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El sueño de Sebastián Mireya Viacava-Raab / Alejandra Viacava


(Versi贸n libre de un cuento de mi madre, Marta Gim茅nez Pastor)


Hoy festejé mi cumpleaños ¡el número 7! e invité a mamá, papá, al abuelo y a mis mejores amigos, Félix y Nicolás a jugar. Todo estaba saliendo de maravillas hasta que, antes de comer la torta, a mi abuelo Simón el marino, se le ocurrió preguntarme: -Entonces Sebastián ¿Qué vas a ser cuando seas grande? -Aviador abuelo… quiero ser aviador. -¿Qué? ¿Cómo aviador? -Sí… aviador. Yo quiero hacer la vuelta al mundo en avión. Cruzar nubes a toda velocidad y volar, volar y volar más alto que los pájaros… (ILUSTRACION NUMERO 8 QUIZÁS ESTÁN MUY JUNTAS PERO SON TAN LINDAS QUE ES UNA PENA NO PONERLAS A TODAS!) Escuchando esto, mi abuelo con ojos tan grandes como dos huevos fritos, pegó un salto en su silla, se secó la frente con su pañuelo escocés gigante y gritó haciendo temblar las paredes: -¡NOOOO, ESO NOOOOO… NUNCA JAMÁS DE LOS JAMASES…! ¡Serás marinero como tu papá, como tu abuelo, tu bisabuelo y tatarabuelo….! Yo, agaché la cabeza y esperé. Cuando mi abuelo se calmó y volvió a sentarse en la silla del jardín, me acerqué y le dije: -Pero es que a mi… NO- ME- GUS-TA EL MAR…. Me miró fijo a los ojos y me preguntó: -Pero Sebastián ¿no te gustaría tener una gorra de marinero con un pompón rojo? ¿Y un uniforme con estrellas? Todos estaríamos muy orgullosos de verte navegar por los grandes mares del mundo… -Pero es que a mi… ME- GUS-TA EL CIE-LO – le contesté -Nada de peros Sebastián, en nuestra familia eso es IMPOSIBLE – dijo dando pequeñas patadas en el piso – a todos nos gusta el mar… y es ¡una orden de capitán! -Pero a mi me gustan las nubes, la luna, el sol, los rayos… me gusta… -¡VOLAR! – gritaron en coro mis amigos. -Yo no quiero navegar entre los peces. En un barco ¡me mareo! y el mar es muy grande y es peligroso… -Eso es cierto, lo dijo la maestra – agregó Luis -Yo estoy de acuerdo – agregó Félix. Vimos al abuelo desalentado con la noticia, pero por suerte, como por arte de magia, papá apareció,


cantando y de muy buen humor: -¡Alto! ¡Alto piratas! ¿Qué dicen? La maestra no sabe nada…. Si supiera lo lindo que es estar en un barco en la inmensidad del mar y las olas tralala tralalere … y los delfines y las ballenas blan blan…! -Puffff…. –suspiré – yo no quiero NAVEGAR, yo quiero PI-LO-TEAR un avión grande, gigante, más inmenso que tu mar…. – protesté. -¡Vamos hijo! - se rió mamá mientras ponía sobre la mesa una enorme torta blanca con una cereza roja arriba – tienes sólo 7 años y mucho tiempo por delante…. -¿Es una cereza voladora? – pregunté planeando por entre los árboles del jardín. Todos empezamos a cantar el feliz cumpleaños y así terminó el día.

II Era un gran día en la casa. Era mi cumpleaños ¡el número 8! Como todos los años mamá me había preparado una torta deliciosa. Y mientras mis invitados y yo comíamos porciones enormes, yo miraba de lejos, los regalos que estaban sobre un sillón, todos envueltos con lindos papeles. Estaba seguro que el paquete más grande era ese súper avión a control remoto que, unos días antes le había mostrado a papá en la vidriera de la juguetería. Cuando mamá anunció la hora de abrir los regalos, me abalancé sobre las sorpresas. Primero abrí el paquete más largo. Era el de mi amigo Félix. -¡buenísimo! Un super auto de carreras…. Gracias. Seguí con el de Nicolás: -¡Genial! Una espada pirata…. Gracias. -¿Y ése? ¿No abrís el más grande? – preguntó el abuelo Tenía una tarjeta que decía: “Para mi nieto preferido, para que llegue muy lejos”. Emocionado, empecé a abrirlo despacito. Seguro que era mi avión. -¡Un… un…pero es un velero! – dije sorprendido -¿Te gusta? ¿Estás contento? -Eu…iu..uuu… sí, muy contento, gracias igual abuelo – respondí

pero mis amigos vieron mi

desilusión. -Y ahora abre éste… y verás la sorpresa que te espera – me pidió papá tendiéndome un sobre azul marino.


- “Vale para…un…pa…seo en barco con papá. Dura…ción: 2 días ente…ros en el mar” – deletreé con dificultad. -¿Está bien no? Así descubrirás los secretos del mar y quizás…quién te dice hasta descubrimos un tesoro. Iremos muy lejos a buscarlo…pero hijo, ¿Porqué suspiras? ¿no estás contento? -Si papá… es que a mi… -¿Mañana? ¿El paseo es mañana? – preguntó mamá leyendo la invitación - ¡entonces tenemos que preparar los bolsos! Mi cumpleaños había terminado.

III Al día siguiente, a penas abrí los ojos, vi a mis amigos en la puerta de la habitación. -Entonces… Sebastián ¿listo para la gran aventura? – preguntó Nicolás muerto de risa -¡NO! – le grité escondido bajo las sábanas -¡No te olvides las galletitas! – dijo Félix imitando la voz de mamá -¡Váyanse! No quiero nada – grité -LLevá los anteojos de sol, tu gorra de marinero, tu libro preferido “100 historias de mar” – agregó Félix -Y la toalla con ballenas….- dije levantándome de un salto de la cama para alejarlos de mi vista. Y desde la puerta, les grité: ¡NO VOY A IR! Pero un poco más tarde, sin saber cómo ni por qué, yo Sebastián, estaba en el puerto, arrastrando sin ganas un bolso repesado hasta un verdadero velero llamado “Tornado”. No era la primera vez que lo veía allí, bailando sobre las olas, con gente que subía y bajaba, con velas izadas, con cabos atados. Pero esta vez, “Tornado” estaba ahí amarrado para mí. Yo estaba de muy mal humor pero papá estaba super contento. -¡Es magnífico! – dijo papá mientras acomodaba las cosas sobre la cubierta. -Nada mal… pero mejor es un avión – protesté parado sobre el muelle. -¿qué decís? vamos, subí que ¡zarpamos marinero! Dijimos adiós a la familia con las manos en alto y entre las velas vi a mis amigos deseándome a los brincos un muy buen viaje. Una vez arriba, entre cabos y manivelas, caminé nervioso a lo largo y lo ancho de la cubierta de


“Tornado”. La gorra de marino se me caía sobre los ojos y no veía nada. El chaleco salvavidas me apretaba. Mamá me había puesto toneladas de crema para el sol y estaba todo pegajoso. El barco no paraba de moverse y sin embargo yo veía a papá sentirse como un pez en el agua. Lo veía maniobrar el timón, cambiar las velas, subir y bajar, correr de proa a popa, de babor a estribor como si fuera un equilibrista. Sin lugar a dudas: mi papá era un verdadero capitán. Cuando el sol empezó a esconderse lentamente en el mar, la luna se despertó y las estrellas empezaron a aparecer. Eran miles de estrellas que brillaban y titilaban en el cielo. Me senté a mirarlas. -Un día yo iré con mi avión a cazar una estrella – le dije a papá -Quizás… pero las estrellas son muy rápidas…es muy difícil alcanzarlas, mira esa que rápido pasó– me dijo papá sentado a mi lado. -¡Super rápido! -Pedí un deseo Sebastián, a esas estrellas tenés que pedirle un deseo - dijo papá -Por favor, estrella que un día encuentre alguna menos rápida… y… - dije siguiéndola con la mirada -Mira… esos pájaros – me mostró papá – buscan un refugio en las rocas para dormir ¿comemos? -No tengo hambre. Quiero dormir. -Antes te daré tu tesoro… - me dijo y me regaló una moneda gigante de chocolate envuelta en papel dorado. Lo abracé. Miré por última vez el cielo negro bordado de estrellas y me fui a acostar. El aire de mar me había cansado y con el vaivén de las olas y el silencio de la noche, mis ojos se cerraron solos.

IV A la mañana siguiente, las estrellas habían desaparecido. Hacía calor y los ojos me picaban con el sol. A la sombra de una vela de colores, traté de atraer a las gaviotas con migas de pan, pero preferían atrapar peces plateados escondidos bajo la espuma del mar. Entonces me distraje contando nubes y estirando mis manos hacia el cielo. Al atardecer, apoyado contra el mástil, vi como “Tornado” entraba al puerto. Desde el muelle, Julián ladraba y mamá y el abuelo nos recibían agitando pañuelos blancos. -Entonces ¿te gustó? Estoy seguro que ahora tienes el alma de un marinero de verdad – dijo el abuelo No respondí. -¿Te comieron la lengua las ballenas? ¿Qué es lo que más te gusto Sebastián? Contáme todo.


Las estrellas, abuelo… lo que más me gustó fueron las estrellas… había millones de estrella…vimos cientos de estrellas ¿no es cierto papá? ¿Y los peces? ¿Cuántos viste? Si supieras que lindas eran…. – continué sin escuchar sus preguntas. ¿Y las olas? ¿Habrás visto muchas olas? ¡Brillaban! – le contesté ¿Estás seguro que eran olas? – insistió el abuelo ¡Sí! Y hasta vimos una con una cola larga ¿no papá? Una estrella fugaz –aclaró papá Y hasta pedí un deseo – dije ¿Cuál? – preguntó mamá muy curiosa Un secreto… algún día lo sabrán – le respondí tomándola de la mano.

V Cuando cumplí 9 años, sucedió algo maravilloso. Ahora que mi hijo “es grande”, recibirá regalos “de grande” – anunció papá y me entregó un regalo sorpresa. El paquete no era muy grande, pero pesado. Lo abrí con mucho cuidado y lo reconocí enseguida: era el catalejo de familia. ¡Gracias papá! ¡Es genial! Siempre me gustó. Te prometo que lo cuidaré mucho – dije mirando a través. Entonces, mi abuelo se acercó y me entregó con un beso en la frente, una vieja carpeta. Eran sus mapas. Yo lo sabía. Los había visto una y mil veces con él. Pero abuelo esto ahora ya no sirve… ya no se usan más… todo funciona con computadoras… No importa, yo te los doy. En esos mapas hay misterios y secretos que no existen en las computadoras insistió. ¿Entonces mis pañuelos blancos tampoco se usan más? ¿En tu próximo paseo me dirás adiós por computadora? - preguntó mamá ofreciéndome uno La abracé y guardé el gigante pañuelo blanco en el bolsillo de mi jean. Gracias, los regalos son muy lindos… muy lindos y….prácticos… creo que voy a jugar con al


jardín…y jugar con todo... con todo esto… - dije señalando mis nuevas adquisiciones. Me senté sobre el pasto del jardín y mágicamente entre mis manos, el pañuelo de mamá se convirtió en un cometa. El catalejo se transformó en un telescopio poderoso. Con un mapa, luego con otro, y otro más fabriqué sin darme cuenta miles de aviones pequeños, medianos, grandes, más grandes…. y jugué. -¡Mis aviones de papel vuelan alto, muy alto, más alto que todos los aviones del mundo, más alto que el viento… y yo soy el piloto que vuelo lejos, muy lejos, más lejos que todos los pilotos del mundo… veo la copa de los árboles, los techos de las casas, los rascacielos, las nubes y vuelo más arriba todavía! En mi sueño, mi cuidad no era más que un pueblo en miniatura. -¡Veo pájaros inmensos, aviones gigantes – gritaba mientras Julián corría a mi lado por el jardín para atraparlos– y veo helicópteros por allí, paracaidistas por allá, y el sol arriba, más arriba! Corría sin parar para descubrir países, montañas y océanos perdidos. Con supuestos radares mitad catalejo-mitad telescopio me dejaba guiar y sobrevolé ríos, ciudades desconocidas y jardines floridos. En el pañuelo blanco, atrapé el arco iris, el perfume de la selva y de los bosques. Y cuando mis aviones de papel aterrizaron bajo órdenes de torres de control imaginarias ya era muy tarde. El sueño me invadió y la luz de la luna me cubrió. Me deslicé silenciosamente por la casa. Recorrí las habitaciones una a una. En la de papá y mamá, dejé el pañuelo lleno de perfumes sobre la almohada y el larga vistas repleto de paisajes lejanos bajo los pliegues de la sábana. Antes de acostarme hice un último avión de papel que apoyé, sin hacer ruido, sobre la mesa de noche del abuelo. Y desde mi cuarto, mientras miraba el cielo por la ventana, busqué una estrella fugaz. Cerré los ojos y pensé en mi deseo: Cuando yo sea grande….¡ Voy a ser AVIADOR!



El sueño de Sebastián