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—Él te matará antes de que subas las escaleras. Sácanos de la ciudad, y te juro que te liberaremos una vez estemos seguros. —Rebanarás mi garganta para entonces, tan bien como lo harías ahora —el hombre dijo, tragando aire. En efecto, el hacha de Lorcan se meneó de una forma que ella había aprendido significaba que estaba a punto de lanzarla. —Te pido que lo reconsideres —le dijo Elide. La muñeca de Lorcan se giró aún más. Lo haría, mataría a este hombre inocente, sólo para sacarlos de aquí– El hombre soltó el mango de su cuchillo, y lo guardó en la vaina a su lado. —Hay una curva en el río pasando el pueblo. Bájame ahí. Eso era todo lo que Elide necesitaba oír mientras el hombre se apresuraba entre ellos, desatando sogas y saltando hacia el bote con la gracia de alguien que lo había hecho mil veces. Él y Lorcan agarraron los palos para empujar el barco hacia el río, y tan pronto estuvieron en la marcha, Lorcan siseó: —Si nos traicionas, estarás muerto antes de que los guardias puedan siquiera abordar —el hombre asintió, ahora orientándolos hacia la salida este del pueblo, mientras Lorcan llevaba a Elide al interior de la cabina. El interior de la cabina estaba alineado con ventanas, todas lo suficientemente limpias para saber que el hombre le tenía afecto a su bote. Lorcan medio la aventó debajo de una mesa en el centro de la habitación, la tela bordada cubriéndola como un escudo de todo excepto sonidos: los pasos de Lorcan volviéndose silenciosos, aunque ella podía sentirlo tomar un lugar escondido para monitorear los movimientos desde la cabina; el patrón de la lluvia en el techo; el golpeteo del remo mientras ocasionalmente golpeaba en el lado de la barcaza. Su cuerpo pronto comenzó a temblar por estar tan quieta y callada. ¿Sería esta su vida para el futuro a venir? ¿Siendo cazada y perseguida a través del mundo? Y encontrar a Aelin… ¿Cómo lo iba a hacer? Ella podía regresar a Terrasen, pero no sabía quién gobernaba en Orynth. Si Aelin no había tomado de vuelta su trono… tal vez era un silencioso mensaje de que el peligro estaba ahí. Que no todo estaba bien en Terrasen. Pero el ir a Eyllwe por una suposición… de todos los rumores que Elide había escuchado en las últimas dos horas, esa decisión del capitán había sido la más sabia. El mundo parecía estar quieto con una silenciosa tensión, con una onda de miedo. Pero entonces la voz del hombre sonó de nuevo, y el metal crujió, una puerta. Las puertas de la ciudad.

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IMPERIO DE LAS SOMBRAS 2  

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