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Resumen realizado por Jonatán Díaz Expósito. Clínica Sacrum. Un concepto diferente de salud

Antiestrategias

● Así como el miedo es, generalmente, una emoción anticipatoria, el héroe es aquello que se da en el Kayros del mal. Es decir, en el momento de mayor intensidad de toda representación. Por ello, todo lo que agrega miedo al miedo, encierra la creencia de que no existe un héroe para nosotros. Existe falta de confianza en nuestra condición de héroes. De nuestra actitud durante la espera, depende que nuestro héroe aparezca fortalecido o debilitado. La labor es entonces reconocer al héroe, fortalecerlo y encaminarlo a la acción propicia para nuestra causa. ● Decidir creer en el héroe es un acto de pensamiento y de voluntad. Toda acción tiene la voluntad como paso previo. ● Cuanto más avasallan las emociones con su poder transformador de la realidad, menos espacio queda para la voluntad. Si tenemos entrenada la voluntad, en los peores momentos podremos dimensionar y comprender que es factible hacer lo correcto, y qué es lo que más nos favorece. El héroe es la manifestación de la fuerza de voluntad en la acción actuando de modo positivo. ● La motivación más profunda del héroe siempre es terminar con el mal, ya que éste se manifiesta en la espera misma, es decir, en el miedo. ● Las interpretaciones están básicamente constituidas por creencias y emociones, y actuamos a la luz de ellas, otorgándoles poderes o ejerciendo nuestra libertad. Puesto que es subjetiva, la creencia tiende a colocarnos siempre como centro y causa de toda acción, y por eso solemos interpretar que todo lo que el otro hace está dirigido directamente a nosotros. Esta tendencia a la personalización, contrariamente a consolidar nuestra individualidad, nos lleva a depender de la mirada ajena hasta casi quedar a su merced. ● Mucho nos sorprendería descubrir hasta qué punto nuestros sufrimientos o malestares cotidianos tienen que ver con el poder que conferimos a los otros, y en qué medida la intensidad de estos sentimientos se relaciona con la interpretación que hacemos de las situaciones vividas. ● La interpretación que hacemos de la realidad que, en principio es una, es lo que determina el poder que se da a lo externo sobre nosotros. Debemos descentralizarnos, ya que una dinámica desenfrenada de una interpretación dominada por el miedo, se puede llegar a convertir en lo temido. ● La propuesta es crear siempre interpretaciones alternativas y basarse más en los datos que en suposiciones que no tienen fin. Nuestras interpretaciones son nuestro cielo y nuestro infierno, debemos decidir dónde queremos desarrollarnos de forma prioritaria. ● Todo reclamo encierra una necesidad de enfrentamiento. No es lo que se pide sino la necesidad de generar malestar al reclamado, ya que haga lo que haga después, el reclamante no quedará satisfecho. Ejemplo (me quitaste un caramelo. Toma otro. Si no me lo hubieras quitado tendría dos). Se reclama manifiestamente lo que no se quiere tener. ● El reclamo se ve culturalmente como una demanda desde una actitud de fortaleza. El pedido, sin embargo, está visto como una necesidad que se demanda desde una posición de debilidad y te deja


a expensas de la resolución del otro. De hecho, se puede suponer que el reclamo, en su día, fue un pedido no conseguido; o a veces reclamamos aquello que no llegamos a pedir pero que debería habérsenos dado, porque es más fácil acumular y reclamar que pedir. Normalmente el reclamo destruye, genera confrontación, el pedido construye, genera acercamiento. ● El reclamo trata de generar culpa en el otro, y así traspasarle la responsabilidad de los problemas de comunicación. La culpa, por su parte, genera autodestrucción, provoca la búsqueda, tarde o temprano, de un castigo (por eso los delincuentes no suelen rehabilitarse, buscan constantemente que los castiguen para expiarla). Hacerse responsable es darse cuenta de poder responder ante los actos futuros o reparar los ya hechos de forma errónea. La culpa busca boicotear las acciones, busca castigo; y en el castigo no hay aprendizaje, sólo expiación. ● En la capacidad de pedir se expresa la calidad de la negociación. Una negociación se establece porque se quiere seguir contando con el otro, se trata de cuidar el vínculo y de conservarlo. Por eso el pedido requiere un trabajo. El reclamo encierra desinterés, desgana, pereza y quizás cansancio en la construcción de vínculos. Por eso se pide lo que se quiere, y se reclama lo que ya no se quiere. ● Sólo se consigue aquello que se está dispuesto a perder. Esto implica que lo importante es no confundir la meta con el objetivo. La meta está en el futuro, y el objetivo está en el presente. Si ponemos los dos en el futuro, entonces fallaremos con frecuencia. El objetivo debe centrarse en el presente y en el sujeto; así en base al placer del bien hacer, se libera la ansiedad futura, ya que el fin no es demasiado importante o depende de muchas cosas, por eso lo principal es nuestro comportamiento y dedicación. ● El goce de la luz implica la aceptación de las sombras, tanto pasadas como presentes. La aceptación es la contrapartida del apego. El apego exacerba el miedo a perder, por lo que el futuro condiciona el presente provocando lo temido. ● Nuestros hábitos conforman lo que somos, pero podemos ser quienes queramos. Lo importante de cambiar hábitos, es no confundir como antes el objetivo con la meta y luego no confundir la meta. Por ejemplo: si nos mandan a caminar 20 minutos todos los días, al principio nos costará, luego será más fácil y por último, lo necesitaremos y sentiremos placer. Pero la meta es tener buena salud, no sentir placer, ya que si no, no se hubiera alcanzado nunca. ● Los hábitos son consecuencia de decisiones tomadas en el pasado y que luego fueron olvidadas. Con ello, entran a formar parte del ser como si estuvieran de siempre. El olvido en este caso es el que sella el hábito al ser, y pensamos que si cambiamos de hábitos cambiaremos de ser; y en parte es verdad. La clave es cambiar unos y modificar otros, pero sólo los hábitos que mejoran nuestra persona y nuestra capacidad de relacionarnos con los demás. ● Los hábitos a la larga sufren una especie de selección natural y van decayendo o modificándose según su rentabilidad y/o necesidad. Los hábitos nunca desaparecen, sólo se guardan como los objetos que ya no utilizamos pero no queremos deshacernos de ellos. Por todo ello, los hábitos nos estabilizan la personalidad, pero no son insustituibles, por lo que tenemos la capacidad de cambiarlos si es necesario; Sólo depende de nosotros, sólo tenemos que tomar una decisión y luego olvidarla. ● La enseñanza de la vida nos dice que para vivirla sabiamente, se deberá aprender a aceptar sus dolores y deberá también aprender a dejar ir sus placeres. Esto es lógico ya que sabemos que nada es para siempre, ni el dolor, ni el placer. ● Permitirnos vivir los momentos de tristeza cuando éstos llegan, sin que nos asuste la vivencia, nos hace dúctiles para acomodarnos naturalmente a los distintos compases claroscuros que suceden en la danza de la vida. Evitar la tristeza nos impide devolvernos la alegría. La mayor parte de las depresiones son tristezas no vividas, disfrazadas. Lo que hay que tener cuidado es de no sumar dolor al dolor natural, ya que esto conduce al sufrimiento; y éste es normal en algunos momentos de la vida, pero es peligroso instalarse ahí mucho tiempo. ● De la misma forma que la tristeza va enmascarada en la depresión, la alegría también lo hace detrás del placer, éxito, los logros materiales y la euforia. ● Por naturaleza le damos más importancia a lo negativo que a lo positivo, ya que ese es el precio de tener el desarrollo cerebral que tenemos. La palabra es supervivencia. Y no una supervivencia activa, sino principalmente precavida. Lo negativo nos enseña qué no debemos hacer para sobrevivir; no confundir con lo que no debemos hacer para obtener placer. Desde este punto de vista, el medio para sobrevivir es el dolor, y el placer es digamos un periodo de descanso o un disfraz para realizar el resto de necesidades (reproducción, alimentación etc…). ● Esta vida está organizada de tal forma que siempre buscamos la felicidad y el placer en todo


lo que hacemos o pensamos, por eso intentamos evitar la tristeza y el dolor. Pero bien se sabe que uno es más feliz con aquello que le ha costado más conseguir, pero una vez conseguido volvemos al principio. Aquello que conseguimos sin esfuerzo, habitualmente, no logra satisfacernos profundamente. ● En el marco de las relaciones y la sociedad, es falso decir “yo soy así”; Yo puedo decir yo soy, pero lo demás dependerá de qué papel esté interpretando en relación con los contextos y personas con los que me relacione. ● La vida es también un juego de interacciones con unas normas básicas establecidas y unas también asumidas complicidades. La diferencia del niño con el adulto en relación al juego, es que aunque el niño llore cuando alguien cambia las reglas, tiende a buscar otro juego. El adulto se instala en la frustración, el reclamo y hasta involucrar todo su ser en el reproche, la rumiación y en la anulación de futuras partidas (“no vuelvo a enamorarme”). Hay que aceptar que los demás tienen la libertad de decidir romper las reglas y dejar de jugar. No hay que tomarlo de forma personal, ya que si la intención del otro hubiera sido seguir jugando, habría convocado un cambio de normas para seguir jugando con los mismos actores. Al no hacerlo, la intención es clara: no seguir jugando. Tiene todo su derecho y por supuesto toda la responsabilidad de malograr el juego. Esta aceptación nos permite volver a jugar a otros juegos y con otros jugadores en condiciones favorables, sin resentimientos, sin reclamos, sin culpa. ● La esencia de la vida está en aprender a jugar diferentes juegos y con diferentes personas, sin importar demasiado quién gana o pierde, lo importante es ser capaz de adaptarse a muchos papeles, sólo así las posibilidades son infinitas sin dejar ser. El fallo está en intentar aprender a vivir, ya que eso nos da la impresión de que se aprende, habitualmente, demasiado tarde. ● Lo importante de una buena vida es haber ido dando tiempo al tiempo en cada circunstancia. Aproximadamente antes de los cincuenta, el proceso es principalmente constructivo tanto externo como interno. A partir de ahí, se construye pero de otra manera. Ya no se tiene tanto temor a no obtener o llegar a lo anhelado. Ya se acepta el que todo no se tiene, pero se vive más lo que sí tienes. ● En relación a esto, cada generación tiene un papel y un proceso de construcción que interacciona padres con hijos y abuelos, y que se enriquecen mutuamente según su grado de desarrollo. El problema hoy en día es que la familia está habitualmente desestructurada, lo que hace que alguna generación tienda a actuar como la otra especialmente a partir de los cincuenta, lo que limita las posibilidades de desarrollo vital de estas generaciones y genera más desapego que complementariedad. Los padres nunca dejarán de ser padres por intentar ser amigos de sus hijos. El rol debe ser claro, y a partir de ahí existe un gran abanico de posibilidades relacionales. Si no, estaremos en un escenario habitual, hoy día, en el que los padres exigen a sus hijos responsabilidades de adultos y planteamientos de madurez, e hijos que piden a sus padres que ejerzan roles de adultos y que no deserten de su condición de padres. ● Las estrategias vienen del general Strategos, en relación al arte y capacidad para la labor militar. De ellos se deriva que cuando intentamos utilizar estrategias fuera del ámbito militar, en el fondo nuestra actitud y pensamiento se instalan en la defensa y ataque como si de una batalla se tratara, tomando al blanco de nuestra estrategia como un enemigo a batir. El problema es que no es un buen escenario para relacionarnos de forma coherente con nadie. ● La vida en paz está llena de conflictos, pero éstos no determinan una declaración de guerra; deben haber otros carriles para su resolución: diálogos, negociaciones diplomáticas, posturas no defensivas ni ofensivas, y sobre todo la aceptación de que el otro es diferente a mí. La guerra se declara cuando éste principio se ignora. ● Las experiencias positivas del pasado con frecuencia provocan nostalgia, por lo que fue y ahora no es. Una forma de valorar mejor el presente y construir un mejor futuro radica en pensar, desarrollar y sentir en base a las experiencias negativas: cómo logramos superarlas, qué actuaciones realizamos para poder afrontarlas, y afirmar con felicidad cómo esos escenarios no existen, sólo en nuestra mente, como un libro. Por ello, el ver películas dramáticas, permitirse llorar, recordar momentos dolorosos que fueron superados, y todo con afán constructivo, positivo y desahogante es tremendamente reconstituyente. ● El error habitual que solemos cometer es proyectar el pasado sin digerirlo y sin asumir que ya no está, en el futuro incierto, sin haber pasado por el presente que es lo importante. El día a día se pierde y da paso a una alienación de lo físico sobre lo mental, ya que la vivencia es puramente cerebral, abstracta y por lo tanto intangible, constituyendo una fuente constante de ansiedad y sufrimiento.

Resumen "Antiestrategias"  

Este es un libro donde se muestran diferentes puntos de vista de lo que nos ocurre, ayudándonos a interpretarlas correctamente

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