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El Sanatorio de La Marina En ese momento comienzan a escucharse unos fuertes golpes metálicos, que parecen provenir de la escalera de seguridad que concluye en una pequeña terraza a escasos metros de la habitación. ...en la escalera no hay absolutamente nadie. se conocía como “pabellón de oficiales”. Hasta ese momento, más allá de la desazón inicial propia de todos los trabajos de campo ( cuesta un poco “acomodarse” al entorno y a las sensaciones que algunos lugares van transmitiendo), no encontramos nada especialmente extraño, salvo la habitación 23 de la planta segunda. La puerta de dicha habitación se encontraba cerrada, pero lo cierto es que de forma inmediata nos llamó la atención. Decidimos abrirla con cuidado. Una corriente de olor fétido, absolutamente insoportable nos echa para atrás (y eso que llevábamos puestas mascarillas de tela). La habitación está vacía, salvo una bolsa de color amarillo colgada en un radiador. En el cuarto de baño del mismo no se observa nada, a simple vista. decidimos movernos ya que el insoportable olor, de una putridez dulzona, esta a punto de provocarnos el vómito. En ese momento comienzan a escucharse unos fuertes golpes metálicos, que parecen provenir de la escalera de seguridad que concluye en una pequeña terraza a escasos

metros de la habitación. Primer susto y de los buenos, nos retiramos y paramos para comentar el incidente … en la escalera no hay absolutamente nadie. No pudimos encontrar tampoco una explicación racional al olor repugnante de aquella sala, a pesar de su abandono no había allí ningún resto de comida abandonado o algún animal muerto que pudiera provocarlo, la relación que algunos olores tienen con la “aparición“ de determinadas causas paranormales nos hizo pensar mucho

en aquella habitación. Respecto del ruido, quisimos pensar que provenía de una finca contigua propiedad del ayuntamiento de la localidad en la que en nuestro “reconocimiento” previo habíamos podido observar que había operarios trabajando. No obstante lo dicho, debemos reconocer que nos planteamos abandonar el lugar. Finalmente la curiosidad nos pudo y aplicamos nuestra máxima; “Sin riesgo no hay gloria”. Avanzamos hacia el edificio principal, 5 plantas de laberínticos pasillos nos aguardan.

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Revista Digital Clave7, nº10, Diciembre 2011, Año II  

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