia) Ricardo Luis Plaul, poeta (Argentina) Jim Smith, poeta (Canadá) Nechi Dorado, escritora (Argentina) Carlos Satizábal, poeta (Colombia) Carlos Eduardo Jaramillo, poeta (Ecuador) Armando Orozco, poeta (Colombia) Isabel García Mayorca, poeta (Colombia) Samir Delgado, poeta (Islas Canarias) Margarito Cuéllar, poeta (México) Hernando Calvo Ospina, escritor (Colombia) Osvaldo Sauma, poeta (Costa Rica) Ximena Benítez Vargas, poeta Venezuela Luz Marina Espinoza, periodista (Colombia) Jorge Torres Medina, poeta (Colombia) Danilo Pérez Zumbado, poeta,(Costa Rica) Gloria Chvatal, pintora (Colombia) Giovanna Mulas, poeta (Italia)

Benjamín Ramón, poeta (Panamá) Freddy Ñañez, poeta Venezuela) Marco Cinque, poeta y fotógrafo (Italia) Eduardo Gómez, poeta (Colombia) José Luis Diaz Granados, poeta (Colombia) Celedonio Orjuela Duerte, poeta (Colombia) José Martínez Sánchez, poeta (Colombia) Angye Gaona, poeta (Colombia) Daniela Saidman, poeta (Venezuela) Rafael Quiroz, pintor (Colombia) Beatriz Ortega, comunicadora visual (Colombia) José Tallarico, poeta (Argentina) Carlos Juárez Aldazábal, poeta (Argentina) Arnulfo Quintero López, poeta, (Venezuela) Tatiana Mejía, poeta (Colombia) María Barrientos, poeta (Argentina) Flora Fernández Amón (Costa Rica) Mauricio Vidales, poeta (Colombia Eric Landrón, poeta (Puerto Rico) Pakiko Ordóñez, poeta y cineasta (Colombia) Jorge Isaías, poeta (Argentina) Isabel Gómez Muñoz, poeta (Chile) Nidia Naranjo, poeta y fotógrafa (Colombia) Norys Saavedra Sánchez, poeta (Venezuela) Yván Silen, poeta (Puerto Rico) María Pugliese, poeta y ensayista (Argentina) Rubén Darío Arroyo, poeta (Colombia) Marcos Reyes Dávila, poeta (Puerto Rico) Juan Antillón Montealegre, poeta (Costa Rica) Wenceslao Serra Deliz, poeta (Puerto Rico) Jaime Valdivieso, escritor (Chile) Fernando Delgado, poeta (Argentina) Marcos Rodríguez Frese, poeta (Puerto Rico) Alberto Preciado, sociólogo (Venezuela) Jorge Palma, poeta (Uruguay) Roberto Bustamante, filósofo (Colombia) Natacha Santiago, poeta (Cuba) Elsa Mareque, artista plástica (Argentina) Yalkiria Pineda, economista (Nicaragua) Ángela Chaverra, lingüista (Colombia) Leonardo Martínez, poeta (Argentina) Faber Cuervo, escritor (Colombia) Edgardo López Ferrer, poeta (Puerto Rico) Rolando Revagliatti, escritor (Argentina) Juan Chávez López, poeta (Venezuela) Carlos Arboleda, poeta (Argentina) Ana María Intili, escritora (Perú) Leticia Luna, poeta (México) Hugo Francisco Rivella, poeta (Argentina) David Antonio Sorbille, escritor (Argentina) Rodrigo Verdugo Pizarro, poeta (Chile) Faumelisa Manquepillán, poeta mapuche (Chile) Paulina Vinderman, poeta (Argentina) Graciela Huinao, poeta mapuche (Chile) Natalia Rendón, pintora (Colombia) José Luis Ayala, poeta quechua, narrador, (Perú) David Antonio Sorbille, escritor (Argentina) Ana Esther Ceceña, investigadora, (México) Gilberto López y Rivas, profesor-(México) Antonio Trujillo, poeta, Venezuela) Luis Hernando Guerra Tovar, poeta (Colombia) Manuel Pachón, poeta (Colombia) William Pérez Vega, poeta (Puerto Rico) Norma Segades-Manias, escritora (Argentina) Pablo Mora, poeta (Venezuela) Antonio Arroyo Silva, poeta (Islas Canarias) Carmen Berenguer, poeta y cronista (Chile) Moravia Ochoa, poeta (Panamá) Winston Orrillo, poeta (Perú) Juanita Conejero, poeta, escritora (Cuba) Diego Mare, poeta (Argentina) Felipe Posada, poeta (Colombia) Rafael Patiño, poeta (Colombia) Roger Santiváñez, poeta (Perú) Galo Vega, poeta (Ecuador) ...y tantos más

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Espacio público y buhonería Elfo Alexander Salvatore

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aracas, la ciudad de los techos rojos llamada así por Enrique Bernardo Núñez, la sucursal del cielo o la sultana del Ávila, denominada por muchos otros, sin lugar a dudas durante años, fue un paraíso terrenal, su clima, sus montañas mágicas e impetuosas, su posición geoestratégica ubicada a pocos kilómetros del Puerto de la Guaira y del Mar Caribe le dieron una connotación que incluso la convirtió en la capital de la República. Cuna de grandes hombres y mujeres que han marcado a lo largo de la historia, el rumbo de la nación. Diversos acontecimientos históricos, sociales, culturales, militares, internacionales, han tenido como epicentro a la ciudad de Caracas. Esta ciudad durante muchos años estuvo abandonada a su suerte, numerosos dirigentes nunca comprendieron el valor histórico de la ciudad, su arquitectura, su cultura, su legado e idiosincrasia. De manera que Caracas, pese a ser la capital de la república, adoleció de políticas que coadyuvaran a consolidar su gentilicio. El sentido de pertenencia y arraigo del caraqueño, aún hoy, se encuentra difuso. No se percibe una cultura que reivindique lo autóctono, ni lo local en su accionar ni en su práctica cotidiana, pareciera que el caraqueño, desconoce lo grandilocuente de su historia y se diluye en un universo cultural cuyo centro de gravedad apunta hacia los referentes culturales alienantes y enajenantes de Estados Unidos. Por supuesto, hay sus excepciones. Apenas comienza a trabajarse en la consolidación de su identidad, mediante la construcción de espacios de encuentros, don-

de lo cultural, lo educativo y lo cívico se hacen presentes. La recuperación de espacios públicos (Plazas, Bulevares, casco histórico); la reactivación de teatros en el centro y otros lugares de la ciudad, la activación de numerosas actividades culturales en esos espacios, comienzan a delinear una política que apunta a la construcción de ciudadanía, que tanto hace falta en nuestro municipio. Hasta hace poco, los espacios públicos estuvieron secuestrados e invadidos en la mayoría de los casos por mafias de comerciantes inescrupulosos, quienes explotaban a trabajadores “informales”, sometiéndolos a trabajar a largas jornadas bajo sol y agua. La Plaza “Diego Ibarra”, conocida como Saigón, se convirtió en un antro donde se expendía además de ropa; licor, drogas, pornografía con la mirada complaciente de autoridades y ciudadanía. De igual forma, el bulevar de Plaza Venezuela, Sabana Grande, Chacaito, El Cementerio, Catia, tomada por esas mismas mafias, quienes impedían el libre tránsito de los ciudadanos y aprovechaban la anarquía y el desorden para cometer robos, atracos y todo tipo de fechoría. Fui testigo de muchos acontecimientos de esa naturaleza, ya que laboré como educador de calle en los cuatro (4) puntos cardinales de la ciudad y me correspondió ser un testigo presencial y excepcional. Presencié diversos robos y la complicidad de muchos buhoneros, quienes resguardaban lo hurtado. No quiero con ello, meterlos a todos en un mismo saco, por cuanto no todos tenían estos propósitos. Gracias a la buena dupla del Gobierno del Distrito Capital y a la

Alcaldía de Caracas, se ha visto un nuevo esquema gerencial y un nuevo enfoque en la recuperación de espacios públicos. Por otra parte, la presencia de PDVSA La Estancia, también ha dado aportes significativos en ese sentido. No obstante, a los grandes esfuerzos y a las acertadas políticas de los entes mencionados, no logro entender cómo se permite nuevamente la instalación de buhoneros a lo largo y ancho de espacios recuperados y no recuperados, lo cual no solo revierte sino que neutraliza y anula los logros y avances alcanzados en esta materia. Peor aún, no es posible que se haya establecido acuerdos entre las autoridades y los buhoneros para conciliar el día miércoles como día de parada, mientras el resto de los días nuestras calles están copadas por comerciantes informales, los cuales en su mayoría son extranjeros indocumentados que en sus respectivos países no crean inconvenientes con la basura, mucho menos obstruyen el tráfico peatonal ni especulan como la hacen en nuestros barrios, calles y espacios recuperados por las autoridades capitalinas. Esa etapa debemos superarla y vernos reflejados en la experiencia de Quito, Buenos Aires, Bogotá, Lima y otras ciudades de América Latina, cuyas calles brillan por lo pulcro y el orden, y atrás dejaron el desorden y la anarquía. Entonces ¿por qué nosotros debemos permitirlo y hasta propiciarlo con la mirada complaciente de autoridades y transeúntes? Las autoridades deberían hacer un recorrido por los barrios de Caracas, salidas de metros, calles, avenidas, para cerciorarse de lo afirmado en este artículo. En Propatria, no se puede caminar, por cuanto las aceras están tomadas por buhoneros, lo mismo ocurre en Antímano, El cementerio, Altagracia, El Valle, incluso, a pocos metros de la casa de Simón Bolívar y en el Bulevar Panteón, cerca del Panteón Nacional, vemos con tristeza la misma situación. Fruteros por doquier, en su mayoría de la vecina república de Colombia, expendiendo con un peso adulterado y en libras, unidad de medida prohibida en el territorio nacional. De igual forma, personas injiriendo licor y un estacionamiento de motos que complican aún más el cuadro anárquico. Es inconcebible que la ciudad se pueda disfrutar y apreciar a plenitud sólo los días miércoles por encontrarse descongestionada y libre de buhoneros. Los espacios público (Plaza, bulevares, etc); deben ser espacios de encuentros y de construcción de ciudadanía mediante la activación programas culturales que reivindique nuestras raíces históricas y culturales.

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BREVE NOTA AL LIBRO: LA ALIENACIÓN EN EL TRABAJO DE MANUEL SUTHERLAND EDITORIAL GRÁFICAS LEÓN, CARACAS, 2011

La Alienación en el Trabajo La Esclavitud Asalariada

José Javier León

A Gabriel Torres, Venus y la niñas que sueñan en Chachopo

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l título suena pretencioso o aspira a demasiado, pero la idea es intentar mostrar hasta dónde llega el pensamiento marxista –en el libro de marras- y cómo el análisis que hace de la realidad y el diagnóstico de la situación no ofrece salida alguna salvo la utopía al estilo de una pompa de jabón, enajenación que sin embargo tanto combatió y de la que tanto despotricó –en el libro, digo- en tantas páginas y con tanta saña. En otras palabras, no basta sólo el diagnóstico si el tratamiento no toca el cuerpo. No se equivoca Sutherland cuando afirma que todos absolutamente todos estamos alienados en el Capital (p. 22), que hemos perdido el control sobre la producción y, lo que producimos nos es extraño. Advierte que la alienación capitalista se esconde tanto en frases como «socialismo desarrollado» como en situaciones en las que se afirma que el trabajador (socialista) está feliz (pero) trabajando en condiciones de explotación sin idea de la opresión que lo aplasta, es decir, ideologizado. Ciertamente el problema de la alienación está en la separación objetiva del trabajador del producto de su trabajo, y hasta tanto dicha separación desaparezca la alienación prevalecerá; el asunto está en cómo hacer que desaparezca la separación, como nos unimos con lo que producimos, cómo nos hacemos uno con el fruto de nuestro trabajo, lo cual significa algo más que trabajar para nosotros, pues se trata de ser nosotros juntos en el trabajo, en la relación necesariamente armónica y sustentable y para la vida con la naturaleza. No sería así el trabajo un poder extraño, ubicado por encima y contra nosotros. Persigue entonces el socialismo «la eliminación de la enajenación de los momentos objetivos de la producción (producción, distribución, cambio y consumo), es decir, convertir el mero trabajo individual, autónomo y privado, en un trabajo que sea directamente social» (p 72). Pero en la disertación de Sutherland hay un escollo, un sentido no desarrollado, una que se

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da por sentado: el problema de la necesidad. Considero que su definición está encapsulada en el capitalismo, que la piensa desde su teleología, desde su naturaleza, desde los límites (epistémico y en consecuencia metodológicos que –le- impuso). Veamos: «La necesidad –dice- es una estructura de la existencia humana y como es acumulativa y expansiva no puede en el devenir ser satisfecha con el trabajo que el hombre (y presumimos que la mujer) produce de manera inmediata para sí» (p. 73). La primera cursiva y negritas son mías igual que la ironía del paréntesis, porque lo que quiero resaltar es la idea desarrollista que tiene el marxismo de creer que las necesidades son acumulativas y expansivas per se. Me explico: no estoy aludiendo a lo que le tocaría a cualquier gobierno que asuma lo social como parte sustantiva de su responsabilidad para acabar con la desigualdad y hacer que lleguen a todos los beneficios de la cultura, la economía, la educación, etc., que es precisamente lo que entendemos aquí como el vivir viviendo, siendo que, ciertamente y me consta, vivíamos antes de Chávez, y cuando digo vivíamos me refiero a un cerca del 80% de la población, muriendo, esto es en la anomia social, en el más completo pesimismo. No estoy pues, diciendo que se niegue o corte el acceso a todos los beneficios que hacen que la vida sea más y mejor vida; me refiero a que, llegado un momento, se han de planificar las necesidades, de modo de no sean por naturaleza ni acumulativas y expansivas, puesto que no hay otro planeta sino éste; en otras palabras, y sólo para poner un ejemplo: no hay manera de acumular y expandir más allá de ciertos límites, el combustible y la energía fósil. Creerlo, como lo cree el marxismo desarrollista de Sutherland, es un tremendismo, no importa y dando por descontados la cantidad y la calidad de los insultos que le enrostra a la –digamos- «izquierda ecologista». Puedo entender que el socialismo científico no acepte que la tierra esté viva, pero eso no le da la razón frente a filosofías y culturas que hablan de la madre tierra sin personificarla ni animarla

(que es lo creemos nosotros que ellos hacen), sino, simplemente, aceptando (no creyendo) que somos parte de la tierra, de la vida toda. El marxismo de Sutherland se ríe de ello, aunque entiende materialistamente que la naturaleza es «la extensión vital del cuerpo humano y lugar de su desarrollo» (pp. 83-84), como entiende que la alienación es producto de la separación entre el trabajador y la naturaleza, entre los cuales se ha interpuesto «El patrón, el jefe, el burgués», «nefasta y artificial interdicción organizacional [que] enajena al ser genérico [el cual] amerita del espacio natural para apropiarlo y crear en él la materialidad esencial necesaria para autoproducirse» (p. 85). Sí, de acuerdo. Pero. La naturaleza no está dada de una vez y para siempre, y nos necesita (aunque mucho más le necesitamos nosotros) para re-producirse, de manera de garantizar que nuestra auto-producción pueda ser re-auto-producción. El marxismo detesta escuchar que el planeta tiene límites; la verdad no entiendo por qué.

Sigamos.

Volviendo a lo de las necesidades compartimos con Sutherland que el sistema capitalista «NO funciona para la satisfacción de las necesidades sociales de la clase obrera (los desposeídos de medios de producción y subsistencia, cuya única forma de reproducirse es la venta de su mercancía fuerza de trabajo)…» (p. 243); pero Sutherland no alcanza a definir las necesidades sociales, porque estas están pre-supuestas, es decir, todos necesitamos educación, salud, trabajo, vivienda… sí, pero cuáles, de qué tipo, de qué naturaleza… Es decir, qué educación, qué salud, etc., pues no basta con decir que sean liberadoras, porque el problema está precisamente allí, en la liberación, en el tipo de liberación, en el concepto y praxis de liberación. En otras palabras, y refiriéndonos al ámbito del trabajo: la fábrica es nuestra en tanto que trabajadores y por lo tanto ya somos libres aunque el producto de la fábrica sea nuestro necesariamente sólo de manera indirecta. Nuestra fábrica de celulares, por ejemplo, produce cientos y

miles de celulares que, por supuesto, yo no uso ni usaré (ni, por cierto, necesito). La producción sólo indirectamente me pertenece en la medida en que su venta y comercialización genera un dinero social que se revierte socialmente en obras públicas, salud, educación, más trabajo, etc. Esa es pues, la «libertad» a la que llega Sutherland, nada despreciable cierto es, pero tiene sus límites, porque no hay manera de desarrollar más allá de estos límites la producción de celulares, si venimos al caso; es decir, es prácticamente una locura producir cientos y miles de celulares que se desecharán más pronto que tarde, en botaderos donde se acumularán cientos y miles por años y años. Eso es una locura. O se piensan soluciones a futuro o el mundo que conocemos, en las que predomina esta noción de trabajo articulado a necesidades «acumulativas y expansivas» sea en condiciones capitalistas o socialistas, acabará con los recursos que permitirán la re-producción. Por cierto, no pretendo esquivar los golpes que le lanza a los anticonsumistas. Ya dije arriba que nadie puede quedar excluido de los beneficios de la cultura, de la economía, la educación, la salud; que, ciertamente, «la vida deber ser para disfrutarla, amar, salir, conversar y desarrollar al ser humano polifacético…» (p. 288). No creo que llegue a ser yo un «mefítico agente infiltrado por el capital en el movimiento obrero», pero señalar que existe una producción (socialista) para el capital, que deja las cosas tal cual como estaban, que conserva las estructuras productivas articuladas a una idea de recursos inagotables (para responder a necesidades acumulativas y expansivas) es irracional. Furibundo Sutherland me tacha (no a mí sino a los de mi especie) de reaccionario. Protesta a grito pelado contra los que llama «pequeños capitales», costureras, sastres, panaderos o artesanos están eliminados de la óptica productiva de los Sutherland. Ayudarlos es «echar hacia atrás la rueda de la Historia (la mayúscula es de él, que conste) y salvar -por momentosa capitales incapaces de sobrevivir sin muletas que tarde o temprano quebrarán» (p. 263). Campesinos, indígenas, artesanos, uníos al


gran capital (socialista), a la máquina de la producción y el desarrollo (socialista) porque de lo contrario la rueda de la Historia os aplastará… Sus tentativas de producción, sus formas de vida, están condenadas por la Historia a desaparecer… Rendíos. El libro de Sutherland arriba a un fin desastroso, fruto dilecto de un marxismo descocado que haría sonrojar a Ludovico Silva, tan bien y oportunamente citado al principio. En la página 322 se desmanda: «Cuando unos prefieren irse a la playa; jugar dominó; bailar salsa en El Maní; relajarse con el yoga (etc.) otros miembros de la sociedad se dedican a organizar –y de alguna manera- unir las voluntades de lucha de sus congéneres, para lograr cumplir con sus objetivos de clase», estos son la (famosa) vanguardia, la esclarecida, los iluminados, los que tienen tiempo (no lo dije yo, lo dijo él. Cito: «El proletariado en general no tiene tiempo –objetivamente- de reflexionar sobre el andar del mundo si sobre su propia reproducción», p. 274). Por cierto, ¿Aristóteles pensaba porque había esclavos…? No sé, pregunto. Volvamos; es verdad que no tiene tiempo, pero la solución no es que una vanguardia esclarecida piense por ellos, muy otra es la alternativa: debemos crear espacios de saber y trabajo en los que se piense y se produzca al mismo tiem-

po y sobre todo, se piense en la producción, en las formas de producción, en las formas de re-producción, y en particular y muy importante, territorialmente, pensando y produciendo de acuerdo a circuitos económicos no capitalistas, con ritmos y espacio-temporalidades culturales propias y diversas. No según una idea iluminada de economía, sometida a las ruedas (dentadas) de la Historia. La vanguardia de Sutherland está fetichizada y de ahí al Partido (Comunista) lo que hay es un paso. Fetichizar el partido es su consecuencia natural: «El partido debeconstruirse como esa forma evolucionada de combate presta a mostrar y desarrollarlas mejores aptitudes de los miembros de la clase que dan un paso al frente ante la ignominia burguesa» (p. 324). De aquí a la sociedad (comunista) idealizada, negación absoluta del marxismo, sólo hay un paso más… lo demás es un desbarrancadero, la utopía más descabellada, la oda al futuro sin futuro. «Claro está, cito, en la sociedad que imaginamos -donde la alienación perezca con la economía mercantil- debe haber una integración plena entre todos los seres humanos para propiciar una organización social del trabajo lo más científica posible, que permita manufacturar de manera planificada a escala mundial con la máxima productividad posible y guardando

pleno respeto por el ecosistema. Esto puede permitir a millones de seres humanos el disponer de verdadero tiempo libre para desarrollar las labores que cada uno ansíe; ya no para ganarse el pan de cada día, sino por anhelos artísticos y culturales. Sólo destruyendo el reino de la escasez por el imperio de la abundancia, abriremos las compuertas al comunismo y al reverdecer de una humanidad que el capitalismo insiste en negar» (p. 325) Suenan fuegos artificiales y el telón se cierra sobre un libro que nos ayuda a entender lo que es la alienación, aunque no pueda ir más allá, ni ofrecer una verdadera, cierta y material alternativa, es decir, una alternativa marxista. «Empujemos, dice, hasta más allá de sí mismo el Capital para superarlo con todo lo útil que nos deja –de nuevo, avances científico-técnicos-; olvidémonos de teorías que sólo anhelan bufas vueltas al pasado». El pasado según los Sutherland está por ejemplo en la producción orgánica de alimentos, energía y viviendas, supongo; en la reorganización de los circuitos económicos en función de necesidades no acumulativas ni expansivas; en la reorganización por ende del consumo para cada vez necesitar menos cosas, de modo que la economía no se reactive enloqueciendo la producción y el consumo, la solución keynes-

siana del capitalismo con rostro humano… El futuro no es el capitalismo ni la producción sin fin (socialista); no está en el pasado y sí en la construcción de formas de vida en las que la mercancía no exista. Para producir no-mercancías necesitamos ser nuevamente humanos, y los humanos lo somos cuando producimos articulados a la naturaleza en función de satisfacer necesidades humanas… las cuales no son ni acumulativas ni expansivas, pues no se miden, no pesan, no se cuentan, en otras palabras: NO SE ACUMULAN. En fin, camarada Sutherland, NO NECESITAMOS MÁS Y CADA VEZ MÁS COSAS. El capitalismo vive y destruye como lo hace precisamente porque nos hizo creer y al parecer nos convenció de que necesitamos siempre más y más, por eso nos vende muchas más cosas innecesarias que necesarias. El capitalismo sobrevive porque nos vende como necesario lo superfluo y nos conmina a desear hasta dar la vida incluso lo suntuario y lo fútil. En vez de comida comemos basura y veneno. En vez de silencio, ruido. Nos hace creer que necesitamos luz a toda hora, agua a toda hora, internet a toda hora. Nos hace creer hasta la locura que podemos vivir para siempre en un planeta ilimitado, abierto las 24 horas del día y de la noche también.

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LA MANCHA 127  

REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

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