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“Está bien”, anunció BobiAnne después de revisar las pupilas de Bliss y su pulso. “Buena chica. Nos diste un gran susto”, dijo, buscando en sus bolsillos por sus Marlboro Light. BobiAnne encendió un cigarrillo y chupó profundamente hasta que formó una larga columna de ceniza. Bliss notó que el rostro de su madrastra estaba perfectamente arreglado para una fiesta, y sus padres estaban vestidos con ropas formales de fiesta. “Qué sucede? Por qué me atacó Jordan?”, preguntó Bliss, finalmente encontrando voz y volteándose hacia su padre. Tomó unos minutos para que él respondiera. La reputación de Forsyth Llewellyn en el senado era como un moderador facilitado, alguien que estaba dispuesto a negociar con el otro lado, para traer consenso para las acciones beligerantes. Su suave encanto texano entraba hábil durante las batallas partidarias en la legislatura. Bliss pudo ver que él estaba poniendo en marcha su encanto en ella. “Cariño, tienes que darte cuenta que Jordan es diferente a nosotros”, dijo Forsyth, asegurando el paquete que sostenía a su hermana menor. “Ella no es uno de nosotros”. “Uno de nosotros? A qué te refieres?”. “Lo entenderás con el tiempo”, le aseguró. “Hemos sido obligados a hacernos cargo de ella. No tuvimos opción!”, se rió BobiAnne, con una amargura progresiva en su voz. “Cordelia Van Alen nos obligó. Esa vieja bruja metiche”. “Jordan no es de esta familia”, añadió el padre de Bliss. “De qué están hablando?”, lloró. Era demasiado. Todos estos secretos y mentiras, estaba harta de eso. Estaba harta de ser mantenida en la oscuridad sobre todo. “Se todo sobre Allegra!”, declaró de pronto, con una mirada desafiante. BobiAnne le dio una mirada a su esposo que decía, “Te lo dije”. “Sabes qué de Allegra?”, preguntó Forsyth, con una mirada de inocencia en su rostro. “Encontré esto…”, Bliss buscó en su bolsillo y les mostró la fotografía con la inscripción, la que llevaba con ella todo el tiempo. “Me mentiste. Me dijiste que mi madre se llamaba Charlotte Potter. Pero jamás hubo una Charlotte Potter, cierto?”. Forsyth vaciló. “No – pero no es lo que crees”. “Entonces dime”. “Es complicado”, suspiró. Sus ojos vagaban en la vista panorámica de la playa, sin querer encontrarse con la mirada de ella. “Un día cuando estés lista, te lo contaré. Pero no ahora”. Era exasperante. Su padre estaba haciéndolo otra vez: evadiendo sus preguntas, haciendo la táctica obstruccionista con ella. Protegiéndola de la verdad. “Qué hay con Jordan?”, preguntó. “No te preocupes. No te volverá a hacer daño”, dijo Forsyth con dulzura. “Vamos a enviarla a algún lugar seguro”. “La vas a enviar a Transiciones?”. Translated by Dana Alexia

Blood 03  
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