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No es una simple casualidad el que la palabra felicidad empiece por Fe. Y es ese el ambiente que se respira hoy en Ciudad Don Bosco. Felicidad. Fe, porque gracias a este don que nos hace trascender, Don Bosco convirtió su sueño en una realidad. . Y felicidad por estar asistiendo al natalicio de un hombre grande. De un hombre bueno. De un hombre soñador. De un visionario. De un hombre sencillo. De un hombre humilde. De un hombre cordial De un ser limpio de corazón. De un hombre amable. La cara de alegría de tantos rostros juveniles. La expresión de júbilo de todos sus seguidores salesianos. El gesto de satisfacción de todos los que hacemos parte de su mundo laboral, se confunden en un solo grito de gratitud a Dios, por habernos dado la posibilidad de tener entre a nosotros a un hombre como Don Bosco. Un hombre ungido con el don del servicio. Un hombre que hizo de su vida una plataforma de amor por los jóvenes, especialmente de aquellos a los cuales la vida los privó de lo más mínimo. Don Bosco no fue nada par el. Pero El, fue todo para los demás. La vida de Don Bosco no necesitó argumentos, ni certificados, ni pruebas. Su vida fue solo la expresión de que Jesús se encarna en el humilde, en el necesitado. En el que es fiel a su conciencia. En el que persevera sin detenerse. Con los ojos cerrados y el corazón abierto, se pueden aprender muchas cosas. Y don Bosco no perdió oportunidad, para todos los minutos de su vida, emplearlos en la construcción de un mundo nuevo, lleno de oportunidades para los jóvenes, por quienes estaba siempre dispuesto a dar hasta su propia vida, en un gesto que deja traslucir el verdadero amor por sus semejantes. Pero la misión de Don Bosco, no se limitó únicamente a crear para todos los jóvenes un gran banco de oportunidades de crecimiento y desarrollo. Su deseo de servicio, lo llevó a forjar un gran proyecto, del cual se enamoraron unos hombres, que abrigados por una gran mujer, Mama Margarita, crearon la comunidad salesiana, hombres que en todo el mundo se han encargado de mantener vigente la memoria de Don Bosco y que ha hecho perdurar un sueño que ya es una bella realidad. Hombres que no han abandonado la lucha que El enseñó. Trabajadores incansables “ Caminante no hay camino. Se hace camino al andar “ , dice en una hermosa canción Joan Manuel Serrat. Y para ustedes, hermanos Salesianos, el camino ha sido difícil de recorrer. Pero Don Bosco ha estado ahí. Para con su mano mágica, guiarlos a todos, y ayudarlos a despejar senderos de duda. Trayectos de escepticismo, y con la luz diáfana, y transparente de su mente, despejar el camino de dificultades. Don Bosco, sabemos que nos estás escuchando. Sentimos tu presencia entre nosotros, y por eso en nombre de todos los jóvenes, queremos darte las gracias por haber hecho posible la realización de tu sueño. A la comunidad Salesiana de Medellín, gracias por mantener vivo nuestros sueños. Don Bosco: Feliz Cumpleaños y gracias. PARTICIPANDO DE UN SUEÑO. Gastar la vida en el servicio a los demás. Iluminar el camino de aquellos que se ven asediados por la oscuridad. Despejar el sendero de dudas de los que tienen incertidumbre, es quizás una de las más fascinantes aventuras que puede vivir el ser humano. Los réditos nunca deben ser tangibles. La recompensa que se espera, jamás puede ser material. Se perdería el sentido humano que debe tener toda acción, que se hace con sentimiento de servicio. Hay personas que desde su nacimiento encausan el derrotero de su existencia, teniendo como fin primordial ser útiles a los demás. Juan Melchor Bosco un hombre sencillo, bueno, limpio de corazón, ungido por Dios con el don del servicio, así lo entendió y no fue ajeno a estos preceptos . Orientó su vida por el sendero del servicio a los jóvenes, hasta convertirse en su ángel protector. De Ciudad Don Bosco sólo sabía que era una más de las instituciones educativas, que conformaban el amplio portafolio de centros educativos de la ciudad de Medellín. En alguna oportunidad y por un familiar cercano que utilizó los servicios de fundación Don Bosco, me enteré tambien que era un respetado centro de producción de las artes gráficas. Pero mi conocimiento no iba más allá de lo ya reseñado. Rememoro también que cuando era un adolescente, en la escuela donde hacia mis primeros años escolares, hicieron una presentación artística y el mago de turno inicio su actuación invocando a su


patrono. Al patrono de los magos: Don Bosco. A fe, que su plegaria le fue escuchada pues su actuación dejó en mi memoria la impresión que era un mago de verdad. Aquel que era capaz de convertir un trapo rojo, en una tierna paloma. La vida me regaló muchos años más tarde; la bella posibilidad de vivir en carne propia la magia de la obra de Don Bosco. Mi vida laboral se había desarrollado por muchos años, en la empresa privada. Es cierto. Se tiene contacto con la gente. Pero la relación no deja de ser un simple contacto “comercial ”, y quienes pensamos que la verdadera esencia de la vida humana está en la cercanía humana con la gente, tratamos de encontrar la posibilidad de ser útiles desde otro ámbito de trabajo. El compromiso se hace más placentero en la medida que nuestras acciones redunden en beneficio humano de los que lo necesitan. La vida me había deparado un hermoso regalo laboral. Conocer de cerca la obra de Don Bosco y todo lo que conforma su legado. Un día, cuando ya los temores de un prolongado receso laboral empezaban a hacer mella, recibo la noticia de mi nombramiento para entrar a formar parte de la familia Bosconiana. Los temores me asaltaron pero inmediatamente me refugié en la certeza de saber que cuando se hacen las cosas con amor, entrega, dedicación y deseos de vencer, los triunfos se pueden obtener. La mañana era fresca. Los tenues asomos de los primeros rayos del astro rey, apuntaban a que sería un día lleno de sol. Inicio mi recorrido en el bus que transita con seguridad por las escarpadas laderas de las calles de los barrios, que conforman la comuna siete de nuestra ciudad. Al llegar a mi nuevo sitio de trabajo, me encuentro con la descomunal obra de Ciudad Don Bosco. La amabilidad de las personas que me recibieron por primera vez, me hicieron sentir inmediatamente el ambiente de camaradería, que posteriormente con el paso de los meses pude comprobar. Mi primer día de trabajo transcurrió en medio de presentaciones, en donde pude descubrir las caras de satisfacción que se dibujaban en los rostros alegres, frescos, juveniles de todas las personas que conforman el recurso humano de esta magna obra. Se podía adivinar fácilmente que todos hacían su trabajo con gusto. Evoco fácilmente el primer día de trabajo en forma en Ciudad Don Bosco. Una acogedora capilla es mi primer contacto con los jóvenes, centro de atención de la misión Salesiana. Rostros infantiles recién bañados. Caras juveniles con amplias sonrisas, me hacen adivinar que la noche anterior estuvo revestida de tranquilidad. En algunos casos, observo algunas expresiones de nostalgia. Posteriormente encuentro respuesta a ese interrogante inicial: son niños desprovistos en muchos casos del amor maternal. De la presencia paternal. No han tenido la posibilidad de crecer en un ambiente de hermandad, donde el calor de hogar esté presente. Su génesis no es el que todos los niños deben tener al inicio de su aventura por la vida. Pero en Ciudad Don Bosco los espera un acogedor ambiente que hace olvidar ese pasado, los hace vivir un presente desde donde pueden planear un promisorio futuro lleno de prometedoras cosas. Los “ buenos días ”, es el nombre de ese primer ejercicio lleno de ricas enseñanzas. Recuerdo con claridad el nombre de la oración que ese día se evocó. “ Oración de la familia ”, una plegaria de acción de gracias por la unión familiar( Pag 35 del libro sintonía con Dios ) .Esa oración se convirtió para mí casi en un himno, pues con mi familia la rezábamos con frecuencia. Con facilidad me fui adentrando en las distintas obligaciones que me decía mi manual de funciones. Una mujer con un gran carisma salesiano, Inés Elena, me dio la oportunidad de participar en los buenos días. Dos semanas después de iniciar mi trabajo en Ciudad Don Bosco ya me estaba enfrentando ante ese juvenil público. Una historia de vida, el relato de una joven que les miente a sus padres para salir a divertirse y que le produce su muerte y la de sus propios padres, despierta un aplauso final que recordaré siempre. Les hago caer en la cuenta que la mentira no es una buena compañera. Algunos niños me piden copia de mi relato, y eso me hace entender que mi primer aporte con los niños caló. Entendí entonces que mi trabajo sería más fácil, en la medida que asumiera con los niños una relación de adulto, con alma de niño. Los normales contratiempos que se presentan al principio de un ejercicio laboral, afloraron. Pero siempre encontraba en el lugar adecuado, a la persona indicada que con paciencia, amabilidad, don de colaboración y espíritu de compañerismo me ayudaban. Por eso mi compromiso laboral me exigía responder con


creces ese óptimo ambiente laboral. Mi recorrido histórico por los diferentes pasillos laborales de Ciudad Don Bosco me ubican en una situación personal que me golpea el alma. Esta vez peco por un poco de precipitud y soy bastante duro con un par de jóvenes hermanos a los que con frecuencia sorprendo por fuera de las actividades académicas. Mi falta de conocimiento de este tipo de población que habita en Ciudad Don Bosco, me lleva a juzgarlos con dureza. Poco tiempo después conozco de su pasado familiar, y me entero de la severidad con que pasaron sus años de infantes. Comprendo entonces las secuelas que deja una traumática relación matrimonial, y de alguna manera entiendo el porqué de sus inestabilidades. Conciente de la injusticia que había cometido, en uno de los descansos sorprendo a uno de ellos, como casi siempre solo, le ofrezco disculpas y empieza una buena relación. Hoy por hoy solo uno de ellos continúa entre nosotros, construyendo un proyecto de vida que lo acerca cada día más, a la realización de su sueño, que al igual que Don Bosco, seguro que debe tener. Cada día que pasaba en Ciudad Don Bosco, me traía nuevas experiencias. La atención integral a todos los jóvenes, me hacia mirar con respeto la administración de la institución que no escatima esfuerzos, para que los chicos se sientan siempre mejor atendidos. En una de las tantas celebraciones que se hacen para que los jóvenes vivan las diferentes fiestas, recibo la invitación de mis compañeros para que en unión a algunos de ellos; dramaticemos ante los jóvenes uno de los sueños de nuestro santo patrón. Recibo el honor de protagonizar el papel de Don Bosco, cosa que me enaltece. Aún hoy, muchos meses después de haber hecho ese papel, algunos jóvenes que recuerdan mi actuación, me siguen llamando Don Bosco. La existencia de todos y cada uno de nosotros, está trazada desde el mismo momento de nuestro nacimiento. A la mayoría d nuestros chicos, la vida los privó de lo más mínimo: el calor de un hogar. Pero en Ciudad Don Bosco, han tenido la oportunidad de reconstruir su trasegar y han encontrado un cúmulo de oportunidades que se les negó. Todas y cada una de las historias de nuestros jóvenes, deben formar parte de un capítulo más de nuestra vida. Conocer sus dificultades y ayudar a solucionarlas. Saber de sus dudas y colaborar para despejarlas. Compartir con ellos sus momentos de alegría, tienen que hacer parte de nuestra existencia. Como habitante de Ciudad Don Bosco, he tenido la oportunidad de hacer parte de ese engranaje, y de crecer como persona siendo útil a la causa juvenil. Como compañero de trabajo de un selecto grupo de profesionales me ha hecho corroborar algo que ya sabía: La amistad es el más preciado de los tesoros. En Ciudad Don Bosco, también he tenido lugar para la tristeza. La alegría de una tarde llena de regalos. El jolgorio de todos los chicos que buscaban afanosamente su premio. La unión de toda la gente que con alborozo celebran el natalicio de un generoso hombre, se opaca con la aparición del insondable misterio de la muerte... A muy corta edad. Con todo un mundo de oportunidades por delante abiertas para él, uno de nuestros jóvenes le hace temprana compañía a Don Bosco. Se truncó su sueño de vida pasajera. Pero estamos seguros que se realizó su sueño de vida eterna. La salud, ese preciado don que todos debemos tener, es también importante para Ciudad Don Bosco. Que los jóvenes tengan una atención médica oportuna y eficiente es uno de los primordiales propósitos de nuestra atención. Tambien en ese aspecto he sido afortunado. Recayó en mí, la responsabilidad de acompañar nuestros chicos a las diferentes entidades médicas, en los momentos que se han necesitado. Ese sano ejercicio me ha dado la posibilidad de estar en más contacto con aquellos jóvenes que requieren de atención médica y de acompañamiento. Nuestros chicos se sienten importantes. Saben que los hacemos valer como personas. Le hacemos entender que nadie es más que nadie, pero tampoco menos que los demás. El libro de mi vida, ha llenado unas páginas más con mi experiencia de trabajo en Ciudad Don Bosco. Todas y cada una de las personas que han formado parte de este experimento laboral. Todos y cada uno de los jóvenes que conforman nuestro grupo de trabajo. Todas las actividades desarrolladas me han enseñado grandes cosas. El valor de las cosas que se hacen no está en la magnitud de sus resultados. Está en el cariño y el amor que se pone para realizar esa obra. Por eso soy feliz….. sigo participando de un sueño.


Juan Guillermo Calderón Álvarez

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