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REVISTA MEXICANA DE

LITERATURA Mediterráneo Trej po!'m�s De "F.ltrá"Uito de lue�o"

JORCF. C4.RKEftA :\:\'OR.-\OE HA.RT CRAZliE Et:�JCE ODIO

Do� jóvenes poetas mexicanos M.\ReO ANTO:'iIO MO:'\TF.S DE OCA R\FAEL Rmz HARRHL

El vwje delmuribuM" Ciudad abandof/ud'l

Clorinda Los buenos servicios Marx r la soberanía de la industrio, 1 Me importa madre y otros te.tJo.� Prólogo a una Autología El unil:erso de Samuel Beckett

Al'\DR¡;; PIURE DI::: MANIJIARGUES JULIO CORTÁZAR KOSTAS PAPA¡OAr..-:-;OU E:\1:'\I"-'UEL WRBALLO C¡:-;TIO VITIER GENE\ThE BOSNF"¡"OI

Tres comentarios al Proyecto,) de Ley de Dert!cho::> de Autor: GER:\IÁX FER:'oiÁNDEZ DEL CAsTILLO, LEOPOLDO ZEA, E;\flLlO ODRECÓ� Texto" La conspiración

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Alfon...o Reye:; en Argenlina: JORGE Lt:1S BORCES, VícTOR MAS�liB Talón de Aquile�

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EMMANUEL CARBALLO

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Me importa madre y otros textos

SEXO Y LE GUAJE LA LITERATURA para el joven escritor es un laberinto: una . . vez dentro, ignora la salida. Rccorremos a tientas sus mnu· mera bies aposentos. Una vaga intuición, sin emba�go, nos sostiene: descifrar su hechizo. E l lenguaje es femenlllo. Ve· mas las palabras como doncenas, com� putas, nu�ca como . . . Nos mujeres plenas. El lenguaje es Insaciable, lUJunoso. agotamos y él aún no comienza a agotarse: la obra es un . orgasmo simultáneo entre poeta y palabras. El lenguaje eS una mujer frígida; el poeta, un azorado adolescente. Para vencerlo necesitamos de celestinas: las normas, las reglas. Carecemos del arrojo necesario, nos contentamos con hacer· les a las palabras inocentes guiíJOS. Hay que emular a La� . rence hablar con el sexo en la mano. Debemos convertir nuest as vergüenzas en alegrías, hacer el elogio de � uestro . ombligo, de nuestro corazón. l ml electo es una serpiente y . no poseemos el secreto para hlpnolizarla, para erguirla: na· cimas en Occidente. La única retórica digna de ser puesta en práctica es la de la fecundación: "hazlas poeta dice Oc· -:-;tavio Paz-, haz que se traguen todas sus palabras .

ME IMPORTA MADRE EN MÉXICO la noción de pecado preside la vida. Un dcsen· canto profundo paraliza cl movimiento: lodo es vanidad r aflicción de espíritu. Nacemos derrotados, cristianos al revés: no sólo acep tamos la contingencia sino que nos solazamo� en ella y, lo que es más, le rendimos culto. Soportamos estoICOS 378

-me importa madre- la \ ida. México es la negación de la . vida, del optimismo. La risa, salud de cuerpo y espíritu, se halla abolida. Entre burla y conmiseración, de vez en cuando aparece en nuestros labios, acre, maloliente. Practicamos una extraña forma de incel:lto. En un país en el cual la única ley acatada es la ,'iolación, la madre representa, en principio, lo inaccesible. El dios es la madre y existe como tal porque no hemos reposado con ella en el mismo lecho. Es, por eso mismo, el único punto vulnerable. U más duro de todos los insultos es chinga tu madre y, prácticamente, empleamos el día en chingarla. Este insulto persigue la nulificación de lo inaccesible, pretende degradar al contrincante: envilecerlo otorgándole gratuitamente la categoría de incestuoso. El par­ lamento del ofendido es obvio: ,devolver amplificada la mis­ ma injuria. Se establece así una identidad ética entre ambos contendientes: los dos son transgresores del mismo "tabú", al quitar las comillas al objeto madre lo convieflen en sujeto, es decir, en mujer. Y la mujer es, por definición, ser acce­ sible: alcohol que rige nuestra vida afectiva . El verbo chino gar se convierte en interjección al pasar el hombre del tumul· to a la soledad. Chin ' es la antítesis de nuestra habitual cortesía: es símbolo de la ira. Tras la tensión de la sociabi. lidad, viene un período de ensimismamiento, oculto y prolon­ gado, durante el cual nos entregamos a ese estado de furia con el fin de recuperar el equilibrio. Chino . . es un afloja· miento de nuestro roslro social, un balbuciente me importan madre reglas y preceptos, una catarsis elíptica. Me impor. ta madre es una expresión de ddensa, de anticipada defensa que, en caso de no ser oportunamente empleada, se conver­ tiría en su sinónimo: me dieron en toda la madre. Y antes que aceptar la voz pasÍ\'a, usamos la activa: te di en toda la. . . La madre, por lo que se ve, es polivalente: representa, en forma indistinta, lo inaccesible y lo accesible, el valor y la cobardía, la verdad y la mentira. En última instancia, nos defendemos de Cristo amando a su Aladre, nos defendemos de la madre rindiendo culto a la Virgen, nos defendemos de las vírgenes, violándolas, confiriéndoles rango de madres. .

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mundo privado en tono privado, el diario es la descripción de un mundo en tono íntimo.

EL DIARIO Y LA NOVELA

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EL DIARIO es, en sí, íntimo. Nace como reflejo de un "yo . Como en los vcrbos reflexivos, la acción recae sobre el mIsmo sujeto que la ejecuta. . Su carácter es aliterario. La diferenCia entre las formas se propiamente literarias y las que accidentalmente lo. localiza en el ámbito de validez. Una novela, aun medita, presupone la posibili ad d� se� lc� a. ��stada o rec azada. . no Un diario en la pnmordlal slgnlilcaclOn del termmo, supone, p ecisamente, lectores. (Al lector de di�rios, furtivo o público, lo domina cierta morbosa oomplace�cla al cnlrar a , este mundo íntimo; al lector de formas propiamente htera· rias lo .domina una sana curiosidad. Aquél busca un hom­ bre; éste, al hombre.) El leclor de novelas, por ejemplo, comprende los carac­ teres sumando acciones, suposiciones y omisiones de los per­ sonajes. Un lector de diarios no tiene necesidad de hac�r la síntesis que le pennita el conocimiento d.e una humallldad determinada: le basta repasar el zumo diverso de los esta· dos de ánimo. El lector, en el primero de los casos, ayuda a completar la esencia de los personajes; en el otro, cimentada la personalidad, se concreta a mirarla, a admirarla . En la . . novela es hasta cierto punto, creador, ya que parliclpa; en el diario s espectador, adopta una posición pasiva. EL diario como forma literaria es una ficción mayormen­ te subjetiva que aIras formas. El relato �n él es. personal y . siempre en tiempo presente. La noyela, objetIva e Impersonal, está narrada en pretérito. (El presente en ella es una estra­ tagema.) La novela es conflicto de más de uno; el diario reduce el conflicto del hombre con los demás hombres a la opinión de la persona que escribe. La novela es la luz en su más rica composición; el diario, la luz descompuesta al �á. ximo en el espectro. En la novela vemos a los personajes como seres que degeneran o se perfeccio ?an en el li �mpo y . . en el espacio: nunca son os mismos al fma lzar la hlstona. En el diario sucede lo mismo aunque de dJÍerente manera: no vemos la transformación del personaje, nos la cuentan. Si la novela es, como quiere Kayser, la narración del

L" LITERATURA policial -no\'ela o cuento --está cimentada en el secreto, en un secreto. Enigma es aquello que no cono­ cemos. Encontrar solución al enigma que se nos plantea equivale a igualarnos en conocimiento con la persona que previamente poseía la clave; equivale, en otros términos, a ser nosotros mismos -los lectores- el detecti\e y, 10 que es más, el creador de este personaje. Si el lector en cualquier tipo de novela es un recreador, en la novela o cuento policia. les adquiere mayor jerarquía: está a la altura del creador mismo. (Compartir un secreto implicH complicidad, un vivir la misma vida.) Un hábil descifrador de crucigramas de­ muestra poseer un talento igual al que los idea. Con un sagaz lector de obras policiales sucede lo mismo: se doctora de novelista o, cuando menos, se licencia de cuentista. Y es que el encanto de estas obras reside en la inteligencia lógica, ma· temática en que están sustentadas. El lector que posea una inteligencia de esta naturaleza en grado superlativo puede optar a tal título. Por supuesto que existen autores policiales que no son igualados por el lector: poseen además del poder ce deducción y análisis, el secreto de la obra artística, la capacidad de comunicación. El lector de una novela común y corriente es impelido por la fuerza de los hechos, por las causas que los originan a trabajar al mismo tiempo que con el corazón, con el cere­ hro; el lector de una novela o cuento policiales trabaja ex­ clusivamente con la inteligencia, de nada le sirve tener cara· 'ZÓn. El primer lector es un hombre; el segundo, una máquina ce pensar. En la novela o cuento policiales la trama ejerce hege. manía sobre la historia. La pregunta que nos interesa sea con· testada es "¿por qué?", nunca "¿y luego?" ¡Qué distante s e encuentra la novela de aventuras! Dan ganas de inmolar .a Conan Doyle en aTas de Stevenson. Tan no predomina la historia, que la novela o cuento policiales siguen un invcrso

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EL SECRETO COMPARTIDO


procedimiento cronológico al usado en cuentos y novelas de aventuras: empiezan por el final -la perpetración del cri­ men-, terminan con la iniciación, razones que lo motivaron. Va este procedimiento de la acción a la deducción. Los acon­ tecimientos que forman el argumento de una obra de este tipo son vistos con lente de aumento, desmenuzados. J\lás que actos son pruebas: comprometen o ponen a salvo. El crimen en la novela o cuento policiales adquiere rango de enigma. Al descifrar este enigma, el mundo criminal de­ ja de ser secreto, se suprime su existencia aislada, se invalida su influjo pernicioso. Pasan los habitantes de este mundo, al ser descubiertos, del hampa a formar parte, tras de haber purgado sus delitos, de una sociedad sana. El detective es más que un verdu¡!;o, un redentor. Cumple su misión con aCecto, nunca con odio. Una obra de esta índole vale estéticamente cuando es algo más que el relato de la solución de un crimen; cuando los medios técnicos para la solución del enigma se concretan en un personaje, y éste tiene vida propia; cuando el triunfo de la justicia pasa de abstracto a ser triunfo personal del pro­ tagonista; cuando la idea de abreviación, de esquema que nos produce el ambiente de algunas de estas obras se trueca detallada atmósfera plena de vida.

SENSIBILIDAD Y BUENOS SENTIMIENTOS

51 LE quitásemos a la no\ela las palabras can que está ..:ons­ truída, no quedaría nada o casi nada: l a antología de lo posible, los personajes, el ambiente por sí solos no comuni­ can goce estético. (De excelentes argumentos -no hay temas desdeñables --está colmado el limbo de las novelas nona­ tas.) De allí el error de Luis Alberto 5ánchez al decir que América es una novela sin novelistas_ El paisaje, las costum­ bres, las acciones imantadas por la geografia no pueden darle originalidad n la novela, sí novedad aparente. Los temas en última instancia, tienen la edad del hombre y éste, en t dos . los contmentes, tiene la misma edad artística . Claro que me . . refiero al hombre conSIderado como objeto, no como sujeto de arte.

Los CUEXTISTAS mexicanos de tendencia marcadamente rea­ lista -los más en estos días- apelan a los buenos senti­ mientos de sus lectores, no n su sensibilidad. En vez de crear, retratan_ En yez de pulverizar la materia con la que trabajan -la realidad-, se concretan a explotar los más pobres re­ cursos de la literatura. La comunicación que se desprende de sus obras pertenece a los dominios de la ética, no a los de la estética. Sus cuentos se reducen, cualquiera que sea la anéc­ dota, a presentar la injusticia en todas sus caras: los abusos del poder, la explotación de la ingenuidad, de la ignorancia, la desesperación de los indigentes. En principio, cualquier lector simpatiza COIl los que sufren, con los que son explota­ dos. Mas esta simpatía es elemental, no artística. Personajes planos, estáticos (el autor. que es el único que los conoce nos hace el favor de decirnos que existen; ellos de por sí nunca comparecen: los engulle la intrincada sel­ va de las palabras, de los razonamientos didácticos), valen como pruebas, como muletillas que hacen posible que su autor se traslade del planteamiento dcl problema al desen­ lace, que ya se ha adivinado desde los iniciales contactos. Personajes de estas características invalidan uno de los más importantes elementos del cuento: la vida y sus actores. Es obvio que la historia --otro de los elementos -no puede ser conducida por seres inexistentes; requiere para actualizarse de seres posibles, ahitas de vida. Restando personajes y ac­ ción, queda de esOs cuentos el documento, la acusación. Y la simple acusación contra la injusticia halla su más justo acomodo en la violencia del discurso, en la prueba conclu­ yente del estudio pormenorizado. Después de leer un cuento de esta índole queda la extra­ ¡la sensación de haber sido bárbaramente golpeado, nunca de haber obtenido una experiencia eElética. Estos cucntistas dan la impresión de que en \ ez de usar pluma, usan contun­ dente maza; más que comunicarnos la vida, nos presentan argumentos abstractos. En vez de didgirse a la sensibilidad de sus lectores, 10 hacen a sus buenos sentimientos, a aque­ lla porción incontaminada del espíritu que nos hace sentir solidarios de las causas nobles.

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NOVEDAD Y ORIGINALIDAD

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LIMPIOS, RUDOS Y EXOTlCOS

AL JlO\WUE puede comprendérsele a través de sus aficione!'. Es muy distinto el hombre que se interesa por la Lucha Li . bre, que aquél que prefiere el Golf o el Polo. La sociología del deporte podría aportar elocuentes datos sobre las distin­ tas clases sociales, sobre el alma colectiva de los diversos grupos humanos que forman nuestra nacionalidad. Los ban· dos anta gónicos en que se dividen los espectadores de la . Lucha Libre revelan la lucha que se entabla en la conciencia del hombre enlre el bien (representado por el luchador "lim· p io") y el mal (por el luchador "rudo"). Sería interesante mdagar por qué, subconscientemenle, los espectadores estún de acuerdo con las marrullerías de los luchadores "salva­ jes", Tal vez se deba a que éstos simbolizan al Odisea mo· derno, "rico en recursos", no solamente lícitos sino también ilícitos. El luchador que se apega a las reglas del juego cs, en el fondo, despreciado porque pertenece a Ulla clase mo· ral casi extinguida: la del hombre recto, que obra de acuerdo a los más estrictos códigos éticos. No sería remoto que los luchadores "exóticos" -la tercera clase de contendientes­ representen en este remedo de la existencia el modo de vida farisaic�: no pueden competir, por ejemplo, con un rival feo, SUCIO; para hacerlo tienen que perfumar el ambien te' a . . SI mIsmos y a sus contrincantes. En forma convencional el espectador apl �ude el triunfo d l hombre hueno sobre el ero � . verso. SI. tal v l tona no e � racltble, como suele casi siempre � . suceder, tamblen se regocIJ.a: la lucha por la vida es libre en ella todo está permitido, menos la derrota. La lucha libr ilustra las reacciones éticas de un amplio sector de la clase humilde mexicana.

les. Esta adecuada escenografía se le escapó al erecto San Ignacio. El catarro es jesuítico, como la tosIerina francisca· na . El catarro es enemigo de la poesía, entusiasta de la no· vela. Si Forster le pide a la novela 50,000 palabras, el cata· rro le exige el medio millón; más que la novela de síntesis, desea la novela de análisis: la no\'e1a arropada más que la novela desnuda. Leo a Marcel Proust. EL NACIONALISMO, PECADO ORIGINAL

EL CATAlmo se tiene. no se padece. Es algo así como una s�pervivencia de la i !lfancia: un juguete. El catarro es va· . n �dad de vamdades, lIlduce a pensar en la fugacidad de la Vida: dura tan sólo tres días. Tenerlo debería ser condición imprescindible de los fieles en época de ejercicios espiritua·

EL NACIONALISMO en literatura es como el aire, invisible de puro transparente. Como en el proceso respiratorio, incons· cientemente nos llenamos de él: lo aspiramos para luego ex· halarlo teñido de nuestros propios humores. Nadie sale a la calle, por ejemplo, con la consigna de respirar y, lo que es más absurdo, a alimentarse únicamente con el aire.de ciertas calles, barrios o ciudades. "Lo autóctono -como dice Al. fonso Reyes- puede entenderse en dos sentidos. A veces es aquella fuerza instintiva, tan evidente que defenderla con sofismas es perjudicarla, y querer apoyarla en planes preme· ditados es privarla de su mejor virtud: la espontaneidad. ..; en otro sentido más concreto y m{¡s conscientemente apre· hensible es un enorme yacimiento de materia prima, de ob· jetos, formas, colores y sonidos, que necesitan ser incorpora. dos y disueltos en el flúido de la cultura, a la que comuniquen su condimento de abigarrada y gustosa especiería." Algunos escritores cuidan su mcxicanidad como las don· celias su purez.a: no frecuentan otras literaturas para no perder su peculiarísimo sello naciona1. Aun se escuchan en nuestro medio opiniones como ésta: "No leo para no influir· me". Esta postura de .dos caras sólo tiene una explicación: revela quien la sostiene su falta de individualidad, de ma· durez.. Quien está seguro de su virtud no teme perderla al menor contacto. Algunos críticos, tras de partir de la escasa calidad de nuestra literatura, concluyen negando su existencia. La nues· tra, conviene recordarlo, es una literatura punto menos que colonial: adicta en los más de los casos a la literatura que por sus méritos predomina, a los escritores que son sus mo· distas más cotizados.

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EL CATARRO Y LA NOVEL>\.


El inClujo en sensibilidades decorosamente dotadas no es contraproducente, antes bien resulta beneficioso. Caer en la exagerada copia de lo extranjero, en el pastiche, es ir, antes que nada, contra la literatura, accidentalmente contra la lite­ ratura mexicana. Los pecados individuales no son imputables a la colectividad: deben ser purgados por quien los cometió. Pero aun en estas formas bastardas de comunicación se mani· fiesta el pecado original del nacionalismo: no existe disfraz que llegue a anular un cuerpo. El influjo, por otra parte, es dinámico, muestra la capacidad receptiva de una literatura, ayuda a derribar los tabiques que separan a los hombres. De allí que el insularismo por un lado, y el cosmollolitismo por el otro, sean igualmente desaconsejables. El nacionalismo en literatura es como el pecado original: se nace con él, es producto de la geografía y de la historia. No necesita que lo defendamos, se defiende por sí solo . El nacionalismo, por último, no sirve para fijar el "domicilio del artista", es, simplemente, un pasaporte que nos permite asistir al "festín trágico de la vida".

Veamos, pata no ser injustos, el problema desd� otra . perspectiva. México posee escritores que podrían reslstl! ven· tajosamente la confrontación con escritores e otras l� litudes -pienso en Alfonso Reyes, en José Gorostlza, en Jaime o . rres Bodet, e n OcIa vio Paz- y que, sin embargo, no obtle· nen adecuada respuesta a sus ¡neguntas, no logran estahlec� r diálogo con las mayorías sino con las minorías. ¿Convendna que estos escritores renunciasen a su mundo, al arte, para . dedicar sus esfuerzos al mejoramiento de sus conCIUdadanos, siendo, simplemente, vulgarizadores o pedagogo? ? Creo �.ue no. Cumplen el deber que les impone ser ? le:<Icanos, slcn· . dolo admirablemente, demostrando su capaCidad excepcIOnal para el ejercicio de las letras. . Se me ocurre una solución: que haya dos tipos de Itbros, los de exportación y los de consumo doméstico. Los primer�s renejarían México en el mundo; los aIras, el mundo en Me· xico. Aquéllos serían superiores; éstos, elementales: . La solu· ción es drástica, pero es, sin embargo, una soluclOn. . EI : . que pueda comprender y expresar 10 que a nuestro publiCO lector le interesa, que lo haga; el que no pueda, que se de­ dique honradamente a hacer 10 que le interese.

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EXPORTACION y CONSUMO DOMESTICO Los ESCRITORES mexicanos escriben, digámoslo un tanto hi­ perbólicamente, para un público ideal, no para un público real. Destinan sus escritos a un público lector que posea una cultura idéntica a la suya. De aquí que el escribir en México sea un monólogo y no un diálogo. El público lector está como puesto, en su mayoría, por individuos de una cultura defi­ ciente, incapaces .de recibir, de modo directo, el proyectil que alberga el libro. Las creaciones de este tipo de escritores nacen muertas, no cumplen su finalidad más inmediata: ]a de encontrar lectores. El problema se agudiza, en parte, por la soberbia del propio escritor: en 'oe,.; de aludir a los moti· vos que realmente importan al público que podría ser su lector, los elude, crea una literatura --buena o mala- ajena al mundo elemental que le rodea. Mas este problema -sin solución visible-- no reside únicamente en la alusión o la elusión, sino, también, en la manera -el estilo es una ma· nera o un amaneramiento-- de tratar los asuntos. 386

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Me importa madre y otros textos, de Emmanuel Carballo