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Memorias Ilustradas Varios autores Cuadernos Singulares


Agradecimientos: Ayuntamiento de Madrid GalerĂ­a de Arte Independiente Espacio Oculto Centro de Mayores de Usera CEIP RepĂşblica de Venezuela


“Si llevas tu infancia contigo, nunca envejecerás” Tom Stoppard


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MEMORIAS ILUSTRADAS

Historias de vida de nuestros mayores vistas a través de los ojos de los niños Madrid, 2019

“Nací en Madrid en 1938 en plena guerra civil. Mi nombre, Piluca, se lo debo a mi abuela que tuvo cinco nietas.“. Así comienza la historia de vida de Pilar, una de las vecinas usuarias del Centro de Mayores de Usera que participa en el proyecto intergeneracional “Memorias Ilustradas” que se ha venido desarrollando en este distrito desde el pasado mes de abril. “Hemos recopilado las memorias de diez mayores del distrito, usuarios del centro, a través de una serie de entrevistas y conversaciones con cada uno de los participantes”, explica Yolanda Hidalgo, coordinadora del proyecto. Una vez realizadas las transcripciones de las mismas se elaboró un relato de cada una de las historias, adaptadas a los diferentes niveles educativos.

Después, en el C.E.I.P. República de Venezuela, se contaron estas historias a la otra mitad que completaba el enfoque intergeneracional del proyecto, los niños; ellos realizaron un dibujo interpretando o resumiendo las historias que acababan de escuchar. Las dos generaciones se conocieron en la inauguración de la exposición y, para los niños, los mayores se convirtieron en héroes, personajes de una historia emocionante, la de su vida, de la que los pequeños no perdieron detalle: descubrieron cómo se vivía en su barrio hace muchos años, los juegos de antes, los sueños, cumplidos (o no) y, sobre todo, se estableció un vínculo muy especial que permanecerá para siempre en el recuerdo de todos los participantes.


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LA TAPICERA DE USERA

Memoria: Carmen Mazarrón Martín, Madrid 1937 Ilustración: Yasmil Morillo

Me llamo Carmen o Carmencita, como prefiráis. Nací en Madrid en el barrio de Lavapiés en 1937, justo después de que empezase la Guerra Civil en España. Cuando tenía dos añitos cambié de barrio y me fui de Lavapiés al barrio de Usera. Aunque la casa era pequeña tenía un patio muy grande y de niña solñia jugar con las gallinas que había sueltas por allí. Los domingos por la mañana iba con mi familia a un lugar que se llamaba “la china” que estaba cerca de donde está ahora el centro comercial nuevo de Usera. Allí cogíamos los trozos de carbón más grandes que había en la escombrera y los echábamos a un saco para llevárnoslo a casa para poder encender la estufa y calentar la casa.

Cuando ya era un poco más mayorcita estuve trabajando de tapicera haciendo alfombras para la familia real en un convento de monjas que había cerca de mi casa. Era un trabajo que había que hacer con mucho cuidado y de manera muy delicada porque esos tapices eran para adornar el Palacio Real. ¿Sabéis lo que dice Carmen de Usera? “El barrio de Usera, es uno de los mejores. ¡Me encanta mi barrio!”


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CHICOS Y CHICAS SOMOS IGUALES Memoria: Mª Pilar Fernández García, Madrid 1938 Ilustración: Safira Flórez

Nací en Madrid en 1938, en plena guerra civil. Mi nombre, Piluca, se lo debo a mi abuela que tuvo cinco nietas y todas se llamaban Pilar así que nos llamaba a cada una de forma diferente para distinguirnos: Pilarín, Piluchi, o Pili; a mi me tocó Piluca. Me gustaba mucho ir al colegio que era un colegio sólo de chicas, pero mi papá quiso que yo hiciera el bachillerato en un centro mixto y me cambió a un instituto de chicos y chicas. Lloré mucho, porque en aquella época ¡la única chica era yo!. Pero se me pasó a los pocos días y ahora estoy muy agradecida a mi papá que opinaba que las chicas y los chicos tenían que educarse de la misma manera. Fui de las primeras mujeres de mi entorno que llevé pantalones.

Me vine a vivir a Usera cuando me casé y mi matrimonio también fue muy feliz. Éramos el clásico matrimonio que nada más casarnos nos compramos un “Seiscientos” con el que íbamos al pueblo de mi marido a pasar los veranos. A los niños quiero decirles que lo más importante en la vida es la educación, el diálogo y el respeto. Y que hay que trabajar con ilusión para conseguir las cosas. Pero sobre todo, que cuando te acuestes por la noche pienses: “He hecho cosas buenas”. Eso es lo más importante.


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EL ILUSIONADO

Memoria: Ramón Galayo Rodríguez, Plasencia 1944 Ilustración: África Montoya

Me llamo Ramón. Nací en 1944 en Plasencia y, aunque hace muchos años que no la visito, la recuerdo con mucho cariño entre otras cosas por las ferias que se hacían. Teníamos una casa bastante grande, una casa de pueblo que era de mi abuela y en la que vivíamos diez personas: mis padres, y sus ocho hijos. A los siete años buscaba chatarra y recogía serrín en la fábrica donde trabajaba mi abuelo para que mi madre pudiera tener fuego para cocinar. A Madrid llegué con quince años, intenté hacer el Bachiller y al salir de trabajar iba a una academia hasta las diez de la noche. Luego ya en casa me ponía a hacer los deberes a la luz de un “carburo”, pues no había electricidad y utilizaba este aparato que funcionaba con gas para no estar a oscuras.

Con dieciocho años, alquilamos un piso donde hacíamos guateques, que era como se llamaba antes a las fiestas y nos juntábamos veinte o treinta personas. A diferencia de ahora, únicamente se salía los domingos: Esos momentos han podido ser de los más felices de mi vida. Mi matrimonio es muy feliz y ahora me entretengo escribiendo mis memorias, “El tren de la ilusión”, y jugando al ajedrez. En muchas ocasiones he querido preguntar a los niños: Si vosotros encontrárais una lámpara maravillosa, y de ella surgiera un genio que os concediera tres cosas, ¿qué deseos pediríais? Yo solo pediría una cosa: “Hazme feliz”.


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EL VIAJERO

Memoria: Fernando González, Ávila 1934 Ilustración: Emmanuel Acevedo

Yo nací menudo, como todos, pero el caso es que me quedé pequeñito de tamaño. Vine al mundo en 1934, en un pueblecito de Ávila tan diminuto que hace años tenía 130 vecinos y hoy está deshabitado. Empecé a trabajar muy joven. Cuando se terminaban las ocupaciones ya era de noche y al llegar a casa había que dar de comer a los animales (cerdos, vacas, gallinas) y después se cenaba muy pronto pues se madrugaba mucho para volver a atender a los animales e ir al trabajo de nuevo. Tiempo después, como quería aprender, fui a clases nocturnas y en el servicio militar aprendí algunas materias más. En la “mili” me llevaron a Madrid y para mí, que no me había movido nunca del pueblo, fue como ir al extranjero, a un mundo nuevo.

Después de terminar la mili volví al pueblo para seguir trabajando en el campo, me hice novio de la hermana de mi mejor amigo, nos casamos y llevamos más de sesenta años juntos; hemos tenido cuatro hijos. En la actualidad creo que se ha perdido un poco el respeto a las personas mayores. El profesor enseña a leer y escribir, pero los padres tienen que educar, tienen que hablar con el profesor para saber cómo va su hijo. Por eso mi mensaje para los niños de hoy en día es que hay que tener respeto a los mayores y los padres tienen que enseñar ése respeto a sus hijos.


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EL ARTISTA DE USERA

Memoria: José Toral Cañadilla, Madrid 1941 Ilustración: Rocío Ricáldez

Me llamo José. Nací hace 77 años en la Plaza Mayor de Madrid, en un quinto piso, una buhardilla en la que vivía con mis padres, mi abuela y mis cinco hermanos. Cuando era pequeño la Plaza Mayor era muy diferente a como la conocemos ahora: había un pilón con una fuente y dos caños por los que salía el agua y no había turistas. En la plaza jugábamos al escondite, a las chapas, a las tabas y, como no teníamos dinero, cuando queríamos jugar con una pelota la teníamos que hacer nosotros mismos de papel. ¿Sabéis que yo ayudé a nacer a mi hermana pequeña? Nació en la buhardilla y yo tuve que calentar el agua que utilizaron. Con catorce años me fui a trabajar de electricista con mi padre: me llamaban Pepín.

Con diecisiete años me eché novia, una chica que venía de un pueblo de Ávila y se vino a vivir a mi mismo edificio en la Plaza Mayor y allí, en las escaleras, nos enamoramos. Después de la boda nos vinimos a vivir a Usera y tuvimos dos hijos. Cuando vinimos a Usera el barrio parecía un pueblecito, salíamos a la puerta, sacábamos mesas y sillas, comíamos churros y bebíamos limonada. He sido tan feliz con mi mujer que nos hemos casado dos veces. A los sesenta y cinco años, cuando me jubilé, pude cumplir mi sueño: ser artista. Me gusta mucho pintar retratos de mis nietos, también pinto paisajes y calles de pueblos.


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LA GATITA CAMIONERA

Memoria: Rosa Bonet Rey, Madrid 1936 Ilustración: Jiaying Li

Nací en Madrid en 1936. Tradicionalmente a los habitantes de la capital se nos conocía con el nombre de gatos y gatas, pero yo era más bien una “minina”, pues mi madre era gallega. Mi papá era camionero. Fui a la escuela en Madrid y en mi otra tierra, Galicia, donde viví con mis tías, conseguí obtener el título de Profesora de Corte y Confección. De jovencita me gustaba mucho ir al cine con mis amigas. Veíamos películas de actores de la época, Cantinflas, Paco Martínez Soria, y una de mis películas favoritas es “Lo que el viento se llevó”. Tuve mi primer novio a los catorce años, nos casamos y hoy, seis décadas después, continuamos juntos. Como la vida siempre da sorpresas, mi marido tuvo la misma

profesión que mi padre, camionero, consiguiendo abrir una empresa de su propiedad, “Transportes Núñez”, y a bordo de su camión recorrimos infinidad de países, Italia, Francia, Bélgica, Alemania, llegando en nuestras aventuras hasta la lejana Rusia. Antaño existía cariño por los vecinos, pues los barrios eran como pueblos donde todo el mundo se hablaba y me gustaría que volviese ése contacto con la gente, la humildad, el trabajo, aquellas cosas tan pequeñas como el saludo al entrar o salir del ascensor. Se ha olvidado la relación con la gente, y hay que recuperarla para ser felices.


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LA MEJOR MODELO DE MADRID Memoria: Asunción Lombilla, Madrid 1935 Ilustración: Ahmed Husham

Nací en el año 1935 en la Ribera de Curtidores, en una corrala en pleno Rastro de Madrid. Empecé a ir al colegio a los cuatro años en la Calle del Pez. Jugábamos a la comba, a “tú la llevas”, al pañuelo y a rayuela. Mi madre era modista y yo le ayudaba a llevar los trabajos a los diseñadores. Un día un diseñador me dijo si quería pasar modelos: –¿Yo? Si no soy guapa. Y él me dijo: –Tú eres perfecta para trabajar como modelo. Pero mi madre no me dejó. Con el tiempo fui a una tienda, una boutique francesa muy exclusiva que se llamaba Caroline Dudac donde necesitaban una modelo. Trabajé allí cuatro años, pasando novedades para las clientas.

Hay muchas fotos mías en periódicos de la época. He desfilado como modelo para muchas personalidades, he conocido a Mingote y tengo grandes recuerdos de aquella época. Luego me casé y como era costumbre, dejé de trabajar. Nos compramos la casa en el barrio de Usera. Nos gustaba mucho el cine, íbamos mucho al Proyecciones y también a bailar a Pasapoga. Me encanta Usera. Faltan cosas, pero la mejora del barrio y el nuevo Matadero le han dado mucha vida. A los niños de hoy les diría que no hay que olvidar el respeto a los demás y, como mujeres, tenemos que respetarnos a nosotras mismas. Respeto, trabajo y ser fiel a tus principios.


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MANUEL, EL AVENTURERO

Memoria: Manuel Hernández, Aldeavieja de Tormes, 1930 Ilustración: Abdellah El Majohubi

Nací en 1930 en un pueblo muy pequeño de doscientos habitantes: Aldeavieja de Tormes. Tengo ochenta y ocho años y soy el hermano mayor. Tengo una hermana pequeña que nació con un problema de visión y es ciega, le tuvimos que ayudar hasta que aprendió braille y ahora compartimos la misma afición, la lectura. Cuando era pequeño me gustaba jugar con mis amigos a la pelota, a la peonza, al frontón y “al chito”. Mi familia era muy conocida en la zona: mi abuelo compró ocho mulas y tenían dos carros en los que transportaban las semillas que compraban hasta una fábrica donde había unos molinos de piedra que las transformaban en harina. Después se metía en sacos y se llevaba a los panaderos para hacer pan.

Con treinta años me vine a vivir a Madrid y fue un cambio muy grande venir del campo a una ciudad grande y después a la capital. Desde que vine a Madrid he trabajado de camionero moviendo mercancías en un camión Pegaso por toda España: viajaba a Barcelona, Bilbao o Sevilla. He sido muy feliz. Con cuarenta años me casé y he tenido dos hijos. Ahora también tengo dos nietos con los que me llevo fenomenal y juego todas las semanas. Una de mis grandes aficiones es la lectura, leo mucho, novela, biografías e historia. Leer es muy importante. Lo que me gustaría transmitir a los niños es que hay que respetar a los mayores.


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MI AMIGA DEL ALMA

Memoria: Angelines Muñoz, Madrid 1942 Ilustración: Haoran Ding

Nací en Madrid en 1942, cerca de la plaza Manuel Becerra. Era un barrio precioso con gente maravillosa, recuerdo que la gente era muy educada. Mi madre era ama de casa y mi padre era encargado en una tienda de ultramarinos. Empecé a ir al colegio a los cuatro años, entonces había colegio los sábados por la mañana pero a mí no me importaba porque me encantaba. Del colegio tengo los mejores recuerdos de mi vida. Estábamos muy centradas en divertimos y en estudiar. Antes se podía jugar en la calle y aprovechábamos para ir a la plaza y jugar al “yo-yo”, que lo hacíamos con botones de gabardinas y en verano jugábamos al escondite y a la comba. También aprendí a hacer encaje de bolillos.

Yo tenía una amiga muy especial en el colegio y estábamos todo el tiempo juntas. Nunca la olvidaré éramos muy, muy amigas y me encantaría volver a reencontrarme con ella. Vinimos a Usera porque a mi padre lo trasladaron de encargado a una tienda que se abrió aquí. Lloré mucho porque ya no podía estar con mi amiga y la vida era muy diferente a la que viví en Manuel Becerra. Conocí a mi marido en la sala de baile Mirasol e íbamos mucho al cine Usera y al Liceo. Si nos gustaba la película la veíamos dos veces seguidas y salíamos casi a las nueve de la noche. A los niños les quiero decir que ahora hay ambición por tener muchas cosas, pero lo mejor de la vida es tener amigos y disfrutar con ellos.


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UN NADADOR DE PRIMERA

Memoria: José Luis García García, Madrid 1940 Ilustración: Lucía Castejón

Nací en 1940 en la calle Carlos Arniches de Madrid, una de las calles paralelas al Rastro. Cuando tenía dos años mis padres se vinieron al barrio de Moscardó, donde llevo casi toda mi vida. Mi niñez fue magnífica, he jugado mucho, como un loco, a las chapas, al fútbol, a correr, al “resca” (el rescate). También jugaba a ”101 monto mi caballo”, eran juegos un poco brutos pero muy divertidos. Lo que más me gustaba es que se jugaba en la calle. Mi primer trabajo fue en el Matadero a los catorce años como aprendiz. Con las propinas que me daban y como me gustaba mucho bañarme, me hice socio de una piscina en Usera que tenía un club de nadadores y ahí comenzó mi vida deportiva.

Hubo un tiempo que pude dedicarme por entero a la natación, en los años que estuve en Portugal y Galicia. He sido entrenador en el Canoe. La natación fue un vicio para mí. Me casé en 1969 y cuando éramos novios íbamos a bailar y sobre todo a buscar piso, que era lo que deseábamos las parejas en aquel tiempo. A mis hijos les inculqué el amor por la natación. Tengo una familia de enamorados de la natación. El mensaje que tengo es para los padres: los niños vienen desnudos y sin dientes pero también con un potencial increíble de ideas y de imaginación. Así que hay que apoyarlo en su entorno, sobre todo los padres. Hay que estimular la imaginación y sobre todo dejar que jueguen y se diviertan.


Ilustraciones y relatos: varios autores EdiciĂłn: ChucherĂ­as de Arte, Madrid 2019 Impreso en papel Fedrigoni Freelife Vellum White 100 g. www.chucheriasdearte.com


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Memorias Ilustradas  

“Memorias Ilustradas”, es un proyecto intergeneracional que recupera la historia de vida de nuestros mayores a través de los dibujos de niño...

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