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Editorial

Enero del 2017 | Semanario

¿Debe preocuparnos la partida de la Ford? ¿Afecta realmente a San Luis Potosí? Sí, si debe preocuparnos y por supuesto que afecta, nos pega, y mucho El gobernador Juan Manuel Carreras López no es de ninguna manera responsable de que la empresa Ford Motor Company haya decidido retirar la inversión de mil 600 millones de pesos que destinaría para su planta ensambladora de autos en San Luis Potosí. El fracaso de la inversión no se le puede atribuir al mandatario porque fue una decisión propia y unilateral de la trasnacional, determinación derivada eso sí, de las fuertes presiones y amenazas que el presidente electo de los Estados Unidos Donald Trump lanzó en campaña y cumplió antes de tomar posesión. De que no se acaba la vida y el mundo y de que San Luis Potosí es más que la empresa Ford, es algo cierto y tienen toda la razón figuras como el Senador Octavio Pedroza Gaitán, el Sacerdote Juan Jesús Priego y el líder cetemista Emilio de Jesús Ramírez, pero de que afecta sí, si nos pega, y mucho. ¿Debe preocuparnos? También. De que impacta negativamente y le mueve el tapete al estado es una realidad inocultable, porque en términos de imagen, capacidad de gestión e interlocución, mancha a un gobierno que suponía que la joya de su corona sería la creación de los 2 mil 800 empleos directos que generaría esta empresa gringa.

Y no solo eso, porque también modifica las proyecciones en la creación de nuevas fuentes de trabajo. Esa declaración del Delegado Federal de la STPS, Edgar Durón, de que la fuga de Ford no tiene un efecto significativo en la planeación laboral, parece venir de alguien irresponsable y con visión sumamente corta. Con la llegada de la ensambladora a nuestro estado, hubo quien llegó a afirmar que el sistema educativo estatal en su nivel de formación media profesional estaría preparado para suministrar la mano de obra calificada y profesional para las armadoras que comenzaron a instalarse en San Luis Potosí; la euforia fue tanta que al pobre San Luis de la Patria lo presentaron como el nuevo Detroit de EEUU. Claro que la cancelación de Ford, por supuesto que incide y afecta en los planes de expansión y crecimiento industrial y en consecuencia en el desarrollo económico de la entidad, no verlo así, es cerrar los ojos ante la realidad y un ánimo de justificar un fracaso que ya se dijo, ni el gobernador ni alguien más en México es culpable, sino los gringos, nadie más. Ciertamente, con la llegada de la empresa Ford, muchos capitales voltearon su mirada hacia San Luis Potosí para colocarse como principales

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proveedores de la planta armadora de automóviles, y con ellos, la generación de más de 3 mil empleos indirectos, sin embargo con la determinación tomada todo se esfumo, incluyendo los planes de crecimiento inmobiliario y el aumento al salario mínimo que literalmente quedó pulverizado con el incremento a las gasolinas. En consecuencia, el retiro de una inversión de más de mil 600 millones de dólares, desde luego que debe preocuparnos, ‘pos como que no’. Observadores externos o locales, y los propios industriales han reconocido que se pierde una importante derrama económica, porque las proveedurías de insumos se paralizan y los desarrollos inmobiliarios proyectados para un sector importante de la capital y del municipio de Villa de Reyes se frenan. En lo personal conocemos al gobernador Juan Manuel Carreras, y para ser honestos, nunca antes había mostrado un verdadero rostro de preocupación ante la determinación de la empresa Ford. Es notorio porque su principal propuesta de campaña y apuesta de gobierno habría sido la creación de más fuentes de empleo que contribuyeran al desarrollo económico de la entidad. Evidentemente que la

decisión de la trasnacional le afecta al mandatario porque es innegable su compromiso y esfuerzo por brindar a los potosinos más mejores oportunidades. Le afecta, porque el oportunismo político y el vedetismo de muchos buscan hacer escarnio de una decisión que Juan Manuel no tomo y mucho menos deseó que pudiera darse, aunque advertido estaba. Ante esta realidad ¿Qué nos queda? La lección es grande y el trago amargo es mucho. En la visión de políticos, líderes de opinión, analistas e inversionistas, la ruta a seguir tiene varios caminos, y el primero es no caer en el error de “poner todos los huevos en una sola canasta”, es decir, el gobierno no debe apostar solamente a la voluntad, al ánimo o al capricho de los capitales internacionales. El fortalecimiento de nuestra economía no depende únicamente de la llegada de grandes armadoras de autos, y quizá la clave esté en producir nuestras propias fuentes de trabajo, en apoyar e incentivar a la pequeña y mediana empresa, en destinar más recursos al campo para su modernización, de tal suerte que no tengamos que depender de todo de los malditos gringos. Fernando Díaz de León Cardona

Edición 32  
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