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aunque reformado – había sido permitido regresar como un Venator. Su abuelo no era una persona crédula, y tuvo que haber tenido una buena razón para confiar nuevamente en Kingsley, especialmente después de lo que sucedió en Venecia. Pero aún así… Ella estaba preocupada. Cerró sus ojos y pensó en su abuelo. Se imaginó su cabello leonino, su porte aristocrático. El envío fue regresado inmediatamente. Qué haces aquí? Exigió Lawrence enfadado. Obviamente estaba muy molesto, y peor, sonaba perfectamente bien. Salvarte? Envió Schuyler con indecisión. Hubo un sonido como un resoplido telepático. Encuéntrame en el Palace bar. En una hora. *** Lawrence estaba vestido con su usual tweed y pesadas lanas cuando lo encontraron en el bar en el Copacabana Palace. Su rostro estaba rojo, y el sudor caía por su frente. Schuyler pensó que no se quejaría demasiado del clima si se vistiera de acuerdo a eso. “Se suponía que te quedaras en Nueva York”, dijo Lawrence severamente mientras saludaba. Tomaron asiento en el bar y Lawrence ordenó una ronda de tragos. Un Bellini para él y piña colada para su nieta y su Conducto. Incluso si el alcohol no afectaba a los vampiros, a Lawrence le gustaba acatar las reglas de los Sangre Roja y fruncir el ceño sobre los tragos para “menores”. “Pero abuelo… escuché que estabas en problemas”. Ella se retorció en su asiento. Se sentía aliviada que Lawrence estuviera bien, pero la mirada dura de su abuelo hacía que sus recientes acciones se sintieran impulsivas y tontas. Más y más parecía que su viaje fue innecesario e innecesariamente dramático. “Esas son noticias para mi”, dijo Lawrence, sacando su pipa. “Pero por qué no devolviste mis envíos?”, preguntó Schuyler. “Me preocupé”. Lawrence chupó su pipa antes de contestar. “No los escuché. No he escuchado nada de ti hasta hoy”, dijo él, soltando el humo al aire. La mesera regresó con sus tragos, y chocaron sus vasos. “Aquí no se fuma, señor”, le dijo. “Por supuesto que no”, guiñó Lawrence mientras continuaba fumando, jugando con un cenicero de plata sobre la mesa. La mesera se vio confundida y se marchó, solo otra víctima del encantamiento. Lawrence se volteó a Schuyler. “Has practicado los ejercicios que te enseñé? Concentrarte en localizar mi espíritu?”. “Si, por supuesto”, dijo Schuyler un poco impaciente. Translated by Dana Alexia

Blood 03  
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