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IRRADIAR EN LA ENSEÑANZA Siempre doy vueltas y vueltas sobre estas preguntas: ¿qué distingue a los buenos maestros de los otros? ¿El que sabe enseñar, tiene la habilidad de irradiar lo que enseña? Me gusta mucho el concepto de irradiación. Es lo que tiene Silvina, la maestra de Esperanza que les voy a presentar. ¿Pero qué es? ¿Qué tiene? ¿Por qué las clases que ella organiza son tan geniales y hace que los alumnos aprendan y, en muchos casos, les cambia la vida? Será que lo de irradiar tiene relación con lo que Steiner (2004:170) llama aura carismática del profesor inspirado; Basabe (2007:146) lo define como el “mágico momento en que la intención pedagógica se encuentra con el deseo, la motivación, la voluntad y el proyecto del alumno”; Alliaud y Antelo (2009:84) lo explican como “una especie de vibración particular de la que son portadores los docentes y que no se puede reducir a una lista de competencias”. Quizás lo más importante que me pregunto es si se puede enseñar la capacidad de irradiar, cómo enseñamos eso para que esté en todas las escuelas. Porque, a pesar de que muchos se pregunten si será esta era de la irreverencia, la del fin de los maestros y su irradiación, estoy convencida que no. Estoy segura que es la hora de los equipos de maestros. Tengo la certidumbre que trabajando en equipo, en red, los maestros irradian más que cuando lo hacían como un planeta en solitario. Pero sigamos 21


La irradiación en el que sabe enseñar El término irradiación significa emisión y propagación de una radiación, como la luz, el calor u otro tipo de energía. Cuando se dice radiación se habla de la propagación de energía en forma de ondas electromagnéticas o micro partículas mucho más pequeñas que un átomo, a través del vacío o del medio ambiente. Es un término que se usa en principio en las ciencias naturales y en la biología, pero también se usa en ciencias sociales cuando se habla de transmisión o difusión de algo, en especial de sentimientos o cualidades. En realidad, todos los elementos de la naturaleza, en mayor o menor grado, tienen esta capacidad de irradiar energía. La filósofa Edith Stein fue quien hizo uso de este término aplicándolo fuertemente a la espiritualidad y a la pedagogía. Ella sostenía que el maestro, aquel que sabe enseñar, es quien es capaz de irradiar lo que enseña. Stein fue discípula del padre de la fenomenología, Edmund Husserl. Su tesis doctoral versó acerca de la empatía. Cuando me encontré con esto, me dije: “Es por acá”. Luego ella se ocupó mucho de este tema de la empatía y de la irradiación, de cómo en las personas o seres espirituales, existe esa capacidad de trasmitir energía. Aunque no existe una manera de medir esa capacidad, sí es cierto que hay quienes pueden transmitir fuerza y contagiar entusiasmo de un modo diferente. A este tipo de energía espiritual que los seres humanos nos trasmiten, se la denomina irradiación. Stein1 decía que cada ser humano —y cada maestro o persona que enseña— influye de acuerdo a lo que es, irradiando su energía de manera espontánea. Del mismo modo que el sol, “en 1

STEIN, Edith, de nombre religioso santa Teresa Benedicta de la Cruz OCD (en latín, Teresia Benedicta a Cruce, en alemán, Teresia Benedicta vom Kreuz, nació en Breslavia, Imperio alemán, el 12 de octubre de 1891 y murió en el campo de exterminio de Auschwitz, el 9 de agosto de 1942), fue una filósofa, mística, religiosa carmelita, mártir y santa alemana de origen judío.

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cuya naturaleza está iluminar y brindarnos su luz, las personas influyentes viven de su interioridad. Y esta vida profunda, tiene la capacidad de expandirse y generar efectos positivos en quienes nos rodean”. Pero la respuesta a la pregunta “¿Qué sabe el que sabe enseñar?”, parece inagotable. Me pregunto: ¿qué es lo que confiere la potestad a un hombre o a una mujer, para poder enseñar a otro ser humano? Ya San Agustín se había interesado en el tema, y en su De Magistro se hizo muchas preguntas centrándose en el lenguaje del maestro y en la transmisión, como esenciales a la tarea de educar. Siempre pensando en Silvina y en las historias diarias de Esperanza al volver del colegio, me desvelaba pensando: “Necesitamos miles como ella. Quizás están ahí y solo necesitan volver a creer en sí mismos, actualizarse, volver a entender de qué se trata y aprender a trabajar en equipo, con otros”. Si miramos a algunos de los antónimos del verbo irradiar, nos encontramos con absorber y ensombrecer. Absorber es embeber, o sea retener en un cuerpo las moléculas de líquido o gas con las que se encuentra en contacto. Consumir del todo. Es una buena imagen para comprender uno de los posibles malos hábitos de la enseñanza, el profesor que absorbe al alumno y no lo deja ser él, para que brille con luz propia. Ensombrecer es cubrir con sombras, oscurecer. El que irradia permite que el otro brille con su propia luz. Ensombrecer es tapar, no dejar que brille ni que le llegue la luz. También esto puede convertirse en un vicio docente. Enseñar significa “trasmitir cierto contenido a otra persona” (Basabe: 2007). Esencialmente la enseñanza siempre involucra tres partes: una persona que tiene conocimiento, alguien que carece de él y algún conocimiento para transmitir. El que enseña, como dice Antelo (2009:22), hace señas, señaliza. ¿Por qué enseñar? Porque la educación es el nombre que le damos a ese proceso 23


de incorporación de la cría al parque humano. El hombre no se incorpora solo, como los animales. El homo sapiens es el único en el reino animal que tiene abuelas y bisabuelos, esos viejos que nos pasan la sabiduría, que muestran el camino. La educación se juega en el hecho de terminar al otro que vino sin terminar. El hombre es el único capaz de perfeccionarse, a diferencia del animal, que al cabo de unos meses es lo que va a ser toda la vida. La educación, entonces, es una consecuencia de lo que nos falta. Como lo explica Merieu2 “El adulto tiene un imperativo deber de antecedencia. No puede abandonar al niño sin «inscribirlo» o hacerlo formar parte de una historia” (Meirieu, 2000:5). Entonces, si para el hombre es esencial el enseñar, si no puede dejar de hacerlo porque tiene que inscribir a la cría en su cultura y pasarle de algún modo la antorcha, la pregunta es ¿Por qué algunos hombres tienen más desarrollada que otros la capacidad de irradiar, de enseñar, de transmitir? Es cierto que el hombre también aprende mediante el aprendizaje incidental y que no tenemos la garantía ni la certeza de que todo aquello que es enseñado, es aprendido. De esto nos reímos mucho con Esperanza. Ella aprende todo el tiempo, aprende de los otros. Y lo mejor es que se da cuenta. Hace comentarios de cómo fue que aprendió tal o cual cosa, y yo tomo nota. Es pedagogía viviente. Aprende de sus compañeros —de Miguel, por ejemplo—, que ella creía que era un torpe pero resultó ser el genio de las matemáticas. Esa genialidad la descubrió Silvina. Por lo que le escucho contar a Esperanza, Silvina descubrió algo bueno en cada uno. Me hace acordar a Virtudes Choique, la maestra del maravilloso cuento que escribió Joaquín Duran. 2

MERIEU, Philippe (2006) Carta a un joven profesor. Por qué enseñar hoy. Barcelona, Editorial Graò.

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VIRTUDES CHOIQUE Virtudes es maestra única, pero convoca, de algún modo a los padres de sus alumnos y con ellos trabaja en equipo, para lograr lo mejor de cada uno. La escuela de Virtudes está en medio de las montañas. Un día ella manda una nota que dice «Su hijo es el mejor alumno». Todos los chicos fueron a su casa con la nota. En cada rancho hubo un festejo. Todo iba a quedar así hasta que Don Pantaleón, el boticario, cuando vio la nota de su hijo dijo «Mi hijo, ha honrado a sus padres y a su Nación, ¡vamos a hacer un festejo!». Todos los alumnos de la escuela con sus padres fueron al festejo en lo de Pantaleón Minoguye, el boticario. Había cordero, lechón, mate y guitarra… No se entendía bien qué se festejaba. A los postres, Don Pantaleón, se subió a un banquito, dijo “Ejem, ejem” e invitó a brindar.Todos levantaron su copa y él dijo «Brindo por mi hijo, que es el mejor alumno de la escuela...» Se produjo un silencio mortal hasta que la madre de Juanita Chuspas gritó «Yo no brindo nada, mi hija, la Juana, es la mejor alumna». A punto de que don Sixto Pillén agarrara de las trenzas a doña Dominga Llanos, y todo se fuera para el lado del demonio, se escuchó la voz firme de la señorita Virtudes Choique: —¡Párense! ¡Cuidado con lo que están por hacer! ¡Esto es una fiesta! La gente bajó las manos y se quedó quieta.Todos miraban fiero a la maestra. Por fin, uno dijo: —Maestra: usted ha dicho mentira. Usted ha dicho a todos lo mismo. Entonces sucedió algo notable. La maestra empezó a reírse y les fue diciendo a uno por uno porqué era el mejor alumno… Y terminó diciendo: 25


—Soy la maestra y debo construir el mundo con estos chicos. Pues entonces, ¿con qué levantaré la Patria? ¿Con lo mejor o con lo peor? Todos habían ido bajando la mirada. Los padres estaban más bien serios. Los hijos sonreían contentos. Poco a poco cada cual fue buscando a su chico.Y lo miró con ojos nuevos. Porque siempre habían visto principalmente los defectos, y ahora empezaban a sospechar que cada defecto tiene una virtud que le hace contrapeso.Y que es cuestión de subrayar, estimular y premiar lo mejor. Porque con eso se construye mejor. Construir una patria con lo mejor. Eso hacen cada día los maestros como Silvina. Seguí pensando en esta idea que la enseñanza solo influye indirectamente en el que aprende. No es directo. No es “Yo enseño y él aprende”, como muchas veces nos hacen creer en los sistemas educativos. Creo que Silvina sabe esto. Basabe (2007:127) desarrolla profundamente este concepto que la enseñanza depende ontológicamente del aprendizaje, es decir que para que exista la enseñanza tiene que existir el aprendizaje como posibilidad, pero no estrictamente como realidad. Esta autora expone la idea de Fenstermacher (1989)3 que resalta el hecho que con mucha frecuencia, “...el aprendizaje se produzca después de la enseñanza no debe ser explicado como una consecuencia directa de las acciones de enseñanza, sino de las actividades que el propio estudiante emprende, a partir de la enseñanza, para incorporar un contenido”. Es exactamente así. Esperanza viene a casa todos los días, repleta de anécdotas de lo que pasó en el aula, colmada de historias y comentarios. ¡Me produce tanto placer escucharla! Viene contando y contando las chispitas de 3

FENSTERMACHER, Gary (1989) “Tres aspectos de la filosofía de la investigación sobre la enseñanza” en WITTROCK, Merlin C. La investigación en la enseñanza Tomo 1. Madrid, Barcelona. Paidós, MEC.

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Silvina y el equipo de docentes y todo la lleva a nuevas ideas. Le contagian ese interés, esa pasión por conocer, por saber más y más. Entonces advierto que el término “aprendizaje” alude tanto al proceso mediante el cual se adquiere un conocimiento (tarea), cuanto a su incorporación efectiva (rendimiento). La enseñanza incide sobre el aprendizaje como “tarea” y son las tareas de aprendizaje desarrolladas por el alumno, las responsables del aprendizaje como rendimiento. Silvina hace esto en el día a día y lo va perfeccionando, agregando a eso tareas optativas, espacios propios, una organización del aula que hace que cada uno encuentre ese camino. La explicación dejaría boquiabiertos a muchos docentes ya que es clarísimo que, como se mostró anteriormente, la enseñanza incide solo indirectamente en el aprendizaje y esto lo hace el propio estudiante a través de las tareas que él realiza, y que Fenstermacher llama estudiantar (tomar apuntes, reflexionar, hacer mapas mentales —mind maps—, recordar ideas, intercambiar con otros, escribir y más). De ahí la obsesión de Silvina por tener un rincón para pensar, enseñar a hacer mind maps, tomar nota de todo. Porque, tal como explica Antelo (2009:20) la enseñanza es un intento, una prueba. Y destaca dos puntos más, que muchas veces suelen pasarse por alto cuando se habla de enseñar. Uno: la enseñanza no está ligada ni al bien ni al mal: “¿O hace falta explicar que se puede enseñar a matar más eficazmente?”. Dos: Que todo lo que se aprende (y lo que se enseña), va más allá de la propia intención de una persona, y son las sociedades las que en distintos momentos de la historia deciden qué enseñar a nivel escuela. Como explica Basabe, si de algo sirve presentar el tema de la enseñanza y el aprendizaje como el famoso binomio enseñanzaaprendizaje, es para alertar sobre el verdadero fin de la enseñanza. Es para llamar la atención sobre la responsabilidad social que tiene el docente quien, pudiendo colaborar para que un chico vuele todo 27


lo más lejos que pueda, comete una gran injusticia dejándolo sin los medios para que lo haga. Para ello, además de considerar todo lo que tiene que ver con el contenido a enseñar, también hay que tener en cuenta al destinatario, para así facilitar el aprendizaje que él mismo realizará. Siguiendo con la idea que desarrollé antes, aunque los animales también enseñan, el homo sapiens es el único que lo hace deliberadamente y, como consecuencia de ello, se desarrolló la escuela. En la vida cotidiana de los hombres, en todas las culturas, hay aprendizajes incidentales de todo tipo, constantemente. Lo que no siempre hay es enseñanza sistemática; esta ocurre dentro de la escuela y la preocupación de la didáctica siempre ha sido esto de cómo enseñar todo a todos, no a unos pocos, no al que le interesa; no, a todos. En ese “todos” entra el que haciendo uso de su libertad, no quiere aprender. Aquí el aprendizaje no se realizará o, al menos, no se realizará el aprendizaje que ese docente se propuso en ese momento (quizás se están realizando otros). Al decir de Esperanza, era el caso de Marito al principio, pero Silvina y el equipo de maestros, lograron cambiarlo. Aunque esto último no sea lo que les guste escuchar a los pedagogos que creen que la didáctica es todopoderosa—como dice Phillipe Meirieu en la entrevista que le realiza Jacques-Alain Miller4—, y que sí o sí se les puede enseñar todo a todos siempre y todos aprenderán todo. “La opacidad de la conciencia y la imprevisibilidad del deseo vuelven imposible toda tentativa de dirigir el acto de aprender”.

El oficio de enseñar Enseñar es un trabajo, es una vocación y es un oficio. El término oficio abarca a todos los demás y remite a misterio y arte. Habla de 4

MILLER, Jacques-Alain (2009). Entrevista a Philippe Meirieu. En http://eresi. blogspot.com.ar/2009/03/entrevista-philippe-meirieu.html.

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cómo hace el trabajo el que lo hace. Oficio habla de compromiso, de eficacia. Enseñar es un arte, pero el artesano de la enseñanza no produce cosas materiales sino que transforma personas. El objetivo del que enseña es transformar a los otros. (Alliaud y Antelo, 2009:82). Como vimos, no está ligado ni al bien ni al mal, sino a transmitir para transformar. Se puede aprender a enseñar bien y se puede aprender todo lo que enseñar implica, incluso se puede contagiar la irradiación, aprender a irradiar —como hace Silvina— y que cada educador encarnará de modo diferente. Sennet5 (2009:53) opina que “deberíamos sospechar de las pretensiones del talento innato, no entrenado”. Lo mismo deberíamos hacer con todas las voces que se alzan para decir que no hay manera de educar buenos docentes que enseñen bien. Dicen que es algo imposible, que nacés con el don o nacés sin él. Claro que es posible, como es posible para el homo sapiens desarrollar habilidades diversas. El cerebro humano puede desarrollar habilidades o capacidades muy distintas. Se sabe, gracias a todos los avances en las neurociencias, que “...distintos tipos de entornos estimulan o no el trabajo cerebral de procesamiento en paralelo en regiones como la corteza frontal del cerebro” (Sennet, 2009:339). Lo que el artesano hace con la pieza que fabrica, esa mezcla de juego, rutina y práctica, es lo mismo que Sennet propone que llevemos a las prácticas humanas. El oficio de enseñar se aprende enseñando y practicando y repitiendo. Se enseña modelando. Silvina está enseñando a enseñar todo el tiempo. Estoy segura de que de sus aulas van a emerger muchos buenos docentes y lo mismo entre sus compañeros y otros docentes que van a ver y observar cómo lo hace ella. El autor pone de manifiesto cómo, igual que en la fabricación de objetos artesanales y en el aprendizaje de un 5

SENNET, Richard es un discípulo de Hannah Arendt y antropólogo contemporáneo, ha dedicado un libro entero que tituló “El Artesano”, para reflexionar acerca de estos temas.

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arte como la música, se necesita práctica y práctica, pero no de cualquier modo. Las personas necesitan practicar las relaciones interpersonales y aprender las habilidades de cómo anticiparse a fin de mejorar estas relaciones. Hay un tempo en cada arte, un modo de ensayar y practicar para aprehender el arte de la enseñanza. En esto no hay dudas: a enseñar se aprende enseñando.

¿Qué tiene que saber el que sabe enseñar? En su cuarta carta “A quien pretende enseñar” Freire (1999) escribe especificando cuáles cree que deberían ser las cualidades indispensables para el desempeño de las maestras y los maestros progresistas. Entre estas cualidades se encuentra primero la humildad, luego la amorosidad, sin la cual el trabajo pierde su sentido. A estas dos primeras cualidades debemos agregar la valentía de luchar y valentía de amar; tolerancia; capacidad de decisión; seguridad; tensión entre paciencia e impaciencia; parsimonia verbal y alegría de vivir. “Y es mi entrega a la alegría de vivir, sin esconder la existencia de razones para la tristeza en esta vida, lo que me prepara para estimular y luchar por la alegría en la escuela.” (Freire, 1999:83). Esta alegría de vivir de la que habla Freire tiene que ver con esto de irradiar, de propagar las ideas y de los intercambios y los hallazgos que se producen en el proceso de enseñanza. Steiner (2004:170), habla del aura carismática del profesor inspirado y dedica una parte importante de sus “Lecciones de Maestros” para describir a la música y concertista Nadia Boulanger (Steiner, 2004:129), quien fuera alumna del conservatorio de París y ganara su primer premio en 1903, cuando solo tenía trece años. Apenas Boulanger se gradúa en el conservatorio, comienza su increíble carrera pedagógica generando en sus alumnos respeto y amor. Hay millares de anécdotas y dichos sobre ella y también frases impactantes de esta gigante de 30


la enseñanza. “Nadie que no haya sido alumno de Boulanger puede expresar el hechizo presente en su modo de enseñar. Sus dicta suelen ser de una generalidad monumental”. Ella misma dice: “No creo en la enseñanza de la estética, a menos que se combine con un intercambio personal”. A los coristas de Radcliffe: “No os limitéis a hacerlo lo mejor que podáis ¡Hacedlo mejor que lo que podéis! […] Que tenga yo la posibilidad de intercambiar lo mejor que hay en mí con lo mejor que hay en vosotros”. O, en 1945: “El profesor no es más que el humus del suelo. Cuanto más enseña uno, más se mantiene en contacto con la vida y con sus resultados positivos. Considerándolo todo, a veces me pregunto si el profesor no es el verdadero alumno y beneficiario”. Diez años después dijo: “Cuando doy clase, echo las semillas. Espero a ver quién las agarra. […] Los que las agarran, los que hacen algo con ellas, son los que sobreviven. Los demás ¡Pffit!”. El arte de Silvina consiste en lograr que todos las agarren y, de una o de otra manera, todos las agarran. Sorprende todo lo que se dice acerca del modo de enseñar de Boulanger, de cuáles eran sus características técnicas, cómo lo hacía, cómo corregía errores, cómo alentaba y cómo depositaba confianza en sus alumnos. Sin embargo, su genio iba más allá que su técnica. Su modo de entregarse en el acto de enseñar era absoluto, “totalitario” dice Steiner. Confiaba profundamente en lo que creía que iban a llegar a ser sus alumnos, y éstos lo lograban. Ésta es la donación más grande de un verdadero Maestro: lograr pasar la llama y que esa llama llegue mucho más lejos que en sus más ambiciosos sueños. Hay autores que la comparan con Sócrates. Se me ocurrió pensar que esto tiene un fuerte paralelismo con lo que son los entrenadores en el mundo del deporte. Por tomar a uno de nuestra cultura vernácula, menciono a Sergio “Cachito” Vigil quien fuera entrenador de “Las Leonas”, nuestro equipo local femenino de hockey sobre césped y campeón del mundo. Él se ha 31


transformado en un inspirador de muchos deportistas y hombres de diversos ámbitos. Cuando explica el amor por la camiseta, dice: “...yo no amo los colores, celeste y blanco de Argentina, no, yo amo las cabecitas, las almas que se me vienen a la mente cuando suena el himno y yo estoy esperando para entrar a la cancha. Yo amo no los colores sino los olores, los olores de todas esas personas con las que pasé tiempo compartiendo para llegar a ser el equipo que somos. Eso se entrena, se aprende, por eso hoy entrenamos en el box, en un espacio chiquito, con cuatro jugadoras...” Es claro, entonces, que el proceso de enseñar habla de un encuentro humano. Es impactar en otra vida, es participar en el proceso de formación de otra persona. Y ese proceso solo puede hacerse con ese otro. En general, los maestros y profesores tienen mucho manejo en esto de involucrar al otro, de asociarlo al proceso pedagógico. Hay muchos que dicen que si no lográs involucrar al alumno en su propio proceso de aprendizaje, entonces no hay enseñanza posible. Basabe habla del “...momento mágico en que la intención pedagógica se encuentra con el deseo, la motivación, la voluntad y el proyecto del otro”. La figura que Steiner destaca entre muchos otros es la de Knute Rockne, entrenador de fútbol americano, que hizo de su forma de enseñar algo inédito. Cuando murió en un accidente aéreo, se habían convertido en entrenadores profesionales más de doscientos de sus discípulos. Fue un maestro de maestros. Su metodología de juego y de entrenamiento fue copiada por clubes y universidades en todos los Estados Unidos. Y Steiner vuelve a hablar de la irradiación —aunque sin nombrarla así—, cuando expresa: “De una u otra forma, Knute Rockne fue capaz de ejemplificar, de transmitir un sentimiento común de victoria, técnicamente perfeccionado. No hubo un Píndaro que inmortalizara su proeza carismática, pero 32


le lloraron más de cien mil personas que viajaron a South Bend para asistir a su funeral.” (Steiner, 2007:134) Es evidente que Rockne —lo mismo que Boulanger y Vigil, por citar algunos—, fue capaz de formar en competencias a sus entrenados que luego se transformaron en entrenadores e hicieron lo mismo. Entendió, por algún camino que podría calificarse como misterioso, que formar competencias es formar competentes (Alliaud y Antelo, 2009:91). Solo se puede formar competentes con maestros que sepan irradiar pero, además, en la diversidad. Mientras el alumno y su maestro están solos pueden creerse muy dotados y sobresalientes, pero al salir a relacionarse con otros se encontrarán tarde o temprano con la realidad. Es fascinante leer a Sennet (2003: 29) cuando cuenta su experiencia de niño músico y luego joven músico tratando de abrirse camino en Nueva York. Narra la percepción de su propio límite: “... fue ahí donde conocí los límites de mis dotes musicales. Cuando oí tocar a amigos como los pianistas Murray Perahaia o Richard Goode, percibí algo que iba más allá de mi comprensión de la música; ellos introducían en las melodías pausas y otros aspectos del fraseo a la vez que producían inesperados armónicos, cosa que yo nunca haría.” Y es el mismo Sennet el que refuerza esta idea que exponían Antelo y Allaud de cómo el aprendizaje de los propios límites no hizo mermar su amor y su compromiso con la música, sino que profundizó su amor al oficio.

¿El fin del maestro y de su irradiación? Quienes hoy están pensando en el fin de la escuela. Quienes creen que la tecnología va a reemplazar al maestro. Quienes han dejado de considerar que para inscribir a esa cría en la cultura, hace falta la enseñanza y el mano a mano... Son quienes han dejado de pensar en el docente y su oficio. Aún hoy devaluada y muchas 33


veces desprestigiada, la escuela significa mucho. Sigue siendo un factor crucial de transformación personal. Por eso nadie quiere perdérsela. Esa es la paradoja: ir cada día a clases puede resultar insoportable, no hacerlo es mucho peor. Los alumnos saben que allí sigue pasando algo valioso. Pero, además, los que creen en el fin del maestro y de la escuela son los que tampoco contribuyen a recrearla buscando nuevos horizontes para entender de verdad el contexto, pero no como un pretexto y no solo cuando el contexto es adverso, sino también cuando el contexto es una fiesta (Alliaud y Antelo, 2009:102). Son tiempos de entender que la habilidad para enseñar se aprende, que se aprende ensayando e investigando acerca de cómo enseñar en estos contextos de hoy y todos los nuevos que puedan aparecerle al hombre. La escuela y el maestro que dejaron de irradiar, de cuidar y de ser verdadera autoridad, pasan por instancias tan terribles como la de la contención química. Pareciera que no están dispuestos a conectarse con su arte, a descubrir el misterio; no, prefieren amordazar a los alumnos. “La contención (hoy) es primeramente química: producimos niños «turbulentos» que tildamos de hiperactivos ¡para someterlos a la Ritalina!” (Steiner, 2009). El escenario opuesto es el que transmiten Steiner y Ladjali en el intercambio maravilloso que se produce en “Elogio de la transmisión” (2005) cuando se puede comprobar ese interés por volver a la Literatura con mayúscula, pero, sobre todo, el ahínco por poner en práctica una verdadera pedagogía de la exigencia y el verdadero gozo y satisfacción de enseñar y aprender. Ellos muestran que mientras los hombres sigan habitando este planeta, seguirán incorporando a sus crías a su cultura y habrá quién enseñe y quién irradie eso que enseña. Ahora sí, conozcan a Esperanza y la historia de su escuela.

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Esperanza en la escuela  

Capitulo 1 - Irradiar en la enseñanza

Esperanza en la escuela  

Capitulo 1 - Irradiar en la enseñanza

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