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SAN MARTÍN DE LA CARIDAD versus SAN MARTÍN DE TOURS “Ninguna guerra es santa” Juan Pablo II

La palabra versus, en abreviatura (vr.), es otro barbarismo introducido en el castellano por el descuido de algún periodista deportivo. Es muy utilizada en peleas boxísticas y en encuentros futbolísticos. La jurisprudencia inglesa tomó esta palabra erróneamente con la connotación de: “confrontación”. Pero el significado real del término de origen latino es: “hacia a”, “ir hacia a”; así, revela: hacia donde nos dirigimos o, hacia donde nos desplazamos. En la lengua de Dante, que es el italiano, aún se conserva su significado original; por eso, se leen frases como: “noi andiamo verso il mare” (nosotros nos dirigimos hacia el mar). Pero, ¿a qué viene toda esta precisión etimológica? Justificación: El domingo 28 de septiembre pasado el periodista Luis Eduardo Bautista Sandoval, enviado especial del diario La Opinión, de Cúcuta, tituló en la página 1b, denominada Ámbito, así: La ‘guerra’ santa de Sardinata. Y subtituló: “La parroquia y un sector de los fieles están enfrentados por el san Martín al que está consagrado el pueblo: el de Tours y el de Porres”.


Con gran interés leí la extensa nota, pero creció mi preocupación por el enfrentamiento que esta situación ha ocasionado entre los devotos todos de esta iglesia. Por eso, me di a la tarea de recabar algunas informaciones que podría ser útil para cancelar esta innecesaria polémica. Algunos días atrás… Días antes de encontrarme con esta interesante nota periodística visité la población de Sardinata para compartir con el recién elegido Consejo Municipal de Cultura el tema de la “Identidad cultural”. En medio de la conversación distendida y con una participación sorprendentemente activa fueron fluyendo temas de interés para la cultura local. Uno de esos temas, me causo alguna ‘gracia’, era la historia de los dos santos Martín. Desafortunadamente la premura del tiempo no nos permitió ahondar en otros tópicos de la identidad sardinatense. Simpática columna del doctor Gustavo Gómez Ardila. (La Opinión, sep-3o - 2008) Carta a un Negrito Negro divino: Supe por este mismo periódico que andas en problemas con un colega tuyo de los altares y, de ñapa, tocayo. Aunque no soy amigo de meterme en camisa de once varas, y menos en asuntos celestiales, esta vez he resuelto escribirte, como mi amigo que eres, y como devoto tuyo que soy, para manifestarte mi solidaridad y mi extrañeza por lo que hicieron contigo en la parroquia de Sardinata. Por si no lo sabes, te cuento que nací en La Victoria y me crié en Las Mercedes, pueblos que administrativamente pertenecen al municipio de Sardinata, por lo cual me siento con algún derecho para terciar en este incómodo incidente. He de contarte, además, que te conozco desde hace mucho tiempo. Me llamó la atención que siendo negrito te hubieran dado cabida en el santoral, en una época en que los negros no eran muy bien mirados. Ni siquiera desde el cielo. Y me fascinó tu humildad, a juzgar por la escoba que siempre te acompaña. Me bebí tu biografía muchas veces y más me enamoré de ti. En el buen sentido de la palabra. San Martín de Porres tuvo mucha fama y muy buena prensa. Quiero decir que hubo un tiempo en que te coronó el éxito. Hacías milagros. En las iglesias había un lugar especial para ti. Veladoras, flores y limosnas rodeaban tu imagen. Pero poco a poco fue pasando tu ‘boom’. Perdóname, pero creo que pasó tu cuarto de hora. Otros santos te opacaron. Ya San Martín de Porres no es el milagroso que fue durante mucho tiempo. Perdóname la franqueza, pero es la verdad. Sin embargo, una cosa es una cosa y otra es otra. No había visto yo que un cura, un párroco, un sacerdote, te enviara al cuarto de San Alejo, y te remplazara por otro Martín, el de a caballo. No entro a juzgar los motivos que tuvo ese reverendo para portarse así contigo, pero me parece, por lo menos, una descortesía. Tal vez haya tenido razón en hacer lo que hizo. Allá él. Pero más razón tiene razón la gente de Sardinata en rebotarse para protestar por dicha actitud. O sea, que tienes tus


seguidores. Buena esa. Lo grave del asunto es que otra gente apoya al otro Martín, que también tiene sus seguidores. Y entonces se va a formar el coge-coge, por culpa de alguien que quiere enfrentar a los dos santos Martines: el negrito de la escoba, y el caballero, de uniforme militar. A mí me parece que ustedes dos, debían hacer una conciliación, como llaman los abogados, y solucionar el problema amigablemente. Y que sea el Espìritu Santo el que le ilumine las entendederas al cura de Sardinata para que deje de poner a pelear a dos santos, que son tan importantes el uno como el otro. Si ambos Martines comparten iglesia, y a cada uno le dejan su nicho o su rincón, y a cada uno se le celebra la respectiva fiesta con bombos y platillos, hasta ahí llega el problema, y, como decía mi abuela, sanseacabó el rollo. De alguna manera ustedes dos ingéniensela, para que aquel curita de pueblo no le siga haciendo daño a nuestra fe. Para nosotros, los creyentes, tan valioso eres tú, de Porres, como lo es el Tours o de Loba, que es el mismo. Espero, Martín, Negrito de Porres, que te restituyan al lugar que has tenido y que vuelvas a ser el Milagroso que eras antes. Y, a propósito, no te olvides del favor que te he pedido.

Confrontación = identificación. He declarado mi sentimiento de preocupación, y no es para menos, pues no tiene ninguna lógica pelear entre cristianos por un santo patrono. Sardinata no es una población importante en el Departamento y sus gentes están interesadas en llenar de contenido sus tradiciones, valores, creencias y demás. Y para ello hay que identificarse. Entiendo la incomodidad de todos por la discusión sobre el santo patrono, pero no comprendo porqué hay que llevarla al plano de la ‘guerra santa’. Desde de su fundación y según refiere la tradición junto algunos documentos dos clérigos pusieron todo su empeño en generar lasos de cohesión social entre los colonos de estas tropicales tierras. Los padres Secundino Jácome y Raimundo Ordóñez Yañez permanecen en la memoria de los pobladores, sus actuaciones fueron numerosas, pero la más eficaz es la generación de capital humano importante convertido en gestor de una vida mejor. La prueba documental. No conozco -hasta el momento - documentos en qué apoyarme para emitir algún juicio al respecto ni eso toca a mí. A pesar de ello, si puedo colegir que un diálogo abierto y sincero, con la apertura de horizonte necesaria podría ayudar a encontrarle al “sagrado altercado” una solución adecuada. Algo para iluminar. “Una vez llegó al monasterio en que moraba San Luís Beltrán un Indio de las provincias del Nuevo Reino de Granada, y éste, que no solamente había sido convertido al cristianismo sino que vestía el hábito de Santo Domingo, refirió largamente al futuro Santo las costumbres, las crueldades y hábitos de idolatría de sus compatriotas. Además le decía que era tan peligroso entrar en la tierra de los Caribes que rara persona volvía á salir, " porque se comían vivos á los predicadores”. Pero esto, en lugar de atemorizar á nuestro monje, le inspiraba el mayor deseo de pasar á esos Países donde, sirviendo á su religión podía sufrir el


martirio por la fe de Jesucristo. El mismo celo manifestaba otro padre del convento, fray Luís Vero, haciendo uno y otro, y dentro de sí mismos, voto solemne de no desperdiciar ninguna ocasión en que se les presentasen medios de pasar á Indias. No tardó mucho Nuestro Señor en poner á prueba aquella fe y deseo de servirle exponiendo la vida. Habiendo llegado á Valencia el emisario del Provincial del Nuevo Reino de Granada, que recorría la España en busca de religiosos suficientemente abnegados para servir de Misioneros entre las tribus indómitas de la provincia de Cartagena, al momento fray Luís Beltrán, fray Luís Vero y cuatro Religiosos más se apresuraron á ofrecerle sus servicios. Apenas se tuvo noticia en Valencia del propósito del predicador favorito de la población, agolpóse la multitud al convento á suplicar á fray Luis (Beltrán) que no abandonase su ciudad natal, en donde tánto le querían. Peto todo fué en vano: ni los ruegos de los valencianos, ni las súplicas de sus amigos y parientes pudieron hacerle vacilar en sus intenciones. El Prior, que no podía impedirle el viaje de otro modo, le notificó que si persistía en él no le daría ningún avío ni recursos para emprenderlo. Pero esto, menos que todo, podía detenerle; y así salió de Valencia sin un cuarto con qué sostenerse, y llegó á Sevilla extenuado de fatiga y de falta de alimento, y allí se reunió con los treinta Misioneros más que estaban prevenidos para pasar á Cartagena. Empezaba el año de 1562 cuando la expedición de Misioneros se hizo á la vela en los navíos de la flota que el Gobierno español enviaba varias veces al año á sus colonias, llevándoles cuanto podían necesitar de la madre patria. Durante la navegación, el Misionero Luís Beltrán edificaba con sus pláticas y enseñanzas á sus compañeros de viaje, y su celo y caridad eran tales, que proclamaron como verdadero milagro algunas curaciones que hizo. Apenas llegaron á Cartagena los misioneros, el Padre Vicario señalo á fray Luis Beltrán, con tres compañeros más, la evangelización de la tierra adentro de aquella provincia, y á fray Luís Vero le envío a SantaMarta con otros Religiosos”(...) (…)En Santa-Marta tuvo la satisfacción de volver á encontrarse con su antiguo compañero de convento, fray Luís vero, el cual también fue gran convertidor de infieles y murió en olor de santidad. Convinieron los dos Misioneros en los pueblos que deberían catequizar, y tocaron á san Luís Beltrán toda la orilla del mar Atlántico hasta la Goajira y las faldas de la Sierra Nevada, la provincia de los feroces Chimilas y los Taironas, hasta la ciénaga de Zapatosa. El padre Luís vero había de salir á predicar por toda la orilla del Magdalena y el Valle-Dupar, y llegar hasta el lago de Maracaibo(…) (…)Fray Luís Vero fue compañero de fray Beltrán en aquel lugar, y entré los dos convirtieron y bautizaron á un gran número de indígenas que moraban á orillas del Magdalena y en medio de las ciénagas de Zampañón y Zapatosa(…)1

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ACOSTA DE SAMPER, SOLEDAD. BIOGRAFÍAS  DE HOMBRES ILUSTRES Ó NOTABLES,  Relativas á la época del  Descubrimiento,  Conquista  y  Colonización  de  la  parte    de  América  denominada  actualmente  EE.UU.  de  Colombia. (OBRA DESTINADA AL SERVICIO DE LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA). 1883. BOGOTÁ. IMPRENTA DE "LA  LUZ". 


El componente histórico. Cerca de tres centurias, después de la muerte de estos santos frailes dominicos, hubieron de pasar para que llegaran a lo que hoy es Sardinata los primeros pobladores. De lo que nos cuenta doña Soledad Acosta de Samper, en el extenso acápite citado, deducimos que los misioneros de la Orden de Predicadores y en consecuencia fray Luis Vero, recorrió las selvas de los aguerridos motilones predicando la fe y después de él vinieron otros dominicos, la misma Diócesis de Tibú tiene su origen espiritual en ellos. Puede ser, que debido a esto, se haya incrementado primero la devoción de san Martín de la Caridad o de Porres antes que a la de san Martín de Tours o de Loba. Tengamos en cuenta que el santo peruano fue beatificado en 1837 por Gregorio XVI y canonizado el 6 de mayo de 1962 por el Papa Juan XXIII. Y que a la parroquia de Sardinata se le llama Parroquia de San Martín, pero sin apellido. Aquí nace una pregunta ¿Por qué veneraban a san Martín de Porres y no al de Tours? ¿Desde cuándo? ¿Cuál es la opinión de los fieles? Hago estas preguntas para mí, para motivar la investigación personal, sin el ánimo de extender la polémica. Versus. (¿Contra?). Ni el pueblo cristiano ni la jerarquía eclesiástica pueden darse el lujo de entender esta palabra como un barbarismo moderno, debe entenderse como un “hacia donde vamos”, “hacia donde se va”; esta situación puede coadyuvar a los sardinatenses a interpelarse comunitariamente sobre sus raíces culturales. Repito: “Tan simple y tan complejo. Como los seres humanos, quien después de tantos siglos de convivencia no hemos llegado aún a entendernos”. Los nortesantandereanos, envueltos en el remolino de lo global no podemos olvidar el valor de lo local. Edwin Leonardo Avendaño Guevara Correspondiente de la Academia de Historia de Norte de Santander

Sardinata - San Martín  

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