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matienschĂśn

FUTURO Ariela Bergman Cecilia Huberman Gonzalo Silva Laura Preger Paula Aparicio

6 a 31 de julio de 2016 Curadora: Tam PainĂŠ Ciai Averbach


El futuro solo es asible desde un pensar, re pensar, revisar, volver e integrar el pasado. El presente es el instante en que las fronteras de pasado y futuro se desarman. En cada instante se nos repliegan todos nuestros pasados por sobre nuestro cuerpo. Cada llanto es nuestro primer llanto y también contiene todos nuestros llantos anteriores. Nuestro llanto también aparece en referencia al encuentro de nuestra percepción con la de los otros. Entonces, un llanto contiene todos nuestros llantos del pasado, los llantos de lo que el otro nos replica y significa. Y en cada uno de estos pliegues reside la potencia para nuestro encuentro con el futuro. Instante es el límite que separa pasado del futuro, nunca nadie lo percibe; cuando creemos sorprenderlo, ya está lejos de nosotros, dice Bergson. Los instantes, entonces, son pliegues que contienen pasado, presente y guardan la potencia del porvenir. Para poblar el presente y hacer posible el futuro es necesario desdoblar los pliegues, mirarlos, olerlos, tocarlos, aferrarse a ellos y empezar a habitarlos. Tomar un pliegue, recorrerlo y volver a plegarlo. FUTURO es una muestra colectiva. Durante FUTURO, la sala funciona como un gran dispositivo. Cada obra tiene una serie de instructivos que hacen a la construcción de un recorrido a modo de rito. Es un rito de transición en el tiempo. La acción presente (poner el cuerpo) de recorrer las obras, que están seleccionadas por su tinte melancólico (pasado), funcionan como la posibilidad de asir el tiempo y así poder concebir un futuro. Es decir, el recorrido de la muestra funciona como una máquina del tiempo que no avanza ni retrocede sino que se detiene a observar el tiempo. Durante el recorrido se tensan los vínculos de la muestra con el pasado personal.


Diego Ezequiel Litvinoff

UNA MUESTRA QUE PLIEGA EL TIEMPO SOBRE EL ARTE Futuro es una indagación sobre el tiempo. Una misma pregunta dispara cada una de las obras. Distintas respuestas dan cuenta de su multiplicidad. Es que el tiempo no es sino siendo y en el devenir de cada propuesta se plasma una concepción, que no contradice a la otra, sino que la enriquece. Pero las variaciones sobre el tiempo no atraviesan sólo a las obras. Junto con la imagen y el sonido, una serie de textos involucran al espectador, exigiendo que abandone su pasividad, para que la temporalidad propuesta se haga carne en su propia experiencia. Para establecer el diálogo entre las distintas propuestas, la curadora Tam Painé Ciai ofrece un texto introductorio, que plantea la complejidad del tema abordado. Su lectura invita a que la circularidad de la sala sea abierta a los pliegues que componen las distintas formas de temporalidad expresados en cada propuesta. La primera obra, realizada por la propia curadora y Selva Aimé Ciai, muestra una sucesión de imágenes borrosas, que van perdiendo el foco, mientras se observa la caída incesante de una copiosa lluvia. Una música minimalista, que se reitera incorporando imperceptibles variaciones, intensifica el dramatismo. El tiempo, como una eterna repetición de lo


idéntico, parece esbozarse con la forma de la memoria de un trauma que no logra superarse. Pero la consigna que invita a escribir el recuerdo, actualizarlo e introducirlo en una botella para lanzarlo al futuro, rompe la reiteración presentada, abriendo el diálogo entre lo que permanece y lo que se borra, lo que se escribe y lo que se pierde en la nada, en la botella que, ¿alguna vez será encontrada? Un tiempo denso, circular, pero abierto, es lo que se experimenta ante cada elemento que compone esta obra. La propuesta de Ariela Bergman se despliega a partir de un plano secuencia sobre un aparador infinito, que permite experimentar una forma distinta del tiempo. Este mueble inútil de la cotidianeidad burguesa, destinado a ser un punto focal de la sala de estar, recogiendo en él retazos de un tiempo petrificado bajo la forma de objetos que configuran un recuerdo siempre pasado, es puesto en movimiento. Sucediéndose uno tras otro, los souvenires y adornos decorativos recuperan así su carácter efímero, apareciendo y desapareciendo ante los ojos de un espectador, que no debe seguir ninguna consigna, sino tan sólo evidenciar cómo el tiempo entendido como sucesión rompe la cristalización aparente que configura el recuerdo. Tres recomendaciones sugiere Paula Aparicio para atravesar un portal y sólo dos fotografías componen su obra. Las primeras dos (respirar y enderezar) se hacen visibles en los gestos del rostro de la artista (el sujeto) y la puesta en escena (el objeto), dando cuenta de la dificultad de la tarea a realizar, que requerirá de un esfuerzo para sortear los obstáculos de un terreno cavernoso. La tercera recomendación (sonreír) no se hace visible, sino que, como síntesis dialéctica, aparece en la promesa de un futuro que se proyecta hacia una temporalidad abierta, que, por ello mismo, no logra configurar una imagen. La obra de Gonzalo Silva se conforma a partir de la combinación de


dos bienes de uso que proponen una singular concepción de la temporalidad. El espectador es invitado a depositar en una balanza un objeto personal cuyo peso será registrado por un reloj. El peso del tiempo, condensado a partir de los objetos personales y medido por las agujas que avanzan, pone en evidencia el modo en el que se contrapone la cronología con la sedimentación, y el flujo con el peso, mediado por el objeto poseído. También Laura Preger intenta hacer estallar la sucesión construida por el dios Cronos. Ridiculizando en un audiovisual a la computadora que marca la hora cuando se llama al número de teléfono 113, no sólo expone lo absurdo de dicha repetición. A partir de errores, idas y vueltas, y todo tipo de desajustes, muestra el carácter forzado de una construcción temporal concebida como natural. El tiempo como construcción novedosa es lo que se desprende de la obra de Cecilia Huberman. Recuperando la tradición del arte concreto, sobre fondos monocromáticos, la artista erige construcciones arquitectónicas imposibles, que no intentan reproducir las que se presentan en el espacio, sino plasmar visibilidades originales, construidas a partir de principios aparentemente propios de la arquitectura, pero ensamblados de acuerdo a criterios de orientación de la mirada. Completando la obra, esos mismos elementos se le ofrecen al espectador para que se apropie de su futuro, combinándolos de modo tal que pueda él también construir un objeto novedoso. No hay tiempo sino tiempos, es el aforismo que se desprende de Futuro. Y en su complejidad y diversidad, desde las obras se proyecta hacia el espectador, que no deja de verse atravesado por sus pliegues y repliegues, que lo llevan del pasado denso al presente cuestionado, para abrirse un futuro inciertamente novedoso.


Cecilia Huberman


Paula Aparicio


“tomar un pliegue, recorrerlo y volver a plegarlo”. leí esta frase y pensé en un pliegue de papel, o dos, y recordé esa figura hecha de pliegues de papel con la que jugábamos siendo chicos en el recreo (aunque nunca me salió armar una con mis propias manos, que yo recuerde), y no puedo acordarme de su nombre. era un pequeño artilugio que desplegabas con los dedos, y en el cual cada punta de la hoja revelaba, al abrirse, un color, un número, una palabra. internet dice que a esta cosa se la puede llamar de alguna de todas estas formas: adivinador, juego de la fortuna, cielo e infierno, día y noche, cumpleaños, estafador de sueños (todos nombres fuertísimos, así le llamábamos a un juego con el que pasábamos el rato en el recreo ?) . digo recreo y digo futuro y me cuesta creer que yo misma sea una sola persona que lleva en su historia el paso por un colegio y el paso de mi cocina a la mesa, ahora, para sentarme a escribir algo sobre un ciclo llamado futuro. nosotros mismos nos hemos convertido en el juego de papel en el que ahora pienso. en una punta estoy yo jugando a la escondida, a los diez años, y en la otra estoy yo, ayer, mirando en el espejo las arrugas de mi propia piel. en una punta hay un retrato que tomó paula aparicio, casi traslúcido, en el que vemos el cuerpo de lucía, su cintura desnuda, joven, y podemos pensar (al menos yo lo hago) que puede que no haya más nada tan bello como esto, los ojos se me rompen un poco cuando caigo en la cuenta de este tipo de cosas, pero luego está el mundo;


al lado de esta foto, - al lado pero en la otra punta encontramos otra en la que hay una piedra gigante, amarilla, ocre, que traza casi el mismo recorrido en el aire que el cuerpo de lucía, pero que confiesa sin problemas miles de años de historia en su haber, y así y todo ambas reflejan, de alguna forma, casi casi la misma luz. tanto la piedra como lucía, tanto una grabación perdida que escuchamos en un par de auriculares colgados en la pared, tanto el edificio que a alguien se le ocurrió construir como la persona que luego fantaseó con ir a demolerlo, son instantes. yo soy un instante, ahora. yo soy un pedazo de tiempo que se articula constantemente, para así todo el tiempo generar y ser algo distinto. yo soy mi propio pliego, y luego me abro y soy miles, aunque también sea una sola. nos desplazamos de esta manera, abarcando lo que podemos, intentando ir, crear, jugar a armar el futuro, pero luego nos es necesario volver y recapitular, si es que queremos seguir. habitar la transición hacia el recuerdo, y habitar el recuerdo en sí; la punta de la hoja nos dice, nos revela - y quizá por esto nos cuesta tanto habitar o habilitar el recordar que ya no somos exactamente lo que éramos antes aunque sigamos siendo casi lo mismo. y volvemos a plegar .

TXT: Mariela Paz Izurieta, sobre la obra de Paula Aparicio


el futuro, capítulo I Los miércoles de julio en el marco de FUTURO, nos juntamos a recapitular. Tres encuentros de literatura, proyecciones y música entre las obras, con Mica Freire, Antolín, Fradi, Morita, Laura Preger, Mariano Ramis, Javier De Azkue, Paula Aparicio, Joa Joys, América Analógica, Hernan Martínez y Juan Aguilar. Aquí una selección de los textos leídos en la primera de esas noches.


mora sánchez viamonte en un pasado lejano me raspé la rodilla en una pileta y la piel quedó flotando en el agua y me quedó una marca permanente que se pudo ver en el futuro. en un pasado cercano estacionamos el auto a tres cuadras de matienzo. en un futuro cercano comprobaremos si el auto está rayado porque discutimos con el señor que cuida. a miguel una vez le robaron el stereo y además dibujaron una pija con tiza en la alfombra del piso, y cuando levantabas esa alfombra había otra pijita más. nos pareció que eso era arte conceptual. un hecho delictivo artístico nunca visto.


en un futuro cercano serán las videocaseteras las que expulsen y hagan explotar las copias piratas en el living de tu casa. no es peligroso ni ahí. mientras tanto un calco que se ve piola porque es un holograma y estamos. en un pasado cercano sentía bocha de angustia porque no tenía nada escrito pero en este presente inmediato me siento genial. en el futuro cercano probablemente lo relea y me parezca basura. me da un poco de miedo el futuro lejano cuando todos estemos viejos o muertos. me da un poco de miedo el futuro cercano porque me dijiste que teníamos que hablar y ya me imagino de qué será. en un pasado mucho más lejano hubo dinosaurios y eso estuvo bueno porque hizo posible que se haga la película jurassic park que a todos nos gustó mucho, sobre todo la parte en que los velocirraptors aprenden a abrir las puertas y un poco también cuando explican lo del mosquito en el ámbar. lo que más me gusta del pasado es cuando vivía mi abuelo y nos llevaba a un mayorista de golosinas que se llamaba yupa y podías elegir un caja de algo. del futuro me va a gustar probablemente la pizzería a la que vayamos, pero no cuando me dejes. del presente me gusta mi pelo hoy que el clima está seco y no se arma frizz. no sé desde cuando existe la palabra frizz pero es una buena incorporación. en un ranking de pasados el mejor es el pluscuamperfecto porque es más pasado que los otros y porque decir pluscuam es raro y está bueno.


micaela freire Los niños del futuro nunca podrán saber lo que es realmente Rebobinar. La acción física de rebobinar una cinta, experimentar ese placer. Algo mágico sucedía mientras la cinta corría hacia atrás. Se destrababa, se deslizaba torpemente, haciendo un sonido ondulante e hipnótico. Un mecanismo la detenía, y a partir de ahí sólo podía ir para adelante. Era Rebobinar y cuenta nueva: los enamorados aún no se habían conocido, los malos ni habían pensado su venganza, los fallecidos trágicamente aún tenían toda su vida por delante. Ese hueco legal en el tiempo, ese optimismo y emoción de saberse prevenido, saberse seguro en el conocimiento de lo que aún no pasó, todo aparecía con cuando uno rebobinaba. Me encantaba. Dejar marcas en la cinta, rastros de qué parte se veía más de acuerdo a cómo resbalaba un poco el sonido o aparecían marcas plateadas en la imagen. “Drops”, gotas, un caudal incontable de momentos reproducidos una y otra vez. Creo que jamás escuché la música de Gativideo como fue grabada, siempre, siempre las notas resbalaban, como un chiste interno, entre nosotros, los controladores del tiempo. Cuando alquilaba una película y no venía rebobinada, inmediatamente imaginaba una historia detrás, una memoria detrás, otro controlador, como yo. “Seguro que le dio


miedo y paró antes de que se ponga fea la cosa”, “Terminó, no entendió esa parte rara y se la puso a ver de vuelta”, “Es que esta canción es muy linda, claro que hay que escucharla más de una vez”. No había spoilers, sólo rebobinadores negligentes. Los niños del futuro no podrán escuchar el lamento de un walkman con pocas pilas. Las canciones ralentadas. La tardanza incalculable de la deformación y el placer del tiempo estirado. El esfuerzo innecesario para que dure un poco más. No podrán entender el poder de una cinta scotch, un elemento con la misma magia que una varita, convirtiendo vhs en vírgenes, imprescindible para un ejército de reproducciones. Multiplicando recuerdos, generando registros, respaldando información aleatoria y que se convertiría en amatoria. Los niños del futuro podrán googlear (porque una vida sin google no es futuro) y encontrar cosas desprovistas de sentido para ellos, y de emoción para nosotros como “Verbo transitivo. Hacer que una cinta se desenrolle de una bobina y se enrolle en otra”. Quizás tengan un poco más de suerte y encuentren algo como “Asimismo, se emplea para manifestar que gustaría volver atrás en el tiempo”. A riesgo de sonar como si tuviera algún síndrome distópico, pienso en los niños del futuro. Con su hermoso universo de píxeles, su inigualable mundo touch y virtual a la vez. Pero nosotros, los niños de las cintas, los rebobinadores, tenemos la memoria dropeada, marcada de manera analógica, fiel. Nosotros fuimos dueños del tiempo. Una y otra y otra vez.


antolín

El futuro no existe, es solamente un color Soy demasiado joven para ver el Cometa Halley Pero lo veré cuando tenga 80 años. Él volverá grande, brillante y pleno Y yo estaré despidiéndome del mundo. Desesperado y quemado. Mi pelo estará gris, Mi piel rota por los pinchazos azules. Desheredado del mundo. No tendré plata para pagar el alquiler de mi monoambiente ni para teñirme el pelo. Eso no importa. Volveré al polvo y seré cuidado para siempre completamente gratis.


Sé donde voy a dormir mañana, sé qué voy a comer mañana sé cuántas palabras voy a pensar mañana jamás tomaré mis vitaminas nunca usaré calcetines voy a blanquearme el cabello comeré cualquier cosa 40 dólares en pizza. estaré poseído por mi propio departamento. y cuando pierda todo mi dinero perderé tambien mi mente porque nada de eso importa. voy a pasear en tren con los vagabundos. vamos a ver juntos los edificios que se alejan me emborracharé en clubes de ajedrez. iré a la lavandería y leeré todas las revistas tomaré de un sorbo mi café negro de un sorbo rápido mi vida porque sé que en algún universo paralelo mamá está esperándome en el auto, porque sé que en algún universo paralelo habrá una manera de volver a casa.


Quiero saber qué etapa de mi vida va a venir. mis etapas duran desde 1 semana a 2 meses aproximadamente. cuando llega el final de una etapa se forma un aura, que es el aura de la próxima etapa. ese momento es como el ojo del huracán. un huracán larguísimo. el cambio de etapa viene acompañado de un profundo rechazo a la etapa anterior (es inevitable). en este momento no tengo canción ni poema favorito. no me gusta la ropa que uso. mañana voy a salir a comprarme ropa, la ropa de mi próxima etapa. cuando la vea sabré cuál es. seguramente para nada elegante ni sofisticada, algo humilde y sencillo como el cáliz de cristo.


fradi I en las paredes adentro en las paredes afuera el ritmo de un parche de cuero rebota en una guarida cavernosa bajo sábanas rodeada de transparencia pegajosa a los oídos a los labios en las paredes adentro en las paredes afuera el ritmo programa todos los artificios de grandes máquinas

montadas bajo sábanas de manera primitiva pero adelantada al futuro hacia el cual viajamos botones luces en las paredes adentro en las paredes afuera rojas azules amarillas violetas verdes bajo sábanas se configuran se programan se envalentonan con las distancias


kilométricas en las paredes adentro en las paredes afuera desde las cuáles se puede observar nos es fácil distinguir su sonido fulminando el cielo y llegando bajo sábanas inclusive a los envases en góndolas de supermercados aunque estén cerrados ambos en las paredes adentro

en las paredes afuera sonreímos y volvemos la cara al inicio la vuelta al orígen a una playa bajo sábanas desmenuzada por un sol y un viento abanicando naves como globos oculares rojísimos en las paredes adentro en las paredes afuera


II ¿a vos también el cuidado de no ser afectivamente inconsecuente te arrastró el cuerpo hacia un estado pasivo que engorda mientras pasan las décadas? ¿esas décadas que pasan a veces dentro de una semana? ayer, cuando tuve el cuerpo en contacto sincrónico, al borde del desgaste absoluto con la mirada distorsionada entre las luces pensé en eso, por un momento te juro que lo tuve en cuenta distraerse es fácil cuando casi llorás será por eso que después casi reís al toque

por algo seguramente poco memorable distraerse es fácil y cuando te distraés engordás hacia un estado pasivo mientras pasan los segundos y sabés que si no te rescatás al toque la vas a pasar mal durante décadas de esas que pasan a veces dentro de una semana ¿a vos también el cuidado de no ser afectivamente conscecuente te arrastró el cuerpo hacia un estado vital que engorda con el paso de las semanas? ¿de esas semanas que se extienden a veces durante décadas?


III en simultaneidad con otros tiempos como los restos de cheddar del costado de una hamburguesa dentro de su envoltorio de papel un satélite tuyo desplomandose en piezas del tamaño de esos restos te revela que funciones como “conocer (x) involucrarse (x) interesarse (x) etc (x)” no solo caducaron en la matemática

sentimental sino que quedaron pegadas al tiempo pasado como esos restos de cheddar del costado de una hamburguesa dentro de su envoltorio un satélite tuyo desplomándose en piezas a la velocidad del tiempo no que pasa o pasará sino a la del tiempo que ya pasó en simultaneidad con otros tiempos


IV decreciendo en el viaje al futuro termino por enredarte en la avenida doble mano que me lleva a ese sol, a ese viento encorsetado que mi piel no conoce en cualquiéra de sus direcciones me voy acorazando con las cuadras y pierdo capas de sensibilidad sabor cebolla con los días

remando el asfalto con uñas que pierden esmalte controlo un sentido unidireccional porque apunto tan cerca como lo inmediato mientras la mayoría apunta tan lejos como lo circular en el viaje al futuro en la avenida doble mano que me lleva a ese sol, a ese viento encorsetado que mi piel no conoce en cualquiéra de sus direcciones

IV terminás asimilando las posibilidades a los hechos, pero no te preocupes: no es solo

un error tuyo, sino de toda desesperación que empieza a descarrilar


Ariela Bergman


Gonzalo Silva

Cecilia Huberman


Laura Preger


Laura Preger

Gonzalo Silva

(Buenos Aires, 1986) es Diseñadora de Imagen y Sonido (UBA). Es co-coordinadora del área de artes audiovisuales del Club Cultural Matienzo y trabaja en postproducción de contenidos audiovisuales. Asistió a talleres y seminarios, realizó clínicas de obra con Leticia Obeid y participó de Proyecto Documental, del Departamento de Arte de la Universidad Di Tella en 2014. Realiza obras en video, instalación, fotografía y arte sonoro que expuso en La Casona de los Olivera, UNTREF, La fábrica, Matienzo, Glogauair Berlín, entre otros. Forma parte de Destrucción Masiva, proyecto musical con Maia Tarcic.

(Buenos Aires, 1991) realiza la tesis de graduación para la Licenciatura en Artes Visuales en UNA, donde también es docente ayudante. Es asistente de Pablo Siquier. Colaboró en la realización de obra para Cai Guo-Qiang en Proa y participó como performer en la obra Mareaciones de Florencia Rodriguez Guiles en Ruth Benzacar. Recibió el segundo premio en el Premio Prilidiano Pueyrredón (2015) y formó parte de los concursos de Arte Vittal, FAUNA, Proyecto A (2015), Itaú y Ópera Prima (2016). Curó la muestra Lección de perspectiva en el Centro Cultural General San Martín en 2016.


Paula Aparicio (Buenos Aires, 1989) vive en Buenos Aires. Realiza fotografía desde su adolescencia, desarrollándose mayoritariamente de forma autodidacta.

Ariela Bergman

(Buenos Aires, 1984) estudió Diseño de Imagen Sonido en la UBA, y en 2016 cursó el Programa de Artistas en la Universidad Torcuato Di Tella. Su trabajo en arte se ubica mayormente en el área del cine y el video.

Cecilia Huberman (1991) “Estudio arquitectura. Siempre me gustó hacer cosas y casas. Escribo. A veces parece que el perfeccionismo va a aniquilarme pero sigo así. Al final lo que más me importa es la música. En 2013 publiqué ‘subiendo y bajando una escalera mecánica para festejar’. Y en 2015 ‘al final el descontrol es muy tranquilo’.


matienschön es el área de artes visuales del Club Cultural Matienzo. Creado en 2009, está integrado actualmente por 9 artistas, curadores, diseñadores, historiadores y productores. Tanto en su propia sala de exposiciones, ubcada en el primer piso del Club, como en otros espacios de exhibición, Matienschön brinda recursos materiales, espaciales y humanos para el desarrollo de proyectos de arte contemporáneo. Comisiona obras, produce festivales y edita publicaciones. La identidad de Matienschön está basada en la colaboración, la experimentación y el desafío; el desarollo de experiencias habitables con lógicas artísticas, y la ampliación del acceso al arte contemporáneo.

equipo matienschön: Luz Peuscovich, Agustín Jais, Tamara Painé Ciai, Daniel Bouix, Santiago Ocampo, Rocío Relancio, Sofía Grodek, Sasha Minovich, Sonia Basch. DG: Sonia Basch, Maia Lappas y Agustín Jais.


www.matienschon.com

Futuro  
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Matienschön presenta FUTURO Exposición colectiva Obras de Ariela Bergman, Cecilia Huberman, Gonzalo Silva, Laura Preger, Paula Aparicio Cura...

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