Issuu on Google+

CHINA

UN HOTEL PARA EL OSO PANDA Al pie del sagrado monte Emei, en China, se inaugurará en mayo el Haoduo Panda Hotel, un albergue 5 estrellas ambientado en negro y blanco, los colores del oso panda, que para los chinos es símbolo de amor, felicidad, calidez y naturaleza. Cuando Jian Qin, el talentoso creador de este hotel temático comenzó a pensarlo, supo que el lugar serían las laderas color verde esmeralda del monte Emei, una comarca de exótica vegetación en el suroeste del país. Qin está convencido que los osos panda son para el disfrute de toda la humanidad y que él fue elegido para promover "el espíritu panda" en el mundo. Fue más allá, al afirmar que si este hotel dedicado a los "comedores" de bambú tiene éxito, abrirá muy pronto otro en Londres. El lugar, más allá de su belleza, es donde están las principales reservas de osos pandas --la provincia de Sichuan--, en la que unos 1.600 pandas gigantes viven en su hábitat natural. La reserva que preserva a esos gigantes está a sólo dos horas y media del nuevo hotel. Lo que su creador no imaginó es que el hotel temático causaría tanto interés en el segmento de los raros viajeros del planeta, una mezcla de bohemios, millonarios y exploradores que ya reservaron habitaciones. Chengdu, la capital de la provincia de Sichuan, se apresta a recibir una avalancha de turistas que la devolverá al prestigio que tuvo en el pasado, cuando Menchang, supremo señor del Reino Shu, ordenó plantar hibiscus alrededor de sus murallas y la convirtió en "la ciudad de los hibiscus". También la apodaron "la ciudad de los brocados", cuando la realeza y la elite china, en tiempos de la dinastía Han, se desvivían por esta especie de tapetes famosos por sus formas y sus bordados en seda y terciopelo. En los callejones de su barrio viejo se instalaron tiendas, bares y restaurantes, en especial en el Kuan Xiangzi o Callejón Amplio. En esta ciudad china también se utilizó, por primera vez en la historia, el papel moneda, lo que ocurrió alrededor del año 960. Osos en todos los rincones. Pero volvamos al hotel Haoduo e imaginemos esta escena: el viajero llega y lo recibe personal disfrazado de panda; en la conserjería otro empleado igualmente vestido registra su ingreso, mientras que un "osito panda" maletero lo guía hasta su habitación. A su paso, verá peluches en los sillones, en la barra del bar, cerca de la piscina y sobre el piano. Y ni qué decir del equipamiento interior: toallas, pijamas, pantuflas y hasta las sábanas tienen el monograma del oso panda. Un oso gigante es quien lo recibe cómodamente sentado en el gran sillón de la suite. El monte Emei es el lugar donde los budistas levantaron su primer templo en el siglo 1, y donde Samantabhadra, su protector, desarrollaba sus actividades. En un principio convivieron budismo y taoísmo, hasta que, tras la declinación del taoísmo, el monte fue centro exclusivo de los budistas. Su cumbre está casi siempre envuelta por una espesa niebla, a través de la cual algunos creen ver "la luz de Buda" y otros un halo luminoso que emana de la frente de Buda.


Verlo era signo de suprema felicidad, pero algunos peregrinos se lanzaron al vacío ante esa visión. En realidad, desde la ciencia explican que es un fenómeno de refracción de la luz, que se produce sobre las nubes. De aquellos 200 templos y monasterios que se construyeron en la montaña sagrada durante cinco dinastías, actualmente hay sólo 17, la mayoría cerca de la cima, entre ellos el Monasterio de Ofrenda Nacional, emplazado sobre terrazas de diferentes niveles, y el Monasterio del Trueno, sobre altos pilares, adaptando su arquitectura a la orografía. Un dato interesante son las referencias encontradas en documentos de los siglos XVI y XVII, que mencionan las prácticas de artes marciales en estos monasterios. Otro de los grandes atractivos cercano al nuevo hotel es el Gran Buda de Leshan, al este del monte Emei, en la confluencia de dos ríos y sobre la colina Lingyun. La gigantesca estatua, emplazada en tierras proclives a inundaciones, es un centro de peregrinaciones y turismo. La leyenda cuenta que Hai Tong, bonzo del Templo Lingyun, recurría a fuerzas divinas para domar inundaciones y tormentas, y que en el año 713, bajo la dinastía Tang, el Buda comenzó a tallarse en el acantilado rocoso de la colina, trabajo que finalizó 90 años después. Para proteger este monumento de 71 metros de altura, cuya cabeza es de casi 14, se construyó un sistema de drenaje y un pabellón de 13 pisos de madera. Llaman la atención sus pies, de 11 metros de largo y casi 6 de ancho, donde se sientan a contemplar el paisaje peregrinos y turistas. China y sus 1.200 millones de chinos le muestran al mundo su rica historia milenaria al mismo tiempo que le abren camino al modernismo que avasalla su vida cotidiana. Sus servicios turísticos crecieron mucho en los últimos años, en especial la hotelería y los guías que hablan todos los idiomas y todos los dialectos. El país asiático tiene la Muralla China, el Palacio Imperial y el enorme Ejército de Terracota. Pero el siglo XXI impone sus reglas y, entonces, el país de la historia misteriosa se mete con lo temático y le ofrece a los viajeros una vuelta a la infancia con este personaje con el que todos, alguna vez, hemos dormido: el osito panda. CORINA CANALE --LAS CINCO MONTAÑAS SAGRADAS El Monte Emei semeja una gran pantalla color verde esmeralda en la llanura de Chengdu. Su punto más alto es el pico Wanfo, de 3.099 metros. Emei es la más elevada de las cinco célebres montañas sagradas de China: Taishan, en Shandong; Hengshan, en Hunan; Huashan, en Shaanxi, y Hengshan, en Henan. --LA RESERVA NATURAL DE WOLONG La Reserva Nacional Natural de Wolong está a tres horas de la ciudad de Chengdu; tiene 200.000 hectáreas y fue creada en 1963. En 1980 se unió a la Red Internacional de Reservas del Hombre y la Biosfera de la Unesco. Es la más antigua, la más grande y la más conocida reserva de pandas en China, algunos de ellos marcados. Los turistas, en compañía de un guía y de un GPS salen al bosque en busca de uno de estos ejemplares gigantes.


Su bosque conserva intacto el ecosistema, donde hay más de 4.000 plantas, algunas muy raras y usadas en medicina. Dentro de la reserva hay pequeñas aldeas habitadas por grupos étnicos minoritarios, del Tibet y de Qiang, que viven como hace siglos y conservan tradiciones y cultura. Es gente amable y hospitalaria con los visitantes, a quienes agasajan con comidas elaboradas con productos de sus propios cultivos, platos que sazonan con muchas especias. TIPS Patrimonio El monte Emei fue declarado por la Unesco en 1996 Patrimonio de la Humanidad. Tarifa El alojamiento por una noche costará entre 48 y 80 dólares


Osos pandascirc