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CAPÍTULO 7 Bliss corrió lo más rápido que pudo. Ella había visto todo. Ella estaba en el taxi y lo vio todo: el salto de Schuyler, Dylan tras ella, la persecución, el revés. Ella había sido testigo de la angustia de Dylan y del dominio de Schuyler. Oh Dios, no dejes que lo haya matado. “Dylan!”, Bliss se arrodilló a su lado. Él estaba tendido boca abajo sobre la acera, entonces ella lo volteó delicadamente y lo tomó en sus brazos. Él estaba tan delgado… solo piel y huesos bajo esa polera. Ella lo sostuvo tiernamente como una cría de pájaro. Él estaba dañado y patético, pero él era suyo. Lágrimas corrían por sus mejillas. “Dylan!”. Cuando ella llegó a su casa después de su reunión go-see y él no estaba ahí para encontrarse como lo habían planeado, ella supo inmediatamente que algo estaba mal. Ella llamó a Oliver y le dijo que se juntaran en el edificio Perry Street lo más pronto posible. Dylan había estado diciendo todo este tiempo que iba a hacer algo, y ahora lo hizo. Afortunadamente, Bliss sabía donde encontrarlo porque ella sabía el secreto de Schuyler y a donde iba a estar esa noche. Dylan abrió sus ojos. Él retrocedió cuando vio a Bliss, y luego se volteó hacia Schuyler y gruñó en un profundo y resonante estruendo, “Argento Croatus!”. “Estás loco?”, preguntó Schuyler, Oliver se cruzó protectoramente. Ella no podía creerlo que había escuchado. Dylan le había dicho Sangre Plateada. Qué estaba sucediendo? Qué le sucedía? Por qué su voz sonaba de esa forma?. “Dylan, detente. Sky – él no sabe lo que está diciendo”, dijo Bliss nerviosa. “Dylan, por favor, no tienes sentido”. Dylan se desconectó, sus pupilas se dilataron rápidamente como si una linterna le estuviera alumbrando en los ojos. Luego comenzó a reír en un alto chillido. “Sabías que él había regresado y no me lo dijiste”, dijo Schuyler, y la acusación se mantuvo en el aire entre ellos. “Si”, Bliss respiró fuerte. “No quise decirte porque…” porque se lo dirías al Conclave. Harías que se lo llevaran. Y si, él cambió. Él es diferente. No es el mismo. Algo terrible e indescriptible le ha sucedido. Pero aún lo amo. Tu me entiendes, cierto? Tu, que esperaste en un apartamento por un chico que no llegó. Schuyler asintió. Las dos se entendían sin hablar. Era una forma vampírica. “Aún así, él no puede estar así; tenemos que buscarle ayuda”. Schuyler se acercó a los dos. “No me toques”, gruñó Dylan. De pronto, se levantó y agarró a Bliss por la garganta, sus dedos huesudos presionaban violentamente su pálido cuello. Translated by Dana Alexia

Blood 03  
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