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ENTREVISTA A CLAUDIO RISSI POR SERGIO PJASECZNY.-

-En algún aspecto de su vida, ¿se reconoce marginal? -En ciertos momentos, me he sentido marginal y, muchas veces, me sentí marginado, incluso, por mi mismo. -¿Se aislaba? -Así es. y ese aislamiento hacía que los demás me miraran como un sapo de otro pozo. -¿Con que no se jode? -No se jode con la justicia social; no se jode con la salud ni con la educación; no se jode con los niños ni con los ancianos. -Cuando le sugiere que no intente algo, ¿qué actitud toma? -Depende. Me han dicho que no valía la pena que me tomase el trabajo de estudiar teatro y, menos mal que no les di bola, porque estaban totalmente equivocados. -Las opiniones de sus seres queridos, ¿nunca hicieron virar el rumbo de sus decisiones? -Siempre escucho los consejos y sólo pido opiniones a las personas que sé que me van a decir lo que piensan de verdad. De todos modos, no soy una veleta que anda cambiando de dirección ante cada opinión. Si fuese así, sería imposible vivir.


-¿Qué le dice la voz de la experiencia? -Que nunca hay que abandonar los sueños. De hecho, yo soñé muchas de las cosas que hoy estoy viviendo. No soy un tipo de grandes ambiciones, pero soy un soñador. Siempre defendí mis sueños que, pequeños o absurdos, se fueron cumpliendo de a poquito, después de mucho tiempo. -¿Se puede estar bien con Dios y con el diablo? -Muchos pueden. A mi no me sale. -¿En qué punto de su vida se encuentra? -Profesionalmente, estoy encausado e instalado en un lugar en el que mis referentes me dan su anuencia y puedo realizar mis aportes creativos, que es el lugar que anhelé como artista. En lo personal, estoy bien, recibiendo afecto de gente que me quiere bien y el respeto del público. -Cuando se mira al espejo, ¿qué ve? -A un pendejo de veinte años que se quedó dormido (risas). -¿Es una imagen que le gusta? -Por momentos. Hay días en los que me miro al espejo y me digo: “¡Che gordo, pará un poco con las pastas!” (risas). -¿Cómo cree que se encuentra psíquicamente?


-Bastante equilibrado. Estoy tranquilo y disfrutando mucho. Me transformé en un bicho muy casero, porque siempre fui muy callejero, ya que no tenía mi lugar. Ahora lo tengo y lo gozo. Hoy, mi casa es mi remanso. Invito a mi gente a tomar un mate, a charlar, a escuchar música, a mirar una película, cosas que hace el común denominador de las personas, pero que a mi me costaba muchísimo. -El destino, ¿está marcado? -Yo creo que cada quien es artífice de su camino, pero nadie se hace solo, siempre intervienen las circunstancias. Por ejemplo, si estás en el desierto del Sahara y te querés convertir en un nadador como Meolans, la vas a pasar como el culo (risas). -¿Qué hace honorable a una persona? -¡Uy, qué difícil! Para mi, honorable es el que tiene en cuenta a los demás y que entendió que está en el mundo para algo, que su paso por la tierra no es sólo para acumular poder y riqueza. Honorable es un médico como Favaloro; honorable es un maestro que genera en los pibes el interés por el conocimiento; honorable es una madre que da la teta para criar a su hijo y que es más trascendente la vida de su hijo que la de ella misma.


-¿Qué corregiría de usted? -Mis malos humores. Yo tengo mecha corta. Como soy un chico callejero y un muchacho muy caprichoso, la ansiedad me empuja al malhumor cuando no se dan las cosas como las pienso. Suelo hincharme las pelotas rápidamente. Estoy trabajando en eso y en disminuir mi ansiedad para dejar de morfar pastas (risas). -¿Qué transcendencia le otorga al dinero? -Es un transporte que me ayuda a llegar a algún lugar y a darme algunos gustos. Soy muy mano suelta con la guita. Un descontrolado. Dicen que la plata es la base de la fortuna, pero a mi no me interesa. Mis viejos se rompieron el orto y nunca tuvieron nada. De hecho, los reyes magos que llegaban a mi casa eran muy pobres. Yo les pedí una bicicleta y nunca me la trajeron. Recuerdo que una vez mi mamá estaba colgando la ropa que había lavado en el fondo de casa y yo le dije que teníamos que comprar dólares. Yo tenía diez años. Mi vieja me miró sorprendida, cómo sin entender. Ella, pobrecita, con todo lo que laburaba, con la columna destrozada por lo que trajinaba para parar la olla y yo diciéndole que compre dólares. Yo vinculo a la plata con esas giladas. -¿En qué le faltan cinco para el peso?


-En no haber sido padre, pegué en el palo. -En alguna ocasión, ¿sintió ganas de tirar todo por la borda? -Sí, incluso hasta mi propia vida. Por suerte pude reconstruirme, lamer mis heridas y caminar casi con una sonrisa por la calle. -¿Ya está de vuelta de todo? -No, sigo aprendiendo. Ayer estaba cantando en casa el tango “¡Qué me van a hablar de amor!”y pensaba: “¡Qué maravilla! uno cree que está de vuelta y, de pronto, abre los ojos, mira, encuentra una sonrisa y dice: “No aprendí nada. Otra vez estoy hecho un boludo con la sonrisa de una mujer””. No está nada mal poder sorprenderse todos los días -Cuando la vida pierde sorpresa, ¿se deprecia su sentido? -Y…todo se pone turbio. Yo me doy cuenta que tengo muelas cuando me duelen. En general, cuando una está triste advierte que tuvo momentos de alegría. A mi me pasa, que cuando me encuentro con la mirada de alguien, me quiero quedar ahí, dure lo que dure, porque la vida es muy cortita. No sabés el tiempo que me llevó poder acceder a ese amor que tanto me marcó. -¿Por qué?


-Porque tenía miedo. -¿A qué? -A de perder y no tenía nada. Yo vibraba cuando estaba cerca de ella y para no perder esas vibraciones que sólo eran una fantasía, no me atrevía a decirle te amo. Me llevó meses poder decirlo. -¿Y mientras tanto? -Sufría como un boludo, hasta que nos dimos un beso y quedamos prendados para el resto del viaje. -Dígame Rissi, ¿cuál es el motor que lo impulsa? -El juego. En este cuerpo adulto hay encerrado un nuño que está todo el tiempo pulsando por salir a jugar. Siempre me decían: “Che, ya estás grande para jugar, buscate una novia y dejate de joder”, me daban órdenes para dejar de hacer lo que más amaba que era jugar. De chico, usaba de caballo la escoba de mi mamá; de adulto filmé “Aballay” con un caballo de verdad. Hoy juego y encima me pagan por eso. -Un privilegio. -Sin duda, yo soy un privilegiado. RECUADRO 1 -¿Es usted un actor de raza?


-Sí. Desde los 10 años deseé ser actor y tengo la fortuna de haber nacido con la capacidad de serlo. Hago bien mi trabajo. Puede gustar o no, pero soy un profesional eficaz y eficiente. -¿Cómo resulta vivir de su vocación? -Muy difícil, porque no tenemos un gran marcado, porque bajó el nivel de producción nacional y la competencia es feroz. Hoy vivir de este oficio es muy complejo.

-¿Su búsqueda artística por dónde pasa? -Por contar historias que sean creíbles. Históricamente esta fue mi búsqueda. Quiero que cada trabajo que haga tenga una cuota de verosimilitud y, a la vez, que no adviertan que estoy actuando, el perfecto mentiroso. -La actuación, ¿puede mejorar un poco la vida de la gente? -Sí, porque aunque sea por un rato, puedo modificar la realidad de la gente. Creo que esa es la mejor tarea que puedo realizar con mis pocas posibilidades de modificar esta bruta realidad. RECUADRO LOS MIEDOS DE CLAUDIO Claudio Rissi afirma: “A esta altura, sé que la vida es finita y que, en algún momento, termina. Yo le temo a la humillación de las enfermedades desgraciadas, esas que te condenan, que te arruinan y que te dejan en una lenta agonía. El miedo a la muerte refleja el miedo a lo desconocido, como decía Hamblet: uno le teme a “ese umbral que no vuelve a cruzar viajero alguno”. Eso condiciona, porque nadie sabe si hay una vida más allá. Uno planea algo y no lo hace por temor al castigo divino.


Ese miedo modifica el aquí y ahora y te hace pensar que, tal vez, uno debe expiar una culpa”. El actor devela que en varias ocasiones se privó de hacer o de sentir algo por temor: “Fueron cuestiones amorosas en las que temía ser rechazado. Me he quedado quieto y no tuve más de lo que tenía, que era la nada misma”. Cuando un ser querido le manifiesta que siente miedo, el entrevistado actúa en concordancia con una máxima que le dijo un gran maestro: “El me decía: “cuando estés triste, preguntate a qué le temés” y eso es lo que recomiendo. En varios casos, tuve miedo de sentirme disminuido como hombre por no cumplir con los cánones que la sociedad que sentencia que el varón debe sostener la casa y esas cosas. Por suerte, ese mandato está quedando perimido, pero yo me formé con otras bases culturales: el hombre provee y la mujer contiene. Cuando iba a pedir laburo a un canal, lo pedía como diciendo “Por favor, no me des el laburo porque no sé si voy a poder hacerlo”. Con el tiempo, asumí que era actor y me dejé de hinchar las pelotas. Hoy, puedo hablar de este modo, porque sucedió. Quizá fueron casualidades, pero cuando las casualidades son muchas, ya no hay casualidad”. RECUADRO 2 EL CASTNG DE EVITA

“Sólo me fue bien en un casting, Se trataba de la película “Evita”, que iba a dirigir Oliver Stone. Me presenté y quedé, pero no me interesaba. En esa ocasión, canté un tango mejor que nunca y estuve


muy relajado, porque tenía la impunidad que da el desinterés. Excepto esa vez, jamás quedé en un casting. Creo que eso se debe a que mis propias expectativas me condicionaban en el desarrollo del trabajo de mostrar”.

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