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AÑO III NÚMERO XXIV

EDICIÓN DE MAYO DEL 2010


REVISTA CINOSARGO

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Editado en Arica- Chile 2010 Dise単o: Daniel Rojas Pachas y Milvia Alata Cinosargo Contacto: carrollera@gmail.com Web: www.cinosargo.cl.kz Editorial Cinosargo by Daniel Rojas Pachas & Milvia Alata Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.0 Chile


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Director: Daniel Rojas Pachas Editores. Milvia Alata y Daniel Rojas. Coordinadores. • • • • •

Daniel Rojas P. Wilfredo Carrizales Milvia Alata Tejedo Violeta Fernández Eduardo Ignacio

Colaboradores externos: •

Grupo MAL.

La Revista Cinosargo esta en línea desde el día 17 de mayo del presente año, alojada en la plataforma social Bligoo. Todos los derechos de los artículos y la responsabilidad de su contenido, pertenece a sus respectivos autores. www.cinosargo.cl.kz Revista Cinosargo Copyright © Daniel Rojas 2008 - 2010

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Estoy rodeado de hijos de puta.

Por Daniel Rojas Pachas

Estoy rodeado de hijos de puta. De "Ficciones demasiado reales para ser ciertas". No sé, tal vez soy uno de ellos, aunque no lo creo, al menos no me gusta joder a otros y eso es una gran diferencia. Puedes ser un bastardo contigo mismo pero que necesidad hay de serlo con el resto; de pararte frente a ellos a centímetros, respirando sobre sus narices con el aliento apestoso y caliente y con los pedidos ridículos, las exigencias triviales escurriendo sobre la piel. Es una mierda y sé que no es menudo dilema el que planteo, pero es mío, es parte de mi universo y me está jodiendo el cerebro; así que en ese grado tiene tanta importancia como el cáncer de un tipo o la pobreza de otro, nadie va a ayudarte con tu carga, nadie tampoco tiene porque hacerlo, no pido sus suspiros, lágrimas ni consuelo, tampoco su entendimiento, sólo digo lo que pienso. Lo puedo escribir, eso es suficiente consuelo para mi, así que como dije, no quiero su misericordia tampoco deseo su puta presencia, no de esa forma molesta, sobre mi espalda hostigado por putos requerimiento inútiles... Por ejemplo, puedo trabajar en este ridículo local de polos rockeros y merchandising de bandas pero a nivel personal no les debo nada, sólo respeto, distancia y una atención a sus consultas referidas al producto. Pero no soy su maldito psicólogo y tampoco tengo todas las respuestas a su urgencia existencial, a su anhelo vital por definirse. - por centésima vez hueon no estampamos dibujos de 24 colores por tres mil pesos, no hueón entiende, nadie te va a pintar la maldita capilla sixtina en tu culiada camiseta y no, no hacemos rebajas... - No, no tengo chapas más económicas, y si, ese es el único tamaño que trabajamos... -¿pero estas seguro? - Sí - Seguro seguro - qué no lo ves... -pero - pero nada hueona... escucha y escucha bien ok, si entre todas las putas chapas uniformes y de 2,5 mm, encuentras unas más chicas y que yo no haya visto o que no sepa están en mi local y que tengan un precio que yo no haya estipulado, puedes llevártela gratis ok mierda...

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- vende autoadhesivos - No - Eh flaco tienes poleras de godsmack - No - es que nadie los cacha -No hueon todo el mundo los conoce lo que pasa es que no venden ok. - joven tiene poleras de daddy yankee - no vendo mierda a los jóvenes señora... -¿cuánto me cuesta esta? -no -ey pendejo hueón puedes dejar de golpear las chapas antes de que proceda a hacer de ti una chapa... -qué poleras tiene -no sé, de qué andas buscando -de lo que sea -puedes ser más específico. -no sé muéstrame todas. -¿tienes dinero? -no, pero así elijo una para después -lárgate antes de que te meta el zapato en el culo conchadetu.... -el estampado compadre de que esta hecho, no es de eso que se pela... -es serigrafía “compadre” no transfer, usamos plastisol y la plancha solo al momento de termofijar el estampado a la tela, que por cierto es 90% algodón y 10% polyester... -gua!!!! (Háblales con palabras grandes, de forma técnica si es posible. Los imbéciles se lo tragan todo, incluso, en sus rostros puedes notar la admiración, te endiosan, ya que nunca esperan que un feriano sepa tanto. Mierdas prejuiciosas y obtusas.) -Oh hueón no puede ser es increíble hueon, he buscado una polera de esta banda por años, me gusta muchísimo este grupo y es la primera vez que veo una polera de ellos y en mi talla, y no están caras, más encima del disco que más me gusta de ellos, pero, por casualidad no tienes la misma, idéntica solo que en vez de que en el logo tenga ese ribete verde tenga uno ligeramente verde jade. -No. -oh que pena gracias de todos modos. Es un espejo del mundo, una síntesis diaria que se libra entre cuatro paredes desnudando la mezquindad, soberbia y egocentrismo superficial del ser humano, a sólo un paso de la demencia y a través de atiborradas voces, provocan una diarrea mental incontrolable... ...y no es que sea demasiado especial para ellos, es más… ellos se sienten demasiado especiales para sí mismos, para lo que son en verdad, por tanto no existe nada en esta maldita tierra o universo consumista que los satisfaga. No existe la polera, ni el estampado que defina su grandeza, ni siquiera el modelo 100% 100%, ni la chapa más diminuta del globo o el parche demócrata totalitarista, su dualidad supera el esquema del ying y el yang y el equilibrio cósmico es una alpargata frente a su yo quiero y toda la puta inventiva de toda una especie se derrumba cuando gruñen...


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Mutaciones por la basura

Nadie tiene muy claro el génesis de los orcos. Pero desde que se multiplicaron, algunos silenciosos como reptiles de sangre fría, el sarro tapó las calles y las playas. Ni la lluvia de cloro que lanzó un viejo y ruidoso D-3 que sirvió a Aeronor recuperó a la ciudad. La suerte estaba echada. Desde el cielo una mancha oscura, un hoyo o un tubérculo podrido. En el mapa sólo un anuncio de ciudad prohibida y la imagen de un calavera. No fue la Bomba H, sino el efecto de la basura y la contaminación. Los avechuchos mutaron a jotes, luego a murciélagos y terminaron en terodáctilos cuyas sombras taparon las que fueron avenidas verdes. Los perros se transformaron en hienas, los ratones en coipos con dientes de jabalí y los gatos mutaron a chupacabras. A los lobos marinos le salieron patas y a los pelícanos, manos. Algo, tal vez algún metal pesado, provocó una rápida mutación de las especies y la aparición de otras nuevas, monstruos cucarachos y porcinos, asquerosos a la vista y al olfato desde el pelo a las pezuñas. Fueron los orcos, homo sapiens ulcerosos y de estrechez mental, quienes tras estacionar en la penumbra madrugadora sus vehículos cromados y ruidosos –frutos de la bonanza-vaciaron sin piedad en las playas sus cantimploras rotas con una mezcla de destilado, ron, y bebida energética. Esto como antesala para brincar en la bacanal reggaetonera de las chillonas discotecas. Las cantimploras de lata y vidrio, se mezclaron en la arena y en el asfalto con preservativos usados, plomo, arsénico, toallas higiénicas y otras cochinadas inclasificables. Gracias al riego de pisco con bebida energética, cerveza, orín y otras hierbas alucinógenas del mundo de Alicia, brotaron, en las playas y en las calles, callampas pegajosas o espinillas de tierra. En su interior cobijaron las larvas de la nueva especie inmune al Tanax, la mutación genética que esclavizó y reemplazó a los orcos. Por suerte la naturaleza puso orden. Un tsunami se tragó a este panal de bicharracos epidémicos y a su pantanal de basura. Después regresó el color. Autor: Rodrigo Ramos Bañados. Fuente: Escritores desde el límite.


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Homenaje a DINKO PAVLOV Arturo Volantines

Nació en La Serena (1943-2010). Psicólogo. Sus trabajos literarios han sido publicados en diarios y revistas. Ha sido traducido al croata, inglés y alemán. Ha logrado numerosas distinciones literarias, tanto por su obra, como por su trayectoria; entre otros, el Premio Municipal de Literatura de Punta Arenas. Algunos de sus títulos publicados: Escape Imaginario(Poesía, 1984); Atrapado pero…con salida (Novela, 1986); Odas(Poesía, 1989); Poetría (Poesía ilustrada, 1990); Impronta (Antología de poesía y cuento de cuatro autores magallánicos, 1991); Chiloé Mágico (Poesía popular ilustrada, 1993); Códigos perdidos (Cuentos, inglés-español, 1996); Sigo Vivo (Poesía, 1997); Desde el sur del sur, en sexo y negro(Poesía, 1998); Boris y las ratas(Cuentos, 1999); Lamento Alacalufe y Oda a la esquila (Poesía, carátulas ilustradas bilingües español-inglés, 2000); Versos para una sirena solitaria en la caleta (Poesía, 2001); Magic Chiloé (Poesía popular bilingüe, español-inglés, 2002); Para quién se atreva a lanzar la primera piedra (Poesía, 2003); Con esta chicha me curo yo (Novela, 2005); Así habló el desierto (2007); Sin ser exactamente un virtuoso (poesía, 2009). Su obra aparece en “EL BURRO DEL DIABLO; Arqueo de la Poesía Contemporánea de la Región de Coquimbo; Ediciones Universitarias, Universidad Católica del Norte, Antofagasta (2008). Dolores de la edad Anidarán las palomas aún en la palmera en medio del patio de piedras y corredores, se arrullarán quedamente como entonces, cuando intentaba alcanzar su vuelo aleteando quimeras infantiles tratando de ganar alturas. Retumbarán los sones de la “Heroica” o de la “Suite Cascanueces” llamando a la Pasión y Muerte de la Semana Santa al Teatro Nacional, a cuya vera me parieran y creciera saltando murallas y edades, para espiar a Fumanchú, el Jinete Escarlata o Flash Gordon. No me di cuenta del dolor del crecimiento, hasta que vuelvo hoy con mi metro noventa, a recorrer rincones de tus calles como entonces, La Serena. Respuestas vitales ¿Deberé caminar como los apóstoles tras Cristo Gatica, escuchando sus parábolas: “Obsesión”, “Contigo en la distancia” o “Sinceridad” ahora que se agotó su voz”? ¿O deberé buscar nuevo profeta melódico que alimente mis romances?”.


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Ideas sobre la situación editorial del norte chileno. Al pensar el panorama literario del norte, no podemos ignorar el tema editorial y la distancia que media con los grandes centros. En ese sentido hay que ponderar lo que sufre un escritor de estos rincones del mundo al interactuar con las editoriales. A pesar de que la tecnología nos mantiene relativamente cerca, el espejismo de ciertas casas de publicación y sus apuestas por voces nuevas, pasa por un filtro mayor al estético, el comercial. Al final las ofertas son más un servicio de autoedición que te vende su logo y el supuesto prestigio de ingresar a un catálogo que una confianza real por la calidad del escritor. Esto cuando hay respuesta y se recibe un acuso de recepción o incluso una negativa fundamentada que sirva de parámetro, demostrando el valor de un editor o comité especializado, que es en el fondo lo que da vida y diferencia a un sello. Estas ambiguas condiciones son las que generan escepticismos y aunque publicar es consecuencial a escribir, y una buena obra literaria, cuando tiene algo potente que decir encontrará su cauce. No deja de ser menor considerar el tema editorial en toda provincia o suma de provincias como es el caso de Santiago, Buenos Aires o DF. En cuanto a la situación específica del norte, aunque muchos sigan esperando la llegada de una sucursal o cazatalentos de Alfaguara, Anagrama o Planeta, no es menos cierto que si aquel que desea ver su obra editada, no se mueve y suda, nunca verá concretada tal realidad. Claro que la aparición de sellos independientes, cartoneras, ediciones digitales y distribuidoras que difunden en espacios alternativos a las colosales ferias y en lo posible con políticas distintas a la cámara del libro, procurando la llegada a otros receptores o la edificación de los mismos revela un síntoma de apertura y exploración; creo que el paso a realizar con mayor ímpetu desde Arica hasta Serena, es saltarnos los cortes que impone el desierto y las quebradas y no estar de espaldas al vecino inmediato, poniendo en juego estas formas variadas de edición y difusión e incluir a los grupos de Perú, Bolivia y Argentina que están en el mismo proceso. Lo cual no implica un ánimo divisionista o fundacional de un nuevo estado dentro de la configuración que tiene Chile, sino un enriquecimiento lógico del acervo de esta zona dadas sus condiciones geográficas y generar así, un aporte al diálogo literario y (re)escritura del canon productivo del libro en el país. Escrito por Daniel Rojas Pachas


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V I S I T E C I N O S A R G O

WWW.CINOSARGOMULTIMEDIA.BLIGOO.COM

M U LT I M E D I A BIENVENIDOS A CINOSARGO MULTIMEDIA, ESTE ESPACIO ESTÁ DESTINADO A COMPLEMENTAR, LA LABOR QUE REALIZAMOS CON LA REVISTA Y DE UNA FORMA MÁS EXPEDITA, DAR CUENTA Y MUESTRA A NUESTRO PÚBLICO DE LOS DISTINTOS ARCHIVOS EN MÚLTIPLES FORMATOS Y SITIOS DE ALOJAMIENTO COMO YOU TUBE, GOEAR, SCRIBD, ISSUU Y FACEBOOK, ENTRE OTRAS CUENTAS QUE MANTENEMOS COMO PROYECTO LITERARIO VINCULADO A LOS MEDIOS DIGITALES Y SU ENORME P O S IB IL ID A D D E P R O Y E C C IÓ N . CINOSARGO TIENE LA PALABRA... EL SONIDO Y LA IMAGEN...


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MÁS VALE PÁJARO ENTRE LAS RAMAS [Texto y fotografía: Wilfredo Carrizales]

El único sobrino de mi amiga, la doctora siquiatra S. Somengoy, es un ornitólogo aficionado, pero él sabe más de pájaros que cualquier científico naturalista especializado en esa rama del saber. En una ocasión estaba yo en el consultorio de la doctora Somengoy y, de improviso, alguien abrió la puerta sin llamar previamente. Era un muchacho de alrededor de unos trece o catorce años, un tanto espigado. Usaba unos anteojos redondeados, tenía abundante acné en la cara y sus ojos miraban todo con una curiosidad que dejaba perplejo a quienquiera que lo observara. La doctora nos presentó y para mi sorpresa, él dijo: “¿Usted no es el señor que vive al final de esta misma calle, en una vieja casona protegida por un alto paredón, detrás del cual hay un jardín con muchos árboles de donde cuelgan numerosos helechos en cestas de alambres y por las mañanas bajan diversos pájaros a beber agua y picotear las frutas?” Respondí afirmativamente y cuando iba a preguntarle de qué me conocía, dio la media vuelta y salió sin despedirse, ni de su tía ni, por supuesto, de mí. La doctora se encogió de hombros e hizo un gesto con las manos que pudo significar “los muchachos de ahora son así”. Miré mi reloj y vi que eran las cinco y cuarto de la tarde. Le di la mano a mi amiga y le dije que debía marcharme y regresar a mi casa. Salí del consultorio de la siquiatra y me encaminé rumbo hacia mi morada, calle abajo, hacia el oeste, hacia donde fluían las aguas de lluvia. Caminaba muy despacio e iba abstraído pensando en la extrema sequía de aquellos días y en la demora de la estación lluviosa. Una bandada de pericos o loros pasó por encima de donde yo transitaba. Chillaban con tristeza, a intervalos, como si intuyeran que sus nidos ya no existían más o que los árboles que los sostenían se habían mudado algunos kilómetros más hacia el norte. Transcurridos veinte minutos llegué a la entrada de mi casa. Introduje la llave en la cerradura y abrí la puerta. De inmediato sentí que los helechos clamaban por agua. Me puse a llenar una tinaja con la poca agua que salía por una manguera y así me dediqué a aplacar un poco la sed de los helechos. (Ningún pájaro se oía por los alrededores). En eso estaba, cuando escuché que golpeaban la puerta de calle con una insistencia desconocida para mí. Acudí a abrir y me encontré con el sobrino de la siquiatra. “Necesito hablar con usted”, dijo, sin saludar y penetró por la puerta sin aguardar a que yo lo invitase a entrar. Se sentó sobre una de las grandes piedras que circuían un granado y yo me acomodé en la acera, frente a él, a la espera de que se manifestara. Estaba sudando y su cabellera lucía alborotada. Me pidió un vaso de agua fría. Se la tomó sin pausa, colocó el vaso en el suelo y se quitó los anteojos. Me miró con fijeza algunos segundos y en seguida comenzó a hablar. “Yo sé que usted está al tanto de mis actividades como ornitólogo aficionado. Cada fin de semana me interno en las montañas que están a una hora de aquí, en dirección septentrional, y me pongo a estudiar, observar e imitar el canto de cada una de las especies de pájaros, machos y hembras, porque cantan distinto, así como es distinto su plumaje y su tamaño, y allí me quedo a habitar dos días con sus noches... Este fin de semana pasado me interné en una zona donde abundan los riachuelos y que nunca antes había visitado. De hecho, parece que nadie jamás ha estado en ese sitio. En aquel lugar los árboles son muy altos y la luz del sol penetra con suma dificultad. El suelo está cubierto por una gruesa capa de hojas y troncos podridos de donde emergen con frecuencia escarabajos de todos los tamaños imaginables.


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Los más extraños chillidos de aves y cantos de pájaros se escuchan en las copas de los árboles y, a veces, al nivel de las raíces sobresalientes de los monstruosos troncos. A medida que me internaba en la espesura sentía que mis pies se hundían entre la materia orgánica descompuesta, pero estaba tan arrobado con el piar de los pájaros exóticos que apenas me daba cuenta de la dificultad que representaba avanzar por entre aquella masa de detritus. De pronto, una luz muy fuerte reverberó encima de unas lianas que colgaban casi frente a mí y mis pupilas se abrieron desmesuradamente. Comencé a percibirlo todo con ojos de serpiente. Mi percepción cambió bruscamente. Los ramajes perdieron su color y ahora observaba el entorno con una coloratura rosada parduzca. Incluso descubrí escondidos o camuflados entre la hojarasca a algunos pequeños roedores que ni siquiera momentos antes hubiera podido imaginar que estuvieran ahí. Sentí que mi lengua salía de mi boca y volvía a entrar, intermitentemente, y se movía afuera, bífida, en procura de calcular la distancia exacta hasta donde estaban los roedores. Pero un destello me obligó a cerrar los ojos. Cuando los abrí de nuevo sentí que atisbaba y escudriñaba los alrededores con ojos de cunaguaro.

El ámbito selvático volvió a mutar de color y ahora percibía el mundo exterior con tonalidades grises y puntos azules en los bordes. Localicé a unos roedores más grandes, como del tamaño de un perro pequeño, que huían atemorizados ante la fiereza y voracidad de mi mirada. Yo estaba fascinado por todo lo que me ocurría y lo aceptaba con simple naturalidad. Empecé a sentir hambre y me dispuse a elegir al más gordo roedor para atraparlo de un salto. Mas unas chispas brotaron de un recodo húmedo y cubierto de musgo y entonces principié a catar el mundo que me rodeaba con ojos de mariposa de enormes alas que mostraban en su centro un diseño de calaveras. Los árboles, el aire, las rocas, el agua... eran percibidos por mí con cromatismos azules que poseían estrías amarillas. Podía divisar a las iguanas agazapadas en las horquetas de los árboles y a las ardillas quietas, metidas dentro de sus madrigueras. Era capaz de advertir los movimientos de las arañas peludas que trepaban por las carcomidas ramas y escuchar y ver con notable claridad la incesante labor de los bachacos. Incluso era susceptible de detallar cada cuerpo de las hormigas y resaltar sus defectos y prioridades. Mi vista fue ascendiendo progresivamente hacia el extremo de las ramas que habían logrado considerable altura. Ya mis pupilas estaban a punto de sobrepasar las copas de los árboles y ganar el vasto espacio ulterior, cuando todo el cielo se bañó de blanco y comencé de inmediato a mirar con ojos de gavilán que venía en velocísimo descenso hacia mí, con las garras abiertas y lanzando chillidos que opacaron a los restantes sonidos preexistentes. En el momento en que el gavilán iba a clavar sus garras sobre mi cuerpo me tiré de bruces, cual un pichón de arrendajo, sobre la hojarasca putrefacta y sentí el vuelo rasante del ave rapaz muy cerca de mi nuca. Con los ojos cerrados comencé a moverme, reptando, y sentí, de inmediato, que ahora era una lombriz de tierra que procuraba ponerse a salvo como fuera. Ignoro por cuántas horas me desplacé de esa manera y cómo fui a dar a un claro de la selva desde donde se divisaba la ciudad, abajo, a lo lejos. Me puse de pie, comprobé que mi visión se había normalizado y volví a identificar los trinos de los pájaros con los que estaba más familiarizados. No sé porqué les di las gracias sin emitir palabra. Cuando regresé a mi casa comprobé que no había estado ausente más de cuatro horas, a pesar de que mi intuición me decía que, por lo menos, había permanecido en aquel recodo de la montaña más de diez horas”. Al terminar su relato recogió sus anteojos del suelo y se los puso sin limpiarlos. Me lanzó una interrogación con las cejas subidas y como yo la esquivé con presteza, entonces se levantó, se sacudió el polvo del trasero de su pantalón y se dirigió a la puerta de calle. Antes de que cerrara la puerta tras de sí le escuché que imitaba el canto de un cristofué macho y le deseé mucha suerte en su próximo periplo.


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El último suicidio de Fernando Vallejo Por Rolando Gabrielli La muerte es un automóvil con dos o tres amigos lejanos Roberto Bolaño El narrador, cineasta, músico, biólogo y ensayista colombiano, Fernando Vallejo, no tiene pelos en la lengua. Los pelos no se hicieron para su lengua, que es más larga que la Sabana bogotana y filosa que un machete para abrir la manigua o la cabeza de sus enemigos. Sin duda, tema hay. Acaba de estar en la 36 Feria del Libro de Argentina y pulverizó la Nada. De ahí surgió todo lo que ya no quedaba y estaba por venir, porque la cuerda de este padrino de la muerte es larga y no tiene fin. Es probable que en su próxima novela antes de morir, diga que Colombia inventó la muerte, o al menos le cuida la guadaña. Vallejo nunca creyó en su madre, el Papa, Colombia, la religión, Dios, ni en la poesía y a Internet, la califica de basurero. El Diablo, que se las arregle por su cuenta, aunque dice mantener un dialogo cordial con Satanás. No escapan de sus críticas iconos universales, algunos venerados, intocables para académicos o simples lectores, pero Vallejo no da tregua ni descanso a Albert Einstein, Jorge Luis Borges, (Borges es un 'güevón' y todos lo saben. ¡Pero quién le da patadas a un ciego) Federico García Lorca, Octavio Paz, Gabriel García Márquez y Gandhi. Hamlet. Ninguno sale bien parado frente al Quijote, su reino intocable de la Mancha, aunque ya el famoso hidalgo, que murió finalmente cuerdo, no resuelve nada en estos tiempos, porque no encaja y el agujero negro de la literatura y de la vida succiona a los más viriles e imaginativos personajes de la historia. No escapó Roberto Bolaño; "Fernando Vallejo aseguró que la prosa de Bolaño es demasiado simple, plana, elemental, "del tipo yo Tarzán, tú Chita". Todo es tan diferente en boca de otro. Patti Smith, la antigua Musa de Nueva York, dijo de RB: "Leer a Bolaño ha sido una revelación para mí, por su ternura, su poesía y su filosofía. Creo que saber que iba a morir es fundamental para entender las reflexiones de sus libros. Su enorme sentido de la humanidad y, por tanto, de la inhumanidad tienen que ver con esa inminencia de la muerte. Sencillamente, cada día aprendo de él". "2666 es la primera obra maestra del siglo XXI", afirma en conversación telefónica desde su casa de Nueva York. "Es la nueva Finnegans Wake, la novela del nuevo milenio. Sencillamente, me obsesiona y creo que su influencia sobre el resto de escritores será imparable.

Casi se atropella con las palabras para que todos desbarranquen hacia el precipicio sin que el polvo los vuelva a ver. De Colombia dice tantas cosas en una misma dirección que es imposible traducirlas: el mal ya está hecho, el país no tiene escapatoria: "atropellador, asesino y mezquino. "Impúdicos, bellacos, así son todos los políticos", denuncia Vallejo, en un lenguaje que es su propio evangelio sin nada de nada, porque para él no existe Dios ni Ley.


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Tal vez la del embudo, por donde se siguen colando millones de latinoamericanos sin esperanza, desplazados dentro y fuera de sus patrias, indocumentados de la vida.. Gira en un círculo como en una gran rueda donde ya pasó un millón de veces y quiere olvidarlo todo, hasta el propio círculo. Vallejo es su propia retórica, se pasea por un jardín sin principio ni fin. Ahí está con su permanente morisqueta ante la muerte, pidiéndole a su sombra que ahueque el ala, que le vaya dejando espacio para planear solo, el cuervo que le aletea por sobre el hombro. Sin Colombia no existiría Vallejo y Colombia es como su intestino delgado y grueso, su vaso repleto de historias, hígado agusanado en expansión y una vesícula a punto de estallar en la selvática bilis. Su páncreas pareciera comportarse discreta y correctamente, aún produce su insulina su cuerpo al parecer y respira por las noches a miles de kilómetros de Colombia con absoluta naturalidad, con la esperanza de que se muera hasta la muerte. Levita, tal vez por el DF, que tantos muertos cuenta cada día por cada uno de sus rincones calientes, ciudad madre, de tantas causas perdidas. El cine le parece lenguaje muerto, un arte inferior a la escritura, dice, pero podría reunir a tantos muertos sobre las pantallas del celuloide que rondan por las sombras de nuestro subcontinente. Alguien de seguro vio pasar el fantasma rejuvenecido de Roberto Bolaño como si el Ángel del DF le tuviera a mano un hígado para seguir saldando cuentas con la literatura. Monsivais aún se ríe de la ciudad que carga más muertos que los cementerios y todos parecen vivos, autorizados por Gobernación. Porfirio Barba Jacob, (Miguel Ángel Osorio) el poeta inédito colombiano, de los mil pseudónimos y que murió de pobreza absoluta corrigiendo y titulando sus poemas en México, es uno de los grandes fantasmas del DF. Vallejo le escribió una documentada biografía, que llamó El Mensajero. A mí, que me dejen con la Tiníssima cabalgar en todas las revoluciones posibles del movimiento del futuro. Respirar, volver a respirar es mi deseo con la Diva en el DF.

No es un escéptico, ni frustrado, desengañado, desgraciado, sino Fernando Vallejo, el quinto Jinete del Apocalipsis que baja el telón por falta de actores y escenario, aburrimiento o un ejercicio que ya cuenta con un maestro de ceremonia. Vallejo es una especie del hombre del Renacimiento en plena decadencia y quisiera sacarle una última sonrisa a la Monalisa con un balazo en la frente. Después de alguna de sus entrevistas cierra con un concierto de Chopin al piano, como un virtuoso. No tiene términos medios, pero sí también es un hombre peligroso; lector de un sólo libro: El Quijote de la Mancha. Otros sólo leen la Biblia y no vuelven a pisar más los pies sobre la tierra, levitan como si fueran partículas del efecto del Big Bang. Hace 25 años dice no leer nada más que libros con documentación religiosa y científica. "No pienso volver a leer más", sentenció, como si el libro fuera a desaparecer o todo lo escrito fuera letra muerta. Su literatura, no en vano, ha sido hablar de la muerte, la homosexualidad, infancia, la familia, el país, la religión como un martillo lleno de clavos sobre la gente y el mundo. Eso sí, ama a los animales y de alguna manera sostiene que el ser humano es una plaga que debe desaparecer de la faz de la tierra, incluido él, cada día más muerto, a su juicio. Kim y Kina se llaman sus perros. Kim ya falleció. Por eso sigue escribiendo, porque ya está casi muerto, y esa es la única manera, dice, de hacer nueva literatura. Recuerdo a dos grandes poetas chilenos, Gabriela Mistral y Enrique Lihn, que dijeron en vida y en sus poemas, que estaban vivos porque escribieron. Vallejo no odia, parece vomitar. La literatura latinoamericana le parece sosa, pobre, insignificante.


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Se está despidiendo como el último tango y esta vez escogió Buenos Aires, un escenario grandioso que pareciera resistir todo, hasta el final de los días de aquellos que viven iluminados. Le estorba más la vida que la muerte, ésta viene sola, sin aviso, pero segura, irremediable, sin grandes trompetas, y te coge de la solapa porque ya jugaste. Colombiano por nacimiento, nacionalizado mexicano, vuelto a nacionalizarse colombiano, vive en México hace décadas, pero su patria es la lengua y Medellín, allí en tierra paisa se desarrolla todo su infierno y dicha novelesca, ficcional, real, personal, familiar, íntima. Colombia se le pegó al espinazo. Comenzó con Los días azules, su primera novela. Ha escrito unos 17 libros, traducido a una veintena de idiomas, pero la literatura ya no le interesa, ni lee, dejará de escribir, aunque nunca cumple la palabra y lo hace por molestar. Pero se ha transformado en un experto en el borrón y cuenta nueva, siempre dice y aparece algo, en algún lugar se sube al escenario del despotricador, alentado por un mundo esquizo, arruinado, banal, alienado, desamparado, lleno de carencias y olvidos, inducido por los resortes maniqueos del mercado. Son tiempos ideales para los depredadores. La oreja de Van Gogh es un trofeo de un vendedor de pizza o de una profesora de un pueblo apartado sin nombre. La emoción está en cualquier sitio, pero debe haber quien la ponga a funcionar. Vallejo está en su propia esquina, dice: cada quien tiene que encontrar su camino, y el es un perfeccionista, un fervoroso apologista, defensor y protector de su propia muerte. “La virgen de los sicarios” (1994) o “El desbarrancadero” (2001) La Puta de Babilonia, El don de la vida, Entre fantasmas y La rambla paralela, son algunos de sus libros. Cuando obtuvo el Rómulo Gallegos en Novela en 1983, hizo una defensa a capa y espada de los animales y regaló el premio en dólares constantes y sonantes, a la Sociedad Protectora de Animales: "Los animales no son cosas y tienen alma y no son negociables ni manipulables y hay una jerarquía en ellos que se establece según la complejidad de sus sistemas nerviosos, por los cuales sufren y sienten como nosotros: la jerarquía del dolor. En esta jerarquía los mamíferos, la clase linneana a la que pertenecemos nosotros, está arriba. Mientras más arriba esté un animal en esta jerarquía del dolor, más obligación tenemos de respetarlo. Los caballos, las vacas, los perros, los delfines, las ballenas, las ratas son mamíferos como nosotros y tienen dos ojos como nosotros, nariz como nosotros, intestinos como nosotros, músculos como nosotros, nervios como nosotros, sangre como nosotros, sienten y sufren como nosotros, son como nosotros, son nuestros compañeros en el horror de la vida, tenemos que respetarlos, son nuestro prójimo. Y que no me vengan los listos y los ingeniosos que nunca faltan a decirme ahora, para justificar su forma de pensar y de proceder, que entonces no hay que matar un zancudo. Entre un zancudo y un perro o una ballena hay un abismo: el de sus sistemas nerviosos."


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Vallejo volvió a decir que seguirá hablando desde el YO, nada en tercera persona, porque apenas conoce lo que piensa de si mismo. Su muerte y su verdad, es lo que más le interesa. En ellas se (re) afirma hacia la posteridad. ¿Son las fuerzas de la muerte las que le acompañan en sus giras a Buenos Aires y Rosario, Argentina? Viaja además de su larga lista de muertos apuntados y festejados, con sus recuerdos y el hispanista Jacques Joset, quien publicó recientemente "La muerte y la gramática. Los derroteros de Fernando Vallejo" Más tema para la parca del poco parco Vallejo y un viaje por cumplir con un oficio que dice no importarle y que agrega a su agenda, valga la redundancia, por añadidura. "Todos vamos para la muerte, ha reafirmado en una última entrevista, que no será la postrera. Hay esperanza que nos muramos. O todo o nada o toda la eternidad o nada. Yo prefiero la nada, redondea la espiral de su círculo cuadrado. Cada uno tiene su verdad. Digo la mía, no la oculto." Vallejo pertenece a la Legión Extranjera Colombiana, que es fuerte en México,( más de seis millones en el mundo sosteniendo a Colombia con sus ahorritos) aunque a su manera, sin pertenecer a nada, desplazándose por sí mismo, ausentándose cuando es necesario, siendo también un protagonista de festivales de la vida y la muerte. Con tanto amor se recrea, festeja y pasea las muertes por las calles de México. A Colombia no le da ni pide cuartel, dice que le cerró todas las puertas, quizás las salidas y futuras entradas, y él decidió cancelar su estadía hace casi cuatro décadas en ese país suramericano, donde los muertos, falsos positivos y exiliados se apilan en la memoria del Bicentenario Si los muertos se revelaran de tanto silencio, qué grande sería Colombia y América latina. ¿Me pregunto si existiría Western Union? No ha podido hacer otra cosa que odiar y amar al país y viceversa, como si el odio fuera más consistente y le produjera alivio y rencor, una satisfacción agridulce. Los muertos se han hecho tan importantes. Nada dura, nada queda, sentencia Vallejo, como ha sido siempre la vida con su lugarteniente la muerte. Y Colombia siempre está en su tintero como fuente de sus obsesiones, pasado y también futuro, la familia es un libro que él ha abierto como un tiburón su presa la despedaza..Colombia es como un cuento sin fin para sus escritores que deciden transcribir sus vidas y pegarlas a la gran carretera del cuento del país del nunca jamás que se extiende como un violín encantado que aparece y desaparece en cada pueblo. "Colombia es un país con ansias de felicidad, dice. Y agrega, de seguido, olvidémoslos de la felicidad, no es posible en este mundo. Vallejo desfallece cada tanto en los brazos de un fatalismo visceral que le produce felicidad, y renace de las cenizas de una muerte que tiene el acceso limitado aún, pero que se presta para esta estenografía que arma y desarma. La realidad global es un escándalo y el mundo tenebroso de las finanzas y especulaciones, siguen dando al traste con países, personas, empresas, familias, vidas humanas, proyectos, sociedades y no sabemos hasta donde puede llegar este fenómeno de jugar con el futuro de la gente. Nunca toca fondo el fondo de la mentira. No hay escapatoria aparente. El verbo le muerde las costillas. Y recorre el ruedo cada vez que lo encuentra necesario, para asegurarse que aún su fantasma es real y tiene alguna vigencia para putear el stablishment, renegar de la literatura y de estar vivo. ¿Quiere escandalizar, Vallejo? Carlos Fuentes dice que hoy nada escandaliza. Es cierto, después del derrumbe financiero del planeta a manos de bandidos de reconocido prestigio y solvencia moral. Vallejo no se mueve sólo en el panorama literario, en este escenario que conforma el mundo intelectual, de los libros, editoriales, foros, ferias, festivales, presentaciones televisivas etc.etc. La literatura viaja en varios carriles, venía pensando, como siempre, mientras cruzaba un tráfico endemoniado por la ciudad que me alentaba a seguir bajo un sol calcinante y un mar que de alguna manera te refresca aunque sea en silencio por solidaridad, como un cómplice perfecto, que espejea el alma ante tus ojos sudorosos.


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La que se hace en casa con esfuerzo y lecturas, obsesión, sumando todas las palabras y ordenando las coordenadas ingobernables de las propias obsesiones. También está el carril contrario, donde viaja sin control de velocidad ni ningún tipo de trabas, el orgulloso, encantador Bestseller que goza de la vitrina en toda su extensión. Han surgido nuevos actores, algunos responden a un mismo titiritero, los señoritos viajan por las polis, "experimentan", van y vienen por y de la mano de la madre global que les protege como si fueran el último Youtube del desierto, pero con sonido y parlantes que se escuchan hasta en los funerales de la literatura. Benditos evangelizadores de la palabra, traen todo lo nuevo, vienen de la mano de un Apocalipsis a medida y semejanza de los tiempos que ya no quedan. Dicen que se acabó la literatura latinoamericana, que Rulfo se vaya con sus muertos a penar a otra parte y Cortázar le pida prestada una brújula a La Maga para encontrar y recorrer Buenos Aires, donde ya nadie pareciera respirar. Los países no producen literatura propia, amontonan libros venidos allende el charco, recogen plaquetas livianas, existe un género híbrido cuya cabeza está fuera del cuerpo y de la propia cabeza, se alimenta de todo, menos de sí mismo, como debiera. Los críticos, editores, la gran prensa, los garúes del mercado, nos quieren dejar para América latina el Gran Barroco Inagotable de la Pobreza, el lenguaje zombie de Papa Doc, más sofisticado, autista y expuesto al comején. Algunos asoman como naturalistas viajeros, en sus extensas excursiones, captando la topología latinoamericana. Qué horror, que diría Proust que no salió del cuarto de su casa, y Kafka, que nunca viajó fuera de sí mismo o Borges que viajó después de haber leído la Biblioteca de Alejandría. Bradbury que no necesitó viajar a Marte para escribir sus maravillosas Crónicas Marcianas. Los viajes son importantes, pero Neruda, calificado magistralmente por Emir Rodríguez Monegal, como El viajero inmóvil, que tanto viajó y escribió de América, España, Asia, Rusia, su centro fue siempre Chile y de paso cambió la historia, el curso de la poesía en castellano. El cubano Lezama Lima no dejó la Isla y circunvaló el mundo con la palabra y una gran obra en poesía y prosa. Onetti siguió escribiendo dando la espalda a una ventana y al mundo, su cuarto era su escenario, pero su mundo estaba en Montevideo, Buenos Aires, en su cabeza. Todo lo que tuvo que hacer Gabriel García Márquez fue llevarse en su memoria su casa familiar de Aracataca a México. Y todos los muertos que recogieron los Buendía por el camino de la historia colombiana. Una de las promotoras del Boom, declaró hace unos días que se trataba de un negocio, pero sin duda, tenía un respaldo más que en papel: obras. Eso es indiscutible. Como en todo proyecto empresarial de marketing, el Boom tuvo sus príncipes y sapos encantados. Pero lo que queda es la obra. La piedra más firme, vuelve al polvo. Todo es un negocio y a veces, sólo queda eso, el negocio. Ni volver atrás, ni adelante, otra época, ya ni somos los mismos, ni estamos dispuestos a serlo, ni seremos los otros. No todo puede ser etiqueta. Ya se habla de los ex 39 de Bogotá.


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Es mejor dormir de sueños, que de muerte natural. Por ahí se ha descolgado, la "narco-novela" y también la narco Telenovela en la pantalla chica. La temática es real. Literatura legible e ilegible, para algunos, Novelas históricas, sobre personajes, amor, desamor, psicológicas, negras, un menú amplio, para un lector entretenido en otras cosas más entretenidas, que le permiten con un clic ver, colorear los ojos de diversión y morbo, tomarse una cerveza, no recargar la neurona del fin de semana y meterse en un estadio con todas las pelotas juntas si lo desea. Para un escritor, lo recomendable es leer y escribir, no se si desde la muerte, agonía, la vida, la bañera, el gallinero o detrás de un salero en un restaurante de provincia. Es un asunto personal., pero hay que saber respirar. No sabremos nada de su literatura y palabra, si ese hecho no ocurre: el libro. Esta regla de oro, no la cambia ni el mago chino. No se puede entrar al revés por una puerta. Salir tal vez. La novela sigue siendo el gran telón de fondo del escenario literario global. Hay quienes apuestan por la crónica literaria, poética, irónica, prosística, como un gran cajón de sastre donde cabe todo, hasta la tijera para cortar el cordón umbilical de la estupidez. Un nuevo libreto es la crónica de otra realidad tan absoluta como volátil. No depende más que de sí misma. Híbrida, de múltiples cabezas, un cuerpo fino, estilizado, ágil, de largas piernas, sin complejos de trascendencia, la crónica se deja leer y querer. En literatura se puede seguir apaleando lana de ovejas trasquiladas, pero al final quedará el polvo revoloteando y habrá que seguir urdiendo la madeja. El hilo de la palabra, la palabra secreta, intransferible, la única que el lector puede develar.


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DO NOT DISTURB por Arturo Ruiz

Fueron las primeras palabras que aprendió en inglés y las más queridas. Graciela llegó de Guatemala cuando tenía veinticinco años y con un niño en brazos. Se empleó en el hotel en el que todavía trabaja y con ello fue capaz de enviar a su hijo a la facultad. Él ya no quiere trabaje más, pero a ella no le gusta sentirse inútil, siente que todavía es joven o quiere sentirlo y lo último que quiere en la vida es molestar. Hoy ha vuelto a ver el cartelito puesto en la puerta con la frase “do not disturb” colgada de la manilla. Eso significa una habitación menos por hacer en la mañana y terminar su turno más temprano. Siempre recuerda que aprendió eso cuando se encontró con aquel hombre desnudo en este mismísimo cuarto en donde el cartelito está colgado ahora y también recuerda que era muy bello y que nunca se quejó, por lo que ha podido mantener su empleo todos estos años… acaso fue porque era muy bonita en aquellos días y porque luego pasó lo que pasó... Si aparece otro cartelito más de esos, la mañana será perfecta y tal vez hasta pueda irse más temprano, pero, aunque sea una sola vez, la frase “do not disturb” siempre es bienvenida. Graciela lo último que quiere en la vida es molestar.


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El eterno dilema de los libros [por Javier Zamudio] Libros imperecederos, de esos llamados “obligatorios” o “imprescindibles”, hay tantos como vericuetos en nuestros sentidos. Y es que cada uno de nosotros va forjando su biblioteca de “imprescindibles” en el transcurso de lecturas que, sin exagerar, terminan por constituir otra vida más, la cual se erige junto a la que vivimos como humanos, la de la imaginación. En la mayoría de los casos llegamos a ellos por consejo de nuestros autores y amigos, y de esta manera pasamos a llenar con esmero el enorme anaquel de nuestro espíritu. Los rotulamos en medio del embate ciego de nuestra vanidad, con palabras tan severas e imposibles de revocar, que nuestra lista queda convertida en una formula para edificar destinos, en una verdad. Así vamos con ella de mente en mente, de mundo en mundo, convencidos de ser poseedores de la lista imbatible de autores consagrados, desmitificando el universo, purificando las “almas” y anublados por un mito mayor que aquel que combatimos. La cuestión puede aún ser más compleja, cuando esta forma de concebir y representar la vida se impone y nos impulsa a escoger unos autores en vez de otros, y confronta lo que comúnmente llamamos realidad a través de los matices de esta forma de dictadura. Entonces, descubrimos que no es lo mismo leer libros de la Random House Mondadori, que de Anagrama, Tusquets, Alfaguara o Sexto piso, incluso llegamos a despreciar unos mientras exaltamos otros. Sin embargo, a pesar de ser un lector compulsivo del sello Anagrama y Tusquets, he aprendido que más allá de las barreras editoriales, ideológicas y materiales – tipo de papel, color, tipografía, etc – se teje una concepción del arte tan propia en cada uno de nosotros, que nos permite encontrar nuestros imprescindibles en lugares insospechables, como hace poco, cuando después de vencer el miedo a leer un libro de Circulo de Lectores, emprendí mi camino a través de “Vivir para Contarla” de García Márquez, y me encontré frente a un libro de una delicadeza literaria que desbordó mi corazón, a tal punto que lamenté profundamente haberlo terminado. De manera similar sucedió con “¿Por qué filosofía?”, libro del filósofo catalán Xavier Rubert de Ventós, a quien conocí gracias a Sexto Piso, una editorial independiente de la que jamás había escuchado, pero que fue fundamental en un encuentro que no termino de agradecer. Si me preguntan si estos libros son IMPRESCINDIBLES en el sentido general y estricto de la palabra, entonces respondería que no sé, lo que he hallado yo quizá nadie lo encuentre, ni recorriendo mi propio camino. Según mi parecer, cada uno encuentra el amigo que más se acomoda a sus desvaríos, en mi caso me es imposible vivir sin Bukowski, Kundera, Kafka, Faulkner, Verne, Dostoievski, Silva, Anabel Torres, Jattin, Ribeyro, Bolaño, Tabucchi, Echenique… y un etc tan grande que no me alcanzaría esta página para nombrarlos, sin embargo, no me he podido adaptar a la prosa de Cervantes, ni he logrado pasar de la primera hoja de cualquiera de los libros de Fernando Vallejo, a pesar de que comparto sus ideas con cierta reserva por mi timidez. Así como tampoco he logrado leer cualquiera de las novelas de nuestro nobel, pero he devorado con un apetito ensordecedor sus artículos periodísticos una y otra vez, incluso con funciones terapéuticas: para alejar la tristeza, despertar la inspiración, calmar el ansia y renovar la esperanza.Para finalizar, sólo quiero aclarar que con estas palabras no pretendo negar la historia del arte, ni mucho menos, yo mismo reconozco los valores objetivos del Quijote como una gran obra de la literatura, sin embargo, hasta el momento no ha sido un imprescindible para mí, por misteriosas e inexplicables razones, y me ha aburrido tanto, como no lo ha hecho ninguno de los cuentos de Raymond Carver, otro de mis imprescindibles.


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EL BRUJO DE LA TRIBU (Intención y reflexión en la obra de Mario Benedetti) por Jorge Palma Acaso por ser un país pequeño, donde todos en mayor o menor medida nos conocemos, es frecuente llamar por el nombre de pila a quien, de una manera u otra, se ha instalado en la memoria colectiva o en el diario trajinar del hombre común. Muchas veces ese nombre está ligado a características ejemplares de su destino, y que, justamente por eso mismo, es colocado en ese rango de tono familiar. Tal es el caso de muchos nombres de la cultura de este país y de la región, que dejan por momentos sus apellidos, para ser reconocidos simplemente por sus nombres: Así, Eduardo Galeano, es Eduardo; Daniel Viglietti, es Daniel; a Juan Carlos Onetti le decimos Juan; al ex presidente Vázquez sólo Tabaré, y a Mario Benedetti, simplemente Mario. Mario Benedetti falleció el 17 de Mayo de 2009. El 24 de Mayo, es decir, una semana exacta después, yo pisaba “las calles de La Habana” parafraseando a Pablo Milanés, sólo que no lo hacía “nuevamente”, sino por primera vez, y no en Santiago, como dice la canción de Pablo, sino en Cuba, para asistir al 14° Festival Internacional de Poesía de La Habana. Como hecho curioso y anecdótico, mientras aguardaba en Panamá mi vuelo a La Habana, Pablo esperaba el mismo vuelo a nuestra isla soñada; destino fraternal, regreso a Itaca, tan sencillo como Mario, acaso con el mismo síndrome natural con que Eduardo (Galeano) definió la humildad del poeta Oriental: “Mario Benedetti no se daba cuenta que era Mario Benedetti”. Pablo Milanés Tampoco. Durante los días que siguieron a su fallecimiento, no pude escribir nada, como me suele ocurrir cada vez que alguien muy cercano, tiene la mala idea de morirse; al principio, sorpresa (tal vez porque negamos la muerte); luego, confusión (ayer estaba), y después, esa extraña mezcla de contrarios: la vida que empuja hacia adelante con la fuerza incontenible de un río, y por otro lado, la pesada y abismal sensación de vulnerabilidad, vacío y constatación inequívoca de la precariedad de la existencia y los límites del cuerpo. Con ese cóctel de sensaciones emprendí mi viaje a La Habana, con un sentimiento que sólo muchos meses después, comenzó lentamente a abandonarme: “Orfandad”. Cuando bajé en el Aeropuerto Internacional José Martí, continuaba todavía el cóctel de sensaciones, intensificado además por el agobiante calor (35°) y una humedad del 100% que hacía estragos en la presión sanguínea de los participantes que llegaban desde las lejanas y frías tierras del sur; todo eso mezclado con la inmensa felicidad de haber sido invitado al festival de poesía, y con un sentimiento que no sólo me acompañó durante todo el encuentro internacional, sino que se agravó, cuando mis compañeros poetas del continente, se acercaban para darme sus condolencias, como si yo fuera un deudo. “Una gran tristeza” contestaba. “Todos estamos muy tristes”.


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Benedetti fue tremendamente resistido por cierta parte de la “Intelectualidad”, sin embargo bastó ver al pueblo entero en las calles despidiendo a su poeta, para entender finalmente qué quería decir “un poeta popular”; demostrado en la interminable peregrinación de hombres, mujeres, niños, adolescentes y gente incluso mayor, que desfilaban por las inmediaciones del Palacio Legislativo, haciendo colas gigantescas para despedir al que fuera su legítimo representante espiritual. No había equívocos, sólo una certeza: se había muerto el brujo de la tribu; es decir, esa figura que los representaba, ese espejo donde se podían mirar y sentirse reflejados, comprendidos y por sobre todas las cosas, profundamente respetados por su prójimo.

Mario Benedetti no escribía de forma sencilla porque no pudiera hacerlo de otra manera , como más de un “Inteligente” quiso hacernos creer; ya que de forma extraordinaria demostró que tenía una capacidad crítica y profunda para hacer un libro como “Letras de Emergencia”. La intención, con su poesía, era decididamente otra: una cuestión de actitud. Benedetti tenía al alcance de la mano, todos los recursos disponibles que se tenga noción, para hacer una poesía más compleja, pero con la peligrosa contrapartida de no hacerla comprensible para el pueblo; y ahí está justamente el punto de inflexión: su profunda postura revolucionaria. Ya lo había dicho Vallejo de forma contundente: “Un hombre pasa con un pan al hombro/ ¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?” Benedetti había elegido un camino, una postura, que tendría tantos detractores (más envidiosos de su tremendo éxito editorial, que de otra cosa), como seguidores a lo largo y ancho del globo. Entonces se trataba de escribir sobre las cosas más sencillas, de los “acordes cotidianos”, ingenuamente presentada por algunos como una poesía simple, cuando en realidad es todo lo contrario. La tierra que pisamos es algo simple, cotidiano, pero llena de sabiduría; el vuelo de un pájaro es algo aparentemente simple, natural, pero de una profundidad escandalosa; un beso, tan elemental como maravilloso, completamente inolvidable. En todos los casos nos ayuda a vivir, nos acompaña y hace nuestro tránsito efímero por la tierra, algo más grato, acaso para recordarnos que aún con las complejidades de la vida, vale la pena. Es curioso: nos habíamos acostumbrado tanto a él, que ahora que no está parece mentira que se haya muerto; es raro no verlo por las calles, entrando a una librería, subido a un ómnibus y sentado como uno más en los asientos del fondo, junto a la ventanilla, para seguir mirando el mundo; o sentado a una mesa (la mesa de siempre, la de todos los días, en la que almorzaba solo o compartía con su hermano Raúl); es raro no verlo, cuesta acostumbrarse a que nunca más lo veremos. Nunca más lo oiremos en un recital. Nunca más lo veremos caminando por la calle o firmando ejemplares, porque Mario Benedetti se murió para siempre. Ahora, fiel a la condición humana, se hará cada vez menos resistido, ya no será necesario golpearse la cabeza contra un árbol porque Benedetti acaba de publicar el último libro y la segunda edición ya está en imprenta; ya no será necesario tirar piedras en su ventana, porque nadie contestará. Hay un silencio sacro en el cielo. Y esta noche nadie responde la pregunta. El brujo de la tribu se ha muerto. Y nosotros, con respeto, esperamos. © 2009, Jorge Palma


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POETAS Y ESCRITORES EN EL EXILIO BRITANICO

por Juan Carlos García Araya

A menudo aseguramos que Chile es un país de poetas, si eso es cierto o no, eso está por verse, pero hay numerosos argumentos que ratifican esta popular aseveración. Por ejemplo, los dos únicos premios Nóbel de Literatura que han obtenido ciudadanos chilenos lo han logrado poetas, Gabriela Mistral en 1951 y Pablo Neruda en 1971. Además, creo que no hay un solo rincón o pueblo en nuestro país donde no encontremos un bardo, bueno o malo, eso es otro asunto. Los hay en todas las categorías y de todas las edades. Por lo tanto no es extraño que nos topemos con escritores y poetas también en el extranjero y en Inglaterra. En Londres existe una asociación conformada de chilenos y latinoamericanos llamado Centro Cultural Salvador Allende (CCSA) que funciona hace más de 20 años realizando actividades solidarias y culturales. En este contexto, trabaja en conjunto con Praxis, una agrupación dedicada al trabajo con inmigrantes, exiliados y minorías étnicas en un populoso barrio de la capital británica. El CCSA encabezado por Elíseo Vera y con el apoyo de Praxis, organizó en el 2006 un Taller literario de poesía y narrativa que reunió un grupo de diez escritores chilenos y latinoamericanos de distintas edades, profesiones y experiencias. Eduardo Embry, Roberto Rivera, Eliseo Vera, Clelia Garbulsky, Magali Matzner, Abraham Muñoz, Fermín Pavéz y Ascencio Reyes. Además de las jóvenes Vanesa Louis Vera de 17 años y Javiera Martínez de 14. Una segunda generación que surge y que asegurará la vigencia de las letras latinoamericanas en Gran Bretaña. Durante tres meses este taller funcionó leyendo y analizando los trabajos de los participantes de manera a “pulir y perfeccionar su creación literaria.” De las numerosas obras producidas en este colectivo se seleccionaron 11 cuentos y 35 poemas que fueron publicados en un libro bilingüe auspiciado por Bloomberg, una institución financiera británica. LOS POETAS El compendio recoge poemas de cuatro autores, Eduardo Embry, Eliseo Vera, Roberto Rivera y la joven Vanessa Vera, todos chilenos radicados en Gran Bretaña. Las temáticas van desde los infaltables poemas de amor hasta tópicos inherentes al exilio. Además de evocaciones de la lejanía, de la lejana tierra natal y la vida cotidiana en Inglaterra. Se expresan a través de íconos y elementos asimilados de la cultura anglosajona amalgamados con la propia, la traída de Chile y la nueva resultante del destierro.


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EDUARDO EMBRY Eduardo Embry es la figura más destacada de la lírica latinoamericana en Gran Bretaña. Natural de Valparaíso, posee una extensa obra literaria que ha sido editada en varios países. La mayoría de los trabajos publicados en esta obra le pertenecen. En ellos utiliza un lenguaje cotidiano y coloquial creando imágenes ya tradicionales en la nueva poesía hispanoamericana. Algunas de sus creaciones se inspiran en la poesía medieval española transponiéndola a situaciones contemporáneas que da como resultado una expresión original en la poesía latina de vanguardia. ELISEO VERA Oriundo de Calbuco, Eliseo Vera se desempeñó en Chile como profesor durante largos años. Después del Golpe pasó dos años en prisión política saliendo luego exiliado hacia Inglaterra. En ese país ha participado en numerosos talleres en español e inglés y sus trabajos han sido publicados en varias antologías bilingües en los Estados Unidos e Inglaterra. Sus versos también exploran lo cotidiano, expresando sentimientos complejos y contradictorios con una belleza depurada y sencilla no exenta de eficacia lírica. ROBERTO RIVERA Originario de Santiago, llega a Londres en 1974. Obtuvo un Diploma en Filosofía y Sicología en la Universidad de Chile. Su labor literaria contempla ensayos literarios, participación en numerosos talleres y edición de libros. Su trabajo ha sido incluido en varias antología y en 1989 publicó el volumen bilingüe “Escopetista de la Aurora y otros poemas”. Su temática es esencialmente el Amor, en sus distintas etapas. En su lírica manifiesta dilemas, impresiones y sentimientos místicos que experimenta el ser humano tocado por la pasión amatoria. VANESSA LOUISE VERA Hija de padres chilenos, nació en Inglaterra en 1988. Escribe cuentos y poemas, uno de ellos fue seleccionado entre cerca de 40.000 trabajos y publicado en 1991 , por “Youngs Writers”, un concurso nacional para estudiantes secundarios. Sus poemas reflejan tópicos adolescentes y juveniles relacionados con el amor y el odio. En una segunda parte, abordaremos a los cuentistas antologados en esta obra con algunos de sus trabajos. * * * Londres, 26 de Abril del 2010


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Cinosargo número XXIV edición de mayo del 2010