Page 112

~ 112 ~ http://shadowsidebydana.blogspot.com

CAPÍTULO 32 Solo pronunciar el nombre del aeropuerto de Río – Gaelao – podía introducirla a una atmósfera lista para el Carnaval, pensó Schuyler. Gahhhhlaaaaeonnn. Ahora entendía por qué tanta gente viajaba a este país: hasta el nombre de su aeropuerto prometía seductoras y misteriosas aventuras. Schuyler, sin embargo, se sentía lejos de un romance de cualquier tipo. No podía dejar de pensar en Jack sin pensar en Oliver. Era demasiado doloroso. Escaparse de los Force había sido fácil: ella salió por la puerta. Charles estaba escondido en su estudio de nuevo, Trinity estaba fuera en un spa solo para chicas, mientras Mimi estaba viajando a Río con el Conclave. Jack continuaba en Nueva York. La otra noche le dejó otro libro bajo su puerta. Una copia de Anna Karenina. Pero no fue a encontrarse con él. Ella ni siquiera tuvo el valor de llevar el libro con ella en el vuelo de nueve horas. No durmió nada durante el viaje, y el asiento estrecho no ayudaba en nada. Schuyler solo había viajado con Cordelia u Oliver y su familia. Con su abuela ellos habían tomado pequeños aeroplanos con hélice hasta Nantucket, y Oliver solo viajaba en primera clase. Ella una vez pensó en si misma como una chica fuerte que no necesitaba una vida con lujos, un error bastante común hecho por aquellos que jamás experimentaron una vida con inconvenientes. El avión finalmente aterrizó, y Schuyler recuperó su bolso del contenedor y arrastró sus pies hasta el inicio de la fila. El aeropuerto era decepcionante, para nada la vida de la promesa mágica de su apodo. La aduana y los espacios de inmigración eran largos y abiertos, pero la decoración era fría, utilitaria, anticuada, e institucional. Para nada linda, sensual, o lo que sea que Schuyler había asumido que le daría la bienvenida cuando llegara. Estaba vacío y silencioso. Ella esperaba una fiesta, y se encontró con el Kremlin. Schuyler entendió que la ciudad era considerada bastante peligrosa, y mantuvo una mirada cautelosa. Lawrence aún estaba frustrantemente inalcanzable. Los últimos mensajes que le envió no habían sido contestados, y Schuyler no podía bloquear su señal. Siguió a la multitud hasta el frente del terminal. Bliss le había aconsejado tomar un taxi, pero con el poco dinero que llevaba, decidió afrontarlo tomando unos de los buses desvencijados que llevaban a áreas centrales a lo largo de las playas y se detenían alrededor de los principales hoteles. El bus estaba lleno de ruidosos mochileros australianos, y Schuyler encontró un asiento en el frente entonces podía mirar por la ventana. El viaje desde el aeropuerto era Translated by Dana Alexia

Blood 03  
Blood 03  
Advertisement