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MAGAZINE MCP micrófono para hacerse oír mal puede hacer llegar su voz el público, que no lo tiene. Además, esperar que todos los interesados expresen sus ofertas en voz alta, sería imprimir al remate una lentitud de tortuga. Basta, pues, que el rematador interprete claramente la oferta, que no haya la menor duda de que la oferta se ha formulado. Por ejemplo: un interesado ofrece cien pesos el metro cuadrado, otro dice ciento uno y un tercero levanta la mano. El rematador interpreta que éste ha dicho ciento dos y ésa es la cifra que pronuncia. Otro hace un ademán con la cabeza; el rematador dirá ciento tres, y así sucesivamente. En una instantánea y recíproca comprensión la oferta queda en firme. Puede darse el caso de surgir una mala interpretación, de parte del rematador pues el presunto oferente manifiesta que él no ha ofrecido. Entonces se repite la oferta del penúltimo que la formuló. Ha de empezar en voz baja, que apenas se oiga, para que el público ponga el oído, y preferiblemente con timidez y aparente dificultad para ir subiendo lentamente el tono, hasta llegar a una calculada plenitud. Es de buen efecto psicológico que cuando el rematador desarrolla su tema, vaya mirando los semblantes de los concurrentes, como si hablara exclusivamente para cada uno de ellos. A todos nos place que nos tengan en cuenta, porque todos nos creemos un poco el centro del universo.

Ni lo mejor ni lo peor

Vamos a tomar como ejemplo el remate de un loteo, porque es el más complejo y también el más difícil de todos. Si se trata de una subasta de unidades de valores diversos, no empezará nunca por lo mejor ni por lo peor sino por los valores intermedios. Al vender de entrada lo mejor liquida con los lotes la expectativa, y puede también ahuyentar al público, que piensa que los precios superan sus cálculos; si vende lo peor puede envilecer el remate, llevando al público a creer que esos terrenos valen menos de lo que realmente valen. Debe empezar señalando claramente el lote que va a vender, pronunciando su número y el de su manzana y anunciando la base. Si el remate fuera sin base, lo hará constar, y pedirá ofertas. Si alguien dijera la base, el rematador debe aceptarla, y buscar de inmediato su superación. Por ejemplo: Base setenta mil pesos. Setenta, setenta ¿Cuánto más vale? Nunca debe decirse ¿No vale más? ¿No hay más? Expresiones en el fondo, negativas, que invitan a no ofrecer. Porque siempre se supone que vale más. Puede sustituirse, por ejemplo por esta expresión positiva: Oferten, señores, rápido... Debe limitarse la pronunciación de los números, y no remarcar las cifras finales, lo que es de buen efecto estético, pero no psicológico, porque hace pesado el remate, dando la sensación de que se busca la oferta que no Colegio de Martilleros y Corredores Públicos de Santa Fe -1ra. Jurisdicción

Magazine mcp 01 2015  

MAGAZINE MCP Herramientas para el Ejercicio Profesional Nº 01 - Marzo 2015 - Publicación Trimestral

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