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Una historia para dormir A Camilo se le dificultaba correr, era poco ágil debido a un problema en su pierna derecha; esta discapacidad era de nacimiento, una pierna era más corta que la otra. Debido a ello los niños en la escuela se reían y ocasiones hasta se aprovechaban de él. Camilo vivía un poco triste, entendía que nunca llegaría a superar a sus amigos, por mucho que lo intentara. Comprendía que siempre sería el hazmerreír y el perdedor del salón. Debido a ello surgían muchos interrogantes dentro de él, a los que pocas veces encontraba una respuesta que lo dejara satisfecho. ¿Por qué de tantos niños en mi salón, sólo yo tengo esta discapacidad? ¿Por qué tuve que nacer así? Por qué no se me dio la oportunidad de ser igual a todos? ¡Creo que soy el niño más desafortunado! Cada día Camilo se decepcionaba de si mismo, y poco a poco se iba alejando de sus compañeros. Cierto día el profesor de educación física decidió incrementar a su clase el juego de ajedrez. Reemplazaría durante un semestre el deporte, por este juego que desarrollaría habilidades mentales en los chicos. Para Camilo esto fue genial y la oportunidad que le abriría un espacio dentro de su salón, para competir con sus compañeros sin ninguna desventaja, puesto que no tendría que correr. Para Camilo no fue difícil entender las reglas y los movimientos del juego, pues su padre le había estado enseñando días atrás, solo que él no había puerto mucho interés, ya que pensaba que ese juego era de poca importancia. Al cabo de dos meses Camilo era uno de los mejores jugadores de su salón y terminando el trimestre había logrado superar a la mayoría de estudiantes, motivo por el cual fue elegido el mejor jugador de su escuela. El profesor le comunicó que debía competir con estudiantes de otras escuelas, y que el premio para el ganador consistía en cinco computadores para su colegio. Sus amigos no lo podían creer, el nombre de Camilo era ahora el más sonado en toda la escuela, sus amigos empezaron a admirarlo y a ser amables con él. Cuando llegó el día de la competencia, Camilo logró superar a los otros chicos obteniendo así el primer lugar y ganó el premio para su escuela. Cuando salió sus ojos se inundaron de lágrimas, allí estaban sus profesores y compañeros de salón, todos se lanzaron sobre él para felicitarlo y llevarlo en sus hombros; ya no estaba compitiendo ni corriendo con sus amigos, ahora él estaba sobre ellos y todos corrían con él.


Desde entonces todos vieron en Camilo un niño que a pesar de su discapacidad en la pierna derecha, había logrado superar a muchos niños totalmente “normales”. Camilo aprendió que tenía igual valor que sus compañeros. Los amigos de Camilo aprendieron la lección: hay que ser amables con todas las personas independientemente de sus habilidades o discapacidades. Hasta la próxima edición con una nueva Aventura. Por: Margarita Romero Docente Castellano.


Una historia para dormir