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SÁBADO 18 DE DICIEMBRE DE 2010 / CIUDAD CCS / AÑO 1 N° 31

2. ¡Te quiero viva! Muerta, yo muero, de Simón Bolívar y Manuela Sáenz 4. Versos para la Navidad, poemas de Leopoldo Bermúdez

Cuento

Polaroid Por Nomar Oporte (Caracas. 1952)

...Foto con su escritor preferido! ¡Una foto con su escrit... La voz del hombre se alejaba del callejón con su oferta y grité para llamar su atención. Al estar cerca me pareció de lo más común: safari verdoso y raído, maletín deformado y la cámara de revelado instantáneo colgándole del hombro. Era ridículo lo que un tipo como aquel ofrecía para vender sus fotos y se lo hice notar con un gesto de rechazo (la mano hace un gesto de anda-vete-de-aquíque-estás-sobrando). Sin embargo, al ver un ejemplar de Divertimento en la mesa, dijo de improviso: «Si quiere una foto al lado de Cortázar, acomódese en la silla». Tan infame jugada me hizo dar un salto. No obstante, logré reaccionar y decidí seguirle la corriente para evitar que me estafara. —Oiga –le dije–. Sin negar que Cortázar es mi escritor preferido, me gustaría aparecer en esa foto con uno a quien pueda señalarle. Además, si su precio es razonable y en ella estoy con varios escritores y poetas, podrían ser dos. —Dígame el nombre de ése y yo lo saco al lado suyo. Aunque debo aclararle que sólo puedo hacérsela en blanco y negro. Me quedé pensando. Los nombres comenzaron a barajarse hasta que lo tuve: —¡Hágame usted la foto con el escritor Milton Ordóñez! ¿Lo conoce? —¿Milton Ordóñez? —Sí, Milton Ordóñez. —Milton Ordóñez... Milton Ordóñez... No importa. Siéntese en la silla de la derecha y adopte la pose de estar conversando con él. Así lo hice entre divertido y fastidiado por la facilidad con que el fotógrafo pretendía sacarme dinero. Vi cuando preparó la cámara. Simplemente cuadró nuestras imágenes y disparó. No hubo ni destello de flash. Esperé mientras sacudía el cartón y sonreí imaginando la cara de idiota con la que aparecería hablando solo. Aquí está su foto con el escritor Milton Ordóñez –señaló–. Son mil bolívares. Me entregó la hoja en la que ¡no estaba solo! Era yo, el mismo de siempre, en el callejón con sus mesas y sillas y Milton al lado mío, ambos conversando animadamente. Observé que Milton aparecía con más edad (¿cuarenta? ¿Cuarenta y cinco años?), canoso y con una expresión que no le conocía. Mas, evidentemente, era él.

¡Fotógrafo! –lo llamé. Ya no era perplejidad sino ansiedad pura lo que me hacía temblar–. ¿Cómo hizo esto? —Usted lo pidió. Yo solamente tomé la foto con su escritor favorito. Y usted la paga. —Pero es que Milton Ordóñez no es mi escritor preferido, hice esto por... No me joda entonces –interrumpe ahora con voz suave–. Si quiere más puedo tomarle la mejor fotografía de su vida con los escritores que conozca y usted junto a ellos para que la exhiba en la pared más visible de su casa ¿Qué le parece? No creo que haga tanto con esa camarita –le replico todavía escéptico–. Me pregunto cómo hizo para que apareciera Milton al lado mío y además con otros veinte años encima. Escuche, si le pido otra con un grupo, destacándose uno en especial ¿podría hacerla? ¿Cuánto me cobraría? —¿Destacándose uno? Siendo ese uno un escritor, sería capaz de hacerla. —Aunque aquí no quedaría bien. En la entrada del Gibus sí y muy bien. Venga conmigo, le iré explicando las condiciones. Por supuesto, lo sigo. En el fondo tengo mis dudas, pero cada vez que aflora el retrato brillante y cuadrado donde estoy con un Milton cuarentón, me doy ánimo. No puede excederse de veinte –dice muy serio señalándome con el índice–. Escoja nombrándolos uno por uno sin repetirlos, no importando quiénes pero sí que sean escritores. Más nadie. ¿Entiende? Perfectamente –dije con voz temblorosa–. Voy: Julio Cortazar, Jorge Luis Borges, Oscar Marcano, Ernest Hemingway, Cristóbal Defitt, Hernando Track, Earle Herrera, Fiodor Dostoievsky, Ángel Malavé, Renato Rodríguez, ... ¿No importa la mezcolanza, fotógrafo? —No, mientras todos escriban. Sigan. —Cristina Peri Rossi, Ana Anka –continué, forzando la memoria, aturdido por la insólita y repentina situación–. Oswaldo Trejo, Eduardo ... ¿qué hago si no le sé el apellido? —Repita el nombre con la cara de ése en mente –indica, con la satisfacción de haber resuelto un problema. —Malcolm Lowry, Howard Phillips Lovecraft, y en medio, como le dije, destacándose, el escritor Nomar Oporte –finalicé, con la sensación de tener un gusanillo moviéndoseme en el plexo solar–. —¿Nomar Oporte? ¿Está seguro? Muy bien. Ahora ¿por qué no saca uno de la lista para incluir a Mladen Beg?

Sin título. Wilmer Escalante

—Haga lo que quiera con tal de que aparezca Nomar Oporte. —Colóquese aquí a la derecha. Todos aparecerán a su izquierda. Y le repito una cosa: si alguno de los nombrados no escribe, su espacio quedará vacío en la foto. ¿Me ha comprendido? Y son cinco mil bolívares. —Lo que usted diga, fotógrafo. Me ubico a la derecha de la entrada del Gibus y sólo ahora puedo advertir la cantidad de gente que hay afuera mirando lo que parece un espectáculo. Aunque no me preocupo, entusiasmado como estoy, con la instantánea que tendré. ¿Listo? Mire a uno de los escritores a su lado –me grita y yo simulo que Cortázar, confianzudamente, me pasa un brazo por el hombro. ¡Acuérdese de quién va en medio de todos! –acierto a gritarle antes de que dispare la cámara. Lo vi inclinarse de nuevo, dándome luego la espalda, mientras sacudía la cartulina brillante. Yo preparé el billete que había dispuesto para las cervezas. —Aquí tiene su foto. Se acerca, me la entrega y comienzo a

detallarla: ciertamente, aparezco a un extremo abrazado por Cortázar. Mladen Beg frisa los ochenta... ¡Increíble! Oscar Marcano gordo, gotoso, de unos cincuenta años. Defitt siempre delgado pero envejecido, con una mueca amarga torciéndole los labios. Dostoievsky ancianísimo. Borges con una expresión desvaída, concentrada. Pero... ¡Oiga! ¡Aquí falta alguien! Este espacio vacío en el centro. ¡Yo le dije que debía salir Nomar Oporte y no está! Usted se comprometió a retratarme con los escritores que le señalara. ¿Qué ha sucedido? ¡Esto es una estafa! No podré pagarle lo convenido. ¡Falta el escritor más importante! —¿Usted cree? Recuerde que lo dije muy claramente: si alguno de su lista no era escritor, su espacio quedaría en blanco. Deme mis cinco mil bolívares. Habiéndome timado, me arrebató el billete. Se colgó la Polaroid al hombro y, perdiéndose entre la multitud del bulevar, siguió repitiendo su endemoniada oferta: ¡Tómese una foto con su escritor preferido!


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LETRAS CCS / CIUDAD CCS / SÁBADO 18 DE DICIEMBRE DE 2010

¡Te quiero viva! Muerta, yo muero

A los 180 años de la muerte del Libertador, se recuerdan las cartas de amor de Simón Bolívar y Manuela Sáenz* Quito. Tú has escandalizado a media humanidad, pero sólo por tu temperamento admirable. Tu alma es entonces la que derrota los perjuicios y las costumbres de lo absurdo; pero Manuela mía, he de rogarte: prudencia, a fin de que no se lastime tu destino excelso en la causa de la libertad de los pueblos y de la República. Prefiero que vengas a Lima, a fin de hacerte cargo de la secretaría y de mi archivo personal, así como los demás documentos de la Campaña del Sur. Con todo mi amor, Bolívar.

Por Simón Bolívar (Caracas. 1783 – Colombia. 1830)

Por Manuela Sáenz (Quito, Ecuador. 1797 – Paita, Perú. 1856) Cuartel General Pasto, 30 de enero de 1823 Mi adorada Manuelita:

Recibí tu apreciable que regocijó mi alma, al mismo tiempo que me hizo saltar de la cama; de lo contrario, esta hubiera sido víctima de la provocada ansiedad en mí. Manuelita bella, Manuela mía, hoy mismo dejo todo y voy, cual centella que traspasa el universo, a encontrarme con la más dulce y tierna mujercita que colma mis pasiones con el ansia infinita de gozarte aquí y ahora, sin que importe las distancias. ¿Cómo los sientes, ah? ¿Verdad que también estoy loco por ti?... Tú me nombras y me tienes al instante. Pues sepa usted mi amiga, que estoy en este momento cantando la música y tarareando el sonido que tú escuchas. Pienso en tus ojos, tu cabello, en el aroma de tu cuerpo y la tersura de tu piel y empaco inmediatamente, como Marco Antonio fue hacia Cleopatra. Veo tu etérea figura ante mis ojos, y escucho el murmullo que quiere escaparse de tu boca, desesperadamente, para salir a mi encuentro. Espérame, y hazlo, ataviada con ese velo azul y transparente, igual que la ninfa que cautiva al argonauta. Tuyo, Bolívar. Catahuango, a febrero 12 de 1823 A Su Excelencia General Simón Bolívar

A más de encontrarme condenada por mis parientes en Quito, la suerte al revés en mi matrimonio (siempre supe desde el principio que sería así), usted me incomoda con el comportamiento de usted, de sus sentimientos que son desprendidos de toda realidad. ¿Dice usted que me piensa, me ama, me idolatra? ¿Cree usted que este destino cruel puede ser justo? ¡No! ¡Mil veces no! ¿Quiere usted la separación por su propia determinación, o por los auspi-

Huaraz, a junio de 1824 A S.E. El Libertador Muy señor mío:

Q

uisiera usted referirme: ¿Qué clase de hombre es este Santander, que siendo su enemigo usted lo tolera; sin que haga nada usted por esquivar esas infamias por las que, en su correspondencia, me doy cuenta, cómo injusta y deliberante, él no acoge las peticiones de usted? Tenga cuidado. Suya, Manuelita. Cuartel General en Andahuaylas, A 26 de septiembre de 1824 (Confidencial) Manuela mía:

El 3 del próximo, deseo que te repor-

Bolívar romántico. Ángel Cárdenas. Técnica mixta. cios de lo que usted llama honor? La eternidad que nos separa sólo es la ceguera de su determinación de usted, que no lo ve más. Arránquese usted si quiere, su corazón de usted, pero el mío ¡No! Lo tengo vivo para usted, que sí lo es para mí toda mi adoración, por encima de todos por perjuicios. Suya, Manuelita Cuartel General de Lima, a 13 de septiembre de 1823 A la señora Manuela Sáenz

Mi buena y bella Manuelita:

P

rofunda preocupación tiene mi corazón, a más de mi admiración por tu valentía al enfrentarse sola al anatema de la luz pública, en detrimento de tu honor y de tu posición. Sé que lo haces por la causa de la Libertad, a más que por mí mismo, al disolver, con la intrepidez que te caracteriza, ese motín que atosiga el orden legal establecido por la República, y encomendado al general Salom en

tes con “Héctor”, a fin de coordinar el asunto que nos preocupa. El coronel Salguero lleva los partes de la estrategia, para que Héctor vea la conveniencia de hacerlo en Huamanga frente al Condorcunca. El motivo: que todos los batallones sepan que el Libertador y Presidente están allí, con ellos, en su tienda de campaña, aunque “con tabardillo”. El general Salom llegará en mi mula parda a fin que se crea que soy yo. Tú serás muy útil al lado de Héctor, pero es una recomendación para ti, y una orden de tu general en Jefe, de que te quedes pasiva ante el encuentro con el enemigo. Tu misión será la de “atenderme”, entrando y saliendo de la tienda del Estado Mayor, y llevando viandas de agua para “refrescarme”, al tiempo de que en cada salida llevas una orden mía (de los partes que estoy


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¿Cómo los sientes, ah? ¿Verdad que también estoy loco por ti?... Tú me nombras y me tienes al instante enviándote) a cada general. No desoigas mis consideraciones y mi preocupación por tu humanidad. ¡Te quiero viva! Muerta, yo muero. Tuyo, Bolívar. Cuartel General de Chalhuancada, A octubre 4 de 1824 A la señora Capitana de Húsares de la Guardia Manuela Sáenz (Personal)

M

i muy querida Manuelita: Te pido con el consejo de mis pensamientos, que batallan con el ardor de mi corazón, que te quedes ahí. Lo hago, no por separarme de ti, pues tú eres el ser que más quiero y porque siempre estoy pensando en ti. Tu presencia servirá para que te encargues de hacerme llegar informes minuciosos de todo pormenor, que ninguno de mis generales me haría saber, más por sus preocupaciones personales, que por intrigas o desavenencias. Al mantenerme al tanto de todo lo que acontece allí, puedo mirar dos frentes, seguro de encontrar el respaldo que tú lograrás en ese cuartel. Soy tuyo de corazón, Bolívar. Cuartel General de Huancayo, a 24 de octubre de 1824 Mi adorada Manuelita:

M

i bella y buena Manuela, hoy he recibido la Ley del Congreso de Colombia, del 28 de julio quitándome todas las facultades extraordinarias de las cuales me hallaba investido por el ejecutivo; traspasándolas todas, sin excepción, a Santander. Mi corazón ve con tristeza el horrible futuro de una patria que sucumbe ante la mezquindad de los intereses personales y de partidos. A todos cabe, sin embargo, una disculpa. Tú, en cambio, te conservas siempre fiel a mí. Sin embargo, por el amor que me profesas, no hagas nada que nos hundiría a los dos. Desconoce el hecho como un desliz de mis detractores, sin más que guardar la compostura que obliga en estos casos, mientras yo recurro a mi intuición a fin de organizar mi relevo de estas responsabilidades en Sucre. Tuyo, Bolívar.

Un bolívar moderno. José David Velásquez Pérez. Dibujo

Cuartel General Ica, a 21 de abril de 1825 Mi adorada Manuelita:

Voy acompañado, quiero decir, con la compañía de tus gratísimos recuerdos. Pienso, dentro de mis relaciones, que mucho ha de ser el trabajo que debo realizar y sé que me esperan la Grandeza y la Gloria. Sin embargo, todo se empeña en la remembranza de tu imagen vestal y hermosa, casi causante de esta lucha interna de mi corazón que se halla entre mis deberes; la disciplina, mi trabajo intelectual y el amor. No sabes, Manuela mía, cómo te ansía este corazón viejo y cansado, en el deseo ferviente de que tu presciencia lo rejuvenezca y lo haga palpitar de nuevo al ritmo de como sano. Sobre la base de mi temor, sé que no está bien insistir en tu viaje acá, pues faltarías a las obligaciones de tu marido. Sin embargo, ni yo mismo puedo engañarme. Tu suerte que te ha tocado, me

entristece mucho por lo que tus sacrificios que quieres sólo para conmigo. Yo te lo agradezco. Mis sentimientos se agigantan junto con mis deseos, al pensar en ti, y en todo lo arrobador de tu espíritu sin igual, además de tu encantamiento femenino. Muy pronto sabré qué determinación habremos de tomar ante esta situación que nos destroza el alma. Por lo pronto, debemos tener paciencia de franciscano. Tuyo en el alma, Bolívar. Del general Luis Perú de Lacroix a Manuela Sáenz mi señora doña Manuela Sáenz Cartagena, diciembre 18 de 1830 Mi respetada y desgraciada señora:

A

H

e prometido escribir a usted y de hablarle con verdad; para cumplir con este encargo y empezar por darle la más fatal noticia. Llegue a Santa Marta el día 12, y al mismo momento me fui para la

hacienda de San Pedro donde se halla El Libertador. Su excelencia estaba ya en un estado cruel y peligroso de enfermedad, pues desde el día 10 había hecho el testamento y dado una proclama a los pueblos, en la que se está despidiendo para el sepulcro. Permanecí en San Pedro hasta el día 16, que me marché para esta ciudad, dejando a Su Excelencia en un estado de agonía que hacía llorar a todos los amigos que le rodeaban. A su lado estaban los generales Montilla, Silva, Portocarrero, Carreño, Infante y yo, y los coroneles Cruz, Paredes, Wilson, capitán Ibarra, Teniente Fernando Bolívar, y algunos otros amigos. Sí, mí desgraciada señora: el grande hombre estaba para dejar esta tierra de la ingratitud y pasar a la mansión de los muertos, a tomar asiento en el templo de la posteridad y de la inmortalidad al lado de los héroes que más han figurado en esta tierra de miseria. Lo repito a usted, con el sentimiento del más vivo dolor, con corazón lleno de amargura y de heridas: dejé al Libertador el día dieciséis ya en los brazos de la muerte: en una agonía tranquila, pero que no podía durar mucho. Por momentos estoy aguardando la fatal noticia, y mientras tanto, lleno de agitación, de tristeza, lloro ya la muerte del Padre de la Patria, del infeliz y grande Bolívar, matado por la perversidad y por la ingratitud de los que todo le debían, que todo habían recibido de su generosidad. Tal es la triste y fatal noticia que me veo en la dura necesidad de dar a usted. Ojalá el cielo, más justo que los hombres, echase una ojeada sobre la pobre Colombia; viese la necesidad que hay de devolverle a Bolívar, e hiciese el milagro de sacarle del sepulcro en que casi lo he dejado. Permítame usted, mis respetada Señora, de llorar con usted la pérdida inmensa que ya habremos hecho, y habrá sufrido toda República, y prepárese usted a recibir la última y fatal noticia. Soy de usted admirador y apasionado amigo, y también su atento servidor que sus manos besa. Luis Perú de’ Lacroix. * Textos extraídos del libro Las más hermosas cartas de amor entre Manuela y Simón. Publicado por la Editorial El perro y La rana.


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LETRAS CCS / CIUDAD CCS / SÁBADO 18 DE DICIEMBRE DE 2010

Poemas del lector

Versos para la Navidad Por Leopoldo Bermúdez Mata* (Caracas. 1943)

Cochinitos Navideños De cochino en cochinito voy recorriendo las tiendas, y en todas dejo una ofrenda que me tiene medio frito. Si es en la panadería hay un cochino, señor que me deja en el dolor, sin sencillo ni alegría. Voy al mercado y me encuentro un tremendo cochinote que sin pasión y sin cuento me pela aquellos ojotes, pa´ que saque del bojote billetes de ofrecimiento. Y a la farmacia llegué y me conseguí un puerquito, que tenía un letrerito mostrando sin altivez, un cochino bien humilde, pero pidiendo también. del carro del heladero cuelga un cochino chiquito, recordando a los niñitos que hay que dejar un realero. En el camino de verduras hay un cochino gordote, que es un verdadero azote y hay que bajarse e´la mula. en la puerta de una iglesia pusieron un sacristán al lado de un lechoncito, recordando en un cartel: “la ofrenda de navidad y el billete del cerdito también”. No perdona la herrería, ni el banco, ni el restaurant, menos la peluquería o el que te viene a pintar, no perdona el repuestero cuando te va a asesorar, antes te va a martillar con un cerdo pedigüeño. no perdona el buhonero ni nadie que venda algo, pues tienes que darle el saldo, el vuelto y todo el realero, al lechón, a los marranos y al cochino navideño. Y es el colmo en los talleres si algo vas a reparar, pues con cinismo sin par se le avisa a los choferes, es un cartel que si quieres que el carro quede bien fino: “tienes que sacar billete y alimentar el cochino” Lechones aquí y allá, cochinos hay como monte, cerdos hay para engordar

Pesebre. Sin autor.

y puercos que son un azote, y así pasa Navidad y aunque goces un puyero, te dan palo cochinero por donde quiera que vas.

Desde la vía láctea Para el niño Jesús traigo unas alpargaticas, hechas con rayo de luz y de estrellas chiquiticas. Para su manto le traigo la constelación más bella, hecha por los Reyes Magos y por mil lindas doncellas. Como camita le traigo el lecho hermoso de un río, con caracoles y lirios, bordado con pececitos, con caracoles y lirios. De juguete le he traído un caballito de mar, para cuando esté más grande se vaya al cielo a pasear Los pastores le tejieron una cobija de lana, pa´arropar su cuerpecito temprano por la mañana. La virgencita no tiene jamas porque preocuparse,

Letras CCS es un suplemento de fin de semana de Ciudad CCS, forma parte integral del diario y se distribuye de forma gratuita

los pastores ya le tienen preparados mil manjares. Desde que nació ya viene galopando en su caballo, más atrás vienen los reyes con tesoros y regalos. El muchachito Jesús no es de esos niños llorones, porque de la vía láctea le traen biberones.

Navidad Ya volvieron las hallacas, los regalos y las prisas, se soltaron las sonrisas por las calles de Caracas. los arbolitos crecieron con sus coloridas bolas, y se alzaron las señoras con sus dulcitos caseros. El Ávila con su cruz desde una altura lejana, nos recordó que el mañana vendrá con signos de luz. Los amigos que en secreto no ocultan paz ni amistad, destapan cofres repletos de cariñosa bondad. Los hogares muy contentos abren sus puertas al cielo,

CIUDAD CCS ES EDITADO POR LA FUNDACIÓN PARA LA COMUNICACIÓN POPULAR CCS DE LA ALCALDÍA DE CARACAS PLAZA BOLÍVAR, DE MONJAS A PRINCIPAL, EDIFICIO RIALTO, PN. TELÉFONO REDACCIÓN 212-8681300 DISTRIBUCIÓN: 0416 6159261 DEPÓSITO LEGAL PP200901DC1363 IMPRESO EN EDITORIAL METRÓPOLIS

y un ángel detiene el vuelo, anunciando el nacimiento. y en medio de tanta paz, de jolgorio y alegría, se contagia mi ciudad con la cruel buhonería. Cunden los operativos por las calles y las plazas unos y que ahorrativos, otros son una amenaza. El niño del panetón aparece en las pantallas regalándole una caja a un niñito. La niñita del jamón, mira desde su ventana pues no esperó hasta mañana al buen señor del camión. toditas las estaciones estrenaron un mensaje con joropos y pasajes como cuñas de jabones. Abundan los nacimientos por pueblos y por ciudades trayendo en las navidades al Niño Jesús contento. Y con tanta algarabía, y con tantas emociones renacen las bendiciones anunciando un nuevo día. *Habitante de la parroquia San José.


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