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la cubierta, y ella corrió hacia él. Árboles frondosos se alineaban en el río, un escudo viviente alrededor de ellos. Y ahí… había una mancha en los tablones, brillante y oscura. Su estómago se revolvió. —Planeabas mentirme respecto a ello —ella se enfureció—, pero ¿cómo ibas a explicar eso? Un encogimiento de hombros. Lorcan tomó el remo y se movió con una fluida gracia al lado de la barcaza, donde los empujó lejos de un banco de arena aproximándose. Él había matado al hombre– —Le juré dejarlo ir. —Tú lo juraste, no yo. Sus dedos de tornaron puños. Y esa cosa, esa piedra, envuelta en ese pedazo de tela dentro de su chaqueta comenzó a agitarse. Lorcan se enderezó, agarrando firme el remo en sus manos. —¿Qué es eso? —dijo suavemente. Ella se mantuvo firme. Ni loca retrocedería ante él, ni loca le permitiría intimidarla, superarla, matar gente para que pudieran escapar… —Qué. Es. Eso. Ella se negó a hablar, a siquiera tocar ese bulto en su bolsillo. Temblaba y gruñía, como una bestia abriendo un ojo, pero ella no se atrevió a alcanzarlo, siquiera el reconocer esa extraña presencia de otro mundo. Los ojos de Lorcan se abrieron ligeramente, y entonces dejó el remo a un lado y caminó hacia la cubierta y hacia dentro de la cabina. Ella se retuvo en el borde, insegura de si seguirlo o tal vez saltar al agua y nadar a la costa, pero… Hubo un ruido sordo de metal sobre metal, como si algo hubiera sido abierto, y luego… El grito de Lorcan sacudió el bote, el río, los árboles. Aves de largas patas salieron volando, Entonces Lorcan abrió la puerta, tan violentamente que casi la arranca de las bisagras, y aventó lo que parecía ser los restos de un amuleto roto hacia el río. O eso intentó. Lorcan lo aventó tan fuerte que rebotó en el río y se estrelló en un árbol, perforando un trozo de madera. Él se giró, y la ira de Elide trastabilló un paso ante la abrasadora ira alterando sus rasgos. Él la asechó, tomando el remo como evitando el querer estrangularla, y le dijo —¿Qué es eso que cargas? Y la demanda, la violencia y el derecho y la arrogancia, la tuvieron viendo rojo a ella, también. Por

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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