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2-3. Enriqueta Arvelo Larriva cumple 125 años menos sola , ensayo de José Carlos De Nóbrega 4. Poesía del lector, de Adal Hernández SÁBADO10 DE SEPTIEMBRE DE 2011 / CIUDAD CCS / AÑO 2 N°66

De poetas, poetisas y otras anomalías Por Leonardo Ruiz Tirado

para que la gente viera lo otro así era él por dentro: de fechas fichas movimientos escuelas tendencias ismos lleno

(poeta viejo)

como entendía todo impidió a poca gente leer mala poesía y lo que es peor (gracias a dios) a muchos, escribirla por temor a la academia

(Barinas, 1959)

con años y muchísimos papeles amarilleó su piel se hizo poeta grande, tan famoso pero todo fue inútil

(el suicida)

las arrugas volvieron los papeles irreconocibles para la chica del poema

-nada valen los lauros que en la vida coronan los quehaceres cotidianos

las canas no inspiraron respeto a lo viril, a los cuarenta

nada las horas de oro, las felices -nada valen las cosas las personas

y a los setenta años decidió esas fueron sus últimas palabras cuando cansado ya de hipocresías

intentar olvidarla pero todo fue inútil

se quitó la máscara de la vida la recordó todavía más a los ochenta pero también fue inútil:

(el jardinero)

ella nunca jamás pudo olvidarlo

esta mañana cortó la más antigua rosa del jardín

(poeta mudo)

su agonía es ese olor

ella era más bella que él mudo pero no dijo nunca nada no expuso sus palabras al mudo que la amó con la boca por el miedo cerrada y ella ignoró que él la amaba y él ignoró que ella le amaba luego se despidieron

para muy dulce sangre sin espinas o aroma rosa vieja esta mañana

(poeta maldito)

Nocturno. Arnulfo Poyer. 2011 el silencio fue más fuerte que ellos

(poeta ciego) nadie lo vio venir

en el laberinto no oía el martillo sino el yunque oía sin orejas

al menos eso creyó él hasta el momento en que su punto de vista (o su cayado) coincidió con el otro que no lo vio venir

la armonía

(poeta sordo)

miden como trompetas la expectación de un rosto allá al final busco el cuerpo

oía las trompetas sin caracol a Ariadna

(poetisa desesperada) las que me llevan -y sus hilos de oroal laberinto

del ubicuo que llévanse las horas las impasibles

si el poeta no canta sufre la realidad ¿cuál? sufre por sus fantasmas ¿cuáles?

(el crítico)

da una imposible sensación de alegría

desde el sillón voltaire -profesionaldefenestró líricas carreras ascendentes siempre fueron las ventanas su obsesión sin el vacío de las casas donde habita el poema no halló qué hacer con el vacío del poeta escribió esto arrellanado en su sillón

más qué puede virgilio mostrar del nuevo mal a este poeta después de charles, de jean arthur se canta y no es ese viaje esa desolación sin lazarillo del camino esa errancia sin fin y sin comienzo hacia el poema todo poeta, si no canta si no baila, cae en el mal


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LETRAS CCS / CIUDAD CCS / SÁBADO 10 DE SEPTIEMBRE DE 2011

Ensayo

Enriqueta Arvelo Larriva cumple 125 años menos sola Por José Carlos De Nóbrega (Caracas, 1964)

Valencia, a pesar de su reincidencia en la amnesia política y cultural, ha abrigado si se quiere a tres amigos de la poeta barinesa Enriqueta Arvelo Larriva (Barinitas, 1886-Caracas, 1962): Marisol Pradas, Luis Alberto Angulo y Reynaldo Pérez Só, los cuales dedicaron trabajos ensayísticos y campañas divulgativas de su obra poética. Si bien la ciudad está en deuda con poetas del patio tales como Vicente Gerbasi y, en especial, Teófilo Tortolero, tuvimos acceso a diversas y concretas manifestaciones de afecto y fervor por Enriqueta: Poesías (1976), Antología poética a cargo de Reynaldo Pérez Só, y Testimonios (1980), material hemerográfico y epistolar seleccionado por Carmen Mannarino, ambos títulos publicados por el Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC; el ensayo de Marisol titulado Enriqueta Arvelo Larriva: voz del llano trashumante, el cual fue publicado en la revista Laberinto de Papel (año 2, nº 1, noviembre 2003, páginas 38-45); y recientemente el ensayo inédito de Luis Alberto que reivindica el lugar especial de su obra en nuestro panorama poético contemporáneo. La obra poética de Enriqueta comprende los siguientes títulos: La voz aislada (1939), El cristal nervioso (1941), Poemas de una pena (1942), Canto del recuento. Homenaje a Alfredo Arvelo Larriva (1949), Mandato del canto (1957) y Poemas perseverantes (1963). En 1987, bajo la curaduría de Carmen Mannarino, la Fundación para la Cultura del estado Barinas publicó su Obra poética y Prosa en dos tomos. Siempre recordaremos este par de versos, muy cercanos al mundo de nuestros afectos: “Toda la mañana ha hablado el viento / una lengua extraordinaria”, los cuales condensan una vocación por interiorizar el paisaje sin servirse de la retórica romántica o post, fuere española o francesa; el poema no se regodea en una apropiación exterio-

CÉSAR VEGAS (EL TIGRITO, ESTADO ANZOÁTEGUI, 1949)

“El paisaje interior” relaciona a Enriqueta Arvelo Larriva con una tradición de cultura nacional, no la recibida de Europa, que mira el entorno como expresión misma del hombre que lo vive (…) El paisaje vive en el protagonista, se desplaza con él, lo representa en su macrocosmos. Reynaldo Pérez Só: Seis décadas de poesía venezolana (1994).

rista del paisaje que lo describa y adjetive hasta el cansancio; por el contrario, constituye un abordaje interior que excede el imperio de la imagen visual que encandila: se lo escucha, se lo aspira a bocanadas, se lo palpa y a la vez nos atrapa en el silencio y la desnudez de la expresión poética. América no amerita de largos cantos, pues puede ser abarcada por los brazos del poema breve: “Son tuyos mis ojos, América, / porque repasan con ternura tus gentes / y tus veredas y tus cacharros, / y porque escarban noveleros en las carabelas que llegan”. El trasfondo religioso del poema “Qué me pasa”, nos conduce a una revisión de

la parábola de los tres talentos que –a su vez– tritura toda pía y positiva actitud ontológica ante la vida: “Me devuelves, tú, el dulce y rico, / lo que di contenta? / Fue alucinación y no he dado nada?”. Nos llama la atención cómo Enriqueta glosa poemas de Juana de Ibarborou en la diafanidad de la voz, ajena a la retórica decimonónica y al experimentalismo cosmopolita, que se solidariza en la pérdida y la soledad: “¿Que se murió la boca que te sembró de besos? / La siembra no es perdida en tu carne de América. / Si tu fuiste la tierra de un fuerte amor copioso, / continuará tu humus su cálida tarea”. Incluso sus poemas con Bolívar –esto

sugiere acompañamiento dialógico y no fetichismo de uso para politicastros y otras especies– se centran en la humanidad del personaje y del canto per sé: “Y podré perdonar a los que enredan tus caminos, / A los que no te buscan espontáneos, / a los que se conforman con tu bronce…”. Por supuesto, es muy sutil y personal su erotismo, diferente por cierto del tono confesional y directo de María Calcaño, que se desplaza en el paisaje interiorizado, o recrea el luminoso objeto del deseo: “Me agito curiosa / y a tu sombra, guarda elegante, arriésgame. A tal respecto, Pérez Só nos habla de “retorcimientos de culebras, frutas partidas, pulpas, en la quietud sombría de los ríos de galería o entre los rincones de cuartos antiguos de la soledad de El Llano”. Es notable la influencia que Enriqueta Arvelo Larriva ejerció en la poesía venezolana de los años setenta del siglo pasado: voces apreciadas por nosotros –algunas de ellas responsables del rescate de su obra poética–, tales como las de Luis Alberto Crespo, Reynaldo Pérez Só, Enrique Mujica y Luis Alberto Angulo, desarrollaron un discurso poético a contracorriente de la poesía de propaganda política o la afiliada a las vanguardias de los sesenta; el poema se despoja de artificios estilísticos y experimentos lingüísticos para trabajar la palabra en el silencio y la contemplación interior (lo cual implica la configuración de un paisaje interiorizado de gran valía y riqueza personal). Toda renovación poética es producto de una consideración crítica de la tradición e, incluso, la revolución de fondo y forma que acarrean las vanguardias. Revisando Testimonios, observamos que su trabajo ensayístico (en el formato del artículo breve) va a la par de su poesía: la prosa es precisa, limpia y atenta al tema de su consideración, sin que su afán crítico pierda lucidez y consistencia. Hay un tono humorístico amable, que disfruta el lector en una refrescante instancia rayana en la ternura. Este revelador volumen arranca con una entrevista imaginaria “concedida” por Enriqueta a Carmen Mannarino, quizá la enriquetóloga más conspicua de nuestro medio. El diálogo no es más que el complemento sensible y cariñoso a la rigurosa labor de la crítica literaria: “Yo era una visitante sonambulesca. Daba pasos dentro de una vivienda conocida a fuerza de indagaciones e intuición, aun cuando


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franqueada la primera vez”. El material hemerográfico se clasifica en Temas Literarios, Preocupación Nacional, La Provincia y la familia; y las Cartas son nueve, la mayoría dirigidas al escritor Julián Padrón. Enriqueta nos refiere de manera inmediata sus lecturas: desde su descubrimiento de un muy joven Oswaldo Trejo, cuya lozana y lúdica travesura alteró su apolínea paz lectora; su visión paradójica de Ramos Sucre, a quien considera “natural como un arroyuelo en paz”, justificando su discurso abigarrado en la coherencia y la cohesión que evade la sobrecarga y los excesos del estilo; su orfandad generacional, tal como lo confiesa a Neptalí Noguera Mora respecto a la generación poética del 18, fruto de su modo de vida en soledad y no de un protagonismo extremista; su empatía con el poemario Las Naves del también cineasta Jesús Enrique Guédez, que le llevó a afirmar que podía ser el libro que no le fue dado escribir; hasta la gratísima impresión que le dejó Isaac Pardo al referirse a Juan de Castellanos, esto es la placentera conversación múltiple que es el ensayo a expensas de los odios y los amores que despiertan en nosotros una lengua común. En “En torno a un artículo de Otto D’Sola”, expresa su solidaridad con las mujeres poetas omitidas por un discurso machista y convencional: “Si se sigue observando eso de que no se mencione un solo nombre de mujer cuando de nuestros poetas se habla, ello será algo grave para sectores femeninos en fervoroso quehacer de poesía y un fiasco para aquellos escritores que han loado, también con fervor, la obra poética de mujeres venezolanas”. En este último sector nos hallamos nosotros, al punto de conformar el Grupo Literario Enriqueta Arvelo Larriva en tanto comunidad poética abierta para todos los que así lo deseen. Valgan, como colofón, estas palabras de Marisol Pradas: “Pero además de fusionar lo físico con lo intangible, ella se consagra a los elementos en su forma más pura para darle a esa simplicidad la fuerza necesaria para hacerlos sobrevivir, junto a ella, en esa vasta extensión de tierra que aguarda miles de posibilidades a sus ojos”. Sólo nos resta celebrar su cumpleaños al amparo de su escritura fiel a la transparencia, la sencillez y la austeridad que nos reconcilia con el paisaje configurado en la ausencia del bullicio.

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Historietas. Saúl Hernández. 2011

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Pero además de fusionar lo físico con lo intangible, ella se consagra a los elementos en su forma más pura para darle a esa simplicidad la fuerza necesaria para hacerlos sobrevivir Antología fragmentaria Fragmento de “Respuestas” Quiero saber, hombre lejano que me [llevaste por una ribera muy tuya para mí [desconocida, si en un paso de insomnio tus pájaros briosos y relucientes picaron en las moras zumosas de mi

[soledad. Si me sentiste allí, en la espesura de tu bosque sumido, como hoja soterrada, como liana sin anillo, como brisa curiosa castigada en cárcel vaporosa y oscura. Si me aspiraste en el último humo de la [tarde o si pasé despertándote por tu más raro [amanecer. Dime si le nací a tu sentir en nube de [promesa o en volcán impaciente y a punto, o sobre hierbas ya pardas. Dime si me tomaste como canción de [sueño o como lengua de fuego en extravío [dichoso, o si sólo amaste en mí una arena [apagada.

Toda la mañana ha hablado el viento Toda la mañana ha hablado el viento una lengua extraordinaria He ido hoy en el viento. Estremecí los árboles. Hice pliegues en el río. Alboroté la arena.

Entré por las más finas rendijas. Y soné largamente en los alambres Antes –¿recuerdas?– pasaba pálida por la orilla del viento. Y aplaudías.

Retiro de lo estrecho y delicioso Un oscuro impulso incendió mis bosques ¿Quién me dejó sobre las cenizas? Andaba el viento sin encuentros. Emergían ecos mudos no sembrados. Partieron el cielo pájaros sin nidos. El último polvo nubló la frontera. Inquieta y sumisa, me quedé en mi voz.

Destinos ¿Por qué me das esa fruta madura? ¿Por qué me ofreces tu cuchillo de plata? Ya no quiero cortar mi ración de pulpa [fragante. Ahora estoy ávida de los grandes [cargamentos, de los pesados, crujientes y resinosos [cargamentos. De los que se perfilan, y de los que bosquejamos en lo blanco. Pienso en los otros, en todos.


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LETRAS CCS / CIUDAD CCS / SÁBADO 10 DE SEPTIEMBRE DE 2011

Poesía del lector

Llega la noche Por Adal Hernández (Caracas, 1981) ¿No crees? ¿No crees como yo que los bancos de las plazas deben ser para los enamorados, no para el refugio de los condenados al frío de la noche? ¿No crees como yo que la música es para respirar más placenteramente, no para complacer los caprichos del mercado? ¿No crees como yo que el cielo es de los papagayos que vuelan esperanzados, no para el fósforo blanco que cae sobre Palestina? ¿No crees como yo que los bosques deben ser el hogar de los animales y el verde naturaleza, no de los asesinos de árboles ni del verde militar? ¿No crees como yo que el mar es para los peces y las sirenas, no para nadar empegostados en los derrames del progreso? ¿No crees como yo que la palabra es para arrojarla contra los enemigos del cariño, no para endulzar el amargo sabor del odio? ¿No crees como yo que la democracia es para que el pueblo forje su plena felicidad, no para que sufra en nombre de la libertad? ¿No crees como yo que el amor es para que nos fundamos entre abrazos y besos, no para que los 14 de febrero el comercio sonría de nuevo? ¿No crees como yo que el silencio debe ser de los apasionados que se recorren, no del terror de los bombardeos que arrasan los sueños? Dicen que las piedras lloran si las tratas con saña, que las flores mueren si no eres capaz de sonreírles, que yo sucumbiré pronto [si no llegas a tiempo…

Araguaney. José Domínguez. 2011

Llega la noche En las favelas del Brasil, después de que el sol se marche asustado de tanta miseria. Por los barrios de chavolas en Madrid, donde duermen los mostrencos de siempre a la partida de su ínfima lámpara natural. Incluso al pie de las montañas de Santa Mónica, en el fastuoso Beverly Hills, cuando se prenden las luces automáticamente; llega la noche

No te prometo la envidia de tus amigas por mi estirpe, ni el regocijo de tu familia por mi comportamiento intachable, pero puedes recostarte en mi hombro. Soy quien mira como peina el viento tus cabellos, quien escucha el concierto de los turpiales en tu ventana. Si decides cruzar este tumultuoso río en esta pequeña balsa, todo mi cuerpo será tu cobija, toda mi alma la luz de nuestro túnel.

Río

Sin chaleco antibalas

Tómame de la mano decididamente, no prometo alquilarte una estrella ni bajarte la luna con un cordón de algodón, pero puedes apretarme cuando tengas miedo.

Quizás no te abra las puertas de los carros, ni cubra un charco con mi chaqueta para que pases.

No te garantizo hijos glamorosos ni noches prendidas en lujos, no habrán limosinas esperándote ni yates aupándote un bronceado.

No te buscaré en un corcel blanco, no tengo los ojos azules, ni sangre real, ni apellido alemán, no te hablaré con versos rebuscados. No te citaré a poetas franceses,

Directora Mercedes Chacín Coordinadora Odry Farnetano Adjunta Rocío Sarabia. Letras CCS es un suplemento de fin de semana de Ciudad CCS, forma parte integral del diario y se distribuye de forma gratuita | Redacción 0212-8607149 correo-e: letras.ciudadccs@gmail.com

ni te hablaré de porcentajes de la bolsa, ni cumpliré las normas de cortesía, ni el jodido Manual de Carreño. Lo más probable es que nunca te invite a La Torre Eiffel, ni a conocer los Campos Elísios, ni a ver la semi-sonrisa de la Mona Lisa en el Louvre, ni al Puente de Carlos, ni a los Toros en Sevilla, ni a ver Madame Butterfly en La Scala de Milán, ni a comer en El Celler de Can Roca, ni al Coliseo Romano, ni a un amanecer en Venecia. Mi cuerpo y mi alma están sobre la mesa, mis besos servidos en una bandeja, mis brazos abiertos buscándote, mi boca diciendo tu nombre, mi corazón al aire libre, [sin chaleco antibalas...

Habitante de la parroquia San Juan, Quinta Crespo. Municipio Libertador

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