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SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2011 / CIUDAD CCS / AÑO 2 N° 70

2. Poesía del lector, por Euclides Rodríguez 2-3. Ensayo: Sobre poesía indígena venezolana, por Gustavo Pereira 4. Poesía: Hilos de cocuiza, de Norys Saavedra

Iwariwë: El dueño del fuego Ésta es una de las historias fundacionales del pueblo yanomami. Se trata de la fiesta en la que, a través de un acto de complicidad entre niños y adultos, logran robar el fuego del único ser que hasta entonces tenía la dicha de cocinar sus alimentos. Iwariwë, conocido como el amo del fuego, una vez despojado de su preciada fortuna, condena a los hombres con la mortalidad y la reducción de sus cuerpos muertos a las cenizas. (Iwariwë. 2011. Coedición Monte Ávila Editores–Fondo Editorial IDEA)

Versión de Makowë, el chamán de Mahekoto (teri en el Alto Orinoco)

Iwariwë (Baba) conocía el fuego. Allá, en el territorio de los waika, en el caño Akrawapïwei, donde bajan de los árboles muchas orugas kasha, Baba y su esposa iban a recolectar y embojotaban dichas orugas, que ahumaban con el fuego que Baba guardaba dentro de sí. El resto de los yanomami no conocían el fuego y comían todo crudo. En la tarde, cuando el sol empezaba a bajar, Baba y su esposa regresaban a la comunidad y repartían a la gente las orugas crudas que habían colocado en la superficie del mapire; guardando en su fondo las orugas ahumadas. Su esposa repartía sólo las crudas. Y ellos dos comían, a escondidas, las orugas ahumadas. Un día en que el shapono estaba muy solo, las hijas de Pokokari, la perdiz colorada, escarbaban en el suelo y encontraron trocitos cocidos de orugas. Cuando los demás regresaron, ellas les mostraron lo que habían encontrado. —¡Ellos dos están comiendo orugas cocidas! – dijeron los mayores refiriéndose a Baba y su esposa. —¡Niños, más tarde, cuando ellos regresen, hagan morisquetas que los hagan reír! – les dijeron. Cuando Iwariwë y su esposa regresaron, la gente empezó a reunirse cerca de ellos. Iwariwë, Baba estaba en el medio de la gente y las niñas y los niños empezaron a hacer morisquetas. Baba nunca sonreía, así que siguieron haciendo todo tipo de muecas.

Iwariwë. El dueño del fuego..

Entonces Hiyomarithawë, el pájaro hormiguero, lanzó un chorrito de excremento en la cara de uno de los que allí estaba y todos comenzaron a reír. Baba no pudo contener la risa y dejó salir el bello y grande fuego. Yorekitirariwë, pajarito pico rojo, quien estaba sentado cerca cuando el fuego cayó en el suelo, trató de atraparlo pero no pudo levantar el vuelo. Entonces Prueheyoma, la esposa de

Baba, fue rápidamente a apagarlo. Quiso orinar sobre el fuego, levantó su pierna y arrojó un chorro de orina. Kanapororiwë, el pájaro conoto, recogió un tizón aún encendido, voló hacia las alturas y lo colocó entre dos ramas cruzadas de un árbol de Apia, ideal para alimentar el fuego. Mientras Pueheyoma lanzó sus maldiciones: —Ustedes se llevaron un tizón, pero éste se-

rá el mismo fuego que los quemará cuando mueran. Yo me quedaré por siempre en las aguas frescas de este caño. Yo nunca voy a morir, pero ustedes se quedarán siempre angustiados por la muerte. —Ahora ustedes tendrán que quemar a sus muertos y de ellos saltarán pedazos de sus huesos. Así lo dijo la rana Pueheyoma, esposa de Iwariwë, a quien hoy conocemos como el dueño del fuego.


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LETRAS CCS / CIUDAD CCS / SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2011

Poesía del lector

Ensayo

Carlos Andrés y amigos

Sobre poesía indígena venezolana

Por Euclides Rodríguez I Se ha muerto Carlos Andrés Y para poderlo traer, Un pleito por su cadáver Al derecho y al revés Les ha causado un estrés A sus fans que lo botaron Y que hoy lo recogieron Haciendo mil alegatos Se parecen cuatro gatos Por las tripas de un ratón. II Se ha muerto Carlos Andrés Un hombre privilegiado Por dos familias amado Quien duda de su honradez Y si naciera otra vez Político manoa manos Cargando con sus hermanos Al partido alineados Y todos sus derivados Adecos y copeyanos III Se ha muerto Carlos Andrés Sus amigos le lloraron Pero antes le cantaron Misa, son y compases En el pozo sus secuaces Como todo lo cristiano Pero nada era en vano Por remendar el sayón Subsanando la botazón Pues ahora son hermanos IV Se ha muerto Carlos Andrés De pobre acaudalado Por ser la última vez Tirado de mechas y pies Y sus exequias usaron A fiestas de camarón Rindiéndole pleitesía En la casa y en la iglesia Después de la quemazón

lea más de la pluma de los lectores en la web b www.ciudadccs.info

[Fragmentos de Costado Indio] Por Gustavo Pereira (Punta de Piedra, 1940)

de viajeros y aventurados de Indias, así como de cartas, relaciones, documentos, cuadernos de bitácora de la época, a los que tenía acceso.

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En el principio fueron los cantos. Oraciones teogónicas y cosmogónicas, invocaciones acompañadas de baile e instrumentos, añoranzas de tiempos perdidos, recuentos de hazañas de héroes y deidades: la poesía discurría como prodigio cotidiano. En ocasiones el cantar abrigábase en el sentimiento individual y se hacía tema lírico de amante o ensalmo mágico de piache o de puidei. De este modo alcanzó a sustraer al hombre de sus pesares misteriosos y, al entonarlo, la tribu encontró en él sonoridades y claves de la tierra y de los cielos. Pero al cantar había nacido condenado. En el largo proceso de la dominación colonial sus oratorios y hablas secretas se tuvieron por obras del demonio y su ternura y su candor por pruebas de una condición censurable. Así, como a tantos otros hijos de su espíritu, a las naciones indias se les quiso vedar también la magia del canto, ese escondrijo “desde donde hacía sus negocios el diablo”

En sus célebres Décadas del Nuevo Mundo (…) Mártir alude a las costumbres de los pueblos que habitaban la costa del oriente venezolano: “Son los Chichiribichenses sumamante aficionados a los agüeros, y amantes de los juegos, los cantares y la música; a veces pasan ocho días continuos tañendo, cantando, danzando (…) Los cantos tienen aire melancólico (…). Así formando unas veces arco, y otras apretada falange, después redonda corona, dándose las manos, luego soltándolas, con mil saltos diferentes y danzas, siempre cantando, se revuelven en círculo, yendo y viniendo, con varios gestos de la cara, cuándo silenciosos y con la boca cerrada, cuándo abriéndola y dando voces (…) Al principio andan despacio, cantando en voz baja y temblorosa, y luego, a medida que se van acercando, levantan la voz y el canto, que repiten diciendo siempre lo mismo, como, por ejemplo, ‘Sereno día es, el día está sereno, es sereno el día’”

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Más tarde nos hallamos con las noticias proporcionadas por Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (…): “En la provincia de Venezuela los indios naturales de ella, en espacial los de la generación que llaman caquetíos, tienen por costumbre, cuando muere algún señor o cacique o indio principal, juntarse todos en aquel pueblo donde el difunto vivía, y los amigos de las comarcas, llóranle de noche en tono alto y cantando, y diciendo en aquel cantar lo que hizo

Las primeras noticias escritas sobre los cantares de los indios venezolanos las debemos al humanista flamenco Pedro Mártir de Anglería, cronista oficial de la corte de Carlos V. Aunque no estuvo nunca en América, su espíritu universalista, abierto y escrutador las obtuvo, entre el cúmulo d e informaciones y observaciones reveladoras que conforman sus páginas sobre América, de boca

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mientras vivió”. *** Es improbable que los versos mencionados por los citados cronistas correspondan en verdad a fieles transcripciones de las canciones aborígenes. Preferimos pensar que son aproximaciones dictadas por el deseo de reseñar la nueva realidad, pues para entonces ningún viajero o fraile español había logrado establecerse en dichas regiones con propósitos distintos a los que motivaron las primeras incursiones de conquistas. *** Lo que sí revelan los breves textos son de asuntos fundamentales. El primero, un carácter básico de los cantares aborígenes: el uso de la repetición o anáfora; el segundo: la presencia de la poesía como parte de un arte de representación colectiva en el que intervienen la música, la danza y el teatro, representación que los pueblos arawacos llaman areíto. *** Para Bartolomé de Las Casas estos areítos eran “bailes y regocijos” en donde se cantaban coplas, mientras que López de Gómara (…), los describe así: “Tienen sus bailes y cantares, a los que llaman arerítos, donde refieren a una los hechos de los dioses y varones ilustres. No tienen otros monumentos históricos sino los areítos, ni hay cosa que más estimen. Estos pasan tradicionalmente de padres a hijos, por vía de enseñanza y ejemplo, contentándose sólo con la palabra, a falta de letras”. *** Las naciones ágrafas del Caribe habían concebido este arte de


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Colección La Creación. Alicia Alfonso. 2011

tradición oral como preservación de la memoria y sueños colectivos. Mitos, cosmogonías, teogonías, leyendas y episodios históricos, cantos rituales y ceremoniales, canciones líricas y profanas eran transmitidos así d ellos mayores a los niños generación tras generación o emergían recreados por el poder de la fabulación y los sentimientos. En la América aborigen, como antes y también ahora en otros continentes, la poesía estuvo siempre vinculada al canto, a la música, a la danza, a la escenificación. (…) Entre los antiguos mexicanos existía una Casa de la Poesía, llamada cuaicacalli (de cuicalt, canto y calli, casa). Cuando los cuaicapicques (cantores o poetas) decían sus textos líricos, es decir, cuando no eran específicamente canciones sino formas poéticas, se hacían acompañar con instrumentos musicales y en ocasiones también con danzarines. Así que para

En tiempos de la Colonia distintos misioneros se ocuparon, por la propia naturaleza de su trabajo, de describir estas representaciones que ellos tenían por ceremonias paganas o danzas demoníacas, pero que en verdad eran, como hemos anotado, expresiones de una compleja integración artística.

… Estos recitativos, verdaderos poemas derivados de singulares alquimias en las que símbolos y metáforas se engarzan a preocupaciones ontológicas y a estados de éxtasis similares a la antigua poesía china y japonesa, estaban lejos de la comprensión de los observadores europeos ...

El universo espiritual amerindio se nutrió y se nutre de su poesía cotidiana vivencial (…) Así, la poesía sigue su camino. Los cantos se niegan a morir:

difundir la poesía, que era para ellos menester más digno y respetado que la guerra, actuaban en una especie de compañía escénica integrada por cantores, instrumentistas, escenógrafos, bailarines y directores.

*** Al rebasar la simple comunicación, las diversas expresiones literarias indígenas alcanzan categoría estética y se sitúan con justos títulos entre las grandes conquistas del espíritu humano. “¡Cuántas veces he pensado – escribe Esteban Emilio Mosonyi – que si los pueblos indígenas tan sólo hubieran creado sus lenguas, tan ricas en sonoridades como en simbolismo social y cultural, ya con esto habrían dejado testimonio fehaciente de su creatividad.

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Las naciones ágrafas del Caribe habían concebido este arte de tradición oral como preservación de la memoria y sueños colectivos

Jokoyakore Narue Anayakore Yarote (Marchó en la madrugada, al anochecer regresará) Canción Warao.

Solía pasar como fantasma [o perro desnudo entre la noche Sin más olor de vida que sus ojos No sabíamos nada Temblábamos en medio de las sombras Nunca supimos qué dolor callaba ni qué abyecta impiedad [condescendía a permitirle ser como el adobe como la soga como los guijarros Hasta que apareció en nuestros [papeles con su tambor de guerra su [tocado de plumas su linaje orgulloso su macana Y de allí se metió en nosotros [mismos y fue nosotros mismos y no fantasma o perro de la noche y no más pesadumbre y no más barro triste sino nosotros mismos nosotros mismos en nosotros [mismos.


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LETRAS CCS / CIUDAD CCS / SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2011

Poesía

Hilos de cocuiza Por Norys Saavedra (Barquisimeto, 1972) Encabritada Encabritada es la palabra que suena a que la tierra ha de parir Encabritada diría cuando la sangre es mi luna. Escribe, escribe Escribe, escribe Ojalá el espanto huya Y deje caer granos que comer.

A la comadrona A la comadrona la clareó el parto de la madre Sintió adentro tuna y yabo doquier supieron el cielo las estrellas Fue difícil el parto.

Colección Dibujos Efímeros. El Libertador. Pavel Ëgüez.

Las esperanzas Las esperanzas se han hecho de clavos y golpes Los demás han preferido un mar soleado que la tierra chupa

la espasmódica agonía cuando le corta los brazos la cercana hojilla de tus dedos

te has arraigado? Con voces ciegas traídas del vendaval

corre, corre abiertamente

He visto

Nosotros hemos obviado esto

Ese niño desprevenido

Has plasmado tatuajes Vísceras Vientos Otros tú…

La madre

Ese niño desprevenido en galope aturdió mis pies

Escribo a galope

La madre ha estado cosiendo penas con fogajes del cuerpo Una manta para el perdón

Conocerás del árbol Conocerás del árbol su oscuro fin

Me hace preguntas Prueba un tamarindo que está en mi centro

¿A cuántas tierras? ¿A cuántas tierras

Escribo a galope porque persigue un espanto que no deja oscuro al dormir

He visto secar el corazón al sol Un cuero de chivo que sucumbe a la agonía Debe ser un corazón reciente Tierna carne para comer

Si escribo Es un caballo Y a todo lo que doy

Directora Mercedes Chacín Coordinadora Odry Farnetano Adjunta Rocío Sarabia. Letras CCS es un suplemento de fin de semana de Ciudad CCS, forma parte integral del diario y se distribuye de forma gratuita | Redacción 0212-8607149 correo-e: letras.ciudadccs@gmail.com

Secar el corazón para colgarlo y echarle sal.

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