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08 DIAGONALCULTURAS.178

FILMOTECA

La ‘paideia’ y su contrario, la ‘apaideusia’

tenemos al lado, que son, por un tiempo, hasta que todo esté a punto de acabar, a los que menos tememos. Ésa es la tesis de la clase media, civilizada, moderna hasta cierto punto, madura pero aún joven, en peligro de extinción. No nos matemos si nos queda otro remedio, no nos robemos la comida mientras podamos compartirla. Pero cuando tus vecinos, en un pequeño pueblo lejos de Dublín, son los tipos que antes del Apocalipsis compraban La Razón irlandesa las cosas se complican. Esa otra clase media te despacha haciéndote un favor, para que su dios te juzgue y te ponga en tu sitio, que ya verás, porque fuiste un libertino, una libertina. Te roba las latas de comida “para las que hay una razón de Estado”, que es del estado en que se encuentran ellos, o sea, en el que mejor

GONZALO ABRIL

De unos meses para acá miramos más atentamente las películas griegas, portuguesas, irlandesas

Esa otra clase media te despacha haciéndote un favor, para que su dios te juzgue y te ponga en tu sitio

Cine de anticipación El realizador irlandés Conor Horgan examina en la película Cien mañanas las relaciones personales en un escenario distópico. JOSÉ RAMÓN OTERO ROKO Puede que todo se trate de un exceso de empatía. Elegimos un recorrido por la carta audiovisual de la jornada, en un festival de cine, en la programación de un canal temático, en el ciclo de una institución cultural, en la parrilla de estrenos, en la videoteca casera, y cuando tratamos

de ordenar qué hemos visto para presentar un resumen del informe íntimo que aún no hemos hecho, nos damos cuenta de que el recorrido se vuelve de algún modo geográfico, de una geografía política en la que las fronteras se achican y se vuelven insalvables para la deriva de nuestros sentimientos.

De unos meses para acá miramos más atentamente las películas griegas, portuguesas, irlandesas. Nos preguntamos si quienes las hacen están pensando en lo mismo que todos, si es la hora de las sartenes o las guillotinas, o si sienten la censura del mismo modo, consciente e inconsciente, obligándonos a leer entre líneas, reservando su mensaje sólo para los que están más despiertos. Cien mañanas, del irlandés Conor Horgan, editada y distribuida por Cine Binario, un nuevo sello granadino, es una película de ciencia ficción que va de eso. ¿Qué pasa si llega el Apocalipsis? Si llega vamos a intentar parecer civilizados, vamos a ser solidarios hasta donde podamos, vamos a colaborar mientras la comida no escasee y los que mueran no sean los que

se encuentran. Y entran a tu casa como ese casero que tuvisteis que subía a inspeccionarlo todo para que quedara claro que, a pesar de los 900 euros de alquiler, para él es como si os hubiera dejado durmiendo ahí gratis y encima le debierais un favor. Mientras no llega del todo el Apocalipsis lo que está encima del tablero es si es el fin del mundo para ellos o para nosotros. Al menos sobre el papel, porque como todo órdago en realidad tiene truco. Si es el final para nosotros a la larga es el final para todos. Si es el final para ellos, es que habrá un futuro para todos. Su fin y el nuestro son su final. Y puestos a acabar de uno de los dos modos, lo más saludable será anticiparse y no terminar matándonos entre los desposeídos y los que están a punto de serlo. //

Columna en el desierto

No nos matemos si no queda más remedio, no nos robemos la comida mientras podamos compartirla

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Los estilitas no somos sabios ni profetas. Apenas moralizamos un poco sobre lo que ocurre y comemos lechuga en libertad total, como dijo Buñuel de mi maestro Simón. Hace cuatro años el movimiento estudiantil sí fue sagaz y profético. Enfrentado al plan Bolonia –arrebato póstumo de Europa– denunció la catástrofe de mercantilización, clasismo y asalto a la enseñanza pública que se avecinaba. Quienes lo tildaron de exagerado han de reconocer hoy el acierto de un pronóstico que se ha cumplido en cuanto los poderes económicos y políticos han visto la oportunidad de consumarlo en sus términos más extremos. Está claro que no se trata sólo de subir las tasas y escatimar las becas. Se quiere abatir el principio mismo de la paideia, esa forma de praxis que hoy denominamos en parte educación y en parte cultura, y que es el núcleo del humanismo cívico desde hace 25 siglos. Jaeger, el más ilustre estudioso de esta idea, recuerda que Platón despreciaba la apaideusia, la incultura del “hombre oligárquico”, ahorrativo, obseso de la eficacia, la disciplina y el afán de acumular dinero, y del todo ajeno al refinamiento y al sentido de la belleza. La paideia, su contrario, impregna a la persona de la virtud ciudadana, fundamentada en la justicia. Y por ello mismo es superior a los saberes especializados o propios de un oficio particular. Se ha dicho que, con esta concepción, Platón trataba de generalizar los antiguos valores aristocráticos al común de los ciudadanos. Pero ¿no sigue siendo válida una acepción de comunismo entendido como aristocracia colectivizada –aristocratismo para todos, dice Badiou– al menos contra el sistema vigente e inverso de mesocracia (horterez) individualizada? Hoy todo conspira a favor de la apaideusia, la rentabilidad, el instrumentalismo, el acoso al civismo y a la justicia, la promoción de la moral de esclavos. No son sólo los recortes presupuestarios. Es la pandemia neoliberal propagada por esos agentes nocivos a los que en la calle se canta: “Queremos aprender para no ser como Wert”. La gente sabe que son mucho más majaderos que los estilitas. //


'Cine de Anticipación'. Diagonal Culturas 178 (2012)