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ENTREVISTA
Edurne Pasaban Resiliencia forjada en la alta montaña
Hace 15 años Edurne Pasaban hizo historia al convertirse en la primera mujer en coronar los 14 picos más altos del planeta. Hoy la alpinista de reconocimiento internacional mira aquella hazaña con perspectiva y comparte cómo las lecciones aprendidas en la alta montaña le han servido para impulsar y liderar sus propios proyectos empresariales. Porque, como ella misma demuestra, entre el alpinismo y el mundo de la empresa existen más paralelismos de los que podría parecer.
PATRICIA CATALÀ C84 pcatala@aecoc.es
Su trayectoria es admirable no solo por las cumbres alcanzadas, sino también por la honestidad con la que ha mostrado sus vulnerabilidades. Ha hablado –y sigue hablando– de salud mental, de la profunda depresión e intentos de suicidio que atravesó en 2006, de las veces en que pensó en abandonar su sueño y de cómo esas caídas hicieron que la conquista de los 14 ochomiles tuviera un valor aún mayor.
Hay nombres que quedan grabados con mayúsculas en la historia del alpinismo, y Edurne Pasaban es sin duda uno de ellos. En 2001 alcanzó la cima del Everest y, aunque no fue la primera mujer en lograrlo, pocos podían imaginar que nueve años después, el 17 de mayo de 2010, se convertiría en la primera mujer en completar los 14 “ochomiles”, los picos más altos del planeta.
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También se ha pronunciado sobre la presión que la sociedad ejerce sobre las mujeres, la congelación de óvulos y la maternidad “tardía” –“las cosas han cambiado mucho en pocos años”, afirma–. Sobre cómo la llegada de su hijo transformó su vida y sobre la importancia de visibilizar, desde posiciones de referencia, no solo los éxitos, sino también los momentos más duros.
“Un líder debe ponerse en el lugar de los demás, tanto en los buenos como en los malos momentos. Y trabajar juntos la resiliencia, la adaptación al cambio”.