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10 Locales

Enero del 2017 | Semanario

Me metí de puta y me sacrifiqué por mis hermanos: Afirma sexoservidora Por Irma Núñez

“Gasolinazo” causa hartazgo en la clase media Por Zaira Quevedo Torres

Después de la escasez de combustible que se vivió en pleno diciembre, para el 2017 tendremos un nuevo y repugnante aumento a la gasolina cerca de $20.00 pesos el litro, lo cual ha despertado total inconformidad entre los potosinos. El pasado cuatro de enero, el Presidente de la República Enrique Peña Nieto, emitió un video para toda la nación, en su mensaje dijo: “comprendo el enojo ciudadano por el alza de la gasolina, fue una decisión dolorosa, pero inevitable”. Al parecer estas declaraciones del mandatario de este país hicieron molestar más al pueblo mexicano pues 19 Estados han cerrado tramos carreteros en total inconformidad ante este incremento, ya se

anunció el aumento a la luz, y la canasta básica del mexicano. En San Luis Potosí, pobladores de Ciudad Valles se manifestaron ante el aumento de gasolina que afectará todos los sectores, transportistas durante horas bloquearon la carretera Querétaro -San Luis Potosí, ante los elevados costos del suministro. Sobre este tema el activista social y docente, Víctor García Mata González, manifestó que esta problemática es un reflejo de la crisis orgánica del Estado y de la mala planificación económica que sólo benefició a unos cuántos, “me refiero a las reformas estructurales, que han vuelto más dependiente al país y la situación se agravará con la revisión del TLC y las políticas migratorias de próximo presidente de los Estados Unidos”, enfatizó.

w w w . c l o s e u p . m x

Primera Parte Había días que permanecía ocho horas de pie porque no había clientes. Nunca fue fácil sacar adelante a mis cinco hermanos, al principio todos trabajamos en la calle, limpiando autos y vendiendo dulces. Nos veíamos hasta en la noche, cansados y con los pies hinchados. Nada de eso estaba bien, ¡y menos para mis hermanos chiquitos! Entonces, una mujer que era nuestra vecina, que tenía hijos y esposo, era sexoservidora, cuando murieron mis papás me dijo: “cuando quieras te puedo ayudar a que trabajes como yo, así les podrás ayudar a tus hermanos”, en ese momento me dieron ganas de vomitar y miedo de pensar que tendría que acostarme con borrachos, enfermos y golpeadores de mujeres, me asusté y seguí trabajando con mis hermanos en la calle. Pero un día, uno de ellos se enfermó, El Tripas, Gustavo, le dio pulmonía y no teníamos dinero para pagar una consulta ni medicinas, entonces, desesperada corrí a pedirle ayuda a esa vecina, La Rubia, la sexoservidora, para que me prestara dinero para llevarlo al hospital, él estuvo tres días internado y gracias a ella nos cobraron muy poco pues les explicó que estábamos bien jodidos. Después…¡volvimos a la calle, a trabajar!, y vi como mis hermanos le echaban ganas a su chamba, pero en ese momento decidí que no quería esa vida para ellos, y más porque todos eran inteligentes, no eran mensos. La Rana (Olga) por ejemplo, era muy creativa, Yoyo (Elena) muy alegadora, Tripas (Gustavo) él era como un soldado, siempre nos ponía pintos a todos con sus órdenes, La Burra (Martha) ella era la mamá de los pollitos y Choco (Ismael) era el cerebro, ¡bueno pa los números! y yo La Greña (Socorro) era la cocinera. Cuando murieron mis papás, no tuvimos con qué

pagar la renta de la casa y nos sacaron con todo y ¡chivas! a la calle, las pocas cosas más bien recuerdos de mis papás, las encargamos con “amigos” que luego se quedaron con ellas, nunca nos las regresaron hijos de su chin…. ¡hay gente ingrata! que aún cuando lo ven a uno ahorcado todavía le prenden leña. ¡Cabrones! El dinero no rendía, pagábamos dos cuartos de una vecindad con baño comunitario, entonces…me acordé de la vecina, La Rubia y le dije: “Ayúdame a pintarme como tu y préstame unos tacones, voy a trabajar de sexoservidora para que mis hermanos puedan estudiar”. ¡Y que agarro los pinches zapatos!, me acuerdo que eran del número cinco, me apretaban un chingo, yo era del seis pero no estaba para ponerme mis moños, y ni modo, ¡a chambear! Quiero decirle algo.. antes no existían esos ¡hijos de perra! que hoy explotan a las mujeres, las tienen amenazadas, no pueden moverse para ningún otro lado ni platicar más de la cuenta con alguien porque las castigan. Muchas tienen la culpa porque se dejaron engañar de sus novios que hora las pusieron a prostituirse en la calle. Pero le contaba: Como a los tres meses de trabajar, me compré mi primer par de zapatos nuevos “llamativos”, siempre había usado “gallitos”, le pagué a La Rubia los que me prestó, ¡ah! porque la muy jija, nunca me los regaló, pero bueno, no le tengo coraje, después de todo ella mensa igual que yo, no se le ocurrió darme otro consejo más que trabajar de prostituta. Mis hermanos fueron creciendo, todos estaban en la escuela, La Rana y El Choco ayudaban en las tareas a los más pequeños; llegaba el sábado ¡y todos a bañarse!, me acuerdo que a veces mis hermanos no querían ir a la escuela por flojera y yo les decía “El que no quiera estudiar se va de la casa”, eso les dolía mucho porque éramos muy unidos, no sabíamos estar

separados. Un día ellos me preguntaron en qué trabajaba, les dije que cuidaba unos niños de una enfermera que trabajaba en la noche…y lo que son las cosas: “los clientes que atendía eran adultos de treinta o cuarenta años ¡con mentalidad de niños!, se comportaban como chichillos, ¡pinches locos! se pasaban de inmaduros, se sentían hijos de papi y mami, y hasta querían tratarme como su sirvienta. ¡De esos hay muchos!. Si la gente supiera cuántos hombres pagan a una sexoservidora solo para platicar, ¡se sorprenderían!, muchos buscan alguien que los escuche, que los valoren, a veces el sexo ni se da; muchos hombres tienen una segunda personalidad, se la dan de muy cabrones con su familia pero la verdad es otra. Son personas trastornadas que necesitan terapias, ¡están bien locos! o son gays. Yo intenté trabajar en otra cosa, vi un anuncio “Se solicita mesera”, pregunté cuánto pagaban y el horario, hice cuentas y solo alcanzaba a pagar la renta, me animé pensando en las propinas y ¡le atoré!. Le eché ganas y cual fue mi sorpresa, que el encargado de las meseras nos robaba como él quería, me puso gorro y ¡que le parto su madre!, no le di chance de nada, él estaba bien dado y yo no tanto, pero el coraje me ayudó a sacar fuerzas, ¡le abrí la cabeza!, agarré mi dinero y ya no volví a verlo jamás. ¡Que chinga le puse!, pero mi necesidad era mucha. Entonces, otra vez a trabajar de noche. Mis hermanos ya eran adolescentes, etapa difícil para todos porque las mujeres se creían bonitas y los chavos muy mandones, muy machos los cabrones, pero a la hora de tragar yo les decía: “¿Quibole pendejos? No que ustedes muy machitos y no le ponen nada a la mesa” y le fueron bajando a su tonito. La mujer y el hombre son iguales, la diferencia está en el respeto. Continuará...

Edición 32  
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