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1. La estructura de las desigualdades en la Argentina La Argentina presenta indicadores de inequidad de ingreso cercanos al promedio de América Latina, que es la región más desigual del mundo (PNUD , 2011). Históricamente detentó un mayor grado de igualdad y mejores indicadores sociales, pero en el último cuarto del siglo veinte padeció un drástico deterioro en sus condiciones socioeconómicas3. Esta tendencia comenzó a revertirse desde el año 2003, con el comienzo de un período de fuerte crecimiento económico, aumento del empleo y reducción de pobreza. En el interior del país se encuentran grandes desigualdades regionales en múltiples dimensiones, entre ellas, la capacidad productiva, las condiciones socioeconómicas de su población y el nivel de desarrollo humano. Por otro lado, existen marcadas diferencias en la disponibilidad de recursos fiscales por habitante. En este escenario, las provincias pueden ser caracterizadas tanto según su riqueza social y de ingresos como según su riqueza fiscal. Ambas dimensiones determinan el mapa de desigualdades, que tienen su correlato en el campo educativo. Esta primera parte se divide en cuatro secciones: en la primera se sintetizan los cambios recientes en la estructura socioeconómica argentina; en la segunda se describe el mapa de las desigualdades regionales; en la tercera se exponen las principales desigualdades entre las provincias en la disponibilidad de recursos fiscales. Por último, en la cuarta sección se analiza el correlato de ambos tipos de desigualdades en el sistema educativo.

1.1.

Cambios en la estructura socioeconómica argentina

Hasta mediados de la década del setenta la economía argentina se caracterizó por una participación creciente de la industria, sustentada en un modelo de sustitución de importaciones. Este sector carecía de los estándares de eficiencia del mercado internacional, pero permitió la conformación de un extendido tejido industrial que, con un ejército de mano de obra calificada, garantizaba un modelo de pleno empleo. En este período la tasa de desempleo era marginal y la distribución funcional de la renta había alcanzado los mayores niveles de equidad de los veinte años previos (Lindemboim, Graña y Kennedy, 2005). En ese momento, comienza un punto de inflexión a partir de la toma de poder de un gobierno dictatorial que implementó un modelo económico aperturista, centrado en el desarrollo de los sectores agrícola y financiero, y desregulador, que cambió la estructura económica nacional y dejó serias consecuencias sociales, especialmente la extensión de las desigualdades. Este modelo fue profundizado en los años 90, y su peor consecuencia fue el crecimiento de una desocupación endémica con severos impactos sociales. Con la crisis del modelo económico de convertibilidad en el año 2002 se alcanzó un punto crítico que tuvo su expresión en distintos indicadores sociales y económicos: ese año más de la mitad de la población se encontraba bajo la línea de pobreza y el desempleo alcanzó una tasa histórica de 18% (gráfico 1). En este período se redujo abruptamente la brecha entre los países de América Latina y la Argentina, que a mediados de los 70 detentaba índices de pobreza, desempleo y desigualdad muy inferiores. Así, por ejemplo, en 1980 menos de 5% de los argentinos se encontraba bajo la línea de pobreza, mientras que en la región esta proporción alcanzaba 30%. Pasadas casi tres décadas, la

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A lo largo del capítulo se expondrán los datos que respaldan las afirmaciones de este apartado introductorio.

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Equidad en la distribución de la oferta educativa  

Este estudio analiza cómo están distribuidos los recursos educativos en las escuelas públicas según el nivel socioeconómico de los alumnos,...

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