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2. Poema ¡Aquí estás vida!, de Hernán Carreño 2-3. Con la plancha en el bolsillo, fragmento de ensayo de Carlos Yusti 4. Bicentenario, poemas de Rebeca Padilla SÁBADO 16 DE ABRIL DE 2011 / CIUDAD CCS / AÑO 1 N° 46

Por Cruz Salmerón Acosta (Cumaná, 18921929)

Infortunio Nunca mi mente acarició el ensueño de vivir solo, frente a un mar bravío, sino en un campo en flor siempre risueño, viendo correr junto a mis pies un río. Por más que en alegrarme yo me empeño, en presencia del mar vivo sombrío tan lejos de la dicha con que sueño como tú estás de mi dolor, Dios mío. Yo sufro ante el verdor de primavera de la eterna visión de la ribera de donde ayer por siempre hube partido, la nostalgia del pájaro enjaulado que desde su prisión ve el ramo amado donde un día, cantando, formó el nido.

La canción recóndita

Martirio eterno Pasó mi adolescencia en torbellino y gozarla no puede lo bastante; y estoy como un cansado peregrino que teme caminar hacia delante. ¡Qué imposible paréceme el camino que me torne a la dicha tan distante! Pienso que este demonio del destino no cesará de herirme ni un instante. Mientras se va mi juventud querida en el duro aislamiento de mi vida, mi pobre alma que la suerte azota va destilando en lágrimas su pena; pero ¡ay! ese dolor, que mi alma llena, es como un manantial que no se agota.

Cielo y mar

César Rengifo. Óleo sobre tela.

A José Antonio Ramos Sucre En éste panorama que diseño para tormento de mis horas malas, el cielo dice de ilusión y galas, el mar discurre de esperanza y sueño. La libélula errante de mi ensueño abre la transparencia de sus alas, con el beso de miel que me regalas a la caricia de tu amor risueño. Al extinguirse el último celaje, copio en mi alma el alma del paisaje azul de ensueño y verde de añoranza; y pienso con obscuro pesimismo, que mi ilusión está sobre un abismo y cerca de otro abismo mi esperanza.

Azul Azul de aquella cumbre tan lejana hacia la cual mi pensamiento vuela bajo la paz azul de la mañana, ¡color que tantas cosas me revela! Azul que del azul del cielo emana, y azul de este gran mar que me consuela,

mientras diviso en él la ilusión vana de la visión del ala de una vela. Azul de los paisajes abrileños, triste azul de mis líricos ensueños, que me calma los íntimos hastíos. Sólo me angustias cuando sufro antojos de besar el azul de aquellos ojos que nunca más contemplarán los míos.

Perspectiva I Un pedazo de mar y otro de cielo y una montaña de un azul profundo, forman la vista que, en mi eterno duelo, contemplo yo desde un rincón del mundo. Por el límpido azul de terciopelo pasa a veces un pájaro errabundo, como por mi perenne ensueño, el vuelo de un tierno pensamiento vagabundo. Esta mañana gris, espesa bruma

que el cielo, el mar y la montaña ahúma, me vela mis poéticas visiones; Más, se disipa sobre el mar en calma, igual que el humo de mis ilusiones en la honda amargura de mi alma. II Se va volviendo todo claro el día con el sol que en la cumbre centellea, y en la paz de la inmensa serranía el incensario de una rosa humea. Ya está ebria de azul y poesía mi alma dolida, que volar desea cuando la enseña de la patria mía en el bastión de Cumaná flamea. Como en la lejanía la bandera se me presenta alba toda entera igual que leve garza blanquecina que va volando con cansado vuelo, o el ala amorosa de un pañuelo que de decirme adiós nunca termina.

Sobre el poeta Cruz Salmerón Acosta La vida trágica y breve de Cruz Salmerón Acosta (1892-1929), afectado por la lepra a la edad de veinte años y obligado a retirarse del mundo en una apartada playa de Paria, se cruza en la fatalidad con la de su paisano cumanés y amigo cercano José Antonio Ramos Sucre, quien moriría apenas un año después que él. El vasto y horizontal paisaje, en medio del cual su cuerpo se desmorona a solas entre mar y cielo, sirve a Salmerón Acosta de escenario para el drama sin ilusión ni esperanza de su alma desgarrada, prisionera de una despedida sin pausa de la juventud, del amor y de la vida, que sólo su prodigioso don versificador pudo calmar con una de las más tristes músicas poéticas producidas en nuestra literatura.


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LETRAS CCS / CIUDAD CCS / SÁBADO 16 DE ABRIL DE 2011

Poemas

Aquí estás vida Por Hernán Carreño

(Maturín, estado Monagas, 1979) ¿Qué le pasó a la vida? -cuando durmió, si ayer reía Entre lienzoa azules y verde oliva Entre la brisa del mar y el calor del sol ¡Cuánto daría por volverte a ver! -en los ojos de un hombre añejado -en la sonrisa de un hombre herido -o quizás en quien se hizo mi enemigo Ayer las palomas cantaban Al amanecer del día Hoy lloran al salir el sol Triste vacío en el alma llevo Solitario ante la penumbra vivo Al ver moribundos callejeros Donde mi alma no calma su sed Denme la fuerza de todos los cielos Para calmar éste dolor ajeno Siento desgarrar mis venas Al ver morir su sed Amor irrumpiste en mi Y no te esperaba a ciegas Creí que encender una estrella Era estar cerca de ti Como yo puedo morir Si la vida en mí ha de estar Aquella soledad sin luz En el pasado ha quedado Dame la paz infinita De encontrar la vida en la muerte Siento latir en mi mente Tantas cosas bonitas Vida hermosa te he encontrado Más allá de las fronteras Siendo mi ideal, no ha terminado Lucharé por ti hasta que nunca muera

Y volver a nacer Fui siempre un mago dormido Hacia magia mi propia destrucción Hoy mi magia se llama libertad Hoy mi magia nace del amor Me voy de ti para siempre Aunque mis besos aún tengan tu sabor Aunque nos unan unos frutos Aunque mi cuerpo sufra por tu pasión Ya no hay amor en mi alma Pero, comprendí que el amor, YO SOY Retiro de mí las cadenas Que me ataban a tu sin sabor Hoy renazco como el ave fénix Victorioso ante el mundo Hoy he nacido de mis propias entrañas Y soy del universo lo más profundo EL AMOR

Con la plancha en el bolsillo [fragmento de ensayo] Por Carlos Yusti (Valencia, estado Carabobo, 1959)

La sátira como género se inventó en la Roma clásica. Francisco Soca escribe que la sátira antigua, la cual contenía elementos que hoy por derecho pertenecen al ensayo literario y al artículo periodístico, nunca fue rigurosa, ni coherente. Su sentido de inmediatez le permitía planear por la divagación más florida; salirse o volver al tema, si es que lo había. Su fuerza residía en la contundencia de sus sentencias, en la brillantez jocosa de una escena. Era un escrito del momento, de lo aquello que ocurría a ras del instante con sus villanos perfectamente reconocibles. Los juegos de palabras, los circunloquios, el sermón aforístico, la ironía dura, a veces escatológica, son algunas de sus características. ¿Qué es un escritor satírico? Responder de buenas a primeras no tiene gracia alguna. No obstante Augusto Monterroso escribió una fábula acerca de un mono que quiso ser escritor satírico en que se encuentran algunas claves. El dichoso mono concentrado en su tarea, lo primero en su agenda fue conocer gente para estudiarlas. Como era ingenioso lo invitaban a fiestas, pronto su número de amigos y conocidos aumentó. Al cabo de buen tiempo conoció los entresijos de los más variados caracteres. En el preciso momento de sentarse a escribir tuvo el escalofrío que sus amigos podrían sentirse aludidos por sus sátiras, quizá hasta se molestarían con él y no lo invitarían más a los cócteles y saraos. El mono desiste convertirse en escritor satírico para no herir susceptibilidades. En ese aspecto el autor vienés Karl Kraus, no se anduvo con sutilezas

Kraus siempre fue en un sentido contrario a la mayoría, tuvo la suficiente lucidez para captar la descomposición del tejido social

ni escrúpulos de ningún tipo a la hora de escribir sus sátiras, además su nombre adquirió renovado interés cuando el premio Nobel Elías Canetti escribió sobre la influencia decisiva de los escritos de Kraus en su propio estilo. Para Canetti es un escritor al que “se le ubica entre los contados escritores satíricos de la humanidad, realmente grandes y mortíferos”. A diferencia del Mono de Monterroso, Karl Kraus tuvo seguidores, admiradores y enemigos a patadas. Durante toda su vida se dedicó a editar una revista (“La antorcha”) y a realizar lecturas públicas de sus textos. Las salas, foros y anfiteatros se abarrotaban de personas que querían escucharlo y en un día podía presentar hasta cuatro lecturas, en ciudades distintas, con un imponente número de asistentes. Otro gran satírico español Mariano José de Larra escribió: “Supone el lector, en quien acaba un párrafo mordaz de provocar la risa, que el escritor satírico es un ser consagrado por la Naturaleza a la alegría y que su corazón es un foco inexpresable de esa misma jovialidad que a manos llena prodiga a sus lectores. Desgraciadamente, y es lo que éstos no saben siempre, no es así. El escritor satírico es por lo común, como la luna, un cuerpo opaco destinado a dar luz, y acaso el único de quien con razón se puede decir que da lo que no tiene”. Escribir las grandes verdades sobre el género humano con una risa implacable es la tarea de todo satírico y en eso Kraus fue un inigualable. Walter Benjamín en un ensayo sobre Kraus postula: “El satírico es la figura bajo la que se acepta el antropófago en una civilización”. Para Kraus sus enemigos y contrincantes eran sólo pedazos de carne que él devoró, con sus escritos, sin piedad.


SÁBADO 16 DE ABRIL DE 2011 / CIUDAD CCS / LETRAS CCS

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Oskar Kokoschka. Karl Kraus, 1925.

Sus textos y aforismos son golpes bajos: En Viena, a los niños se les da papilla y a los hombres tormento. *** Las buenas opiniones carecen de valor. Lo que vale es quién las tiene. *** Los alumnos comen lo que los profesores digieren. *** Aparentar tiene más letras que ser. *** El nacionalismo es un hervidero en el que se incrusta cualquier otra idea. *** ¡Por mi vida, cuánto me gustaría saber qué hace tanta gente con la famosa ampliación de horizontes! Su primer texto de corte satírico fue la Literatura demolida. La famosa demolición del Café Grienteidl, en el que se reunían escritores, poeta y estetas que mariposeaban alrededor del dramaturgo y crítico literario Herman Bahr, sirve a Kraus para infligir algunas estocadas a esos escritores estetas, preocupados en hacerse un nombre en las letras escribiendo babosadas líricas,

Para Kraus sus enemigos y contrincantes eran sólo pedazos de carne que él devoró, con sus escritos, sin piedad

especie de ambientadores de espacio que, amparados en la oscuridad neblinosa del café, convertían el lenguaje en un cliché de folletín. El panfleto causó sus rechazos airados respectivos e incluso Félix Salten, autor de Bambi que nadie ha leído, pero que conoce la versión edulcorada de Disney, lo agredió físicamente. Un importante diario le ofrece un puesto como columnista regular, pero Kraus rechaza la jugosa oferta y el 1 de abril de 1899 aparece un cuaderno rojo por las calles

de Viena; se trata de la primera edición de la revista Die Fackel (La antorcha) que se editará hasta la muerte del escritor: 912 números, algo más de 30.000 páginas impresas donde el hombre queda retratado en sus vilezas y hazañas cotidianas. Kraus siempre fue en un sentido contrario a la mayoría, tuvo la suficiente lucidez para captar la descomposición del tejido social partiendo desde la degeneración del lenguaje y no es casual que George Steiner escriba: “En las angustiadas sátiras de Kraus sobre las falsedades, sobre las actuaciones legales determinadas por la clase, y en particular de la justicia penal, cobra realidad un fustigador repudio del orden burgués en su totalidad. Antes quizá que ningún otro crítico social, Kraus identificó y analizó el trastocamiento de las ideas estéticas en la literatura y en las bellas artes por obra del omnipotente poder de la comercialización, de los medios de comunicación de masas, de los lanzamientos publicitarios. Sus anatomías del kitsch aún no han sido superadas. Y, de una manera que desafía la explicación racional -en esto se le puede

comparar con Kafka-, Kraus percibió en el crepúsculo del viejo régimen europeo y en los demenciales horrores de la Primera Guerra Mundial veía la llegada de una noche todavía más tenebrosa”. Aparte de satírico eficaz fue un visionario y comprendió que la degradación del lenguaje precede a toda gran degradación espiritual. Kraus a través de sus escritos intentó sacar el lenguaje del lugar común, de ese imperio fétido de la publicidad y el folletín, tan popular en su tiempo. Se cuenta que su lecho de muerte, al oír la noticia de que los japoneses habían invadido Manchuria, dijo: “Nada de esto habría sucedido si hubiéramos sido más estrictos en el empleo de la coma”. Su vigencia hoy es innegable y ahora que pululan demasiados peleles sin personalidad (tanto en el poder político como en la vida), mediocres con aires de grandeza esa frase de Kraus resulta paradigmática: “Si un sastre se da aires, tendrá que meterse la plancha en el bolsillo. Quien no tiene personalidad, deberá tener peso”. No obstante, con lo liviana que hoy son las planchas, todo parece perdido.


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