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EDITORIAL Trabajo y Dignidad Por Claudio García Pintos

Nuestra portada Estivadores a pleno sol (pág. 2-3) PEDAGOGIA FAMILIAR

¿CÓMO SOBRELLEVO EL LUTO POR MI HERMANO MUERTO? (pp.4-5)

LLAMADA “DISLÉXICA”. Un ser más allá de la interpretación (pp.6-7) REFLEXIONES EXISTENCIALES

¿TENER RAZÓN O SER FELIZ? (pp.8-9) LAS VOCES DE LA CONSCIENCIA (pp. 10-18) POST-FRANKL

DEL PSICODIAGNÓSTICO AL LOGODIAGNÓSTICO (Parte 2ª) (pp. 20-23) LOGOTERAPIA VINCULAR

EL MENSAJE EN LA BOTELLA: PONERLE MAGIA A LA VIDA (pp.24– 25)

UN HECHO INSÓLITORescatado de Manila (pp.26-27) SIN RECETARIO

LA MEDIANOCHE: Vivir entre el ayer y el mañana (pp.28-29) CARTAS DEL DESIERTO

DESECHABLES (Pág.30-32)

ROMPECABEZAS. Armando las piezas (pp.33-34)

ROMPECABEZAS: El musical (pp.35-36)

Trabajo y dignidad Todo trabajo es digno. Esa es la cultura en la que me criaron. No hay actividad honesta que sea indigna. Lo escuché en mi casa, pero, fundamentalmente, lo percibí testimoniado por mis abuelos y mis padres. Era la llamada “cultura del trabajo”. Y en ella he intentado educar a mis hijos. Pero también escuché que el trabajo dignifica a la persona. Sin embargo no estoy demasiado de acuerdo con esta sentencia. Fundamentalmente porque nunca, nada, podrá estar por encima de la persona humana, al punto de dignificarla. Ella tiene en sí misma una dignidad innegable. Y, aprendiendo con Viktor Frankl, descubrí que es la persona la que dignifica cualquier actividad honesta que realice. Sencillamente porque a través de esta, puede aportar algo suyo para el mejoramiento del mundo. Los griegos hablaban de la poiesis, concepto que aprendí con mi profesor de Deontología en la Facultad, el Padre Cesáreo Campos. Ellos opinaban que la naturaleza es redimida (mejorada) por la sola presencia del hombre y que tanto el arte que transforma un simple lienzo en una obra de arte, como el trabajo, que transforma un tronco de árbol en una mesa, ambas actividades, son poéticas. Porque poética es la presencia de la persona humana. De los Maestros aprendí que el trabajo es un indicador de salud. Así lo plantea Sigmund Freud (trabajar y amar) y el propio Viktor Frankl (trabajar, amar y su-

EDITORIAL frir); y de mis profesores, que el trabajo es un servicio, una entrega. Y así es cómo he ido aprendiendo cosas respecto del sentido del trabajo. En celebraciones como la que inicia este nuevo mes de mayo, saludarse entre los trabajadores es una manera de honrar la propia condición de co-creadores y responsables de hacer de este mundo algo mejor, vivible, acogedor para todos. Es también una manera de reforzar el compromiso de hacerlo. Más allá de todo, reconozco que descubrí cuál es el sentido del trabajo, gracias al testimonio de mi abuelo y mi padre, a las enseñanzas de los Maestros y Profesores, al encuentro con otros comprometidos “poetas” y a una cultura que dignificaba la condición del trabajador. Sin embargo, miro hoy a mi alrededor, percibo que aquella cultura ha cambiado, que mucha gente está desocupada, que los subsidiados son abrumadoras cifras de personas que viven y transcurren sus historias sin trabajar, y pienso en aquellos niños que crecerán viendo que ni sus abuelos ni sus padres tienen una actividad laboral digna, sustentable, reconocida, y me pregunto, ¿qué será de ellos?, ¿qué expectativas tendrán respecto de sus propias vidas? , ¿qué significará para ellos, en el futuro, “trabajar”? Sea tal vez esa, una urgente realidad por redimir.


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LOGORED© es una publicación digital mensual, de suscripción gratuita, dedicada a difundir novedades y reflexiones en torno a la Logoterapia y el Análisis Existencial. Director: Claudio García Pintos Secretario de Redacción: Federico García Presedo Colaboradores: (en este número) Enrique Adúriz (Argentina) Analía Boyadjián (Argentina) Carlos Garabal (Argentina) Lucía Copello (Argentina) Víctor Cárdenas (Ecuador) Olga Lehmann (Colombia) Iliana Hernández Silvera (Argentina) El contenido de los artículos y columnas es de entera responsabilidad de sus autores. El material contenido en esta publicación puede ser reproducido, previa autorización de su autor y citando la fuente. Por favor, contactarse con los autores al mail que figura en cada caso. Gracias.

Mail de contacto: logored.arg@gmail.com

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enito Quinquela Martín, es, posiblemente, el pintor más popular de la Argentina. Su vida, sus obras, su barrio y la gente hicieron del artista un personaje importante en la historia del arte argentino. Nació el 1º de marzo de 1890 y falleció el 28 de enero de 1977. Su nombre era Benito Juan Martín y su madre, soltera, lo abandonó en la Casa de los Niños Expósito, institución que albergaba a los niños huérfanos. Posteriormente fue adoptado por la familia Chinchella, dueños de una carbonería y de allí tomaría su nombre como pintor. Si bien no tuvo educación formal en las artes, era un autodidacta, su ideal fue el de fomentar el estudio de las artes y colaboró fundamentalmente (económicamente y cediendo el espacio) para la fundación de la Escuela Museo Pedro de Mendoza en el barrio de La Boca. Su desarrollo artístico lo vincula inexorablemente con el pintoresco barrio de La Boca. En el emblemático paseo conocido como “Caminito” funcionaba su taller. Era en un tercer piso desde el cual podía observar permanentemente el movimiento del puerto de Buenos Aires, los barcos, los astilleros y, especialmente, los trabajadores portuarios. Ellos han sido inspiración permanente en sus obras. Según cuenta la historia, ese bebé abandonado en la Casa de los Expósitos, estaba vestido con ropas de muy buena calidad, lo que hace suponer que su origen era bien posicionado. Permaneció su infancia viviendo en la zona de San Isidro (zona económica y culturalmente asociada con la clase alta), para pasar a vivir posteriormente con los Chinchella (“Quinquela” siendo castellanizado) en barrios humildes. Esto le permitió desarrollar la virtud de codearse con unos y otros, con las clases altas y con las humildes, desarrollando una clara sensibilidad para captar a las personas por detrás de su condición social y económica. Lo


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NUESTRA PORTADA

La portada de este número incluye un fragmento tomado del cuadro del pintor argentino Benito Quinquela Martín conocido como “Estivadores a pleno sol” común en todas ellas. Su trabajo ha sido objeto de críticas de distinto signo. En 1925, el presidente Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928) lo envió a Francia para que sus obras fueran juzgadas en París. Lo consideraba un joven representante del arte nacional. En Europa, conoció a Benito Mussolini, quien quedó fascinado con su trabajo y compró más de una decena de cuadros. Incluso llegó a ofrecerle un cheque en blanco por su obra Crepúsculo, pero rechazó la oferta porque era su preferido. Sin embargo, otros pintores y personalidades de la época lo consideraban un comerciante del arte, y criticaban su obra tanto por su pictórica, como por su temática repetitiva de barcos y astilleros. El escultor argentino Enio Iommi incluso llegó a decir que Quinquela no representaba “la cultura pictórica sino el

populismo pictórico”; en cambio, Raúl Lozza –fundador del Perceptismo– habla del pintor de la Boca como del “primer paso hacia la pintura populista”. De todos modos, su obra siguió adelante conquistando cada vez más el gusto y la sensibilidad del público, logrando un lugar destacado en el mundo del arte. Su obra ha dado espacio a lo cotidiano, al esfuerzo del trabajo, a la dignidad del trabajador, como no se lo refleja en la obra de ningún otro artista. Tal vez por eso, cualquiera que se pare en una esquina de Buenos Aires y pregunte por el nombre de dos o tres pintores argentinos, escuchará nombrar a Benito Quinquela Martín. Su sello popular y, al mismo tiempo, sublime, lo destaca por sobre otros artistas. Por eso mismo, en el mes del trabajador, nada mejor que un cuadro de Quinquela, para homenajearlos a todos ellos.


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PEDAGOGIA FAMILIAR

¿CÓMO SOBRELLEVO EL LUTO POR MI HERMANO MUERTO?

Por Lic.Víctor Cárdenas Mail de contacto: vcardenas@centropedagogico.org RELATO Buenas tardes, tengo 19 años y hace una semana mi hermano mayor, falleció en un grave accidente de tránsito que sucedió en la vía a la costa, una camioneta doble cabina y sin placas se fue encima de mi hermano y su familia que viajaba en su taxi para pasar el fin de semana en la playa. Recién había cumplido 23 años, siempre hemos estado muy unidos, él se las arreglaba para estar bien con todos, tenía un compromiso y un hijito de 2 años que aún está en el hospital con su mamá. Yo tenía una fiesta el sábado y por eso no me embarqué. Me apena mucho no poder hacer nada, veo a mi cuñada que no sabe cómo reaccionar en el hospital, tuvo que dejar a su niño internado y grave todavía, para ir a enterrar a mi hermano. Ni se diga de mis padres que no tienen ganas de nada y no le encuentran explicación a esta situación que parece un castigo de Dios sin haber hecho nada malo. Me siento inútil, no se ha solucionado aun el problema con la Policía de tránsito, hay que pagar el patio donde está detenido el carro inservible, hay deudas por la mortuoria y no hay culpables, el chofer de la camioneta escapó a pesar de que todo el mundo vio cuando se pasó la luz roja, después del choque se bajó y corrió. ¿Qué puedo hacer?

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pesar de que son los momentos alegres y festivos los que se quedan grabados en nuestra mente y en nuestra alma, Dios ha querido que sean los momentos dolorosos de nuestras vidas los que nos permitan crecer como seres humanos y apreciar la vida en toda su dimensión. Es una pena muy grande el perder a un ser querido, especialmente en un accidente de tránsito donde no solo se ve afectada la vida de la persona, sino también la dignidad de la familia y de nuestros seres queridos ya que existió un abuso cuando alguien no fue responsable y lo que hizo mal, ocasionó la tragedia. Desgraciadamente en nuestro país las leyes no se respetan, y se burlan a las autoridades de tránsito que están llamadas a imponer el orden y la disciplina que tanta falta hace. Cuando pensamos en todas las tragedias que no son atendidas y cuyos expedientes quedan guardados en los archivos de la justicia, entonces entendemos que nos falta crecer mucho como sociedad y como pueblo. Comento sobre la falta de cultura vial y de soluciones a nuestros problemas sociales porque tiene que ver con la forma como enseñamos a nuestros hijos a ser éticos, responsables y respetuosos. Cada vez que nos quedamos callados frente a situaciones de injusticia como las que nos acabas de relatar, estamos siendo cómplices de una situación que se hace invencible e insalvable. Cada vez que engañamos al de la tienda de


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la esquina y nos robamos un caramelo que parece poca cosa, estamos robando y faltándole el respeto a nuestro hermano y a nuestro país. Cada vez que mentimos a nuestros hijos y decimos que los demás son tontos y nosotros más vivos porque nos pasamos la fila para subir al bus, o la fila en el banco, estamos diciéndole a nuestros hijos que lo mejor es pasar por alto las leyes y las normas de convivencia, destruyendo toda la estructura social que nos permite vivir con dignidad y respeto.

dificultades de la vida, nos enseña que todas las cosas tienen un costo y que no podemos despreciar a nada ni a nadie porque todos somos valiosos. Probablemente eso es lo que más extrañas de tu hermano, sin embargo él no se ha ido del todo, se quedó en la sonrisa de su hijito, en los recuerdos familiares y en las tardes compartidas contigo jugando y soñando. La falta de un ser querido nos deja muchas enseñanzas, mañana será otro día y veremos como las negras nubes se han disipado, cobrando la vida un nuevo significado, habrá otros intereses que nos movilicen y otras personas que sean sujetas de nuestro cariño y amor que nos ayude a reconocer las bondades de la vida expresadas en una flor, en un gesto o una sonrisa.

Las tragedias en las carreteras son más que una irresponsabilidad de un conductor, es una muestra de una sociedad que se da el lujo de permitir que se asesinen en sus carreteras a miles de conciudadanos a vista y paciencia de todas La vida nos plantea un desafío, la muerte nos muestra la realidad, como seres humalas autoridades de control. Hace poco se produjo escándalo, en las nos buscamos vivir en la realidad plena de oficinas de control del tránsito, pienso sentido, no quedándonos en la memoria del que hay que seguir el ritmo de las inves- familiar, ni en el mal sabor de la falta de tigaciones y castigar a los posibles cul- justicia, sino empujando el carro del compables, pero hay que preguntarse ¿Cuál promiso por la verdad, de la satisfacción por es nuestra escala de valores en relación el emprendimiento en reflexiones éticas y a la vida humana?, cuando con razón se comunitarias, que nos muestran un panorahace una denuncia muy sonada por ma aún por descubrir, que seguramente coasunto de corrupción, pero dejamos pa- mo ciudadano responsable, dará respuestas sar las muertes en las calles y carreteras a tus preguntas del para qué suceden las que por ser noticia del día a día, ya esta- desgracias en nuestras vidas y del cómo es posible que superemos estas situaciones mos acostumbrados. límite. Estimado amigo, el dolor que sientes no tiene precio en categorías humanas, el valor sublime de la vida nos permite razonar y actuar como seres humanos que han superado la etapa instintiva a través de la educación, pero parece que no siempre es así. La muerte desnuda nuestro sistema de valores en donde ponemos el acento en los bienes materiales y en el prestigio. Morir a corta edad sin haber conquistado el éxito es también sinónimo de dolor para muchos, sin embargo no debemos olvidar que el dolor da sentido a la existencia y purifica las situaciones porque nos hace más fuertes y resistentes a las

Lic.Víctor Cárdenas

El Lic. Víctor Cárdenas es DIRECTOR del CENTRO PEDAGÓGICO JOSÉ KENTENICH (Guayaquil, Ecuador) Los interesados en conocer el CENTRO pueden ingresar a www.centropedagogico.org


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LLAMADA “DISLÉXICA”. UN SER MÁS ALLÁ DE LA INTERPRETACIÓN Por Dra.Dides Iliana Hernández Silvera Mail de contacto: didesilianapsico@yahoo.com.ar

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ace unos años recibí una paciente demandando ser igual a otros niños. Una pequeña de 8 años, por momentos enojada y en otras desorientada, por los tratamientos y las explicaciones recibidas sobre su dificultad para leer. Los padres concurren indagando la posible cura y causas de la dolencia de su hija. Tener dislexia, en el círculo laboral, de amistades e incluso de los allegados, era una minusvalía que no podían permitirse. Una historia familiar de títulos y profesiones para las que estaba destinada su pequeña luego de nacer. Un arduo trabajo de investigación, con la familia y la escuela, llevó a un largo camino de exploración. Sabemos que la dislexia no es una cuestión de inteligencia o de motivación, a partir de metodologías adecuadas pueden aprender. Sin duda, el impacto que produce en cada persona dependerá de la rigidez, el sostén escolar y familiar, así como de la terapia adoptada. En los últimos estudios sobre dislexia, las causas describen una falta de exactitud en estudios anatómicos y de imágenes cerebrales, ya que estas, muestran diferencias en la forma del cerebro, en cuanto a desarrollo y funcionamiento. En pruebas con dos estímulos sonoros, encuentro que los pacientes con dislexia tienen problemas para aislar los sonidos que componen, es decir una palabra y aprender su forma, así como las letras constituyen esos sonidos, se torna más complejo posibilitar el proceso de la lectu-

ra. El conflicto medular, es la identificación de las palabras escritas y la fluidez de la lectura. Mara, poco a poco focalizó que tener dislexia, no es serlo; a los 11 años recuerda cómo en sus primeros grados de escuela, aprende a leer pero muestra posteriormente sus dificultades al presentarse un material más complejo. Entonces, comienza con alteraciones en el habla, le costaba sostener expresiones precisas y comprender. Estas dificultades generalmente pasan desapercibidas y a menudo, no son aparentes para nadie del entorno (es lo que se denomina: trastornos sub-clínicos) pero arrastran serias dificultades a lo largo de los años de estudio y luego en el trabajo. Los efectos de la dislexia van mucho más allá de la “dificultad para aprender a leer”, también afectan la imagen que el niño tiene de sí mismo: “todos aprenden a leer y menos yo”, los niños se sienten y los tratan como poco inteligentes y la auto-estima declina. De esta forma me planteé, qué pasa con la dimensión espiritual de esta persona? De qué forma tomar este sufrimiento para plantear un tratamiento? El sufrimiento, según el Diccionario de Logoterapia, es el padecimiento de orden existencial que consiste en soportar y sostener un destino inalterable “en aras de qué sufrir”; es decir, que el sufrimiento es entrega. Sufrir significa elaborar, progresar y desarrollarse. Entendiendo por desarrollo el alcance de libertad interior a pesar de la


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dependencia respecto de lo que parece determinado. La capacidad de sufrimiento del ser humano se va adquiriendo en relación con la vida, al irnos configurando, lo cual consiste en la renuncia a la configuración externa para ser libre en el modo de ser y libre para ser de otro modo. Se dice que desarrollar una voluntad fundamental se logra cuando existe una razón para ello. Esta razón aparece cuando existe una relación estrecha entre sacrificios y los asombrosos caminos hacia el sentido de vida. Leí una vez, “Con las piedras que encuentres en el camino sé delicado y llévatelas. Y si no las puedes cargar en hombros como hermanas, al menos déjalas atrás como amigas” (Anónimo). El niño que padece de dislexia presenta muchas veces, problemas de la lectura, con: • Aprender a hablar • Organizar el lenguaje hablado • Organizar el lenguaje escrito • Aprender las letras y sus sonidos • Memorizar números y secuencias • Deletrear • Aprender una segunda lengua • Realizar operaciones matemáticas. En tal caso, alrededor de los 6 y 7 años, existen algunas estrategias sencillas para evaluar: • Recuerda secuencias simples: contar hasta 20, días de la semana, recitar el abecedario? • Entiende la idea de las rimas: taco y tapo riman pero gato y perro no? • Reconoce palabras que empiezan con la misma letra? Ej. mamá, mano, masa, maní. • Aplaude fácilmente de modo rítmico ante una canción o ritmo? • Usa palabras específicas para nombrar objetos y cosas en vez de decir: eso, esa cosa, esta? No todos los niños que tienen problemas con estas habilidades, poseen dislexia.(1) • El niño requiere recibir un trata-

miento global y adaptado a sus posibilidades; esto es único para cada paciente. • El colegio debería implementar estrategias diseñadas para su mejor rendimiento escolar: exámenes orales, administración fragmentada de la información, etc. • El colegio, el terapeuta y los padres deberán buscar las estrategias conjuntas más eficaces para el mejor desarrollo posible del niño. • El niño debe ser informado claramente de su condición de modo de que comprenda la especificidad de su dificultad, que no es algo raro y que sobre todo no tiene nada que ver con la inteligencia. En resumen, para ayudar en ese proceso de salida entre el soy una dolencia y tengo una dolencia, actuar con serenidad es imprescindible, sin técnicas invasivas ni agresivas. Los procesos son más lentos que en otras técnicas. Lo primero que se intenta es que la persona aprenda a aceptarse para posteriormente incidir en lo espiritual con el fin de que el paciente se descubra a sí mismo y trabaje en su estimulación cognitiva junto al sentido de la vida.

( 1) Nota: Para más información sobre Dislexia, la autora recomienda visitar el sitio www.neurologiacognitiva.com.ar


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REFLEXIONES EXISTENCIALES ¿TENER RAZÓN O SER FELIZ?

Por Lic. Enrique Adúriz Mail de contacto: eaduriz@fibertel.com.ar

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sta disyuntiva de origen ignoto parece tener amplio alcance, pues así expresada, tanto puede ser el título de una canción de una banda de rock (Las Pastillas del Abuelo), como haber sido vista a modo de graffiti en el puente de la avenida Juan B. Justo y Córdoba, y por supuesto haberla escuchado más de una vez en conversaciones cotidianas, generalmente como opción de ayuda para evitar peleas y conflictos, en particular los de pareja. Sin embargo, esta disyuntiva se las trae…y cala muy hondo, tanto como para justificar alguna reflexión existencial, pues cuestiona en su mismo planteo nada menos que la universal prevalencia del objetivo máximo del ser humano: ¡ser feliz! ¿Habría algo tanto o que ser feliz?

más importante

Sí, ¡tener razón! Dicho en frío parece absurdo, ¿a quién se le ocurre? pero no hace falta ser muy perspicaz para advertir con cuanta frecuencia el obrar humano se ve atrapado en esta (¿absurda?) opción, y que tener (la) razón sea más importante que ser feliz. Que la razón connote semejante poder viene de lejos, de cuando se le dio tal estatus, la omnímoda “Diosa Razón”, comenzando en el siglo XVII con Descartes y sus “ideas claras y distintas”, para

continuar en el siguiente (el Siglo de las Luces) con el Iluminismo y la Ilustración. Así entendida, paradigma de lo humano, “tener la razón” era pisar en terreno más que sólido y desde aquí ha devenido un valor casi absoluto, acaso como un pasaporte sino a la felicidad, al menos a la seguridad. Por cierto, no pocos movimientos filosóficos, artísticos y aún científicos, se ocuparon de desmentir este absolutismo racional, y además, bien lo sabemos y lo experimentamos en “carne” propia, lejos está lo humano de reducirse a lo puramente racional y lógico, y basta evocar el famoso decir de Pascal “el corazón tiene razones que la razón desconoce” para recuperar una perspectiva más plena y cabal del ser humano. Dicho de otro modo, la disyuntiva que nos ocupa entre “¿ser feliz o tener razón?”, no es del todo ajena, al contrario, a las concepciones antropológicas que fueron influyendo y prevaleciendo a lo largo de la historia; antes bien las pensamos configurando el telón de fondo del obrar humano. Pero en la situación concreta de la vida cotidiana, ¿a qué remite esta opción? Son tan sugestivos como esclarecedores los dos verbos en juego, que en tanto tales ya remiten a dos posiciones existenciales cualitativamente muy diferentes. Ser y tener, ¿tener o ser? “¿To have or to be?” Con este texto en 1976, Erich Fromm nos iluminaba con sólidos argumentos acerca de las diferencias profundas entre la orientación existencial del tener y la orien-


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tación existencial del ser. El tener se refiere a las cosas, el ser a la experiencia. En la orientación del tener prevalece la apropiación de las cosas, y esto le cabe a la misma razón, como un bien, como una cosa que se posee y que otorga en su posesión seguridad y poder. En la certeza y elocuencia del “¡tengo razón!”, no es difícil percibir cómo y cuánto se infla el Ego, al unísono de haber vencido al otro en la disputa por este preciado bien. Complementariamente, el “tenés razón” suele estar más o menos acompañado con la resignada claudicación de una competencia perdida. Va de suyo, obviamente, que en este registro competitivo los contendientes no quieran recibir la razón porque sí, “como a los locos”, maquillaje de una concesión tramposa. Se quiere ganar esta disputa y además: ¡que conste! Hay vencedores y vencidos… Por el contrario, la orientación del ser que atiende especialmente a la experiencia, registra y acentúa otros aspectos y matices, más centrados en el encuentro, en la cooperación, en el dar (se), en oposición al afán competitivo y de dominio que distingue la orientación del tener. La orientación del ser apunta directamente al sentido, haciendo por demás evidente lo ya dicho en su día por Viktor Frankl: “Logos es más profundo que Lógica”. El hombre, esencialmente un buscador de sentido, desde este Logos (expresivo de su condición espiritual) quiere por sobretodo un fundamento para ser feliz, un sentido, pudiendo entonces optar en esta encrucijada de vida que estamos considerando, por calar más hondo que confirmar la lógica de “tener (la) razón”. Que sea capaz de optar no hace más que

validar la inalienable libertad que lo constituye, por ende cabe potenciar la conciencia (en todo tiempo y lugar que lo amerite), para que pueda decidir libre y responsablemente sostener la búsqueda de sentido para su vida, más que consumir ésta en la afanosa búsqueda de “tener razón”. Lo que va en juego en esta disyuntiva con su riesgo concomitante, bien lo podemos sintetizar en clave de comedia dramática con un chiste gráfico a la vieja usanza. Imaginemos el dibujo de la típica esquina en la que el ladrón, con su correspondiente e infaltable antifaz negro, sorprende al distraído peatón, a punta de pistola, con la consabida (y decisiva) intimación: “¡la bolsa o la vida!” Nunca faltará el sujeto que, muy convencido, pueda contestarle “tome la vida, pero la bolsa no se la doy…” Cuidado, que la vida, en cualquier esquina de nuestro tránsito existencial nos puede sorprender con esta interpelación. Aferrados a la bolsa de “tener razón” restamos múltiples oportunidades de contribuir a la felicidad propia y de nuestro prójimo. Enrique Adúriz


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LAS VOCES DE LA CONSCIENCIA

Por Dr.Claudio García Pintos Mail de contacto: cavef @ yahoo.com

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n una de las escenas iniciales de la obra de teatro escrita por Viktor Frankl (“Sincronización en Birkenwald”), queda planteada la pregunta acerca de por qué el hombre vive tan mal. En la maravillosa adaptación que hiciera Chacho Garabal del drama frankliano, ahora titulado “Buscando sentido”, uno de los personajes centrales, pone en boca de Sócrates la clave de la cuestión: “Caballeros, estoy muy preocupado. Miren cómo viven en la Tierra. La fe casi ha muerto. Ya nadie cree en nada, en nadie. Ni siquiera en sí mismo. Y, lo peor de todo, ¡ya nadie cree en una idea! “Sincronización en Birkenwald ” fue escrita por Frankl inspirado en la misma necesidad que lo llevó inicialmente a escribir “Un psicólogo en el campo de concentración”, es decir, calmar su espíritu y aquietarlo después de una terrible experiencia de vida. Pudo intentar acallarlo, pero prefirió el camino de darle una voz poderosa y reveladora. Y para ello necesitó creer. Quiero decir, necesitó creer en algo (su misión, el valor de su testimonio para redimir su sufrimiento y el de tantos otros que sobrevivieron o no la misma experiencia), creer en alguien (la persona humana), creer en sí mismo (para asumir la responsabilidad de

hacerlo), y creer en una idea (la vida tiene sentido siempre, bajo cualquier condición y circunstancia) Y es desde su propia experiencia y decisión, que nos cuestiona acerca de por qué el hombre vive mal. La respuesta podría ser: porque no cree en nada ni en nadie, ni siquiera en sí mismo. Por otro lado, también podríamos preguntarnos cuáles asideros tendría el hombre para creer. El mundo muchas veces parece desafiar nuestra más decidida intención de confiar, llevándonos a una especie de anestesia de nuestra credibilidad en algo o en alguien. Y este estatus desconfiado, esta existencia desconfiada –por llamarla de alguna manera- propone un estilo de vida chato, sin profundidad y sn altura. El curso de la obra de teatro propone que el arte puede salvar al hombre, y es esa la respuesta reveladora que se instrumenta para comprobar finalizando el drama, y en boca del mismo personaje (Sócrates) que “el hombre, aún en el infierno, nunca pierde su dignidad ” Esta definición no es un planteo romántico o bohemio, apologético del arte, sino, más bien, antropológico. La voz de la consciencia


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Si la cuestión es que el hombre necesita creer para no caer en una existencialidad desconfiada, expresión inmediata de una profunda vivencia de vacío existencial, y vive inmerso en un mundo que lo defrauda, la pregunta es ¿en qué/quién confiar? A priori, pareciera ser que no es una pregunta de fácil resolución. La mayoría de las instituciones que deberían darle seguridad y confianza, están atravesando un momento de particular crisis. En el ámbito de lo social, ni la política ni la economía parecen alinearse en orden a responder a las necesidades de las personas, ofreciendo un marco de estable seguridad, sino todo lo contrario. En el ámbito vincular, la superficialidad va ganándole terreno a la profundidad, imponiendo la modalidad de vínculos fugaces, sostenidos en el impulso de la conveniencia o la necesidad, más que en el sentimiento de la entrega y el compromiso. El individualismo y el colectivismo, son las conductas que han desplazado a la autotrascendencia que plenifica la identidad (mismidad) y la nostridad (el nosotros primordial) Entonces, ¿por dónde comenzar a recuperar la fe, en qué confiar? Considero que el camino más corto y efectivo es comenzar por la propia naturaleza de la persona humana. Por aquello que nos hace ser persona, el “ámbito de la dimensión personal” como lo denomina Frankl. Pero para comprenderlo será necesario hacer un breve y sobresimplificado recorrido sobre otras ideas. Veamos. Cuando la realidad del pensamiento consciente maravillaba a los pioneros que se ocuparon de estudiarlo y comprenderlo, aparece el aporte fundamental (y fundante) del profesor Sigmund Freud que nos descubre la in-

abarcable realidad del inconsciente. Usando la tradicional figura del iceberg, deslumbrados por lo que aparecía en la superficie del pensamiento consciente, él nos anonada con la realidad, varias veces más deslumbrante de aquello que, hundido en la profundidad, sostiene –precisamentelo que aparece en la superficie. A partir de él comprendimos que la conciencia es el ámbito de la actualidad, aquel en el que los datos del aquí y ahora nos permiten mantener contacto con la realidad. Pero también pudimos comprender que existe un ámbito que llamó inconsciente, verdadera raíz profunda de nuestra realidad. En esa profundidad intrapsiquica, se juegan los motivos profundos de nuestros comportamientos. Sobre la naturaleza de ese inconsciente pulsional, Freud mantuvo una posición muy estricta y definida: su naturaleza es sexual. Esto le significó muchos enfrentamientos con propios y ajenos, discípulos y detractores, pero nada le hizo cambiar su posición. Uno de sus discípulos disidentes más reconocidos fue Alfred Adler quien proponía ampliar esta mirada y concebir una teoría motivacional (creo que podríamos llamarlo así) que no se circunscribiera exclusivamente a la libido sexual. En términos franklianos, propuso que al margen de la “voluntad de placer” se admitiera una “voluntad de poder”. Más allá de discrepancias dinámicas, el modelo era compartido por ambos. Lo profundo del hombre es un inconsciente pulsional, personal. Otro discípulo disidente de Freud, fue el suizo Carl Jung. Él también le cuestionó la rigidez (o lo que él entendía como tal) de no admitir un inconsciente pulsional que no sea exclusivamente definido por lo sexual. Pero sus observaciones (muy valora-


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das y respetadas por el Maestro) no fueron suficientes para convencerlo, manteniendo su posición en procura de consolidar la nueva teoría psicoanalítica. En el fondo, pareciera ser que creía que ciertos replanteos debilitaría la teoría ante el embate de los críticos. Pero posiblemente el punto de disidencia mayor entre ambos fue la mirada jungiana que Freud condenaba por exceso de misticismo. Varias veces le recomendó que las creencias deberían quedar fuera del consultorio y fuera de la teoría, a lo que el discípulo se resistió con la misma convicción (o empecinamiento) que el Maestro. La insistencia de Jung hizo más rígida aún la posición del Maestro, y la ruptura fue inevitable. Ahora Jung nos plantea que más profundo que el inconsciente pulsional sexual y personal de Freud, existe un inconsciente colectivo, raíz ancestral de nuestra humanidad, poblado por arquetipos que definen nuestros comportamientos. Sumando su voz a este debate, más tarde aparece Viktor Frankl. Sin negar el valor fundamental de los aportes anteriores, él nos hace notar la existencia de otro nivel inconsciente, clave y raíz no solo de la profundidad de la persona humana, sino también de su altura. Es así que esta nueva profundidad inconsciente, es de naturaleza espiritual y personal. Sin lugar a dudas, todos ellos han partido de un concepto antropológico que justifica sus definiciones. El pensamiento psicodinámico de Freud, Adler y Jung, parte de un hombre (concebido individuo, sujeto u objeto) inmanente; en el interjuego de sus tres instancias psíquicas se resuelve su vida y situación. Muy posiblemente ellos hayan sido seducidos por el maravilloso universo interior del hombre, que Frankl ha

ilustrado con la analogía de un caleidoscopio. Quien mira dentro de un caleidoscopio, difícilmente pueda sacar su ojo de él, porque cada movimiento, cada claroscuro, habilita imágenes fabulosas. Pero Viktor Frankl tiene un pensamiento noodinámico, que se deriva de un concepto de hombre (concebido persona) autotrascendente. En el interjuego entre su naturaleza espiritual y el afuera plenificante, resuelve su existencia (el hombre arrojado en la existencia confrontado por la nada), dinámica que ha ilustrado con la analogía del telescopio. La maravillosa ingeniería interior del telescopio, tiene por sentido, habilitar nuestro ojo para poder captar las maravillas que están por fuera, más allá de sí mismo. Es así que el hombre freudiano hace centro en el inconsciente pulsional, en tanto que la persona frankliana lo hace en el inconsciente espiritual. El hombre freudiano es impulsado por ese inconsciente, en tanto que la persona frankliana es promovida por el suyo. La conciencia, en el esquema psicodinámico, funcionalmente se resiste ante el inconsciente, fundamentalmente porque éste la rebela, la conflictúa, la violenta, la conecta con lo oscuro; la conciencia se enfrenta con el inconsciente. Sin embargo, en el esquema noodinámico, cuando la consciencia entra en diálogo con el inconsciente espiritual, conecta a la persona con lo luminoso, revela (ahora con “v”), ilumina, libera, vigoriza; la consciencia confronta a la persona. Este rápido y muy suscinto recorrido por ideas centrales del pensamiento psicológico, es necesario para precisar, entonces, a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de “la voz de la consciencia”. ¿Se trata de la conciencia freudiana o de la consciencia frankliana? Para comprender mejor la distinción, nótese que cuando me refiero al esque-


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ma psicodinámico, hablamos de “conciencia”, y cuando me refiero al esquema noodinámico, hablamos de “consciencia” (con “sc”); una es la conciencia psicológica y la otra, es la consciencia espiritual. Llegado a este punto podemos definir lo siguiente: el “ámbito de la dimensión personal”, es el inconsciente espiritual, clave y raíz de lo más profundo y, al mismo tiempo, de lo más elevado de la persona humana; dimensión que faculta al hombre como persona, que le ofrece la posibilidad de una existencialidad libre, responsable y significativa. Es el ámbito que le permite no ser sometido por los condicionamientos sino someterlos. Según definición frankliana, no es susceptible de procesos de deterioro, enfermedad ni muerte. Diría que es lo más sano, lo más noble, lo más vigoroso, lo más claro de la persona humana. Ciertamente, ¿no es suficiente para creer y confiar en esta naturaleza personal? Las voces de la consciencia ¿Cuántas veces hemos oído hablar, o nosotros mismos hemos hablado, de la “voz de la consciencia”? Seguramente muchas veces. En ocasiones, esa voz es vivida como persecutoria, imperativa. Sin embargo, tiene por intención iluminarnos y recuperarnos de posibles errores. Siendo esa su finalidad, ¿de dónde ha de provenir? ¿Proviene del inconsciente pulsional o del inconsciente espiritual? Si proviniera del inconsciente pulsional, sería la voz de fuerzas primarias, expresión de la urgencia, de lo inmediato; fácilmente confundida con el imperativo del deseo, o el discurso de la voluntad de placer o de poder. De ser así, conduciría al hombre a la

homeostasis, y no a la realización personal (que no reclama distensión, sino la tensión necesaria para sostener la intencionalidad que plenifica) No. Creo que proviene del inconsciente espiritual. Es expresión de una fuerte apelación a la persona para que realice su deber-ser, que plenifique la mejor-versión-posible-de-símismo, que sostenga la tensión suficiente entre su ser-actual y su deberser, entre su ser-así-ahora y su llegar -a-ser, entre su actual-yo y su aún-no -yo. De tal modo que podemos afirmar: la voz de la consciencia no puede confundirse ni con el imperativo del deseo, ni con la urgencia de la homeostasis, ni con los mandatos superyoicos; no proviene de la dimensión psicológica sino del ámbito de la persona (dimensión espiritual) Por eso mismo es “la voz de la consciencia” Voces Cuando hablamos de este tema, es casi inevitable identificar esta voz con un mensaje pronunciado desde un “más allá”, con tono ceremonioso y grave, como saliendo de un supuesto altavoz que se encuentra siempre por encima de nuestras cabezas. Como si fuera la voz de un gendarme que observa todo y no nos deja pasar nada por alto. Una voz persecutoria, implacable. En alguna ocasión utilicé el maravilloso cuento del no menos maravilloso Edgar A. Poe, “William Wilson”, para ilustrar esta cuestión. Brevemente, William Wilson era el único hijo de un matrimonio acaudalado y muy mayor que vivía en Inglaterra. Consentido, caprichoso, maleducado, siempre fue un niño muy conflictivo y un adolescente terrible. Concurría a un prestigioso colegio acorde con el nivel social de su familia. Un día, in-


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gresa al mismo establecimiento otro compañero presentando una coincidencia increíble: se llamaba igual (William Wilson) y había nacido el mismo día. La única –gran- diferencia era que este otro era un adolescente educado, respetuoso, generoso, noble, recto y estudioso. A partir de su ingreso, pasó a ser la antítesis del otro y, en ocasiones, su rectitud era obstáculo para que aquel hiciera alguna de sus tropelías. Esto significó un conflicto de envergadura porque se generó entre los dos una disputa permanente. Cuando aquel quería hacer algo incorrecto, en varias ocasiones este se lo impedía denunciándolo. Tan profundo fue el conflicto e insoportable, que un día, el consentido Wilson, decidió cruzar al continente y alejarse para siempre de su circunstancial gemelo. Así recorrió Europa continental, estafando a cuanto pudiera, traicionando y viviendo de la mentira. Pero en varias ocasiones, al momento de concretar alguna de estas maniobras, aparecía casualmente el otro, y, como había acontecido en la escuela, denunciaba la intención dando por tierra y frustrando la estafa. El consentido Wilson no podía creer su desgracia. Presentía que por lejos que fuera, aquel siempre iba a cruzarlo en alguna ocasión. Llegado a Italia, se hace amigo de un duque. Este, un hombre mayor, lo considera casi como un hijo y le ofrece toda su confianza. Lo recibe en su casa y lo hospeda. La duquesa era una mujer mucho menor que el duque, una mujer muy atractiva. Las intenciones de Wilson eran seducirla, traicionando la confianza del anciano duque. En una fiesta de disfraces, elegantemente ataviado con un uniforme y una daga, comienza las maniobras de seducción. Cuando está a punto de convencerla a la duquesa de retirarse a los aposentos en medio de la fiesta y a escondidas, aparece el otro Wilson, insólita-

mente ataviado con el mismo disfraz. Wilson no soporta ya más estas intromisiones de aquel, lo toma del brazo y lo mete violentamente en un cuarto que cerra con llave. Le expresa a los gritos toda su furia, le reclama todas sus intromisiones, le demanda que lo deje libre y no lo persiga más y, agitado por tanta violencia interna, toma su daga y la hunde en el pecho del otro, como un intento desesperado de matarlo y dar por terminada la persecución. El otro, quien había escuchado en silencio y actitud pasiva todo el discurso anterior, se toca el pecho sangrante, y con un hilo de voz tenue le dice: “matándome te has matado a vos mismo”, y cuando Wilson se mira en el espejo, descubre que está solo en el cuarto y que él mismo ha hundido la daga en su propio pecho. Claro está, el “otro Wilson” no era más que su propia consciencia. Esta versión del “otro” hablándonos, mostrándonos errores y desvíos del camino que nos lleva al cumplimiento del deber-ser, es la primera imagen que tenemos de “la voz de la consciencia”. Una especie de “otro-yo” que acompaña (vigila) implacablemente lo que hacemos, que nos intercepta en momentos especiales para hacernos ver lo que debemos y lo que no debemos hacer. Muchas veces es vivenciado como un otro antipático, santurrón, entrometido, rígido; pero esto es así en aquellas ocasiones en las que nos confronta con nuestras propias debilidades. La voz de la consciencia, inicialmente, asume la forma de un diálogo interno, un verse y estar confrontado por un “si-mismo” orientado al bien, al valor. Un primer imperativo frankliano o logoterapéutico podría ser que el hombre se salva, sana y realiza, cuando cumple con su deber-ser. Esta voz es la principal brújula interna para lograrlo. Porque esta voz


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nunca proviene, entonces, de ningún “más-allá”, sino, por lo contrario, del más absoluto “más-acá” de nuestra persona espiritual. De la hondura de nuestro ser. Es lo “más yo” de mi persona, “soy-yo-mismorealizado” que se anticipa a esa realización y me apela a lograrla. Pero esa no es la única versión posible de esta voz. Es más, a la luz de los hechos (y de la propia historia de William Wilson), si solo se limitara a ser esa voz, muchas veces transformada en un leve susurro tapado tras los ruidos de la propia existencia, sería muy pobre su posibilidad de acompañamiento. Por eso, asume en mi opinión otros formatos, aquello que llamo “las voces de la consciencia” ¿A qué me refiero? A otras formas alternativas que asume la propia consciencia para cumplir con su objetivo de ayudarnos a realizar nuestro deber-ser. Básicamente las identifico como la culpa y el miedo. Veamos. La culpa: Todos hemos vivenciado alguna vez culpa. Viktor Frankl la concibe como uno de los elementos propios de la Tríada Trágica (culpamuerte-sufrimiento) compuesta por los “inevitables” de la existencia. Todos sufriremos inevitablemente por algo, todos nos moriremos un día y todos sentiremos culpa alguna vez. Circunstancias que viviremos todos. Lo curioso es que todos vivimos tratando de eludir lo ineludible, evitar lo inevitable. Tal vez, en términos sartrianos, esa sea la pasión inútil del existente humano. Y en el intento de eludir la culpa, negamos nuestros errores, racionalizamos nuestros comportamientos, proyectamos nuestra responsabilidad, justificamos lo injustificable, renunciamos a nuestros valores.

Aquellos que no pueden eludirla y que fracasan en estos intentos, pueden terminar sometidos por la culpa, viviéndola como una carga abrumadora. Son los culposos. Entre esos extremos de “los que nunca tienen culpa” y “los culposos”, se juega un sinfín de modos personales para vivir algo, siempre molesto, incómodo y persecutorio. Ahora bien, hasta acá una vivencia casi universal. Sin embargo, nos desconcierta el propio Frankl cuando dice que el hombre es el ser que tiene el privilegio de sentir culpa. ¿Privilegio? Esa sensación persecutoria, incómoda, esa aduana sin posibilidad de contrabando alguno, implacable, ¿es un privilegio? Evidentemente su afirmación justifica que nos cuestionemos, bien qué es un privilegio, o, qué es la culpa. La noción de privilegio no necesita aclaración alguna. Pues, cuestionemos entonces qué es –verdaderamentela culpa. Para comprenderlo, recordemos la naturaleza libre de nuestra voluntad. Esa misma que nos permite elegir qué hacer ante cada hecho de nuestra existencia. El mismo Frankl nos ha alertado que la libertad del hombre es limitada. Si fuéramos ilimitadamente libres, seríamos como ángeles; por su parte, si fuéramos absolutamente determinadas, estaríamos sometidos a las condiciones. Sin embargo, aclara, en el contexto de nuestras condiciones, en el escenario del inevitable destino (biológico, psicológico y social), el hombre es ilimitadamente libre. Si el Yo personal abdica su condición libre en favor de los determinantes y condicionamientos, tanto como si se quiere afirmar negándolos, en ambos casos nos quedamos sin Persona. Ser Persona significa estar facultado por un noodinamismo, pero encarnados en una estructura bio-psíquica que, por su carácter limitado, limita en parte las expresiones de aquello


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que nos faculta. Es decir, que esa encarnadura marca la posibilidad del error. Esa misma posibilidad es la que justifica que en el ejercicio del conocimiento nos equivoquemos y que en lo existencial nos confundamos. Esa confusión existencial significa, en el fondo, un manejo equivocado de nuestra libertad. Y cuando ejerzo equivocadamente mi libertad, puede surgir la culpa. Tratando de explicarlo de otro modo, lo plantearía de la siguiente manera. Supongamos que María, mi amiga, aparece un día y me maltrata, me insulta y me golpea. Le respondo dándole un golpe. Pasado el hecho, siento culpa por haberla golpeado. ¿Qué ocurre? Vamos a dramatizarlo de la siguiente forma: aparece la consciencia, me lleva a un aparte y me pregunta, “¿qué pasó?” Le relato el episodio, y ante mi sentimiento de culpa, me pregunta, “¿qué otras respuestas pudiste darle?”. “Bien, respondo, pude haberle preguntado qué le pasaba, pude haber sido comprensivo y reconocer que ella estaba mal, pude dejar pasar el hecho y aclararlo después… pude haber hecho otras cosas”. “Correcto, diría la consciencia, ¿y consideras que tu golpe ha sido la mejor de todas las respuestas posibles?”. “No… por eso siento culpa”. “Bueno, entonces ahora puedes volver ante María y disculparte, puedes hacer alguna de las otras posibilidades que enunciaste y, ante un hecho similar que te acontezca en adelante, ya sabes todo lo que puedes hacer. Reconocer que has utilizado equivocadamente tu libertad al elegir qué hacer es muy importante, porque te permite utilizarla mejor de aquí en más”. Ese diálogo interno me ha confrontado conmigo mismo, mi libertad y mis equivocaciones, y tiene por intención ampliar el campo de mi consciencia para favorecer la reali-

zación de mi persona espiritual. El que elude la culpa de alguna manera, pierde este “privilegio”. El culposo, quien solo la carga como si fuera una condena, también. El primero lo pierde porque no aprovecha la culpa; el segundo, porque no la comprende. El miedo: El miedo es uno de los patrones naturales de respuesta. Sentir miedo es absolutamente normal. Sano. Al igual que el dolor físico, nos protege de males peores. Si no sintiéramos dolor físico ante la emergencia de una caries, recién reconoceríamos afectada una muela cuando ya es irrecuperable. La sensación del dolor nos alerta que algo funciona mal y nos convoca a subsanarlo. Del mismo modo, el miedo nos alerta sobre un riesgo potencial, y nos convoca al cuidado. Podemos plantear tres patrones distintos de miedo: el miedo al miedo, el miedo al mundo exterior, el miedo a sí mismo. El primero (miedo al miedo) nos alerta sobre la posibilidad de reiterar un error que nos ha ocasionado un dolor o sufrimiento. Vulgarmente representado por el dicho popular “el que se quema con leche, cuando ve una vaca llora”, es decir, tengo miedo de volver a quemarme. El segundo (miedo al afuera) nos alerta sobre peligros existentes que pueden afectarnos de algún modo. Por ejemplo, un vehículo puede atropellarme si cruzo una calle desprevenidamente. Finalmente, el tercero (miedo a sí mismo) implica que aspectos propios o personales me generan una cierta inquietud o temor. Por ejemplo, sabiendo que son impulsivo, tengo miedo de discutir con mi jefe y decir algo inconveniente que pueda derivar en perder el empleo. Estas tres versiones de miedo son normales y las vivimos todos. Cuando alguna de ellas se establece como patrón usual (casi único) de respuesta, ya entramos en órbita del miedo patológico. Si quedo fijado en el mie-


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do al miedo, posiblemente termine manifestando una neurosis de angustia, angustia de expectación o una neurosis sexual (Frankl asocia este miedo con las neurosis sexuales, fundamentalmente). Si quedo fijado en el miedo al exterior, posiblemente termine estructurando una fobia de algún tipo. Si quedo fijado al miedo a sí mismo, posiblemente termine estructurando una neurosis obsesiva compulsiva (los ritos TOC son modos de cuidarme de mí mismo) Pero sin entrar en lo patológico, entiendo a los miedos como una de las voces de la consciencia. Tal como hicimos con la culpa, dramaticemos cómo funcionaría este diálogo ante el miedo. Supongamos que tengo miedo de cruzar la calle por temor a ser atropellado. Las resoluciones que se me ocurren podrían ser que alguien “me cruce”, armar una vida “desde esa calle para acá” (resignándome a no cruzarla nunca), quedarme parado en el cordón de la vereda, esperando “que pase algo” que modifique la situación y pueda aprovechar para cruzarla. En ese momento, aparece la consciencia y me pregunta qué pasa. Le comento la situación y dice: “si tienes miedo de cruzar, lo que debes hacer es ir hasta la esquina y hacerlo por la senda peatonal, no lo hagas por la mitad de la calle”. Si eso no me convence, agregaría, “espera que el semáforo te de luz para cruzar”. Si eso no me fuera suficiente, diría, “espera que todos los autos se hayan detenido ante el semáforo”. Si fuera insuficiente aún, “cruza corriendo”. Si aún du-

Si aún dudara, afirmaría: “ mira, si cruzas por la esquina, por la senda peatonal, esperando que el semáforo detenga a todos los autos y te dé luz de cruce, y entonces cruzaras corriendo, los riesgos son mínimos. Una vez que hayas cruzado, tu miedo no habrá desaparecido, pero ahora habrás aprendido que los miedos no tienen por intención detenerte sino llamarte a ser prudente. Seguirás teniendo miedo, pero ahora sabrás que con prudencia, puedes pasar a través de ellos. No es razonable que no cruces la calle por miedo. Debes hacerlo porque tu vida reclama que continúes tu camino y no te detengas ante esta avenida para siempre” Así como la culpa nos remite a un error en el ejercicio de la libertad, el miedo (normal) lo hace a un ejercicio incompleto de la responsabilidad. Así como el coraje es necesario para ser libres (de ahí, tal vez, el concepto de Fromm sobre el miedo a la libertad), la prudencia es necesaria para el ejercicio de la responsabilidad: el hombre prudente es el que dispone los mejores medios para asegurar el fin. Si tengo miedo a cruzar la calle, es irresponsable no hacerlo cuando debo hacerlo, tanto como hacerlo imprudentemente, poniendo en riesgo que lo logre. Lo responsable es atender mi miedo, entenderlo, y disponer todos los medios que considere necesario (aún cuando parezca un exceso de prudencia), para concretarlo.

La VOZ DE LA CONSCIENCIA DIÁLOGO INTERNO CULPA MIEDO

Conflicto en el orden del DEBER-SER Error (confusión) en el uso de la LIBERTAD Error (dudas) en el ejercicio de la RESPONSABILIDAD

Objetivo

Ampliar el campo de la Consciencia Espiritual


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Concluyendo De modo tal, considero que la consciencia se expresa de diversos modos. A través del diálogo interno, a través de la culpa y a través del miedo. Tal como señala el cuadro anterior, el Diálogo Interno muchas veces es rehuido porque nos aturdimos con los ruidos del afuera, que nos seducen con la propuesta del “bienestar”; tememos su palabra comprometedora con nuestro deber-ser (“bien-ser”). La Culpa nos alerta sobre los errores al elegir qué hacer (y, por ende, quién ser). El Miedo pretende ayudarnos a cumplir con nuestra responsabilidad, prudentemente.

¿Dónde reconocemos la voz de la consciencia? Al margen de reconocerla en nosotros mismos, en nuestra propia vida, podría decirse que hay tres ámbitos de la existencia en los cuales vemos a la consciencia en acto pleno. Estos son la fe, el arte y el amor. En la FE, la vemos realizando valores de actitud. Asume una posición ante lo inevitable de la vida. Es la captación intuitiva de una instancia creadora, imposible de ser abarcada por la razón. En un maravilloso dialogo entre Viktor Frankl y el teólogo judío Pinchas Lapide, Víktor comenta que es imposible “hablar de” de Dios, porque para hacerlo deberíamos poder conocerlo en su totalidad, cosa imposible para el limitado entendimiento humano. Por eso mismo, sugiere que la única manera posible de conocerlo es “hablar con Dios”. Ese diálogo es el que se da entre El y nuestra consciencia, y de ese diálogo, la fe es la resultante. Por otro lado, podemos apreciarla en el AMOR. Aquí la descubrimos realizando valores de experiencia o vivenciales. También se trata de una captación inmediata, intuitiva, del bien-del-otro, el bien del amado. Al mejor decir frankliano, es la experiencia de decirle a alguien “tú” e inmediatamente después, “sí”. Decirle

sentido), es ayudarnos a ampliar el campo de nuestra Consciencia Espiritual o, lo que es lo mismo, el desarrollo más pleno posible de nuestra dimensión personal. Muy posiblemente nuestra tarea como analistas existenciales, sea, precisamente, la de ayudar a quienes nos consultan a “hacer consciente lo inconsciente”, que en este caso no se circunscribe a ese inconsciente pulsional, sino al espiritual. Dicho en otras palabras, ayudar al hombre para que pueda realizar el proceso de convertirse en persona (parafraseando el título del libro de Carl Rogers), haciéndose cargo libre y responsable de toda su humanidad, sus recursos y posibilidades. Ayudarlo a ampliar el campo de su consciencia.

alguien “tú” e inmediatamente después, “sí”. Decirle “tú” es captarlo en su valor personal, captación que es intuitiva, no discursiva, porque de lo contrario amar sería el resultado de un casting. Es tan así que sé que amo, sé a quién amo, pero nunca llego a saber precisamente, por qué lo amo. Y ante ese bien-del-otro, no puedo resistirme y por eso lo acepto diciéndole “sí”. Frankl habla del amor como una relación “del centro de la persona al centro de la persona”, es decir, un diálogo entre mi consciencia y la consciencia del amado. Finalmente, la descubrimos en el ARTE. Podríamos entenderla como una captación inmediata de la belleza, en sus diversas formas. La consciencia tiene apetito de armonía, y por eso mismo busca, es atraída por la belleza. En la misma obra de teatro a la que hiciera referencia al inicio del artículo, se plantea que el arte puede salvar al hombre. Y que podrá hacerlo aún cuando todo lo otro haya fracasado en el intento. Es así porque en el arte descubrimos a la consciencia realizando valores de creación, redimiendo el mundo, dándole vuelo y profundidad. La fe, el amor y el arte, expresiones genuinas del inconsciente espiritual.


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III CONGRESO COLOMBIANO DE LOGOTERAPIA Y ANÁLISIS EXISTENCIAL 2012 Encuentros con el Sentido: Aplicaciones hacia el Sentido

GACETILLA DE PRENSA La Sociedad para el Avance de la Psicoterapia Centrada en el Sentido- SAPS- invita al III Congreso Colombiano de Logoterapia y Análisis Existencial “Encuentros con el Sentido de la Vida: Aplicaciones hacia el Sentido” a realizarse el 1 y 2 de junio del 2012 en BOGOTÁ, con prestigiosos Logoterapeutas nacionales e internacionales que expondrán los avances más recientes en esta área del saber, centrando sus aportes en una logoterapia joven e innovadora, que muestra resultados y aplicándose a la realidad, sin descuidar la profundidad teórica y la historia de una perspectiva de pensamiento que día a día llena la vida de sentido. Los temas del congreso: Logoterapia Clínica, Organizacional, Educativa, Social y Comunitaria, Preventiva, Logoterapia y Sentido de Vida, Investigación en Logoterapia INVITADOS DEL CONGRESO INTERNACIONALES (confirmados) Dr. Stefan Schulenberg Ph.D, y Dr. Brandy J. Baczwaski Ph.D. (EEUU); Dra. Adriana Sosa Terradas Ph.D, Dr. Claudio García Pintos Ph.D y MD. Gerónimo Acevedo (Argentina) NACIONALES (Confirmados) Dr. Efrén Martínez Ortíz Ph.D, Dra. Lucia Cuellar Ospina Ph.D, Dr. Luís Fernando Velásquez, Dra. Clara Martínez Sánchez, Dr. Juan Carlos Carvajal

COMITÉ CIENTÍFICO: Dr. Efrén Martínez Ortíz Phd Dra. Lucía Cuellar Ospina Phd Dra. Clara Martínez Sanchez SECRETARIA: Juan Pablo Díaz del Castillo B. El congreso tendrá cuatro tipos de presentaciones: Ponencias Centrales: Las ponencias centrales serán desarrolladas en plenaria general siendo escogidas por invitación directa de las directivas del congreso y otorgadas a profesionales que por su trayectoria y experticia dispondrán de 30 minutos para presentar sus trabajos centrados en los temas del congreso. Mesas de Trabajo: Las mesas de trabajo serán desarrolladas en plenaria general los participantes serán escogidos por el comité científico, para desarrollar un tema de interés. Talleres Prácticos: Los talleres prácticos serán desarrolladas en las aulas múltiples y los participantes serán escogidos por el comité científico, de los trabajos enviados para desarrollar un tema de interés. Aulas Múltiples: Las aulas múltiples serán desarrolladas de forma paralela siendo escogidas por evaluación de las directivas del congreso entre las propuestas de trabajos que cumplan los requisitos, las presentaciones seleccionadas tendrán 20 minutos para mostrar sus trabajos centrados en los temas del congreso. MAYORES INFORMES:

AUTORIDADES DEL CONGRESO

Secretaría del Congreso: Juan Pablo Díaz del Castillo B.

PRESIDENTE:

jp.diazdc@saps-col.org

Dr. Efrén Martínez Ortíz Phd

http://www.saps-col.org/secpage.php? mod=noticias&item=53


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Post-Frankl

DEL PSICODIAGNÓSTICO AL LOGODIAGNÓSTICO (Parte 2ª)

Por Lic.Lucía Copello Mail de contacto: lucia_copello@yahoo.com.ar

Esta columna está dedicada a presentar propuestas y a reflexionar sobre conceptos desarrollados por diferentes profesionales, que, tomando las bases de la teoría frankleana, se animan a proponer sus propias ideas y así hacen crecer y madurar a la Logoterapia y el Análisis Existencial.-

El encuentro como técnica. El vínculo como pronóstico y diagnóstico. Hasta ahora les he dicho que tienen que improvisar, pero también en la terapia deben individualizar. No solamente tienen que individualizar en lo que respecta al paciente sino también en lo que se refiere a las terapias. No todas las terapias tienen el mismo éxito en cada uno de los casos, ni tampoco tienen el mismo éxito en manos de distintos terapeutas. Un famoso terapeuta de fines del siglo pasado dijo una vez que si se tratan dos casos de la misma forma, por lo menos uno habrá recibido el tratamiento equivocado... Por supuesto no podemos dejar de lado las técnicas, no podemos estar más allá de otras técnicas, porque son necesarias (Frankl 1991).

L

a relación personal pacienteterapeuta, el encuentro existencial, es crucial para el proceso de cambio y de transformación del paciente.

Afirma Yalom: La relación es la mercancía curativa, y como ya sabemos, la búsqueda del conocimiento profundo y las excavaciones del pasado son tareas interesantes, aventuras aparentemente provechosas en las que se mantiene distraída la atención del paciente y del terapeuta

mientras, por otro lado, está germinando el verdadero agente del cambio, la relación (1984, 485). La Logoterapia nos plantea un Encuentro Terapéutico horizontal, se distingue de un modelo vertical de intervención en tanto que no propone interpretar o modelar al consultante en la relación terapéutica, sino mas bien pretende acompañarlo, para que este descubra los recursos que ya tiene y desde ahí no sólo se cure, sino se sane. “El acto de curar es ordenado y conducido por un tercero, mientras que el de sanar es ordenado y conducido por el propio individuo, quien termina siendo el agente mismo de su sanación”. (Claudio García Pintos, 2009) El modelo de intervención propio de la logoterapia parte de un principio: todas las personas venimos con todo lo necesario para vivir en plenitud, nada nos falta para conseguirlo, lo importante es hacer uso de los recursos que tenemos para conseguirlo, que son esencialmente nuestros recursos noéticos o espirituales. El acompañamiento horizontal entiende que no es el terapeuta quien sana, sino la persona misma que busca ayuda la que se sana, cuando esta hace uso de los recursos espirituales que tiene. Cuando una persona asiste a una sesión de terapia es porque entiende que necesita ayuda y orientación,


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que existe algún problema que lo angustia y no sabe cómo manejarlo, intervenir con un modelo horizontal supondrá en principio aprender a escuchar, sin interpretar para no simplificar su persona en una teoría. Escuchar sirve entonces para comprender a la persona, esta escucha debe estar acompañada de un alto grado de atención. Este es un primer paso para que sienta que está en un espacio donde se la valora y para empezar a formar una relación de confianza que permita una comunicación cada vez más profunda que revele su modo humano de vivir angustia y sus posibilidades espirituales. El primero que tiene la tarea de creer en los recursos sanadores del consultante es el terapeuta, y con la confianza que comunica el consultante aprende también a creer en él mismo, con esta actitud y con la confrontación que haga el terapeuta, descubrirá las alternativas nuevas que tiene para la situación que lo aqueja. Es decir, la técnica que ayuda al consultante a encontrar y ejercer las posibilidades sanadoras que tiene en sí mismo y de esta manera sea agente existencial, con libertad y responsabilidad, de su propia sanación, es el Encuentro, y el Encuentro es esa relación existencial que se establece entre el terapeuta y el consultante. El acompañamiento, el encuentro, en definitiva el vínculo es, en última instancia, lo que facilitará al otro a develar su sentido, al hacerlo responsable y liberando su espiritualidad. El encuentro va más allá de ser una simple técnica, o una técnica como es entendida en la psicoterapia tradicional. El encuentro, en el caso de la logoterapia, supone un vínculo, la aceptación de la unicidad de la persona acompañada. El encuentro supone, como técnica, y en última instancia, hacer libre al otro. “El acontecimiento del encuentro es el más decisivo terapéuticamente. Es

un acontecimiento no de simpatía ni empatía, sino de inclusión mutua, de estar dos en mutua presencia fecundante. Y esto ocurre en un doble plano: el de la acogida y en el de la donación al otro. Y esto de modo recíproco. Para ello, es necesario el descubrimiento del otro como persona, lo cual sólo ocurre cuando uno mismo es tratado como tal, y no como socio o como cosa.” (Xosé Manuel Domínguez Prieto y Ramón de la Fuente Cid) Efrén Martínez considera que la personalidad del terapeuta casi podría mencionarse como la principal técnica en logoterapia. En su libro, Psicoterapia y Sentido de Vida destaca que la logoterapia reclama de cada logoterapeuta “humanismo, creatividad, sensibilidad, afán investigativo, formación profesional y humildad. Además de competencia técnica –formación académica, investigativa, de habilidades y destrezas frente a la terapéutica a realizar y competencia de experiencia –referentes a las vivencias del logoterapeuta-. Guillermo Pareja Herrera propone que la función fundamental del logoterapeuta es responder con toda su humanidad al encuentro con el paciente en vistas de acompañarlo en su proceso de búsqueda, descubrimiento y realización del sentido de su vida. Como funciones específicas, destaca: Comprender a la persona que acude como un ser-en-el-mundo y por ello dar especial énfasis al encuentro humano que se facilita con el empleo de algunos recursos técnicos. Favorecer la corresponsabilidad en la relación donde lo importante es la dimensión humana del encuentro (iluminación de la existencia). Favorecer la creciente autonomía de la persona dado que el punto de partida es asumir que la persona ha de hacerse responsable de su existencia por medio de sus opciones libres. Favorecer la libre y fluida expresión de los


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sentimientos, emociones, experiencias, conductas y conclusiones de la persona que acude (a través de su proceso de autoexploración y análisis) como un modo de responder a las exigencias externas y a las internas. Estas respuestas han de brotar desde el centro de la persona, donde se construye el propio proyecto existencial. Cuando el logoterapeuta lo crea conveniente puede compartir el núcleo de sus propias experiencias personales. Lo que sí se espera del logoterapeuta es una actitud básica de apertura, cercanía, genuinidad y respeto. Efrén Martínez complementa este aporte y agrega algunos lineamientos respecto al proceder del logoterapeuta: Debe basarse en conceptualizaciones individuales evitando la generalización que pueden dar los diagnósticos. Debe trabajar conjuntamente los objetivos planteados en compañía del consultante, evitando la imposición de los mismos. Es deber del logoterapeuta respetar la libertad-responsable del consultante, evitando movimientos que generen dependencia. Debe autorreferenciarse constantemente en pro de una sana relación terapéutica. Los movimientos terapéuticos del logoterapeuta deben ser prudentes, siendo estos acordes al momento en el que se encuentre el consultante. Debe tener introyectada su formación técnica sin olvidar su ser persona, para que pueda centrarse en el consultante, evitando perder de vista a la persona que tiene en frente por estar pensando en la pregunta o técnica ade-

cuada. Debe reconocer sus propios límites intentando no asumir que puede saberlo todo o hacerlo todo. Debe cuidarse a sí mismo, evitando el burn out y la codependencia. Debe trabajar sobre sí, pues es un ser inacabado, en continua construcción. Es ante todo un ser humano, no un héroe, ni un ser sobrenatural, con derecho a sentir y a experimentar la soledad del cognoscente frente a los límites impuestos por la vida. Por otra parte, la Dra. Elizabeth Lukas desarrolla una serie de enunciados contradictorios que sirven para definir el rol del logoterapeuta, estos son: El logoterapeuta tiene que ser pesimista y optimista: No negar la realidad trágica del sufrimiento pero disponerse a abordarlo desde la confianza y los recursos personales del paciente. El logoterapeuta debe buscar las causas y debe saber ignorarlas, en pos de ayudar al paciente a que las descubra y descubra el sentido de lo qué le pasa. El logoterapeuta debe comprender a quien nunca ha tenido la oportunidad de una evolución sana, pero también a las personas que la han tenido, pero no la han aprovechado. Cualquier “tipo” de sufrimiento es digno de acompañamiento. El logoterapeuta debe tener un sistema de valores propio, pero debe respetar el de los demás.


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Una reflexión que sintetiza los conceptos transmitidos en este punto es la siguiente de Binswanger. “Una intervención psicoterapéutica sólo puede tener eficacia, y ustedes sólo pueden atreverse a ella, si están con el enfermo en manifiesta, o mejor, tácita relación existencial de comunicación y confianza, en la que el enfermo les dispensa su confianza, cuando ustedes, en su ser y en su acción, se sienten llevados por la confianza del enfermo. Esta confianza es el regalo que el enfermo hace al médico como condición indispensable de cada acto psicoterapéutico, y que ustedes lo lograrán tanto menos cuanto más lo busquen, pues está, como el regalo de toda comunicación verdadera, más allá de la intención del medio y del fin, de la causa y el efecto” Importancia de indagar la vivencia del sentido de vida en la fase del diagnóstico y en el planteamiento de los objetivos de trabajo con el paciente Desde la Logoterapia entendemos a la voluntad de sentido como la dinámica motivacional del ser humano; es decir ese innato afán del hombre de encontrar un sentido singular y concreto a su existencia personal. Existe en el hombre, entonces, una especie de apetito permanente, que definiríamos como un apetito de sentido que se sigue de su propia naturaleza espiritual o noética. Esa apetencia natural de sentido es esencial y exclusiva del hombre. Cuando la apetencia de sentido no se da, no se satisface se produce en el hombre lo que en logoterapia denominamos frustración existencial, es decir, un sentimiento de falta de sentido de la propia existencia. Esta frustración existencial no necesariamente es patógena pero puede serlo, derivando en una vivencia de vacío existencial manifestándose como desinterés, incertidumbre, apatía, aburrimiento, falta de iniciativa, desesperanza, cuadros depresivos, suicidios, consumo abusivo de sustancia, adicciones, manifestaciones de distintos actos de violencia, delincuencia,

entre otros. El poder diagnosticar el grado de sentido de la vida de un paciente al comienzo de las entrevistas diagnósticas me sirven como punto de partida para el planteamiento de los objetivos terapéuticos. Como pudimos observar; esta cuestión existencial, tiene estricta relación con el estado de ánimo, la salud psicológica, comportamiento, actitudes, conductas de consumo de sustancias, conductas antisociales, ideación suicida, entre otras lo que convierte a la variable “sentido de vida” en una variable de relevancia clínica y predictiva en la vida de las personas que se acercan al consultorio. Recomendaciones generales para el proceso psicodiagnóstico El éxito del proceso psicodiagnóstico es que el mismo se desarrolle en un proceso dialógico del que el consultante participa aumentando su capacidad de autodistanciamiento. El proceso psicodiagnóstico ya es de por sí interventivo, por ello debe considerarse que siempre ha de primar el bienestar del consultante por encima del trabajo académico, investigativo o formal. Antes que tener como prioridad un caso bien formulado, lo importante es el bienestar del consultante que muchas veces no puede esperar semanas enteras a que se dé una formulación completa. Vale la pena en este punto aclarar que muchas de las solicitudes de ayuda hacen referencia a problemas de tipo existencial que no son en sí mismo psicopatológicos (en el completo sentido de la palabra), siendo innecesario desarrollar una estructura psicodiagnóstica tan completa y exhaustiva. Recordar que por encima del ser humano no existe ningún recurso técnico y por lo tanto, más allá de la técnica, está la persona. Lucía Copello


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LOGOTERAPIA VINCULAR

EL MENSAJE EN LA BOTELLA: PONERLE MAGIA A LA VIDA Por Lic.Analía Boyadjián Mail de contacto: porlafamilia@yahoo.com www.logoterapiavincular.blogspot.com

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n la poesía uno puede encontrar un mensaje que nunca supo armarlo, diseñarlo, y menos transmitirlo… y es ahí donde nos sorprende con el éxtasis del paladar de las palabras… Y recuerdo, en esta línea, al Cyrano y a Quijote, uno en Francia, otro en España…y muchos otros en todo el mundo intentando ponerle magia a la vida. En “El Aleph” Borges nos susurra al respecto: “comprendí que el trabajo del poeta no estaba en la poesía, estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable”. Y el gusto por la buena poesía surge de corazones ávidos por morder la vida, por encontrarle razones para justificar la existencia y rendirle homenaje. Enlazando la belleza de las palabras que llegan a lo profundo del alma, muchas veces me pregunto por qué en lugar de belleza tantas veces usamos la fealdad como manual para comunicarnos, sin preveer

que las personas serán más receptivas a las primeras. Sabemos que ninguna idea es inmune a la transmisión, pero pronunciarla del modo y en el lugar equivocado y de forma intempestuosa basta para disfrazar su verdad. En materia de comunicación, esto significa que cualquier idea, pensamiento o sentimiento puede ser comunicado, expresado, compartido, y llegará a buen puerto (receptor) solo si el modo, la forma de hacerlo, el momento, el cómo y el cuándo son bien elegidos. Esto parece una verdad por todos conocida, pero ¡qué difícil es poder llevarla a la vida cotidiana de modo ajustado! Porque si siempre pudiésemos lograrlo, las relaciones entre las personas serían mucho más fáciles y simples de lo que son, y los conflictos y las distorsiones en la comunicación serían menos en cantidad y gravedad. Juan, un esposo frustrado en su matrimonio, me contaba que en los últimos ocho años los enojos con su mujer genera-

BIBLIOGRAFIA (del artículo de Lucía Copello) AUTORES VARIOS, Consultor temático de Logoterapia y Análisis Existencial .Editorial San Pablo, 2007. Frankl, Viktor. La psicoterapia y la dignidad de la existencia. Editorial Almagesto, Buenos Aires, 1991. García Arzeno; Nuevas Aportaciones del psicodiagnóstico Clínico. Editorial Nueva Visión, Buenos Aires, 1997 Martínez Efrén; Psicoterapia y Sentido de Vida, Ediciones Colectivo Aquí y Ahora, Bogotá, 2005.

PAREJA HERRERA, Guillermo, Víktor Frankl, comunicación y resistencia, Col. NOESIS, Vol. 22, Ed San Pablo, Buenos Aires, 2006. Sáenz Valiente, Sofía (coord.), Logoterapia en acción, San Pablo, Buenos Aires, 2009. Capítulo Claudio García Pintos. Ser y Ejercer. Xosé Manuel Domínguez Prieto y Ramón de la Fuente Cid; ¿Qué es sanación? Nous Boletín de Logoterapia y Análisis Existencial, Edición 2006.


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ron aislamiento y sentimientos de soledad profundos, de los cuales le es difícil retornar. Llegaron a pasar semanas ofuscados, sin hablarse e incluso con manifestaciones de ira a veces elevadas y destructivas. Cuando Juan culpa a su esposa de no haberse acercado en esos momentos, le propuse reflexionar sobre sus propias limitaciones para haberse acercado (¿por qué no él?) para propiciar el diálogo; y por otro lado, despejamos la ira y el enojo para ver que en el fondo lo que apareció fue el sentimiento de soledad e indefensión, tan existencial por común a la especie de los mortales. Ya Haidegger, también filósofo pero existencialista, señalaba que la angustia básica surge en el hombre como sustrato común por haber sido arrojado a la vida sin haberlo pedido. Pero si hay un camino que me sirve como punto de encuentro para trabajar la crisis de Juan y de otros Juanes y Juanas es el trabajo con los valores, con el camino que permite que uno vuelva a encontrarse consigo mismo, con lo más puro y esencial. En este punto engarzo con la metáfora del “mensaje en la botella”. Zygmunt Bauman, el sociólogo polaco que intenta descifrar los nudos de la posmodernidad, lo recuerda (debatiendo el lugar de los intelectuales en nuestra vida) en una de sus obras: “Miedo líquido” (Paidós, 2007, España) de este modo “la alegoría del mensaje en la botella implica dos supuestos previos: uno es la existencia de un mensaje susceptible de ser escrito y suficientemente valioso como para tomarse la molestia de enviarlo con la botella; el otro es que, cuando sea hallado y leído (en un momento imposible de definir con antelación), el mensaje seguirá valiendo suficientemente la pena como para que quien lo encuentre se tome la molestia de extraerlo, estudiarlo, absorberlo y adoptarlo.” Si alguna vez usted soñó con caminar por alguna playa desierta y hallar una botella acogiendo un mensaje, segura-

mente también soñó con lo que encontraría allí escrito. Y esa ilusión, apuesto, no tiene nada que ver con ganarse un premio material sino más bien con encontrar un Aleph, una clave para comprender la vida, la pista genuina y eterna de traducción de los por qué y de los para qué… Pues, si la búsqueda sigue firme, le propongo abrir la botella y encontrar este mensaje: “la felicidad está en el calor de los vínculos, en contar con un pequeño pero profundo número de relaciones intensas y llenas de significados”. Y entonces vivir es más fácil. Porque el amor todo lo puede, todo lo soporta. Y el sufrimiento adquiere sentido. Y como comencé nombrando el mundo de la poesía, les dejo una que tal vez diga algo de lo que acabo de decir pero en un formato más mágico si se quiere y se dispone el alma… “Amar la vida” Que no se agote el deseo, que no se agote… Que no cese el amor de florecer en la espuma del mar, en la antesala del sueño… Que no se agote la luz, que no desaparezcan las ganas de ser, de ser algún día cualquier creación para luego: volver a empezar… Que no se apague el sonido del llanto amaneciente que acusa la intuición de novedad. Que no sucumba el sol entre la noche obscura… Que no me olvide de escribir poesía, que no me olvide, porque hacerlo sería algo así como apagarme, como borrar la intención de decir y acallar lo más digno por decir… A.B.


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UN HECHO INSÓLITO: Rescatado de Manila

Por Dr.Claudio García Pintos Mail de contacto: cavef@yahoo.com

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n hecho insólito. ¿Cuántas veces los hechos insólitos nos sirven para descubrir o develar cuestiones más profundas? Me acaba de suceder uno de esos sucesos impensados que nos dejan reflexionando. Un amigo me avisa a través de un mensaje de texto que le ha llegado un mail extraño desde mi casilla de correo electrónico, en el cual se comenta una situación de urgencia, motivo por la cual solicito ayuda económica. Con el encabezado de “Triste Noticias Ayuda”, el texto del mail en cuestión decía lo siguiente: Estoy escribiendo esto con lágrimas en los ojos, lo siento, no informarle acerca de nuestros días de viaje atrás de mi familia y yo hicimos un viaje de vacaciones sin previo aviso a Manila, Filipinas, y por desgracia, fue atacado y asaltado a punta de pistola en el camino hacia el hotel donde nos alojamos, todo en efectivo, tarjeta de crédito y celulares fueron robados fuera de nosotros, pero afortunadamente todavía tenemos nuestros pasaportes nos dejó. Nos he estado en la embajada y de la Policía, pero no están ayudando a los problemas en absoluto y nuestro vuelo de regreso sale en cualquier momento a partir de ahora, y que` estoy teniendo problemas de sedimentación de las facturas de hotel y el gerente del hotel no nos dejan salir hasta que llego a un acuerdo los proyectos de ley. Necesito su ayuda urgente. (Respeto la sintaxis del original copiando el

texto tal como fue remitido) Obviamente ese mail no era genuino y resultaba de un ataque informático que vació literalmente mi carpeta de contactos y utilizó la información para tratar de embaucar a alguien en su buena fe. Esta circunstancia generó un pequeño caos que movilizó a muchas personas que se contactaron conmigo ofreciendo dinero, plegarias, algún tipo de ayuda. En distintos ámbitos de mi actividad profesional hubo la misma movilización, una respuesta masiva de solidaridad conmigo. Del mismo modo, los contactos más personales vivieron una cierta zozobra e intentaron organizar estrategias de rescate y socorro. Recibí mensajes de personas del exterior (Ecuador, Perú, Colombia, Brasil) movilizadas por la misma preocupación. La mayoría de ellas presentían que era falso, sea por el tipo de redacción (incorrecto) o por la circunstancia del lugar en el que supuestamente me encontraba con mi familia. Convengamos que Manila no es un destino frecuente para nosotros. De todos modos, más allá de las fuertes sospechas de su falsedad, la gran mayoría necesitó cerciorarse de alguna manera y dejar por claro su disposición solidaria incondicional. Algunos de ellos, aún hablando conmigo por teléfono, necesitaban que les asegure que realmente no necesitaba ayuda. Afortunadamente, el único ataque y robo que sufrí fue “informático”, estando cómodamente sentado en mi casa. Queda ahora la paciente tarea de recuperar la información perdida, reforzar las medidas de seguridad y aprender de la expe-


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información perdida, reforzar las medidas de seguridad y aprender de la experiencia. Pero más allá del hecho que, posiblemente, sea más cotidiano de lo que uno sospecha, me queda como resultado la siguiente reflexión. Muchas personas se dedican al mal. Lo hacen utilizando sus mejores talentos, una creatividad envidiable, una perseverancia casi virtuosa. Con gran esmero van renovando sus estrategias haciéndolas cada vez más efectivas, contundentes, impactantes. Y logran sus objetivos, porque dejan su huella de daño, perjuicios, estragos. Pero también es cierto que están los otros. Aquellos que tienen vocación de bien. Los que manifiestan silenciosa y cotidianamente el espíritu bueno de la humanidad. Ellos también logran sus objetivos, construyendo, cuidando, sosteniendo. Embaucadores y embaucados, estafadores y estafados. Como supo decirnos Víktor Frankl, solo dos clases de personas, los decentes y los que no lo son; los mismos que, cuando se apasionaba hablando, los denominaba los santos y los cerdos. Ahora bien, el impacto pernicioso de los indecentes ha sido grande. Preocupó a mucha gente, estafó a algunos que le dieron crédito al mensaje y trataron de enviar el dinero que se pedía, robaron información de valor de mi casilla, ocuparon nuestro tiempo cronológico y vivencial con este tema, etc., etc., etc. No puedo negar que me generó un gran trastorno este ataque y robo informático. Sin embargo, la respuesta de cientos de personas de todas partes, fue, emocionalmente, mucho más abrumadora que el ataque furtivo de unos pocos. La solidaridad inmediata e instantánea de tantos, fue emocionante e inmensamente reparadora del daño que pudiera haberme ocasionado el ataque en cuestión. La caricia que significó para mi alma esa respuesta, supera el daño del cachetazo. Y reflexiono: el daño es estridente, la acción de los indecentes es ruidosa; sin embargo, la construcción no lo es, la acción de los decentes tiene el poder de la firmeza silenciosa. Las cachetadas hacen ruido, las caricias no. Y el

mundo está sostenido por millones de caricias que reparan las cotidianas cachetadas que recibe. Pero hay un tema: los indecentes se asocian, y por ello ganan terreno. Los decentes, usualmente, no lo hacen. ¿Qué efecto tendría una comunidad de decentes? En una alocución bastante conocida, Víktor Frankl decía que, aún cuando los decentes fueran minoría, era un desafío el unirse a ellos. Y es cierto. En este insólito incidente del ataque informático quedó algo en claro: los indecentes invirtieron mucho tiempo en la ingeniería de la estafa, hasta que intentaron efectuarla. Los decentes, dispuestos al bien, instantáneamente pudieron desbaratarla respondiendo solidariamente. Una verdadera analogía del mundo y de la vida. Desde el fondo de mi alma, agradezco toda la solidaridad de aquellos que se conectaron conmigo ofreciendo ayuda. Ciertamente no necesitaba ser rescatado de Manila, pero me rescataron de la tentación de creer que el mundo es un estiercolero (tal como lo afirmaba Aldonza o Dulcinea al Quijote). No, el mundo no es un estiercolero y ella estaba equivocada. El mundo no gira como debiera, impulsado por la suciedad de los cerdos, sino por la silenciosa tarea cotidiana de los santos.

La FUNDACIÓN ARGENTINA DE LOGOTERAPIA “Viktor E. Frankl”, tiene el agrado de informar la realización del XXII Congreso Argentino de Logoterapia “La Logoterapia ante los dilemas del mundo actual. Abordajes interdisciplinarios”, los días 27,28 y 29 de septiembre de 2012 en la sede de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad de El Salvador: Marcelo T de Alvear 1314, 1º Piso, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. INFORMES logocongreso2012@gmail.com, o en la Secretaría de la Fundación, sita en Charcas 3151, de lunes a viernes de 11 a 20 hs, Te (4822-9678)


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SIN RECETARIO

LA MEDIANOCHE: Vivir entre el ayer y el mañana Por Olga Vanessa Lehmann Oliveros Mail de contacto: olehmanno@gmail.com

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l pasado es una pregunta a la que a veces quisiéramos volver. En la ambivalencia del tiempo, repensamos—a veces en exceso, historias que ya hacen parte de la memoria, pero también sentimos curiosidad hacia aquello que no pudimos vivir. La vida es un movimiento entre el deseo y la nostalgia de decidir, donde nuestro más grande reto es precisamente aceptar la incertidumbre ante nuestra constante elección de unas opciones sobre otras. Hay días en los que el mundo se nos aparece como un no-lugar. ¿Y si nuestra vida fuera otra, lejana del desasosiego que sentimos? Imaginar que la vida hubiese sido más bella en otra época, si bien puede conseguir que se nos escape una sonrisa en medio de la nostalgia, poco o nada puede hacer para cambiar el presente, en el que nos “toca” vivir. Del pasado podemos amar muchas cosas, y aferrarnos a ellas como un tesoro que nadie nos puede arrebatar. De hecho, no nos aferramos sólo a nuestras vivencias, sino también a la historia familiar; a lugares como la casa de la infancia o la oficina; a personajes como actores, cantantes o escritores; a objetos que guardan un valor sentimental; o a rituales que existen desde mucho antes que nosotros. Así, nuestra existencia está afiliada de múltiples maneras a épocas anteriores. Pero a veces la nostalgia por aquellas épocas que pensamos mejores es más

atractiva que el día a día, convirtiendo este deseo en evasión y refugio para el miedo de vivir el aquí y ahora. Este es el caso que ejemplifica la película “Media Noche en París” escrita y dirigida por Woody Allen. Sentir “carisma” por el pasado, nos invita a repensar la historia, pero también nos ayuda a no-pensar en el presente. Gil (Owen Wilson) es un guionista norteamericano que viaja a París, junto con su prometida y sus suegros. El viaje, mientras lo distancia de la mujer que creía el amor de su vida, lo acerca la París de los años 20, en la que siempre deseó vivir. Con un tinte surrealista, Woody Allen pone en diálogo al protagonista con célebres artistas como Fitzgerald, Heminway, Dalí, Gertrude Stein y Picasso. A la vez, Gil conoce a Adriana (Marion Cotillard), una hermosa mujer con la que vive, entre otras cosas, diferentes formas de la nostalgia por el tiempo que no nos pertenece, dándose cuenta después de que esto puede convertirse en un ciclo sin fin, pues al hacer del pasado nuestro presente, la nostalgia por buscar algo más remoto hacia lo cual dirigir nuestros anhelos, regresa. Hablemos de las polaridades de la nostalgia. Por un lado, ésta puede manifestar cariño por la incompletud que acompaña al hombre y el anhelo de encontrar algo que inspire nuestro ser-en-el-mundo. La consciencia del ser, de la finitud, de las contingencias, de la culpa, del sufrimiento, nos posiciona ante una nostalgia que reclama un querer ser, querer cambiar. Pero la nostalgia también podría ser evasión; ciertamente es más fácil imaginarnos


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“pertenecientes” a otra época, proyectando nuestra alienación del presente. La nostalgia es un plural; las nostalgias en cada polaridad, representan las posiciones existenciales ante la libertad. Las nostalgias son también pequeñas muertes, aquellas que enfrentamos a diario, al decidir. La nostalgia es singular, cuando nos fundimos en el llanto del universo y en el acto de comunión con el mundo, sentimos un dolor nuestro. La nostalgia es singular, cuando somos conscientes de nuestra fractura con el universo y en el acto de separación con el mundo, sentimos un dolor personal. Cada nostalgia es un diálogo, con lo eterno, con lo vacuo, con el otro, con los imaginarios: la nostalgia es un teatro de la psique, donde el sentido de lo trágico puede salvarnos, y la esperanza de lo divino, resguardar nuestro aliento. Entre la noche y el día hay un territorio indeciso. No es luz ni sombra: es tiempo. Hora, pausa precaria. Página que se obscurece, página en la que escribo, despacio, estas palabras. La tarde es una brasa que se consume. El día gira y se deshoja. Lima los confines de las cosas un río obscuro. La tarde es una brasa que se consume. El día gira y se deshoja. Lima los confines de las cosas un río obscuro. Terco y suave las arrastra, no sé adónde. La realidad se aleja. Yo escribo: hablo conmigo -hablo contigo. OCTAVIO PAZ.

Y es que nos dicen a diario, que el mundo se muere, y que nosotros morimos, como muere el día y se entrega a la noche. En el tránsito de las horas, la media noche es el refugio del tiempo. ¿A quién le pertenece la media noche, sino a sí misma? ¿Es la noche que cae, el día que acaba, la noche que llega o el día que nace? El pasado, el presente y el futuro son uno en los territorios indecisos del tiempo: la media noche es un niño que corre y no se deja atrapar. En la oscura nostalgia se abren también los caminos de la consciencia, y la consciencia es también un niño que juega al escondite. La noche y la nostalgia anticipan la despedida, e invitan a vivir con apertura: estados llamados a reconciliar la indecisión y el desasosiego, con la sensación del estar aquí. Estar aquí, en vilo, es caminar en una cita a ciegas con la muerte, dándole un sí a la vida (García Pintos, 2003) y para balancear nuestros pasos, la fe es esencial. La vida se basa en actos de fe para con lo que sigue, y lo que trasciende. En la película “Conoces a Joe Black”, Joe (Brad Pitt) y el señor Parrish(Anthony Hopkins) le repiten la misma frase a Susan Parrish (Claire Forlani), en lo que podría concebirse como un evento destino puesto que Joe, al morir, personifica la muerte y le otorga al padre de Susan más tiempo, con el compromiso de mostrarle los placeres de la vida. Esta frase es: “Keep your heart opened, lightning could strike”, lo que en español podría interpretarse como “manten tu corazón abierto, el cielo puede abrirse”. La nostalgia, en el corazón de la existencia, es una puerta.

Referencias Allen, W. (Director). (2011). Midnight in Paris. [Motion picture]. United States & Spain: Gravier Productions, Mediapro Brest, M. (Director). (1999). Meet Joe Black. [Motion picture]. United States: Universal Pictures, City Light Films. García Pintos, C (2006). Cita a Ciegas, reflexiones sobre la imprevisibilidad de la vida. Buenos Aires: San Pablo. Paz, Octavio (2004). El fuego de cada día. Madrid, España: Espasa. Cartas de creencia-Cantata I (Fragmento).


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CARTAS DEL DESIERTO de Guillermo Pareja Herrera

DESECHABLES Por Sofía Sáenz Valiente (CLAE, Argentina) Mail de contacto: sofisava@yahoo.com.ar

El Dr.Guillermo Pareja Herrera nos tiene acostumbrados a sus mensajes vivificantes, plenos de significado, volcados en publicaciones de obligada referencia para todo humanista interesado en madurar un pensamiento consistente y comprometido con la persona humana. Pero su obra no solo está restringida a libros académicos. Su sensibilidad se expresa creativamente a través de sus “Cartas desde el Desierto” con la misma calidez y profundidad que caracteriza su discurso científico. Mes a mes y con regularidad, vamos presentando algunas de sus “Cartas”, breves reflexiones sobre la vida misma, las cuales son comentadas cada vez por algún colaborador de LOGORED. En esta oportunidad, el encargado de hacerlo será Gastón Del Río (CLAE, Argentina)

Desechables La magia del café convoca, llama, atrae, seduce. Estuve junto a mi taza de café humeante preparando una conferencia y percibí que en la mesa de junto estaban dos muchachitos provistos como es usual de netbooks, teléfonos móviles. De pronto hicieron una pausa le dieron un sorbo y uno de ellos le contó a su amigos de sus quebrantos amorosos: ¡Que bruto fui, todo se lo puse a ella servido en bandeja de plata y mira lo que pasó, me mandó a volar... por otro! El amigo lo escuchó largamente y como quien baja del cielo un cometa de luz le hizo este comentario: Te comprendo, hay chavas que sólo saben comer en platos desechables. Seguí sorbiendo mi café humeante mientras consideraba que nuestro planeta lo hemos convertido en un basurero gigante lleno de platos, vasos, tazas, frascos, botellas, latas, cajas desechables y en medio de esa basura se van amores desechados. Signo de estos tiempos. El café, este ritual humano sigue siendo el espacio para el encuentro, el desahogo, la confidencia, el chisme y el chiste,

el amor, las lágrimas y también mi mesa donde les escribo estas palabras… Reflexión

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omando café una mañana en un bar me encontré con esta carta del desierto. Al leerla, hice una pausa y dejé mi café humeando unos minutos mientras la releía dos o tres veces más. Siguiendo la sintonía de la reflexión final de Guillermo Pareja Herrera, decidí ofrecer el ritual del café de esa mañana como espacio de encuentro con ustedes… para que reflexionemos juntos en torno a esta realidad tan palpable, tan actuada, tan sufrida y tan sostenida en la cultura actual… la desechabilidad reinante en estos tiempos; desechabilidad de la que cada uno de nosotros es autor, protagonista y víctima, en mayor o menor medida. Esta desechabilidad es un modo de vincularnos con nuestro entorno: objetos, personas, oportunidades, experiencias, etc. Parece fundarse en la creencia o convicción errónea de que aquello con lo que nos


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etc. Parece fundarse en la creencia o convicción errónea de que aquello con lo que nos relacionamos tiene un valor momentáneo ¿o acaso desecharíamos algo que sigue siendo valioso para nosotros? No tendría sentido, sería contradictorio. Pero es real que hoy se vive y se crece en una cultura de lo “desechable”. Podemos decir que en los tiempos que corren es una “originalidad” conservar un auto de los años 90 o mantener un mismo modelo de celular por el simple hecho de que funcione y satisfaga nuestras necesidades de comunicación. Incluso, hasta es una hazaña tener una pareja estable o que un matrimonio no termine en divorcio… hemos llegado al punto en el que, cuando esto sucede nos asombramos y nos genera, en el mejor de los casos, admiración. Claudio García Pintos suele decir que vivimos en una cultura del “yayaísmo” que se caracteriza por no tolerar la frustración, por requerir la satisfacción inmediata de nuestras necesidades; por querer todo “ya ya”. Considera, a su vez, que nuestra cultura es adolescente. Tendemos a querer todo, probar todo. Este comportamiento, estas conductas, dice el autor, son entendibles en los adolescentes debido a que están viviendo una etapa en la que aún no han consolidado sus valores y es por ello que debemos educarlos. El decir, entonces, que nuestra cultura es adolescente, equivale a decir que hoy los valores no están suficientemente consolidados. Lo que explica, a su vez, esta ambición adolescente y “yayaista” de querer TODO y quererlo “ya”, es la atrofia de dos grandes capacidades que hoy tienen muy mala prensa: la capacidad de postergar o esperar y la capacidad de elegir. Así como un músculo se atrofia y se endurece si no es usado con frecuencia, estas capacidades han quedado enquistadas y atrofiadas por falta de uso en la cultura actual. ¿Para qué postergar o esperar si puedo tenerlo ya?

No todo podemos tenerlo “ya”. Hay ciertas cosas a las que hace falta dedicarle tiempo y estar dispuestos a esperar como, por ejemplo, ver nacer y crecer a un hijo, adquirir conocimientos, realizarse como personas, hacer verdaderas amistades (no sólo conocidos ni contactos de redes sociales), amar a alguien, realizar el sentido de la vida. Es más fácil estar dispuestos a esperar cuando sabemos qué es lo que estamos esperando, cuando sabemos qué queremos. Sospecho que hoy día nos cuesta esperar o postergar, en gran parte, por no saber qué queremos realmente. Este yayaísmo nos lleva a vivir a una velocidad que podríamos decir que no nos deja mucho margen para una conducta genuina, meditada, “elegida”… vivimos a un ritmo en el que tenemos poco tiempo para pensar qué hacer y qué no hacer y, menos aún, quién soy y quién quiero llegar a ser. Mientras no sepamos hacia dónde queremos dirigirnos, no sabremos hacia dónde dar el primer paso. Mientras no sepamos qué buscamos, tenemos pocas chances de encontrarlo. Mientras no sepamos qué esperar no nos dispondremos a hacerlo… pero, mientras tanto, nos entretenemos con consuelos fugaces y “desechables”, con placeres intensos aunque no siempre sanos y, menos aún, plenificantes. Todo esto es lo que podemos conseguir “ya ya”. Esto explica el claro consumismo y el hedonismo que crece progresivamente en nuestra cultura. ¿Para qué elegir si tengo todo a mi disposición? En la carta con la que abrimos esta reflexión, el amigo le dice al muchacho “… hay chavas que sólo saben comer en platos desechables”. ¡Que frase! Dura… pero fiel reflejo de lo que está sucediendo hoy en las relaciones de pareja. Les propongo que la tomemos como punto de partida para reflexionar en torno a la dificultad para elegir que caracteriza a nuestra cultura. Que “sólo sepan comer en platos desechables” no significa que todo plato en el que


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elegir que caracteriza a nuestra cultura. Que “sólo sepan comer en platos desechables” no significa que todo plato en el que hayan comido sea desechable de por sí, sino que eligen desecharlo siempre y sin excepción. ¿Por qué quedarse con uno si pueden tener todos? Para estas personas no depende del material del que estén hechos los platos ni del diseño que tienen. Desechan porque no valoran, no valoran porque no saben lo que quieren y no saben lo que quieren porque no se conocen ni han madurado lo suficiente. Creo que estamos en una era en la que la globalización y la hiperconexión (entre otros factores) llevan a perderse demasiado en el “afuera”, en el “entorno”. Hoy existe una hiperconexión con los demás (a través de los infinitos medios de comunicación) pero la conexión con uno mismo, con las motivaciones más profundas, con los valores, con la propia identidad está gravemente empobrecida. En este escenario, hay preguntas fundamentales y básicas que hacen al proyecto de vida de cada uno que quedan sin respuesta. Y el plano de las relaciones interpersonales no es la excepción… ¿qué busco en una pareja? ¿Busco una pareja? ¿Quiero lograr una pareja estable? ¿Me relaciono con las personas con las que salgo como para lograrlo? O, si

ya estoy en pareja… ¿cómo quiero que sea mi vínculo con él /ella? ¿Qué tipo de compañero/a aspiro a ser? ¿Estoy haciendo lo necesario para que seamos felices juntos? Debemos asumir que hoy existe una marcada tendencia a tener relaciones fugaces, pasajeras y sin compromiso. Abundan las relaciones “sexuales” pero escasean las relaciones “amorosas”. Hay una tendencia notoria a evitar el compromiso amoroso con una persona porque eso implicaría renunciar a estar con otras personas. Pero el resultado final y evidente es un sentimiento de soledad y de vacío porque, a pesar estar en pareja con mucha gente, al fin y al cabo, al no elegir, no tengo un compañero/a a quien amar. Como dice el refrán “Mucho ruido y pocas nueces”. Estas personas que no eligen, viven en una paradoja: creen que por no elegir, por no optar, tienen todo pero, en realidad, no tienen nada. Quien no elige nada… quien no se decide por nada, todo lo desecha y, así, no tiene nada. Quedan con las manos y la existencia… vacías.

Lic. Sofía Saénz Valiente

Cartas desde el Desierto Vols. 1-2 y Audiolibro Editorial San Pablo, Argentina

Este sitio, dedicado a la LOGOTERAPIA y el ANÁLISIS EXISTENCIAL, dirigido por TERESA VANEK es recomendado por LOGORED.


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ROMPECABEZAS: Armando las piezas...

Por Lic.Chacho Garabal Mail de contacto: chachogarabal@gmail.com

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os juegos tienen ese gran contenido transicional del cual varios autores han podido rescatar su utilidad para fines terapéuticos. Sin embargo, los juegos parecerían presentarse también como grandes símbolos de los desafíos que nos propone la vida cotidiana. En una ocasión, hablaba del ajedrez como un gran ejemplo de ese juego constante que tenemos con la vida misma. Realizamos una jugada y damos respuesta a los movimientos de las piezas con las que nos confronta la vida. Al principio representaba a la alta sociedad y los artesanos dedicaban todo su empeño para superarse entre ellos. Con el fin de generar un pasatiempo educativo, nacieron los rompecabezas. "Educativo" porque se usaba también para enseñarle a los jóvenes, geografía. Sin embargo, consideremos no tanto las características antiguas sino las actuales. Invito a la reflexión de lo que sucede cuando armamos un rompecabezas. Para aquellos que no lo han hecho, lo sugiero como un desafío logoterapéutico. Podemos resaltar que el generar el armado de un rompecabezas de una cantidad de piezas considerables, dentro del ámbito familiar invita a la reunión y a un objetivo común. Si bien puede ser uno quien lo comience, no suele tardarse mucho tiempo en que los demás se sumen a la aventura. Cada uno arma los rompecabezas como

puede, como quiere y como debe. Casi siempre es recomendable, juntar las fichas que marcan los límites del mismo. Tenemos que aprender a reconocer el marco que rodea la figura entera, ya que dentro de estos límites, es donde ocurre la acción y el desafío. Sin estos límites claros, el armado se hace más complejo y más difícil de resolver. Sin reconocer nuestros propios límites, a veces nos cuesta decidir nuestro camino. Una vez que hemos podido "tomar consciencia" de estos límites, podemos empezar a resolver los problemas de las distintas secciones que forman parte de este gran resultado final. Las piezas no hay que inventarlas, están disponibles. Y debemos buscarlas con paciencia y con dedicación. Podemos ayudar y permitir ser ayudados. Ya que la tarea se disfruta más, cuando se hace en compañía. Cuando sabemos "para qué" estamos armando las piezas, estas se empiezan a acomodar con cierta facilidad. Requiere de nuestra voluntad y de nuestra entrega por la tarea. Y como se notara antes, las piezas están ahí, al alcance de la mano. A veces, tomamos una pieza y no podemos saber en donde va, donde encaja, cual es su lugar. Mas luego, cuando seguimos con la tarea, recordamos que esa pieza que teníamos sin ubicación, se transforma en la gran pieza faltante para completar un pedazo del trabajo final. ¿Tan solo desafía nuestro intelecto? A lo mejor desafía nuestra capacidad de poder


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¿Tan solo desafía nuestro intelecto? A lo mejor desafía nuestra capacidad de poder trabajar por una tarea, junto a los que nos rodean. Al mismo tiempo, si miramos fijamente una sola parte del tablero, si nos perdemos en un detalle y nos olvidamos de la totalidad del desafío, nos encerramos tercamente y no podemos resolver nada más. A veces, necesitamos tomar distancia del desafío. De tanto mirar hacia un mismo lugar, por momentos sentimos la necesidad de "respirar", de volver a la cotidianeidad, de dar unas vueltas por la casa y después retomar el desafío. Aunque al volver, vemos que el desafío esta siendo continuado por otro integrante interesado en apoyar la causa del armado del rompecabezas. Sabemos los beneficios que otorga esta tarea a nivel intelectual, como facilitador de la memoria en los niños, la coordinación viso-motora y nos muestran un claro ejemplo de como nos posicionamos y nos confrontamos con los problemas a solucionar. Frankl le brinda a la vida un carácter enigmático, de resolución y de respuesta. Al mismo tiempo, cuando armamos un rompecabezas, podemos utilizar cierta ayuda del dibujo que trae el empaque del mismo. Podemos observar "fuera" de la figura, una ayuda para seguir avanzando en la tarea. Cuando nos perdemos mirando para dentro de la figura, la mejor vía posible es volver a mirar para fuera y tomar algún consejo que nos brinde el exterior. Y esto nos facilita el desarrollo de la conciencia sobre nuestra tarea. Esta conciencia a la que Frankl caracteriza como intuitiva, creativa y vital. En definitiva, un rompecabezas ayuda justamente a olvidarnos de nosotros mismos por una tarea, poniendo en ejercicio nuestra capacidad de autotrascendencia y de autodistanciarnos, al tiempo que la conciencia se manifiesta como la encargada de orientar hacia el sentido. La vida nos ofrece distintos rompecabezas, situaciones a las cuales tenemos

que dar respuestas. Tenemos que ordenar las piezas con nuestra voluntad. Las piezas que van conformando nuestra vida. El Dr. García Pintos, nos regaló un cuento sobre la magia que puede esconder un rompecabezas. Y estos siempre me generaron cierta fascinación. A lo mejor, será esta extraña "condensación simbólica", de que la vida es como un conjunto de piezas, que tenemos que ir armando como podemos. Y habrá piezas que no sepamos donde van, todavía, pero si seguimos firmes en nuestra tarea, nuestra conciencia nos ira orientando por donde buscar. Sera necesario retirarse por momentos y luego volver a arremeter. Sera necesario encontrar ayuda y poder darla. A lo mejor el rompecabezas es tan solo un enigma, que para cada uno tenga un significado diferente. Los invito a compartir esta actividad en sus casas, con quienes compartan la vivienda o en soledad. En definitiva, cada uno va armando su propio rompecabezas, con las piezas que va descubriendo, para terminar de formar y cumplir con un gran desafío. Que es la imagen de la tarea cumplida, una tarea trascendente que nos ubica como protagonistas y como espectadores de nuestros propios desafíos.


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SE ACERCA EL ESTRENO DEL MUSICAL PARA GRANDES Y CHICOS QUE INVITA A LA AVENTURA... UNA HISTORIA MARAVILLOSA EN DONDE LA FUERZA DE LOS VALORES SUPERA LA ADVERSIDAD Y DERRIBA LOS MIEDOS!! La aparente tranquilidad de una aldea es sacudida y solo un grupo pequeño de habitantes tiene las herramientas para hacer frente a la amenaza. Emprenderán un camino que les exigirá a cada paso poner en juego todo aquello que llevan en sus corazones, donde cada decisión podrá torcer el rumbo de la historia. Y así, se aventuran en las profundidades de un bosque misterioso, lleno de magia y de extraños seres. La obra presenta las vivencias de estos personajes entrañables, y con canciones y momentos realmente emocionantes, nunca desprovistos del buen humor, invita a los espectadores a dejarse llevar. tiene libro y dirección general de Chacho Garabal (Wojtyla, el musical, Buscando Sentido), música original de Sixto Laconich, vestuario y escenografía de Pedro Muñoz. El elenco esta conformado por Stella Maris Faggiano (Tita, Despertar de Primavera), Brian Mancini (Dracula, La Corte del Faraon), Pedro Muñoz (Jorobado de Paris, Fantasma de Canterville), NinnaFernandez( Las mil y una noches), Cecilia O´Grady( Buscando Sentido, Floralita), Brian Da Cruz y Chacho Garabal. El musical esta inspirado en el cuento homónimo del Dr. Claudio Garcia Pintos, quien se encarga de la dirección pedagógica de la obra y supervisa el contenido del Programa Educativo en Valores que se desarrolla post-función. La presentación oficial de ROMPECABEZAS, fue llevada a cabo el día 15 de abril, en el marco de los “Premios Hugo en la calle corrientes: Musicales al aire libre”, siendo elegido como uno de los infantiles para ser nominados en su entrega de premios en Agosto 2012. El musical comenzará su gira por instituciones educativas en junio 2012.

Para mas información, via telefónica al (+5411) 15 6443 2501 y próximamente en www.rompecabezasmusical.com.ar


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Ya llega el musical basado en un cuento de

plantea la alternativa de cuáles actitudes asumimos cuando debemos enfrentar una crisis o cualquier circunstancia de tránsito a través de una situación determinada… y el coraje que nos reclama asumir la tarea de seguir el camino planteado por el sentido descubierto!!.

INFORMACIÓN recibida por LOGORED de parte del CENTRO DE LOGOTERAPIA DEL OESTE Estimados amigos de la Logoterapia: Es para mi una gran alegría hacerlos partícipes del nuevo ciclo de encuentros de Logoterapia en una Universidad Pública, con las puertas abiertas a toda la Comunidad, de modo que no solo puedan conocerla y encontrar sentido a sus vidas los que llegar al consultorio, sino también los muchos más que están más allá del mismo, EL HOMBRE COMUN DE LA CALLE, según nuestro querido Paco Bretones. Este es el primer tramo de este año 2012, en el cual se harán otros más, destacando el "Valor de la VIDA, su dignidad y sentido". Les envío un fraterno abrazo Prof. Lic.Roberto Juan Mucci Centro del Logoterapia del Oeste "Por Amor a la Vida" INFORMES:

extensión@unlam.edu.ar 4-480-8937 / 4-651-3035

www.unlam.edu.ar

Logored - Mayo 2012  

Edición correspondiente a Mayo 2012

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