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“Hay algo malo conmigo”, dijo Bliss, durante el almuerzo en el comedor. “A qué te refieres? Estás enferma?”, preguntó Schuyler, abriendo una bolsa de papas fritas con jalapeño. Estoy enferma? Se preguntó Bliss. Ciertamente ella últimamente se sentía enferma. Pero era una forma distinta a estar enferma – su alma se sentía enferma. “Es difícil de explicar”, dijo ella, intentándolo. “Yo estoy, como, viendo cosas. Cosas malas”. Cosas terribles. Ella le contó a Schuyler sobre como había comenzado. El otro día ella estaba haciendo jogging por el Hudson, y cuando pestañeó, en vez de las plácidas y marrones aguas del río, ella las había visto llenas de sangre – roja y viscosa y agitada. Luego ahí estaban los jinetes que habían entrado con un estruendo a su habitación una noche – cuatro de ellos, sobre grandes corceles negros, detrás de máscaras; ellos se veían asquerosos y olían peor. Como vivir muertos. Ellos habían sido tan reales, los caballos habían dejado sucias huellas sobre la alfombra blanca. Pero la visión de la otra noche había sido peor: bebés bayonetas, víctimas destripadas, monjas decapitadas con cruces colgando… continuó. Pero lo más espantoso de todo? Justo en la mitad de una visión, un hombre había aparecido. Un hombre en traje blanco. Un hombre apuesto, con brillante cabello dorado y una hermosa sonrisa que la congelaba hasta los huesos. El hombre caminó por la habitación y se sentó a su lado en la cama. “Bliss”, dijo el hombre, poniendo una mano sobre su cabeza como una bendición. “Hija”. Schuyler levantó su mirada de su sándwich de atún. Bliss se preguntaba como Schuyler aún podía tener apetito por la comida normal – Bliss había perdido el gusto hace tiempo. Ella apenas podía resistirse a comer su hamburguesa a medio hacer. Quizás era porque Schuyler era mestiza. Bliss alcanzó una papa frita por curiosidad. Estaba salada y desagradablemente picante. Tomó otra. Schuyler se veía pensativa. “De acuerdo, entonces un tipo raro te llamó como su hija, gran problema. Era solo un sueño. Y en cuanto a las otras cosas – estás segura que no te quedaste hasta tarde viendo una película de zombies?”. “No – es solo que…”, Bliss negó con su cabeza, molesta por ser incapaz de transmitir cuan espeluznante era este hombre. Y como sonaba como si él le estuviera diciendo la verdad. Pero como podía ser así? Su padre era Forsyth Llewellyn, el senador de Nueva York. Ella se preguntó una vez más por su madre. Su padre nunca hablaba de su primera esposa, y solo unas semanas atrás Bliss se sorprendió de encontrar una fotografía de su padre con una mujer rubia que ella siempre había asumido como su madre escrito en la parte de atrás con las palabras “Allegra Van Alen”. Allegra era la madre de Schuyler, la paciente comatosa más famosa de la ciudad de Nueva York. Si Allegra era su madre, eso la convertía en la hermana de Schuyler? Translated by Dana Alexia

Blood 03  
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