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Pero ella quería saber más. Cómo matar a hombres de innumerables formas. No debería haberlo perturbado tanto cómo lo hizo. No cuando ella se había reído de la declaración que Aedion había hecho en la Bahía de la Calavera. Ella no lo había vuelto a mencionar. Él no había sido lo suficientemente estúpido como para hacerlo tampoco. Aedion siguió a Lyssandra, incapaz de evitarlo, mientras ella se acercaba hacia el combate entre la Reina y el Príncipe; Dorian se movió rápido para silenciosamente para hacerle un espacio en los escalones. Aedion tomó en cuenta el gesto y el respeto del Rey, moviendo a un lado sus propios sentimientos encontrados mientras se instaló por sobre ellos y se enfocó en su prima y en Rowan. Pero ellos habían llegado a un callejón sin salida, lo suficiente como para que Rowan lo diera por terminado y envainara su espada. Luego dio unos golpecitos a la nariz de Aelin cuando ella se veía molesta por no ganar. Aedion se rio por lo bajo, mirando a la Cambiaformas mientras que la Reina y el Príncipe daban zancadas hacia el jarro de agua y las copas contra la barandilla de la escalera, ayudándose entre sí. Estaba apunto de ofrecerle a Lyssandra una ronda final en el ring antes del atardecer cuando Dorian abrazó sus rodillas y le dijo a Aelin a través de la barandilla: —No creo que ella haga nada si la dejamos salir. Aelin tomó un pequeño sorbo de su agua, todavía respirando con dificultad. —¿Llegaste a esa conclusión antes, durante, o después de visitarla en medio de la noche? Oh Dioses. Iba a ser ese tipo de conversación. Dorian le dio una media sonrisa. —Tú tienes una preferencia por los guerreros inmortales, ¿Por qué yo no? Fue el leve chasquido de su vaso sobre la mesita que hizo a Aedion prepararse, a realmente empezar a calcular la disposición de las diferentes cubiertas. Fenrys aún los monitoreaba desde el palo de trinquetes, Lyssandra seguía al otro lado de Dorian. Él suponía que al estar sobre Dorian en las escaleras y Aelin al lado de ellos, él estaría precisamente en el medio. Exactamente donde juró no estar. Rowan, al lado contrario de Aelin, le dijo a Dorian. —¿Hay alguna razón, Majestad, por la cual crees que la bruja debería ser liberada? Aelin le disparó una mirada de puro fuego. Bien, dejemos que el príncipe lidie con su ira. Incluso días después de la reclamación que había dejado a todos pretendiendo que no notaban las dos heridas con formas de agujeros en el cuello de Rowan, o los delicados y viciosos rasguños sobre sus hombros, el Príncipe hada todavía lucía como un hombre que apenas había podido sobrevivir a una tormenta y había disfrutado cada salvaje segundo de ello. Sin mencionar las heridas gemelas en el cuello de Aelin esta mañana. Él casi le rogó que utilizara una bufanda.

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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