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ras una agobiadora jornada de trabajo bajo el sol de Israel, el equipo de arqueólogos del Union College de Jerusalén se preparaba para una pausa entre las ruinas de Tel Dan, una antigua ciudad del norte. Pero antes de descansar, Gila Cook -una de las encargadas del equipo- notó una inusual sombra en una de las paredes que habían quedado expuestas, tras excavar lo que había sido la entrada principal. Era el 21 de julio de 1993 y, según relata la exploradora, al acercarse descubrió un trozo de basalto que sobresalía del piso y que tenía un texto escrito en arameo antiguo. Emocionada, llamó a viva voz a Avraham Biran, investigador en jefe. Su sorpresa fue inmediata: tenían una inscripción sobre una victoria militar del rey de Damasco en el siglo IX a.C. que mencionaba al "rey de Israel" y "la casa de David".

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La noticia fue un suceso histórico y científico. Por primera vez se había encontrado una referencia no bíblica que comprobaba la existencia del monarca, figura central de las escrituras cristianas y reconocido no sólo por sus grandes dotes artísticas y de guerrero, sino por ser un ancestro de Jesús. Luego de siglos de exploraciones y especulaciones, que incluso hablaban de que David había sido inventado por escribas hebreos, se descubría un texto gestado por un enemigo del monarca. Ese fue el punto de partida de una seguidilla de hallazgos que en los últimos años han dado un impulso sin precedentes a la arqueología bíblica. Una disciplina que surge tras el descubrimiento de los rollos del mar Muerto (1947), cuando los científicos dejan de considerar al texto religioso como una historia que sólo cabía desmitificar y comienzan a usar la Biblia como una brújula escrita para guiar las excavaciones.

Revista Digital Clave7, nº10, Diciembre 2011, Año II  

José Manuel García Bautista-Fantasmogénesis; Anibal Clemente Cristobal-Arqueología Bíblica: Lo que la ciencia descifró y las preguntas pendi...