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CAPÍTULO 41 “Traidor!”, dijo Mimi entre dientes. “Baja tu arma, Azrael”, dijo Kingsley tranquilamente, aún sosteniendo la suya. “No me encontrarás una presa fácil como los otros”, escupió. “De qué estás hablando?”, exigió. “Vi el humo negro desde la calle. Dios mío, qué sucedió aquí?”. “Tú montaste esto. No juegues al inocente. Todos sabemos lo que eres realmente, Croatan”, escupió Mimi, dándole una mirada pura de enojo. “Me doy cuenta que es difícil para ti creer, pero solo he logrado escapar de un feo hechizo de inmovilidad”, dijo amargamente. “Vine a recoger a Alfonso para nuestro usual juego de golf, y la siguiente cosa que supe es que estuve atrapado en la parte trasera de mi propio auto. Tan pronto me liberé vine aquí a advertir a los otros”. Mimi esnifó. Una magnífica historia que Kingsley le contaba. Jugando a la víctima otra vez. Si, seguro, él había sido retenido. Cuando sería tan fácil para él dejar la casa desde la parte de atrás y entrar por la puerta principal. Pero qué ganaría él dejándola con vida? Por qué no la mataba? Cortar su garganta y terminar con esto?. “Donde está Lawrence?”, Kingsley tosió mientras varías explosiones movían el suelo bajo ellos. “Intenté enviarle un mensaje, pero no pude encontrarlo en el encantamiento”. “No está aquí”, dijo Mimi, notando que Kingsley había bajado su espada. Ella podía matarlo ahora, mientras estaba con la guardia baja. Pero qué sucede si decía la verdad? O estaba actuando solo como otra parte de la trampa?. Antes que ella pudiera tomar una decisión, hubo un estrépito, y Forsyth Llewellyn apareció. Él llevaba el cuerpo sin fuerzas de su esposa. Sus ropas estaban chamuscadas, y lucía un profundo tajo en su frente. Entonces él también sobrevivió. Mimi se sintió un poco mejor. Quizás había más sobrevivientes. Pero a donde se habían ido los Sangre Plateada? Después que ella había derribado a Nan Cutler, el resto de ellos pareció desaparecer en el humo. “Los demás están muertos”, le dijo Mimi a Forsyth. “Tú y yo somos los únicos que quedan. Vi a Edmund caer, Dashiell, Cushing… a todos. El Regente”. “Nan está muerta?”, preguntó Forsyth Llewellyn, aterrado. “Ella era uno de ellos”, le dijo Mimi, sus ojos irrigaban por el humo. “La maté yo”. “Tú …”. “Vamos, tenemos que salir de aquí”, dijo Kingsley, repentinamente llevándolos fuera de la entrada, la cual se estrelló en llamas en el suelo. Si Kingsley la quisiera muerta, seguramente él no actuaría de ese modo. Translated by Dana Alexia

Blood 03  
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