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Colegio de Médicos y Cirujanos de Costa Rica

Boletín Informativo 11 de abril del 2014

N° 014-1004-14

“Un Colegio para todos”


Reflexión EN ESTA SEMANA SANTA, QUEREMOS COMPARTIR UNA LINDA REFLEXIÓN, ESTAMOS SEGUROS QUE LES MOTIVARÁ. Carta a mi médico Autor: Jean Guitton

Querido doctor Biot: Cuando era niño, me gustaba, como a todos los niños, estar enfermo. Fue entonces cuando, por primera vez, oí pronunciar aquella palabra que tantas veces encontraría en mi vida como signo de gran dignidad: la palabra «doctor». Tanto para mí como para los otros niños, el doctor era el ser mágico por excelencia: el ser que adivina, alivia y conforta; y, para uno de mi edad, aquel que se hallaba cerca del abuelo o de la abuela en el momento del último respiro. En aquel tiempo pensaba que el doctor, estando presente tanto en el inicio como en el final de la vida, era el hombre que conocía todos los secretos de la vida y de la muerte. Y a la edad de diez años, ya ambicioso, mi sueño era el de convertirme un día en médico yo también. ¡Cómo me falta, querido doctor! Durante tres años —hasta la muerte—, usted me ha cuidado y sanado. Y desde entonces no he podido encontrar un médico semejante a usted. Lo que me acercó a usted —al punto de haberse convertido en mi amigo— es el hecho de que, además de médico, era usted un verdadero filósofo. Abrigaba la idea contraria a la del famoso Doctor Knock, de Jules Romains, a quien había ido a aplaudir al teatro, según la cual todo hombre sano es un enfermo que no sabe que lo es. Usted me ha enseñado, por el contrario, que todo hombre que se lamenta de sus sufrimientos es un hombre sano que ignora serlo. Esta era, por otra parte, la teoría de Hipócrates y la de los grandes médicos chinos. Por lo tanto, su convicción era la de que el médico es aquel que impide que uno se enferme y al que ya no es necesario consultar —ni pagar— cuando se ha caído en cama. El médico debe enseñarnos la higiene, es decir, el arte de no enfermarse. Querido doctor Biot, usted enseña la sabiduría de la que es necesario dar prueba para no estar nunca enfermo. Esta era su medicina y ésta, también, su filosofía. Otra de sus ideas era que el cansancio no proviene de aquello que se hace. Lo que se


hace, si se realiza a fondo, con pasión y con toda el alma, no cansa nunca. Lo que cansa es el pensamiento de lo que no se hace. Es usted, doctor, quien me enseñó que yo estaba hecho para el surmenage. Era, y lo soy aún, un gran nervioso. No sé hacer nada. «Sobre todo, sobre todo —insistía usted cuando lo llamaba a casa— «no debe fatigarse: se enfermaría». Después daba usted su consejo médico: «Cuando repose, repose a fondo; cuando se distraiga, distráigase a fondo, y cuando coma o beba, hágalo a fondo igualmente». Solía decirme que el gran secreto de la felicidad, el arte supremo de la vida, era practicar eso que los místicos llaman «abandono». Bergson me dio un consejo similar cuando me dijo un día: «De ahora en adelante he decidido hacer sin fatiga lo que en otro tiempo hacía con ella». Era la regla de Santa Teresa del Niño Jesús y la de todos los grandes místicos. De este modo, para estar bien, usted prescribía simplemente suprimir la fatiga. Me citaba a menudo estas palabras de Goethe: «Sufro por lo que no sucederá y tengo miedo de perder lo que no he perdido». Usted fue un precursor. Había entendido —medio siglo antes que los demás— que la era en la que entrábamos sería una era en la que los problemas de salud y de equilibrio entre el alma y el cuerpo serían los principales problemas. Antes que los otros intuyó que ninguna acción era buena si no encarnaba un pensamiento, que todo pensamiento implicaba una ética y que toda ética implicaba a su vez una filosofía superior o una religión. Su cualidad principal era la de estar disponible a cualquier hora del día. Era devoto, gentil, jovial. Ponía en todo esa mezcla de ironía y amor llamada humorismo. Contra lo que podría creerse, el humorismo no está muy lejos del amor: el humorismo es el amor oculto bajo el velo de la ironía. Al término de su visita, usted escribía sobre un papel finísimo la receta: «Ninguna cura porque no hay nada que curar». Un día, en la parte inferior de la hoja, escribió: «Oportuno el uso del bastón». Desde entonces el bastón no me ha abandonado nunca. Estaba usted en lo cierto: el bastón es como un gentil compañero, mudo y dulce, que me une al suelo. Hoy, dado que el número de mis años se acerca al siglo, me pregunto a veces cuáles son los consejos que me daría para ayudarme a envejecer como se debe. Entonces vienen a mi mente dos consideraciones suyas: «Envejecer significa tener todas las edades». Y ésta otra: «Envejecer significa ver a Dios más de cerca». Doctor, usted tiene razón.


Acto Solemne de Juramentación La semana anterior 84 nuevos colegas dijeron si juro al Juramento hipocrático comprometiéndose a respetar los valores y principios de la ética médica en un concurrido acto de juramentación donde se tuvo la oportunidad de homenajear a la Dra. Ligia María González Cordero.

Dra. María González Cordero, homenajeada de la noche.


Acto Solemne de Juramentaci贸n Esta semana 67 nuevos colegas dijeron si juro al Juramento hipocr谩tico en un acto de juramentaci贸n donde se tuvo la oportunidad de homenajear al Dr. Roberto Cervantes Barrantes.

Dr. Roberto Cervantes Barrantes, homenajeado de la noche.


Horario de la Semana Santa

Estimados Agremiados, las oficinas administrativas del CMC estarán cerradas a partir del día viernes 11 de abril hasta el lunes 22 de abril, con motivo de la celebración del Semana Santa. El Club Médico estará funcionando con el horario habitual excepto el día viernes 18 de abril. Les agradecemos concientizar el uso del agua potable ya que la zona se encuentra con racionamientos en este servicio.


Convocatoria Asamblea General Extraordinaria


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Convenios CMC


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