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osa: Marip La mariposa representa la importancia de la aceptaciรณn, el poder de la naturaleza y la recompensa de aceptar el cambio.

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Tú puedes hacer la diferencia

Copyright © 2016 Cloud9WorldTM Corp. Escrito por Pamela L. Bruening, Ed.D. www.cloud9world.com, schools@cloud9world.com Cloud9WorldTM y todos sus títulos, logotipos y personajes relacionados son marcas registradas de Cloud9WorldTM Corp. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada en ningún sistema de recuperación o transmitida en ninguna forma ni por cualquier medio, electrónico, mecánico, fotocopiado, grabación o de otra clase sin el previo permiso escrito del editor. Publicado por Cloud9WorldTM Corp. Miami, FL Impreso en EUA


ACEPTACIÓN Contenido

La lección de la mariposa.................................................. 3 Más acerca de las mariposas............................................ 5 ¿Qué es la aceptación?..................................................... 6 Poniendo las cosas sobre la balanza................................ 12 Pasos a seguir...................................................................

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Crea tus propios finales para estas historias sobre la escuela Chicas risueñas........................................................ 14 El niño nuevo............................................................... 19 Diferencias culturales.............................................. 23 Crea tus propios finales para estas historias sobre el trabajo Haciendo el inventario .............................................. 26 Nuevo automóvil........................................................... 29 Día de la mudanza.................................................... 33 El reto de la aceptación..................................................... 36 Recursos................................................................................ 37


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La lección de la mariposa -¡Genial! –exclamó María. -¡Mira! ¡Ya cambió! –dijo Megan, entusiasmada. -¡Qué increíble! –Comentó Felipe. Los tres adolescentes observaban a una mariposa que estaba emergiendo de su capullo. La cámara paneó acercándose, y una voz habló desde el interior de la pantalla. -Así, después de estas etapas de crecimiento, la mariposa por fin sale con un nuevo aspecto –terminó Cristi, que estaba explicando el proceso de la transformación de la mariposa a los adolescentes. -¿A la mariposa le cuesta usar sus alas al principio? –Preguntó Megan, pensativa. -Le toma un poco de tiempo aceptar y acostumbrarse a los cambios, pero también siente un nuevo tipo de libertad una vez que se convierte en mariposa –explicó Cristi. -Yo creo que todos nos sentimos así cuando estamos ante un cambio –comentó María. -Sí –dijo Cristi. –A veces la parte más difícil del cambio es aceptarlo, ¿no?

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La lección de la mariposa

-Tienes un buen punto ahí –intervino Felipe. Estaba pensando en aquella vez que tuvo que aceptar una mala calificación porque no había estudiado. –Para aceptar los errores que cometimos en el pasado, o crecer y cambiar, necesitamos concentración y paciencia. -Me queda claro que la mariposa puede enseñarnos una lección sobre la aceptación –añadió María. -Ese sería un proyecto genial –sugirió Megan. –Podemos mostrar cómo se mueve la mariposa por las distintas etapas y cómo llega a aceptar sus cambios. -¡Buena idea! –Añadió Felipe. –Hay que comenzar. Oye, Cristi, gracias por la lección de la mariposa sobre la aceptación. -De nada –replicó Cristi. Los estudiantes se despidieron de ella y se pusieron a trabajar. Megan se ofreció a investigar más sobre la aceptación. María pidió investigar más sobre las mariposas y Felipe dijo que buscaría otros animales que pasaran por transformaciones parecidas.

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Más sobre las mariposas

Hechos sobre las mariposas: Las mariposas son insectos. Recorren un proceso de cuatro pasos, llamado metamorfosis o cambio. El ciclo de vida de una mariposa tiene cuatro partes: huevecillo, larva (oruga), pupa (crisálida) y adulta. La mayoría de las orugas come plantas (herbívoras). Llegado el momento, una mariposa adulta emergerá de la crisálida, y esperará unas cuantas horas para que sus alas se llenen de sangre y se sequen, antes de volar por primera vez. Dependiendo de la especie, la mariposa puede vivir en su etapa adulta entre una semana y un año. Las mariposas tienen cuatro alas. Las mariposas tienen alas de colores brillantes y patrones únicos en escalas pequeñas. Estos colores les ayudan a atraer una pareja, absorber el calor y mezclarse entre las flores mientras se alimentan. La mayoría de las mariposas se alimenta del néctar de las flores. Se calcula que hay entre 15,000 y 20,000 especies de mariposas. Las alas de pájaro son mariposas que tienen grandes alas anguladas y vuelan en forma parecida a las aves. Las mariposas más rápidas pueden volar hasta a 50 kilómetros por hora. Ver “Recursos” para saber las fuentes de información originales.

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¿Qué es la aceptación?

CAMBIO Mucha gente se siente incómoda al enfrentarse a un cambio de cualquier tipo. Como seres humanos, la mayoría de nosotros tendemos a instalarnos en nuestras “zonas de confort” con respecto a dónde vivimos, con quién nos juntamos, nuestras comidas y ropa favoritas, e incluso a lo que hacemos. Pero de pronto ocurre algún cambio: los vecinos se mudan, los amigos encuentran a otros amigos, enfrentamos nuevas experiencias, comidas, tendencias en la moda y nuevos pasatiempos. A veces, enfrentarse al cambio no es nada difícil, porque a lo mejor queremos algo nuevo. Pero en muchas ocasiones el cambio es perturbador, incómodo, y hasta un poco aterrador.

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¿Qué es la aceptación?

Algunos de los cambios más difíciles son los que nos afectan directo como individuos, tanto en nuestras relaciones como dentro de nosotros mismos. La aceptación nos ayuda a movernos a través de estos cambios con gracia, ya sea si son repentinos y bien graduales. Aceptación es estar de acuerdo en experimentar algo sin tratar de cambiarlo, aun si al principio es desagradable o incómodo. Parte de la aceptación es mantener una actitud positiva mientras se experimentan los cambios a lo largo de la vida. Los adolescentes pasan por varios cambios a medida que maduran; cambios físicos, emocionales, sociales, intelectuales y espirituales. Aceptarte a ti mismo mientras vas madurando y cambiando es una parte importante de tu crecimiento personal. Cuando te aceptas a ti mismo y a los demás, y aceptas los nuevos cambios, demuestras confianza. Esta confianza, y la que tienes en los demás, puede inspirar a quienes te rodean para aceptarse a sí mismos y a los demás. Lo contrario de la aceptación es cuando la gente juzga, molesta o hace menos a otros en un intento por sentirse mejor. ¿Cómo puedes identificar a quienes exhiben la fortaleza de carácter de la aceptación? Mucha de esta gente es feliz, segura de sí misma, relajada y divertida. Animan a los demás y aprecian sus singularidades sin cuestionarlas. Son capaces de enfrentarse a cambios y decepciones repentinos con energía y con una actitud positiva. Buscan ansiosamente experimentar nuevas cosas, casi nunca se quejan y miran hacia adelante y no hacia atrás con un pensamiento optimista. Quienes exhiben aceptación irradian paz interior, superan los obstáculos y su confianza crece a través de los retos.

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¿Qué es? Aceptación es… •Aceptar a los demás sin tratar de cambiarlos. •Sentirte bien contigo mismo, aun si usas frenos, anteojos o tienes las piernas muy largas. •Aceptar los cambios difíciles que traen las situaciones dolorosas, como la muerte de un ser querido, un divorcio o que no te escojan para el equipo de deportes, con una actitud positiva. •Resolver los problemas con una sonrisa. •Intentar cosas nuevas sin tratar de manipular las circunstancias para evitarlas. •Acercarte a los nuevos alumnos. •Saber que puedes manejar los retos y superarlos. •Ser fiel a quien eres y a lo que quieres en vez de hacer lo que todos quieren hacer. •Ser tú mismo y sentirte increíble por eso. •Ayudar a los demás a sentirse bienvenidos e importantes. •Mostrar confianza y resiliencia para superar las decepciones y los retos.

Ejemplos de aceptación: •Gente mayor que se siente feliz con su edad. •Un enfermo terminal que siente paz interior. •Alguien que ha perdido su trabajo pero sigue siendo optimista. •Un niño que fue sacado del equipo pero sigue apoyándolo.

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¿Qué no es? Aceptación no es… •Burlarte de alguien que es “diferente” a ti. •Negarte a usar los anteojos que acaban de ponerte para la escuela. •Pelear contra una situación que es inevitable. •Reaccionar al cambio con enojo y negatividad. •Permitir que el miedo te impida probar algo nuevo. •Culpar a otros por los cambios que no te gustan. •Alejarte de los problemas o los desafíos. •Evitar el cambio. •Tener miedo de ser “diferente” a los demás. •Ignorar o molestar a la gente que no es como tú.

Ejemplos de no aceptación: •Una niña que se queja de su peso, aun cuando alguien le dice que se ve bien. •Una mamá que obliga a su hija a tomar lecciones o a ser algo que a ella no le interesa ser. •Una enferma terminal que insiste en que no está enferma.

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Poniendo las cosas sobre la balanza

Ahora que sabes lo que es y no es la ACEPTACIÓN, vamos a poner las cosas sobre la balanza para saber qué ganas con ella y las posibles consecuencias de no adoptar la ACEPTACIÓN como una fortaleza de carácter en tu vida. Aunque tú decides si exhibir cualquier fortaleza de carácter en tu vida, tus elecciones siempre tendrán consecuencias, tanto positivas como negativas. Hay muchos beneficios de adoptar la aceptación como una fortaleza de carácter. La gente que se acepta a sí misma por lo general también acepta a los demás. La gente que muestra aceptación hacia los demás no tiene miedo de admitir que puede tener similitudes y diferencias con ellos. La gente que acepta tolera las diferencias y decide aceptar a la gente por quien es sin tratar de cambiarla primero. La gente que acepta a los demás tiene compasión por ellos, incluso por aquellos que son diferentes. La gente que acepta a los demás suele saber escuchar, y no tiende a reaccionar, culpar o juzgar a los demás.

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Poniendo las cosas en la balanza

La gente que elige no mostrar aceptación por los demás también tiende a no aceptarse por dentro. Esto puede causar conflictos innecesarios, culpabilidad y juicios injustos sobre los demás. Con el tiempo, esa persona se volverá amargada, prejuiciosa e infeliz. Quienes no muestran aceptación para con los demás tienden a tener muy malas habilidades de comunicación y cuando están despreciando a otros en realidad están reflejando su propia falta de aceptación consigo mismos.

Pasos a seguir Para desarrollar aceptación hacia los demás, comienza por aceptarte a ti mismo. Aprende a conocerte, a saber cuáles son tus fortalezas y cómo puedes contribuir mejor con los equipos y los grupos. Acepta las cosas positivas que tienes, y también las imperfectas. Acepta quién eres ahora y reconoce que todo el tiempo estás creciendo y cambiando. Reconoce que tienes un regalo que dar a otros, y ellos también tienen regalos para que los recibas. Mostrar compasión por otros es, digamos, un sub producto de la aceptación. Puedes practicar esta fortaleza en la escuela, en casa, en tu comunidad como voluntario, o en el sitio de trabajo.

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Crea tus propios finales para estas historias sobre la escuela

Chicas risueñas

Tres chicas adolescentes se reían mientras caminaban por el centro comercial, mirando con ilusión el nuevo póster que habían comprado de su estrella pop favorita. Esto se había convertido en su rutina de los sábados por la tarde: ahorrar dinero de pequeños trabajos y encargos que hacían para los vecinos, juntarlo y comprar el último póster o revista. Incluso tenían una rutina para compartirlos, donde cada chica se quedaba con la última adquisición por dos días en total, y se intercambiaban sus compras cada lunes, miércoles y sábado.

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Chicas risueñas

-¡Vamos por un yogurt sobresaltando a sus amigas.

congelado!

–Chilló

Karen,

-Mmmmm, está bien –rieron Sabrina y Adel, y salieron corriendo, prácticamente patinando hacia el área de comida. Adel se detuvo en seco a medio camino, y apretó los brazos de sus amigas. -¿Qué pasa, Adel? –Preguntó Sabrina, preocupada. -¿Estás bien? –Quiso saber Karen, desconcertada, mirando fijamente a la cara de Adel, por si mostraba señas de sentirse mal. -¡E… e… ese niño de ahí! ¡MIREN! –Exclamó Adel. Karen y Sabrina fijaron sus miradas en el niño que Adel les estaba señalando. No daban crédito. Adel hojeaba frenéticamente su revista de estrellas pop, encontrando esa página. -Se parece a… -la voz de Sabrina se desvaneció. -No, no puede ser –murmuro Karen, impresionada. Adel tronó sus dedos: -¡Vamos, reaccionen, chicas! ¡Tenemos un reconocimiento que hacer! ¡Vamos, sigamos a ese muchacho que tiene pelo perfecto! –gritó.

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Chicas risueñas

Después de una hora de caminar de puntillas por el centro comercial, entrando y saliendo discretamente de las tiendas y escondiéndose detrás de lo que podían para ver mejor, las chicas olvidaron por qué estaban siguiendo a ese niño en primer lugar. Es cierto que tenía el mismo corte de pelo que su estrella pop favorita, pero ellas sabían que solo era un niño normal, como ellas. -¿Yogurt? –Preguntó Karen, y Sabrina y Adel se rieron. Volvieron hacia el área de comida. Después de servirse la proporción perfecta de yogurt de granada, vainilla y piña, las chicas fueron a la barra de cubiertas para personalizar sus obras de arte. Adel siempre elegía la salsa de caramelo y le ponía una cereza, pero Sabrina tomó un camino diferente. Prefirió ponerle a su yogurt chochitos y chispas de arcoíris. Karen, por su parte, eligió plátanos y crema batida. Pagaron en la caja y encontraron una mesa cerca de la ventana, donde platicaron acerca de los últimos sucesos en la escuela, y cuánta tarea tenían de matemáticas ahora que estaban en la clase de álgebra. De pronto, Karen dejó caer un poco de yogurt en su falda. Se levantó para tomar una servilleta, y se dio vuelta solo para tropezarse con alguien. Era el niño del corte de pelo, y ya visto de cerca estaba lindo. -¡Cuidado! ¿Estás bien? –Preguntó él. Karen asintió con la cabeza, pero no podía dejar de mirarlo. Él la acompañó hasta donde estaban las servilletas, platicando sobre a qué escuela iban, los amigos que tenían en común. A Karen se le daba muy bien conocer a nuevas personas.

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Chicas risueñas

-Te invito a mi mesa, quiero presentarte a mis amigas –exclamó Karen. El chico la siguió con timidez, y a medida que se acercaban a la mesa, la detuvo suavemente tocando su brazo. -Espera. No me digas que esas son tus amigas –dijo, señalando a Adel y Sabrina. -Sí, ¿por qué? –Preguntó Karen. ¿Estaba él sorprendido en buen plan?, pensó para sí misma. -No me acercaré a ella –dijo él, señalando a Adel. -Espera… ¿qué? ¿Por qué dices eso? Adel es una de mis mejores amigas –dijo Karen, sorprendida. -¿Por qué trae esa cosa en su cabeza? –Preguntó él. Entonces Karen se dio cuenta de que él preguntaba sobre la mascada que Adel usaba en su cabeza todos los días, llamada hijab. Karen, Sabrina y Adel habían sido mejores amigas por tanto tiempo que ya ni lo notaban. De hecho, el hijab de Adel era la razón por la que las tres chicas se habían hecho amigas en segundo año. Sabrina y Karen sintieron curiosidad, así que le pidieron a Adel que se sentara con ellas en el recreo. Después de eso, nunca volvieron a pensar en el hijab, era parte de Adel, tanto como su vestuario y su personalidad. Karen se volvió hacia su nuevo amigo. Era tan lindo, y congeniaron tan rápido. Pero, ¿qué le podía decir a alguien que juzgaría a su mejor amiga? Crea tu propio final para esta historia.

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El niño nuevo Miss Williams comenzó la clase dándole la bienvenida a todo el mundo, justo como lo hacía cada mañana. -¡Bienvenidos, académicos! Es bueno verlos de nuevo. Tenemos planeada una mañana muy ocupada, y una gran sorpresa: ¡un nuevo alumno se unirá a nuestra clase! –dijo, con tanto entusiasmo que no pudieron hacer otra cosa que emocionarse. –Gary, nuestro nuevo alumno, llegará muy pronto. Sé que les caerá muy bien, tiene un maravilloso sentido del humor –dijo Miss Williams. -¿Pero dónde se va a sentar? No tenemos más pupitres –exclamó Alma. -Hmmm. Buena observación, Alma. ¿Dónde crees TÚ que se sentará? –Preguntó la maestra. Todo el salón se puso a pensar, hasta que Jamal se levantó y exclamó: -¡YA SÉ! Todos se rieron. –¡Gary puede sentarse en mi pupitre! Miss Williams lo pensó por un momento. -Bueno, Jamal, qué amable y generoso de tu parte. Me encanta que siempre estás pensando en los demás. Pero me pregunto, ¿dónde te sentarás TÚ? –quiso saber ella.

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El niño nuevo

Toda la clase se rio a carcajadas y Jamal se retractó, como si hubiera cometido un error: -Estaré allá afuera en la cancha de básquet practicando –y se movió como si estuviera lanzando un tiro libre. La clase se destornilló de risa, pero Jamal se sentó en silencio. -Pensemos en otra cosa. ¿Dónde podemos sentar a Gary solo por hoy, hasta que traigan otro pupitre? –Preguntó la maestra. Jamal levantó la mano casi con timidez, y el resto del salón lo miró para saber lo que diría. Jamal siempre hacía un chiste de todo, en especial cuando cometía un error. -Miss Williams, puedo ir aquí junto al salón del Sr. Hernández y pedirle su silla extra solo por hoy. Luego Gary puede compartir mi pupitre por hoy, y yo le ayudo –dijo Jamal con suavidad. Una gran sonrisa se esparció por la cara de la maestra. -Bueno, Jamal, pienso que es la mejor idea que he escuchado en todo el día –replicó Miss Williams. -¿Por qué no vas a traer esa silla extra para Gary? Shanice levantó la mano y esperó a que la maestra le diera la palabra. -Miss, yo tengo algunos lápices extra que Gary puede usar hoy –dijo, y cuando terminó otras tres manos se alzaron rápidamente.

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El niño nuevo

-¡Yo tengo marcadores extra! –exclamó Michael. -¡Yo tengo papel que puedo compartir! –gritó Malid. La sonrisa de Miss Williams creció aún más. Jamal volvió con la silla, Shanice puso sus lápices extra en la mesa donde Gary se sentaría, y Michael y Malid también pusieron su papel y sus marcadores ahí. Jamal fue a la repisa para tomar un libro cuando alguien tocó a la puerta. La clase contuvo el aliento mientras se volteaba a ver. El consejero, el Sr. Serrano, entró con Gary, el nuevo alumno. Pero Gary no era como la mayoría de los chicos en esta clase. Su piel era de un ligero color chocolate, y su pelo era muy oscuro y rizado. Pero también traía lentes obscuros y llevaba un bastón; había un perro junto a él. -¿Qué le pasa? –murmuró Isabella a Magda, quien solo se encogió de hombros y miró a Gary con asombro. -¿Es ese un PERRO, en la ESCUELA? –Le preguntó Dennis a Damien, quien también se encogió de hombros. Jamal caminó hacia Gary, y los alumnos se preguntaron qué haría su bromista favorito.

Crea tu propio final para esta historia.

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Diferencias culturales La casa al otro lado de la calle, frente a la de Amaya, había estado deshabitada por más de un año. Antes vivía ahí Zola, su mejor amiga, pero su familia se había ido al otro lado del país por el trabajo de su papá. La mañana del sábado, el sonido de un gran camión despertó a Amaya, quien miró por la ventana para ver un camión de mudanzas estacionado frente a la casa, y a una familia que estaba llegando en una camioneta. Amaya observó con curiosidad, preguntándose si habría chicas de su edad. Desde que Zola se había ido, extrañaba tener a una amiga al otro lado de la calle, para pasar tiempo con ella, en especial durante los meses de verano cuando no había clases. Escuchó a su mamá llamándola para que bajara a desayunar, así que se alejó de la ventana, todavía llena de curiosidad. -Ma, ¿ya viste que alguien se está mudando a la casa de Zola? Acaban de llegar en una camioneta –le dijo a su madre mientras esta le servía el cereal. La señora asintió, sentándose a la mesa con Amaya con una taza de té y una rebanada de pan tostado. -Amaya, una nueva familia se está mudando, en efecto, y tienen una hija que va en el mismo año que tú –informó su madre. La sonrisa de Amaya fue instantánea. -No puedo esperar a conocerla. ¿Puedo ir a saludar cuando me vista? –preguntó Amaya, ansiosamente. -Mejor esperemos hasta esta tarde –replicó su madre. –Los días de mudanza suelen ser muy ajetreados.

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Diferencias culturales

Amaya accedió a su pesar. Terminó despacio su cereal, puso su tazón y su cuchara en el fregadero, y fue a su cuarto para vestirse, recordando que tenía planes con unas amigas para ir al cine en la tarde. Pensó en ir a conocer a sus nuevos vecinos cuando volviera a casa. Unas horas después, salió para subirse al coche, para que su mamá pudiera llevarla al cine. Se volvió para encontrar a una chica más o menos de su edad caminando por la acera. -Hola, mi nombre es Priyanka y soy tu nueva vecina. Tú debes ser Amaya –dijo, con voz suave. Amaya la miró, curiosa. Priyanka estaba usando ropa que Amaya solo había visto en la televisión, y tenía una marca en el centro de su frente. -Hola, soy Amaya. Me da gusto conocerte –dijo, y se sentó en uno de los escalones de la entrada. -¿De dónde te mudaste? -De Nueva York. Mi papá es profesor y acaba de obtener un trabajo en la universidad de aquí. Mis padres estaban entusiasmados de mudarse a los suburbios, pero ya extraño a mis amigos en Nueva York –dijo Priyanka. Amaya podía identificarse con esto. Aunque podía tener video llamadas con Zola, como que no era lo mismo. Y sabía que Zola también extrañaba su antigua casa. -Te entiendo. Mi mejor amiga, Zola, se fue de aquí hace un año. Todavía extraña a los amigos que dejó aquí –dijo Amaya, notando que Priyanka estaba frunciendo el ceño.

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Diferencias culturales

–Claro que hacemos una video llamada cuando menos una vez a la semana –completó, con entusiasmo. -Estoy segura de que me acostumbraré. Nos mudamos mucho por el trabajo de mi papá, pero parece que este empleo le durará un rato. Espero quedarme aquí un poco más –dijo Priyanka. -¿Puedo hacerte una pregunta, Priyanka? –Pidió Amaya. -Claro, seguro quieres saber acerca de mi vestido –dijo Priyanka, que ya había vivido eso antes. –Es un sari. Es un vestido tradicional de la India. Y la joya que traigo en la frente se llama un bindi. -Wow, ¡qué bonita! –Exclamó Amaya. –No quiero parecer grosera, pero nunca he visto a alguien en persona con ese tipo de vestido. -No te preocupes, la gente me pregunta todo el tiempo. Prefiero que me preguntes en persona a que hables con otros a mis espaldas –replicó Priyanka. Amaya asintió y las dos chicas platicaron diez minutos mientras Amaya esperaba a que su mamá saliera y la llevara al cine. Cuando su madre finalmente apareció, Amaya le presentó a Priyanka, pero ya era hora de irse. Mientras caminaban al auto, la madre de Amaya le preguntó si no le gustaría invitar a Priyanka al cine. A Amaya le gustó la idea, pero le preocupaba que sus otras amigas conocieran a Priyanka. Si tú fueras Amaya, ¿qué harías? Crea tu propio final para esta historia.

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Crea tus propios finales para estas historias sobre el trabajo

Haciendo el inventario

Miguel comenzó su turno en la zapatería como todos los días. Se puso el gafete con su nombre en su camisa azul del uniforme y checó su entrada en la computadora de la tienda. Alzando la vista, miró a su gerente, Paul, que venía con una tabla de apuntes en la mano. -Hola, Miguel, tenemos un día muy ocupado hoy. Mark se reportó enfermo, así que necesito que estés en el piso y traigas mercancía de la bodega cuando todo esté tranquilo –Paul habló con prisa, hojeando algunos papeles. –Yo estaré entrenando a la nueva persona, pero llámame si me necesitas.

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Haciendo inventario

Y con esto, el gerente se alejó presuroso hacia su oficina, dejando a Miguel a cargo del ocupado piso de ventas. Miguel hizo sus rondas y saludó a los clientes, preguntándoles si necesitaban ayuda para encontrar algo. Ayudó dirigiendo a un niño y a su madre a la sección apropiada para encontrar botas. Ayudó a una mujer mayor a encontrar unos zapatos que fueran fáciles de poner y quitar, y les cobró a los clientes que estaban listos para pagar. De regreso de la bodega con los brazos llenos de cajas de zapatos, Miguel se preparaba para reabastecer los anaqueles en el departamento de caballeros cuando escuchó una voz. -Perdone –dijo la voz. Miguel se asomó por encima del montón de cajas que traía y vio a una mujer joven, de unos 30 años, parada ahí. Miguel se encaró con la mujer después de poner con cuidado las cajas en el suelo. -Me preguntaba si podría ayudarme a encontrar… -la voz de la mujer se desvaneció. Miguel sintió una punzada de nervios en el estómago. Sabía lo que estaba sucediendo, había estado ocurriendo desde el accidente.

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Haciendo inventario

Hacía poco más de cinco años, Miguel estaba en el auto con su padre cuando un camión se pasó el alto y los impactó. Por fortuna, nadie salió gravemente herido, pero el accidenté dejó una horrible cicatriz en el lado derecho de la cara de Miguel, que iba desde debajo del ojo hasta su barbilla. Él odiaba esta cicatriz, no solo porque le recordaba el horrible accidente; le chocaba la forma en que algunas personas lo miraban. -Me… me preguntaba si podía usted ayudarme a encontrar zapatos para correr para mí –tartamudeó la mujer, conteniéndose de mirarlo. -Puede encontrarlos en el pasillo número cuatro. Si desea probarse alguno pero necesita una talla diferente, dígame –ofreció Miguel. La mujer le dio las gracias y se alejó presurosa. Miguel suspiró; sabía que su cicatriz la había tomado por sorpresa. Cuando menos ella no le había preguntado qué le había pasado en la cara como hacían otras personas, pensó. A menudo, Miguel había pensado visitar a un dermatólogo para que le tratara la cicatriz. Su madre había mencionado que usabanun lásere especial para reducir la apariencia de las cicatrices. Pero los tratamientos eran caros y no siempre funcionaban. Aunque le hubiera gustado que su cara volviera a la normalidad, la familia de Miguel no tenía el dinero para gastar en un procedimiento cosmético que podría no servir. Crea tu propio final para esta historia.

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Nuevo automóvil

Marissa no podía evitar sonreír mientras conducía su auto nuevo al trabajo por primera vez, para mostrárselo a sus amigas y compañeros. Aunque el carro era nuevo para ella, de hecho era un vehículo usado de ocho años de antigüedad. Marissa había trabajado muy duro el año pasado después de la escuela y los fines de semana para ahorrar dinero suficiente para comprar el sedán plateado de cuatro puertas que ahora conducía.

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Nuevo automóvil

Su familia no tenía los recursos para ayudarle a pagar su auto, como algunas de sus amigas, pero Marissa se sentía orgullosa de haberlo logrado ella sola. Le hacía sentir que el auto era REALMENTE suyo; que se lo había ganado. No importaba que tuviera algunos raspones y abolladuras en las partes laterales y en las puertas. No importaba que hubiera algunas manchas de cátsup y refresco en los asientos. No importaba que el aire acondicionado solo funcionara cuando le daba la gana. Era suyo. Cuando entró al estacionamiento de la tienda en el centro comercial, pudo ver que algunas de sus amigas ya estaban ahí. Metió el freno y se escuchó un agudo chillido, que atrajo la atención de sus amigas mientras se estacionaba. Marissa se bajó del auto y cerró la puerta con fuerza, haciendo que el auto resonara ruidosamente. -Oye, Marissa, ¿así que ya tienes tu auto? –Preguntó su amiga Emily, mirando por encima del pedazo de metal. -Wow… qué bonito… color –su amiga Krista buscó las palabras, levantando una ceja. -¡Sí, gracias! –Dijo Marissa, entusiasmada. –Ya sé que no es la gran cosa, pero lo pagué yo misma. ¡Es tan bueno ya no tener que pedir a mis papás que me lleven!

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Nuevo automóvil

Se hizo un silencio incómodo, que fue roto por el sonido de un motor rugiendo en la distancia, que se fue haciendo más y más alto. Marissa y sus amigas miraron hacia el sonido. Vieron un deportivo de color rojo brillante que se acercaba y entraba al centro comercial. Se sorprendieron al ver que se estacionaba cerca de ellas. -¡Oye, Tyra, qué lindas ruedas! –Exclamó Krista. -Gracias, me lo dio papá por mi cumpleaños. No tenían el color que yo quería, pero está bien –dijo Tyra, con desinterés. Las amigas de Marissa revolotearon alrededor del increíble auto nuevo, con el sol brillando en su pintura recién encerada. Miraron los interiores de piel, la pantalla de navegación y el quemacocos mientras Tyra se observaba las uñas. Marissa tuvo que admitir que era un auto hermoso. Uno que ni ella ni su familia podrían comprar jamás. Se sintió un poco celosa de Tyra, a quien le habían regalado un coche y ni siquiera le importaba. Mirando su nuevo auto, con parches de óxido y la pintura descarapelada, Marissa se sintió un poco avergonzada. Crea tu propio final para esta historia

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Día de la mudanza Los camiones de la mudanza estaban ahí, con las rampas de aluminio extendidas y listas para cargar. José estaba sentado en los escalones de la entrada, mirando a los hombres subiendo las cajas de cartón y metiéndolas en el cavernoso tráiler rectangular. Con cada caja que entraba ahí, José sentía que perdía más y más. José y su familia eran de la milicia. Su padre era un oficial de la Fuerza Aérea, y tenían que mudarse adonde fuera que él recibiera una nueva asignación. Esta era su quinta mudanza en otros tantos años. Decir que José no quería mudarse sería mencionar lo obvio. Realmente le gustaba el lugar en donde vivían. Había hecho algunos buenos amigos en la escuela y pensaba que por fin podría echar raíces en el vecindario. Cuando su padre llegó a casa con la noticia de que volverían a mudarse, se sintió devastado. Así que se sentó en las escaleras con la cabeza apoyada en la mano. Todo lo que podía hacer era mirar su vida mientras era cargada en un camión de mudanzas una vez más. José oyó que la puerta delantera se abría y se cerraba, pero siguió mirando los camiones.

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Día de la mudanza

-¿Qué haces, cariño? –Era la voz de su madre. -Aquí mirando nuestras vidas empacadas otra vez –dijo José, con resentimiento. -Ya sé que no es fácil, hijo. No es fácil para ninguno de nosotros. -¿Entonces por qué siempre estamos haciéndolo? ¿Por qué no podemos quedarnos en ninguna parte más de un año? –dijo José, volteando a mirar a su madre, que se sentó junto a él. -Ya sabes que no tenemos control sobre eso. Tu padre recibe sus órdenes y tiene que obedecerlas. Esa es la vida en la Fuerza Aérea. José solo siguió ahí sentado, enfurruñado. -¿Sabes, cariño? Hay algo positivo en todo esto. Piensa en cuántos lugares conoces del país. Has estado en más sitios que la mayoría de los adultos. Yo sé que extrañarás a tus amigos, pero puedes mantenerte en contacto con ellos en línea y por teléfono.

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Día de la mudanza

-Es solo que estoy harto de mudarme, ma –dijo José, con un largo suspiro. -Lo sé, lo sé. Pero piensa en esto como una aventura. Va a ser una nueva ciudad, con nuevos lugares por descubrir y nueva gente por conocer. Nunca sabrás qué hay ahí hasta que vayas –dijo la mamá de José, tratando de animarlo. José miró de nuevo los camiones y toda la actividad. Sabía que su mamá tenía razón en ciertas cosas, pero todavía se sentía descorazonado.

Crea tu propio final para esta historia

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El reto de la aceptación

¿TÚ estás listo para poner a prueba tu fortaleza de carácter? Elige uno de los siguientes desafíos. Lleva un diario donde registres lo que haces y cuál es la respuesta de los demás cuando muestras aceptación. Al final de una semana, prepara una reflexión personal acerca de tu experiencia para compartirla con tu clase o con un pequeño grupo. Elige una relación que ha sufrido por falta de aceptación. Cambia tu comportamiento con respecto a esa relación y comienza a demostrar aceptación con tus palabras y tus acciones. Elige una nueva relación con alguien que no siempre es aceptado por los demás. Comienza la amistad demostrando aceptación con tus palabras y tus acciones. Piensa en cómo esta relación puede ser distinta a las otras que has construido sin pensar mucho en la aceptación. Califica tu desempeño durante el reto de la aceptación: 5 - ¡Increíble! 4 – Bastante bien 3 - Prueba superada 2 – Pude hacerlo mejor 1 – Tengo que volver a hacerlo

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RECURSOS

FScience Kids http://www.sciencekids.co.nz/sciencefacts/animals/butterfly.html Kids Konnect https://kidskonnect.com/animals/butterfly/ Cool Kid Facts http://www.coolkidfacts.com/butterfly-facts/

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Libro Aceptación MS  
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