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Número 01 2014

MANUEL VILARIÑO

CBGB

¡VIVA VERDI!

LAS ÚLTIMAS OBRAS DE OSCAR WILDE


DIRECTORIO

Leyendas De Actualidad

Dirección general: Ana Lázaro Director Editorial: Ana Lázaro Dirección de Arte: Ana Lázaro Los artículos fueron tomados de varias

CBGB

fuentes. Pertenecen a los siguientes autores: Mariela Ortiz G. G Jolly Federico Zertuche e Isaac Santana, Imágenes Manuel Vilariño Junio 2014 ISSN: 0000-0001

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Por Mariela Ortiz

¿Qué es un gourmandizer? Se refiere a un comedor devoto y compulsivo, y en el caso de CBGB, un consumidor voraz de música.

Las siglas CBGB & OMFUG significan Country, BlueGrass, and Blues and Other Music For Uplifting Gourmandizers, y aluden a un legendario club de la ciudad de Nueva York, el cual había sido pensado como un espacio para albergar los géneros musicales que lleva su nombre. Al final, terminó siendo la guarida de grandes músicos y bandas que marcarían la historia del punk, el New Wave y hasta el Hardcore, tales como The Ramones, Patti Smith, The Misfits, The Cramps, Blondie, Talking Heads, Agnostic Front y Murphy´s Law, entre otros.

1975 fue una temporada de valiosos descubrimientos musicales, de búsqueda de contratos con las disqueras comerciales y simplemente de diversión entre las bandas que ya formaban una especie de familia.

CBGB —ubicado en el número 315 de la Bleecker Street en el barrio del Bowery, Manhattan— abrió sus puertas en diciembre de 1973 y el dueño era Hilly Kristal, un músico neoyorkino que había sido cantante, manager de un club de jazz y cofundador del Central Park Music Festival.

El Bowery era un barrio bajo, frecuentado por indigentes, así que nadie se quejaba de los conciertos ni del ruido de varias noches por semana. La renta del local siempre fue accesible, hasta que un buen día, el dueño la duplicó, siendo imposible de pagar para Kristal. CBGB cerró en octubre de 2006 y la última presentación fue la de Patti Smith y su banda.

A Kristal no le apasionaba el punk, sino géneros como el country, folk o blues, pero su idea era apoyar a los músicos nuevos que hacían cosas distintas y originales en la escena, aunque no tuvieran gran preparación o técnica.

El club, además de contar con un espacio para los conciertos, tenía la CBGB Record Canteen, que era tienda de discos y café. Años más tarde, la cafetería sería reemplazada por otro pequeño lugar para exposiciones de arte y para presentaciones de otros géneros como folk, jazz o música experimental: CB’s 313 Gallery .

Hilly murió el 28 de agosto de 2007, a los 75 años, por complicaciones de un cáncer de pulmón. Dejo un legado para la música, gracias a que creyó en bandas nuevas que ni siquiera tocaban lo que a él le gustaba.

De arriba a abajo: The Ramones, GODLIS, 1976, Talking Heads Richard Corman, 1985, Blondie y Patti Smith, GODLIS,1977.

En 2010 se lanzó CBGB Radio dentro de la página iHeartRadio, y en 2012 y 2013 se organizaron ediciones del CBGB Festival en la ciudad de Nueva York. En 2013, salió la película CBGB del director Randall Miller.

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Trayectorias De Antaño

¡VIVA VERDI! Por G.G. Jolly

Giuseppe Verdi fue, junto con Wagner, uno de los grandes pilares de la ópera. A 200 años de su nacimiento, rendimos homenaje a su vida y obra. El 10 de octubre de 1813 nació Joseph Fortunun François –según el registro civil francés-, hijo del tabernero Carlo Verdi y la hilandera Luigia Uttini, en el pueblecito parmesano de Le Rencole- Hoy renombrado como Roncole Verdi-. Días después Napoleón fue vencido en la colosal batalla de Leipzig – no muy lejos de donde lactaba el pequeño Richard Wagner-, con lo que terminó la ocupación francesa y empezó la austriaca. El niño Giuseppe hizo sus pininos musicales en una spinetta desvencijada y a los 10 años tomó el puesto de organista en la cercana población Busseto, donde también fue al colegio de los jesuitas y tomó clases de música con Ferdinando Privesi, director de la sociedad filarmónica, ahí el flautista Antonio Varezzi adoptó y patrocinó al joven Verdi. Éste después empezó a dar lecciones de piano a

Margherita, la hija de sus mecenas, de quien se enamoró. A los 18 años, subvencionado por Varezzi, aplicó al conservatorio de Milán, donde fue rechazado; entonces tuvo que estudiar con maestros particulares y aprender como autodidacta, tocando en ansambles y asistiendo con frecuencia a la ópera.

Giovanni Boldini, Retrato de Giuseppe Verdi, 1886

Pudo volver a Busseto como maestro de capilla y casarse con Margherita, quien le dio una niña y un varón. Para triunfar como compositor tuvo que arriesgarse y viajar a Milán en 1839. Bien recomendado y con una serie de canciones exitosas bajo el brazo, le fue encargada su primera ópera para el Teatro alla Scala, Oberto, que fue un éxito inmediato no sólo en taquilla y por el generoso pago de derechos, sino porque logró distanciarse del resto de los compositores y hallar una voz propia que anunciaba ya su promisoria grandeza.

Después de la muerte de su esposa e hijos –ocurridas en poco menos de dos años y por causas desconocidas- Verdi, en lugar de arredrarse, acometió el drama de inspiración bíblica que lo catapultaría a la fama: Nabucco (1842), con su magnífica obertura e inmortales coros- incluyendo, por supuesto, el emblemático coro de los esclavos hebreos, «Va, pensiero», que dio voz al nacionalismo italiano-, así como el conmovedor papel del barítono- voz que reinventaría el compositor- y el potente de la soprano, cantado por Giuseppina Strepponi, la futura dueña de su corazón. Para su siguiente ópera, se atrevió a pedir el mismo dinero que

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AÑOS «DE GALERA»


Bellini por Norma, y se lo pagaron. Así, Verdi pudo superar los convencionalismos y remontar la censura para apuntarse otro éxito rotundo, Ernani (1844). En los siguientes años, a los que Verdi llamó «de galera», compuso sin cesar, acrecentando su fama y fortuna, al grado que pudo por fin, exigir un profesionalismo sin precedentes a las compañías de ópera, un respeto inaudito de la partitura a músicos y editores, trabajo conjunto y vis-à-vis (Cara a cara) con él a los traductores de sus óperas y, sobre todo, un esfuerzo supremo a sus libretistas.

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Para la que sin duda es la obra maestra de este periodo -y su favorita- Verdi eligió un literato poco conocido en la Italia decimonónica: William Shakespeare. Con Macbeth (1847) logró presentar una poderosísima tragedia como jamás se había visto, y montar una puesta fantástica a la altura de los románticos alemanes, algo inusual en su país. Luego de retirarse hacia terrenos estilísticos más tradicionales, reemprendió en París su camino mediante estricta dirección de escena y musical batuta en mano, al presentar Jerusalén (1847), la reelaboración del I lombardi en gran formato a la francesa, con obertura completa y ballet.

LA MADUREZ En sus siguientes proyectos Verdi apuntó sus cañones contra la hipocresía burguesa y la beatería pueblerina que despreciaban a Giuseppina- a la sazón, madre soltera de varios hijos y que se había mudado con él a Busseto- y alcanzó la plena madurez con la tríada de las que son, hasta hoy, las obras más populares de todo el repertorio operístico: la insuperable Rigoletto (1851), sobre la poco exitosa y censurada obra de Victor Hugo El rey se divierte, el collage de pirotecnia vocal que es Il trovatore –que marcó «el final del bel canto»-; y la conmovedora La traviata (1853), versión musical de La dama de las camelias de Alexandre Dumas hijo, Verdi se casó con la Strepponi y fue electo diputado del parlamento del recién creado Reino de Italia. Luego, desde San Petersburgo le llegó el encargo de una ópera: él pidió 60 mil francos oro total libertad artística. Se salió con la suya y produjo la compleja La forza del destino (1862). Entregó su partitura más espléndida en escala – cinco actos, coros, danzas ¡y un auto de fe!-, la de mayor duración -¡el doble de la Rigoletto!- y de superior penetración psicológica, Don Carlo, sobre el drama homónimo de Schiller, que estrenó en París, en 1867. Ese año Giuseppe también enterró a sus dos padres, Carlo Verdi y su incondicional padre adoptivo, «Papá» Varezzi, lo mismo que el padre de la ópera italiana moderna, Gioacchino Rossini, para quien sugirió escribir una misa de difuntos en colaboración con otros trece compositores. En 1870 batió un nuevo récord cuando la Ópera de El Cairo, inaugurada simultáneamente al Canal de Suez le pagó 150 mil francos oro- el triple de sus honorarios por Don Carlo- por la más espectacular de las grandes óperas, la epopeya egipcia Aida. Tras la muerte del máximo poeta italiano del siglo, Alessandro Manzoni, se abocó a componerle un monumental Réquiem (1874), en el que desplegó toda su sabiduría vital y coronó su genio creativo.

En 1848, con Europa patas arriba, la música de Verdi se convirtió en emblema de la naciente Italia, tanto como la bandera tricolor. Escena de Un Baile de Máscaras.

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Escritos De Antaño

LAS ÚLTIMAS OBRAS DE OSCAR WILDE Por Federico Zertuche Tras cumplir dos años de trabajos forzados en la cárcel de Reading- como secuela del escandaloso juicio que lo condenara por “conducta indecente” y homosexual-, y luego de perder a su familia, fortuna, fama y prestigio, un abatido Oscar Wilde partió al exilio de Francia, donde culminó dos de sus obras cumbre: La Balada de la cárcel de Reading , y la epístola In Carecere et Vinculis (De Profundis). Poco después en noviembre de 1900, murió a los 46 años, herido de olvido, abandono y amargura.

El Affaire que condujo a Wilde a la desgracia surgió de la relación homosexual y amorosa que sostenía con el joven aristócrata Lord Alfred Douglas. Inicialmente, Wilde demandó por difamación al marqués de Queensberry, , padre de Alfred-quien se oponía resueltamente a tal relación- porque había dejado en el club Albemarle una tarjeta con siete palabras y faltas de ortografía que decía: “For Oscar Wilde posing as sodomite [SIC]”, y podría traducirse así: “Para Oscar Wilde, que alardea de sodomita”. “No lucía su chaqueta escarlata, porque la sangre y el vino son rojos y había sangre y vino en sus manos cuando lo sorprendieron con la muerta, la pobre muerta a quien había amado, la mujer que había amado en su lecho. Caminaba entre dos penados en su mísero traje gris, gorro de cricket y su andar parecía ágil y alegre: pero jamás vi a un hombre que mirara tan ávidamente el día”. The Ballad of Reading Goal. No obstante, los abogados de Qeensberry lograron desvirtuar la acusación de Wilde y contrademandar apoyados en suficientes testigos que presentaron testimonio y aseveraron sobre la ‘sodomía’ de Wilde, por lo que, además de perder su causa, ésta se revirtió en virtud de la Labouchère Criminal Law Amendement, que consideraba a la homosexualidad un delito de «grave indecencia». Wilde fue condenado y, como consecuencia del escándalo, recayó sobre él el más absoluto ostracismo social. Al no pagar los costos del juicio, Wilde fue declarado en quiebra y el remate público de su casa se volvió un

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saqueo. Su esposa Constance, de quien vivía prácticamente separado, tuvo que huir con sus dos hijos, a los que luego les cambió el apellido. Sus obras fueron retiradas de los teatros, sus libros sacados de circulación, la prensa organizó una implacable campaña de odio, y una Inglaterra victoriana y puritana, que hasta poco antes lo mimaba y aplaudía, se lanzó ferozmente en su contra.

«Pero todos los hombres matan lo que aman, oíd, oídlo todos: algunos lo hacen con una mirada amarga; otros con una palabra lisonjera. ¡El cobarde lo hace con un beso, el valiente con una espada!». EL ENCIERRRO

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Sehamencionadoconseriedadyconocimiento de causa que durante las investigaciones y el juicio a Wilde, se reavivaron los prejuicios antihomosexuales en la sociedad inglesa, y que aparecieron en los debates los nombres del primer ministro Lord Rosebery, así como de otros destacados personajes a quienes se consideraba homosexuales encubiertos, y que en aras de mantener el prestigio victoriano, se decidió hacer escarmiento público con Wilde como chivo expiatorio. Quien había vivido esplendorosos años de éxito artístico, económico y social, que irradiaba un aura de glamour dondequiera que se presentaba, que tenía una especie de llama casi divina alimentada por excepcional intelecto e ingenio sensible, aquel caballero exagerada y afectadamente elegante, mimado por la sociedad, iba en decadencia: «la curva de su vida descendió brutalmente: sin transición paso del más alto y esplendoroso punto hasta el más bajo y oscuro, en una caída fulminante. La curva jamás volvería a ascender, habíase quebrado para siempre», como relata Julio Gómez de la Serna.

Oscar Wilde reclinado con su libro de poemas, Napoleon Saroni18882

Fue recluido en la anticuada y lúgubre cárcel de Reading, donde se convirtió en el recluso c3.3. Con esta cifra firmaría su vibrante y célebre Balada de la cárcel de Reading. Wilde escribió el poema en memoria de su compañero recluso C.T.W., quien fuera condenado a la horca, inicialmente se lo dedicó a su fiel y entrañable amigo Roberto Ross, pero su primer editor se empeñó en que dicha dedicatoria fuese suprimida, a lo que Wilde acabó accediendo de mala gana. Así decía: «Cuando salí de la cárcel, unos me esperaban con ropas y especias, otros con consejos, tú me esperaste con amor».

«Nuestra desdicha y lamentable amistad terminó para mí en la ruina y la infamia pública. Sin embargo, el recuerdo de nuestro antiguo afecto me acompaña a menudo, y me resultó muy triste la idea de que odio, amargura y desprecio deban ocupar para siempre el sitio que en mi corazón perteneció una vez al amor». De Profundis

De arriba a abajo: Oscar Wilde y Lord Alfred Douglas. El Proceso de Oscar Wilde (1895)


EPÍSTOLA Y BALADA Algunos críticos consideran De Profundis y la Balada de la cárcel de Reading como las obras maestras de Oscar Wilde y estiman que luego del abismo en que se precipitó, había nacido o surgido lo mejor de él. Quién sabe si realmente fue así, pero en ambas pueden sentirse una gran profundidad, densidad e intensidad poética y vital, así como el alejamiento de su anterior estilo esteticista, dado el aforismo ingenioso, para sumergirse en ese otro que propone, notorio, significativo y de efectos dramático francamente excepcionales. De la Epístola: In Carcere et Vinculis (De Profundis) hay que destacar los pasajes que dan perfecta cuenta de la relación amorosa destructiva y fatal entre Wilde y Alfred Douglas, conocido como «Bosie». Por su parte, la Balada de la cárcel de Reading es un extenso poema de más de 100 estrofas en las que podemos percibir una visión sombría y trágica de la vida y de la condición humana expresada en hermosos versos que Oscar Wilde recrea en su poema trata de un compañero de reclusión ejecutado por haber asesinado a su esposa. Fue publicada en 1898, dos años antes de su muerte y uno después de haber salido de la cárcel».

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LA LIBERTAD Después de dos años de encarcelamiento, Wilde fue liberado y vivió brevemente en un pueblecito de la costa inglesa, donde adoptó el seudónimo «Sebastian Melmoth»; luego residió en Francia, primero en Ruan y después en Nápoles, donde se encontró de nuevo con Alfredo Douglas, y finalmente se instaló en París en el modesto hotel d’Alsace, en la rue Beaux-Arts- donde murió el 30 de noviembre de 1900; sus últimas palabras fueron: «O se va ese papel tapiz o me voy yo». En 1903, el célebre director de teatro y de cine Max Reinhardt llevó a escena

Salomé, de Wilde, en el Kleinest Theatre de Berlín, y en 1905 Richard Strauss produjo y musicalizó la ópera con libreto basado en dicha obra. A partir de entonces, Oscar Wilde se volvió el autor de lengua inglesa más leído y traducido después de Shakespeare. En 1918, el reconocido autor y futuro Premio Nobel de Literatura, André Gide, escribiría una lúcida y apasionada defensa de Wilde contra un libro que había publicado Alfred Douglas. En Inglaterra y el resto del mundo se reivindicaron su nombre y obra, al contrario no ha hecho sino crecer.

Prtada de Salomé (1953)

Se convirtió en un símbolo emblemático en la lucha contra la intolerancia y a favor de su aceptación.


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MANUEL VILARIÑO EL CAMINANTE

Por Andrés Isaac Santana. Crítico y ensayista (España)

La obra de Manuel Vilariño dispensa el ensayo más acabado y soberbio sobre dos de las figuras centrales de la vida y la cultura contemporáneas: la nostalgia y la fuga. Y lo es por razones que exceden, con mucho, el ámbito de la representación para acreditar su fruición y permanencia en el orden de lo simbólico.

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Su obra es fina escultura, deambular meticuloso de la subjetividad que otea en el horizonte de lo inasible y que busca allí, en ese lugar de la ambigüedad que rige el relato de las predicciones más o menos estables, la poética de lo accidentado, el signo de la revelación, el discursar de la belleza y de la hermenéutica en una conjugación holística que convierte la obra en texto en hecho, en hallazgo refrendado frente a la idea de pérdida. Un viaje de rigor a sus premisas estéticas y discursivas, como el que propone la muestra Seda de Caballocomisariada de manera impecable y ejemplar por el crítico, ensayista y curador Fernando Castro Flórez en el Centro Cultural Tabacalera de Madrid- advierte de la singularidad de su lenguaje y del modo como éste, en diálogo con la poesía, fragua un alfabeto de simbologías y de metáforas inscritas en el tejido de la abstracción literaria por sobre la tiranía del modelo mimético de la imagen. Vilariño es un artífice de la invención, un árbitro de los impulsos seminales que engendran por su misma naturaleza- lo real de la poética. Esta obra no revela reproducción artesanal ni abdicación soñolienta ante el principio de realidad que está ahí fuera de la imagen y de sus señas. Por el contrario, gestiona la facultad inventiva y narrativa del hecho estético en un acto de reconciliación y de amor, de redención y de cierto trascendentalismo.


Cabezas 1981-1989

El relato dispensa audacia y mucha gracia en su trato con la espesura y autoridad del imaginario propuesto. Es así que su viaje, contrario al de este turista mediocre de la sociedad globalizada que fija su doctrina en el todo incluido, supone una intromisión en los estratos fosilizados de la memoria cultural y en los recodos de esa alteridad que habita en toda existencia ajena a mí, al dominio infinito y torpe de mis predicciones. Y no por ello la recuperación de ese otro, animal o humano, entraña dosis alguna de exotismo o de canibalismo ecuménico. Tal y como subraya Castro Flórez en el catálogo de la muestra “no es ese el desplazamiento de Vilariño, al contrario él evita toda superficialidad, comportándose como un chamán, escenificando de forma ritual lo que fotografía, reivindicando la experiencia del nómada, Vilariño encarna el deseo humano de hacer nuestro hogar en la naturaleza (…) Ahí, en pos de lo desconocido y sin embargo, cercanofamiliar, es hacia donde se encamina el fotógrafo gallego que se confronta con un núcleo de pureza, una espesura

en la que puede llegarse al éxtasis”. No es de extrañar entonces que Vilariño se defina a sí mismo como un “hermeneuta del silencio”, si partimos del hecho de que toda la obra no es sino un tratado de reverencia y de restitución- casi litúrgica- del aura de todas las cosas. El artista concede especial atención a la inmanencia de los detalles, a ese verbo que, escondid en la masa muscular de las materias raras y ajenas, hace aflorar su huella en la superficie corporal de una entidad tan abstracta como verificable. La obra queda traducida en un acto contemplativo, en un ejercicio feroz de introspección intelectual y de ardor sexual que conquista el erotismo de las voces en una cartografía asediada por el desgaste y la vulgaridad de la tropología sin mayor o calado. En su caso, “la aventura estética no tiene, en ningún sentido, carácter turístico, al contrario, ni hay una pulsión en pos del suvenir, sino una posición meditativa de orden poético o en otros términos, una experiencia del pensamiento en la que no necesita de carta ni cartografía, expuesta al evento en el sentido de la venida del otro, de lo radicalmente otro, vale decir que aquello que no es apreciable. La cámara-cabaña de Manuel Vilariño nos entrega un mundo, hace que veamos lo inanticipable: unas alegorías de finitud que desbordan todo literalismo (…) realiza una zoografía como retrato de lo vivo que está muerto, sedimenta paisajes atravesados por la niebla, una tierra que tiembla y está anunciando el surgimiento de lo inesperado, retoma el género de la naturaleza muerte para pensar la posibilidad esencial de lo visible, completa un trayecto de enorme intensidad que le lleva a conseguir la mirada de la cosa misma”.

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Revista cultural sobre el arte de tiempos presentes y pasados Ana Lázaro 271

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