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REVISTA DE

BELLAS

ARTES

28 / 29 / 30 JULIO- DICIEMBRE 1969

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© 1969, Jose Luis Martinez

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l Di gitaliza d0 por .~&. Nacional de UCONACULTA •r.~~, • ...,. Bellas Artes


Presentaeion

El 20 de julio de 1969, la Luna inici6 su etapa hist6rica al realizarse el viaje de los cosmonautas estadounidenses. A partir de esta fecha, el satelite de la Tierra -y acaso posteriormente otros astros mas lejanoscomienza a tener una relaci6n inmediata con el hombre y, de simple fen6meno del cosmos, pasa a ser parte de la escena humana. Pero clesde los mas remotos documentos escritos, hace al menos cuarenta y cinco siglos, el hombre ha dejado constancia de su inquietud y de su fascinaci6n por la Luna. A lo largo de estos millares de aiios y en todos los extremos del mundo, por medio de las diversas vias y los metodos creados para interrogarse acerca de las cosas o para manifestar sentimientos y reacciones ante ellas, la Luna estara presente en las cosmogonias y en las mitologias, en la magia y en la superstici6n, en la ciencia yen la imaginaci6n. El egipcio del Libra de los muertos, el indio de las leyendas primitivas, el fil6sofo de Grecia, el mexica de la Leyenda de los soles, el poeta cortesano de China, el profeta de los testamentos hebreos son, en efecto, precursores de quienes crearan sucesiones ininterrumpidas de teorias, proposiciones e imaginaciones en torno a la Luna. En los origenes de las culturas, los pueblos conciben mitos para explicar la creaci6n de la pareja astral Sol-Luna, ora como un simple acto de la voluntad divina -Y ave o Ala crearon al Sol y a la Luna-, ora asociandolos a determinados temperamentos y pasiones, o bien sirviendose de fabulas en que intervienen dioses y hombres dec!didos a iluminar y a dar calor a la Tierra. La Luna se hace diosa: Isis o Diana, Artemisa o Metztli, Astarte o Selene, Tanit o Mamaquilla, oscuro poder celeste que interviene en la vida terrestre y al que es preciso mantener prop1c1o. La observaci6n de la Luna conducira al hombre primitivo a reconocer, como en un espejo, el esquema general de la vida humana. "Asi como el Sol es claro espejo de Dios y de sus divinos atributos -decia Baltasar Gracian--, la Luna lo es del hombre y de sus humanas im-

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perfecciones: ya crece, ya mengua, ya nace, ya muere, ya esta en su lleno, ya en su nada, nunca permaneciendo en un estado." En efecto, las fases lunares ascendentes y descendentes, y la renovacion periodica proponen, insistentemente, una leccion respecto a los ciclos vitales y, como lo sefialo Mircea Eliade, "es probable que la valoracion religiosa de los ritmos lunares haya hecho posible las primeras grandes sintesis antropocosmicas de los primitivos". La imagen se transformara facilmente en causa y se atribuiran a la Luna tanto efectos reales como solo imaginarios o coincidentes: accion sobre las mareas, sobre los temperamentos humanos, sobre la condicion y fisiologia femeninos y sobre los ciclos agricolas. Al imponerse la indagacion experimental y el reconocimiento de fenomenos constantes, ira decantandose lentamente el conocimiento cientifico de entre el laberinto de la magia y la astrologia. En cuanto surgen la poesia lirica y las obras de imaginacion, la Luna aparece como referencia de casi toda inquietud humana. Pareja menor del Sol, y apenas necesaria para nuestra vida, decoracion gratuita de la noche, mudable y ciclica, cercana y familiar y a la vez remota y perturbadora, todo convenia para que la Luna fuese un tema persistente. Se la asociara particularmente a lo irregular -fantasia, locura, incesto, irrealidad-, al misterio nocturno, al temperamento acuoso, al humor femenino, a la pureza y a la condicion vicaria. La Luna sera compafiia silenciosa de los amantes, impasible testigo de la discordia humana, imagen de lo perecedero, reflejo de la belleza y rostro vacio sobre el que se disparan ironias y bufonadas. Se le han atribuido todos los colores y le han convenido todos los epitetos. Ademas de explicarla y de cantarla, era natural que los hombres pensaran tambien en la posibilidad de llegar a ella. En el siglo n, un sirio de Samosata, que escribia en griego, compuso una divertida parodia, el lcaromenippus o Historia verdadera, que narra uno de los primeros viajes ala Luna. La descripcion que hace Luciano de la condicion y costumbres de los selenitas es una obra maestra de imaginacion y humor cuyos rasgos van a reaparecer a menudo. Otros autores posteriores de viajes imaginarios crearan lunas teologicas o liricas o cientificas, hasta la aparicion -hace aproximadamente un siglo- de las novelas de anticipacion de Jules Verne. Sirviendose del saber cientifico de aquellos afios y con la penetracion de un vidente, Verne -como en tantos otros campos- prefiguro lo esencial de lo que llegaria a ser el viaje verdadero a la Luna. "Lo que un hombre es capaz de imaginar -decia el novelista-, otro sera capaz de hacerlo." Quienes lo hicieron el verano de 1969: tres hombres preparados y dirigidos por un enorme equipo cientifico mediante el cual se habia previsto cada uno de los pasos y circunstancias del viaje, acaso no realizaron solo una hazafia individual, ya que nada o muy poco estaba confiado a su decision o a su arrojo, sino, ademas, considerado el viaje en su conjunto, efectuaron una hazafia tecnologica. Las transmisiones por television -que permitieron que el mundo fuera testigo del acontecimiento- y las conversaciones Tierra-Luna no han sido el menor de los modernos prodigios. Ademas del cumplimiento de un suefio milenario y del principio de la conquista del cosmos, este primer viaje

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puede significar tambien una seria crisis para la imaginacion humana. Ahora nos hemos persuadido, no sin apresuramiento, de que la ciencia y la tecnologia pueden saberlo, preverlo y dominarlo todo, y que no queda resquicio para el azar ni para el misterio. Hasta hace algunos meses, existia un cosmos acerca del cual teniamos, por una parte, descripciones y teorias astronomicas y, por otra, imaginaciones de la ciencia-ficcion, que hahian poblado los espacios y los mundos siderales de extravagantes criaturas y terrorHicos aparatos; ahora nos es forzoso aceptar que solo existe el inventario que nos propene la ciencia con sus propias teorias y posibilidades, sorprendentes y fabulosas elias mismas. Ahora el astro mas cercano, la Luna, empieza a ser una extension del campo de accion humano, le hemos impuesto nuestra historicidad, y pronto comenzaremos a poblarlo de instalaciones> explotaciones y campamentos, y a utilizarlo como estacion de apoyo a fin de proseguir la exploracion del cosmos. Todo ello significa que la historia humana esta en el inicio de una nueva etapa: que el aprovechamiento de la energia nuclear y la conquista del espacio exterior o, en terminos mas amplios, el progreso tecnologico, no solo va a obligarnos a ser testigos periodicamente de hechos excepcionales, sino que esos hechos -que apenas ayer se consideraban solo cosa de novelas de imaginacion y pronto nos pareceran corrientes y normales- van a determinar un cambio en nuestra concepcion del mundo y quizas en nuestra propia vida. Aunque ello no preocupe ni mucho ni poco al imperio tecnocrata, podemos preguntarnos: (que va a ocurrir en el campo de la creacion artistica respecto a la Luna, que por siglos y siglos ha sido tema y referencia tan frecuente? Quiza los poetas no le dirijan mas preguntas ni la invoquen como testigo complaciente de sus suefios y angustias, y careceran de sentido viajes imaginaries como los que escribieron Verne y Poe. Pero los actuales cuentistas de ciencia-ficcion han sabido encontrar una rendija para el misterio y la poesia entre el laberinto del conocimiento cientHico y los programas tecnologicos, y en el primer poema dedicado al alunizaje, Auden celebra que "impoluta, a Dios gracias, mi Luna aun reina en los cielos". Seguiremos, pues, contando con la Luna, aunque de manera diferente a como lo hemos hecho desde los origenes de la cultura. Una larga epoca ha concluido. Esta recopilacion quiere ser un testimonio de esa epoca y del anuncio de la que ahora se inicia.

(!) A pesar de su extension, los textos aqui reunidos no pretenden cubrir ni todos los territories ni todas las epocas ni todas las disciplinas. De hecho, la busqueda podria continuarse indefinidamente y, por supuesto. el curioso podra observar con razon que se olvido esto o lo otro. Provisional e imperfecto, este es solo un intento de mostrar la riqueza de expresiones que ha suscitado el tema en Ia literatura y en el pensamiento magico, filosofico y cientifico. Ello nos permite, al mismo tiempo, se-

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guir la evoluci6n de la mente humana, advertir las transformaciones del estilo y del gusto, y reconocer los diferentes tratamientos que el mismo tema recibe de varios enfoques: teologia o cosmologia, magia o mitologia, filosofia o ciencia, literatura o folklore. La secci6n dedicada a "El viaje ala Luna" recoge, del alud de informaciones y comentarios que provoc6 el acontecimiento, los documentos y exposiciones ba.sicos; un comentario muy penetrante en el que Moravia considera aspectos y repercusiones humanos de la hazaiia tecnol6gica, y la primera reacci6n poetica provocada por el alunizaje.

En las secciones que re{men textos literarios no escritos originalmente en espaiiol, se han aprovechado, siempre que existian, traducciones buenas o medianas o se han intentado otras. Sin embargo, ha sido preciso renunciar a paginas preciosas, como la mayor parte de los poemas de L'Imitation de Notre-Dame la Lune, de Jules Laforgue -de las que s6lo se ofrece una excelente version-, cuyas fantasias verbales resultan casi siempre intraducibles. No podria llamarse estrictamente antologia a esta recopilaci6n, ya que ha sido preciso combinar un criterio selectivo con pasajes que dejan constancia, simplemente, de una referencia. Por ejemplo, los versos del Mfo Cid o los de la Divina Commedia, que nose citan por ser los sobresalientes de esas obras sino por ser los que hablan de la Luna. En cambio, muchos otros textos, en prosa o en verso, son de la mas rigurosa antologia. Lamento haber tenido que poner fin a esta exploraci6n lunar en el bosque de los libros y las imagenes. En realidad, fue un buen pretexto para repasar y regustar algo de la cultura humana, encontrara o no encontrara lunas. Y, mientras yo sondeaba aquella mzna De las lunas de la mitologfa, Ahf estaba, a la vuclta de una esqwna, La luna celestial de cada dia. De esta indagaci6n no hubiese resultado la obra presente sin la colaboraci6n principal de Ali Chumacero y sin la ayuda generosa de Huberto Batis, Ignacio Bernal, Gaylon L. Caldwell, Miguel Capistran, Juan Carvajal, Alfonso Caso, Manuel Duran, Luis Estrada, Jaime Garda Tern~s, Jorge Hernandez Campos, Hugo Latorre Cabal, Enriqueta Loaeza de Garcia Borja, Gabriel Makay, Ottavio Mulas, Richard B. Phillips, Carlos Puig, Victor M. Reyes, Beatrice Trueblood y Laura y Eduardo Villasenor, que me comunicaron textos, redactaron exposiciones, hicieron traducciones o me facilitaron ilustraciones. A todos ellos expreso mi agradecimiento.

D

Jos:E LUis

MARTINEZ

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Sumario

G Textos

sagrados

11

0

lffitologias

0

Leyendas primitivas

0

Cosmogonias y cosmologias

0 8

0 0 8

Grecia y Roma

y Jlfrica

Europa

56

72

82

America

132

l'iajes imaginarios Ciencia

Varia

49

67

166

197

G Ciencia-Ficcion 218 G El viaje a la Luna •

39

lffagia, adivinacion, supersticion, simfJologia

G Jlsia 0

17

239

264

lndice general

275 9

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0 Textos sagrados

La pareja astral. Merian, 1618

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Himno a Isis

He aqui a Isis. Dice: "i Llego y protejo a Osiris! Mi aliento es vivificante como lo es el soplo del viento Norte creado por Turn. Yo he devuelto el vigor a tu garganta te he reunido a la divinidad, tus enernigos estan postrados a tus pies." i Oh. Isis! i Que tu sangre obre! i QnP. tn radiaci6n obre! i Que la fuerza de tu rnagia obre! i Protege, oh diosa; a este poderoso Espiritu y evitale el contacto con los seres que le inspiran horror y repugnancia!

cirna de su Ciudad. Parte en busca de Ia rnorada oculta de Horus, en el momenta en que este emerge de su pantano de caiias. Ella levanta su hornbro, que ha sido lastirnado ... He aqui que sube a bordo de la barca divina. El es consagrado Senor de los Mundos, pues ha cornbatido valienternente. En verdad, sus hazaiias no seran pronto olvidadas pues ha sernbrado el espanto y el terror. Su madre, Isis, Ia gran cliosa, lo protege mediante la fuerza de su Palabra rnagica y le trasrnite su poder.

He aqui a Isis que ernprende su vuelo por en-

El rey Sethos I y Ia diosa Isis. Abydos, Egipto

~

[El libra de los muertos de Egipto.

XXIV A.

C.]

El rey Sethos-Osiris y el dios Thot. Abydos, Egipto

Los Vedas: Luna llena

Llena atras y llena adelante, a la rnitad del rnes la Luna Llena es victoriosa: en su seno cohabitan los Dioses y la grandeza, i que nos sea dado, sabre Ia espina del cielo, ernbriagarnos de alirnento vivificante! Adorarnos al Toro que conquista el botin, el Toro de Ia Luna Llena: i que pueda otorgarnos, inagotable, Ia riqueza que nunca se fatiga!

Oh Prajapati, nadie sino tu ha engendrado todas las formas envolviendolas. AI hacerte libaci6n, i nuestro deseo mas ferviente es que searnos dueiios de las riquezas! Entre los dias y en las profundidades de la noche la Luna Llena ha sido la primera adorable; quienes te adoran, oh adorable, y te ofrecen sa[crificios, hombres piadosos, han entrada a! Cielo. [El Veda, Atharva Veda, 7.80. India, ca. 1500-500 A. C. Trad. V. Henry-JLM]

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Lunas biblicas Dios hizo la Luna

Detente Luna

Dijo ]uego Dios: "Haya en el firmamento de los cielos lumbreras para separar el dia de Ia noche, y servir de sefiales a estaciones, dias y afios; y luzcan en el firmamento de los cielos, para alumbrar en Ia Tierra." Y asi fue. Hizo Dios los dos grandes luminares, el mayor para presidir al dia, y el menor para presidir a Ia noche, y las estrellas; y los puso en el firmamen to de los cielos para alumbrar Ia Tierra y presidir al dia y a Ia noche, y separar Ia luz de las tinieblas. Y vio Dios ser buena, y hubo tarde y manana, dia cuarto.

Aquel dia, el dia en que Yave entreg6 a los amorreos en las manos de los hijos de Israel, habl6 .Josue a Yave, y a Ia vista de Israel dijo: "Sol, detente sobre y tu, Luna, sobre el Y el Sol se detuvo, hasta que Ia gente enemigos."

Gaba6n; valle de Ayal6n; y se par6 Ia Luna, se hubo vengado de sus [Josue, 10, 12-13]

[Genesis, 1, 14-19]

Hizo Ia Luna para medir los tiempos, y que el Sol su ocaso conociese. Tu tiendes las tinieblas y se hace noche, y en ella corretean todas las bestias salvajes. [Salmo 104, 19-20]

Los dones de la Luna Tambien Ia Luna brilla siempre a sus tiempos, para sefialar perpetuamente su sucesi6n. Por Ia Luna conocemos los dias de fiesta, y mengua cuando ha llegado a su plenitud. En Ia Luna nueva, segun su nombre, se renueva, y en sus varios cambios crece maravillosamente. Es faro de los campamentos en las alturas que alumbra el ejercito desde los cielos. [Eclesidstico, 43, 6-9]

No adorartis la Luna Ni alzando tus ojos al cielo, a! Sol, a Ia Luna, a las Estrellas, a todo el ejercito de los cielos, te engafies, adod.ndolos y dandoles culto; pOrque es Yave, tu Dios, quien se los ha dado a todos los pueblos debajo los cielos. [Deuteronomio, 4, 19]

Expuls6 a los sacerdotes de los idolos, puestos por los reyes de Juda para quemar perfumes en los altos, en las ciudades de Juda y en los alrededores de Jerusalen; a los que ofredan perfumes a Baal, al Sol, a Ia Luna, al Zodiaco y a toda Ia milicia de los cielos. [II Reyes, 23, 5]

Y los esparcid.n al Sol, a Ia Luna y a toda Ia milicia celeste, que ellos amaron y a que sirvieron, tras de Ia cual se fueron y que consultaron y adoraron; nadie los recogera ni los sepultara; servid.n de estiercol a Ia Tierra.

Olvidase el Sol de su levante y Ia Luna se queda en su morada ante el brillo de tus saetas voladoras, ante el resplandor de tu Ianza fulgurante. [Habacuc, 3, 11]

La Luna sangrienta La Luna do Yave el monte su gloria

se enrojecera, el Sol palidecera cuanSebaot sea proclamado rey. Y sobre de Si6n, en Jerusalen, resplandecera ante sus ancianos. [Isaias, 24, 23]

Y se cubrira de tinieblas el Sol, y de sangre Ia Luna, antes que venga el dia grande y terrible de Yave. Y todo el que invocare el nombre de Yave sera salvo. [Joel, 2, 31-32]

[Jeremias, 8, 2]

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Luego, en seguida. despues de Ia tribulacion de aquello3 dias, se oscurecenl. el Sol, y Ia Luna no clara su luz y las Estrellas caenl.n del cielo, y las columnas del cielo se conmovenl.n.

Cuando abrio el sexto sello, oi y hubo un gran terremoto, y el Sol se volvio negro como ua saco de pelo de cabra, y Ia Luna se torno toda como sangre, y las estrellas del cielo cayeron sobre Ia Tierra como Ia higuera deja caer sus higos sacudida por un viento fuerte, y el cielo se enrollo como un libro que se enrolla, y todos los montes e islas se movieron en sus Iugares.

[Mateo, 24, 29]

El Sol se tornara tinieblas y Ia Luna sangre antes que llegue el clia del Senor, grande y manifiesto.

[Apocalipsis, 6, 12-14] [Trad. Nacar-Colunga]

[Hechos, 2, 20]

Serafin Ausejo: La Luna y la Biblia

La Luna ha sido creada por Dios como "el menor de los dos gran des luminares", "para dominar Ia noche" (Genesis I, 14). Ella tiene que indicar tambien el tiempo y determinar los dias festivos (Eclesiristico 43, 6-7) , pues el mes y el aii.o se determinaban por !a Luna. Las fases variables de !a Luna son una imagen de volubilidad del necio (Eclesiristico 27, II), !a regularidad invariable de estas fases es imagen de !a eternidad del reino mesi{mico (Salmos 72, 5.7 83, 38). El eclipsarse de Ia Luna· desempeii.a un papel importante entre los horrores c6smicos que acompasan los castigos de !a ira divina, p. ej., contra Babilonia (Isaias 13, 10), Egipto (Ezequiel 32, 7) o en el dia del Juicio Final (Joel 3, 4 Aetas 2, 20 Apocalipsis 6, 12). En !a reedificacion de Jerusalen !a luz de Ia Luna semejara !a del Sol (Isaias 30, 26 ), pero se ruborizara ante Ia gloria inmensamente mayor de Ia Ciudad Santa (Isaias 24, 23). Por Ia semejanza evidente entre las fases de Ia Luna y el ciclo mensual de Ia mujer, los antiguos consideraron el ciclo de Ia Luna como ritmo de Ia vida del cosmos, el cual determinaria !a fecundidad de Ia mujer, el crecimiento de las plantas Ia lluvia y aun el destino de los hombres. Tambien en Ia Biblia se encuentran vestigios de esta creencia: E! D euteronomio (33, 14) habla de los renuevos de Ia Luna o frutos madurados bajo su acci6n; las lunr.tas que forman parte del adorno femenino (Isaias 3, 18) o que se colocaban a! cuello de los animales (] ueces 8, 21) ten ian por finalida -I a·;egurar Ia fecundidad . Los Salmos I 26, I hablan del influjo nefasto que Ia Luna puede ejercer sobre el hombre ( cf. tambien Mat eo 424, 17, 15, donde a un epileptico se le llamq "llln~ti­ co"). Job (38, 33) supone la creencia de que los astros determinan el curso de los acontecimientos terrestres, aunque este texto no m enciona expresamente a !a Luna. El "gobernar" de que hablan Genesis ( 1, 16) y los Salmos ( 136. 9) se refiere. probablemente, a todo estc conjunto de influencias. • El culto a Ia Luna ocupo un Iugar impor-

tante en las rdigiones del antiguo cercano Oriente. Los antepasados de Israel "sirvieron a otros dioses" (] osue 24, 2, 14) : las relaciones de Abraham con Ur y Jaran (Genesis II, 31), principales centros de culto a] dios lunar, muestran que veneraron a !a que es "guia de las caravanas". Los amorreos Ia veneraron bajo e] nombre de Yarih, de donde procede e] nombre de Iugar Bet-Yarih, y probablemente tarnbien ei de J erico. Mientras que, durante los primeros siglos del establecimiento de los israelitas en Palestina, el yahrismo tuvo que Iuchar principalmcnte contra las divinidades cananeas de Ia vegetacion, luego durante los siglos vn y VI A. C., se vio amenazado, bajo Ia influencia asiria, por e] culto a lo3 astros que todo lo invadia (2Re 17, 16 21, 3ss), y por consiguiente, tambien por el culto a !a Luna. Contra esta invasion reacciona el D cuteronomio (4, 19 y 17, 3); Yosias intent6 vanamente (cf. J eremias 8,2 ) poner fin a este culto (2 R e 23, 5 ) . Job ( 31' 26s ) atestigua que el jam as ha llcvado su mano a su boca para mandar un beso a Ia Luna, gesto caracteristico de adoracion (ad os ), conforme se ve representado frecuentemente en el arte mesopotamico; el libro de Ia Sabiduria (13. 2) reprueba a los que consideran como dioses las lumbreras del cielo, puesto que en realidad son seres sometidos a Dios, que fue quien Ies clio su mision determinada (Baruc 6, 59); en cambia I saias (24, 21-23) parece indicar que los astros son responsables de Ia idolatria de que son objeto; dice que Ia Luna enrojecera el dia en que Yahveh establezca su reinado. En Apocalipsis ( 12, 1) !a Luna, dios o atributo divino, es ahara escabel de sus pies; papel semejante tiene !a Luna en el Testamento de Levi, donde es el manto d e gloria de .Juda, a cuyos pies aparecen doce rayos. [Diccionario de la Biblia]

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Confucio: No puede alcanzarse la Luna

Confucio es como el Sol y la Luna, que nunca pueden alcanzarse con el pie del hombre. Un hombre puede esconderse de su luz, pero (:que mal hani esto al Sol o a Ia Luna? Quien contra el habla, muestra que no tiene noci6n de medir Ia propia capacidad. Tzu Kung dijo: "Las faltas de un hombre sabio y buena son como los eclipses del Sol y de Ia Luna. Todos ven el fracaso de este, pero cuando lo recti fica, toclos le miran con respeto." [Chino, siglo vr-v

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A.

C. Trad. Pedro Guirao]

Del Cortin

Ala creo el cielo i En el nombre de Ala, bienhechor y misericordioso!

El Libro es un testimonio formal. El Libro contiene !a Verdad que baj6 del Cielo. Sin embargo !a mayoria de los hombres son incredulos Ala cre6 el cielo, esa cupula que no sostiene columna alguna. Ala someti6 a sus 6rdenes a! Sol y a !a Luna. Cada uno de estos astros sigue exactamente el camino que Ala les ha trazado. Considerad las maravil!as que son obra de Ala, y creed en Ia Resurrecci6n. Ala desenroll6 !a alfombra de !a Tierra. Coloc6 las montaii.as y los rios Ia adorn6 con flares y frutos. Hizo son.reir al primer hombre y a Ia primera mujer. Orden6 a !a noche envolver al dia. Vosotros que pensais reflexionad en estos prodigies. [Siglo vm. Trad. Franz Toussaint]

El viaje de Mahoma. Imagen popular

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El pro/eta ve la Luna hendida Amenazas a los coraxies

7 Saldran de sus tumbas con la vista baja. como si fuesen langostas dispersadas. 8 Tiesos, se dirigiran al Pregonero. Los descreidos diran: "Este es el dia dificil." .[Trad. Juan Vernet]

1 La hora se acerca, Ia Luna se hiemle1 . 2 Si ven una aleya, se apartan y dicen: "Brujeria ininterrumpida." 3 Desmienten, siguen sus pasiones. Pero toda Orden es inamovible. 4 En los relatos de los profetas les han liegada amenazas. 5 La sabiduria completa; pero no sirven las amonestaciones. 6 i Vuelveles la espalda! El dia en que el Pregonero invite a ir a Ia cosa temible. 1 La luna se hiende: Los verbos de este verslculo estan en perfecto, lo cual ha llevado a Ia tradici6n a admitir que, en el momento de su revelaci6n, el Profeta ya habia visto Ia ruptura de Ia Luna. Pero como nos encontramos ante un texto de inspiraci6n divina y como para esta lo que concibe se realiza, estos verbos pueden traducirse en futuro o presente. Este milagro es el que mas en boga estuvo en Ia Europa medieval. La interpretacion racionalista del mismo, recogida por Caetani (Annali, I, 209), supone que dicho astro, en el momento de un orto u ocaso, se vio partido en dos por Ia interposici6n, ante los ojos del observador, de un obstaculo natural (v. g. una colina empinada). Cf. 82, I; 84, I y Daniel: Islam and the West.

El arquitecto de los cielos El ha dado la luz al Sol y la claridad a Ia Luna; El ha reglamentado sus fases, que sirven a los hombres para dividir el tiempo y para contar los aiios. (Arabia. x, 5]

Hemos regularizado las fases de la Luna, y en el instante en que aparece semeja un racimo de datiles. [xxxvr, 39]

Es el verdadero arquitecto de los cielos y de la Tierra: hace suceder Ia noche al dia y el dia a Ia noche. El Sol y la Luna obedecen a su voz recorriendo Ia curva que les ha trazado. (XXXIX,

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0 Mitologias

Diana, por Edward Mac. Carton

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P. Ehrenreich: T oda mitologia procede de la LuJW.

La Luna es Ia figura mas importante de Ia mitologia por Ia riqueza de motivos mitologicos que suministran sus fases, su cambiante apariencia, las manchas de su superficie, etc. Es, en efecto, uno de los objetos mas apropiados para simbolizar las mas variadas figuras religiosas y sus respectivos destinos, y para reflejar de un modo grafico toda clase de motivos de Ia vida religiosa y social. 0 bien es un hombre, y en calidad de tal hace de antepasado tribal, heroe civilizador, salvador, cazador, herrero, o es un calvo o una virgen o una vieja (bruja) o bien es un animal, y entonces es aguila, bUfalo, jabal!, macho cabrio, liebre, camaleon, etc., o es solo un objeto., pelota, plato, hoz, arco, cuchiilo, maza, costilla. Muchos mitos proceden tambien del aspecto astral de Ia Luna: esta es puesta en relacion con el mundo subterraneo, con Ia vegetacion, el agua, el viento y Ia meteorologia. Ante todo, y en mayor medida que cualquier otro cuerpo celeste o fenomeno natural, Ia Luna simboliza el destino y Ia vida del hombre. nacimiento, matrimonio, enfermedad, muerte, experiencia que mas que cualquiera otra absorben Ia actividad de los primitivos. De ahi que Ia mitologia lunar este tan difundida, alcanzando capas humanas mucho mas profund?.s qu~ ninguna otra. Aunque sea exagerada Ia tesis de ciertos mitologos astrales ( Stucken ) que creen que toda mitologia procede de Ia Luna (panlunarismo) , Ia verdad es que esta es mas importante de lo que aun hoy quieren reconocer algunos historiadores de la religion.

Artemisa de Efeso

Dos ciclos culturales parecen haber sentido especial preferencia por Ia Luna como simbolo de sus vivencias sociales y religiosas: uno patriarcal, muy antiguo, y otro matriarcal, mas reciente. En el patriarcal, donde los dos sexos gozan de igualdad de derechos, pero en el que el padre de Ia tribu ( o primer hombre) es objeto de especial veneracion, por lo que facilmente se confunde con el ser supremo, este es simbolizado con Ia Luna y se convierte, pues, en dios lunar (pigmeos, africanos, bosquimanos, australianos, etc.) . EI ciclo cultural mas reciente es el matriarcal, que proyecta en Ia Luna un ser femenino (primera madre ) que engendra a dos heroes gemelos, la Luna llena y Ia Luna nueva. La Luna simboliza Ia divinidad, el primer padre. Suministra una imagen grafica del dualismo, de la lucha que la vida y el bien (Luna llena) sostienen con Ia muerte y el mal (Luna nueva), que es tambien una preocupcion de los primitivos; el ser lunar se convierte en soberano o dios del mundo subterraneo (Osiris) ,

tal como tambien era dios de Ia vegetacion y senor de los animales. La Luna puede ser un demonio de los suenos y las tempestades, un dios del fuego y del agua. Su representante o su encarnacion en Ia tierra es el dios rey, sin culpa ni mancilla. La mitologia lunar nos conserva Ia mayor parte y hasta cierto punta la mas antigua del acervo de ideas religiosas humanas. De un cuito a Ia Luna propiamente dicho apenas puede hablarse,. ya que es raro que el ser divino sea identificado con el astra; el ser divino es imaginado en la Luna o detras de ella, o bien la Luna simboliza a Dios, el demiurgo, a! primer padre, etc. El prestigio y honor de que Ia Luna goza entre los pueblos primitivos (los bosquimanos la veneran porque ella depara lluvia, caza y frutos del campo) vienen elocuentemente indicados por las fiestas con que es celebrada Ia aparicion de Ia Luna nueva, como tambien las ruidosas ceremonias, inspiradas por el terror, con que se acompanan los eclipses y con las que se pretende salvar a Ia Luna de las garras del monstruo que amenaza nf'vorarla. [Die allgemeine Mythologie und ihre ethnologische Grundlagen, 1910]

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Herodoto: Antiguos cultos lunares

Se que los persas tienen las costumbres siguientes: No levan tan a sus dioses ni estatuas ni templos ni altares y llaman insensatos a quienes lo hacen. Creo que nunca les han dado forma humana a sus dioses, como lo hacen los griegos. Tienen Ia costumbre de ofrecer sacrificios a Zeus en Ia cima de las mas altas montaiias - le dan el nombre de Zeus a toda Ia b6veda celeste. Tambien ofrecen sacrificios a! SoL a Ia Luna, a Ia Tierra, a! Fuego, a! Agua y a los Vientos, que son los unicos dioses a los cuales siempre han ofrecido sacrificios, pero de los asirios y de los a rabes aprendieron a ofrecer sacrificios tambien a Ia Afrodita Celeste, diosa a Ia que llaman M ylitte los asirios; Alilat, los arabes y Mitra los persas. [I, 131] No esta permitido en Egipto ofrecer cerdos en sacrificios a los dioses, salvo a Ia Luna y a Dionysos que ambos admiten a Ia victima a! mismo tiempo, durante Ia misma Luna llena; despues del sacrificio, se come Ia carne de Ia bestia. cPor que los egipcios, que en otras festividades tienen horror a los cerdos, los sacrifican en esta? Dan una raz6n que conozco, pero juzgo

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conveniente callarmela. He aqui c6mo se ofrecen en sacrificio los cerdos a Ia Luna: despues de haber muerto a Ia victima, el sacrificador junta el extremo de Ia cola, el bazo y el epipl6n, que cubre con toda Ia grasa que se encontraba en el vientre del animal, y quema todo esto. Se come el resto del animal el dia de Ia Luna llena en que se efectu6 el sacrificio; en cualquier otro dia del aiio, nadie pensaria en tocarlo. Los egipcios pobres, faltos de recursos, ofrecen a estos dioses figuritas de cerdos hechas de barro. [II, 47] Los lacedemonios decidieron socorrer a Atenas, pero les fue imposible hacerlo en seguida pues no querian infringir su ley: era el noveno dia del mes y dijeron que no emprenderian una expedici6n en tal d!a, antes que hubiera Luna !lena. [VI, 106] El Sol era el astro profetico de los griegos, y Ia Luna el de los persas. [VII, 37] [La encuesta o Los nueve libros de la historia, Trad. A. Barguet-E.L .]

C. Hentze: La Luna inconstante

"En el simbolismo de Ia Luna -observa Mircea Eliade- se debe tener presente que esta (lo contrario que el Sol) crece y decrece, desaparece, su vida esta sujeta a Ia ley universal del devenir, del nacimiento y de Ia muerte. La Luna tiene una historia patetica . porque su decrepitud, como Ia del hombre, desemboca en Ia muerte." De aqui Ia complejidad de su extenso y varia simbolismo. En contraposici6n a! SoL significa el ~undo de las tinieblas. Pindaro Ia llama "ojo de !a noche" y Horacia, "reina del' silencio". En esta identificaci6n con Ia noche, aparece con una significaci6n maternal y protectora, a Ia vez que peligrosa y ocultante. Por esta significaci6n, Ia Luna evoca las ideas de Ia imaginaci6n y Ia fantasia. Lo "lunatico" es lo estrafalario, fantastico o extravagante. Tal simbolismo deriva, sin duda, de su caricter pasivo ( recibe Ia luz del Sol) que otorga a Ia Luna una significaci6n femenina y, como tal, voluble e inconstante. De Ia misma forma que los poetas antiguos identificaron a! dios Apolo ( o Febo) con el Sol, asi tambien identificaron a Artemisa (Diana o Semele) con la Luna. [Mythes et Symboles lunaires, Anvers, 1932]

Artemisa de Efeso

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Mircea Eliade: Lo que el hombre ha aprendido en la Luna Un rapido analisis de las multiples valoraciones religiosas de Ia Luna nos mucstra todo lo que los hombres han leido en los ritmos lunares. Gracias a las fases lunares, es decir, a su "nacimiento", su "muerte" y su "resurrecci6n", los hombres han tornado conciencia, a Ia vez, de su propia manera de ser en el Cosmos y de sus posibilidades de supervivencia o renacimiento. Gracias a! simbolismo lunar, el hombre religioso fue impulsado a relacionar vastos conjuntos de hechos sin relaci6n aparente entre ellos y, finalmente, a integrarlos en un solo "sistema". Es probable que Ia valoraci6n religiosa de los ritmos lunares haya hecho posibles las primeras grandes sintesis antropoc6smicas de los primitivos. Gracias al simbolismo lunar, han podido relacionarse y solidarizarse hechos tan heterogeneos como: el nacimiento, el devenir, Ia muerte, Ia resurrecci6n; las aguas, las plantas, Ia mujer, Ia fecundidad, Ia inmortalidad; las tinieblas c6srnicas, Ia vida prenatal y Ia existencia de ultratumba, seguida de un renacimiento de tipo lunar ("luz que sale de las tinieblas") ; la trama, el simbolo del "hilo de Ia Vida", el destino, Ia temporalidad, Ia muerte, etc. En general, la mayor parte de las ideas de ciclo, de dualismo, de polaridad, de oposici6n y de conflicto, y tambien las de reconciliaci6n de los contrarios, de coincidentia oppositorum, se han descubierto, o precisado, gracias al simbolismo lunar. Puede hablarse de una

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[Le Sacre et le profane, III, Paris, 1965. Trad. J.L.M.]

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"metafisica de Ia Luna", en el sentido de un sistema corriente de "verdades" que conciemen a! modo de ser especifico de los seres vivientes, de todo lo que en el Cosmos participa de Ia Vida, es decir, en el devenir, en el crecimiento, y en el decrecimiento, en Ia "muerte" y en Ia "resurrecci6n". No debe olvidarse que no solamente Ia Luna revela a! hombre religioso que Ia Muerte esta indisolublemente ligada a Ia Vida sino tambien, y muy especialmente, que la Muerte no es definitiva y que estd siempre seguida de un nuevo nacimiento. La Luna valoriza religiosamente el devenir c6smico y reconcilia a! hombre con Ia Muerte. El Sol, por lo contrario, revela otra manera de existencia: no participa en el devenir; siempre en movimiento, permanece inmutable y su forma es siempre Ia misma. Las hierofanias soiares expresan valores religiosos de autonomia y de fnerza, de soberania y de inteligencia. A ello se debe que, en ciertas culturas, asistamos a un proceso de solarizaci6n de los Seres supremos. Como lo hemos vista, los dioses celestes tienden a desaparecer de Ia actualidad religiosa, pero en algunos casas su estructura y su prestigio sobreviven aun en los dioses solares, sabre todo en las civilizaciones altamente elaboradas que han tenido una funci6n hist6rica importante (Egipto, Oriente helenistico, Mexico).

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Las fases de Ia Luna

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P. Commelin:

Diana o A.rtemisa Diana o Artemisa, hija de Latona y de Juf>iter, hermana gemela de Apolo, nacida en Delos, vino al mundo momentos antes que su hermano. Testigo de los dolores de parto de Latona, concibi6 tal aversion a! matrimonio que pidi6 y obtuvo de Jupiter Ia gracia de conservar una virginidad perpetua como Ia de Minerva, su hermana. Por esto, las dos diosas recibieron d el oraculo de Apolo el nombre de "virgenes blancas". Jupiter mismo la arm6 con un arco y flechas y la hizo reina de los bosques. Como cortejo le dio sesenta ninfas llamadas Oceanidas, y otras veinte llamadas Asias, de quienes ella exigia una inviolable castidad. Con este numeroso y gracioso cortejo, se dedicaba a Ia caceria, su ocupaci6n favorita. Todas sus ninfas eran altas y bellas, pero la diosa las excedia en altura y belleza. Como Apolo, su hermano, tiene varios nombres. En Ia tierra se llama Diana o Artemisa, en el cielo Luna o Febe; en los infiernos Hecate. Tenia adem as un gran numero de apodos segun las cualidades que se le atribuian, las comarcas que parecia favorecer o los templos donde se le veneraba. Cuando Apolo, es decir el Sol, desaparece en el horizonte, Diana, es decir Ia Luna, resplandece en los cielos y esparce discretamente su luz en las profundidades misteriosas de Ia noche. Estas dos divinidades tienen funciones parecidas pero no identica,s: iluminan el mundo alternativamente, de ahi su caracter fraternal. A Apolo lo veneran de preferencia los jovenes: a Diana los coros de muchachas. Esta diosa es grave, severa, cruel y vengativa. Castiga dura y despiadadamente a cuantos provocan su enojo. No duda en destruir sus cosechas, en matar sus rebaiios, en sembrar epidemias a su alrededor, en humillar, en hacer perecer a sus hijos. Accede a las suplicas de Latona, su madre, uniendose a Apolo para lanzar sus flechas contra todos los hijos de la desdichada Niobe. Y trata a sus ninfas con et mismo rigor si descuidan sus deberes. U n dia, Acteon, en una caceria, la sorprende toman do un baiio; tan pronto como ella se da cuenta, Je echa agua a la cara y lo convierte en ciervo, a! que devora su propia jauria. Otro dia, en un ataque de celos, Ianza sus flechas y hace perecer cruelmente a Orion, a quien ama y que se ha dejado raptar por la Aurora. Opis, compaiiera de Diana, no tuvo mejor suerte. Virgen implacable, Diana se enamora sin embargo de Endimion. Nieto de Jupiter, habia obtenido del amo del Olimpo, el singular favor de un sueiio perpetuo. Siempre joven, sin

Diana, por Jean Antoine Houdon

sentir jamas los perjuicios de Ia vejez ni de !a muerte, Endimion dormia en una gruta del monte Latmos, en Carie. Ahi venia Diana o Ia Luna cada noche a visitarlo. Se le consagraban especialmente Ia cierva y el jabali. Se le ofrecian sacrificios de productos de Ia tierra, bueyes, cameros, venados blancos y algunas veces victimas humanas. Sabemos que el sacrificio de Ifigenia inspiro a mas de un poeta tragico. En Tauride se inmolaban los naufragos a Diana o en su honor se les lanzaba a un precipio. En Cilicia, tenia un templo donde sus adoradores caminaban sobre carbones ardientes. Su templo mas famoso era indudablemente el de Efesos. Durante doscientos veinte aiios, toda Asia participo en su construecion, su ornamentacion y su enriquecimiento. Fueron seguramente sus inmensas riquezas Ia causa de las revoluciones que sufrio. Se dice que fue construido y reconstruido siete veces. Sin embargo, Ia historia no menciona mas que dos incendios, el primero causado por las Ama-

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zonas y el segundo por Erostrato, ]a misma noche en que nacio Alejandro. El templo fue totalmente destruido el aiio 263 bajo el emperador Gallieno. Las estatuas de Diana de Efesos son muy conocidas; el cuerpo de la cliosa normalmente se divide en bandas, de manera que parece estar ceiiida. Lleva sabre la cabeza una torre de varios pisos, en cada brazo unos leones, y en el pecho y el vientre un gran numero de senos. Toda la parte inferior del cuerpo esta cubierta de diferentes animales: hueyes o toros, ciervos, esfinges, abejas, insectos, etc. . . Se ven tambien arboles y plantas, todos simbolos de ]a naturaleza y de sus inumerables productos. En otras partes se la representa a veces con tres cabezas, la primera de caballo, la segunda de mujer o de jabalina y la tercera de perro o de toro o de leon. Estas diversas representaciones parecen relacionarse con un culto primitivo, de origen asiatica, mezclado de tradiciones egipcias. En el arte griego propiamente dicho, es sabre todo a la D iana casta, la Diana cazadora, amante de los bosques y _de las montanas, la diosa orgullosa y altiva, la resplandeciente reina de Ja noche, a ]a que se representa casi siempre. Se Ia presenta en traje de caceria, el pelo recogido en la nuca, la tunica levantada por un segundo cinturon. Lleva el carcaj a] hombra, un perro a su !ado, y sostiene un arco t.enso con el que lanza una flecha. Lleva las prernas y los pies desnudos y el seno derecho descubierto. Algunas veces va calzada con sandalias. A menudo tiene una media luna sobre la frente, simbolo de la Luna. Se le represen-

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taba cazando o en el bano, o descansando de Ia caza. Los poetas_ la describen ya sea sobre un carro tirado por ciervos o por venados blancos, o montada sobre un venado o corriendo a pie con su perro, y siempre rodeada por sus ninfas, armadas como ella de arcos y flechas.

La Luna o Selene La Luna o Selene, hija de Hiperion y de Teia, al saber que su hermano Helios, al que amaba tiernamente, se habia ahogado en el Eridan, se arrojo desde lo alto de su palacio. Pero los dicses, conmovidos por su piedad fraternal, la colocaron en el cielo y !a convirtieron en astro. Pindaro la llama ojo de la noche y Horacia la reina del silencio. Asi como los poetas a menudo mezclan a Apolo, a Febo y al Sol en la misma personalidad, identifican tambien a Artemisa con Selene, con Diana y con la Luna. La mas grande divinidad sideral despues del Sol era la Luna. Bajo miles de formas diversas, su culto era conocido en todos los pueblos. Las brujas de Tesalia pretendian tener gran relacion con Ja Luna. Se jactaban de poder, por media de sus encantamientos, ya sea salvar a Ia Luna del dragon que queria devorarla, gracias al ruido de calderos de cobre, durante los eclipses, o bien de hacerla descender a su gusto a Ia tierra. El Junes es el dia de Ia semana que se le consagra. ( Lunaedies). [Mythologie grecque et romaine. Paris, 1960. Traducci6n E. L.)

Leon Hebreo : Naturaleza y cond iciones de Diana

Hacen a Diana virgen porque Ia excesiva frialdad de Ia Luna aquieta Ia incitacion y el ardor de Ia libidine a aquellos en cuyo nacimiento ella tiene dominio. Llamanla dea de montes y campos, porque Ia Luna tiene gran fuerza en el brotar de las hierbas y de los arboles. con los cuales apacienta los animales selvaticos. Llamanla cazadora, porque con su claridad ayuda a los cazadores de noche. Tambien la llaman guarda de los caminos, porque con su luz nocturna hace los caminos seguros para los caminantes. Dicen que trae arco y saetas parque sus rayos son muy danosos a los animales, mayormente si a manera de saetas entran por

agujeros estrechos. Dedicanle un carro que lo llevan ciervos blancos para dar a entender, por ]a velocidad de ellos, que su movimiento es mas veloz que el de ningun otro orbe, porque acaba su circuito en un mes, y Ia blancura es el color suyo propio. Llamase Luna porque, cuando es nueva, alumbra el principia de Ia noche. Llamase Diana porque, cuando es vieja, anticipa el dia alumbrando la manana antes que salga el Sol. y tambien porque muchas veces parecc de dia. [Judio-portugm!s (?), siglos xv-xvr, Dialogos de amor, ca. 1535. Traducci6n del Inca Garcilaso de Ia Vegaj

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Robert Graves: Endimion

Endimi6n era el bello hijo de Zeus y Ia ninfa Galice, eolio por Ia raza aunque de origen cario, que expuls6 a Climeno del reino de Ia Elida. Su esposa, conocida con muchos nombres diferentes, como Ifianasa, Hiperipa, Cromia y Neis, Ie clio cuatro hijos; tambien tuvo cincuenta hijas con Selene, quien se habia enamorado de el desesperadamente: Este mito recuerda que un caudillo eolia invadi6 Ia Elida y acept6 las consecuencias de su casamiento con Ia diosa Luna, pelasga y representante de H era -los nombres de las esposas de Endimi6n son todos titulos de Ia Luna- , jefa de un colegio

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de cincuenta sacerdotisas del agua. Cuando termin6 su reinado fue debidamente sacrificado y se Ie concedi6 un templo de heroe en Olimpia. Pi sa, Ia ciu dad a Ia que perteneda Olimpia, significaba, segun se dice, en el idioma lidio ( o cretense) "Iugar de descanso privado", es decir, de Ia Luna. El nombre Endimi6n (en latin: indue ere ) se refiere a Ia seducci6n del rey porIa Luna, como si fuera una de las Empusas, pero los antiguos lo explicaron como refiriendose a somnum ei inductum, "el sueiio impuesto a el". [Los mitos griegos, 1955]

James George Frazer: Lunas en La rama dorada

Diana como la Luna Diana no reinaba sola en su bosque de Nemi; dos divinidades menores compartian su rustico santuario. Una era Egeria, Ia ninfa de las claras aguas que borbotaban al salir por entre las rocas de basalto y caian en graciles cascadas sabre el !ago en el sitio denominado Le Mole a causa de haber sido emplazados alii 路los molinos del pueblo moderno de Nemi. El murmullo de Ia corriente sobre su !echo de guijas es mencionado por O vidio, que nos cuenta que bebia de sus aguas con frecuencia. Las mujeres embarazadas acostumbraban hacer sacrificios a Egeria, suponiendola, como Diana, capaz de concederles un parto feliz. Cuenta Ia tradici6n que Ia ninfa habia sido Ia esposa o amante del sabio rey Numa, de quien se acompaii6 en el misterio del bosquecillo sagrado, y que las !eyes que clio el rey a los romanos le fueron inspiradas por Ia deidad durante estas relaciones. Plutarco compara Ia leyenda con otras historias de amores de diosas con hombres mortales, tales como los amores de Cibeles y Ia Luna con los hermosos j6venes Atis y Endimi6n. Segun otros autores. el Iugar de las citas de los amantes no estaba en el bosque de Nemi, sino en un bosquecillo situado en las afueras de Ia Porta Capena de Roma, en donde otra fuen_te, tambien consagrada a Egeria, brotaba del mterior de una cueva oscura. Todos los dias, y para lavar el templo de Vesta, las vestales romanas sacaban el agua de este manantial, y Ia llevaban en cantaros de loza sabre Ia cabeza. En tiempos de Juvenal Ia roca natural habia sido revestida de marmol y el Iugar consagrado estaba siendo profanado por cuadrillas de judios menesterosos a quienes se consentia guarecerse en el bosquecillo como gitanos. Supo-

nemos que el manantial que caia sabre el !ago de Nemi fue el verdaderamente original de Egeria y que cuando los primeros emigrantes bajaron de las colinas albanas a los bancos del Tiber, trajeron consigo a Ia ninfa y fundaron un nuevo hagar para ella en un bosquecillo extramuros de Ia ciudad. Restos de banos encontrados dentro del recinto sagrado, asi como muchos modelados de distintas partes del cuerpo hechos de barro cocido, sugieren que las aguas de Egeria se usaron para Ia curaci6n de enfermos, los que pudieron manifestar su f~ o testimoniar su gratitud dedicando a Ia d10sa exvotos de los miembros enfermos, del mismo modo que todavia se acostumbra hacer en muchas partes de Europa. Hoy dia, al parecer, d manantial sigue teniendo propiedades medicinales. [1, 1)

Eclipses Asi como el mago piensa que puede hacer llover, del mismo modo imagina que puede obligar al Sol a brillar, apresurar su marcha o detenerla. Los ojebways imaginaron que el eclipse significaba que el Sol estaba extinguiendose y, en consecuencia, disparaban al aire flechas incendiarias, esperando que podrian reavivar su luz agonizante. Los sencis del Peru tambien disparaban flechas encendidas al Sol durante los eclipses, pero al parecer hacian esto, mas bien que para reencandilar Ia lampara solar, para ahuyentar una bestia salvaje con quien estaba luchando, segun ellos creian. A Ia inversa, algunas tribus del O rinoco durante un eclipse de Luna ponian bajo tierra ramas encendidas, pues, segun ellos, si Ia Luna se extinguiera, to-

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dos los fuegos de Ia Tierra se apagarian con ella, excepto los que estuvieran ocultos a su mirada. Durante un eclipse de Sol, los kamtchacos soHan sacar de sus cabanas el fuego y oraban a! gran luminar para que les alumbrase como anteriormente. Pero Ia oracion dirigida a! Sol muestra que esta ceremonia era religiosa mas que magica. Puramente magica, por otro lado, era la ceremonia que cumplian los indios chilcotin en ocasiones parecidas. Hombres y mujeres, remangandose las tunicas como cuando viajan y apoyandose en garrotes como si fueran cargados con mucho peso, andaban sin cesar formando un circulo, hasta que el eclipse habia pasado. Indudablemente creian que asi sostenian los pasos cansinos del Sol segun caminaba su fatigosa vuelta por el cielo.

el crimen tenia que tener su expiacion ante Ia diosa de Ia fertilidad. Ahara bien, dado el principia de que Ia diosa de Ia fertilidad debe ser ella misma fertil, incumbia a Diana tener un companero masculino. Si puede confiarse en el testimonio de Servius, el companero varon de Ia diosa era Virbius, que tenia su representante o quizas mejor su personalidad en el rey del bosque en Nemi. La idea de esta union seria promover Ia fertilidad de Ia tierra, de los animales y de los humanos y debio pensarse, naturalmente, que este designio seria mas facilmente alcanzado si se celebran anualmente las nupcias sagradas, siendo representados los papeles de Ia novia divina y del novio, ya mediante imagenes, ya con personas vivas. [xn, 1]

(v, 3]

La Luna y los sacrificios humanos

Acelerar la Luna Asi como hay gentes que consideran posible acelerar el Sol, asi tambien hay otras que creen poder empujar a Ia tardia Luna. Los nativos de Nueva Guinea calculan los meses por b Luna y se ha sabido de algunos que arrojaban piedras y cantos a Ia Luna, con idea de acelerar su progreso y acortar asi el tiempo de Ia vuelta de sus amigos que estaban fuera de casa hacia doce meses, trabajando en una plantacion de tabaco. [v, 3]

La Luna y la /ecundidad Diana no era solamente Ia patrocinadora de los animales salvajes, senora de los bosques y montes, de los claros solitarios y de las rumorosas corrientes; imaginada como Luna y especialmente, como podriamos creer, como Ia Luna amarillenta de las cosechas, ella henchia Ia casa de labor del agricultor con frutos hermosos y escuchaba las oraciones de las parturientas. En su bosque sagrado de N emi, como ya hemos vista, tenia culto especial como diosa de los partos, Ia que concedia descendencia a los humanos. Asi, Diana, semejante a Ia griega Artemisa, con Ia que estaba continuamente identificada, puede ser descrita como diosa de Ia naturaleza en general y de Ia fertilidad en particular. No es para maravillarse, por esto, que en su santuario, sabre el Aventino, estuviera representada por una imagen copiada del idolo de muchos pechos de Ia Artemisa efesiana con todos sus multiples emblemas de Ia fecundidad exuberante. Por ello, podemos entender Ia razon de una antigua ley romana, atribuida a! rey Tulia Hostilio, que prescribia que cuando se hubiera cometido un incesto, tenia que ofrecerse por cl pontifice un sacrificio expiatorio en el bosque de Diana. Nosotros sabemos que el crimen de incesto se supone generalmente que produce una epoca de hambre; por esto es por Io que

Los paganos de Harran ofrendaban al Sol, Ia Luna y los planetas, victimas humanas que eran elegidas por el supuesto parecido o semejanza con los cuerpos celestes a quienes los sacrificaban; por ejemplo, los sacerdotes vestidos de rojo y embadurnados con sangre ofrecian un hombre pelirrojo y de mejillas rubicundas a! "rojo planeta Marte", en un templo pintado de rojo y revestido de colgaduras rojas. Estos y otros ejemplos semejantes de asimilar Ia victima a! dios o al fenomeno natural que representa se basa esencialmente en el principia de Ia magia homeopatica o imitativa, en Ia idea de que el objetivo deseado se obtendra mas pronto por media de sacrificios que se parezcan al efecto que se desea conseguir. (XLVII,

4]

La Luna y los sacrificios de animales Una vez a! ano los egipcios sacrificaban cerdos a Ia Luna y a Osiris, y no solo los sacrificaban sino que carnian su carne, aunque cualquier otro dia del ano no podian hacer una cosa ni otra. Los egipcios demasiado pobres para poder ofrecer un cerdo en ese dia, cocian tortas de masa de harina y las ofrendaban en su Iugar. Dificilmente puede explicarse esto salvo en Ia hip6tesis de ser el cerdo un animal sagrado que carnian sacramentalmente sus fieles una sola vez a! ano. [xux, 4]

La Luna y los demonios Los habitantes de Bali, isla al este de Java, tienen expulsiones periodicas de diablos en gran escala. Generalmente el momenta escogido para Ia expulsion es el dia de Ia "Luna oscura", en el novena mes. Cuando Ilevan mucho tiempo sin molestar a los demonios, se dice que el pais esta "caliente", y el sacerdote decide ordenar su expulsion por Ia fuerza, temiendo que todo

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Bali llegue a hacerse inhabitable. En el dia senalado, el pueblo de Ia aldea o del distrito se congrega en el templo principal. Alii, en una encrucijada, colocan ofr~das para los demonios. Despues de las oraciones recitadas por los sacerdotes, el sonido de un cuerno convoca a los demonios a participar de Ia comida que ~路 e ha preparado para ellos. AI mismo tiempo, un numero de hombres marchan adelante y encienden sus antorchas en Ia lampara santa que arde ante el gran sacerdote. Inmediatamente, y seguidos por todos los circunstantes, se esparcen en todas direcciones, marchando por las ca:lles y gritando: "i Marchad! i Largo!" Cuando pasan gritando, Ia gente que se ha quedado en las casas se apresura a hacer un ruido ensordecedor con los golpazos que dan sobre las puertas, vigas, molinillos del arroz y demas, para participar en Ia expulsion de los diablos. Asi hostigados en las casas y calles, los espiritus vuelan a! banquete que se ha servido para ellos, pero alli los recibe el sacerdote con exorcismos que acaban expulsandoles del distrito. Cuando el ultimo diablo ha tornado !a soleta, sucede a! tumulto un silencio de muerte que todavia dura hasta otro dia. Piensan que los demonios estan deseosos de volver a sus antiguas casas y con Ia idea de hacerles pensar que Bali no es Bali, sino una isla desierta, nadie puede rnaverse de su casa durante veinticuatro horas.

Hasta los ordinarios trabajos caseros, inclusive el cocinar, estan en suspenso; s6Io los vigilantes pueden andar por Ia calle. Cuelgan en todas las entradas del pueblo guirnaldas de espinos y hojas, para impedir Ia entrada a los forasteros. Hasta el tercer dia no se levanta el estado de sitio y aun entonces esta prohibido trabajar en los arrozales o comprar y vender en el mercado. La mayoria del pueblo queda en su domicilio entreteniendo el tiempo con naipes y dados. (LVI,

3)

La Luna y los poseidos La victima expiatoria puede ser un hombre divino . . . La gente piensa que un hombre es asi senalado como victima expiatoria por los pecados de los demas. En el templo de Ia Luna, los albaneses del Caucaso oriental mantenian unos cuantos esclavos sagrados, de los que muchos estaban inspirados y profetizados; cuando uno de estos hombres mostraba sintomas mayores que los corrientes de inspiraci6n o de locura y vagabundeaba solitario arriba y abajo por los bosques como un gondo en Ia selva, el gran sacerdote le ataba con una cadena sagrada y le mantenia regaladamente un ano; a! final de ese plazo le ungian y le sacaban

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para sacrificarle. Un hombre cuya operacwn era matar aquellas victimas humanas y al que la practica habia dado gran destreza, avanzaba de entre la multitud y atravesaba con una Ianza sagrada a Ia victima por el costado, partiendole el corazon. Del modo como cayera muerto se deducian presagios para el bienestar y Ia salud de todos. Despues llevaban el cuerpo a un Iugar por donde todo el pueblo pasaba poniendo el pie por encima de el como ceremonia purificadora. Esta ultima circunstancia indica claramente que los pecados del pueblo se transferian a Ia victima exactamente como el sacerdote judio transferia los pecados del pueblo, mediante Ia imposicion de manos sobre Ia cabeza del animaL y como se creia que el hombre estaba poseido por el espiritu divino, tenemos aqui un ejemplo includable de hombre-dios muerto para redimir los pecados y desgracias de Ia gente. (LVII,

el cielo y Ia tierra, depositada en Ia parasita planta; mas cuando, en cuanto el asiento de su vida o de su muerte era tronchado de Ia rama y tirado contra el tronco, el arbol caia, el dios moria fulminado por el rayo. 路 Todo lo que hemos dicho de Balder en los robledos de Escandinavia, con todas las reservas debidas en asunto tan obscuro e incierto, quiza podemos aplicarlo al sacerdote de Diana, el rey del bosque en Aricia, en los robledales italianos. Puede haber personificado en carne y huesos al gran dios italo del cielo, Jupiter, que bajaria de los cielos, lleno de bondad, en el fusilazo del rayo, para morar entre los hombres en el muerdago, en la "escoba del trueno", con la Rama Dorada que crece en el roble sagrado de las canadas de Nemi. Si esto fue asi, no puede maravillarnos que el sacerdote guardase con su espada desnuda Ia rama rnistica que contenia a un tiernpo Ia vida del dios y la suya. La diosa a quien servia y con quien se desposaba, si acertarnos, no era otra que la reina de los cielos, la verdadera esposa del dios celestial, pues ella tambien amaba Ia soledad de los bosques y las colinas solitarias, y navegando alia arriba en las naches claras, bajo la apariencia de Luna plateada, se recordaba viendo bajo su propia y bella imagen reflejada en Ia superficie placida y brui'iida del !ago, espejo de Diana.

3]

La Luna, esposa de Jupiter Si Balder fue, en verdad, Ia personificacion de un roble portador de muerdago, su muerte por un golpe del muerdago podria explicarse, segun esta nueva teoria, como muerte por fulminacion. En tanto que el muerdago, en el que estaba latente Ia llama del rayo, quedase en las ramas, no podria sobrevenir ningun dai'io al bueno y amable dios del roble, que tenia su vida extemada, para mayor seguridad, entre

P, .\ '-f._

(LXVIII]

[La rama dorada . Magia y religion, 1890. Trad. Elizabeth y Tadeo I. Campuzano]

Claude Levi-Strauss: La Luna y el incesto

Se conoce un rnito cuya difusion es panamericana, en vista de que se tropieza con el desde el Brasil meridional y Bolivia hasta el estrecho de Bering ( y mas alia en Asia septentrional, al norte de Rusia, en Malasia) , pasando por la Amazonia y la Guayana, y que plantea, directarnente esta vez, el principio de una equivalencia entre el eclipse y el incesto. Es el mito de origen del Sol y Ia Luna, del cual ofrecemos aqui una version esquimal de Ia region del estrecho de Bering:

Ia alcanza y consigue estrecharla, causando asi un eclipse de Luna. Luego de ser abandonado por sus hijos, el padre se volvio sombrio y lleno de odio hacia Ia hurnanidad. Se fue por el mundo, sernbrando las enfermedades y Ia muerte, y las victimas de las enfermedades le servian de alimento; sin embargo su voracidad aumento hasta el punto de que no lograba satisfacerse, Entonces se puso a matar y comerse tambien a Ia gen te sana. . . (Nelson, p. 481) .

Esquimal ( estrecho de Bering): ortgen del Sol y de La Luna

En una version ingalik Ia hermana anuncia ella misma el advenimiento de las enfermedades en tanto que entre los Mono de California es la hermana incestuosa Ia que se vuelve canibal (Gayton-Newman, p. 59) . Una version esquimal precisa que Ia hermana irritada privo a su hermano de alimento, en Iugar del cual le ofrecio su seno cortado:

En un pueblo de la costa VIVtan en otro tiempo un hombre y su mujer. Tenian dos hijos, una nina y un nino. Cuando los ninos se hicieron grandes, el chico se prendo de su hermana. Como no dejaba de perseguirla con sus asiduidades, acabo ella por refugiarse en el cielo, y alli se volvio la Luna. Desde entonces el muchacho no ha dejado de correr tras de ella, con Ia forma del Sol. A veces

"Me deseaste Ia noche pasada, asi que te doy mi seno. Si me deseas i cometelo !'' Pero el mozo se niega. La mujer sube al cielo,

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donde se convierte en el Sol. :£! se transforma en Ia Luna y la persigue sin poder alcanzarla jamas. Como Luna esta privado de alimento, se va desvaneciendo por causa del hambre, hasta que ya no se le puede ver. Entonces Sol se le acerca y le da de comer en el plato en el que la hermana habia puesto su seno. Recuperado, Luna alcanza progresivamente su forma redonda; privado de nuevo de alimento, otra vez va declinando. Son las fases de Ia Luna (Nelson, p. 482. Cf. Rink, pp. 236-237 y, para una version sudamericana -taulipang- muy debilitada, K. G. 1, p. 55). [Mitol6gicas I: Lo crudo y lo cocido, V. I. 1964, Trad. Juan Almela]

Merian, 1618

Godfrey Higgins: La Luna y los druidas

Las divinidades de Ia Bretaii.a y Ia Galia tenian un profundo conocimiento acerca de los misterios de Isis y Ia adoraban bajo el simbolo de Ia Luna. Godfrey Higgins observa que es un error considerar a Isis como sin6nimo de Ia Luna. :£sta se asociaba a Isis debido a su dominio sobre el agua. Los druidas tienen al Sol como el padre y a la Luna como la madre de todas las cosas. De estos simbolos nacia su cuito al universo de Ia naturaleza. Entre los objetos que los sacerdotes druidas usaban. se encuentran la peculiar hoz de oro

con la que cortaban el vastago de la encina, y el cornan o cetro en forma de cuarto creciente, simbolo del sexto dia de Ia Luna nueva y tambien del Area de Noe. Un antiguo iniciado en los misterios druidas referia que la admisi6n en sus creencias nocturnas se obtenia sobre una nave de crista! llamada Cwrwg Gwydrin. Esta barca simbolizaba a Ia Luna, que flotando sobre las aguas eternas, preservaba las semillas de las criaturas vivientes en el seno de su cuarto menguante en forma de nave. [The Celtic Druids]

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Fray Bernardino de Sahagnii: De la Luna

1. Cuando la Luna nuevamente nace parece como un arquito de alambre delgado. Aunque resplandece, poco a poco va creciendo; a los quince dias es llena; y cuando ya es llena, sa1e por el oriente a Ia puesta del Sol; parecc como una rueda de molino, grande, muy redonda y muy colorada, y cuando va subiendo parece blanca o resplandeciente, parece como un conejo en medio de ella, y si no hay nubes resplandece casi como el Sol, casi como de dia, y despues de llena cumplidamente poco a poco sc va menguando, hasta que vuelve a ser como cuando comenz6. 2. Dicen entonces: ya se ·muere Ia Luna, ya se duerme mucho. Esto es cuando sale ya con el alba, (y) a! tiempo de Ia conjunci6n dicen: ya es muerta Ia Luna.

3. La fabula del conejo que esta en Ia Luna es esta: Dicen que los dioses se burlaron con Ia Luna y dieronla con un conejo en Ia cara,

y quedole el conejo seii.alado en Ia cara, y con esto le escurecieron Ia cara como con un cardena!. Despues de esto sale para alumbrar a! mundo. 4. Dedan que antes que hubiese dia en el mundo, que se juntaron los dioses en ague! Iugar que se llama T eotihuacan, que es el pueblo de San .Juan, entre Chiconauhtlan y Otumba, dijeron los unos a los otros dioses: "t Quien tendra cargo de alumbrar a! mundo ?" 5. Luego a estas palabras respondi6 un dios que se !lamaba Tecuciztecatl, y dijo: "Yo torno cargo de alumbrar al mundo." Luego otra vez hablaron los dioses, y dijeron: "t Quien sed. otro?" 6. Luego se miraron los unos a los otros, y conferian quien seria el otro, y ninguno de ellos osaba ofrecerse a ague! oficio; todos tern ian y se escusaban. 7. Uno de los dioses de que nose bacia cuen27

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ta y era buboso, no hablaba sino oia Io que los otros dioses dedan, y los otros hablaronle y dijeronle: "Se tu el que alumbre, bubosito." Y el de buena voluntad obedeci6 a Io que lc mandaron y respondi6: "En merced recibo ]o que me habeis mandado, sea as!." 8. Y luego los dos comenzaron a hacer penitencia cuatro dias, y luego encendieron fuego en el hogar, el cual fue hecho en una peii.a, que ahara llaman teotexcalli. 9. El dios Tecuciztecatl todo lo que ofreda era precioso. En Iugar de ramos ofreda plumas ricas que se llaman quetzalli, y en Iugar de pelotas de heno ofreda pelotas de oro, y en Iugar de espinas de maguey ofreda espinas hechas de piedras preciosas, y en Iugar de eS路路 pinas ensangrentadas ofreda espinas hechas de coral colorado; y el copal que ofreda era muy buena. 10. Y el buboso, que se llamaba Nanauatzin, en Iugar de ramos ofrecia caii.as verdes atadas de tres en tres, todas elias llegaban a nueve; y ofreda bolas de heno y espinas de maguey, y ensangrentabalas con su misma sangre; y en Iugar de copal, ofreda las postillas de las bubas. 11. A cada uno de estos se les edific6 una torre, como monte; en los mismos montes hicieron penitencia cuatro naches. Ahara se llaman estos montes tzaqualli, (y) estan ambos cabe el pueblo de San Juan que se llama T eotihuacan. 12. Despues que se acabaron las cuatro naches de su penitencia, luego echaron por alii los ramos y todo Io demas con que hicieron penitencia. 13. Esto se hizo a! fin, o a] remate de su penitencia, cuando Ia noche siguiente a Ia m~颅 dianoche habian de comenzar a hacer sus oftcios; antes un poco de Ia medianoche, .di~ron颅 le sus aderezos a! que se llamaba T ecuctztecatl; dieronle un plumaje llamado aztac6mitl, y una jaqueta de lienzo ; y al buboso que se Ilamaba Nanauatzin tocaronle Ia cabeza con papel, que se llama amatzontli, y pusieronle una estola de papel y un maxtli de papel ; y llegada Ia medianoche, todos los dioses se pusier~n en rededor del hagar que se llama teotexcallt: En este Iu. gar ardi6 el fuego cuatro d.ias. 14. Ordenaronse los dtchos d10ses en dos rencles unos de Ia una parte del fuego y otros de !a ~tra; y luego los dos sobredich.os se pusieron delante del fuego, las caras baCia el fuego en media de las dos rencles de los dioses. 15. Los cuales todos estaba n levantados, y luego hablaron los dioses y dijeron a T ecuciztecatl: "i Ea pues, Tecuciztecatl entra tu en d fuego !" y el luego acometi6 para echarse en el fuego; y cpmo e] fuego era grande y estaba muy encendido. como sinti6 el gran calor del fuego hubo miedo, y no os6 echarse en el fuego y volvi6se atras. 16. Otra vez torn6 para echarse en el fuego haciendose fuerza y llegando detuvose, no ~so echarse en el f~ego ; cuatro veces prob6,

pero nunca se os6 echar. Estaba puesto mandamiento que no probase mas de cuatro veces. 17. De que bubo probado cuatro veces los dioses luego hablaron a Nanauatzin y dijeronle: "i Ea pues, Nanauatzin, prueba tu!" 18. Y como Ie hubieron hablado los dioses, esforz6se y cerrando los ojos arremeti6 y echose en el fuego, y luego comenz6 a rechinar y respendar en el fuego, como qui en se asa; y como vio Tecuciztecatl que se habia echado en el fuego, y ardia, arremeti6 y echo3e en el fuego. 19. y dizque luego una aguila entr6 en el fuego y tambien se quem6, y por eso tiene las plumas hoscas o negrestinas ; a Ia postre entr6 un tigre, y no se quem6, sino chamuscose y por eso qued6 manchado de negro y blanco. 20. De este Iugar se tom6 Ia costumbre de llamar a los hombres diestros en Ia guerra quauhtli ocelotl, y dicen primero quauhtli porque el aguila primero entr6 en el fuego; y dicese a Ia postre ocelotl porque el tigre entr6 en el fuego a Ia postre del aguila. 21 . Despues que ambos se hubieron arrojado en el fuego, y despues que se hubieron quemado, luego los dioses se sentaron a esperar de que parte vendria a salir el Nanauatzin. 22. Despues que estuvieron gran rato esperando, comenzose a parar colorado el cielo y en todas partes apareci6 ]a luz del alba. 23. Y dicen que despues de esto los dioses se hincaron de rodillas para esperar a d6nde said ria N anauatzin hecho Sol : a todas partes miraron volviendose en rededor, mas nunca acertaron a pensar, ni a decir a que parte saldria ; en ninguna cosa se determinaron ; algunos pensaron que saldria de Ia parte del norte y pararonse a mirar bacia el; otros bacia media dia; a todas partes sospecharon que habia de salir, porque a todas partes habia resplandor del a lba; otros se. pusieron a mirar bacia t'l oriente, y dijeron aqui, de esta parte, ha de salir d Sol. El dicho de estos fue verdadero. 24. Dicen que los que mira ron bacia el oriente fueron Quetzalc6atl, que tambien se llama Ecatl; y otro que se llama T6tec, y por otro nombre Anaoatlytecu y por otro nombre Tlatlauic T ezcatlipoca; y otros que se llaman M imixcoa, que son innumerables; y cuatro mujeres, Ia una se llama Tiacapan, Ia otra T eicu, Ia tercera Tlacoeua, Ia cuarta X oc6yotl. 25. Y cua ndo vino a salir el Sol, pareci6 muy colorado, parecia que se contoneaba de una parte a otra; nadie Io podia mirar, porque quitaba ]a vista de los ojos, resplandeda y echaba rayos de si en gran manera ; y sus rayos se derramaron por todas partes; y despues sali6 Ia Luna, en Ia misma parte del oriente, a par del Sol: primero sali6 el Sol y tras el sali6 Ia Luna; por el arden que entraron en el fuego por el mismo salieron hechos Sol y Luna. 26. Y dicen los que cuentan fibulas o habliIlas, que tenian igual luz con que alumbraban, y que vieron los dioses que igualmente resFen6menos celestes y atmosfericos. M a nuscritos de Tepepulco

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plandedan, hablaronse otra vez y dijeron: "i Oh dioses, como sera esto? i Sera bien que vayan ambos a Ia par? iSera bien que igualmente alumbren ?" 27. Y los dioses dieron sentencia, y dijeron: "Sea de esta manera, hagase de esta manera." Y luego uno de ellos fue corriendo y dio con un conejo en Ia cara a T ecuciztecatl, y oscureciole Ia cara y ofuscole el resplandor, y quedo como ahara esta su cara. 28. Despues que hubieron salida ambos sabre Ia tierra estuvieron quedos, sin moverse de un Iugar el Sol y Ia Luna; y los dioses otra vez se hablaron, y dijeron: "i Como podemos vivir? t no se menea el Sol? t Hemos de vivir entre los villanos? Muramos todos y hagamosle que resucite por nuestra muerte." 29. Y luego el Aire se encargo de matar a todos los dioses y matolos; y dicese que uno llamado X 6lotl rehusaba Ia muerte, y dijo a los dioses. "i Oh dioses! i No muera yo!" 30. Y lloraba en gran manera, de suerte que se le hincharon los ojos de llorar; y cuando liego a el el que mataba echo a huir y escondiose entre los maizales y convirtiose en pie de maiz, que tiene dos caiias, y los labradores le Haman x6lotl, y fue vista y hallado entre los pies del maiz; otra vez echo a huir, y se escondio entre los magueyes, y convirtiose en maguey que tiene dos cuerpos que se llama mex6lotl; otra vez fue vista, y echo a huir y metiose en el agua, y hizose pez que se llama axolotl, y de alli le tomaron y le mataron.

31. Y dlcen que aunque fueron muertos los dioses, no por eso se movi6 el Sol, y luego el viento comenzo a soplar y ventear reciamente, y el le hizo moverse para que anduviese su camino; y despues que el Sol comenzo a camina la Luna se estuvo queda en el Iugar donde estaba. 32. Despues del Sol, comenzo Ia Luna a andar; de esta manera se desviaron el uno del otro y asi salen en diversos tiempos, el Sol dura un dia, y Ia Luna trabaja en la noche, o a! umbra en Ia noche : de aqui parece lo que se dice que el Tecuciztecatl habia de ser Sol si primero se hubiera echado en el fuego, parque el primero fue nombrado y ofrecio casas preciosas en su penitencia. 33. Cuando la Luna se eclipsa parece casi oscura, ennegrecese, parase hosca, y luego se oscurece Ia tierra; cuando esto acontecia las preiiadas temian de abortar, tomabales gran temor, que lo que tenian en el cuerpo se habia de volver raton: y para remedio de esto tomaban uri pedazo de itztli en la boca, o ponianlo en la cintura sabre el vientre, para que los niiios que en el vientre estaban no saliesen sin bezos o sin narices, o boquituertos, o bizcos, o para que no naciesen monstruos. 34. Los de X altoca tenian por dios a Ia Luna, y le hacian particulares ofrendas y sacrificios. [Historia general de las cosas de Nueva Espana, Libro vn, Capitulo u]

Tonatiuh, dios solar, y Metztli, Ia Luna. C6dice Borgia

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Alfonso Caso

Luna con conejo y pedernal. C6dice Borgia 55, 50

Metztli, la Luna Tambien la Luna, Metztli, se representa a veces con un disco decorado en sus fajas exteriores como el disco solar; pero generalmente el disco es negro o ceniciento y a! centro aparece Ia figura de un hueso retorcido en tal forma, que semeja el <;orte de una vasija llena de agua, o bien !a figura de un conejo, por la leyenda que ya hemos explicado. [El pueblo del sol, Mexico, 1953]

Mexico: en el centro de la Luna Tenochtitlan es la ciudad fundada en el centro del Lago de la Luna, el Metztliapan, que rememcfra aquel otro !ago que rodeaba la isla de Aztlan, " Ia tierra de la blancura", de donde salieron los aztecas por mandata de su dios. 1 Alli en el media del agua (anepantla) estaba la isla que se llamaba Mexico, y cuyo nombre posiblemente deriva de M etztli (Luna ), xictli ( ombligo centro) y co (Iugar) dando en su composici6n !a palabra Mexi-co, o sea "en rl centro de Ia Luna", por "el centro del Lago de la Luna", que era como se llamaba el gran !ago de Mexico. 2 Pero todavia otras antiguas ideas miticas, debian realizarse con Ia fundaci6n de Tenochtitlan. Durante la peregrinaci6n, una hermana de H uitzilo poe htli, Hamada M alinalx6c hit!, es descrita como persona que, valida de su parentesco con el dios. crea constantes conflictos a la tribu. Siendo "maga y hechicera, se transCristobal del Castillo, Fragmentos hist6ricos. Edicion de F. del Paso y Troncoso, Florencia, 1908, pp. 58 y 83, 66, 89, 67, 90. 2 Cristobal del Castillo, entre las etimologias que cita para mexicanos, p. 82, menciona Metztli (luna) como el origen del radical, pero Ia atribuye a que el dios de ellos era Ia Luna. 1

forma en aguila y en otros animales y con sus hechizos y burlas, crea el descontento. Ademas, "si miraba a una persona, a otro dia moria, y le comia vivo el coraz6n, y sin sentir comia a uno la pantorrilla estandolo mirando, que es lo que ahara llaman ellos teyolocuani ("comedar de coraz6n") , tecotzana, ( "el que quita la pantorrilla"), teixcuepani ( "el engaiiado") .3 Esta facultad de comer parte del cuerpo humano, es todavia hoy, en el folklore popular, atributo de la Luna y asi se recomienda a las mujeres embarazadas que no vean a la Luna, sabre todo en el momenta de un eclipse, pues podria el niiio hacer con labia leporino o sea tencuo, "comido de labia", como se les llama en nahuatl. Y es que la Luna con sus cambiantes faces, da la idea del que se transforma constantemente, del nahual por excelencia, y del que es comido, el que pierde parte de su cuerpo. Tambien en otras leyendas Coyolxauhqui o Malinalx6chitl aparece como la Luna. 4 La tribu decide abandonar a la diosa y esta, con sus parciales y sus ayos, va a establecerse en Malinalco y tiene un hijo, llamado Copil que, en lucha contra los aztecas, es sacrificado y su coraz6n, arrojado al centro de la laguna, cae en la isla en la que habia de fundarse mis tarde T enochtitlan. El tunal brota del coraz6n de Copil, pues la metr6poli debia fundarse en el preciso punta en que cayera e! coraz6n del hijo de la Luna. En el centro del Metztliapan, en M exico, en el centro del Lago de !a Luna debia fundarse la Ciudad del Sol. En efecto, sabre el tunal engendrado por el sacrificio de Copil vendria a posarse el aguila. ["El aguila y el nopal", M emorias de Ia Academia Mexicana de Ia Historia, abril-junio de 1946, tomo v, num. 2] Tezozomoc, Cr6nica mexicana, p. 225. Fr. Bernardino de Sahagun. Historia de las cosas de Nueva Espana, Lib. III, Cap. I, p. 259, Mexico, 1938. 3

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Salvador Toscano: Coyolxauhqui

Otra preciosa reproducci6n idolatrica es la de la Luna, Coyolxauhqui, hija de la Tierra y del Sol. La diosa esta representada como decapitada, eternizando la leyenda conforme a la cual Coyolxauhqui acaudill6 a sus cuatrocientos hermanos, los centzonhuiznaua, es decir, las innumerables estrellas del sur, para dar muerte a su madre, en quien querian vengar la afrenta de su embarazo, pues la diosa Tierra, Coatlicue, habia quedado encinta al caer en su

seno un plum6n; pero al ir a ser sacrificada naci6 su hijo, Huitzilopochtli, el Sol, quien con la serpiente de fuego dio muerte a sus hermanos, que trasform6 en estrellas, y decapit6 a su hermana, es decir, la mengu6, simbolizando asi el eterno combate entre las potencias del dia y de la noche. [Arte precolombino de Mexico y de la America Central, Mexico, 1944]

Coyolxauhqui, la Luna decapitada. Escultura azteca, Museo Nacional de Antropologia. Foto lrmgard Groth

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Paul Westheim: La Luna del codice Borgia

La salida y Ia puesta del Sol, que encuentra .ahi una interpretacion plausible para el pensamiento del hombre precolombino, son, por mucho que hubiesen de impresionarlo, un fen6meno relativamente sencillo en comparaci6n con lo que sucede con Ia Luna y sobre t?do con ~1, p!aneta Venus, ''' que, segun el m1to, surgw mmediatamente de ella" (de Ia Luna) (Eduard Seier: C6dice Bor~ia). La Luna, con el eterno alternar de sus fases (novilunio, plenilunio, creciente, menguante), es un espectaculo. c6smico, que desde tiempos inmemoriales exota 1a fantasia de todos los pueblos y zonas, y no en ultimo Iugar porque se rec.onoce o. sospecha -asimismo desde tiempos mmemonales-- Ia honda influencia que ese astro ejerce sobre el desarrollo de Ia vegetaci6n, sobre Ia fecundidad e1 crecimiento, el madurar, e incluso sobrc ' , , , el organismo humano y, segun se cre1a aun haec poco -teniendo presente cierta coincid.encia del ciclo de las fases lunares con el oclo de Ia menstruaci6n- muy especialmente sobre el cuerpo fcmenino. El Sol, cuando vuelv~ :l nacer tiene Ia misma forma de antes, a diferenci~ de Ia Luna, que esta sujeta a un cambio continuo. Se Ia ve crecer, aumentar, alcanzar su plenitud, y luego volver a menguar paulatinamente. En esto se basa Seier para establecer una relaci6n entre Ia pierna que falta de Tezcatlipoca y el cuarto creciente de Ia Lu.na, a que Ie falta Ia parte inferior --o sea Ia pierna-, y para sostener que Ia Coatlicue Mayor del Musco Nacional, con sus dos cabezas serpentinas que sustituyen Ia suya, cortada, simboliza a Ia Luna menguante, a Ia cual le falta Ia parte superior del disco.* Puesto que las fases lunares se suceden en periodos de duraci~n regular, 1~ ~~,na llega a ser Ia medida del tlempo. La divisiOn del mes precortesiano en veinte dias caracterizados p~r determinados signos se basa con toda probabtlidad en Ia cuenta vigesimal de esos pueblos. Seier procura explicar con el mito de Ia Luna el. hecho -a primera vista raro en un mundo que insiste con eel? casi mani~tico en Ia concordancia de los numeros y senes numeralesde que estos mismos simbolos se numeraban, ademas, de uno a trece, serie totalmente ajena. ,al sistema vigesimal. Es cierto que Ia revolucwn de Ia Luna se efectua en 27 Y3 dias; durant~ Ia mitad de este lapso crece, en Ia otra :n1tad mengua. Se escogi6 -segun Seier- el m;mero veintiseis ( dos por trece), como un numero

* Esto evoca Ia representaci6n que los caldeos tu; vieron de Bel, creador de los hombres, que se man?o cortar Ia cabeza para mezclar su sangre con Ia Tierra. Del terr6n sangriento hizo al hombre.

Metztli Ia Luna, y Tlazolteotl, diosa lunar. ' C6dice Borgia

aproximado, sea porque en aque!la epoca primitiva en que se fij6 el calendano Ia observaci6n no era todavia tan exacta, sea porque el numero veintisiete resultaba muy inc6modo para dividirlo entre dos. Tambien es posible que no se contase ese unico dia en que Ia Luna permanece invisible. Tampoc<;> era el d!a .di~ri­ dido en veinticuatro horas, smo en vemtJdos: trece horas del dia, de acuerdo con los trece Cielos, y nueve de Ia noche, regidas por los nueve Senores de Ia Noche. No haec falta ser "lunatico", actitud muy de moda entre los mit6logos, para admitir que entre las representaciones c6smicas del hombre precortesiano ocupaban el primer Iugar los mitos lunares, y que su importancia era mucho mayor que Ia de los mitos del Sol y los de .la Tierra ( estos ultimos relacionados con el mitO de Ia Luna). Cuando los espanoles desembarcaron en el Nuevo Continente, fueron testigos de que el poderoso Imperio azteca sacrifi~6 .un numero enorme de seres humanos ¡ a Hmtzilopochtli, su deidad tribal. Y como este hecho les caus6 intensa impresi6n, es natural que en Ia vieja Europa cundiese Ia idea de que en aquel Imperio predominaba el culto del Sol. Pero lo que probablemente ocurri6 es que el Sol -tambien en este caso-- hizo palidecer a Ia Luna. La Luna femenina en Ia representaci6n de aquellos pu~blos, es Ia adversaria del Sol. Solo puede aparecer cuando .el d!os solar ha muerto, ha bajado al mundo mfenor. La Luna es la que eternamente se transforma y renueva, cs el simbolo de la incertidumbre de todo ser, del "muere y se" goethiano, del cambia perenne a que esta expuesto todo lo terrestre y que es

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Ia idea fundamental en que se inspira, en el Mexico antiguo, Ia concepcion de Ia naturaleza. Ademas es, por asi decirlo, una confirmacion cosmica de Ia creencia en cl rejuvenecimiento, creencia de que se deriva, en el mundo helenico, el culto de Adonis, en el egipcio el de Osiris. La Luna, "la promotora y hasta la causa de toda genesis", esta vinculada tam bien con Ia idea del crecimiento, esencial en una religion agraria; uno de sus simbolos es el caracol marino, signo del nacimiento. Estan en relacion con ella los dioses de Ia fecundidad: Xipe Totec, el dios del ma!z tierno; los dioses del pulque; Tlazolteotl, diosa de la Tierra, del

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amor, del pecado y de la voluptuosidad, que simboliza la procreacion, dando a luz al joven dios del maiz; Xochiquetzal, diosa de las flores, de Ia danza y del amor, patrona de las arnas de casa, aunque tambien de las cortesanas. Y finalmente la Luna, siendo Ia que camina de noche, "el ojo de Ia noche" , esta emparentada con Tezcatlipoca, dios del Sol que se pone, Tezcatlipoca el oscuro, el todopoderoso, quien mediante su espejo lo ve todo y castiga todo pecado. [Arte antiguo de .Mexico, Ia ., VI, Mexico, 1950. Trad. Mariana Frenk]

Walter Krickeberg: El cielo de los antiguos mexicanos

Tollan era en Ia antigua eosmologia mexicana, como Ia "celestial Jerusalen" de Ia concepcion cristiana medieval, no solo el centro del mundo, sino el cielo y, en especial, el cielo nocturno, como lo hizo notar K. T. Preuss. Los relatos aztecas que describen Ia m!tica Tollan como el pais de Ia abundancia y de Ia riqueza y bienes terrenales, repleto de todos los medios de subsistencia, y a sus habitantes como los primeros hombres, no pueden referirse a Ia Tollan (Tula) de la altiplanicie mexicana, pues esta se encuentra en una region bastante pobre cuyos habitantes desarrollaron su cultura despues de la caida de Teotihuacan ; Ia descripcion parece adecuarse precisamente a un pais celeste paradisiaco, centro de origen de todas las plantas U.tiles y desde el cual briilan las estrellas como modelos celestes de los primeros hombres. Las estrellas tenian que servir de alimento al Sol. Pero mientras que los dioses se sacrificaron voluntariamente para que el Sol pudiese iniciar su curso, las estrellas tuvieron que ser prirnero sometidas por Ia Luna. Son varios los relatos que describen esta guerra celeste; en ellos, las estrellas aparecen como multiplicacion de la estrella polar, por lo que se las llama mimixcna ( "serpientes de nubes" , plural de Mixcoatl ) . En Ia tierra eran sobre todo los chichimecas. pueblos cazadores de las regiones esteparias del norte de Mexico, los que eran considerados como imagenes de las mimixcoa, pues los aztecas imaginaban a! cielo como una llanura esteparia llena de magueyes, cactos y zarzales que rodeaba a Tollan, pais de la abundancia. La diosa Mayahuel es tambien originaria de esta region esteparia; Quetzalcoatl la rap to del cielo e hizo surgir de sus huesos los primeros magueyes, despues de que Ia diosa habia sido muerta y destrozada por los demonios de la oscuridad ( tzitzimime ) . Todos estos son ejemplos de una forma caracteristica de Ia vision cosrnica, tanto de los antiguos rnexicanos como de los

indigenas americanos en general: los objetos y fenom enos terrestres no son sino un reflejo de los celestes ; ya hemos visto que Ia antigua arquitectura m exicana se apoyaba igualmente en esta concepcion ( vease p. 107) . Ciertas representaciones en los codices aztecas nos hacen ver que no solo identificaban Ia superficie de Ia tierra con el cielo nocturno, sino tambien cl inframundo, y que equiparaban los muertos con las estrellas. Aun teniendo en cuenta esta actitud espiritual, las imagenes miticas de los aztecas no Ilegan siempre a armonizar entre si, ya que nuestras fuentes provienen de tribus distintas y de diversas escuelas de sacerdotes ; Ia misma imagen mitica del mundo presenta sus contradicciones. La morada celeste de Ia suprema pareja de dioses se suele llamar Tamohuanchan ( "Ia casa de Ia cual se baja": es decir, el Iugar clesde el cual descienden las almas de los niiios a Ia tierra ) o X ochitlicacan ( "donde estan las flores" ) . Ambos nombres designan nuevamente, a! igual que el de Tollan. el paraiso en el cielo nocturno, cuyas estrellas eran modelos de los primeros hombres y modelos de las flores y del maiz. Pero segun otras fuentes, Tamohuanchan es un paraiso terrenal situado en el lejano Occidente ; corresponde a Ia mitica "casa del maiz" , Ia cueva de Ia que sali6 el dios del maiz como resultado de Ia union del joven dios del Sol con la joven diosa de la Luna. Nos enteramos ya de que tambien los hombres salieron de una cueva ubicada en el extremo norte y en el extremo oriente ( vease supra ). A esta division horizontal del cosmos se afiadia en el pensamiento mitico una division vertical, similar a Ia imagen del mundo de Ia Divina comedia del Dante. El cielo y el inframundo forman carla uno una gigantesca piramide escalonada, una de las cuales esta de pie y Ia otra de cabeza ; sus bases se tocan y coinciden con Ia superficie de la tierra. En el limite extremo de la tierra se encuentra el mar

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universal en forma de anillo; se llama "agua celeste" ( ilhuicaatl) por llegar basta el cielo, o tambien "rio de nueve corrientes" ( chicunauhapan) por tenerse que atravesar para llegar a los nueve inframundos. La imagen c6smica de las antiguas tribus nahuas de Texcoco, Chalco y Tlaxcala, valida tambien entre los mayas, distinguia nueve inframundos y otros tantos cielos, mientras que los aztecas hablaban a veces basta de trece cielos. Segun el concepto original, estos cielos eran los .escalones P?r los que ascendia el Sol desde onente a ocCidente durante Ia manana,, y por los que descendia en Ia tarde, para rehacer el mismo camino de noche al atravesar el reino de los muertos. De ma~era que e] cielo mas elevado y el i~fram';ln足 do mas bajo no se encontraban al fmal, smo en el centro de las dos series de escalones. A los escalones del cielo y del inframundo corresponden trece dioses de las horas diurnas y nueve de las nocturnas; el dios del Sol reina sabre la hora central del dia (Ia septima) y el dios de Ia muerte sabre la bora central de Ia noche

(Ia quinta). Una vez mas se han coordinado los conceptos espaciales y los temporales. AI !ado de esta concepcion habia otra que imperaba sabre todo entre los aztecas, segun la cual los cielos y los inframundos no son escalones sino zonas o estratos, de manera que el cielo supremo y el inframundo infima se encuentran en las zonas de los extremos. Carla una entre las nueve o, segun el caso, trece regiones del cielo es el campo de actividad de un deterrninado fen6meno celestial. La Luna y las nubes de lluvias se hallan en el cielo mas bajo; siguen las estrellas, que son las ~o.rpori足 zaciones de los guerreros muertos o sacnftcados y de las mujeres muertas de p~rto,. los come: tas y meteoros, el Sol, los demas dwses, y ~s1 sucesivamente basta la suprema pareja de dwses que moran en el estrato mas alto ( el decimotercero) . [Las antiguas culturas mexicanas, I, 9, Mexico, 1961. Trad. Sita Garst y Jasmin Reuter]

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Francisco Plancarte: El caracol y la Luna

A los grandes caracoles marinas Ilamaban los aztecas tecciztli; eran simbolos de Ia Luna y los usaban como trompeta, sabre todo los del

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genera strombus, que son abundantisimos en ei Golfo de Mexico. [Prehistoria de Mexico, 1923]

J. Eric S. Thompson: La Luna maya

Los Dioses Celestes. El Sol y Ia Luna eran los mas importantes dentro de esta categoria. Alrededor de ellos se estructur6 un verdadero ciclo de leyendas. Asi, por ejemplo, el Sol y Ia Luna fueron los primeros habitantes del mundo, antes de que se trasladaran a Ia morada celestial. EI Sol era el patron de Ia musica y de Ia poes!a y era, a! mismo tiempo, un cazador celebre; Ia Luna, por su !ado; era Ia diosa del tejido y de los nacimientos. El Sol y Ia Luna fueron tambien los primeros seres que cohabitaron; mas Ia Luna, debido a su infidelidad para con su esposo, se conquist6 una reputaci6n tristemente celebre causada por sus Iigerezas, Io que hizo que su nombre viniera a ser sin6nimo de Iibertinaje sexual. y ya que las flares del arbol de plumeria (franchipan) constituian el simbolo del acto carnal, vinieron a quedar tambien asociadas, tanto con el Sol como con Ia Luna. Tenian los monos, del mismo modo, las mismas cualidades simb6licas. Ambas tradiciones aparecen reflejadas en !a escritura jeroglifica. Y a juzgar por las creencias semejantes en el cen-

La diosa Luna haciendo el signo de Ia propia Luna

tro de Mexico, bien podriamos anadir a aquellas funciones de Ia Luna !a de ser diosa del maiz y de Ia tierra, asi como probablemente de todos los frutos de esta. AI final, el Sol y ia Luna se trasladaron, como ya hemos dicho, a! cielo. La palidez de la luz lunar, en contraste con !a del Sol, se debe a que este le sac6 uno de los ojos a aquella. A tal respecto hay que recordar que existe una crencia bastante generali7ada y que todavia prevalece en Ia America Media, si bien no fue compartida por los sacerdotes-astr6nomos mayas, y es la que se refiere a que el fen6meno de los eclipses se produce por las rinas entre el Sol y Ia Luna. Por otra parte, titulos honorificos tales como "Senor" y "Senora", "nuestro Padre" y "nuestra Madre" o "nuestro Abuelo" y "nuestra AbueIa", les fueron conferidos, respectivamente al Sol y a Ia Luna, casi a todo lo largo y lo ancho del area d e los mayas. [Grandeza y decadencia de los mayas, VI, 2, M exico, 1959. Trad. Lauro Jose Zavala]

Glifo del mes Ch'en que tiene como patrona Ia diosa Luna

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Popol Vuh: La falsa Luna maya

Habia entonces muy poca claridad sobre la faz de la Tierra. Aun no habia Sol. Sin embargo, habia un ser orgulloso de si rnismo que se llamaba Vucub-Caquix. Existian ya el cielo y la tierra, pero estaba encubierta la faz del Sol y de la Luna. Y deda (Vucub-Caquix): -Verdaderamente, son una muestra clara de aquellos hombres que se ahogaron y su naturaleza es como Ia de seres sobrenaturales. -Yo sere grande ahora sobre todos los Seres creados y formados. Yo soy la claridad, la Luna -exclam6-. Grande es mi esplendor. Por mi caminaran v venceran los hombres. Porque de plata son 'mis ojos, resplandecientes como piedras finas, semejantes a la faz del cielo. Mi nariz brilla de lejos como Ia Luna, mi trono es de plata y la faz de la tierra se ilumina cuando salgo frente a mi trono. Asi, pues, yo soy el Sol, yo soy Ia Lun~, para el linaje humano. Asi sera porque mi VISta alcanza muy le jos. De esta manera hablaba Vucub-Caquix. Pero en realidad, Vucub-Caquix no era el Sol; solamente se vanagloriaba de sus plumas y riquezas. Pero su vista alcanzaba solamente el horizonte y no se extendia sobre todo el mundo. Aun no se le vela Ia cara a] Sol, ni a Ia Luna, ni a las Estrellas, y aun no habia amanecido. Por esta raz6n Vucub-Caquix se envaneda como si el fuera el Sol y la Luna, porque aun no se habia manifestado ni se ostentaba la claridad del Sol y de Ia Luna. Su unica ambici6n era engrandecerse y dominar. Y fue entonces cuando ocurri6 el diluvio a causa de los muiiecos de palo. Leonora Carrington, La Luna maya

[Popol Vuh. Las antiguas hist.orias del Quiche. Trad. Adrian Recinos]

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Inca Garcilaso de Ia Vega: Luna incaica

La una cuadra de aquellas estaba dedicada para aposento de Ia Luna, mujer del Sol, y era Ia que estaba mas cerca de Ia capilla mayor del templo; toda ella y sus puertas estaban aforradas con tablones de plata, porque por el color blanco viesen que era a posen to de Ia Luna; tenianla puesta su imagen y retrato como a! Sol, hecho y pintado un rostro de mujer en un tabl6n de plata. Entraban en aquel aposento a visitar Ia Luna y a encomendarse a ella, porque Ia tenian por hermana y mujer del Sol, y

madre de los Incas y de toda su generacwn; y asi Ia llamaban Mamacullia, que es madre Luna: no le of redan sacrificios como a! Sol. A una mano y a otra de Ia figura de Ia Luna estaban los cuerpos de las reinas difuntas puestas por su orden y antigiiedad. Mama Oclla, madre de Huayna Capac, estaba delante de Ia Luna, rostro a rostro con ella, y aventajada de las demas por haber sido madre de tal hijo. [Comentarios reales, libro tercero, capitulo

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~ J. Alden Mason: Cenizas a la Luna Es de suponer que cada grupo peruano tenia su tradici6n legendaria respecto a Ia creaci6n del mundo y a los origenes de las caracteristicas instituciones locales, y estas tradiciones diferian mucho en detalle, cuando no en esencia. La de los incas es Ia {mica que se ha conservado y no hay duda de que Ia misma debia existir en numerosas versiones con distintos detalles de poca importancia. La mejor conocida de las versiones es Ja siguiente: El Creador, Viracocha, hizo el mundo, pero lo hizo oscuro, sin Sol. Entonces cre6 una poblaci6n de gigantes, para lo que esculpi6 figuras en piedra y les dio vida. Pero como no le gustaron, volvi6 a convertir de nuevo en piedra a algunas de elias (las gran des figuras de piedra que se encuentran en Tiahuanaco y en otras zonas arqueol6gicas) y ahog6 al resto, con

excepci6n de dos, en una gran inundaci6n. An- 路 tes de crear otros seres de esta misma forma humana, cre6 Ia luz y para ello hizo que el Sol y Ia Luna salieran de Ia isla de Titicaca. AI principia Ia Luna era rna<> brillante, pero el Sol, envidioso, le echo cenizas a la cara y Ia hizo menos radiante. Entonces Viracocha, en Tiahuanaco, hizo figuras de arcilla de todos los animales y hombres de distintas naciones. y decor6 a estos ultimos con sus correspondientes trajes tradicionales. AI darles vida les ensen6 sus diversos idiomas. costumbres e incluso ceremonias y cancion~s, y los envi6 bajo tierra para que emergieran en los distritos que habian de ocupar. [Las antiguas culturas del Peru, 14, 4, Mexico, 1962. Trad. Margarita Villegas de Robles]

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0 Leyendas pritnitivas

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El Kalevala: La guerra de la Luna y el Sol

El vieJo, el impasible Wainamoinen toco el kantele por espacio de mucho tiempo; y se acompafiaba cantando, y en tomo suyo estallaba la alegria. Los melodiosos acordes se elevaron hasta la morada de la Luna, hasta el palacio del Sol. Y la Luna bajo a posarse en la copa de un arbol, y el Sol en la cupula de un abeto, a escuchar el kantele. Entonces Madre Louhi, la vieja desdentada de Pohjola, cogio a Ia Luna y a! Sol entre sus manos, los rob6 y los transporto a su nebuloso pais. Alii, para impedirle brillar, escondio a la Luna en las entrafias de una roca de veteados flancos; y para impedirle irradiar escondio a! Sol en los profundos de una montana de cobre. Despues alzo su voz y dijo: "i Oh Luna. oh Sol: ya no podreis salir de aqui a expandir vuestra luz hasta que yo misma venga a libertaros, hasta que yo venga a buscaros con nueve potrillos nacidos de una sola yegua !" Y una vez que hubo escondido la Luna, una vez que hubo enterrado el Sol en la montana de cobre y roca de Pohjola, fue a robar tambien el fuego, a extinguir !a lumbre en los hogares de Kalevala. Entonces una noche sin fin, una noche impenetrable y tenebrosa se extendio sobre el mundo desolado; se extendio hasta el cielo, hasta las mismas esferas etereas donde reina Ukko. Sufrian las plantas de Ia tierra, se angustiaban los rebafios, desfallecian los pajaros del aire, los hombres morian en el hastio. El sollo conocia el bramido del mar, el aguila los senderos del pajaro en el aire, el viento la ruta de los navios entre las olas; pero los hijos de los hombres ignoraban cuando se levantaba un 路nuevo dia, cuando caia una nueva noche sobre el promontorio nebuloso, sobre la isla de las umbrias. Los jovenes se reunen en consejo; los hombres de edad madura meditan profundamente; todos se preguntan como sera posible vivir sin la Luna, que va a ser de la vida sin el Sol. Los mozos del consejo, hermanos y hermanas meditan profundamente y se encaminan a la fragua del herrero Ilmarinen, y le dicen: "i Ven, oh herrero, al pie de la muralla; ven, oh forjador, junto a las rocas; y fragua alii una nueva Luna y un nuevo Sol, porque la vida es intolerable cuando el Sol no brilla, cuando no derrama su mansa claridad la Luna!" El herrero se dirigio a la muralla, al pie de las rocas, para forjar una nueva Luna y un nuevo Sol. Con oro forjo la Luna; el Sol lo forjo con plata. El viejo Wainamoinen fue a visitar la fragua del herrero; se detuvo en el umbra! y dijo:

"i Oh herrero, caro hermano mio, tu martillo resuena sin tregua toda la jomada. 1 A que trabajo estas entregado?" Ilmarinen respondio: "Forjo umi. Luna de oro y un Sol de plata para colgarlos en Ia cupula del cielo, por encima de las nueve techumbres 路del aire." El viejo Wainamoinen dijo: "En vano trabajas, herrero Ilmarinen; el oro no brillara como la Luna, la plata no brillara como el Sol." El herrero termino su obra; despues levanto los dos astros entre sus alegres manos, los llevo consigo con el mayor cuidado, colgo la Luna en la copa de un pino y el sol en la cima de. un gigantesco abeto. El sudor chorreaba por su rostro, el agua resbalaba por su cabeza mientras se entregaba a esta fatigosa y dificil tarea. Asi fue la Luna colgada de un pino y el Sol suspendido en la copa de un abeto; pero ni el Sol ni Ia Luna resplandecieron. El viejo Wainamoinen dijo: "Hora es ya de interrogar al destino; llegado es para el hombre el tiempo de consultar los signos y preguntarles que camino ha tornado el Sol, donde se ha perdido la Luna." Y el viejo Wainamoinen, el runoya eterno, corto unas tabletas del tronco de un alamo y dijo: "Interrogare al Creador pidiendole una respuesta. Dime Ia verdad, oh signo del Creador; habla, augurio de Jumala: (que senda ha tornado el Sol, donde ha desaparecido la Luna, ya que no esplenden en Ia boveda celeste?" El destino revelo su veridico mensaje, el signo de los hombres respondio declarando que el Sol se habia refugiado, que la Luna se hallaba oculta en las montanas de piedra, en Ia fortaleza de cobre de Poh iola. Entonces el viejo Wainamoinen dijo: "Si yo voy a Pohjola, lograre ciertamente recuperar Ia luz de Ia Luna, los dorados rayos del Sol." Y el viejo Wainamoinen se apresuro a ponerse en camino. Un dia camino. dos dias camino; a! tercer dia las puertas de.Pohjola aparecieron ante el, la alta mole de piedra se alzo ante sus ojos. Se detuvo a Ia orilla del rio y grito con retumbante voz: "i Traedme una barca para atravesar el rio!" Pero su grito no fue escucha路 do, ninguna barca acudio. Entonces junto en Ia orilla un monton de ramas secas de pino y le prendio fuego. No tardo en prender la llama, y Ia humareda se elevo en los aires, en espeso turbion. Madre Louhi, el ama de casa de Pohjola, estaba sentada a Ia ventana, vueltos los ojos hacia el rio. Torno Ia palabra y dijo: ''.~Que incendio es ese que arde alia lejos, en Ia bahia? Para fuego de soldados es demasiado pequefio; para fuego de pescadores es demasiado grande."

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El hijo salio al cercado para ver y oir mejar: "Un hombre de soberbia talla se distingue alia paseando al otro !ado del rio." El viejo Wainamoinen clarno por segunda vez: "i Oh, hijo de Pohjola, conduce tu barca hacia aca, trae una barca a Wainamoinen!'' EI hijo de Pohjola respondio: "i No hay aqui ninguna barca libre; atraviesa tu mismo el rio remando con tus dedos, hacienda de timon con Ia palma de tu mana!" El viejo Wainamoinen se quedo pensando; reflexiono y dijo: "No mereceria llamarse hombre aquel que volviera sabre sus pasos." Y se Ianzo al agua como el sollo en el mar, como Ia trucha en el rio; franqueo rapidamente Ia distancia nadando con uno y otro pie, y llego a Ia ribera de Pohjola. Y Wainamoinen entro en Ia casa. Alla estaban reunidos los hombres, bebiendo hidromiel saciandose del melado licor; y todos ostentaban su armadura de guerra y Ia espada al costado para matar a Wainamoinen. Comenzaron por interrogarle dirigiendole estas palabras: ",:Que pretende de nosotros el miserable, que nos cuenta el nadador?" El viejo, el impasible Wainamoinen, respondio: "Tengo alga peregrina que contaros, una cosa asombrosa sabre el Sol y la Luna. ,:Donde se ha refugiado el Sol, abandonandonos?, ,:hacia d6nde ha huido la Luna?" Los mozos de Pohjola, la maldita ralea, replicaron: "El Sol, a! abandonaros, se ha refugiado aqui; la Luna esta oculta en una roca de jaspcados flancos, bajo una montana de hierro. Y no los sacaras de ahi, si nosotros no les dejamos escapar; no los rescataras si nosotros no les concedemos Ia libertad." El viejo Wainamoinen dijo: "i Si el Sol no es librado de Ia roca, si la Luna no es sacada del seno de Ia montana, habreis de veroslas conmigo, espada contra espada!" Y asi diciendo, el heroe desenvain6 su espada, desnudo su mordiente acero: Ia Luna brillaba en su punta, el Sol resplandecia en su cazoleta, un coree! piafaba en su hoja, un gato maullaba en su empunadura. La batalla se entablo midiendose las espadas. La de Wainamoinen sobrepasaba a las demas en el tamano de un grana de escanda, en el grosor de una espiga. El viejo Wainamoinen blandio su espada una vez, dos veces; y como si fueran hojas de nabiza, como si fueran tallos de lino, asi sego las cabezas de los hijos de Pohjola. Despues salio en busca de la Luna, a liberar al Sol de las entranas del roquedal jaspeado, de Ia montana de acero, de Ia montana de hierro. Cuando hubo caminado un pequeno trecho, divis6 una isla verdegueante, y en Ia isla un abedul altivo, y a! pie del abedu! una espesa roca, y bajo Ia roca una profunda caverna con nueve puertas cerradas por cien candados. Una fisura, una imperceptible grieta se mos-

traba a! pie de Ia roca; Wainamoinen hundi6 en ella su aguda espada, su radiante hoja, y Ia roca se abrio en dos. Y el viejo Wainamoinen, el runoya eterno, trat6 de hacer saltar las puertas de sus goznes con los puiios, de violentar los cerrojos con Ia virtud de sus pa路 labras; pero las puertas resistieron a! puno, los candados no resintieron los efectos de Ia palabra. El viejo Wainamoinen dijo: "El hombre sin armas no vale mas que una pobre vieja;. cl hacha sin filo no es mas que un pobre apero." Y asi diciendo, volvi6 a emprender el camino de su pais, con Ia cabeza gacha y triste el coraz6n por no haber podido rescatar Ia Luna y el Sol. Y lleg6 a Ia fragua del herrero y le dijo: "Ph, herrero Ilmarinen: f6rjame una horqueta de triple punta y una docena de afiladas cunas; f6rjame un gran manojo de llaves, para rescatar a Ia Luna de su roca y a! Sol de su montana de hierro." El herrero Ilmarinen, el inmortal forjador, satisfizo Ia demanda del heroe: le forj6 una docena de afiladas cunas, una horca de triple garfio y un gran manojo de llaves. Madre Louhi, Ia desdentada vieja de Pohjola, se fabric.o unas alas de pluma y levant6 el vuelo. Volo primero en circulo alrededor de su casa, despues se Ianzo a lo lejos, atraves6 el mar de Pohjola y fue a posarse junto a Ia fragua de Ilmarinen. El herrero abrio su ventana para observar 41

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si era Ia tempestad aquello que se acercaba; pero no era Ia tormenta: era un buitre gris. Ilmarinen le di jo : "i Que vienes a buscar junto a mi ventana. horrendo pajarraco?" El buitre respondi6: "Escuchame, oh herrero Ilmarinen, oh forjador inmortal : tu eres un habil obrero, un herrero sin igual." Ilmarinen dijo: "No es extrano que se me considere habil herrero, puesto que yo he forjado el cielo y Ia cupula del aire." El ave volvi6 a tomar Ia palabra, el buitre dijo: "i Que estas forjando ahora, oh ilustre obrero?" El herrero Ilmarinen respondi6: "Forjo una carlanca de hierro para encadenar a la miserable vieja de Pohjola a Ia falda de Ia montana." Madre Louhi comprendi6 entonces que la desgracia Ia rondaba, que Ia hora del castigo era inminente, y se apresur6 a tender nuevamente el vuelo y regresar a su pais. Una vez alii, sac6 Ia Luna de Ia roca y el Sol de Ia montana; despues, transformada en paloma, regres6 a Ia fragua de Ilmarinen. Ilmarinen le dijo: "i Que haces aqui, hermoso pajaro; a que has venido, oh paloma, al umbra! de mi fragua?" La paloma respondi6: "He venido a traerte una buena nueva: Ia Luna esta libre de su prisi6n de rocas, el Sol se ha escapado de las entranas del monte." El herrero Ilmarinen sali6 de Ia fragua y elev6 los ojos al cielo ; vio brillar Ia Luna. vio a! Sol radiar en el cielo. 路

lnmediatamente fue a ver a Wainamoinen y le dijo: "i Oh, viejo Wainamoinen, oh runoya eterno, ven conmigo a ver Ia Luna. ven a contemplar el Sol hermoso ; ambos han vuelto a ocupar su antiguo Iugar en Ia b6veda ce路 leste !" El viejo, el impasible Wainamoinen , se precipit6 fuera de su casa, y levanta ndo Ia cabeza elev6 sus ojos a! cielo: brillaban radiantes los dos astros, el Sol habia vuelto a su sitio en ]a celestial techumbre. Entonces el heroe dej6 oir su potente voz diciendo : "i Salud, oh Luna, que nos muestras tu esplendente faz; salud, oh Sol de oro, que resplandeces de nuevo sobre el mundo! "i Dignate, oh Sol, salir cada manana a partir del alba proxima! ; Dignate damos Ia salud, fecundar nuestras tierras, multiplicar los peces en nuestras redes! "i Y tu, Luna, sigue tu esplendoroso curso, cumple tu jornada !lena de brillo y de frescor! j Que tu plenilunio sea glorioso de luz y que derrame su alegria sobre las horas de Ia noche !" [El Ka!Cvala (La epopeya nacional de Finlandia) .

Trad. Alejandro Casona]

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Balada rumana: Los amores del Sol y la Luna

i Hermano! El Sol sinti6 deseos de casarse, y durante nueve ai'ios, arrastrado por nueve caballos, recorri6 cielo y tierra con Ia rapidez de la flecha y el viento; pero canso en vano a sus corceles y no hall6 en ninguna parte esposa digna de eJ. No encontr6 en parte alguna de todo el universo quien igualara Ia belleza de su hermana Elena, Ia bella Elena, de larga y dorada cabellera. El Sol fue a su encuentro y con voz ardiente le dijo: "Mi querida hermana Elena, Elena de larga y dorada cabellera, iniciemos un noviazgo pues ambos nos parecemos por nuestros rasgos, nuestras cabelleras y nuestra incomparable belleza. Nuestras trenzas son doradas ; mi rostra es esplendoroso y el tuyo es radiante." "Oh hermano mio, luz del mundo, limpio de todo pecado, nunca se ha vista hermano y hermana casados entre si pues es pecado, pecado enorme." Con estas palabras se oscureci6 el Sol, subi6 bacia el trona de Dios, se inclin6 ante el Senor y su voz habl6 asi: "Santo Dios, Padre nuestro, ha llegado Ia bora de casarme pero, i ay!, no he encontrado en todo el mundo esposa digna de mi sino a mi hermana, Ia bella Elena, la bella Elena de dorada cabellera." El Senor lo escuch6, luego le tom6 Ia mano y lo llev6 al infierno para atemorizar su coraz6n ; lo llev6 al paraiso para alentar su alma y le habl6 asi: ( mientras Dios hablaba el cielo resplandeda alegremente y las nubes desaparecieron) "i Sol, Sol radiante, tu que estC1s limpio de todo pecado, has visitado el paraiso, has recorrido el infierno; elige tu mismo entre los dos!" Pero el Sol respondi6 con entusiasmo: "Eiijo el infierno mientras viva con tal de vivir con mi hermana Elena, Elena de larga y dorada cabellera." El Sol baj6 del cielo, se detuvo en casa de su hermana y orde-

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n6 los preparatives de la boda: adom6 la frente de Elena con los hilos de oro de las novias, le puso una corona real y un vestido diafano bordado con perlas finas; y los dos, ella y el, se dirigieron a la iglesia, pero durante la ceremonia, desgracia para el, desgracia para ella, las lamparas se apagaron, las campanas se rajaron, las bancas de la iglesia se volcaron y el campanario se estremeci6 desde su base. Los sacerdotes perdieron Ia voz y sus sagrados habitos se desataron. La pobre Elena sinti6 terror, pues de pronto, desgracia para ella, Ia apres6 una mano invisible y, levantandola por el espacio, la lanz6 al mar donde se convirti6 al instante en un bello pez dorado. Por su lado, el Sol palideci6, volvi6 a subir a la b6veda celeste y luego dejandose caer bacia el Occidente, se precipit6 al mar para ir al encuentro de su hermana Elena, Elena de la larga cabellera dorada. Sin embargo, el Senor, santificado en la tierra como en el cielo, tom6 el pez en sus manos, lo lanz6 de nuevo al espacio y lo transform6 en Luna. Luego, :.habl6 asi: ( cuando el Senor hablaba el universo entero se estremeda, las olas de los mares se calmaban, las cimas de las montanas se inclinaban y los hombres temblaban de temor). "A ti Elena, de larga cabellera dorada, y a ti, Sol resplandeciente, limpio de todo pecado, los condeno por toda Ia etemidad a buscarse con los ojos en el espacio sin poder encontrarse jamas ni alcanzarse en la ruta celeste. Persiganse eternamente, recorriendo los cielos e iluminando a los mundos."

[BaJada popular de inspiraci6n precristiana: R . I pear, Ecrivains roumains, Paris, 1919. Trad. E. L.]

Kutenais: El Sol y la Luna

D e Columbia Britanica (Canada) Habia una ciudad donde un jefe daba 6rdenes. Hizo esta pregunta : ".: Quien sera el Sol?" Entonces se empez6 a discutir. Propusieron a uno: "Tu seras el Sol." Despues de haber decidido quien seria el Sol, todos escucharon lo que tenia que hacer. Lleg6 el que debia hacer el papel de Sol. Su nombre era Cuervo. Cuando se fue, oscureci6. La manana siguiente todos esperaban su aparici6n. El Sol sali6 aunque sin suficiente brillo. El dia continuaba oscuro y se mantenia en el crepusculo. Cuando volvi6 el Sol le di-

jeron: "Estuvo mal, siempre estabamos a oscuras." Se convino en que no podia ser el Sol y se busc6 a otro que desempei'iara esta funcion. Se mand6 a Halc6n Joven. La manana siguiente apareci6. Entonces el mundo tom6 un color amarillo y sigui6 asi. Halc6n Joven baj6 y volvi6 en el curso de la tarde. "No pucde ser el Sol", le dijeron. "Pareda haber mal tiempo." Todos se reunieron a discutir el problema. El Coyote propuso: "Yo sere el Sol". Aceptaron. Coyote se fue: era de noche y todos dormian. La manana siguiente, Coyote se levant6. Desde ese momenta, empez6 a hacer buen 43

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tiempo, inclusive bacia calor; luego fue mediodia y las gentes empezaron a cocinar. El Sol habl6 y les dijo: "i Quedara com ida para mi ?" Lo oyeron y le apartaron comida. Hacia mucho calor, hasta en Ia sombra, y los ninos empezaron a gritar que el Sol los quemaba. Fueron a! borde del agua con Ia esperanza de refrescarse pero Ia encontraron hirviendo. Asi seguia el tiempo a pesar de que el Sol ya habia bajado. Hasta Ia hora del crepusculo, el calor sigui6 aumentando. Cuando anocheci6 se sintieron mejar, pero se habian quemado mortalmente. Coyote volvi6 y lo recibieron con exclamaciones: "Tu no puedes ser el Sol, eres malo, eres demasiado calienre." Habia una mujer y dos ninos que di jeron: "Vamos alla donde se juega a ser el Sol." Cuando llegaron, les preguntaron "i Para que vienen aqui?" "Porque oimos que jugaban a ser el Sol", contestaron. "Esta bien, ustedes tambien pueden intentarlo." El mayor de ellos se fue y todos se acostaron a dormir. AI dia siguiente apareci6. Por Ia manana hacia fresco, el Sol subi6 muy alto y seguian sintiendose bien. A mediodia hacia calor pero se pusieron en Ia sombra donde hacia buen tiempo. Fueron a banarse y se refrescaron. Luego baj6 y se sintieron bien a Ia puesta del Sol. Por Ia noche, el muchacho regres6, y todos estuvieron de acuerdo en que el debia ser el Sol. El otro muchacho, el menor, seguia ahi. Dijeronle: "Tu te iras por Ia noche; seras Ia Luna." Y se fue. Hacia poco tiempo que habia

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anochecido cuando sali6 Ia Luna. Hubo luz toda Ia noche. La manana siguiente volvi6 y le dijeron: "Tu hermano mayor sera el Sol durante el dia y tu Ia Luna durante Ia noche." Los dos se convirtieron en cuerpos celestes y se pens6 que los muchachos les convenian mucho por lo cual estaban encantados. Coyote, furioso, pensaba: "Matare a! Sol." Cuando anocheci6 fue a! Iugar donde el Sol debia salir. Permaneci6 ahi. La manana siguiente escogi6 un buen Iugar y se acost6 boca arriba. Luego apunt6 bacia el Sol. El Sol sali6. Cuando estaba a punta de lanzar su flecha, esta se incendi6. Ardia rapidamente y la tir6. De pronto todo se incendi6 y el escap6 corriendo. El fuego lo rodeaba. Corri6 y se ech6 al agua, estaba casi totalmente quemado. Vi6 un camino y se acost6 boca abajo. El fuego llcg6 y desapareci6 pues no habia hierbas en el camino. Se habia salvado. Las gentes vieron el campo en llamas. Alguien pregun t6: "~Que es esto? Le con testaron; "No esta Coyote, el debe haber hecho esto." Coyote di jo: "Lo sabr{m las generaciones venideras. Cuando haya fuego se acostaran en el camino y se salvaran." Entonces las gentes dijeron: "No hagan lo que hizo Coyote. Las generaciones siguientes no jugaran a ser el Sol." Ya satisfechos se dispersaron. Es el fin de esta hlstoria. [FRANZ BoAs, "Kutenai Tales", Bulletin 59, Bureau

of American Ethnology, Washington, 1918. Trad. E.L.]

Affonso Arinos: La tapera de la Luna

En el tiempo en que las amazonas vivian todavia por las margenes de su gran rio, habia una tribu de indios cuya aldea quedaba junto a una laguna tranquila, en las faldas de Ia sierra llamada entonces Tapere y hoy Acuna. Una guerra infeliz redujo Ia tribu a dos so-

brevivientes, hermano y hermana de los mas hellos de su raza, que quedaron solos en lo alto de Ia montana. Entonces dijo al hermano la hermana: - j Oh, mi querido hermano! Como eres hombre y fuerte, quedaras aqui en lo alto del Ta-

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perc, mientras yo bajo a nuestra aldea, a las orillas de Ia laguna. Arme tu hamaca en los castanos y deje al !ado mis lindas flechas. Las flares de las enredaderas que crecen en las ramas suavizaran tu sueno con su aroma. i Adios! 路-iAdios basta cuando? -Hasta cuando te despierten los mas hellos pajaros, cantando a Ia luz de Ia manana. Y Ia india bajo con el paso incierto, los ojos tristes de corza herida, mostrando en Ia extrana palidez un apreton en el corazon. AI atardecer, su cuerpo liviano de adolescente se balanceaba en Ia hamaca primitiva, ataviada de plumas multicolores, que los rayos del Sol poniente erizaban. Anocheciose Ia aldea y ya el "oitibo" habia salida de su escondrijo, cuando Ia moza, tremula, anhelante, arrastrada por una fuerza extrana, busco el camino de Ia sierra, en demanda de Ia hamaca armada en los castanos. i Ella sintio amor! Fue en el momento en que solita, en medio de Ia naturaleza, oyo a Ia selva secretear al viento, Ia estrella a Ia cascada, a Ia corriente. i Nadie conocera el secreta de ese mi tormento!, suspiraba ella. Lo amare en Ia tiniebla; i sere de dia su hermana!

Cuando a Ia hamaca llego, Ia !eve brisa del canelo susurraba por las celosias; oscuridad en el cielo, palida palpitacion, saltos en los bosques de las agiles ["cutias" ...

Y toea Ia hamaca. . . Ia hamaca se [estremece ... - i Quien es? -Susurra un beso y Ia voz [fallece. Tres veces Ia india apasionada subio a Ia montana y tres volvio a Ia desierta aldea, escondiendo en Ia soledad y en Ia negrura de Ia noche el secreta de su criminal amor. Pero en Ia ultima vez el joven indio, queriendo develar el misterio, uso una estratagema: tino el rostro con las tintas del urucun y del jenipapo, que crecian por alii, para marcar Ia faz de Ia cautelosa visitante, al primer beso. Y cuando al nacer el Sol, ya en su aldea, en Ia orilla de la laguna, la joven enamorada fue a mirarse en el espejo de las aguas - j Horror!vio en su propio rostro las manchas negras de su crimen. Entonces se abalanza sobre el arco, toma las flechas de combate y desprende la primera hacia el cielo, otra Ia siguio y otra mas y otra y - j oh milagro de los genios que habitan las montanas azules!- una larga y aerea cadena se formo como una escalera de flares invitandola a subir al firmamento. Ella subio y transformose en Luna. Desde entonces, triste y solitaria, errando por el espacio, se mira en las aguas de Ia laguna, en Ia corriente de los rios y en las olas del mar a ver si todavia tiene las manchas del rostra.

[Leyenda del folklore indio del Brasil, transcrita por Affonso Arinos en Leyendas e tradi~oes brasileiras, 1917]

Esquimales : Origen terrestre del Sol, la Luna y las estrellas Los esquimales, a quienes se conoce como uno de los pueblos mas fantasiosos del mundo, han imaginado un ir y uenir entre la tierra y el cielo. La tierra, por cierto, cay6 del cielo pero cuando mueren los hombres regresan en forma de estrellas.

Hace ya mucho tiempo, cuando se hizo Ia Tierra, cayo de los cielos: el Sol, las montanas, las piedras. Y fue asi como el mundo entro en Ia existencia. Cuando el mundo fue creado vinicron los humanos. Se dice que salieron de Ia Tierra. Los ninos salieron de Ia Tierra. Salieron de entre los montes de sauces, cubiertos de hojas de sauce. Estaban ahi echados en medio de los sauces enanos con los ojos cerrados. No podian ni arrastrarse. Su alimento venia de Ia Tierra. Despues ocurrio Ia historia de un hombre y una mujer. t Pero como fue posible? Es un enigma. i Cuando se encontraron? i Cuando y como crecieron? No lo se. Pero Ia mujer hizo

ropa. Encontro a unos crios, los vistio y los llevo a su casa. De esta manera se pablo el mundo. Cuando hubo muchos habitantes, buscaron perros. Un hombre salio con un ames de perro en Ia mano y comenzo a golpear el suelo con el pie gritando: "i Hoc, hoc, hoc!" Entonces los perros saltaron de unos pequeiios monticulos. Se sacudie-

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ron porque estaban cubiertos de arena. Fue asi como los hombres tuvieron perros. Pero los hombres aumentaron en numero, hubo mas y mas. No conodan Ia muerte; en ese tiempo llegaban a ser muy viejos. AI final, ya no pudieron caminar, quedaron ciegos y tuvieron que acostarse. No conodan tampoco el Sol. Vivian de noche y no amaneda jamas. No habia luz sino en el interior de las casas en donde ardia agua en Ia lampara. En aquel tiempo el agua ardia. Pero las gentes que no sabian morir fueron demasiado numerosas, cubrieron toda Ia tierra y entonces hubo un diluvio. Muchos hombres se ahogaron y Ia cantidad disminuy6. Los rastros de este diluvio todavia pueden verse en las cimas de las altas colinas donde a menudo se hallan conchas. Cuando hubo menos hombres, un dia, dos mujeres viejas er.1pezaron a hablar: "Debemos prescindir de Ia luz del dia si al mismo tiempo podemos evitar Ia muerte", dijo una. Seguramente temia a Ia muerte. "i Ay!" dijo Ia otra,

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"Tendremos Ia luz y Ia muerte." Y, cuando la vieja pronunci6 estas palabras, vino Ia luz y con ella Ia muerte. Se dice que cuando muri6 el primer hombre, cubrieron su cuerpo de piedras. Pero volvio en si; no habia comprendido como se moria uno. Saco Ia cabeza del ataud y trato de levantarse. Pero una vieja lo detuvo: "Bastante trabajo tenemos con nosotros mismos y nuestros trineos son pequenos." Estaban, como usted debe saber, listos para ir a Ia caceria de focas. Asi pucs, el cuerpo tuvo que volver a su tumba. Ahora que los hombres tenian luz, podian cazar focas y hacer largas expediciones, y ya no tenian necesidad de comer tierra. Y, con Ia tierra, llegaron el Sol, Ia Luna y las estrellas. Pues cuando mueren las gentes suben al cielo y se hacen luminosos. [Kaj Birket-Smith. The Chugach Eskimo, National Museets Publikationsfond, Copenhague, 1925. Trad. E.L.]

Cunas: Por que la Luna tiene la cara manchada

Numerosos pueblos de America ven en la Luna el castigo de un incesto. A veces el hermano avergonzado de haber abusado de su hermana se escapa al cielo, con la cara manchada de negro por un ingrediente que varia segun la region. En otras partes los esquimales creen que los persigue en el cielo su hermana provista de un tizon del cual las Estrellas son las chispas. Los indios Emerillons de la Guayana francesa imaginan que la media Luna se creo cuando tenia el hermano solo media cara manchada. Para los indios Cuna del Istmo de Panama este castigo del incesto se completa con un mito cosmogonico.

Olonitalipipilele vivia en una casa con su hermana. Tenia muchos sobrinos que eran diferentes especies de animales. Eran los servidores de Olonitalipipilele. Se levantaban muy temprano para ir a trabajar en el bosque y regresaban por Ia noche a su casa. Como no tenia otra mujer, Olonitalipipilele vivia con su hermana por Ia noche. Una noche, mientras ella dormia, el se le acerco sin que ella se diese cuenta. La noche siguiente hizo lo mismo. Entonces ella quiso saber cual de los animales era el que abusaba de ella durante Ia noche. Como dormia profundamente, educo un insecto, un piojo, para que Ia despertara, pero sin resultado. Luego educo una pulga, pero el insecto se escapo cuando se acerc6 su hermano. Sin resultado una vez mas. Educo entonces una cucaracha y tam bien un "sabdur" ( Genipa americana L.) que coloc6 debajo de Ia hamaca para echarselos a Ia cara del que venia cada noche. Sec6 las aguas que habia cerca de las chozas. Durante

Ia noche, cuando su hermano se acerco de nuevo, Ia cucaracha mordio a Ia mujer y Ia despert6. Mientras se acercaba su hermano, tom6 el jugo del "sabdur" y le ensucio Ia cara. Temprano por Ia manana, llam6 a todos sus sobrines para que tomaran una bebida antes de irse al bosque y examino sus caras pero no encontro ningun rastro de mancha. Su hermano aun dormia. Ella quiso despertarlo pero el respondio que le dolia Ia cabeza. AI mediodia seguia durmiendo. Llamo de nuevo a su hermano para que comiera algo, pero el contest6 que no podia levantarse porque estaba cubierto por una tienda de campana. Entonces Ie quito Ia tienda y el se levant6 enojado con su hermana y escap6. Queria decide que no entendia quien venia a verla cada noche pero el no se detuvo. Ella desde lejos le grit6 que esperara, que iria con el, pero no logro alcanzarlo. Cuando lleg6 al crucero de los caminos no supo cwil habia tornado su hermano. Pre-

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gunt6 a los animales que trabajaban cerca de los caminos pero le contestaron que no le dirian nada si ella no se quedaba a vivir con ellos. La mujer acept6. Entonces se fue por el camino que le indicaron y lleg6 a un rio. A las orillas del rio vivia una vieja llamada Kabayay. Tenia varies hijos. Cuando Ia mujer encinta llego a Ia casa de Kabayay no estaban ahi. Cuando llegaron los hi jos notaron un olor como a pastel. Los ninos preguntaron a su madre si tenia pastel en casa. Ella les contesto que no tenia ningtm pastel y los volvi6 a mandar a jugar a! borde del rio. La mujer que habia llegado a Ia casa estaba escondida en una gran cacerola pero de pronto los hijos de Kabayay regresaron y esta vez Ia encontraron y Ia llevaron a! rio y se pusieron a matarla. Su madre les dijo que solo queria sus tripas y sus visceras. Sus hijos le dieron lo que pedia y ella empezo a cocinarlas. En ese instante un nino sali6 del recipiente en donde hervian las tripas de Ia mujer y poco a poco fueron apareciendo ocho ninos. Estes eran Udale, Uidalilel, Olel, Sunibelele, Iguaoginyalilel y Pugazo. La mujer comenz6 a educar a los recien nacidos. Pasados algunos anos, cuando los nines ya eran grandes, les dijo que ella era su madre. Los ninos viendo que su madre no tenia narices y ellos si, le preguntaron por que no tenia nariz como ellos. Para enganar a los ninos, iba todos los dias al rio para hacerse una nariz de barro. Pero los ninos querian descubrir a su

verdadera madre. Una vez, uno de los mnos llamado Pugazo fue de caceria al bosque y oyo a un pajaro can tar asi: "Los pescados se comicron a tu madre." Entonces el nino corri6 bacia Ia casa y relato a su madre Kabayay lo que habia oido y ella les dijo "Me parece que ese pajaro anuncio mi muerte cercana". La manana siguiente, el nino volvi6 al bosque con sus hermanos y escucharon al pajaro decir las mismas palabras. Entonces los nines comprendieron que su verdadera madre habia muerto y que Ia vieja Kabayay los habia enganado. Enseguida di jeron: "Vamos a echar al rio a esta vieja que nos engana." Cuando llegaron a Ia casa le di jeron: "Vamos a banarnos a! rio." Mientras estaban en medio del rio empez6 a llover muy fuerte. Los j6venes Ia empujaron. De inmediato la vieja fue arrastrada por Ia corriente y empez6 a llorar: "Trrr-trrr-tr-trr." Y se convirti6 en rana. Acercandose a la orilla del rio, los nines le cortaron las patas delanteras y dijeron a la rana "Cuando sea tiernpo de lluvias deberas llorar como ahara para que los hombres sepan que viene la lluvia". Despues de vivir muchos anos en la tierra los nines se fueron al cielo y se convirtieron en las principales estrellas. Por esta raz6n dicen que Olonitelipipilele es Ia Luna y que su cara esta man chad a de "sabdur". [Henry Wassen, Journal de Ia Societe des Americanistes, Nouvelle serie, t. XXVI Trad. E.L.]

Bartolo Chibarriis ( comunicante) : El nacimiento del fuego y de la Luna entre los huicholes

Antes, mucho antes, no habia fuego, ni Luna, ni Sol, ni gente. En las cavernas, en las grietas, bajo las piedras vivian los animales nocturnes, el murcielago, el leon de agua, el bubo, Ia lechuza, el tejon, la rata. el gato montes, el tlacuache, las serpientes y los escorpiones, los que aun viven en Ia oscuridad. Ninguno de ellos podia verse y chocaban entre si. Entre si se devoraban. Hada mucho tiempo que reinaban las tinieblas en el Medio Mundo cuando nuestra madre Ia Tierra, Tatei Urianaka, tratando de alzarse se movi6 cinco veces en su morada subterranea. La primera vez se vio en el horizonte como Ia lumbre de un cigarro a punta de apagarse. La segunda subi6 un poco mas, se vio como el Sol oscuro de los eclipses. A la tercera sacudida, algo aclar6, fue como el principia dd amanccer. Los animales se miraban asombrados sin saber que cosa era aquello. A la quinta vez, apareci6 en Teacata, viendose como una lumbre, y esta lumbre era Tatevari, el Abuelo Fue-

go, el Viejo Fuego a quien nosotros los huicholes dames el nombre de Tai. Cerca de el estaba encandilado y asustado de lo que miraba un venado. Tai salt6 sabre Masha. lo ahorc6 con sus manes, lo destaz6, colgo su cuerpo de un arbol y poniendose abajo de el, principio a calentarlo. La grasa del venado impregnandolo de su sustancia lo iba alimentando y dandole Ia figura de un hombre que llevaba una luz en el pecho. Y todo esto lo veia desde Leunar, el Cerro Quemado, Tamatz Kallaumari. Atraidos por Ia luz se fueron acercando los animales. Tatavari les ofreci6 la carne de Masha, pero ellos, despues de probarla, Ia rechazaron y por esta raz6n, desde entonces, los animales salvajes solo se alimentan de carne cruda. Tai pudo levantarse. Se ech6 el venado a la espalda y cargado con el, se fue solo por los barrancos. Apenas habla andado unos pasos, cuando Tzaurishikame, en forma de viento, les dijo a los animales: -(_ Por que lo deja ron ir? De-

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bian haberlo matado alii mismo con sus flechas. -Lo dejamos ir --contestaron-, porque es el Fuego, Ia seii.al de que pronto habra lurnbre en el mundo, mas si tu deseo es de que rnuera, nosotros lo cazarernos con nuestras flechas. Fue Maye, el leon, el primero en dispararle una flecha de popotes y Ia flecha resbalo en el costado de Tatevari, hiriendolo levemente. Despues de Maye Ianzo su flecha de tzipurra, Tatei Ipau, una serpiente muy brava; enseguida lanzaron sus flechas de carrizo, Ia serpiente chica de cascabel, llamada Rainu, y Jaiki, Ia boa negra que vive en el agua, sin dar en el blanco ninguna de elias. Llenos de colera los animales se dirigieron a Rurave Temai, Ia Estrella Nueva, Ia que est1 asomada en lo alto de un cerro: -Remata a Tatevari, le dijeron, nuestras flechas de carrizo y popotes, son flechas de niii.os que nada pueden contra el poder del Fuego. Desde lo alto de su peii.a disparo entonces Rurave Ternai su flecha. Tocado Tatevari se vino a! suelo lanzando un torbellino de chispas azules, como una lumbre que se golpea con fuerza. -Tu has derribado a! Fueg-o y tu quedaras para siempre cuidando el Medio Mundo, -le dijo Tamatz a Rurave Temai, y es por esta decision de nuestro bisabuelo Cola de Venado que todavia Ia Estrella Nueva vigila el Media Mundo y cuando a las grandes serpientes les nacen las alas y amenazan salir y comerse a Ia gente, Rurave Temai les Ianza sus flechas y las extermina en el agua. Estaba caido Tai, estaba apagado, transformado en un viejo. -Vayan por el, levantenlo y traiganlo aca conmigo, -ordeno Tamatz Kallaumari. En primer Iugar fue Rarei Vivieri, una vibora de blanco y negro; en segundo Iugar fue Ia vibora gris Murreka y en tercer Iugar fue Wikurrao, otra vibora gris que vive enroscada en el tronco de los arboles. Las tres le hablaron tratando de moverlo, inutilmente, Tatevari permaneda inmovil,, y mudo, como si estuviera muerto. Enseguida lo tomaron de los brazos. Tatevari apoyado en su baston y sostenido por ellos clio cinco pasos deteniendose frente a Ia puerta del Ririki. Alii pregunto: -(Como voy a encenderme si no han dispuesto lo necesario? -Di lo que te haga falta y en el acto te lo darernos -respondio Tamatz. - Hagan lena de ese roble y de ese pino -dijo Tatevari seii.alando dos arboles, y labren ademas dos horquetas. Dispusieron dos troncos de roble en el su_elo, echaron varias rajas de pino y sentaron encmu a! viejo Tatevari. Una vez sentado, el Abuelo tomo las dos horquetas y dandoselas a los venados rnenores, hablo asi: -Tu, Ushikuikame, que me tomaste Ia rna-

no derecha, tu me cuidaras siempre a Ia derecha ; tu, Watemukame, que me tomaste Ia rnano izquierda, tu me cuidaras siempre a Ia izquierda, y tu padre mio, Tamatz Kallaumari, tu seras mi corazon, el corazon del Fuego. Si, dijo Tamatz- y tu seras Tatevari Tamatz. Estaras siempre con nosotros y siempre nos daras tu calor y tu vida. Tai, sacando de su pecho Ia yesca y el pedernal, se dirigio a todos los que presenciaban Ia escena: -Ha llegado Ia hora en que se ponga de acuerdo y digan conmigo: -Ia primer chispa de mi pedernal caera en el sur, Ia segunda caera en el norte, Ia tercera en el oriente, Ia cuarta en el poniente y Ia quinta caera en el centro que soy yo mismo, Tatevari Tamatz. AI decir esto se encendio Ia yesca y el viejo se convirtio en una gran llamarada. Los animales se asustaron. Era Ia primera vez que ~e veian a si mismos. - No sabiamos como eran nuestras caras - decian-, no sabiamos como eran las casas del mundo. Estabamos ciegos. Sin embargo el fuerte calor que despedia Tatevari los hizo alejarse y desde entonces los animales le temen a] fu ego. - Ahara - les dijo Tarnatz a sus hermanos- , el Fuego es nuestro. Tatevari los nombro sus guardianes y sus ayudante y ustedes han de cuidarlo y de evitar que nos lo roben. Estcn despiertos. No le quitcn los ojos de encima. Aparecio luego Ia vJejecita Takutzi Me'kima Erena. Estaba muerta de sueii.o y por todas partes se iba cayendo: -C uidate abuela - le aconsejaron los guardianes- te estas muriendo de sueii.o y puedes caerte en el fuego. La viejecita no hacia mucho caso de los avisos. Siguio caminando y en un traspies, sin que nadie pudiera evitarlo, se fue de cabeza a Ia hoguera. Apenas se hubo convertido en cenizas, los venados sintieron que algo se movia por el oriente y aparecio sobre los montes, Ia hoz delgada de Ia Luna, llamada Shewi en nuestra lengua. A Ia segunda sacudida aumento su tamaii.o y su claridad, alcanzo Ia fase llamada Jota. A Ia tercera subio otro poco, se redondeo. Fue Jaraika, cl cuarto creciente. A Ia cuarta subi6 mas alto. Fue ya Nauriaka. A Ia quinta, por ultimo, apareci6 en toda su redondez y fue Aushiviriaka, Ia Luna !lena. -No, no es esto lo que yo queria -dijo Tamatz Kallaumari-. Con trabajos se distinguen las cosas y nosotros necesitamos una luz fuerte. Debemos pensar en un nuevo proyecto, en una nueva imponencia. [Fernando Benitez, Los indios de Mexico, II, Mexico, 1968]

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0 Costnogonias y costnologias

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Empedocles: Luz ajena

Luz ajena gira, cua] pulido circulo, alrededor de Ia Tierra; mas las huellas de Ia (solar) carroza ruedan por los confines de Ia Tierra; que Ia Tierra, de ÂŁrente, mira el sagrado circulo de Principe.

y sombrea de Ia Tierra tanto espacio

cuanto es su ancho: el de Ia Luna, Ia de ojo de brillo palido. Mas Ia Tierra tambien impone noche, cuando del Sol op6nese a los rayos. Noche: Ia de ojos en peregrinaci6n, Ia desierta.

(La Luna) dispersa los rayos del Sol -los que desde arriba van hacia Ia Tierra-,

D

[Poema, fragmento 1 a 28. Trad.

J. D. Garcia Bacca)

Parmenides: La circular pupila

Y sabras de la eterea natura como de todos los signos que Henan el eter; y cuantas obras ocultas y c6mo surgieron de la faz pura de solar Lumbrera. De la naturaleza sabras y de las obras de esta merodeadora, la Luna, de circular pupila. Conoceras el Cielo, el omnicircundante, y de d6nde naci6 y cual lo encaden6. N ecesidad rectora a fin de que los astros guardara en sus linderos.

[Poema fenomenol6gico , II, 9 y 10. Trad.

~

J D . Garcia Bacca]

Filolao: La Luna pitagorica

Los coros celestes Frg. 11, a. Filolao ha colocado el fuego en media, en el centro, lo que llama Ia Hestia del todo, Ia casa de J upiter y Ia madre de los dioses, el altar, el lazo, Ia medida de Ia naturaleza. Ademas, pone un segundo fue.go en lo alto y circundando a! mundo. El centro, dice, es por su naturaleza el primero ; a lrededor de cl, los diez cuerpos diversos practican sus coros danzantes : son el cielo, los planetas; mas abajo el Sol, y arriba Ia Luna; mas abajo Ia Tierra, y debajo de Ia Tierra, Ia antitierra, y por fin, debajo de todos estos cuerpos, el fuego central de Ia Hestia, manteniendo el arden. La

parte mas elevada de Ia envoltura, en Ia cual supone que los elementos se encuentran en estado perfecto y puro, Ia llama el Olimpo. El espacio situado debajo del drculo de Ia revoluci6n del Olimpo, donde estan colocados en orden los cinco planetas, el Sol y Ia Luna, forma el mundo o ('] cosmos; por ultimo, debajo de estos cuerpos se halla !a region sublunar, que circunda¡ Ia tierra. en Ia cual existen las cosas de Ia generaci6n, esclavas del cambio; Ia llama el cielo. E! orden que se manifiesta en los fen6menos celestes es objeto de Ia ciencia; el desorden que se manifi('sta en las cosas del devenir es cl objeto de Ia virtud; este cs perfecto y el otro imperfecto.

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La forma de la Luna Frg-. 15. De Ia forma aparcnte de Ia Luna.-AIgunos pitag6ricos, entre otros Filolao, pretenden que su semejanza con Ia tierra depende de que su superficie, como Ia de nuestro planeta, se halla habitada por animales y vegetales mas grandes y mas hermo-

r;\1~1 '-t

sos, pues los animales de Ia Luna son quince veces mas grandes que los nuestros y no evacuan excrementos. Otros pretenden que Ia forma aparente de la Luna no es sino Ia refracci6n del mar que habitamos, traspasando el drculo del fuego. [Trad. Jose Vasconcelos en: Pitagoras. Una teo ria del ritmo, Habana, 1916]

Versos orficos: La obra de Cronos

Despues el gran Cronos engendr6 en el Eter divino un huevo brillante como plata. (Damascio, De primis principiis, 55]

IJ

Oraculos sibilinos: La guerra de las estrellas

He visto entre los astros Ia amenaza del Sol [claro y vi en el relampagueo de Ia Luna su c6lera es[pantosa. f:.sta es Ia batalla de las estrellas y Dios dirige [el combate inmenso.

La estrella de Ia tarde se precipita para atacar [del reves al Le6n. La Luna de dos cuernos rompi6 su redondo ros[tro. El Capricornio ha roto los tendones al Joven Toro . ..

EI Sol Ianza enormes llamas en Ia batalla,

[Anthologie de la poesie grecque, Paris, 1950. Trad. Robert Brasillach-JLM]

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Platon: Las siete orbitas

En virtud de este razonamiento y de esta intenci6n divina que hacen referencia a! nacimiento del Tiempo, el Sol, Ia Luna y las otras cinco estrellas, a las que damos e! nombre de errantes, han nacido para definir los numeros del Tiempo y para Rarantizar su conservaci6n. Una vez formado el cuerpo de cada uno de ellos, el Dios los ha colocado, en numero de siete, en las siete 6rbitas que describe la sustancia de lo Otro. En primer lugar la Luna, en la primera 6rbita en torno a la Tierra; luego, rl Sol, en !a segunda 6rbita por encima de Ia Tierra; la estrella de Ia manana y !a que esta consagrada a Hermes luego, de tal manera que recorran sus circulos con una rapidez igual a 路 Ia del Sol, pero recibiendo un impulso de direcci6n contraria a Ia de aquel. Por eso el Sol, Ia estrella de !a manana y !a de Hermes se alcanzan alternativamente y son alcanzados los unos por otros, segun una ley constante. [Timeo, 39a. Trad. Francisco de P. Samaranch]

~

Aristoteles:

La Luna es esferica Y la Luna, segun las cosas que nos ensefia la experiencia visual sobre ella, es tambien esferica. Ya que, de no ser asi, no aparecerian tantas faces, en sus cuartos crecientes y cuartos menguantes, convexa por una parte y c6ncava por la otra, o bien convexa por ambas partes, y una sola vez partida en dos partes iguales. Y una vez mas es ello claro por la astrologia. Pues tampoco el Sol, al eclipsarse, pareceria c6ncavo en aquella parte que queda sometida a eclipse. De donde si una estrella es asi, es evidente que tambien todas las demas han de ser esfericas. [Del cielo, II, 11]

i La armonia de las esferas? De esto resulta evidente que lo que han dicho algunos a saber, que con la traslaci6n de estos cuerpos celestes se produda una armonia, emanando de alli sonidos distintos segun una proporci6n definida, ha sido dicho bella y magnificamente, no obstante no ser ello verdadero ni ser asi las cosas. Hay, en efecto, quienes creen necesario que se produzca un sonido, con la traslaci6n de cuerpos tan grandes, comoquiera que, tambien con el movimiento de los cuerpos que hay entre nosotros, sin tener ellos una masa igual ni una velocidad cual es la del Sol y la Luna, se produce un sonido; mas aun: es imposible que no se produzca un sonido enorme, al ser tantos en numero, y al ser tan grandes las estre52

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Has, y ser tan rapida la velocidad con que se mueven. Asi pues, suponiendo estas casas y que las velocidades poseen, par sus intervalos, las proporciones de las armonias, dicen que se producen varios sonidos par la rotaci6n de las estrellas. Ahara bien: supuesto que es totalmente il6gico que nosotros no oigamos estos sonidos, dicen que la causa de ella esta en que este sonido es continuo desde que nacemos, y que no lo percibimos porque nos falta el silencio contrario. Dicen en efecto, que la percepci6n de la voz y el silencio se hace reciproca y alternativamente. Par eso, igual que a los que moldean el bronce no les parece importante el ruido, a causa de la costumbre, de la misma manera dicen que les ocurre a los hombres. [Del cielo, II, 9. Trad. Francisco de P. Samaranch]

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Lucrecio: Una Luna cada dia

Puede ser que Ia Luna brille iluminada por los rayos del Sol y que, conforme se va alejando de Ia rueda solar, vaya aumentando, dia tras dia, ]a Luz que brinda a nuestros parajes y, asi, basta que, frente a frente con el, fulge completamente llena de luz y mira empinada desde el oriente el ocaso del Sol. Luego otra vez empieza como a esconder poco a poco su luz conforme se va aproximando mas al fuego del Sol en su recorrido de Ia otra parte del zodiaco. Tal es Ia opinion de los que suponen que Ia Luna es como una esfera que desliza su curso por debajo del Sol. Existen tambien razones para decir que ella gira con lumbre propia y que nos ofrece diferentes aspectos de su esplendor. En cuyo caso podria haber otro cuerpo que se mueve y desliza a una con ella, y que se le cruza y Ia oculta de muchas formas, sin que podamos mirarlo porque se mueve privado de luz. Posible es tambien que gire sobre si misma como si fuera una esfera cuya mitad esta tenida con una lumbre candente y que, conforme el globo va dando vueltas, se produjeran las diferentes fases hasta que, finalmente nos ofreciera y p usiera ante nuestros ojos Ia cara aquella que esta toda cubierta de fuegos. Luego otra vez lentamente iria girando y sustrayendo a Ia vista Ia parte luminosa de su esfer.:t. Esc es a! menos el sistema que Ia doctrina babil6nica de los caldeos, refutando Ia ciencia de los astr61ogos, se esfuerza por imponer : como si fuera imposible que el fen6meno se cumpliera como los dos sistemas defienden, o como si existiera una raz6n contundente para inclinarse a cualquiera de ambos. A fin de cuentas, ~. por que no pod ria nacer siempre una Luna nueva, cada cual con una forma y una fase determinada segun Io exigiera el ordcn? ~ Por que no pod ria desa parecer cada dia Ia que naci6, y, cada dia, poner otra en sustituci6n y Iugar de ella? ~D6nde esta Ia

dificultad de ensenar y demostrar tal teoria, cuando continuamente multitud de cosas estan naciendo en un orden preciso? La primavera y Venus arriban, y el alado preg6n de Venus marcha adelante, mientras, sobre las huellas del cefiro, Ia diosa Flora les abre paso inundando todo el camino a manos Ilenas de colores egregios y de perfumes. A continuaci6n viene el arido estio y, en su campania, Ceres Ia polvorienta y el soplo canicular de los aquilones. Despues asoma el otono: lo acompana Baco en medio del evoe delirante. Las otras esta路ciones y vientos marchan detras: el altisonante Volturno y el Austro engendrador del rayo. AI final, la bruma trae las nieves, y Ia estaci6n . se to rna a perezoso rigor: en su secuela, el escalofrio viene castaneteando los dientes: l Seguira siendo, pues, asombroso que periodicamente nazca una Luna y que, periodicamente, sea destruida otra vez, cuando vemos que tantas cosas pueden hacerse con parecida regularidad? [De la naturaleza de las cosas, V, 705-750. Trad. de

Rene Acuiia]

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Dante Alighieri: Hay nueve cielos

Para ver mas latinamente el sentido literal, que es el ahara propuesto, de la primera parte arriba dividida, ha de saberse quienes y cuantos son los llamados a oirme y cual es el tercer cielo, que digo que ellos mueven. Y primero hablare del cielo; luego hablare de aquellos a quienes hablo. Y aunque de estas casas a la verdad poco puede saberse, en p.quello que ve la humana razon se deleita mas que con lo mucho y lo cierto de las casas de las cuales se juzga c;onforme a! sentido, segun Ia opinion del Filosofo, en De los animates. Digo, pues, que del numero y situacion de los cielos se ha opinado por muchos diversamente, aunque Ia verdad se encuentre por ultimo. Aristoteles creyo, siguiendo unicamente Ia antigua rudeza de los astrologos, que habia tambien ocho cielos, el ultimo de los cuales, y que todo contenia, era aquel donde estan fijas las estrellas, es decir, Ia octava esfera; y que mas alla de el no habia otro alguno. Tambien creyo que el cielo del Sol estaba inmediato a! cielo de Ia Luna, es decir, el segundo respecto a nosotros, y puede ver quien quiera esta erronea opinion en el segundo libra de Cielo y mundo, que esta en el segundo de los libros naturales. A Ia verdad, se excusa de ello en el duodecimo de Ia M etafisica, donde demuestra haber seguido incluso Ia opinion ajena alii donde le ha sido menester hablar de Astrologia.

Tolomeo luego, advirtiendo que Ia octava esfera se movia con varios movimientos, a! ver apartarse su circulo del circulo derecho que se mueve de oriente a occidente, obligado por los principios de la Filosofia, que necesariamente pide un primer movil simplicisimo, supuso que habia otro cielo a mas del estrellado, el cual hacia aquella revolucion de oriente a occidentc. La cual dijo que se cumple casi en veinticuatro horas, es decir, en veintitres horas y catorce partes de las quince de otra, seiialando bur?amente. Asi que, segun el y segun lo que se t1ene en Astrologia y en Filosofia -pues que fueron vistas tales movimientosnueve son los cielos movibles; la situacion de los cuales es manifiesta y determinada, segun lo que por parte pcrspectiva, aritmetica y geometrica se ha vista sensible y racionalmente, y por otras experiencias sensibles; como en el eclipse del Sol se demuestra sensiblemente que Ia Luna esta bajo el Sol, y como por testimonio de Aristoteles, que vio con los ojos -segun Io que dice en el segundo de Cielo y mundo- a Ia Luna, estando media, entrar por bajo de Marte, par Ia parte oscura, y estar Marte tan celado que reaparecio por Ia parte de luz de Ia Luna que estaba hacia occidente. [El convivio, n,

11.

Trad. Cipriano Rivas CheriÂŁ]

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Abentofail: El concierto de las esferas

Observ6 que cuando aparecia una estrella que recorria un circulo grande y otra a! mismo tiempo que recorria uno mas pequefio, siendo su aparici6n simultanea, tambien lo eran sus puestas, y lo mismo ocurria con todas las demas y en cualquier epoca, induciendo de aqui que el firmamento tenia Ia figura esferica, y se afirm6 en esta hip6tesis, por lo que habia observado respecto de Ia vuelta por oriente del Sol. Ia Luna y las estrellas que se ponian por occidente y, ademas porque veia siempre a los astros de Ia misma magnitud, cuando aparecian, cuando estaban en Ia mitad de su carrera y cuando se ponian, pues consideraba que si su movimiento fuera otro que el circular era includable que en algun tiempo estarian' mas cerca de el, y si asi fuera los veria distintos, es

~

decir, mas grandes en cuanto m as cerca estuvieran de sus ojos y mas pequefios cuando pasasen mas lejos, mas como esto no sucedia nunca, se convenci6 de que, efectivamente, Ia forma del firmamento era esferica. Sigui6 indagando el movimiento de Ia Luna, observandolo de occidente a oriente, y el de los demas planetas, con lo que lleg6 a conocer con minuciosidad gran parte de Ia ciencia astron6mica. Se dio cuenta al fin de que todos aquellos movim!entos se realizaban en diferentes esferas, empero, que todas elias estaban contenidas en una sola, Ia mayor que mueve todo de oriente a occidente en todo el lapso del dia y de Ia noche. [Hispano-arabe, siglo xn, El fil6sofo autodidacto. Trad. Angel Gonzalez Palencia]

Maimonides: El agua, esfera de la Luna

Lo hemos dicho muchas veces, y los Doctores repiten lo mismo ... Ellos han indicado, pues, claramente por este pasaje (Job, 38, 33) que basta los individuos de Ia naturaleza estan bajo Ia influencia particular de fuerzas de ciertos astro3; porque, aunque todas las fuerzas, en conjunto, de Ia esfera celeste, se derraman en todos los seres, sin embargo, cada especie sc halla bajo Ia influencia particular de un astro cualquiera. Sucede como en las fuerzas del cuerpo, pues el universo entero es un solo individuo. Por esto han dicho los fil6sofos que Ia Luna tiene una fuerza aumentativa que influye principalmente sobre el agua. Por eso los mares y los rios crecen a medida que Ia Luna aumenta, y decrecen a medida que ella disminuye, y que el flujo en los mares obedece a! avance de la Luna, y el reflujo, a su retroceso - aludo a su ascenso y descenso en los cuadrantes de la 6rbita- , como es claro y evidente para quien lo ha observado. Por otra parte, que los rayos del Sol pongan en movimiento el elemento del fuego es evidente tambien, como lo comprueba por el calor que se derrama en el mundo a presencia del Sol, y por el frio que se apodera de un Iugar luego que el Sol se aleja o se le roba. Considerando esto, me ha venido Ia idea de que, por mas que emanen de estas cuatro esferas figuradas fuerzas a todos los scres que nacen y cuya causa son elias, cada esfera pueda tener (bajo su dependencia ) uno de los cuatro elementos, de manera que tal esfera sea el principia de fuerza de tal elemento en particular, a! cual, por su propio movimiento, le da ella el

movimiento del nacimiento. Asi, pues, Ia esfera de Ia Luna seria Ia que mueve el agua; Ia esfera del Sol Ia que mueve el fuego; Ia de los otros planetas Ia que mueve el aire, cuyos movimientos multiples de desigualdad, retraceso, rectitud, estancamiento, producen las numerosas configuraciones del aire, su variaci6n, su rapida contracci6n y dilataci6n, y, finalmente, Ia esfera de las estrella> fijas Ia que mueve Ia tierra. Por esta causa, Ia tierra se mueve pesadamente para recibir Ia impresi6n y Ia mezcla, quiero decir, porque las estrellas fijas tienen movimiento Iento. A esta relaci6n de las estrellas fijas con Ia tierra se alude a! decir que el numero de especies d e plantas corresponde a! de individuos de estrellas. (Hebreo-espaiiol, siglo xn. D octor en perplejos, II, 10. Trad. Salomon Munk-Jose Llamas]

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0 Magia, adivinaeion, superstieion, sitnbologia

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Helene P. Blavatsky: N uestra madre Luna Desde el punta de vista teol6gico, Ia Luna es la manifestaci6n externa del cuarto principia de nuestro sistema planetaria; masculino en su caracter teog6nico; en su aspecto c6smico es el principia generador frmenino . Es considerada tambien como una potencia sin sexo, emblem;itica de Ia mente inferior y del cuerpo astral. Es el guia del !ado oculto de Ia Naturaleza terrestre, mientras que el Sol es el regulador y factor de Ia vida manifestada. Nuestra Madre Luna es ahara el frio residua, Ia sombra arrastrada tras el nuevo cuerpo, Ia Tierra, adonde ha pasado por trasfusi6n sus poderes y principios de vida. Se halla condenada a perseguir a la Tierra durante largas edades, a ser atraida por ella y a atraer a su vez a su hija. La Luna irradia influencia maligna, invisible y emponzoiiada que emana del !ado oculto de su naturalcza, pues es un cuerpo muerto y que, sin embargo, vive. Su maxima influencia sobreviene en el plenilunio; sus efectos son psiquicofisicos, hacienda sus emanaciones perder al hombre no poca energia vital cuanclo esta expuesto a sus rayos durante e] sueiio. Las hierbas ponzoiiosas son m [ls maleficas cuando se arrancan en naches de Luna. Cuando llegue a su septima Ronda se acabara por disgregar como sucedera con los satelites de los otros planetas. Su influencia oculta se manifiesta en periodos septenarios, cada uno representando un cuarto de los 28 elias del mes lunar. En astrologia es representada en creciente, en forma de copa que simboliza todo cuanto es receptivo en !a naturaleza humana, pues gobicrna las emociones, instintos, imaginaci6n, sensibilidad , lo femenino en Ia vida. Confierc intuici6n , pasividad, amor maternal y a los viajes. Est{t profundamentc relacionada con cl crecimiento de los cuerpos, y en un hor6scopo representa el fisico , Ia personalidarJ y !a madre. De acuerdo a! signa y casa que encuentre significa !a cualidad., conciencia o estado que e] nativo tendra mas probabilidades de desarrollar.

â&#x20AC;˘

La pareja real. S. Trismosin. Le Toyson d'or, 1612

Mal configurada produce versatilidad , frivoliclal, pereza, inconstancia y capricho. Afecta a lo relacionado con el comercio, agua o mar; a los 6rganos internos de Ia mujer, Ia asimilaci6n y cl gran simpa tico. Es de naturaleza acuatica, femenina, negativa, y rige el signa de Cancer. [La doctrina secreta]

Julio Caro Baroja: Brujerias lunares

"La hechicera" de Teocrito He aqui lo que nos cuenta Te6crito en una de sus mas bellas poesias. Simeta, una muchacha de vida regular basta cierto momento, despues de haberse enamorado de Delfis ( clasico tipo de joven hermosa que se deja qucrer) y despues de haberle otorgado sus favores, se ve abandonada. En su desesj;e-

raci6n erotica se dispone a recuperar su amor perdido mediante operaciones magicas. Simcta actua, pues, con patetisrno y expresando sin ambages su deseo, su voluntad, auxiliada por una esclava. Y en primer Iugar invoca a las divinidades propicias, a las divinidades que pueden ayudarle en Ia ernpresa de atraer otra vez a! bello Delfis. Son estas, Selene y Hecate. y el ministro de las divinidacles sera. un rnistc-

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insuflandole su "virus lunar"? Tras insuflarle el virus y mezclar las sustancias mas repugnantes, tras pronunciar !a invocaci6n conminatoria, amenazadora Ia sombra del muerto se levanta. Pero le da miedo reintegrarse al cadaver.

noso pajaro, lynx, a! que de modo ritmico se hara alusi6n en el conjuro, pidiendole, orde路nandole:

"Iynx, trae a mi casa a este hombre .. . "

La diosa de las brujas

La conminaci6n se repite basta diez veces. Simeta, mientras habla, arroja harina y sal sobre el fuego preparado, en el que arde tambien una rama de laurel y derrite una figura de cera, en tanto que da vueltas al "rhombos": porque Delfis tendra que arder de amor como arde el laurel, derretirse como la cera y dar vueltas a la casa de Simeta como el "rhombos" gira en el espacio. Magia imitativa, asi, pero precedida de una invocaci6n y de una especie de confesi6n de su deseo. 2. A qui en? A la augusta Selene: siempre !a Luna. En la segunda parte del poema, cuando Simeta cuenta el proceso de su enamoramiento y las vicisitudes de sus amores, repite tambien de modo ritmico, como si !a repetici6n fuera parte principalisima del ritual, un verso que dice:

Diana, Holda, Herodiade AI concilio celebrado en Ancyra el aiio 314 se atribuy6 asi un canon que, traducido, dice de esta suerte: "Hay que aiiadir, ademas, que ciertas mujeres criminales, convertidas a Satan, seducidas por las ilusiones y fantasmas del demonio, creen y profesan que durante las naches, con Diana, diosa de los paganos ( o con Herodiade) e innumerable multitud de mujeres, cabalgan sobre ciertas bestias y atraviesan los espacios en !a calma nocturna, obedeciendo a sus 6rdenes como a las de una dueiia absoluta.

Brujeria y culto a Diana Conoce mi amor, y cual es su origen, oh augusta Selene!" "j

Margaret Murray escribi6 un libra para demostrar que lo que llamamos brujeria en terminos generales ( o lo que ella llamaba ''The Witch Cult") no fue mas que una pervivencia del culto a Diana en Europa, en el occidente de Europa mejor dicho. Los conciliabulos habrian tenido mas realidad de Ia que les atribuian los viejos padres medievales y serian una pura expresi6n del Paganismo de origen grecolatino, con elementos tornados tambien de otros sistemas orientales.

Esto basta dace vcces: y a! final hay como una corta y ultima oraci6n a !a Luna y a las estrellas y a !a noche misma.

Jl irus lunar Lucano cree, tambien, que hay unos dioses de !a Magia, t Y que dios puede ser mas propicio a la Magia malefica que la Luna, cuando vemos que !a misma Erichto procura que un muerto recupere !a vida por unos momentos,

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[Las brujas y su mundo, Madrid, 1961]

Tantra: Para detener a la Luna

Ague! que desee tener poderes sobre el Sol y !a Luna, debera elaborar con arroz molido un Sol y una Luna y arrojarlos en agua-vajra (agua del conocimiento) y recitar este mantra:

Este mantra debera recitarse setenta millones de veces con el fin de hacerlos detenerse, y asi el Sol y Ia Luna indistintamente seran dia y noche.

Oh Sol y Luna no se muevan, no se muevan; detenganse, detenganse. o Hevajra HUM HUM PHAT SV AHA.

[The H eva ira tantra, lib: I , sloka 27; D. L. Snell-

grove, cd ., Oxford University]

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Cayo Plinio Segundo (Plinio el viejo) : La fuerza de la Luna

La influencia de Ia Luna en las mentes femeninas. Francia, siglo xvn

Maravillas delflujo menstrual Seria dificil descubrir nada tan prodigioso como el flujo menstrual. La mujer en este estado agria con su proximidad el vino nuevo, las semillas que toea se esterilizan, los renuevos tiernos perecen, las flares del jardin se mustian y los frutos del arbol bajo el cual ella se sienta caen. A su sola mirada se empana el resplandor de los espejos, se embota el filo de Ia espada, pierden su brillo los marfiles, mueren los enjambres; hasta el bronce y e! hierro se enmohecen y contraen un repugnante hedor. Los perros que !amen esta sangre se vuelven rabio~os y e! veneno de su mordedura no tiene remedio. El betun, que por naturaleza se pega a todo lo que toea y que, en ciertas epocas del ano, sobrenada en el !ago Asfaltites de Ia Ju-

dea, no puede romperse sino con un hilo bai1ado en este virus. Hasta las hormigas, animales minusculos, cuando padecen su influencia arrojan los granos que transportan y no los vuelven a recoger jamas. . Esta regia, cuyos efectos son tan grandes, la tJenen las mujeres cada treinta dias y es mas abundante el tercer mes. A algunas les toea, sin embargo, mas a menudo, y a otras, en cambia, no Jes II ega nunca; pero estas no pueden ser madres porque es de Ia sangre menstrual de lo que se forman los ninos. El semen del var6n sirve para coagular esa sangre y para constrenirlas, y el tiempo le da luego Ia organizaci6n de Ia vida. Si por caso el flujo continua durante Ia prenez, el nino sera debil, al decir de Nigidis, y se vera lleno de humores o no vivira. [Historia natural, Libro VII]

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Jeronimo Cortes

Las cosas que estan sujetas a la Luna Tiene dominio sobre todas las cosas h{nnedas, y en particular sobre los asnos, bueyes, pescados, aves blancas y marinas; sobre los sauces, priscos y oliveros; sobre las calabazas, pepinos, cohombros, melones, lechugas, berdolagas y escarolas. En las enfermedades sobre epilepsia, paralisis, encogimiento de miembros, y gota coral. En el hombre, sobre la cabeza, vientre, pecho, est6mago y lado siniestro. En los colores, sobre lo blanco y azafranado; y su mayor dominio es en el Occidente.

Consejos para enero En la creciente Luna de Enero deben los Agricultores engerir los arboles, que temprano llevan flor, como son almendros, duraznos, ciruelos y sus semejantes. Deben sembrar en tierras calientes las pepitas acedas de naranjos, Iimas y cidras; poner cuescos de duraznos, priscos, ciruelos y nogales. En la menguante de Enero conviene cortar la madera para edificios de arboles que pierden las hojas, los modrigones y horcas para las vifias, y podarlas, con tal que sea en tierras calientes, mondar y limpiar los arboles, y escardar los panes, estercolar las vides y huertas, sembrar ajos y cebollas. Dice Plinio, lib. 18, que toda cosa que se haya de coger para guardar o castrar, cortar, podar o rozar, se debe hacer en menguante de Luna. Si en este mes se oyeren los primeros truenos, significan fertilidad de frutos y esterilidad de bosques y selvas, abundancia de aguas, vientos enfermizos, conmociones de pueblos, y muerte de hombres y de ganado en el Reyno en que se oyeren. [Non plus ultra del lunario y pron6stico perpetuo, Madrid, 1598]

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Miguel Sendivogius: De los astros

La Luna saca su luz y sus influencias del Sol, y las en via de noche a la tierra: asimismo marca con su movimiento acortado los meses. Esta Eva sacada de la costilla de A dan ( o Sol) desempeii.a, en la operaci6n antes mencionada, el oficio de la hembra, y preside en la materia humeda, femenina y pasiva, tal como lo hace el Sol en la materia seca y activa. La plata, . si bien es mas perfecta que los demas metales,. se relaciona con la Luna celeste y posee su virtud, asi como el caracter. Es muy uti! en su especie a los fil6sofos expertos. De igual manera que el oro tiene la naturaleza del Sol en el Macrocosmos y del coraz6n en el Microcosmos, asi Ia plata tiene la naturaleza de !a Luna en el Macrocosmos y del cerebro en el Microcosmos, para el que constituye una medicina singular si se la hace espiritual e impalpable. [Polonia, siglo xvr-xvn. Carta filos6fica. Trad. Mario Martinez de Arroyo]

J.

D . Mylius, A.nato.mia A.uri, 1628

Oswald Wirth: La Luna en el Tarot Para manifestar los esplendores del cielo, Ia Noche hunde a la tierra en tinieblas ya que las coS'as de arriba s6lo se revelan a nuestra vista en detrimento de las de abajo. A pesar de ello, aspiramos a unir lo celeste a lo terrestre por m edio de una contemplaci6n simultanea que se hace posible cuando la Luna extiende su palida claridad. Este astro, asociado a las estrellas sin atenuar del todo su brillo, no ilumina sino a medias los objetos que baii.a con su incierta luz prestada. La Luna no permite distinguir los colores; baii.a de un gris plateado o de indecisos matices azulosos lo que tocan sus rayos, dejando subsistir al mismo tiempo el negro opaco de las sombras de !a noche . Al observar los efectos del clara de Luna, i como no pensar en !a imaginaci6n con que el mundo iluminativo se traduce en nuestro in-

telecto? El VISionario imaginativo ve las cosas bajo una luz falsa. Fascinado por Hecate, se aparta del poetico cintilamiento de las estrellas para concentrar su atenci6n en los contrastes del falaz claroscuro lunar. Concibe err6neas teorias metafisicas fundadas sobre oposiciones ideales, efectos ilusorios de un juego de 6ptica mental: hace entidades objetivas del bien y del mal, del ser y la nada y cae en la trampa de un dualismo fatal para toda sana apreciaci6n de la realidad. Engaii.ado por contrastes aparentes, imagina la materia densa, s6lida, pesada e indestructible, que se reduce, en ultimo analisis a infimos torbellinos de una imponderable substancia eterica. Los errores principales del espiritu humano se derivan de Ia imaginaci6n que no puede impedirse objetivar lo subjetivo. Ahara bien, como esta facultad feme61

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nina despierta antes que Ia razon ma~culina, primero imaginamos y luego tratamos de razonar, entregados a! esfuerzo de construir logicamente con representaciones equivocas. El resultado no es halagador. Nos es indispensable, sin embargo, conquistar Ia plena luz, explorando, con riesgos, y ~elig~os, el espacio inmenso que Ia Luna solo 1lumma parcial y muy imperfectamente. El campo que se nos ofrece es un terreno accidentado en f!l que los pasos en falso son inevitables. Esperemos caidas frecuentes desconfiando de las trampas y de los lazos disimulados. Antes que apartarse desdefioso del pantano de Ia vida instintiva, el sabio se esfuerza en penetrar el misterio. Aun en plena dia, el no percibira nada de lo que bulle en las profu~­ didades de las aguas inquietas; pero en Ia cla~l­ dad de Ia Luna distingue un inmenso cangreJO surgiendo inmovil de las ondas cor~ompidas. Este crustacea devora todo lo corromptdo. Gracias a el, el pantano no emana_nin~{m vap~r mefitico, porque le asegura su hmpteza. Scna _funesto dejar subsistir creencias muertas que HI?plican practicas reprensibles: el feroz cangreJO pone en ello arden. Si camina hacia atras cs porque su dominio es el pasado y no el porvenir que huye. Con lo que asimila se fonna un carapa~ho petrificado aunque temporal, ya que el ammal lo abandona cuando se vuelve demasiado pesado. ·Ojala que la ensefianza del cangrejo sirviera ~ara que las creencias corporizadas supieran renovarse cuando es preciso! El Cangrejo del Tarot es rojo, no porque este coci_d o s~no, por lo contrario, a causa del fuego mtenor que le hace tener una incesante actividad para cumplir su mision de salubridad. , Los astrologos reconocen en este caso <:- C<:-ncer como casa de !a Luna. Durante su orcmto anual cuando el Sol llega a esta division del zodia~o comienza a declinar, como si hubiera

abandonado de pronto sus ambiciones de ascencion. El periodo de Cancer favorece por analogia Ia vuelta sobre si mismo, el examen de conciencia y Ia conversion del pecador, ~omo si en las aguas turbulentas del al~a. se aglt!ira un cangrejo purificador. Los egtp~ws su~tltu­ yen a este animal por el escarabaJo zodtacal, sirnbolo de regeneracion moral y fisica. El arcana XVIII representa a Ia Luna en un disco de plata sabre el que se destaca un perfil fcmenino de trazos regordetes. Del disco salen largos rayos amarillos entre los cuales aparecen ' breves resplandores rojos. Tales colores dan a Ia Luna una debil actividad espiritual (roja) y le dan en cambia un gran poder en el dominio material (amarillo ) . Ello significa que Ia imaginacion, facultad lunar, favorece el visionarismo a! objetivar formas-pensarnientos; pero casi no ayuda a comprender y a percibir Ia esencia real de las casas. A pes<:-r de que Hecate sea engaii.adora, nos es preoso pasar por su escuela para aprender a no ~n­ gafiarnos con sus fantasmago~'las . Las gotas mvertidas, rojas, verdes y amanllas, que Ia Luna parece atraer, corresponden a los globos del mismo color del arcana XVI ; pero las emanaciones terrestres van al satelite, que recibe sin dar nada. La luz fria y el astro nocturno tienden a reabsorber la vitalidad que les otorga el Sol de donde viene !a recomendacion popular de 'no dormirse nunca expuesto a los rayos de Ia Luna. Un antiguo Tarot afiade en Ia escena un arpista que, a! claro de Luna, canta a una bella joven semidesnuda inclinada al borde de su ventana para desatar su cabellera; una puerta solidamente amurallada protege a Ia coqueta de los arrestos de su enamorado. [Le Tarot des imagiers du Moyen Age, Paris, 1966, II, 18. Trad. JLM]

ll Arcanum XVIII CR£PIJSCUWII

THE t.K>ON

Hicra rc hia Occul ta Hos t cs Occu lt.i Pi.!r .i cu la Occul ta

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Paul Marleau: La Luna en el Tarot de Marsella

Sentido general y abstracto Esta lamina representa el vinculo indivisible y persistente que une el plan fisico con el plan astral, es decir, plano de las fuerzas invisibles que rigen al Cosmos visible, y muestra Ia interpretacion deformada que el hombre introduce en los elementos conjugados en estos dos pianos, en tanto que las dos laminas anteriores mostraban, una la construcci6n del hombre y otra Ia construcci6n divina en el cosmos. En efecto, el hombre esta dotado en su encarnaci6n de una inteligencia muy limitada; interpreta las !eyes c6smicas a su manera y las deforma. Por ello, esta inclinado a multiplicar excesivamente sus propia3 creaciones y a elaborarlas en pianos sutiles, queriendo darles, al mismo tiempo, una realidad que no puede ser sino ilusoria y que lo induce al error.

Particularidades analogicas En esta lamina, Ia Luna, simbolo de las creaciones imaginativas del hombre, no puedc ser sino una fuerza pasajera, fugitiva, mas no creadora, ya que no es de origen divino como lo demuestra su perfil humano. El llamado del hombre a favor de sus quimeras, al no encontrar punto de apoyo, vuelve sobre su propia imagen como ante el reflejo de un espejo. Sin embargo, por los rayos que la rodean, mues~ra que su vida momentanea puede ejercer una influencia, y por ello simboliza tambien el flujo y reflujo de las pasiones humanas tanto como su reflejo en lo astral. Su color es azul, creaci6n puramente psiquica, constituida por el espiritu del hombre, casi independientemente de su voluntad. El color rojo y azul de los rayos indica que este astro puede influir en el plano material y el religiose, pero con poco alcance ya que el blanco muestra que estan casi neutralizados. Las lagrimas que caen a] suelo significan que lo que proviene de Ia tierra vuelve a Ia tierra y que esta creaci6n del hombre en el plano astral puede recaer sobre Ia tierra y determinar una fecundidad momentanea; es el Uujo y reflujo de la influencia de lo astral hacia Ia tierra, y de Ia influencia de Ia tierra hacia lo astral que se completan. Estas lagrimas, cuya punta esta hacia abajo, confirman Ia debil eficacia de este astro sobre Ia tierra, pues lo que parece caer como un mana fecundante, va, al contrario, adelgazandose, y sus colores rojo, amarillo y azul significan que no hay que esperar recibir mas apoyo en el plano material que en el espiritual o en el de Ia inteligencia. Las torres amarillas son el simbolo de Ia fuerza y del poder creador y transitorio de un

suefio, que, sin embargo, llega a simbolizar un monumento que parece estable y que no es sino una ilusi6n. R epresentan Ia insistencia en cl error, e] refugio que uno se crea para encerrarse en su espejismo. El suelo atormentado muestra que el hombr~ imagina torres que le parecen que retan al tiempo pero que no puede apoyarlas, sin embargo, sobre una base recta y s6lida. Los perros, de color carne, simbolizan los instintos primitives, origen de los tormentas animicos que asedian al hombre y que luchan entre si; ladran hacia lo alto para manifestar sus quimeras. Ahren el hocico para alimentarse de fluidos, pero este alimento no hace sino acentuar el error. Como instrumentos del sub-

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consciente, los perros vuelven a indicar el sentimiento intuitivo de los errores de la concienoa. El can~rejo, bestia voraz, con sus tenazas que se prenden y se incrustan, representa una especie de estado purgatorial, debido a las formaciones parasitarias del individuo, formaciones que se originan siempre en los estados psiquicos maleficos que manifiesta su color azul. Es una purificacion del bajo animico que se hace por el sufrimiento. El estanque representa una cavidad profunda y el reborde que lo rodea significa que, a cualquier profundidad que sea la caida, si el hombre quiere volver a la superficie puede encontrar el socorro necesario tomando apoyo.

Significacion utilitaria en los tres pianos

Orientacion de los personajes

La.'!'lina Invertfda - ~I instinto, c~usa .~el espeJISmo, acentua sus etectos por !a s1tuacwn, en !a parte superior, del pantano. Estado de conciencia confusa, pero que permanece latente, inactivo. En resumen, en su Sentido Elemental "LA LUNA" representa los suenos quimericos del Hombre, criados en la oscuridad, bajo !a influencia de las fermentaciones de su alma, bajo el empuje obsesivo de los deseos pantanosos, pero liberandolo de sus tormentas personales en cuanto ha percibido su inanidad.

El rostra en la Luna es un perfil visto por Ja izquierda, lo que indica una tendencia hacia la imaginacion confusa, la inactividad, la suspension, la detencion de las cosas.

Sentido particular y concreto Esta lamina se denomina "LA LuNA", es decir, la quimera, porque la Luna, reflejo del Sol en tanto que luz, y no iluminante por ~~ misma, ofrece una ilusion, un espejismo. No ofrece una realidad sino que manifiesta una vida prestada. No tiene vida propia y hace aparecer una no-existencia.

[Le Tarot de· Marseille, Paris, 1949, XVIII. Trad. E.L.]

Evelyne Weilenmann: Soiiar la Luna

Egipcios: Llena = bueno; media luna = no es bueno por referencia al amor; cuarto de Luna = buena noticia; cuarto creciente = muy bueno; cuarto menguante = se recomienda el mayor cuidado. Ciencias ocultas: Pasion lamentable.

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Mental - En cl caso de negociaciones, mentiras. En el caso de un trabajo personal, error. Espejismo en todos los pianos. Animico Sentimientos confusos, pasionales sin otra conclusion que el desorden. Envidia, hipocondrla, ideas quimericas. Fisico - Oscurecimiento total. Estado de conciencia confuso y agitado. Escandalo, difamation, delacion, secreta que . se descubre. Si el caso interesa a Ia salud, hay desorden en el sistema linfatico; hay que cambiar de media si falta Ia higiene y ponerse en lo seco, al Sol.

Psicoanalisis: En los hombres significa que hay un nucleo femenino en su interior; la mujer fuerte, varonil, suena con la Luna como blanda compensacion. [El mundo de los sueiios a [a luz de la psicologia, Mexico, 1947. Trad. Eugenio lmaz]

George Ferguson: Simbolos cristianos

El Sol es simbolo de Cristo; esta interpretacion esta basada en la profecia de Malaqulas, 4, 2: "Asi, ante vosotros, que teneis temor de mi nombre, el Sol de justicia se levantara colmado de consuelo en sus alas." El Sol y la Luna se utilizan como atributos de la Virgen Maria cuando se refieren a la "mujer vestida con el Sol y la Luna bajo sus pies" (Revelaci6n 12, 1). AI Sol y a la Luna se les representa a me-

nudo en escenas de Ia crucificci6n para indi·· car la pena de toda la creaci6n por la muerte de Cristo. Como Reina del Cielo, se representa a Maria de pie sabre la Luna creciente y coronada como reina. Frecuentemente la corona lleva las doce estrellas de la vision apocaliptica. [Signs and Symbols in Chri$'tian Art, London, 1954]

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Juan-Eduardo Cirlot: La Luna como simbolo El simbolismo de Ia Luna es muy amplio y complejo. El poder del satelite era citado por Ciceron a! decir: "Cada mes Ia Luna ejecuta Ia misma carrera que el Sol en un aiio . . . Contribuye en gran medida por su influjo a Ia madurez de las plantas y a! crecimiento de los animales." Esto contribuye a explicar el importante papel de las diosas lunares: Ish tar, Hathor, Anaitis, Artemis. El hombre percibio, de antiguo, Ia relacion existente entre Ia Luna y las mareas; Ia conexion mas extraiia aun entre el ciclo lunar y el ciclo fisiologico de la mujer. Krappe -de quien tomamos estos datoscree que esta relacion se debe, como ya creia Darwin, a que Ia vida animal se origino en el seno de las aguas, determinando un ritmo vital que duro millones de aiios. La Luna deviene asi "Senor de las mujeres". Otro hecho esencial de Ia "psicologia de !a Luna" es Ia modificacion aparente de su superficie a traves de las fases periodicamente repetidas. Supone el au tor citado que dichas fases ( especialmente como efecto negativo, de progresiva desaparicion parcial ) pudieron inspirar el mito del desmembramiento (Zagreus, Penteo, Orfeo, Acteon, Osiris ) . La misma relacion puede verse en los mitos y leyendas de "hilanderas". Cuando se sobrepuso el sentido patriarcal a! matriarcal, se dio caracter femenino a la Luna y masculino a! Sol. La hierogamia, generalmente entendida como matrimonio del cielo y la tierra, puede aparecer tam!;>ien como bodas del Sol y de la Luna. Se admite hoy generalmente, que los ritmos lunares se utilizaron antes que los solares para dar Ia medida del tiempo. Es posible asimismo Ia coincidencia en el misterio de Ia resurreccion (primavera tras el invierno, florecer tras Ia helada, renacer del Sol despues de las tinieblas de Ia noche, pero tambien "Luna nueva" y creciente ) . Eliade seiiala Ia conexion de esta evidencia cosmica con el mito de Ia 路 creacion y recreacion periodica del universo. El papel regulador de Ia Luna aparece tambien en Ia distribucion del agua y de las lluvias, por lo que aparece tempranamente como mediadora entre Ia tierra y e] cielo. La Luna no solo mide y determina los periodos, sino que tambien los unifica a traves de su accion (Luna, aguas, lluvia, fecundidad de la mujer, de los animales y de Ia vegetacion) . Pero, por encima de todo, es el ser que no permanece siempre identico a si mismo, sino que experimenta modificaciones " dolorosas" en forma de circulo clara y continuamente observable. Estas fases, por analogia, se parecen a las estaciones anuales, a las edades del hombre, y determinan una mayor proximidad de Ia Luna a lo biologico, sometido tambien a Ia ley del cambio, al ere-

cimiento (juventud, madurez) y a! decrecimiento (madurez, ancianidad). De ahi Ia creencia mitica de que Ia etapa de invisibilidad de Ia Luna corresponde a Ia de Ia muerte en el hombre; y como consecuencia de ella, Ia idea de que los muertos van a Ia Luna (y de ella proceden, en h:ts tradiciones que admiten Ia reencarnacion ) . " La muerte, seiiala Eliade, no es asi una extincion sino una modificacion temporal del plan vital. Durante tres no~hes, Ia Luna desaparece del cielo, pero al cuarto dia renace ... La idea del viaje a Ia Luna despues de Ia muerte se ha conservado en culturas avanzadas (Grecia, 'India, Iran ). E! pitagorismo dio un nuevo impulso a Ia teologia astral; las "islas de los bienaventurados" y toda Ia geografia mitica se proyecto sobre pianos celestes: Sol, Luna, via lac tea. En estas formulas tardias no es dificil descubrir los temas tradicionales: Ia Luna como pais de los muertos, Ia Luna receptaculo regenerador de las almas. (Pero ) el espacio lunar no era mas que una etapa de Ia ascension; habia otras: Sol, via lactea, "circulo supremo". -.Esta es la raz6n por Ia que Ia Luna preside a Ia formacion de los organismos, pero tambien a su descomposicion

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(como el color verde). Su destino consiste en reabsorber las formas y volver a crearlas. S6lo lo que esta mas alia de la Luna o encima de ella trasciende a! devenir. Por esto, para Plutarco, las almas de los justos se purifican en Ia Luna, mientras su cuerpo vuelve a Ia Tierra y su espiritu a! Sol." Asi, Ia condici6n lunar equivale a la condici6n humana. Nuestra Senora se representa sobre Ia Luna, para expresar la eternidad sobre lo mudable y transitorio. Rene Guenon confirma que en "Ia esfera de la Luna" se disuelven las formas, determinando Ia escisi6n entre los estados superiores y los inferiores; de ahi el doble papel de Ia Luna como Diana y Hecate, celestial e infernal. Diana o Jana, es Ia forma femenina de Jano. En Ia ordenaci6n c6smica, Ia Luna es considerada en cierto modo una duplicaci6n del Sol, minirnizada, pues si este vitaliza a todo el sistema planetaria, Ia Luna s6lo interviene en nuestro planeta. Por su caracter pasivo, a! recibir la luz solar, es asimilada a! principia del dos y de Ia pasividad o lo femenino. La Luna se relaciona tambien con el huevo del mundo, Ia matriz y el area. El metal correspondiente a Ia Luna es Ia plata. Se considera a! satelite como guia del !ado oculto de la naturaleza, en contraposici6n a! Sol que es el factor de la vida manifestada y de Ia actividad ardiente. En alquimia, Ia Luna representa el principia volatil ( mudable) y femenino. Tam bien Ia multiplicidad, por Ia fragmentaci6n de sus fases. Estas dos ideas confundidas han dado Iugar a interpretaciones literales que caen en la superstici6n. Los groenlandeses, por ejemplo, creen que todos los cuerpos celestes fueron en un tiempo seres hurnanos, pero acusan particularmente a la Luna de incitar a las mujeres a Ia orgia por cuyo motivo prohiben contemplarla durante mucho tiempo. En Ia Arabia preislamica, cual en otras culturas semitas, el culto lunar prevalece sobre el solar. Mahoma reprob6, para los amuletos, todo metal que no fuere Ia plata. Otro componente significativo de Ia Luna es el de su estrecha asociaci6n a Ia noche (mater-

nal, ocultante, inconsciente, ambivalente por lo protectora y peligrosa) y el que dimana del tono livido de su luz y del modo como muestra, semivelandolos, los objetos. Por eso Ia Luna se asocia a Ia imaginaci6n y a la fantasia, como reino intermedio entre Ia negaci6n de ]a vida espiritual y el Sol fulgurante de intuici6n. Schneider precisa un hecho de alto interes morfologico, al decir que Ia evoluci6n de los contornos de Ia Luna - desde el disco liasta el hilo de luz- parece haber determinado un canon mistico de formas, con sujeci6n a! cual se construyeron tambien los instrumentos de musica. De otro !ado, Stuchen, Hommel, Dornseif han mostrado la conexi6n de las formas de las fases lunares con ios caracteres de las letras hebreas y irabes, asi como tambien la profunda acci6n de dichos factores formales en ]a morfologia instrumental. Eliade cita a Hentze, quien afirma que todos los dualismos tienen en las fases lunares, si no su causa hist6rica, a! menos una ejemplificaci6n mitica y simb6lica. "El mundo inferior, mundo de las tinieblas, esta representado por Ia Luna agonizante ( cuernos -cuartos de Ia Luna- ; signa de doble voluta -dos cuartos de Luna en direcci6n opuesta; superpuestos y ligados el uno a! otrocambio lunar, anciano decrepito y huesudo). El mundo superior, el rnundo de Ia vida y del Sol naciente, esta representado por un tigre (monstruo de la obscuridacl y de la Luna nueva) de cuyas fauces sale el ser humano representaclo por un nino". Se consideran animales lunares los que alternan apariciones y desapariciones, como los anfibios; el caracol, que sale de su concha o se mete en ella; el oso, que desaparece en invierno y reaparece en primavera, etc. Objetos lunares pueden considerarse los que tienen caracter pasivo y reflejante, cual e] espejo; o los que pueden modificar su superficie como el abanico. N6tese el caracter, Ia rela~i6n con lo femenino de ambos. [Diccionario de sÂŁmbolos tradicionales, Barcelona, 1958]

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Greeia Y Rotna

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Homero: Himno a Selene plenitud : brillan entonces en el cielo fulgentisimos sus rayos mientras ella va ascendiendo y sirven de augurio y sefial a los mortales. En otro tiempo se mezclo en union de amor con el Cronida Zeus y gravida de el dio a luz a su hija Pandia, i la sobresaliente en belleza entre todas las inmortales! j Salve, oh reina, oh diosa de blancos brazos, oh Selene divina, benevola, adornada de hermosa cabellera! j Dando comienzo por ti voy a cantar las alabanzas de los varones, de los semidioses, cuyas hazafias celebran los aedas, servidores de las Musas, con frases de carina!

i Procurad celebrar a Selene Ia del vuelo de tendidas alas, vosotras oh Musas dulcisonas, hijas de Zeus el Gronida! i Partiendo desde su cabeza inmortal el brillo claro alia en el cielo. envuelve a toda Ia tierra! i Grande hermosuni surge de su refulgente esplendor: por su corona de oro se ilumina todo el aire de suyo privado de luz! i Sus rayos se difunden en el eter cristalino, cuando Ia divina Selene, una vez lavado su hermoso cuerpo en Oceanos y cubierta de sus vestidos que lanzan a distancia sus destellos y uncidos sus corceles lucientes de erguida cerviz, hace avanzar rapidamente a los caballos de bella crin por las tardes, a mitad de su mes, y muestra su enorme esfera en toda su

[Himnos. Trad. Rafael Ramirez Torres]

Pindaro: Pupila de la noche . . .ya la Luna, pupila de la noche, llena brillaba en su dorado coche. ["Odas olimpicas", III. Trad. lgancio Montes de Oca y Obregon, I pandro Acaico]

D Teocrito: De La hechicera

Teognis: lnvocacion a Artemisa Oh Artemisa cazadora, hija de Zeus, cuyo templo fundo Agamenon cuando se disponia a partir para Troya con sus veloces naves oye mi plegaria y aparta de mi las Keres funestas: para ti, oh Diosa, es esto una cosa pequefia y para mi grande.

i Adios, oh Reina augusta! Tus bridones dirige hacia el Oceano, espumantes. Mis penas y aflicciones yo soportando seguire como antes. i Adios, Luna esplendente! i Adios, vosotras, fulgidas estrellas que siguiendo con paso diligente del carro de Ia noche vais las huellas!

(Elegias, Lib. I. Trad. Francisco R. Andrados]

[Idilio II, "La hechicera". Trad. Ignacio Montes de Oca y Obregon, lpandro Acaico]

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Nonnos de Panopolis: Nocturno Era de noche. En torno de las siete zonas del cielo se ordenaban filas de centinelas y sus gritos de alarma, resonantes, atravesaban Ia sombra; los ruidos innumerables de los astros se extendian; â&#x20AC;˘ Ia Luna era un limite en e] espacio y devolvia, como un ruido de ejes, e] eco que venia de las barreras del polo ... [Anthologie de la poesie grecque, Paris, 1950. Trad.

Robert Brasillach-JLM]

Safo: Nocturnos Las estrellas, en torno al esplendor de la Luna, ocultan de nuevo su claridad cuando, con vivo destello, vuelve a brillar el plenilunio sobre Ia sombra de Ia Tierra. La Luna se ha ocultado. las Pleyades tambien. Es medianoche, ha pasado Ia hora, y yo estoy sola aqui tendida. El ruisei'ior encantado anuncia Ia primavera. [Anthologie de la poesie grecque, Paris, 1950. Trad.

Robert Brasillach-JLM]

D Marcus Argentarius: La Luna y las estrellas Esclavo, vierteme diez cyadhes en honor de Lysidisa, pero no me des mas de uno en honor de Ia seductora Eufrante. Vas a decir que prefiero a L ysidisa, y no es asi, por Baco, por quien bebo esta copa de Iicor divino. Para mi, Eufrante vale por diez ella sola: t las estrellas innumerables no ceden acaso en brillo a Ia sola Luna? [Anthologie grecque. Trad. Maurice Rat-JLM]

Horacio: Reina de los astros Placido - oculta Ia saeta- y suave, escucha, A polo, a los orantes niiios; Reina de los astros / bicorne, escucha, Luna, a las nii'ias! [Carmen secular. Trad. Ruben Bonifaz Nufio]

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lnvitacion a mirar con buenos ojos Filodemo de Gadara: Los rayos de la Luna Astro nocturno del doble cuerno, vigilante guardian de la noche, brilla, oh Luna, brilla penetrando por nuestras ventanas abiertas e ilumina a Callisti6n de Oro. Contemplar los juegos de los amantes no es cosa prohibida a una inmortal. Yo se que tu envidias, oh Luna, la dicha de mi amante y Ia mia, porque Endimi6n ha inflamado tambien tu coraz6n. [Anthologie grecque. Trad. Maurice Rat-JLM]

Brilla, Luna, bicorne y vigilante reina de Ia noche. No esconderemos a los inmortales nuestras faenas amorosas. Brilla a traves de Ia ventana, contemplando los aureos reflejos de su graci! cuerpo. Bien sabes de tamaiias dichas, tu que probaste, Luna, con Endymi6n las brasas del amor. [Antologia griega, V, 123. Trad. Jaime Garcia Terres]

â&#x20AC;˘

Catulo: Carmen XXIV En fe de Diana, somos niiias y niiios castos; a Diana, niiios castos y niiias, celebremos. Oh Latonia, del maximo Jove magna progenie, a quien su madre cerca pari6 del Delio olivo, porque de montes fueras dueiia, y de selvas verdes, y de bosques rec6nditos y de arroyos so nantes. Tu, por dolientes puerperas, Lucina Juno dicha, Tu, Trivia fuerte, y Luna eres dicha, por Ia luz falsa. Midiendo en mensual curso, diosa, el viaje del aiio, tu colmas techos rusticos de buen fruto, a! agricola. Seas santa con el nombre que te plazca, y cual sueles, guarda, con buen amparo, de R6mulo a Ia gente.

Diana cazadora Escuela de Fontainebleau

[Trad. Ruben Bonifaz Nufio]

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Virgilio: Un caso de disolucion poetica

TACITAE PER AMICA SILENTIA LUNAE La bella diosa a Endimi6n no esquiva Tenia aun sus mejillas escondidas Cuyo silencio. . . [Trad. A sordas con la Luna y el sosiego De la noche...

[Eneida, II, 255]

Gregorio Hernandez de Velasco, 1768]

[Trad. Miguel Antonio Caro, 1901]

Rueda entre tanto el firmamento y la noche se precipita en el oceano, envolviendo con su gran sombra la tierra y el cielo... [Trad. Lorenzo Riber]

A favor del silencio y de la clara Luz, para ellos propicia~ de la Luna. [Trad. "Ciearco Meonio" : Joaquin Arcadio Pagaza]

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Lucio Apuleyo: Despues del primer sueiio

Cerca, poco mas o menos, del primer sueiio de !a noche, despertado con un subito pavor, vi Ia gran redondez de la Luna relumbrando y con un resplandor grande, que a la bora salia de las ondas de !a mar. Asi que, hallando ocasion de !a oscura noche, que es aparejada y !lena de silencio, y tambien siendo cierto que la Luna es diosa soberana y que resplandece con gran majestad, y que todas las cosas humanas son regidas por su providencia, no tan solamente las animalias 路domestica3 y bestias fieras, mas aun las que son sin anima se esfuerzan y crecen por !a divina voluntad de su lumbre y deidad, tambien por consiguiente los mismos cuerpos en !a tierra, en el aire y en !a mar ahora se aumentan con los crecimientos de la Luna, ahora se disminuyen, cuando ella mengua ; pensando yo asimismo que mi fortuna estaria ya harta con tantas tribulaciones y desventuras como me habia dado, y que ahora, aunque tarde, me mo3traba alguna esperanza de salud, delibere de rogar y suplicar a aquella venerable hermosura de !a diosa presente, y luego, quitada de mi toda pereza, levanteme alegre, y con gana de limpiarme y purificarme, lanceme a !a mar metiendo !a cabeza siete veces debajo. del agua, porque aquel divino Pitagoras manifesto que aquel numero septenario era en gran manera aparejado para la religion y santidad, y con el placer alegre, saliendome las lagrimas de los ojos, suplicabale de esta manera: - j Oh reina del cielo! Ahora tu seas aquella santa Ceres, madre primera de los panes, que te alegraste cuando te hallo tu hija, y quitado el manjar bestial antiguo de las bellotas, mos-

traste manjar deleitoso, que moras y estas en las tierras de Atenas; o ahora tu seas aquella Venus celestial, que en principio del mundo juntaste la diversidad de los linajes engendrando amor entre ellos y, acrecentando el genero humano con perpetuo linaje, eres honrada en cl templo sagrado de Pafos cercado de la mar; o ahora tu seas hermana del Sol, que con tus medicinas amansando y recreando el parto de las mujeres preiiadas, criaste tantas gentes, y ahora eres adorada en el magnifico templo de Efeso; o ahora tu seas aquella temerosa Proserpina a quien sacrifican con aullidos de noche y que comprimes las fantasmas con tu forma de tres caras, y refrenandote de los encerramientos de la tierra, andas por diversas montaiias y arboledas y eres sacrificada y adorada por diversas maneras; tu alumbras todas las ciudades del mundo con esta tu claridad mujeril, y criando las simientes alegres con tus humidos rayos, dispensas tu lumbre incierta con las vueltas y rodeos del Sol: por cualquier nombre, o por cualquier rito, o cualquier gesto y cara que sea licito llamarte, tu, senora, socorre y ayuda ahora a mis extremas angustias. Tu levanta mi caida fortuna, tu da paz y reposo a los acaecimientos crueles por mi pasados y sufridos; hasten ya asimismo los peligros, y quita esta cara n':taldita y terrible de asno, y torname a mi Lucio y a la presencia y vista de los mios; y si por ventura algun dios yo he enojado y me aprieta con crueldad inexorable, consienta al menos que muera, pues que no me conviene que viva en esta manera. [La metamorfosis o El asno de oro. Trad. Diego Lopez de Cortegana]

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ilsia y ilfriea

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Hititas: La Luna caida

La luna cay6 del cielo. Cay6 sobre el Kilamrnar. Pero ninguno Ia vio. EI dios de las tempestades envi6 Ia Iluvia so[bre ella: el dios Ia queria atrapar. El dios Hapantali vino y ocup6 el Iugar de Ia Luna y aun se dispuso a [mandarla El dios Katawisuri Ia vio que caia del cielo y comenz6 a gri tar:

-"La Luna cay6 del cielo. Cay6 sobre el Ki[lammar." EI dios de las tempestades Io vio y envi6 Iluvia sobre ei. Envi6 vientos y pudo al fin atraparlo. EI dios Hapantali vino y se puso en Iugar de [Ia Luna. y ahi comenz6 a ordenar: i "Nadie tiene que hacer aqui"! [A. M . Garibay, Voces de Oriente, 1964]

Sumeria: Himno a la Luna j Sin, Nanna gloriosa, Sin, sin igual que haces lucir las cosas; que a! mundo le otorgas tu luz, y vas guiando a los hombes en las tinieblas, Luces radiante en el cielo ; Iuces cual luciente [antorcha. Cuando te miran los hombres, se inundan de [gozo y brio. Anu, gloriosa, cuyos intentos nadie sabe: igualas en esplendor al reverbero de Shamash, [que es tu hermano mayor. Ante ti se rind en todas las deidades; ante ti se [formulan todos los decretos. Se reunen en asamblea los dioses ante tu luz

/D; ...

y esperan en Ia calma nocturna hallar paz y [verdad ... Cuando te oscurece el eclipse es Ia hora mas [favorable para el oraculo. Y cuando mueres a! fin de tu mensual jor[nada, Yo ante ti me arrodillo; yo ante ti me postro Concede lo que ansio, que es de tu justicia. (Fragmento)

[L. W. King, Bab ylonian Magic an Sorcery, 1896. Trad. A. M . Garibay. El texto, escrito en tablillas dobles, procede de Ia Bibiioteca de Asurbanlpal, en Asiria]

Firdusi: La negra noche

La noche pareda de azabache, como si se hubiese lavado Ia cara con pez; Marte, Saturno y Mercurio eran invisibles. La Luna, ataviada como para un tiempo mas hermoso, habia subiqo a su trono preparada para su viaje pero los dos tercios de su corona estaban oscuros, cruzaba un aire de herrumbre y polvo, se oscureda enmedio de este triste mundo, adelgazaba y su coraz6n se estremecia. El cortejo de Ia negra noche habia echado sobre llanos y valles un manto de plumas de cuervo, el cielo parecia acero carcomido por Ia herrumbre y cubierto con pez. Por todos !ados aparecia ante mis ojos Ahriman como una gran serpiente abriendo el hocico, y a cada suspiro pareda un negro que al soplar enciende una chispa del carbon. El jardin y los hordes del riachuelo se volvian negros como las olas que echaria un mar de pez, Ia rotaci6n del cielo se detenia y los pies

y las manos del Sol no se movian. Parecia que Ia Tierra dormia bajo este velo negro, el mundo estaba atemorizado de si rnisrno y los guardias nocturnos tocaban sus campanitas. No se oia ni Ia voz de un pajaro ni el grito de una bestia salvaje; y el mundo no pronunciaba palabra alguna, ni para bien ni para mal. No se distinguia lo alto de lo bajo y mi coraz6n se estrerneda. Me levante en mi angustia. Tenia un amigo en casa, lo llame y le pedi una himpara. Mi amigo, que parecia un idolo, vino a! jardin y me dijo: ''.~Por que necesitas luz? 2Acaso no te visita el sueno en Ia noche oscura?" Contestele: "jOh idolo! no podia dormir. Traeme una vela parecida a! Sol, col6cala ante mi, prepara una fiesta, toma tu laud y bebamos vino." Mi amigo divino sali6 del jardin y regres6 trayendo una vela brillante y una lampara, vino, granadas, naranjas, mernbrillos, y una copa res-

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plandeciente digna de un rey. Bebi6 y toc6 el laud; pareda que el angel Harouth me encantaba, apaciguaba todos los deseos de mi coraz6n y convertia en dia Ia noche oscura. Escucha lo que me dijo este tierno amigo, cuando nos conocimos en Ia copa; esta Luna con cara de Sol me dijo: "Que el cielo se alegre de tu vida. Bebe vino mientras te leo una his to ria de un libra antiguo: tan pronto como tus oidos hayan escuchado las primeras palabras de mi cuento, estaras confuso de Ia manera de actuar del cielo. Es una historia colmada de astucias, de amor, de magia y de traiciones, digna en todo de ser escuchada por los hombres de juicio y de raz6n." Di je a ese cipn!s esbelto: "Oh, cara de Luna, cuentame durante esta noche esta historia, Mblame del bien y del mal que hace el cielo tan lleno de contradicciones, que traen a cada hombre una suerte diversa. Nadie conoce su voz ni su humor, ni ve claramente las heridas que hace ni lo que puede curarlas". Respondiome: "Escucha mi cuento, ponlo en verso seglin este libro en pehlevi". Dijele: "Preparate, oh idolo con cara de Sol, a leerme tu historia, y aumenta mi amor por ti. Oh cipres querido, lleno de gracia, a ti debo

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mi talento y al descubrirme este secreta escondido, despertaras mi genio dormido. Pondre toda esta historia en verso, tal como Ia escuche de tu boca; Ia pondn! en verso y te lo agradecen!, oh amigo mio, compaii.ero que no conoces sino el bien." [Persa, siglo x. De El libro de los reyes: Tresor de Ia poisie universelle. Paris, 1958. Trad. E. L.]

DjaUH-Ad-Din Rumi: Poema su/i

Por Ia manana una Luna apareci6 en el cielo y descendi6 del cielo y me contempla.

Como un halc6n captura un pajaro en tiempos [de caza esta Luna me lleva y prosigue su ruta en el cielo. Cuando me miro a mi mismo ya no veo nada porque en esta Luna mi cuerpo se ha conver[tido en algo como un alma.

fundiose luego y se convirti6 en espiritu de este [oceano. Sin el poder imperial de Chams Eddin el Hag rde Tabriz nadie podria m contemplar Ia Luna ni con[vertirse en mar. [Persa, siglo xm. Tresor de Ia poisie universelle. Trad. P. Robin- JLM]

Mientras que viajaba como alma solo veia Ia [Luna hasta que fue revelado todo el secreta de Ia [teofania eterna. Las nueve esferas del cielo estaban incluidas en [esta Luna y Ia nave de mi ser desaparecia entera en el mar. El mar se rompi6 en olas y, surgiendo de nuevo, [Ia Sabiduria se hizo escuchar. Asi fue y asi ocurri6. El mar se cubri6 de espuma y en cada copo de [espuma algo tomaba forma, algo tomaba cuerpo. Gada copo de espuma corporal que recibi6 una [seii.al de este mar

Siglo

Estela de Our Nammou de Our. A.C. El rey ofrece una libaci6n al Dios Luna, Nannar.

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Omar Khayam: Rubayat

i Oh! ~Que esplendor iguala a! del rubi del vino cuando la Luna y Venus brillan? ~Que mejor [cosa podran los tabemeros comprar con el dinero que les damos a cambia del vino que nos sirven? El incierto manana nunca nos pertenece. Goza del hoy. Y hebe ala luz de la Luna, de esa Luna que en vano, milenio tras milenio, nos buscara fielmente para darnos su brillo. Desprecia al coraz6n que no ama Ia belleza.

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Repugnante es el ser carente de pasiones. Indigno es el del Sol que alumbra y de ese beso con que suele aplacar nuestras penas la Luna. i Oh, saki! Cuando vengas, lo mismo que la [Luna, entre astros caidos en el suelo de cesped, y llegues en mision para imprimir tu huella, deja una copa vuelta, con el pie hacia los cielos. [Persa, siglo xn. Rubaiyat. Trad. Jose Gilbert y Diego Navarro]

Ponderaciones arabes

Y el nino que acababa de nacer result6 tan hermosa, y tan semejante era a Ia Luna, que su padre, maravillado, le puso por nombre Kamaralzaman.

que se encuentran los amigos! i Si lo miro cuando brill a Ia Luna !lena, veo dos Lunas a la vez! [Las mil noches y una noche. Arabe, siglos rx-¡xv. Trad. ]. C. Mardrus - S. Bartolozzi]

iDe una recortadura de sus unas se hizo el cuarto de Ia Luna! j Pero su grupa fastuosa que tiembla, los hoyuelos de sus nalgas y Ia flexibilidad de su cintura, superan ya toda expresi6n!

En el mundo de lengua arabe no existe mayor cumplido a Ia belleza que decir : " Su rostra es como Ia Luna en su decimocuarto dia."

i Y su rostra! i Es tan blanco como el dia en

[Bernard Berenson, The passionate sightseer, London, 1960]

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Las mil noches y una noche: Historia de los ladrones y el rayo de Luna

Y cuentan que una vez se introdujo un ladron en la casa de un hombre de los ricos llevando en su campania su partida de bandidos. D espertose el hombre a] oir el ruido de sus pisadas y desperto a su mujer y Ia puso a! tanto de lo que pasaba. Y le dijo: -Cuidado, que creo que han entrada !adrones en el cuarto. Haz como que me despiertas y da gritos de modo que te oigan los bandidos y dime: ".: Cuando, marido mio, querras a! fin decirme de d6nde proceden tantas riquezas como has reunido ?" Yo me hare el remol6n para contestarte y tu seguiras interpelandome y porfiandome, hasta que a! fin yo te contestare y te lo dire. Hizolo asi la mujer y alzo !a voz de forma que los ladrones Ia pudieran oir bien. Y el marido le dijo: -Mira, mujer: no me importunes con tu curiosidad y date por satisfecha con poder gozar de tantas riquezas, pues si me obligas a re-

velarte mi secreta podria oirnos alguien e irle a! guali con el cuento y te pesaria luego. Pero la mujer insistio diciendo: -No tengas cuidado, hombre, y habla sin empacho, que nadie puede oirnos, pues solos estamos. -Pues bien -dijole a! cabo el marido-: puesto que te empenas, te lo dire todo, mujercita mia, y para que lo sepas, todas estas riquezas proceden del robo. - j Ye! --exclamo Ia mujer-. ~Como puede ser eso y como te las arreglas para que todo el mundo te tenga por un hombre honrado y no infundas ninguna sospecha? - Eso -le respondio el marido- se debe a mi ingenio y a! arte especial que me cloy para robar. -jYe! -exclamo !a mujer-. Pues me ]o tienes que explicar, que ardo en curiosidad. Y el marido le dijo a su mujer: -Has de saber que yo y mis companeros so-

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lemos salir a robar las noches de Luna y nos introducimos en Ia casa de al~n rico como nosotros, y yo me meto por Ia claraboya, por donde se filtra claridad, y digo siete veces esta palabra magica: Schaulam, schaulam, y me descuelgo por un rayo de Luna y nadie en la casa me siente, y todo cuanto en ella hay se me viene a las manos, ello solo, sin que tenga que molestarme, y asi tranquilamente arramblo con todo. Y despues de desvalijar Ia casa, sin dejar cosa alguna, vuelvo a trepar hasta la claraboya por el rayo de Luna. Y es este un secreto que s61o yo poseo; asi que, por lo que mas quieras, te ruego no se lo digas a nadie y en el fondo de tu pecho lo guardes. Luego que oyeron eso los ladrones dijeron: -Hete aqui que esta noche vamos a dar un buen golpe. Y aguardaron a que marido y mujer vo!-

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[Las mil naches y una noche. TPd. R. Cansinos Assens]

Magha: La muerte de Cizupala

De pronto, a] iniciarse el dia, el enamorado Sol estrecha a Ia Luna con Ia extremidad de sus rayos en un abrazo sin piedad y exprime de ella una esencia de belleza que haec manar en el seno de los lotos el abundante rocio, tan c!aro como Ia lluvia nueva que las nubes destilan. . El astro, de cuerpo formado por centenares de rayos, se esparce y. como el segundo ojo del firmamento, alumbra con una gran mirada el universo entero, en tanto que el otro astro, cuyo cuerpo se halla bordado de rayos frios, extingue su claridad y presta ahora al cielo un aspecto de rostro tuerto. La belleza abandona el bosque de los lotos

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vieran a coger el sueiio. Y era la noche de Luna y tenia Ia casa una claraboya por donde ]a luz se filtraba. Y el capitan de los bandidos fuese hacia el rayo de Luna y dijo Schaulam, schaulam por siete veces, segun le oyera decir al dueiio de Ia casa. Y luego se abraz6 al rayo de Luna y se descolg6 por el al suelo, y como es natural, dio en el de bruces y poco le falt6 para el alma exhalar. Y el dueiio de la casa se levant6 y se abalanz6 a] ladr6n y lo interpel6: - ~ Quien ere3 tu y que buscas aqui? Y el bandido contestole asi: - Yo soy el cn§dulo, el candido, que se deja coger en Ia trampa del engaiio, y este es el fruto de tu frase magica y el resultado de dar yo credito a tus palabras.

nocturnos, la belleza regresa a! campo de los lotos diurnos; el buho pierde su alegria, el chakravaka recobra su jubilo; el Sol asci en de a Ia cumbre del Udaya, Ia Luna desciende hacia el monte Asta: oh, que diferentes son las fortunas de los seres, juguetes del Destino cruel. Como un esposo, el Sol, despues de una breve ausencia, ha vuelto a mostrarse ante sus esposas a orillas del firmamento; y la Luna, como !a amante adultera, caidas las vestiduras hasta los pies, huye avergonzada, con paso rapido, a! otro extremo del occidente. [La India, siglo vn. Canto XI. Trad. Hippolyte Fauche]

Candidas: Los amores de Radha y Krishna

Quejas a la Luna Luna del cielo, dice Radha, Luna del cielo mas amarilla que la madera de sandalo, te romperia en cien pedazos con un martillo de hierro si pudiese alcanzarte ... Si aprendiera los encantamientos del Tantra, la magia de Rahu, y ordenara tu destrucci6n, oh Luna ... No te echaria del cielo pero te pondria un velo para acabar con tu orgullo. Adorare a Indra para pedirle que realice esta obra y te obligue a permanecer cubierta por las nubes ... i Ah! que vuelva y dure para siempre Ia epo-

, ca de Ia Luna nueva en que Ia noche csta oscura. Que la niebla te oculte como lo hizo .cuando Parasara estaba unida a Matsaghanda ... Dice Candidas que la Luna brilla curiosa de los amores de Radha y Krishna.

Res puestas de la Luna Pequeiia Radha, amiga mia, parecida a un petalo de champa, escucha: ~. Cual de nosotras es la mas brillante? ~ Cuantos millones de Lunas brillan en ti? Uno solo de tus pies deslumbrantes puede despreciar a cien lunas.

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Tus dientes irradian mas claridad que mt propia cara. Por temor a tu belleza escogi el cielo para brillar alii.

i Que resplandor puede exceder a! de tus miembros? si yo tratara solo de igualarte, Dios separaria mis dieciseis crecientes. El mismo Sol tiembla ante Ia gota de bermellon que brilla en tu frente y ante Ia belleza de tus labios. Solo Ia audacia del Sol le permite permanecer lejos de tu mirada por espacio de una no-

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Krishna. Trad. Man'ha y N.N. Chandra-E.L.]

Rabindranath Tagore: El astronomo

Yo solo dije: "Cuando, a! anochecer, la Luna !lena se enreda en las ramas del cadabo, i no podria nadie cogeria?" . Pero Dada se rio de mi, y me respondio: "Hijo; eres Ia criatura mas tonta que he co~ nocido. La Luna esta lejisimos de nosotros." Yo le dije: "Dada, i tu si que eres tonto! Cuando madre se asoma a la ventana y, sonriendo, nos mira jugar, i te parece a ti que esta tan lejos ?" Dada me dijo otra vez: "i Que nino tan sim. pie eres tu! Pero, chiquillo, i don de ibas a buscar una red tan grande que cupiera en ella Ia Luna?"

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che. . . pero yo debo estar lejos de ti durante quince noches ... Tus ojos brillan como los de un pajaro. Tu nariz es igual a Ia flor de sesamo y Ma-. dana se inquieta cuando ve tu cara. (.Con que podria compararte? El dibujo de tus orejas se asemeja a Ia forma del buitre. Y tus ojos y tus cejas son divinos. .Jam as se ha vis to belleza que iguale a Ia tuya. Y Candidas el cantante no puede esperar verla. [La India-Bengali, siglo xv, Los amores de Radha y

Yo le dije: "Estoy seguro de que podrias tu cojerla con las manos." Pero Dada se echo a reir y me dijo: "En mi vida he vis to un nino mas tonto! Si la Luna se acercara mas, ya tu verias lo gr'!-ndisima que es."

"Dada, i que disparates ensenan en tu escuela!", le dije yo. "Cuando madre baja la cabeza para besarnos, i te parece a ti muy grande su cara?" Pero Dada me sigue diciendo: "i Que nino mas tonto eres! i Que nino mas tonto eres!" [La luna nueua. Trad. Zenobia Camprubi

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Jimenez]

C.hang Chin-Ling: Ellargo pensamiento de la noche

La Luna, ya crecida sobre el mar. e iluminando todo el cielo, trae a los corazones separados el largo pensamiento de Ia noche ... No se oscurece mas aunque apague mi vela. No me caliento mas aunque me abrigue. Asi, encargo mi mensaje a Ia Luna y voy a mi cama, con Ia esperanza de suenos. [Uhina. Siglo vm. Trad. Witter Bynner-Laura Villasenor]

San-K'o-Hong, siglo XVI-XVII, Surge la Luna

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Š

Anonimo (Periodo Shi King) : Melancolia

El Sol es siempre pleno y brillante; Ia palida Luna agoniza noche tras noche. ~Por que sera asi?

Pero cuando suene solamente contigo debere permitir al alba que eleve mi coraz6n, oh Sol, hacia ti.

Mi coraz6n que estuvo una vez pleno de luz esta como una yacente Luna esta noche.

(1

[Trad. Horacio J. Becco y Osvaldo Svannascini]

LiPo

Preguntas a la Luna ~Desde

hace cuanto tiempo sale la Luna en el [cielo azul? Dejo mi jarra de vino y quiero interrogarte: Subir hasta la Luna es imposible para los hom[bres, pero cuando el hombre camina la Luna lo acorn_ [pan a, blanca como un espejo volador, se inclina sobre el pabell6n de purpura. Sin embargo, ahora las tinieblas suben del mar. ~Desaparecera la claridad entre las nubes? Los hombres de hoy no ven la Luna de ayer, y es Ia misma Luna de hoy Ia que iluminaba a [los hombres de antano, los hombres de antafio; los de hoy, son como [agua que corre, todos ven la Luna, y es igual para cada uno; pero el vino esta ya servido y es el momento [de cantar ante la imagen de la Luna, que brilla en la [copa de oro.

- -.

I

!/

â&#x20AC;˘

(China, Siglo vm. Tresor de la poesie universelle, Paris, 1958. Trad. E.L.]

Bebiendo bajo la Luna Entre las flores, una botella de vino. Bebo solo, sin compafiia. Levanto mi copa, invito a Ia Luna: con mi sombra somos tres. Bien, la Luna no sabe heber y mi sombra solo sabe seguirme, pero los hago un instante mis compafieros. Para conocer el jubilo, es necesario atrapar la primavera. Canto, la Luna se pasea. Danzo, mi sombra vacila. Antes de la ebriedad, juntos nos divertimos. AI embriagarme, nos separamos. Asi me uno a estos amigos insensibles cuando la Luna me contempla desde el cielo. [Trad. Alvaro Yunque] Leang K'ai, siglo xm, Li Po declamando un poema

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Mao Tse-tung: Helada luz

â&#x20AC;˘

Colerico es el viento del oeste. Lejos, grazna el ganso silvestre bajo la helada luz de la Luna matutina. Bajo la helada luz de la Luna matutina el martilleo de los cascos de los caballos se

repite agriamente y el toque del clarin resuena con sordina. [De "El paso de Laushan", Poemas, Pekin, 1959. Trad. Luis Enrique Delano]

Poemas breves japoneses

D Kakinomoto no Hitomaro: El oceano del cielo En el oceano del cielo las nubes en oleajes se encrespan y !a Luna, fragil esquife a trav~s del bosque de estrellas avanza, naufraga v desaparece. [Principios del siglo rx. El Manyoshu, Tresor de la poesie universelle, Paris, 1958]

Cielo estrellado En el oceano del cielo sobre las olas de nubes el navio de la Luna parece navegar en un bosque de estrellas.

Basho Matsuo

Sei Shonagon: En una noche de clara Luna

Basho Matsuo: La Luna complaciente

En una noche de clara Luna cuando se cruza el rio, me fascina ver el agua dispersarse en gotas de crista! al paso de los bueyes.

El aceite de mi lampara consumido; en Ia noche por mi ventana, i Ia Luna!

La Luna La Luna: conmovedora es la palida y delgada Luna creciente, suspendida sobre los montes del este.

[Siglo xvn. Tresor de la poesie universelle, Paris, 1958}

lnsomnio Luna llena, h~ pasado la noche entera aJrededor del estanque.

[El libro de almohada (Makura no Soshi) . Siglo x. Trad. Kazuya Sakai]

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Anonimo: Luna llena

Ki No Tsurayuqui: Luna del mar

amaremos en nuestra alcoba ya que esta noche sabre los juncos del valle de Inami, ha empezado a brillar la Luna?

Bogando sohre Ia Lu.n a del fonda del mar, si se enredan nuestros remos deben ser en el katsura.

~Nos

[Siglo rx-x]

[Siglo vm]

Fujiwara No Ariie: Sola, la Luna ~Deda

que no me olvidara? eran palabras vanas! La Luna que brillaba aquella noche ha aparecido de nuevo y esto es todo lo que queda.

i Solo

[Siglo

Yamasaki Sokamu: Abanico

Etsujin: Haiku

Colocad un mango a Ia Luna: i que bello abanico!

i Brillante claro de Luna!

ninguna diferencia con el alba.

[Siglo xv-xvr. Trad. an6nima]

[Siglo xvn La poesie japonaise, Paris, 1959. Trad. E.L.]

D

Xll-XIII)

Fukujiro Wakatsuki: Contemplacion de la Luna

El 15 de agosto y el 13 de septiembre del calendario lunar -dias de la bella estacion que coinciden con Ia Luna !lena- los habitantes del gran Imperio se desvelan para admirar a! astra que bri!la en todo su esplendor. La primera festividad se llama La Luna de Antes y la segunda La Luna de Despues. Como el cuarto que da al jardin esta cerrado por mamparas ligeras y moviles -los shojino es necesario permanecer afuera; solamente se recorrcn unos cuantos shoji y de esta mane-

ra el salon se abre sabre el engawa, la galeria exterior o veranda. Entonces cada quien puede entregarse, a su gusto, a! placer de Ia conversacion, bajo la mirada bienhechora de Ia Luna. De vez en cuando, se interrumpe la platica para dar Iugar a Ia contemplacion reflexiva. La contemplacion que se hace el 15 de agosto es Ia mas solemne. Se preparan ofrendas a Ia Luna para esa noche, compuestas de dango ~specie de pastel de arroz-, de castanas her-

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vidas, chicharos cocidos en sus vainas y aun unidos en su, tallo, sato-imo -papas con cascara cocidas a! vapor- y, finalmente, kakis. Se colocan sobre un sannb6 -gran bandeja de madera que se utiliza solo para las ceremonias mas formales-. Ya sea que se utilice un sannb6 o solo una bandeja ordinaria, los manjares se colocan sobre una mesita en el engawa o cerca de Ia ventana para que Ia bella luz de Ia Luna pueda verter su lluvia plateada sobre las ofrendas. Flores de otofio puestas en un jarron de cuello largo a un !ado de los manjares completan este gracioso decorado propio de las noches de contemplacion. En el campo, en las afueras de Ia ciudad y algunas veces en Ja ciudad misma, los insectos del jardin unen su musica al encanto del paisaje lunar. Son doce los dangos durante los afios ordinarios y trece en los bisiestos. La familia reunida prueba algunos de los manjares. Si algunos poetas, habiles en el arte del waka -poema de treinta y una silabas- o del haiku -de diecisietc silabas- , estan en el grupo, dan vuelo a su imaginacion y componen versos cada uno o juntos. Hacia el siglo x empezo Ia costumbre de contemplar la Luna el 15 de agosto. El origen de la contemplacion del 13 de septiembre es un poco mas antigua. Pero en aquellas lejanas epocas se conformaban con componer poesias en el palacio imperial; donde ademas se ofrecia un banquete. Solo mas tarde se trasmitio Ia costumbre al pueblo.

~

j Oh, claro de Luna! rodeando el estanque toda Ia noche.

Meigetsou ya Ike wo megourite Yomosougara. BASHO

[Le japon traditionel, Paris, 1926. Trad. E. L.]

~ ·

't'

I

Cuentos africanos

Cuento sande: El muerto y la Luna Un anciano ve un muerto sobre el que caia Ia claridad de Ia Luna. Reuhe gran numero de animales y les dice: - i Cual de vosotros, valientes, quiere encargarse de pasar el muerto o Ia Luna a Ia otra orilla del rio? Dos tortugas se presentan: Ia primera, que tiene las patas largas, carga con Ia Luna y llega sana y salva con ella a Ia orilla opuesta; Ia otra, que tiene las patas cortas, carga con el muerto y se ahoga. Por eso Ia Luna muerta reaparece todos los dias, y el hombre que muere no vuelve nunca.

Cuento zulu: La hiena y la Luna Sucedio una vez que una hiena se encontro un hueso; lo toma, y se lo lleva en las fauces. Como entonces Ia Luna brillaba con hermosa luz, el agua estaba en calma ; Ia hiena suelta el hueso al ver Ia Luna en el agua y quiere apoderarse de ella, pensando que era came. Hunde Ia cabeza hasta mas arriba de

las orejas en el agua y no encuentra nada. El agua se enturbia. La hiena vuelve a Ia orilla y se queda quieta. El agua se aclara. La hiena da un salto, y trata de hacer presa, creyendo apoderarse de Ia Luna, que le parece carne porque Ia ve brillar en el agua; no coge mas que agua, que se le escurre de las fauces~ y se cnturbia nuevamente. La hiena se retira a la orilla. Llega otra hiena, se apodera del hueso, y se va, dejandose tranquilamente a Ia otra a Ia espalda. Por fin amanece, y Ia Luna se atenua con b luz del dia. La hiena fracasa. Vuelve otro dia, hasta que el Iugar donde nada encuentra esta todo pisoteado. Entonces rieron mucho a costa de Ia hiena, viendola correr continuamente a! agua, morder el agua, y escurrirsele el agua de las fauces, y volver una y otra vez sin alcanzar nada. Para reirse de un hombre, se dice : Eres como la hiena que tiro e! hueso y no logro nada, porque veia Ia Luna en el agua. [Blaise Cendrars, Antologla negra. Trad. Manuel Azaiia]

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Europa

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I. Lengua alemana

a

Johann Wolfgang von Goethe:

V iolenta en secreto Si hasta aqui he podido celebrar las potencias subterraneas, en esta ocasi6n me diri jo hacia arriba . . . i Tu que estas ahi en lo alto, nunca envejecida, de tres nombres, de trina forma, yo te invoco en Ia desventura de mi pueblo, Diana, Luna, H ecate! i Tu que dilatas el pecho, absorta en las mas profundas meditaciones, tranquila en apariencia, violenta en secreto, abre el espantoso abismo de tus sombras, y que, sin ayuda de prestigio alguno, se muestre tu antiguo poder! 1 (Pausa ) iTan presto ha llegado mi voz a ti? ~ Ha podido mi suplica, remontada a esas alturas, trastornar el orden de Ia Naturaleza? Y mas grande, siempre mas grande, acercase ya el trono de Ia diosa circularmente trazado, colosai, formidable a Ia vista. Su fuego adquiere un tinte rojo sombrio ... No te acerques mas, circulo poderoso, amenazador; tu nos conduces a Ia destrucci6n, a nosotros, a Ia tierra y a! mar. i Seria, pues, cierto que algunas mujeres de ANAXAGORAS:

t El fil6sofo pide a Ia Luna que se eclipse o se oscurezca, a fin de que, a favor de las tinieblas, los Pigmeos puedan escapar de sus perseguidores.

â&#x20AC;˘

Tesalia, en una impia confianza magica, te habrian hecho bajar de tu via con sus cantos, y te habrian arrancado tu influjo mas danino? 2 El luminoso disco hase ¡oscurecido; de pronto estalla, fulgura y centellea. i Que crepitaci6n! i Que silbidos mezclados con el fragor del trueno y de Ia tormenta! . . . Humildemente me postro ante las gracias del trono .. . i Perd6n! Yo lo he llamado. ~ De las hechiceras de Tesalia CUI!ntase que con sus conjuros hacian bajar Ia Luna a Ia tierra.

[Fausto, Trad. J ose Roviralta Borrell]

De Ala Luna De nuevo hoy el valle banas con tu luz serena y en mi senda me acompanas calmando mi pena. Tu mirada en mi sendcro del azar me advierte como amigo que sincero vela por mi suerte. [Trad. Anselmo GOmez]

Johann Peter Eckermann: Goethe opina sobre la Luna

''Mi hijo crec en Ia influcncia cte Ia Luna sabre el tiempo, y usted cree acaso tambien en ella; no puedo tomarlo a mal, p ues Ia Luna parece un astro demasiado importante para que no ejerza algun influjo sobre nuestra tierra; pero el carnbio del tiempo, el ascrnso o descrnso del bar6metro no proviene de ]a Luna, sino que rs puramente tel\irico." [Con l'ersaciones con Goethe, II de abril de 1827. Trad. j. Perez Bances]

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D

Jean-Paul Richter: Paseo nocturno

AI aspecto de Ia Luna comenzaron las sombras a huir de las montaiias, refugiandose entre las espesas a!amedas que crecen a orillas de los rios, y en medio de la noche gozaron las negras campinas como de un reflejo de la blanca luz de la manana. De manera que Victor no sinti6 en su pecho aquella melancolia hija de la noche, sino el placer intenso que rejuvenece a] hombre cuando nace la aurora. Continua, oh Luna, tu carrera; remonta tu majestuoso vuelo para que mas claramente vaya el viendo esas verdinegras praderias, para que contemple a su sabor esa tierra lozana que, rebosando en vida, la vierte a raudales por dondequiera, y que aunque tapizada ahora soiamente de palidos capullos que acaban de brotar lo estad. despues de flares matizadas y de frondosos arboles. Para que al recorrcr Victor

6iJ

los verdes senderos de los valles reposen sus miradas en la flor que apenas despega de la tierra, en el arbusto cuyas ramas se hienden a! peso de las rosas, en los copados arboles cargados de tersos pimpollos que la brisa esta meciendo. Pasmado de admiraci6n estaba el joven a presencia de tanta maravilla, cuando el fresco soplo de las auras que con las blancas nubes jugueteaba, y el murmurio de los arroyuelos que se deslizaban de los montes, le hicieron volver en si enternecido. La Luna, entretanto habia ido elevandose; todas las fuentes relumbraban; las flores de mayo, de brillante blancura, descollaban en los verdes prados, y en las hojas de las plantas rielaban atomos de liquida plata. [Trad. Luis Martinez de Castro]

Novalis: Himno

i Alabacla sea la Reina del Univcrso, la alta anunciadora de mundos sagrades, la guardiana del am or venturoso! j Ticrna bienamada, grato Sol de la Noche, es ella quien te envia a mi mientras velo, pues soy mio y soy tuyo; tu me revelaste que la N ochc es la vida; ttl me has hecho hombre; en fuego espiritual quema mi cuerpo para que, vuelto ligero como el aire, a ti me una mas intimamente y nuestra noche nupcial dure asi la eternidad! [Himnos a Ia noche, 1799. Trad. A. TerzagaJ

a,路-~ '-:!:...

Heinrich Heine:

De Los dioses de Grecia

Cantares

Luna, tu luz brillante en fuigido raudal de oro fundido trueca el mar, y en la playa -tan clara como el dia rutilante pero mas dulce y timida- desmaya. En el sereno cielo ~sclarecido no brilla ningun astro, y pasan a traves de sus cristales blancas nubes fingiendo colosales ido!os de alabastro.

i No es aqw~l tu blanco velo? ~No es Ia lumbre de tus ojos? ~ 0 es el rayo de Ia Luna que ilumina los abrojos? [Tracl. Jaime Clark]

[Trad. Teodoro Llorente]

Ciertamente Cuando llega la joven primavera las flores se abren y las aves can tan; cuando Ia Luna en el espacio brilla las estrellas la siguen en su marcha; cuando el poeta ve dos lindos ojos sublimes cantos a su lira arranca; pero i ay ! flo res y p<'tjaros y Luna

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y estrellas y ojos que mirando matan, y los acentos de Ia noble musa que elevan con su musica las almas, son humo que en el aire se disipa, Ia estela que un bajel traza en el agua. i Que lastima tan grande que estas cosas no sirvan en el mundo para nada!

La flor de loto aborrece La flor del loto aborrece Ia clara lumbre del Sol, y aguarda, ansiosa, la noche con fiebre ardiente de amor. La Luna es su dulce amante, la baiia con su fulgor e ilumina con sus rayos su Iindo rostro de flor. Brilla, fulgura y esplende sorda y muda a su pasi6n; y la pobre flor se angustia, llora y suspira de amor.

El regreso

ya he llegado ante su casa y por la escalera trepo. Te agradezco, oh dulce amiga, que alumbraras mi sendero; he de dejarte; derrama tu luz por el Universo. Y encuentra a tu enamorado, que llora a solas su duelo; consuelale, como a mi me consolaste en un tiempo. La noche se extiende sobre extranjeros territories, sobre mis cansados miembros y coraz6n achacoso. Y tu derramas tu lumbre, oh dulce Luna, en el hosco santuario de rnis dolores, como un balsamo piadoso. i Oh dulce Luna! Tu luz ahuyenta el nocturno encono; mis congojas se derriten y se humedecen mis ojos.

La alba Luna me acompaiia, me alum bra con sus reflejos;

â&#x20AC;˘

[Trad. Jose Pablo Rivas]

Leopold Sacher Masoch: La venus de las pieles

Es un espectaculo indescriptible el de Ia Luna que asciende por los cielos -en estos ultimos dias esta en cuarto creciente- nadando entre los arboles y sumergiendo la pradera en un esplendor plateado. La diosa, como transfigurada, parece entonces baiiarse en esta dulce luminosid:td. Un dia en que regresaba de uno de estos mom~ntos de adoraci6n, cuando subia por uno de los senderos que conducen a Ia casa, percibi de pronto, separada de mi apenas por un seto, una forma femenina blanca como la piedra, ilurninada por la luz de la Luna. Fue como si Ia hermosa criatura de marmol se hubiese apiadado y se hubiese animado a seguirme. Pero un terror sin nombre se apoder6 de mi. [Trad. Alcira Gonzalez Malleville]

Durero

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D Friedrich Nietzsche: De Venecia

Rainer Maria Rilke: De Vigilias

Acodado sobre el puente, de faz a Ia noche bruna, oigo una canci6n doliente, mientras deja en Ia corriente gotas de plata de Luna.

i Vigilia tremula de ensuefios! La noche pasa por el llano; Ia Luna, blanco lirio, sc abre en su mano. [Trad. Y. Pino Saavedra]

[Interpretaciones liricas de Francisco A. de Icaza]

De He aqui los jardines En Ia luz de los circulos del !ago un cisne nada entre las dos riberas. Lleva sobre sus alas, cabrilleando, !a suavidad sutil de Ia alta Luna hacia Ia orilla oculta entre Ia niebla. [Trad. Ramon Sangenis]

a

Robert Musil: Despertar

Dios me ha despertado. He sido expulsado del suefio. En realidad no 路-tenia otra raz6n para despertar. Fui arrancado como Ia hoja de un libro. La Luna en creciente esta delicadamente recostada como una ceja de oro sobre Ia hoja azul de Ia noche. Pero por el !ado del amanecer aparece, en Ia otra ventana, un verde esfumado. Plumaje de !oro. Ya las tenues bandas rojizas del alba corren hacia lo alto del cielo, mas todo continua aun verde, azul y tranquilo. De un salto

regreso a Ia otra ventana: i todavia esta alii Ia Luna? Alii esta, como a Ia ultima hora del misterio nocturno. Esta tan convencida de Ia realidad de su magia como si actuara en un escenario. (Nada mas gracioso que dejar las calles matinales a causa del absurdo de un ensayo.) A Ia izquierda, ya crece el pulso de Ia calle; a Ia derecha, Ia Luna ensaya. [Oeuvres pre-posthumes, Paris, 1965. Trad. Phillipe

Jaccottet-E.L.]

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II. Espaiia

Poema de Mio Cid: Primera luna castellana

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita: Consejo

Ya senor glorioso, padre que en el cielo estase, fezist cielo e tierra, el tercero el mare; fezist estrellas e Luna y el Sol para escalentarse

De una cosa te guarda cuando amares una: Non te sepa que amas otra mujer alguna; Si non, todo tu afan es sombra de Luna.

Poema de Mio Cid, ca. 1140, I, 18]

Juan de Mena: El primer circulo de la Luna "Assi que la Luna, que es la primera, en el primer cerco in prime su acto ; segunda en segundo conserva tal pacto; tercero non menos, pues, con la tercera; e todos de todas por esta manera son inclinados a disposici6n de las virtudes e costelaci6n de la materia de cada una espera. "Al cerco por ende que tienes ya visto llamale circulo, tu, de la Luna, e faz assi nonbre, pues, de "cada una, porque non buelvas el caso tan misto. [El laberinto de fortuna, ca. 1444, 68-69]

Aun si yo viera la menstrua Luna con ~uernos obtusos mostrarse fuscada, muy rubicunda o muy colorada, creyera que vientos nos diera Fortuna

[El libra de buen amor, Siglo

XIV,

564]

Pablo de Santa Maria En el quarto d!a fizo un gran candelero, el Sol que en el cielo. . . alunbrase, e fizo la Luna que sefiorease la noche, e estrellas e todo luzero ["Las edades del mundo", Cancionero castellano del Siglo xv, R . Foulche-Delbosc, Madrid, 1915, II, 424]

iiiigo LOpez de Mendoza Marques de Santillana Ya la gran noche passava e la Luna se escondia la clara lumbre del dia radiante se mostrava. ["Querella de amor", Siglo xv]

[Ibidem, 169]

Muy mas clara que la Luna, sola una, en el mundo vos nacistes tan gentil que no ovistes ni tovistes competidora ninguna. ["Muy mas clara que Ia Luna ... "]

Assi como ssueiio et sonbra de Luna

Fray iiiigo de Mendoza La Luna se torne escura, de eclipse mortal se enforre, los prados no den verdura y por mi pena tan dura se segue el Jordan que corre

["Dezir que fizo Juan de Mena sobre Ia justiCia e pleytos, e de Ia grant vanidad deste mundo", 24 d.]

["Lamentaci6n", Siglo xv]

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Salga Ia Luna, el caballero, salga la Luna, y vamonos luego. Caballero aventurero, salga Ia Luna, por entero, salga la Luna, y vamonos luego.

Gomez Manrique

Salga Ia Luna, el caballero, salga Ia Luna, y vamonos luego.

i Llorad conmigo, casadas,

l!orad conmigo, donzellas pues que vedes las estre!las escuras y demudadas, vedes el templo rompido, Ia Luna sin claridad; l!orad conmigo, l!orad un dolor tan dolorido! jAy dolor!

[Juan Vazquez, Recopilaci6n, 1560, II, 18]

Del Romancero

["Fechas para Ia Semana Santa", Siglo xv]

Augurio Estaba la mar en calma, Ia Luna estaba crecida: moro que en tal signo nace no debe decir mentira.

Lirica popular

Romance d e Valdovinos

Luna que reluces, toda Ia noche alumbres. Ay, Luna que reluces blanca y plateada, toda Ia noche alumbres a mi linda enamorada. Amada que reluces, toda Ia noche alumbres.

Tan claro hace Ia Luna como el Sol a mediodia, cuando sale Valdovinos de los caiios de Sevilla.

D

[Romancero general, 1600]

Garcilaso de La Vega

i Ay!, Luna que reluces, i toda Ia noche me alumbres! i Ay! Luna atan bella,

Los rayos ya del Sol escondiendo su luz a! tras altos montes, y a Iugar para mostrar su

alumbresme Ia sierra, por do vaya y venga, i toda Ia noche me alumbres! [Cancionero de Upsala, 1556, 27]

se trastornaban, mundo cara Ia Luna daban blanca cara (De Egloga III, 1543]

Fray Luis de Granada: El cielo Pues Ia hermosura del cielo i quien la explicara? i Cuan agradable es en medio del verano en una noche serena ver Ia Luna llena y tan clara, que encubre con su claridad Ia dP todas las estrel!as! i Cuanto mas huelgan los que caminan de noche por el estio con esta lumbrera, que con Ia del Sol, aunque sea mayor! Mas estando ella ausente, i que cosa mas hermosa y que mas descubra la omnipotencia y hermosura

del Criador, que el cielo estrellado con tanta variedad y muchedumbre de hermosisimas estrellas, unas muy grandes y resplandecientes, y otras pequeiias, y otras de mediana grandeza, las cuales nadie puede contar sino aquel que las cri6? [lntroducci6n al simbolo de la fe, 1583, Libro I]

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Jorge de Montemayor Cuando yo triste nasci, luego nasci desdichada: luego los hados mostraron mi suerte desventurada, el Sol escondi6 sus rayos, la Luna qued6 eclipsada. [La Diana, 1504, ,Lib. v]

Fernando de Herrera Luna, honor de la noche, ilustre coro de los errantes astros y fijadas [Soneto X, 1582]

Luna, que resplandeces sola, fria, argentada, en el callado velo tenebroso, y tu luz enriqueces en la hacha inflamada del Sol, con resplandor maravilloso [Canci6n IV, 1582]

Alonso de Ercilla Sali6 la clara Luna a ver la fiesta [La Araucana, 1569-1589, II, 53]

D Miguel de Cervantes Saavedra En vano al aire envio mis gemidos, en vano hasta la Luna se vio mi pensamiento levantado [La Galatea, Madrid, 1585, Segundo 1ibro]

Fray Luis de Leon: De N oche serena Quien mira el gran concierto de aquestos resplandores eternales, su movimiento cierto, sus pasos desiguales, y en proporci6n concorde tan iguales; la Luna c6mo mueve la plateada rueda, y va en pos de ella la luz do el saber llueve, y !a graciosa estrella de amor Ie sigue reluciente y bella; y como otro camino prosigue el sanguinoso Marte airado, y el Jupiter benigno de bienes mil cercado serena el cielo con su rayo amado;

rodease en la cumbre Saturno, padre de los siglos de oro, tras el la muchedumbre del reluciente coro su luz va repartiendo y su tesoro; i quien es el que esto mira, y precia la bajeza de la tierra, y no gime y suspira por romper lo que encierra el alma, y de estos bienes la destierra?

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D Lupercio Leonardo de Argensola: De lsabela Con justa causa la Luna esconde su blanca cara, sin dar claridad alguna, por no mirar la fortuna que contra nos se depara.

Lope de Vega 6yele Clicie, y dijo: "~Por que lloras? pues amas a la Luna, que te enfria, i ay de quien ama el Sol, que s6lo abrasa!" [Soneto 16)

Salid, que a vuestra luz, mis dos estrellas, esconderase la envidiosa Luna y gozare mi bien secreto y solo. [Soneto 106, Rimas, Madrid, 1602) ~ Quien dira de la Luna la condici6n mudable?

Luis de Gongora: De Lloraba la niiia Llorando la ausencia del galan traidor, la halla la Luna y la deja el Sol, afiadiendo siempre pasi(m a pasi6n, memoria a memoria, dolor a dolor.

[Canci6n " A Ia mudanza", Rimas Sacras, Madrid, 1614)

Primero se vera presente plata Ia Luna a! Sol sobre sus joyas de oro [Amarilis, egloga, Madrid, 1633)

La casta Luna en su argentado plaustro no se mostraba al austro lluviosa, alternativas las dos puntas [La vega del Parnaso, Madrid, 1637)

Pedro Calderon de Ia Barca: De La noche Esos rasgos de luz, esas centellas que cobran con amagos superiores alimentos del Sol en resplandores, aquello viven que se duele de elias. Flores nocturnas son : aunque tan bellas, efimeras padecen sus ardores; pues si un dia es el siglo de las flores, una noche es la edad de las estrellas.

De Alegoria de la brevedad de las cosns humanas La aurora ayer me clio cuna, la noche ataud me clio; sin luz muriera, si no me la prestara la Luna.

De esa, pues, primavera fugitiva, ya nuestro mal, ya nuestro bien se infiere; registro es nuestro, o muera el Sol o viva. ~Que duraci6n habra que el hombre espere, o que mudanza habra que no reciba de astro que cada noche nace y muere? ..

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C[

Francisco de Quevedo:

Dice que su amor no tiene parte alguna terrestre ( "Semejale .(su amor] con Ia causa astron6mica de eclipsarse Ia Luna y no otros planetas.")

Por ser mayor el cerco de oro ardiente del Sol que el globo opaco de la Tierra, y menor que este el que a la Luna cierra las tres caras que muestra diferente,

De Los que con las palabras solamente Los que apeais la Luna de su coche para que espuma escupa en vuestra.~ yerbas; los que con voces alcanzais las ciervas; los que hurtais las estrellas de la noche.

ya la vemos menguante, ya creciente ya en la sombra el eclipse nos la en tierra; mas a los seis planetas no hace guerra, ni estrella fi ja sus in juri as sien te. La llama de mi amor, que esta clavada en el alto cenit del firmamento ni mengua en sombras ni se ve eclipsada. Las manchas de la Tierra no las siento: que no alcanza su noche a la sagrada region donde mi fe tiene su asiento.

Baltasar Grachin: Luna, simbolo del hombre 路-Confiesote que se me habia pasado por pequefia, dijo Andrenio, a mas de que ocup6 luego toda mi curiosidad aquella hermosa reina de las estrellas, presidente de la noche, sustituta del Sol y no menos admirable, esa que tu llamas Luna. Causome, si no menos gozo, mucha mas admiraci6n con sus uniformes variedades, ya creciente, ya menguante y a poco rato llena. -Es segunda presidente del tiempo, dijo Critilo: tiene a medias el mando con el Sol. Si el hace el dia, ella la noche: si el Sol cumple los afios, ella los meses; calienta el Sol y seca de dia la Tierra, la Luna de noche la refresca y humedece; el Sol gobierna los campos, la Luna rige los mares: de suerte que son las dos balanzas del tiempo. Pero lo mas digno de notarse es que, asi como el Sol es claro espejo de Dios y de sus divinos atributos, la Luna lo es del hombre y de sus humanas imperfecciones: ya crece, ya mengua, ya nace, ya muere, ya esta en su lleno, ya en su nada, nunca permaneciendo en un estado. No tiene luz de si, participa de la del Sol, eclipsala la Tierra, cuando se le interpone. Muestra mas sus manchas, cuando esta mas Iucida. Es la infima de los planetas en el puesto y en el ser. Puede mas en la Tierra, que en el cielo. De modo que es mudable, defectuosa, manchada, inferior, pobre, triste y todo se le origina de la vecindad con la Tierra. [El critic6n, 1651, Crisi II]

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D Gaspar Melchor de Jovellanos : De Epistola de Fabio a Anfriso Cuando en las claras noches cuidadoso vuelve desde los santos ejercicios, Ia plateada Luna en lo mas alto del cielo mueve Ia luciente rueda con augusto silencio, y recreando con blando resplandor su humilde vista, eleva su raz6n y Ia dispone a contemplar Ia alteza y Ia inefable gloria del Padre y Criador del mundo.

Juan Melendez Valdes: Tranquila y apacible Su rueda plateada Ia Luna va subiendo por las opuestas cimas con placido sosiego. Ora una debil nube que le sali6 a! encuentro, de transparente gasa le cubre el rostro bello; ora en su solio augusto bafia de luz el suelo, tranquila y apacible, como lo esta mi pecho; ora finge en las ondas del liquido arroyuelo mil luces, que con elias parecen ir corriendo ...

Sol

[De "Oda, De Ia noche"]

De Elegia de las miserias humanas iCon que silencio y majestad caminas, deidad augusta de Ia noche umbrosa, y en Ia alta esfera placida dominas! Llena de suave albor, tu faz graciosa ver no deja el ejercito de estrellas que sigue fie! tu marcha perezosa, mientras el carro de cristal entre elias rigiendo excelsa vas, y el hondo suelo ornas y alumbras con tus luces bellas. i Salve, oh brillante emperatrit: del cielo y reina de los astros! i Salve, hermana del amo Sol, de miseros consuelo!

A ti me acojo en Ia tormenta insana que me abisma infeliz, a ti que amiga oirme sabes y acorrerme humana. Que en ti, de alivio cierto, su fatiga descarga el triste; y el que en gritos II ora con tu presencia su penar mitiga. Perdido el rumbo, el naufrago te implora contra Ia tempestad en noche oscura; y el solitario tu deidad adora. Y todos tu solicita ternura acoge y cura su llagado seno, lanzando de sus rostros Ia amargura. Luna, piadosa Luna, i cuanto peno! No, jamas otro en tu carrera viste, otro infeliz cual yo de angustia lleno. Un tiempo en lira de marfil me oiste cantar insano mi fugaz ventura, y envidia acaso de un mortal tuviste. i Oh! i Como iluso en juvenil locura el mundo ante mis ojos parecia risuefio, y de Ia vida el aura pura! .. El dafio universal mi propia pena me hizo, Luna, olvidar: miro a mi hermano, a! hombre miro en infeliz cadena, y aunque es grave mi mal, ya me es liviano.

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Angel de Saavedra, Duque de Rivas: A. las estrellas Oh, tu, languida Luna, que argentada las tinieblas presides, y los mares mueves a tu placer, y ahora apacible seiioreas el cielo.

D Jose de Espronceda: Candida luz Mas ya el p6rtigo de plata muestra naciente la Luna, y las cimas del otero de candida luz inunda [De "A Ia noche"]

Luna

Nicomedes Pastor Diaz: V n penasco que rueda en el olvido Alberto Lista: El carro soiioliento Mueve Ia Luna el carro soiioliento en tardo giro, y tibio resplandece por Ia esfera su rayo macilento, que los vecinos astros oscurece; y mientras se adormece en blando sueiio el mundo sosegado, las tinieblas disipa, y la campaiia y el silencioso prado de sus reflejos phkidos se baiia. Vence la cumbre del opuesto monte, y dominando la inferior ladera, brilla elevada en todo el horizonte, y retrata su imagen placentera en la sesga ribera ...

Ora trocada en un planeta oscuro, girando en los abismos del vacio, dio fuerza oculta y ciega, en su extravio, cual piedra te arroj6. Es luz de ajena luz tu brillo puro; es ilusi6n tu magica influencia, y mi celeste amor . . . ciega demencia, i ay! . . , que se disip6. Astro de paz, belleza de consuelo, antorcha celestial de los amores, lampara sepulcral de los dolores, tierna y casta deidad. l Que eres, de hoy mas, sobre ese helado [cielo? i Un penasco que rueda en el olvido, o el cadaver de un Sol que, endurecido, yace en Ia eternidad ! .. [De "A Ia Luna"]

[De "La Luna"]

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Jacinto Salas y Quiroga: Luna inglesa y Luna espanola La Luna de Albion, entre vapores, no alumbra, cual alumbra Ia de Iberia, que Ia nuestra es de amores, Ia suya de miseria. Hoy mismo hace dos aii.os que en los mares guiaba mi bajel el astra mismo; al verlo yo olvidaba mis pesares, a! verlo no temblaba ante el abismo ...

Julian Romea: Pregunta ,; Que eres, oh Luna? Di, corrase el vela; ~ dominas tu Ia celestial region? La augusta mano del Senor del cielo ,;_ te puso alii cual eternal padron? [De "A la Luna"]

(De "La Luna")

D

Jose Zorrilla : Tranquila, fugaz, solitaria

Bendita mil veces Ia luz desmayada que avaro te presta magnifico el Sol; bend ita mil veces, i oh Luna callada! tu luz que no enturbia dudoso arrebol.

y vienen con tigo las magi cas ci tas, los besos que expiran del labio al salir, las bellas hlstoria3 de efimeras cuitas dichas a una reja que temen abrir.

En buena hora vengas, viajera nocturna, que el mundo en silencio visitando vas, esposa que viene constante a Ia urna que guarda los restos del bien que amo mas.

Y vienen contigo los himnos errantes, Ia seii.a embozada con una cancion, que atrae a los ojos osados y amantes un rostra que aguarda Ia sefia a un balccin.

En buena hora vengas, amante Lucina, en pas de tu bello dormido Endimi6n, celosa asomando Ia faz argentina por ese estrellado y azul pabell6n . . .

Y vienen contigo las dukes memorias, Ia audaz esperanza, Ia gloria inmortal, fantasticas luces que van ilusorias a] soplo expirando de rafaga real.

Tu vienes tranquila, fugaz, solitaria, cual blanca creencia de casta ninez, cual angel que espia Ia triste plegaria que eleva a] Empireo llorosa viudez. Tu cruzas el limpio y azul firmamento, fanal de consuelo, de paz y de amor, en alas de suave balsamico viento que arruga las aguas y mece Ia flor. Y vienen contigo los suefios de plata, las lindas quimeras de antiguo placer, las sombras queridas que a legre retrata Ia mente olvidada del duelo de ayer.

i Ah, todo es consuelo, regalo y ventura, fanal misterioso del ante de ti! Suspiran las fuentes, el rio murmura; aqui te gorjean, te arrullan alii.

Los juncos se mecen, los arboles suenan, el bosque se puebla de sombra de paz, y el aire sonidos dulcisimos llenan, que lleva invisible Ia brisa fugaz. i Luna!, cuantas veces tu luz ha alumbrado mi larga vigilia, mi breve ilusion; i Luna! , cw1ntas veces con ella ha sonado perdida en el viento mi triste cancion .. . (De "A la Luna"]

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Gustavo Adolfo Becquer:

Espiritu sin nombre Yo soy el fleco de oro de Ia lejana estrella, yo soy de Ia alta Luna Ia luz tibia y serena [Rimas, Madrid, 1860, II]

El rayo de Luna La noche estaba serena y hermosa; Ia Luna brillaba en toda su plenitud en lo mas alto del cielo, y el viento suspiraba con un rumor duldsimo entre las hojas de los arboles. Manrique lleg6 a! claustra, tendi6 Ia vista por su recinto y mir6 a traves de las macizas columnas de sus arcadas. . . Estaba desierto. Sali6 de el, encammo sus pasos hacia Ia oscura alameda que conduce a! Duero, y aun no habia penetrado en ella, cuando de sus labios se escap6 un grito de jubilo. Habia visto flotar un instante y desaparecer el extrema del traje blanco, del traje blanco de Ia mujer de sus suenos, de Ia mujer que ya amaba como un loco. Corre, corre en su busca; llega al sitio en que Ia ha vis to desaparecer; pero al llegar se detiene; fija los espantados ojos en el suelo, permanece un rato inm6vil; un ligero temblor nervioso agita sus miemoros, un temblor que va creciendo, que va creciendo, y ofrece los sintomas de una verdadera convulsion, y prorrumpe, a] fin, en una carcajada, en una carcajada sonora, estridente, horrible. Aquella cosa blanca, ligera, flotante, habia vuelto a brillar ante sus ojos; pero habia brillado a sus pies un instante, no mas que un instante.

Era un rayo de Luna, un rayo de Luna que penetraba a intervalos por entre Ia verde b6veda de los arboles cuando el viento rnovia sus ramas. Habian pasado algunos afios. Manrique, sentado en un sitial junto a Ia alta chimenea g6tica de su castillo, inm6vil casi, y con una mirada vaga e inquieta como Ia de un idiota, apenas prestaba atenci6n ni a las caricias de su madre ni a los consuelos de sus servidores. - Tu eres joven, tu eres hermosa -le decia aquella-. ( Por que te consumes en Ia soledad? ( Por que no buscas una mu jer a qui en ames, y que amandote pueda hacerte feliz? - j E! arnor! El amor es un rayo de Luna --murmuraba el joven. - ( Por que no despertais de ese letargo? -le decia uno de sus escuderos-. Os vestis de hierro de pies a cabeza; man dais desplegar al aire vuestro pend6n de ricohombre, y marchamos a Ia guerra. En la guerra se encuentra la gloria. - j La gloria! ... La gloria es un rayo de Luna. -.:. Quereis que OS diga una cantiga, Ia ultima que ha cornpuesto Mosen Arnalda, el trovador provenzal? - j No! i No! -exclam6 el joven, incorporandose colerico en su sitial-. No quiero nada ... ; es decir, si quiero; quiero que me dejeis solo . .. Cantigas . .. , mujeres ... , glorias ... , felicidad ... , mentira todo, fantasmas vanos que formamos en nuestra irnaginaci6n y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos, (para que?, (para que? Para encontrar un rayo de Luna. Manrique estaba loco; por lo rnenos, todo el rnundo lo creia asi. A mi, por el contrario, se me figura que lo que habia hecho era recuperar el juicio. [Leyendas, 1868]

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D Joan Maragall: De Montjuich La tumba es Ia roca viva: Ia yedra Ia escalani. Por encima de Ia yedra los pajaros cantarin ... El Sol y Ia Luna pasanin por ella, e! Sol y Ia Luna y el mar a su vera.

Ramon del Vaile lnclan: DeElpreso Ya dibuja Ia Luna sus perfiles inciertos, y el grillo y Ia cigarra comienzan sus conciertos. [La pipa de Kif, Madrid, 1919]

â&#x20AC;˘

[Catalan, Siglo XIx-xx. Trad. Alfonso Maseras]

~

Miguel de Unamuno:

De A la corte de los poetas Solo de noche, a su cantada Luna, se arriesgan por los campos aledanos, a caza de dormidos abejorros, papando moscas.

i

Oh imbeciles cantores de Ia charca, croad, papad, tomad el Sol estivo, propicia os sea Ia sufrida Luna, castizas ran as!

La torre de Monterrey A la luz de la Luna Torre de Monterrey, cuadrada torre, que miras desfilar hombres y dias, tu me hablas del pasado y del futuro Renacimiento. De dia el Sol te dora y a sus rayos se aduermen tus recuerdos vagarosos, te enjabelga Ia Luna por las noches y se despiertan. Velas tu por el dia, enajenada, confundida en la luz que en si te sume y en las oscuras noches te sumerges en Ia inconsciencia. Mas la Luna en unci6n dulce a! tocarte despiertas de la muerte y de Ia vida, y en lo eterno te suenas y revives en tu hermosura. Cuantas noches, mi torre, no te he visto a Ia unci6n de Ia Luna melanc6lica j

despertar en mi pecho los recuerdos de tras la vida! De Ia Luna Ia unci6n por parte magica derrite Ia materia de las cosas y su alma queda asi flotante y libre, libre en el sueno. Renacer me he sentido a tu presencia, torre de Monterrey, cuando la Luna de tus piedras los suenos libertaba y elias cedian. Y un mundo inmaterial, todo de sueii.o, de libertad, de amor, sin ley de piedra, mundo de luz de Luna confidente sonar me hiciste. Torre de Monterrey, dime, mi torre, tras de Ia muerte el Sol brutal se oculta i o es la Luna, Ia Luna compasiva, del sueno madre? i Es ley de piedra o libertad de ensuefio

lo que al volver las almas a encontrarse las unira para formar la etema torre de gloria? Torre de Monterrey, sofiada torre, que mis ensuefios madurar has visto, tu me hablas del pasado y del futuro Renacirniento.

De El aventurero sueiia Y al resplandor de la prefiada Luna vio perderse los paramos blancos y yermos

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alia en las nubes, y arrancar desde estas de Santiago el camino con rumbo a! cielo. Cielo, nubes y tierra, todo uno le revelo Ia Luna - j magico espejo!todo ceniza que algun dia en polvo volvera para siempre de Dios a! seno.

De Alborada espiritual i Adios, Luna de mi alma, piadosa compaiiera de mis naches, tu con tu pobre lumbre prestada y de reflejo estrujaste dulzor de mi tristeza; tu guiaste mis pasos ins~guros de Ia penumbra en media, tu templaste Ia ausencia del Sol por que suspira mi alma toda; tu fuiste mi consuelo, faro de mis eternas correrias, centro de mis anhelos, precursora del Sol! i Adios, Luna de mi alma, no dejes de ginir en torno mio, y que el Sol te ilumine y te sostenga, espejo de su luz!

Luna-Cristo I, IV

Por Ti, el Hombre muerto que no muere, blanco cual Luna de Ia noche. Es sueiio, Cristo, Ia vida, y es Ia muerte vela. Mientras Ia muerte sueiia solitaria, Vela Ia blanca Luna; vela el Hombre desde su cruz, mientras los hombres sueiian; vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco como Ia Luna de Ia noche negra. Y es hermosa Ia Luna solitaria, Ia blanca Luna en Ia estrellada noche, negra cual Ia abundosa cabellera negra del nazareno. Blanca Luna como el cuerpo del Hombre en Ia cruz, espejo del Sol de Ia vida, del que nunca muere. I, VII DIOS-TINIEBLAS

De noche Ia redonda Luna dicenos de como alienta el Sol bajo Ia tierra ORACION FINAL

A ti, Luna de Dios, Ia dulce lumbre que en Ia noche nos dice que el Sol v1ve

[Poesias, Bilbao, 1907] [El Cristo de Velazquez, Madrid, 1920]

De 0 jos de anochecer Ojos de anochecer los de tu cara

De V endra de noche

y luz de Luna !lena dentro de ellos,

suave lumbre de argenteos destellos que entre las sombras blancos surcos ara. [Rosario de sonetos . liricos, Madrid, 1911]

Noche de Luna que a! dolor ampara, noche desnuda [Romancero del destierro, Buenos Aires, 1928]

Antonio Machado: De La Luna, la sombra y el bufon Fuera, Ia Luna platea cupulas, torres, tejados; dentro, mi sombra pasea por los muros encalados. Con esta Luna, parece que hasta Ia sombra envejece. Ahorremos Ia serenata de una cenestesia ingrata, y una vejez intranquila, y una Luna de hojalata. Cierra tu balc6n, Lucila. [Nuevas canciones, Madrid, 1925]

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Juan Ramon Jimenez:

Mira, la Luna es de plata

Desnuda, bella, extasiada

Mira, sobre mira, es de

La Luna es, entre las nubes, una pastora de plata, que, por senderos de estrellas, conduce manadas candidas.

Ia Luna es de plata los jeranios rosas; Maria, Ia Luna plata melanc6lica.

Mira, el jazmin verde y blanco ya va afinando su aroma, entre la marana de sombras azules y hojas.

El cielo le da Iagunas azules, suaves canadas, llenas de niveos rosales y de abrigadas cabanas.

-Es el jazmin. . . Es la Luna ... -Aun los jeranios son rosas-. Mira, el jazmin esta triste, y la Luna, melanc6lica-.

jAy dukes abrevaderos del horizonte; aguas claras; remansos ~e eternidad; verdes riberas erriticas! ...

Tu coraz6n y mi alma yerran solos por Ia sombra de esta larga tarde azul, tarde doliente de aromas ...

-Se acerca, amiga, un momento a todo: puertas, majadas, arroyos, rosas, orillas . .. , y sigue, sigue, nostalgica.

Y ya esta hablando el jazmin con tu alma ... , y ya mis hojas estan de plata, a Ia luz de Ia Luna melanc6lica.

... i Pantanos floridos, donde resuena la blanda brama de blanca constelaci6n, piara de vacas blancas!

[Jardines lejanos, Madrid, 1904]

Doraba la Luna el rio

La Luna va lentamente, desnuda, bella, extasiada, cantando a Ia tierra ignota, por sus caminos del alba.

Doraba la Luna el rio - j fresco de Ia madrugada!Por el mar venian olas tenidas. de luz de alba. El se el Ia

[Pastorales]

campo debil y triste iba alumbrando. Quedaba canto roto de un grillo, queja oscura de un agua.

Huia el viento a su gruta, el horror a su cabana; en el verde de los pinos, se iban abriendo las alas. Las estrellas se morian, se rosaba Ia montana; alia en el pozo del huerto, la golondrina cantaba. [Pastorales, Madrid, 1911]

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D Jose Moreno Villa: De Si meditas la Luna se agranda Mira que Ia Luna se agranda si Ia enfocas una hora larga. Mira que te come Ia Luna. Mira que esta sobre Ia nuca. Luna . . . Luna. [Jacinta la pelirroja, Madrid, 1929]

De Edad La edad, eso tan vago y a Ia vez tan concreto; esa Luna Lunatica de ilusiones y sueiios, fabricada con aiios que vino solo ahora, al cabo de ellos.

Jorge Guillen: Advenimiento i Oh Luna! i Cuanto abril! i que vasto y dulce el aire!

Todo lo que perdi volvera con las aves. Si, con las avecillas que en coro de alborada pian y pian, pian sin designio de gracia. La Luna esta muy cerca, ql!ieta en el aire nuestro. El que yo fui me espera bajo mi pensamientos. Cantara el ruiseiior en !a cima del ansia. j Arrebol, arrebol! Entre el cielo y las auras.

(Pocmas escritos en America, 1938-194 7]

i Y se perdi6 aquel tiempo que yo perdi? La mano dispone, dios ligero, de esta Luna sin aiio. [Cantico, Madrid, 1928]

~

Antonio Espina路: De Luna de copas

Por encima de Ia raya del mar alzose Ia Luna como una gran hetaira en cueros. i El As de Oros no volveria a salir nunca sobre Ia raya del Cantabrico! Fue entonces, al desbordar lunario de espuma, cuando Silvia sinti6 Ia ernbriaguez de Ia danzarina, y hubiese querido volar y girar desnuda alrededor del idolo. El idolo, que, a medida que su sola presencia obraba el milagro, se iba poniendo cada vez mas mofletudo, mas rezumante vinoso, mas jocundo de expresi6n y mas digno de frutos y pampanos. Silvia volvi6 en si cuando ya empezaba a despojarse de la capa escocesa y se iba tambien a desabrochar la blusa: i Oh! felizmente. Un poco mas de astral espuma, y la girl habria dado un traspies de dos mil aiios. Se habria caido a una profundidad de cinco civilizaciones. Aurelio volvi6 a ser, de pronto, el apacible veraneante de Caribdys.

Y Ia muchacha reaccionando, en contacto con el sentido panfilo de la realidad enrojeci6 basta !a raiz de su orgullo. La tempestad de c6lera despues de tal reacci6n, no podia hacerse esperar en un caracter como e! de Silvia. Una sacudida de indignaci6n. Otra de arrepentimiento. Otra de humillaci6n y otras de venganza, compusieron Ia menuda electricidad de Ia onda temblorosa en sus nervios. P<'t!ida. Mordido el labio inferior -como es natural -basta hacerse sangre. 路 Febril Trat6 de marcharse levantandose Pero Aurelio, que seguia gravemente las sensaciones de Ia muchacha, !a tom6 de la mano y la oblig6 a sentarse a su !ado. Cerraba la noche. En el cielo, sin estrellas, se alzaba la Luna de Copas. [Luna de capas (Novela), .Madrid, 1929]

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D Rafael Alberti: Malva-Luna de yelo Las floridas espaldas ya en la nieve, y los cabellos de marfil al viento. Agua muerta en la sien, el pensamiento color halo de Luna cuando llueve. Oh, que clamor ba jo el seno breve, que palma al aire el solitario aliento i Que tempano cogido al firmamento, el pie descalzo, que a morir se atreve!

j

Brazos de mar, en cruz, sabre la helada bandeja de la noche; senos frios, de donde surte, yerta, la alborada;

Ramon Gomez de Ia Serna Greguerias La Luna corre y se remonta mas cuando los perros la ladran. La Luna es el espejito con que el Sol se entretiene de noche inquietando los ojos de la Tierra. La Luna : apuntador mudo de la noche. Despues del eclipse, la Luna se lava la cara para quitarse el tizne. Hay naches en que la Luna se pasa las horas repasando radiografias.

i Oh piernas como dos celestes rios,

Malva-Luna-de-yelo, amortajada bajo las mares de los ojos mios!

La Luna es la lapida sin epitafio. Solo el poeta tiene reloj de Luna.

[M arinero en tierra, Madrid, 1924]

En el fonda de los pozos suenan los discos de la Luna. La Luna lleva maquina fotografica, pero s6lo gasta una placa cuando ve un crimen.

Mauricio Bacarisse:

De La Luna es solo la Luna

La Luna pasa tomando notas para su estadistica demografica. [Antologia, Buenos Aires, 1955]

La Luna es s6lo la Luna, y no se parece a nada. No vale buscarle imagenes, ni tropos ni semejanzas . . .

De Luna de miel Colmena del alma mia, colmena de atardecer; tu Luna, que era de cera, por la manana es de miel. 6palos. Anil Nacar en rebanos. Alba. Abril. Azulea ya la alcoba de incienso de madrugada. En la pantalla de china hay doce abejas, grabadas.

Coplas populares: Lunas sebiyanas As6mate a esa bentana, cara de Luna redonda, naranjita sebiyana, espejo de quien te ronda. As6mate a esa bentana, y dale luz a la bega,

y diran los hortelanos: "Ya tenemos Luna nueva". [Francisco Rodriguez Marin, El alma de Andalucia, Madrid, 1929]

La Luna, lunera, volvi6se amarilla. i Ay, que penal ... [Antologia, Madrid, 1932]

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Joan Mir6, Constelaciones

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~~~~~~~ BellasArtes ~:~~~~~ de UCONACULTA :[Ill!!:


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Federico Garcia Lorca:

Romance de la Luna, Luna A Conchita Garcia Lorca

La Luna vmo a Ia fragua con su polison de nardos. El nino Ia mira mira. El nino Ia esta mirando. En el aire conmovido mueve Ia Luna sus brazos y ensena, lubrica y pura, sus senos de duro estano. -Huye Luna, Luna, Luna. Si vinieran los gitanos harian con tu ~orazon' collares y anillos blancos. -Nino, dejame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontraran sobre el yunque con los ojillos cerrados. -Huye Luna, Luna, Luna, que ya siento sus caballos. -Nino, dejame, no pises mi blancor almidonado. El jinete se acercaba tocando el tambor del llano. Dentro de Ia fragua el nino, tiene los ojos cerrados. Por el olivar venian, bronce y sueno, los gitanos. Las cabezas levantadas y los ojos entornados. Como canta Ia zumaya, jay, como canta en el arbol! Por el cielo va Ia Luna con un nino de Ia mano. Dentro de Ia fragua lloran, dando gritos, los gitanos. El aire Ia vela , vela. El aire Ia esta velando. [Romancero gitano ( 1924-1927). Madrid, 1928)

Tierra y Luna Me quedo con el transparente hombrecillo que come los huevos de Ia golondrina. Me quedo con el nino desnudo que pisot~an los borrachos de Brooklyn, con las cnaturas mudas que pasan bajo los arcos. Con el arroyo de venas ansioso de abrir sus ma[necitas.

para las heridas recientes y el humedo pensa. [miento. T1erra para todo lo que huye de Ia tierra. ~o

es Ia ceniza en vilo de las cosas quemadas, m los muertos que mueven sus lenguas bajo los . [arboles. Es Ia t1erra desnuda que bala por el cielo y deja atras los grupos ligeros de ballenas. Es Ia tierra alegrisima, imperturbable nadadora, Ia que yo encuentro en el nino y en las criaturas [que pasan los arcos j Viva Ia tierra de mi pulso y del baile de los [helechos, que deja ~ veces por el aire un duro perfil de [Fara6n! Me quedo con Ia mujer fria donde se queman los musgos inocentes, me quedo con los borrachos de Brooklyn que pisan al nino desnudo ; me quedo con los signos desgarrados de Ia lenta comida de los osos. Pero entonces baja Ia Luna despenada por las [escaleras, poniendo las ciudades de hule celeste y talco . , [sensitivo, llenando los p1es de marmol Ia llanura sin reco. . . . [dos, y olv1dando, baJo las sdlas, d1minutas carcajadas [de algodon. i Oh Diana, Diana, Diana vacia! Convexa resonancia donde Ia abeja se vuelve [loca. Mi amor de paso, transito, larga muerte gus. . [tada, nunca Ia p1el 1lesa de tu desnudo huido. Es tierra, j Dios mio! , tierra, lo que vengo bus[cando. Embozo de horizonte, latido y sepultura. Es dolor que se acaba y amor que se consume torre de sangre abierta con las manos quemadas~

Pero Ia Luna subia y bajaba las escaleras repartiendo lentejas desangradas en los oJos. dando escobazos de plata a los ninos de los [muelles y borrando mi apariencia por el termino del [aire. 1935 . ["Otras paginas", Obras completas, Madrid, 1954)

Tierra tan solo. Tierra. Tierra para los manteles estremecidos, para Ia pupila Vletosa de nube,

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Luis Cernuda:

Noche de Luna Vida tras vida, fueron olvidando los hombres aquella diosa virgen que misteriosamente, desde el cielo, con amor apacible asiste a sus vigilias en el silencio dulce de las naches. Ella ha sido quien viera a los abuelos remotos, cuando abordan en sus pintados barcos, y agiles y desnudos se apoderan con un tremulo imperio de esta tierra, asi como el amante arrebata y penetra el cuerpo amado. Sus trabajos vio luego, sus cohabitaciones, y otros seres menudos, inhabiles, gritando entre los brazos de los dominadores, y sus mujeres languidas sonreir debilmcnte a la raza naciente. Mir6 sus largas guerras con pueblos enemigos y el azote sagrado . de luchas fratricidas; contempl6 esclavitudes y triunfos, prostituciones, crimenes, prosperidad, traiciones, el sordo griterio, todo el horror humano que salva la hermosura, y con ella la calma, la paz donde brota la historia. Tambien mir6 el arado con el siervo pasando sobre el a_ntiguo campo de batalla, fertilizado por tanto cuerpo joven; y en ese mismo suelo ha visto correr luego a! orgulloso dueii.o sobre caballos recios, mientras Ia hierba, ortiga y cardo brotaban por las vastas propiedades.

de esbeltas cazadoras, un nebli sobre el puii.o, oblicua la mirada soii.olienta entre un aburrimiento y un amor clandestine. Sombras, sombras efimeras, en tanto ella, adolescente como en los prados de la edad de oro, vierte, azulada urna, su embeleso leta! sobre nuevas cuerpos oscuros que Ia primavera enfebrece con agudos perfumes vegetales. Alia tras de las torres, su reflejo delata la presencia del mar, mientras los hombres solitaries duermen. inermes en su !echo y confiados. Los enemigos yacen confundidos. Algo inmenso reposa, aunque Ia muerte aceche. y el magico reflejo entre los arboles permite al soii.ador abandonarse al canto, al placer y al reposo, a lo que siendo efimero se sueii.a como eterno. Mas una noche, al contemplar la antigua morada de los hombres, s6lo ha de ver alia ese reflejo de su dulce fulgor, mudo y vacio entonces, esteril tal su hermosura virginal; sin que ningunos ojos humanos hasta ella se alcen a traves de las lagrimas, definitivamente frente a frente el silencio de un mundo que ha sido y la pura belleza tranquila de la nada. ["Las nubes", 1937-1940, La realidad y el deseo, Mexico, 1958]

Cuanta sangre ha corrido ante el destino intacto de la diosa. Cuanto semen viril vio surgir entre espasmos de cuerpos hoy deshechos en el viento y el polvo, cuyos atomos yerran en !eves nubes grises, velando a! embeleso de vasta descendencia su tranquilo semblante compasivo. Cuantas claras ruinas, con jaramago apenas adornadas, como fuertes castlllos un dia las ha visto; piedras mas elocuentes que los siglos, antes holladas por el paso leve

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Ill. Lengua francesa Guillaume de Salluste du Bartas: Lunas barrocas Adueiiarase Febo del negro carro de la Luna. I,

364.

Concubinas del cielo, la onda, la llama y el [aire, tanto como Febo, su Luna y su Pleyade. II,

356,357.

De Febo, de Ia Luna y las otras antorchas que miran a plomo sabre el dorsa de una nube. rr, 708,7 09 .

La Luna en cierto tiempo alia no eclipsara y el libertino cielo no mudara estaciones. III,

363,364.

Que Natura sufriera o el Dios de Natura y lo que es at'm mas, el frente de la Luna. IV,

740,741.

La lecci6n que recibe, reverencia a su rey, saluda a la Luna y empolla en su pecho el suave ardor de la antorcha chipriota. VI,

32-34.

Las mansiones lucientes no se apartan nunca del previsto camino: alli en un mes su hermana veloz corre su ruta, cambiante muchas veces de forma y de rostra, ora grande o pequeiia, los diversos cambios de la otra Luna imita. Oh perfecto animal, que haces que se muevan los estrellados circulos, que tu poder divino extiendes en los cielos, que mantienes Ia brida del empelucado Sol y la humeda Luna. VI,

(1

Asi como en derrota diriase que Fortuna suave regula cuanto luce bajo Ia Luna. VII,

[La Sepmaine ou creation du Monde, Pa ris. 1578.

900-908.

Fran~ois-Rene

195-196.

Trad: JLM]

de Chateauhriand:

La Luna brillaba en media de un azul sin mancha y su luz gris perla descendia sabre las cimas indeterminadas de los bosques.

Conversacion con la Luna

[Atala, "Les chasseurs", 1801]

D

Saliendo de Baviera, por aquel !ado, un gran bosque negro de pinos sirve de portico a Bohemia. Algunos vapores vagaban por los valles : e] dia desfalleda, y el cielo, hacia el oeste, tenia el color de las flares de durazno; los horizontes bajaban hasta tocar casi ]a tierra. Falta claridad en esta latitud, y con Ia luz, la vida: todo esta apagado, in vernal, descolorido; el in-

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vierno parece encargarle a] verano que le guarde Ia escarcha hasta su regreso. Un pedacito de Ia Luna que entrelucia me caus6 placer; no todo estaba perdido puesto que encontraba un rostra conocido. Parecia decirme "i Tu aqui? i Recuerdas que te he vis to en otros bosques? i Recuerdas las temezas que me decias cuando eras joven? Realmente no hablabas tan rna] de mi. i Por que ahora tu silencio? i Ad6nde vas solo y tan tarde? i_Acaso nunca dejas de empezar de nuevo tu carrera?" j Oh Luna! i tienes raz6n; pero si hablaba bien de tus encantos no ignoras los servicios que me prestabas: tu iluminabas mis pasos cuando paseaba con mi fantasma de amor. Hoy mi cabeza esta plateada como tu rostra y te extraiias al verme solitario, y me desdeiias!

Y sin embargo, he pasado naches enteras envuelto en tus velos, i Te atreves a negar nuestras citas en el cesped y a lo largo de los mares? i Cuantas veces has visto mis ojos apasionadamehte fijos en los tuyos! Astro ingrato y burIon, ime preguntas ad6nde voy tan tarde? Es cruel reprocharme Ia continuaci6n de rnis viajes. i Ay, si camino tanto como tu no rejuvenezco a semejanza tuya, que vuelves a entrar cada mes en el circulo brillante de tu cuna! i Ya no cuento las lunas nuevas y mi descuento no tiene otro termino que el de mi propia desaparici6n, y cuando me apague, no volvere a encender mi antorcha como tu enciendes Ia tuya! [Memorias de ultratumba, 1850, IV, III, 14. Trad.

E.L.]

Victor Hugo: Tres breves lunas

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La Luna estaba serena y jugaba en las olas [Les orientales, X.]

La gloria, astro tardio, Luna serena y oscura que se levanta sobre tumbas

-Querida, por ahora me parece que estas situado en Ia Luna, reino del sueiio, provincia de la ilusi6n, capital de las porn pas de jab6n ... [Les miserables, Cuarta parte, Libro VIII, Cap. III]

[Toute la Lyre, Les sept cordes, IV. X.]

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Aloysius Bertrand: Claro de Luna

Despertad, gente-s dormidas, y rezad por los difuntos.

Grito del pregonero nocturno i Oh, que dulce es, de noche, cuando tiembla la hora en el campanario, contemplar la Luna, cuya nariz parece un carol us de oro!

Dos leprosos lamentabanse bajo mi ventana, up. perro aullaba en la encruci jada, y el grillo de mi hogar susurraba muy quedo. Pero a! poco tiempo mi oido no escuch6 mas que un profunda silencio. Los leprosos habian vuelto a sus cubiles, a! oir los golpes de Jacquemart, que pegaba a su mujer. El can habia tornado las de Villadiego ante las partesanas de Ia ronda entumecida por Ia lluvia y atetida de frio. Y el grillo se habia dormido al extinguir la ultima chispa su fulgor postrero en Ia ceniza de Ia chimenea. Y a mi pareciame - j tan incoherente es la fiebre!- que la Luna, con una mueca de su faz, me sacaba la lengua, como un ahorcado. [Gaspard de la nuit, 1842. Trad. Julio G6mez de la Serna]

Paul Klee, Luna. llena, 1919

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Gerard de Nerval: Refugio de almas que una cadena sin fin¡ sujetaba en torno a Ia tierra las inteligencias consagradas a! establecimiento de esta universal armonia, y que los cantos, las danzas, las miradas, imantadas de vez en cuando, tenian Ia misma aspiraci6n. La Luna era para mi como el refugio de las almas fraternales que, libres ya de sus cuerpos mortales, colaboraban con mayor independencia en Ia regeneraci6n del universo.

Por Ia noche me pasee, lleno de serenidad, bajo los rayos de Ia Luna, y levantando los ojos bacia los arboles pareciame que sus hojas se enroscaban caprichosamente fingiendo imagenes de caballeros y de damas que cabalgaban en en jaezados caballos. Y crei ver en ellos los rostros triunfantes de mis antepasados. Este pensamiento me impuls6 a creer que existia una vasta conspiraci6n de todos los seres animados para restablecer en el mundo su armonia primera -pense que Ia comunicaci6n entre ellos se establecia por el magnetismo de los astros-;

A1:\ ~

[Aurelia, 1865. Trad.

J Chabas y Marti]

Alfred de Musset En la noche morena, sobre e1 amarillento campanario era la Luna como un punto sobre una z. [Premieres Poesies, "Balade a Ia Lune", 1829]

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Paul V erlaine:

La Luna blanca

De Romanza sin palabras

La Luna blanca brilla en los bosques ; bajo las ramas se oyen las voces de Ia enramada .. . i Oh dulce amada!

EI cielo es de cobre, sin luz, y sugiere que Ia Luna en el vive un punto y muere.

La agua refleja - profundo espejola silueta del sauce negro do el viento llora ... Sueiia: es Ia bora. Un tiernamente dulce sosiego bajar parece del firmamento que el astro encanta ... Es la bora santa. [Trad. Fernando M aristany]

[Trad. Enrique Diez-Canedo]

De Pierrot Ya no es, como en Ia vieja canci6n, aquel [rendido amante de Ia Luna que alegre se reia; a un tiempo se apagaron su vela y su alegria, y hoy vuelve exangi.ie y mustio como un [aparecido. [Trad. Enrique Gonzalez Martinez]

De Sobre el cesp ed j Yo falderillo anhelaria ser! .. - A las pastoras abracemos, una tras otra. . . - j Bravo! - j Convcnido! [- Aver . . . --Do, re, mi, sol .. . - j Eh, . . . i Buenas [noches, Luna!

-

[Trad. Enrique Diez-Canedo]

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Charles Baudelaire: Los beneficios de la Luna

La Luna, que es el mismo capricho, miro por Ia ventana mientras dormias en tu cama, y se dijo: "Esta nina me gusta." Y descendio muellemente su escalera de nubes y paso sin ruido a traves de los cristales. Luego se extendio sobre ti con Ia ternura suave de una madre, y deposito sobre tu rostra sus colores. Tus pupilas se han quedado verdes, y tus mejillas extraordinariamente palidas. De contemplar a esta visitante, tus ojos se han ensanchado tan singularmente; y con tanta dulzura te apreto Ia garganta, que conservaste para siempre el deseo de llorar. Mientras tanto, en la expansion de su alegria, la Luna llenaba toda la estancia como una atmosfera fosforica, como un veneno luminoso; y toda esta luz viva pensaba y decia: "Tu sufriras eternamente la influencia de mi beso. Tu seras bella a mi manera. Tu amaras lo que yo amo y me ama: el agua, las nubes, el silencio y Ia noche; el mar inmenso y verde; 路eJ agua informe y multiforme; el Iugar en que no estes;

el amante que no conozcas; las flores monstruosas ; los perfumes que hacen delirar; los gatos que se extasian sobre los pianos y gimen como las mujeres, con una voz ronca y dulce. "Y seras amada por mis amantes, cortejada por mis cortesanos. Seras Ia reina de los hombres de ojos verdes cuya garganta aprete tambien en mis caricias nocturnas; de los que aman el mar, el mar inmenso, tumultuoso y verde, el agua informe y multiforme, el Iugar en que no estan, Ia mujer que no conocen, las f!ores siniestras que semejan incensarios de una religion desconocida, los perfumes que turban Ia voluntad, y los animales salvajes y voluptuosos que son los emblemas de su locura." Y por esto, maldita nina mimada, estoy ahora echado a tus pies, buscando en toda tu persona el reflejo de Ia temible Divinidad, de Ia fatidica madrina, de Ia nodriza emponzonadora de todos los lunaticos. [Le Spleen de Paris, 1869. Trad. Ricardo Baeza]

Paul Delvaux, FrinJ, 1963

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Gustave Flaubert: Himno de Salammbo ala Luna

Henri Rousseau, El sueiio, 1910

Salammb6 se adelanto hasta el extremo de la terraza. Durante un momento sus ojos recorrieron el horizonte y despues se fijaron en la ciudad dormida, y el suspiro que lanz6, levantando los pechos, hizo ondular de un extremo a otro Ia Iarga simarra blanca que pendia de su cuello sin broche ni cintur6n. Sus sandalias de punta retorcida desaparecieron bajo un mont6n de esmeraldas, y una redecilla de purpura encerraba su abundante cabellera. Levant6 Ia cabeza para contemplar Ia Luna y, mezclando a sus palabras fragmentos de himno, murmur6: "i Cuan ligeramente ruedas sostenida por el eter impalpable! El movimiento que tu agitaci6n produce engendra los vientos y los rocios profundos. Conforme creces o decreces, se en-

a路

sanchan o disminuyen los ojos de los gatos y las manchas de las panteras. i Las esposas ciaman tu nombre entre los horrores del parto! i Tu hinchas las conchas! i Por ti hierven los vinos! i Corrompes los cadaveres! j En el fondo del mar las perlas te de ben Ia vida! "Todos los germenes, i oh, Diosa!, fermentan en las oscuras profundidades de la humedad. Cuando apareces se esparce una augusta soledad en !a tierra; cierranse las flo res, las olas se caiman los hombres fatigados se tienden mos' pecho, y el mundo con sus oceanos ' trandote su y sus montes se mira en tu rostr.o com~ en un espejo. Eres blanca, dulce, lummosa, mmaculada~ protectora, purificadora, serena!" El astro se mostraba entonces sobre Ia montana de las Aguas Calientes, sobre el corte que separaba sus dos cimas. Debajo de ella fulguraba una estrella diminuta y tenia en derredor una gran circulo palido. Salammb6 anadi6: "i Cuan terrible eres, i oh, duena! i Tu produces los monstruos, los fantasmas aterradores!, los engancisos ensuenos; tus ojos devoran las piedras de los edificios y los monos enferman cada vez que te rejuveneces. "~A d6nde vas? ~ Por que cam bias perpetuamente de forma? Tan pronto curva y recortada te deslizas por los espacios como una galera sin mastiles, como entre las estrellas pareces 't un pastor que guarda su rebano. Fulgida y redc..nda, rozas Ia cima de los montes como Ia rueda de un carro. "i Oh! i Tanit!, me quieres, .:verdad? j Te he mirado tanto! i Pero no! Tu corres en tus dominios de azul, y yo permanezco sobre Ia tierra inm6vil. Taanach, toma tu nebal y pulsalo y pulsa poco a poco Ia cuerda de plata, pues mi coraz6n esta muy triste." [Salammbo, 1862, Cap. III. Trad. Augusto Riera]

Stephane Mallarme: De Aparicion

La Luna se velaba. Serafines llorosos con el arco en los dedos, adolorida el alma, pensaban en la calma de las dormidas flores de tallos vaporosos. Y hcridas por sus manos las mor~bu.n?as violas rompian en sollozos de un albor m:risihle que rozaban, rozaban el azul apaCible de las tibias corolas ... [Trad. Guillermo Valencia]

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Conde de Lautreamont: De Los cantos de Maldoror

Au clair de la Lune, pres de la mer . .. Al claro de Luna, junto al mar, en los parajes solitarios del campo, ve uno, cuando esta sumido en amargas reflexiones, revestir a todas las cosas unas formas amarillas, indecisas, fantasticas. La sombra de los arboles, ya de prisa, ya lentamente, corre, va y vuelve, con diversas formas, aplastandose, pegandose contra el suelo. En otro tiempo, cuando me transportaban las alas de la juventud, eso me hacia sonar, me parecia extrafio, ahora estoy acostumbrado. El viento gime a traves de las hojas sus notas Ian¡ guidas, y el buho entona su grave endecha, que eriza el cabello a los que la escuchan. Entonces los perros rabiosos rompen sus cadenas y se escapan de las granjas lejanas; corren por el campo de aqui para alla, presas de la locura. De pronto se paran, miran a todos lados con inquietud salvaje en la pupila llameante; y asi como los elefantes antes de morir lanzan en el desierto una postrer mirada al cielo, alzando desesperadamente su trompa, dejando colgar inertes sus orejas, de igual modo los perros dejan colgar sus orejas inertes, levantan la cabeza, hinchan el cuello terrible y se ponen a ladrar, alternativamente, ya como un nifio que grita de hambre, ya como un gato herido en el vientre en un tejado, ya como una mujer que va a parir, ya como un moribundo atacado de peste en el hospital, ya como una joven que canta un aire sublime; contra las estrellas al norte, contra las estrellas fl.l este, contras las estrellas al sur, contra las estrellas al oeste; contra la Luna, contra las montafias, parecidas desde lejos a unas rocas hendidas, yacentes en la os-

curidad; contra el aire frio que aspiran a plenos pulmones y que les deja el interior del hocico rojo y ardoroso; contra el silencio de la noche; contra las lechuzas cuyo vuelo oblicuo les roza la nariz, llevando una rata o una rana en el pico, alimento vivo agradable a las crias; contra las liebres que desaparecen en un abrir y cerrar de ojos; contra el ladr6n que huye al galope de su caballo despues de haber cometido un crimen; contra las serpientes que agitan los brazos y que les hacen temblar la pie! y rechinar los dientes; contra sus propios ladridos, que les dan miedo a ellos mismos; contra los sapos, a los cuales trituran de un solo golpe de quijada ( ~ por que se han alejado del pantano?) ; contra los arboles, cuyas hojas, blandamente mecidas, son otros tantos misterios que ellos no comprenden, que quieren descubrir en sus ojos fijos, inteligentes; contra las arafias, suspendidas entre sus largas patas, que suben por los arboles para ponerse a salvo; contra los cuervos, que no han encontrado que comer durante el dia y que regresan al escondrijo con el ala fatigada; contra las rocas de la costa; contra los fuegos que aparecen en los mastiles de los navios invisibles; contra el ruido sordo de las olas; contra los gran des peces que, al nadar, ensefian su dorso negro y luego se hunden en el abismo, y contra el hombre que los esclaviza. Despues de lo cual echan de nuevo a correr por el campo, saltando con sus patas ensangrentadas por encima de las cunetas, de los caminos, de los campos, de las hierbas y de las piedras escarpadas. [Trad. Julio Gomez de Ia Serna]

D Arthur Rimbaud: Toda Luna es atroz i Mas, cierto, he llorado atrozmente! Las Albas

[son desgarradoras. Toda Luna es atroz y todo Sol amargo: el acre amor me colm6 de enervantes [modorras. i Oh, que estalle mi quilla! i Oh, que yo vaya [al mar!

Emile V erhaeren: El aventurero Fuera, sobre Ia noche mojada y taciturna, una Luna de octubre, con un trazo derecho, como en defensa y protecci6n del techo, alargaba la sombra de alameda noctuma. [Trad. Francisco Castillo Najera]

[De Le batteau ivre. Trad. Virgilio Pifiera]

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Jules Laforgue: ]e ne suis qu'un viveur lunaire

Yo no soy mas que un vividor lunaria que de circulos llena los estanques, y es {mica raz6n de mis arranques la de llegar a verme legendario.

i Oh, si, llegar a verme legendario en el umbra! del tiempo charlatan! (. Y las Lunas de antano, en d6nde estan? i Y Dios? ; Un nuevo Dios, no es necesario?

Mis anchas mangas de mandarin palido recojo: fiero mi adem an provoca y exhalo al fin, agrandando Ia boca, dulces frases de crucifijo escualido.

[De L'Imitation de Notre-Dame Ia Lune. Trad. Enrique Diez-Canedo]

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D Maurice Maeterlinck: Deseos de invierno

Stuart Merrill: Nocturno

S6lo Ia Luna al fin alumbra, con su mon6tona tristeza, mis deseos de hambre enfermos donde Ia hierba atonal hiela.

La Luna alumbra palida la charca en donde [brill a como en crista! glorioso una emoci6n de in[cendio. Y en el silencio grande un ruisenor ag6nico modula en mal de amores su canto sonoliento. Los vientos ya no vibran en el misterio verde del ramaje. La Luna suspende su concierto, mas al traves del luto de las abiertas hojas llueven besos azules los astros macilentos.

[Trad. Fernando Maristany]

0/renda oscura i Senor, ten piedad de mi ofrenda, pied ad de mi noche feroz ! j Que pase tu Luna tremenda segandola como una hoz!

[Trad . Fernando Maristany]

[Trad. Eduardo M arquina]

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Paul Fort: Los dos enlutados

Henri de Regnier: La Luna amarilla El dia ha terminado con Ia amarilla Luna que sube muellemente tras de los blancos alamos, y se esparce en el aire ba lsamico Ia esencia del agua que dormita bajo los juncos mansos. [Trad . Fernando Maristany]

Me has amado, reina, ~ lo padre olvidar? Toma el tois6n de oro y guarda e] collar. D e Ia Luna a] brillo, y al leve rumor del bosque, cambiemos nuestro ultimo adios. [Trad. Enrique Gonzalez Martinez]

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Guillaume Apollinaire:

De Claro de Luna

De El noviazgo

Hay Luna melifluente en ]a boca de los dementcs Los huertos y los burgos son presa de Ia gula Los astros representan muy bien a las abejas D e esa miel luminosa que gotea de los parrales Porque todo lo dulce que descie11de del cielo Cada rayo de Luna es un rayo de miel Oculto yo imagino Ia muy dulce aventura T emo a! dardo de fuego de aquella abeja Arturo Que dej6 entre mis manos sus rayos enganosos Y rob6 miel lunar a Ia rosa del viento.

Ensuciaban Ia Luna los mecheros de gas y unos enterradores chocaban sus cervezas con el toque de muertos . .. La Luna esta cociendo como un huevo estrc[llado . .. La Luna y Ia tristeza andan de contrabando durante todo el santo dia y todo el santo dia anduve yo cantando [Trad. Juan O rtt>ga Costa]

[Trad. Agusti Bartra]

De La cancion del mal amado Lla mase Ia otra Maloruna y es un rio dorado y verde en donde al claro de Ia Luna una mujer se bana y una canci6n a lo lejos se pierde [Trad. Juan Ortega Costa]

D Blaise Cendrars: De Prosa del Transiberiano y de la pequeiia

Paul Eluard Dormir !a Luna en un

y el Sol en el otro

OJO

Juana de Francia En Flandes el Sol es un quinque humeante y en lo m as alto de un trapecio una mujer hace [de Luna.

[Repeticiones, 1922]

Tulipan herido por Ia Luna [El libra abierto II, 194 1. Trad. M a ria T eresa L eon

y Rafael Alberti]

[Trad . Andres H olguin]

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IV. Gran Bretana e lrlanda

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William Shakespeare: Lunas de Shakespeare

Romeo.-Pero i silencio!, i Que resplandor se abre paso a traves de aquella ventana? i Es el Oriente, y Julieta, el Sol! i Surge, esplendente Sol, y mata a Ia envidiosa Luna, languida y palida de sentimiento porque tu, su doncella, Ia has aventajado en hermosura! i No Ia sirvas, que es envidiosa! Su tocado cl:e vestal es enfermizo y amarillento, y no son sino bufones los que usan. R omeo.-Seii.ora, juro por esa Luna bendita, que corona de plata las copas de esos arboles fruta!es . .. fulieta.-j Oh! No jures por Ia Luna, por Ia mconstante Luna, que cada mes cambia el girar en su 6rbita, no sea que tu amor resulte tan variable.

rana de las ondas, palicla en su furor, humedece tanto los aires, que abundan las enfermeclades reuma ticas; y, a favor de tan mala temperatura, vemos alteradas las estaciont>s ... [Ibidem, II, i]

Titania. -M e parece que Ia Luna nos mira con ojos humedos ; y cuanclo vicrte Iagrirnas, todas las florecillas !loran tambien, llevando el luto de alguna virginidad forzada. [I bidem, III, i]

Luna.- Toclo lo que tengo que decir es que Ia !intern a es Ia Luna ; yo, el hombre de Ia Luna ; este manojo de espinos, rni manojo de espinos, y este perro, mi perro.

[La tragedia de Romeo y Julieta, II, ii]

Capitan.- Di jerase que el rey ha muerto; no podemos esperar. Se han marchitado los laureles de nuestro pais, y los meteoros hacen que se oculten de espanto las estrellas fijas en el cielo ; Ia Luna de palido rostra Ianza resplandores sangrientos sobre Ia tierra, y los profetas se semb!ante escualido cuchichean anuncios de cam bios terribles ... [El rey Ricardo II, II, iv]

Falstaff.- Los que nos dedicamos a coger bolsas nos gobernamos por Ia Luna y las siete cstrellas, y no por Febo, " ese caballero errante tan rubicundo". [La primera parte del rey Enrique I V, I, ii]

T eseo.- Gentil Hip61ita, !a hora de nuestras nupcias se acerca ya. Cuatro felices dias traeran Ia Luna nueva; pero, i oh cuan lenta me parece en menguar Ia vieja! Aniquila mis esperz..nzas como una madrastra o una viuda que no acaba de morirse y consume las rentas del joven heredero. Hip6lita.-Cuatro dias cederan presto a otras tantas noches ; cuatro noch es veran en seguida volar el tiempo como un sueii.o, y entonces Ia Luna, semejante a un arco de plata recien tendido en el cielo, a lumbrara Ia noche d e nuestras solemnidades. [Sueiio de una noche de verano, I, i]

[Ibidem, V, i]

L orenzo.- La Luna brilla resplandeciente. En una noche como esta, mientras los suaves cefiros besaban cariii.osamente a los arboles silenciosos; en una noche como esta, a lo que pienso, Troilo escalo las murallas de Troya y exhalo su alma en suspiros frente a las tiendas griegas, donde Cressida dormia. .fessica.- En una noche como esta, Tisbe, andando con paso terneroso a traves del rocio vio Ia sombra del leon antes de vcr a! leon mismo, y se escapo llena de espanto. Lorenzo.- En una noche como esta, Dido, con una rama de sauce en Ia mano, manteniendose en pie sabre Ia p laya desierta del mar, suplicaba con sus gestos a su amante que volviera a Cartago . .fessica.- En una noche como esta, M edea cogio las hierbas magicas que rejuvenecieron al viejo Eson. L orenzo.-En una noche como esta, Jessica se fug6 de Ia casa del rico judio, y con elia un amante atolondrado huy6 de Venecia b asta Belmont. .fessica.- En una noche como esta, el joven Lorenzo le juro que la amaba tiernamente, y robo su alma con mil juramentos de fidelidad, de los que no habia uno solo sincero. L orenzo.- En una noche como esta, ]a encantadora J essica, cual una pilluela, calumni6 a su amante, que Ia perdono. .fessica.- O s batiria mencionando noches, si no viniera nadie; pero, i chiton!, oigo pasos de un hombre. [El mercader de Vene cia, V]

Titania.- Ya no se santifican las noches con canticos ni villa ncicos. Por eso, Ia Luna, sobe-

Laertes.- L a mas recatada doncella resulta de-

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masiado pr6diga Luna.

SI

descubre sus sccretos a !a

mente de su posicion fija !a unidad y Ia calma habitual de los Estados. [Troilo y Cressida, I, iii]

[Hamlet, I, iii]

Ulises.- Los cielos mismos, los planetas y este globo terrestre observan con arden invariable las !eyes de categoria, de !a prioridad, de Ia distancia, de !a posicion, del movimiento, de las estaciones, de Ia forma, de las funciones y de !a regularidad; y por eso este esplendoroso pi aneta, el Sol, reina entre los otros en el seno de su esfera con una noble eminencia; asi, su disco saludable corrige las malas miradas de los planetas funestos, y, parecido a un rey que ordena, manda sin obstaculos a los bueno3 y a los malos astros. Pero cuando los planetas vagan errantes, en desorden, en una mezcolanza funesta, i que plagas y que prodigios entonces, que anarquias, que c6leras del mar, que temblores de tierra, que conmociones de los vientos! Fen6menos terribles, cambios, horrores, trastornan y destrozan, hienden y desarraigan completa-

Otelo.-j Ojala hubiera en este momenta un enorme eclipse de Sol y Luna, y que el aterrado globo se en treabriese en este desorden! [Otelo, el moro de Venecia, V, ii]

Otelo.-j Es el efecto de !a desviaci6n total de Ia Luna! i Se aproxima a !a tierra mas que de costumbre, y vuelve locos a los hombres! [Ibidem]

Cleopatra.-Mi resoluci6n esta adoptada, y nada de mujer tengo ya en mi. Ahora, desde Ia cabeza a los pies, soy firme como el marmol; ahara Ia Luna no es mi planeta. [Antonio y Cleopatra, V, ii] [Trad. Luis Astrana Marin]

Astronomicum Caesareum. lngolstadt, 1540 Petrus Apianus

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Ben Jonson: Himno a Diana

i Oh reina cazadora, bella y casta! puesto que el Sol ya duerme, en tu silla de plata recostada, celebra, como siempre, tu audiencia; diosa en brillo excelente.

Que, con envidia, a interponer su sombra no se atreve la Tierra. El orbe esplendoroso de Cintia fue creado para que, muerto el dia, nos alumbrara el cielo;

D

bendigase tu vista deseada, diosa en brillo excelente. Que tu arco de perla ya repose, y el carcaj de crista! resplandeciente ; concede al ciervo raudo un instante de paz, para cobrar alien to: tu, que la nocbe tornas claro dia, diosa en brillo excelente.

JohnDonne

En eclipse o brillando, la Luna es la Luna. [De "E!egia XVI: a su amante"]

Oh, mas que Luna, no Hames a los mares a sume¡rgirme en tus dominios (De "Un Adios : al llanto". Trad . Jaime Garcia Terrc~s]

~

John Milton: Lunas miltonianas

Fulgura el firrnamento con vividos zafiros. Hespero, que dirige Ia estrellada falange, adelantase, el mas brillante de todos, bacia la Luna, que va elevandose en la rna jestad de la penumbra basta que aparece como reina en el esplendor de su luz incomparable y tiende sobre la oscuridad su tunica plateada. (Lib. IV.)

viendose sobre el gran eje del cielo y repartiendo su reino con mil luces inferiores y con mil miles de estrellas que aparecen relumbrando en el bemisferio. Y asi, adornada con sus radiantes luminarias que se ocultan y se elevan, coronaron e! cuarto dia una esplendorosa nocbe y una esplendorosa manana. (Lib. VII.)

Has de saber que todo lo creado requiere sostenimiento y nutrici6n . Entre los elementos, los mas densos alimentan a los mas puros: la tierra al mar, la tierra y el mar al aire, el aire a esas etereas luminarias, la primera entre todas, por ballarse la mas baja, la Luna, de abi esas mancbas que se ven en su faz, vapores no purificados, no convertidos aun en su propia sustancia. No deja la Luna de exbalar aliento a sus 6rbitas mas elevadas desde su bumedo continente. (Lib. V. )

~Que dirias si esa claridad enviada por ella a traves de Ia vasta transparencia del aire a Ia terrestre Luna actuase como una estrella que Ia iluminase durante el dia, lo mismo que ella ilumina por las nocbes a Ia Luna? Seria un servicio reciproco si esta tuviera suelos, campos y babitantes. Ves sus mancbas como nubes, pues las nubes pueden producir lluvia, y Ia lluvia rendir frutos en su suelo reblandecido, para que sirvieran de alimento a los que en Ia Luna pudieran estar viviendo. Y tambien se te antojarian otros soles con sus lunas comunicando claridad masculina y claridad femenina, esos dos grandes sexos que animan el mundo y que quizas existan y diferencien entre si los seres que babitan en todos los orbes. (Lib. VIII.)

Menos brillante, precisamente opuesta en nivel, en e! occidente, al Sol, como espejo para mirarse, estaba la Luna con su luz llena, que de el recibe prestada, y no necesitando ninguna otra luz, guarda aquella distancia basta la nocbe ; entonces le llega el tumo de amp liar su carrera y tambien en el oriente brilla, revol-

[John Milton, El Paraiso perdido. Trad. M . J. Barroso-Bonz6n]

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Joseph Addison: El maravilloso cuento

William Blake: Lareina

Tan pronto como prevalecen las sombras de la [noche, la Luna prosigue el maravilloso cuento, y cada noche a la tierra atenta repite Ia historia de su nacimiento; mientras, todas las estrellas que en torno arden y todos los planetas a su turno confirman el relata mientras giran y difunden Ia verdad de polo a polo.

y a Ia silenciosa Elynittria, Ia reina del arco de plata . .. [De "Europa", 1794, Primeros libros profeticos. Trad. Agusti Bartra]

[De "Oda". Trad. Laura Villasenor]

D Samuel Taylor Coleridge: Del Poema del viejo marino Lleg6 la errante Luna a lo alto del cielo, sin detenerse nunca: suavemente subia, con una o dos estrellas. [Trad. M . Manent]

Henri Rousseau, La encantadora de serpientes, 1907

~

Percy Bysshe Shelley:

La Luna

De La nube

Y cual moribunda dama, enjuta y palida, que avanzando vacilante, envuelta en velos va[porosos, emerge de su estancia, conducida por el demen[te, debil vagar de su menguante juicio, Ia Luna alzose en e] oscuro Este, blanca y amorfa masa.

La nina de ojos vivos que vierte fuego blanco y a quien los hombres Haman Luna sobredora Ia lana sedosa de mi sueto que a media noche el viento turba. Y dondequiera el peso de sus ocultas plantas, que oyen los angeles tan solo, rompe Ia tenue trama del techo de mi tienda. [Trad. Fernando Maristany]

(. Te da esa palidez la fatiga de trepar cielos y mirar Ia tierra en vagar solitario, entre estrellas de distinto nacimiento, y cambiando siempre, cual pupila triste que no halla objeto digno a su constancia? [Trad. Elisabeth Mulder]

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De Los vagabundos del universo

De A una alondra

Luna, peregrino paJido de un camino sin hogar: ,: noche o dia en sus abismos un !echo acaso te dan?

Tierra y aire ahora de tu voz resuena, cual callada hora de noche serena, cuando de luz Ia Luna tierra y cielo llena.

[Trad. Enrique Diez-Canedo]

[Trad. Anselmo Gomez]

Remedios Varo, Papilla estelar

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John Keats: De De puntillas anduve

0 por la Luna, cuando su plateado borde asoma por las nubes, en un flotar pausado, alcanzando el azul, ya con su luz entera. i Oh madre de los dulces poetas! i Oh deleite de la tierra y de sus moradores amables! Ornadora de nubes, luz en cristal de rios, mezclada con las hojas, los rocios y arroyos, tu que <;ierras los lindos ojos para los suefios lindos, de soledades amiga y del vagar, de los ojos alzados y del meditar tierno. i Oh Reina de los vastos aires, la mas graciosa reina de resplandores que yo vi era en mi vida! Como tu brillo excede a toda luz, tu historia aventaja en dulzura a todas las consejas. i Ah, si con tres palabras de miel contar pudiera solo una maravilla de tu noche nupcial! [Trad. M. Manent]

D

Alfred Tennyson: De No me preguntes

No me preguntes. Copia el mar Ia Luna; las nubes toman forma de montes y de cabos en el cielo; mas yo i que puedo responderte, amada? No me preguntes.

No me preguntes. Sobre tu destino y el mio un astro fluye; vano es luchar; bacia el torrente vamos y hallaremos reposo en su hondo cauce. No me preguntes. [Trad. Carmela Eulate Sanjurjo]

~

Wilkie Collins: Historia de la piedra lunar

Una de las mas disparatadas historias era Ia que giraba en torno de un Diamante Amarillo, gema famosa en los anales nativos de la India. La mas antigua de las tradiciones conocidas afirmaba que habia estado engastada en Ia frente de Ia deidad india de cuatro manos que simboliza Ia Luna. Debido en parte a su peculiar coloracion y en parte a una superstici6n que Ia hacia participe de las cualidades del idolo a! cual servia de ornamento y a Ia circunstancia de que su brillo aumentaba o disminuia en potencia, segun aumentara o disminuyera en intensidad el de Ia Luna, recibi6 primitivamente el nombre con el cual aun hoy

se la conoce en la India: la Piedra Lunar. Una superstici6n parecida predomin6 en la Grecia antigua y en Roma, aunque no vinculada como aquella de Ia India a un diamante consagrado al servicio de un dios, sino a una piedra semitransparente y perteneciente a una var:edad inferior de gemas, que se suponia era sensible a las influencias de Ia Luna, tambien en este caso, dio su nombre a Ia piedra, que sigue siendo llamada asi por los coleccionistas de nuestro tiempo. Las aventuras del Diamante Amarillo comienzan en el undecimo siglo de Ia Era Cristiana. Por ese entonces atraves6 Ia India el conquistador mahometano Mahmoud de Ghiz117

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ni; luego de apoderarse de Ia ciudad sagrada de Somnauth, despoj6 de sus. tesoros al famoso templo que durante muchos s1glos fuera el santuario de los peregrines indostanicos y Ia maravilla del mundo oriental. De todos los idolos adorados en el templo, s6lo el dios lunar escap6 a Ia rapacidad de los conquistadores mahometanos. Protegida por tres brahamanes, Ia deidad inviolada que lucia en su frente el Diamante Amarillo fue quitada de alii durante Ia noche y transportada a Ia segunda de las ciudades sagradas de Ia India: Benarcs. Alii, en un nuevo .templo -y en un recinto incrustado de piedras preciosas y bajo un techo sostenido por pilares de oro-, fue colocado y adorado el dios lunar. Alli tambien, y en Ia noche d el dia en que se dio termino a Ia erecci6n del santuario, apareciose a los tres brahamanes, en sueiio, Vichnu el Preservador. Impregn6 el dios con su aliento divino el Diamante ubicado en Ia frente del idolo. Y los tres brahamanes cayeron de hinojos ocultando sus rostros en sus tunicas. Vichnu orden6 luego que Ia Piedra Lunar habria de ser vigilada desde entonces por tres sacerdotes que deberian turnarse dia y noche, hasta Ia ultima generaci6n de los hombres. Y los brahmanes escucharon su voz y acataron su

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voluntad con una reverencia. La deidad predijo una especie de desastre al presuntuoso mortal que posase sus manos en Ia gema sagrada y tambien a todos los de su casa y su sangre que Ia heredaran despues de el. Y los brahamanes decidieron estampar Ia sentencia en letras de oro sabre las puertas del santuario. Sucedieronse los siglos y, generaci6n tras generaci6n los sucesores de los tres brahamanes mantuvi~ron su vigilancia sabre la inapreciable Piedra Lunar, durante el dia y Ia noche. Las centurias fueron pasando hasta arribar a los primeros aiios del. siglo dieciocho .de la Era Cristiana, que vio remar ~ Aurengze1b, Emperador de los mongoles. Bajo su mando el estrago y la rapjiia desataronse nuevamente en los templos donde se adoraba a Brahma. El santuario del dios de las cuatro manos fue profanado, luego de haber sido muertos los animales sagrados; las imagenes de los dioses fueron despedazadas y Ia Piedra Lunar cay6 en manos de un oficial de alta graduaci6n del ejercito de Aurengzeib. No pudiendo recuperar su tesoro perdido mediante la lucha franca, los tres sacerdotes guardianes siguieronlo y continuaron vigilandolo a escondidas. Una tras otra fueron pasando las generaciones; el guerrero re~ponsable del ~acri足 legio pereci6 de man era m1serable; l.a. ,P1edra Lunar fue deslizandose (con Ia mald1C10n encima) de las manos de un infiel musulman a las de otro; y siempre en media de todas las vicisitudes, siguieron vigilandola, a Ia espera del dia en que Ia voluntad de Vichnu el Preservador decidiera reintegrarles Ia gema sagrada. Pasaron los afios, hasta llegar a las postrimerias del siglo decimoctavo de Ia Era Cristiana. El diamante cay6 en poder de Tippo, Sultan de Seringapatam, quien orden6 que se le colocara a manera de adorno en Ia empuiiadura de una daga, disponiendo que Ia misma fuese depositada entre los mas valiosos tesoros de su armeria. y aun alii, en el propio palacio del sultan, los tres sacerdotes guardianes prosiguieron velando en secreta. Habia en Ia casa de Tippo tres oficiales extranjeros que se ganaron la confianza de su amo acatando o simulando acatar ]a fe musulmana y los rumores decian que se trataba de los t;es sacerdotes, disfrazados. [La piedra lunar, 1868. Trad. Horacio Laurora]

Thomas Hardy: De V elada de estio

Con mano distraida, corte un tallo de perejil y sople hacia la Luna: no pense que llegaran los espi~itus . , . con inciertas pisadas, al compas de m1 mus1ca. [Trad. M . Manent]

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Oscar Wilde:

De La bella donna della mia mente Tan bella es, que vista humana verla no puede sin gozar: mas que una reina, 0 cortesana, o luz de Luna sobre el mar. [Trad. Balbino Davalos]

La Luna roja SALOME Espero que mis esclavas me traigan perfumes, los siete velos y me quiten mis sandalias. (Las esclavas traen perfumes y los siete velos y le quitan las sandalias a Salome) . HERO DES

i Ah! vas a bailar descalza. Esta bien. Esta bien. Tus piececitos seran como palomas blancas. Pareceran florecitas blancas que bailan sabre un arbol. . . i Ah!, no. Va a bailar en Ia sangre. Hay sangre en el suelo. No quiero que baile en Ia sangre. Sera de mal agiiero. HERODIAS

i Que te importa que baile en Ia sangre? Tu has marchado sabre ella, tu . .. HERO DES

iQue me importa? i Ah!, mira Ia Luna. Se ha puesto roja. Se ha puesto roja como sangre. j Ah!, bien lo habia predicho el Profeta. Predijo que Ia Luna se pondria roja como sangre. i Verdad que lo predijo? Todos lo habeis oido. La Luna se ha puesto roja como sangre. iNo Ia ves? HERODIAS

La veo muy bien, y las estrellas caen como higos verdes, i verdad? Y el Sol se pone negro como un saco de pelo, y los reyes de Ia tierra tienen miedo. Esto a] menos se ve. Por una vez en su vida el Profeta ha tenido raz6n. Los reyes de Ia tierra tienen miedo. . . En fin, entremos. Estas enfermo. Van a decir en Roma que estas loco. Entremos, te digo.

Aubrey Beardsley, La mujer en la Luna, 1894

[Salome. Trad. Efren Rebolledo]

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D William Butler Yeats: Las manzanas plateadas Aunque llegue a viejo de tanto errar por tierras huecas y tierras ondulantes, descubrin~ adonde se fue ella y le besare los labios y taman~ sus manos; y caminare entre el alto cesped berrendo, y cortare hasta el fin del tiempo y de los [tiempos las manzanas plateadas de la Luna, las doradas manzanas del Sol.

T. S. Eliot Oh, la Luna fulguraba r<!diantemente sabre la senora Porter. Y sobre su hija. Elias se Iavan los pies con agua gaseosa. [Tierra baldia. Trad. Angel Flores]

("La canci6n del Aengus errante". Trad. Laura Villasenor]

Hilaire Belloc: Bue1KlS noches, hermana La Luna a un lado, el alba al otro: la Luna es mi hermana, mi hermano es el alba. La Luna a mi izquierda, el alba a mi diestra. Buenos dias, hermano: buenas naches, [hermana. [De "La temprana manana" . Trad. Laura Villasenor]

Paul Klee, Ciudad adornada, 1927

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Christopher Fry: Un circunambulante a/rodisiaco

Thomas.-Quisiera estar lo mas pronto posible alla arriba, paseando en la Luna. Por sus blancas endas de3dentadas. Pero me quedare en el mundo ]ennet.-Eso son riquezas que enloquecen. ~Que diriamos de Ia Luna que no tiene nada? No tiene ganso ni lech6n Y sin embargo logra ser Ia gracia de los cielos E indujo a Ia envidiosa Reina de Saba A banarse en mercurio para que las fuentes De Saba salpicasen delirantes en Ia luz de su seno. Pero muri6, Ia pobre reina, Brillando menos que Ia leche de sus mil vacas Shorthorn Thomas.-~Que ha pasado?

~D6nde esta Ia muchacha con quien hable esta tarde, ~a de~ Hecho Esencial? Seguramente sa be, s1 es smcera Conmigo misma, que Ia Luna es solamente Un circunambulante afrodisiaco Divinamente estipendiado para incitar a! mundo A aumentar Ia natalidad -un enchapado De Ia mas pura Venus en las tablas del Tiempo. Que bien puede enganar al oceano, pero no a mi.

[La dama no es para la hoguera, III, 1949. Trad. Rosa Chace!)

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Walter Starkie: Musica en la noche

"No cabe duda; Ia maldici6n del gitano esta sobre mi esta noche", me dije mientras me removia en Ia cama de mi celda. Debe de ser el efecto de Ia Luna llena. El Sol se puso y se levant6 Ia Luna amarilla; el diablo vive en Ia Luna para el mal. Mientras brilla el Sol estoy tranquilo y contento. Pero tan pronto como empiezan los rayos de Ia Luna a penetrar en mi celda siento el deseo intranquilo de escapar por encima de los muros del monasterio. Estoy volviendo a ser un lunatico y, como dijo Dekker en el siglo xvr, "lunatico significa loco, porque Ia Luna tiene su mas grande influencia en los cuerpos de personas freneticas; y lo mismo que ella nunca esta de Ia misma forma dos naches seguidas, sino que anda arriba y abajo por el cielo como un buf6n, asi e] lunatico nunca se detiene un dia en su sitio, sino que es el {mico vii transfuga sobre Ia tierra". La Luna despierta ideas paganas en mi mente; recuerdos de Diana, su hija Ariadna, diosa de los vagabundos, y Ia noche de las brujas en el aquelarre. Una noche Ia tentaci6n fue demasiado fuerte; sali de Ia cam a y me vesti. Cogi mi violin de su caja, me deslice sin ruido escaleras abajo y pase por el claustra interior a! jardin. Ni un alma habia alii. El jardin parecia blanco bajo Ia luz de Ia Luna, y Ia fuente de agua en el centro brillaba como plata. A traves del jardin se extendia Ia sombra oblicua del cipres como una maligna presencia. Durante largo tiempo estuve sentado al borde de marmol de Ia fuente, hechizado por el silencio peligroso de Ia hora de medianoche. Los {micos sonidos que habia parecian venir de las estrellas que titilaban arriba. Los rayos de Ia Luna cortaban los arcos aqui y alia en dibujos de calados fantasticos, s6lo vivos para reforzar las sombras mas misteriosas. Empece a tocar suavemente y con sordina, repitiendo siempre el mismo motivo, para hipnotizarme. [Aventuras de un irlandes en Espana, Madrid, 1965]

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V. Hispono-A.robes-Hebreos

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Selomo Ibn Gahirol: Himno al creador de la Luna Ella suscita de uno a otro de sus meses los cambios del mundo y sus suertes. Asi como sus bienes y sus males "con el beneplacito de su Creador, a fin de mostrar a los hombres sus poderes".

Marc Chagall, Naches arabes

Quien declarara tu grandeza cuando circundaste sobre la esfera del fuego la esfera del firmamenta, en la cual esta la Luna, y ella del resplandor del Sol se beneficia y resplandece. Y en veintinueve dias completa su 6rbita y alcanza el punto de su termino. Y de sus secretas !eyes, unas son sencillas y otras son profundas ; y su cuerpo es inferior respecto al de la Tierra en la proporci6n de una a treinta y nueve partes.

Quien recordari tus loores, cuando hiciste la Luna, cabeza de c6mputos, de fiestas y solemnidades, de ciclos y senales por dias y anos. Durante la noche es su dominio, hasta que se cumple su plazo y se oscurece su resplandor. Y se cubre con su manto de oscuridad, puesto que del luminar del Sol procede su luz. En la noche decimocuarta, si los dos permanecen en la linea nodal, interponiendose esta entre ellos, entonces la Luna no ostenta su luz y se apaga su brillo. A fin de que conozcan todos los pueblos de la Tierra que sobre las criaturas superiores, a pesar de su nobleza, existe un juez que humilla y levanta. Pero la Luna revive despues de su falta y brilla despues de su eclipse. Y cuando se conjunta el fin del mes con el Sol, si el nodo se interpone entre ellos, permaneciendo los dos astros en la misma linea, entonces la Luna se antepone a! Sol, talmente negra nube, y la luz del Sol se esconde de la vista de todos sus observadores, a fin de que todos ellos conozcan que Ia realeza no pertenece al ejercito de los cielos y a sus legiones, sino que sobre ellos hay un Senor que puede oscurecer sus luminares, el cual por encima de todo ser alto y excelso esta velado. Y asi los que creen que el Sol es un dios, entonces se avergi.i.enzan de sus imaginaciones y quedan rectificadas sus palabras. Y conocen que Ia mano del Senor hace esto, sin que para el Sol exista poder; para el que oscurece Ia luz del Sol, para El solo es el poder. El envia el Sol como uno de sus siervos, galard6n de sus mercedes. Vela su luz, corta su culto idola trico y "le quita su soberania". (Hebrco espaiiol, Siglo xr. Del Keter Malkut. Poesia hebraica postbiblica, Barcelona, 1953 . Trad . J. Millis Vallicrosal

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Mose Ibn Ezra: Cancion

Ben Burd el nieto: La Luna

Mi vida doy por estas bellas muchachas cuyos cabellos son negros como Ia noche y su faz blanca como Luna, cuando tocan la citara o el caramillo en sus pechos parecen madres que arnamantan a sus hijos.

La Luna es como un espejo cuyo alinde ha sido empanado por los suspiros de las doncellas.

[Hebreo espaiiol. Siglo xn.

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rad. Jose Maria Millas Vallicrosa]

Y Ia noche se viste con la luz de su lampara como Ia negra tinta se viste con el blanco papel. [Arabigo andaluz. Siglo

XI.

Trad. Emilio Garda Gomez]

D Yehuda Ha-Levi: Poesia baquica He aqui que me di en prenda para una gacela que durante Ia noche me acompan6 con Ia musica de arpas y flautas acordadas, Ia cual, viendo en mi mano preparada la copa, me dijo: "Bebe entre mis labios sangre como de uvas". Entre tanto, la Luna se mostraba como una tilde de yod, escrita sabre la tunica de la auriga, con tinta de oro. [Hebreo espaiiol. Siglo xr-xu. Trad. Jose Maria Millas Vallicrosa]

Jainl Najman Bialik: De Las estrellas brillan y se apagan Todos dirigen sus preces a la luz, pero los labios se fatigan en Ia oraci6n; las casas se alargan y hastian, pues giran y vuelven incansablemente. i Ay, cuan largas son las naches! Diriase que Ia misma Luna menguante bosteza en el horizonte, de cansancio, y espera el dia para adormecerse. [Hebreo. Siglo xrx-xx. Trad. Jose Maria Mlllas Vallicrosa]

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1'1. Hungria

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Lunas en Ia poesia hiingara:

David Baroti Szabo (1739-1819) Odaa la Luna Atribuyen a ti las alegr!as -mas dukes que la miel-, y me dejas, cuando decreces, viendo en ti mi destino; pero te restableceras y acaso en un otoiio proximo sobre mi tumba resplandezcas.

Laszlo Szentjobi Szabo (1767-1795) A Ia Luna Ven, apacible Luna, y con tu hermosa luz consigue nuestra tranquilidad. Solo tu logras, cuando sales, acabar con tristezas y ansiedades.

Ferenc Kolcsey (1790-1838) A Ia Luna Abre sus brazos a la Luna deseando abrazar a Ia mujer ideal; mas, vados, los cierra y se siente engaiiado.

Mihaly Csokonai Vitez (1773-1805) Ala soledad La ligera, Ia eterea Luna alumbra los costados de las hayas, y en un fresco y noctumo sueiio envuelve a! angel de la noche sosegada.

Arpad Toth ( 1886-1928) La Luna La fresca Luna el aire inunda con su oro, y sus rubios rayos bailando se deslizan. Afuera resplandece Ia hilera de los ventanales como esplendente y colorida arcada.

Mihaly Babits (1883-1941) Pregunta vespertina ~ Por que existen colinas, mar, follajes donde no esparce Ia simiente el sembrador? ~ Por que existen los flujos y reflujos, y las nubes, Danaides tristes? i Y por que existe e! Sol, piedra ardiente de [Sisifo T ~ Por que existen recuerdos y pasado? ~ Por que las lam paras, por que las lunas, y por que el tiempo, que no tiene fin? 0 toma como ejemplo una brizna de cesped: ~ por que crece Ia hierba si su destino es agostarse, por que se seca si despues ha de crecer?

Attila Jozsef (1905-193 7) Si la Luna ilumina Si Ia Luna ilumina con su luz muda y de ultratumba, se abren las salas en mi sueiio; el nino escapa de su cuarto, va a Ia cocina, corta el pan y asustado lo mordisquea. [Trad. Gabriel Makay-Ali Chumacero]

Sandor Petofi (1823-1849) La carreta tirada por cuatro bueyes Era una noche clara. La Luna blanquecina transitaba por entre los jirones de las nubes como una dama triste que a! cementerio fuera en busca de la tumba de su amado.

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VII. ltalia

San Francesco d' Assisi: La hermana Luna Alabado seas, Seiior, por Ia Hermana Luna y las estrellas; en los cielos, claras, preciosas y bellas.

Tu las has formado

[De El cantico de las criaturas, 1224. Trad. Manuel Duran]

D

Francesco Petrarca: No hay tantos animales en las ondas

No hay tantos animales en las ondas, ni menos sabre el cerco de la Luna tantas estrellas vido alguna noche, ni tantas aves vuelan por los bosques, ni aun tantas hierbas nacen en el campo cuantos son mis suspiros cada tarde.

i Oh, si ya con el curso de la Luna canci6n hecha de noche entre estos bosques, rico campo veras manana y tarde! [Trad. Enrique Garces]

De dia en dia espero alguna tarde que de mi aparte tan continuas ondas y sosegar me deje en algun campo, que nadie aca debajo de la Luna paso tantos martirios, y los bosques lo saben donde vivo dia y noche. Yo no tuve jamas quieta noche, mas suspirando voy manana y tarde despues que ciudadano soy de bosques, y antes que pare, el mar sera sin ondas y al Sol clara la luz oscura Luna y flares no tendra de abril el campo. Consumiendome voy de campo en campo, pensando y lamentando dia y noche sin mas sosiego haber que hay en la Luna, sacando unos suspiros en la tarde que puede mover selvas, y unas ondas que bastaran regarlas ya unos bosques. Los pueblos me dan pena, y de los bosques recibo alivio, porque por el campo al son voy desfogando de las ondas por el silencio dulce de la noche, do espero todo el dia en que la tarde el Sol parta y Iugar tenga la Luna. j Oh, si ya con el curso de la Luna me adormeciese entre estos verdes bosques, y aquesta que ante tiempo trae la tarde conmigo y con Amor en ague! campo viniese a estarse al menos una noche, y no saliese el Sol de entre las ondas!

H oroscopion. lngolstad, 1533

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~

Giacomo Leopardi:

i Como son los selenitas? TIERRA:

De Canto nocturno de un pastor errabundo en Asia

~De

que color son esos hombres? LuNA:~Cwiles hombres? TIERRA: Los que contienes. ~No dices que estas habitada? LuNA: Si ~y con eso? TIERRA: y con eso no seran bestias todos tus habitantes. LuNA: Ni bestias ni hombres; que yo no se que clase de criaturas sean ni los unos ni las otras. Y de todas esas casas a que has estado aludiendo, segun creo, a prop6sito de los hombres, no he entendido ni pizca. TIERRA: Pero ~que pueblos son esos? LuNA: Son de muchisimas y diversisimas suertes, que tu no conoces como yo no conozco las de los tuyos. TIERRA: Esto que dices me maravilla a!路 pun to que, si no lo oyera de tus mismos labios, no lo creeria par ninguna raz6n en el mundo. ~ Fuiste conquistada alguna vez par alguno de los tuyos? L UNA: Que yo sepa no. ~ y como? ~ y por que? TIERRA: Por ambici6n, por codicia de lo ajeno, con las artes politicas, con las armas. LUNA.: No se que quieren decir armas, ambiciones, artes politicas, en suma, no se de que me hablas.

i Que haces, Luna, en el cielo? Dime, ~que ha[ces, astra hecho de silencio? Sales de noche, y vas contemplando desiertos ; luego caes. iNo te has cansado aun de recorrer caminos siempre iguales? i No te aburres aun, te regodeas al mirar estos valles? Se parece tu vida a la de los pastores. Se levantan al alba, avanzan por los campos con sus greyes, ven rebafios y prados; y, cansados, reposan par !a tarde : otra cosa no esperan. Di, Luna: ipara que !a vida del pastor, o bien tu vida? Dime: i a d6nde van mi breve caminar y tu curso inmortal? [Trad. Manuel Duran]

0

[Del Dialogo entre la tierra y la luna, en Orbitas morales. Trad. Jorge Hernandez Campos]

Giosue Carducci:

De Panteismo

De Serenaia

Nunca os lo dije, vigilantes astros, ni a ti tampoco, omnividente Sol; solo su nombre de fulgentes rastros luce, en mi pecho mudo, su arrebol.

Las estrellas que v1a1an sabre el mar dicen : "Oh, Luna, no quieras dormir; quierete, hermosa Luna, levantar, que deseamos por el mundo ir.

Mas, en !a sombra de !a noche vaga, se lo cuentan con voz inoportuna las estrellas, y e! Sol cuando se apaga lo charla en sus coloquios con !a Luna.

Parar queremos en !a camarita donde en suefios esta nuestra hermanita. Morena y reluciente cual ninguna que un mago nos rob6, oh madre Luna." . ~Trad. H. Giner de los Rios]

[Trad. Juan Luis Estelrich]

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D Giuseppe Ungaretti: De La muerte meditada Tus manos se hacen como un soplo de inviolables lontananzas, inaferrables como las ideas, y el equivoco de la Luna y el balancearse, dulcisimos, si quieres posarmelas sabre los ojos, tocan el alma. [Trad. Vintila Haria y Jesus Lopez PachecoJ

Salvatore Quasimodo: A la nueva Luna En el principia Dios cre6 el cielo y la tierra; luego en su dia exacto puso las luminarias en el cielo, y el septimo dia descanso. Despues de millones de aiios, el hombre, hecho a su imagen y semejanza, sin descansar nunca, con su inteligencia laica, sin temor, en el cielo sereno de una noche de octubre, puso otras luminarias iguales a las que giraban dcsde la creaci6n del mundo. Amen. [Trad. Vintila Haria y Jesus Lopez Pacheco]

De Que larga noche Sandro Penna: La noche Luego quedamos pocos, sin mujeres en el campo. El frio habia cesado. Nos miramos en silencio. Gcrminaba la tierra cuando un muchacho record6: "En [la otra estaci6n mire a una mujer." Y tu decias: "Quien a! Sol tiene sed deje la bicicleta y espere a la Luna." [Trad. Vintila Haria y Jesus Lopez Pacheco]

Que larga noche y Luna roja y verde a su grito entre azahares ... [Trad. Franco Mogni]

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Epitetos italianos a Ia Luna Una cara can6nica D'ANNUNZIO

Una carlinga de madreperla MARINE TTl

Cesare Pavese: De Mujeres apasionadas Aquella ignota extranjera que nadaba de noche sola y desnuda en la oscuridad, cuando cambia [la: Luna, desapareci6 una noche y ya no volvi6. Era alta y debia ser blanca y deslumbrante para que los ojos, desde el fonda del mar, la [alcanzaran.

Una pluma del cielo UNGARETTI

U n cordero dormido GovONI

Una moneda de oro escapada del holsillo del chaleco de Dios Una herida de cuchillo

. Una naranja pasada

PAVESE

[Trad. Vintila Horia y Jesus Lopez Pacheco]

BRANCA TTl

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VIII. Polonia

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Adam Mickiewicz: El senor Tadeo

Prendi6 la Luna, al fin, su blanca antorcha y, saliendo del bosque, alumbr6 cielo y tierra que, uno al lado del otro, en la penumbra cual esposos felices dormitaban: el cielo rodeo con brazos puros el pecho de la tierra plateado de Luna. Frente a la Luna, un astro y otro a brillar empiezan y miles y millones parpadean. [Trad. Jadwiga Kaminska y Juan Rejano]

Max Ernst, La Luna se aburre el domingo, 1964

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IX. Portugal

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Guerra Junqueiro:

De Eras a la Luna

De La molinera

i Albor de Luna en las eras! i Blancuras mas voladeras

que sabanas de hilanderas o espuma de aguas de mar! ... Sabre espigas de oro, las espigaderas bailan en Ia argentea claridad lunar . .. i Bailad, bajo las llorosas

claridades misteriosas, floraciones, nebulosas, nimbos de vagos martirios!. .. Dios guarda, en Ia aurora, Ia sangre a las rosas, y ordefia, en Ia Luna, Ia leche a los lirios . ..

Anochece . . . Suenan los bronces lejanos . j Molinera blanca, de blancos de Luna! Tras, tras . . . Y por verte pasar, tus hermanos los astros entreabren, piadosos y humanos, sus ojitos dukes de nifios de cuna. Tras, tras. . . Y mirando, blancura divina, entre las estrellas la Luna sin velo, piensa el rucio: "i Dios me valga, vecina! i Quien sera el que muele tanta rubia harina con la muela blanca que esta aBa en el . 1o ?" .... [c1e [1850-1923]

i Plata y oro amontonado,

luz de Luna y pan dorado, polvo de trigo hacinado, y hechizos que en e] estan! - j Oh, bailad en torno del mont6n nevada que sera corteza sabre vuestro pan!

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Fernando Pessoa: Lunas

Si Dios es las flares y los arboles, Los montes, el sol y el claro de Luna, Entonces creo en el, Creo en el a todas horas, Toda mi vida es oraci6n y misa, Una comuni6n con los ojos y los oidos. Pero si Dios es los arboles y las flares, Los montes, la Luna, el Sol, (.Para que lo Barno Dios? Lo Barno flores, arboles, montes, Luna, Sol. [Trad. Octavio Paz]

Lejos, bajo la Luna, En el rio una vela Serena pasa. (.Que es lo que me revela? La Luna comienza a ser real. [Trad. Rodolfo Alonso]

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X. Rusia â&#x20AC;˘

Alexander Pushkin: Recuerdos en Tzarskoye SelO

Y la Luna, en silencio, como un cisne majestuoso navega entre nubes de plata. [Trad. Nina Bulgakova y Samuel Feijoo]

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Leon Tolstoi: La noche del Principe Andrei

El principe Andrei se levanto para abrir Ia ventana. La luz clara de Ia Luna como si hubiera estado espiando aquel insta~te desde fuera, inundo Ia habitacion. La noche era fresca. llena de inquietud y claridad. Frente a Ia ven~ tana del principe se alineaban arboles negro3 por un !ado y plateados por el otro; a! pie de los troncos crecia una vegetaci6n exuberante y humeda con algunas manchas de plata en hojas y tallos; mas alia, pasados otros arboles negros, brillaba un tejado cubierto de rocio; a Ia derecha, otro gran arbol, muy frondoso, de ramas y troncos casi blancos; y sobre todo esto, Ia Luna, casi en su plenitud, y el cielo primaveral con muy pocas estrellas. El principe Andrei se acodo en Ia ventana y sus ojos se detuvieron en el cielo. La habitacion del prlncipe Andrei estaba en el piso de enmedio. Encima de el habia gente,

y tampoco dormian aun. Hasta el llegaba una conversacion femenina: - Otra vez . . . solo otra vez - dijo una voz que el p~incipe Andrei reconocio enseguida. -Pero t cuando te vas a dormir? - replicaba otra. -No dormire. No puedo. t Que quieres que haga? Vaya, Ia ultima vez . . . Y las dos voces cantaron una frase musical que era el final de alguna romanza. - j Oh, que hermosa! Y ahora a dormir, se acabo. -Duerme tu; yo no puedo -dijo Ia primera voz, que se acerco a Ia ventana. La muchacha debia de haberse asomado, porque se oyo el roce de su vestido, y hasta su respiracion. Todo estaba en silencio, _como petrificado: Ia Luna, Ia luz y las sombras. El principe Andrei tuvo miedo de moverse para no traicionar su involuntaria presencia. - j Sonia! i Sonia! -dijo de nuevo Ia primera voz-. i Como puedes dormir? ¡ i Fijate que maravilla! i Despiertate, Sonia! - y Ia voz parecio humedecerse en lagrimas- . Nunca he visto una noche tan deliciosa como esta. Sonia debio de responder con desgana. - j Oh, mira que Luna! i Que maravilla! Ven, ven aqui, querida ... ilo ves? M e sentaria asi, estrechando las rodi!Jas contra el pecho, bien apretadas, y me echaria a volar. i Asi! j Ea, basta, que puedes caerte! Oyose una breve lucha y Ia voz disgustada de Sonia: - j Ya ha dado Ia una! - j V ete, vete! i Siempre me lo echas todo a perder! Y de nuevo Ia noche se lleno de silencio. El principe Andrei sabia que Ia muchacha seguia alii; oia unas veces el !eve movimiento de su cuerpo; otras, un suspiro. - jDios mio, Dios mio! iQue es esto? -exclarno de pronto Ia voz- . i Vamo3 a dormir! - y ce rro Ia ventana. [La guerra y la paz, II, III, II. Trad. Francisco Jose

Ald.ntara y Jose L ain Entralgo]

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Paul Klee, Luna /lena, 1933

Alexander Blok: La plena Luna La plena Luna se路 alz6 sabre el prado como un circulo invariable, misterioso; brilla y calla. El prado floreciente, palido, palido: las tinieblas nocturnas que por el descansan, duermen. Da miedo salir a! camino : una quietud incomprensible reina bajo Ia, Luna. Aunque se: por !a manana saldra el Sol de !a bruma, alumbrara los campos, y entonces cruzare el sendero donde bajo cada hierba

Sergei Esenin:

De Ceso de hablar i Por quien llega, entra El calamar sueii.an con

sentir? Cada uno es un viajero: y de nuevo deja su hagar. y la Luna sabre !a charca azul los que ya no volveran.

[Trad. Vera Vinogradova y Octavio CorvalanJ

[Trad. Nina Bulgakova y Samuel Feijoo]

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Rufino Tamayo, Amantes contemplando la Luna [Fragmento]

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1. Argentina

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Esteban Echeverria: De Contestacion Feliz tu, que aspirando el aura pura del majestuoso Plata, Ia hermosura contemplas de Ia Luna, que asoma melanc6lica su frente como gentil beldad que de amor siente Ia congoja importuna.

D Rafael Obligado: Santos Vega Cuentan los criollos del suelo que, en tibia noche de Luna, en solitaria laguna p:ha Ia sombra su vuelo; que alii se ensancha, y un velo va sobre el agua formando, mientras se goza escuchando, por singular beneficio, el incesante bullicio que hacen las olas rodando.

Jose Marmol: De Los tro picos Brillantes, despejadas, inspiradoras, bellas, parecen las ideas del infinite ser que vagan en el eter en gl6bulos de lumbre no bien que de su labio se cscapan una vez. Y en medio de elias, rubia, cercana, [transparen te, con iris y aureolas magnificas de luz, Ia Luna se presenta como la Virgen-madre que pasa bendiciendo los hijos de Jesus.

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Estanislao del Campo: Del Fausto

Leopoldo Diaz: Simbolo Dijo a Ia blanca Luna el asfodelo: "i Oh, reina del azul solemne y triste! i Que misteriosa palidez te viste, Ofelia vagabunda por el cielo? "Candido cisne de color de hielo: i En que prof undo Fleget6n caiste? i A que brumoso paramo tendiste las plumas albas, con silente vuelo?" Call6 Ia flor . .. , y dobleg6 en Ia urn a su funebre corola taciturna cual simb6lica imagen de lo inerte; mientras el astro, como esquife indiano de vela de ambar, se perdi6 en lo arcana con rumbo a las riberas de Ia muerte.

Mozo jinetazo i ahijuna! como creo que no hay otro, capaz de llevar un potro a sofrenarlo en la Luna.*

* Cesar Fernandez Moreno informa que, segun algunos "gauchescos", en este pasaje "Ia Luna" no es el astro sino una marca que se hace en la tierra para faenas de ganaderia.

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Leopoldo Lugones : De Himno a la Luna

Luna, quiero cantarte, oh ilustre anciana de las mitologias, con todas las fperzas del arte. Deidad que en los antiguos dias . imprimiste en nuestro polvo tu sandaha, no alabare el liturgico furor de tus orgias ni tu erotica didascalia, para que alumbres sin mayores ironias, al poligloto elogio de las Guias, naches sentimentales de misses en Italia. Aumenta el almizcle de los gatos de algalia; exaspera con letargico veneno a las rosas ebrias de etileno como cortesanas modernas; y que a tu influjo activo, !a sangre de las virgenes tiernas corra en misterio significativo. Yo te hablare con maneras corteses aunque se que s6lo eres un esqueleto, y guardare tu secreta propicio a las cabelleras y a las mieses. Te amo porque eres generosa y buena. i Cuanto, cuanto albayalde llevas gastado en balde para adornar a tu hermana morena!

Ondina de las estelas, hada de las lentejuclas. Entre nubes a! bromuro, encalla como un tempano premature, hacienda relumbrar, en fractura de estrella, sobre el solariego muro los casco3 de botella. Por el confin obscuro, con narcotico balanceo de cuna, las olas se aterciopelan de Luna; y abren a Ia luz su tesoro en una dehiscencia de valvas de oro. Bajo su lene seda, duerme el paciente febrifugo suei'io, cuando en grata penumbra, sobre Ia selva que el Otoi'io herrumbra surge su cara sin ceno; su azufrado rostra sin orejas que sugiere la faz larnpii'ia de un mandarin de afeitadas cejas; o en congestiones bermejas como si saliera de una riii.a, sobre confusos arrabales finge !a lobrega linterna de algun semaforo de Juicios Finales que los tremendos trenes de Sabaoth intema. Solemne como un globo sobre una multitud, llega a! cenit Ia Luna.

Como la lenteja de un pendulo inmenso, regia su transcurso la dulce hora del amante indefenso que por fugaz Ia !lora, implorando con flebiles querellas su impavidez monarquica de astra; o bien semeja ampolla de alabastro que cuenta el tiempo en arena de estrellas. Mientras redondea su ampo en monotono viaje, el Sol, como un faisan crisolampo, la ampolla con ardor siempre nuevo. ~Que olimpico linaje brotara de ese luminoso huevo? Milagrosamente blanca sa tina morbideces de cold-cream y de histeria: carnes de esparrago que en linfatica miseria, la tenaza brutal de !a tos arranca. i Con que serenidad sabre los luengos siglos, nieva tu luz sus tibias capos, implacable ovilla en que la vieja Atropos trunca tantos ilustres abolengos!

Clarificando al acuarela el ambiente, en aridez fulgurosa de talco transforma a] feraz Continente lampara de alcanfor sabre un catafalco. Custodia que en Corpus sin campanas muestra su excelsitud al mundo sabio, reviviendo efemerides lejanas con un arcaismo, de astrolabio; inexpresable cero en el ' infinito, postigo de los eclipses, trompo que en el hila de las elipses bail a eternamente su baile de San Vito; hipnotica prisionera que concibe a los malign as hados en su esteril insomnia de soltera; Veronica de los desterrados; girasol que circunda con intrepidas alas los b6lidos, cual vastos colibries, en conflagracion de supremas bengaias; Ofelia de los alelies demacrada por improba bles desprecios; candela de las fobias, suspi'raculo de las novias, pan azimo de los necios.

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Henri Rousseau, La gitana dormida, 1897

AI resplandor turbio de una Luna con ojeras, los organillos del suburbia se carian las teclas moliendo habaneras.

El color muere en tu absoluto albinismo, y a pesar de Ia interna carcoma que socava en tu seno un abismo, todo es en ti inm6vil como un axioma.

Como una dama de senos yertos clavada de sien a sien por Ia neuralgia, cruza sobre los desiertos llena de mas alla y de nostalgia aquella Luna de los muertos. Aquella Luna deslumbrante y seca Una Luna de Ia Meca ...

El residua alcalino de tu aire, en que un cometa entr6 como un f6sforo en una probeta de alcohol superfino; carambanos de azogue en absurdo aplomo; vidrios sempiternos, llagas de bromo; silencio inexpugnable; y como parad6jica dendrita, Ia hueila de un prehist6rico selenita en un puiiado de ycso estable.

A traves de paramos sin ventura, paseas tu porosa estructura de hueso f6sil, y tus poros son mares que en Ia aridez de sus riberas, parecen maxilares de calaveras. Deleznada por siglos de intemperie, tu roca se desintegra en bloques de tapioca. Bajo 103 fuegos ustorios del Sol que te martiriza, sofocados en desolada ceniza, playas de celuloide son tus territories. Vigilan tu soledad montes cuyo vertigo es Ia eternidad.

Mas, ya dejan de estregar los grillos sus agrios esmeriles, y suena en los pensiles Ia cristaleria de los pajarillos. Y Ia Luna que en su halo de 6palo se engarza, bajo una bateria de telescopios, como una garza que escopetean cazadores impropios, cae a! mar de cabeza entre su plumaz6n de reflejos; pero tan lejos, que no cobraran Ia pieza. [Lunaria sentimental, Buenos Aires, 1909]

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Macedonio Fernandez: Poema al astro de luz memorial Poema a !a M em aria en lo astral (Yo todo lo voy diciendo para matar Ia muerte en "Ella") Tesis: Es mas Cielo !a Luna que el Cielo si una Cordialidad de Ia Altura es lo que buscamas. Astra terranalicio de Ia luz segunda astra terranalicio de Ia luz dulce que con aventura extrai'ia visitas las naches de Ia Tierra, unas si y otras no, pero siempre de una noche para otra con diversa libertad de visita, siempre 0 mas breve 0 mas detenida. y cada serie de tus visitas comienzas timidamente y mitad creces noche a noche y mitad decreces noche a noche, haciendote un visita?t~ diferente de noche en noche, para en mmimo ser cual comenzaste partir a un no volver de algunos dias. Astra terranalicio de un dia si y otro no de ' y otra menos, pero que no dejas ' una vez mas nunca de serlo. i Para que astra eres entonces visita de sus naches, pues no eres terrenal en tus ausencias o es que los otros dias piensas en ti sola com~ s6lo en Ia Tierra en las naches de tu plena luz? Dile a un poeta que no lo sabe todo. si esta hecha tu ausencia con un pensar en ti o quiza con un lucir a otro. Porque poeta e~ saberlo todo. Trechos de tu orbita Ia Tierra no los sabe y ella tan cierta esta de alg{!n imposible tuy~ para tenerse en sus noches y este amor alternante no se enduda, en tanto en mi hombre de continuidad en humano am~r que puso incurablemente en sospecha. Pero te amamos tanto, astra de Ia luz segunda, tu d.ulce luz tanto amamos memorizando a Ia Tierra el Sol no presente con tu luzrecuerdo; yo a! menos te amo tanto, que cuando vuelves ceso ~e creer en. ,tu ausencia de ayer y de otros d1as. Tam bien como Ia Tierra yo creo que solo por Imposible ayer no es~ tab as. Astro memorioso que esmeras un dia de cada dos en tocar de diurnidad Ia noche terrenal cual. si supieras que Ia memoria solar de I~ Tierra Solaricia es desfalleciente de un dia a otro alternado dia Y si antes y despues le has de hacer naches diurnales a Ia Tierra y lo h~ces ;u, tu que no tienes olvido por ausenCJa, tu. que ausente por noches frias en Ia memona d~ ti por la Tierra, inquietaste por Ia memona solar de Ia Tierra.

Tutora de Ia fidelidad terrenal a! recuerdo del Sol, en eso eres solaricia; pero eres terranalicia en tu fidelidad de campania a Ia orbita de Ia Tierra. He comprendido un misterio tuyo pero este no. Terranalicia tu, solaricia Ia Tierra i es que velas por toda Ia Memoria en el mundo y amas mas las :M;emoria>, por mas reales, que los presentes? Aqui calla sin comprender. i 0 es que no nos vienes en tu amor sino en un menos amor y en principal cuida del amor solaria de ]a Tierra? Cu~ndo te veo recien arribada, alcanzado por tJ nuestro borde, pareciendo vacilar alii y co~o a emprender un radar a lo largo del honzonte por gustarlo, y !uego te pliegas a un ascenso ique nos quieres decir asi? Quedemos sin saberlo hoy tam bien ; maiiana, mas tarde -para que son nuestros dias sino para trabajar mas y otra vez los misteriosmas energicamente, en buena hora de mi espiritu contemplare, escuchare el misterio de tu sentido en el Misterio Todo. Cuando tu quieres ser el ojo del cipres y con un mirar obseso aferras nuestra contemplacion debemos comprenderte dolorida, tanto como cuando nosotros en un no poder ya resisrir nos revolvemos como tu ahara oh unico astra que mira, (pues todos los astros saetean asperos de chispas que nunca miraron ). Oh unico astra de mirada, nos revolvemos clamando hacia el no ser. Y ya ahara te desprendiste del follaje y tiendes hacia el horizonte, te serenas, vagas y cuando Ia nubecilla en gran viento flota, te aguzas flecha disparada de ella vertiginosa para detenerte, serenarte cuando huiste bastante de aquel pasajero capo al que le opusiste tu fuga, caprichosa triste y complacida de tu juego y nuestro asombro, nos encaras con ligereza y en fin vas cayendo con ladeado mirar distraido hacia el borde del mundo. Y ya te fuiste, con tus pobres dichas y quejas. En toda Ia andanza, s6lo en el perfil de los cipreses lloraste, y tanto que pediste nuestra piedad. Y ahora por faltar tuyo un cielo sin mirada en las naches, ahara solo_ habra astros que agitan, no tu que acompanas. Oh, si, acompanas con ~~antas路 gracias saltas de copa en copa sigmendonos entre los arboles con tus saltitos de luz a sombras.

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El unico mirar dulce que Vlene de lo alto es el tuyo, el chispear del viaje de indiferencia de las otras estrellas molesta y agita, y no nos mira. Heridos de elias, corremos a ti cuando apareces y con dolor nuestro comienza Ia ausencia tuva. Si; porque pudiera que el movil chispear 'de las estrellas sea dolor como hay dolor en nosotros pero es que tu, Luna, que tambien sufres, miras y acompaiias. Eres mas sabia o afortunada en Ia mitigacion participante. Que es Ia Luna no lo sabemos hombres y aun artistas y poetas, que sentido tiene su ser y sus modos, su adhesion a Ia Tierra, su seguimiento al Sol, su mediaci6n mnemonica entre la Tierra y el Sol y por que quiere hacer diurnales unas y no otras de las noches terrenas, y tantas cosas mas, neciamente explicadas, que de elias ignoramos pero que solo puede explicarlas Ia Doctrina del Misterio. Que el Sol te atrae, que Ia Tierra tambien, que recibes Ia luz del Sol y sin amor, por fuerza la reflejas a la Tierra, estas no son explicaciones; no se nos dice por que el Sol brill a, por que en torno suyo gira Ia Luna en torno de Ia Tierra, ya que pudo ser otramente; por que hay una luz interceptable, por que hay luz que tiene sombras, por que ceden a su paso unas cosas y otras no y hay lo opaco y lo traslucido.

sino para que, razon para el alma, pues conciencia se anula si admite un mundo rigido, y todo el porque fisico no es mas que decirme el antes de algo, o sea una evasion no una respuesta. Lo que anhelamos explicar es que debemos sentir y adivinar ante estos hechos, ante el comportamiento lunar, que nos quiere decir y de que manera concierta con el misterio total unico. La espontaneidad, el acontecer libre, no es una respuesta; es un renunciamiento explicativo. Todavia no poeta, no soy poeta, no hay poeta, pues de esto no se sabe. Hasta ahora, pues, solo vivimos. Debio enseiiarsenos y debimos entenderlo antes que nuestro saber ingorado innato y luego nuestro acto nos hicieran gustar por primera vez el pecho materno. (. Pero como, se dira, ha de esperar el nino a conocer el sentido de Ia Luna para empezar a nutrirse, si entanto morira? (.Pero por que, digo yo, ha de precisar nutrirse antes de entender el sentido de la Luna y se ha de morir si deja lo uno por lo otro? La ciencia nada explica, es evidente; pero el poeta no lo dijo nunca tampoco, aun. Y yo mirare la proxima Luna todavia sin entenderla. Oh Luna, que puede amarse, bien me pareces Pobrecita del Cielo. [Poemas, Mexico, 1953]

Mecanica dira por que, pero yo no pregunto

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Andre Breton, Objeto-poema, 1941

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Jorge Luis Borges: La Luna Cuenta Ia historia que en aquel pasado Tiempo en que sucedieron tantas cosas Reales, imaginarias y dudosas, Un hombre concibi6 el desmesurado Provecto de cifrar el universo En un libro y con impetu infinito Erigi6 el alto y arduo manuscrito y lim6 y declam6 e] ultimo verso. Gracias iba a rendir a Ia fortuna Cuando a] alzar los ojos vio un brunido Disco en el aire y comprendi6, aturdido, Que se habia olvidado de Ia Luna. La historia que he narrado aunque fingida, Bien puede figurar el maleficio De cuantos ejercemos e] oficio De cambiar en palabras nuestra vida. Siempre se pierde lo esencial. Es una Ley de toda palabra sobre el numen. No Ia sabra eludir este resumen De mi largo comercio con Ia Luna. No se d6nde la vi por vez primera, Si en el cielo anterior de la doctrina Del griego o en Ia tarde que declina Sobre el patio del pozo y de Ia higuera. Segun se sabe, esta mudable vida Puede, entre tantas cosas, ser muy bella Y hubo asi alguna tarde en que con ella Te miramos, oh Luna compartida. Mas que las lunas de las noches puedo Recordar las del verso : Ia hechizada Dragon Moon que da horror a Ia balada Y Ia Luna sangrienta de Quevedo. De otra Luna de sangre y de escarlata Hab16 .Juan en su libro de feroces Prodigios y de jubilos atroces; Otras mas claras lunas hay de plata. Pitagoras con sangre ( narra una Tradici6n ) escribia en un espejo Y los hombres !elan el reflejo En aquel otro espejo que es Ia Luna. De hierro hay nna selva donde mora El alto lobo cuya extraiia suerte Es derribar Ia Luna y darle muerte Cuando enrojezca el mar Ia ultima aurora. ( Esto el Norte profetico lo sabe Y tambien que ese dia los abiertos

Mares del mundo infestara Ia nave Que se hace con las unas de los muertos.) Cuando, en Ginebra o Zurich, Ia fortuna Quiso que yo tambien fu era poeta, Me impuse, como todos, Ia secreta Obligaci6n de definir Ia Luna. Con una suerte de estudiosa pena Agotaba modestas variaciones, Bajo el vivo temor de que Lugones Ya hubiera usado el ambar o Ia arena. De lejano marfil, de humo, de fria Nieve fueron las lunas que alumbraron Versos que ciertamente no lograron El arduo honor de Ia tipografia. Pensaba que el poeta es aque] hombre Que, como el rojo Adan del Paraiso, Impone a cada cosa su preciso Y verdadero y no sabido nombre. Ariosto me ensen6 que en la dudosa Luna moran los suenos, lo inasible, El tiempo que se pierde, lo posible 0 lo imposible, que es Ia misma cosa. De Ia Diana triforme Apolodoro Me dej6 divisar Ia sombra magica; Hugo me dio una hoz que era de oro, Y un irlandes, su oscura Luna tragica. Y, mientras yo sondeaba aquella mina De las lunas de Ia mitologia, Ahi estaba, a Ia vuelta de una esquina, La Luna celestial de cada dia. Se que entre todas las palabras, una Hay para recordarla o figurarla. El secreto, a mi ver, esta en usarla Con humildad. Es Ia palabra Luna. Ya no me atrevo a macular su pura Aparici6n con una imagen vana; La veo indescifrable y cotidiana y mas alia de mi literatura. Se que Ia Luna o Ia palabra Luna Es una letra que fue creada para Ia compleja escritura de esa rara Cosa que somos, numerosa y una. Es uno de los Da el hado o De exaltaci6n Pueda escribir

simbolos que a] hombre e] azar para que un dia gloriosa o agonia su verdadero nombre. [El hacedor, Buenos Aires, 1960]

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11. Bolivia Manuel Jose Cortes: De A la naturaleza del Oriente de Bolivia Tefiida de carmin muestra la Luna su refulgente esfera: su luz bafia la sierra y la pradera.

Ill. Brasil

D

Lunas brasileiias

Jose de Alencar: De El sertanero

Gra~a

Ya era de noche. El cuarto creciente de Ia Luna que surgia en el horizonte azul esparcia sabre Ia tierra una claridad indecisa y tenue que se quedaba fluctuando en Ia atmosfera como finisima gasa, tejida de plateados hilos.

Se levant6, y las muchachas corrieron ansiosas hacia las sillas, temerosas de perderlas. La primera mirada de los tres fue para el cuadro del exterior. Toda Ia tierra estaba inundada de un blanco clara de Luna; las nubes, bajando del cielo, se despedazaban en el horizonte, y el inmensa espacio, vaporoso, libre, palido sin estrellas, se iba transformando en una superficic de crista!, pura, rigida. transparente. El verde de los arboles se suavizaba con aquella luz diamantina; el torrente corria a borbotones; su viento manso balanceaba las ramas, y las sambras de los arboles, largas todavia, danzaban inquietas.

Aranha: De Canaan

Caia la tarde. La sornbra que vestia ese !ado de los edificios contribuia tal vez a hacer aun mas melanc6lica Ia expresi6n de la doncella. Sus ojos limpidos pasaban por entre el follaje calado de un lentisco yendo a sumergirse en el azul del cielo, donde asomaba el disco de plata de Ia Luna. Alii quedaban inm6viles, fijos, como dos rayos del nostalgico y dulce astra de Ia noche que estuvieran impregnandose en su seno e hinchiendose de Ia luz celeste. [Trad. Ernestina de Champourcin]

Manoel Antonio de Almeida: De Memorias de un sargento de milicias El contento acab6 por familiarizarla completamente con ei. Cuando le toc6 el turno a Ia "Luna", su admiraci6n fue tan grande que, queriendo afirmarse en los hombros de Leonardo, le clio casi un abrazo por las espaldas. Leonardo se estremeci6 por dentro y pidi6 a! cielo que Ia Luna fuese eterna ; girando el rostra, vio sobre sus hombros aquella cabeza de nina iluminada por Ia claridad palida del mixto que ardia, y qued6 tambien a su vez extasiado. [Trad. Francisco Ayala]

[Trad. Antonio Alatorre]

Menotti del Picchia: La cancion de las memorias De noche sueno que soy el dueno de Ia Luna. Baja de lo alto y yo Ia cojo con mis manos de agua. La mezclo en mi seno como si fuese una muneca de plata. . . Y recuerdo: [Chu va de pedra, 1925. Trad. Angel Crespo]

Carlos Drummond de Andrade Pero esta Luna pero este cognac conmueven a uno como el diablo. [Alguma poesia, 1930. Trad. Angel Crespo]

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IV. Conoda y Estodos llnidos Esquimales : Antiguo canto del Sol, de la Luna y del temor a la soledad Que angustia pues es desear estar solo en campania ue amigos alegres, desear estar lejos de los hombres Ijaija ja ja

sentir que el invierno llega al vasto mundo, y ver Ia Luna ya media Luna, ya Luna llena que sigue su antiguo camino ljaija ja ja

Que alegria pues sentir que el verano llega al vasto mundo ver al Sol que sigue su antiguo cammo ljaija ja ja

Ad6nde va todo esto, mis deseos van bacia el Este, y sin embargo, jamas padre ver al hermano de mi padre. ljaija ja ja. [Canciones esquimales de Alaska - Groenlandia. K . Rasmussen, Du Groenland au Pacifique. Trad. E.L.]

Que angustia pues

Edgar Allan Poe:

De A Elena

De Annabel Lee

Fue en julio, a medianoche ... De lo alto, Ia Luna llena, al remontar buscando, como tu alma, bacia el confin del cielo, rapida senda, de su luz de plata el vaporoso velo desprcndia con quietud y bochorno y somnolencia sabre Ia faz erguida de las rosas, que al sonreir morian cncantadas por ti, por tu presencia y tu pocsia.

Que no brilla Ia Luna sin traerme los sueiios de Ia bella Annabel Lee.

De Ulalume Y cuando Ia noche ya avanza de estrellas a] vago tremer, al fin de Ia oscura avenida un languido rayo se ve, fulgor diamantino que anuncia, de f{mebre velo a! traves, que emerge de nube fantastica Ia Luna, Ia blanca Astarte.

Toda de blanco, en solio de violetas reclinada te vi, mientras Ia Luna sabre Ia faz erguida de las rosas y en Ia tuya dolie.nte descend! a ... [Trad. Balbino Davalos]

â&#x20AC;˘

[Trad. de Carlos Arturo Torres]

Walt Whitman: Mira hacia abajo, hermosa Luna

Mira bacia abajo, hermosa Luna, e ilumina esta escena; vierte lentamente las ondas del nimbo de Ia noche sobre estos lividos, hinchados y purpureos rostros, sabre los muertos tendidos de espaldas y con los brazos abiertos. [Trad. Agusti Bartra]

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D Carl Sandburg: Barrotes

Amy Lowell: De Figuritas de marfil movidas por un cordel

Encuentra al mar, encuentra a la Luna, si [puedes. Cierra las ventanas, abre las puertas. ,:No hay ventanas? tNo hay puertas? tNo hay mar? tNo hay Luna? Lanza tu grito, y sal, si puedes.

Mira, el claro de Luna te llega a las rodillas y en tu cabeza cae en espaldarazo de plata.

[Trad. Agusti Bartra]

[Trad. Eugenio Florit]

Emily Dickinson La Luna esta lejos del mar; pero con manos de ambar lo lleva, d6cil como un nino, por las delimitadas arenas.

Jamas

incurre en error: obedeciendo a sus ojos se aproxima, o se aleja de la ciudad.

t Beberias, Anciano, s6lo de tu cerebra?

â&#x20AC;˘

William Carlos Williams : De Estas El ano se hunde entre la noche y el coraz6n se hunde mucho mas que la noche en un Iugar vacio, barrido por el viento sin Sol ni estrellas ni Luna pero con una extrana luz como de pensamiento. [Trad. Eugenio Florit]

Senor, tuya es la mano de ambar: yo soy el lejano mar obediente a tu arden. Tus ojos me conducen. [Trad . Ernestina de Champourcin y Juan Jose Domenchina]

D Thomas Merton: En las ruinas de Nueva York La Luna esta mas palida que una actriz. La hemos vista llorar en la hiedra seca de los puentes dendriticos. En la hiedra seca, rota abrazada al aire. La Luna esta mas palida que una actriz, y [llora por ti, Nueva York, y va buscandote entre los pedazos de puente. y se inclina para oir el bronce falso de tu voz sofisticada que ya no canta. [De Figuras para un Apocalipsis. Trad. Ernesto Cardenal]

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Ezra Pound: Lunas La scalza: "Io son' Ia Luna y han deshecho mi casa" [Canto LXXVI]

Las semillas de Ia muerte se mueven en el ano [semina motuum volviendo a caer dentro del oleaje del mar el culo de Ia Luna ya consumido a mordiscos (para ahora semina motuum "Con nosotros no hay engano" dijo Ia ninfa lunar immacolata "Devolvedme mi casa, (hag aroma) ." Si tuviera las nubes en el cielo como los nautilos llevados a la playa en su holocausto como vistaria flotando hacia la playa con el mar vuelto del color del cobre y esmeralda oscuro en Ia distancia

Una Luna gorda sale chueca sobre Ia montana Luna de Ia manana contra Ia salida del Sol como un pedazo del mejor cuno griego antiguo [Canto LXXXIII]

Oh, Luna, mi idolatrado recorte de suplemento dominical, cron6metro, [Canto LXXXIV] [Los cantares de Pisa, 1954. Trad. Jose Vazquez

Amaral]

Sobre el muelle Sobre el muelle tranquilo a medianoche amarrada a la altura del gran mastil cuelga la Luna. Lo que parecia tan lejano es un globo perdido por un nino. [Trad. Armando Uribe Arce]

[Canto LXXX]

Saul Steinberg

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l'. Colombia

Diego Fallon: De La Luna

Jose Joaquin Ortiz: De Vasco Nunez de Balboa

Ya del oriente en el confin profundo Ia Luna aparta el nebuloso velo, y !eve sienta en el dormido mundo su casto pie con virginal recelo.

Desde nino gustome ver Ia Luna lentamente cruzar el firmamento como una nave candida, impelida sobre urnas de nacar por el cierzo.

Absorta alii Ia inmensidad saluda su faz humilde a! cielo levantada: y el hondo azul con elocuencia muda orbes sin fin ofrece a su mirada.

D

Un lucero no mas lleva por guia; por himno funeral , silencio santo; por solo rumbo. Ia extension vacia, y Ia insondable soledad por manto.

Jose Eusebio Caro: De El cipres Y cuando ya de Ia apacible Luna Ia luz de perla en tu verdor se acoge, solo tu tronco escucha mis gemidos, solo tu pie mis higrimas recoge.

i Cuan bella, oh Luna, a lo alto del espacio por el turqui del eter lenta subes, con ricas tintas de opalo y topacio franjando en torno tu dose! de nubes!

Jose Asuncion Silva: Nocturnos A .mi !ado lentamente, contra mi ceiiida toda, [muda y palida, como si un presentimiento de amarguras [infinitas basta el mas secreto fondo de las fibras te [agitara, por Ia senda florecida que atraviesa Ia llanura, caminabas; y Ia Luna llena por los cielos azulosos, infinitos y profundos, [esparcia su luz blanca; y tu sombra, fina y Ianguida, y mi sombra por los rayos de Ia Luna proyectadas, sobre las arenas tristes de Ia senda se juntaban, y eran una, y eran una, y eran una sola sombra Iarga, y eran una sola sombra Iarga, y eran una sola sombra larga . ..

Esta noche solo; el alma llena de las infinitas amarguras y agonias de [tu muerte, separado de ti misma por el tiempo, por Ia [tumba y Ia distancia, por el infinito negro donde nuestra voz no alcanza, mudo y solo por Ia senda caminaba .. . Y se oian los ladridos de los perros a Ia Luna, a Ia Luna palida, y el chirrido de las ranas . . . Y mi sombra por los rayos de Ia Luna proyectada, iba sola, iba sola, iba sola por Ia estepa solitaria .. .

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VI. t:uba

Jose Maria de Heredia: De En el teocalli de Cholula Baj6 Ia noche en tanto. De Ia esfera el !eve azul oscuro y mas oscuro

se fue tornando: Ia movible sombra de las nubes serenas que volaban por el espacio en alas de Ia brisa, era visible en el tendido llano. Iztaccihual purisimo volvia

del argentado rayo de Ia Luna el placida fulgor, y en el oriente bien como puntas de oro centelleaban mil estrellas y mil . . . i Oh !, yo os saluda, fuentes de luz que de la noche umbria iluminais el velo y sois del firmamento poesia.

Gabriel de Ia Concepcion Vaides (Placido) : La Luna de enero Resuene el pandero a! monte, a Ia lorna, vegueros, que asoma Ia Luna de enero. No Ia esteis buscando sabre el firmamento, que viene cual viento las flares hollando. i Si a! ver ei salero de mi guajirilla y el rostro hechicero, parece que brilla Ia Luna de enero!

junto a su hermosura dice el lisonjero: "No luce tan pura Ia Luna de enero.

Abranse las flares aromas vertiendo. i Que hermosa es riendo! Miradla, cantores; y los ruiseiiores con trino parlero Ia cercan volando, como saludando Ia Luna de enero.

El cefiro blando y amorcitos hellos rizan sus cabellos las he bras soltando: y con grato esmero salpican su sayo, porque es mi lucero Ia rosa de mayo, Ia Luna de enero.

i La veis entre galas como aves sencillas sabre sus rodill,as sacuden las alas? Cantando el jilguero

D Gertrudis Gomez de Avellaneda: De La pesca en el mar Del liquido seno, la Luna su palida frente alla en occidente comienz:l a elevar. No hay nube que vele importuna sus tibios reflejos que miro de lejos mecerse en espejos dei tremulo mar.

Juan Clemente Zenea: En dias de esclavitud Dejas que el blanco cisne en Ia laguna los dukes besos del terral aguarde, jugando con el brillo de Ia Luna, nadando entre el reflejo de Ia tarde. Y a mi, Senor, a mi no se me alcanza, en medio de Ia mar embravecida, jugar con Ia ilusi6n y Ia esperanza en esta triste noche de Ia vida ...

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Jose Marti: Luz de Luna De subito vio el ciego. "Esta que esplende -dijeronle- es Ia Luna. i Mira, mira que mar de luz! i Abisinos, ruinas, cuevas, todo por ella casto y blando luce como de noche el pecho de las t6rtolas !"

"~·Nada mas?", dijo el ciego y, retornando a su amada celosa los ya abiertos ojos, besole la temblante mano humildemente y dijole: "No es nueva, para el que sabe amar, Ia luz de Luna."

Julian del Casal: Nostalgias

De la Luna al claro brillo iria al Rio Amarillo a esperar la hora en que, el bot6n roto, comienza la flor de loto a brillar. 146

[l lllll[lllnstituto Nacional de UCONACULTA l .:··"::. D1g1tahzado por :m;:!!: BellasArtes , , ,


VII. f:hile

D

Vicente Huidobro: De Ronda

El viento pasea a la Luna Y las banderas caen sobre el mar Golpea golpea La Luna abre la puerta [Ver y palpar, Santiago, 1941]

Gi)

Pablo Neruda: Oda ala Luna

Reloj del cielo, mides Ia eternidad celeste, una bora blanca, uh siglo que resbala en 路 tu nieve, mientras tanto Ia tierra enmarafiada, humeda, calurosa : los martillos golpean, arden los altos homos, se estremece en su lamina el petr6leo, el hombre busca, hambriento, Ia materia, se equivoca, corrige su estandarte, se agrupan los hermanos, caminan, escuchan, surgen las ciudades, en Ia altura cantaron las campanas, las telas se tejieron, salt6 la transparencia a los cristales. Mientras tanto jazmin o luz nevada, Luna, clarisima, alta acci6n de platina, suave

muerta, resbalas porIa noche sin que sepamos quienes son tus hombres, si tienes mariposas, si en Ia manana vendes pan de Luna, leche de estrella blanca, si eres de vidrio, de corcho anaranjado, si respiras, si en tus praderas corren serpientes biseladas, quebradizas. Queremos acercarte, miramos basta quedar ciegos tu implacable blancura, ajustamos a! monte el telescopio y pegamos el ojo basta dormimos: no hablas, no te desvistes, no enciendes una sola fogata, miras bacia otro lado, cuentas, cuentas el tiempo de la noche, tic tac suave, suave tac

tic tac como gota en Ia nieve, redondo reloj de agua, corola del tiempo sumergida en el cielo. No sera, no sera siempre, prometo en nombre de todos los poetas que te amaron inutilmente : abriremos tu paz de piedra palida entraremos en tu luz subterranea, se encendera fuego en tus ojos muertos fecundaremos tu estatura helada cosecharemos trigo y aves en tu frente, navegaremos eh tu oceano blanco, y marcaras entonces las horas de los hombres, en Ia altura del cielo : seras nuestra habra en tu nieve petalos de mujeres, descubrimiento . . . . 147

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de hombres, y no sera inutil reloj nocturno, magnolia del arbol de la noche, sino solo

util como Ia espiga, desbordante, reinante y necesaria.

legumbre, queso puro vaca celeste, ubre derramada, manantial de la leche,

[Nuevas odas elementales,

Buenos Aires, 1956)

Para la Luna diurna Luna del dia, temblorosa como una medusa en el cielo, que andas hacienda tan temprano? Andas navegando o bailando? Y ese traje de novia triste deshilachado por el viento, esas guirnaldas transparentes de naufragios o de atavios, como si no hubieras llegado aun a la casa de la noche y cerca de la puerta buscaras perdida, en el rio del cielo una Have color de estrella?

y arde el dia como una casa del Sur quemante y maclerero. El Sol con sus crines atomicas hierve y galopa enfurecido mientras pasa tu cola blanca como un pescador por el cielo.

Vuclvet_e a la noche profunda, Luna de los ferrocarriles, Luna del tigre tenebroso, Luna de las cervecerias, vuelve al salon condecorado de las altas naches fluviales, sigue deslizando tu honor sobre la paciencia del cielo. [Estravagario, Buenos Aires, 1958)

Y sigue el dia y desvanece tu corola martirizada

1'111. Republica Dominicono r;\,路 ._1 ~

Fabio Fiallo: Astro muerto

La Luna, anoche, como en otro tiempo, como una nueva amada me encontro; tambien anoche, como en otro tiempo, cantaba el ruiseiior. Si como en otro tiempo hasta Ia Luna hablabame de amor, ,; por que Ia Luna, anoche, no alumbraba dentro mi corazon?

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I.

IX. Guatemala Miguel Angel Asturias:

Claridad lunar Te eternizas, daridad lunar, en las calles de Antigua, meditada por los viejos aleros del solar de Pedro Bethancourt, y mas aseada que el agua torcaz en el palomar de los arroyos y como en Granada te eternizas, claridad lunar, ' en esta ciudad de agua destilada.

Olvido en polvo que se torna espejo, llanto para lavar las armaduras resonantes del eco en carla ruina; te eternizas como las quemaduras del amor que nos deja en el pellejo una sed de camino que camina.

Sol una PoRFIRION ( exaltado, en tono recitativo, mientras MAURO coloca la mascara).- i Es la mascara de los eclipses, mitad Luna, mitad Sol, la mascara del Chama Soluna, la que hace que el tiempo corra, que pasen aiios en un minuto y siglos en un dial i Cuantos dias, cuantos aiios queman el Sol y Ia Luna al juntarse! Nadie lo sabe. El Sol dice a Ia Luna : · i Aqui estan mis dias de oro, vuelvelos sueiio, Seiiora de las orejas de obsidiana vestida enteramente de blanco! La Luna dice al Sol: i Aqui estan mis naches, Cariamarillo, Aguila con plumas de maiz, quemalas, acabalas de quemar pronto, son el carbon de mis cabellos! MAURO (sorprendido de Ia voz y actitud de PoRFIRION) .- Todo el mundo sabe por aqui la leyenda de la mascara del Chama Soluna, pero vos, que bien la deds . .. [De Ia Jornada

ESCENA

II,

escena lJ

V

de noche. Se la pone de nuevo, y es de df.a. Se la quita y es de noche. El teatro se enciende y se apaga al mismo tiempo que MAURO se pone y se quita la mascara, cambia que es cada vez mas rapido. El animal escapa de debajo de la mesa y trata de fugarse, pero no encuentra par d6nde; bloquea la puerta del fonda una ensordecedora avalancha de gente que no se ve, pero que viene gritando y hacienda ruido. Despues de dar contra los muros y derribar algunos muebles, se precipita aullando par la Pi!erta de Ia izquierda y desaparece. MAURO stgue poniendose y quitandose la mascara y el teatro sigue encendiendose y apagandose, hasta el momenta en que desemboca en la escena un grupo de campesinos hacienda sonar tambores, conchas de tortuga, cajas de metal, cajones de madera, sartenes, cacerolas, con palos, escobas, martillos, mazos. La luz en ese instante se fija de color amarillo, y MAURO se refugia cerca de la. chimenea, la mascara en la mana, jadeante, palido, tembloroso.

Mauro, Nahual, Campesinos Luz negra, MAURO duerme profundamente en el sill6n con la mascara en la mana. EL NAHUAL DE PoRFIRION, animal que apareci6 en la primera jornada, entra par el fonda , husmea el bulto humano, da vueltas en redor de el, se detiene y trata de arrebatarle la mascara . Breve forcejeo entre el hocico candente, y la mana de MAURO se mueve como sonambulo y se dir£a que busca al que le quiso desposeer del objeto que, en sintiendolo en su poder, se lleva a la cara. Instantaneamente, al ponerse MAuRo la mascara, se enciende el teatro, la escena y la sala. Es de d£a. Sorprendido, se la quita. Instantaneamente se apaga todo el teatro. Es

CAMPESINOS PARTIDARIOS DE LA LUNA ( entran armando la gran batahola con sus instrumentos y objetos que golpean, y diciendo en cora).- i Luna, Luna, come tu tuna y echa las cascaras en la laguna! . . i Luna, Luna, come tu tuna y echa las cascaras en la laguna! .. i Luna, Luna, come tu tuna y echa las cascaras en Ia laguna! (Este cora lo repiten en en varios tonos de voz, asf. como algunas variantes.) i Luna, Luna, come tu tu, come tu tu, come tu tuna y echa las cascaras en la laguna!.. i Luna, Luna, Nana-Luna! . . i Luna, Luna, Nana-Luna! i Nana-Lu! j Come tu tu, come tu tu! i Luna, Nana-Luna! i Luna, Nana-Luna, come tu tuna y echa las cascaras en la laguna! ..

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La luz amarilla empieza a tornarse blanca

GRAN ExPECTANTE LuNAR (saludando hacia lo alto) . - i Senora de Ia Medianoche con las trenzas de obsidiana! ENMASCARADOS DE LA LUNA (sa/tan, apuntan

y par el fonda avanza otro grupo de campe-

sinos, desplaza a los que se encontraban en la escena, los cuales callan y dejan de tocar sus instrumentos a medida que la luz se va tornando blanca, hasta quedar replegados a la derecha . Los campesinos que entran son partidarios del Sol y vienen como en son de batalla golpeando objetos, sonando instrumentos, trompetas, pitas, etc., etc.

hacia lo alto sus areas y sus flechas y dicen a coro) . - i Micyavicaya! .. i Micyavicaya! . . i Micyavicaya! .. VOCES CORALES FUERA DE LA ESCENA.- j SoJuna! i Soluna! Soluna! i Soluna!

Esta masa coral servira de puente sonora para la entrada del GRAN ExPECTANTE SoLAR. GRAN ExPECTANTE SoLAR ( cae en la escena de un salta, la cerbatana en la mana. Viste de ro jo y sus atavios son ro jos) . - i Cariama-

CAMPESINOS PARTIDARIOS DEL SOL ( todos a COTO ) . - i Solo el Sol! i Solo el Sol! i Solo el Sol! i Sol! i Sol! i Sol, chupa tu coyol y escupi Ia saliva en el perol! i Sol, Sol, Sol, chupa tu coyo! y escupi Ia saliva en el perol! i Sol! Sol! i Solo el Sol! i Solo el Sol! i Solo el Sol! i Solo el Sol! i Solo el Sol! i Solo el Sol! i Solo el Sol! i Sol, Sol, chupa tu coyol y escupi Ia saliva en el perol! .. Tam bien lo repetiran en distintas

rillo! . . i Cariamarillo! . . i Cariamarillo! .. GRAN ExPECTANTE SoLAR (saludando hacia lo alto) . - i Aguila del mediodia! i Cafre de las preciosas luces! .. ENMASCARADOS DEL SoL (saltan, apuntan hacia

lo alto sus cerbatanas y dicen a cora despuis) .i Cariamarillo! . . i Cariamarillo! ..

tonalidades de voz, mientras golpean sus tambores, ob jetos y hac en sonar sus instrumentos. La luz blanca se va coloreando de amarillo. Los campesinos partidarios del Sol, se van apagando en sus movimientos y voces, y se repliegan a la izquierda, mientras entran en accion nuevamente los campesinos partidarios de la Luna. Pero esta alternativa ordenada se r.ompe )'' el desafio se torna una verdadera batalla campal de luces amarillas y blancas, de voces por la Lun.a y por el Sol y luchas cuerpo a cuerpo por desalojarse del centro de la escena. ESCENA

Cariamarillo! .. GRAN ExPECTANTE SoLAR ( saludando hacia lo alto) . - i Cuero cabelludo de !a cabeza del fuego! ENMASCARADOS DEL SoL.- i Cariamarillo! .. i Cariamarillo! . . i Cariamarillo! .. VoCES CORALES FUERA DE LA ESCENA.- j SoJuna! .. i Soluna! .. i Soluna! .. GRAN ExPECTANTE LuNAR.- i Senora vestida enteramente de blanco! GRAN ExPECTANTE SoLAR.- i Aguila del mediodia! i Cafre de las preciosas luces! GRAN ExPECTANTE LuNAR.- i Senora de Ia Medianoche con las trenzas de obsidiana! GRAN ExPECTANTE SoLAR.- i Cuero cabelludo de Ia cabeza del fuego! ENMASCARADOS DEL SoL.- i Cariamarillo! .. i Cariamarillo! . . i Cariamarillo! . . ENMASCARADOS DE LA LuNA.- i Micyavicaya! .. j Micyavicaya! .. i Micyavicaya!

V

Dichos, EXPECTANTES, ENMASCARADOS GRAN EXPECTANTE LuNAR ( Cae en media de

la batalla de los partidarios de la Luna y los partidarios del Sol, en un tremendo salta, area y flecha apuntados hacia lo alto. Viste de verde y sus atavios son verdes. Su presencia torn a la luz verde esmeralda) . - i Micyavicaya! .. (grita .) jMicyavicaya! ENMASCARADOS DE LA LuNA (saltan, apuntan hacia lo alto sus areas y sus flechas y dicen a coro) . - i Micyavicaya!.. i Micyavicaya! ..

Al fonda puede oirse "Soluna", "Soluna", "Soluna", mientras los ENMASCARADOS DEL SoL Y LA LuNA repiten sus gritos alternativamente, primero, y despues en forma confusa, aumenttindose esta confusion, con las voces de los dos grupos de campesinos, partidarios del Sol y partidarios de la Luna, que empiezan a golpear los objetos y sonar los instrumentos, repitiendo unos: ((Luna, Luna, come tu tuna y echti las cascaras en la laguna", y otros : "Solo el Sol, solo el Sol, Sol, Sol, chupa tu coyol y escupi !a saliva en el per of."

i Micyavicaya!!! i Micyavicaya! .. GRAN ExPECTANTE LuNAR (saludando hacia lo alto ).- Senora vestida enteramente de blanco! ENMASCARADOS DE LA LuNA (saltan, apuntan

hacia lo alto sus areas )'' sus flechas y dicen a cora).- i Micyavicaya! . . i Micyavicaya! ..

[So/una, comedia prodigiosa, Buenos Aires, 1964]

i Micyavicaya! ..

)

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X. Mexico

D

Sor .luana lnes de Ia Cruz: Luna Barroca

Piramidal, funesta, de la tierra nacida sombra, al cielo encaminaba de vanos obeliscos punta altiva, cscalar pretendiendo las Estrellas; si bien sus luces bellas -exentas siempre, siempre rutilantesla tenebrosa guerra que con negros vapores le intimaba la pavorosa sombra fugitiva burlaban tan distantes, que su atezado cefio al superior convexo aun no llegaba del orbe de la Diosa que tres veces hermosa con tres hermosos rostros ser ostenta. [Primero sueiio, ca. 1690]

Francisco Manuel Sanchez de Tagle: De A la Luna en tiempo de discordias civiles i Con que silencio y majestad caminas por miles de luceros cortejada, subditos que dominas, ornato augusto de Ia noche helada!

Ellos acatan tu beldad fulgente desque en carro de nacar y de plata asoma en el Oriente, consuelo a! triste y a! virtuoso grata: y estaticos te siguen por Ia inmensa

b6veda del santuario del Eterno, do Ia oraci6n in ten sa del justo r.erseguido escucha tierno. Con ellos te saludo, almo destello de Ia luz perennal, fija Ia mente y ojo absorto en tu cuello, y en esa eburnea majestuosa frente ... i Alto silencio, interrumpido apenas por pies del gamo que ni toea el suelo, y las hojas serenas recorriendo Fabonio en blando vuelo,

salud, oh don de Ia triforme diosa, que desciendes a! pecho trabajado en vida congojosa, nido revuelto del mortal cuidado,

Sacerdote contemplando las estrellas. C6dice Mendocino, 63

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del temer y esperar sin fin ni tino, y de alii lanzas el aciago susto; pues ya el nectar divino de Ia quietud a tu presencia gusto!

No alumbres, no, los crimenes atroces que unos contra otros sin cesar maquinan: mutuamente feroces, al dolor y a Ia muerte se destinan.

Tu avanzas, i oh belleza majestuosa! recorriendo Ia b6veda azulada, ufana, cual Ia esposa que del !echo nupcial sale adornada.

i Que porvenir te labran tan funesto y tan discorde de tu bella aurora .. ! i Doblara el cuello enhiesto Ia que del orbe se veria senora . . ?

Te rinden homenaje cielo y tierra; y Ia sombra huye sin saber adcinde: ya tras fragosa sierra, ya en Ia lejana nube se te esconde,

l Paz, dulce paz, de nuestro triste suelo para nunca volver te habras marchado; y el fervoroso anhelo del patriota veraz sera frustrado?

plegando el manto mas y mas, medrosa; mas tu incansable, en s6lita carrera, por siempre victoriosa, no le das tregua y lanzas de do quiera.

iNo hade haber ya justicia so Ia tierra, ni quien vindique hollados sus derechos? i Siempre amagos de guerra mantendran yermos nuestros caros lechos?

Todo es calma y dulzor: tY el hombre .. ? i oh [Luna! huye veloz del tachonado cielo; tu luz le es importuna, y a Ia maldad consagra su desvelo.

Si asi ha de ser, i oh Luna! cede el puesto, y haz al ocaso de tu lumbre dueiio: fine mi vida presto; cierre mis ojos el eterno sueiio.

{1

[Obras poeticas, Mexico, 1852]

Manuel Carpio:

De La cena de Baltasar Era Ia noche, y Ia redonda Luna, desde Ia inmensa b6veda del cielo, alumbraba los sauces del Eufrates y a Ia gran Babilonia en sus festines, â&#x20AC;˘fortalezas, alcazares, jardines, y los temples magnificos de Belo.

De La Luna iCon que tristeza sube de los mares esa Luna magnifica y radiosa!

Baiia las olas con sus luces bellas, esta peiia, esta playa silenciosa, y mi triste semb!ante: las estrellas a distancias enormes Ia acompaiian semejantes a palidas centellas. Todo en este Iugar convida y mueve a suscitar recuerdos en el alma: Ia soledad, Ia noche, el aire !eve, Ia silenciosa Luna, el mar en calma, y aquella triste y solitaria palma. i Oh reina taciturna de la noche, Consuela del viajero y del amante! [Poesias, Mexico, 1860)

Ignacio Rodriguez Galvan: De Adios, oh patria mia Las olas, que se mecen como el niiio en su cuna, retratan de Ia Luna el rostra seductor. Gime Ia brisa triste cual hombre en agonia. Adios, oh patria mia, adios, tierra de amor.

Del astra de Ia noche un rayo blandamente resbala por mi frente rugada de dolor. Asi, como hoy, Ia Luna en Mexico lucia. Adios, oh patrU:z mia, adios, tierra de amor . .. 1842. [Poesias, Mexico, 1851]

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en grata, inm6vil languidez reposa, y la nocturna diosa vierte doquier su palido belefio, en el sereno ambiente suspiras tiernamente Ia timida canci6n de un dulce suefio.

D Ignacio Ramirez: De Por los desgraciados

[Poesias, Mexico, 1864]

Si es un astro Ia dicha, es cual Ia Luna; un momento no mas entera luce y a la sombra su luz sirve de cuna; j a cuantos desengafios nos conduce cuando ebrio de placer se halla el deseo! j Cuanta ilusi6n costosa nos seduce!

Manuel M. Flores: De La noche

1868 [Obras, Mexico, 1889]

Ignacio Manuel Altamirano: De Maria Entonces. . . en las noches silenciosas, jay!, cuantas horas contemplamos juntos con carifio las palidas estrellas en el cielo sin nubes cintilando, como si en nuestro amor gozaran elias; o el resplandor benefico y amigo de la callada Luna, de nuestra dicha placido testigo, o a las brisas balsamicas y !eves con placer confiamos nuestros suspiros y palabras breves.

Hermosa eres, j oh noche! Hermosa cuando limpida, serena, rivalizando con el mismo dia, rueda tu Luna llena, joya de Dios, en Ia region vacia. Hermosa cuando opaca, esa Luna, ya triste, se reclina en Ia argentada nube que apenas melanc6lica ilumina, tan apacible en su divina calma, que, viendola, los ojos se humedecen y sin saber por que, supira el alma.

De Nupcial .: Por que la Luna se ocult6 un instante y de los viejos arboles caia una sombra nupcial agonizante? El astro con sus ojos de diamante a traves del follaje .: que veia? [Pasionarias, Puebla, 1874)

DeAl Atoyac Entonces en tu !echo de arena, aletargado, cubriendote las palmas con lugtibre capuz, tambien te vas durmiendo, apenas alumbrado del astro de la noche por Ia argentada luz. 1864.

D Jus to Sierra : De Playera

[Rimas, Mexico, 1871]

Y si Ia Luna sobre las olas tiende de plata bello cendal, oira Ia nifia mis barcarolas al son del remo que hiende el mar,

Jose Rosas Moreno: De El zentzontle

mientras Ia noche prende en sus velos broches de perlas y de rubi, y exhalaciones cruzan los cielos i lag-rimas de oro sobre el zafir!

Y en la noche callada, cuando la Luna palida fulgura como virgen que vela enamorada, y la naturaleza desmayada

1868. [Poesias, Mexico, 1948]

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Manuel Acuna: A la Luna

i Oh Luna, blanca luna, que desde el cielo viertes tus fulgores a despecho de todos los vapores con que Ia negra noche te import una; yo se que al permitirme Ia confianza de que a abusar cantandote me atrevo, antes que hablarte de otra cosa debo darte una explicaci6n de mi tardanza; pero sabiendo, porque asi lo he visto, no recuerdo en que parte, que tu eres noble y generosa y buena con todos los proselitos del arte, entre los que me inscribe al protestarte que nada hay que sin ti valga Ia pena, dejo los cumplimientos y las excusas futiles y vanas a fin de aprovechar estos mementos; que tu al ver que en mis labios se agita el estro y mi silencio trunca, recordaras que el vulgo y aun los sabios dicen que vale mas tarde que nunca!

No, y mira tu: desde hace mucho tiempo pensaba yo en venir a saludarte, y basta recuerdo que sali una noche sin mas objeto que ese; pero aunque el muy ilustre Ayuntamiento me hizo creer que en el cielo te hallaria, tu, que probablemente estabas mala, te ocultaste y me diste una antesala que me pesa en el cuerpo todavia. Esto no te lo digo por lanzarte una pull a ni un rep roche; pero este negro bosque me es testigo de que no mas que por hablar contigo me anduve por aqui toda Ia noche. Lo mismo que otra vez, ya no recuerdo si fue en abril o en mayo. . . suspirando por verte frente a ÂŁrente y a tu lado pasar Ia noche entera, de modo y de manera de estar solos y lejos de la gente, vengo, y tu que sin duda me creiste algun gemidor de esos que porque estar desesperado y triste ya quiere que le des un par de besos, no bien tras de estos alamos me viste, que escondiendote enmedio de las nubes cerraste tu balc6n y te metiste. Y Ia verdad que si esta fue tu idea ante mi aparici6n inoportuna, por mi vida te juro y te responde, que te Jlevaste el chasco mas redondo que te has llevado desde que eres Luna; pues aunque ya a mis aiios se usa entre los humanos corazones contar los sufrimientos a montones,

y a montones tambien los desengaiios,

yo que si algo he sufrido de mi existencia en la carrera corta, tengo Ia convicci6n intima y grande de que a nadie le importa, porque si sufro no hay quien me lo mande; si al pisar de Ia vida los abrojos a verter una lagrima me atrevo, Ia dejo que se escape de mis ojos y al llegar a mis labios me la bebo. Conque ya veras tu si yo seria quien fuera a molestarte a tales horas, para llamarte solitaria o fria y cometer asi una groseria de esas que no perdonan las senoras; aparte de que a ti, si no me engaiio. te debe de importar muy poca cosa que en Ia vida enojosa camine el goce junto con el daiio, asi como que al tiempo de las flares siga el invierno nebuloso y frio, o que en las tibias naches del estio disminuyan de fuerza los calores, cosa que a muchos saca de su casa por tener de dedrtelo el orgullo, cuando todo eso en realidad no pasa de ser una verdad de Pero Grulla.

Y sin mentar personas, por allÂŁ anda la ilustre Avellaneda, que en paz duerma en su !echo de coronas, que sin mirar que tu, rueda que rueda, maldito el caso que del tiempo hadas, ella al son de sus magicos bordones te delataban a ese ladr6n nefando que tantos goces con pasar nos roba, sin oir que su esposo despertando Ia llamaba en un tono no muy blando despues de registrar toda la alcoba. Y el sin igual Zorrilla, el que nos regal6 aquel mamarracho que yo admiraba tanto de muchacho creyendolo la octava maravilla; el que con una calma cuyo molde es dificil que se encuentre, hizo aqui entre otros dramas el de vientre, y basta alla fue a acordarse de el del alma. Y Carpio, el que de turco disfrazado sufri6 tan honda pena que por poco se arroja al mar salado; pero que al fin se fue por otro lado arrastrando el alfanje por la arena.

Y Tagle, el que te hablaba alla en los tiempos de discordias civiles,

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en que Rocha aun no andaba por el mundo y en que aun eran de chispa los fusiles ~ues estos y otros mas, si no tan bueno~ SJ tan desocupados, han emprendido de entusiasmo llenos Ia imitaci6n de sus antepasados, por el placer de repetirte alguna de esas necias e insulsas tonterias o porque hechos los tomos de p~esias no faltara en el indicc -"A !a Luna". Y si a lo menos fueran pasaderas las tantas que en tu elogio se han escrito y cuyas !irmas por prudencia callo, pues, senor, con trescientos de a caballo muy puesto en su Iugar y muy bonito; ' pero, nada . .. que entre esas que no cito porque no se me diga impertinente, hay muchas (no agraviando !a presente) que son un verdadero gregorito. Lo digo y lo repito, si, senor, que esta no es una indirecta, pues aunque salte alguno que deseando escapar a este reproche, reclame !a palabra y manifieste cargado de razones y veneno, que no se puede hacer nada de bueno sobre un terreno tan vulgar como este no habiendo obligaci6n ~hica ni grande de escribir sobre tal o cual materia se comprende y se ve muy a las cl~ras aunque hable de esta con tan poco ap~ecio, que el culpable no es ella sino el necio que se mete en camisa de once varas. i Quien obliga a ninguna d~ las vivientes almas a que escriba, ll! menos a que suba tan arriba que tenga que escribir sobre !a Luna . .. ?

se le diera Ia gana de zurrar a esta silva Ia pavana, y de hacerlo delante de Ia gente, pues yo mismo, aunque fuera a mi despecho (no pudiendo olvidarme de que es mia), mirando Ia justicia no tendria mas que decir a todo: muy bien hecho. Y tan es cierto que lo encuentro justo, y que me temo mucho una descarga por haberme salido con mi gusto, que con objeto de que el sabio adusto no halle esta silva demasiado larga, una vez que tu, Luna, no me has de consolar si tal sucede, lo cual ( aqui en confianza) muy bien puede por un capricho cruel de Ia fortuna bien convencido de que en todo cas~ francos y leales seguiremos siendo tan amigos como antes, te dejo preparandole a Ia aurora el dulce nectar de los nuevos broches, y sin mas que decirte por ahora, con el alma, tu humilde servidora, me alegrare que pases buenas noches.

Yo mismo, si manana a algun critico ocioso y exigente

1873. [Versos, Mexico, 1874]

â&#x20AC;˘

Salvador Diaz Miron: De Umbra

Manuel Jose Othon: De El harpa

La Luna surge de !a selva oscura derramando un albor como de duelo y blanca y libre, como el alma pura ' de un mundo muerto, se remonta a! cielo. [ca. 1890]

Cuando, como a traves de fino encaje, el rayo de !a Luna tremulento pasa, desde el azul del firmamento Ia verde filigrana del fcllaje ' desbaratase en haz de vibradores hilos de luz que tiemblan, cual tanidos por un plectra que el cefiro menea. [Poemas rusticos. 1890-1902, Mexico, 1902]

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J)

Manuel Gutierrez Najera: La Luna entre las ondas

fnterin deslizabase la barca, la Luna, como un disco de plata brufiido, se fue alzando de las aguas

La Luna, como hostia santa, lentamente se levanta de entre las ondas del mar. Nada mas grandiose que este espectaculo. Yo creo que contemplandolo en las risuefias playas del Mediterraneo, fingi6 la fantasia helenica la fabula de Venus Afrodita surgiendo majestuosamente de la espuma. La concha negra de la noche se entreabre, y aparece la reina del espacio castamente desnuda, como Diana. El ritmo de las olas es mas suave; una inmensa quietud penetra hasta los humedos abismos; corren los monstruos a ocultarse de la luz, y la brisa que sopla es como el aliento de una mujer invisible pasando sobre el cuerpo del amante dormido. Las olas dejan de ser negras; se quitan su vestido de luto, y cifien la coraza de plata que cefiian las amazonas. Y parece que corren o galapan para acercarse a la Luna y asir la fimbria de su tunica brillante. Pero la Luna, esquiva, va ascendiendo. Parece que el cielo es un oceano que confina con el otro: surge de este la Luna, y luego boga por la tersa superficie del mas alto. Ya no es plateada sino de oro. Las aguas se conten tan con retratarla; y ella, pr6diga de luz, enriquece las olas con sus rayos. El mar parece un giganteco estanque en el que bullen todos los metales en fusion. Se cree que el agua esta a la temperatura de la plata fundida, y la mano no se atreve a tocarla. Pero no; el mar es en aquellos instantes un hervidero congelado. ["Viajes extraordinarios" , Prosa, I, Mexico, 1898]

@

Luis G. Urbina:

De Entra rayo de Luna Entra, rayo de Luna, bien venido; hace ya mucho tiempo que me faltas, deje abierto el balc6n y s6Io entraron las sombras en mi estancia. Oh ingrato compaiiero! Eres el mismo, la transparente rafaga la hermosa cinta de fulgor que tiene el amarillo diafano del ambar. j

[Ingenuas, Mexico, 1902]

De Que noche tan azul El plenilunio asi. . . La luz de nieve unta, en brillos de nacar, el ramaje

de la arboleda que se funde en !eve transfloraci6n sutil. La noche llueve su argento sideral sobre el paisaje. El plenilunio asi. . . La hora discreta; Ia plata verde de un jardin sombrio; el cielo misterioso; el aura quieta; la cristalina musica de un rio; un penetrante aroma de violeta. Silencio. Soledad. Tristeza. Frio. [Lampara.- en agonia, Mexico, 1914]

De Luna nueva Mientras el mar de raso, suavemente sonoro, se adormece en la noche, y la Luna de oro va cortando celajes cual si fuese una hoz. [El coraz6n juglar, Madrid, 1920]

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Rufino Tamayo, Bailarina en la noche, 1943

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Amado Nervo:

Rondo vago

De El color de la Luna

Pasas por el abismo de mis tristezas como un rayo de Luna sabre los mares, ungiendo lo infinito de mis pesares con el nardo y la mirra de tus ternezas.

i Quien pudiera decirnos el color de la Luna!

Ya tramonta mi vida ; la tuya empieza ; mas, salvando del tiempo los valladares, como un rayo de Luna sabre los mares pasas por el abismo de mis tristezas.

Los pintores jamas tuvieron Ia fortuna de sorprenderlo. Nunca lo defini6 e] poeta. No tiene nombre en Ia habla ni tono en Ia [paleta . . . Hace miles de aiios que los tristes la miran. Hace miles de aiios que los novios suspiran de pena o de placer a su luz oportuna, i y nadie sabe aun e! color de la Luna!

No mas en la tersura de mis can tares dejara el desencanto sus asperezas; pues Dios, que clio a los cielos sus luminares, quiso que atravesaras por mis tristezas como un rayo de Luna sabre los mares. 189fl.

De fijo que no es oro, de fijo que no es plata, ni nacar ni alabrastro, esa claridad grata, para Ia dicha, c6mplice ; para el dolor, discreta; faro! de los ausentes y de Ia serenata, sudario misterioso de un ya muerto planeta ...

[Los jardines interiores, Mexico, 1905]

[Serenidad, Madrid, 1914]

El gran viaje ( Quien sera, en un futuro no lejano, el Cristobal Colon de algun planeta? ( Quien lograra, con maquina potente, sondar el oceano del eter, y llevarnos de la mano alli donde llegaron solamente los osados ensuefios del poeta? i Ouien sera en un futuro no lejano el Cristobal Colon de algun planeta? ; Y que sabremos tras el -v-iaje augusta? Que nos ensefiareis, humanidades de otros orbes, que giran en la divina noche silenciosa, y que acaso hace siglos que nos miran?

i

Espiritus a quienes las edades en su fluir robusto mostraron ya la clave portentosa de lo Bello y lo Justo, ( cual sera la cosecha de verdades que deis al hombre, tras el viaje augusta? (:Con que luz nueva escrutan1 el arcano? i Oh la esencial revelacion completa que fije nuevo molde al barro humano! ( Quien sera en un futuro no lejano el Cristobal Colon de algun planeta?

Oc.tubre de 1917 [El estanque de los lotos, Buenos Aires, 1919]

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Jose Juan Tahlada: Hai Kais lunares

La araiia

La Luna

Recorriendo su tela esta Luna clarisima tiene a la aralia en vela.

Bajo mi ventana

Es mar la noche negra ; la nube es una concha Ia Luna es una perla . ..

Bajo rni ventana, la Luna en los tejados, y las sornbras chinescas y la rnusica china de los gatos. [El jarro de flores, Mexico, 1922]

D

Martin Luis Guzman: Despues de la fiesta

A la luz de la Luna busc6. Cuantos cuerpos tocaba estaban yertos. Se detuvo sin saber que hacer. Luego dispar6 sobre el punto de donde parecia venir la voz: la voz se oy6 de nuevo. El asistente torn6 a disparar: se apag6 la voz. La Luna navegaba en el mar sin limites de su luz azul. Bajo el techo del pesebre, Fierro dormia. [El aguila y la serpiente, VII, 2, Madrid, 1928]

Julio Ruelas, Don Quijote, la muerte y la Luna, 1897

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~

Ramon Lopez Velarde: Mundos habitados

Mirando el ultimo eclipse de la reina de la noche, que dirian los abuelos rom{mticos, mientras la Luna recobraba con lentitud su zona iluminada, asemejandose a una dignidad eclesiastica que mitigara su faz luminosa con oscuro solideo en la cabeza astral, el espiritu dabase a gratas divagaciones estelares, no obstante lo poco que he contemplado el cielo. Me intriga tambien algo incipiente de capricho cientifico, no obstante mi lectura escasa, por no decir nula, de Verne. Pero ello es que el impulso interior a lo desconocido nos arrastra inevitablemente, y que de las cosas ignotas el cielo cosmografico es lo que nos llama con voz humana, o al menos como de hombres la escuchamos, ya que de la hermosa posibilidad se habla en los libros, ya que Marte se empefia en hacersenos sospechoso. Y bien ~ por que no? Aduzcan otras razones de logica ordinaria; hablen los sa bios de hipotesis admisibles en la ciencia de la naturaleza; los filosofos hablen de conveniencias ontologicas y hablen los mismos moralistas ortodoxos empefiados en extender el numero de las creaciones divinas .â&#x20AC;˘ Yo me expreso con una razon mas facil y poderosa ~ Cual, direis? Mi cansancio incurable de lo terreno, mi aburrimiento del vulgar patron en que estan calcados los hombres, mi fastidio de la fisonomia corriente de las consabidas mujeres. Es fuerza que existan otras cosas y personas distintas mas alla de la ecleptica. Cuando en la medula de las generaciones venideras se albergue, como un mal corrosive, el fastidio heredado de los padres decadentes, los multiplicados gestos de hastio sobre el planeta monotone se trocaran en alegre expresion de los rostros al dar con la gracia de invencibles fuerzas impulsoras para los globos de la gran aventura, al descubrir un recurso para llevar atmosfera por el vado, atmosfera que una travesura meteorologica depara al pulmon hasta el desembarque en la estrella remota. La afiosa poesia de los principes de los cuentos que se iban a buscar esposa a desc<;mocidos paises se quedara corta ante la amable realidad. Ya no solo el prlncipe, tambien el villano y la clase media decoraran su vida con la expedicion aerea a ciudades planetarias que tendrian bastante con su novedad para subyugar al viajero. Todos dejaran la casa en que nacieron en el secundario cuerpo celeste; todos se despediran de la familia consternada y vencedores de la lluvia, del aire y del vacio, tocaran el termino de su exodo audaz en la ciudad nueva como el mas original de los suefios, como el alma misma de lo imprevisto; tan nuevo que por sus calles nos consideramos

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indignos de andar si no nos descalzamos; que su luz nos llegue; que el idioma de sus habitantes nos deje mudos, siendo asi ciegos que todo lo ven y sordos que lo oyen todo; ciudad tan nueva que cada una de sus mujercs se Harne Novisima; ciudad tan nueva que el beso de sus hijas haga decir a las bocas humanas que lo reciban: i Oh frescura, anticipo de los 6sculos eternos!; ciudad tan nueva que en ella diga el cuerpo: j me han dado a Juz por segunda vez!; ciudad tan nueva que el alma prorrumpa; i amigo y padre Plat6n, acompafiame en esta metempsicosis en que el amor resucita cada momenta que vive! -Los inacentes enamorados que hoy se duelen de pcnas del querer, de la ausencia por unas miseras leguas, debcn de considerar el horror de distancias que solo sondea la pupila telesc6pica. Eva en Canopo, Adan en Vega de la Lira. 2Que decir?- Pero a la ida corresponde el regreso. Los argonautas volveran duefios de un amor ins6lito cncontrado en la peregrinaci6n por los astros. Vuelto el adolescente a cualquiera de las cinco partes del mundo, prescntara en la casa familiar a Novisima cuya voz es un dmbalo de la gloria, su carne como de niebla, sus ojos dos lucernas magicas y su alma oceano de paz siempre nueva. y el padre terreno, la madre y los hermanos terrenos, los consanguineos terrenos, le oiran al argonauta, quien sabe si astral o terrenal, el celeste panegirico de la esposa celeste. [El don de febrero, Mexico, 1932]

Julio Torri: La conquista de la Luna

... Luna,

Tu nos das el ejemplo De Ia actitud meior.

Despues de establecer un servicio de viajes de ida y vuelta a la Luna, de aprovechar las excelencias de su clima para la curaci6n de los sanguineas, y de publicar baio el patronato de la Smithsonian Institution la poesia popular de los lunaticos (Les Complaintes de Lafargue, tal vez), los habitantes de la Tierra ernprendieron la conquista del satelitt-, polo de las mas nobles y vagas displicencias. La guerra fue breve. Los lunaticos, seres los mas suaves, no opusieron resistencia. Sin discusiones en cafes, sin ediciones extraordinarias de "El Matiz Imperceptible", se dejaron gobernar de los terrestres. Los cuales, a fuer de vencedores, padecieron la ilusi6n 6ptica de rigor -ciasica en los tratados de Fisico-Historia- y se pusieron a imitar las modas y usanzas de los vencidos. Por Francia comenz6 tal imitaci6n, como adivinareis. Todo cl mundo se clio a las elegancias opacas y silenciosas. Los tisicos eran muy solicitados en sociedad, y los moribundos decian frases excelentes. Hasta las senoras conversaban intrincadamente, y los reglamentos de policia y buen gobierno estaban escritos en estilo tan elaborado y sutil que eran incomprensibles de todo punta aun para los delincuentes mas ilustrados. Los literatos vivian en la septima esfera de la. insinuaci6n vaga, de la imagen torturada. Anunciaron los criticos el retorno a Mallarme, pero pronto salieron de su error. Pronto se dej6 tambicn de cscribir porque la literatura no habia sido sino una imperfecci6n terrestre anterior a la conquista de la Luna. [Ensayos y poemas, Mexico, 1937]

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Carlos Pellicer: Lunas pellicerianas La Luna del patio un poco pavorosa y otro poco hechizada. [6, 7 poemas, Mexico, 1924] i La Luna de tu amor y cl viento joven de tus pasos!

[Hora y 20, Paris, 1927]

Nombremos a Ia Luna alguacila de rondas de los d.nticos. El infinito astr6nomo no es mas que un viejo verde que le echa encima el desbordado anteojo. Ella enseiia las piernas en Ia fuente y las diez mil chaquiras del remojo callan la rana, tilde a las ies, veinte en la frente. [Hora de junio, Mexico, 1937]

Esta noche de Luna y soledades, icon cuanto amor el coraz6n te piensa! [Recinto, Mexico, 1941]

Rufino Tamayo, Serenata a la Luna, 1949

D Salvador Novo: Partir, como la Luna

Jaime Torres Bodet: Luna del alba Hasta dejar traslucir, como Ia Luna del alba, Ia luz tierna de Ia madrugada.

Y de nuevo partir, como la Luna misma que sigue nuestra huella en Ia distancia, mayor ayer, manana perezoso bajel o comuni6n en el recuerdo. [Biombo, Mexico, 1925)

[Seamen Rhymes, Buenos Aires, 1934]

Jose Gorostiza: Su Luna azul, descalza, entre la nieve [Muerte sin fin, Mexico, 1939]

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Agustin Y aiiez: Congregadora de recuerdos

La Luna tiene Ia culpa: es picadora de b. memoria y espanta sueiios. La Luna, cor.gregadora de recuerdos, resucitadora de gusto~ y duelos. Que ocurrencias de loca tiene. Como ella no envejece. hace vivir lo que basta se duda si fue o no mas quiso ser. Por ejemplo.

poco me acontece pensar que fui muchacha; yo misma creo imposible que lo haya sido. Y csta Luna, daley dale: toda Ia noche ha estado aglomerando visiones de aquellos aiios y felices dias. [Las tierras flacas , Mexico, 1962]

Jose Guadalupe Posada, El comet a y Ia Luna

D

Octavio Paz:

iCon que nombre llamarte?

nombre de una sonrisa angelica, o de Ia misma, celeste musica desconocida?

(.Con que nombre llamarte, puesto que creces, silvestre Luna, de las estrellas, y solo en tu memoria vibra Ia musica?

cY que lagrima, que sangre o gesto dinJ.n de nuestro oscuro goce?

(.Con que nombre llamarte, si estas fuera del mundo, libre y sin destino, en este cruel reino, en donde se detiene, amarga, Ia tormenta?

I mitacion de Li Po

[Luna silvestre, Mexico, 1933]

Anoche En tu cama Eramos tres : Tu yo Ia Luna

(.C on que nombre, nacida de mi voz arrebatada,

[Ladera este, Mexico, 1969]

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XI. Nicaragua

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Ruben Dario: De V erlaine

De noche en Ia montana, en la negra montana de las Visiones, pase gigante sombra extrana, sombra de un Satiro espectral ;

Y huya el trope! equine por la montana vasta; tu rostro de ultratumba bane Ia Luna casta de compasiva y blanca luz;

que ella a] centauro adusto con su grandeza [asuste; de una extrahumana flauta Ia melodia ajuste a Ia armenia sideral.

y el Satiro contemple sobre un Iejano monte una cruz que se eleva cubriendo el horizonte i y un resplandor sobre Ia cruz!

XII. Peru

A'1 .\ '-t-

Cesar Vallejo: De Unida d

La Luna blanca, inm6vil, lagrimea, y es un ojo que a punta ... Y siento c6mo

se acuna el gran Misterio en una idea hostil y ov6idea, en un bermejo plomo. [Los heraldos negros, 1918]

Bonevardi, El guardia n de Ia Luna, 1966

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XIII. fJruguoy Juan Zorrilla de San Martin: De Tabare

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~ Cuanto anduvo? El indio no lo sabe. Era Ia medianoche quiza cuando, rendido por Ia fiebre, detuvose entre rudas convulsiones,

D

pues Ia Luna, en lo alto de los cielos, los transparentes hordes de las nubes plomizas encendia franjeandolas de tenues resplandores.

Delmira Agostini:

Al claro de Luna

Selene

La Luna es palida y triste, Ia Luna es exangiie [y yerta. La media Luna figuraseme un suave perfil de [muerta . .. Yo que prefiero, a Ia insigne palidez encarecida de toclas las perlas arabes, Ia rosa recien abierta, en un rincon del terrufio con el color de Ia vida, adoro esa Luna palida, adoro esa faz de muerta! Y en el altar de las naches, como una flor [encendida y ebria de extrafios perfumes, mi alma Ia [inciensa rendida.

Medall6n de Ia noche con Ia imagen del dia y herido por Ia perla de Ia melancolia; hogar de los espiritus, coraz6n del azul, Ia tristeza de novia en su torre de tul; mascara del misterio o de Ia soledad, clavada como un bongo sobre Ia inmensidad; primer suefio del mundo, florecido en el cielo, o Ia primer blasfemia suspendida en su vuelo ... Gran lirio astralizado, copa de luz y niebla, caricia o quemadura del Sol en Ia tiniebla; bruja electrica y palida que orienta en los [caminos,

Yo se de labios marchitos en Ia blasfemia y el [vino, que besan tras de Ia orgia sus huellas en el [camino; locos que mueren besando su imagen en lagos [yertos ... Porque ella es luz de inocencia, porque a esa [luz misteriosa alumbran las cosas blancas, se ponen blancas las [cosas, y basta las almas mas negras toman clarores [inciertos!

extravia en las almas, hipnotiza destinos .. . Desposada del mundo en magnetica ronda; sonambula celeste paso a paso de blonda; patria blanca o siniestra de lirios o de cirios, oblea de pureza, pastilla de delirios; talisman del abismo, melanc6lico y fuerte, imantado de vida, imantado de muerte . .. A veces me pareces una tumba sin duefio ... Y a veces. . . una cuna i toda blanca! tendida [de esperanza y de ensuefio ...

fEZ rosario de Eros, Montevideo, 1924]

[Poesias, Montevideo, 1940]

XIV. Vene%uelo

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Andres Bello: De Alocucion a la poesia

Ttl cantaras como a las nuevas gentes N enqueteba, piadoso, Ieyes y artes y culto clio; despues que a Ia maligna Ninfa mud6 en lumbrera de Ia noche, y de la Luna por la vez primera surc6 el Olimpo el argentado coche. 165

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Viajes • • • ttnagtnartos

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Luciano de Samosata: Viaje ala Luna

A la manana siguiente, con un viento no menos violento que el del dia anterior, nos hicimos a la vela. Hacia el mediodia, cuando Ia isla habia del todo desaparecido, se nos echo encima repentinamente un turbion que hizo girar rapidisimamente Ia nave y la levanto en los aires, par el espacio de unos tres mil estadios ya no la dejo caer a! mar, sino que, yendo como suspendida en los aires, se la iba llevando el viento, echandose sabre Ia vela e hinchandola. Por siete dias y otras tantas naches fuimos llevados par los aires. AI octavo dia advertimos, suspendida tambien, una tierra extensa a manera de isla, brillantisima, en forma de globo o esfera, y con muy grande luz iluminada. Llevados hasta ella y habiendo tornado puerto, bajamos a Ia playa; y como exploraramos Ia region Ia encontramos habitada y cultivada. Durante el dia nada mas podiamos ver desde ahi. Pero llego Ia noche, se nos aparedan como cercanas otras islas en gran numero, unas mayores y otras menores, de color de fuego. Alia, debajo de nosotros, se veia la tierra con ciudades y rios y mares y selvas y montafias. Por conjeturas, sospechabamos ser aquella Ia tierra nuestra. Luego nos vmo gana de internarnos en la region, y nos aprisionaron unos seres que alia, entre los habitantes a donde fuimos a dar, se denominan hippogypos [caballeros buitres]. Son varones que caminan sabre grandes buitres y los usan como cabalgaduras: parque aquellos buitres son enormes y por lo general tienen tres cabezas. La magnitud de esas aves se puede conocer por lo siguiente: cada ala es mas larga y gruesa que el mastil de una nave de carga. Tienen los hippogypos el encargo de rodear volando toda aquella tierra, y si encuentran algun extranjero a! punta deben conducirlo delante de su rey. Por tal motivo, al punta en que nos vieron, nos aprehendieron y nos llevaron a la presencia de su rey. Cuando nos vio, conjeturando por el tra je que eramos helenos, di jo: "~So is extranjeros?" Y como nosotros lo confesaramos, afiadi6: "Pero ~como habeis llegado hast a aca, cruzando tan inmensa cantidad de aire y de espacio?" Le referimos toda la verdad. Entonces el, par su parte, dio principia tambien a contarnos toda su historia, y como habia sido hombre y se habia llamado Endimion; y que en otro tiempo, mientras dormia, habia sido arrebatado a lo alto y llevado a aquella region sabre la cual ahara tenia el imperio. Y afirmaba que lo que alia debajo de nosotros nos parecia ser Luna era Ia Tierra. Pero afiadio que tuvieramos buen animo y no temieramos peligro alguno, pues tendriamos a Ia mano todo cuanto nos hiciera falta.

Quiero ahora referir todo lo admirable y nuevo que note en Ia Luna durante todo el tiempo que en ella permaneci. Y sea lo primero lo que ya antes dije: que los selenitas no nacen de mujer, sino de varon, porque para sus matrimonios echan mana de varones, pues de las mujeres no conocen ni el nombre. Contraen matrimonio a los veinticinco afios y en esa edad son despasados. El feto no lo Bevan en el vientre sino en el muslo, que es el que se hincha. Nace muerto, pero en cuanto lo extraen lo panen de cara a! viento con la boca bien abierta, y asi vuelve a Ia vida. Y pienso que de semejante costumbre heredaron los helenos la expresion "vientre de Ia pierna"; porque alia en la Luna la pierna sirve de vientre. Todavia voy a contar algo mas admirable. Hay entre aquellos habitantes un genera de hombres a quienes llaman dendritas [o arboreos], cuya generaci6n es como sigue. ('qrtan de las vergiienzas del hombre, Ia derecha; y Ia entierran y brota un arbol muy grande y carnoso que produce hojas y ramas, y su fruto son unas bellotas del grandor de un codo. Cuando estas maduran los hombres las cortan y de elias extraen a pequefios golpes al nifio. Y este genera de varones tienen sus vergiienzas como afiadidas: unos las poseen de marfil y otros -los pobres- de madera, y mediante ellas se unen y realizan sus matrimonios. Cuando el hombre ha llegado a la vejez no muere, sino que a Ia manera de humo se disuelve en el aire. Todos usan un mismo manjar. Porque encienden fuego y en las brasas asan ranas, de las que entre ellos hay muchas que andan revoloteando por el aire. Luego, sentados en torno a Ia llama en que las asan, a la manera de una mesa, van aspirando el olor que se escapa y esto es lo que comen. i Tal es su manjar! Su bebida consiste en aire exprimido en capas, en donde cae a la manera de un fluido nectareo. Ni orinan ni tienen necesidades mayores, ni poseen los orificios que para tales necesidades apronto la naturaleza. Los j6venes no ofrecen a sus amantes ni asientos ni lechos y se unen con el doblez de Ia rodilla, sabre el vientre de la pierna. Se tiene entre ellos como belleza el ser calvo y a los cabelludos los aborrecen. No obstante, ~n referencia a los cometas, tienen por mas hermosos a los de larga cabellera. En cambia usan Ia barba larga hasta un poco mas arriba de Ia rodilla. No tienen ufias en los pies, y todos tienen en el pie solo un declo. Alga mas arriba de las pasaderas les ha nacido a cada cual una como berza o repollo grande, a manera de cola, siempre verde y que no se hace pedazos aun cuando el individuo caiga boca arriba. Cuando suenan Ia nariz destilan una miel picantisima; y cuando trabajan o hacen ejer-

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CICIO corporal sudan por todo el ouerpo una leche abundante, hasta poder fabricar de ella quesos mezclandole un poco de miel. El aceite lo preparan -y muy craso- sacandolo de las cebollas, pero da un perfume como el del ungiiento. Poseen muchas y muy feraces viiias, cuyos granos de uva son semejantes a granizos. Y -a lo que me parecio- cuando el viento se echa sobre las vides y las sacude, entonces es cuando, rotos aquellos granos desciende a Ia tierra el granizo. Usan el vientre a Ia manera de bolsa para llevar ahi lo que necesitan, porque puede abrirse y cerrarse a Ia voluntad, y no tiene intestine alguno. Tampoco aparece el higado, sino que el vientre por dentro es todo aspero y cubierto de vello, de manera que cuando los niiios pequeiiitos tienen frio ahi se refugian. El vestido de los ricos es de blando crista!; el de los pobres, de tejido de bronce. Porque en aquellas regiones abunda el bronce, y con solo mezclarle un poco de agua lo trabajan como si fuera lana. Estoy dudando si dire como son sus ojos, para que no vaya alguno a pensar que

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miento. Pero en fin, voy a decirlo. Tienen ojos que pueden extraerse; y el que quiere, guarda los suyos hasta que de nuevo los necesita para ver alguna cosa. Entonces se pone uno de ellos y asi mira. Hay muchos que han perdido sus ojos, de manera que alquilan los ajenos para ver. Hay ricos que tienen deposito de ojos. Las orejas son hojas de platano, excepto en los que dijimos que nacen de las bellotas, porque estos las tienen de madera. Otra cosa contemple digna de maravilla en los palacios reales. Hay un espejo colocado encima de un pozo no muy profundo. Y si alguno baja a tales pozos oye todo lo que aca en Ia Tierra nuestra se dice; y si mira a! espejo, ve a todas las gentes y ciudades como si estuviera presente. Ahi contemple yo a mis parientes y a toda mi patria. Si acaso ellos a su vez me miraban lo ignoro y no puedo asegurarlo. Si alguno cree que esto no es asi entendera que digo Ia verdad si alguna vez fuere llevado alia. [Historia verdadera, Sigle n, Trad. R afael Ramirez

Torres]

Un rey persa en la Luna

El astronauta del siglo xr es Kai-Ka'us, un legendario rey persa, siempre metido en aventuras peligrosas. Una vez un genio del mal lo persuadio de que podia conquistar Ia Luna. "El alma de este rey estaba empecinadamente ocupada en procurar un medio de elevarse al cielo sin auxilio de alas. E hizo muchas preguntas a los sabios sobre Ia distancia que existia entre Ia Tierra y Ia Luna", cuenta un poeta persa. KaiKa'us obtuvo de alguna forma Ia informacion que buscaba, domestico una cigueiia de alas velocisimas, y partio en su empresa temeraria.

Tras incontables desavenencias con angeles, arcangeles y querubines, los cielos lo derrotaron, enviandole un ejercito de aguilas que mas tarde se radicaron en las altas montaiias de Ia Tierra, hasta donde lo persiguieron de vuelta. La historia de Kai-Ka'us era utilizada por los consejeros politicos persas como advertencia contra Ia osadia exagerada de los que desafiaban los misterios celestes guardados por los dioses.

[Ercilla, Santiago de Chile, 2 de julio de 1969]

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Dante Alighieri: Beatriz describe el primer cielo o de la Luna

"Levanta a Dios tu mente, agradecido, pues has llegado a la primera estrella." Estar me pareci6 todo circuido de nube clara, s6lida, infinita, como diamante por el Sol herido. Envueltos por la eterna margarita, nos recibi6, como agua que recibe rayo de luz, y el agua no se agita. Si en cuerpo estaba alli, no se concibe, como una dimension otra reciba, cuando uno y otro cuerpo se percibe; y esto nuestro deseo mas aviva de penetrar la esencia que trasciende, y que une a Dios a la criatura viva.

Alli se ve lo que por fe se aprende, sin otra prueba, por si mismo noto, cual la prima verdad que el hombre entiende. [La divina comedia, Paraiso, Canto II. Trad. Bartolome Mitre]

~

Ludovico Ariosto: V iaje al reino de la Luna

Durante el resto del dia, trato el Apostol de c5tas cosas y otras muchas; pero tan luego como el Sol se scpulto en el mar y asom6 sus cuernos la Luna, preparose un carro que estaba destinado para recorrer las regiones celestiales: era el mismo en que desaparecio en otro tiempo Elias de ante la vista de Ia asombrada multitud en las montanas de Ia Judea. El santo Evangelista uncio a e] cuatro corceles mas resplandecientes que las llamas: Astolfo se coloco en el, empuno las riendas y lo Ianzo bacia el Cie!o. R emontose el carro por los aires con tanta velocidad, que llego en breve a Ia region del fuego eterno; pero el Santo amortiguo milagrosamente su ardor mientras Ia atravesaron. Despues de haber pasado por Ia esfera del fuego, se dirigieron desde ella al reino de Ia Luna; vieron que en su mayor parte brillaba como un acero brunido y sin mancha, y lo encontraron igual, o poco mcnos, contando en su tamano los vapores que le rodean a nuestro globo terraqueo con los mares que lo circundan y limitan . Astolfo consider6 alii con doble asombro que

aquel astro, el cual nos parece un reducido circulo cuando le examinamos desde aqui abajo, era inmenso visto de cerca, y que necesitaba fijar con toda detenci6n sus miradas cuando queria distinguir Ia tierra y el mar que la rodea, pues estando envuelta en la obscuridad, apenas eran perceptibles desde aquella elevada altura sus contornos. Descubrio en Ia Luna rios, lagos y campos muy diferentes de los nucstros: otras llanuras, otros valles, otras montanas, otras ciudades y otros castillos muy distintos, y otras casas de una elevacion cual nunca habia visto el paladin: alii existen adcmas extensas y solitarias selvas, donde las Ninfas se entretienen en dar continua caza a las fieras. Como la causa de la ascension del Duque a las regiones de la Luna no habia sido la de recorrerlas minuciosamente, tuvo que limitarse a apreciar su con junto, y siguio al santo Ap6stol, que le condu jo a un valle encerrado entre dos montanas, en el cual se hallaban admirablemente recogidas todas las cosas que se pierden .por culpa nuestra, por causa del tiempo o por los 169

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reveses de Ia fortuna: en una palabra, todo cuanto aqui se pierde va a pa rar alii. No hablo de los reinos o de las riquezas que Ia suerte prodiga 0 arreba ta, sino de lo que esta no tiene facultades para dar o quitar. Alii se encuentran muchas reputaciones, que el tiempo, cual gusano roedor, corroe y concluye por destruir; alii se hallan infinitos ruegos y vo tos que los pecadores diri gen a Dios : las lagrimas y suspiros de los amantes, el tiempo que se picrde inutilmente en el jucgo, Ia ilimitada ociosidad de los ignorantes, los proyectos vanos que no llegan a ejecuta rse, los deseos no m enos vanos, son tantos y tantos, que llenan Ia m ayor parte de ague! valle : en resumen, alll arriba podreis encontrar todo cuanto aqui abajo habeis perdido. Conforme iba pasando el paladin por entre aquellos montones de cosas perdidas, dirigia preguntas a su guia con respecto a ellos : llamule, sobre todo, la atencion uno de estos formado por vejigas hinchadas, en cuyo interior resonaban, a! parecer, gritos tumultuosos; y supo que eran las coronas antiguas de los asirios, los lid ios, los persas y los griegos, tan famosas en otros tiempos y hoy a penas conocidas. Despues vio una masa confusa de anzuelos de oro y plata, que eran los regalos que, con esperanza de mayor recompensa, se ofrecen a los reyes, a los principes y a los poderosos. Vio unas guimaldas, en tre las que habia redes ocultas ; y preguntando lo que significaban, oyo que eran las lisonjas y adulaciones. Los versos hechos en alaba nza de los magnates estaban representados por cigarras de molesto y discordante canto. Los amores mal correspondidos lo estaban por cadenas de oro y grillos de pedreria. Reparo en un monton de garras de aguila, y supo que eran el emblema de Ia autoridad que los reyes dan a sus ministros : los fuelles que estaban esparcidos por todos los ribazos de Ia montana eran las promesas y los favores que los principes conceden a sus Ganimedes, y que se disipan con Ia edad florida de estos. Ademas vio Astolfo ruinas de castillos y ciudades mezcladas con tesoros: pregunto a su guia por elias, y supo que eran tratados o con juraciones mal encubiertas. Vio serpientes con rostro de doncella, indicando las acciones de los ladrones y monederos falsos ; y vio bocas destrozadas de diferentes maneras, resultado de Ia triste condicion de los cortesanos. Reparo en una gran masa de manjares esparcidos por el suelo, y pregunto al Ap6stol lo que aquello significaba. "Es la limosna -le dijo- que deja alguno para que se reparta despues de su muerte.'.' Atraveso despues una montana cubierta de variadas flores, las cuales en otro tiempo exhalaban un olor agradable, convertido a la sazon en un insoportable hedor: era la donaci6n (si es licito

decirlo) que Constantino hizo a! buen Silvestre. Vio una prodigiosa abundancia de varill as de liga, que eran i oh mujeres! vuestros atractivos y encantos. No acabaria nunca si hubiera de enumerar en mis versos todas las cosas que alii vio Astolfo : to do cuanto procede de nosotros se encuentra alii reunido, excepto la locura, que no existe en poca ni en mucha cantidad, porque permanece constantemente en la Tierra. Alii contemplo Astolfo los dias que habia malgastado en su vida y sus acciones inutiles: p Bro no habria podido conocerlos en sus distintas formas, si su guia no le hubiera llamado Ia atencion sobre ellos. Despues llego donde estaba lo que creemos poseer tan firmemente, que jamas se nos ocurre pedir a Dios que nos lo conserve; hablo del juicio, el cual se hallaba en un monte, tan exclusivamente solo, como mezcladas las otras cosas que dejo enumeradas. Era como un liquido sutil y humedo, pronto a evaporarse si no se le tiene bien tapado, y estaba contenido en muchos frascos de diferentes dimensiones adaptados a tal objeto. En el mayor de todos ellos estaba encerrado el juicio del senor de Anglante, y le encontraron facilmente entre tantos, porque llevaba esta inscripcion : "J uicio de Orlando". Los demas frascos tenian escrito tambien el nombre de aquellos cuyo juicio contenian. El Duque vio que su correspondiente frasco estaba vacio en gran parte ; pero observo con sorpresa que muchos de los que el suponia en el pleno uso de su razon, no tenian mucha, a juzgar por Ia cantidad encerrada en sus frascos respectivos. A unos se Ia habia hecho perder el am or; a otros el deseo de bono res ; a otros el afan de atesorar riquezas, que les obligaba a cruzar la vasta extension. de los mares: estos Ia habian perdido por tener demasiada confianza en sus senores; aquellos por ir tras las farsas de Ia magia ; varios por su pasion por las alhajas o los cuadros; y otros, en fin, por aquello que mas anhelaban. Los sofistas, los astrologos y aun los poetas tenian alii como en deposito gran parte de su juicio. M ediante Ia venia del escritor del oscuro Apocalipsis, Astolfo se apodero del suyo: aproximo a sus narices el cuello de Ia botella que lo contenia, y creyo sentir que Ia parte de juicio que habia perdido volvia a colocarse en su primitivo asiento; lo cual seria asi, puesto que Turpin confiesa que Astolfo se porto durante mucho tiempo con Ia mayor prudencia, basta que un nuevo error que cometio le trastomo otra vez el cerebro. [Orlando furio so, Canto

XXXIV.

Trad. Manuel Aranda Sanjuan]

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[l lllll[lllnstituto Nacional de UCONACULTA l .:路路路路::. D1g1tahzado por :m;:!!: BellasArtes , , ,


r;r, .\ Johannes ~

Kepler:

La vida en las cavernas lunares Todo lo que nace arriba es de tamano extraordinario. Todo crece con prodigiosa rapidez y consuma su existencia en brevisimo tiempo. Los habitantes de la Luna no tienen moradas estables, si~o que vagan de aca para alia, algunos a p1e (son mucho mas resistentes que nuestro~ camelios) , algunos en barca siguiendo el capnchoso curso de las corrientes. Muchos otros en cambio viven en lo profundo de las aguas reteniendo largamente el aliento y ayuda~dose con. otros artificios. Alia aha jo, en los ab1smos mannos, persiste el frio incluso cuando las aguas de la superficie hierven. Todo lo que esta expuesto al Sol meridiano se cuece espontaneamente, transformandose en alimento ~ara los selenitas. Estos estan al Sol, igual que s1erpes, cerca de las cavernas donde viven y en las cuales pueden guarecerse cuando los rayos se ponen demasiado ardientes. [Somnium, 1634]

El sueiio de Kepler La obra de Kepler se titula Sueiio y su autor muri6 sin terminarla, pero fue completada por Bart~h,, yerno de Kepler, y por un hijo de este, pubhcandose en 1634. Kepler finge haber sonado las aventuras que relata, al dormirse cans::do de calcul~r. Es curioso que no las suene d1rectamente, smo que las lee en un libro que compra. en s~enos, en el que se narra el viaje de un 1slandes para ver a Tycho Brahe e informarse acerca de la Luna, lo que permite a Kel?ler dt;scribir el caracter del que fue su jefe. El 1slandes regresa a su pais y descubre que su madre es bruja (recuerdese que la madre de

Kepler fue acusada de hechiceria) y sabe de Ia Luna mucho mas que los astr6nomos, ya que conoce a un demonio de alii. La Luna en el lenguaje brujeril, es liamada Levania y la Tie-

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Kepler se da cuenta de que la atmosfera terrestre no puede al~anzar basta Ia Luna, y que, por tanto, no s1rven de nada las alas ni las tormentas de Luciano. No encontrando un procedimiento fisico , recurre a otro, magi co: ser transportado por un espiritu, utilizando a modo de camino o puente la sombra de la Tierra durante un eclipse de Luna. Los dias y noches de Levania duran catorce de los nuestros, lo que como sabemos es verdad. Los selenitas tienen aspecto de serpientes y se defienden en cavernas de los grandes cambios de temperatura. Las grandes formaciones circulares son ciudades fortificadas, cuyas paredes sirven ademas de refugio contra los rayos solares, para lo cual dan Ia vuelta a las mismas durante cada dia lunar, siguiendo Ia marcha de Ia sombra. ~n esta o?ra se encuentran ideas y puntos ?e ':'I~t,a m_uy ;~teresantes que revelan Ia gran mtmcwn CientJfica de su autor, e incluso aparec_e un concepto muy claro de Ia gravitaci6n umversal, aunque Kepler la Harne magnetismo. [Ernesto Orellana, La Luna, Barcelona, 1962]


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A la Luna tirado por gansas

El vlaJe que hizo a Ia Luna el aventurero espanol Domingo Gonzalez lo relat6 el ingles F:ancis _G_ol_dwin en A man in the Moon. pubhcado lillClalmente en 1638. El curioso relato se difundio mucho en su tiempo, sobre todo en Ia traduccion francesa de Jean Baudoin: L' Homme dans la Lune, au le voyage chimerique fait au monde de la Lune nouvellement decouvert par D ominique Gonzalez, aventurier espagnol (Paris, 1648) . Cyrano de Bergerac, contemporaneo de este lib_ro, y Jules Verne, Io mencionan, aunque el pnmero cree que su autor es Domingo Gonzalez y Verne prefiere atribuirlo a su tr~ductor fran~ ces. Edgar Allan Poe, en su cuento La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall (ca. 1835) expone como sigue el asunto de A man in the Moon: "Despues de algunas aventuras insio-nificantes a Ia manera de Gil Bias, que ocupan°las prime~ ras treinta paginas, el autor relata que, hallandose enfermo durante un viaje por mar, Ia tripulacion lo abandono, junto con su domestico negro, en la isla de Santa Helena. A fin de aumentar las probabilidades de conseguir alimento, ambos se separan y viven lo mas lejos posible el uno del otro. Esto los induce a amaestrar pajaros, a !in de valerse de ellos como de palomas mensaJeras. Poco a poco les ensenan a llevar paquetes, cuyo peso va aumentando gradualmente. Por fin se les ocurre unir las fuerzas de gran numero de pajaros, a fin de que transporten por el aire a! autor. Fabrican a tal efecto una maquina, de la cual se da una detalladisima descripcion, completada con un aguafuerte. Vemos en el al senor Gonzalez, con gola rizada y gran peluca, sentado en algo que se parece muchisimo a un palo de escoba, del que tira una multitud de cisnes silvestres (gansas) atados por Ia cola a Ia maquina. "El suceso mas irnportante del relato del autor depende de un hecho que el lector ignorara hasta llegar al fin del volumen. Los gansos tan familiares ya, no eran habitantes de Santa Helena, sino de la Luna. D esde remotas edades , I a costumbre de emigrar anualmente a' teman alguna region de la Tierra. Como es natural, meses mas tarde volvian a su hogar y en una ocasion en que el au tor requeria sus ' servicios para un breve viaje, se vio inesperadamente arrebatado por los aires, llegando en muy breve tiempo al satelite.

"Una vez alii, y entre otras cosas, el autor des. cubre que los selenitas son mU:y felices, que carecen de !eyes, que mueren sin dolor, que miden entre diez y treinta pies de alto, que viven cinco mil anos, que tienen un emperador llamado Irdonozur y que pueden saltar a sesenta pies de altura, tras lo cual, por quedar libres de Ia influencia de Ia gravedad, puedcn volar con ayuda de abanicos. "No puedo dejar de dar aqui una muestra de Ia filosofia general del volumen. "Debo deciros -declara el senor Gonzalez- como era el Iugar donde me hallaba. Las nubes aparedan bajo mis pies o, si preferis, se tendian entre mi y la Tierra. En cuanto a las estrellas, como en este lugar no existe la noche, tenian siempre la misma apariencia: no brillante, como de costumbre, sino palidas y muy parecidas a la Luna par las mananas. Pero solo se veian unas pocas, aunque eran diez veces mas grandes - hasta donde pude juzgar- de lo que parecen a los terrestres. La Luna, a la cual le faltaban dos dias para quedar llena, era de un inmenso tamano. "No debo dejar de decir que las estrellas solo aparecian del !ado del globo vuelto hacia Ia Luna, y que, cuanto mas cerca estaban, mas grandes eran. Debo informaros asimismo que, aunque hiciera tiempo bueno o malo, siempre me halte exactamente entre la Luna y la Tierra. Estaba convencido de ello por dos razones: primero, mis pajaros volaban siernpre en linea recta, y segundo, toda vez que se detenian a descansar, eramos arrastrados insensiblem ente alrededor del globo terrestre. Pues yo admito Ia opinion de Copernico, quien mantiene que Ia Tierra jamas deja de girar del este a! oeste, no sobre los polos del Equinoccio, llamado vulgarmente polos del mundo, sino sobre los del Zodiaco, cosa de Ia cual me propongo hablar con mas detalle cuando tenga tiempo de refrescar mi memoria con Ia astrologia que estudie en Salamanca en mi juventud, y que desde entonces he olvidado." A pesar de errores senalados en italicas, el libro no deja de merecer cierta atencion, por cuanto proporciona un ingenuo ejemplo de las nociones astronomicas corrientes en su tiempo. Una de elias suponia que el "poder de gravitacion" solo se extendia muy poco sobre Ia superficie terrestre, y por eso vemos a nuestro viajero "arrastrado insensiblemente alrededor del globo", etc. (Trad. Julio Cortazar).

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Cyrano de Bergerac: Viaje a la Luna

Algun tiempo despues las vicisitudes de los asuntos de la provincia suspendieron nuestra filosofia , otra vez volvi con el mayor empeno a mi deseo de subir a la Luna. Habia construido yo una maquina y creia que seria capaz para elevarme todo lo que yo quisiera porque, no faltandole nada de lo que yo pensaba que era necesario, me sente dentro de ella y me precipite en el airc desde la cima de una roca; pero por no haber calculado bien las medidas me cai rudamente en el valle. Y aunque habia quedado muy maltrecho, me volvi a mi cuarto y sin encogerseme el animo, con algo de medula de buey me unte el cuerpo desde la cabCÂŁ:1 hasta los pies, pues todo el lo tenia quebrantado. Y asi que me tome una botella de esencia cordial para fortificarme el coraz6n, volvi en busca de mi maquina; pero ya no la halle, pues ciertos soldados que habian sido enviados al bosque a cortar lena para encencler las hogueras de San Juan, como toparan con ella casualmente, Ia habian llevado al fuerte, en donde tras algunas explicaciones de lo que pudiera ser, y habiendo descubierto el mecanismo del resorte, algunos dijeron que habia que atarles muchos cohetes voladores,

porque habiendoles levantado muy alto, con su rapidez y agitando el resorte sus grandes alas, nadie dejaria de tomar esta maquina por un dragon de fuego. Yo estuve buscandola mucho tiempo, y la encontre por fin en medio de la plaza de Kevec, cuando ya iban a prenderla fuego. Y tan grande fue mi dolor al ver en considerable peligro la obra de mis manos, que fui corriendo a coger el brazo del soldado que encendia el fuego. Le arranque la mecha y freneticamente me meti en mi maquina para romper el artificio de que la habian rodeado. Pero ya llegue tarde, porque apenas hube metido los dos pies fui elevado bacia las nubes. El horror que me invadi6 no me constern6 tanto ni alter6 mis facultades hasta el punto de que no pueda acordarme de todo lo que en aquel memento me sucedi6. Porque en el mismo instante en que la llama devor6 parte de los cohetes que estaban dispuestos en grupos de seis por medio de una atadura que reunia cada media docena, otros se encendieron y luego otros seis, de tal modo que el salitre, al encenderse, al mismo tiempo que acrecia el peligro lo alejaba. Sin embargo, cuando ya estuvieron consumidos todos los cohetes, el artificio fall6, y cuando ya sofiaba yo dejarme la cabeza pegada a cualquier montana, senti sin moverme casi que mi elevaci6n continuaba y que libertandose de mi la maquina volvia a caer sobre la tierra. Esta aventura tan extraordinaria me abullon6 el coraz6n con una alegria tan poco comun que, transportado por verme fuera de un peligro seguro, tuve el atrevimiento de filosofar sobre esto, y buscando con la raz6n y con los ojos cual pudiera ser la causa, adverti que mi carne estaba hinchada y todavia grasienta con la grasa de la medula que yo me habia untado en las contusiones de mi porrazo; entonces me di cuenta de que como iba descendiendo y como la Luna durante este cuadrante habia tenido costumbre de sorber la medula de los animales, se bebia Ia que yo me habia untado, con tanta mas fuerza como era menor Ia distancia que de mi le separaba, y que no debilitaba en su vigor Ia interposici6n de nube alguna. Cuando ya hube atravesado, segun el calculo que yo me hice despues, mucho mas de las tres cuartas partes del camino que separa Ia Luna de Ia Tierra, me vi de pronto dar con los pies en alto, y esto sin que me cayese de ninguna manera, y no me hubiese dado cuenta de ello, seguramente, si no hubiera notado gravitar sobre mi cabeza la carga pesada de mi cuerpo. Yo me daba muy buena cuenta de que no caia bacia la Tierra porque aunque me encontrase entre dos lunas y aunque notase

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perfectamente que a medida que me acercaba a una de elias me alejaba de Ia otra, estaba convencido de que Ia mas grande era nuestro planeta, porque como al cabo de uno o dos dias de viaje las refracciones alejadas del Sol venian a confundir Ia diversidad de los cuerpos y de los dimas, se me aparecia ya solamente como una gran placa de oro. Esto me hizo pensar que iba dirigiendome hacia Ia Luna, y me confirme en esta opinion cuando recorde que habia empezado a caer a las tres cuartas partes de mi camino, porque, me decia yo para mis adentros, como esta masa es menor que la nuestra, es logico tambien que su esfera de actividad sea de menor extension y que, por consiguiente, haya sentido mas tarde Ia fuerza de su centro. Tan pronto como le levante y vi el mas grande de los cuatro rios que forman un lago al reunirse, el espiritu o el alma invisible de los simples que se exhalan sobre esta comarca vino a dar contento a mi olfato, y me apercibi de que los guijarros no eran duros ni toscos, sino que parecian tener la solicitud de ablandarse cuando por encima de ellos se caminaba. Vi despues una estrella de cinco puntas de la cual nacian unos arboles que por su altura enorme parecian levantar hasta el Cielo la meseta de una alta montana. Y pasando mis ojos por ellos desde Ia raiz hasta el vertice de su copa y precipitandolos luego desde lo mas alto hasta la raiz, dudaba si la tierra era la que lo soportaba, o si eran ellos los que llevaban la tierra col gada de sus raices; su frente soberbiamente erguida parecia tambien plegarse como obligada por fuerza sobre la pesadez de los globos celestes, cuya carga parecia que gimiendo soportaban; sus brazos ten didos hacia el Cielo acreditaban abrazandolo pedir a los astros la benignidad intimamente pura de sus influencias y recibirlos cuando todavia no perdieron su inocencia en el !echo de los elementos. Por doquiera las flores aqui, sin los cuidados de otro jardinero que la libre Naturaleza, con tan dulce aliento respiran, que aun siendo salva jes despiertan y halagan el sentido; aqui el arrebol de una rosa sobre el escaramuzo y el azul clarisimo de una violeta sobre el cesped no dejan libertad a la que tienen los sentides para escoger, y de tal modo rivalizan en belleza, que no se sabe cual de elias es la mas hermosa; aqui la Primavera ordena todas las estaciones; aqui no crece planta venenosa sin que luego perezca en castigo a la traicion que hizo al prado, aqui los riachuelos suavemente murmurando cuentan a los guijarros el viaje de su crista!; aqui mil pequefias gargantas de pluma hacen sonoro el bosque con el ruido de sus melodiosos cantos; y la trinadora asamblea de estos musicos divinos es tan numerosa, que en este bosque cada hoja parece convertirse en el pico y Ia figura de un ruisefior; y hasta el mismo eco, tanto contento recibe con

sus canciones, que al oir c6mo las repite pudiera pensarse que queria aprenderselas de memoria. AI lado de estos bosques se ven dos praderas cuyo gay verdor continuo ofrece a los ojos una esmeralda infinita. La confusa mezcla de colores con que Ia Primavera adorna a cien flores diminutas funde todos los matices entre si con tan agradable confusion, que no se sabe si estas flores, cuando un dulce cefiro las mueve, corren para unirse unas a las otras o lo hacen esquivando las caricias del viento que las agita. Muchas veces se creeria que esta pradera es un Oceano, porque, como el mar, no ofrece a Ia vista limite ; de manera que mis ojos, asombrados de haberla recorrido hasta tan lejos sin descubrir su limite, condujeron hacia el mi entendimiento; y con este, pensando si aquel limite seria la extremidad del mundo, queria persuadirse de que tan encantadores sitios acaso habian obligado al Cielo a unirse con la Tierra. En medio de un tapiz tan vasto y tan risuefio corre a borbotones Ia plata de una rustica fuente, que corona sus bordes con un cesped esmaltado de francesillas y de otras cien humildes flores que parecen apretarse para ver cual de elias se mirara primero en el crista! de la fuen te; e~ta todavia esta en su cuna, pues no ha hecho mas que nacer, y su rostro joven todavia no lo cruza ni un solo pliegue. Las grandes ondas que esparce y que vuelven mil veces a su seno

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muestran con cuanto disgusto sale esta agua de la tierra en que nace; y como si estuviese vergonzosa de sentirse acariciada tan cerca de su madre, rechaz6 murmurando a mi mano que la queria tocar. Los animales que basta su borde venian para satisfacer la sed, mas razonables que los de nuestro mundo, mostraban quedarse suspensos al contemplar la luz del plena dia en el horizonte, mientras veia el Sol en los antipodas, y no osaban inclinarse bacia su borde temerosos de anegarse dentro del cielo falso de Ia fuente. Me quede muy sorprendido de verme tan solo en un pais que yo no conocia. En vano sobre el esparcia los ojos paseandolos por toda la N aturaleza; no les ofrecia consuelo la contemplaci6n de ninguna criatura. Finalmente me determine a seguir andando, basta que la Fortuna me deparase la compaiiia de algunos animales o la de la muerte. Vino aquella en mi ayuda, pues al cabo de un cuarto de legua encontre dos enormes animales de los cuales uno se detuvo ante mi y el otro se fue ligeramente a su albergue, o, por lo menos, asi lo pense yo, porque al poco tiempo le vi volver acompaiiado de setecientos u ochocientos mas de su misma especie que en seguida me rodearon. Cuando pude observarlos de cerca adverti que en cuerpo y rostra eran a nosotros semejantes. Me hizo esto pensar en las sirenas, los faunas y los satires de que antaiio me hablaba en sus cuentos mi nodriza. Aullaban frecuentemente con tanta furia, seguramente por la admiraci6n que de verme sentian, que casi llegue a pensar si yo seria un monstruo. En esto, una de esas bestias-hombres, tomandome por el cuello como lo hacen los lobos que roban ovejas, me dej6 sobre sus espaldas y me condujo a su ciudad, en la cual todavia quede mas suspenso que antes, al ver que eran hombres y que, sin embargo todos ellos andaban en cuatro pies. Cuando este pueblo me vio tan pequeiio (pues ellos, la mayor parte, tenian dace codos de estatura) y con el cuerpo sostenido tan s6lo por dos pies, no pudieron creer que fuese un hombre, porque pensaban que habiendo dado la Naturaleza a los hombres dos piernas y dos brazos, como a los animales, debian aquellos usarlos como estos. y en efecto, pensando yo despues en esta creencia comprendi que tal disposici6n no era muy extravagante, pues, segun yo recordaba, los niiios, cuando todavia no tienen otra instrucci6n que la que les da la Naturaleza, andan en cuatro patas y s6lo lo hacen en dos por la indicaci6n de sus nodrizas, que los levantan sobre pequeiios carricoches y les atan andaderas para que no caigan sobre el suelo como el unico asiento en que la corporeidad de nuestra masa tiende a posarse. Y decian ellos, seglin despues me hice yo traducir, que infaliblemente yo era la hembra

del animalito de la reina. Asi, pasando por tal, o por cualquier otra cosa, fui conducido a la alcaldia, en donde adverti por el rumor y los gestos del pueblo y de lo3 magistrados que celebraban Consejo acerca de lo que yo podria ser. Cuando hubieron terminad~ su conferencia, cierto batelero que custod1aba las bestias raras suplic6 a los regidores que confiaran a su guarda, en tanto que la rema me requeria para que fuese a vivir con mi macho. No opusieron ninguna dificultad, y este buf6n me llev6 a su casa, en donde me enseii6 a hacer el gracioso, a saltar dando corbetas y a fingir muecas. Y por las tardes bacia pagar ante su puerta un cierto precio a las gentes que querian verme. Esto basta que el Cielo, herido por mis dolores y disgustado de ver profanar el templo de su dueiio, quiso que un dia, estando yo atado al extrema de una cuerda con Ia cual el charlatan me bacia saltar para divertir a las gentes, oyese yo la voz de un hombre que en lengua griega me preguntaba quien era. Mucha me extraiie al oir hablar en este pais como en el mundo mio. Estuvo a.Igun tiempo preguntandome, yo le conteste contandole totalmente mi empresa y el exito de mi viaje. El me consol6 diciendome esto que todavia recuerdo: "Pues bien, hijo mio, por fin hallais el castigo de las debilidades de vuestro plane-

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ta. Aqui, como alii, hay espiritus vulgares que no pueden sufrir que se piensen casas no acostumbradas; pero sabed que se os da un trato redproco porque si algun habitante de esta tierra hubiese descendido hasta Ia vuestra y hubiera tenido el atrevimiento de llamarse hombre, vuestros sabios le hubiesen ahogado como a un monstruo." Seguidamente me prometio que informaria a la corte de mi desastre que tan pronto como habian llegado a el las noticias que acerca de mi corrian habia venido para verme y me habia reconocido como un hombre del mundo del que, segun yo deda, era habitante. Porque en otro tiempo habia el viajado y habia permanecido en Grecia, donde era conocido por el nombre del Demonio de Socrates. Me dijo tambien que al morir este filosofo el habia cuidado e instruido a Epaminodas, en Tebas; que despues, habiendo ido a tierra de romanos, la justicia le habia ligado al partido del joven Caton; que al morir este habia pasado al de Bruto, y que, como estos personajes no habian dejado en este

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mundo sino el fantasma de sus virtudes, el determino retirarse con sus compaiieros a los templos y a las soledades. "Finalmente -aiiadi6--, el pueblo de vuestra tierra se volvio tan estupido y tan grosero, que mis compaiieros y yo perdimos todo el placer que antes habiamos sentido instruyendolo. Seguramente habreis oido hablar de nosotros, pues Ia gente nos llamaba Ora.culos, Ninfas, Genios, Fes, Dioses de fuego, Vampiros, Duendes, Nayades, fncubos, Sombras, Manes, Espectros y Fantas!Tlas ; y nosotros abandonamos vuestro mundo bajo el reinado de Augusto, un poco despues de que yo me apareciese a Drussus, hijo de Livia, que hada la guerra a Alemania, y le prohibiese adentrarse en esa guerra. No hace mucho tiempo que he ido alia por segunda vez. Hace cien aiios tuve el encargo de hacer un viaje. Anduve mucho por Europa y hable con personas que acaso habreis conocido. [Historia c6mica de los estados e imperios de Ia Luna, 165 7. Trad. J. Chabas y Marti]

Los espaiioles van a la Luna

En el Viaje estdtico al mundo planetaria, del abate Lorenzo Hervas y Panduro, de 1793, se encuentran unos capitulos muy completos sabre los "planeticolas" o habitantes de planetas. Ni un libra contemporaneo, como el notable de Walter Sullivan, No estamos solos, trae una seleccion de opiniones antiguas tan completas sabre el tema, como aparecen .en las paginas de Hervas, salvo cierto inaudito dato de Anaximenes de Lamsaco, maestro de Alejandro el Grande: dijo a los guerreros de su discipulo y amigo haber conquistado uno de los muchos mundos existentes. l Que cara pondrian los soldados al escucharle esta version antigua de un encuentro con extraterrestres? Tampoco citan el viejo Hervas ni el novisimo Sullivan, las ideas de Teng Mu, de la dinastia Sung; este ilustre chino II ega a exclamar: "i Cuan irrazonable seria llegar a suponer que, exceptuando la Tierra y el cielo que podemos ver, no hay mas cielos y tierras!'' Estas palabras orientales parecen intuir universos paralelos. Metrodoro, citado desde Plutarco hasta Flammarion, consideraba absurdo "colocar nada mas que un mundo en el espacio como creer en la existencia de una sola espiga de trigo en un vasto campo". AI Cosmopolita [su lector] empieza a contarle que en "su viaje a\ satelite", escribio un libra compuesto de varios tratados sobre ese mundo; desgraciadamente lo perdio. . . Habia

usado unos archivos selenitas donde vio los rnapas que "ellos" conservaban de diversas epacas terrestres. Uno mostraba la Atlantida, "esa isla de que habla Platon". Y en otros mas viejos, "hechos quiza en el primer siglo, despues del diluvio universal de Ia Tierra, encontre el Asia Menor unida con Ia Europa y no con las islas del archipielago del mar Mediterraneo que entonces no era aun mar". Esto ya mas interesante que los celebres mapas de Piri Reis. En un apendice de su obra perdida puso una historia natural de nuestro vecino planeta ; trataba largo de ciertas monas muy parecidas a las terrestres, aunque menos tontas que las nuestras. "Entre dichos animales encontre muy comunes las modas, que entre los terricolas se llaman de personas en todo afeminadas." Critica de Ia epoca. Sucedio que los lunicolas habian cnviado espias a Ia Tierra, asi muy sencillamente como un decir o un suspiro. De sus observaciones concluyeron que eramos hijos de diversos cometas, o "razas cometicolas", por Ia variedad racial terrestre. El autor varias veces afirma que Ia Tierra fue antes un cometa. No pensemos en cosmogonias astronomicas. Mientras se encontraba en el mundo de la Luna, contemplo una embajada selenita que fue a quejarse al Sol de diversos asuntos, en particular de las ideas de los filosofos terricolas sabre el satelite. El autor indica que imito

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ese recurso de Luciano. Se trata del dialoao sobre el lcaromenipo, el volador, y no su ot~o viaJe a Ia Luna, el de Historias verdaderas. El viaje del Crotal6n -curiosa miscelanea compuesta entre 1551-1553 y atribuida a Cristobal de Villalon- se aparta ya del modelo, porque si se divisan los mismos astros, no hay dioses ni olimpos. Se inicia no exento de elementos maravillosos. Cuando dice que, comenzando a subir, experimento gran ligereza y agilidad , sin experimentar ningun estorbo, pareceria, sin el saberlo, describir lo que todos sabemos sucede, Ia perdida de Ia gravedad. Sigue experimentando efectos que nos recuerdan los informes de drogados con acido Iisergico: "Fui con esto dotado de una perspicacidad y agudeza de entendimiento, y habilidad de los sentidos que juzgaba estar todos en su perfeccion. Porque cuanto quiera que muy alto subiamos, no dejaba de ver y oir todas las cosas tan en particular como si estuviera en aquella distancia que aca en el mundo estos sentidos acostumbran sentir." Y empieza el espectaculo, pero no a! modo copernicano, contemplado en el viaje de Domingo Gonzalez. No tuvo problemas en atravesar Ia region del aire y Ia esfera del fuego basta parar en el cielo de Ia Luna; alii se acomoda un rato, y contempla Ia bella Tierra. Le parece pequena y menor que Ia Luna. Le complace ver sus tres partes principales, Euro-

pa, Asia y Africa, pero sigue viendo las potencias del mar, rios, jardines, flares, todos los detalles, basta describirnos razas, oficios, usos y desusos: "via los muy vedados y peligrosos adulteries que se hacian en camaras y retretes de principes y senores del mundo. " Su vision de Ia vida es Ia del gran teatro del mundo; todo lo representado ha sido burla y risa. Y con sensibilidad de moralista, capaz de estropear el me jor via je por los espacios, todas las riquezas del universo "desde el cielo no tienen cuerpo de una hormiga", y como tal in sec to contempla a los hombres en las ciudades. Van pasando por el cielo de Mercurio a! de Venus ; "y de alii pasamos Ia casa del Sol basta Ia de Marte ; y de alii subimos a! cielo de Jttpiter; y despues fuimos a! de Saturno y a! firmamento y cielo cristalino, y Iuego entramos en el c;ielo empireo, casa real de Dios". Nada menos. Es Iastima que no se detenga mucho en el sistema planetaria; nada nos contara como en el poema de Fray Luis, No che serena, sobre el sanguinaria Marte, Ia graciosa estrella de Am or, el Jupiter benigno ni de Saturno, padre de los siglos de oro. En cambio, nos mostrara una vision siniestra, mas aterradora que Ia historia de Prometeo, en meclio de los espacios, como un espanto de Lovecraft. [Alfredo Lefebvre, Los espaiioles van a otro mundo. Barcelona, 1968, Cap. 1]

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Edgar Allan Poe: Viaje ala Luna

17 de abril. Esta manana debe ser memorable en mi expedicion. Se recordara que el 13 !a tierra subtendia un angulo de 25 grados; el 14, el angulo disminuyo mucho ; el 15, mas aun ; y el 16, antes de acostarme, verifique que no era mas que de 7 grados 15 minutes. Imaginense, pues, cual seria mi asombro cuando a! despertame en !a manana del 17, despues de un breve sueno agitado, vi que !a superficie plantearia colocada debajo de mi habia aumentado de una manera tan inopinada y espantosa, que su diametro aparente subtendia un angulo de 39 grados al menos. Quede como herido por un rayo; ninguna palabra pod ria dar idea exacta del asombro, del estupor que me sobrecogio; mis piernas vacilaron, estremecime de pies a cabeza y erizoseme el cabello. "jEl globo ha reventado! " Esta fue !a primera idea que cruzo por mi mente; no habia !a menor duda. i Tal vez caia ya en aquel momenta con !a mas impetuosa e incomparable velocidad! A juzgar por el inmenso espacio recorrido ya con tal rapidez, debia encontrar !a superficie de la Tierra dentro de diez minutes, j Dentro de diez minutes quedaria aniquilado, dcstrozado. Pero al fin la reflexion vino en mi auxilio; medite y comence a dudar. La cosa era imposible; de ninglin modo podia haber ba jado tan rapidamente, y ademas, aunque me acercase a la superficie situada debajo de mi, mi verdadera velocidad no estaba de ninguri modo en relacion con la espantosa rapidez que habia imaginado al principia. Estas reflexiones calmaron la perturbacion de mis ideas, y pase a considerar el fenomeno bajo su verdadero punta de vista. Era precise que mi asombro me hubiese privado del ejercicio de mis sentidos para que no echase de ver la inmensa diferencia que habia entre el aspecto de la superficie que estaba debajo de mi y la de mi planeta natal. Esta ultima se hallaba, pues, sabre mi cabeza y del todo oculta por el globo ; mientras que la Luna -la Luna misma en toda su gloria- se extendia debajo de mi; la tenia a mis pies. El asombro y el estupor producidos en mi espiritu por aquel extraordinario cambia en la situacion de las cosas era tal vez, bien mirado, lo mas inexplicable de mi aventura, pues aquella "inversion", no solo era natural en si e inevitable, sino que bacia largo tiempo habiala previsto, considerandola como una simple circunstancia, como una consecuencia que debia producirse cuando llegara al punta exacto en que la atraccion del planeta seria rcemplazada por !a del satelite, o en otros terminos, cuando la gravitacion del globo bacia !a Tierra

fuese menos poderosa que su gravitaci6n hacia !a Luna. Cierto que salia de un profunda sueno, que todos mis sentidos estaban aun transtornados cuando me encontre de pronto ante un fenomeno que esperaba y no esperaba en aquel momenta, un fenomeno de los mas sorprendentes. La revolucion misma debia haberse verificado naturalmente de la manera mas suave y gradual, y es positivo que, aunque me hubiese despertado en el momenta en que se ejecuto, me habria parecido hallarme en sentido inverso, sin notar sintoma alguno "interior" del cambia de posicion, es decir, una molestia, una perturbacion cualquiera en mi persona o en mi aparato. Es casi inutil decir que a! darme cuenta de mi situacion, y una vez libre del terror que absorbio todas las facultades de mi alma, me fije tan solo en Ia contemplacion del aspecto general de !a Luna. Desarrollabase debajo de mi como una inmensa carta geografica, y aunque me hallase todavia a considerable distancia, a mi modo de ver, las asperidades de la superficie se marcaban con una claridad muy singular, que no podia explicarme. La falta completa de oceano, de mar, y hasta de lagos y rios, me llamo Ia atencion desde luego, como el caracter mas extraordinario de su condicion geologica. Sin embargo i cosa extrana! veia vastas regiones planas, de caracter positivamente aluviai, aunque !a mayor parte del hemisferio visible estuviese cubierto de innumera bles montanas vold.nicas en forma de conos, que mas bien tenian el aspecto de eminencias formadas por el arte que de salientes naturales. La mas

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alta no excedia de tres millas tres cuartos de elevacion perpendicular; pero un mapa de las regiones volcanicas de los Campi Phlegaei daria a Vuestras Excelencias mejor idea de la superficie general que cualquiera descripci6n, siempre defectuosa, que yo trate de hacer. La mayor parte de esas montanas se hallaban evidentemente en estado de erupcion, y dabanme una terrible idea de su furiosa violencia por las piedras que lanzaban, impropiamente llamadas meteoricas, que partiendo de abajo, pasaban junto al globo con una frecuencia y velocidad espantosas. 18 de abril. Hoy he observado un aumento enorme en el volumen aparente de Ia Luna, y la rapidez de mi descenso ha comenzado a inquietarme. Ya se recordani que al principia, cuando empece a sonar en la posibilidad de un paseo hacia路 Ia Luna, entro por mucho en mis calculos la hipotesis de una atmosfera ambiente, cuya densidad debia ser proporcionada al volumen del planeta; y esto a despecho de muchas teorias contrarias, y hasta a pesar de la preocupacion universal, que no admite la existencia de una atmosfera lunar cualquiera. Sin embargo, ademis de las ideas que ya emit! respecto al cometa de Encke y a la luz zodiacal, lo que me confirmaba en mi opinion eran ciertas indicaciones de Mr. Shroeter, de Lilienthal. Este sabio observo la Luna por la noche, poco despues de ponerse el Sol antes que la parte oscura se hiciese visible, y continuo examinandola hasta que dicha parte lleg6 a serlo. Los dos cuernos parecian afolarse, formando una especie de prolongacion muy aguda, cnya extremidad estaba ligeramente banada por los rayos solares cuando una parte del hemisferio oscuro no se veia; y poco tiempo despues, todo el borde sombrio se ilumino. Yo pense que aquella prolongacion de los cuernos mas alla del semicirculo reconoda por causa la refraccion de los rayos del sol por la atmosfera de la Luna; y calcule tambien que la altura de esta atmosfera (que podia refractar bastante luz en su hemisferio oscuro para producir un crepusculo mas luminoso que Ia luz reflejada por Ia Tierra cuando !a Luna se halla a unos 32 grados de su conjunci6n) debia ser de 1356 pies de rey. Segtl.n esto, supuse que la mayor elevaci6n capaz de refractar el rayo solar era de 5376 pies. Mis ideas sabre este punto se confirmaban tambien con un pasaje del tomo 82 de las Transacciones filos6ficas, en el cual se dice que, a! efectuarse una ocultacion de los satelites de Jupiter, el tercero desaparecio despues de mantenerse invisible uno o dos segundos, y que el cuarto no se pudo distinguir a! acercarse a! limbo. Yo habia fundado en la resistencia mi esperanza de bajar sana y salvo, o mejor dicho,

en el apoyo de una atmosfera existente en estado de densidad hipotetica. Por lo demas, si habia hecho una conjetura absurda, debia suponer que el desenlace de mi excursion seria quedar pulverizado contra la aspera superficie del satelite; en una palabra, tenia mil razones para estar atemorizado. La distancia que me separaba de la Luna era comparativamente insignificante; pero el trabajo exigido por el condensador no habia disminuido en nada, ni veia indicia alguno de densidad creciente en Ia atmosfera. 19 de abril. Esta manana, a eso de las nueve, hallandome espantosamente cerca de !a superficie lunar, y cuando mi inquietud llegaba a su colmo, observe con mucha alegria que el piston del condensador daba senales evidentes de una alteracion en Ia atmosfera. A las diez tuve motivos para creer que su densidad habia aumentado considerablemente; a las once, el aparato exigia solo un trabajo muy ligero; a media dia me a venture, no sin alguna vacilacion, a aflojar el torniquete, y al ver que no daba ningun mal resultado, abri con resolucion Ia camara de caucho y descubri Ia barquilla. Como ya debia esperarlo, un violento malestar, acompanado de espasmos, fue la consecuencia inmediata de un experimento tan precipitado y lleno de peligros; pero como estos y otros inconvenientes para !a respiracion no eran de tal caricter que pusieran mi vida en peligro, me resigne a sufrirlos, tanto mas cuanto que tenia motivos para esperar que desaparecerian progresivamente, pues a cada minuto me aproximaba a las capas mas densas de !a atmosfera lunar. Sin embargo, mi aproximacion se efectuaba con impetuosidad excesiva, y bien pronto quedo demasiado -cosa muy alarmante para mique si no me enganaba, probablemente, a! contar con una atmosfera cuya densidad debia ser proporcional al volumen del satelite, me ha-

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bia equivocado mucho, sin embargo, al suponer que esa densidad, aun en Ia superficie, seria suficiente para soportar el inmenso peso contenido en Ia barquilla de mi globo. Tal hubiera debido ser el caso, exactarncnte como en Ia superficie de Ia Tierra, si suponemos que en uno y otro plancta Ia vcrdadera gravitaci6n del cuerpo esta en raz6n de la densidad atmosferica; mas no era asi; y mi precipitada caida lo demostraba suficientemente. Pero .: por que? No se podia explicar esto sino teniendo en cuenta esas perturbaciones geol6gicas que ya enuncie hipoteticamente. Como quiera que sea, tocaba ya casi en el planeta, y caia con Ia mas terrible impetuosidad. He aqui por que, sin perder un minuto, arroje todo mi lastre, mis barricas de agua, mi aparato condensador, mi saco de caucho y, en fin, todos los articulos contenidos en Ia barquilla; pero todo esto no sirvi6 de nada. Gaia siempre con espantosa rapidez, y bien pronto me halle a media milla de Ia superficie. Como expediente supremo, me despoje de mi chaqueta, sombrero y botas; desprendi tam bien Ia barquilla, que no pesaba poco; y cogiendome a Ia red con ambas manos, apenas tuve tiempo de observar que todo el pais, en cuanto mi vista alcanzaba, estaba lleno de vivicndas liliputienses. Un momento despues caia como una bala en el centro mismo de una ciudad de aspecto fantastico, y en medio de una multitud de seres pequenos, ninguno de los cuales pronunci6 una silaba ni se molest6 en lo mas minirno para auxiliarme. Todos estaban con las manos en las caderas, gesticulando como idiotas de Ia manera mas ridicula, y mirandome de traves. Separeme de ellos con profunda desden, y levantando la vista hacia Ia Tierra que acababa de abandonar, de Ia cual me habia desterrado tal vez para sicmpre, divisela bajo la forma de un inmenso y sombrio escudo de cobre, de un diarnetro de dos grados poco m as 0 menos, fijo e inm6vil en el cielo, y guarnecido en uno de sus bordes de una media luna de oro brillante. No se descubria ninguna serial de mar ni de continente, y el conjunto presentaba manchas variables, cruzadas por ias zonas tropicales y ecuatoriales, como por otras tantas fajas. Asi, pues, me permitire manifestar a Vuestras Excelencias, que despues de una larga serie de angustias e indecibles peligros, llegue al fin sano y salvo, a los diez y nueve dias de mi salida de Rotterdam, al termino del viaje mas extraordinaria e importante que jamas se emprendi6. y efectu6, ni siquiera se concibi6 por un ciudadano cualquiera de vuestro planeta. Restame solo referir mis aventuras. pues Vuestras Excelencias comprenderan facilmente que despues de residir cinco anos en un planeta que, tan interesante ya de por si, lo es d0blemente por su intimo parentesco, en cali-

dad de satclite, con el hombre, puedo yo mantener con el Colegio Nacional Astron6mico correspondencias secretas de mayor importancia que los simples detalles, por sorprendentes que sean, del viaje llevado a cabo con tanta facilidad. Tal es, en suma, Ia verdadera cuesti6n. Tengo muchas cosas que decir, y seria para mi un verdadero placer comunicaroslas. He de hablar extensamente sobre el clima de este planeta. sus asombrosas alternativas de frio y de calor, su claridad solar, que dura quince dias, implar.:able y brill ante; de su temperatura glacial, mas que polar, que se siente en la otra quincena ; de una traslaci6n constante de humedad, efectuada por destilaci6n, como en el vacio, desde el punto situado bajo el Sol hasta el mas lejano ; de la raza misma de los habitantes, sus usos y costumbres y sus instituciones politicas; de su organismo particular, su fealdad, su falta de orejas y apendices superfluos en una atmosfera tan singularmente modificada; de su ignorancia sobre el uso y las propiedades del lenguaje, y el singular metodo de comunicaci6n que reemplaza la palabra; de Ia incomprensible relaci6n que une a cada ciudadano de la Luna con otro del globo terraqueo, relaci6n analoga que rige igualmente los movimientos del plancta y del satelite, por el cual las existencias y destinos de los habitantes del uno estan enlazados con los del otro; y por {tltimo, si no lo llevan a mal Vuestras Excelencias, les hablare muy particularmente de los sombrios y horribles misterios relegados a las regiones del otro hemisferio lunar, regiones que, gracias a Ia concordancia casi rnilagrosa de la rotaci6n del satelite sobre su eje con su revoluci6n sideral alrededor de Ia Tierra, no se han vuelto jamas hacia nosotros, y a Dios gracias, no se expondran nunca a la curiosidad de los telescopios humanos. He aqul. todo lo que desearia referiros, todo esto y mucho mas a{m ; pero si he de hacerlo reclamo mi recompensa. Aspiro a volver a! seno de mi familia y a mi casa; y como precio de mis comunicaciones ulteriores, y teniendo en cuenta la luz que puedo hacer, si tal me place, sobre diversos ramos importantes de las ciencias fisicas y metafl.sicas, solicito que, por Ia influencia de vuestra digna corporaci6n, se me p erdone el crimen del que me hice culpable a! aba ndonar la ciudad de Rotterdam. El portador de Ia presente, habitante de la Luna que ha tenido a bien servirme de mensajcro en Ia Tierra, y a quien he dado las instrucciones necesarias, esperara Ia contestaci6n de Vuestras Excelencias y me traeri la gracia solicitada si hay medio de obtenerla. Tengo el honor de ofrecerme fie! y humilde servidor de Vuestras Excelencias.Hans Pfaall." [A ventura sin par de un tal Hans Pfaall, ca. 1835.

Fragmento. Trad. Julio Gomez de Ia Serna]

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Boitard: V iaje al Sol en un aerolito

Apenas acababa de hablar el demonio, cuando llegamos a Ia superficie del oceano atmosferico: entonces me pareci6 que formaba como un mar azul, tan transpartente que con dificultad podia percibir. las enormes oleadas de su ligera y ondulosa superficie. Cuando mire a! traves de su profundidad, vi a la Tierra formando un fondo montaii.oso, del color del lapislazuli rnuy subido. No vi mas ala Luna, ni habia planeta alguno inmediato; Ia Tierra misma estaba ya tan lejos de mi, que no me ocultaba mas que un pequeii.o espacio del cielo. Me pareci6 de un aspecto tan singular, que ciertamente no Ia habria reconocido, si el genio no me hubiera asegurado que alii estaba mi pais natal. Figuraos una rnasa dando vueltas sobre si misma, con una velocidad de trescientas setenta y cinco leguas en una hora. Por otro movimiento, que Ia impelia del Este a! Oeste, su curso era mas sorprendente, porque toda su masa recorria siete leguas por segundo, es decir, que caminaba setenta veces con mas celeridad que una bala de caii.6n. Siempre habia oido decir que Ia Tierra era redonda; pero vi que esto no era cierto. No solamente la vi aplastada en los polos, sino que Ia encontre prominente hacia el Ecuador, lo que desde donde yo estaba le daba Ia forma de una elipse, cuyos dos ejes estaban muy cerca del centro, o si quereis mejor, la de un oraculo muy corto, cuyas dos puntas se encontraban debajo del Ecuador. Tambien habia leido, no se en que librajo, que los habitantes de Ia Luna debian ver la Tierra como nosotros vemos Ia Luna, con Ia diferencia que aquellos Ia ven dos veces mas grande, y pude realizar Ia justicia de esta opinion. Pero estos librajos aii.aden que el oceano y los otros mares aparecen como grandes espacios sombrio.s, mientras que los continentes forman manchas de un blanco azulado. En eso se engaii.an torpernente, pues el globo terrestre me mostr6 positivamente lo contrario. De los continentes se desprendia una oscuridad sabre un fondo blanco plateado, producido por las aguas que circundan el globo por todas partes, y que reflejan Ia luz a manera de cuerpos lisos. Sea como fuere, las tierras se representaban en meclio de los mares, absolutamente lo mismo que en las cartas que los astr6nomos llaman mapamundi, y cada parte del mundo pasaba bajo mis ojos en poco tiempo, como en una linterna magica. Avanzabamos siempre en el espacio; esta inmensidad me conmovia; tuve miedo de mi aislarniento. Pero en el momenta en que cornenzaba a afligirme, vi un cuerpo brillante describir una curva en el cielo, y dirigirse directa-

mente a nosotros. AI prinClpiO no pude juzgar lo que podia ser esto, porque me parecia rnucho mas distante de lo que en realidad se hallaba; si hubiese sido redondo, ciertamente lo habria tornado por un astro; mas su forma irregular tenia !a sernejanza de una roca. En fin, cuando estuvo cerca de rni ces6 de brillar, volviendose de un negro rojizo, y no me pareci6 mas grande que lo que era realrnente. Este cuerpo era un pedrusco, que tendria de tres a cuatro pies de longitud, de diez y ocho a veinte pulgadas en mayor espesor y ovalado. --:-~Que es eso que esta alla?, pregunte al gemo. -Una Luna, me contest6. ~C6mo una Luna? - -Si, una Luna, o si quieres, un satelite de Ia Tierra. i C6mo! ,: Una Luna de dos pies de diarnetro?

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-lPor que no?, el tamaiio nada importa. - j Bah! dejaos de eso: no conocemos en la - j La Tierra! - dijo Barbicane-. Alii esta. -Si solo crees en una Luna, es porque no hay mas bastante grandes para que las puedas percibir; estas, aunque multitud esten muy cerca de ti, no por eso las conoceras, porque se escapan a tu vista por su pequeiiez. Conozco mas de mil que no son mas gruesas que tu pulgar. Cuando experimentan un trastorno que las arroja en vuestra atmosfera, Ia frotacion del aire consume su fuerza de proyeccion y caen en Ia Tierra. Entonces abris ojos y boca, gritais i milagro!, y creeis que son piedras arrojadas de Ia Luna que veis; despues, para daros aire como de sabios, llamais a eso, meteoritos, aerolitos, asterolitos, etc. - j Ha!, i ha!, ya estoy en ello. Se lo que son. -Veamos. Hace mucho tiempo se dice que caen piedras del cielo; mas los espiritus fuertes no han podido creer en tal fenomeno, que por otra parte, es mas facil negar que explicar. Sin embargo, el hecho se repitio tanto a vista de hombres sabios y dignos de fe, que es preciso creerlos. Entonces no tardaron los sabios en asegurarse, con observaciones rigurosamente hechas y bastantes numerosas. El fenomeno acaecia ordinariamente en tiempo sereno, 0 mas bien independiente de toda circunstancia atmosferica. Un meteoro igneo, de los que se llaman b6lidos o globos de fuego, cruza repentinamente el aire, despues, a! caer en Ia Tierra, estalla con un silbido o detonacion, y no se halla en su Iugar otra cosa que una masa mineral; en una palabra, un aerolito.

-Perfectamente, dijo el demonio. -El autor de Ia mecanica celeste, el celebre Laplace, cree que los aerolitos son arrojados por algun volcan de Ia Luna. -Me parece demasiado graciosa esa idea. - Y sin embargo, es Ia mas verosimil. En efecto, si hay volcanes en Ia Luna, lo que no esta probado, es creible que tengan bastante fuerza para lanzar una piedra fuera de su atmosfera, y los astronomos han valuado esta en Ia misma proporcion que Ia de algunos volcanes de Ia Tierra. Una vez habiendo el aerolito traspasado los limites que se encuentran entre el sistema de atraccion de la Luna y Ia Tierra, lo que puede suceder en una infinidad de direcciones, se vuelve, como deciais, un satelite de la Tierra, pero satelite que siente enormes perturbaciones, a causa de la pequeiiez de su masa; estas alteraciones acaban por atraerlo a la atmosfera terrestre, y cae en su superficie, como habeis dicho. - jAh! jAh! - Si, l pero hay tales volcanes en la Luna? El astronomo Chladni, por ultimo, es de vuestra opinion; cree que esas piedras son fragmentos de planetas, o tal vez planetas pequeiios, que circulando en el espacio, entran en Ia atmosfera terrestre. Esta hipotesis no explica la identidad de composicion en los aerolitos, a menos que se suponga que todos esos planetas miniaturas son absolutamente de la misma naturaleza. l Quien impide eso? [El Museo Mexicano, M exico, 1846, tomo lo., 2a. epoca. Trad. de los redactores de Ia revista]

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Alfonso Reyes: Verne, el vidente

Alia por los aiios de 1880, un funcionario frances del Ministerio de Instruccion Publica recibio Ia visita de un caballero pelirrojo o barbitaheiio y, al leer el nombre en su tarjeta, acerco pro~tamente un sillon y se deshizo en ceremomas: - i Sientese usted, senor Jules Verne! i Tras de tantos viajes y aventuras debe usted de estar fatigadisimo! AI sedentario de Ia torre de Amiens, que apenas salia de su gabinete en forma de camarote, atestado de libros, mapas y esferas, el honrado funcionario le atribuia en realidad el haber dado cien veces la vuelta al mundo -cierta ocasion, en ochenta dias-, el haber completado 20 000 leguas de viaje submarino, una excursion en cohete a la Luna, otra al centro de Ia Tierra, varias exploraciones entre los canibales de Africa y los bosquimanes, a Australia, a las Indias, al Orinoco, etc. Precursor de la novela cientifica, tan en boga por los dias que vivimos, lo fue tambien de numerosos descubrimientos. Pues, como el solia decir, "lo que un hombre es capaz de imaginar, otro sera capaz de hacerlo". y aunque no contaba con mas laboratorio que su estupenda imaginacion, fue un estimulante y un inspirador directo del viaje polar ( segun decla-

racion de Byrd), de la lam para de neon ( segun declaracion de Claude) , de las aceras moviles, del clima condicionado, del rascacielos, del proyectil dirigido, del tanque, de la aerostacion a lo Zeppelin y a lo Piccard, de los aeroplanos a lo Santos Dumont y Wright, de los submarinos electricos ( segun declaracion de Lake) , del autogiro o helicoptero ( segun declaracion de La C:ierva), de la telegrafia inahimbrica a lo Marconi, del cine, Ia radio y aun Ia television, que el llamaba fono-tele-foto. Asi se explica que el Mariscal Lyautey haya declarado un dia ante los diputados de Francia que Ia ciencia moderna, en sus aplicaciones, no hace mas que ir realizando las visiones de Jules Verne. Para colmo, sus ultimos libros se ensombrecen ya con el pavor de las tiranias y el totalitarismo futuros. Ante tamaiia fertilidad, los contemporaneos llegaron a creer que Jules Verne era un equipo, una sociedad de escritores, fabula que deshizo Amicis, enviado especialmente a Francia por los intelectuales italianos para averiguar Ia verdad. Verne, como tantos videntes, tuvo la desgracia de morir ciego. Septiembre de 1954. [Las burlas veras. Primer ciento, Mexico, 1957]

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Jules Verne: De la Tierra a la Luna

"Respuesta a Ia quinta pregunta: 2.A que punto del cielo debera apuntarse el canon destinado a disparar el proyectil? "Adrnitidas las precedentes observaciones. el canon debera apuntarse al cenit del Iugar en que se haga el experimento, de suerte que el tiro sea perpendicular a! plano del horizonte. y asi el proyectil se librar{l mas pronto de los efectos de Ia atraccion tt>rrestn:'. Pero para que Ia Luna suha al cenit de un sitio, ]Jreciso es que Ia latitud de estc sitio no sea mas alta que Ia declinacion del astro, o. en otros t<"rminos, que el sitio se halle comprendido entre 0° v 28" de latitud Norte o Sur. En cualquier otro punto, el tiro tendria que ser necesariamentt' oblicuo, Io que contraria el buen resultado de l experimento. "Respuesta a Ia sexta pregunta: ( Qut~ sitio ocupara Ia Luna en el cielo en el momento de partir el proyectil? "En el acto de lanzar Ia bala a! espacio, Ia Luna que avanza diariamente 13° 10' v 35", debera encontrarse alejada del punto c~enital cuatro veces esta distancia o sean 52° 42' v 20", espacio que correspo~de a] camino qu;~ ella hara mientras dure el avance del proyectil. Pero como es pr~ciso tener tambien en cuenta el desvio que hani sufrir a Ia bala el rnovimiento de rotacion de Ia Tierra, y como Ia bala no llegara a Ia Luna sino despues de haber sufrido una desviacion igual a dieciseis radios terrestres, los cuales, contados en Ia orbita de Ia Luna, son unos 11 o, se de ben estos anadir a los que expresan el retraso de Ia Luna, ya mencionado, o sean 6LJ·0 . Asi, pues, en el rnomento del tiro, el rayo visual dirigido a Ia Luna formara con Ia vertical del sitio del experirnento un angulo de 64°. "Tales son las respuestas que cia el Observatorio de Cambridge a las preguntas de los miembros del Gun-Club. "En resumen: "lo. El canon debera colocarse en un pais situado entre 0° y 28° de latitud Norte o Sur. "2o. Debera apuntarse a! cenit del sitio del experimento. "3o. El proyectil debera estar dotado de una velocidad inicial de 12 000 yardas por segundo. "4o. Debera dispararse el lo. de diciembre del ano proximo a las once horas menos trece minutos y veinte segundos. "5o. Encontrara a Ia Luna cuatro dias despues de su partida, el 4 de diciembre, a las doce de la noche en punto, en el rnomento de pasar por el cenit. "Los miembros del Gun-Club deben, por tanto, emprender sin perdida de tiempo los trabajos que requiere su empresa y hallarse prontos a obrar en el momenta determinado, pues,

si dejan pasar el 4 de dicicmbre, no hallaran Ia Luna Pn las rnismas condicionf's de perigeo df' cenit hasta que hayan transcurrido dieciocho anos once elias. "La junta directiva del Observatorio de Camhridge sc pone enterarnente a disposicion del Gun-Club para las cuestiones de astronornia teorica, y une por la presente sus felicitaciones a las elf' Ia America entera. Por Ia junta: .J. M. BELFAST Director del Observatorio de

Cambrid~e . ' '

Una cuestion faltaba reso]vt~r, y era la eleccion de Iugar favorable al experimento. El obsnvador de Cambridge habia recomendado con interes que el disparo se dirigiese perpendicularrnente al plano del horizonte, es decir, hacia ('] cenit. v Ia Luna no sube al cenit sino en los lu~a're~ situados entre 1° y 28° de latitud, o. lo que es lo mismo, Ia declinacion de Ia Luna no es mas de 28°. Tratandose, pues. df' deterrninar exactamente el punto del g-lobo en que se habia de fundir el inmenso Columbiad. El 20 de octubre, hallandose reunido el GunClub en sesion general , Barbicane se presentfl con un magnifico mapa de los Estados Unidos de z. Belltropp. Pero sin darle tiempo de desplegarlo, J. T. Maston pidio Ia palabra con su habitual vehemencia, y se expreso en los siguientes terminos: -Dignisimos colegas, Ia cuestion que vamos a debatir tiene -una importancia verdaderamente nacional, y va a depararnos Ia ocasion de ejercer un gran acto de patriotismo. Los miembros del Gun-Club se miraron unos a otros ' sin comprender donde iria a parar el orad or. -Ninguno de vosotros -prosiguio este- ha pensado ni pensara nunca en transigir con Ia gloria de su pais, y si hay algun derecho que Ia Union pueda reivindicar es el fundir en su propio seno el formidable canon del Gun-Club. Asi, pues, en las circunstancias actuales ... -Insigne Maston ... -dijo el president~. -Permitidme desenvolver mi pensam1ento --- repuso el orador- .· En las circunstancias actuales, tenemos que buscar un sitio bastante cerca del Ecuador, para que el experirnento se haga en buenas condiciones ... -Si me dejais hablar . . . -dijo Barbicane. -Pido que no se opongan obstaculos a Ia libre discusion de las ideas - replico el displicente J. T. Maston-, y sostengo que el territorio desde el cual se lance nuestro glorioso proyectil, debe ser parte integrante de Ia Union. - j Sin duda! -respondieron algunos miembros.

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- j Pues bien! Puesto que nuestras fronteras no son bastante extensas, puesto que al Sur nos opone el Oceano una harrera insuperable, puest.o que tenemos necesidad de ir a buscar mas alb de los Estados U nidos este paralelo que nos <'s tan preciso, se nos presenta un cassus belli legitimo, y pido que se declare Ia guerra a 'Mexico. - j No! i No! -exclamaron muchas voces a! unisono. - i Conque no? -replico J. A. Maston- . No, Ps un monosilabo que me resulta totalmente incomprensible en este recinto. -Pero, escuchad! .. - j No puedo escuchar nada! --exclamo el fogoso orador- . Tarde o temprano Ia guerra se. hara, y pido que estalle hoy mismo. - j Maston! -dijo Barbicane, haciendo sonar el timbre con estrepito-. i Os suplico que no sigais hablando! Maston quiso replicar, pero algunos de sus colegas pudieron contenerle. -Convengo -dijo Barbicane- en que el experimento no se puede ni se debe intentar sino en territorio de Ia Union, pero si mi impaciente amigo me hubiese dejado hablar, si hubiese con Ia vista recorrido este mapa, sabria que es perfectamente inutil declarar la guerra a nuestros vecinos, en atenci6n a que ciertas franteras de los Estados Unidos se extienden mas alia del 28 째 paralelo. Mirad en el mapa y vereis que tenemos a nuestra disposicion, sin salir de nuestro pais, toda Ia parte meridional de Texas y de Florida. El incidente no tuvo consecuencias, si bien a J. T. Maston le costo no poco dejarse convencer. Se decidio fundir el Columbiad en el suelo de Texas o en el de Florida. - Todo bien considerado -di jo-, es evidente que las dificultades suscitadas por Ia rivalidad de Texas y Florida se producid.n entre las ciudades del Estado favorecido. La rivalidad descendera del genero a Ia espccie, del Estado a Ia ciudad, y no habremos adelantado nada. Pero Texas tiene once ciudades que gozan de las condiciones requeridas, y las once, disputandose el honor de Ia empresa, nos crearan nuevos conflictos, a! paso que Florida no tiene mas ciudades que Tampa. Optemos, pues, por Florida.

No habiendo respuesta que dar, la conversacion se detuvo, y mientras reflexionaba, Barbicane se ocup6 en levantar la tapa del segundo tragaluz lateral. Su operacion se hizo felizmente, y a traves del crista! descubierto penetraron los rayos de !a Luna en el interior del proyectil. Nicholl, como hombre economizador, apago el gas, que era enteramente inutil y cuyo resplandor, ademas, estorbaba para observar los espacios interplanetarios. El disco lunar brillaba entonces en toda su

pureza. Sus rayos, que no enturbiaba la vaporosa atmosfera de nuestro globo, atravesaban el crista! y llenaban el interior del proyectil con sus argentinas reflejos. La negra cortina del firmamento duplicaba el brillo de la Luna, la cual, en aquel vacio del eter impropio para la difusion, no eclipsaba las estrellas. El cielo, visto de ague! modo, presentaba un aspecto enteramente nuevo que los ojos humanos no podian sospechar. Bien se comprende el interes con que los audaces viajeros contemplarian el astro de la noche, termino presunto de su viaje. El satelite de Ia Tierra, en su movimiento de traslacion, se acercaba insensiblemente al cenit, punto matematico a donde debia Ilegar unas ochenta y seis horas despues. Sus montai'ias, sus llanuras, toda su superficie se presentaba lo mismo que si se observase desde un punto cualquiera de ]a Tierra; pero su luz se desarrollaba en el vacio con una gran intensidad. El disco resplandecia como un espejo de platina. Los via jeros se habian olvidado ya de la Tierra que tenian bajo sus pies. El capitan Nicholl fue el primero que llamo Ia atencion sobre el globo abandonado. - j Es verdad! -respondio Miguel Ardan-, no seamos ingratos con el; puesto que dejamos nuestro pais, que sean para el nuestras postreras miradas. Quiero ver la Tierra antes de que se eclipse enteramente a mi vista.

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Barbicane, para satisfacer los deseos de su compaiiero, se ocup6 en descubrir la ventana del fondo del proyectil, por donde se podia observar directamente la Tierra; no sin trabajo se logr6 desmontar el disco que la fuerza de proyecci6n habia hundido en el fondo. Sus trozos, colocados cuidadosamente junto a las paredes, podian volver a servir en caso necesario. Entonces apareci6 una abertura circular de cincuenta centimetros de anchura, practicada en la parte inferior del proyectil, y cerrada por un crista! de quince centimetros de espesor reforzado con una armadura de cobre. Por la parte de fuera habia, como en los demas, una tapa de aluminio sujeta con pasadores a tornillo, que, cuando se soltaron, dejaron el crista! descubierto. Miguel Ardan se arrodill6 sobre el crista!, que aparecia oscuro, como si fuera opaco. - j Calla! -exclam6-, c!Y la Tierra? - j La Tierra! -dijo Barbicane-. Alii esta. - i Como! -dijo Ardan-. iAquelia linea tan delgada en forma de media luna? -La misma, Miguel. Dentro de cuatro dias, cuando la Luna este liena, que sera en el momento de liegar nosotros, la Tierra estara nueva o sea en el primer dia del primer cuarto. Hoy ya no la vemos sino bajo la forma de ese delgado segmento que no tardara en desaparecer, y entonces quedara en sombra unos cuantos dias, ni mas ni menos que la Luna desde la Tierra. - j Eso es la Tierra! -repetia Miguel Ardan, mirando avidamente aquel delgado trozo de su planeta natal. La explicaci6n dada por el presidente Barbicane era exacta; la Tierra, con relaci6n al proyectil, entraba en su ultima fase. Se haliaba en su octante, y no presentaba mas que una delgada media luna, que destacaba como un inmenso arco de luz azulada sabre el fondo negro del firmamento. En el se veian algunos puntos de luz mas viva que indicaban las montaiias, asi como algunas manchas m6viles producidas por los anillos de nubes que rodeaban el esferoide terrestre, manchas que nunca se ven en el disco lunar. Sin embargo, por un fen6meno natural, identico al que se produce en la Luna c:uando se halla en sus octantes, se percibia todo el cantorno del globo terrestre. Su disco entero se distinguia bastante visiblemente por un efecto de luz cenicienta menos perceptible que la luz cenicienta de la Luna; y la raz6n de esta menor intensidad es facil de comprender. Cuando este reflejo se produce en la Luna, es debido a los rayos solares que la Tierra refleja sobre su satelite; mientras aqui por un efecto inverso, era debido a los rayos solares reflejados de la Luna bacia la Tierra. Ahora bien, la luz terrestre es unas trece veces mas intensa que la luz lunar, la cual depende de la diferencia de volumen de ambos cuerpos. De ahi la consecuencia de que, en el fen6meno de la luz cenicienta, la parte oscura

del disco de la Tierra se dibuje con menos claridad que la del disco de la Luna, puesto que Ia intensidad del fen6meno es proporcional a la rotencia iluminante de los dos astros. Hay que aiiadir que la parte iluminada de la Tierra parecia formar una curva mas prolongada que la del res to del disco; puro efecto de Ia irradaci6n. Sabido es que Ia atracci6n, liamada por otro nombre gravedad, es proporcional a las masas y esta en raz6n inversa del cuadrado de las distancias. De ahi se deduce esta consecuencia: Si Ia Tierra hubiera estado sola en el espacio, si los demas cuerpos celestes -hubieran desaparecido subitamente, el proyectil, segun la ley de Newton, hubiera pesado tanto menos, cuanto mas se hubiera alejado de la Tierra, aunque sin perder nunca su peso enteramente, porque la atracci6n terrestre se habria hecho sentir siempre a cualquier distancia. Pero en el caso actual, debia liegar un momenta en que el proyectil no se haliara en modo alguno sometido a las !eyes de la gravedad, hacienda abstracci6n de los demas cuerpos celestes, cuyo efecto podia considerarse como nulo. En efecto, la trayectoria del proyectil se trazaba entre la Tierra y la Luna. A medida que se alejaba de la Tierra, la atracci6n terrestre disminuia en raz6n inversa del cuadrado de las distancias, pero tambien la atracci6n lunar aumentaba en la misma proporci6n. Debia, pues, existir un punto en el que, neutralizandose ambas atracciones, el proyectil no pesaria nada. Si las masas de la Luna y de la Tierra hubieran sido iguales, este punto se habria encontrado a igual distancia de ambos astros. Pero teniendo en cuenta la diferencia de las masas, era facil calcular que aquel punta debia estar situado a los cuarenta y siete cincuenta y dos avos del via_ je, o sea, a setenta y ocho mil ciento catorce lcguas de la Tierra. En aquel punto, cualquier cuerpo que no lievase en si un principia de velocidad o de traslaci6n, permaneceria eternamente inm6vil, siendo igualmente atraido por los dos astros, y no habiendo otra fuerza que le impulsase hacia cualquiera de los dos. Ahora bien, el proyectil, si la fuerza impulsiva habia sido exactamente calculada, debia liegar a aquel punto con una velocidad nula, habiendo perdido todo indicia de gravedad, como igualmente los objetos que encerraba. i Que sucederia entonces? Tres hip6tesis se presentaban, que debian traer consecuencias muy diferentes: 0 el proyectil habria conservado cierta velocidad, y, pasando del punto de atracci6n equilibrada, caeria en la Luna en virtud de la atracci6n lunar. 0 falt{mdole la velocidad para llegar al punto de atracci6n equilibrada, caeria a la Tierra en virtud de la atracci6n terrestre. 0, finalmente, animado por una velocidad

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suficiente para llegar a! punto neutro, pero insuficiente para pasar de el, permaneceria eternamente suspendido en ague! sitio, como el supuesto sepulcro de Mahoma, entre el cenit y el nadir. Hasta entonces, los viajeros, si bien advertian que esta accion disminuia cada vez mas, no habian reconocido que faltase totalmente. Pero ague! mismo dia, a eso de las once de la manana, un vaso que tenia en !a mano Nicholl, y que solto inadvertidamente, se guedo en el aire en vez de caer a! suelo. - j Hola -exclamo Miguel-, vamos a tener un poco de fisica recreativa! Y, en efecto, a! momento mismo, varios objetos, armas, botellas, abandonados a si mismos, se sostuvieron como por milagro. La perra Diana, colocada por Miguel en el espacio, reprodujo, aunque sin secreto alguno, Ia suspension maravillosa operada por los Caston, los Roberto Houdin y otros. La perra, por su parte, no parecia advertir que se hallaba en el aire. Los tres compafieros, sorprendidos y estupefactos, a pesar de las razones cientificas que tenian para explicar ague! fenomeno, sentian que faltaba a su cuerpo Ia gravedad. Si extendian sus brazos, se guedaban de este modo sin ba jarse; su cabeza no se inclinaba a ningun !ado, y sus pies no tocaban el fondo del proyectil. Parecian hombres ebrios a quienes falta la estabilidad. La imaginacion ha creado hombres invisibles o sin sorr'lbra. Pero alli, !a realidad,

solo por Ia neutralizacion de las fuerzas atractivas, bacia hombres que no pesaban. De repente, Miguel, tomando impulso, se desprendio del fondo, y quedo suspendido en el aire como el fraile de !a Cocina de los Angeles, de Murillo. Sus dos amigos se le reunieron a! momento, y juntos los tres, en el centro del proyectil, figuraban una ascension milagrosa. -iEs esto creible? iEs verosimil? iEs posible? -exclamo Miguel-. i No! Y, sin embargo, es cierto. i Ah! Si Rafael nos hubiera vis to asi, i que Asuncion hubiera trazado en el lienzo! -La asuncion no puede durar -respondio Barbicane-. Si el proyectil pasa del punto neutro, Ia atraccion de !a Luna nos llevara bacia ella. -Entonces descansaran nuestros pies en !a boveda del proyectil -respondio Miguel. -No tal -dijo Barbicane-; el proyectil tiene su centro de gravedad abajo y se volveni poco a poco. -Entonces, todo nuestro mobiliario va a verse trastornado en un momento. -No tengas cuidado, Miguel -respondio Nicholl-. No habra trastorno alguno; ningun objeto se movera, porque !a evolucion del proyectil se hara insensiblemente. -En efecto -aiiadio Barbicane-, y cuando haya pasado el punto de atraccion eguilibrada, su fondo, relativamente mas pesado, lo arrastrara en una perpendicular a !a Luna. Pero para que este fen6meno se produzca, es menester que hayamos pasado !a linea neutra. - j Pasar !a linea neutra! -exclam6 Miguel-. Entonces vamos a hacer como los marinos cuando pasan el Ecuador, j mojemos nuestro paso! Por medio de un !eve movimiento lateral, se acerc6 Miguel a !a pared; tomo alii una botella y vasos, los coloco en el espacio, delante de sus compafieros, y bebiendo alegremente, saludaron a la linea con una triple aclamaci6n. Se recordara Ia escena del mitin celebrado en Tampa, en Florida, cuando el capitan Nicholl se presentaba como enemigo de Barbicane y adversario de Miguel Ardan. A las afirmaciones del capitan Nicholl, que se empeiiaba en sostener que el proyectil se haria pedazos, contestaba Miguc.l que retardaria su caida por medio de cohetes convenientemente dispuestos. Y en efecto, se concebia bien que, disparando desde !a parte exterior del fondo del proyectil cohetes de gran potencia, no podian menos de producir un movimiento de retroceso que disminuia considerablemente la velocidad de ague!. Aguellos cohetes debian arder en el vacio, verdaderamente, pero no les faltaria oxigeno, porque habian de producirlo ellos mismos, como los volcanes lunares, cuya deflagraci6n nunca ha dejado de verificarse por la falta de atmosfera en la Luna. 187

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Barbicane, por lo tanto, se habia provisto de cohetes de esta especie encerrados en canoncillos de acero de forma de rosca que podian atornillarse en el fondo del proyectil; por Ia parte inferior no sobresalian de este fonda; por Ia exterior sobresalian medio pie. Se colocaron veinte ; y una abertura practicada a! efecto en el disco, permitia encender Ia mecha de que cada cual iba provisto, produciendose asi todo el efccto por Ia parte exterior. Las mechas inflamables se habian puesto de antemano muy forzadas en cada canon. No faltaba, pues, rml.s que quitar los obturadores metalicos ajustados en el fonda, y reemplazarlos con los canoncillos que ajustaban tambien exactamente. Esta nueva operacion se acabo a eso de las tres, y tomadas estas precauciones, ya no habia mas que esperar. Mientras tanto, el proyectil habia llegado a Ia altura del grado 40 de latitud lunar, a una distancia de la superficie del astro no superior sin duda a ochocientos kilometros. Los objetos se retrataban en los anteojos como si solo distaran dos leguas. En aquel punto, a los pies de los observadores, se alzaba el Helicon, de quinientos cinco metros de alto, a la izquierda se dibujaban en redondo esas medianas alturas que encierran una corta porcion del mar de las Lluvias, con el nombre de golfo de los Iris. La atmosfera terrestre habria de ser ciento setenta veces mas transparente de lo que es para que los astronomos pudieran hacer, a traves de ella, observaciones completas en Ia superficie lunar. Pero en el vado en que flotaba el proyectil, no se interponia fluido alguno entre el ojo del observador y el objeto observado. Ademas, Barbicane se encontraba a una distancia que no habian dado nunca los mas fuertes telescopios, ni el de John Ross, ni el de las montaiias Rocosas. Se hallaba, pues, en condiciones sumamente favorables para resolver Ia importante cuestion de Ia habitalidad de Ia Luna. Sin embargo, esta solucion se le escapaba todavia; no distinguia mas que el !echo desierto de las grandes llanuras, y hacia el Norte, montaiias aridas; pero ninguna obra que revelase Ia mano del hombre, ni una ruina que diese testimonio de su paso. Tampoco se veia aglomeracion de animales, que indicase alii el desarrollo de Ia vida, ni aun en escala inferior. En ninguna parte se percibian movimientos; en ninguna parte apareda vegetacion. De los tres reinos que forman el globo terrestre, uno solo estaba representado en el globo lunar: el mineral. - j Ah! - dijo Migurâ&#x20AC;˘i con aire desconcertado- . ~ Conque no hay nadie? - :\o - respondio Nicholl- , por lo menos hasta ahora. Ni un hombre, ni un animal, ni un arbol. Despues de todo, si Ia atmosfera se ha refugiado en el fondo de las cavidades, en el inferior de los circos o en la superficie opuesta de b Luna, nada podemos prejmgar

- Por lo demas -aiiadio Barbicane-, un hombre no es visible ni aun para Ia vista perspicaz, a la distancia de siete kilometros. Si hay, pues, selenitas, ellos pueden ver nuestro proyectil, pero nosotros no podemos verlos a ellos. Como Ia Luna no tiene atmosfera, csta ausencia de envoltura gaseosa produce consecuencias ya demostradas. No hay c:repusculo en Ja superficie, ya que Ia noche suc<'cle a! dia y el dia a Ia noche de repentc, con10 una luz que se enciende o se apaga en medio de una oscuridad profunda. Tampoco hay transicion desde el frio al calor, sino que Ia temperatura pasa en un momenta desde el grado de la ebullcion del agua a los frios del espacio. Otra consecuencia de Ia ausencia de airc es la de que reinan tinieblas completas alii donde no llegan los rayos del Sol. Lo que en Ia Tierra se llama luz difusa, esa materia luminosa que el aire mantiene en suspension y que crea los crcpC1sculos y ias albas, que produce las sambras, las penumbras y toda esa magia del claroscuro, no existe en Ia Luna. De aqui resulta una rudeza de contraste que no admite sino dos colares, cl blanco y el negro. Si un selenita guarece su vista de los rayos solarcs, el cielo le parece tnteramente negro y las estrelias brillan a sus o jos, como en Ja mas oscura noche. J C1zguese Ia irnpresion que cste extrano aspecto produciria en Barbicane y en sus dos amigas. Sus ojos se clesorientaban y no podian apreciar las distancias de los diferentes terminos entre si. Un paisaje lunar, que no se halla suavizado por el fenomeno del claroscuro, no podria ser reproducido por un paisajista de Ia Tierra; todo se reduciria a manchas negras sobre un fonda blanco. Este aspecto no se moclifico ni aun cuando el proyectil, a Ia altura del grado ochenta, se hallo separado de Ia Luna solo por una distancia de cicn kil6metros; ni tarnpoco cuando, a las cinco de Ia manana, pas6 a mcnos de cincuenta kilometros de Ia montana de Gioja, distancia que los anteojos reducian a medio cuarto de legua. Creian tocar Ia Luna con Ia mano, y les parecia imposible que el proyectil no tropezase con ella de un momento a otro, aunque no fuera mas que por el polo Norte, cuya cumbre brillante se dibuja violentamente sobre el fondo negro del cielo. Miguel Ardan querla abrir uno de los tragaluces y precipitarse a la superficie lunar, sin espantarse a Ia idea de una caida de doce leguas. La tentativa hubiera sido inutil, porque si el proyectil no clebia llegar a ningun punto del satelite, Miguel, arrastrado por su movimiento, no habria llegado tampoco. En aquel momento, que eran las seis, aparecia cl Polo lunar. El disco no presentaba a las miradas de los viajeros mas que una mitad fuertemente iluminada, mientras la otra desapareda en las tinieblas. De repente, el proyectil paso Ia linea que dividia Ia luz intensa de Ia

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sombra absoluta, y quedo subitamente sumido en una profunda noche. Hacia las cinco y cuarenta y cinco minutes de Ia tarde, Nicholl, armado de su anteojo, seii.alo, hacia el borde meridional de Ia Luna y en Ia direccion que seguia el proyectil, algunos puntos brillantes que se destacaban sobre el fondo sombrio del cielo. Hubieran podido compararse a una serie de agudos picos, perfilandose como una linea recortada. Estos puntas se iluminaban con bastante intensidad. Asi aparecia el ultimo termino lineal de Ia Luna cuando se presenta en una de sus fases. No habia Iugar a equivocarse. No se trataba de un simple meteoro cuya arista luminosa no tenia color ni movilidad. Mucho menos de un volcan en erupcion, por lo cual Barbicane no tardo en decidirse. - j El Sol!--;exclamo. - i Como, el Sol? -contestaron Nicholl y Miguel Ardan. -Si, amigos mios; es el astro radiante que ilumina Ia cima de estas montaii.as situadas en el borde meridional de Ia Luna. i Nos aproximamos, evidentemente, al Polo Sur! -Despues de haber pasado por el polo Norte -contesto Miguel- . i Hemos, pues, dado Ia vuelta a nuestro satelite! - Si, mi valiente Miguel -Entonces, nada de hiperboles, parabolas, ni curvas abiertas que temer. -No, sino una curva cerrada. -Que se llama . .. -Una elipse. En vez de marchar a abismarse en los espacios interplam·tarios, es probable que el proyectil vaya a describir una orbita eliptica alrededor de Ia Luna. -Es cierto. - Y se hara su satelite. -Luna de la Luna -e~clamo Miguel Ardan. -Unicamente te hare observar, mi digno amigo -replico Barbicane-, que por eso no estaremos menos perdidos. - Si, pero de otra manera, y mucho mas divertida -respondio el imperturbable frances, con su mas amable sonrisa. Aquella misma noche, los senores Maston y Belfast enviaron un telegrama desde Ia estacion de Long's Peak a los miembros del observatorio de Cambridge. Ague! telegrama participaba que el dia 11 de diciembre, a las ocho y cuarenta y siete minutos de la noche, los senores Maston y Belfast habian distinguido el proyectil lanzado por el Columbiad de Stone's Hill; que Ia bala, desviada de Ia direccion por una causa desconocida, no habia llegado a su termino, si bien habia pasado bastante cerca para ser detenida por Ia atraccion lunar, y, en su consecuencia, su movimiento rectilineo se habia trocado en movimiento circular, empezando a recorrer una

orbita eliptica en torno del astro de la noche, y convirtiendose en satelite suyo. El telegrama anadio que los elementos de cste nuevo astro no habian podido calcularse todavia, y en efecto, para determinarlos, se necesitaban tres observaciones que tomaran el astro en tres posiciones diferentes. Despues, indicaban que Ia distancia entre el proyectil y Ia superficie lunar "podia" evaluarse en unas dos mil ochecientas treinta y tres millas, o sean unas cuatro mil quinientas leguas. y terminaba, por ultimo, emitiendo estas hipotesis: 0 la atraccion lunar venceria, y los viajeros llegarian a su destino, o el proyectil, detenido en una orbita inmutable, gravitaria en torno del disco lunar hasta el fin de los siglos. i Cual podria ser Ia suerte de los viajeros en estas alternativas? Es verdad que tenian viveres para cierto tiempo. Pero, aun en el caso de que su empresa tuviera el mejor exito, i como volverian? i•Podrian, acaso, volver? iHabria noticias suyas? Todas estas cuestiones, debatidas por las plumas mas competentes, interesaban en alto grado a la opinion publica. Conviene hacer aqui una observacion que deben tener en cuenta los impacientes. Cuando un sabio anuncia al publico un descubrimiento puramente especulativo, debe proceder con mucha prudencia. Nadie esta obligado a descubrir un planeta, ni un cometa, ni un satelite, y el que se equivoca en casos semejantes, se expone justamente a las burlas de Ia multitud. Por lo tanto, es preferible esperar, y esto es lo que debio hacer el impaciente J. T. Maston antes de expedir ague! telegrama que, segun el, decidia ya el resultado definitivo de aquella empresa. En efecto, ague! telegrama contenia errores de dos clases, como se demostro despues: en primer Iugar, errores de observaciones respecto a Ia distancia entre el proyectil y Ia superficie lunar, porque a Ia fecha del 11 de diciembre era imposible verle, y lo que J. T. Maston creia haber visto no podia en manera alguna ser Ia bala del Columbiad. En segundo Iugar, error de teoria acerca de Ia suerte que podria correr el citado proyectil, porque el suponerle convertido en satelite de Ia Luna, era ponerse en contradiccion con las !eyes de Ia mecanica racional. Una sola hipotesis de los observadores de Long's Peak podia realizarse: Ia que preveia el caso de que los viajeros, si aun vivian, combinaran sus esfuerzos con Ia atraccion lunar a fin de llegar a la superficie del astro. En ague! memento, la gravedad no se hacia sentir, y los viajeros sentian en si mismos aquella completa desaparicion. Estaban inmediatos al punto neutro, si no en el mismo. - i La una! - dijo Barbicane. Miguel aplico Ia mecha inflamada a un aparato que ponia en comunicacion instantanea a los cohetes. No se oyo detonacion alguna en la parte exterior, donde faltaba el aire. Pero por

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rrer todos los puntas par donde antes habia pasado. Era una caida terrible. desde una altura de 78 000 Ieguas, y que ning{m muelle ni resorte podia debilitar. j Con arreglo a las !eyes de Ia balistica, el proyectil debia dar en Ia Tierra con una velocidad igual a la que le animaba a! salir del Columbiad. o sea, una velocidad de 16 000 metros en el ultimo segundo!

los tragaluces, vio Barbicane un fogonazo prolong-ado que se extinguio a! punta. EI proyectil sufrio una sacudida que se percibio muy distintamente en su interior. Los tres amigos miraban, escuchaban sin hablar, respirando apenas; podian oirse los latidos de sus corazones en media de aquel absoluto silencio. - i Caemos? -pregunto por ultimo Miguel Ardan. -No -respondio Nicholl-, puesto que el fonda del proyectil no se vuelve bacia el disco lunar. En aquel momenta, Barbicane, separandose del crista! del tragaluz, se volvio bacia sus companeros, los cuales Ie vieron terriblemente palido, con Ia frente arrugada y los labios contraidos. - j Caemos! -dijo. - j Ah! -exclamo Miguel Ardan-. i Hasta Ia Luna? -Hacia Ia Tierra -respondio Barbicane. - j Diablo! -exclamo Miguel Ardan, y anadio luego, filosoficamente-: i Bueno! j AI entrar en el proyectil, pensabamos que no seria facil salir de el! Comenzaba, en efecto, aquella espantosa caida. La velocidad que conservaba el proyectil lo habia llevado mas alia del punta muerto, sin que pudiera impedirlo Ia explosion de los cohetes. Aquella velocidad que, a Ia ida, habia arrastrado a! proyectil fuera de Ia linea neutra, lo arrastraba tambien a Ia vuelta. La fisica exigia que, en su orbita eliptica, volviera a reco-

Esta conversacion de los oficiales del Susquehanna, duro aproximadamente basta la una de la manana. Imposible seria describir todos los sistemas, todas las teorias emitidas por aguelias atrevidas inteligencias. Parecia que nada era imposible para los americanos desde Ia tentativa de Barbicane. Hasta tenian el proyecto de expedir a las playas selenitas, no ya una comision de sabios solamente, sino toda una colonia y un ejercito con infanteria, caballeria y artilleria, para conquistar el mundo lunar. A la una de Ia manana no habia concluido aun Ia extraccion de Ia sonda. Todavia faltaban 10 000 pies y habia trabajo para unas cuantas horas. Los fuegos estaban encendidos seglin Ia arden del comandante, y Ia caldera estaba en presion, pudiendo partir el Susquehanna en aquel mismo momento. En aquel instante ( eran la una y diecisiete minutos de la manana) y cuando el teniente Bronsfield se disponia a abandonar Ia cubierta y a entrar en su camarote, Ilamo su atencion un silbido lejano y repentino. El y sus camaradas creyeron a! principio que este silbido era causado por una fug-a de vapor, pero a! levantar Ia cabeza, observaron que este ruido se oia en las capas lejanas del aire. No habian tenido aun tiempo de dirigirse uoo. pregunta, cuando el silbido tomo una intensidad espantosa, y de repente aparecio ante sus ojos deslumbrados un bolido enorrne, inflamado por Ia rapidez de Ia carrera y por el frotamiento con las capas atmosfericas. i Aquella masa ignea aumento a sus ojos, cayo con el ruido del trueno sobre el baupres de !a corbeta, que quebro al nivel de la proa, y se hundio en las olas con estampido atronador! Si hubiese caido algunos pies mas cerca del Susquehanna, esta hubiera zozobrado. En ague! instante se presento media vestido el capitan Blomsberry, y lanzandose, como los demas, bacia el castillo de proa, pregunto: -Con vuestro permiso, senores, i que ha sucedido? Y el joven guardiamarina, haciendose interprete de todos, exclamo : - j Comandante, son "ellos" que vuelven! "Caido proyectil del Columbiad en el Pacifico, el 12 de diciembre, a !a una y diecisiete minutos de Ia manana, a los 20째 7, de longitud Norte y 41 째 37' de longitud Oeste. Enviad instrucciones. Blomsberry, comandante del Susquehanna." 191

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- i Ah! i Tres veces brutos! i Cuatro veces idiotas! i Cinco veces estupidos! -Pero ique sucede? -dijeron todos. - i Que sucede? - i Si; hablad! -Lo que sucede, imbeciles, es que el proyectil no pesa mas que diecinueve mil doscientas cincuenta Iibras. - i Y que? . - Y que desaloja veintiocho toneladas, o sea, cmcuenta y seis mil Iibras, y, por consiguiente, iflota! i Y era la verdad! Todos aquellos sa bios habian olvidado esta ley fundamental: que, por efecto de la ligereza especifica, el J)royectil des' de ser arrastrado en su caida basta las' mapues yores profundidades del oceano, debia naturalmente volver a Ia superficie. Y al presente, flotaba tranquil a a merced de las olas ... Echaronse al punto los botes al mar, precipitandose a ellos J. T. Maston y sus amigos. La emocion habia llegado al colmo; todos los corazones palpitaban, mientras las lanchas se acercaban al proyectil. i Que contendria? i Vivos, o muertos? i Vivos, a no ser que la muerte hubiera venido a Barbicane y a sus dos amigos despues de haber arbolado aquel pabellon! U n prof undo silencio reinaba en las lanchas; todos los corazones latian agitados; los ojos no veian ya. Uno de los tragaluces se hallaba abierto. Algunos pedazos de crista!, que habian quedado en el marco probaban que se habia roto. Aquel tragaluz se hallaba a Ia saz6n a Ia altura de cinco pies sobre las olas. Acercose una lancha, Ia de .J. T. Maston, y este se precipito bacia el crista! roto ... En ague! momento se oyo Ia voz alegre y clara de Miguel Ardan, que gritaba con acento de triunfo: - i Blancas, Barbicane ; cerrado a blancas! Barbicane, Miguel Ardan y Nicholl jugaban al domino.

Barbicane, Miguel Ardan, Nicholl y los delegados del Gun-Club llegaron sin dilacion a Baltimore, donde fueron recibidos con indescriptible entusiasmo. Las notas del presidente Barbicane estaban proximas a publicane. El New York Herald compro ague! manuscrito a un precio que aun se ignora, pero que debi6 ser elevadisimo. En efecto, durante Ia publicacion del Viaje a la Luna, Ia tirada de aquel periodico llego a cinco millones de ejemplares. Tres dias despues de la vuelta de los viajeros a la Tierra, se sabian ya los menore3 detalles de su expedicion; no quedaba mas que ver a los heroes de aquella empresa sobrehumana. La exploracion de Barbicane y de sus amigos alrededor de Ia Luna, habian permitido comprobar las diferentes teorias admitidas respecto del satelite de Ia Tierra. Aquellos sabios habian observado de visu, y en condiciones particulares. AI presente, ya se sabia que sistemas debian desecharse y CuaJes admitirse SObre Ia formacion del astro, sobre su origen y

sobre su habitabilidad. Conocianse los secretos de su pasado, su presente y su porvenir. i Que objeciones podian hacerse a unos observadores concienzudos que habian medido a menos de 40 kilometros aque!la curiosa montana de Tycho, Ia m as extrana del sistema orografico lunar? i Que podia responderse a los sabios cuyas miradas habian penetrado en los abismos del circo de Platon? i Como contradecir a aquellos hombres osados, a quienes los azares de su tentativa habian llevado basta Ia parte invisible del disco lunar, que ningun ojo humano habla contemplado hasta entonces? AI presente tenian derecho para imponer limites a esa ciencia selenografica que habia formado el mundo lunar, como Cuvier el esqueleto de un fosil y decir: i La Luna fue un mundo habitable y habitado, antes que la Tierra! i La Luna es hoy un mundo inhabitable e inhabitado! Deseando el Gun-Club celebrar la vuelta del mas ilustre de sus individuos y de sus companeros, dispuso un banquete, pero un banquete digno de 16s triunfadores y del pueblo americana con tales condiciones que pudieran tamar part~ en el todos los habitantes de la Union. Todas las estaciones de Ia linea de los ferrocarriles del Estado se pusieron en comunicacion por medio de carriles volantes. En todas las estaciones, empavesadas con las mismas .ban~e足 ras y adornadas del mismo modo , se dtspusteron mesas serviclas uniformemente. A horas determinadas con exactitucl por media de relojes electricos que iban al segundo, las poblaciones fueron invitadas a sentarse a las mesas del banquete. Durante cuatro dias . desde el 5 al 9 de enero, estuvieron suspenclidos los trenes como lo estan el domingo en todos los ferrocarriles de Ia Union, y todas las vias estuvieron libres. Solo una locomotora de gran velocidad y que arrastraba un cache de honor, tuvo permiso para circular aquellos cuatro dias por los ferrocarriles de los Estados Unidos. La locomotora, ocupada por un fogonero y un maquinista, conducia, por favor especial, al respetable J. T. Maston, secretario del GunClub. El cache conducia a! presidente, al capitan Nicholl y a Miguel Ardan. AI silbido del maquinista, y entre las aclamaciones de todo genera, el tren partio de Ia estacion de Baltimore marchando con una velocidad de 80 leguas por hora. Pero i que era esa velocidad comparada con Ia que impulsaba a los tres compafieros al salir del Columbiad? De este modo fueron pasando de una a otra ciudad, encontrando a su paso a las poblaciones sentadas a la mesa, y que les saludaban con las aclamaciones y los mismos aplausos. Asi recorrieron el Este de Ia Union atravesando Pensilvania, Connecticut, Massachusetts, Vermont, Maine y Nuevo Brunswick; atravesaron el Norte y el Oeste por Nueva York, Ohio, Michigan y Wisconsin; ba jaron de nuevo a! Sur

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por Illinois, Missouri, Arkansas, Texas y Luisiana; corrieron al Sudoeste por Alabama y Florida; subieron de nuevo por Georgia y Ia~ Carolinas; visitaron el centro por Tennessee, Kentucky, Virginia e Indiana, y en seguida, desde la estaci6n de Washington, volvieron a Baltimore; pudiendo figurarse en aquellos cuatro dias que todo el pueblo de los Estados Unidos de America, sentado en un inmenso banquete, los habia saludado a un mismo tiempo. La apoteosis era digna de aquellos tres he-

roes, a qwenes Ia fabula hubiera elevado seguramente a Ia categoria de semidioses. Y ahora preguntaremos: esta tentativa sin precedente en los anales de los viajes ~ traera algun resultado practico? ~ Se estableceran alguna vez comunicaciones directas con la Luna? ~ Se fu:1dara un servicio de navegaci6n a traves del espacio, para recorrer el mundo? [De la T ierra a [a Luna, 1865; Alrededor de la Luna, 1870, Fragmentos]

Rudolf Erich Raspe-Gottfried Burger: Los dos viajes a Ia Luna del Baron de Munchhausen PRIMER VIAJE

A pesar de toda mi intrepidez, de toda la velocidad, de Ia destreza y de Ia agilidad de mi caballo, no siempre tuve, en Ia guerra contra los Turcos, los exitos que yo hubiese deseado. Y aun me ocurri6 la desdicha, excedido por el numero, de ser hecho prisionero, y -lo que es mas triste todavia, aunque esto sea una costumbre entre aquellas gentes- fui vendido como esclavo. Reducido a tal estado de humillaci6n, se me tenia en un trabajo menos duro que singular, menos humillante que insoportable. Yo estaba encargado de llevar cada manana al campo las

abejas del sultan, de cuidarlas durante todo el dia y de encerrarlas en el colmenar al atardecer. Cierta tarde me falt6 un enjambre; pero al instante vi que dos osas querian destrozarlo para apoderarse de su miel. No teniendo a Ia mano mas arma que Ia pequeiia hacha de plata que es el signo distintivo de los jardineros y de los agricultores del sultan, Ia arroje contra las dos ladronas, con el objeto de espantarlas. Logre en efecto librar al pobre enjambre; pero el impulso dado por mi brazo habia sido demasiado fuerte: el hacha se elev6 en el aire tan alto, tan alto, que fue a caer a la Luna. ~ C6mo recuperarla? ~D6nde hallar una escala para ir a buscar el hacha?

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Recorde entonces que el guisante de Turquia crece muy d.pidamente y a una altura extraordinaria. Plante inmcdiatamente uno, que sc puso a crecer y que solito dio varias vueltas con su punta alrededor de uno de los cuernos de Ia Luna. Trepe con prontitud hacia el astro, a! cual llegue sin dificultad. No fue poco trabajo el buscar mi pequeiia hacha de plata en un Iugar en que todos los trabajos son igualmente de plata. La halle a! fin en un mont6n de paja. Entonces pense en Ia vuelta. Pero - j oh desesperaci6n!- el calor del sol habia marchitado el tallo del guisante, a! grado de que ya no podia yo descender por este camino sin arriesgarme a romperme la nuca. i Que hacer? Teji con la paja una cuerda tan larga ...:omo pude; Ia amarre a uno de los cuernos de la Luna y me deje deslizar. Me sostenia con Ia rnano derecha, llevando en Ia izquierda el hacha. AI llegar a la extremidad de mi cuerda, corte Ia porci6n superior y Ia anude a Ia extremidad inferior. Varias veces repeti esta operaci6n, y a! cabo de cierto tiempo termine por distinguir, alia abajo de mi, Ia finca del sultan. Podia estar yo todavia a una distancia de dos leguas de la tierra, en las nubes, cuando se rompi6 la cuerda, y tan fuertemente di con mi humanidad en el suelo, que alii estuve completamente aturdido. Mi cuerpo, cuyo peso habia aumentado por la celeridad adquirida y por Ia distancia recorrida, abri6 en Ia tierra un agujero cuando menos de nueve pies de profundidad. Pero Ia necesidad es buena consejera. Con mis uiias de cuarenta afios talle una especie de escalera, y de esta manera sali a Ia superficie. SEGUNDO VIAJE

AI decimo octavo dia de haber pasado Otahiti, un huracan levant6 nuestro barco a cerca de mil leguas por encima del mar, y en esa posicion nos mantuvo durante muchisimo tiempo.

Un viento propicio hinch6 al fin nuestras velas y nos arrebat6 con una rapidez extraordinaria.

Teniamos seis semanas viajando por encima de las nubes, cuando descubrimos una vasta tierra, redonda y brilante, semejante a una isia resplandeciente. Entramos a un excelente puerto, saltamos a tierra y hallamos el pais habitado. Por todas partes veiamos ciudades, arboles, montaiias, rios, lagos, pero creyendo que habiamos vuelto a Ia Tierra que habiamos dejado. En Ia Luna - Ia Luna era Ia isla deslumbrante en que atracamos- vimos a unas gentes inmensas, montadas en buitres de tres cabezas. Para daros una idea del tamafio de aquellos pajaros, os dire que de Ia extremidad de una de sus alas a Ia de la otra hay una distancia que mide seis veces mas que Ia mas larga de nuestras vergas. En Iugar de montar a caballo, como nosotros los habitantes de !a Tierra, Ia gente de Ia Luna monta esa especie de pajaros. En Ia epoca en que llegamos a Ia Luna, el rey del pais estaba en guerra con el Sol. M e ofreci6 un nombramiento de oficial ; pero yo no aceptc ese honor que me hacia Su Majestad. Todo es extraordinariamente grande en aquel mundo: una mosca comun y corriente, por ejemplo, es casi tan grande como uno de nuestros cameros. Las armas ordinarias de los habitantes de Ia Luna son rabanos que ellos manejan como dardos arrojadizos y que matan a los que alcanzan. Cuando termina Ia estaci6n de los rabanos, se emplean troncos de esparragos. Por escudos, tienen grandes hongos. Tambien vi en aquel pais a algunos nativos de Sirio que habian ido a negocio. Tienen cabezas de perro chato y los ojos colocados en Ia punta de Ia nariz, o mas bien en Ia parte inferior de este apendice. No tienen parpados, pero cuando quieren dormir se cubren los ojos con la lengua; su talla media es de veinte pies. La de los habitantes de Ia Luna no excede nunca de treinta y seis pies. El nombre de estos ultimos es muy singular: se puede traducir por el

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de seres cocidos. Se les llama asi porque preparan sus alimentos en el fuego, como nosotros. Por lo demas, casi no pierden tiempo en sus comidas: en el costado izquierdo tienen una abertura que abren y por la cual echan entero el alimento al estomago, despues de lo cual cierran Ia abertura y repiten la operacion al cabo de un mes bien contado. Asi es que no hacen mas que doce comidas al ano, cosa que para todo individuo sobrio es muy superior a lo que nosotros acostumbramos. Entre los senores cocidos lo mismo que entre los animales, no existe mas que un solo y mismo sexo. Todo depende de los arboles que entre si difieren extraordinariamente, segun sus frutos. Los que producen a los seres cocidos u hombres son mucho mas hermosos que los otros; tiene gran des ramas rectas y hojas color carne; sus frutos consisten en nueces de cascara muy dura que miden cuando menos seis pies de largo. Cuando estas maduran, cosa que se conoce por el color, se les toma con un gran cuidado, y se les conserva por todo el tiempo que se cree conveniente. Cuando se les quiere quitar Ia corteza, se les echa a una gran caldera de agua hirviente; a! cabo de algunas horas, se cae Ia cascara y sale una criatura viva. Cuando las gentes de Ia Luna llegan a viejas, se muercn, disolviendose en el aire, desvaneciendose como hurno. No experimentan Ia necesidad de beber, por no estar sujetas a ninguna excrecion. No tienen mas que un declo en cada mano y con el lo hacen todo mejor de como nosotros lo hacemos con nuestro pulgar y sus cuatro auxiliares. Llevan Ia cabeza bajo el brazo derecho, y cuando salen de viaje, lo mismo que cuando van a hacer algun trabajo que requiere mucha agitacion, suelen dejarla en casa, porque a cualquier distancia pueden pedirle consejo. Cuando los altos personajes de Ia Luna quieren saber lo que hacen las gentes del pueblo, no acostumbran salir a buscarlas. Permanecen

en casa, es decir. sus cuerpos se quedan en ella y envian a las cabezas a Ia calle para que de incognito vean lo que ocurre. Una vez recogida Ia informacion. Ia cabeza vueh;e al llamarla el dueiio. 路 Las semillitas de las uvas lunares se parecen muchisimo a nuestros pedriscos, y estoy firmemente convencido de que cuando una tempestad desprende los granos de su tallo, las semillitas caen sobre nuestra tierra y forman nuestro pedrisco. Y aun estoy inclinado a creer que esta observacion debe ser conocida desde haec mucho tiempo por mas de un comerciante en vinos. AI menos, muy a menudo he bebido vino que me ha parecido hecho de pedriscos y cuyo sabor recuerda el del vino de Ia Luna. Se me iba a olvidar un detalle de los mas interesantes. Los habitantes de la Luna se sirven de sus vientres como nosotros de los zurrones: alii guardan todo. Cierran y abren el estomago cuando quieren, porque no estan embarazados por entranas, ni por corazon, ni por higado. Por carecer de estas visceras, casi no han menester de medicos. Pero en cambio. como tienen tamana lengua, el gremio mas prospero es el de abogados. Pueden quitarse y ponerse los ojos, segun quieran, y cuando los tienen en Ia mano ven lo mismo que si los llevaran en Ia cara. Si acaso pierden o rompen uno, pueden alquilar o comprar uno nuevo, que les presta el mismo servicio que el otro. Y se encuentra uno en Ia Luna, a cada vuelta de esquina, con gentes que venden los ojos. Hacen de ellos las mas ricas coJecciones, porque Ia mod a cambia a menu do: hoy se llevan los ojos azules, otro dia los negros. Convengo, senores, en que todo esto debe pareceros extrano; pero a quienes duden de mi sinceridad les ruego que vayan a Ia Luna, para que se convenzan de que he permanecido fie! a Ia verdad mas que ninglin otro viajero. [Aventuras del Baron de Munchhausen, 1785-6. Trad. Theophile Gautier-Salvador Abascal]

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H. G. Wells: El selenita

Tal como estaba alii, era un bulto negro de Ia cabeza a los pies; pero, instintivamente, nuestras imaginaciones proveyeron de facciones a su muy humana silueta. Yo, por lo menos, me lo describi algo jorobado, de frente espaciosa y facciones largas. Dio tres pasos adelante y luego se detuvo un rato. Parecia no producir con sus movimientos el menor ruido. Despues continuo avanzando; andaba como un pajaro: sus pies' caian el uno delante del otro. Salio del rayo de luz que entraba por la puerta, y parecio desvanecerse completamente en la sombra. Durante un momenta mis ojos lo buscaron donde no estaba, hasta que por fin lo distingui, con Ia cara hacia nosotros, en plena luz. i Pero lo que no estaban eran las facciones humanas que yo le habia atribuido! La parte delantera de su cara era una hendidura, una grieta. Por supuesto que debi esperarlo ; pero el hecho es que no lo esperaba. La verdad me sobrecogio, y por un momenta me abrumo. Aquello pareda no ser una cara sino una marca, un horror, una deformidad que de un momenta a otro quedaria borrada o explicada. Era mas bien una celada con Ia visera baja .. . Pero no me es posible explicar semejante cosa. i Han vis to ustedes Ia cara de un insecta enormemente aumentado por el microscopic? No habia alii nariz ni expresion, todo era terso y duro, e invariable, con o ios abofellados, puestos a un !ado y otro ; yo, a! ver Ia silueta, habia creido que eran orejas. . . He tratado de dibujar una de esas caras, pero no me ha sido posible conseguirlo. Lo {mico que puedo establecer es su horrible falta de expresion o, mejor dicho, su horrible falta de cambia de expresion. Cada cabeza y cada cara con que uno se encuentra

en Ia Tierra varia de expresion a menudo, pero aquella pareda apuntada fijamente por una maquina. Alii estaba "eso" mirandome fijamente. Pero cuando digo que habia en su cara una falta de cambia de expresion, no quiero decir que no hubiese en ella una especie de expresion fija, asi como hay siempre una expresion fija en una espuerta de carbon, o un tejadillo de chimenea, o en uno de esos tubos de ventilacion que se alzan en las cubiertas de los vapores. Habia una boca encorvada hacia abajo, como una boca humana en una cara que mira ferozmente. El cuello en gue estaba colocada Ia cabeza tenia tres coyunturas, casi como las de las patas de un cangrejo. Las articulaciones de las piernas no estaban a Ia vista, porque las ocultaba la especie rle vendaje ajustado a los miembros, y que era el {mico vestido que aquel ser llevaba. En ese momenta lo {mico que embargaba mi mente era Ia insensata imposibilidad de que semejante ser existiera. Supongo que el tambien estaba maravillado, y con mas razon quiza que nosotros para asombrarse; pero habia una diferencia, y era que el maldito individuo no lo demostraba. Nosotros sabiamos, por lo menos, lo que habia producido aquel encuentro de incompatibles seres; i pero imaginense ustedes lo que habria sido, para unos decentes londinenses, por ejemplo, el hallar un dia un par de casas vivientes, tan grandes como los hombres y absolutamente distintos de cualquier otro animal terrestre, yendo y viviendo por entre los cameros de Hyde Park! Para el, Ia sorpresa debe haber sido igual. [L os primeros hombres en la Luna, 1901 , Trad. Luis Navarro]

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Cieneia

Astr6nomo. Grabado de Straduanus

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D

John D. Bernal: La evolucion de la astronomia

Astronomia helenistica: Hiparco y Ptolomeo El estudio de Ia astronomia quedo colocado en el punto medio entre Ia teoria y Ia practica. De acuerdo con Platon, se trataba del estudio de un mundo ideal situado en el cielo y adecuado a Ia dignidad de los dioses que alii babitaban. Cualquier desviacion que se pudiera observar en el cielo real, debia ser ignorada o excluida de Ia explicacion. Por otra parte, !a importancia implicita de los cielos requeria un conocimiento preciso y anticipado de Ia posicion de los astros y, en particular, de los planetas, para poder tener alguna esperanza de eludir las predicciones de Ia astrologia. Como resultado de estas dos tendencias, Ia astronomia helenistica -{mica parte de !a ciencia griega que ha llegado hasta nosotros integramentese vio obligada a tratar de establecer esquemas cada vez mas complicados. que estuviesen de acuerdo con las observaciones, sin violar los canone.:; de Ia simplicidad y !a belleza. Tal proposito impulso, a Ia vez, el desarrollo de las matematicas y de Ia observacion fisica. Puede decirse que !a astronomia vino a ser, casi basta nuestros dias, ]a piedra de amolar en la cual se afilaban todas las herramientas de Ia ciencia. La base matematica de Ia astronomia la constituyeron las esferas de Eudoxo, pero para el trabajo practico era mas facil considerar el movimiento planetario en un plano, salvando las apariencias con Ia introduccion de "discos dentro de discos". Tal cosa Ia hizo el mas grande astronomo observacional de !a antigiiedad, Hi parco ( 190-120 a.n.e. ), quien invento ]a mayoria de los instrumentos utilizados durante los 2 000 aii.os siguientes y compilo el primer catalogo de estrellas. Su sistema planetaria, aunque mas exacto, era mucho mas complicado que el de Eudoxo y hacia desaparecer Ia ultima pizca de plausibilidad mecanica. En Ia forma en que lo presento Ptolomeo (90-168 n.e.) doscientos aii.os mas tarde, se convirtio en norma de Ia astronomia hasta !a epoca del Renacimiento. Se le acepto asi porque eliminaba todas las dificultades existentes de Ia tierra al cielo, en donde, despues de todo, no habia razon para esperar que se cumpliera Ia mecanica vulgar. Ademas, cuando dicho sistema era empleado para hacer mediciones, permitia establecer prediciones tolerablemente precisas, agregando epiciclos cuando asi lo requeria. La otra tradicion -de que Ia tierra era !a que giraba- formulada por Ecfanto en el siglo IV a.n.e. o, tal vez, por Hicetas en el siglo v, ya no se perdio nunca. Este punto de vista fue sostenido vigorosamente por Heraclides de Ponto (hacia 370 a.n.e.), quien adopto un sis-

tema en que Ia tierra se encontraba en rotacion, todavia en el centro del universo, y alrededor de ella giraba Ia Luna y el Sol, pero con Ia particularidad de que los planetas giraban alrededor del Sol y no de la Tierra. Este sistema, que describe enteramente lo que se observa, habia de ser mas tarde sostenido por Tycho Brahe. El paso logico final lo clio Aristarco de Samos ( 310-2 30 a.n.e. ) , qui en se atrevio a colocar al Sol, en vez de Ia Tierra, en el centro del universo. Este sistema, a pesar de !a eminencia de su proponente, tuvo escasa aceptacion, debido principalmente a que fue considerado impio y filosoficamente absurdo, ademas de que violaba Ia experiencia cotidiana. No obstante, se mantuvo como una persistente heterodoxia y fue transmitido por los arabes, revivido por Copernico y justificado dinamicamente por Galileo, Kepler y Newton.

La concepcion m edieval del mundo Es indispensable decir aqui algo acerca de la concepcion medieval del mundo, asi sea unicamente por el hecho de que la ciencia moderna surgio, en gran medida, como un intento de sustituirla y porque a{m conserva muchas huelias de Ia lucha sostenida con tal proposito. Los principales rasgo3 del sistema greco-arabigomedieval eran Ia integridad y la jerarquia. El etereo esquema cosmologico de Aristoteles y los astronomos alejandrinos habian construido un rigido mundo teologico-fisico, un mundo de esferas u orbes -primero, las esferas de !a Luna y del Sol, luego las esferas de los planetas y, por encima de estas, !a gran esfera de las estrellas fijas, tras de !a cual se encontraban los cielos, y, como contrapartida teologicamente necesaria, el averno, los circulos y precipicios infernales descritos de manera tan tremenda en el Inferno de Dante- . El mundo se encontraba ordenado por rangos y lugares, y constituia un compromiso entre Ia imagen aristotelica de un mundo permanente y !a concepcion judia y cristiana de un mundo creado mediante un solo acto, unicamente para ser destruido por otro acto ulterior. Se trataba de un mundo transitorio que, aun cuando tenia sus !eyes propias, existia simplemente como un escenario en el que se representaba Ia vida de cada hombre, de !a cual dependia su salvacion o su perdicion definitiva.

La revoluci6n copernicana No tuvo nada de accidental que fuera precisamente en el dominio de Ia astronomia. tan estrechamente relacionado con el de Ia geografia, en donde se produjera e] primer rompimiento

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El Observatorio de Pekin. Grabado holandes del siglo xvm

-y, en muchos respectos, el mas importa~te足 con todo el sistema antiguo de pensam1ento. Este fue !a clara y detallada exposici6n hecha por Copernico acerca de la rotaci6n de !a Tierra sabre su eje y de su movimiento alrededor de un Sol fijo. La astronomia descriptiva era la {mica ciencia que en esa epoca habia acumulado bastantes observaciones y desarrollado matematicas lo suficientemente precisas como para permitir !a construcci6n de hip6tesis claramente establecidas y susceptibles de ser comprobadas cuantitativamente. A !a vez (como ya lo hemos dicho) , constituia un centro de renovado interes, tanto por su viejo empleo en la astrologia, como por su nuevo uso nautico. S6lo que este interes bien podia no haber conducido a un avance radical. Los astr6nomos profesionales, como Peurbach ( 1423-1461) y Regiomontano ( 1436-1476) , se conformaron con algunas mejoras de importancia secundaria a los antiguos metodos. No obstante, es a ellos y al espiritu del Renacimiento que los indujo a indagar en los originales griegos, a quienes debemos !a nueva astronomia. Peurbach estuvo al servicio del cardenal Besari6n (c. 1400-1472), el humanista bizantino y fue encargado por el Papa de calcular !a reforma del calendario.

Lo que Copemico agreg6 fue el nuevo espi~ ritu critico, !a estimaci6n por la forma estetica y la inspiraci6n obtenida en los textos recientemente editados, con los cuales se podia encontrar el equilibria entre los distintos autores antiguos. Porque, como ya lo hemos vista, la idea de la rotaci6n de !a Tierra no era en modo alguno nueva. En realidad, se remonta al comienzo de !a astronom;a griega, y fue expresada explicitamente por Aristarco, en el siglo III a.n.e. Se mantuvo siempre como otro punta de vista alternative - aunque parad6jicamente absurdo -acerca del movimiento de las estrellas; ya que era evidente que la Tierra nose rnavia, en tanto que si se podia ver que se movian el Sol, la Luna y las estrellas. Fueron necesarios el atrevimiento y !a ciencia para proponer alga en contra del sentido comun. El hombre que se atrevi6 a hacerlo tenia, a pesar de su caracter retraido, valor en abundancia y, como humanista del Renacimiento, todos los incentives para romper decisivamente con el pasado. Nicolas Copernico naci6 en Torun, Polonia, en 1473, estudi6 astronomia en Bolonia, medicina en Padua y derecho en Ferrara, pasando !a mayor parte de su vida como can6nigo en Frauenburgo. Como esta sede episcopal se encuentra ubicada en el territorio entonces dis-

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putado por los caballeros de Ia arden teut6nica y el reino de Polonia, Copemico tuvo que ocuparse de los menesteres derivados de Ia guerra y Ia administraci6n. Sin embargo, su interes principal estuvo siempre en Ia astronom!a y a esta dedico por entero su vida privada, esforzandose por encontrar una imagen mas racional de los cielos, que establecio en su forma final en su libra De R evolutionibus Orbium Coelestium, que fue impreso el mismo ano de su muerte, en 1543. Copernico postu!o un sistema de esferas que giraban alrededor del Sol, en vez de Ia Tierra, introduciendo Ia rotacion de nuestro planeta y demoJtrando detalladamente como este sistema podia explicar todas las observaciones astronomicas. Sus razones para proponer este cambia revolucionario fueron esencialmente filosoficas y esteticas. Hab!ando de su sistema heliocentrico y de Ia distancia casi infinita de las estrellas que esto implicaba, dice: "Pienso que es mucho mas facil Creer esto que confundir el asunto suponiendo un enorme numero de esferas, como tienen que hacer quienes consideran a Ia Tierra en el centro. Nosotros seguimos mas bien a Ia naturaleza, que no produce nada que sea vano o superfluo y frecuentemente dota a una causa con multiples efectos." Y, despues de describir las orbitas planetarias una tras otra, termina diciendo: "En media

de todo se encuentra entronizado el Sol. Dentro de este bellisimo templo, ,: acaso podriamos colocar a esta luminaria en alguna posicion mejor para que iluminara a Ia vez todo el conjunto? Con toda j-qsticia se le han dado los nombres de Ia Linterna, Ia Mente y el Gobernante del Universo; Hermes Trismegisto lo llamo el Dios visible, y Electra, Ia de Sofocles, lo nombraba como el Omnividente. Asi el Sol se encuentra asentado en un trona real, gobernando a sus hijos los planetas, que circulan a su alrededor. La Tierra tiene a su servicio a Ia 路 Luna. Como dice Aristoteles, en su De Animalibus, Ia Luna tiene Ia relacion mas estrecha con Ia Tierra. Por otra parte, Ia Tierra concibe gracias al Sol y queda prenada con una periodicidad anual." Aqui tenemos un retorno a Ia concepcion mas antigua -magica- del universo y, a Ia vez una exaltacion de Ia monarquia centralista, le Roi Solei[. Despues de Ia presentacion del sistema solar, paso algun tiempo antes de que produjera los primeros efectos. Unos pocos astronomos lo apreciaron como un media de mejorar sus calculos. Las tablas prusiana.s fueron preparadas en 1551, con base en el sistema copernicano, pero solo unos cuantos las consideraron verdaderamente ciertas. Ademas de que repugnaba al sentido comun, los conocedores encontraban muchas objeciones a Ia nueva concepcion; en particular, no se explicaban como la Tierra giraba sin producir fuertes corrientes de viento, o como no desviaba a los cuerpos en su caida. Estas objeciones fueron contestadas finalmente por Galileo. Ahara bien, Ia sola idea de un universo abierto, del cual Ia Tierra era unicamente una parte muy pequena, destrozaba Ia vieja imagen de las esferas cristianas concentricas y relativamente cercana.s, creadas y mantenidas en movimiento por Ia divinidad. Si se habian descubierto nuevas mundos en Ia Tierra, ,: acaso no podia haber otros en el cielo? Esta fue justamente Ia herejia por Ia cual Giordano Bruno encontro Ia muerte.

Galileo Galilei El telescopio llego a ser el mayor instrumento cientifico de Ia epoca. La simple noticia de su invencion llego a oidos del profesor de fisica e ingenieria militar en Padua, Galileo Galilei (1564-1642), quien se decidio a construir uno y escudrifiar con el los cielos. Galileo ya era entonces un copemicano convencido, ademas de que se encontraba profundamente interesado en los movimientos de los pendulos y en los problemas relativos a Ia caida de los cuerpos. En sus primeras noches de observacion del cielo, Galileo vio lo suficiente como para hacer que se derrumbara por entero Ia imagen aristotelica de este sereno elemento. Encontro que Ia Luna, en vez de ser una esfera perfecta, esta

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cubierta con mares y montanas, que el planeta Venus muestra fases como Ia Luna; y que Saturno parece estar dividido en tres partes. Y, lo que es mas importante, observ6 que en torno de Jupiter g-iran tres estrellas o Lunas, fo.rmando un modelo en pequena escala del s1stem.a copernicano, que cualquiera podia observar mirando a traves del telescopio. Con su agudo sentido de Ia publicidad y del valor material de sus descubrimientos que no encontr6 incompatibles con el puro jubilo del descubrimiento, Galileo inmediatamente trat6 de vender Ia adjudicaci6n de nombres a los nuevos astros al Duque de Florencia -un Medici- y, luego, al rey de Francia. y al Papa. Pero los honores celestiales les pareCieron demasiado caros a estos personajes. Entonces, cuando se le ocurri6 el prop6sito mas prictico de .utilizar su movimiento para determmar Ia long1tud geografica en el mar, Galileo intent6 vender su secreto al rey de Espana y a los Estados Generales de Holanda, que habia of~ecido preJ?ios por el descubrimiento de un medio de med1r Ia longitud, pero tampoco encontr6 comprador. Con todo esas tentativas fueron algo secundario para Galileo. En realidad, desde el primer momento se clio cuenta del caracter revolucionario de sus nuevas observaciones, con las cuales podia mostrar a todos ~I m_odelo del. si~; tema copernicano en el propw Cielo. Adv1rtio que se trataba de un conocimiento que deberia propagar de inmediato; y, asi, un mes despl!es, en 1610, ya habia publicado su opusculo Szdereus Nuncius (Mensajero de las estrellas), en el cual expres6 sus conclusiones de manera breve y sencilla. Esta publicaci6n se agot6 rapidamente, provocando enorme sensaci6n, y no despert6 de inmediato una reacci6n desfavorable. El proceso contra Galileo no se llev6 a cabo sino 24 anos despues, porque, aun cuando en 1618 se pronunci6 una condenaci6n calificada de Ia

concepcion copernicana, esta no encontr6 obstaculos para ser considerada como una representaci6n matematica de los movimientos celestes. Solo unos cuantos aristotelicos recalcitrantes se ne<raron a mirar a traves del telescopio, alegand~ que ya sabian perfectamente lo que habia en los cielos por el ejercicio de su pura raz6n. Y mientras Ia raz6n y Ia observaci6n pudieran mantenerse en diferentes esferas del pensamiento, no habria dificultades. Destrucci6n de la antigua cosmologia Para conquistar el reconocimiento general hacia su nueva ciencia mecanico-matematica, Galileo tuvo que destruir antes el sistema ptolomeico de las esferas celestes, y junto con el -como lo advirti6 claramente-, toda Ia filosofia aristotelica, que durante 2 000 anos habia servid~ de fundamento a las ciencias naturales y a las Ciencias sociales. Se sentia especialmente atraido por Ia tarea, ya que habia conocido a Ia filosofia aristotelica en su mejor expresi6n en Padua. No era un extrano; por el contrario, era capaz de refutar al maestro con su propia 16gica, de un modo que no se podia pasar por alto, aunque se estuviese en desacuerdo. lmplicitamente, toda su obra fue una pro testa contra los aristotelicos; pero su primera exposici6n explicita Ia ten~mos en su opusculo polemico, Dialogo concernzente a los dos principales sistemas del mundo, el ptolomeico y el copernicano, que dedic? al Papa en 1632. Utilizando el italiano acces1ble para todos en vez del latin culto, Galileo critic6 y ridic~liz6 implacablemente las concepciones sostenidas oficialmente sobre los asuntos de mayor importancia. Este Dialogo fue el primer gran manifiesto de Ia nueva ciencia. [La ciencia en Ia historia, Sec. 4.7, 7.3 y 7.5, 1957. Trad. Eli de Gortari]

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Fred Hoyle:

La Luna AI alejarnos del Sol, Ia Tierra es el primer planeta que posee un satelite: Ia Luna. Despues esta :Marte con dos, pero ambos son extremadamente pequefios comparados con Ia Luna. En realidad, Ia Luna es un satelite de tamafio muy respetable, aun cuando Ia comparemos con los

Planeta

Sat elite

TIERRA JUPITER

LuNA lo EuROPA GANIMEDES CALIS TO TITAN TRITON

SATURNO NEPTUNO

Hay que observar, particularmente, que las masas estan indicadas aqui en funcion de Ia Luna como unidad, no en funcion de Ia Tierra La masa de Ia Luna es el 1.23% de Ia masa de Ia Tierra. Puesto que Ia masa del planeta mas pequefio, Mercurio, es d 5.43% de Ia masa de Ia Tierra, resulta que las masas de los satelites se a justan a las masas de los planetas, no obstante que ningun satelite tiene una masa tan grande como· Mercurio. La densidad media de Ia Luna sugiere que esta hecha enteramente de roca, similar a Ia roca del manto de Ia Tierra. La composicion de lo y Europa parece similar a Ia de Marte, siendo necesario un 20% de hierro para explicar las densidades de estos satelites. En los otros casos, sin embargo, esta claro que una mezcla de roca y hierro es bastante inadecuada, ya que no existe roca conocida que tenga una densidad suficientemente baja para estos satelites. Para obtener las densidades observadas, se requieren cantidatles apreciables de sustancias tales como agua, amoniaco, bisulfuro de carbona. Un rasgo interesante de Ia tabla presente es Ia tendencia de Ia densidad a descender cuando aumenta Ia distancia del planeta principal a! Sol. El caso de Ia Luna merece un comentario detallado. A menos que Ia roca de Ia Luna sea de Ia variedad ligera encontrada en Ia zona de Ia corteza de la Tierra, Ia Luna no puede contener hierro. Esto provoca serios temas de discusion. La Tierra y Ia Luna, es evidente, se formaron muy cerca Ia una de Ia otra. i Como llego Ia Tierra a contener hierro en una proporcion aproximada de un 30% mientras

satelites de los grandes planetas. De los 12 satelites de Jupiter, solo dos tienen masas mayores que Ia Luna. De los 9 satelites de Saturno, solo uno tiene masa mayor que Ia Luna. Ninguno de los 5 satelites de Urano es comparable a Ia Luna, aunque si uno de los 2 satelites de Neptuno. "Las masas y densidades de los satelites mas grandes del sistema solar son las siguientes:

Mas a (en funci6n de la Luna)

Densidad media

3.33 4.03 3.78 2.35 2.06 2.4 2 ( ?)

1.00 0.99 0.64 2.11 1.32 1.92 1.8

que Ia Luna, en apariencia, no lo posee? Tal pregunta parece tan dificil de contestar que se siente uno tentado a aceptar Ia consideraci6n alternativa de que las rocas de Ia Luna son rocas ligeras como las de los continentes terrestres con una densidad aproximada de 2. 7. Esto permitiria a Ia Luna contener un 30% de hierro, de modo que su composici6n quimica se tornase similar a Ia que existe en Ia Tierra. La idea de que Ia Luna podria estar compuesta en gran parte de una especie ligera de roca, concuerda con una caracteristica importante observada en ella: no tiene actividad volcanica. En el segundo capitulo vimos que los volcanes de Ia Tierra probablemente surgen de roca ligera fundida, que Ia roca salida mas densa del manto expulsa bacia Ia superficie. Si las rocas de Ia Luna fuesen todas ligeras, entonces no podrian ser expulsadas. Existe, naturalmente, otra explicacion de Ia ausencia de actividad volcanica en Ia Luna: el interior puede ser enteramente solido. Si tal es el caso, entonces el calentamiento por radioactividad en Ia Lu:1a debe haber sido insuficiente para elevar Ia temperatura interior muy por encima de 1 500° C, puesto que a las presiones que ocurren en Ia Luna los puntas de fusion no pueden ser muy diferentes de los valores medias en el laboratorio ( 1 500°C para el hierro, entre 900° y 1 800° para varias clases de roca) . Lo que vend ria a confirmar el pun to de vista expresado en el capitulo tercero: que el calentamiento del interior de Ia Tierra por media de Ia radioactividad probablemente no fue un factor de gran importancia.

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El ongen de los crateres lunares La ausencia de actividad volcanica en la Luna sugiere que abandonemos la vieja teoria de que los cniteres los formaron volcanes lunares. Tal cosa es terminante, ya que la teoria volcanica nunca explico las grandes dimensiones de los crateres lunares, de los cuales los mayores tienen cerca de 160 kilometres de diametro: mas de diez veces el diametro de cualquier crater volcanico terrestre. El aspecto de la superficie de la Luna, tacbonada de crateres grandes y pequeii.os, puede juzgarse por Ia fotografia. Los ultimos cuerpos que cayeron dentro de Ia Luna deben baberse sumergido en Ia supe!"ficie a velocidades muy considerables, de varios kilometres por segundo. Un cuerpo que cayera en !a superficie de la Luna a tal velocidad ( o sobre la superficie de la Tierra) no se.ria detenido inmediatamente, en el memento de gelpear Ia superficie. Penetraria a alguna distancia mas alJa de esta, como una bala penetra en un bloque de madera. Pero mientras que una bala ordinaria empu ja bacia los !ados la madera a traves de Ia cual pasa, no parece muy factible que esto sucediera en el caso de un proyectil de muy alta velocidad que atacara al material con que tropieza : el material no seria empujado lateralmente, porque no tendria tiempo para ello. Cuando un proyectil cayo en Ia Luna, las rocas de la superficie lunar, en el punto del impacto, sencilJamente deben baberse aplastado. Esto cambiaria Ia materia de solida a gas de alta temperatura. El gas formaria una bolsa dirigida enfrente del proyectil. Mientras m as y mas gas entrara a la bolsa, la presion creceria basta que con el tiempo fuese suficiente para detenerlo. Cuando esto bubiera sucedido, Ia bolsa de alta presion babria penetrado varios kilometres bajo Ia superficie de la Luna. EJ siguiente paso es obvio. Una bolsa de gas de alta presion, situada unos cuantos kilometres abajo de la superficie, debe producir una explosion estremecedora de la cual resulta el crater. Las rocas de Ia superficie de Ia Luna no tienen color como las rocas 路 de la superficie de Ia Tierra. AI examinar la Luna a traves de un pequeii.o telescopic o de binoculares, vemos que es de un gris monotone. Esto tambien se debe, se cree ahora, a Ia incidencia de luz ultravioleta del Sol, que se sabe destruye el color. La superficie seca, muerta, incolora de Ia Luna, nos da una imagen de lo que fue Ia Tierra alguna vez. Antes que Ia Tierra desarrollara su atmosfera y oceanos, debe haber girado a traves del espacio la misma especie de pelota muerta, gris, que ahora observamos que es Ia Luna. Con la llegada de los oceanos y !a atmosfera comenzaron transformaciones maravillosas en la superficie de la Tierra. Las viejas cicatrices, dejadas por la acumulacion de Ia Tierra, pronto fueron removidas .por erosion. La atmosfera protegio Ia superficie de los mortales rayos

ultravioleta, de manera que surgieron y persistieron los colores. La caida de Ia lJuvia rapidamente suprimio Ia superficie alguna vez polvorienta del planeta. Asi se construyo, gradualmente, el escenario para Ia aparicion de Ia vida. [Fronteras de Ia astronomia, V, 1955, Trad. Lia R. de Cardoza y Luis Rivera Terrazas]

Si la Luna no hubiera existido Desde el punto de vista de la astronomia, ha resultado casi desastroso que nuestra Tierra posea un satelite. Si no hubiera babido Luna, la astronomia se habria desarrollado con mucha mayor facilidad, y en los primeros periodos no habria habido el problema de poner en concordancia un calendario solar con uno lunar. En los tiempos griegos, las divergencias del simple movimiento circular no habrian resultado tan evidentes ; y el astronomo moderno, a su vez, no se hubiera visto obligado a realizar su tarea mas delicada durante e] medio mes en que Ia Luna no es visible en el cielo. [Astronomy, 3, 1962]

La distancia a la Luna Establecer Ia distancia a Ia Luna fue relativamente facil. Por ejemplo, se podia hacer en ocasion de un eclipse de Luna. Ya hemos visto que el borde de Ia sombra de Ia Tierra cuando se desliza sobre la Luna, es siempre de forma circular y, comparando el radio aparente de este circulo con el radio aparente de Ia Luna, se puede saber Ia razon del radio de Ia Tierra al radio de la Luna. Sabiendo esto, y conociendo tambien el diametro angular aparente de Ia Luna, es facil calcular su distancia a Ia Tierra tomando como unidad el radio de Ia misma. De este modo se puede obtener un valor de sorprendente precision; y unos cien aii.os despues Hiparco obtuvo un valor que distaba en un uno por ciento del valor correcto. Las determinaciones anteriores fueron menos precisas pero bastaron para los fines de Aristarco. [Ibidem]

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Clyde Fisher: De eclipses y otras desventuras

Las primeras observaciones sobre Ia Luna de que hay noticia fueron las cle los eclipses. La primera que ha llegado basta nosotros fue Ia hecha por los chinos en el a no 213 i antes de Jesucristo -un eclipse total de Sol. Entre los primitivos chinos, como asimismo entre varios otros pueblos primitivos, se consideraban los eclipses con supersticioso temor, se celebraban ceremonias y se hadan sacrificios para aplacar a los dioses enojados y para inducirlos a reponer el Sol. Existe un relato de los primitivos chinos seglin el cual los astr6nomos reales Hsi y Ho, demasiado indulgentes con las bebidas fuertrs y Ia vida desenfrenada, fallaron al predecir el eclipse, o por Jo menos dejaron de cumplir con los ritos acostumbrados. Por esa omisi6n Hsi y Ho fueron ejccutados sumariamente. El primer eclipse del Sol del cual se tiene noticia es el que aconteci6 hace mas de 4000 anos, y cuyo relato se encuentra en los antiguos documentos chinos. De acuerdo con Oppolzer tuvo Iugar el 22 de octubre del ano 2137 antes de Cristo, y sucedi6 alrededor de 1400 antes que cualquiera de los registrados por otras naciones. Mitchell nos da Ia referencia bastante completa

rn su clasica obra sabre los eclipses so lares: "Ese eclipse no solamente es celebre por su gran antigi.iedad, sino tambien por el horrendo destino de los dos astr6nomos reales Hsi y Ho, quienes, en Iugar de quedarse en Ia senda de templanza de Ia ciencia, salieron de ella para emborracharse bestialmente, con el resultado de que se quedaron desprevenidos, sin estar preparados para celebrar sus acostumbrados ritos de disparar saetas, golpear tambores, etc., con el prop6sito de liberar al Sol del monstruo que lo estaba devorando. Chung K'ang, el cuarto emperador de Ia dinastia de los Hsi, para demostrar su disgusto no tanto por haber fallado en profetizar el eclipse, sino por causa de Ia intensa confusion que se produjo, dio orden que se les castigara y se les cortase Ia cabeza .. . " Y con esa amenaza ante los ojos, sigue diciendo el doctor Mitchell, " no hay Ia menor noticia clesde aquel dia que haya habido ningun astr6nomo capaz de seguir los pasos de los infortunados Hsi y Ho, y de emborracharse en epoca de un eclipse". Tal vez el mas celebre de todos los eclipses de Ia historia es el que tuvo Iugar el 28 de mayo del ano 585 antes de Cristo, a! que bizo famoso Tales de Mileto. Ese eclipse, que fue vaticinado por Tales con bastante exactitud, probablemente usando el "saros" de los caldeos, puso fin a una guerra de cinco anos entre los lidios y los medos. El historiador H erodoto describe el eclipse y sus resultados. T ambien Plinio y Cicer6n lo refieren. De Ia misma manera que ces6 Ia guerra entre los lidios y medos, nos cuenta Ia tradici6n que se conjur6 una guerra entre Indios Mohawk e Indios Seneca por un temprano oscurecimiento del Sol, acontecimiento que se asocia con el eclipse habido el 28 de junio de 1451. Los Indios Dakota o Sioux tuvieron Ia costumbre de registrar el acontecimiento mas importante de cada ano en Jo que a menudo denominamos calendario Sioux o c6mputo de invierno. Dado que los indios norteamericanos no tienen lenguaje escrito, esos documentos fueron registrados en grabados hechos originalmente en pieles de bUfalo. El c6mputo de invierno de Perro Solitario, un jefe Dakota, que se conserv6 en una pie! de bUfalo, esta ahara en Ia Instituci6n Smithsoniana de Washington. Los grabados del documento han sido completamente traducidos, y es interesante ver que dos de los acontecimientos son astron6micos; uno, que aqui interesa, es un eclipse total del Sol que tuvo Iugar el 7 de agosto de 1869. En el documento, el Sol est;i rcpresentado por un circulo pintado de negro, y al !ado hay cinco estrellas puntiagudas pintadas de rojo. Incidentalmente el otro

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informe astronomico del computo de invierno de Perro Solitario se refiere a la caida del meteoro denominado Leonidas, de noviembre de 1833, lo mas grande que se recuerda. Los eclipses de Luna, aunque de ninguna rnanera son un espectaculo tan brillante como los del Sol, son, sin embargo, bastante impresionantes, sobre todo para los pueblos primitives. Esto lo ilustra bien el ardid usado por Colon en 1504 cuando hizo su cuarto y ultimo viaje a America. Colon, mientras estaba en Jamaica, fue abandonado por muchos de sus rebel des compaiieros; se encontraba enfermo y en estado de miseria, y los indigenas exasperados por los malos tratos que les habian dado, no se dejaron amedrentar para entregar viveres a los espaiioles. Por fin, Colon ideo una manera de obtener sus propositos. Recordo que el 29 de febrero, fecha que estaba aproximandose, tendria Iugar un eclipse de Luna. Hizo llamar a todos los jefes un dia

antes del acontec1m1ento y les dijo que Dios, enojado por haberse ellos negado a ayudar a su gente, iba a castigarles con hambre y otras calamidades; y que, como indicia de su in tencion les haria una .advertencia inconfundible - nada menos que la extincion de la Luna mientras cruzaba por el cielo. Cuando el eclipse comenzo tal como lo habia predicho, Colon se retiro, pero volvio justamente antes de la reaparicion de la Luna para decirles que habia intercedido ante la deidad en favor de los indios y que habian sido perdonados. Casi inmediatamente la Luna comenzo a aparecer de entre las sombras y a recuperar gradualmente su esplendor; despues de lo cual los indios se dieron prisa en satisfacer sus deseos. Posiblemente este hecho le sugirio a Mark Twain la idea que desarrollo en "El Yanqui de Connecticut". [La novela de Ia Luna, Buenos Aires, 1944. Caps. I y x. Trad. Teresa Regles]

Cayo Plinio Segundo (Plinio el viejo) : De la naturaleza de la Luna Excede la admiracion de todos los planetas la postrera estrella y muy familiar a Ia Tierra que llamamos Luna, hallada de naturaleza para remedio de las tinieblas de Ia noche. Atormento esta los ingenios de los que la consideraron por diversas vias, y de los que se enojaban que un planeta tan cercano a nosotros no se dejase del todo entender. El cual siempre crece o mengua, haciendose unas veces corvo, con dos cuernos, otras de media esphera y otras de consumada redondez; manchada, y subito resplandeciente ; muy grande cuando llena y, cuando menos pensamos, ninguna. U nas vezes, que dura toda la noche y, otras, que sale tarde, y que en alguna parte del dia ayuda a la luz del Sol. Que se eclipsa, aunque no falta del todo en este defecto; que a la salida del mes se esconde ; cuando se cree trabajar, y abaxa ya su bida y, esto, de muchas manera, llegandose unas veces al cielo y tocando otras en los montes; unas veces levantada a septentrion y otras abaxandose a mediodia, las cuales casas todas hallo en ella Endimion primero que otro alguno, y por eso dicen haber sido su requebrador. No somos, por cierto, agradecidos a aquellos que con su trabajo y cuidado nos dieron luz, y deleitamos escribir con estrago pestilente del genera humano en las historias, sangre y muertes, para que sepan las maldades de los hombres los que no conocen el mundo. Esta pues [!a Luna] cercana a la Tierra y, por tanto, pasa con muy pequeiio rodeo, en 27 dias y un tercio, el mismo espacio que la

muy alta estrella de Saturno, Ia cual -segun tenemos dicho- cumple en treinta aiios su curso. Y alcanzando, despues, en dos dias al Sol, esta conjunta 路con el y parte, a lo mas tarde, a los 30, para tornar otra vez a los mismos traba jos. y no se si ha sido maestra de todas las cosas que se han podido conocer en el cielo, porque ella muestra ser cosa conveniente que se divida el aiio en espacio de doce meses, alcanzando otras tantas al Sol, mientras que el vuelve a su principia ilusorio mostrandose con su resplandor como las otras estrellas, porque resplandece, tomando prestada del mismo la lumbre, segun que la vemos temblar cuando reververa en las aguas. Y por tanto, con virtud mas blanda e imperfecta, dilata y aumenta solamente las casas humedas, a las cuales, por el contrario, consumen los rayos del Sol. Y asi se ve con lumbre desigual, porque solo en la oposicion esta llena, y en los otros dias tanto muestra de si a la Tierra, cuando se alumbra del Sol, por la parte que esta buelta hazia nosotros. Y en la con jucion no se ve porque llegada al Sol, le vuelve toda la luz que primero avia tornado de el emprestada. Y las estrellas se mantienen verdaderamente de humor terreno, pues seven por en'medio mu_ chas vezes manchadas a causa de no tener fuerza bastante para consumir las maculas, que no son otra cosa sino las suciedades de la Tierra arrebatadas con vapor. [Historia natural, Libra

IV.

Trad. Francisco Hernandez, Siglo xvr]

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Galileo Galilei:

La cara de la Luna En primer termino, nos referiremos a Ia cara de Ia Luna que se muestra a nuestra mirada. Para mayor claridad distinguire en dicha cara dos partes, una mas clara y otra mas oscura: Ia mas clara parece rodear e iluminar todo el hemisferio, mientras que Ia mas oscura empafia como las nubes y llena de manchas dicha cara. Estas manchas, algo oscuras y bastante extensas, son visibles para todos y fueron observadas en todo tiempo, por lo cual las llamaremos "grandes" o "antiguas", a diferencia de otras manchas de menor extension, pero tan abundantes que pueden cubrir toda Ia superficie lunar, sobre toda Ia parte mas luminosa. Estas ultimas no fueron observadas por nadie antes que por mi, y mediante observaciones frecuentemente repetidas he llegado a deducir, con pleno convencimiento, que Ia superficie de Ia Luna no es lisa. uniforme ni exactamente esferica, segun opinaron Ia mayoria de los fil6sofos de ella y de los demas cuerpos celestes, sino que, por el contrario, es desigual, rugosa y

llena de cavidades y protuberancias, asi como Ia superficie de Ia Tierra, Ia cual se caracteriza en todas partes por Ia altura de sus montes y las depresiones de sus valles. [El mensajero de Ia Luna (Sidereus nuncius), 1610]

Luna deshabitada Que en la Luna o en otro planeta se generen o hierbas o plantas o animales seme:antes a los nuestros, o que haya ahi lluvias, vientos, truenos, como en torno a Ia Tierra, yo no lo se y no lo creo, y tanto menos que este habitada por -hombres; sin embargo no quiero decir que, puesto que no se generan cosas semejantes a las nuestras,. se tenga que concluir necesariamente que no se obse1ve ahi ninguna alteraci6n, o que no pueda haber otras casas que se muden, se generen o se disuelvan, no s6lo distintas de las nuestras, sino incluso alejadisimas de nuestra imaginaci6n y en pocas palabras del todo impensables para nosotros. [Dialogo de las maximos sistemas]

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El /undador de la selenografia

.Johan Hevelius (o Hevel o Hi:iwelcke), 16111687, astr6nomo aleman, naci6 en Danzig el 28 de enero de 1611. En 1641 construy6 un observatorio en su casa, provisto de un esplt~ndido equipo instrumental. Su obra maestra fue Ia cuidadosa carta de Ia superficie lunar, Selenografia ( 1647), por Ia que se le considera e1 fundador de Ia topografia lunar. Tambien catalog6 1 564 estrellas, hizo observaciones sobre las manchas solares, descubri6 cuatro cometas y propuso que Ia revoluci6n de estos cuerpos se efectua en tra.yectorias parab6licas en torno al Sol. Publico dos Iibras sobre cometas, P'rodomus Cometicus ( 1665 ) y Cometographia (1668). Murio el 28 de enero de 1687. (Encyclopaedia Britannica, vol. II.) Cyrano de Bergerac, en el Pr6logo a la Historia c6mica o Viaje a [a Luna, dice que a quienes piensan que !a Luna es incorruptible: "Hevelius les replica que nuestra tierra, por mas corruptible que a nosotros nos parezca, no ha durado menos que la Luna, en Ia que pucden haberse realizado corrupciones en que nosotros no hemos reparado nunca, porque han acaecido en las mas pequenas de sus partes tan s6lo, y han alterado su superficie, como las que se producen en !a superficie de nuestra Tierra".

a

Telescopio frances del siglo xvm

La Luna habitada

Bernard Le Bovier de Fontenelle ( 1657-1757), frances, curiosa espiritu ironico y antidogmatico, publico, en 1686, Entretiens sur la pluralides mondes -amables charlas para divulgar

te

entre las damas los conoClmientos astron6micos-, en las que afirma que la Luna es un mundo habitado a! igual que los otros planetas. Jules Verne cita esta obra de Fontenelle.

Henrico Martinez: Por que y como causa la Luna alteracion en los en/ermos Descomp6nense los humores d~l cuerpo principalmente por dos causas; !a prim era y mas comun es por los varios excesos que los hombres suelen hacer. La segunda sucede por Ia virtud y concurso de Ia influencia celeste, que a veces fortalece a un humor y debilita a otro, y tambien suelen concurrir estas dos cosas juntas, de suerte que Ia calidad del exceso y la del influjo celeste, y aun Ia complexion de la persona, vienen a ser conformes en destemplar el cuerpo aumentando algun humor; y cuando csto sucede suelen ser las tales enfermedades graves y agudas. Pues como los humores de nues-

tros cuerpos siguen el movtmtento de Ia Luna y por medio de ella y del aire participamos la influencia de los demas planetas, procede de ello que cuando se junta o tiene aspectos con planetas y estrellas de la misma calidad de Ia cnfermedad se aumenta y crece el accidente en el enfermo. Y por lo consiguiente, siendo los tales aspectos con planeta y en signos de contraria calidad de la dolencia, se disminuye el mal fortificando a naturaleza, y esta es !a causa de tener !a mudanza en los enfermos correspondencia con el curso de Ia Luna, y en estas razones y en otras semejantes tienen fundamen207

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to las reglas de astrologia por donde se juzga el discurso de una enfermedad, sabiendo el principia de ella y !a edad y complexion y naci6n del enfermo. Y se conjetura si es mortal o no fundando todo ello en razones y causas naturales, y no suertes y supersticiones vanas, como a algunos que no lo entienden les parece, y aunque es verdad que en raz6n de esto que voy tratando se halla escrito en algunos libros reglas vanas y ridiculas sin fundamento de ra-

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z6n, no debe ser parte aquello a infamar !a buena astrologia, ni causar admiraci6n en el prudente, porque en otras ciencias de mas y de menos importancia que la astrologia ha habido y hay malos profesores y no esta el defecto en las ciencias sino que los tales las entienden mal y usan peor de ellas. [Repertorio de los tiempos e historia de Nueva Espana,

Mexico, 1606. Tratado rv, Cap. n]

Fray Benito Jeronimo Feijoo:

Las montafias de la Luna Para que los Letores menos instruidos se pongan en estado de entender esta noticia, deben saber, que en la Lun:--. hay muchas montaii.as mayo res que las de Ia Tierra; no solo en proporci6n a Ia magnitud de su Globo, que es mucho menor que e] nuestro, mas aun absolutamente. El Padre Ricciolo, con varias obscrva-

ciones, hall6 ser la altura perpendicular de algunos montes Lunares de nueve a doce millas; y se puede assegurar, que no hay montana alguna en nuestro Globo, que llegue a esta altura. Ass\ la superficie de la Luna es mucho mas desigual, que ]a de ]a Tierra. Las montaii.as de la Luna se distinguen por la alternaci6n de la luz y sombra y successiva degradaci6n, aumento de una y otra, segun los varios aspectos del

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Sol, en que siguen perfectamente las !eyes Mathematicas, que se observan en Ia iluminaci6n y sombra de nuestras montaiias, arregladas a! movimiento del Sol. Puesto lo qual, digo, que como las montanas de Ia Luna, que antes existian, fueron conocidas por este methodo, el misrno pudo servir para distinguir Ia formaci6n de nuevas montanas, Ia cual se hizo, u dividiendose una montana en dos, o abriendose hasta algunas profundidades un gran pedazo del cuerpo Lunar, aunque no fuesse monstuoso, pues de qualquieta de los dos modos se veria una nueva alternaci6n de luz, y sombra, en los pendientes de Ia nueva abertura, observando perfectamente las !eyes de aquella succession de luz y sombra, que se hace en los pendientes de las montaiias, segun Ia variedad, con que las mira el Sol.

extremadamente aplicado, juicioso y reflexivo, descubri6 que no tenia fundamento alguno en Ia naturaleza esa vulgar a prehension ; y lo descubri6 con tal claridad, que hoy ya no hay hombre razonable, que no prefiera el dictamen de este hombre solo al de quantos le precedieron. Mas como e) numero de los necios es infinito, acaso pasara aun mucho tiempo, antes que este desengaiio se estienda a Ia multitud : de lo qual tengo aqui una prueba experimental. [Cartas eruditas,

II,

vm, 43]

[Teatro critico, vm, vu, 29]

La luz de la Luna Han notado los Astr6nomos varios espacios en Ia Luna, que heridos de el Sol d~ frente parecen negros. Han querido algunos que estos sean Mares, o grandes lagos de Ia Luna, atribuyendo a esto Ia aparente negrura de aquellos espacios ; porque los rayos que hieren directamente Ia superficie de un liquido, le penetran, y digamoslo asi, se anegan en el, con que no hacen reflexi6n. Con mucha mayor verisimilitud discurren otros. que aquellos espacios constan de una materia muy espon josa, por cuya raz6n los rayos del Sol, absorbidos en ella no hacen reflexi6n: lo que sucede en un carbon, por ser sumamente poroso, y constar de innumerables grittas. Como quiera que sea, ya tenemos que hay muchos espacios en Ia Luna, que reflexan casi ningunos rayos, y los que dexan de reflexar se deben descontar en Ia iluminaci6n de la Tierra, para aumentar el m'irnero que representa su diminuci6n. Mas hay en esto, y es, que como la superficie de la Luna se representa generalmente escabrosa, aun fuera de aquellos espacios, se debe creer de tal modo porosa, que en todas sus partes, o segun toda su superficie absorba muchos rayos, como sucede en la Tierra. Ve aqui rebasada de Ia reflexi6n otra gran cantidad de rayos. Por consiguiente, la diminuci6n de su luz, respecto de la Solar, es mucho mayor que Ia que sale por el calculo que he hecho, y acaso se acerca, o iguala a! de Mons. Bouguer. [Cartas eruditas, n , rv, 11]

La Luna y la cirujia Por espacio de muchos siglos quantos exercieron este Arte atendian supersticiosamente a las mutaciones Lunares, para arreglar a elias sus operaciones, hasta que vino Mons. de la Quintinie a desterrar este error del Mundo. Mons. de Ia Quintinie, este hombre solo, observador

Olaus Romer con su telescopic movible, Cop.enhague, 1689

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Benjamin Franklin: Un

e~lipse

Viernes, 30 de septiembre. Anoche estuve sentado arriba para observar un eclipse de Luna que calculado para Londres, el calendario nos anunciaba que se produciria a las cinco de Ia manana del 30 de septiembre. Empez6 para nosotros hacia las once de Ia noche y dur6 hasta las dos de Ia madrugada, oscureciendo unos seis dedos, o Ia mitad, del circulo de Ia Luna; su maximo fue hacia las doce y media, de lo cual podemos deducir que nos hallamos en un meridiana de unas cuatro horas y media de diferencia del de Londres, o sea 67 y medio grados de longitud y, por consiguiente, no nos queda por recorrer mucho mas de cien leguas. Este es el segundo eclipse que hemos presenciado en los ultimos quince dias. [Diario de un viaje, 1726. Trad. Agusti Bartra)

Jose Antonio Alzate: El eclipse de Luna del12 de diciembre de 1769 observado en Mexico A 10 h. 16. I (Tiempo verdadero) Principia dudoso del eclipse. La penumbra en Galileo. La penumbra en Aristarco. La sombra verdadera en Aristarco. Todo Galileo en Ia sombra. La sombra en Grimaldi. La sombra ya entrada en el Mar de las Lluvias. 34.20 La sombra en Keplero. 35.10 Todo Grimaldi en Ia sombra; y esta mal terminada. 38.24 La sombra en Plat6n.

21.15 23.04 28.30 29.25 31.33 33.30

10 h. 42.07 43.35 44.03 50.40 55.07 56.05 57.55 11 h. 03.07 04.23 07.27 14.15 18.00 19.52

39.50 Todo Plat6n en la sombra. La sombra en Copernico. La sombra en Arist6teles. Todo el Mar de las Lluvias en Ia sombra. La sombra en el Mar de la Serenidad, y mal terminada. La sombra entrada en el Mar de los Humos. La sombra en Hermes. La sombra en Ia Isla del Seno de en media. 3.00 La sombra en Plinio. La sombra en Mesala. Todo Mesala en Dionisio. La sombra en Dionisio. La sombra en el Mar de las Crises. La sombra en el Promontorio Agudo. La sombra en el Mar de la Fecundidad.

22.54 Todo el Mar de las Crises en Ia sombra. 24.33 El Mar del Nectar en la sombra. El Cielo se cubri6 de nubes. 36.24 Comenzaron a adelgazarse las nubes, y observe el que la emersi6n habia comenzado, por lo que no fue posible determinar el tiempo de la verdadera mediaci6n del eclipse. La sombra lleg6 cerca de Tyco, dejando ocultos los Mares del Nectar, y de las Nubes. 12 h. 01.17 Parte del Mar de los Humos fuera de la sombra. EI cielo cubierto de nubes gruesas. 08.44 Grimaldi fuera de la sombra. El cielo entoldado. 24.09 Keplero fuera de la sombra. El cielo cubierto. 27.09 La sombra en Aristarco. 27.43 Aristarco fuera de la sombra. El cielo entoldado. 58.00 La sombra en el Mar de la Serenidad. 59.27 Todo el Mar de Ia Serenidad fuera de la sombra. El cielo cubierto. h. 04.28 El Mar de las Crises fuera de la Sombra, y esta en su bordo. El cielo cubierto. 13.12 Fin dudoso, esto es, aun permanecia Ia penumbra. 13.45 Fin cierto: quiere decir, que ya no se veia la penumbra. [Opusculos, 1963)

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Alfonso Reyes: Satelites hechizos

Los dos heroes se escurrieron, no sabemos como, por entre las paginas del Critic6n de Graci{m, y solapadamente salieron a! mundo. Y hablaban asi, en voz baja, para que nadie los escuchara. ( Pero yo, durante mis insomnios, tengo unas orejas muy finas.) Andrenio ( el hombre) . -Quisiera en tender que significa esa lunita artificial de tres meses y que se propusieron, a! inventarla, los ingenuos de Ia Moscovia. Critilo ( el Criterio). -Desde luego, sondear las capas superiores de nuestra atmosfera y lo que pueda haber mas alla ... Andrenio. -~No se habian ya empleado cohetes a este proposito? Critilo. -Pero los cohetes no permanecen por mucho tiempo a semejantes alturas. Y los satelites artificiales vienen a ser como unos cohetes duraderos. Lo discurrio asi, hace tres aii.os, cierta conferencia cientifica de La Haya. Los Estados Unidos y Rusia acogieron con entusiasmo Ia idea. Rusia gano el turno en Ia ejecucion, acertando Ia primera con singular pericia, a alojar un objeto voluminoso en una orbita ya libre de Ia atraccion terrestre. Andrenio. -~ Y que sucedera despues? ~Sera verdad que vamos camino de Ia Luna, como lo sonaron Verne y Wells? Critilo. -No nos apresuremos. Todavia nos falta mucho. Aunque desde ahora, y en virtud de consideraciones "einsteinianas" de que me dispenso, ha llegado ya el momento para que los teoricos se pregunten si un posible tripulante en viaje redondo entre Ia Tierra y Ia Luna, sera, a su regreso, mas viejo o mas joven que si se hubiera quedado en casa. Andrenio. - Y entonces ~que vamos a buscar por aquellas lejanias del espacio, cuando aqui, a vuelta de Ia esquina, hay tantos conflictos apremiantes? Critilo. -Hijo Andrenio, si Ia ciencia no viera algo mas alla de sus narices, adelantaria mucho mas despacio. Sucede que por aquellas vertiginosas lejanias deseamos averiguar lo que sea "Ia poblacion del espacio", para de algun modo llamarla. Es decir, Ia cantidad o proporcion de electrones y atomos que lo pueblan, digamos por centimetro c{tbico. D eseamos medir ciertos elementos que desde alla bajan a bombardear nuestra atmosfera, y medirlos en su estado primero, antes de que nuestra atmosfera los haya filtrado, partido o descompuesto: asi los rayos X del Sol, los rayos cosmicos, los meteoritos mas tenues, etc. Aqui el progreso inmediato no sera. ese cacareado viaje a Ia Luna, sino el lograr un satelite de inmensa altura que sea capaz de completar el giro en torno a la Tierra exactamente en veinticuatro

horas. Este satelite, girando a] paso de Ja rotacion terrestre, parecera fi jo en el cielo, lo que permitira concertar mejor nuestras medidas y observaciones. Andrenio. -~ Y para que ese pobre perro lanzado en el segundo sate lite? (. Es un adorno, es una gracia? Critilo. -Muy lejos de eso, Ia presencia de un animal permitira mas o menos ir esclareciendo las contingencias que encuentra en los altos espacios, y poco a poco calcular los daii.os para el viaje humano y los remedios posibles. Andrenio. - Empiezo a entenderlo. Y me figuro que por aqui anda tambien Ia posible averiguacion de los daii.os que ofrecera el viaje de regreso, puesto que a nada conduciria el viaje de "iras y no volveras". Critilo. -Bien pensado; y no queramos pensar, hoy por hoy, en lo que puedan tardar estos descubrimientos, y en las novedades que, entre tanto, puedan venir a apresurarlos o a retardarlos. Pero hay dos puntos oscuros: es lastima, lastima grande, que esta exploracion del espacio, por una parte, resulte tan enormemente costosa; y, por otra parte, que ella aparezca como un accidente en el camino de las preparaciones belicas y las luchas internacionales. Cuando por primera vez se hablo en tt~rminos cientificos de satelites artificiales, se penso mas bien en Ia cooperacion entre todos los hombres de buena voluntad, a quienes se deseaba Ia paz asi en Ia Tierra como en el Cielo. [Las burlas veras. Segundo ciento, Mexico, 1959]

Corte del antiguo ( 1904) Observatorio de Mount-Wilson, California

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Arthur C. Clarke: Reflexiones sobre la Luna

Las dos naciones mas poderosas del mundo se preparan a enviar hombres a Ia Luna. Sera uno de los hechos fundamentales de la vida politica de los proximos anos; a decir verdad, pronto dominara tal vez a los problemas humanos. Por consiguiente, 'resulta esencial comprender la importancia de Ia Luna en nuestro futuro, pues de lo contrario partiremos hacia alla por falsos motivos y no sabremos como actuar cuando lleguemos. Muchas personas piensan que el conjunto de . este proyecto de exploracion lunar es solo una carrera entre los norteamericanos y los sovieticos -para ver quien posee mayor cantidad de materia gris y materiales- destinada a impresionar al resto de Ia humanidad. Nadie puede negar Ia importancia del elemento competitivo y de prestigio nacional que implica la aventura, pero, a largo plazo, ello solo sera un aspecto menor del problema. Si solo se tratase de una carrera, los Estados Unidos tendrian el mayor interes en que los sovieticos se arruinaran por ganarles. Hay personas limitadas (lamentablemente hay entre elias algunos cientificos de edad, pero todavia influyentes) que piensan asi: "2 Para que gastar decenas de millones de dolares con el solo fin de enviar algunos hombres a un bloque de roca desertico y sin aire, que no es otra cosa que un deposito de escoria cosmico, quemado por el Sol durante el dia y congelado a temperaturas subarticas durante la noche? Las regiones polares de nuestra Tierra son mucho mas hospitalarias; por otra parte, una fraccion de la suma necesaria para Ia conquista de Ia Luna bastaria para explotar e incluso colonizar el fondo de los oceanos." Es exacto que Ia Luna es un desierto arido, desecado por radiaciones intolerables. Pero dentro de cien ai'ios constituira tal vez una fuente de recursos mas segura que los campos de trigo de Kansas y los pozos de petroleo de Oklahoma. Y es preciso razonar en terminos financieros, sin recurrir a esos valores _imponderables que son Ia aventura, Ia poesia, la inspiracion artistica e incluso el conocimiento cientifico. La conquista de Ia Luna puede justificarse en terminus economicos. NUESTRO SATELITE NUNCA TENDRA IMPORTANCIA MILITAR

Permitaseme ante todo refutar (y encuentro cierto placer en hacerlo) uno de los argumentos comunes en favor del viaje a la Luna: algunos generales de artilleria han sostenido que

Ia Luna es una "posicion dominante" y que podia utilizarse para reconocer y bombardear la Tierra. No puede esperarse ver a 380 000 kilometros mejor que desde un satelite provisto de television y situado inmediatamente por encima de Ia atmosfera. La utilizacion de Ia Luna como Iugar de lanzamiento es todavia mas inverosimil. En efecto, el esfuerzo necesario para instalar una sola base militar lunar permitiria instalar por lo menos un centenar de bases militares en Ia Tierra. Resultaria mas facil interceptar un cohete proveniente de Ia Luna y observar su trayecto durante varias horas mediante telescopios y radares que seguir al que cumple una vuelta a Ia Tierra en veinte minutos. La Luna solo podra adquirir importancia militar si extendemos nuestros conflictos internos actuales a los demas planetas. Antes de discutir las diversas formas realistas de utilizar nuestro satelite natural, vamos a resumir lo que sabemos. El diametro de Ia Luna es un cuarto del diametro de Ia Tierra; su radio apenas supera los 1 500 km. Su superficie es, por lo tanto, Ia dieciseisava parte de Ia de nuestro planeta; es mayor que Ia de Africa, pero menor que America. 2 Es tan impresionante Ia masa material de Ia Luna? En toneladas, se eleva a Ia cifra de 750 000 000 000 000 000 000 000, es decir millones de veces el total de carbon, hierro y minerales que el hombre haya extraido jamas desde el comienzo de Ia Historia. Pero esa masa solo da a Ia Luna un debil peso: el hombre solo tendra en Ia Luna una fraccion ( 1 j 16) de peso terrestre. Las consecuencias que derivan de esa circunstancia son varias -y en especial el hecho de que la Luna nunca haya podido retener una atmosfera-. Si alguna vez tuvo una, esta ya debe haber escapado a su debil dominio hace mucho tiempo, disipandose en el espacio. La Luna sufre temperaturas extremas porque carece de atmosfera para atenuar los rayos solares o desempenar el papel de deposito de calor durante la noche. Si bien en la Tierra la temperatura puede superar los 45째 en los tropicos y descender hasta 65째 bajo cero en el Antartico, ambas cifras resultan excepcionales. Pero toda la Luna se halla sometida a esas diferencias de temperatura entre el dia y Ia noche. Es evidente que esta situacion plantea problemas, pero el vacio tiene sus ventajas. UN MUNDO SIN METEOROLOGIA

La falta de aire significa que no hay clima,

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lluvia, viento, nubes, niebla, granizo y nieve. Esa situacion puede ser monotona, pero simplifica increiblemente los problemas que preocupan a arquitectos, ingenieros, exploradores y a todos los que deben efectuar una operacion cualquiera en Ia superficie de Ia Luna. La Luna gira muy lentamente sobre su eje, de modo que sus dias ( y sus noches) son aproximadamente treinta veces mas largos que los nuestros. Y, puesto que Ia Luna gira sobre su eje en el mismo tiempo en que gira alrededor de Ia Tierra, conserva siempre el mismo hernisferio dirigido hacia nosotros. Hasta Ia creacion de Lunik III, ello resultaba muy molesto para los astr6nomos, pero dentro de una generacion, veremos que se alegran de ello. LA LUNA TIENE SEGURAMENTE AGUA, PERO CONGE LADA

Tales son los hechos principales. Examinemos ahora algunas hip6tesis aceptadas por Ia mayoria en 1966, que hubieran hecho reir en 1957. La primera es que los hombres, convenientemente protegidos, podran trabajar y actuar en Ia Lu-

na, directamente o mediante robots controlados a distancia. La segunda es que Ia Luna esta constituida por los mismos elementos que Ia Tierra, aunque indudablemente dosificados y combinadas de diferente manera. Ciertamente, no habra elementos conocidos: ni carbon ni cal, puesto que ellos son producidos por Ia vida. Pero si habra carbona, hidrogeno, oxigeno y calcio en otras formas, y podremos elaborar una tecnologia para extraerlos. Incluso es posible que haya gran des cantidades de agua (sin duda congelada), precisamente debajo de Ia superficie; si es asi, se habra resuelto uno de los problemas mas importantes de Ia colonizaci6n de Ia Luna. En todos los casos, sera posible obtener todos los materiales necesarios para mantener Ia vida. Los primeros exploradores se contentaran solo con sobrevivir ; en un segundo periodo, estableceran una industria autonoma basada en los recursos humanos. Se han publicado muchos libros y estudios dedicados a la colonizacion de la Luna (yo mismo he escrito uno de ellos) y todos los que han estudiado el tema coinciden en el esquema general aunque varian en los detalles. Bastaran cincuenta o cien afios ( el tiempo que separa al avion de Wrigth y el B-52 ) para crear una colonia lunar factible. Veamos ahora las razones por las cuales vale Ia pena hacer tantos gastos y veneer tantas dificuitades. Elias se hallan contenidas implicitamente en Ia pregunta : i que puede ofrecer Ia Luna que no se encuentre en la Tierra? La respuesta es inmediata .. . y paradojica: i nada! Vacio. Millones de km 3 de vacio. La mayoria de las industrias clave del mundo modernas se basan en la tecnica del vacio: luz electrica, radio, television, transistor, penicilina, etc. El proceso de fabricacion exige un vacio parcial o virtualmente total. Pero "hacer" el vacio cuesta caro. En raz6n de la falta路 de atmosfera, en Ia Luna hay un vacio "extremo" y de extension ilimitada. No entra en mis prop6sitos decir que conviene instalar numerosas industrias en la Luna, aunque lo permitan los precios del transporte. Pero el conjunto de la historia de Ia ciencia justifica la certidumbre de que cuando los hombres comiencen a trabajar en el vacio lunar se desarrollaran nuevas procedimientos y descubrimientos de fundamental importancia. La fisica y Ia tecnologia de las bajas presiones pasaran de un estado embrionario a un periodo de amplio desarrollo; en la Luna surgiran indus trias inimaginables. SE NECESITA VEINTE VECES MENOS E N ERGIA PARA SALIR DE LA LUNA QUE DE LA TIERRA

Se necesita veinte veces mas energia para salir de la Tierra que de la Luna. Como base de operaciones interplanetarias, la Luna tiene, pues, 213

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una enorme ventaja sobre la Tierra, siempre, desde luego, que podamos encontrar alli los materiales que necesitamos. Por eso es tan importante el desarrollo de la tecnologia y de la industria lunares. Desde el punto de vista de la gravedad, la Luna se halla efectivamente en una posicion surplombante, mientras que en la Tierra vivimos como habitantes de un profunda foso del cual salimos a duras penas cuando realizamos alguna exploracion cosmica. Debemas consumir cien toneladas de combustible por cada tonelada de carga uti! que lanzamos al espacio. Por eso todos los planes que toman a la Tierra como punto de partida de viajes espaciales representan costos inverosimiles: los mecanismos propulsores resultan monstruosamente desproporcionados en relacion con su "carga {ttil". Es como si para atravesar el Atlantica con una docena de pasajeros debieramos construir un barco del mismo tonelaje que el Queen Elizabeth, aunque a un precio mucho mayor ... y que solo sirviese una sola vez. Cuando pueda utilizarse la energia nuclear en el lanzamiento de cohetes, el metodo resultara simplemente absurdo. En efecto, los mismos cohetes lunares deben transportar centenares o miles de toneladas de masas activas para dar el impulso necesario para el lanzamiento. Cada cohete nuclear o quimico debe poseer algo contra lo cual ejercer su fuerza de reaccion; no es el aire circundante, como creen los profanos sino su propio combustible. Pero el cohete nuclear utilizara el mas simple de los combustibles: el vulgar hidrogeno. Debe existir en cantidad en la Luna, mezclado al agua (que contiene un 11% de hidrogeno) o en otra forma. La primera operacion que debera cumplirse en la exploracion lunar sera pues localizar las "fuentes" de hidrogeno. Una vez resuelto dicho problema, las naves espaciales podran reabastecerse en la Luna, y la exploracion cosmica sera diez veces menos costosa y menos dificil y compleja. Como los vehiculos espaciales ya no necesitaran transportar combustible para su regreso, podremos utilizar cohetes relativamente pequenos en Iugar de monstruosos mecanismos. EL "CANON" DE JULIO VERNE ES LA TECNICA DEL PORVENIR

Pero el mayor interes de la Luna reside en su falta de atmosfera, que debe permitir una tecnica de lanzamiento mucho mas economica que la propulsion mediante un cohete. Es la vieja idea del "canon" popularizada por Julio Verne hace cerca de cien anos. Probablemente, ya no seria un canon en el sentido literal, cargado de explosivos quimicos, sino una rampa de lanzamiento horizontal -como las utilizadas en los portaviones- en la cual la aceleracion de las naves espaciales se produciria mediante una corriente suficiente

para salir de la Luna, procedimiento inutilizable para la Tierra. Para evadirse de nuestro planeta, un cuerpo debe alcanzar la velocidad hoy bien conocida de 36 000 kilometros por bora. Despues de la penosa aceleracion de 10 g, que los astronautas deben soportar durante breves lapsos, se necesitarian dos minutos para llegar a esa velocidad, y la rampa de lanzamiento deberia tener seiscientos kilometros de largo. Si la aceleracion se dividiera por dos, para que fuera mas tolerable, el largo de la rampa de lanzamiento deberia duplicarse. Y, desde luego, todo objeto que viajara a esa velocidad por las capas inferiores de la atmosfera se destruiria instantaneamente por frotamiento. Por consiguiente, los canones espaciales deben descartarse en la Tierra. La situacion es completamente distinta en la Luna. En razon del vacio casi perfecto, puede alcanzarse !a velocidad de liberacion -que es solo de 8 500 kilometros por bora a nivel del suelo- sin ninguno de los riesgos resultantes de la resistencia del aire. Y, a una aceleracion de 10 g, la rampa de lanzamiento solo seria de 30 kilometros. Este problema perfectamente soluble transformaria por completo la tecnica del vuelo esoacial. Las naves espaci~les podrian abandonar Ia Luna sin necesidad de consumir combustible en absoluto; instalaciones fi jas suministrarian la energia necesaria para decolar. El unico combustible que necesitaria una nave espacial para volver a la Tierra seria el necesario para las maniobras de la navegacion. LAS ESTACIONES ESPACIALES SERAN LANZADAS DESDE LA LUNA

Seria un progreso espectacular. Pero el periodo realmente decisivo se produciria en la etapa siguiente. Se admite en general que los vuelos espaciales de larga dis tan cia, en particular los via jes mas alla de la Luna, solo seran posibles cuando podamos reabastecer a las naves en orbita. Se han hecho pianos muy detallados de lanzamiento de cohetes-cisternas. Dichos proyectos resultaron increiblemente caros, pues se necesitan cerca de cincuenta toneladas de combustible para poner uno solo de ellos en orbita alrededor de la Tierra, a solo 400 km de ella. Pero desde la Luna, con veinte veces menos energia, y sin consumir combustible, podran lanzarse cisternas en direccion de la Tierra, y sistemas de conduccion adecuados las guiarian bacia los orbitas estables donde permanecerian constantemente en revolucion mientras sea necesano. Aunque indudablemente se precisan enormes cantidades de energia para realizar esta especie de lanzamiento lunar, en el siglo :xxr ello ya no planteara problemas. Una simple bomba de hidrogeno, que solo pesa unas pocas toneladas,

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Iibera energia suficiente para hacer salir de Ia Luna un centenar de millones de toneladas. Existe otra aplicacion del lanzamiento: el envio directo a Ia Tierra de productos "lunares". Podria enviarse una capsula determinada desde Ia Luna a Ia Tierra donde efectuaria un aterrizaje automatico. No se necesitaria combustible para el trayecto, fuera de una pequefia cantidad para las maniobras. Toda Ia energia del lanzamiento de Ia capsula seria provista por Ia central fija de Ia Luna, y Ia atmosfera terrestre Ia frenaria totalmente. Cuando se haya perfeccionado un sistema semejante, el envio de productos desde Ia Luna a Ia Tierra no sed. mas caro que el actual transporte por "jet" entre los continentes. Por lo demas, Ia duration del viaje podria reducirse, pues ya no habria que inquietarse por Ia fragil constituci6n de los pasajeros humanos. Para una aceleracion de 50 g, bastaria una rampa de lanzamiento de alrededor de 4 kilometros. He querido discutir esta hipotesis en detalle por dos razones. Primera, porque dichas hipotesis demuestran que podemos considerar Ia exploracion espacial en terminos mucho mas economicos que si tomaramos a !a Tierra como base de operaciones, gracias a las ventajas que ofrecen Ia escasa gravedad de !a superficie lunar, Ia falta de aire y los materiales en bruto que ciertamente deben hallarse alli. La segunda razon es ligeramente mas personal. Salvo error, he sido el primero en exponer esta idea en un numero de Ia British Interplanetary Society. Cinco afios antes habia propuesto la utilizacion de satelites para las comunicaciones por radio y por television. No esperaba ver en vida materializar alguno de dichos proyectos, pero ya se ha realizado uno. Este problema de las comunicaciones nos conduce a otra utili~acion extremadamente importante de la Luna: a medida que Ia civilizacion se extienda por el sistema. solar, la Luna sera el vinculo principal entre Ia Tierra y sus hijos diseminados en el espacio. En efecto, aunque los demas planetas esten tan alejados de Ia Tierra como de Ia Luna, Ia simple distancia no es el unico factor que entra en Ia cuenta.

EL LASER PERMITIRA ENVIAR SENALES A LAS ESTRELLAS

Una seria barrera -que solo se ha descubierto en los ultimos afios- es Ia misma atmosfera. Gracias al desarrollo de una invencion optica extraordinaria llamada el laser, que produce un rayo de luz intensa casi perfectamente coherente, hoy se advierte que el mejor agente de comunicacion a larga distancia no es Ia radio sino Ia luz. Un rayo luminoso puede transmitir millones de veces mas mensajes que una onda de radio y puede dirigirse con una precision infinitamente mayor. En efecto, un rayo luminoso producido por un laser dibuja en Ia Luna una mancha de apenas unos centenares de pies, mientras que el rayo proveniente de un radio-faro tendria un diametro de un millar de kilometres. Asi, con muy poca energia, podrian cubrirse distancias muy largas. Los calculos demuestran que con los laser puede pensarse en enviar sefiales a las estrellas y no solo a los planetas. Pero no podemos utilizar los rayos luminosos para enviar mensajes a traves de la atmosfera caprichosa de Ia Tierra, pues una nube que pasa basta para bloquear una sefial que ha recorrido billones de kilometres de espacio. La Luna carece de aire, y el eielo es siempre accesible a las ondas de todas las freeuencias, desde las ondas radio mas largas hasta los rayos ultravioleta pasando por Ia luz visible, y aun los cortos rayos X, que pueden ser detenidos por unos pocos centimetres de aire. Todo ese inmenso abanico de ondas eleetromagnetieas podria servir para las comunicaciones o para cualquier otro uso, tal vez para aplicaciones como Ia transmision de Ia energia que nunca pudieron realizarse en Ia Tierra. Podemos asi imaginar Ia Luna como una especie de estacion selectora de las comunicaciones interplanetarias, que dirige rayos luminosos ---<:entrados con precision- hacia los otros planetas y hacia las naves que surcaran el espacio. Hay muchas otras razones por las cuales Ia Luna esta destinada a servir de base para

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las comunicaciones interplanetarias. Todos conocen hoy los enonncs radio telcscopios construidos para sondear el espacio y mantencr el contacto con sondas espaciales tan distantes como nuestros Pioneers o nuestros Explorers ( y nuestros Rangers, 11arines y Prospectors posteriores) . El proyecto m{ts ambicioso fue el infortunado gigante de 600 pies ( cerca de 183 rn) de Sugar Grove (West Virginia ), abandonado durante su construcci6n clespu{s de invertirsc en el veintenas de millones de clolares. Ei telescopic de 600 pies fue un fracaso costoso, puc~ era demasiado pesado. El peso previsto era de 20 000 tondadas, pero moclificaciones efectuaclas en los p!::mos lo llevaron a las 36 000 tonelaclas. En la Luna, el precio y el peso de esa estructura se reducirian enorrnemente -tal vez mas de un 90%--路. En decto, gracias a Ia escasa gravedad, podria utiliza rse una construcci6n mucho mas liviana. Y Ia falta de aire sobre Ia Luna suptime el coeficiente de seguridad de los telescopios terrestres que deben af ron tar las peores intemperies. No es necesario preocuparse pur los huracanes de !a Luna. Durante los sescnta ultimos alios, nuestro planeta ha producido un estrepito inccsante en el espacio. Ello ya ha preocupado scriamente a los radioastr6nomos cuvas observacioncs oueden ser anuladas completa1~1entc por una afeitadora elcctrica que funcione a diez o incluso a cien ki16metros de d.istancia. Pcro !a supcrficie de la Luna observada por primera vez por el Lunik III esta fuera dd alcance de ese tun1ulto electr6nico; sc halla prescrvada del escandalo terrestre por quince kil6metros de roca s6lida. Lo que acabo de dccir deberia bastar para convcnccr a toda persona tlotada de imaFinaci6n que Ia posesi6n de Ia Luna no tienc p;ecio y que su exploracion tendra una importancia muy superior a la de una demostraci6n de virtuosismo cientifico. Y debe insistirsc al misrno tiempo en el hecho de que las utilizacioncs mas importantes y rentables de Ia Luna serd.n aquellas en las cuales hoy no se picnsa. EL UN!VERSO PERTENECER ..\ AL QUE POSEA LA LU.t':A

En una reciente discmi6n ace rca de los planes de cxploraci6n espacial, el profesor Harold U rcy selial6 que Ia Luna tiene una de las posicioncs mas intercsantes del sistema solar ---tal vcz mcjor que Ia de ;\fartc o Venus, aunque haya vida en dichos planetas-. En efecto, Ia superficie de la Luna ha conservado tal vez a travcs del tiempo un vestigio de las condiciones que existian hace billones de anos. En !a Tierra, esos \'Cstigios han sido borrados haec mucho por los vientos, las lluvias y los diversos fen6menos geol6gicos. Cuando lleguemos a la Luna ser{J como si de improviso tuvierarnos acceso a una biblioteca completa de

volumenes desaparecidos, un mill6n de veces mas antiguos gue los que fueron destruidos en Alejandria. Las facultadcs que adquiriremos durante !a exploraci6n -y luego durante !a colonizaci6nde este nuevo trozo de cielo no tendran r)recio. Aunquc s6lo cl tiempo puede verificar lo que digo, pienso que en pocos alios aprendercrnos m{ts accrca de los mctodos no ortodoxos de producci6n de alimentos en la Luna que todo ln que podriarnos aprender en Ia Tierra. .: Podn~rnos , en el sentido literal del termino, transformar las rocas en alimentos? Si deseamos conquistar el espacio, deberemos adquirir esta facuitad (como lo hacen las plantas ). Las posibilidades mas excitantes son tal vez las de !a rncdicina de escasa gravedad, que plantea este irnportantisimo interrogantc: ",; Viviran mas ticmpo los homb res en un mundo donde sus co razones no se usen para COlli batir !a graveclad?" De esta rcspuesta dep('ndera el porvenir de numerosos mundos v el de naciones a\m dcsconocidas. Gran parte' de !a politi ca, lo mismo que gran parte de Ia vida, consiste en trazar plan es acerca de lo imprevisto. Solo podemos preve r una minuscula fraccion del potencial de b Luna -y !a Luna misma es solo una parte nmy peguena del universo-. El hecho de que Ia Cni6n Sovietica concentre toclos sus esfuerzos para llegar alli tiene implicaciones mucho mas profundas que lo que generalmcnte se piensa. Los sovieticos son realistas. Y como ha senalado sir Charles Snow en su rnuy importante libro Science and Govemmen t. entre un 3.5 v un -15% de sus cuadros supr:riorcs han sid~ wmetidos a una preparaci6n tecnica y cicntifica ( cludo que en el mundo occidental !a proporcion llegue a un cuarto de ese tanto por ciento ) . En definitiva, frecuentcmcnte ellos eli~en bien. Por ejemplo, han resuelto desarrollar Ia bornba de litio y los cohetes gigantes. mientras que los Estados Unidos gastan su cnergia en tccnieas sin salida como las bombas de tritio v los cohetes clestructores de airc. 路 Tal vez han actuado asi en el mas import:lllte de todos los aspectos. ;\1c pregunto si los cri ticos de la conquista del espacio: " Hay que dejarsela a los sovieticos", piensan seriamcntc que Ia finalidad de la ciencia de !a URSS se limita a impresionar a las naciones, cosa que podrian hacer si gastaran mil veces menos. No es asi ; los :;ovieticos saben perfectamente lo que hacen, y comprenden que la naci6n que domine !a Luna no s6lo podra dominar Ia l'icrra sino tambicn el universo accesible. Si en fecha proxima sblo hay sovicticos en Ia Luna j.>::tra brindar alii el dia del aniversario de !a Revoluci6n de 1917, habr:m conquistado cl sistema solar y scr[m merccidamente los voceros del porvenir. 1966. [El Heraldo Cultural, Mexico, 7 de septiernbre de

1969]

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Ciencia-Ficcion

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Camille Flammarion: Viaje al cielo

ESTO ERA EN VENECIA

El viejo palacio ducal de los Speranzi abria sus altas ventanas sabre el gran canal : el astro de las naches hacia reverberar en Ia superficie del agua una estela de argentadas aguj itas, y el cielo inmenso se desarrollaba bacia lo lejos, por encima de las cupulas y de las torres. Cuando los musicos embarcados en las gondolas doblaron el canal deslizandose bacia el puente de los Suspiros, los ultimos ecos de sus canciones se extinguieron en la noche, y hubierase dicho que Venecia se dormia en aquel profunda silencio desconocido de toda colmena humana, excepto de la reina de Adriatico. Solo el sonido cadencioso del antiguo reloj llegaba a interrumpir aquel silencio veneciano, y tal vez hubiera para mi pasado inadvertida Ia profundidad del universal mutismo si a percatarme de ella no me hubiese invitado la regular oscilacion del aparato destinado a medir el tiempo. i Cosa mas extrana!, aquel ruidillo monotono, alterando el silencio, parecia aumentarlo. Sentado en el alfeizar de la alta ventana, contemplaba el disco resplandeciente de la Luna sefioreandose en el cielo azul plet6rico de su palida claridad, y pensaba en que ese astro de las naches, en Ia apariencia tan tranquilo, tan sereno, avanza un kilometre en el espacio a cada uno de los movimientos de Ia pendola del reloj: y por Ia primera vez en la vida, este hecho me sorprendi6 con mas fuerza que nunca, tal vez a causa de Ia soledad que me rodeaba. Mirando ese globo lunar, en el que a simple vista se distinguen bastante bien los antiguos mares y la configuraci6n geografica, pensaba que tal vez en Ia actualidad se halla aun habitado por seres de organismo muy diferentes del nuestro capaces de vivir en una atmosfera por todo extrema rarificada; pero lo que me cbocaba mas era esa revolucion rapida en torno de la Tierra, a razon de un kilometre ( 1 017 ) por cad a movimiento de Ia pendola, de 61 kilometros por cada minuto, de 3 600 por bora, de 87 862 por dia y de 2 400 000 por revolucion mensual. Con los ojos del espiritu veia a la Luna girando en torno de nosotros del oeste al este y realizando su movimiento en menos de un roes. Y al mismo tiempo, oia por decirlo asi el movimiento diurno de Ia Tierra alrededor de su eje, movimiento que tambien se verifica de oeste a este y que nos hace creer que es el cielo el que gira en torno a nosotros en sentido inverso de la direcci6n indicada. Durante mi abstracci6n, Ia Luna se babia en efecto alejado y descendia al occidente, ha-

cia el campanario de Ia Chiesa. Vosotros, movimientos terrestres y celestes aun mas dulces que los de las gondolas que se deslizan sobre el liquido espejo, que nos llevais arrastrados en la realidad como si esta fuera un suefio, vosotros medis nuestros dias y nuestros afios, y en tanto que como sombras fugitivas desaparecemos, vosotros permaneceis siempre. Cuando hace ya millones de afios la terrestre bumanidad esperaba en los limbos de las posibilidades futuras su brote perezoso, tu Luna silenciosa, esfinge del cielo, brillabas ya sabre las aguas que tus luces plateaban como ahara. Animales fantasticos poblaban los bosques que cubrian los continen tes; peces extraiios perseguianse en los liquidos senos; bend ian los vampiros las capas atmosfericas; cocodrilos bipedos que parecen ser los antepasados de los que nos babla la mitologia egipcia se. dejaban ver en los claros, a orillas de las Iagunas . . . Mas tarde, alumbraste tambien, oh Luna, el brote de las primeras flares, iluminando al par los nidos de los primeros pajaros, y i cuantas veces tu luz habia llegado a disipar las tinieblas de la noche, el dia en que por la vez primera os6 levantarse basta tiel pensamiento humane! Tu luz ilumina hoy aqui abajo una humanidad activa, ciudades florecientes, palacios de marmol edificados sabre las ondas. Apenas hace un momenta que aqui misrno, a mis pies, a bordo de una gondola, amorosa pareja te invocaba como testigo de juramentos eternos olvidando tal vez que tus fases rapidas imagen son de las variaciones que distinguen a la hum ana espe.cie. Si; tu has sido Ia confidente de inmensos secretes de amor, de misterios infinitos, y por largo tiempo a{m Ia juventud entusiasta que cree y que espera elevara basta ti su canto de amor inacabable. Pero llegara un dia en que tu, reina silenciosa de Ia noche, solo te seiioreanis de un cementerio de hielo, en que ya no recibiras la luz del Sol, proxima a su vez a extinguirse; en que aqui en el mundo no quedaran relojes para medir tus horas, ni seres humanos para contarlas .. . Tal pensaba yo, iluminado por la intensa claridad de la Luna que parecia agigantar las sombras y rellenar los abismos al pie de los palacios emergentes del agua negra. Ese mundo vecino pal pita a 384 000 kilometres de nosotros; basta el se transporta el pensamiento humano con ligerisimo batir de alas; a una velocidad igual a la de la luz, esa distancia se franquea en un segundo y un tercio. Vole pues con el pensamiento basta esa luz de lo alto olvidandome de Venecia, del Adriatico y del mundo, y me senti arrastrado basta mucho mas alla de nuestra atmosfera aerea. 219

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A TRESCIENTOS OCHENTA Y CUATRO MIL KILOMETROS DE LA TIERRA

Pareciome en efecto que me acercaba a la palida Febea traspasando subitamente la cadena inmensa de los Apeninos lunares que separa el Mar de los Vapores del Mar de las Lluvias, no lejos del meridiano central. Fueme dado reconocer, tal como infinitas veces los habia observado en el telescopio, los circos y los erateres de Arquimedes, de Autolico y de Aristilo, y durante algunos momentos flote por sabre las escarpadas orillas del Mar de la Serenidad. Me parecio encontrar aun la huella de las aguas desaparecidas, y crei ver infinidad de crateres abiertos mucho antes, sepultados entonces bajo el fango de un antiguo diluvio. Como los instrumentos de astronomia nos han familiarizado de larga fecha con ese mundo vecino y nos son conocidos ciertos detalles de la geografia lunar mejor aun que otros muchos de la terrestre, no tarde en acostumbrarme a la contemplacion de las maravillas desplegadas ante mis ojos insaciables. Esos circos inmensos, esos crateres aun abiertos, esas montaiias anulares de abruptos peiiones, esas crestas salvajes y peladas, esos valles profundos, esas quebraduras infinitas del terreno, las hemos estudiado y las conocemos a fondo. Vese alii el resultado de una actividad volcanica considerable; era teres de tres kilometros de profundidad, de ciento, ciento cincuenta o doscientos kilometros de ancho; montaii.as con picas de seis y siete mil metros de elevacion; llanuras y riberas en las que aun se encuentran huellas de la accion de las aguas ... Jamas se observa una nube ni efecto alguno de evaporacion acuosa, ni condensacion de vapores atmosfericos, y la misma atmosfera, si acaso existe, es de una extrema rarefaccion; y sin embargo, desde que los menores aspectos de ese

globo vecino han sido cuidadosamente estudiados, creese reconocer en el no tan solo las pruebas de desplomes actuales, de variaciones geologicas en su superficie, sino tambien ciertos cambios rapidos en el suelo de las regiones bajas en que la atmosfera puede estar relativamente condensada. En realidad, las condiciones organicas de este mundo son por completo diferentes de las del nuestro, pero no esta demostrada la imposibilidad de Ia existencia alii, aun cuando es probable que el periodo vital de esa pequeii.a Tierra celeste este bastante mas avanzado que el de nuestra patria. AI tiempo mismo que mis mitadas, deteniase mi pensamiento en la palida figura del satelite de la Tierra, y me preguntaba a mi mismo si no era posible que en aquel mismo momenta, en una antigua ciudad lunar, en el fonda de un circa o en lo profundo de un valle, un ser pensante cualquiera, convertidos tambien sus ojos al cielo, contemplase en el la Tierra que habitamos, preguntandose por su parte si existen seres inteligentes en Ia superficie del globo inmenso que rueda perpetuamente por encima de sus cabezas y ofrece a su curiosidad el mismo enigma que su patria nos presenta a nosotros. En tanto que de este modo viajaba yo por el vecino mundo, el astro de las naches habia descendido sensiblemente hacia el horizonte, y a cierta distancia del mismo, hacia Ia izquierda, pude ver una estrella brillante de claridad rojiza lanzando rayos de fuego a las alturas celestes. Poco tiempo y menos trabajo me cost6 reconocer en ese astra de rasgos igneos a nuestro vecino el planeta Marte, y olvidandome de Ia Luna, dime a pensar en esa otra isla celes,te, hermana de Ia nuestra, que tantas analogras ofrece con la terrestre morada. [Fantasias estelares, 1875]

Las maravi!las lunares segun el relato de Richard Locke En el Sun de Nueva York, 1835

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Arthur C. Clarke: El centinela

La prox1ma vez que vea1s Ia Luna !lena brillar al sur, examinad con atencion el borde derecho. Alii donde serian las dos si nuestro satelite fuera un reloj, observareis un minusculo ovalo oscuro; lo puede descubrir facilmente todo aquel que tenga una vista normal. Es un vasto llano encajonado, uno de los mas hellos de Ia Luna: Mare Crisium, el mar de las Crisis. De unos quinientos kilometros de diametro, casi totalmente rodeado por un circulo de magnificos montes, nunca habia sido explorado antes que penetraramos en el a fines del verano de 1996. Nuestra expedicion estaba muy bien equipada. Dos grandes cargueros habian transportado nuestras provisiones y nuestro equipo desde Ia central de Mare Serenitatis, situado a ochocientos kilometros. Disponiamos tambien de tres pequenos cohetes destinados al transporte a corta distancia por encima de las regiones que . nuestros vehiculos trepadores no pudieran franquear. Por suerte, la mayor parte del Mare Crisium es muy Ilana. No hay ninguna de esas grandes grietas tan frecuentes y peligrosas y son muy pocos los montes y crateres. En Ia medida en que se podian juzgar las cosas, nuestros poderosos tractores no tendrian dificultad a~guna en conducirnos donde bien nos parenera. Yo era geologo ( o selenologo, si prefieren lo pedante), jefe del grupo que exploraba Ia zona meridional del Mare. Habiamos reconocido unos ciento cincuenta kilometros durante la semana, contorneando los contrafuertes de los montes que bordeaban la orilla de lo que habia sido un antiguo mar, bacia unos cuantos millones de anos. Cuando Ia vida comenzaba en Ia Tierra, alli se estaba ya extinguiendo. Las aguas se retiraban de los flancos de estos prodigiosos acantilados en el corazon abierto de Ia Luna. Sobre el suelo que atravesabamos, el oceano sin . arenas habia tenido antano ochocientos metros de profundidad y Ia {mica huella de humedad que queda ya es Ia escarcha que se ve a veces en las grutas donde el Sol jamas penetra. Habiamos emprendido el viaje con el alba lunar y nos quedaba casi una semana de tiempo terrestre antes de Ia caida de la noche. Seis veces al dia abandonabamos nuestro vehiculo: enfundados en nuestras combinaciones espaciales, saliamos en busca de minerales interesantes o colocabamos puntos de referencia para guiar a los viajeros futuros. Era una rutina monotona. La exploracion lunar no ofrece nada de aventurado o particularmente excitante. Podiamos vivir comodamente un mes en nuestros tractores de presion regulada y, si

se nos presentara algun inconveni~nte, teniamos Ia radio siempre a mano para pedir ayuda; luego, nos bastaria esperar que una nave viniera a socorrernos. He dicho que Ia exploracion lunar no tenia nada de excitante. Desde luego, no es completamente exacto. No hay modo de cansarse de esas inverosimiles montanas, mucho mas terrihies que las suaves colinas de Ia Tierra. Nunca sabiamos, al contornear los cabos o promontories del mar desaparecido, que nuevos esplendores nos serian revelados. Toda la parte meridional de Ia curva del Mare Crisium es un vasto delta donde antano miles de rios se abrian paso basta el oceano, alimentados tal vez por las mismas lluvias torrenciales que habian provocado la erosion en los montes durante el breve periodo de la era volcanica, cuando Ia Luna era joven. Cada uno de estos antiguos valles era una tentacion, un desafio para lanzarse a un escalamiento basta las desconocidas mesetas que se encontraban mas alia. Pero teniamos que cubrir todavia unos ciento cincuenta kil6metros y solo podiamos contemplar con envidia las alturas que otros escalarian. A bordo, viviamos segun el tiempo terrestre y, a las 22 exactas, enviabamos nue.stro ultimo mensaje a Ia Base y poniamos fm a toda actividad. Fuera, las rocas resplandecian aun ba jo un sol casi vertical; para nosotros era Ia noche, basta que nos despertaramos ocho horas despues. Entonces, uno de nosotros prepararia el desayuno; sol}a .haber un . fuerte zumbido de afeitadoras electncas y algmen encendia Ia radio que nos ligaba a Ia Tierra. En verdad cuando el olor de las salchichas llenaba Ia ~abina, era dificil creer que no estuvieramos de regreso en nuestro planeta. j Todo resultaba tan familiar, si se exceptuaban Ia impresion de sentirse m~s liger? y Ia desusada lentitud con que los objetos ca1an! Me tocaba a mi Ia preparacion del desayuno en el rincon de la cabina principal que nos servia de cocina Transcurridos ya anos, recuerdo ese rnomento con intensidad. Acababa de escuchar una de mis tonadas favoritas, Ia vieja cancion inglesa "David of the White Rocks". Nuestro conductor estaba ya fuera, en su combinacion espacial, inspeccionando las cremalleras. Mi ayudante, Louis Garnett, estaba en el puesto de control, agregando apresuradamen te algunas informaciones en el diario de a bordo. De pie delante de Ia sarten, yo esperaba, como todas las amas de casa de Ia Tierra, que las salchichas se doraran, y deje que mi mirada vagara por los baluartes montanosos que dibujaban el horizonte, extendiendose basta per-

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derse de vista por el este y el oeste. Parecian estar a solo dos 0 tres kilometros del tractor, pero yo sabia que el monte mas proximo estaba a unos treinta kilometros. En Ia Luna, desde luego, Ia distancia no borra ningun detalle; ninguna bruma, ni Ia mas imperceptible, suaviza y a veces transfigura las cosas que en Ia Tierra se disuelven en la lejania. Estas montanas tenian unos tres mil metros de altura y eran muy abruptas ~omo si antano alguna erupcion subterranea las hubiera hecho surgir de Ia corteza en fusion. No se podia ver la base ni siquiera de Ia mas proxima, a causa de Ia acentuada curvatura de la superficie; la Luna es un mundo muy pequeno y el horizonte apenas se alejaba tres kilometros del 路 Iugar en que yo estaba. Levante Ia vista hacia los picos que ningun hombre habia jamas escalado, bacia esos picos que, antes del nacimiento de Ia vida en Tierra, habian contemplado la triste retirada de los oceanos, que se habian llevado con ellos la esperanza y las promesas de un mundo. El Sol pegaba en aquellos baluartes con un brillo cegador, mientras que, un poco mas arriba, las estrellas se destacaban fi jas en un cielo mas negro que una medianoche invernal en la Tierra. Cuando ya me volvia, mi mirada fue atraida por un resplandor metalico en lo alto de la arista de un gran promontorio que penetraba en el mar, a unos cincuenta kilometros al oeste. Era un punto de luz sin dimension, como si uno de aquellos picos crueles hubiera arrancado una estrella del cielo, y yo supuse que la superficie lisa de una roca captaba la luz del Sol y me la reflejaba en los ojos. No era nada desusado. Cuando Ia Luna entra en su segundo cuarto, los observadores en la Tierra pueden ver a veces como las grandes cadenas del Oceanus Procellarum, el Oceano de las Tormentas, llamean con una iridiscencia blanco-azulada, mientras Ia luz del Sol salta de sus flancos y rebota de ~undo en mundo. Pero yo me preguntaba que clase de roca podia brillar alii arriba con tanta intensidad: subi a la torrecilla de observacion y oriente bacia el oeste nuestro telescopio de cuatro pulgadas. Vi lo suficiente para que rni boca se hiciera agua. En mi campo de vision, los picos montaiiosos, claros y netos, parecian estar a menos de un kilometro, pero lo que captaba la luz del Sol seguia siendo demasiado pequei'io para ser identificado. Sin embargo, aquello parecia tener una desconcertante simetria, y la cumbre sobre Ia que se encontraba se mostraba curiosamente chata. Contemple durante un buen rato aquel enigma centelleante, cansandome Ia vista en el escrutinio del espacio, basta que un olor a quemado procedente de la cocina me advirtio que las salchichas del desayuno habian franqueado en vano cuatrocientos mil kilometros. Durante toda Ia manana deliberamos sohre

nuestra ruta a traves del Mare Crisium, mientras bacia el oeste las montanas se recortaban en el cielo. La discusi6n continuo por radio basta cuando estuvimos ya fuera, dedicados a Ia exploracion en nuestras combinaciones espaciales. Era absolutamente seguro, decian mis companeros, que jamas habia habido forma alguna de vida inteligente en Ia Luna. Las unicas cosas vivas que habian existido alguna vez alii habian sido unas cuantas plantas primitivas y sus antepasadas, apenas menos degeneradas. Yo sabia esto tan bien como cualquiera, pero hay momentos en que un hombre de ciencia no debe tener miedo a hacerse el tonto. --Oidme -dije finalmente--, voy a trepar basta alii arriba, aunque solo sea para mi tranquilidad personal. Esa montana no llega a los cuatro mil metros, es decir, supone menos de mil en gravedad terrestre, y puedo asi 路 dar el paseo en unas veinte horas, en el peor de los casos. De todos modos, siempre he tenido ganas de subir a esos montes y esto me procura una buena excusa. -Si no te rompes la crisma -dijo Garnett-, seras el hazmerreir de la expedicion cuando volvamos a Ia Base. En adelante, esa montana llevara el nombre de "Payasada de Wilson". -No me rompere Ia crisma -replique con firmeza-. i Quien fue el primero en escalar Pico y Helicon? - Pero i no eras algo mas joven en aquella epoca? -pregunto Louis con mucha dulzura. -Esa es otra excelente razon para que suba alii -insist! muy dignamente. Nos acostamos temprano aquella noche, despues de haber conducido el tractor a aproximadamente un kilometro del promontorio. Garnett me iba a acompanar al dia siguiente; era un buen alpinista y no era la primera vez que me habia acompanado en proezas de este genero. Nuestro conductor se sintio muy contento de que se le encomendara la mision de cuidar de Ia maquina. A primera vista, aquellos farallones parecian no ofrecer el menor agarradero, mas para quien tiene el sentido de las alturas el escalamiento es facil en un mundo en el que todos los pesos estan reducidos a una sexta parte. E! verdadero peligro del alpinismo lunar es el exceso de confianza: caer de cien metros en Ia Luna es tan mortal como una caida de quince metros en la Tierra. Hicimos nuestro primer alto en un gran espolon, a aproximadamente unos mil doscientos metros sobre el nivel del llano. El escalamiento no habia sido muy dificil, pero mis miembros se habian puesto rigidos a causa del desusado esfuerzo y me satisfacia aquel descanso. Podiamos ver todavia el tractor, un misero insecto metalico a! pie de aquella pared y, antes de reanudar Ia ascension, senalamos al conductor nuestro avance.

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Nicole Clav.eloux

En el interior de nuestras combinaciones se sentia un fresco agradable, porque los elementos frigorificos neutralizaban el violento sol y eliminaban nuestra transpiracion. Nos habLibamos poco, salvo para transmitirnos instrucciones y discutir el mejor camino. No se lo que Garnett pensaba; probablemente, que se trataba de Ia empresa mas sin sentido que hubiese emprendido jamas. Yo estaba bastante de acuerdo con el, pero la alegria del escalamiento, Ia idea de que ningun hombre habia estado nunca alli y la vision estimulante del paisaje bastaban para mi felicidad . No creo que me emocione mucho cuando nos vimos delante del muro de roca que yo habia examinado anteriormente con el telescopic a cincuenta kilometros de distancia. Se elevaba aproximadamente unos veinte metros sobre nuestras cabezas y alii, sobre Ia meseta, estaba el objeto que me habia atraido hasta aquellas desoladas alturas. No era verosimilmente mas que un bloque a! que Ia caida de un meteorito habia hecho estallar hacia miles de aii.os y que mostraba sus pianos de rotura todavia netos y brillantes en el incorruptible e inmutable silencio.

No habia agarradero alguno en Ia cara del muro y tuvimos que utilizar un garfio. Mis fatigados brazos parecieron encontrar nuevas fuerzas cuando hice girar el ancla metalica de tres dientes sobre mi cabeza y Ia lance hacia las estrellas. La primera vez no mordio y se deslizo lentamente cuando_ tiramos ~e Ia cuerda. AI tercer intento, los drentes se hmcaron firmemente y nuestros pesos combinadas no lograron que el garfio se conmoviera. Garnett me miro con ansiedad. Adverti que queria ser el primero, pero yo le sonreia a traves de mi yelmo y menee negativamente Ia cabeza Con toda calma. inicie la ascension final. Aun con mi combinacion espacial, no pesaba alli mas de veinte kilos; pude, pues, izarme con una mano tras otra, sin necesidad de recurrir a mis piernas. Y a en el borde, resople, hice una serial a mi cornpaii.ero y me puse de pie en Ia plataforma, en contemplacion de lo que se alzaba ante mi. Es necesario que se comprenda que, hasta ese momenta, habia estado casi seguro de no encontrar alii nada de extraii.o o misterioso. Casi, pero no del todo; era esta duda turbadora lo que me habia impulsado hasta el lu-

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gar. Pues bien, ya no habia duda, pero Ia obsesi6n apenas habia comenzado ... Estaba sabre una plataforma de unos treinta metros de ancho. Habia sido antes lisa -demasiado lisa para ser natural-, pero Ia caida de meteorites habia acribillado y roto su superficie durante evos incaltulables. Habia sido nivelada para que sostuviera una estructura centelleante, toscamente piramidal, de dos veces Ia altura de un hombre, engastada en Ia roca como una gigantesca joya tallada. Es probable que no me invadiera ninguna emoci6n durante los primeros segundos. Luego, senti que mi pecho se henchia con un jubilo extrano, indescriptible. Porque yo era un enamorado de Ia Luna y sabia desde aquel momenta que el "musgo trepador" de los Circos Aristarco y Erat6stenes no era Ia univa vida que habia engendrado en su juventud. El desacreditado antiguo sueno de los primeros exploradores era una realidad. Habia existido, al fin de cuentas, una civilizaci6n lunar y yo era el primero en descubrirla. El hecho de que tal vez habia llegado con cien millones de anos de retraso no me inquietaba; estaba alii y era suficiente. Mi cerebra comenz6 a funcionar normalmente, a analizar y a formular preguntas. ~Que significaba aquella construcci6n? ~ Un santuario o algo para lo que mi lenguaje no tenia nombre? Si era una construcci6n ~ por que habia sido levantada en un Iugar tan precisamente inacccsible? Me preguntaba si aquello era un templo y me imaginaba a los fieles de alguna extrana religion pidiendo Ia salvaci6n a sus dioses, mientras Ia vida de la Luna refluia hacia los oceanos que se extinguian. Habian sido suplicas en vano. Avance unos pasos para observar aquello con mas detalles, pero una especie de prudencia me impidi6 acercarme demasiado. Tenia algunas nociones de arqueologia y trate de adivinar el grado de cultura de Ia civilizaci6n que habia tenido que allanar aquel pico y construir las superficies centelleantes que todavia cegaban. Me dije que los egipcios hubieran podido hacerlo, si sus operarios hubiesen poseido cualquiera de los extranos materiales que estos .otros arquitectos mucho mas antiguos habian utilizado. A causa de Ia pequenez de Ia cosa, no se me ocurri6 que estaba contemplando tal vez Ia obra de una raza mas adelantada que Ia mia. La idea de que la Luna habia poseido inteligencia era todavia demasiado formidable y mi orgullo me impedia lanzarme a Ia humillante zambullida final. Luego observe algo que me puso los pelos de punta, algo tan trivial e inocente que a Ia mayorla no hubiera llamado nunca Ia atenci6n. He dicho que Ia plataforma mostraba las cicatrices de los meteorites; estaba tambien cubierta de varios centimetres de polvo c6smi-

co, de ese polvo que se posa siempre en la superficie de los mundos en los que ninglin soplo de viento lo dispersa. Sin embargo, el polvo y las cicatrices se interrumpian muy bruscamente, trazando un gran circulo alrededor de la pequena pirimide, como si un muro invisible la protegiera del tiempo y del espacio. Alguien hablaba en los auriculares y comprendi que Garnett me estaba llamando desde hacia algun tiempo. Me acerque con paso vacilante al borde del fara116n y le hice una serial para que se me uniera, sin atreverme a hablar. Luego, volvi hasta el circulo dibujado en el polvo. Agarre un fragmento de roca y lo lance sin mucha fuerza hacia el brillante enigma. Si la piedra hubiese desaparecido en aquella barrera invisible no me hubiera sorprendido, pero pareci6 chocar contra la superficie lisa de un hemisferio y se desliz6 suavemente hasta el suelo. Sabia ya que estaba contemplando algo que no tenia equivalente en la antigiiedad de mi raza. No era un monumento, sino una maquina que se protegia con fuerzas que habian desafiado a Ia Eternidad~路 Estas fuerzas, fueran las que fueran, actuaban todavia y tal vez yo me habia acercado a elias demasiado. Pense en todas las radiaciones 路 que el hombre habia captado y dominado durante el siglo ultimo. De acuerdo con lo que sabia, tal vez estaba yo tan irrevocablemente condenado como si hubiese penetrado en el ambiente silencioso y mortal de una pila at6mica no aislada. Recuerdo que me volvi hacia Garnett, quien ya estaba junto a mi y se mantenia de pie, inm6vil. Parecia haberme olvidado por complete ; no quise, pues, molestarlo. Vol vi a acercarme al borde del farall6n, tratando de poner arden en mis ideas. Alli abajo, se extendia el Mare Crisium -el mar de las Crisis, en efecto-, extrano e inquietante para la mayoria de los hombres, pero de una familiaridad tranquilizadora para mi. Levante Ia vista hacia Ia media Tierra, yacente en su !echo de estrellas, y me pregunte lo que sus nubes habian albergado mientras los desconocidos construetares terminaban su obra lunar. ~ Habia sido la densa selva del Carbonifero, la desertica ribera a Ia que los primeros anfibios habian tenido que trepar para conquistar Ia Tierra o inclusive la prolongada soledad antes de la llegada de la vida? No me pregunteis por que no adivine la verdad mas pronto: esa verdad que parece ahara tan manifiesta. En la primera excitaci6n de mi descubrimiento, yo habia supuesto sin vacilaciones que Ia aparici6n cristalina habia sido construida por una raza perteneciente al lejano pasado de la Luna, pero, de pronto, con una fuerza insuperable, se impuso Ia convicci6n de que se trataba de una raza tan ajena a Ia Luna como yo mismo.

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En veinte ai'ios, no habiamos encontrado ninguna huella de vida, con Ia excepcion de algunas plantas degeneradas. Cualquier civilizacion lunar, con independencia de su destino final, hubiera tenido que dejar mas de un signo de su existencia. Contemple de nuevo Ia brillante piramide y me parecio mas alejada que nunca de cuanto guardaba relacion con Ia Luna. Y, en esto, me senti sacudido por un violento acceso de risa histerica, causada por Ia excitacion y Ia extrema fatiga. Me habia imaginado que Ia pequei'ia piramide me hablaba y deda: "Lo siento mucho, pero yo tampoco soy de aqui." Hemos necesitado veinte aiios para romper el invisible caparazon y llegar a Ia maquina en el interior de los muros de crista!. Gracias al poder feroz de Ia energia atomica, hemos destruido finalmente lo que no JXldiamos comprender. He visto fragmentos del misterioso objeto brillante que descubri en Ia cumbre del monte lunar. No tienen sentido. Los mecanismos de la piramide -si realmente se trata de mecanismospertenecen a una tecnologia que esta muy fuera de nuestro alcance, tal vez a una tecnologia de fuerzas parafisicas. El misterio nos obsesiona todavia mas a causa de que hemos alcanzado ya los otros planetas y de que sabemos que solo la Tierra ha sido el hogar de Ia vida inteligente en nuestro Universo. Es igualmente imposible que una civilizacion desaparecida de nuestro mundo construyera tal maquina, porque Ia edad de esta ha podido ser calculada por el espesor del polvo de meteoritos que cubria la plataforma. La construccion fue levantada, alii, en lo alto de la montana, antes de que la vida hubiera surgido de los mares terrestres. Cuando nuestro mundo cumplio Ia mitad de su edad actual, algo proveniente de las estrellas atraveso nuestro sistema solar, dejo esta marca de su paso y regres6 despues a su punto de origen. Hasta que la destruimos, Ia rnaquina cumplio Ia finalidad que le atribuyeron sus constructores. tEn que consistio esta finalidad? He aqui lo que presumo. Cerca de cien mil millones de estrellas giran en el drculo de !a Via Lactea y, hace tiempo, otras razas, en los mundos de otros soles, han debido alcanzar y dejar muy atras las metas por nosotros alcanzadas. Pensemos en esas civilizaciones, lejanas en el tiempo, cuando Ia Creacion estaba todavia tibia; eran duei'ios de un universo tan joven que la vida solo habia invadido hasta entonces un pui'iado de mundos. Lo que compartian era una soledad que no podemos imaginarnos, Ia soledad de los dioses que escrutaban lo infinito y no encontraban a nadie a quien hacer participe de sus pensamientos. Han debido de registrar las constelaciones

como nosotros hemos registrado los planetas. Por todas partes habia mundos, pero vados o poblados por esas cosas rastreras sin inteligencia. Asi era nuestra Tierra, con el humo de los grandes volcanes manchando todavia el cielo, cuando Ia primera nave de los pueblos de Ia aurora surgi6 lentamente del abismo, mas alia de Pluton. La nave desdei'io los mundos helados, sabiendo que en su destine la vida no podia representar ningun papel. Fueron asi a parar al corazon de los planetas que se calentaban al fuego del Sol, a la espera de que comenzaran sus historias. Estos viajeros debieron de fijarse en la Tierra, que gravitaba en Ia estrecha zona de seguridad entre el fuego y el hielo, y adivinar que estaban ante Ia favorita entre los hijos del Sol. En ella, en un futuro lejano, surgiria la inteligencia; habia, sin embargo, innumerables estrellas todavia y ya nunca volverian por este !ado. Decidieron, pues, dejar un centinela, uno de los millones que han distribuido por el universe, con objeto de que vigilen todos los mundos que prometen la vida. Se trataba de un ÂŁanal que, a lo largo de las edades, habia sei'ialado pacientemente el hecho de que nadie lo habia descubierto. Tal vez se comprenda ahora por que esta piramide de crista! fue construida en la Luna y no en la misma Tierra. A sus arquitectos no les interesaban las razas que se debatian todavia en la barbaric. Nuestra civilizacion solo podia interesarles en la medida en que probaramos nuestra capacidad de sobrevivir, franqueando el espacio y escapando asi de la Tierra, a nuestra cuna. Es el desafio ante el que se veran tarde o temprano todas las razas inteligentes. Es un doble desafio, porque depende del giro que tome la conquista de Ia energia atomica y de la eleccion ultima entre la vida y Ia muerte. Una vez salidos de esta crisis, para nosotros no fue mas que cuestion de tiempo descubrir Ia piramide y obligarla a que nos entregara su secreto. Ahora, cuando sus sei'iales han cesado, quienes tienen tal funcion van a volverse hacia Ia Tierra. Tal vez quieran ayudar a nuestra civilizacion, todavia en su infancia. Pero deben de ser muy viejos, viejisimos, y los viejos sienten frecuentemente morbosos celos de los jovenes. Ahora, ya no puedo mirar Ia Via Lactea sin preguntarme desde que banco de ~strella~ los emisarios se han puesto en cammo. S1 quieren ustedes perdonarme Ia gastada imagen, hemos hecho que suene el timbre de alarrna y ya solo nos queda esperar. Creo que no tendremos que esperar mucho tiempo. [Trad. de Ia revista Planeta, enero-febrero 1968]

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Henrie Stahl: Un rumano en la Luna

No se lo que ocurrio. Como en un suefio vi a una sombra aproximarse lentamente, con pasos pequefios, a mi quebrantado cuerpo, a mi torturado ser, y, como una pluma, levantarme entre sus brazos y hundirse conmigo en las tinieblas de la noche. Cuando, despues de un largo desvanecim~en颅 to, abri los ojos, a{m completamente ~turd1do~ era de dia, y un gran espacio se abna a m1 alrededor. Ante mis ojos una columna de agua brotaba como una tromba hasta una altura de mas de cien metros, expandiendo densos vapores. Y mientras, alucinado, contemplaba la columna de agua hirviente, la vi disminuir poco a poco, reducirse y desaparecer como en un suefio ... Me frote los ojos, pase la mano sobre mi frente. Mi frente estaba mojada; mi menton tambien. Ya no sentia sed. Apoyandome con los codos y las manos en el suelo, me alee a duras penas y me sente. Lentamente, las brumas de mi cerebro se disiparon; reconoci el paisaje lunar, recorde todo y, Jleno de temor, mire en torno. A mi lado, un ser lunar gigantesco, una mano posada tras Ia nuca para sostener una cabeza enorme, disforme, me contemplaba con sus dos pequefios ojos chispeantes como dos diamantes negros. Intente levantarme, quise huir, pero el ser lunar tendio una mano hacia mi, me Ia puso liaeramente sabre el hombro y, apretando suav~mente, me hizo sentarme. Su boca minuscula, casi desprovista de labios, con Ia mandibula inferior completamente atrofiada, dejo escapar algunos sonidos extrafios y sus pequefios ojos, como dos carbones ardientes horadando u'i-!a inmensa frente J,Jombada que coronaba un rostro corto, triangular, absolutamente lampifio, me miraron con tanta bondad e inteligenria superior, que todo 路 mi miedo se desvanecio. Observe al selenita con una infinita curiosidad; de mas de tres metros de alto, tenia una cabeza triangular, como una inmensa pera puesta al reves; su pecho estaba desarrollado de manera anormal, y terminaba en punta en el vientre hundido, como el de una avispa, despues del cual su cuerpo se ensanchaba de nuevo bacia las caderas y terminaba en dos piernas altas, esbeltas, de elegantes musculos. Su silueta, en conjunto, hubiera podido ser definida por tres triangulos superpuestos, de desigual tamafio, vueltos con la punta bacia abajo, fijados cada uno exactamente en meclio de Ia base del triangulo inferior. Aquel cuerpo extrafio llevaba una ropa de un color extrafio, aun desconocido en la Tierra, ajustada como una malla de acrobata, que le de-

jaba iibertad de movimientos. El selenita se arrodillo cerca de mi y me hizo heber, en un recipiente lleno y muy afilado en los hordes, un agua efervescente con sabor a azufre. Desoues me tendio con sus dedos largos y deJg;{dos una especie de carbOn negro, no mas grande que un grana de cafe. Como yo vacilara en tomarlo y le dirigiera miradas recelosas, el ser lunar se metio en la boca el minusculo pedazo de carbon y se lo trago. Por espiritu de imitacion, tome el medicamento y, en el mismo momento, tuvo le impresion de recobrar mis fuerzas. Mire entonces al selenita con reconocimiento y le dije: "Gracias, es usted bueno". El selenita, que me habia observado con un profunda disgusto cuando me vio heber el agua con avidez y abrir mi boca -evidentemente monstruosa con relacion a la suya, a causa de los carnosos labios y de los dientes largos y puntiagudos- me mir6 con una sorpresa sin limites cuando oyo los sonidos proferidos por aquella boca horrible, barbuda. No se por que, estupidamente, como si el pudiera comprenderme mas facilmente de esta manera en Iugar de darle las gracias por gestos me puse a fabricar un chapurreo imposible, hecho de palabras tomadas de todas las lenguas que yo conocia. Me di inmediatamente cuen~a de }o estupido que estaba siendo y me eche a re1r. En seguida senti de nuevo sed, y tome el recipiente al tiempo que decia: "i agua! i buena! " El selenita repitio despues de mi: "i aa! i ben!" Y, no se exactamente por que, aquellas dos palabras chapurreadas por aquel ser extrafio, por aquel habitante de otro mundo, hicieron pasar por mi corazon un estremecimiento semejante al que nos sacude cuando uno oye, en un pais extranjero, un canto de su patria. Con una voz emocionada dije de nuevo: "i agua! i buena!", y el selenita repitio mas distintamente: "i aa! i ben!" ... i Si es asi espera, muchacho, que voy a ensefiarte el romano! .. . . y me eche a reir a c;arcajadas; pero, bruscamente, recorde la risa de Coco, la muerte de mi pobre camarada y, pese a mi mismo, estalle en sollozos. La sorpresa visible, sin limites, del ser lunar ante mi risa y mis lagrimas de hombre -desconocidas probablemente en el estadio de civilizacion selenita- me incit6 a sobreponerme a la pena causada por la muerte de mi pobre amigo y a pensar en mi suerte en Ia Luna, al termino de mi viaje. Me levante. Aparte de una sensacion de opresion dolorosa en la respiracion, y una ligera turbacion, como un velo, en mi cerebro, me sentia, fisicamente, casi normal. Para co-

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menzar mire en torno mio para ver si el selenita estaba solo, si no se distinguia, en los alrededores, alguna ciudad o casa. Ning{m rastro de vida, en ninguna parte. No sabia que creer, y no llegaba a explicarme por que razon el seleni ta me habia llevado a un Iugar desierto en Iugar de llevarme entre sus semejantes. . . Despues mi pensamiento se dirigio hacia el aerobarrena e, inquieto, me esforce en reconocer el Iugar de mi aterrizaje: los dos volcanes gemelos, e) crater en el cual habia caido y del que me habia recogido el selenita; pero, en sus detalles, el aspecto del paisaje lunar era totalmente distinto. La inquietud que mostre parecia reflejarse igualmente en el rostro del ser lunar: se hubiera dicho que el estaba tambien soprendido de Ia total calma que nada turbaba a nuestro alrededor: yo hubiera preferido Ia brusca irrupcion de una multitud ruidosa que me hubiera cogido, que me hubiera llevado con grandes clamores al fondo de un crater, 0 a cualquier otro Iugar donde los selenitas ocultaran sus moradas. Aburrido de nuestra inactividad, intente hacerle comprender por gestos quien era yo y, nuevamente, para subrayar Ia significaci6n de mis gestos, los acompaiie sin querer de palabras breves, que yo elegia instintivamente entre las mas sonoras, convencido de que el me comprenderia mejor si usaba .Ja sencilla fonetica y la sintaxis de mi suave lengua. Lleno de conviccion, le dije claramente, gritando como si el fuera sordo, lo cual ocurre en Ia Luna a causa de Ia rarefaccion del aire: "i Yo no Luna; tu Luna! i Yo arriba Tierra; Tierra grande, redonda! i Yo puf, hacia abajo Luna! i Yo venido aqui, hacia abajo Luna; Mira, hacia abajo Luna, asi! i Hop!" Pero, cosa extraiia, el selenita me respondio con Ia misma mimica, menos agitado, como si quisiera decirme que era el y no yo quien habia venido de alguna parte, de alta arriba, hasta Ia Luna. Con su admirable memoria, repetia algunas de mis palabras, pero pronunciando "e" para todas las vocales - se veia que "e" era Ia unica vocal del vocabulario lunar- y con gestos comedidos esbozaba Ia forma de un globo muy grande y situado muy alto, al mismo tiempo que una caida en picada hacia aqui, hacia abajo, hacia Ia Luna ... Yo no comprendia absolutamente nada. Tenia bastante con permanecer en mi sito. El ser lunar no tenia intenci6n de llevarme a otra parte; se habia sentado y saco, de una especie de alforja hecha del mismo tejido elastico que su ropa, dos carbones semejantes al que me habia hecho tomar despues de mi desvanecimiento: trag6 uno y me dio el otro. Tome el singular bombon, m as bien por educacion que por otra cosa, y despues, puesto que no llegabamos a entendernos y que, por lo que podia apreciarse, el selenita no parecia en ab-

soluto dispuesto a hacerme los honores de su planeta, me atrevia hasta a tirarle de la manga y Je hice signos de conducirme con sus semejantes. Primero me miro con sorpresa. Despues se levanto, echo su saco a Ia espalda, y partio con aire decidido; daba grandes pasos, de casi cinco metros de largo cada uno, elasticos, seguros; a su !ado yo daba saltos torpes, enormes, mal calculados, sin llegar a ajustar mis pasos a los de mi compaiiero. Tropezaba y me agarraba de el, como si yo estuviera ebrio y el fuera un faro! ... El se habia detenido y me observaba con sorpresa, inclinando su masiva cabeza. Despues se llevo su mano derecha a Ia nuca -su gesto favorito probablemente- y froto su craneo calvo mientras me miraba con sus ojos de raton. Le dije riendo, como si el pudiera comprender mis palabras: "~Que quieres, muchacho?, es preciso que nos comprendas; i nosotros los terrestres somos asi, amables!", y de nuevo tire de su manga para ir mas lejos. E.l continuo midiendome con Ia mirada de Ia cabeza a los pies; despues, con aire grave, puso su larga mano sobre mi hombro -tal vez fuera detective- y se puso a hablarme rapidamente, en su lengua silbante, mezclando a! mismo tiempo palabras rumanas con grandes gestos mesurados y expresivos. Como si no hubiera comprendido ni una palabra de lo que me habia esforzado en decirle, me di cuenta de que me preguntaba de donde venia yo, quien era. Repeti mi letania: "Yo Tierra. Tierra grande, redonda, etc.", y es cierto que esta vez el selenita comenzaba a comprenderme, ya que me mir6 con una sorpresa y un interes particulares. Persuadiclo de que esta vez estaba decidido a conducirme con los suyos, donde seria recibido, de una buena vez, con todos los honores debidos a un prodigio, y veria al fin las casas de los selenitas, sus costumbres, sus ciudades, su manera de hibernar, le tome de Ia mano para ponernos en camino. Pero e) selenita me hizo un signo negativo con !a mano designandose a si mismo y, utilizando las pocas palabras rumanas cogidas al vuelo, dijo distintamente: "i no, no Lun!" ~ Entonces que? ~ El no era tam poco un ser lunar? ~ El tam bien habia caido, "puf, hacia abajo Luna"? ... Ya no sabia que creer. El selenita permanecio pensativo unos instantes; despues, como si hubiera tornado una decision, observo largamente el cielo lunar, las estrellas de primera y de segunda magnitud que, a! !ado del Sol, brillaban sobre el cielo de plomo de Ia Luna, como se ve a veces desde Ia Tierra Ia estrella de Berger a pleno dia. Despues, me mostro con Ia mano, en Ia lejania, un volcan mas alto que los demas, en el lindero de Ia region de sombra de Ia Luna; me tomo gentilmente de Ia mano, como a un

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bermano menor, y nos dirigimos bacia el Iugar designado. Poco a poco, y sostenido asi por Ia mano de mi gigantesco amigo, como un nino, mi paso se volvi6 mas seguro, aprecie mas exactamente las distancias y, al cabo de un momenta, caminabamos los dos a un paso casi militar, con zancadas de cinco metros, lo cual es normal en Ia Luna, mientras ante nosotros corrian, apresuradas e inmensas, las sombras de nuestros cuerpos. Alcanzamos rapidamente el pie de Ia montana y nos pusimos a ascender su ladera de basalto exagonal. A medida que el borizonte comenzaba a ensancbarse en tomo nuestro, Ia linea de sombra que marcaba Ia region de Ia nocbe lunar se bacia mas larga, y las innumerables estrellas se encendian como faros sobre el mar de profunda oscuridad y frio que se extendia basta el limite del borizonte. Ascendimos aun cerca de cincuenta metros y entonces, de golpe, con una emoci6n inefable, vi surgir, lentamente, como un inmenso globo de fuego, Ia Tierra. . . Me detuve y, como en extasis, grite: "i Tierra! i La Tierra! i Mi pais bien amado ... !" Mi companero comprendi6 Ia emoci6n que senti y se detuvo, Jleno de solicitud. Despues,

me bizo Slgnos de subir aun un poco mas y entonces, a su vez, con una mano temblorosa, me design6, sobre una misma linea que Ia Tierra, una estrella enorme, roja, desprovista de parpadeo, que acababa justamente de surgir del borizonte .. . i Marte! Fue mi primer grito; y, de acuerdo con los gestos de mi companero, comprendi que Marte era su patria, Marte, "Qrido,", como deda con ternura; y que, en el desierto del globo lunar, no babia mas _que dos Seres dotados de razon: eJ, eJ marClano, y yo. A partir de aquel momenta me senti ligado a aquel bermano de otro planeta, embarrancado como yo sobre nuestro desierto satelite, y bubiera querido bacerle comprender a] marciano que, si bien fisicamente eramos diferentes, mi coraz6n se aproximaba quiza en alguna manera a el, ya que no babia olvidado que el me babia salvado la vida, y que estaba dispuesto a ayudarlo, a sacrificarme por el. y para hacerle comprender mejor esto, le cogi las manos y las aprete fuertemente, mirandole a los ojos. El comprendi6 seguramente mi pensamiento, ya que me abraz6, mientras me mostraba, con un aire grave, Ia Tierra y Marte. [De Un roman in Luna, 1914. Trad. P. Domingo]

Max Ernst, Noche clara, 1927

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Poul Anderson: La luz

~ Ha oido us ted hablar de ella? Los astronomos Ia han observado durante largo tiempo y pareda una formacion de nubes, o algo, en alguno de los crateres. Piaton es uno de ellos. Yo abrigaba Ia esperanza de descubrir el misterio en aquel viaje. Y alii, ondeando como un galla~颅 dete hecho jirones a unos metros por debaJO de mi, se hallaba Ia niebla. Broto hirviente, de Ia oscuridad, relucio como el oro por un momento a! incidir en Ia luz y luego se evaporo, pero se renovaba de forma incesante. Su magnitud no le permitia ser vista desde Ia Tierra, pero ... Empece a descender. - j Eh! -grit6 Baird-. i Vuelve ad.! - Dejame echar una ojeada -suplique. - Y te rom pes una pierna, y hemos de llevarte a bordo. Esta oscureciendo. i No! -No me puedo romper nada dentro de este traje -Ie conteste. Era bastante cierto. La armadura espacial es路 de solido metal en su exterior, incluso sus engaii.osas articulaciones dilatables son metalicas y el casco de plastico es tambien muy resistente. Creo que en Ia Luna un hombre podria sufrir una caida lo bastante fuerte como para matarse, si lo intentase de veras, mas le costaria no poco trabajo. -Vuelve o hare que te formen consejo de guerra -dijo Baird entre dientes. -Animo, jefe -rogo Hernandez. Hernandez se tomaba a veces esas libertades con Baird, pero el capitan solo se enfadaba conmigo. Nos atamos con una cuerda y d escendimos con precaucion. La niebla salia de una fisura a medio camino hacia el fondo de Ia cavidad. Donde habia sombras; nuestras luces Ia mostraban acumulandose en escarcha blanca sobre las rocas, para luego hervir placidamente y alejarse otra vez. Despues de anochecer, se convertiria en hielo hasta el alba. i Que era aquello? Agua. Supongo que existia un manantial de algun genero, y. . . no se. Esto significaria que puede haber vida indigena en Ia Luna, alguna baja forma de vida vegetal quizas, pero no hallamos ninguna mientras estuvimos alii. Lo que encontramos fue .. . Un ancho banco estaba debajo de Ia fisura. Trepamos a el y nos pusimos a mirar hacia arriba. Ahora tendri que hacerse una idea de Ia situacion. Nos hallabamos en ese banco, que media varias yardas de una parte a otra, con Ia pared circular proyectandose arriba, cortada a pico y un risco que descendia hasta hundirse en Ia oscuridad. Muy lejos, distinguia aun el acerado resplandor del piso del crater. Todo el suelo estaba cubierto por el fino polvo meteorico de millones de afios. Vi mis pisadas, claras

y bien marcadas, y comprendi que podria quedar alii para siempre, o hasta que Ia agitacion termal y una nueva caida de polvo las borrase. A tres metros sobre nuestras cabezas asomaba Ia fisura, como una boca petrificada de donde salia Ia niebla humeante hacia arriba. Formaba casi una techumbre, un delgado techo entre nosotros y el cielo. Y el Sol se escondia detras del muro mas alto, invisible para nosotros. Los picos reflejaban a lgunos de sus rayos cayendo a traves de Ia niebla. Perman'ecimos un instante rodeados por un brillo frio, tenuemente blanco-aureo, luminoso y difuso . . . i Dios mio! i N unca ha habido semejante luz en la'Tierra! Parecia llenarlo todo, inundarnos, blanca y fria como un silencio convertido en luz. Era Ia luz del Paraiso. Y yo Ia habia visto ya antes. No pude recordar d6nde. Me hallaba sumido en aquella extrana luz de ensueno, con la niebla arremolinandose y disipandose en lo alto, con el silencio de Ia eternidad vibrando en mis auriculares y en 路mi alma, y ~e olvidaba de todo excepto de su fria, serena e increible belleza .. . Pero Ia habia visto en alguna parte, en alguna ocasi6n, y no conseguia reco.r dar . .. Hernandez grito. Baird y yo salimos de nuestro ensimismamiento y nos dirigimos hacia ei. Estaba de cuclillas unos cuantos pasos mas alia, mirando y volviendo a mirar. Contemple el suelo y algo se hundio en mi. Habia huellas de pasos. Ni siquiera nos preguntamos si las habia dejado uno de nosotros. . . No eran botas espaciales americanas. Y habian venido de abajo. Habian escalado el muro y detenido alii un rato, dando vueltas alrededor, y ahora descubriamos el rastro de vuelta. El silencio parecia una cuerda de violin a punto de romperse. Baird alz6 Ia cabeza a! fin y mir6 al frente. La luz daba a su rostro una belleza no humana y, en algun sitio, yo habia visto una cara iluminada asi. La habia contemplado absorto durante media hora 0 mas, pero i cuando, en que sueii.o olvidado? - i Quien? - musit6 Baird. - S6Io hay un pais que pueda enviar secretamente a Ia Luna una nave espacial - dijo H ernandez con voz apagada. - Inglaterra - tercie yo-. Francia .. . - Lo sabriamos, si Io hubieran hecho . . . - Los rusos. i Estaran todavia aqui? Eche una mirada a Ia noche que reinaba en Plat6n. - No se sabe - respondi6 Baird- . Estas huellas podrian ser de hace cinco horas o cinco millones de aii.os. Eran huellas de botas con suela guarnecida

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Leonardo da Vinci. Esquemas astron6micos. La Tierra, el Sol y Ia Luna

con clavos de cabeza redonda. No eran excesivamente grandes, pero a juzgar por Ia longitud del paso, aun en Ia Luna, pertenedan a un hombre de elevada estatura. - i Por que no lo han revel ado al mundo? -pregunto Hernandez-. Podrian jactarse ... -iTu crees? -repuso Baird. Mire hacia el sur. La Tierra estaba en media fase, baja sobre el horizonte, remota e infinitamente hermosa. Pense que America nos miraba, pero no estaba seguro. Solo existia una explicacion para guardar el secreto acerca de este viaje. Habiase descubierto algo que alteraria el equilibrio militar, indudablemente en favor de ellos. En aquel momento, alia en Ia Tierra, el Kremlin se disponia a esclavizar a todo el genero humano. -Pero, i como pudieron hacerlo en secreto? -proteste yo. -Tal vez enviaron una nave cuando nuestra. estacion espacial estaba al otro !ado del planeta. Baird seguia sin moverse. El sol iba bajando, la luz fantastica se extinguia poco a poco y ocupaba su Iugar el resplan-

dor de la Tierra. Nuestros rostros se teiiian de un tono cadaverico detras de los cascos. - j Vamos! exclamo Baird, que clio media vuelta-. Volvamos a Ia nave. Hay que comunicar esto a Washington. -Si los rusos descubren que lo sabemos, puede provocar Ia guerra --dije yo. - Tengo una clave. - i Estas seguro de que no puede ser descifrada? iNo lo habra sido ya? - j Maldito entrornetido! -grito furioso-. i Gallate! - Lo mejor seria que nos acercaramos -propuso con calma Hernandez-. Sigamos esas huellas y veamos ... -No hemos traido armas -repuso Baird-. Me sorprenderia que los rusos fuesen tan descuidados. No detallare los argumentos. Se acordo finalmente que yo seguiria explorando en tanto Baird y Hernandez no regresasen. Tenia una hora para seguir ague! rastro, pero debia apresurarme en volver a la nave si no queria helarme. Mire otra v~z y vi una negra figura con armadura espaCial a traves de las estrellas. Se

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veian cada vez mas estrellas, palidecia la luz del Sol, y se dilataban mis pupilas. Entonces me envolvieron las tinieblas. La Cuesta era aspera, aunque rapida, y las piedras oscuras y quebradizas. Podia seguir al extraii.o en parajes mas despejados, donde en su ascension habia desprendido pequeii.os fragmentos de roca. Me pregunte por que en aquellos sitios habia una mayor claridad cuando faltaba oxigeno y pense que era debido a un efecto fotoquimico. Era dificil ver el camino en la sombra. El haz de la lintema era solamente un pequeii.o arco luminoso delante de mi. Pero pronto entre en la zona terrestre y, al acostumbrarse mis ojos, fue bastante facil. En media hora llegue a! piso del crater. El Sol estaba detras del muro circular. La noche tenebrosa pesaba sobre mi. No habia mucho tiempo que perder. Pisaba Ia oscura y resbaladiza lava, preguntandome si debia seguir las huellas en el polvo. Me encogi de hombros y Carnine COn mas rapidez que mi predecesor. Mi coraz6n latia. aceleradamente y mi traje estaba lleno de aire viciado. No era facil ver el sendero a Ia luz de la Tierra. Y me sentia mas consciente de esas incomodidades que de los riesgos que corria mi vida. Fue un poco mas a!la del limite de seguridad cuando encontre el camino. No habia mucho que ver alli. Una larga sencia de piedra pulverizada, donde algo con ruedas habia aterrizado y despegado despues . .. pero ninguna seii.al de toberas de cohetes. U nas cuantas grietas en donde un pico habia hendido Ia piedra para tomar muestras. Pisadas. Eso era todo. Permaneci alii mientras la espesa niebla empezaba a teii.irse de azul. Pense en alguien que aterriz6 sin necesidad de cohetes y nunca lo dijo a nadie. Mire a! cielo, vi Ia roja silueta de Marte y senti frio. ~Nos habian derrotado los marcianos en nuestra propia Luna? Pero tenia que volver. Cada minuto de tardanza reducia las probabilidades de mi regreso. una mirada mas ... Habia una pequeii.a elevaci6n de granito no muy lejos. Supuse que serian unas piedras amon. tonadas, pero a! acercarme, comprobe que era natural. Me encogi de hombros y di media vuelta para irme. Algo atrajo mi atenci6n y mire mas de cerca. La roca era de color de aguanieve a Ia luz de la Tierra. Tenia una superficie plana, mirando a mi planeta. Y habia una cruz grabada en Ia piedra. Olvide el tiempo y que empezaba . a enfriarme. Estuve preguntandome si Ia cruz no era mas que un simbolo casual o si habia existido tambien en Marte o en algun planeta de otra estrella. Uno que. . . . Un mill6n de soles giraba y brillaba sobre mi. Entonces lo supe. Recorde d6nde habia visto

aquella luz que incidia en el muro a Ia puesta del sol y conoci Ia verdad. Di media vuelta y eche a correr. Casi no lo consegui. Mis baterias dejaron de funcionar a cinco millas de la nave. Pedia ayuda por radio y continue andando para entrar en calor, pero mis pies no tardaron en helarse y me tambaleaba mientras el frio se hacia cada vez mas intenso. Baird sali6 a mi encuentro a medio camino y sustituy6 mis baterias por otras nuevas. - j Loco! grit6-. i Grandisimo idiota! Hare que te formen consejo de guerra si . .. -~Aun si te dijera quien estuvo en Plat6n? -jC6mo! Estabamos en la nave y mis pies se deshelaron antes de que lograra saber nada de mi. Fue una larga conversaci6n, pero cuando capt6 Ia idea ... Por supuesto, el Servicio de Inteligcncia ha trabajado horas extraordinarias desde que lo ex. plicamos a nuestro regreso. Ha dictaminado ya que no fue una expedici6n rusa. Pero Baird, Hern{mdez y yo lo sabiamos desde nuestra primera noche en la Luna. Y esta es Ia raz6n por Ia que usted, profesor, ha sido designado. Nosotros vamos juntos allende los mares, oficialmente como turistas. Busque en los archivos, y yo le dire si ha hallado algo uti!. Mucho dudo que quiera hacerlo. Aquel secreto fue muy bien guardado, como el secreto del submarino, que e] tambien creia no se debia comunicar a un mundo amante de la guerra. Pero, si en alguna parte, de algun modo, hallamos aunque solamente sea una nota mal pergeii.ada, un indicio, me dare por contento. No pudo hacerse con cohetes, comprendalo. Aun si se hubiese conocido Ia fisica -que no se conocia-, la quimica y Ia metalurgia no tuvieron nada que ver, pero se tropez6 en algo mas. ~La antigravedad? Tal vez. Sea lo que fuere, si podemos averiguarlo, Ia guerra fria sera ganada . . . por los hombres lib res. Tanto si hallamos algo como si no, nuestros investigadores, seguiran trabajando. Sabiendo que semejante artificio es posible, que significa un tremendo impulso, comprendera usted por que este asunto debe permanecer secreto. tNo lo ha comprendido aun? Profesor, me decepciona. i Usted que es historiador! i Un hombre culto! De acuerdo, pues. Iremos a Londres, se detendra en la Galeria Nacional y se sentara ante un cuadro llamado La Virgen de las Rocas. Y podra ver una luz fria, palida y suave, una luz que nunca brill6 en la Tierra, jugueteando sabre Ia Madre y el Hijo. Y el pintor fue Leonardo de Vinci.

1957. [Los mejores relatos de ciencia ficci6n, Barcelona, 1967. Trad. Carlos Murciano]

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~ ltalo Calvino: La distancia de la Luna Hubo un tiempo, segun Sir George H. Darwin, en que la Luna estaba muy cerca de la Tierra. Las mareas fueron poco a poco empujandola lejos, esas mareas que ella, la Luna, prouoca en las aguas terrestres y en las cuales la Tierra pierde lentamente energia. - i Claro que lo se! --exclam6 el viejo Qfwfq-, ustedes no pueden acordarse, pero yo si. La teniamos siempre encima, a Ia Luna, desmesurada; en plenilunio -noches claras como de dia, pero con una luz color manteca- pareda que iba a aplastamos; en novilunio rodaba por el cielo como un paraguas negro llevado por el viento, y en cuarto creciente se acercaba con los cuemos tan bajos que pareda a punta de ensartar Ia cresta de un promontorio y quedarse alii aqclada. Pero todo el mecanismo de las fases marchaba de una manera diferente de Ia de hoy, porque las distancias del Sol eran distintas, y las orbitas, y Ia inclinacion de no recuerdo que; ademas, eclipses, con Tierra y Luna tan pegadas, los habia a carla rato, imaginense si esas dos bestias no iban a encontrar manera de hacerse continuamente sombra una a Ia otra. i La orbita? Eliptica, naturalmente, eliptica; por momentos se nos echaba encima, por momentos remontaba vuelo. Las mareas, cuando Ia Luna estaba mas baja, subian que no habia quien las su jetara. Eran noches de pl~ni足 lunio bajo bajo y de marea alta alta y s1 Ia Luna no se mojaba en el mar era por un pelo, digamos, por pocos metros. i Si nunca habiamos tratado de subimos? i C6mo no! Bastaba llegar justo debajo con Ia barca, apoyar una escalera y arriba. El punta donde Ia Luna pasaba mas bajo estaba en mar abierto, en los Escollos de Zinc. tbamos en esas barquitas de remos que se usaban entonces, redondas y chatas, de corcho. Eramos varios: yo, el capitan Vhd Vhd, su mujer, mi prima el sordo y a veces Ia fX"queiia Xlthlx, que entonces tendria doce aiios. El agua estaba aquellas noches tranquilisima, plateada que pareda mercurio, y los peces, adentro, violetas, que no podian resistir a Ia atraccion de Ia Luna y salian todos a Ia superficie, y tambien pulpos y medusas de color azafran. Habia siempre un vuelo de animalitos menudos -pequeiios cangrejos, calamares y tambien algas livianas y diafanas y plantitas de coralque se despegaban del mar y terminaban en Ia Luna, colgando de aquel techo calcareo, o se quedaban alii en mitad del aire, en un enjambre fosforescente que ahuyentabamos agitando hojas de banano. Nuestro trabajo era asi: en Ia barca lleva-

bamos una escalera; uno sostenia, otro subia y otro le daba a los remos hasta llegar debajo de Ia Luna; por eso teniamos que ser tantos (solo he nombrado a los principales). El que estaba en Ia cima de Ia escalera, cuando Ia barca se acercaba a Ia Luna gritaba espantado: "i Alto! i Alto! i Me voy a pegar un cabezazo!" Era Ia impresion que daba viendola encima tan inmensa, tan erizada de espinas filosas y hordes mellados y dentados. Ahora quiza sea distinto, pero entonces Ia Luna, o mejor dicho el fondo, el vientre de Ia Luna, en fin, Ia parte que pasaba mas arrimada a Ia Tierra hasta casi rozarla, estaba cubierta de una costra de escamas puntiagudas. AI vientre de un pez se parecia y tambien el olor, por lo que recuerdo, era si no exactamente de pescado, apenas mas !eve, como de salmon ahumado. En realidad, desde lo alto de Ia escalera se Ilegaba justo a tocarla extendiendo los brazos, de pie, en equilibria sobre el ult_imo peldaii?. Habiamos tornado bien las med1das ( todav1a no sospechabamos que se estaba alejando) ; en Io unico que habia que fijarse bien era en Ia forma de poner las manos. Yo elegia una. escama que pareciera s6lida (nos tocaba sub1r a todos, por tumo, en tandas de cinco o seis), me agarraba con una mano, despues con Ia otra e inmediatamente sentia que escalera y barca se me escapaban y el movimiento de Ia Luna me arrancaba a Ia atraccion terrestre. Si Ia Luna tenia una fuerza que te arrastrab~ Io sentias en aquel momento de paso entre un'a y otra; habia que incorporarse de repente, con una especie de cabriola, aferrarse a las escamas, alzar las piemas ,rara encontrars~ de pie en el fonda lunar. V1sto. desde Ia T1err~ parecias colgado cabeza abaJO, pero para. tJ era Ia misma posicion de siempre, y lo umco extraiio era al alzar los ojos, verte encima la capa del m~r luciente con Ia barca y los am~足 gos patas arriba, balanceandose como un racimo de sarmiento. En aquellos saltos el que desplegaba un gran talento era mi primo el sordo. Sus toscas rnanos, apenas tocaban Ia superficie lunar (era siempre el primero que saltaba la escalera) , se volvian de pronto suaves y seguras. Encontraban en seguida el punto a que debian agarrarse para izarse, y pareda que .Ie bastaba Ia presion de las palmas para adhenrse a la corteza del satelite. Una vez tuve realmente Ia impresion de que la Luna se le acercaba cuando el le tendia las manos. Igualmente habil era en el descenso a Tierra operacion mas dificil todavia. Para nbsotr~s consistia en un salto en alto, lo mas alto

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posible, con los brazos levantados (vis to desde la Luna, porque visto desde la Tierra en cambio se parecia mas a una zambullida, o a nadar en profundidad, con los brazos colgando) , en fin igual al salto desde la Tierra, s6lo que ahora faltaba la escalera porque en la Luna no habia nada donde apoyarla. Pero mi primo, en vez de echarse con los brazos adelante, se inclinaba sobre la superficie lunar con la cabeza hacia abajo como para una cabriola, y se ponia a dar saltos hacienda fuerza con las manos. Desde la barca lo veiamos de pie en el aire como si sostuviera la enorme pelota de la Luna y la hiciera rebotar golpeandola con las manos, hasta que sus piemas quedaban a nuestro alcance y conseguiamos atraparlo por los tobillos y bajarlo a bordo. Ahora me preguntaran ustedes que diablos ibamos a hacer en la Luna, y les expli.co. ibamos a recoger leche, con una gran cuchara y un balde. La leche lunar era muy densa, como una especie de reques6n. Se formaba en los intersticios entre escama y escama por la fermentaci6n de diversos cuerpos y sustancias de origen terrestre; procedentes de los prados y montes y Iagunas que el satelite sobrevolaba. Se componia esencialmente de: jugos vegetales, renacuajos, asfalto, lentejas, miel de abejas, cristales de almid6n, huevos de esturi6n, monos, pollitos, sustancias gelatinosas, gusanos, resinas, pimienta, sales minerales, material de combustion. Bastaba meter la cuchara debajo de las escamas que cubrian el suelo costroso de la Luna para retirarla llena de aquel precioso lodo. No en estado puro, claro; las escorias eran muchas: en la fermentaci6n (la Luna atravesaba extensiones de aire t6rrido sobre los desiertos) no todos los cuerpos se fundian; algunos permanecian hincados alli: ufias y cartilagos, clavos, hipocampos, carozos y pedunculos, pedazos de loza, anzuelos de pescar, a veces hasta un peine. De modo que ese pure, despues de recogido, habia que descremarlo, pasarlo por un colador. Pero la dificultad no era esa, sino c6mo enviarlo a la Tierra. Se hacia asi : cada cucharada se disparaba hacia arriba manejando la cuchara como una catapulta, con las dos manos. El reques6n volaba y si el tiro era bastante fuerte iba a estrellarse en el techo, es decir, en la superficie marina. Una vez alli quedaba flotando y recogerlo desde la barca era facil. Tambien en estos lanzamientos mi primo el sordo desplegaba una particular habilidad; tenia pulso y punteria; con un golpe decidido conseguia centrar su tiro en un balde que le tendiamos desde la barca. En cambio yo a veces erraba el tiro; la cucharada no conseguia veneer la atracci6n lunar y me caia en un ojo. Todavia no les he dicho todo sobre las operaciones en que mi primo se destacaba. Aquel traba jo de exprimir leche lunar de las escamas era para el una especie de juego; en Iugar

de la cuchara a veces le bastaba meter debajo de las escamas la mano desnuda y solo un declo. No procedia con orden sino en puntas aislados, yendo de uno a otro a saltos, como si quisiera hacer bromas a la Luna, darle sorpresas o directamente hacerle cosquillas. Y donde el metia la mano saltaba el chorro de leche como de las ubres de una cabra. Tanto que nos bastaba irle detras y recoger con las cucharas la sustancia que aqui y alia hacia rezumar, pero siempre como por casualidad, porque los itinerarios del sordo no parecian responder a ningun prop6sito practico definido. Habia puntos, por ejemplo, que tocaba solamente por el gusto de tocarlos: intersticios entre escama y escama, pliegues desnudos y tiemos de la pulpa lunar. A veces mi primo apretaba, no con los dedos de la mano, sino -en un impulso bien calculado de sus saltoscon el declo gordo del pie ( subia a Ia Luna descalzo) y parecia que aquello fuera para el el colmo de la diversion, a juzgar por el gafiido que emitia su uvula, y los nuevos saltos que seguian. El suelo de la Luna no era suficientemente escamoso, sino que mostraba zonas desnudas irregulares de una resbalosa arcilla pali~a. AI sordo esos espacios suaves le daban antOJOS de cabriolas o de vuelos casi de pajaro, como si quisiera incrustarse en la pasta lunar con toda su persona. Como se iba alejando, en cierto momento habiamos tenido motivo o curiosidad de explorar, y alli desaparecia mi primo; y a mi se me habia ocurrido que todas aquellas cabriolas y pellizcos en que se desahogaba delante de nuestros ojos s6lo eran una preparaci6n, un preludio a algo secreto que debia desenvolverse en las zonas ocultas. Un humor especial era el nuestro, en aquellas naches de los Escollos de Zinc, alegre pero un poco expectante, como si dentro del craneo sintieramos, en Iugar de cerebra, un pez que flotara atraido por la Luna. Y asi navegabamos hacienda musica y cantando. La mujer del capitan tocaba el arpa; tenia brazos larguisirnos, plateados aquellas noches como an~ilas, y axilas oscuras y misteriosas como erizos marinos; y el sonido del arpa era tan dulce y agudo, tan dulce y agudo, que casi no se podia soportar, y teniamos que lanzar grandes gritos, no tanto para acompanar Ia musica como para protegemos el oido. Medusas transparentes afloraban a Ia superficie marina, vibraban un poco, echaban a volar hacia Ia Luna ondulando. La pequefia Xlthlx se divertia atrapandolas en el aire, pero no era facil. Una vez, al tender los bracitos para agarrar una, dio un pequefio salto y se encontr6 tambien suspendida. Como era flaquita le faltaban algunas onzas para que la gravedad la devolviera a la Tierra venciendo Ia atracci6n lunar; asi que volaba entre las medusas colgando sobre el mar.. De pronto se asust6, se

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ech6 a llorar, despues se rio y se puso a jugar atrapando al '(Uelo crustaceos y pececitos, llevandose algunos a la boca y mordisqueindolos. Nosotros navegabamos siguiendola; la Luna corrfa por su elipse arrastrando aquel enjambre de fauna marina por el cielo, y una cola de algas ensortijadas, y la nina suspendida en el media. Tenia dos trencitas delgadas, Xlthlx, que parecian volar por su cuenta, tendidas hacia la Luna; pero entre tanto pataleaba, daba puntapies al aire como si quisiera combatir aquel influ jo, y las medias -habia perdido las sandalias en el vuelo-- se le escurrian de los pies y colgaban atraidas por la fuerza terrestre. Nosotros subidos a Ia escalera tratabamos de agarrarlas. Aquello de ponerse a comer路 los animalitos suspendidos habia sido una buena idea; cuanto mas aumentaba el peso de Xlthlx, mas bajaba hacia Ia Tierra; ademas, como entre aquellos cuerpos suspendidos el suyo era el de mayor masa, moluscos y algas y plancton empezaron a gravitar sobre ella y en seguida Ia nina qued6 cubierta de minusculas cascara~ siliceas, caparazones quitinosos, carapachos y filamentos de hierbas marinas. y cuanto mas se perdia en esa marana, mas iba librandose del influjo lunar, hasta que roz6 Ia superficie del agua y se zambull6. Remamos rapido para recogerla y socorrerla; su cuerpo estaba imantado y tuvimos que esmerarnos para quitarle todo lo que se le habia incrustado. Corales tiernos le envolvian la cabeza, y del pelo, cada vez que pasaba el peine, llovian anchoas y camarones; los ojos estaban tapados por caparazones de lapas que se pegaban a los parpados con sus ventosas; tentaculos de sepias se enroscaban alrededor de los brazos y el cuello; la chaquetita parecia entretejida s6lo de algas y de esponjas. Le quitames lo mas gordo; y durante semanas ella sigui6 despegandose mejillones y conchillas, pero la pie! marcada por menudisimas diatomeas, eso le qued6 para siempre, bajo la aparie11cia - para quien no lo observaba biende un sutil polvillo de lunares. Asi .de disputado era el intersticio entre Tierra y Luna por los dos influjos que se equilibraban. Dire mas: un cuerpo que bajaba a Tierra desde el satelite permanecia por alg{In tiempo cargado de fuerza lunar y se negaba a la atracci6n de nuestro mundo. lncluso yo, a pesar de ser alto y gordo, cada vez que habia estado alia tardaba en acostumbrarme de nue.vo al arriba y al abajo terrestres, y los amigos tenian que atraparme por los brazos y retenerme a Ia fuerza, colgados en racimo de la barca oscilante mientras yo, cabeza abajo, seguia estirando las piernas hacia el cielo. - j Agarrate! i Agarrate fuerte a nosotros! -me gritaban, y yo en aquel braceo a veces terminaba por aferrar un pecho de Ia senora Vhd Vhd, que los tenia redondos y macizos, y

Pedro Coronel, .A.iio I Luna, 1969

el contacto era buena y seguro; ejercia una atracci6n igual o mas fuerte que la de l.a Luna, sabre todo si en mi bajada de cabeza conseguia con el otro brazo cenirle las caderas, y asi pasaba de nuevo a este mundo y caia de golpe en el fonda de la barca, y el capitan Vhd Vhd para reanimarme me arrojaba encima un cubo de agua. Asi empez6 la historia de mi enamoramiento de la mujer del capitan, y de mis sufrimientos. Porque no tarde en notar a quien se dirigian las miradas mas tercas de la senora: cuando las manos de mi prima se posaban seguras en el satelite, yo le clavaba Ia vista y en su mirada leia los pensamientos que aquella confianza entre el sordo y Ia Luna le iban suscitando, y cuando el desaparecia en sus misteriosas exploraciones lunares veia que se inquietaba, estaba como sabre ascuas y entonces todo me resultaba claro: c6mo la senora Vhd Vhd se iba poniendo celosa de Ia Luna y yo celoso de mi prima. Tenia ojos de diamante Ia senora Vhd Vhd, llameaban cuando miraba Ia Luna, casi en desafio, como si dijera: " i No lo conseguiras!" Y yo me sentia excluido. De todo esto el que menos se daba por enterado era el sordo. Cuando le ayudabamos a bajar tirandole -como ya les he explicado--

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de las piernas, la senora Vhd Vhd perdia todo recato prodigandose, echandole encima el peso de su persona, envolviendolo en sus largos brazos plateados; yo sentia una punzada en el corazon (las veces que yo me agarraba a ella, su cuerpo era docil y amable, pero no se echaba hacia adelante como con mi prima), mientras el parecia indiferente, perdido todavia en su arrobamiento lunar. Yo miraba al capitan, preguntandome si tambien el notaba el comportamiento de su mujer; pero ninguna expresion pasaba jamas por aquella cara raja de salitre, surcada de arrugas embreadas. Como el sordo era siempre el ultimo en despegarse de la Luna, su descenso era la senal de partida para las barcas. Entonces, con un gesto insolitamente amable, Vhd Vhd recogia el arpa del fonda de Ia barca y Ia tendia a su mujer. Ella estaba obligada a tomarla y a sacar algunas notas. Nada podia separarla mas del sordo que el sonido del arpa. Yo empezaba a entonar aquella cancion melancolica que dice: "Flo tan flo tan los peces lucientes y los oscuros se van al fonda ... " v todos, menos mi prima, me hacian cora. ' Todos los meses, apenas habia pasado el satelite, el sordo volvia a su aislado desapego de las cosas del mundo; s6lo Ia cercania del plenilunio lo despertaba. Aquella vez yo me las habia ingeniado para no formar parte de los que subian y quedarme en la barca, junto a Ia mujer del capitan. Y apenas mi prima habia trepado a la escalera, la senora Vhd Vhd dijo: - j Hoy quiero ir yo tambien alia arriba! Nunca habia ocurrido que la mujer del capitan subiera a la Luna. Pero Vhd Vhd no se opuso, al contrario, casi la levant6 en vilo poniendola en la escalera, exclamando: - j Pues anda !- y todos empezamos a ayudarla y yo la sostenia de atras, y la sentia en rnis brazos redonda y suave, y para empujarla apretaba contra ella las palmas y la cara, y cuando Ia senti subirse a la esfera lunar me dio tanta congoja aquel contacto perdido, que trate de irme tras ella diciendo: - j Yo tambien voy un rata arriba a dar una mana! - Tu te quedas aqui, que tam bien hay que hacer -me orden6, sin levantar la voz, el capitan Vhd Vhd. Las intenciones de cada uno ya eran claras en aquel momenta. Y sin embargo yo no entendia, y todavia hoy no estoy seguro de haber interpretado todo exactamente. Claro que la mujer del capitan habia alimentado largamente el deseo de apartarse alia arriba con mi prima ( o por lo menos, de no de jar que ei se apartase solo con Ia Luna), pero probablemente su plan tenia un objetivo mas ambicioso, que debia de haber sido urdido en inteligencia con el sordo: esconderse juntos alia arriba y quedarse en Ia Luna un mes. Pero

puede ser que m1 prima, como era sordo, no hubiese entendido nada de lo que ella habia tratado de explicarle, o que directamente no se hubiera dado cuenta siquiera de ser objeto de los deseos de Ia senora. .: Y el capitan? No esperaba mas que librarse de su mujer, tanto que apenas ella qued6 confinada alia arriba, vimos que se abandonaba a sus inclinaciones y se hundia en el vicio, y entonces comprendimos por que no habia hecho nada par retenerla. .: Pero sabia el desde el principia que Ia 6rbita de Ia Luna se iba agrandando? Ninguno de nosotros podia sospecharlo. El sordo, quiza unicamente el sordo: de Ia manera larval en que sabia las casas, habia presentido que aquella noche le tocase despedirse de Ia Luna. Por eso se escondio en sus lugares secretos y solo reaparecio para volver a bordo. Y fue inutil que Ia mujer del capitan lo siguiera: vimos que atravesaba Ia extension escamosa varias veces, a lo largo y a lo ancho, y de golpe se detuvo mirando a los que habiamos permanecido en la barca, casi a punta de preguntarnos si lo habiamos vista. Claro que habia alga insolito aquella noche. La superficie del mar, aunque tensa como siempre que habia plenilunio y hasta casi arqueada hacia el cielo, ahara parecia relajarse, floja, como si el iman lunar no ejerciera toda su fuerza. Y sin embargo no se hubiera dicho que la luz era Ia misma de los otros plenilunios, como por un espesarse de la tiniebla nocturna. Hasta los companeros, arriba, debieron de darse cuenta de lo que estaba sucediendo, pues alzaron hacia nosotros ojos despavoridos. Y de sus bocas y las nuestras, en el mismo momenta, salio un grito: - j La Luna se aleja! Todavia no se habia apagado este grito cuando en la Luna apareci6 mi prima corriendo. No parecia asustado, ni siquiera sorprendido; paso las manos en el suelo para Ia cabriola de siempre, pero esta vez despues de lanzarse al aire se qued6 alii, suspendido, como. ya le habia sucedido a la pequena Xlthlx, dio volteretas par un momenta entre Ia Luna y Tierra, se puso cabeza abajo y con un esfuerzo de los brazos como el que nadando debe veneer una corriente, se dirigio, con ins6lita lentitud, hacia nuestro planeta. Desde Ia Luna los otros marineros se apresuraron a seguir su ejemplo. Ninguno pensaba en hacer llegar a la barca Ia leche recogida, ni el capitan los amonestaba por eso. Ya habian esperado demasiado, la distancia era ahara dificil de atravesar: par mas que trataban de imitar el vuelo o la natacion de mi prima, se quedaron gesticulando, suspendidos en media del cielo. - j Aprieten filas, imbeciles, aprieten filas! -grit6 el capitan. A su arden, los marineros trataron de reagruparse, de jt..ltarse, de pujar todos juntos para llegar a Ia zona de atraccion terrestre, hasta que de

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pronto una cascada de cuerpos se zambullo en el mar. Ahara las barcas remaban para recogerlos. - i Esperen! i Falta la senora! -grite. La mujer del capitan tambien habia intentado el salta pero habia quedado suspendida a pocos metros de Ia Luna y movia muellemente los brazos plateados en el aire. Me trepe a Ia escalerilla y en el vano intento de ofrecerle un asidero le extendia el arpa - i No llego! Hay que ir a buscarla! -y trate de lanzarme blandiendo el arpa. Sabre mi, el enorme disco lunar no pareda ya el mismo de antes, tanto se habia achicado, y ahara se iba contrayendo cada vez mas como si fuese mi morada Ia que lo alejaba, y el cielo desocupado se abria como un abismo en cuyo fondo las estrellas se iban multiplicando y la noche se volcaba sobre mi como un rio de vado, me inundaba de zozobra y de vertigo. "i Tengo miedo! -pense-. i Tengo demasiado miedo para tirarme! i Soy un cobarde!" -y en aquel momenta me tire. Nadaba por el cielo furiosamente, y tendia el arpa hacia ella, y ella en vez de venir a mi encuentro se volvia sobre si misma mostrandome ya la cara, ya el trasero. - i Unamonos! -grite, y ya la alcanzaba y Ia aferraba por Ia cintura y enlazaba mis miembros con los suyos-. i Unamonos y caigamos juntos! -y concentraba mis fuerzas en unirme mas estrechamente a ella, y mis sensaciones en gustar la plenitud de aquel abrazo. Tanto que

Pedro Coronel, A iio I Luna, 1969

tarde en darme cuenta de que estaba arrancandela de su estado de suspension, pero para hacerla caer en Ia Luna. ,:No me di 路cuenta? i 0 esta habia sido desde el principia mi in tencion? Todavia no habia conseguido formular un pensamiento y ya un grito interrumpia mi garganta: - i Yo soy el que se quedara contigo un mes! - y - i Sabre ti! -gritaba en mi excitacion-: ,: Yo sobre ti un mes! -y en aquel momenta Ia caida en el cielo lunar habia disuelto nuestro abrazo, nos habia hecho radar a mi aqui y a ella alia entre las frias escamas. Alee los ojos como cada vez que tocaba ]a corteza de Ia Luna, seguro de encontrar encima de路 mi el nativo mar como un techo desmesurado, y lo vi, si, lo vi esta vez, i pero cuanto mas alto, y cuan exiguamente limitado por sus contornos de costas y escollos y promontories, y que pequenas paredan las barcas e irreconocibles las caras de los companeros y debiles sus gritos! Me llego un sonido poco distante: Ia senora Vhd Vhd habia encontrado su arpa y Ia acariciaba insinuando un acorde apesadumbrado como un llanto. Comenzo un largo mes. La Luna giraba lenta en torno a Ia Tierra. En el globo suspendido veiamos no ya nuestra orilla familiar sino el transcurrir de oceanos profundos como abismos, y desiertos de lapilli incandescentes, y continentes de hielo, y selvas culebreantes de reptiles, y las paredes de roca de las cadenas montanosas cortadas por el filo de los rios impetuosos, y ciudades palustres, y necropolis de tosca, y reinos de arcilla y fango. La lejania untaba todas las cosas del mismo color; manadas de elefantes y mangas de langosta recorrian las llanuras tan igualmente vastas y densas y tupidas que no se diferenciaban. Debia haber sido feliz: como en mis suenos estaba solo con ella, la intimidad con la Luna tantas veces envidiada a mi prima y la de la senora Vhd Vhd eran ahora mi exclusive privilegio, un mes de dias. y noches lunares se extendia ininterrumpido delante de nosotros, Ia corteza del satelite nos nutria con su leche de sabor acido y familiar, nuestra mirada se alzaba hacia el mundo donde habiamos nacido, finalmente recorrido en toda su multiforme extension, explorado en paisajes jamas vistos por ninglin terraqueo, 0 contemplaba las estrellas mas alia de Ia Luna, grandes como frutas de luz maduras en los curvos ramos del cielo, y todo superaba las esperanzas mas luminosas, y en cambio era el exilio. No pensaba mas que en la Tierra. La Tierra era la que hada que cada uno fuera ese y no otro; aqui arriba, arrancado de la Tierra, era como si yo no fuese yo, ni ella para mi ella. Estaba ansioso por volver a la Tierra, y temblaba de miedo de haberla perdido. El cumplimiento de mi sueno de amor habia durado solo el instante en que nos habiamos uni-

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do rodando entre Tierra y Luna; privado de su suelo terrestre, mi enamoramiento solo conocia ahora Ia nostalgia desgarradora de aquello que nos faltaba: un donde, un alrededor, un antes, un despues. Esto era lo que yo sentia. ~ Y ella? AI preguntarselo estaba dividido en mis temores. Porque si tambien ella solo pensaba en Ia Tierra, podia ser una buena seiial, seiial de que habia llegado finalmente a un entendimiento conmigo, pero podia ser tambien seiial de que todo habia sido inutil, de que unicamente el sordo seguia apuntando sus deseos. En cambio, nada. No alzaba jamas Ia mirada al viejo planeta, andaba palida por aquellas landas murmurando cantinelas y acariciando el arpa, como ensimismada en su provisional ( asi creia yo) condicion lunar. ~Era seiial de que habia vencido a mi rival? No; habia perdido; una derrota desesperada. Porque ella habia comprendido que el amor de mi primo era solo Ia Luna, y lo unico que queria ahora era convertirse en Luna, asimilarse al objeto de aquel amor extrahumano. Cumplido que hubo Ia Luna su vuelta del planeta, nos encontramos de nuevo sobre los Escollos de Zinc. Con estupor los reconoci: ni siquiera en mis mas negras previsiones me habia esperado verlos tan empequeiiecidos por Ia distancia. En aquel mar como un charco los compaiieros habian vuelto a navegar sin Ia escalera ahora inutil, pero desde las barcas se alzo como una selva de largas lanzas; cada uno blandia Ia suya, provista en la punta de un arjon o garfio, quiza con Ia esperanza de raspar todavia un poco del {tltimo requeson lunar y quiza de tendernos a nosotros, pobres desgraciados de aqui arriba, alguna ayuda. Pero en seguida se vio claramente que no habia pertiga bastante larga para alcanzar la Luna, y cayeron, ridiculamente cortas, humilladas, para flo tar en el mar; y alguna barca en aquel desbara juste perdio el equilibria y se volc6. Pero justo entonces desde otra embarcacion empezo a levantarse una mas larga, arrastrada. hasta alii al ras del agua; debia ser de bambu, de muchas y muchas caiias de bambu encajadas una en otra, y para levantarla habia que andar despacio a fin de que -fina como lo era- las oscilaciones no Ia despedazaran, y manejarla con gran fuerza y destreza para que el peso totalmente vertical no hiciera perder el equilibria a Ia barquita. Y si: era evidente que Ia punta de aquella asta tocaria Ia Luna, y Ia vimos rozar y hacer presion en su suelo escamoso, apoyarse alii un momento, dar casi un pequeno empujon, incluso un fuerte empujon que Ia hacia alejarse de nuevo, y despues volver a goipear en aquel punto como de rebote, y de nuevo alejarse. Y entonces lo reconoci, los dos -yo y Ia senora- reconocimos a mi primo, no podia ser sino el, el que jugaba su ultimo jue-

go con Ia Luna, una artimaiia de las suyas, con Ia Luna en Ia punta de Ia cana como si Ia sostuviera en equilibria. Y comprendimos que su destreza no apuntaba a nada, no pretendia alcanzar ninglin resultado practico, incluso se hubiera dicho que iba empujando a Ia Luna, qu路e favorecia su alejamiento, que Ia queria acompanar en su orbita mas distante. y tambien esto era de el, de el que no sabia concebir deseos contrarios a Ia naturaleza de Ia Luna y a su curso y su destino, y si Ia Luna ahora tendia a alejarse, pues el gozaba de este alejamiento como habia gozado hasta entonces de su cercania. ~Que debia hacer, frente a esto, Ia senora Vhd Vhd? Solo en aquel instante mostr6 hasta que punto su enamoramiento del sordo no habia sido un capricho frivolo sino un voto sin recompensa. Si lo que mi primo amaba ahora era Ia Luna lejana, ella permanecia lejana, en Ia Luna. Lo intui viendo que .ro daba un paso hacia el bambu, sino que solo dirigia el arpa hacia Ia Tierra alta en el cielo, pellizcando las cuerdas. Digo que Ia vi, pero en realidad solo de reojo aprese su imagen, porque apenas el asta toco Ia corteza lunar, yo salte para aferrarme a ella, y ya, rapido como una serpiente, me trepaba por los nudos del bambu, subia a fuerza de rodillas, liviano en el espacio enrarecido, impulsado como por una fuerza de Ia naturaleza que me ordenaba volver a Ia Tierra, olvidando el motivo que me habia llevado arriba, o quiza mas consciente que nunca de el y de su final desafortunado, y en el escalamiento de Ia pertiga ondulante habia llegado ya al punto en que no necesitaba hacer esfuerzo alguno sino solo dejarme deslizar cabeza aba jo atraido por Ia Tierra, hasta que en esa carrera Ia caiia se rompio en mil pedazos y yo cai al mar entre las barcas. Era el dulce retorno, Ia patria recobrada, pero mi pensamiento solo era de dolor por haberla perdido, y mis ojos apuntaban a Ia Lun~ por siempre inalcanzable,, busc~ndola. Y_ Ia v1. Estaba alii donde Ia hab1a dejado, tend1da en una playa justo sobre nuestras cabezas, y no decia nada. Era del color de la Luna; apoyaba el arpa en su costado, y movia una mano en arpegios lentos y espaciados. Se distinguia bien la forma del pecho, de los brazos, de las caderas, asi como Ia recuerdo todavia, como aun ahora que la Luna se ha convertido en ese circulito chato y lejano, sigo busciindola siempre con Ia mirada, apenas asoma el primer gajo en el cielo, y cuanto mas crece mas me imagino que Ia veo, ella o algo de ,Jla pero solo ella, en cien, en mil posturas 01versas, ella por Ia que es Luna la Luna y que en cada plenilunio hace aullar a los perros toda Ia noche y a mi con ellos. [Le cosmicomiche, Roma, 1965. Trad. Aurora Bernardez]

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El viaje a Ia Luna

La Tierra vista desde Ia Luna. Foto NASA

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Luis Estrada:* El viaje a la Luna, cronica de un triunfo del esfuerzo humano 16 de julio de 1969. 9:32 AM, EDT. (Tiempo diurno del este ) . Con la salida de tres hombres en un vehiculo impulsado por un poderoso cohete C_?mienza la ultima parte de una gran hazana humana. La partida fue presenciada por varios millones de personas, casi un mill6n en las cercanias del Cabo K ennedy y el resto esparcido en casi todo el" mundo q~e. , en esos momentos estaba unido por la televlSlon. Realiz6 esta hazana la misi6n Apolo XI, cuyo centro lo fonnaba una nave de disefio especial tripulada por los terricolas ~eil Armstr?~g, Edwin Aldrin y Michael Collms. Esta miSion habia sido precedida por tres vuelos en naves semejantes de los cuales dos habian circunvalado a nuestro satelite natural. El sueno ancestral de salir de nuestro planeta empez6 a tomar realidad 8 _anos a~tes, e} 12 de abril de 1961, cuando Yun Gagann volo alrededor de Ia Tierra en Ia nave Vostok I, aprovechando que desde 4 anos, ~ntes s~ ??minaba el arte de hacer girar satehtes artificiales alrededor del globo terrestre. La. satelizaci6n de esas minuscuJas lunas se cons1gue con Ia ayuda de poderosos cohetes que funcionan se-. gun principios conocidos ~tes que los autom6viles y los aeroplanes. Sm embargo, Ia fuerza que mantiene un satelite giran_d o alrededor de la Tierra nos la da la m1sma naturaleza; es Ia fuerza gravitacional. Sabemos que la gravedad hace que todos los c:uerpos sobre la tierra caigan al suelo y mantlene a la Luna en su movimiento en torno a nosotros. Pues bien esta misma fuerza de gravedad hace que los ~telites artificiales. mantengan sus 6rbitas y es Ia que determma Ia mayor parte del viaje de una nave espacial , . Hace mas de tres siglos se sabJa que graci~S a Ia fuerza gravitacional un cuerpo puede girar alrededor de Ia Tierra. Newton ensen6 que si un cuerpo pesado se Ianza _desde lo alto de una montana con una veloCidad tal que traspase el horizonte, caer_a de tal manera que siga la redondez de Ia T ierra, esto es, se mevera en una 6rbita terrestre. Para aprovechar este hecho natural, el hombre tuvo dos problemas : encontrar Ia manera de imprimir Ia ve1ocidad necesaria para que el cuerpo entre en 6rbita y alcanzar una altura suficiente para que Ia fricci6n con el aire de nuestra atm6sfe-

* Luis Estrada es p rofesor de Ia Facultad de Cie? cias de Ia UNAM. Es tambien director de Ia R~v~~足 ta de divulgaci6n cientifica Fisica, y , asesor teemco de Ia Comisi6n Nacional de Energ1a Nuclear.

Vista del interior de una nave Apolo. Foto NASA

ra no disminuya tal velocidad y haga caer el cuerpo a tierra. Los esfuerzos para resolver tales problemas fueron encauzados hacia el desarrollo de los cohetes y encontraron un triunfo notable en octubre de 1957, cuando el Sputnik I fue puesto en 6rbita. Para los vuelos tripulados se requiere un control mayor para aprovechar Ia fuerza gravitaciona!. Es necesario disponer de fuerzas que perm1tan entrar y salir de las 6rbitas. La nave Apolo XI fue colocada en 6rbita alrededor de nuestro planeta por un poderoso cohete el Saturno V, formado por tres etapas que e~ total pesan 3,817 toneladas y miden 120 mts. La entrada y salida de Ia 6rbita alrededor de Ia Tierra fue posible gracias al motor de Ia tercera etapa ; el viaje a Ia Luna, el descenso alla y las maniobras alrededor de nuestro satelite fueron realizadas por cohetes que impulsaron dos artefactos espaciales: los m6dulos comando y lunar que en Ia misi6n que nos ocupa fueron bautizados con los nombres de Columbia y Aguila, respectivamente. La misi6n lunar, como los vuelos de las otras naves Apolo se realiz6 en comunicaci6n permanente co~ el Centro Espacial situado en Houston en donde cientos de personas labora-

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ron en tareas indispensables para realizar esta mision. Doce minutos tomo a Ia nave Apolo XI entrar en !a orbita terrestre y ahi permanecio dos horas y media para una revision final que asegurara el exito de !a mision.

16 de julio. 12:16 P.M. EDT. Con !a reignicion del motor de !a tercera etapa, !a nave Apolo XI entro en !a orbita translunar. Durante !a siguiente hora fueron realizadas las siguientes tareas: sacar el modulo comando, girarlo media vuelta para sacar y acoplar a el el modulo lunar y deshacerse del resto de Ia tercera etapa. Estas maniobras se realizaron en condiciones pd.cticamente libres de fuerzas, asi que los giros y movimientos de acomodo de los modulos requirieron el empleo de pequenos cohetes. En plena ruta hacia Ia Luna y desde una pequena cabina en que apenas podian moverse, los astronautas enviaron Ia primera emision de television a sus congeneres. Vimos entonces una Tierra menguante, una hermosa esfera en un fondo oscuro, que nos recordaba a Ia Luna aunque mas coloreada que ella, y en Ia cual se distinguian zonas blancas: las nubes "vistas 路por arriba". De aqui en adelante los hombres conoceran su Tierra mucho mejor y los ninos entenderan, sin nece-

sidad de mayor explicacion, Ia relatividad de arriba y abajo. Tambien fueron transmitidas varias vistas del interior de Ia cabina y se vieron con claridad los aparatos para el manejo de Ia nave, especialmente la computadora de navegacion. El equipo terrestre de la NASA, National Aeronautics and Space Administration, vigilaba con extremo cuidado el viaje de Ia nave. El Centro Espacial de Houston, auxiliado por una red de estaciones receptoras esparcidas en diversos lugares de Ia tierra, recibia continuamente las senales electromagneticas que comunicaban a nuestros exploradores con su base. La informacion telemetrica permitia situar con precision y en todo momento donde se encontraba la nave para ajustar y corregir Ia trayectoria en caso necesario. No hubo necesidad de ningun ajuste. El viaje hasta Ia Luna se desarrollo con toda perfeccion y el modulo de servicio fue probado con resultados satisfactorios. La vida en Ia pequena nave fue muy semejante a Ia que acostumbramos en la Tierra: tiempo para trabajar, comer y descansar. Pero el medio en que esta vida se desarrollaba era artificial y dependia del hombre. La atmosfera de Ia cabina estaba hecha exprofeso y su control estaba en manos de los astronautas. La

Los astronautas trabajando en Ia Luna, vistos desde Ia Tierra. Foto NASA


comida debia ser preparada a partir de ingredientes seleccionados y empacados en Ia Tierra. Los astronautas disponian de agua caliente y fria, y habia que eliminar despues Ia de desperdicio. Una tarea importante era Ia de cargar y vigilar las baterias del suministro electrico de Ia nave. Puede decirse que habiamos enviado, encerrada en una pequefia capsula espacial, una parte de nuestra vida bacia Ia Luna. La siguiente emision de television hizo disfrutar a los terricolas, desde sus hogares, las peculiaridades de un Iugar ingravido y todo el mundo pudo ver Ia inspeccion del modulo lunar, con tal claridad, que algunos aseguran leer las instrucciones inscritas en algunos tableros. Despues de dos dias en Ia orbita translunar Ia velocidad de Ia nave Apolo, que disminuia lentamente por Ia accion de Ia gravedad terrestre, empezo a aumentar. En esos momentos Ia gravedad lunar empezaba a dominar el vuelo de Ia nave. Aun en el Iugar en que esta Ia Luna, Ia gravedad terrestre es importante --es Ia causante de que tengamos un satelite natural- pero el vuelo de Ia nave Apolo dependia ahora de Ia gravedad selenica y era momenta de preparar Ia entrada en Ia orbita lunar.

19 de julio. I :22 PM, EDT. La entrada a Ia orbita lunar no fue menos dramatica que las anteriores. AI frenar Ia nave para tomar Ia orbita, aquella entro en Ia cara oculta de Ia Luna y se corto Ia comunicacion con Ia Tierra, ya que Ia Luna es opaca a las ondas de radio. Los cohetes de Ia nave que debian satelizarla podian hacerla caer si frenaban demasiado o bien sacarla de Ia influencia lunar si imprimian una fuerza menor que Ia necesaria. Despues de 33 minutos de espera, el Centro Espacial pudo comprobar el exito de Ia maniobra. La orbita lunar de Ia nave fue ajustada para lograr un acercamiento y un alejamiento maximos de 110 y 135 Km., respectivamente. La transmision de television que entonces se envio mostro claramente Ia superficie selenita: cafe grisasea, desolada, y se vio con claridad el Iugar designado para el descenso: el Mar de Ia Tranquilidad. Quiza lo mas impresionante de estas vistas haya sido su clara apariencia extraterrestre en Ia que se notaba perfectamente Ia redondez de nuestro satelite, parte en Ia oscuridad y parte iluminada por Ia luz reflejada por Ia Tierra. "La vista paga bien el viaje", dijo el comandante Armstrong. Despues, los astronautas describieron el cielo que disfrutaron al pasar por detras de Ia Luna. Ese cielo era el mismo que vemos en Ia Tierra, pero Ia vista de tantos objetos celestes tan claros y nitidos es dificil de imaginar. Despues de trece vueltas alrededor de nuestro satelite natural se efectuo el esperado alunizaje.

20 de julio. 4:17 PM, EDT. El modulo lunar, pequefia arafia de fabricacion terrestre cuyo peso era de 16Y2 toneladas en su Iugar de origen, toco suavemente Ia superficie lunar, en un Iugar predeterminado varios meses antes. La respiracion de los astronautas apuro su ritmo y su pulso se acelero. Sin embargo, minutos mas tarde, su condicion fisica fue declarada "excelentt>", por los medicos de Ia mision, que vigilaban cuidadosamente a nuestros enviados desde una distancia de 400,000 km. Seis y media horas mas tarde, Armstrong abrio Ia escotilla de Ia nave y a las 10.56 P.M. EDT., el enviado de Ia humanidad imprimio Ia primera huella terraquea en el suelo lunar, ante Ia mirada de sus congeneres, que a traves de las pantallas de sus televisores participaban del memorable acontecimiento. "Es un paso pequefio para un hombre, pero un salto gigantesco para Ia humanidad", asento el comandante del Apolo XI. El suelo lunar es firme y esta cubierto con una capa de polvo muy fino que se adheria ficilmente a las botas de los astronautas. El paisaje lunar presenta un extrafio encanto; no hay cielo azul y los objetos se destacan sobre un intenso fondo negro. La iluminacion es muy contrastada: muy fuerte en donde cae Ia luz solar y casi nula en Ia sombra, por lo que Ia vision resulta dificil. Toma tiempo a los ojos humanos ajustarse a tales cambios. Los colores varian mucho y dependen de como se vean los objetos. El ambiente para Ia vida de los astronautas estaba dado por su traje y equipo, el cual pesaba en total 90 kilos en Ia Tierra. Asi los astronautas disponian de oxigeno para su respiracion, temperatura adecuada para sus funciones vitales y estaban protegidos de Ia radiacion ultravioleta y de los impactos de los micrometeoritos. El equipo incluia un sistema de comunicacion que permitia a los astronautas hablar entre ellos y con el Centro Espacial; ademas, daba Ia informacion necesaria al mismo Centro para controlar Ia electricidad, Ia reserva de oxigeno, la presion de los trajes, Ia temperatura de diversos puntas importantes y ponia los electrocardiogramas de los astronautas a disposicion de sus medicos. Aunque los trajes permitian a los astronautas caminar, saltar, trabajar y otros movimientos, limitaban mucho las acciones que acostumbramos en Ia Tierra ; si un astronauta hubiera caido al suelo dificilmente hubiera podido levantarse sin ayuda de su compafiero. Sin embargo, el trabajo en Ia Luna fue descrito por los astronautas como "muy confortable", quiza porque en Ia Luna el peso se reduce a una sexta parte del correspondiente en Ia Tierra. La caminata en Ia Luna duro dos horas v 21 minutos. El trabajo mas importante fue Ia recoleccion de piedras lunares, que los astronautas guardaron en cajas selladas que asegu-

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EI hombre en la Luna. Foto NASA

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rarian que llegaran inalteradas a Ia Tierra, para su estudio. Los otros trabajos encomendados a los astronautas fueron: Ia instalacion de un gravimetro que medira. las variaciones de Ia gravedad de Ia Luna, Ia colocacion de un reflector que regresara Ia luz de un "laser", para medir Ia distancia Tierra-Luna con una precision de centimetros y Ia recoleccion de particulas de viento solar mediante un detector especial que trajeron a Ia Tierra a su regreso.

21 de julio. 1.55 PM, EDT. Despues de verificar que todo estaba en perfecto estado, se encendio el cohete impulsor que separo Ia parte superior del modulo lunar para iniciar el regreso de los astronautas. Esta operacion fue uno de los mayores riesgos de Ia mision ; era Ia prim era vez que se intentaba y de su exito dependia que los astronautas regresaran a Ia Tierra. Ocho minutos despues del despegue, el Aguila estaba en orbita y cuatro horas y 32 minutos mas tarde, el modulo lunar fue acoplado a! comando, a 125 km.

sabre Ia superficie lunar. Los astronautas se reunieron en Ia nave Columbia y el modulo lunar fue abandonado. El martes 22 a las 12.56 AM, EDT, Ia nave terricola tomo el camino de regreso hacia Ia Tierra y despues de 60 horas de viaje los astronautas amarizaron, el jueves 24 a las 12.50 P.M., EDT, en el Oceano Pacifico, a 1,725 km. a! suroeste de Hawai, 450 km. mas cerca del Iugar en que se habia planeado !a llegada muchos meses antes. Fueron rescatados y llevados al Laboratorio de Recepcion Lunar en el que permanecieron 18 dias, en cuarentena, para evitar cualquier posible contaminacion por organismos lunares, precaucion quiza exagerada pero necesaria. La imaginacion humana es ilimitada e incansable. Despues de Ia llegada a Ia Luna y a{m antes de que Ia mision Apolo XI terminara, ya se hablaba de viajes a otros lugares de nuestro sistema planetaria. Se ha afirmado que antes de que termine el presente siglo el hombre llegara a Marte. El dia en que el viaje redondo a la Luna este dentro de las posibilidades de los turistas, quiza no este lejano. Hace 15 afios ir a Ia Luna era solo un suefio.

La superficie lunar. En el !ngulo inferior izquierdo esta Ia sombra del m6dulo de comando

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Hechos fundamentales en el camino del espacio

Antecedentes

1891- Hermann Ganswindt, en Berlin dibuja los primeros proyectos para una nave espacial que utilice cohetes a propulsion por s6lidos. 1900- Roman Baron von Gostkowski publica una de las primeras argumentaciones cientificas sabre viajes espaciales en Ia revista vienesa Die Zeit. 1903 - El ruso Konstantin Tsiolkovsky publica su estudio te6rico de combustibles para cohetes y eficiencia de motores para cohetes, y propane el uso de hidr6geno y oxigeno liquidos como propulsores. 1919 - En Estados Unidos, Robert Hutchings Goddard publica un trabajo de 69 paginas sabre sus investigaciones, titulado "Metoda para alcanzar alturas extremas". 1923 - El libra de Hermann Oberth, El cohete en el espacio interplanetario, establece Ia mayor parte de las teorias fundamentales de los vuelos espaciales. 1925 - Walter Hohmann, de Essen, Alemania, publica una tesis : Posibilidad d e lle gar a los cuerpos celestes. 1926- Goddard Ianza con exito el primer cohete del mundo a propulsion por liquido, en Massachusetts, EE. UU. 1927 - Se funda en Alemania Ia primera sociedad astronautica, Ia Verein fUr Raumschiffahrt. 1928- En Austria, el Baron Guido von Pirquet propane un sistema de tres estaciones espaciales en orbita de Ia tierra, mientras que su compatriota Hermann Noordung etabora los pianos de tales estaciones. Entretanto, otro austriaco, Franx A. von U linski, publica un plan adelantado para su vehiculo espacial. 1928- En Francia, Robert Esnault-Pelterie publica el libra Exploraci6n de la atmosfera superior con cohetes, y posibilidad de vuelos interplanetarios. 1929- Oberth publica Caminos hacia vza1es espaciales, considerado aun como "el mas importante trabajo teorico sobre el asunto". 1930- Se funda Ia American Interplanetary Society ( llamada mas tarde American Rocket Society, y American Institute of Aeronautics and Astronautics ) . 1930 - Se dispara desde una plataforma de ensayo Ia Kegeldiise de Oberth, camara de combustion para cohetes que utiliza oxigeno y gasolina. 1932 - El Cuerpo de Artilleria Aleman comienza una investigacion sistematica sobre

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Goddard y su cohete, 1926

cohetes dirigida por Walter Dornberger y Wernher von Braun. 1933- Eugen Sanger publica sus investigaciones sobre motores de cohetes en el libra Raketenflugtechnik. 1934 - En Alemania, el grupo Von BraunDornberger dispara los primeros modelos de una nueva serie de cohetes - el Aggregate 2, o A-2, precursor del A-4, luego llamado V-2. 1936- El Laboratorio Aeronautico Guggenheim del Instituto de Tecnologia de California comienza investigaciones de cohetes sondas, bajo la direccion de Theodore von Karman. 1942 - En su primer vuelo con exito, un cohete aleman V-2 establece nuevas "plusmarcas" de velocidad. 1944 - Cal tech recibe instrucciones de proseguir con sus investigaciones con cohetes de grandes alturas, y dispara su primer cohete, el Private A. 1944 - Los primeros cohetes alemanes V-2 entran en operaciones, y son disparados contra Paris y Londres. 1945 路- Se lleva a cabo en Alemania el primer vuelo vertical en cohete tripulado, en un 245

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aeroplano a cohetes Bachem-Natter; en la caida que se prpduce, muere el piloto de ensayo teniente Siebert. 1945 - 路 El Secretario de Guerra de los EE.UU. aprueba el establecimiento del campo de White Sands. 1945- El Grupo Cal tech dispara un Corporal WAC a propulsion liquida. 1946- En White Sands se efectua el lanzamiento de un V-2 para investigaci6n a gran altura. 1946- El Centro de Desarrollo de Proyectiles de las Fuerzas Aereas de los EE.UU. en la Base de las Fuerzas Aereas de Hollman comienza experimentos biol6gicos enviando a gran altura un globo (.Oil esporas de hongos para exponerlos a la radiaci6n c6smica. 1947- El avi6n de investigaci6n a cohetes Bell XS-1 vuela con mas rapidez que la velocidad del sonido. 1948- Un mono resus de cuatro kilos, llamado Alberto, es lanzado a lo alto en un cono de punta de V-2. 1948- En un informe de fin de aiio, el Secretario de Defensa, James Forrestal, revela los

estudios oficiales de los EE.UU. sabre satelites espaciales. 1949- Una combinaci6n de V-2 mas Corporal WAC disparada desde White Sands alcanza el espacio exterior. 1949- Desde White Sands se lanza el primer gran cohete americana, el Viking. 1950- El Primer Congreso Internacional de Astronautica se reline en Paris. 1~51 --Durante el Segundo Congreso Internacional de Astronautica en Londres se constituye la International Astronautical Federation (IAF) . 1951- Un mono y 11 ratones ascienden sin daiio alguno a 73.000 metros en un cohete Aerobee de los EE.UU. 1954- Los EE.UU. deciden continuar con el desarrollo del Atlas ICBM. 1955- El presidente Eisenhower inicia el programa de satelites para el Aiio Geofisico Internacional. 1956- Un cohete Jupiter C de los EE.UU. envia una carga uti! a una distancia de 5.280 kil6metros y una altura de 1.088 kilometros. 1956- Se efectua el primer disparo de prueba en el programa de satelites de los EE.UU. un Viking. 1957- En junio, los EE.UU. intentan sin exito el primer lanzamiento de un Atlas ICBM. 195 7 - El primer ministro Khruschev an uncia el exito de un vuelo de ICBM en agosto, a una distancia de 5.920 kil6metros.

La conquista del espacio 1957 Sputnik I, URSS. 4 OCT/57 Primer satelite artificial en torno de la Tierra. Sputnik 2, URSS. 3 NOV/57 Primer ser viviente (perra Laika) en el espacio exterior. 1958 Explorer ], EE.UU. 31 ENE/58 Descubrimiento del Cintur6n Van Allen (radiaciones). Explorer 3, EE.UU. 26 MAR/58 Medici6n de radiaciones y micro meteoritos espaciales. Score, EE.UU. 18 DIC/58 Primer satelite de telecomunicaciones. 1959 Luna I, URSS. 2 ENE/59 Reconocimiento lunar. Pas6 a 6,000 Km. de la Luna. Discoverer I, EE.UU. 28 FEB/59 Primera 6rbita polar extraterrestre. Explorer 6, EE.UU. 7 AG0/59 Primera fotografia de la Tierra desde el espacio. Luna 3, URSS. 4 OCT j59 Primera foto de la parte oculta de la Luna. 246

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Primera fotografia de la cara oculta de la Luna,, obte~ida des~e el Lun!k III. 1: Mar de Moscu 1 2: Bahia de los Astronautas I 4: Crater Zwlkowski I 5: Crater Lomo~o~of 1 6: Crater Joliot-Curie; 7: Montes Sovieticos. La linea de _t~azos representa el l~m1te de Ia zona visible. I: Mar de Humboldt I II: Mar de las Cns1s I V: Mar de Sm1th I VI: Mar de Ia Fecundidad I VII: Mar Austral.

1960

1961

Tiros I, EE.UU. 1 ABR/60 Primer satelite de informacion meteorologica. Transit IB, EE.UU. 15 MAY /60 Primer satelite-referencia para navegacion. Discoverer 13, EE.UU. 10 AG0/60 Primera recuperacion de una capsula en el mar. Echo I, EE.UU. 12 AG0/60 Primer satelite retrasmisor de la television. Sputnik 5, URSS. 19 AGOj60 Estudio Biologico (perros Belka y Streika a bordo).

Venus I, URSS. 2 FEB/61 Primera nave lanzada desde otra en orbita. Hacia Venus. Sputnik 10, URSS. 25 MAR/6) Recuperacion del perro Svedoshkla, tras 17 orbitas. Vostok I, URSS. 12 ABR/61 Yuri Gagarin, primer hombre en orbita en torno a la Tierra. Freedom VII, EE.UU. 5 MAY /61 Alan Shepard, primer norteamericano en vuelo suborbital. televisado.

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Vostok 2, URSS. 6 AG0/61 Gherman S. Titov, recorre 17.5 orbitas, televisado. Mercur路y-Atlas, EE.UU. 29 NOV/ 61 El mono Enos es recuperado tras 3 orbitas. Oskar I, EE.UU. 12 DIC/61 Primer satelite al servicio de los radioaficionados.

Early Bird, EE.UU. 6 ABR/65 Satelite de tekcomunicaciones. 6rbita ecuatorial atlantica. Venus 3, URSS 16 NOV /65 Primera capsula en alcanzar Venus. Impacto duro. Asterix, FRANCIA 26 NOV j65 Primer satelite frances. Cohete Diamant.

1962

1966

Mercury-Atlas 6, EE.UU. 20 FEB/62 J. H. Gleen logra 3 orbitas en tomo a la Tierra en Ia nave Friendship 7. Oso 1, EE.UU. 7 MAR/62 Primer observatorio solar en orbita. Ranger 4, EE.UU. 23 ABR / 62 Primera capsula que alcanzo la Luna, Impacto. Kosmos 4, URSS. 26 ABR / 62 Primera aproximacion de dos naves en el espacio. Telstar I, EE.UU. 10 JUN/62 Primer satelite de telecomunicaciones comerciales. Vostok 3, URSS. 11 AG0/62 Primer vuelo espacial de una pareja ( Mikolayev-Popovich). Mariner 2, EE.UU. 26 AG0/62 Primer vuelo hacia Venus. Paso a 34,758 Km. Alouette I, CANADA 28 SEP /62 Primer satelite canadiense ( cohete Thor Agena, EE. UU.) Mars I, URSS. 1 NOV / 62 Primera nave hacia Marte. Ceso de trasmitir a los 8 millones de Km.

Luna 9, URSS. 31 ENE/66 Primer descenso suave en la Luna. Transmision de fotos. Gemini 7, EE.UU. 4 DICj66 Encuentro espacial con Gemini 6, 220 orbitas. Surveyor I, EE.UU. 30 MAY /66 Primer alunizaje suave de EE.UU. Gemini 9, EE.UU. 3 JUN / 66 Encuentro espacial. Stafford y Cernan, 2h,9' fuera de su nave. Pioneer 7, EE.UU. 7 AG0/66 6rbita solar. Investigaciones interplanetarias. Lambda 4, JAPON 26 SEP/66 Primer satelite japones a la Luna. Envio fotografias. Luna 13, URSS. 21 DIC/66 Alunizaje suave. Trasmision de datos.

1963 Luna 4, URSS. 2 ABR / 63 Sonda lunar. Paso a 8,500 Km. de la Luna. Explorer 17, EE.UU. 2 ABR/63 Investigacion atmosferica. Telstar 2, EE.UU. 7 MAY / 63 Satelite de comunicaciones comerciales . "CO MSA T". Vostok 5 y Vostok 6, URSS. 14 y 16 JUN/63, tripulados por Valeri F. Bikovsky y Valentina Terechkova -primera mujer en el espacio. 1964 Echo 2, EE.UU. 25 ENE/64 Satelite de comunicaciones. 1o. del programa EU-URSS. Voskhod I, URSS. 12 OCT/64 Primera nave espacial con tres tripulantes. Mariner 4, EE.UU. 28 NOV/64 Primera nave que envio fotos de Marte (a 9,840 Km.) San Marcos I, ITALIA 15 DIC/64 Primer satelite italiano ( cohete Scout, E.U.) 1965 Voskhod 2, URSS. 18 MAR/65 Primer hombre en el espacio fuera de su nave. (A. Leonov). Gemini 3, EE.UU. 23 MAR/65 Primera maniobra manual de nave espacial ( dos a bordo ).

1967 Pacific I, EE.UU. 11 ENE / 67 Servicio de comunicaciones a traves del Pacifico. Surveyor 3, EE.UU. 17 ABR/67 Prueba de la consistencia del piso en la Luna. Ariel 3, GRAN BRETA~A. 5 MAY/67 Primer satelite ingles de experimentacion. Molnija IE, URSS. 25 MAY0 / 67 Quinto satelite de comunicaciones. Venus 4, URSS. 12 JUN/67 Descenso suave en Venus el 18 de octubre de 1967. Kosmos 186, URSS. 27 OCT/ 67. Primera maniobra automatica de acoplamiento de naves. 1968 Surveyor 7, EE.UU. 7 ENE/68 Descenso en la Luna. Preparacion para serie Apolo. Luna 14, URSS. 8 ABR/ 68 Primer satelite artificial de la Luna. Soyuz 217, URSS. 24 ABR/68 Investigacion biofisica espacial. Zond 5, URSS. 15 SEP/68 Orbitas lunares y descenso. Envio de informacion lunar. Apollo 8, EE.UU. 20 DIC / 68 Estabiecimiento de la mejor orbita para alunizaje. 1969 Venus 5, URSS. 6 ENE / 69 Esta nave y la Venus 6 descendieron en Venus suavcmente. Apollo 9, EE.UU. 17 MAR / 69. Primer ensayo de maniobras con un Modulo lunar. Apollo 10, EE.UU. 18 MAY /69. Ensayo final para el descenso humano en la Luna. Apolo 11, EE.UU. 16-25 JUL/69. Primer alunizaje humano, realizado por Neil Armstrong y Edwin Aldrin el 20 JUL / 69.

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Cuaderno de bitiicora del Apolo 11

JULIO 16

9:32 a.m. EDT*- Con una puntualidad de menos de un segundo, el Apolo 11 despega de Ia Plataforma de Lanzamiento 39A en Cabo Kennedy, Florida, para empezar lo que se considera el paso mas trascendental en Ia historia humana: un viaje a la Luna, un aterrizaje en esta con tripulaci6n y el retorno a Ia tierra. Un auditorio de televidentes que abarca el mundo entero, asi como cerca de un mill6n de testigos presenciales, observan el acontecimiento. De pie, a cinco kilometros y media de distancia, en los bajios de arena o sentados en tribunas estan la mitad de los miembros del Congreso de los Estados Unidos y mas de 3 000 periodistas de 56 paises. Atados a sus divanes en el modulo de mando, en la punta del vehiculo espacial, con sus 106 metros de altura y sus 3.44 millones de kilos de empuje, estan tres astronautas, todos ellos nacidos en 1930, cada uno con un peso de 75 kilos, practicamente de Ia misma estatura, 1.80 metros. Son: el capitan Neil. A. Armstrong, piloto civil y antiguo piloto de pruebas; el piloto del Modulo de Mando, Michael Collins, y el piloto del Modulo Lunar, Edwin E. (Buzz ) Aldrin Jr., los dos ultimos oficiales de Ia Fuerza Aerea de los EE.UU. El lanzamiento ocurre a! cabo de una cuenta invertida de 28 horas. Se lleva a cabo en un clima de verano sumamente propicio, con vientos de 10 nudos del sureste, una temperatura entre los 26 y los 32 grados centigrados, y nubes a 5 400 metros de altura. Los astronautas fucron despertados a las 4:15 a.m. Despues de un desayuno de jugo de naranja, bistec, huevos revueltos, pan tostado y cafe, empezaron a vestirse a las 5: 35 a.m. A las 6: 2 7 a.m., abordaron un camion con aire acondicionaclo para dirigirse a Ia plataforma de lanzamiento a 13 kil6metros de distancia. A las 6:45 a.m. , Armstrong entr6 en el Modulo de Manda y tom6 !a posicion del !ado izquierdo. Cinco minutos mas tarde Ie siguieron Collins, a Ia derecha, y Aldrin al centro. Dos problemas menores que se presentaron en el equipo de tierra , a saber, una valvula con una fuga y una luz avisadora que tenia un defecto, se corrigieron mientras los astronautas estaban de camino bacia Ia plataforma. El brazo de acceso al Apolo se retrajo a las 9: 2 7 a.m. Ocho segundos y nueve decimos antes de Ia bora del lanzamiento se encendi6 el primero de los motores de Ia primera fase del Saturno V. Desde las tribunas Ia llama

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Vehiculo de lanzamiento

Saturno 5

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aparecio como una brillante estrella de color amarillo-naran ja sobre el horizonte. Pronto se encendieron tambien los otros cuatro motores y la luz del primero se convirtio en una gigantesca bola de fuego que ilumino la escena como un sol naciente. No se oyo sonido alguno. Durante dos segundos el vehiculo acumulo impulso. Se soltaron las agarraderas de anclaje y el vehiculo espacial empezo a despegar lentamente de la plataforma, tan cerca de las 9: 32 a.m. como fue humanamente posible. En el momento en que el vehiculo llegaba a la cima de Ia torre de servicio, el duro y vibrante estruendo de los motores se extendio como una marea sobre el achaparrado paisaje de Florida e inundo a los espectadores en su oleaje. Asi fue como presenciaron el principio del quinto vuelo Apolo tripulado, el tercero hacia las cercanias de Ia Luna y Ia primera mision de desembarco lunar. Las ultimas palabras desde el Control de Lanzamiento fueron: "Buena suerte; que Dios los acompaiie". El capitan Armstrong contesto: "Muchas gracias. Sabemos que sera un buen vuelo."

metros de distancia -10,3 metros mas lejos de lo indicado-, le hacen dar media vuelta, basta dar el frente a !a nave de aterrizaje, a la cual se adhiere cabeza con cabeza. Realizado el enganche, se hacen saltar las conexiones del ML con el adaptador, ya hermanados, los Modulos de Mando/ Servicio y Lunar se separan del cohete y prosiguen solos su travesia bacia la Luna.

9:35 a.m. - La nave espacial se encuentra a 37 millas nituticas de altura, a 61 milias nauticas de distancia del punta de partida, y viaja a una velocidad de 2 834 metros por segundo, o cerca de 10 203,2 kilometres por hora. Armstrong confirma que se han separado el faldon de los motores y Ia torre de escape a! lanzamiento.

8:52 p.m.- El Control de la Mision, en Houston, Texas da las buenas naches a Ia tripulacion mientras csta se prepara a entregarse al sueiio dos horas antes de lo previsto.

9:44 a.m. - Las tres fases del Saturno se han encendido sucesivamente y las primeras dos se han desprendido cuando el Apolo 11 entra en una orbita a 103 millas nauticas de altura sabre Ia tierra, durante Ia cual los astronautas y Ia tripulaci6n terrestre de control verifican escrupulosamente el vehiculo. 12 :22 p.m. -A la mitad de su segunda vuelta en torno a Ia Tierra, otro encendido del motor de la tercera fase, aun adherida al Modulo de Manda, impele a! Apolo 11 fuera de Ia orbita, hacia su trayectoria lunar, a una velocidad inicial de 38 946,2 kilometros por hora. 12:49 p.m. - Mientras Ia nave espacial se aleja mas y mas de la Tierra, se extrae de su compartimiento, en lo alto de los cohetes de lanzamiento, a Ia nave para el aterrizaje en Ia Luna, que !leva el nombre convencional de "Aguila" . En primer termino, los astronautas dan fuego a unos pernos explosives. Esto hace que Ia nave principal, bautizada "Columbia", se separe del adaptador y ademas hace saltar los cuatro paneles que componen los costados de este poniendo a! descubierto el Modulo Lunar ( ML ) alojado en el interior. Los astronautas detienen Ia nave espacial a unos 30

2:38p.m.- Descargando el combustible sobrante se enciende la tercera fase del cohete para colocarlo en una larga orbita solar y apartarlo de Ia ruta del Apolo 11. 2:43 p.m. - Con el vuelo en horario y procediendo satisfactoriamente, se juzga innecesaria la primera correccion programada para la mitad de Ia travesia. 2:54 p.m. - Se comunica que la nave espacial se encuentra a 22 000 millas nauticas de Ia tierra y que viaja a 3 936,1 metros por segundo. Los miembros de Ia tripulacion se mantienen ocupados con tarcas de atenci6n y gobierno de Ia capsula.

10:59 p.m. - Por efecto del tiron de la gravedad terrestre, Ia nave espacial ha perdido velocidad y vuela a 2 200,2 metros por segundo, a una distancia de 63 880 millas nauticas de Ia tierra. JULIO 17

8:48 a.m. -El Control de Ia Mision da a Ia tripulacion del Apolo un breve resumen de las noticias del dia, inclusive las novedades deportivas. Se les informa sabre el progreso de Ia nave espacial rusa Lunar 15, asi como que el vicepresidente Spiro T. Agnew, maximo funcionario gubernamental presente en el despegue del Apolo 11 , ha pedido que se desembarque un hombre en el planeta Marte en el aiio 2000. 12:17 p.m. - Se haec una correccion de mitad de travesia mediante un encendido de 3 segundos, para ajustar el rumba de la nave espacial y probar !a maquina que los colocara en Ia orbita lunar y posteriormente los sacara de ella. 7:31 p.m. - Los astronautas empiezan Ia primera emision de television a color programada desde Ia nave, mostrando una vista de Ia Tierra desde una distancia de 128 000 millas nauticas. Durante Ia transmision, que dura 36 minutes, se muestran igualmente vistas del interior del modulo de mando.

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9:42 p.m.- El Control de Ia Misi6n da las buenas naches a Ia tripulaci6n.

JULIO 18 9:41 a.m.- El Control de Ia Misi6n deja dormir a los astronautas una bora mas tarde de lo prcvisto, el tercer dla del viaje de ida. Despues del desayuno, se entrcgan a tareas de gobierno y atenci6n de la nave espaciaL tales como cargar batcrias, dcscargar el agua de desecho y comprobar las reservas de oxlgeno y de combustible. Se les anuncia que las correccioncs de rumbo programadas para Ia tarde no seran necesarias. 2:57 p.m.- Se comunican a los astronautas las noticias del ella.

4:40 p.m.- Empieza una de las trasmlSlones mas claras que se hayan hecho nunca por television desde el espacio, con !a nave a 175 000 millas nauticas de Ia tierra y 48 000 de Ia Luna. Dura una hora y 36 minutos. Mientras se efectua, se abre la escotilla del ML y Armstrong repta por el tune! de 76 centimetros para inspeccionarlo. Le sigue Aldrin. 10:00 p.m.- El Control de Ia M1si6n da las buenas noches a la tripulaci6n.

11:12 p.m. -La velocidad de Ia nave espacial ha bajado a 911,3 metros por segundo, justo antes de entrar en la esfera de influcncia de Ia Luna a un punto situado a 33 823 millas nauticas de esta. JULIO 19 6:58 a.m . - Los astronautas !Iaman de Ia Misi6n para inquirir sobrc la de rumbo programada y se lcs dice cancelado. Sc lcs aconseJa tambien van a dormir.

a! Control correcci6n que se ha que vuel-

8:32 a.m . -- El Control de Ia l\fisi6n emite !a senal para despertar a Ia tripulaci6n, a fin de que desayune y realice sus tareas de atenci6n a Ia nave. 10:01 a.m.- Se comunica a los astronautas las notlcras del ella v se les informa cl interes mundial por Ia m'isi6n lunar. 10:31 a.m. -- Collins informa: "Houston, ha habido para nosotros un cambia autcntico. Ahara vcmos otra vez estrellas y por primera vez dcsde que empcz6 el viaje reconocemos las constelacioncs. El cielo esta lleno de estrellas, como una noche de Ia Tierra. Pero hasta este rnornento solo hernos visto cstrellas ocasionalmente y si acaso a traves de los monoculares, pero sin reconocer ninguna formaci6n cstelar" .

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6:57 p.m.- Armstrong y Aldrin reptan por el tunel y pasan al Modulo Lunar para otra inspeccion. La nave espacial recorre en torno a la Luna una orbita completa cada dos horas.

10:42 a.m.- Armstrong anuncia: "La vista de Ia Luna que hemos tenido recientemente es en verdad espectacular. Llena unos tres cuartos de Ia ventana-escotilla y, por supuesto, podemos ver su circunferencia entera, aunque parte de ella esta en sombra total y parte en el brillo de Ia tierra. Es un espectaculo que justifica el viaje".

JULIO 20 9:27 a.m.- Aldrin repta hacia el Modulo Lunar y empieza a potenciar la nave. Una hora mas tarde, Armstrong entra en el ML y juntos siguen verificando los sistemas y despliegan las patas de aterrizaje.

12:58 p.m.- El Control de Ia Mision informa a Ia tripulacion: "Estamos a 23 minutos del encendido para la IOL ( Insercion 6rbita Lunar). El Director del Vuelo, Cliff Charlesworth, consulta ahara a los controladores del vuelo sabre Ia situacion." Y rapidamente, a los pocos segundos: "Estan ustedes listos para la IOL". Aldrin replica: "Bien, listos para Ia IOL."

1:46 p.m.- La nave de aterrizaje se separa del Modulo de Manda dentro del cual Collins sigue en orbita alrededor de Ia Luna. 2:12 p.m.- Collins enciende los cohetes de la nave de mando y se aleja unos 3 kilometros.

1:13 p.m.- La nave espacial pasa completamente detras de Ia Luna y por primera vez se corta el contacto radiofonico con la Tierra.

3:08 p.m.- Armstrong y Aldrin, volando con los pies hacia adelante y Ia cara hacia abajo, encienden por primera vez el motor de descenso de Ia nave de aterrizaje.

1:28 p.m.- El cohete principal de la nave, un motor con un empuje de 9 298,6 kilos, se enciende durante unos seis minutos con objeto de que el vehiculo pierda velocidad y pueda ser capturado por la gravedad lunar. Todavia se halla detras de la Luna. La orbita resultante va de un minima de 61,3 millas nauticas a una distancia maxima de 168,8 millas nauticas.

3:47 p.m.- Collins, volando en Ia nave de mando, que sale de atras de Ia Luna, comunica a Ia Tierra que Ia nave de aterrizaje esta bajando sabre Ia superficie lunar. Es lo primero que llega a! Control de Ia Mision sabre el descendimiento. "Todo procede sin tropiezos. i Maravilloso!", informa Collins.

1 :55 p.m.- Armstrong dice al Control de la Mision: "Damas el primer vistazo al Iugar de aterrizaje. Ahara pasamos sabre el crater Taruntio y las fotos y mapas que trajeron los Apolos 8 y 10 nos dan una buena indicacion previa de lo que debemos buscar. La vista se asemeja mucho a las imagenes; pero es como Ia diferencia que hay entre presenciar de veras un juego de futbol o verlo en television, nada puede sustituir al hecho efectivo de estar ahi." Unos 15 minutos mas tarde aiiade: "Se presenta de un gris mas claro, y, a medida que uno se acerca al punto subsolar, se ven claramente tonos pardos y castaiios en el suelo." Y de nuevo, a los pocos momentos: "Cuando una estrel!a se pone aqui, no quedan dudas al respecto. Un momento esta ahi y al siguiente ya desaparecio del todo." 3:56 p.m.- Empieza una transmision televisiva de la superficie lunar. Pasando en direccion oeste, a lo largo del borde este del lado visible de la Luna, la camara esta especialmente enfocada sobre la zona escogida para el aterrizaje. 5:44 p.m. - Mientras la nave espacial pasa detras de la Luna, se enciende por segunda vez el motor principal, ahora por 17 segundos, para estabilizar Ia orbita aproximadamente en 54 por 66 millas nauticas.

4:05 p.m.- Armstrong acelera el motor de modo de restar velocidad al ML antes de caer sobre Ia superficie de Ia Luna. El aterrizaje no es facil. El Iugar a! que se acercan se encuentra a cuatro millas del punto-meta, en Ia orilla suroeste del Mar de la Tranquilidad. Viendo que se aproximan a un crater del tamaiio de un campo de futbol y cubierto de grandes peiias, Armstrong toma el control manual y timonea la nave hacia un Iugar mas llano. Los !atidos de su corazon han aumentado del ntlmero normal de 77 a 156. Mientras Armstrong pilotea Ia nave, Aldrin le comunica las lecturas de Ia altitud: "Setecientos cincuenta y cinco pies, bajando a 23 grados. . . 700 pies, 21 abajo. . . 400 pies, abajo en nueve. . . Atencion a esa sombra. . . 75 pies, todo parece bien. . . Encender las luces ... Levantando a! go de polvo. . . 30 y medio pies abajo. . . Sombra !eve.. . Cuatro adelante. Cuatro adelante, derivando a la derecha un poco. . . Contacto luz. 0 kay, apagar motor." Cuando las varillas sondas, de 172 centimetros de largo, situadas debajo de tres de las cuatro patas de la nave, tocan el suelo, se enciende una luz en el tablero de instrumentos. Armstrong apaga el motor. 4:18 p.m.- La nave se asienta con una sacudida casi como la de un avion jet que aterriza

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Fotografia de Ia Luna seiialando los lugares de alunizaje del Apolo 11 y el previsto para el Apolo 12

en una pista. Queda inclinada a un angulo de no mas de cinco a nueve grados hacia la derecha de la Luna, segun como se la ve desde la Tierra. De inmediato, Armstrong avisa por radio al Control de la Misi6n: uEz Aguila ha aterrizado." Aldrin, asomandose a la ventanilla del ML dice: "Mas tarde nos ocuparemos de los detalles, pero se ve como una colecci6n de casi cada variedad de formas, angularidades, y granulosidades y de cada especie de rocas que seria de esperar. El color varia mucho segun este uno mirando. . . No parece que haya un color general; sin embargo, parece que algunas de las rocas y peiiascos, de los que hay muchos cerca ... van a resultar de colores muy interesantes."

Momentos mas tarde comunica que esta viendo muchos crateres, algunos de hasta 30 metros de diametro, pero en su mayoria de unos 30 a 60 centimetros. Ve riscos de 6 a 9 metros de altura, bloques de 60 centimetros de formas angulares, y una colina a un kil6metro o kilometro v medio de distancia. Por '{,ltimo, al describir Ia superficie, Aldrin dice: "Es practicamente incolora. Es gris y de un gris yesoso muy blanco cuando uno mira la linea de fase cero, y es de un gris considerablemente mas oscuro, mas como gris ceniza, cuando uno levanta la vista 90 grados hacia el Sol. Algunas de las rocas superficiales, aqui cerca, han sido rotas o removidas por el motor cohete y estan recubiertas de gris claro afuera, pero las rotas se ven por dentro de un

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gris oscuro, muy oscuro, y podria ser basalto." La primera tarea posterior al aterrizaje consiste en preparar Ia nave para el despegue, en asegurarse de que todo esta listo para ascender a Ia cita con Ia nave de mando que traza orbitas arriba. est~'t en arden, Armstrong radia Ia recomendacion de que proyectan iniciar Ia AEV (Actividad Extra Vehicular) , antes de lo programado originalmente, hacia las 9:00 p.m. EDT. El Control de Ia Mision responde: "Les apoyaremos en to do momenta."

6:00p.m.- Dado que todo

10:39 p.m. - Mas tarde de las 6: 00 p.m. propuestas, pero con mas de cinco horas de anticipo al programa original, Armstrong abre Ia escotilla del ML y se haec pasar por Ia apertura. Es una maniobra lenta. Sujeto a las espaldas !leva un sistema de sustentacion vital y comunicaciones que pesa 38 kilos en Ia Tierra y 6 en Ia Luna, con los elementos necesarios para Ia presurizacion, el suministro de oxigeno y Ia eliminacion del anhldrido carbomco. Armstrong se mueve despacio a! descender Ia escalera de 3 metros y nueve escalones. AI llegar a! segundo escalon, tira del "Anillo-D", al alcance de la mano, que descubre una camara de television colocada de modo tal en el ML que tamara al astronauta a medida que se desplace a partir de ese punta. Armstrong baja la escalera y se detiene en el ultimo escalon. "Estoy al pie de la escalera - informa- . Los discos en las patas del ML han deprimido la superficie lunar solo de 2.5 a 5 centlmetros. . . cuando uno se acerca, la superficie parece de un grana muy, muy fino, es casi como polvo." 10:56 p.m. - Armstrong pone el pie izquierclo en Ia Luna. Es la primera vez en la historia que el hombre pisa algo que no ha existido ni se ha originado en la Tierra. aEste es un corto paso para un hombre, pero un salta gigantesco para la humanidad", dice Armstrong por radio. Aldrin toma fotos desde el interior de la nave. La primera huella marcada por el peso de un hombre en Ia Luna es la dejada por una bota lunar que semeja un enorme chanclo para Ia lluvia. La suela es de caucho silicon y los !ados, con sus 14 capas, son de plastico aluminizado. Se Ia diseiio especialmente para que de superaislamiento; pero ademas es a prueba de raspaduras y tiene un grado muy bajo de friccion para facilitar el ponersela. En Ia Tierra pesa 2.131 kilos, en Ia Luna 340 gramos. Armstrong inspecciona brevemente los alre路dedores y Iuego empieza a moverse, poniendose a prueba en un ambiente gravitacional equi-

valente a un sexto del de Ia Tierra. "La superficie es fina y polvorienta -dice-. Puedo removerla facilmente con Ia punta del pie. Se adhiere en capas finas, como carbon pulverizado, a Ia suela y los costados de mis botas. No p enetro en Ia superficie mas de dos y meclio centlmetros. Quiza media centimetro, pero veo las huellas de mis botas y los rebordes de Ia suela en las finas partlculas arenosas. "No parece que haya dificultades para el movimiento, como temlamos. Quizas es incluso mas facil que en las simulaciones .. . " Armstrong empieza a cobrar confianza y empieza a hacer una primera recogida de muestras de suelo en las proximidades de la nave. Para esto se vale de un saco en Ia punta de un baston. "Esto es muy interesante -observa-. Es una superficie muy suave, pero aqui y alia. . . tropiezo con una superficie muy dura, si bien parece ser un material muy cohesivo del mismo tipo . . . Posee una severa belleza, muy especial. Se parece a gran parte del desierto de los Estados U nidos." Llena un saquito de suelo y lo guarda en un bolsilln en Ia pierna izquierda del traje espacial. Esto lo haec inmediatamente, de conformidad con el plan, para tener Ia certeza de que a! menos una parte de Ia superficie lunar volvera a Ia tierra en caso que deba interrumpirse Ia mision.

II : 11 p.m. - Despues de bajar a Armstrong una camara Hasselblad de fotofijas, Aldrin emerge de Ia nave y baja de espaldas Ia escalera mientras su compaiiero lo fotografia. "Estas rocas ... son bastante resbalosas", dice Armstrong. Los astronautas informan que Ia superficie polvorosa parece llenar los poros finos de las rocas, y ellos tienden a deslizarse sabre elias con gran facilidad. Armstrong instala en Ia camara de television una Iente de larga distancia focal y Ia apunta sabre una pequeiia placa de acero colocada en una de las patas de Ia nave de aterrizaje. Dice Ia placa: "Aqui, hombres del planeta Tierra por vez primera pusieron pie en la Luna en julio de 1969 A.D. Venimos en paz y en nombre de toda Ia humanidad." Debajo de Ia inscripcion aparecen los nombres de Ia tripulacion del Apolo y el del presidente Nixon. A continuacion, Armstrong quita la camara de su posicion en el ML y Ia Ileva a unos 12 metros, de manera que