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Estado y corriendo el foco de la idea de producción y reproducción de la fuerza de trabajo a la noción de cuidado de las personas. Por otro lado, es importante destacar la obra fundadora de Carol Gillan (In a different voice, de 1982) que critica la asociación entre el cuidado y una moral propiamente femenina. Los debates generados en torno a esta obra dieron un impulso importante a la teoría del cuidado, especialmente en el mundo académico estadounidense. Especialmente, este trabajo ha recibido fuertes críticas porque realiza una asociación entre la diferencia ética del cuidado y una diferencia de género mientras que otros autores consideran necesario introducir una dimensión política que incluya las desigualdades y roles sociales presentes en una sociedad (Borgeaud-Garciandía, 2009). Partiendo de estas consideraciones, hoy resulta posible definir el concepto de cuidado, teniendo siempre en consideración la complejidad que introduce su carácter multidimensional e intersectorial, que implica la participación de una multiplicidad de actores, instituciones y sectores incluyendo al Estado, el mercado, la familia y las organizaciones sociales y comunitarias. El análisis del cuidado se ha tornado un campo de estudio específico (especialmente en Europa y América del Norte) que se utiliza tanto para dar cuenta de la experiencia de vida de las mujeres como entendida en tanto herramienta analítica de las políticas sociales (Faur, 2009). En una definición amplia es posible concebir al cuidado como todas aquellas actividades que se realizan para “mantener, continuar y reparar el mundo en que vivimos” (Tronto 1993 en Esquivel, Faur & Jein, 2009, pág. 10). Más específicamente, como “actividades y relaciones involucradas en satisfacer los requerimientos físicos y emocionales de los adultos dependientes y de los niños, y las normativas y marcos económicos y sociales dentro de los cuales estas actividades son asignadas y llevadas adelante”(Daly & Lewis, 2000, págs. 285, traducción propia). Requieren la combinación de trabajo remunerado y no remunerado e involucra una conexión personal y emocional entre los/las cuidadores/as y los/as cuidados/as. La noción de cuidado implica tanto la posibilidad de auto-cuidado como la de cuidar a otros. Como menciona Corina Rodríguez Enríquez (2007), en este último caso es posible distinguir dos tipos: o

Directo: consiste en la prestación material y la atención a las necesidades físicas y biológicas que implican una transferencia de tiempo y una interacción cara a cara

o

Indirecto: implica la transferencia desde un componente de algún sistema social de los mecanismos necesarios para que los individuos generen por sí mismos las atenciones necesarias.

A su vez, es posible distinguir entre cuidado: o

Espontáneo: ocasional y voluntario.

o

Necesario: que no puede ser auto-provisto.

o

Personal: que podría ser auto-provisto pero se delega hacia otra persona.

Además, esta autora entiende que, si bien los receptores de cuidado son generalmente las personas dependientes, también lo son personas capaces, en el sentido de que “los sujetos del cuidado somos todos” (Rodríguez Enríquez, 2007, pág. 17).

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