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LA SANTÍSIMA TRINIDAD DE LAS 4 ESQUINAS AÑO I NÚMERO XI

EDICIÓN DE OCTUBRE DEL 2009


Editado en Arica- Chile 2009 Diseùo: Daniel Rojas Pachas Cinosargo Š Daniel Rojas Pachas 2000-2009 Contacto: carrollera@gmail.com Web: www.cinosargo.cl.kz Cinosargo by Daniel Rojas Pachas Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.0 Chile


INICIAMOS ESTA EDICIÓN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD CON UN POEMA DE LA ESCRITORA CHILENA, CARMEN BERENGUER. Concholepas concholepas. Me sacaron de mi residencia acuosa Lo hicieron con violencia, a tirones brutalmente. Concholepas concholepas. Estaban armados con cuchillos. Luego procedieron a meterme en un saco ¡Concholepas! Me golpearon ("para ablandarme") Me lavaron ("para limpiarme") Entonces, golpeado, ultrajado, semiblando y limpio me colocaron en una olla con agua hirviendo y sal. Ahora estoy en la cocina con mayonesa cebolla y perejil. Ahora estoy en la vitrina. Ahora estoy en un cartel. ¡Me van a comer!. ...ESPERAMOS DISFRUTEN!!!!!!!!!!!!!!!! LA SANTÍSIMA, SIEMPRE DEDICADA A LA LITERATURA NACIONAL... GRUPO CINOSARGO. ARICA 22/ 11/09


EL SUCESO JAMÁS DICHO SOBRE EL CRIMEN DE CALAMA por José G. Martínez Fernández.

¿Quién mandó a matar al cajero Yánez? En Antofagasta ha existido siempre una mafia que ha protegido a los hampones estatales, especialmente a los de la dictadura pero lo singular es que los que les sucedieron: siguen igual juego. La justicia de la Segunda Región fue responsable de la muerte de Yánez y del Agente Martínez. En Antofagasta han de estar los tribunales más corruptos de Chile. A ellos se debió que el cajero Sergio Yánez fuera una víctima más de la dictadura. En diciembre de 1980 un asaltante solitario se hizo presente en el Banco del Estado de Chuquicamata y a punta de revólver asaltó la sucursal. El hombre huyó y nunca fue ubicado. Ese hombre se llamaba Fernando Villanueva Márquez y está muerto. Es el hermano de Eduardo Villanueva, fusilado en octubre de 1982, y de Saniel, quien ahora está en libertad. Cuando se produjo el asalto al Banco, Yánez reconoció al delincuente Expuso su situación en Antofagasta, porque no se atrevió a hacerlo en Calama, por el alto riesgo que significaba que allí operaba la CNI que encabezaba Gabriel Hernández Anderson, quien urdiría junto a Juan Delmas Ramírez- el gran robo al Banco (poco más de un millón de dólares para la época). Sergio Yánez vio al asaltante y desde un principio supo que se trataba de uno de los hermanos Villanueva. Pero decir eso a la policía de la época equivalía entregarse él, al ser denunciado por Eduardo y Saniel Villanueva, hermanos del asaltante y miembros de la CNI. El miedo que acorraló a Sergio Yánez es obvio. Estaba contra muchos muros: las policías y la CNI de Calama. En un acto desesperado Sergio Yánez se presentó, como dijimos, en Antofagasta días después del robo de diciembre de 1980. Allí trató de entrevistarse con los magistrados de los Juzgados del Crimen y Civiles Su temor lo hizo recurrir a todo pero nadie escuchó su voz Poco después el asaltante solitario Fernando Villanueva- desapareció. Su hermano Eduardo juró venganza. Decía que los asesinos de Fernando eran detectives. Los nombres de ellos han permanecido casi en la impunidad, aunque en mi libro CALAMA, EL CRIMEN DEL SIGLO, yo señalo sus apellidos.


Esta noticia de la búsqueda de amparo o asilo me llega de golpe por dos amigos periodistas de la zona que realizan una investigación importante para mí. Sergio Yánez y con él el cajero Martínez- se habrían salvado, ya que si los aparatos judiciales de la época hubiesen actuado, los criminales de la CNI no podrían haber cometido tan horrendo doble crimen. Los compromisos POLICÍA CIVIL-POLICÍA POLÍTICA y JUSTICIA de la época son responsables de este grave hecho. ¿Acaso no fueron también ellos los que no aceptaron las declaraciones de una joven comunista que fue violada por los CNI, basándose los aparatos señalados, que eso no tenía nada que ver con el caso de los bancarios? Hoy en día todavía hay elementos en los tribunales de Antofagasta que son responsables de no haber permitido a Sergio Yánez haber denunciado a Fernando Villanueva y que, por lo mismo, son responsables de su muerte y la del Agente Martínez. ¿Cuándo se investigará esta unión POLICÍA CIVIL-JUSTICIA ocurrida en Antofagasta? Muchos de sus autores están vivos. Y todavía opera la POLICÍA POLÍTICA, aunque nos cuenten otra historia.


LA RESURRECCIÓN DEL ASFALTO: CON UN POCO DE SABOR A MÚSICA. Por Ximena Troncoso poeta A mediados de septiembre se presentó en la Casa del Escritor el libro “Heráclito en el manicomio” del poeta y compositor Francisco Carrasco. Deseo compartir con ustedes, algunas impresiones que ayudarán a comprender la savia que corre por estos versos punzantes, que confieso, me resultan cercanos. Los libros tienen sonidos y este no carece de esa virtud porque las imágenes que despliega nos enfrentan, de lleno, a la calle, a los bocinazos que a veces no oímos, a nuestras propias miradas, a lo que se nos ha instalado en el medio y se nos ha registrado como nuestra propia marca. La ciudad: tormento y asombro, nos desprecia y de vez en cuando nos acoge para que la sigamos, cada vez, un poco más de cerca, en su devenir de cemento, prisas, desventuras, convites entre amigos y enemigos y uno que otro abrazo. La poesía ha encontrado, desde siempre, en ella un soporte para su mirada desvelada sobre las cosas y lo seres. En cualquier ciudad del mundo los poemas están a la vuelta de la esquina, agazapados, desnudos, con la seducción de la simpleza para que alguien los atrape y descubra ante nuestros ojos. Son portadores, en la urbe, de una seducción muy cercana al desenfado que asumimos cada mañana para disimular el desencanto, cuando nuevamente debemos volver a ponernos en marcha y respirar profundo, antes de entrar al ascensor. Esa poesía urbana y coloquial pretende dar cuenta estética de paisajes humanos cargados de búsquedas, regresos y partidas. Francisco Carrasco nos dice que “Es necesario volver a la Montana y comer raíces”. En su nuevo libro, nos propone, sumergirnos, tal vez, por primera vez, en ese río que fluye (como en el último verso de este poema La muerte de Heráclito que sobrecoge) en medio de rostros y rincones somnolientos por la nostalgia del rock and roll, por los hijos conjurados a ser inmunes a todo…menos a sí mismos, por El Oscuro de Éfeso o por la mujer de las sopaipillas a cien pesos en quien la sabiduría y el hambre se resuelven en un solo gesto de humanidad: la vida.


Estos son poemas para leer sin misericordia, ni para con el autor, ni para con nosotros mismos. Son, en definitiva, retazos del fin de temporada de una ciudad siempre ajena o, en el mejor de los casos, recibida en comodato, pero que nunca poseeremos realmente. Esta poesía que se nos propone en “Heráclito en el manicomio”, que a ratos, sus poemas, parecen micro crónicas, posee el encanto de la prosa ofrecida o envuelta en el ritmo singular de la poesía. Ahí en ese cruce de tempos y tropos, la imagen, sorprendente pieza musical, surge como absolutamente reconocible y habitable. Este es un libro para ser leído sin compasión, como ya hemos dicho, pero también para ser de algún modo habitado o como tal vez le gustaría más al autor: “okupado” (así con K). Se nutren, estos textos, de la experiencia cotidiana del devenir como imposibilidad y al mismo tiempo urgencia, de intentar, por lo menos, fijar en la piel algo más que el roce vespertino de otros náufragos, en mitad de la entrañas del Transantiago o el Metro (el autor, presumo, prefiere el colectivo). Francisco le da un sitial a Santiago en este poemario, que se mueve a un ritmo rápido, tal cual como estos poemas, que recorren la calle, pero lo hace de la mano de Heráclito que se transporta gracias a “su cinturón espacio – temporal” y que llega -como aterrizando- a la calle Recoleta, directo al panteón, “parque de los muertos”, imagen que de entrada nos viene a situar de lleno en la reflexión que será motivo permanente de este libro. Cito: “…y ayudada por sus tres hijos, lanzó su cadáver en un basurero habitado sólo por el Cabeza de Chancho que no la denunció a cambio de una frazada y dos cigarrillos Life” Poesía de la conciencia. Un llamamiento urgente que nos sacude el rostro, ya tieso, en cada página. Versos en los que develamos una intensa crítica al estado actual de la cosas, herencia impuesta en la que esta generación viviente no ha participado, y que sin embargo, adormecida, enfrenta, llegado a sucumbir en las más kitsch de las expresiones, porque así está dado, pero no deja de ser de mal gusto. Porque somos toda copia, pero de fácil comercialización. Somos todo pantomima, aún así, tenemos la posibilidad de “barrer la mugre de la calle”, si tenemos actitud y la voz de Heráclito en nuestro tiempo, gracias a Francisco Carrasco. Así, cierto aire de súplica recorre estos versos. Es aquella que brota cuando, por fin, nos hemos dado cuenta de que “para nosotros la muerte es para siempre”, como nos recuerda Francisco en el poema La Balada de los Ateos. Cada momento en nuestras vidas es único, por más breve que ese instante sea. La sucesión de acontecimientos que ejecutamos, a veces absurda y cotidiana, sin darnos cuenta, o con resignación, es la que Francisco, a través de Heráclito – pasmado en esta polis (que es Santiago)-, nos restriega en este poemario, con una bofetada rápida, sin sutilezas, pero con fina ironía socrática, recurso que se despliega con maestría, para llegar, a través del dialogo de estos versos, a estructurar una especie de mayéutica, porque nos despierta aquello que sabemos, pero no nos damos cuenta, en definitiva, el poeta Francisco Carrasco, nos acerca a las puertas de ese conocimiento, no cualquiera, y que será rol del lector descubrir.


Es necesario también reírnos de nosotros mismos, ejercicio que practiqué con recurrencia en la lectura de “Heráclito en el Manicomio”. Nosotros somos cada uno de los personajes que viven en este poemario (el cura que fumaba mariguana, los patos malos, la vecina copuchenta, los atletas, la tía de provincia, los poetas) y será también, delicia para el lector descubrirse en ellos. Esa es la esencia de estos versos que se van tejiendo en cada página, nuestra vida que se conforma, con cierta demencia – “donde sólo las pastillas existen” - a la que nos enfrentamos, con audacia, desde la mañana hasta la noche, cada día, sin reparos. Cito: “Cuando termine este tiempo me reiré del mundo subterráneo que me cobijaba” Esa súplica, entonces, no es más que por un poco de humanidad al alcance de la mano y los ojos. Humanidad que nos permita volver a reconocernos y, de ese modo, volver a respirar no en contra del otro, sino con el otro. Finalmente, los invito a recorrer este libro, escrito con novedosa y audaz pluma. Una puntuda poesía, porque quiéralo el autor o no – punzan, hurga en la oscuridad de nuestra conciencia y en lo más profundo de nuestro sentir. Les advierto que sabrán al final de él un poco más de ustedes mismos, pero sobre todo podrán entender un poco más a nuestra generación. A los que alguna vez creímos ser: Violeta Parra, Bob Dylan, Víctor Jara, Harrison o Lennon, los que seguimos soñando, creando y regalándonos poemas unos a otros…de vez en cuando.


Cachorro va a la filsa

Cachorro (nombre sacado de un cuento del escritor Marcelo Lillo) se autodefine como escritor, pero no ha publicado ningún libro. Mejor, espera que alguien lo descubra ¿Una editorial? Claro, quiere que una editorial lo venga a buscar a su casa y lo convenza de publicar pues a su juicio sus cuentos valen dinero -dice a sus amigos mientras le echa ketchup a la pizza-, total es el trabajo de una vida. Son 20 años escribiendo en tiempos muertos. Tiempos muertos: los fines se semana, los domingo, los feriados o cuando la tele está fome. Cachorro es lo que llaman un escritor de domingo. Cachorro cree que sus cuentos y una que otra poesía es lo mejor que se hace acá, por esto no le dio mucha importancia a la invitación para la Feria del Libro de Santiago (Filsa). Total era algo por venir y claro, tenía amigos en la mesa. Antofagasta era la región invitada a la Filsa y por esto se había formado una comisión. Gran dilema el de la mesa ¿Cómo dejar conforme, a un sector que nunca queda conforme? Nadie más ególatra que los artistas. Alguien nombró a Cachorro en la discusión. No puede faltar, dijo ese alguien que tenía jineta. Dio razones por Cachorro: que era políticamente correcto; que el 2001 ganó tal concurso de cuentos; que aborda temas regionales en sus cuentos, como la pampa salitrera y que era antofagastino. A quienes no nombraron en la mesa o descartaron por razones como “políticamente no correcto” entre otras, rieron cuando le dijeron que Cachorro era el abanderado y lanzaron: que la representación de Antofagasta parecía circo, que se había chacreado, que mejor no ir, que daba vergüenza, que mucho viejo crack, que mucho cagüin. Para Cachorro, envidia y chaqueteo. La envidia para Cachorro era todo un tema. Como muchos de sus pares artistas no aceptaba críticas. Se amurraba si se las hacían en su cara, de frente. La que más le dolió fue una de quién creía que era su amigo en las letras. Su amigo le dijo que tuviera paciencia, y que al final todo cae por su propio peso. Que perseverara, además. De esa vez, Cachorro trató a su amigo de fracasado. Su amigo tenía 55 años, había publicado un par de libros, pero ninguno merecedor de sus elogios. Para su amigo lo más importante era su familia. Para Cachorro, lo más importante –aunque no lo reconociera públicamente- era la literatura y la fama rápida. Ya se veía tomando café en la peatonal Prat firmando libros al lado del escritor consagrado. Ya se veía en París o Buenos Aires presentando sus libros. Pero como dije, Cachorro se autodefinía como escritor, pero no tenía ningún libro publicado. Tomado de: Hepatítico


En torno a La Derrota del Paisaje, de Antonio Rioseco Aragon La nostalgia en poesía -cuando hablamos de efectiva transformación poética- ya no tiene ese dulzón tono y carácter de la balada en su forma primitiva, aún hoy viva en cualquier estación de radio que se respete. La nostalgia, en poesía, implica el entendimiento y la vivencia profundos de la efectiva simultaneidad de los tiempos y los espacios en la representación -poéticamente, lo que no está está, y este acento lo hace aún más inquietante que la simple ilusión sensorial. Pienso en Ennio Moltedo cuando digo esto, y no voy lejos cuando me toca ahora presentar el primer libro de Antonio Rioseco Aragón (Los Ángeles, 1980), La derrota del paisaje (Valparaíso: Ed. Inubicalistas, 2009): de hecho es una cita del gran maestro de la poesía de Valparaíso la que encabeza uno de los poemas que me parecen centrales en el poemario –me refiero a “El habitante engañado”. Leo de ese poema la tercera estrofa: Sólo cuando comencemos a ser habitados por el óxido comprenderemos esa herencia que, como el polvo, comienza a ocupar el espacio dejado por lo ausente. Es la herencia del rumor de las pisadas, los objetos que llevan / ánimas atadas al relato: y este moltediano habitante debe sufrir estas cosas, ya que para ello ha sido entrenado. Una conciencia difícil, ya que éste que habla no es en absoluto un vate. Ser un vate implicaría ser el puro canal de un mundo otro, como de algún modo lo confirman los adivinos contemplando transparencias –piénsese en el agua quieta, la esfera de cristal. Por ello, la tradición los desea ciegos a este mundo lineal de cosas presentes. Pero, ¿cómo haces el mismo truco con los ojos abiertos y sin ser Tiresias? La simultaneidad aterradora del mundo va a pasar la cuenta a cualquier aspirante a la verdad del mundo, para hacerle elegir obligadamente otro camino de verdad, de más vértigo y menos prestigio: la vía poética. Rioseco lo sabe, y como tal, asume la débil

realidad del mundo enfrente y de sí mismo como observador. El sueño, o la pesadilla, puede coincidir con el sólido horizonte urbano –que a su vez puede ser barrido por bombas o por el espectro de cisnes elevándose desde humedales: Vietnam puede estar en la puerta del edificio de Lennon, cuando la guerra ya había terminado.


La consistencia de la cotidianeidad logra desvanecerse, y el vaso de alcohol sólo confirma la percepción anterior de un mareo mil veces más radical –de raíz. El paisaje enfrente cae efectivamente en la evanescencia –la conciencia poética le pasa por encima. En la poesía chilena contemporánea la entrada de esa otredad en esto mismo asume varias formas –basta recordar las alucinaciones futuristas de un Maquieira o la palpable substancia intempestiva de la lengua latina o inglesa en el centro de la anécdota en Germán Carrasco-; en Rioseco es clara la elección por la entrada de lo desplazado. Se trata del apego a lo caído de lo que habla en esa ciudad deshabitada, con un depósito entero de momentos que quedaron en la posibilidad o el olvido: Hay ataúdes que siguen intactos bajo tierra. Hay una ciudadanía oculta que corroe desde abajo. Hay un temporal que llega y que no llega. -como señala en esa corrida de versos que parece indicar el manantial que se ha mal llamado lárico, y que debiera calificarse de forma más precisa: lo que la ciudad chilena moderna desplaza mientras deja su huella, como un combustible de reacción para asegurar el flujo de sus imágenes propias. El poder de lo urbano depende de la medida de su destrucción, y ésta sólo puede corroborarse por sus ruinas: los muros bajo el suelo, los secretos mal guardados. Teillier en esto fue fundacional, en su forma de trazar un sujeto poético que más se definía mientras más se desdibujaba su entorno posible de afecto o pertenencia. Pero Rioseco no tiene interés en definir ese sujeto. Es más: me parece que se remite una y otra vez a un sujeto múltiple, con lo que fragmenta más la posibilidad de poéticas definidas como mayores. El apoyo estará, naturalmente, en el desarrollo de la anécdota como posibilidad de vaciar la universalidad de la poesía mayor, y construir un flujo propio de imágenes. La resistencia vendrá entonces desde la inhabitabilidad del mundo, lo áspero de la situación del hablante. El casi alarde de las versiones del poema de Carver me parece un gesto nítido en esta dirección, así como la decidida y necesaria evasión que es ostentada en el texto final. Como primer libro de Rioseco, el poemario es una buena sorpresa con respecto a búsquedas poéticas. Es fácil experimentar a estas alturas de la ruina de los grandes discursos: lo difícil resulta dar los pasos conociendo el suelo que se pisa –como las crisis financieras se resuelven capitalizando y no especulando sobre el aire. El trabajo consciente del sonido, el sentido y la imagen en cada uno de los textos de La derrota del paisaje es garantía del encuentro de una voz poética propia, que me parece ya responder a ese mismo aire que veo en Ennio Moltedo, Guillermo Rivera o Eduardo Jeria: distintas generaciones pero un mismo entorno con una forma de vida y de sentido de lenguaje comunes, situados decididamente de espaldas a la poética de capitalías, con su frecuente tendencia a la hazaña literaria –artística, política o mediática. En sentido estricto, esta pertenencia a una cierta disciplina escritural porteña (por no decir “estilo” o “tradición”, lo que implicaría seguras falacias) más que limitar la pluma de Rioseco, le da sustancia y cimienta una vía sólida. La derrota del paisaje confirma desde el lugar de la autoría lo que ya confirmó Carta de Ajuste (Valparaíso: Ed. Cataclismo, 2007), antología de poetas inéditos de Valparaíso, desde el sitio de coeditor y seleccionador de autores y textos junto a Juan Eduardo Díaz: una decidida llamada a estar en la que es una de las trincheras fundamentales de la cultura chilena contemporánea, que es la afirmación de la poesía como visión de mundo, más acá de las consagraciones literarias académicas o periodísticas. En éste, un lugar del que ya no se sale, Antonio Rioseco Aragón confirma su carta de residencia.


La Casa Chile Ha sido desde el comienzo de la explotación industrial salitrera en Sudamérica, una fuerte posesión del hombre europeo en cuanto los conocimientos a esa explotación de recursos mineros del ó de otras formas vinculados al “Nuevo Mundo”, quienes con su sabiduría y experiencias llegaron a las tierras desérticas a probar suerte, comenzando el siglo XIX, principios del XX.

Como ejemplo el naturista alemán Tadeo Haenke, aportó entregando conocimientos al primer industrial salitrero peruano, Matías de la Fuente; posteriormente siguieron otros grandes industriales, Jhon Tomas North, de origen inglés, llegó a Chile siendo un simple mecánico de locomotora y después junto a su socio Harvey, prestó servicios de inspector subalterno en las salitreras del fisco peruano; aprovechando Harvey sus conocimientos de los valores en terrenos salitrosos, haciendo a posterior ambos fortuna. Otro inglés, don Jorge Smith, comenzó con una condensadora de agua; él portugués Negreiros, se inició como leñador en el sector que lleva su nombre; Otto Harnecker, ingeniero Alemán introdujo un sistema de lixiviación en algunas oficinas. El ingeniero y administrador general de la “Compañía de Salitres y Ferrocarril de Agua Santa”, al referirnos a don Santiago Humberstone, al que llamaron cariñosamente “Padre del Salitre”, sería muy extenso seguir mencionando más caudillos del salitre, pero nos detendremos en otro personaje ligado a la industria salitrera, al mencionar a Henry Brarens Sloman, nacido el 28 Agosto de 1848, Kingston upon Hull, fue comerciante y armador en Hamburgo.


”La buena calidad de los cigarrillos “Marca Chancho”, queda evidenciado que por el consumo de esta marca, la excepción no fue muy común de encontrarlas en las diferentes salitreras de Tarapacá y Antofagasta, porque solo algunas “Compañías Salitreras” traían para el consumo de sus oficinas, son estas demasiadas escasas, existiendo también cajetillas de otros colores, tamaños de la misma “Marca Chancho” desapareciendo durante el primer cuarto del siglo XX. Hoy en día existe la escasa cantidad de cajetillas de la mencionada marca entre los coleccionistas, se debe también en parte, que para su época éstas cajetillas fueron canjeables, se compraba entonces una estampilla de cinco centavos ($0,05) más la entrega de una cantidad de cajetillas para el canje, para alcanzar un premio como por ejemplo: El mínimo era de 10 cajetillas, más 5 centavos, se recibía “Un lápiz fino”, y por 200 cajetillas más los 5 centavos, para el premio máximo, recibía “Una cartera de cuero holandés”. (Otros canjes de cajetillas por otros artículos, 20 – 30 – 40 – 50 – 60 – 70 – 80 – 90 – 100 – 120 – 140 – 160 – 180) Este tipo de cajetilla fue encontrada el año 1987, en el antiguo sector denominado “Departamento de Pisagua” “Cantón Negreiros” En la interesante obra titulada: “Catalogo de Cajetillas de Cigarrillos de la República de Chile y su Cultura en la Sociedad”, del autor, escritor, e investigador de la Cultura Pampina, RERIPI, bautizó y dio por nombre de una “ciencia”. (Basados en pruebas y evidencias) “El estudio y colección de las cajetillas de tabacos” con el nombre de “MARQUILLALOGIA”. Además al haber el estudio profundo en su contexto sobre la historia del tabaco universal, como el “Estanco del tabaco en Chile” y de las industrias tabacaleras nacionales e internacionales; también de la época precolombina y el uso de las sustancias psicoactivas. (Fármacos o drogas) A la vez por medio de las cajetillas (ó marquillas) transportarse al mundo del “Arte Litográfico”, aplicado la impresión desde su invento, hasta el sistema Offsset, agregando las publicidades de los cigarrillos de la época, también se unen a ellos documentos relacionados con las compañías tabacaleras; quedan dentro los registros, lugares de hallazgos por la pampa salitrera y las variedades de cajetillas cubanas, peruanas, bolivianas, inglesas, norteamericanas, y españolas, Etc. Se destaca también la evolución de los concursos y premios, cupones, láminas con imágenes de artistas, monedas, banderas, buques, cuentos; otros recursos como mini cuentos de un formato de ancho 4,5 x 6,5 centímetros alto, el que contenía 10 páginas.


El año 1924, fue fundado el “Henry Brarens Bank AG Finanzas. La Crisis en década de1930 y el mal momento del salitre chileno; ese mercado del salitre sintético tenía un abastecimiento en el mundo sobre 90%. El señor Henry Sloman, entonces no alcanzó a vivir el pleno desastre salitrero de Chile, falleciendo el 24 Octubre 1931 en Hamburgo Alemania. Durante la segunda guerra mundial, el edificio “Chilehaus”, no fue muy dañado, al ser alcanzada por solo las cinco bombas. El banco comercial después se llamó “Sloman KG”; en 1976, este se fusionó con el banco “Hardy & Co. GmbH Hardy Sloman Bank Ltd.”; el año 1981 estos fueron adquiridos por la Banca alemana y formaron el UBS AG Alemania”. El fantástico edificio ha sido considerado en el listado de UNESCO., desde comienzos de 1991. La restauración del año 1993, tuvo un costo de 50 millones dólares, para modernizar su interior, manteniéndose la fachada exterior de los años veinte. Este gran monumento se encuentra ubicado en la segunda ciudad más grande de Alemania y ha pertenecido a un inversor privado sueco. El periodista Frank Kürschner, especializado en las relaciones entre Latinoamérica y Hamburgo, Dijo en una oportunidad: “Las oficinas, en cambio, podrían ser ultramodernas. Esto lo dispuso la administración de protección de monumentos de Hamburgo, la única institución municipal que tiene que ver con el edificio. “Hay una editorial entre los inquilinos y así mismo una empresa televisiva. También bancos y agencias de publicidad quieren establecer su sede aquí”, dice Michael Fritz, jefe de negocios de la empresa “Jones Lang Wootton”, encargada de alquilar las oficinas, “La Casa Chile dispone de unos 25,000 metros cuadrados para oficinas. en el marco del plan de modernización ya han sido alquilados unos 13,000 (d.p.a Feature C.D)” A pesar de los recuerdos desde una época pasada en la pampa salitrera, no se renuncia al norte grande de Chile, Tarapacá, Antofagasta y Taltal, donde hoy solo queda el legado en el desierto de aquellas últimas ruinas declaradas patrimonios de la humanidad, como ser las industrias salitreras en Tarapacá: “Santiago Humberstone” y “Santa Laura”, además patrimonios nacionales: “Chacabuco” y “Francisco Puelma”, de Antofagasta. Quedando la “Casa Chile” como otro pedazo de historia representativo de nuestro país en Alemania, acompañado del cóndor andino, inserto en nuestro escudo nacional, donde este edificio maravilloso lo lleva prendado, y aún sigue navegando a la vista del ser humano por las calles de Hamburgo. Fuentes: -Revista Cultural “La Voz de la Pampa” -“Crónicas del Domingo” Ingor Thor” -hhp//de.wikipedia /.org wiki/chilehaus -Fotografia: www.flirkc.com/photos/tags/chilehaus -Fotografia: www.artecreha.com - www.cinosargo.bligoo.com Escritor: Reinaldo Riveros Pizarro www.biblioredes.cl/lavozdelapampa.cl


Martes 13 de sorpresa!!!!! Rolando Gabrielli

Dicen que en Internet todo es posible. Es probable, pero también ocurre el olvido y desencuentro. Y desde Málaga, la tierra de Pablo Ruiz Picasso, me llega esta grata noticia del poeta y amigo Oliver Welden, "mi traductor oficial". Este poema, que como le comento en un correo me había olvidado y él me había enviado traducido durante mi pasado cumpleaños. Pero el ciberesapcio nos tiene reservado sorpresas que nadie puede imaginar. Nunca llegó el texto. Afortunadamente, casi 8 meses después, un Martes 13, día de suerte, Oliver volvió a insistir para dicha de nuestros internautas y lectores. Llega la misiva en un mes especial: a fines de octubre el blog cumple cuatro años ininterrumpidos. Quiero invitar a leer la poesía de Oliver Welden, Perro del Amor; Fábulas ocultas y Oscura palabra. Querido Rolando: Para mí ha sido una grata comprobación de tu eterna amistad el haberme incluido en tu "poema maldito" que considero muy original y tal vez premonitorio. Muchas Gracias. Te re-envío un correo que te envié para tu pasado cumpleaños donde incluyo una traducción de tu 'carruaje', pues no sé si lo recibiste. Un abrazo, como siempre, tu amigo Oliver.


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AD DE LAS CUATRO ESQUINAS


La última esperanza (fragmento de la novela El Descuartizado) No es Mirko quien redacta esto No es Mirko quien redacta esto, lo aclaro para quienes me conocen o conocieron, sino Leonidas, o mejor Leonidas, como el héroe espartano, Adorno, como el judío Theodor, aunque esté demás inventarme ese apellido. Aquí los apellidos sirven de etiqueta para saber quien eres, de dónde vienes o por último: si tienes dinero o el respaldo suficiente. De lo contrario serás un “bastardo hijo de puta”, como me lo han dicho, insulto que ya me resbala por la grasa acumulada en el traje; cuando digo esto, recuerdo la obra de teatro “Gemelos” del grupo “La Troppa” basada en la obra de Aghota Kristoff donde dos hermanos se autoeducaban a través de golpes e insultos. Yo me eduqué en una escuela fiscal o pública de aquellas con número, D-91 (antes escuela Número 49) se llamaba, da lo mismo, después fui a un liceo público y terminé en una universidad pública. Todavía no termino de pagarla. Sigo cesante. Suena a excusa. Sigo cesante, repito. Por esto desprecio los apellidos, las castas, las familias que se repiten en la política, aunque suene a resentimiento barato o excusa de lo que nunca seré. Me quedo con esto último pues vivo con lo justo, al borde de la limosna. Confieso que el hambre me ha llevado a escribir, a convencerme de que me interesa de sobremanera la literatura, como si no existiera algo menos lucrativo en el mundo. Comprenderá que no soy un escritor de editorial ni de catálogo de Carmen Balcells. A eso le llamo vocación. El hambre siempre despierta el ingenio, de ahí mi nuevo oficio. Pude ser monrrero como le dicen en Chile al ladrón de casas. Tengo agilidad como paciencia para esperar. Ahora, podría preguntarse: ¿Qué futuro puede tener este pobre diablo cesante, y para más remate aspirante a escritor? Respondo que vivo el presente, aunque eso no quita que sea un pobre huevón condenado a la indefensión y a la muerte, como mi recordado amigo Patricio Riveros (Q.E.P.D), escritor mendigo de la ciudad de Iquique. Por esto, para que no me pudra, por favor léame, y no pierda el tiempo, lectora o lector, en los escritos de un ex futbolista, un ministro o una prostituta, por nombrar algunos libros de moda. O no pierda el tiempo leyendo diarios mata tintas tan habitués donde la teta televisiva interesa más que un mapuche muerto. No se trata de subestimar su criterio al momento de elegir un libro o un diario, al contrario, deseo que comprenda mi odio, lo digo sin exagerar, contra aquellos que publican a través de millonarios contratos -que abultan más sus arcas millonarias- sus libros autorreferentes, sobre sus egos henchidos, sus experiencias efectistas. Dígame resentido. Lo soy. Lo peor es que no lo escriben ellos, sino que tipos como yo, escritores hambrientos. Es más, me pudren los ojos de los lectores de supermercado, ojos susceptibles a la oferta, a lo barato, ojos que reducen todo al rectángulo de una vitrina o una pantalla de televisión. Espectadores sin alma, sin memoria. Espectadores fabricados en serie por la televisión.


Para este libro imagino una caricatura del célebre cuadro “el grito” de Munch. Fue lo primero que se me ocurrió. Un grito que también puede estar en la esquina y que puede ser no de alguien pidiendo ayuda o socorro, sino de alguien descontento, de alguien que quiere expresarse a gritos, de alguien que salió del plástico. Hace poco leí que “el grito” fue robado de un museo, quizás un carterista chileno, de aquellos que abundan en Europa, de los que hacen patria. Yo lo hubiera sido para sobrevivir si hubiera estado allá. Habría sido de la mafia de los carteristas. Nos gusta eso de andar robando por allá, bien lejos de este infame país de rateros de corbata y uniforme. Quiero vender “mi gritito”, total estamos en Chile, Latinoamérica, Tercer Mundo: insectario, nicho, patio y reserva. El mercado de baratijas está cerca, le llaman Feria de Las Pulgas, y también venden cosas robadas. Escribo, luego pienso. Después repienso y reescribo. El método lo hace cada uno. Hay momentos que escribo como si me apuntaran con una pistola. Si paro, el maldito me dispara. Ahora siento aquella sensación. Es como pensar el final en el comienzo. Simple ansiedad. Es lo mismo que apretar el ano de los puros nervios. Estoy en un computador prestado, en la oficina de un publicista. Finjo que navego en el Google. Son las 21.45 horas de un viernes, y mi amiga, así la llamo ahora, termina como a las diez el trabajo con el publicista. Ellos están terminando de crear un mundo, un mundo para que el consumidor, así le llaman a la gente en lenguaje publicista, apela a sus pasiones básicas y entrega. Tipos como yo aparecen todos los días. Común es mi rostro, mi piel y mi estatura. Sucede lo contrario con Mirko. Desde que dio rienda suelta a su impulso se transformó en Mirko, el (es muy pronto para revelar que es el descuartizado, pues hay que tejer suspenso). Junten miedo: nuevamente Mirko deambula por las calles de esta ciudad. Busca venganza. Piensa ubicar bombas en lugares públicos. Sólo bombas de ruido. No tiene dedos en las manos. Los perdió en batallas anteriores. Bombas mal armadas que explotaron antes de tiempo. Deficiente planificación como soledad. Tal vez le faltó ser aconsejado por alguien de mayor experiencia. Carencias, en definitiva. Es decir no hay que tomarlo muy en serio, sin embargo es un potencial peligro. El tipo te puede hacer desaparecer. Ahora pensará que cómo mierda puedo escribir o a dónde mierda aprendí a escribir. Soy lo que llaman: un autodidacto. Hay que expresarse de algún modo. Escribir resulta barato, no se gasta en materiales como en el caso de la pintura aunque me gustaría intentar pintar “el grito”. El problema son los estereotipos. La mayoría de las fotos que aparecen en la solapa de los libros exhibe tipos de mirada bonachona, ni peinados ni despeinados, que en ciertos casos aprietan un cigarrillo en los labios. Visto de ese modo, el cigarrillo es como la vara de Moisés. Aquellos tipos, los del cigarrillo, dan buen jugo literario. Supongo que el cigarrillo es un bastón donde apoyarse por inseguridad. Conozco muchos escritores inseguros. También están los de gafas con mirada penetrante, quizás soberbia. Vuelvo a esto de la inseguridad. Se creen buenos. Tiene poca tolerancia a la frustración. No aguantarían que le destrozaran sus trabajos. Bienaventurados los arrogantes, diría Moisés con un cigarrillo en la boca mirando a su desarropado pueblo. También están los risueños, pero que miran hacia abajo. Tal vez el fotógrafo les contó un chiste, algo así como: “mira ésta que tengo entremedio de las piernas”.


Soy un majadero crónico, resentido. Majadería también es que tanto yo, Leonidas, como Pedro, por el apóstol, o Joaquín, por Sabina dijo mi padre, seamos fragmentos de Mirko, el real protagonista de esto. También hay críos como Luis. Hay proyectos de críos. Es como tener piojos. Los tres redactores, lo de redactor calza al dedo, no necesariamente somos escritores o pretendemos serlo. Me explico: Joaquín no sabe que es un escritor. No tiene paciencia. Sólo lo motiva su instinto. Usted sacará sus conclusiones. De Pedro se puede decir que escribe sólo para concursos literarios. Busca fama y viajar gratis. Lleva más de 12 años participando a nivel nacional e internacional. Sólo logró una mención honrosa en el concurso de cuentos de un ayuntamiento de España, y la fama de sinvergüenza al no justificar un dinero que le entregó el gobierno para realizar un taller literario y una campaña de fomento a la lectura. Los une claro, el resentimiento. Van por los 40 años. No es honorable que lo diga, pero Celeste me busca, después de todo todavía siente un poco de amor aunque su necesidad responda a un arreglo de cañería de su nuevo departamento. Ella insistió que a las diez la viniera a buscar. La espero mientras ella y su amante fabrican mundos felices debajo de un afiche de “Los Simpsons”. Entre Pedro y Joaquín los conflictos son frecuentes. Pedro nunca terminó un relato sobre una riña. La historia comenzaba en un bar, lugar recurrente en él aunque esté bastante repetido dentro de la literatura, según leí, y destacaba el hecho de que Joaquín había ofendido a la mujer equivocada (nótese a Joaquín transformado en una especie de alter ego de Pedro). “Había pensado que se trataba de una puta o algo semejante. Estaba borracho. Entre varios lo molieron a golpes, con la complicidad del resto. Luego lo tiraron semidesnudo a la calle. Sangraba. En el hospital lo trataron como escoria. Al otro día lo visitó una persona con aspecto de mujer. No hubo presentaciones. Joaquín le propuso que se la mamara. La mujer le apretó el cuello. Una enfermera gritó y llegaron los guardia” (Sólo era digno de curiosidad eso de la persona con aspecto de mujer, luego el relato se deshacía en detalles bobos algo típico de Pedro). Lo presentó a un concurso de relatos breves. Pedro tenía la desfachatez de concursar en todo. Todavía no le entregan el resultado.


Joaquín bebe como si no hubiera destino, entre medio entretiene y aconseja. Es un poetilla urbano de tetas sueltas por la sirrosis no asumida. Después se descontrola y se pierde. Puede terminar fumando droga en calle Serrano junto a unos travestis. Lo conocen. Pedro tiene claro que el mejor lugar para Joaquín es el encierro, pero esto sería su negación. Joaquín considera pretencioso y hasta amanerado a Pedro. Sin embargo habitan en las mimas cuatro paredes, bajo más sombra que sol. No tuvo empachos para tratarlo de escritor fracasado. Pedro no lo toma en serio, que es lo peor. El problema de Pedro es su ego. Desea –en lo más hondo- sentirse un tipo inalcanzable, un poeta venerado como Neruda, un tótem en medio del Desierto de Atacama como El Cowboys, pero no tiene talento, según Mirko ¡Qué sabe éste de talento! Mirko tuvo cierta habilidad para la música, para interpretar la viola y hasta para escribir. Para las artes en general. También tiene habilidad para ajustar cuentas y pasar desapercibido, por un tiempo, digo por un tiempo pues bien vale el dicho popular: el que a hierro mata, a hierro muere. Una mezcla de Joaquín y Pedro conquistaron a Celeste. Ambos la decepcionaron. Después de todo surgí yo, Leonidas, la última esperanza de Mirko.


Mataron por matar

Oye, mataron a Víctor y miles más mataron, mataron por matar. Murió la muerte ese día yo estaba en Santiago, la copia feliz del edén, la cordillera nevada y la primavera despuntando. Oye, mataron a Víctor y miles más mataron, yo estaba en Santiago, la copia feliz del edén y la primavera despuntaba. Los muertos se daban la mano en el más allá. Amigos, no saben, los vivos también morimos, mataron por matar. Oye, mataron a Víctor y miles más mataron. La muerte es un soldado feroz llorando sus balas perdidas yace dormida junto a la vida en un cuartel militar arrodillada jura salvar los muertos que ordenan matar. Oye, mataron a Víctor... Rolando Gabrielli


En algunos países la historia es un paso dormido en el vacío. Dejan que el tiempo pase como un pedazo de espacio sin aire. No hay apuro ni memoria, la historia nace huérfana y tullida, cuando olvidan y niegan a los muertos que mataron y desparecieron doblemente. Hacen cómplice a la historia con su silencio. Hay historiasde fechas vencidas en la memoria de los vencedores. Historias vacuas, doblemente gastadas por el statu quo, príncipe oscuro del olvido. Para algunos, existen solo dos historias: ganadores y perdedores. ¿Esa es la historia del asesinato de Federico García Lorca hace 73 años en Granada? Aún se conserva en la memoria un puñado de datos inexactos, no comprobados, cuando mucho, y todas las dudas de como lo asesinó el franquismo. Las causas que maneja esta historia trunca, manca de transparencia identifica a la víctima como: rojo, homosexual y poeta. "Hace más daño que si disparara un arma". Andaluz profesional, le llamaría Jorge Luis Borges, y García Lorca ya se había enamorado y conquistado Buenos Aires. Dos años después aproximadamente de esa visita, donde conoce y se hace amigo de Pablo Neruda, recuerda su muerte Antonio Machado: Se le vio, caminando entre fusiles/por una calle larga/salir al campo frío aún con estrellas en la madrugada. Mataron a Federico/cuando la luz asomaba. /El crimen fue en Granada/ ¡en su Granada! Neruda escribiría su Oda a Federico García Lorca. SI pudiera llorar de miedo en una casa sola,/si pudiera sacarme los ojos y comérmelos,/lo haría por tu voz de naranjo enlutado/y por tu poesía que sale dando gritos... Cuando vuelas vestido de durazno,/cuando ríes con risa de arroz huracanado,/cuando para cantar sacudes las arterias y los dientes,/ la garganta y los dedos,/me moriría por lo dulce que eres/en donde en medio del otoño vives/con un corcel caído y un dios ensangrentado,/ me moriría por los cementerios /que como cenicientos ríos pasan/ con agua y tumbas, de noche, entre campanas ahogadas/: ríos espesos como dormitorios de soldados enfermos, /que de súbito crecen hacia la muerte en ríos con números de mármol /y coronas podridas, y aceites funerales: /me moriría por verte de noche/ mirar pasar las cruces anegadas... España busca 73 años después del crimen, el cadáver más emblemático quizás de la Guerra Civil, donde su enterrador y otros dicen que se encuentran las osamentas del poeta. Se habla de indicios de profanación de la tumba y que quizás no estén allí sus restos. Se dice que serán exhumados sus restos en los próximos días. Se ha dicho más de la cuenta y habrá que esperar la investigación una vez se encuentren sus osamentas. La historia de España no es única durante el siglo XX, se repitió en América latina, y en el Cono Sur, hay diversos casos emblemáticos de artistas, escritores, músicos asesinados por las dictaduras militares. El crimen del folclorista chileno, Víctor Jara, se ha dilucidado por fin 35 años después. http://rolandogabrielli.blogspot.com/


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Revista La Santísima edición número XI octubre del 2009