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Esta edición es para los niños: 2 y 3. La historia de un caballo que era bien bonito, de Aquiles Nazoa 4. Cartas a Sebastián para que no me olvide, de Orlando Araujo. Canta Pirulero, poesía de Manuel Felipe Rugeles SÁBADO 24 DE JULIO DE 2010 / CIUDAD CCS / AÑO 1 N° 10

Narración Panare En versión de Aristóbulo Argoti

Era la temporada seca y había mucha caña de azúcar en el conuco. Varios niños estaban ya en edad de llevar su primer guayuco; por eso la comunidad había preparado mucho cachiri con la caña y el cazabe para celebrar la fiesta del guayuco. Mientras hombres y mujeres bailaban y cantaban con los niños festejados, Mareoka, el Creador, llegó y se quedó mirándolos. Todos se veían hermosos con la piel pintada de rojo por el onoto, sus colgantes en las orejas, sus tobilleras de pelos, sus coronas de plumas y demás adornos propios de la celebración. Bailaron y cantaron toda la noche haciendo pausas para descansar. Al verlos, Mareoka pensó que la gente se podía transformar en animales. Cuando levantó el día, le preguntó a cada uno: —¿Tú qué animal quisieras ser? ¿Acaso un venado? ¿Una baba? ¿O mejor un araguato, un morrocoy, una pava o un cachicamo gigante?— iba mencionando muchos nombres de animales que deseaba crear. —¡Yo quiero ser venado!— pidió uno. —Así sea— dijo Mareoka. Algunos panare no quisieron cambiar. Pero los demás se fueron transformando uno por uno. Mareoka los transformaba poco a poco, sin apurarse, haciéndoles muchas preguntas. A los que querían ser venados, Mareoka les enseñó a ser mañosos y los puso a correr: —¡Corran rápido y riéguense por todos lados!— les dijo Mareoka, —¡no se queden ahí agrupados!— Se pusieron a correr y correr, cada vez más rápido; entonces Mareoka les dijo: —Así es como tienen que correr, si no quieren ser capturados. Mareoka realizó muchas pruebas, haciendo carreras entre los animales. La danta compitió con el cachicamo gigante, probando sus patas. Fue el cachicamo quien corrió más rápido y llegó primero. Entonces la danta le preguntó: —¿Quieres cambiar tus patas con las mías? Me gustaría tener tus patas para correr tan rápido como tú. —Tómalas— le contestó el cachicamo. Mareoka hizo que la danta y el cachicamo intercambiaran sus patas y así quedaron, con los pies intercambiados. Algunos hombres que se habían pintado con onoto de pies a cabeza quisieron ser araguatos y, al transformarse, conservaron el color rojo en todo su pelambre. Como estaban machucando caruto, su cara y sus manos quedaron pintadas de negro. Otros, ya cansados, se echaron a dormir. Mareoka los volvió monos dormilones, también llamados “mono de noche”, porque siempre duermen de día, escondidos en los árboles, y salen por la noche. El mono capuchino, que parece tener dos cabezas, era un panare que estaba comiendo caruto al momento de transformarse y su cara se quedó negra. Hay monos capuchinos que tienen barba, pero éstos no eran panare, pertenecían a otro pueblo. Pues bien, ¡los panare son los más bonitos! A un chamán que regresaba de cacería con su cerbatana, su carcaj lleno de flechas y su estuche de piel, Mareoka lo transformó en oso hormiguero –ese grande que llaman palmero por su frondosa cola–. Sus flechas cayeron al suelo y se convirtieron en culebras. Aquellas que estaban untadas de curare son hoy las serpientes venenosas. Algunos se volvieron babas de pecho rayado con una mancha dorada en la cabeza. Por eso las llamamos tu´pi o cabeza rubia. Ellas todavía son gente en cuerpo de babas y por esa razón no se deben comer. Cuando un panare mata a

La creación de los animales / Yaannësa´kënë´na xo

ILUSTRCIÓN LAURA LIBERATORE

una de ellas, su pareja se pone muy brava y busca un chamán para quejarse. Ellos son los únicos que no las confunden con las demás babas. Había otro chamán de nombre Mañën. También andaba con cerbatanas, flechas y carcaj cuando Mareoka lo transformó en la enorme culebra que llamamos amana. Es tan grande como la culebra de agua, la anaconda, pero con bellos colores en la piel, pintada con manchas rojas y oscuras. Unos panare lo encontraron en el camino cuando apenas acababa de transformarse: —Mañën, Mañën, no nos mates— le dijeron. Mañën era un hombre joven y soltero antes de ser amana. Por eso siguió su camino solitario y ahora le gusta vivir solo en pequeñas lagunas fangosas de aguas turbias y tranquilas, donde los chamanes lo ven y oyen su canto. Algunos llegaron tarde a la fiesta, cuando ya no quedaba onoto. ¡Un hombre alcanzó a untar sólo su nariz! Es el paují colorado, con su pico color naranja y el plumaje negro moteado de plumas blancas en la barriga, cerca de la cola. Otros solamente lograron pintarse el cuello: son las pavas

úquiras que, apenas transformadas, volaron gritando bulliciosamente: “¡ki, ki, ki!”, tal como hacen los panare en las fiestas¡Y la grulla! Era un hombre que llevaba un guayuco viejo. Había llegado tarde a la fiesta y no se pudo pintar nada. ¡El gallito de rocas y el araguato habían acabado con el onoto! Entonces sus plumas se pusieron de un hermoso color azul grisáceo en la espalda, pero quedó con el trasero negruzco. El gallito de rocas era un hombre temeroso llamado Natjë. No sabía cantar y sólo decía “¡nëjkwa, nëjkwa!”, tal como chillan hoy los gallitos. Pero Atun, su esposa, no tuvo tiempo de pintarse. Por eso la hembra del gallito tiene el plumaje oscuro, mientras que el macho luce un vistoso plumaje y un luminoso copete color de oro. Al final Mareoka hizo muchas, muchísimas aves de todas clases: guacamayas, loros, paraulatas, conotos, arrendajos montañeros, piapocos, tucusitos y muchos otros que moran en los árboles, alegrando con sus cantos la espesura de la selva. Y cuentan nuestros ancianos que así fue como Mareoka creó a los animales.


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LETRAS CCS / CIUDAD CCS / SÁBADO 24 DE JULIO DE 2010

La historia de un caballo que era bien bonito [Tomado del libro Sencillamente Aquiles, Monte Ávila Editores 2010]

ILUSTRACIONES CÉSAR VEGA

Por Aquiles Nazoa (Caracas, 1920–1976)

Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines. Todos estábamos muy contentos con esa costumbre del caballo; y el caballo también porque como se alimentaba de jardines, cuando uno le miraba los ojos las cosas se veían de todos los colores en los ojos del caballo. Al caballo también le gustaba mirarlo a uno con sus ojos de colores, y lo mejor del asunto es que con los ojos de ese caballo que comía jardines se veían todas las cosas que el caballo veía, pero claro que más bonitas, porque se veían como si tuvieran siete años. Yo a veces esperaba que el caballo estuviera viendo para donde estaba mi escuela. Él entendía la cosa y miraba para allá, y entonces mi hermana Elba y yo nos íbamos para la

escuela a través de los ojos del caballo. ¡Qué caballo tan agradable! A nosotros cuando más nos gustaba verlo era aquellos domingos por la mañana que estaban tocando la retreta y ese caballo de colores llegaba por ahí vistiéndose de alfombra por todas partes que pasaba. Yo creo que ese caballo era muy cariñoso. Ese caballo tenía cara de que le hubiera gustado darle un paseíto a uno, pero quién se iba a montar en aquel pueblo en un caballo como ese, pues a la gente de ahí le daba pena; ahí nadie tenía ropa aparente. Cómo sería de bonito ese caballo que con ese caballo se alzó Miranda contra el gobierno porque se inspiró en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos. Ese caballo sí se veía bonito cuando estaban tocando ahí esa retreta y el señor presidente de la Sociedad de Jardineros lo traía para que se desayunara en la plaza pública.

Qué caballo tan considerado. Ese caballo podía estar muy hambriento, pero cuando los jardineros lo traían para que se comiera la plaza, él sabía que en el pueblo había mucha gente necesitada de todo lo que allí le servían, y no se comía sino a los músicos. Y los músicos encantados. Como el caballo estaba lleno de flores por dentro, ellos ahí se sentían inspirados y se la pasaban tocando música dentro del caballo. Bueno, y como el caballo se alimentaba de jardines y tenía todos los colores de las flores que se comía, la gente que pasaba por ahí y lo veía esperando que los jardineros le echaran su comida decían: míreme ese caballo tan bonito que está ahí espantándose las mariposas con el rabo. Y el caballo sabía que decían todo eso, y se quedaba ahí quietecito sin moverse para que también dijeran que

aquel caballo era demasiado bonito para vivir en un pueblo tan feo, y unos doctores que pasaron lo que dijeron es que lo que parecía ese caballo es que estaba pintado en el pueblo. ¡Así era de bonito ese caballo! Todo el mundo era muy cariñoso con ese caballo tan bonito, y más las señoras y señoritas del pueblo, que estaban muy contentas con aquel caballo que se alimentaba de jardines. ¿No ve que como consecuencia de aquella alimentación lo que el caballo echaba por el culito eran rosas? Así, cuando las damas querían adornar su casa o poner un matrimonio, no tenían más que salir al medio de la calle y recoger algunas de las magníficas rosas con que el caballo le devolvía sus jardines al pueblo. Una vez en ese pueblo se declaró la guerra mundial, y viendo un general el hermoso caballo que comía jardines, se montó en él y se lo llevó para esa guerra


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mundial que había ahí, diciéndole: mira caballo, déjate de jardines y de maricadas de esas y ponte al servicio de tal y cual cosa, que yo voy a defender los principios y tal, y las instituciones y tal, y el legado de yo no se quién, y bueno, caballo, todas esas lavativas que tú sabes que uno defiende. Apenas llegaron ahí a la guerra mundial, otro general que defendía el patrimonio y otras cosas así, le tiró un tiro al general que estaba de este lado de la alcabala, y al que mató fue al caballo que se alimentaba de jardines, que cayó a tierra echando una gran cantidad de pájaros por la herida porque el general lo había herido en el corazón. La guerra por fin tuvo que terminarse porque si no, no hubiera quedado a quién venderle el campo de batalla. Después que terminó la guerra, en ese punto que cayó muerto el caballo que comía jardines, la tierra se cubrió de flores.

y al que mató fue al caballo que se alimentaba de jardines, que cayó a tierra echando una gran cantidad de pájaros por la herida Una vez venía de regreso para su pueblo uno que no tenía nombre y estaba muy solo y había ido a recorrer mundo buscando novia porque se sentía bastante triste, ¿no ve que le mataron hasta el perro con eso de la defensa de los principios y tal?, y no había encontrado novia alguna porque era muy pobre y no tenía ninguna gracia.

Al ver ese reguero de flores que había ahí donde había muerto el caballo que comía jardines, el hombre cogió una de su gusto y se la puso en el pecho. Cuando llegó al pueblo encontró a su paso una muchacha que al verlo con su flor en el pecho, dijo para ella misma: “que joven tan delicado que se pone en el pecho esa flor tan bonita. Hay cosas bonitas que son tristes también, como esa flor que se puso en el pecho ese joven que viene ahí. Ese debe ser una persona muy decente y a lo mejor es un poeta”. Lo que ella estaba diciendo dentro de sí con ese asunto, el hombre no lo escuchó con el oído, sino que como lo oyó fue con esa flor que tenía en el pecho. Eso no es gracia; cualquiera puede oír cosas por medio de una flor que se ha puesto en el pecho. La cuestión es que uno sea un hombre bueno y que reconozca que no hay mayores diferencias entre una flor colocada en el

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pecho de un hombre y la herida de que se muere inocentemente en el campo un pobre caballo. Qué iba a hacer, le regaló a aquella bonita muchacha la única cosa que había tenido en su vida, le regaló a la muchacha aquella flor que le servía a uno para oír cosas: ¿quién con un regalo tan bueno no enamora inmediatamente a una muchacha? El día que se casaron, como el papá de ella era un señor muy rico porque tenía una venta de raspado, le regaló como veinticinco tablas viejas, dos ruedas de carreta y una moneda de oro. Con las veinticinco tablas el hombre de la flor se fabricó una carreta y a la carreta le pintó un caballo, y con la moneda de oro compró una cesta de flores y se las dio de comer al caballo que pintó en la carreta, y ese fue el origen de un cuento que creo haber contado yo alguna vez y que empezaba: “Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines”.


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LETRAS CCS / CIUDAD CCS / SÁBADO 24 DE JULIO DE 2010

Fragmentos

Cartas a Sebastián para que no me olvide

Poesía

Canta Pirulero Por Manuel Felipe Rugeles (San Cristóbal,1903. Caracas, 1959 )

Manifiesto del árbol

Por Orlando Araujo (Barinas, 1928-1987)

Cuida siempre de mis vidas y mis ramajes floridos

Un amigo

En mis troncos y raíces

Un amigo es el refugio de los miedos que sentimos noche y día, alguien que te mira sonriendo cuando tú lo hieres. Un amigo te levanta cuando caes y no espera saber que te has caído. Es como si de pronto estás muy sólo y alguien te llama para decirte que lo esperes. Un amigo es el guante de tu corazón cuando hace frío, el bolsillo donde guardas las cosas que no muestras, el abrigo contra la lluvia del odio, un pararrayos aun cuando no haya tempestad, y una tempestad si en la calma te atormentan. Un amigo es el espejo donde tú eres él, no apagues esa luz y no le falles en cualquier oscuridad.

no quiero ver cicatrices Cuida de mi fruta verde Si es tu amigo el que me nombra recuérdate que doy sombra Sálvame del que se empeña en hacer del árbol leña y del hacha y del hachero como el rayo traicionero.

“Este niño Don Simón”

El patio de la abuela La abuela es pobre y no tiene mucha cosa, pero tiene. Tiene el aire que juega debajo de la mata de mango y los frutos de mejillas de oro con que regala a los niños más negritos del mundo. —Señora, permiso. —¿Qué quieres? —Un mango. —Entra, pero no me dejes las conchas en el patio. Los árboles rodean la casa de la abuela, vienen sembrados desde el río y se inclinan con la brisa del atardecer, huelen las tejas lentamente adormecidos y van sabiendo de cada uno de nosotros; las acacias tienen la timidez de una pestaña y los helechos extienden un pálpito de manos sobre la redondez del aire. Un lagartijo aquí muy cerca hace el amor con una lagartija. Los dos son verdes, pero rojos. Y se muerden el cuello y refriegan temblorosamente contrapunteados por el sol del mediodía. Resuellan y se aman. Y se separan como si no se conocieran. El patio de la abuela es un camino de piedras con ojeras. Y es la abuela, tan alta y extendida. Tan sonriente que parece que siempre amaneciera en cada una de las palabras que brotan desde el patio, como flores. Uno se va durmiendo poco a poco debajo de la piel de la abuela, en el patio de su manera que quererlo a uno. Tiene todo lo que una abuela quiere tener: Un patio, un árbol, una silla, un nieto y una flor. Por dentro tiene añales y caminos y cuentos de nunca contar. Se le ve en los ojos.

La libertad El azulejo es un pájaro de mañanita que tiene el corazón azul. No tiene jaulas, sino el viento y las ramas. Había una vez un azulejo preso y se murió sin brisa.

Había una vez otro y otro y otros azulejos. Por eso las montañas son azules cuando las ves de lejos, en las mañanas de tus viajes. —“Déjame ver adónde vamos”— dijo el azulejo, y voló por todo el mundo. El mundo es una palmera de azulejos que aletean y pintan de azul los cielos de la vida. Azulejo es un azul de lejos. Libertad es un azul de pueblos sin jaulas ni jauleros.

El niño Simón Bolívar tocaba alegre tambor en un patio de granados que siempre estaban en flor Montó después a caballo dicen que en potro veloz,

El caballo de Bolívar Bolívar jamás tuvo un caballo: tiene un pueblo. Uno tenía y era del color del trigo y se lo regaló a José Martí. Cuando murió Martí se lo regaló a un argentino y el argentino a un chileno y el chileno a un jinete que venía de Nicaragua y el jinete de Nicaragua no lo desensilló: Bolívar cabalga todavía.

por campos de San Mateo era el jinete mayor. Pero un día se hizo grande el que fue niño Simón, y a caballo sigue andando

¿Qué es un apamate? El apamate es una copa de vino. Hay un apamate blanco hecho de espuma de nube, tan raro como el amor verdadero. El apamate blanco son palomas. Este apamate que está aquí delante de nosotros y que tiene doce años floreciendo contigo es del color de las orquídeas y como si fueran muchas mariposas descansando de un viaje que no sabemos dónde comenzó ni adónde va. Algunas se duermen y se caen como si la copa de vino se derramara movida por el viento. El apamate es así y piensa y siente, y hasta por algo vive. No lo toques, sencillamente vive con él, crece con él y ama con él.

Letras CCS es un suplemento de fin de semana de Ciudad CCS, forma parte integral del diario y se distribuye de forma gratuita.

sin fatiga el soñador. De Angostura hasta Bolivia fue guerrero y vencedor, por el llano y por la sierra con la lluvia y con el sol. A caballo anda en la historia este niño Don Simón, como anduvo por América cuando era el Libertador.

CIUDAD CCS ES EDITADO POR LA FUNDACIÓN PARA LA COMUNICACIÓN POPULAR CCS DE LA ALCALDÍA DE CARACAS. PLAZA BOLÍVAR, DE MONJAS A PRINCIPAL, EDIFICIO RIALTO, PB. TELÉFONO REDACCIÓN: 212-8621300. DISTRIBUCIÓN : 0416-6159261. DEPÓSITO LEGAL PP200901DC1363. IMPRESO EN EDITORIAL METRÓPOLIS.

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