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2. Ventana de las nuevas voces literarias, por Juan Medina y Carmen Rodríguez 4. Breve informe sobre Flor, fragmento de novela de Daniel Linares SÁBADO 7 DE AGOSTO DE 2010 / CIUDAD CCS / AÑO 1 N° 12

Por Juan Antonio Calzadilla Arreaza (Caracas 1959) Ya en aquellos años de su ejercicio docente y de sus proyectos escamoteados por los “defensores de las viejas costumbres”, Simón Poeta, narrador, Rodríguez constataba ensayista, la inutilidad del profesor de escritura creativa parloteo sobre los beneficios de la y filósofo. lectura como método para la promoción lectora. Insistir en lo bueno que sería leer desestimula más bien la actividad de la lectura, así como la caligrafía lancasteriana, con sus espigas y bucles, desestimula, a criterio del maestro caraqueño, la escritura.

Simón Rodríguez y la lectura de las ideas

No se trata de la Importancia de la Palabra porque no hay quien no la conozca La Importancia de su PINTURA la conocen pocos bien muchos ... ni piensan en ella. Simón Rodríguez elabora así su filosofía de la lectura en torno al tema y a la práctica de una “pintura de las palabras” que él ejerció sin descanso en su sistema de la “logografía”. La lectura, es decir, el desciframiento de la escritura, es un tema insistente en la obra de Simón Rodríguez, que lo preocupa no sólo como pedagogo sino como escritor y filósofo. La lectura es el acto de la resurrección del sentido, que se conserva en la palabra escrita, o, como él quería, en la palabra “pintada”. La finalidad de leer es leer con sentido. Ello implica al mismo tiempo entender y hacer entender, es decir, comunicar (y, por ende, socializar). El maestro ligará así indisolublemente, en una fusión de Saber y Hacer, de teoría y práctica —hasta el punto de tratarlas casi indistintamente en sus textos—, la lectura óptica individual y la lectura oral colectiva, tal como funde también la lectura y la escritura en una sola pintura de las palabras. Esta fusión sirve de eje a su proyecto de pedagogía política, cuyo fin mayor es la construcción de la República. “Leer es dar sentido a los conceptos”, “leer es resucitar ideas”. Para Simón Rodríguez, en efecto, leer es activar ideas con ideas, sentimientos con sentimientos. Así como “las Ideas vienen de las Cosas”, la escritura viene de las ideas, y también la lectura. La lectura escolar tendrá por finalidad a ultranza adquirir una lectura política de la sociedad y sus instituciones, reglas y costumbres, que convierta al sujeto en ciudadano activo, en sujeto

acción”. El interés de la lectura escolar es que conduce a la lectura política. La vida y la libertad republicana es una continua lectura racional de lo real (reconocimiento de los principios; análisis y cálculo de las razones y consecuencias), una acción constante del pensamiento entre el orden infinito de la necesidad natural y el “infinito moral”, el universo social, en que le toca al sujeto subsistir necesariamente. Es IMPOSIBLE que haya quien niegue que la Ignorancia de los Principios Sociales, es casi general, quien no conozca que es un obstáculo a las providencias del Gobierno sea cual fuere su forma ni quien no convenga en que, para hacer efectivas Instituciones de un interés general. ILUSTRACIÓN CÉSAR VEGAS

pensador y racional, es decir, libre y republicano. “¿Qué leerá el que no tiene ideas?”. Es la pregunta acuciosa de Robinson. Y se hace otras preguntas: dado un determinado libro, “¿en cuántas manos caerá que se dignen abrirlo?”, “emprendida la lectura ¿cuántos la acabarán?”, “¿cuántos entenderán bien lo que hayan leído?”; sus contenidos, “¿cuántos partidarios habrán ganado?”, “¿quién los pondrá en práctica?”. Por eso echar libros a granel en el océano social con la pretensión de que sean leídos puede ser una ingenuidad... confundir anteojos para leer con anteojos para saber

leer. Si no se analizan bien las necesidades y los intereses... O si no se saben promover las ideas y los sentimientos que puedan ser subrogados a tantas ideas difuntas que querrían ser resucitadas. Por eso Robinson grita:

Su conocimiento debe ser general Acostúmbrese, pues, al hombre que ha de vivir en... REPÚBLICA a buscar desde su infancia RAZONES Y PROPORCIONES en lo que puede medirse exactamente para que por ellas aprenda a descubrir

IDEAS! ... IDEAS! ... primero que LETRAS ¿Cuál es la finalidad del largo y complejo proceso de la lectura en una pedagogía política? ¿Mera adquisición de luces, o las luces no van sin las virtudes? Su fin es conducir al sujeto a la capacidad de una lectura política de la sociedad. “No hay Interés, donde no se entrevé el fin de la

RAZONES Y CONSECUENCIAS en las providencias y en los procedimientos del Gobierno para que sepa aproximarse al infinito moral: para que sus probabilidades no sean gratuitas ni sus opiniones infundadas.


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LETRAS CCS / CIUDAD CCS / SÁBADO 7 DE AGOSTO DE 2010

Ventana de las nuevas voces literarias La Plaza de los Museos de Bellas Artes se vistió de fiesta desde el jueves 29 de julio con la Feria del Libro de Caracas y el Encuentro Nacional de Narradores, evento organizado por la Alcaldía de Caracas, como parte de la celebración de los 443 años de fundación de la ciudad capital, que da cuenta del esfuerzo del Gobierno Bolivariano de Venezuela por construir un país de lectores y lectoras. La Feria del Libro de Caracas, hija de la Feria Internacional del Libro de Venezuela, ha recibido a miles de visitantes y convirtió a la Plaza de los Museos de Bellas Artes en un sitio de encuentro en los espacios públicos recuperados, de resemantización, donde los afectos, la identidad y la relación de los ciudadanos se da de manera feliz. En esta feria, poetas, narradores, lectores, músicos y visitantes han disfrutado de la palabra y la creación. Con alegría recibieron el anuncio de veredicto y premiación del Concurso Nacional de Literatura Stefania Mosca en las categorías Poesía, Narrativa, Ensayo y Crónica, correspondientes a Carmen Rodríguez, Juan Medina, Luz Marina Cruz y Edgardo Malaspina, respectivamente. Letras CCS se convierte en ventana de este galardón y reúne una muestra del poemario La pasión disimulada, de Carmen Rodríguez y un relato de La visita del Ángel, de Juan Rafael Medina:

La botija Por Juan Medina

(Barcelona. 1947) Premio Stefania Mosca 2010. Narrativa Al cruzar la alambrada de la India, Nina sintió que una púa rasgó su vestido y su piel, una punzada en el bajo vientre la tumbó sobre los cadillos de perro y las escobillas. Así había caído su madre bajo las espuelas de su padre,cuando éste se lanzó sobre ella desde el caballo y la hincó en la virginidad de la carne. Nina sintió agudizarse el dolor, se revolcó en el suelo, intentó pararse y se cayó nuevamente. Gaspaleó, se levantó, se arrastró y alcanzó a llegar hasta su cobertizo de troja y paredes de barro, envaradas pero aún sin empañetar. En el vértigo, giró y giró frente al conuco, justo en el momento en que su madrina

Evanescencias. Óleo sobre tela. 1m x 80 cm. Autor desconocido.

decía:¡vengan,vengan,vengan a comer,ya está listo el paloapique! Y cuando los peones venían en grupo, la paila se vino al suelo y los frijoles rodaron y saltaron sobre el piso de la cocina. En ese instante tomó la decisión de huir del castigo de su madrina y emprendió una carrera hacia el camino real. Las manos de la comadrona nadaron contra la corriente de su sangre que ardía en un fogón. En el patio de su cobertizo, en dirección de la alambrada de la India, bajo una ceiba de viejas tetas en su corteza, siendo ya tardecita, Nina vio una mujer muy alta, con un turbante en la cabeza,que se ocupaba de barrer, en medio de un círculo de brasas. Quiso llamar a Toño, pero la mujer desapareció con el círculo de brasas. Días después, a medianoche, la Luna estaba clarita, Nina miró a la misma mujer. Esta vez arrastraba sus pasos bajo la blanca seda de su larga saya,y se dirigía hacia las tres cruces de madera de El Calvario, a la entrada del pueblo. Toño

también se topó con esa misma mujer, frente a los tambores de agua, una noche que regresaba rascado, luego de montarse en los asientos de columpio de la gran rueda luminosa del itinerante parque de atracciones mecánicas, la cual giraba en sube y baja con canciones rancheras. Otra noche, Toño bajó a orinar, descendió por el palo que servía de escalera entre el piso y la troja. Debajo del dintel de la puerta se distraía regando la tierra con sus orines cuando pasó la misma mujer, con un vestido blanco y sombrero de fieltro claro, frunció el entrecejo y mostró desagrado, ujú, dijo en tono grave y siguió hacia el fondo del patio. Nina, Nina, ven acá. Nina, mira ¿no ves esa mujer? ¿adónde? allá, allá, ¿no la ves? yo no veo nada. Nina comenzó a verla en sueños: la mujer la ahorcaba y ella despertaba sobresaltada y aterrorizada. Una madrugada se desveló y miró en el rincón una inmensa iguana de ojos rojizos, sangrientos e infernales. Quiso ponerse en pie y abandonar el

chinchorro, el animal se le encimó y la persiguió mientras corría hacia la puerta. El animal también salió por la puerta y cogió hacia otro lado. Nina corrió hacia la casa del compadre Juan Figueredo, quien se encontraba bañando en agua caliente a un cochino, ya apuñalado, para rasparlo, depilarlo y desollarlo. Juan Figueredo abrió el vientre a una enorme iguana y Nina hundió el rostro entre sus manos, mientras se arrodillaba y se curvaba contra la tierra. Puja, puja, que ya sale. Nina dio un grito que le salió del alma y le partió el costillar iluminado. El sueño de Nina se estremeció cuando sintió un templón en las cabuyeras del chinchorro , se abrió una capotera de tintineantes monedas, en chorro sobre el piso y una voz desconocida y cavernosa le dijo, estos reales son para ti. Pero esa noche no se atrevió a responder afirmativamente y a sacar de pena al ánima. A partir de entonces se creyó con suficientes evidencias de una botija oculta en algún


SÁBADO 7 DE AGOSTO DE 2010 / CIUDAD CCS / LETRAS CCS

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La pasión disimulada Por Carmen Rodríguez

(Maturín. 1974) Premio Stefania Mosca 2010. Poesía de los arroyos ¡Cae! ¡Ahógame! Confúndelos con tu presencia ¡Cae! Que después de ti Nadie sabrá el porqué te llamé.

recodo de la casa y sus alrededores. Hacia los lados de la casa vecina, abandonada por su último inquilino, se oían ruidos extraños de una cadena arrastrada por el suelo. Por sus cuentas pendientes o por el insomnio provocado por tales ruidos, el último inquilino, un panadero, huyó de madrugada, sigilosamente, con toda su familia en una camioneta. Abandonó en un cuarto las últimas cuentas de pan sobre las bandejas, para saldar algunas deudas con sus acreedores. Cada uno con una vela en la mano, Nina y Toño se infiltraron en la casa abandonada y volvieron una criba todos los cuartos, sin dejar descansar la chícora y la pala toda la noche. Sus ojos buscaban indicios del brillo de las morocotas en el camino lunar sobre el solar. En una esquina del cercado, hoyaron entre las raíces de un pericoco. Cavaban y cavaban y sólo encontraban

*** Hoy me untaste mermelada en el corazón Y la tarde se me tornó feliz Pero al llegar a casa Las hormigas me atacaron Y me arrancaron tu voz *** El silencio te trae y me acobijas Cierro los ojos y sigo viéndote Esta confusión mental se me torna perpetua Una condena que me hace desear la muerte Te grito Te echo fuera Te lanzo el libro que me impides leer Y al rato vuelves Entras sin permiso, sin tocar puertas Sólo para que sepa que estás Y retorne mi tormento

El animal también salió por la puerta y cogió hacia otro lado. Nina corrió hacia la casa del compadre Juan Figueredo pepitas de pericoco, anaranjadas y afrijoladas, y pedazos de vidrio. El sol, que ya se levantaba, y María Gamboa que podía descubrirlos, si se le ocurría acercarse a echarle maíz a las gallinas, entre los tamarindos,y el desaliento de una jornada nocturna con chícora y pico y pala sin resultado alguno, los persuadieron de la inutilidad de su persecución del brillo de las morocotas bajo tierra. Mejor era conseguirse un rastreador de monedas. De todas maneras la fortuna no avisa. Como le ocurrió a José Ramón Figueredo después que peleó en la Panchita contra la gente de Arévalo Cedeño y tuvo compasión de un guerrillero que se le arrodilló y le imploró por su vida. José Ramón Figueredo detuvo el machete en el aire de su altura, lo bajó e hizo preso a su adversario rendido. Entró con su preso amarrado por la calle principal, arreándolo como a un toro. Después volvió al chinchorro, en el fondo de su bodega. Un día mecía a uno de sus hijos recién nacidos, en una de esas sintió que su pie chocaba contra un objeto duro, hundido

Presencia de soledad. Pérez Casanova. 1978. Óleo sobre tela. en el piso de tierra apisonada. Dejó el muchacho acostado en el chinchorro, se buscó un cuchillo de cacería y descubrió la boca de una botija con la que se hizo rico. Hay quien dice que no fue él mismo quien se encontró la botija, sino el indio Abelardo, mientras cortaba con un hacha un quebracho, para hacer leña, de Mapurite hacia adentro. Después entregó los reales, sin monto definido, porque no sabía contar, a José Ramón Figueredo, con quien tenía parentesco, y a cuenta de su abastecimiento de alpargatas, papelón, velas, sal y ron en la bodega. Alfonso Malavé tampoco se encontró su primera botija. El negrito Puerta trabajaba por un jornal y un plato de frijoles,desmontando el conuco de Alfonso. Con la punta del machete rompió la boca de la botija, llamó a Alfonzo y éste dijo que era suya, porque se hallaba en su posesión. Con esos reales compró una casa en una

esquina de la calle Libertad. Se dedicó a repararla para montar una bodega. Un albañil encontró una múcura empotrada en la pared, Alfonso se dio cuenta y nuevamente alegó los derechos de su propiedad para ponerse en los reales embotijados. Le canceló el jornal , le regaló una bolsa de café, un paquete de espaguetis y unos centavos al albañil y se quedó con la múcura. Hervía la paila de café en el fogón de barro y afuera las vecinas descalzas esperaban. La quebrada se desbordó, la corriente tumbó un árbol y lo arrastró. Un chorro de morocotas rojas cayó al suelo y Nina oyó un llanto de trasmundo cuando la comadrona levantó entre sus brazos al niño, ungido por el brillo del oro sobre sus sienes. Una mujer, bañada en sudor, se asomó a la puerta del cobertizo, ya pueden pasar, dijo, y entré con el tropel de mujeres descalzas.

*** Yo quiero leerte siempre De corrido, sin parar, Como si fueras un libro eterno Como mi lectura preferida y recurrente Yo quiero leerte SIEMPREPero sales en fascículos quincenales, Bajan el tiraje, Retrasan tu entrega Te regresan al depósito Te cancelan... Te cambian de nombre y también de editor… Y yo que anhelo tu llegada siempre recibo excusas: Falta tinta para imprimirte, Falta papel para darte cuerpo... Y yo... Que quiero leerte SIEMPRE, te recibo de a poco Ojalá que cuando salgas en Edición Especial Aunque ya no tenga vista y sólo pueda ojearte por fuera Tú sientas que te estoy leyendo... Tengo un plan a largo plazo en el que me tomas como cuenco y me llenas las noches] En el que unos días soy niña y otros privadamente tu prostituta… Mi plan implica sumisión Implica olvido ¡Ven! ¡Es urgente! ¡Lléname la boca!


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LETRAS CCS / CIUDAD CCS / SÁBADO 7 DE AGOSTO DE 2010

Fragmento de novela

Breve informe sobre Flor Por Daniel Linares

Poema del lector

(Valera. 1980)

Para Jorge en su memoria

Comunicador social, ganador del Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores.

Fue cuando vi a Diego García de Paredes surgir de la niebla como el jaguar, el cóndor y mi padre. Pero el conquistador se hallaba herido de muerte, de sufrimiento. Y se hizo la noche más negra, y el rugido de la brisa se transformó en el bisbiseo de una gran serpiente, atemorizándonos con su oler de hacha insinuando el hachazo, pero sin hundirse en ningún olor. La mapanare no ha muerto. Sus punzadas venenosas aún aterran a quienes le respetan como una madre que es común a todos. Pero ésa, la gran mapanare que vi aquella noche, era tan colosal y mágica que hasta la bruma comenzó a disiparse a su paso, despejando el aire y mostrándonos la nítida y no por esto espantosa imagen de una mortandad borrada de nuestras memorias durante más de quinientos años. Detrás del maese Diego García, observé con terror la tierra cubierta del cuica muerto. Y con profundo dolor no vi cuerpo alguno agonizante, ni un quejido ni un grito, sólo sus vidas echadas en los pastizales después de una dantesca carnicería. Caídos de arcabuces, molidos por el estruendo de la pólvora, o a cuchilladas, el pueblo cuica ensangrentaba la tierra y ésta, en parte mutilada, lloró de pena en la suave llovizna que comenzó a empantanar hasta el silencio de las piedras. Porque ese llanto no era sino la certeza de que los campos ni la espiga jamás serían acariciados con el mismo respeto y mística del hombre cuica, sino con la burda y displicente mano del opresor, arrebatadora de crepúsculos y lunas, de manantiales y semillas, reunidos en la mirada de un pueblo que había surgido de la tierra para amarla y vivirla, hasta morir en su defensa. Yo vi a todos los jefes de diez plumas con la soga del español en las gargantas. Y al paují lo vi volar sobre ellos, buscando los últimos penachos erguidos después de la batalla. Pero nada se movía, ni los débiles cogollos de los árboles más altos, ni las estrías de las hojas más bajas. Y más allá, a centenares de pasos, observé sus

Por José Juan Requena

Rengifo obra 1. Cesar Rengifo. Òleo sobre tela canales de riego, sus tobaleyes, desprender un vapor fétido que parecía marchitar el mismo aire. Chozas, caneyes y trojes, y silos, chorotes y trípodes, vi despedazados al margen de sus cuerpos. El murciélago en los pechos, urnas de barro, e inmensa cantidad de ídolos triturados rodeaban el espíritu caído de los sacerdotes. Y postrados ante ellos sentí al reupa sol y a la chaseung luna, al gran espíritu kachuta narambeuch, padre de todos los dioses, y a la rana cantora, y al mismo keuka, el dios malo, vencidos por el hombre blanco, por su barbarie en forma de cruz. Pero así como sufrían mis ojos al ver todo aquello, el conquistador trémulo, Diego García de Paredes, con una aflicción no vista por mí en semblanza alguna, sufría también por la imagen del caballo, el mío, dándome cuenta de que tal señor llevaba siglos sin ver un animal semejante. Porque el caballo, traído de otras tierras para imponerse ante el cuica, era su gran orgullo; más allá de las espadas forjadas en la España de Felipe II, o el crucifijo de oro ornamentado que ceñía con fuerza entre sus manos temblorosas. Tal como mi padre el conquistador se acercó a la bestia y le acarició. Y entre tanta desdicha, vi de sus labios una luz de sonrisa, hasta que el pánico la desdibujó, echándose hacia atrás en cortos pasos. Yo no supe si odiar o sentir lástima

Letras CCS es un suplemento de fin de semana de Ciudad CCS, forma parte integral del diario y se distribuye de forma gratuita

por aquel hombre. Porque algo de mí se hallaba en su crimen y algo de mis carnes también sentían su puñal hundido. Porque de alguna manera se urdía nuestra historia: él como mi causa, y yo como su más deforme y aún incierto resultado. ¡Mátalo, Facundo!, me gritaban las voces. “No puedo. Tengo muchos años hablando sus palabras”. Entonces me dijo, el conquistador: —Llévame. Déjame cabalgar… Y tampoco pude, porque en aquel instante quise como nunca dejar de cabalgar con mi peor ancestro. Sé que no fue sólo de espada, pólvora y caballo por los que los cuicas cayeron. Antes de regresar la niebla, en la extensión de aquellas tierras una mínima parte de ese pueblo había muerto en la guerra. Pero el resto menguaría, lentamente, por las pestes que trajeron los españoles. Y recordé a Marnola mientras el caballo comenzaba a marchar de nuevo, mientras la neblina volvía con la gran serpiente, y entonces, sólo cuando regresaron las tinieblas escuché el grito desgarrado del conquistador, cada vez más ahogado de bruma, ahí donde todos los jaguares comenzaron a despedazar sus carnes y los cóndores sus ojos. Y fue sólo después viejo, y en pánico, cuando por primera vez conocí la justicia.

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La rosa encarnada que en este día pongo Sobre la tumba consagrada A las virtudes del guerrero heroico Como heroica fue tu vida De andante justiciero De eterno Quijote De esta vida Refleja la llama eterna Del recuerdo ardiente. Esa rosa solitaria En medio de la brisa Bajo el azul cielo de tu patria Represente tu recuerdo Que está vivo, vivo aún A lo largo del tiempo. Tiempos de locura y muerte Sacrificios inmortales Que llenaron de heroísmo Las páginas gloriosas De tu patria. Patria tan amada y tan querida Que en su sólo grito de combate Nos dejaste Jorge Tu ejemplo de bandera Patria amada Venezuela ¡Nunca olvides! Aquel glorioso grito de combate ¡El socialismo se conquista peleando!


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