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…Y EL HECHIZO CONTINUA… Eugenio Guerrero Codacop Marzo 2 de 2010 La Corte Constitucional finalmente resolvió la encrucijada del alma que aquejaba al presidente Uribe y tras la declaratoria de inexequibilidad de la ley que convocaba a un referendo, impidió que pudiera volver a presentarse como candidato para un tercer período. El alto tribunal reconoció en su sentencia que los vicios de trámite, las trampas y los excesos en la financiación del proceso, hacían que la iniciativa estuviera viciada desde su propio inicio. De este modo, apenas restan cinco meses de un mandato de ocho años en los que hubo más candidato que presidente. La Corte Constitucional honró su jurisprudencia vigente y evitó de paso que se consolidara aún más un régimen político con claros visos autoritarios, se concentrara el poder, se destruyeran los pesos y contrapesos institucionales y se diera al traste con la fórmula política del Estado Social y democrático de derecho, pluriétnico y multicultural consagrado en la constitución de 1991. La inexequibilidad del referendo reeleccionista es sin duda un hecho positivo para Colombia, pero no por ello ha de perderse de vista que lo que genera la injusticia, la violencia, la corrupción y la muerte, es el modelo en su conjunto, esto es, el sistema económico inequitativo e injusto, el régimen político corrupto y excluyente y el modelo cultural basado en la exclusión social y los privilegios. El presidente Uribe dio muestras de ser un hábil e incansable administrador de este régimen y su obra de gobierno simplemente lo fortaleció en sus vicios e inequidades, pero supo a partir de una bien ideada estrategia mediática, comunicar los odios como políticas de Estado. Es un gran combatiente y como tal, seguirá desde “cualquier trinchera prestando sus nobles servicios a la patria”. Ya lo proponen de Alcalde de Bogotá y hasta de fórmula vicepresidencial de cualquier Santos. Va a pasar un buen tiempo para que el país despierte del letargo, para que cesen los efectos de la pócima uribista, para que se supere por fin el embobe colectivo. Mientras tanto, todo parece indicar que el modelo cambiará el rostro de su administrador y que seguramente elegirá como presidente al responsable directo de los mal llamados falsos positivos y de la crisis de la salud, gracias al recorte y desmonte de la constitución en lo relacionado con el régimen de participaciones de los entes territoriales en las rentas generales de la Nación. Con todo, el legado que nos queda de ocho años de gobierno es un país que retrocedió enormemente en materia de derechos, que volvió a darle vida, poder y espacio político a concepciones de vida y de Estado esencialmente conservadoras y en ocasiones reaccionarias, que conjugó lo legal e ilegal en una amalgama de supuesto buen gobierno y


que abdicó de la ética porque el fin justifica los medios. Pero además, el próximo presidente, cualquiera que el sea, tendrá que lidiar, entre otros, con los siguientes problemas: El déficit fiscal que para este año supera los 25 billones de pesos y representa un poco más de cinco puntos del PIB. Lo paradójico es que este déficit creció en un período en el que la economía llegó a crecer hasta el ocho por ciento. Lo más grave es que ya no hay bienes o empresas para vender y el endeudamiento público de paso se hace insostenible. El desempleo y la inequidad económica y social hacen que seamos el país más inequitativo del mundo, con un desempleo abierto cercano al 15%, de lejos el más alto de toda América Latina y con una concentración del ingreso, de la riqueza, de la tierra y del crédito que resulta realmente afrentoso. Además, la informalidad ya supera el 60%, lo que indica que la prosperidad económica de pocos es el rebusque diario de la inmensa mayoría de los colombianos. La crisis de la salud que viene como resultado de un modelo que hace de los derechos y de las necesidades generales de las gentes el mejor negocio financiero. La salud está muy enferma y los recursos para curarla se los han tomado las EPS, los bancos y el gobierno comprando TES. La bomba pensional que demandará el traslado de buena parte del presupuesto nacional para atender este derecho de los colombianos, cerca de nueve billones el próximo año, mientras que los fondos privados y los bancos se hacen el gran negocio con los ahorros de los trabajadores. El modelo económico basado en los incentivos y exenciones para los ricos, que ha llevado a la revaluación y al desempleo. Los miles de millones que se anuncian de inversión no han significado la generación de empleo y por el contrario, han profundizado el déficit fiscal y la inequidad económica y social. Será necesaria una reforma tributaria que algunos llaman estructural, pero que seguro será la continuidad del actual modelo tributario que pone las cargas en los estratos medios y bajos de la sociedad, mientras que entrega a manos llenas los recursos públicos a los ricos a través de exenciones y subsidios directos. Es deseable y necesaria una reforma tributaria pero que sea progresiva, esto es, que los ricos paguen impuestos justos, que no se les otorguen exenciones y que se aplique el principio constitucional de hacer de los subsidios un mecanismo de redistribución de la riqueza, focalizándolos hacia los sectores más pobres de la sociedad. Las exenciones y los subsidios que se entregan a los sectores más privilegiados del país, representan cerca de diez billones de pesos anuales. El desplazamiento forzado, la crisis humanitaria y de los derechos humanos sigue siendo pan de nuestros días. El gobierno de la seguridad democrática también es el gobierno de cuatro millones de desplazados, de siete millones de hectáreas de tierras despojadas a los


campesinos y comunidades étnicas, de cerca de tres mil ejecuciones extrajudiciales conocidas como falsos positivos y de cientos de desaparecidos y secuestrados que no vieron la libertad durante estos largos ocho años. También es el gobierno que ha facilitado la exploración, explotación y despojo de nuestros recursos mineros, hídricos, madereros, de biodiversidad y energéticos y todo ello se denomina confianza inversionista. Pero además, el conflicto armado sigue contando víctimas, la guerrilla lejos de acabarse se fortalece y los paramilitares lejos de extinguirse se renuevan y cuentan con mayor poder político. También es el gobierno que abdicó la soberanía nacional con la entrega incondicional a los Estados Unidos y acabó con el próspero intercambio económico que se mantenía con los países vecinos. Entonces, ¿será bueno el legado del mejor presidente de Colombia según dicen muchos? ¿Por qué los colombianos están dispuestos a elegir al que el presidente indique? ¿Por qué se elegirá a un Congreso que según se observa será peor que el actual y eso ya es mucho decir? En fin, el hechizo continúa y mientras apacibles legiones rumian el vástago de su propia ignorancia o solazan su cómplice concupiscencia con el poder de turno, sería deseable que el que tenga ojos para ver que vea y el que tenga oídos para oír que oiga, para intentar comprender en qué país vivimos y a quién elegimos.


Y El Hechizo Continua